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XXXI
La maldición dorada
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A la mujer con la herida en el pecho hace mucho que ha dejado de tenerle miedo.
Había dejado de verla dentro de sus sueños.
Pero desde hace un tiempo son más recurrentes que antes.
Incluso su mente ha dado un salto de realidad haciendo creer que la ha visto caminar entre los pasillos…pero no le teme. La manera en que vive intrigado por saber a qué se debe nunca había tenido tal fuerza como ahora. Y esa fuerza va en aumento. Cada vez viene con más nitidez a tal punto de darse cuenta que esa mujer…se parece mucho a él.
Sus ojos.
Su nariz.
Su boca.
Su cabello.
¿Quién es?
¿Y por qué se lamenta tanto por no saber?
Lo ha acompañado tantas noches a lo largo de su vida que Sasuke entiende que debe ser por una razón solo que nunca se había sentido tan desesperado por saber como ahora.
La manera en la que se ve…La manera en la que poco a poco ya no hay vida…
Quiere alcanzarla.
Quiere tocar su mano y entender por qué es que le causa tanta ansiedad.
—"Estos son los ojos de alguien más"
Sasuke amanece pero sabe que está durmiendo.
Está soñando pues la luz tenue del alba, nacarada y llena de ambrosía, no existe. En su lugar…nieve. La siente bajo los pies descalzos. La siente en su frente y también en las manos. Cruje a cada paso que da porque es profunda como el bosque a medianoche mientras lamentos y gritos que se oyen. Tan pronto le calan los huesos se apresura. Las puertas de esa iglesia se atascan pero luego, en segundos, se desbalagan en sus manos como si no fueran nada.
¿Quién le hace daño a la mujer y por qué grita?
Más fuerte.
Más duro.
Más ruidoso.
Qué grotesco.
Hay sangre por todo el suelo.
Hay súplicas y también lamentos.
Sasuke quiere acabar con el origen de su dolor porque no soporta sus gritos ni la manera tan desgarradora con la que la voz se le va.
Quiere acabar con el ser que le ha hecho eso.
Con el ser que le ha hecho la herida en el pecho.
Siente tanta ira y tanta rabia por esa vulgar y espectral presencia que no reconoce a un lado de ella. La ha manchado de sangre, a la mujer blanca. La ha privado de todos sus sentidos. La ha matado y la ha entregado al frío. Sasuke, sin miedo, corre hacia el espectro teñido de negro, cubierto con una tela desgastada que él quiere desgarrar y de paso también su cara.
Muéstrate, piensa.
Que muestre el rostro del asesino para que pueda recordar. Para que no lo olvide. Que se tatúe en sus retinas aun así tenga que ir al fin del mundo para hacer que pague su crimen.
Pero de pronto…un llanto. Y es ese mismo el que también lo detiene.
La mujer de blanco está fría y pálida mientras el espectro se pone de pie y acuna algo. El instinto de Sasuke le hace querer arrebatárselo pues teme que le haga daño al diminuto ser que ha dado la mujer blanca antes de morir.
Va a arrebatárselo.
Va a salvarlo.
Y va a matar al espectro de paso.
—"Estos son los ojos de alguien más"
Se repite en su mente, y la situación se invierte.
¿En dónde está?
¿Por qué tiene el cielo oscurecido sobre sus ojos y por qué cae nieve?
Él estaba corriendo hacia el espectro para poder matarlo y…
Agua.
Primero es una gota, luego son dos, y luego es interminable.
Como un río que no teme secarse, o quizá posee todos los miedos del mundo pero sabe que su dolor, en comparación con el de la mujer blanca, no terminará en un segundo.
El suyo será eterno.
—Perdóname…
Porque el espectro está llorando.
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I
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La alarma se emite a las dos con veinticinco de la mañana.
Y a ninguno de los dos le da tiempo de reponerse de sus respectivos sueños.
El sonido es tan estridente y tan agobiante que es normal que los aturda apenas semi abren los ojos. La luz de todas las habitaciones cambia, en un segundo, a un color nacarado, encendiéndose y apagándose de manera repetitiva.
A las dos con veintisiete, Sasuke toma la mano de Konohamaru.
Esa noche el más pequeño le ha pedido que se quede con él. Y es la primera noche que cuentan estrellas imaginarias sobre un techo que apenas pasa de los tres metros de alto.
Pero es suficiente.
Con Sasuke no necesita fingir algo que no es. Con él, Konohamaru siempre siente que el mundo se expande aunque las paredes en las que se encuentren quieran decir lo contrario. Y también siente como si todo estuviera a su alcance. Todos sus males se han ido desde que está cerca de él. Su salud, incluso, ha mejorado.
Por supuesto, no se pregunta por qué. Y es la primera noche en la que no siente frío ni miedo porque él está ahí como la figura de un hermano mayor. Como la figura de un padre. Como la figura de un protector.
Horas antes de dormir han bromeado y Konohamaru ha sentido que en cualquier momento los pulmones se le iban a colapsar de tanto reír. Si así hubiese sido…no le hubiese importado. Porque se iría de ese mundo siendo feliz.
Y entonces, cuando termina cada quien su monólogo sobre la vida y cómo ésta ha cambiado durante esos últimos días, duermen.
Y sueñan.
Ambos al unísono.
Pero la alarma ha sonado y a las dos con treinta Konohamaru no impide que Sasuke se vaya…porque él va a su lado. Sasuke le ha pedido que se quede en su habitación a salvo en espera de Hinata Hyuga o la señora Chiyo, pero Konohamaru se ha opuesto. Se ha aferrado a su brazo y le ha pedido que no lo deje atrás. No puede permitirlo. No con él. Con Sakura la falta de insistencia, quizá, es lo que hizo que se alejase de ella y terminaran un poco disgustados entre ambos. Pero con él no. Siente que si lo deja ir sería equivalente a morir. Y eso da miedo. Da miedo sentirse ridículamente necesitado de él pero tampoco le busca un por qué.
Y a Sasuke le duele el pecho. Porque ese niño ha calado profundo en su interior. Porque se ha vuelto tan importante para él como viceversa. Porque algo en su pecho le pide a gritos que lo cuide.
La alarma no cesa y cada vez aumenta en decibeles.
Konohamaru no puede decirle lo que ha soñado…No puede decirle pues tampoco se imagina que ambos han tenido un sueño similar y simultáneo.
Sasuke no olvida a la mujer blanca y al espectro de lágrimas negras. No lo hace pero aparta, aunque sea por un momento, los recuerdos mientras se apresura por los pasillos con Konohamaru de cerca.
Y Konohamaru…Él tampoco olvida.
No olvida la secuencia de su sueño ni la manera en que se reproduce como si estuviese diciéndole que debe encontrar su significado. Un sueño que ha empezado como el resto de los otros pero ha tenido un final inesperado pues en un momento Sakura lo ha soltado, se ha ido, y lo ha abandonado pero al otro…Sasuke sigue tomando su mano. La aprieta, como ahora. La protege, como ahora. Es tan extraño. Tan extraño que quiere llorar.
Algo lo llama.
Algo le dice que está en el lugar correcto.
Algo que quiere salir de su pecho…
—¿Mocoso?
Y que quiere regresar al lugar que le corresponde.
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II
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Veinte minutos después de que la alarma se ha emitido, todo soldados y personal de SHINOBI se ha reunido en el Domo.
Eso de que "las malas noticias vuelvan rápido" es algo cierto pero hasta ese momento ninguno tiene una idea clara de lo que ocurre. Sasuke ha perdido la oportunidad de si quiera buscar a Hinata y a Sakura. Ha sido arrastrado por la marea de soldados hacia el punto de reunión que les han indicado algunas personas.
