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XXXIII
Lo que hay en la cima
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—Qué conveniente.
Sasori no finge sorpresa aunque en realidad sí le gustaría hacerlo.
Ponerse a la defensiva por algo que indudablemente sabe que es cierto sería conveniente pues Sai no ha dudado tan pronto los detectores de esporas se han sincronizado y activado al mismo tiempo revelando la posición de puntos rojos en la zona.
Y el primer punto ha sido él.
Se ha sentido como si Sai solo estuviese esperando la señal para apuntarle con su espada y por eso Sasori no se la cree ni un poco del mismo modo que nadie va a creerle si intenta argumentar que lo que marcan los detectores es erróneo. La interfaz de Hinata Hyuga no ha fallado pero quien sí lo ha hecho es Sakura al no prevenir que algo así pasaría pues dentro de ellos dos yacen los vestigios del proceso de las esporas al que estuvieron sometidos hace tiempo.
En Sasori es posible que ya no quede mucho rastro pero en Sakura…
Y no puede evitar preocuparse por ella más que por él mismo a pesar de estar siendo amenazado en este momento.
La dureza imparcial con la que mira a Sai esta vez no va a salvarle pues no se encuentran solos.
A su espalda Yugito Nii, Kisame e Iruka.
Cruza miradas con este último y lo sabe con solo verlo.
Ambos lo saben.
—Shimura, ¿qué haces? — Yugito es quien secunda al azabache con voz profunda.
Sasori no se mueve pues Sai sabe de la letalidad de los movimientos con la espada del sobrino del Canciller. Incluso en un duelo es probable que sea difícil apostar por uno. Incluso si mueve su muñeca para activar el guantelete debajo de su uniforme, Sai atacaría primero.
—Siempre sospeché que tú eras la misma peste que Sakura —y no olvidemos el odio silencioso que se tienen mutuamente. Con Sakura, Sai no suele callarse a la hora de criticarla y maldecirla. Con Sasori, aunque nunca se hablan más de lo necesario, el odio es más discreto y por lo mismo menos consecuente. Pero está ahí. Sai es de esas personas rencorosas que alimentan ese sentimiento desde pequeño. Desde que ese par de huérfanos llegaron a las instalaciones y comenzaron a llamar la atención de todos. Desde que Danzou decidió apostar por ellos antes que por él—. Y con esto no me queda duda alguna que son tal para cual —espeta, resentido.
—¿Qué sucede aquí?
Sasori engrandece un poco los ojos en tanto ve llegar, agitados, a Utakata seguido de Fū. Se supone que ellos estaban designados en el mismo grupo que Sakura. ¿Qué hacen ahí, tan lejos de su zona?
—¿Por qué no ajustas tu detector de esporas mejor, Utakata? —Incita Sai, firme con la espada en tanto Sasori mueve un solo músculo, inquieto—. Anda. Intenta moverte. Te aseguro que no llegarás muy lejos —amenaza pero no por ello Sasori le teme. A peores cosas les ha temido y no va a flaquear solo porque el sobrino del Canciller está advirtiéndole que no se mueva. Después de todo Sasori lleva en carne y alma heridas que ni siquiera han sanado. Lo que haga o deje de hacer Sai para sentirse bien consigo mismo le importa poco—. ¡Dije que no te muevas! —advierte alterado cuando el de ojos canela da un paso al frente, disminuyendo el espacio entre la punta de la espada de Sai y su cuello.
—Adelante —invita, severo—. Veremos si al Canciller le complace saber que acabaste con uno de sus soldados favoritos —tienta, apostando por la arrogancia y su status al final.
A Sai, lo que más le enardece, no es el poder.
Por supuesto que no.
Una persona como él, que desconoce la inmundicia y los horrores del ser humano, solo sabe guardar rencor debido a los celos y al sentimiento de sentirse ignorado.
Sasori lo ha sabido siempre. Desde la primera vez que se vieron.
Sai les detesta porque no les cree merecedores de un poder que, en un principio, debió ser para él.
Qué imbécil.
