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XXVIII
Lo que llaman amor
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De los que son eternos no queda rastro una vez que se consumen. Es igual que con los humanos.
Solo quedan cenizas.
¿Qué eso no los hace iguales?
Al final todos valen lo mismo.
O eso era lo que Mikoto solía decir siempre. De ellos, de ambos: de los seres que habitan la tierra y de los que también comenzaron a habitarla, llamándose caminantes de la oscuridad.
Sakura lo supo esa noche en la que Mikoto se hubo extraviado en las cercanías del pueblo que visitaban ese día. ¿Se veía apetitosa? Para un ser humano corriente posiblemente no pero en tanto más Draugs comenzaron a poblar la tierra más indistinto se volvía lo que es correcto y lo que no lo es.
La gente no suele querer deshacerse de sus seres queridos por ninguna circunstancia. Pero hay una delgada línea entre la realidad y la depravación. Alimentar a tus seres amados, quienes han perdido todo rastro de humanidad en sus pupilas y en esa piel cutre, dura y pálida, no es un acto de amor.
Sakura no recuerda la cifra de la cantidad de Draugs a los que hubo desmembrado esa misma noche, todo por el bienestar de su ser amado. Su ser amado con mejillas rosadas y labios humectados, con ojos llorosos y llanto desencadenado. ¿Qué mayor prueba fidedigna de que la vida circula a través de una persona que esa? Mikoto estaba viva, pero ellos no.
No hubo culpa por aquellos seres queridos a los que asesinó.
Ni remordimiento por la gente que llevó a Mikoto y planeaba usarla de alimento, y que luego la culpó.
Pero esa noche hubo entendido un par de cosas.
La depravación es la conducta humana más peligrosa de todas. Ser tan cruel como le sea posible ser a uno es lo que define la verdadera caída y desgracia del hombre. No hay bondad cuando se atenta contra la carne pues el espíritu y la realidad se oponen el uno al otro de maneras que nadie reconoce.
Sakura entendió el estado de suma perdición del hombre el día en que intentaron lastimar a su persona amada. Y también entendió el estado de su propia naturaleza. De lo que es capaz con tal de proteger a quien quiere. De modo que ella tampoco es diferente al ser humano. Alguien como ella nunca estará exenta del pecado.
—Está nevando… —murmura al peculiar páramo que sus ojos no han visto en años.
La ruta de las piedras negras que recuerda ha cambiado un poco. La última vez que ha pisado esa montaña ha sido hace ya bastante tiempo. Un lugar que parece salido de un cuento antiguo o de algún canto élfico.
Negras las piedras erosionadas que adornan la parte más baja de ésta, y por esta ocasión con las incrustaciones en color blanco de la nieve que se va acumulando. El primer tramo siempre es el más complicado pero una vez que llega a la parte central, la superficie se amolda a sus pasos. Y es que esa ceniza negra parece que no desaparecerá ni con el pasar de los años.
Las historias dicen que nadie se acerca a esa montaña por las amenazas que presenta. Y no, no es debido a la extraña concentración de Draugs que hay en ese lugar. Sino al motivo de que esté tan escarchada de ceniza, prueba de la extinción de los mismos. Pero un Draug no muere ni de sed ni de hambruna. Muere solo si se les asesina. Y ahí es donde entra él. El hombre al que ha ido a ver.
Similar al ser abominable de nieve que vive en esa historia con la que asustan a los niños y los obligan a ir a la cama pues de no hacerlo serán llevados a la montaña más helada ante él.
Solo que este hombre es uno que habita entre las cenizas.
La parte de la montaña que es solo ceniza no ha acumulado más de ella en años sin embargo la Montaña Negra se caracteriza por la arena oscura y copiosa que simula las nubes. Nubes espesas cargadas de residuos, guerra, la codicia del hombre y recuerdos tormentosos. Como las nubes ordinarias llevan la carga para desencadenar en una tormenta, a medida que Sakura avanza sobre la superficie erosionada y cubierta de negro, siente como si estuviese recorriendo un camino de espinas.
Sabe por qué está ahí y sabe lo que busca pero también sabe que hay una pequeña flama inquieta de duda en su interior. Una que posiblemente quede satisfecha una vez que lo vea a él.
Y entonces se topa con un par de ellos.
Los Draugs que habitan en la Montaña Negra son excéntricos. Particularmente son más salvajes y son más resistentes a las armas pues su piel es más dura que la de los No Muertos ordinarios. Sin embargo Sakura no necesita desenvainar su arma esta vez, solo necesita tronar las articulaciones de sus manos y brazos y dejar que un poco de la esencia de Draug que vive en ella emerja.
Había olvidado como se siente. La sensación de no limitar su verdadera fuerza a un porcentaje en el que nadie a su alrededor saliese herido.
En Konoha, en el Cuartel, el motivo que la hubo impulsado a aprender a usar una espada fue el de no hacer uso de sus habilidades naturales. La velocidad, la destreza, el salvajismo con el que realmente pelea es similar al de un animal montaraz. Pensar que sintió la necesidad de aprender a usar un arma más "dócil" para contener a su bestia interna y para seguir la imagen de un organismo como SHINOBI le hace pensar que ha sido domesticada.
Que estúpida.
Su verdadero ser es ese.
Desgarrar y acabar con la vida de esos Draugs de la forma que le enseñaron.
Desmembrar con uñas y manos. Sentir la carne y la sangre de forma auténtica con la yema de sus dedos. Oír, incluso, el sonido grotesco junto a los gruñidos hambrientos de quienes alguna vez fueron los seres amados de alguien. Parece que hoy más que nunca se siente con esa cualidad humana a la que llaman remordimiento. Pero no pasa mucho tiempo para recobrar el sentido y opacar ese cosquilleo de compasión. No cuando se encuentra en un punto en el que, en cualquier momento, puede perder el control.
—Vaya. Qué inesperada visita.
Por eso ha ido a buscarlo.
Por eso está ahí.
Por eso necesita de él para poder sobrevivir.
—Lamento irrumpir la tranquilidad de tu hogar —suelta sarcástica, sacudiendo sus manos.
Afortunadamente ocupa guantes porque si bien su piel es más resistente que la de un humano común, la sangre contaminada de Draugs es lo suficientemente caliente como para quemar las primeras capas de piel de cualquier persona. El humo que desprende el material de su ropa le da un toque más siniestro a ese encuentro pero no tanto como lo hace verlo a él sentado sobre una roca igual de oscura que el resto de sus ropas.