Pronto visualiza a Naruto, y la barrera entre ellos se borra mágicamente. Debe ser la reacción natural al sentir ansiedad de no saber qué es lo que ocurre lo que une a la gente, o al menos eso quiere creer. Kiba se les une minutos después.
—Sakura. ¿La has visto? —es lo primero que Sasuke pregunta pero la respuesta es silencio solamente. No hay noticias. Y al parecer no es el único subordinado que busca a su respectivo Fenrir a juzgar por el semblante de algunos soldados.
Levanta la cabeza más de una vez intentando reconocer a alguien además de ellos pero nada. Ni siquiera ha tenido tiempo de encontrar a la mujer que se ocupa de Konohamaru.
Aunque es un caos bastante ordenado si se lo preguntan, pero eso no aminora la necesidad de saber qué es lo que sucede.
—Están aquí —Sasuke deja de prestar atención al bullicio cuando siente como el menor se aferra a su brazo, apretándolo.
—¿Ah?
—Está pasando otra vez…
Konohamaru lo puede sentir. Lo hace desde hace mucho. Mucho antes de que suceda o se sepa. Sasuke lo mira, preocupado. Con esa expresión agobiada de una persona que presiente cuando algo malo va a suceder.
—¿Qué?
Pero demora demasiado en preguntar que lo que le toma a las pantallas instaladas en el Domo emitir el anuncio de emergencia. Konohamaru solo aprieta su mano y Sasuke le devuelve el apretón con la mirada engrandecida y fija a la imagen que se transmite.
Están lloviendo esporas.
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III
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—¿No sienten como si estuviésemos a punto de recrear la escena de un crimen?
Silencio.
No hay cabida para bromas de ese tipo pero Suigetsu no dice ni una mentira.
Nunca lo hace a pesar de siempre bañar sus palabras de un humor poco conveniente en los momentos menos oportunos. Ningún Fenrir dice nada mientras aguardan a que el silencio se disipe una vez el Canciller ha salido de la sala en tan corto periodo de tiempo.
La junta ha durado poco más de lo esperado por una serie de percances que los han dejado en un ambiente de tensión. No es una orden, es una sentencia.
Lo han sabido desde siempre.
Desde que decidieron abandonar sentimientos frágiles que pudiesen impedir el trayecto del deber.
Pero que sepan, y ahora tengan claro, las medidas que deben tomar en una situación alarmante como esa no significa que algunos no hay evitado persuadir.
Iruka ha tomado parte del debate tan pronto se ha enterado de la presencia de esporas cayendo en territorio de Konoha. Y es muy probable que el resto de Fenrir sepa la razón de su insistente forma de querer lograr el menor número de bajas posibles.
Las mismas medidas. El mismo escenario. La escena cubierta de sangre de hace veinte años refulge fresca en su memoria.
La primera vez que un hombre se equivoca, es un error. La segunda vez ya no lo es. Es simple elección. Iruka ha creído ilusamente que el Canciller podría recapacitar al respecto para así no repetir los errores del pasado…pero ha estado viviendo una mentira. Nada de lo que ha dicho, refutado y debatido, ha hecho retroceder a Danzou ni un solo momento.
—Esperaba que fueras tú el primero en oponerse, Iruka —reconoce Danzou, minutos antes, tan pronto ha dado la orden de aniquilar a todo el que respire de la zona expuesta. Por supuesto que Iruka iba a hacerlo. ¿Es qué no ha aprendido nada en esos largos años? ¿Es que no recuerda la cantidad de vidas perdidas, la mayoría de ellas inocentes? ¿Es que no piensa en el bienestar de su gente?
—No todos estarán infectados, señor —pero insiste. Sigue insistiendo. A pesar que la mitad de los Fenrir presentes lucen impávidos sabe que la otra mitad se resiste simplemente a acatar una orden que involucre vidas que no merecen ser terminadas.
—Solo acata la orden, Iruka —interviene Pakura, reacia.
—Es posible que el diámetro de alcance no haya tocado a cierta parte de la población en ese sector, Canciller —sorpresivamente es la voz de un subteniente la que recae con peso en medio del resto. Shikamaru no tiembla ni cede ni un poco en ninguna situación cuando Danzou lo mira, retador, y eso al hombre le ha irritado desde siempre.
—No voy a arriesgar a toda Konoha solo por una posibilidad suya, subteniente Nara.
—Me tomé la libertad de hacer una simulación rápida, permítame mostrársela —Ino, jocosa, solo oculta una mueca de satisfacción por encima de su puño cerca de su boca, aplaudiendo internamente la audacia de quien está a su espalda.
La simulación aparece en medio de la sala, con la curvatura de la letalidad de las esporas remarcada en rojo. Por supuesto la simulación indica que mientras más tiempo estén perdiendo hablando ahí, más vidas humanas serán las que se pierdan.
—En unas tres horas el diámetro cubrirá todo ese sector. En cuatro comenzará a extenderse por todos los demás—explica, Shikamaru.
—¿Qué hacemos perdiendo el tiempo entonces? —exclama Yagura, azotando su mano por encima de la superficie de la mesa.
—No es simple —interviene Yugito, cruzada de brazos—. ¿Cómo sabremos quien está infectado y quién no? —a pesar de que las intenciones de la Fenrir no son dividir aún más las opiniones, su punto es claro. Además de que es apropiado para que Danzou lo use a favor suyo.
—Un detector de radiaciones —la demanda de soluciones hace que el Canciller se irrite, y lo hace aún más cuando ve quien, además de Shimakaru, ha abierto la boca. Como si fuera un desafío de filosofías pero que de ningún modo está dispuesto a perder.
—Explíquese, subteniente Hyuga —aprueba Yugito.
Sakura, a su lado, no se opone a que su subordinada hable aunque básicamente es ella quien no se anima a hablar desde que ingresó por esa puerta. No es una mirada amable la que percibe de Danzou. Revocada de obligaciones para luego ser citada aunque es bastante lógico debido al alto grado de emergencia. Su presencia, a pesar de ser imprescindible, parece que no le agrada. Y Sai, a unos cuantos lugares de donde está Sakura, no puede ocultar su satisfacción al verla a ella tan desubicada y apartada, y mucho menos al ver el semblante inconforme de su tío.
—Se puede crear un detector radiaciones. Uno muy sensible que detecte a los portadores que han sido expuestos a las esporas. Algo como un detector de metales —sugiere Hinata pero pronto es cortada por Sai y una carcajada.
—Claro, y mientras esperamos a que lo hagan todo el mundo estará muerto.
La sala se sume en silencio.
No cuentan con muchas opciones pues el tiempo les limita y mientras siguen hablando y discutiendo, vidas se están perdiendo en este momento.
—No es una mala idea —asiste Utakata, aunque dubitativo.
—Por el amor de Dios —exclama el sobrino del Canciller, alzando las manos en un gesto de hilaridad—. ¿Qué no escucharon a Nara? Por primera vez tiene la maldita razón. No hay tiempo. La única medida es no dejar a nadie vivo y…
—¿Cuánto tiempo te tomaría hacerlo?
Priorizar la vida de otros antes que la suya es algo que han olvidado.
Agotar las alternativas es algo que no han hecho.
Condenar a la humanidad…es algo a lo que están acostumbrados desde hace tiempo pero eso es algo que la filosofía de SHINOBI no puede admitir públicamente.
Pero la espera cansa.
La monotonía cansa.
Las reglas cansan.