Sasori hubiese preferido nunca ser encontrado y morir hace años que estar, en estos momentos, frente a él. Si pudieran intercambiar lugares, lo haría. Pero en contra parte a esos pensamientos tampoco se lamenta de estar ahí. De no haberlo hecho no habría conocido a Iruka, a Chiyo, a Kurenai.
A Sakura.
—¡Tú no eres su favorito! —vocifera Sai, enardecido, con el afán de blandir el arma y perforarle el cuello sin pensar en lo que ese acontecimiento podría desencadenar.
Y entonces, Iruka.
Sai se detiene a solo centímetros de su rostro, justo a la altura de esa cicatriz que va de extremo a extremo en el rostro del Teniente. Sasori, quien presume del control de sus emociones, esta vez no impide que la sorpresa se exprese en su semblante. ¿Qué demonios está haciendo?
—Teniente Umino —menciona el azabache, mordaz—. Diría que me sorprende esto…pero la verdad es que no —puntualiza entrecerrando los ojos. Y es que es claro. Todos ahí saben la conexión entre él con Sasori y Sakura.
—Baja el arma, Sai —pide Iruka serio, pero Sai está lejos de ceder. Lo que es más, se le hace absurdo tal petición considerando que el panorama no está a favor de ninguno de ellos, salvo de él.
—Me temo que no puedo hacer eso —hace una pausa haciendo un gesto con su espada. Yugito y el resto de Fenrir a su espalda dan un paso al frente, alarmantes, pero de ahí no se mueven más—. Véalo por sí mismo, Teniente. El detector de esporas no puede estar equivocado —acota, chocando miradas esta vez con Sasori, quien ganas no le faltan de aplastarlo—. Debemos acabar con cualquier amenaza para Konoha —pero Iruka, tan quieto y duro como un roble, no se inmuta, haciendo que Sai enfurezca pero es astuto. Astuto para usar todos los recursos a su favor—. ¿O acaso debo asumir que el Teniente Umino, Fenrir del escuadrón 5, está protegiendo a una de estas bestias?
—No es así —suelta, grave—. Sasori no es lo que tú crees.
—Ilumínenos entonces, Teniente —solicita el joven soldado, engañoso.
—Muévete, Iruka —pide Sasori al castaño, tomando su brazo con fuerza—. No pedí tu ayuda.
Claro.
Sasori no la pediría ni porque fuera su última opción.
Hace muchos años lo hizo, e Iruka prefirió no dársela. Cuando solo era un niño, cuando solo era un adolescente con el corazón y el alma destrozados. Aún así, pidiendo, suplicando por una razón que obligara a Sakura a hacer lo que hizo. A matar inocentes. A herirlo a él. Sasori dejó de esperar cosas de Iruka en el momento el que este decidió pasar la página a esos eventos demasiado rápido creyendo que de ese modo, estando Sakura y Sasori separados, podrían corregir los errores.
Qué idiota ha sido.
No debió soltarlos en ningún momento.
Pero ahora no puede simplemente evadir lo que sucede.
No quiere cometer el mismo error de no decidir según lo que siente.
Por eso Kakashi se fue.
Por eso no fue capaz de seguirle, pero no se arrepiente de haberse quedado. De no haberlo hecho no habría conocido a Sasori ni a Sakura, ni podría hacer una última cosa por ellos.
Sasori no es capaz de entender a qué se debe esa mirada lastimera que le da cuando voltea a verlo por encima del hombro. No lo entiende hasta que finalmente lo oye salir de sus labios.
—Ya sé. Yo decidí esto, ya no tan pequeño Sasori —con un asentimiento de cabeza, detrás de Sai, sin que él se lo espere, aparece Izumo, subteniente de Iruka, amenazándolo con un arma en el cuello. En acto reflejo, aun desconociendo la situación, Yugito activa el mecanismo del guante de sus muñecas, deslizando largas y afiladas garras de titanio de ellas con la intención de apartar a Izumo de Sai.
Iruka no se sorprende puesto que la conversación que han tenido parece solo concernirles a ellos tres mientras que el resto solo debe seguir al instinto de in-subordinación cuando un soldado de rango menor atenta con la vida de un Fenrir.