—Para nada. Me has hecho un favor. Ya no tendré que limpiar el desastre—expresa, sonriente.
Qué lamentable.
O más bien...Qué extraño.
Ese hombre siempre le ha sido de lo más extraño.
Siendo consciente de su condición y de que el pasar de los años no le afecta en lo más mínimo, sabiendo la tormentosa eternidad que le sigue esperando, no hay ocasión en la que no le sonría. Y ella no entiende el por qué aunque es una sonrisa que no duele, que no se lamenta, que no guarda pena. O eso es lo que percibe, quizá, de dientes para afuera.
—Sigues siendo tan fuerte como te recuerdo, Sakura —la Fenrir finalmente le mira detenidamente, comprobando lo que está a punto de contestarle.
—Y tu tan joven como hace veinte años,…Obito.
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I
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La Montaña Negra es demasiado peligrosa para el hombre. Tanto en cantidad de Draug como en las cenizas tóxicas que abundan en el lugar. Pero para ellos dos, los efectos que podrían ocasionarles, son inmunes. A causa de la lluvia de esporas y de la toxicidad que hay en el aire, casi toda la superficie es erosionada, lo que dificulta el paso a cualquiera.
Llegados una vez hasta el corazón de un pequeño bosque, Obito se adentra en una pequeña choza, y Sakura le sigue muy de cerca. Con aberturas altas y redondeadas, y con el tamaño reducido que recuerda de la primera vez que se refugió ahí, los diminutos espacios son divididos por apenas cortinas de fibra de lino tejido.
Alrededor, a través de la única ventana de la choza, está la tupida vegetación que se extiende casi tres kilómetros para luego toparse con una franja estrecha donde se acumula la mayor parte de la ceniza. Ahí moran los peores seres y los peores espíritus que puedas imaginar. No hay frutos de alguna cosecha y el aire es tan pesado que dificulta respirar. El calor ahí, además, es tan sofocante que parece no calmarse ni con el rociado de agua sobre el techo de ese lugar.
—Este lugar se sigue viendo tan horrible para vivir como la primera vez que lo vi.
—No te quejaste cuando te refugiaste esa vez —bromea delante de ella.
La primera vez.
Esa noche era la víspera de la que sería la segunda lluvia de esporas.
Sasori tenía quince; y por aquél entonces su tiempo se había congelado en pos de su bienestar. Pero estaba siendo usado, y tras una fuerte discusión y una emboscada inesperada durante esa misión, el deslave de los montículos cercanos a ellos la arrastró lejos del escuadrón haciendo que se perdiera.
Y entonces Obito la encontró ardiendo en fiebre y con la locura a punto de consumirla.
—No he tenido tiempo de redecorar —Obito suelta una risa a medida que le lleva un par de pasos adelante a Sakura—. Además, tú siempre avisas cada vez que vienes —la soldado desvía la mirada desde su posición—. Descuida, no voy a preguntar más de lo que debo.
—Gracias por tu consideración.
La primera vez que le dio su sangre Sakura experimentó un cambio drástico en todo su cuerpo. No solo el efecto de la misma contrarrestaba con mayor rango de efectividad todo su cuerpo, sino que también lo hacía por un periodo de tiempo mucho más prolongado que con la sangre de Sasori. Sakura vio en él una alternativa para dejar de depender del de cabello rojo, y a cambio de un poco de información Obito no se la negó.
Su sangre era diferente a la del resto.
Y entonces lo supo.
—Toma. Tenía un par de frascos listos ya —dice, entregándole una pequeña cajita de metal con varios tubos de cristal. Sangre. Su sangre—. Receta secreta.
—Sí, claro —dice ella sin muchos ánimos, guardándola entre sus ropas—. ¿Cómo sabrías que vendría?
—La naturaleza es sabia. Quizá fue el tiempo. No lo sé —Sakura lo mira, silenciosa, y para Obito es evidente que algo en ella está distinto—. Luces cansada —la Fenrir no responde. Y es normal que haga ese tipo de comentario pues hasta ella misma desconoce el porqué de su silencio. Hay tantas cosas en su mente en estos momentos que no puede estar en paz. Tantas preguntas, tantas inquietudes, tanto caos—. ¿Ha sucedido algo interesante?
—Solo que perdí el control hace un par de días —confiesa muy superficialmente sin ahondar en detalles.
—Se te terminaron las dosis de mi sangre —deduce lo obvio a lo que ella solo asiente—. ¿Y por eso estás tan preocupada?
—¿Preocupada?
—Te lo dije. Luces como si estuvieses esperando una mala noticia —la pelirrosa lo mira de nuevo, recelosa y con el tipo de mirada que busca una abertura dentro de las palabras del contrario. Obito suspira, vencido—. Supongo que seré yo quien te de la primera.
—Dilo antes de que me arrepienta de haber venido aquí —sentencia, grave. Obito da un par de pasos lejos de ella, sentándose sobre un par de cajas amontonadas y viejas.
—Pronto dejaré de ayudarte, Sakura. Mi cuerpo ya no es tan resistente como el tuyo —la soldado de azora levemente ante la confesión.
—¿Qué?
—Lo que oyes. Podré verme joven pero tú sabes el motivo por el que estoy así.
Un híbrido.
La primera vez que se lo dijo no pudo tomarlo enserio. Y también fue la primera vez que Sakura pudo experimentar una especie de regresión en cuanto a sus recuerdos dormidos. La palabra híbrido cobró sentido pues parecía no ser la primera vez que la hubiese oído. La mayoría de sus recuerdos comienzan ahí, en la línea de partida en tanto Obito, siendo apenas un desconocido, le otorga el primer tono de los miles que Sakura había perdido.
Tonos azulados como el cabello de Mikoto.
Tonos cornalina como los ojos de Fugaku.
Tonos heredados a un primogénito del que apenas recuerda un par de letras.
Pero no solo a él.
Cuando el segundo hijo de Mikoto nació, Sakura lo supo.
Ese era el recuerdo que había sepultado bajo miles de cerraduras.
La temperatura fría de ese diminuto cuerpo entre sus también pequeñas manos. Los tonos azulados y cornalina habían vuelto. Habían sido heredados una vez más. Pero más allá de sentirse inexperta en el tema de un nacimiento, se sintió temerosa. Temerosa por la extraña particularidad de aquél hijo por el que Mikoto hubo dado su vida.