¿Por cuánto tiempo Sakura ha vivido a base de órdenes? ¿Por cuánto tiempo lo ha hecho el resto? Todos bajo un régimen de terror que lo único que les ofrece es bajar la cabeza y ganarse un día más de vida a cambio de arrebatar otras. Cuanta ironía. Cuanta crueldad.
No ven.
No oyen.
No sienten.
Acostumbrada a no aportar a la lluvia de soluciones que siempre se discute en temas de esa índole, Sakura es que decide enmudecer al mundo con una pregunta que significa lo inexplicable. Está pensando. Está analizando profundamente la posibilidad de recuperar tantas vidas como sea posible. Ella, quien fuera la soldado más reacia a sentir empatía por el prójimo.
De nuevo no ven.
De nuevo no oyen.
De nuevo no sienten.
Sakura está harta y es la primera vez que le sostiene la mirada a Danzou de tal forma a como si estuviese enfrentando a su peor temor. Sabe lo que él está pensando pues cuando el miedo se apodera de ti no conoce de la exclusividad. Danzou decide huir pero Sakura parece decidir morir enfrentando lo que venga de frente.
—Subteniente Hyuga —Ino es quien trae de vuelva, luego de la natural impresión que ha adquirido al igual que la mayoría, a la de ojos perla, mirando fijamente a su superior. El rostro de Sakura está en calma pero también está a la espera de una respuesta. Serio pero no con hambre de imponer sus reglas.
—A-ah. Una hora, máximo. Necesito crear una interfaz y subirlo a la red central para que todos los soldados en campo tengan acceso a ella. Lo sincronizaré con sus lectores de radiación térmica.
—Ahí tiene su solución, señor —expresa Sakura, directa.
A su lado el resto guarda silencio y lucen intimidados. Sería la primera vez en la que la pelirrosa decide tomar otra ruta de acción y no simplemente acatar las reglas como es costumbre en esas sesiones. La tensión se siente con cada sorbo de oxígeno. Sasori, quien no ha emitido palabra alguna, por primera vez se siente ansioso. Y no es para menos. Sakura está siendo demasiado osada o demasiado estúpida en llevarle la contraria a Danzou en su cara. ¿Se ha vuelto loca?
Las palabras que han salido de su boca en segundos son lo suficientemente claras para que sea juzgada y sea puesta en la mira de ese hombre nuevamente.
Y ese pensamiento le está poniendo nervioso. No puede evitar sentir como le sudan las manos.
—¿Y si falla? —se contiene el aliento en cada representante cuando la voz gutural de Danzou amenaza directamente a Sakura—. ¿Estás dispuesta a asumir la responsabilidad de tu subordinada, Lotus?
Hinata traga grueso pero le reconforta la manera en la que Sakura no flaquea al decir lo siguiente.
—No fallará.
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IV.
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—Lo hiciste para que yo no vaya contigo.
—Lo hice porque sé que puedes hacerlo.
Entre quedarse y dejar que vaya sola o ir con ella y no serle de ayuda, realmente no sabe qué es peor.
Mientras cada miembro del Cuartel se moviliza a niveles alarmantes, Hinata se encuentra lidiando entre el corazón y la razón. La sesión ha finalizado y las órdenes son tan claras que en verdad siente que ha sido una idea bastante estúpida de su parte haber abierto la boca para sugerir eso.
—¿Podemos reconsiderar esto solo un minuto?
—No tenemos un minuto.
Hinata alcanza su límite, tomándola del brazo con fuerza, aturdiendo un poco a los soldados que pasan apresuradamente a su lado pero que apenas y se detienen a ver lo que sucede pues continúan su rumbo sin detenerse.
¿Cuántas veces ha querido enfrentarla de esa forma? Pero Sakura luce tan distinta a la máscara gélida que solía portar hace tiempo. Está escuchándola por primera vez, y sus ojos son más claros que nunca.
—No necesito que me protejas. Puedo serte útil allá afuera —expresa, ansiosa. Sakura la mira con calma, analizando sus palabras.
—Lo sé pero ahora mismo me eres más útil estando en el Cuartel —Hinata suelta una risa lastimera, negando cabizbaja—. Hinata…—Sakura replantea sus ideas mejor antes de decir—. Iré ahora —la joven engrandece los ojos, confundida.
—¿Eh?
—Quizá no haya otra oportunidad si Danzou vuelve a revocarme de mis obligaciones. Y a juzgar por la manera en la que me miró durante la reunión, no está de muy buen humor —Hinata no sabe qué la toma más de sorpresa. Si la inesperada toma de decisión o el hecho de que lo ha llamado por su nombre—. Iré a la Zona Sur esta misma noche.
—E-es demasiado arriesgado. Tenemos órdenes; además, si te separas del grupo lo notarán enseguida con tu rastreador…
—Por eso necesito a alguien de nosotros aquí. Necesito comunicación abierta contigo en caso de que necesite escapar. Del rastreador no te preocupes. Me ocuparé de ello.
—P-pero…
—¡Sakura!
Las sorpresas repentinas no acaban.
Cuando Konohamaru grita su nombre, sus brazos ya le rodean la cintura con fuerza. Sakura engrandece los ojos en un principio pero rápidamente corresponde al gesto. Konohamaru siempre ha sido un niño bastante expresivo pero ella ha sido demasiado ruda con él orillándolo a contener sus emociones. Se lamenta por eso. Porque desde un principio ha querido lo mejor para él.
Transcurren los segundos y suaviza su mirada colocando una mano sobre su cabeza, y reflexiona un poco sobre la manera en la que esa súbita situación los ha llevado a ese punto. No le sorprende pues es parte de la naturaleza del ser humano sentir temor pero lo que sienten ellos en sus corazones es más parecido a la pérdida pues la lluvia de esporas es lo único que atrae consigo cada que decide aparecer.
Por eso él la abraza con tanta fuerza.
No es el miedo a morir.
Es el miedo a no verse más.
Sakura entiende ese sentimiento más que nadie. Y odiaría tener que volver a pasar por lo mismo.
—¿Es cierto? —la Fenrir desvía el rostro hacia él. A diferencia de algunos soldados, él luce con un temple seguro. A esta hora es obvio que la alarma se ha emitido pues la gente no deja de ir y venir de un lugar a otro. Le reconforta verlo al igual que, por supuesto, saber que Konohamaru ha estado a su lado cuando se ha emitido la alerta. Sasuke le brinda la seguridad que necesita con solo mirar sus ojos y está segura que ha sido un bálsamo para tranquilizar, también, al niño.
—Sí. Esporas —confirma y tal parece que a ninguno le estremece la noticia salvo a Konohamaru y ligeramente a Naruto, quien ha seguido a Sasuke de cerca desde que se toparon en el Domo.
—¿Cuáles son las órdenes? —pregunta el moreno, firme.
—Neutralizar la amenaza y auxiliar a los civiles en la medida que se pueda —Sakura aguarda silencio un momento, meditando la situación—. Esas son las órdenes.
—¿Y las tuyas? —como si tomara las riendas de la situación, como si le estuviese diciéndole que sea lo que decida va a estar de acuerdo, Sasuke apremia el tiempo y es directo a preguntar dispuesto a recibir la respuesta que ella diga.
—Iré a los laboratorios de la Zona Sur —contesta, inmediato, sin fluctuaciones en la voz que la acusen de dudar. Sasuke, por supuesto, ve más allá de lo simple.
—Iremos —aclara él en plural. Y Sakura ladea una mueca cercana al lamento. Debió imaginar que él le daría tal respuesta pues si en algo se ha vuelto bastante bueno, además de llevarle la contraria, es en leer sus intenciones.