Es obvio viniendo de un soldado tan recto y estoico como lo es Yugito. Lo que no es obvio es la acción de Utakata al inmovilizar a la Fenrir con el ataque de las finas y resistentes agujas metálicas que él está acostumbrado a usar junto con la precisión de sus ojos, dando en zonas precisas para inmovilizar al enemigo.
—U-Uta…kata…—suelta la Fenrir rubia con dificultad al sentir sus brazos y parte de su cintura inmovilizados por las agujas que el Fenrir de ojos miel le ha incrustado—. ¿Q-Qué ha-ces?
—Jah —suelta Sai aun con la amenaza de Izumo en su cuello, evaluando la situación y la manera en la que todo ha dado un giro inesperado—. ¿Está consciente de lo que está haciendo, Teniente Umino? —Iruka lo mira en silencio, rígido. Sin ninguna afectación en el rostro. Sasori, a su espalda, está inmóvil y mudo por lo que acaba de acontecer—. Tú también, Utakata —advierte, haciendo un esfuerzo por voltear su cuello para mirarlo también a él—. No les espera un castigo suave luego de esta traición —amenaza, sombrío.
—Traición le llaman ustedes a desobedecer órdenes de un superior. A lo que yo le llamo traición es a abandonar a las personas que son preciadas para mí y a no seguir lo que dice mi corazón—hace una pausa, y la imagen de Kakashi y Obito se instalan en su mente por dos segundos en los que cambian para ahora ser Sasori y Sakura—. No voy a cometer el mismo error dos veces —murmura eso último para sí mismo pero Sasori está lo suficientemente cerca de él como para oírlo con claridad.
¿Qué está haciendo?
¿Por qué está haciendo eso?
—Sasori, vete —en un tono más bajo de forma que solo ese intercambio de palabras le pertenece a ambos únicamente.
—¿Qué?
—Ve y búscala —el interior del pecho del joven soldado se contrae, entendiendo y debatiendo a la vez lo que le pide.
¿Está viendo la situación en la que están? En cosa de nada más soldados estarán ahí y solo Dios sabe qué es lo que les harán comenzando por él y terminando con la in-subordinación de Iruka, Izumo y hasta de Utakata.
Pero igual piensa en ella. Si la situación en la que él se encuentra está de este modo, tan tensa, ¿con qué estará lidiando Sakura ahora siendo que ella tiene más porcentaje de células Draug en su cuerpo?
Pero entonces…la traición.
Los recuerdos.
Las heridas que aún no sanan.
Sasori aprieta las manos por debajo del cuero de sus guantes, haciéndolos crujir.
—¿Por qué tendría que…?
—Porque es lo correcto.
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I
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La despresurización del aire no es lo que marea a Sakura.
Quisiera decir que es el efecto de la sangre de Obito agotándose.
Pero es como si delirara. Como si tuviese alucinaciones en donde lo ve repitiéndole las palabras que le dijo en las montañas.
"Mi sangre dejará de serte útil pronto. Y cuando eso ocurra…"
Cuando eso ocurra…
No.
Ella es más fuerte que eso.
Más fuerte que el resto.
Pero, presuntuosamente, parece que no es más fuerte que sus propias memorias. Las memorias que están selladas. Las que, por algún motivo, nunca puede recordar. Pero sabe que están ahí. Las ve a través de sus oscuros sueños en los que siempre finaliza frente a una puerta negra. Y el resquicio entre ésta y la nada le señala que hay luz. Y que hay algo del otro lado.
Días como hoy, en los que está a nada de la verdad, siente que lo que está detrás de esa puerta está urgido por salir.
Lo sabe por cómo –lo que sea que está del otro lado- la puerta es azotada. Como si una bestia estuviese desesperada por emerger.
Pero ¿es seguro liberarla?
A estas alturas Sakura está dispuesta a tomar cualquier riesgo con tal de saber la verdad.
—Adelante hay un tablero —menciona Hinata en los oídos de ambos. Ninguno dice nada; y el aire ahí dentro es muy denso y frío.
Sakura avanza los pasos que Sasuke le ha llevado en delantera, posicionándose frente al tablero. Los oídos le zumban y la visión se le nubla pero no dice nada. Tiene inyectada en su vena suficiente hambre por destrozar las mentiras que nada de eso importa ahora.
Nada.