Y luego, tras años de duelo y de decisiones que atormentarían su vida al dejarlo en el olvido, toparse con Obito le haría recordar cada detalle de la promesa de aquél día.
—Creí que los híbridos poseían cuerpos resistentes.
Como el de los Draugs.
Como el de ese niño al que dejó atrás.
—Es cierto pero digamos que soy un híbrido defectuoso —dice, pastoso, liberando un secuencia de tos como si le añadiera dramatismo y veracidad a lo que ambos ya conocen. Sakura lo sabe. Lo supo desde el momento en el que hicieron el intercambio de intereses y Obito le advirtió que, un día, dejaría de serle de utilidad debido a su condición—. Mi enfermedad me impide desarrollar todas mis habilidades, y la capacidad curativa de mi sangre pronto dejará de funcionar. Seré tan indefenso como un humano.
Y es que es cierto.
Obito es un híbrido.
Su madre, así como Sakura fue sometida al procedimiento de células Draug, fue usada con el mismo propósito. La madre murió, aparentemente, pero el producto había heredado las particularidades de un Draug dentro del seno materno. Sin embargo Obito se enferma con facilidad. Ha sido así desde que lo conoce, por lo que sus capacidades y su fuerza, si bien son superiores a las de cualquier humano, fluctúan en una variante que sube y baja cuando se le antoja.
Un día puede sentirse tan fuerte como un rinoceronte pero al otro puede ser tan frágil como una liebre.
—Híbrido…—repite ella, desconectándose de la conversación para perderse en sus memorias—. Una vez conocí uno.
—Claro, yo —Sakura niega a lo que él se azora—. ¿Ah no? —y de pronto hay cierto misterio e incertidumbre en el aire. Casi como si los pecados que ambos poseen, de distintas formas, quisieran salir y mostrarse. Obito no pretende preguntar más puesto que hay cierta información que prefiere seguir guardándose para sí mismo también—. Como sea, tú tienes más posibilidades de lograr grandes cosas.
—Soy una alterada —le recuerda con cierto resentimiento. Ella no es como él, aunque no sabe quién de los dos es quien ha tenido la peor suerte.
Y entonces es cuando recae en una conjetura que no quiere creer. Una que ha nacido debido a todo lo que ha sucedido en todo ese tiempo que ha transcurrido. Las cosas que suceden, las cosas que Sakura ha visto, las nuevas personas que se han involucrado en su vida.
Dios puso al hombre en La Tierra por una razón,… entonces que ella haya conocido a Obito en el periodo de tiempo que más necesito de él no debería ser una coincidencia. Más aún cuando a cambio de recibir su sangre, Sakura compartió un poco de información con él. Información que al día de hoy parece que él hubo usado pues no ha envejecido ni un poco.
Cuando lo conoció lucía igual pero al ser un híbrido poseía un corazón humano. La única forma de no envejecer para los de su especie sería…
"Dime… ¿Es posible detener el crecimiento acelerado de una persona?"
"Solo si la persona no es una persona ordinaria"
Ese niño…a los pocos días había crecido lo que debería tener un bebé de casi un año. En cuestión de días…
"Es como yo…No. Él no está enfermo como yo…"
El segundo hijo de Mikoto había nacido varón.
"Solo si le das un corazón pero si lo haces, tú…"
—¿Qué pasa?
—Dejaste de crecer.
Obito siente un eco rimbombante en los oídos. Dentro de su pecho. Dentro de cada cartílago.
—S-sí, bueno…—carraspea, nerviosa—. Hice lo que sugeriste y…
—Yo no sugerí nada —contradice, seria—. Solo respondí tus preguntas.
Y luego, nada.
Y luego, la incertidumbre.
Una tormenta se avecina.
Ambos lo saben pues el viento ha comenzado a silbar con fuerza, pero más que eso pareciera como si algo malo también se estuviese acercando. Sakura lo mira, aguda. Y él teme que lo que ha jurado proteger sea descubierto por la profundidad de esos ojos esmeralda. Ha hecho un juramento. Y durante mucho tiempo Sakura se volvió su benefactora en cuanto a secretos dentro de Konoha pero lo sabía, sabía que iba a llegar el momento en el que la soldado tendría que soltar todas sus dudas.
Hay algo en ella que ha cambiado.
Luce…ansiosa.
Luce como una persona que ha atravesado medio submundo no solo por una dosis de su sangre, sino también por verdades.
—B-bueno, si lo hice fue en vano porque…
—Hay un chico nuevo en el Cuartel.
El aire frío atraviesa esa desmoronada ventana, y silba como el llanto lamentable que trae las malas noticias consigo. Sakura agudiza la mirada. Agudiza cada uno de sus sentidos en tanto Obito reacciona de una manera extraña en cuanto ha soltado esa oración de la nada.
—¿Enserio? —Carraspea un poco combinado con un poco de tos—. Pobre alma en desgracia.
—Me recuerda un poco a ti.
—¿Por qué? ¿Es guapo como yo?
—Por algún motivo odia SHINOBI, también como tú —Obito recobra la tranquilidad un poco, más frunce el ceño tan pronto la oye.
—Soy un desertor de Konoha pero mi odio no se concentra en la gente de la ciudad —recalca. Sakura ladea una sonrisa astuta.
—Se me olvidaba lo sentimental que eras— bromea ella, astuta—. Como sea, él me ha dado muchos problemas desde su llegada —el hombre solo se alza de hombros pretendiendo el desinterés.
—Castígalo. ¿Qué no es esa la manera en la que uno aprende dentro de ese lugar?
—Lo he hecho pero es demasiado prepotente —es Obito quien suelta una risilla esta vez—. ¿Ves? Se parece a ti.
—Muy gracio-
—Su nombre es Sasuke.
Detente.
No vayas más allá.
La advertencia se repite de manera sincronizada en la cabeza de ambos.
En uno porque no sabe la verdad con la que se va a topar y el otro porque no sabe qué sucederá si la llega a encontrar.
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II
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—De todos los lugares en los que pude haberte buscado, no se me ocurrió buscar aquí.
Los sonidos propios del bosque nunca han sido tan nítidos como esa noche.
Es decir, incluso la ambientación auditiva del Invernadero es tan real que parece que en verdad están afuera. Que no hay paredes que limiten lo ilimitable. Que más allá de los hologramas de esos frondosos árboles existe esa franja de desierto que te invita a que la atraviesas y descubras más de lo que Sasuke ya conoce y que recuerda gracias a su memoria fotográfica. Que con alzar su mano pueda sentir la temperatura natural de esa hora.