—No voy a pedirles que vayan conmigo —sentencia, retomando seriedad, y es hasta que Konohamaru aparta las manos de su cuerpo que Sakura se permite ver el miedo en sus ojos.
—¿Qué hay en ese lugar? —silencio—. ¿Y por qué quieres ir sola? —Sakura lo mira, indecisa. No ha tenido tiempo realmente de pensar en una respuesta para cuando llegase a soltar tal pregunta, y está segura que aunque la tuviera Konohamaru no lo entendería. No querría entender de separaciones y despedidas. Nadie nunca quiere dejar atrás a la gente que es importante—. Sakura…
—Hay algo que debo ver por mí misma y solo lo haré en ese lugar —es lo único que dice pero sabe que no es suficiente. Konohamaru no quiere asimilar pero tampoco considera que es el momento para pedirle una explicación. No cuando allá afuera todo es un caos.
—Quiero ir —la Fenrir cierra los ojos con pesadez —…pero sé que no vas a permitirlo.
—Así es.
—Entonces… —apartándose de ella se voltea, dirigiéndose a Sasuke con la mirada acuosa—. Promételo.
—¿Ah?
—Promete que la cuidarás…Y que tú también regresarás.
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V
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Si respira, hay que matarlo.
Es la orden que les han emitido tan pronto se han montado dentro de uno de los tantos vehículos que marcan trayectoria hacia el centro de la radiación de esporas. Mientras todos se ocupan en mirarse en silencio y en no dudar, la mente de Sasuke no deja de pensar en ningún momento en la última conversación con Sakura antes de abordar ese maldito camión.
Por supuesto que Sakura se ha entregado estrictamente a impedir que la acompañase. Y, por supuesto, hasta el último segundo él ha intentado persuadirla pero la decisión ha estado tomada desde hace mucho tiempo aunque no sabe cuándo. Debería ser el menor de sus problemas entender que para no levantar sospechas deben ir en vehículos separados con rutas igual separadas. Si bien cada Fenrir va acompañado de su subteniente, Sasuke no posee tal título que le permita estar a su lado por mucho que lo desee. Y eso está matándole lentamente.
Es su subordinado, sí, pero sigue siendo un soldado de rango menor.
—Parece que toda la mierda va junta —a su lado, Naruto comenta con todo el desdén que le permite esa pequeña pseudo libertad de la que pueden gozar por los minutos que le resten antes de descender.
Él no debería estar ahí.
Sasuke ha insistido hasta el cansancio, también, para hacerlo entrar en razón y quedarse con Hinata y con Konohamaru.
—No deberías haber venido —balbucea Sasuke, con la tensión sobre los hombros. No se miran a pesar de que están sentados uno frente al otro, apartados del resto de soldados que conforman ese convoy, cerca de donde se almacenan las armas.
—Eso es muy irónico viniendo de ti, Sasuke —escupe el rubio con una ironía bastante afilada—. Esa es mi línea.
Por supuesto que lo es.
Sasuke no debió haber ido a ese lugar en primer lugar pero Naruto también no debió haber cedido a ello. Ambos han cometido errores de los cuales arrepentirse. Pero ahora es muy tarde. Naruto no puede regresar el tiempo e impedirle a Sasuke ir a Konoha y Sasuke no puede evitar que Naruto suba a ese vehículo con él a pesar de que prácticamente se lo ha pedido a gritos.
Pero Naruto no iba a dejarlo ir solo con ella.
De ninguna forma iba a permitir quedarse solo porque Sasuke teme no volver.
Si es así como los hombres insensatos como él arriesgan la vida…él no va a permitirlo. Incluso si tiene que seguirlo para evitar que haga una locura, lo hará. O si tiene que romperles las piernas, también lo hará. Está acostumbrado a eso. A seguirlo incluso si la decisión no es la correcta.
No piensa en Sai ni en el acuerdo que tienen ni mucho menos piensa que se trata de una situación alarmante la que van a enfrentar. No piensa en los Draugs con los que va a toparse ni en el peligro de ser tocado por las esporas.
Ha crecido con ese imbécil…Es su hermano de toda la vida.
Y no va a dejar que muera.
—Máscaras, soldados. Vamos a descender —indica el comandante del escuadrón. Todos acatan de inmediato pero Sasuke se toma su tiempo para observar su reflejo en el vidrio de la máscara que debe usar para evitar el rocío de esporas. Su imagen es nítida…y es tan alejada al futuro que alguna vez planeó para él.
Futuro…
Pero…¿qué hay de su pasado?
Llegó a Konoha con la idea, no solo de desmentir las ideologías de SHINOBI. Llegó ahí a causa de la ira, el dolor y al decepción. Y, por supuesto, de la incertidumbre de saber de dónde proviene. De encontrar algún indicio sobre su origen. Poco ha sido lo que ha descubierto pero nada aún es relevante. Y quiere saber. En verdad tiene hambre de saber cuál es su misión en ese mundo.
Y es probable que el presentimiento que tiene no se deba solo a una simple preocupación de si es sumamente peligroso ir a la zona cero. Sakura ha dicho que hay algo que necesita ver con sus propios ojos en ese lugar.
Y quizá él también encuentre algo ahí.
Algo que le dé la razón y justifique el por qué está ahí, uniformado hasta las garras con el semblante impávido que caracteriza a los soldados de SHINOBI.
Darse cuenta de la realidad y del peligro que eso conlleva a su alma le deja rígido de pronto.
No teme en lo que se ha convertido…pero si retrocediera los días…
—Deja de perder el tiempo —oye a su lado mientras la máscara le es arrebatada y colocada en su rostro, ensamblada a la perfección mientras la bomba de oxígeno se activa y se permite regular esa nueva respiración. Naruto es quien lo ha hecho, y se mira más decidido que él.
Por supuesto que Sasuke no teme en lo que se ha convertido…más bien teme en lo que Naruto ha evolucionado.
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VI
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La evacuación de civiles está bajo la supervisión de los Fenrir, de ahí que se hayan disgregado en pequeños grupos para abarcar la mayor parte del sector afectado.
—Eso fue inesperado de tu parte.
—¿Eh?
—Pero gracias por haber intercedido a favor de la vida de los inocentes.
Sakura no se siente precursora de nada salvo, quizá, de las desgracias que sufren la gente que permanece a su lado. Ino, por otro lado, agradece su intervención durante la sesión pues la evacuación ha sido posible gracias al acuerdo alcanzado aunque cabe mencionar que la resolución final no complació del todo al Canciller.
A las tres con cuarenta y cinco minutos de la mañana, la ofensiva terrestre de las tropas de rango menor de SHINOBI es precedida por la tropa especializada de los Fenrir ya que su plan operativo posee mejores procedimientos ante un ataque a gran escala como ese aunque de momento no hay incidentes mayores a ciudadanos un poco reacios a abandonar sus hogares.
La zona cero donde está la mayor concentración de esporas está a un par de kilómetros de las murallas, lo que les proporciona el tiempo necesario para realizar la evacuación aunque sea a pasos acelerados.
Pero la situación se siente demasiado controlada para el gusto de Sakura. Quizá se deba a que no puede parar de pensar cuál será el momento exacto en el que se separe del grupo…o simplemente la ansiedad de no saber qué es lo que va a encontrar en ese lugar.
—Menos mal que el virus de las esporas se propaga bastante lento ¿no creen?—comenta Fuu, Fenrir del escuadrón 3, un tanto nerviosa a su lado. El primer grupo está conformado por ellas tres, Utakata y Kisame. Una decisión bastante inusual pero no era como que tuvieran muchas opciones de elegir a su equipo. Por su parte Sakura agradece no estar con Iruka y mucho menos con Sasori.