—He accedido —avisa Hinata, y Sakura accede a la primera pantalla. Un símbolo que primeramente desconoce es lo primero que salta en la pantalla. Como dos ráfagas de viento encontrándose en el centro.
En el núcleo.
En la profundidad de la Tierra.
—Raíz.
—¿Qué demonios es eso? —habla Sasuke finalmente luego de haber estado en silencio desde que han entrado a ese lugar.
—Parece ser que desarrollaron una red de laboratorios secretos llamada así —Sakura entrecierra los ojos y fugaces memorias logran pasar la barrera que ha impuesto. Su trato con Danzou…Todo era mentira—. Se habían prohibido las prácticas con humanos pero…
—Siguieron llevándolas a cabo —completa la Fenrir, rígida—. Lo hacían en secreto y fuera del Cuartel.
El imbécil de Kisame tenía razón, piensa Sakura. Pero no es como que ella no hubiese sabido la respuesta antes que nadie. Pero por mucho tiempo ha preferido desviar la atención sobre ello. El dolor y la tristeza tienden a cegar al ser humano, y aunque Sakura ya no se considera demasiado como uno, ha caído en ese error.
La ambición del hombre. La culpa del ser humano. La causa de las esporas y del acabose de la humanidad.
Conforme las carpetas, con extensos nombres formados por símbolos y letras, continúan apareciendo, tanto Hinata como Sakura comprueban su hipótesis.
—Las esporas…
—Son producto del hombre.
La producción de armas biológicas solo era una pantalla aunque estaban siendo desarrolladas con el propósito de contener una situación crítica como esa. Pero eso es algo que han mantenido en secreto durante mucho tiempo también. La primera cepa del virus se había fugado de un laboratorio en Suna, alcanzando a la población más cercana pero la primera cepa no era letal.
—Modificaron genéticamente el virus para eliminar a la mitad de la población —deduce Hinata cuando liberan la clave de una carpeta encriptada con varios archivos de video dentro. Sakura reproduce uno de ellos, saltando en escena los batas blancas a los que tanto detesta. Las tomas parecen haber sido extraídas de las cámaras de seguridad de uno de los laboratorios debido a la calidad del video.
De azul a verde.
De burbujeante a ácido.
De humano a inhumano.
Pero esa solo había sido la cepa inicial. Si se sitúan en el presente, el virus que atacó a los soldados hace unas horas era distinto. Lo que las pone a pensar… ¿Por cuantas modificaciones ha atravesado la cepa original solo para aumentar su letalidad?
—El virus de las esporas que está infectando a la gente en este momento no se trata de una cepa normal, sino de una cepa modificada creada en esos laboratorios para aumentar su capacidad de contagio y mortalidad.
—Y si…—Sasuke se aclara la garganta antes de continuar—. ¿Es posible que la cepa actual sea modificada aún más para hacer que se transmita con más facilidad? —silencio—. ¿Algo así…como por el aire? —la pelirrosa siente que se marea, apoyándose sobre el tablero, citando de nuevo las palabras de Kisame en su mente.
—Tendría que ser un virus que infectase el trasto respiratorio superior lo que significa que se podría contagiar a través de la tos o de los estornudos.
—¿No hay manera de prevenir esto? —pregunta Sasuke, un poco histérico.
—No hay vacuna que cure esto —dice Sakura por lo bajo, como si lo lamentara de verdad—. Ni para prevenir.
—Es posible desarrollarla —habla Hinata apostando por la esperanza—. Quizá ni siquiera lo han intentado —Sakura lo medita. Es probable que todos esos soldados solo estén siguiendo órdenes. Es aún más probable que les hayan mentido a ellos también, asegurándoles que tal vacuna existe cuando ni siquiera se ha intentado crear una. El ser humano es así, tiende a creer en falsas esperanzas cuando están más vulnerables a la desesperación—. No para curar pero si para evitar que se infecten —Hyuga hace una pausa quizá esperando algún comentario por parte de Sakura pero es entendible que ni siquiera ella tenga palabras ahora—. Aunque hayas sido expuesto, si se te administra a tiempo se podrían evitar los síntomas pero si aparecen…
—Es el fin.