Hay silencio.
Hay tonos cerúleos.
Por un momento Sasuke olvida que todo eso es obra de la tecnología y piensa que en verdad está en un páramo conocido.
En un ambiente familiar.
Para perderse en el mundo. Perderse entre murmullos. Perderse entre plegarias.
La bóveda de color malva siempre se le hizo interesante junto a sus constelaciones y estrellas perdidas. Sasuke ha soñado con ellas desde que ha sido un niño. Durante un tiempo aprendió a compartir esa cómoda soledad con alguien más pero es la primera vez que disfruta de la ausencia de compañía. Claro que eso no significa que vaya y le pida a Konohamaru que lo deje en paz ahora que lo ha oído entrar. De hecho Sasuke no debería estar ahí en primer lugar.
No debería y sin embargo le ha pedido a Hyuga que le autorice la entrada.
Y de entre una lista extensa de páramos que pudo haber escogido, ha elegido el bosque.
Porque le recuerda a casa.
Porque le recuerda a todo lo que ha dejado atrás.
Porque el bosque parece ser un lugar que forma parte de sus recuerdos desde hace mucho tiempo.
—Este es el escenario favorito de Sakura.
Y porque le recuerda a ella.
—Solía hacer esto todas las noches —murmura una vez que Konohamaru se ha sentado a su lado, silencioso. Compartiendo el mismo cielo uno a lado del otro. Añorando, probablemente, a la misma persona con sentimientos diferentes.
—Yo también —añade el menor—, o eso es lo que creo —dice, dejando que fluyan haces de recuerdos donde hay nieve y un cielo oscuro. Son demasiado inestables pero están ahí—. A Sakura le gusta el bosque.
—Lo sé —bisbisea Sasuke, trémulo.
Estando ahí, apoyando la espalda en un falso árbol, siente que hay una conexión entre ese cielo, sus pensamientos y la Sakura de hace algunos años. Ese suelo, esa bóveda de árboles, ese cielo estrellado,…es probable que la Sakura de sus pensamientos haya visto todo eso. En compañía de Sasori, en compañía de alguien más, o simplemente en la comodidad de su soledad.
Es probable que haya llorado sus penas. Haya pedido plegarias que no serían escuchadas. Haya soportado silencios tormentosos.
Estar sentado ahí le hace sentir que está un poco más cerca de entenderla.
—¿También sabías eso? —Sasuke le mira de reojo, expectante—. Que Sakura sufría de desmayos.
La imagen de Konohamaru gritando, llorando y pidiendo perdón luego de haber huido durante el desvanecimiento de Sakura se hace presente en la mente de Sasuke. Esa ha sido la primera vez para ambos posiblemente. La primera vez para Konohamaru sintiendo tal desesperación y la primera vez para Sasuke sintiendo que una parte de su alma se salía de él.
La inesperada y rápida decisión de Sakura de irse por varios días fue un golpe para todos pero quizá más para el niño. Tantas cosas que decir, tantas cosas que preguntar. No era que Sakura estuviese huyendo de dar explicaciones, quizá no sabía cómo dárselas.
—No —silencio—. No lo sabía —y aunque la negativa no le dice nada, Konohamaru se siente más aliviado de saber que incluso Sasuke comparte el mismo barco navegante de inquietudes a cerca de ella.
—¿Sabes? —Konohamaru toma aire, soltándolo lentamente antes de hablar—. Hasta hace poco, antes de que llegaras al Cuartel, yo solía enfermarme demasiado.
—¿Y ya no lo haces? —el castaño niega un poco—. Eso es bueno, mocoso.
—Pero en cambio Sakura es quien ahora se comporta de una manera muy extraña —expresa con preocupación—. Y no solo eso…Luce cansada. Pálida. Como si la fuerza que siempre la ha caracterizado se estuviese desvaneciendo con el paso de los días.
No es nuevo para ambos ese detalle. A pesar de que Sakura sigue siendo considerada como una de las mejores soldados de esos días, personas como él y como Konohamaru que siempre la miran han notado esas pequeñas fluctuaciones en las que su fuerza parece haber perdido cierta potencia. Y para ambos es bastante claro que lo de hace unos días es consecuencia de que algo raro le sucede. Para Konohamaru es un misterio pero para Sasuke, quien gracias a Hyuga conoce parte de su pasado, el panorama es más claro ahora.
—Eso no fue un desmayo —Konohamaru se tensa a su lado pero no luce tan sorprendido como Sasuke espera—. Sabes lo que es ella ¿verdad? —pregunta directo a la yugular.
A estas alturas no hay cabida para pensamientos sosos ni remordimientos morales por ser Konohamaru un niño. De hecho Sasuke considera que lo hubo juzgado terriblemente mal desde el comienzo. Konohamaru es tan listo y tan perceptivo con su entorno que, además de él y Hinata, no hay nadie más apto para comprender a Sakura que ese niño.
—Solo un poco —confiesa, titubeante.
—Al parecer su extraña naturaleza la hace dependiente de un tipo de sangre en especial para mantenerse estable —Konohamaru se toma unos segundos antes de soltar lo siguiente.
—¿Sasori? —Sasuke siente que el ácido gástrico se revuelve en su interior—. Tiene sentido pues han estado juntos desde hace mucho.
¿Qué tanto sabe Konohamaru sobre Sakura? ¿Hasta qué punto Sasuke tiene permitido contarle? Se siente, de pronto, un poco mal con toda esa situación. ¿Está bien que él sepa más de la vida de Sakura que claramente ese niño que ha compartido más tiempo a su lado? Se encuentra en un punto en el que varios caminos se ramifican y todos están delante de él.
Decidir callar.
Decidir hablar.
Decidir, simplemente, abandonar la razón y hablar con sinceridad.
Hace tiempo que no lo hace. Lidiar con sus cuestionamientos. Compartir silencios con alguien más. Alguien que, considera, se parece mucho a él. Suspira, derrotado y levemente irritado ante el comentario anterior. No va a mentir. No va a esconder su reacción verdadera. Con Konohamaru ha aprendido a ser quien desea ser. Y parece que es lo mismo para el niño.