—Eso sería interesante de ver —añade Kisame, irónico.
—¿De qué hablas? —pregunta Ino, seria.
—Si el virus de las esporas adquiriera una nueva forma de transmitirse, mucho más fácil, ¿no sería mucho más divertido?
—Una persona solo puede infectarse si el virus de las esporas lo toca. De otra forma, es imposible —contradice la Teniente de cabello rubio.
—Los virus mutan, querida —agrega él, casi como si presagiara una noche larga. Sakura, sin embargo, se mantiene al margen perdiendo la atención en dirección al propósito que la ha llevado ahí esa noche.
No lo dice, ni mucho menos lo demuestra pero las noches doradas le atemorizan. Son inesperadas y no se pronostican. No avisan, solo llegan. No se tientan ante nadie, solo asesinan. Las noches de esos de ese tipo siempre son las más largas y las más devastadoras. Sakura no puede evitar viajar al pasado y a las memorias que la atormentan. Junto al comentario de Kisame, aquello sería un problema mayor.
Si el virus adquiriera la habilidad de transmitirse no solo a través del contacto, sino a través de fluidos corporales, a través del contacto visual, del aire…Dios. No quiere ni imaginar lo que se avecinaría. Algo como eso llevaría a la humanidad al colapso.
—Los virus mutan por la intervención humana —contradice Ino; y el silencio es letal.
Sakura se queda rígida, atónita, en un estado de completo shock emocional como si la respuesta siempre hubiese estado ahí y ella solo hubiese pasado de ella.
¿Es demasiada coincidencia que los eventos más recientes de esporas solo hayan sucedido para tapar la obviedad de otro evento no previsto?
Sasuke llegó la misma noche en que también llovieron esporas.
Y la vez en la que ella escapó de aquellas instalaciones.
Y la vez en la que Mikoto…
Siempre la obligan a salir…Siempre la obligan a hacer algo. Porque la manipulan, así como la intervención humana manipularía agentes patógenos para provocar ese fenómeno, llevando a cabo experimentos para que los virus se vuelvan más letales.
Las memorias…Las memorias grises en su mente, las que nunca ha podido reconocer ni relacionar con nada se tiñen de colores y se vuelven claras finalmente.
Es ella la que corre entre los pasillos, desesperada por una salida. Cubierta por sangre que no es suya. Pero ¿en verdad está haciendo su esfuerzo por huir o simplemente la han dejado escapar?
¿Cómo probar la efectividad de un virus si no existe una amenaza?
Las jeringas de líquidos amarillentos están expuestas. Doscientas para ellos, una para ella. Doscientas personas volviéndose Draug queriendo devorarla.
Son personas.
Personas comunes.
O al menos lo eran.
La maldición dorada.
El oro falso.
—¿Sakura?
—No…—cuando se da cuenta, incluso la voz le tiembla. Aparta a Ino y se aleja del exclusivo grupo para dirigirse a la zona del campamento donde presuntamente están atendiendo a las personas heridas. Cuando llega al punto, varios soldados le bloquean el paso—. Apártense.
—Esta zona está restringida —dice uno. Sakura levanta la cabeza por encima de ellos y ve, entre los resquicios de las carpas verdosas, una fila extensa de personas y a su vez boquillas y materiales quirúrgicos entre los materiales dispuestos por el personal militar médico—. Sus órdenes son otras, Lotus.
—Muévete—gruñe, exaltada pero de nuevo es detenida en su intento por ir más allá—. ¡Hazlo!
—¡Sakura! ¿Qué estás haciendo? —la llama Ino, agitada luego de perseguirla. Utakata y Fuu le siguen los pasos, intrigados.
—¿Qué sucede? —interviene Utakata tratando de serenar a Sakura colocando una mano en su hombro pero es en vano.
—Vuelvan a sus puestos. Ustedes no tienen acceso aquí —repite el mismo soldado, reacio a dar su brazo a torcer pero también claramente nervioso. La manera en la que su lenguaje corporal se expresa no es algo que ninguno de ellos pase por alto. Algo no está bien—. ¡Que vuelvan a sus puestos!
—Apártese, soldado —esta vez es Utakata quien lo pide un poco más sereno pero con intensidad y el respaldo que le genera su posición como Fenrir—. No lo voy a repetir dos veces.
—Utakata, basta —intercede Ino, llamando un poco al sentido común —. No es…
Pero Sakura no está dispuesta a seguir esperando a que la cordialidad y los buenos modales le den algo a cambio. Apartando a Utakata, y empujando al soldado que les obstruye el paso, avanza por las carpas. Ino grita detrás de ella pero no le importa.
La maldición dorada…
—¿Qué les están inyectando? —Sakura no demora en esperar la respuesta cuando, frenética, intenta arrebatarle la jeringa al soldado que hay frente a la fila de personas que la miran con miedo. Saben quien es, por supuesto; y su comportamiento violento de ahora solo aumenta puntos negativos a su imagen pero tampoco le importa.
—¡Sakura, ya basta! —Ino la sujeta de los brazos, empujándola sobre la barandilla metálica que separa el área de las carpas del resto de personas—. ¡¿Qué demonios haces?!
—¡¿Qué les están inyectando?! —grita, insistiendo en la pregunta anterior, alterada, escupiendo casi por la desesperación de tener los brazos inmovilizados por la rubia.
—¡Lotus! ¡Ino! —exclama Utakata al llegar con Fuu.
—¡Dime!
—¡E-es solo una vacuna preventiva para los síntomas de las esporas! —dice el soldado con el uniforme médico. La gente formada se ha apartado un poco debido a la conmoción de ver a parte del supuesto equipo especial de soldados actuar de tal manera.
—¡¿Ves?! ¡Es solo una estúpida vacuna y…!
—¡No hay vacuna para la prevención de esporas, maldita sea! —vocifera, perdiendo la paciencia, completamente alterada por la respuesta que acaba de darle. Ino se ve obligada a soltarla cuando suelta tal declaración.
—¿Qué? —la respuesta se ve interrumpida cuando los detectores de radiación térmica, integrados a su uniforme, emiten un pequeño sonido a la vez de manera sincronizada. Aviso suficiente para saber que Hinata ha subido con éxito a la red el sistema para detectar las esporas. Para saber quién está infectado.
Pero la semilla de la duda ha sido implantada en Ino. Y es que la manera violenta con la que Sakura ha reaccionado en cuestión de segundos no es ni remotamente normal. Respiración errática, ojos dilatados, como si tuviera fiebre.
Se supone, en teoría, que el detector emite una alerta de manera automática también cuando detecta radiación de esporas, y Sakura maldice internamente no haber pensado un poco más en las consecuencias de ello.
Personas infectadas.
Personas con presencia del virus de las esporas en ellas.
Y Sakura posee células de Draug en su interior.
—Sakura…Tú… —pero Ino no termina de dar una resolución cuando ve en la pantalla integrada a su antebrazo la aparición de no solo uno, sino varios puntos más.
Sakura quisiera sentirse optimista pero el escenario pronto se vuelve el inicio de una masacre cuando oyen el primer grito y el primer disparo en la carpa contigua a la que ellos están. Al primer grito se le unen más y pronto se combinan con gruñidos hambrientos y el pánico expandiéndose por todo el lugar.
Por supuesto que no es una vacuna lo que les han inyectado.
—Es una trampa.
Es el virus de las esporas.
.
VII
.