Pero incluso si existiera la posibilidad de prevenir llevaría meses desarrollar vacunas para los que estén infectados.
Danzou ni siquiera se habría molestado en pensar en esa posibilidad pues sus planes siempre han sido conservar la imagen de salvador de toda la población. Manipular el escenario y los personajes a los que él mismo designa los roles porque de esa manera puede mantener un caos controlado.
¿Pero desde cuándo?
¿Desde cuándo ha empezado a hacer eso?
Le duele la cabeza.
Siente que va a explotarle.
—¿No hay más videos como este? —comenta Sasuke, tomando el control del tablero pues Sakura se ve incapaz de pensar.
—Definitivamente el disco duro está lleno pero no se muestra ningún archivo—dice, tomándose solo unos segundos para repensar en la posibilidad del resto de archivos esté siendo protegidos por una razón—. Una memoria virtual —razona pero Sasuke hace un gesto tan absurdo que Sakura vuelve a retomar el orden.
—Una red de superposición —pero Hinata ya ha pensado en eso segundos antes, corriendo un programa especial que ella misma ha diseñado para casos así—. Hinata.
—¿Qué carajos es una red de super…eso?
—Una red virtual que está construida sobre otras redes subyacentes. Se comunican por medio de un protocolo de red que usa un conjunto de computadoras solo para comunicarse entre sí por medio de una red privada —explica Hinata mientras continúa en lo suyo.
—En pocas palabras es una red para que nadie pueda rastrearte —completa Sakura, facilitándole el entendimiento y el asombro de Sasuke como para que sea incapaz de articular otra cosa luego de ello.
—Ya está. Busca en el escritorio —indica la joven subteniente.
—Bingo —es lo único que articula Sasuke cuando visualiza la única carpeta dentro de la pantalla. Carpeta que hace unos segundos no estaba ahí. De nuevo un gran número de archivos de video aparecen enlistados con nombres en clave—. ¿Qué esperas? Abre cualquiera —la mano de Sakura duda por solo un segundo hasta que finalmente reproduce el primero.
Nombre.
Edad.
Talla.
Peso.
Son los primeros datos recitados por una voz gangosa y áspera de la persona que no es vista en primer plano durante los primeros diez segundos.
Una cama metálica suspendida por varios ganchos que la mantienen firme sobre una enorme y oscura sala. Los batas blanca aparecen desde el primer segundo acercándose a la persona inmovilizada por bisagras de acero en pies y manos.
—¿Qué es…?
La pregunta de Sasuke se ve interrumpida por la voz áspera de hace un momento.
Y es tan retorcido que parece que los empuja a un plano de tiempo distinto, como si ellos estuviesen ahí.
"Al sujeto de prueba se le inyectó el suero de estudio a las 02:45 a.m"
La imagen es clara cuando la aguja traspasa la piel. Sakura reconoce ese líquido amarillo. Ese líquido que es un vil asesino.
Los signos vitales de la persona sobre la plancha son normales pasada la primera hora hasta que la frecuencia cardíaca se eleva y la imagen es perturbadora cuando el instinto humano reacciona alborotado ante un agente que no debió ser suministrado. Las bisagras rechinan y se golpean con fuerza sobre la cama metálica mientras el cuerpo se exalta y comienza a mostrar signos de ansiedad críticos. La espalda se arquea, las piernas y brazos se alborotan, la súplica transmuta y la voz aguda se modifica como si fuera a la de un animal hambriento.
Gruñe.
La persona sometida mira a la cámara con la sensación de sentir un calor abrasador acabando con toda célula y tejido que hay dentro.
Solo oír sus gritos y ver la manera tan fiera con la que se retuerce hace que Sasuke sienta náuseas. Sakura, por su parte, está estoica. Rígida. Pero no significa que por dentro no esté sobrellevando una revolución de sensaciones con solo continuar viendo el video.
Aprieta el labio inferior con fuerza que incluso se hace daño cuando ha pasado a morderlo con ira.
—Reconstruyeron la mutación genética de un Draug en personas —acierta Hinata aunque es un hecho obvio que Sakura siempre ha conocido ese término.
¿Cómo?
¿Cómo pudo confiar en ese hombre?
Cuanto más lo piensa, más estúpida se siente.