—Mejor hablemos de otra cosa. Me duele la cabeza de solo escuchar el nombre de ese imbécil —Konohamaru ríe—. Cuéntame de ti —y de repente calla. No porque esté escondiendo algún secreto. Todo lo que sabe se lo ha dicho. Y puede que sea la primera vez que sienta una conexión especial con alguien más además de con Sakura.
—No hay nada que contar. No recuerdo casi nada de mi vida antes de conocer a Sakura —confiesa, apático. Sasuke aguarda el silencio por unos segundos antes de hablar nuevamente.
—Ese corazón que tienes…Se supone que ella debe dárselo al hijo de esa mujer llamada Mikoto ¿verdad? —el niño asiente de manera instintiva mientras Sasuke solo chasquea la lengua y castañea un poco los dientes, frustrado—. Que jodido es todo esto.
—Lo sé —silencio—. Cada que pienso cuando ese día llegue…
—Sakura no lo hará —corta la apatía Sasuke, sorprendiendo al castaño—. Ella no te dejará morir.
Qué güay.
Qué tonto.
Que…gentil.
Konohamaru lo envidia en silencio. Pero es una envidia que no lastima, al menos no a él. Sasuke ha logrado en tan poco tiempo un cambio en Sakura mientras él apenas puede permanecer sintiendo la misma fe ciega que dijo tener hacia ella una vez. Y no solo en cuestión de relaciones, Sasuke se ha hecho auténticamente fuerte de manera física y mental. Esa confianza que demuestra siempre, esas agallas de no temerle a nada; y si lo hace, no lo demuestra.
Y esa facilidad al escucharle. Al hacerle sentir que su voz no solo hace eco en una habitación sin nadie que responda.
Pero sabiendo todas esas cualidades a cerca de él, Konohamaru no puede simplemente compartir sus argumentos sobre Sakura. Nadie nunca sabe lo que ella piensa. Es tan cambiante como el aire, como las corrientes marinas, como las estaciones.
—Ella le hizo esa promesa a esa mujer.
—Y esa mujer ahora está muerta ¿no es así? —silencio. No hay noche en que Konohamaru no envidie a esa mujer. Tal lazo irrompible que ha sido el motor de Sakura durante toda una vida de pena. El pensamiento de saber que hubo perdido a una persona tan importante para ella, le aterra. ¿Hasta qué punto Sakura ha mantenido oculto ese dolor? ¿Hasta qué punto va a cumplir con su palabra? ¿Su vida vale menos que la de esa mujer?—. Si ese hijo suyo está en algún lado de este jodido mundo, ¿enserio piensas que seguirá con vida a como están las cosas? —no hay respuesta y Sasuke solo exhala frustrado—. Por favor, un humano no duraría ni dos segundos en territorio de Draugs.
—Ese es el problema —Sasuke calla, mirándolo serio—. Piénsalo ¿Por qué tendría que darle el corazón de esa mujer a un hijo humano cuyas posibilidades de vivir serían cero en un mundo como en el de ahora?
Sasuke se queda mudo de pronto. No le queda duda de que ese niño ve más allá de lo que cualquier adulto podría. Y esa diferencia es demasiado cruel e injusta para alguien tan joven. Konohamaru ha evaluado todos los panoramas y, según él, ninguno le favorece. Sasuke lo entiende. Lo entiende y también le aterra que acierte porque ni siquiera él ha pensado en una posibilidad como esa.
—Te refieres a que…
—Y si ese hijo... ¿no es humano?
Las posibilidades de que esté vivo…aumentan. Para cualquier otra persona aquello sonaría como un disparate pero para Sasuke, quien tiene argumentos en los que valerse además de conocer más a fondo el origen de Sakura, es posible. Konohamaru, sin saber a grandes rasgos, también lo sospecha.
La razón por la que Sakura es tan fuerte y tan joven…
La causa de la ralentización de tiempo que Hinata hubo mencionado. La razón por la que las células de Draug logran el efecto contrario a envejecer en un semi-humano. Si Sasori siendo humano pudo ralentizar su edad biológica del mismo modo que Sakura también pudo hacerlo al sacarse el corazón…
—No me jodas.
—¿Y si ese hijo es como ella?
Un humano sometido a las células Draug…
No. No un experimento. Algo más complejo...
"La manera en la que Sakura puede conservar el control de su parte primitiva es porque bebe una sangre en especial. Un tipo de sangre que mezcla esencia humana y esencia de Draug"
Sakura no se ha ido de paseo.
Dios, por supuesto que no lo ha hecho.
—La sangre de ese tipo ya debió haber perdido su efecto.
Porque Sasori es humano.
—¿Eh?
Y por eso ha ido en busca de la sangre de alguien más.
La de alguien como la de ese hijo al que finalmente pueden clasificar en una especie distinta a la de ellos.
Ese niño…
—…es un híbrido.
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III
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—¿Es confiable?
—¿Cómo dices?
—La persona de la que has obtenido esa sangre.
Algo como la discreción de estar haciendo eso justamente delante de ella ya no existe más. Hinata sabe lo suficiente para evitar sorprenderse de la manera tan apremiante con la que Sakura ensambla la aguja con uno de los frascos de sangre y se inyecta de manera precisa el hombro sin una previa y religiosa preparación. No hay tiempo que desperdiciar.
En cosa de segundos Sakura está con los ojos cerrados, sintiendo el líquido fruir por sus venas como si fuera una toxina que le devuelve el color y la vida. La sangre de Sasori ha perdido su efecto desde hace un par de días y aunque Sakura nunca ha prescindido de dos dosis de sangre en tan cortos periodos de tiempo, inyectarse la dosis que Obito le ha dado es, en cierta manera, una contramedida solamente. No la necesita ahora pero no quiere sorprenderse de perder el control, otra vez, de manera inesperada.
—Sakura —la Fenrir deja pasar unos segundos más antes de hacer caso al tono insistente de Hinata a su lado.
—Confiable o no, su sangre es lo único que me mantendrá en mis sentidos por un tiempo —confiesa aunque prácticamente no ha dicho nada nuevo a lo que Hyuga sabe. La urgente necesidad de saber de quién se trata, sin embargo, brota de cada uno de sus movimientos y Sakura lo nota—. Cálmate. Estoy bien.
—Solo quiero asegurarme de que las personas que te rodean sean de confianza.
Personas como ella. Como Konohamaru. Como…
Sakura piensa en él dos segundos antes de que Hinata lo haga.
—¿Dónde está él? —la de ojos perlas suaviza un poco su mirada. Sakura lo desconoce pero su semblante fluctúa cada que menciona a Sasuke de manera implícita, y este caso no es diferente.