—¿Qué fue eso?
Disparos consecutivos se alcanzan a oír en diferentes puntos alejados de ellos, y oírlos no augura algo bueno. Pero se supone que ellos están acostumbrados a ese tipo de imprevistos. A pesar de eso la intranquilidad crece a medida que estos van en aumento, y más la de Sasuke pues no puede evitar asociar el peligro con Sakura.
Aprovechando la distracción que se ha creado entre los miembros del escuadrón debido a la conmoción, hace amago de apartarse de la multitud con sigilo. Pero hay un detalle que olvida, por supuesto.
—¿A dónde crees que vas? —Sasuke cierra los ojos con pesar a través de la mascarilla cuando siente la fuerza con la que Naruto le detiene por el antebrazo.
—No voy a quedarme aquí para…
—Vas a ir a buscarla —la declaración es firme y también cargada de una veracidad fundamentada. Sasuke no lo mira como si tuviera preparada una excusa, al contrario, su mirada es dura y rotunda, sin alteraciones a que quiera negar lo obvio y eso a Naruto le llena de rabia—. ¿Cómo demonios puedes pensar en ella en una situación así? —le grita el de ojos zafiro, apretándolo con más fuerza pero el azabache no retrocede ni muestra signos de remordimiento o incomodidad—. ¡Ella es la razón por la que estamos aquí en primer lugar! ¡Todo es su culpa!
—Suéltame, ahora —ordena, sólido. Incluso si siente la necesidad de darle una respuesta a sus exigencias, no tiene cabeza ni tiempo para pensar en ello. No cuando los disparos van en aumento y se escuchan cada vez más cerca. Si no se apresura será arrastrado a tener que obedecer las órdenes del comandante del escuadrón y por consiguiente Naruto también—. Ven conmigo —es lo único sensato que dice con un tono de voz más preciso que el anterior. También piensa en él, por supuesto. No puede dejarlo ahí a su suerte tampoco.
—¿Qué? —Sasuke le toma la mano que le tiene sujeto el brazo, apretándola para que lo libere pero sin soltarle—. Dios…Has perdido la cabeza.
—No hay tiempo para explicarte ahora por qué, Naruto. Necesitamos irnos rápido y…
Pero es más rápido lo que no se espera al tiempo que les toma convencerse y decidir.
Al igual que el resto de soldados que están cerca de ellos pueden ver como un par de estos caen al suelo de manera precipitada comenzando a derramar una especie de brea negra por la boca a medida que sueltan sonidos propios de la falta de oxígeno, lo cual es ilógico debido a las mascarillas que tienen.
Síntomas de esporas.
Pero ¿cómo? No hay indicios de que estén ni remotamente cerca. Y no hay amenaza de contagio de ningún tipo pues están aislados de las personas evacuadas, muy lejos de ellas; además de que están usando uniformes especiales. Entonces ¿por qué…?
Sasuke se ve interrumpido a pensar cuando más soldados caen, transcurren los segundos, y se levantan reaccionando de una forma sumamente agresiva contra otros soldados.
Se han infectado.
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VIII
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No recuerda en qué momento se ha apartado del grupo aunque ciertamente no le importa.
Lo único que hace, además de correr apresuradamente, es evitar la conmoción, y evitar pensar en que todo este tiempo Danzou planeó esto.
Debió haberlo sospechado.
Debió sospechar la facilidad con la que les había cedido la autoridad a cerca de la orden de evacuar civiles. Debió pensar un poco más como el arma letal que supuestamente hicieron de ella. Más fría, más estricta, más radical.
Su espada sigue limpia e intacta hasta que se topa con otro de los campamentos instalados.
El escenario que ve ahí le perturba.
Soldados.
Soldados hambrientos.
Soldados con las características de un Draug.
—¿Qué demonios…? —apenas le da tiempo de reaccionar cuando cinco de ellos se le van encima, aturdiéndola un poco—. Hinata, ¿estás viendo esto? —pregunta algo que es obvio pues ha sincronizado la cámara que poseen las mascarillas con la imagen visual que obtiene Hyuga en las pantallas de su laboratorio desde el Cuartel.
—¿Por qué hay soldados infec…? ¡Sakura! —suelta la de ojos perlas cuando la imagen se distorsiona y solo ve como las cosas vuelan alrededor de la Fenrir—. ¡Sakura! ¡¿Estás bien?! —Hinata ve sus pies primero y luego el asfalto. Uno, dos, tres movimientos y lo siguiente que ve es su espada entrar y salir de los cuerpos de los soldados violentos, manchándola de sangre.
—¿En dónde están ellos? —pregunta Sakura antes de volver a mostrarle únicamente movimientos frenéticos a Hinata a través de la cámara.—. ¡¿En dónde están?! —vuelve a preguntar en medio de la pelea, alterando a Hyuga.
—¡¿Qué?!
—¡Sasuke y Naruto!
—¡Ah…! —la subteniente teclea lo más rápido que puede activando la ubicación remota de los rastreadores, obteniendo dos puntos rojos en la pantalla—. Te estoy enviando su ubicación y… —Hinata suelta un bufido de frustración cuando la señal se pierde y deja de verlos en la pantalla—. Maldición…
—¿Qué pasa?
—Perdí su ubicación —Sakura se altera al oír eso—. La señal de los rastreadores se apagó. No lo entiendo…
—¡No dejes que les inyecten nada!
—¿Eh?
—¡Solo díselos, Hinata!
.
IX
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El alarido de dolor que Naruto emite es sumamente claro y demasiado fuerte para ser escuchado. Sasuke tiene que taparle la boca con la mano libre mientras que con la otra termina de hacer el corte en su brazo izquierdo.
Se han apartado del resto, o más bien simplemente han corrido como el resto de soldados al ver la amenaza y entender, ligeramente, la situación actual. Sasuke es quien ha entendido mejor que nadie al ver caer a varios de los soldados que venían detrás de ellos al suelo, sujetándose el brazo izquierdo con fuerza mientras en sus rostros se dibujaba un semblante de punzante dolor y desesperación. Las imágenes pronto se conectaron en su mente y la respuesta se pintó de color dorado.
Sin detenerse a pensar en que su hipótesis pudiese ser equivocada, arrastró a Naruto a un callejón sumamente estrecho y oscuro. Lo suficientemente apartado y deshabitado como para que alguien los haya seguido.
Y acto siguiente le ha levantado la parte de la manga izquierda del uniforme, ha sacado un cuchillo de los compartimientos del mismo, y ha contado hasta cinco antes de hacer un corte en la zona que él recuerda les han inyectado los rastreadores cuando aún estaban arriba del vehículo que los llevó hasta ahí.
Naruto no entiende lo que hace hasta que siente toda su columna tensarse, sintiendo un penetrante dolor en la parte en la que Sasuke le ha abierto la piel sin razón aparente. Así, sin nada. Sin anestesia, sin avisarle, como si fuera un maldito demente.
Intenta apartarlo cuando siente su carne abrirse creyendo que ha perdido la cabeza pero Sasuke pone suficientemente fuerza en sus piernas y en su agarre que le impiden moverse. La mano que opaco sus gritos, Naruto la muerde, y la sangre brota rápidamente pero al azabache parece no hacerle nada.
¿Qué hace?
¡¿Qué demonios hace?!
—¡A-ahh! —Naruto siente que los segundos son eternos mientras Sasuke continúa hiriéndolo, aparentemente. ¿Qué no ve que allá afuera todo es un desastre? ¿Qué no ve cómo los soldados comienzan a actuar como unas malditas bestias? —. ¡Safsufke! —emite Naruto su nombre con dificultad pues su mano sigue en su boca.