—En el Domo. Hoy darán licencias provisionales a los soldados que hayan aprobado las actividades.
—¿El Domo? ¿Qué no había sido recomendado para ser instructor?
—Declinó la oferta —revela Hinata, seria.
—¿Qué? —Sakura engrandece los ojos, y se siente inquieta de repente, abandonando el sofá donde había estado sentada todo ese rato—. ¿Cuándo hizo eso?
—Los días que estuviste inconsciente.
"¡Ese idiota!" Sakura no es consciente de la consternación de su rostro ni del estrés que demuestra su cuerpo tan pronto Hinata le ha dicho eso. Pero ¿por qué le molesta tanto? No es como que se haya metido en algún problema realmente serio. Solo ha declinado una solicitud. Una solicitud que, Sakura pensaba, él tomaría. Y es que esa es una manera sencilla de mantenerlo alejado de ella. Una propuesta, además, tentadora para cualquier soldado.
La ambición de cada hombre ahí es escalar en esa pirámide de jerarquías. Qué conveniente para él hubiese sido aceptar e ir escalando solo hasta codiciar una plaza como un soldado con mayor rango. Como el director de algún área en específico. Como un Subteniente. Como un Fenrir.
Entonces ¿por qué?
¿Por qué ha declinado la oferta?
¿Qué espera?
¿Envejecer sirviéndole toda su vida? ¿No tiene aspiraciones?
Las respuestas no las va a hallar con Hinata, así que tan pronto toman rumbos separados, Sakura se pasa por el Domo para confirmar lo que Hyuga ya le ha dicho. Sasuke y Naruto están ahí, en la tercera fila del lado izquierdo.
Cornalina y esmeralda chocan, y toda esa molestia desaparece cuando se ven. Sakura no puede evitar embozar una sutil sonrisa luego del gesto que Sasuke ha puesto tan pronto la ha visto. No es un épico reencuentro ni nada que se le parezca pero hay cierta melancolía en las presuntuosas puertas del alma. Los últimos cinco minutos de la locuacidad del instructor al frente de ellos se les hacen eternos a ambos; Sasuke principalmente no presta ni la mitad de la atención de la que Naruto sí muestra pues al parecer no ha reparado en la presencia de Sakura.
¿Cuándo ha regresado?
¿Por qué Hyuga no le había dicho nada?
¿Konohamaru también ya sabría de su regreso?
La impaciencia de Sasuke por ir hasta donde ella se encuentra se hace notoria tan pronto rompen filas y se aparta de Naruto rápidamente. A diferencia de él, Sakura ya se encuentra a unos pasos de ambos, y es cuando Sasuke se decanta por dejar de parecer un loco desesperado y actuar como normalmente lo haría.
Pero es que no puede.
Ya ni siquiera le importa lo ridículo que se ha de ver.
Nada de eso importa.
—Supongo que debo felicitarlos por aprobar las actividades —habla finalmente, y para Sasuke pareciera que hubiesen pasado décadas de no oír su voz.
—Nos dieron esto —comenta Naruto, mostrándole una hoja de aprobación para actividades fuera del Cuartel en caso de ser requerido.
—Son licencias provisionales. Con ellas podrán salir a misiones al exterior sin ningún problema —los ojos de Naruto chispean, tan opuesto a la indiferencia que Sasuke muestra por ese dato que ella acaba de darles. Tiene tantas preguntas. Tantas cosas qué decirle, y simplemente no puede ordenar sus palabras—. Felicidades…A ambos —y con ambos le mira fijamente a él.
La última vez no quiso ni mirarlo.
Sasuke siente que todo el piso se le mueve.
—Naruto —el rubio atiende—. Hinata quiere verte en su laboratorio. Ve con ella tan pronto te desocupes —el soldado asiente—. Sasuke.
—¿Sí?
—Sígueme.
¿Y cómo no hacerlo?
¿Cómo demonios oponerse?
¿Qué es lo que tiene ella que la hace tan especial? Tan todo. Tan influyente sobre él. Quiere reírse del rumbo que han tomado las cosas. De cómo apenas hace unos meses la detestaba y no podía ni siquiera oír su nombre sin pensar en querer ahorcarla. Y ahora todo es tan distinto. En verdad es un imbécil, pero lamentarse a estas alturas ya no es opción. Ha decidido seguirla muy a pesar de que ella parece estar ejerciendo una fuerza opuesta para alejarlo.
Es tan complicada pero tan transparente.
Y él es astuto.
Tanto que no le toma por sorpresa ese inesperado ataque de la katana de Sakura una vez que están fuera de la visión de todos. En otra ocasión le hubiese roto la nariz de no ser tan instintivo pero le ha parado en seco con una sola mano. Sasuke aprieta la mano alrededor de la funda de su espada mientras Sakura luce entre satisfecha y complacida de esa rápida reacción.
—Excelente respuesta —dice, jocosa, disminuyendo la fuerza para apartarse finalmente. Sasuke no se pregunta qué hacen en una de las salas de simulaciones, realmente sus pensamientos están ocupados en otro tipo de cosas. Incluso las palabras sinceras que ella ha tenido con él hace unos segundos no atraen su atención—. Te has vuelto fuerte.
—¿Es eso lo único que tienes que decirme?
La sonrisa se borra del rostro de la Fenrir, y la potestad que Sakura cree tener sobre él parece que se desvanece. Antes de irse hace un par de días la tensión entre ellos era tan palpable que podría cortarse. Ahora lucen como dos extraños conocidos. No está en su naturaleza titubear ante cosas que tiene que decir pero la situación ha dado tantas vueltas y tropiezos que Sakura luce cautelosa hasta con el silencio que se ha generado.
Pero ¿qué más da?
Con Sasuke nunca tiene expectativas, y eso es lo que la hace sentirse tan curiosa sobre él.
Si ella es súbita en cada una de sus cualidades, Sasuke lo es el triple. Quizá por eso son tan…similares. Quizá por eso no se lo saca de la cabeza. Quizá por eso es que quiere alejarlo de ella.
—Rechazaste la solicitud —Sasuke se sorprende solo un poco. ¿En verdad? ¿En verdad va a cuestionarle sobre eso justo ahora? —. ¿Por qué?
—Porque quise —responde, desinteresado en el tema, virando el rostro—. ¿Me vas a reprender por haber tomado mi propia decisión?
—No lo entiendo. Tus resultados son los mejores de todos los aspirantes. Si aceptabas pronto serías ascendido a un puesto mejor. Tendrías más facilidades y mayores oportunidades de largarte de este lugar. ¿No es eso lo que quieres? —Sasuke cierra los ojos, irónico mientras niega.
—No creo que eso sea lo que Hyuga te haya dicho que me dijeras —Sakura frunce el ceño, provocada—. ¿Irme? Creí que habías dicho que nadie puede irse de aquí.
—Y yo creí que no te tomarías tan enserio todo lo que te decía.
—¿Cómo enamorarme de ti? —el aliento se corta. ¿Por qué? ¿Por qué es tan imbécil como para mencionar algo como eso ahora? La reacción que espera de ella es esa justamente. Seriedad absoluta pero hay cierta belleza en el titubeo que sí muestran sus ojos. Sasuke suspira, llevando las manos a los bolsillos de su pantalón porque ha comenzado a sudar como un cerdo y no quiere verse ridiculizado en ese momento—. Como sea, ya decidí eso —dice, refiriéndose a la solicitud rechazada.
—Pues qué decisión tan más idiota —le reprende en tono severo—. Otro en tu posición habría tomado esa oportunidad.
—¿Quieres deshacerte de mí? —Sakura calla de pronto.
Si se lo pone tan fácil, entonces…
—¿No es lo que querías? ¿Librarte de mis órdenes? ¿No tener que soportarme? He aquí el fruto de tu entrenamiento. Aún puedes arrepentirte y…
—No lo acepto.
"¿Qué demonios?" piensa ella. ¿Qué tan contradictorio y bipolar puede ser una persona? ¿A dónde quiere llegar con todo eso? Es decir, le está dando la oportunidad de alejarse, entonces ¿por qué no lo hace?
"—¿Cómo enamorarme de ti?"
No.
Es absurdo.
—¿Qué?
—Dije que no lo acepto. Puedes hacer con esa solicitud lo que quieras. No la tomaré.
Se supone que Sasuke ya había superado esa etapa rebelde. ¿Entonces por qué estaba siendo tan obstinado? ¡Tan idiota!
—La solicitud ya ha sido aprobada por el Canciller. ¿Por qué no simplemente dejas tu orgullo de lado y la tomas?
—Exacto. Eso es lo que él quiere —dos pasos al frente.
Espalda recta.
Intenciones obvias.
A pesar de ella saberlo se permite…Le permite arrebatarle ese espacio que solo le pertenece.
Baja la guardia o es que él se ha vuelto demasiado bueno en la intimidación. Pero su mirada no representa la envidia o el resentimiento que cualquier otro soldado tendría sobre ella. Representa algo distinto. Algo a lo que Sakura no le encuentra nombre. Algo que se está haciendo costumbre en ellos cada vez que están a esa distancia tan mínima y sus ojos se miran con una profundidad que no es de este mundo.
—¿Qué?
—Si es una orden de ese hombre, ¿debo asumir que lo que tú quieres es otra cosa?
¿Lo que ella quiere?
Quiere alejarlo, claramente.
Quiere alejarlo porque le resultan amenazante todas esas extrañas reacciones que siente cuando lo tiene cerca. No quiere tener que lidiar con más problemas de los que ya tiene. Pero asumir que se siente diferente solo cuando está cerca es también asumir que solo le sucede cuando está con él.
—Qué disparates estás…
—Dices que lo que yo quiero es alejarme de ti pero puedo desmentir eso —Sakura traga grueso cuando siente su aliento lo suficientemente cerca como para sentirse alerta—. Entonces lo que tú quieres es todo lo contrario a lo que dices.
—Si fuera una orden del Canciller no tendrías opción —replica.
—Qué maravilloso que no sea así ¿no crees?
Asumir. Asumir. Asumir.
¿Cuál de todas las posturas…? ¿Cuál de todas las personalidades que ha creado con el pasar de los años debe emplear con él para alejarlo? ¿Qué palabras quiere oír? ¿Por qué todo lo que planea con él siempre obtiene el resultado opuesto?
¿Qué demonios es lo que le está haciendo?
—No quieres.
—¿Qué?
—No quieres que me aleje de ti.
.
IV
.
¿Está vinculado eso a lo que llaman sentimientos al sufrimiento?
Porque se ama es que la gente pierde de vista todo por lo que ha trabajado. Porque se ama es que una persona se vuelve sensible. La vida imposible se hace posible. Los ojos se empañan. El corazón se despedaza.
Pero ¿por qué le llaman amor?
Sasuke era un niño demasiado tímido como para preguntar algo como eso a Kakashi.
Porque se ama es porque se es codicioso. Entonces, ¿codiciar la completa atención de Sakura significa que la ama? Y sin embargo podría ocurrir que se tratara del mismo impulso en ambos términos. Un impulso que desea sentirse satisfecho.
La noche en la que se conocieron aún sigue refulgente en su mente. ¿Sakura le habría reconocido si quiera con el pasar de los días? ¿Qué es lo que sintió cuando lo vio ahí tirado en el suelo? ¿Por qué no acabó su vida como se supone hacen los soldados de su talla? ¿Por qué le dio otra oportunidad? Las oportunidades van y vienen pero con ella las razones no son suficientes. Por más vanas discusiones que han tenido, por más momentos en los que ninguno de los dos ha cedido, decir que eso que siente por ella es amor…es peligroso.
Quizá por eso se entienden en maneras que no comprenden, porque son tan parecidos a la noche y al día. Al Sol y a la Luna.
¿Depende de la suerte o del destino el que, llegados a ese punto, no sepan ni lo que sienten?
—Ah —exhala lleno de delirios, sintiendo el alma desnuda y la gloria de un día entender sus sentimientos tan lejana.
Es tan torpe y tan necio pero ella lo es más. Rueda y rueda en la cama y la verdad es que se siente ridículo al tener pensamientos a medias pero ¿qué más puede hacer? De haber una ventana en esa habitación ya se habría tirado.
Es agotador pensar sobre ella. Sobre ella y sobre lo que él siente.
—Maldita sea —maldice sentándose ansiosamente sobre la cama. No tiene ni la intención de dormir así que calzándose únicamente las botas decide salir a despejarse un rato.