Sus ruegos son escuchados segundos después pero el dolor y el ardor no se va pronto. Cuando Sasuke lo suelta, Naruto cae de rodillas al suelo sujetándose con fuerza la herida que acaba de hacerle en el brazo. La visión aún sigue nublada debido a lesión pero puede ver que, entre las manos de Sasuke manchadas de su sangre, sostiene algo para luego tirarlo al suelo y pisarlo con fuerza.
Naruto tiembla un poco cuando lo ve agacharse a su altura creyendo que de nuevo se va a volver un demente y va herirle otra parte pero Sasuke solo rasga un trozo de tela su uniforme y lo ata alrededor de la herida de su brazo como torniquete.
—Aprieta fuerte —pide una vez terminado el nudo. Naruto quiere romperle la nariz justo ahora.
—¿¡Te volviste loco!? —exclama, furioso, sujetándose con fuerza la herida aún sin entender el por qué lo ha hecho—. ¿¡Qué demonios acabas de…!? —pero enmudece tan pronto ve como su compañero le extiende el mismo cuchillo con el que le ha perforado a él hace unos minutos—. ¿Q-qué…?
—Has lo mismo conmigo—demanda apresurado pero Naruto está lejos de entender qué demonios es lo que sucede—. ¡Rápido!
—N-No entiendo…
—No solo son rastreadores lo que nos inyectaron, Naruto. Son cápsulas que se desintegran dentro de nuestro tejido. Son cápsulas con el virus de convierte a las personas en Draugs —el rubio siente como suda frío de pronto. ¿Qué acaba de decir? —. Acabo de sacarte el tuyo —Naruto desvía la mirada a lo que Sasuke acaba de pisar—. Ahora debes sacar el mío.
—¡P-Pero…No sé cómo!
—Aquí. Hazlo como yo lo hice contigo. A la altura de donde nos inyectaron esa cosa —el de ojos zafiro duda, tembloroso, pero Sasuke sabe que no tienen tiempo para una plática motivacional o tranquilizadora—. ¡Sácame ésta porquería antes de que se disuelva dentro y me convierta en un maldito Draug, maldición!
Sucede tan demasiado rápido que ni siquiera siente cuando Naruto repite la misma operación que él ha hecho hace unos minutos. Cuando Naruto logra encontrar el rastreador Sasuke solo hace una mueca dolorosa pero que soporta bastante bien para se apresura a tirarlo al piso y aplastarlo de la misma forma con el de él. Repitiendo la acción del torniquete, parece como si nunca hubiese sucedido nada.
—Levántate, debemos movernos —ordena tan natural y fresco que a Naruto le da náuseas el ver cómo la situación lo ha llevado a ese punto.
Al diablo, Sakura.
Al diablo, Sai.
Al diablo todo el mundo.
—Huyamos —pide, hablando desde lo más profundo de su corazón, sujetando su brazo con dificultad. Y Sasuke se vuelve rígido—. ¡Es nuestra oportunidad! ¡Todo el mundo está en caos por aquí, ni siquiera lo notarán! ¡Vamos, Sasuke!
Si esa misma situación se le hubiese presentado tan solo días después a su llegada a Konoha, Sasuke quizá no lo hubiese pensado ni dos veces. Hubiese accedido y hubiese re pensado las cosas antes de volver a sugerir ir a ese lugar sin un plan.
Claro que hubiese dicho que sí.
Pero el hubiese no existe.
Y ahora más que nunca duele tener que oponerse a la estela de libertad que se le presenta justo ahora. Quiere proteger a Naruto…pero no puede estar tranquilo si no sabe en dónde se encuentra Sakura ahora. Ya no puede retroceder en el tiempo ni evitar sentirse así cuando no la tiene cerca. Y se lamenta un poco por tener que elegir.
—Sasuke…
—No puedo, Naruto —la negativa cala hondo en el soldado, tanto que siente cómo los ojos le arden. ¿Por qué? ¿Por qué las cosas no pueden ser como eran antes? ¿Y por qué hace esa cara como si lo lamentara?—. Tenemos que buscar a Sakura y…
—¡Al diablo ella! ¡¿Qué demonios sucede contigo?! —le empuja con fuerza, haciendo que su espalda choque con facilidad con el otro extremo del callejón—. ¡Te tiene embrujado!
—¡No es así! —exclama, intentando conciliar aunque eso no se le dé para nada bien—. Solo…
—¡¿Qué?! ¡¿Me vas a decir que ahora te gusta?! —silencio; y Naruto cae en la histeria soltando una carcajada—. ¡Debe besar muy bien para tenerte como un idiota comiendo de su mano! —Sasuke estalla en cólera, regresándole la agresión, empujándolo hasta sentir como su espalda topa con la pared opuesta—. Ugh…Todo es su maldita culpa. De no ser por ella ni siquiera habrías levantado una mano contra mí. ¡Contra tu hermano!
—¡Ya basta! —gruñe, colocando su brazo por debajo de su cuello, dificultándole el habla—. ¡Basta, maldita sea! ¡Esto no se trata solo de ella!
—¡¿Ah, no?! ¡¿Entonces qué otra maldita cosa te retiene aquí?!
—Mi pasado —contesta, severo, dejando los gritos pero no por eso aminorando en la profundidad de sus palabras.
—¿Q-qué…?
—¡Sasuke! ¡¿Sasuke, me escuchas?!
Ambos se miran tensos a los ojos, omitiendo seguir gritando cuando la voz de Hinata interviene a través del comunicador integrado a sus máscaras. Naruto solo baja el rostro, mirando al suelo, cediéndole la palabra a Sasuke solamente.
—Adelante, Hyuga —responde serio, abriendo la comunicación.
—¡Sasuke! Ah…Finalmente. La red de comunicación está saturada. Al parecer hay varios percances en diferentes puntos de la zona donde se encuentran—Sasuke se aparta de Naruto, acomodándose el uniforme mientras continúa escuchando la situación por parte de Hinata—. Naruto… ¿Él está contigo? —la voz trémula con la que esa pregunta ha salido a través del comunicador es clara para ambos. Naruto la oye y siente una punzada en el pecho.
—Sí, está conmigo —contesta el más alto, tranquilizándola—. Todos acá se volvieron locos. Al parecer los rastreadores que nos inyectaron contenían cápsulas con el virus —se alcanza a oír claro una exhalación de asombro por parte de Hinata—. Varios soldados comenzaron a convulsionar y luego se levantaban como unos malditos animales.
—No es posible…—Hyuga hace una pausa, asumiendo lo que acaba de decirle—. En ese caso todos estarán infectados en cuestión de minutos —silencio nuevamente. Hinata traga grueso antes de preguntar—. Entonces ustedes…
—Nos lo sacamos —aclara, ayudando a Naruto a alistarse nuevamente para salir aunque este último evidentemente no acepta la ayuda del todo—. No podemos quedarnos aquí.
—Les enviaré un mapa para que vayan a las instalaciones de los laboratorios ahora mismo. Sincronizaré sus comunicadores a la frecuencia que tenían los rastreadores. Así sabré su ubicación. Le informaré a Sakura que los verá ahí y…
—Ella… ¿Cómo está ella? —suelta finalmente. Se ha contenido de preguntar aquello desde el momento en que la voz de Hinata hizo acto de presencia. Pero es que necesita saber…Necesita asegurarse que está bien.
—Bien, supongo. Es Sakura después de todo —pero aunque la respuesta no es del todo firme, a Sasuke le es suficiente por el momento. Ya tendrá tiempo de preguntarle directamente una vez que se encuentren—. Ella está yendo para allá.