Podría ir al Invernadero y dormir entre hologramas pero seguramente Hyuga le reprendería luego por ello. Ir a las salas de simulación tampoco es opción pues está mentalmente agotado de tanto entrenamiento espartano por estos últimos días. Quizá si solo se vuelve un ente que camina por los pasillos un rato logre hartarse y concilie el sueño…
"Sasuke…"
Vestida de blanco y el tono de cabello azulado.
Sasuke conoce a esa mujer. La ha visto en sus sueños.
—"¿E-estoy sonámbulo?" —piensa, irónico, pellizcándose el brazo izquierdo. ¿Qué demonios es eso? ¿Nueva tecnología de SHINOBI que hace que tus sueños se materialicen? Y en todo caso de que así fuera…Sasuke no ha hablado con absolutamente a cerca de sus sueños.
La longitud de su cabello y su flequillo le cubren todo el rostro. Sasuke traga grueso pues es un auténtico miedoso con ese tipo de cosas que no tienen explicaciones. Cuando sueña, sin embargo, no le asusta, pero ahora está despierto. Se ha asegurado de ello pellizcándose también las mejillas. No considera tampoco que sea el cansancio lo que le esté jugando una broma mental.
La mujer está ahí, vestida de blanco…y comienza a andar por los pasillos.
—¡O-Oye!
La llama pero no responde.
La sigue de cerca pero no la alcanza.
El entorno deja de importar. Sasuke no sabe la cantidad de pasillos que recorre ni las direcciones que toma. Solo la sigue. La sigue… ¿para intentar alcanzarla? ¿Para encontrarle una lógica al motivo de que esté viendo lo que parece un fantasma? ¿O para ver a donde le va a llevar? Porque eso parece. La sigue sin obtener un rastro.
Mañana por la mañana va a tener unas bolsas horribles debajo de los ojos. Mañana por la mañana va a lamentarse mucho. Mañana por la mañana…Vuelta en la siguiente esquina y ya no está. ¿A dónde se ha ido? ¿Y dónde demonios se encuentra en primer lugar? Agitado, con la respiración errática, mira a su alrededor. No ha pasado nunca por ahí. No reconoce ni un mísero gramo de…
Ahí está.
De nuevo.
Vestida de blanco y…
Rosa.
—Sakura…
La longitud de su cabello largo…Es la primera vez que lo ve de esa forma. Y su flequillo parece, también, querer cubrir su rostro. ¿Qué hace ahí? ¿Qué demonios es ahí y porque está despierta a esas horas? Sasuke se esconde detrás de un muro. ¿Y qué se supone que hace él? ¿Por qué no quiere que lo descubra? Es posible que ella ni siquiera se imagine que está ahí, y el motivo de que esté deambulando a esas horas por un sector que Sasuke no reconoce no puede ser porque se trate de algo que haga seguido.
No es una excursión.
No es una caminata a media noche.
Entonces ¿qué demonios es?
La sigue…y tampoco la alcanza.
Hasta que la ve detenerse frente a una puerta.
¿Qué hay detrás de ella? ¿Por qué voltea a ambos lados como si estuviese haciendo algo furtivo y fuera de su protocolo? ¿A quién demonios ha ido a ver…?
Fenrir.
Sasuke siente que el aire se le termina de consumir en los pulmones y ya no circula más cuando lee la placa de acero que hay en la pared opuesta en donde se encuentra. Y cuando vuelve la mirada hacia los metros que lo separan de Sakura, el mundo se le viene encima.
Lo que duele siempre es mejor evitarlo ¿no es así? Entonces ¿es mejor evitar sentir cosas por ella para no estar sintiendo como la sangre le hierve en cuanto Sasori ha aparecido por el umbral de esa puerta?
Tiene que detenerla.
Tiene que hacer que retroceda.
Pero ella también tiene pensamientos simultáneos a los de él en su cabeza.
Tiene que detenerlo.
Tiene que hacer que retroceda.
No puede permitirse caer en el amor junto a él. Junto a Sasuke. Y si las palabras, ni discursos ni argumentos sirven con él, entonces…
"Rompe su corazón"
—De todas las personas en este lugar, eres tú quien llama a mi puerta.
—Aquí me tienes, Sasori.
"Y de paso el tuyo también, Sakura…"
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
¡Hemos vuelto!
Sí que ha sido un mes complicado ¿eh? Un mes de paciencia de su parte y un mes bastante ajetreado por acá. Verán, obtuve un nuevo puesto de trabajo -wiii-, lo cual además de ponerme feliz también exige mucho de mi tiempo por lo que me he desatendido un poco en cuanto a los fics y mis ratos libres de ocio. Lo único que quiero cuando llego a mi casa es dormir. Además, como he comentado en ocasiones pasadas, he estado un poco delicada de salud.
De hecho quise terminar de escribir este capítulo antes de irme de viaje ya que, valga la redundancia, debo viajar mañana en la noche para realizarme unos estudios y programarme una cirugía, pero aún lleva su proceso así que no se preocupen. Así que prefería mejor dedicarle dos noches enteras a sacar este capítulo a retrasarme más y aumentar su espera.
Respecto al capítulo...¡Demasiada información!
El hombre de las montañas: Es Obito. Algunas personas lo dedujeron capítulos anteriores y realmente me alegré de que acertaran. Algunos otros pensaban que era Jiraiya jajajaja Ahora bien, la historia de Obito está fuertemente ligada a Konoha. Como han visto ya, casi todas las historias personales de algunos personajes están sumamente entretejidas y tienen un por qué, y con Obito no es ni será la excepción.
Además de que he revelado datos interesantes a cerca del "Hijo de Mikoto". Las posibilidades de que esté "vivo" aumentan ahora que se sospecha es un híbrido. Pero...¿cómo es que nacen los híbridos? No coman ansías, todas estas nuevas dudas serán resueltas con el tiempo jajajaja
Y finalmente llegamos al trío amoroso. ¡Sakura ha ido a ver a Sasori...! ¡Y Sasuke los ha visto meterse en su habitación! Pobre Sasuke, lo voy a matar de un infarto justo cuando ya comienza a entender que lo que siente por Sakura es amor xDD
En fin, es hora de despedirme pero no me voy sin antes agradecerles, infinitamente, la paciencia y el cariño que tienen por Lotus. Si antes ya me sentía sumamente feliz por la cantidad de gente que la leí, estas ultimas semanas ha aumentado de seguidores considerablemente y mi felicidad no cabe dentro mío. ¡Muchísimas gracias! Sin ustedes esta historia no sería posible c:
¡Besos!
Rooss-out!