—De acuerdo —hace una pausa percatándose de los escases de armamento—. No tenemos armas.
—Cualquier vehículo contiene un arsenal en el interior. Les enviaré las coordenadas de los más cercanos —Sasuke asiente, agradeciendo el gesto—. Apresúrense.
—Bien. Vámonos ya —Naruto no emite palabra alguna pero tampoco se opone. Está inusualmente callado y muy obediente a pesar de que hace unos minutos han tenido una discusión bastante acalorada.
No les toma mucho tiempo encontrar el indicio propio de un desastre cuando avanzan un par de metros por las direcciones que Hinata les ha dado hacia el vehículo con armamento más cercano. Fuego y desorden en cada esquina, además de cuerpos inertes y sangre esparcida por el suelo no solo de soldados sino también de civiles.
No es la mejor imagen de advertencia a seguir avanzando pero no tienen de otra. Al menos Naruto siente que no la tiene pues a pesar de que quiere noquear a Sasuke y sacarlo de Konoha a rastras, es obvio que el azabache vería venir sus intenciones aunque luzca demasiado concentrado en otras cosas.
No quiere admitirlo pero Konoha ha hecho de Sasuke una persona realmente poderosa.
Al menos si lo sigue de cerca se siente más tranquilo a que si estuviesen cada quien por su lado. Y para Sasuke es igual.
—Es aquí —dice el de cabello negro, abriendo ambas puertas traseras del vehículo blindado, suspirando de alivio cuando ve, desde donde está, como el arsenal sigue intacto—. Monta guardia en lo que tomo todo lo que pueda —Naruto solo asiente y Sasuke hace una mueca, trepándose al camión.
Armas de largo alcance.
Armas de corto alcance.
Sasuke coge primero dos katanas y se las coloca en el cinturón de su cadera para luego coger un par de granadas y lo que sea que piense le será de utilidad. La tarea debería ser demasiado rápida y sin contratiempos de no ser porque, en la esquina opuesta a donde se encuentra, oye un ruido seco. Alarmante, coge lo primero que tiene al alcance y apunta al origen mientras alumbra con la mirilla. El sonido vuelve a hacerse y se percata que el movimiento se genera debajo de una gruesa manta de color verde.
El movimiento cesa pero no por eso deja de ser angustiante.
Hay algo debajo de ahí.
Algo…
—¡¿Qué carajos…?!
—¡Sasuke!
Konohamaru.
Dios…
¡¿Qué demonios hace ahí?!
Sasuke baja el arma pero no se siente más aliviado de hacerlo cuando lo ve a él agazapado entre cajas de municiones y otros tipos de armamentos. ¡Debe ser un chiste!
—¡¿Qué estás haciendo aquí?! —exclama, histérico. Konohamaru termina de retirar la manta, saliendo de su escondite desde hace un par de horas—. ¡Contéstame!
—Si te pedía venir te hubieras negado.
Dios Santo. ¿Tan si quiera se está oyendo? ¡Están en medio de un ataque! Sasuke intenta serenarse pero poco logra su cometido pues Konohamaru, aunque luce ligeramente asustado, parece no tener remordimientos por lo que ha hecho.
—¡Claramente me hubiese negado! ¡¿Tienes idea de dónde estamos?! ¡Es peligroso aquí, maldita sea!
No puede. Simplemente no puede concebir que Konohamaru esté ahí. Lo que es más…¿Cómo ha logrado subir a uno de esos vehículos sin ser visto? Es absurdo. Pero entonces recuerda que el mocoso es ridículamente inteligente. Pero aun así esto ha sobrepasado lo admisible. Sasuke se siente más preocupado que antes. Genuinamente preocupado.
Una cosa es querer proteger a Naruto, quien tiene ligera experiencia, al menos, en campo abierto y en situaciones así, y otra muy distinta es proteger, ahora, a un niño.
Dios.
Cuando Sakura se entere…
—Sakura —suelta su nombre recordando que tienen el tiempo medido y estar buscando culpables en ese momento no es lo primordial. Pero es que….¡Agh! ¡Que Konohamaru está ahí hace que quiera priorizar su seguridad por encima de cualquier cosa! ¿Qué no se ha detenido a pensar en las consecuencias de estar ahí? Pero no tiene caso reprenderlo. No es como si pudiera cerrar los ojos y hacer que desaparezca y reaparezca seguro en el Cuartel—. Cuando ella se entere de que estás aquí va a querer matarnos a ambos —dice molesto aunque claramente indulgente cuando coge de las cajas de Konohamaru tiene cerca, un chaleco y un par de aditamentos extras para él—. Escucha, ésta ha sido la peor de todas las ideas que se te ha ocurrido pero no puedo dejarte aquí nada más —dice sin más, aventándole lo que acaba de tomar—. Ponte eso, rápido. Vienes conmigo.
—E-espera…Y-yo solo quería asegurarme de que no les pasara nada malo —Sasuke pasa de él, asegurando ambas espadas en su sitio, dispuesto a salir—. ¡Oye, escúchame cuando…! —pero le detiene en seco cuando le sujeta por los hombros.
—Escúchame tú a mí, maldición —el menor calla, afectado por el tono duro con el que le habla. Sasuke suelta un suspiro resignado—. Vendrás conmigo te guste o no. Eso debiste pensarlo antes de subirte a un maldito camión —hace una pausa, removiéndole los cabellos para tranquilizarlo—. Descuida. No dejaré que te hagan daño —promete, y Konohamaru solo toma su mano con fuerza, tembloroso—. Iremos a buscar a Sakura.
—¿En dónde está ella?
—En un lugar peligroso.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
¿Pero qué clase de giro de los acontecimientos es este? -la golpean-
Sinceramente...no creí que lograría terminar este capítulo. No estoy para excusarme de nada pero he reescrito este capítulo unas 5 veces, sin mentir jajajaja. Estaba por desquiciarme si no conseguía actualizar pero finalmente lo he logrado.
Como habrán podido notar, son muchos cambios de escenarios porque, vaya, la situación lo amerita. ¿Es una coincidencia que estén lloviendo esporas cuando justamente Sai ha dicho que hay que sacar al ratón de su escondite? uuuuh~
Sakura vuelve a la acción pero es básicamente la situación la que ahora parece superarla. Hay indicios que poco a poco voy dejando sobre la lectura que espero sepan reconocer cuando llegue el momento. Como por ejemplo, esa imperiosa necesidad de Konohamaru al querer estar cerca de Sasuke y viceversa. O las memorias perdidas de Sakura que ha comenzado a recordar en un momento sumamente crucial.
Como dije anteriormente, estos capítulos serán enteramente dedicados a desvelar, finalmente, varias dudas que han tenido durante toda la historia. La parte más crítica está por venir así que espero disfruten de estos capítulos -cofcofymisufrimientoydeliriomentalcofcof-
Por otro lado...es posible que un nuevo personaje se integre a la historia en el próximo capítulo o dentro de dos más. No daré pistas así que no me sobornen con nada jajaja
Y, bueno, ¡gracias por seguir Lotus! Gracias por su paciencia y por las expectativas que tienen sobre la historia. En verdad disfruto mucho romperme el cerebro solo para su deleite jajaja En serio. Me motivan mucho leer sus apreciaciones. ¡Gracias por tanto!
Esperemos tener una segunda actualización este mes. Todo depende de mis kilos de trabajo y de mi tiempo de sueño (?)
Ahora sí...¡Nos vemos!
Rooss-out.