"treinta y cinco minutos después, las mutaciones comienzan a manifestarse en el sujeto de prueba"
Vuelve a escucharse la voz del principio.
Extremidades protuberantes. Desgarre y despigmentación de la piel. Ojos rojos. Dientes afilados. El exoesqueleto de lo que conocen como un Draug se manifiesta de manera brutal, en vida, como si para llegar al resultado deseado tuvieran que matar primero la parte humano.
Y a juzgar por los gritos que van en aumento, lo logran.
Sakura resiste lo suficiente pero el final lo ve eterno. Y el dolor en su cabeza es inminente cuando casi –de nuevo- se desvanece ahí. Sasuke alcanza a colocarse lo suficientemente rápido a un lado de ella, sirviéndole de apoyo, aprovechando la cercanía del tablero para finalizar el video pues no necesitan de más pruebas para saber lo que ahí ha sucedido.
—Es suficiente, Hyuga —espeta el soldado, sosteniendo a Sakura por los hombros mientras respira con dificultad. Como si el aire se le hubiese acabado.
—No… —pero es terca. Sakura se resiste a mirar un solo video. Y tan pronto se libera de los brazos de Sasuke, reproduce el segundo.
Y luego el tercero.
Y el cuarto.
Y conforme avanza, la brutalidad de los experimentos aumenta.
Hombres.
Mujeres jóvenes.
La pesadilla.
El horror.
Sangre, sangre y gritos por todos lados como si fuera un perverso centro psiquiátrico que manipula las emociones hasta que finalmente hace que te asesinas tu mismo porque es preferible morir a seguir soportando todo eso.
Sakura puede traspasar esa barrera del tiempo, junto a esa interferencia en el video, y puede verse de pie a un lado de los batas blancas jugando al loquero.
Y sus miedos se vuelven nítidos, se materializan, cuando la persona que está siendo sometida deja de ser un desconocido. Es ella pidiendo piedad. Es ella suplicando por algo. Sakura se pierde en la mirada de su propia visión, violenta y desesperada, y dirige su atención a lo que esa versión suya está viendo.
Otra cama metálica.
Y el hombre que yace en ella estira su mano con sentimientos mezclados.
Pidiendo piedad.
Pidiendo que no mire.
"Solo cierra los ojos, pequeña Sakura. Cierra y no mires"
Voces distorsionadas.
Ojos llorosos.
Y una tétrica musiquilla junto a un perturbador tic tac que le perfora el cerebro y la hace querer que le arranquen todo de una maldita vez…Así como le arrancan eso a él.
Sakura termina por devolver algo de bilis en el doceavo video. Y Sasuke cree que en verdad ya es suficiente.
—De acuerdo, ya basta de todo esto —sentencia acuclillado a un lado de ella, sujetándola por los hombros, sintiéndola fría y sudorosa. Viendo como sus pupilas dilatadas reflejan algo que él conoce muy bien pero que es difícil de admitir si se trata de ella.
Miedo.
—Fugak…—no termina de decir pues su cuerpo aun atraviesa vestigios de la imagen horrible y grotesca que ha visto. Una memoria. Una memoria sellada teñida de sangre y depravación.
—Oye, mírame —y entonces él. Él se interpone en el recuerdo del hombre al que amó Mikoto. Qué increíble parecido—. Hey, reacciona —la visión se le aclara un poco cuando siente las manos de Sasuke sujetando su rostro—. Sakura…
"Sakura…"
La Fenrir cierra los ojos sintiendo un latigazo en las sienes, viendo una imagen superpuesta encima de los labios de Sasuke cuando ha dicho su nombre. Sacude la cabeza mientras se pierden en las juntas del paneleado metálico del piso de esa cabina.
—Ya vimos suficiente, voy a sacarte de aquí —decide él, tomándola por los hombros para levantarla pero Sakura se lo impide colocando una mano en su hombro izquierdo con suavidad.
—No —ante la negativa, Sasuke cree que se está dejando llevar por la situación. Una que claramente la está superando, y aunque odie la idea de huir sin antes haber descubierto algo que le ayudase a él, no puede pensar en su propio bienestar cuando ella está así—. Aún no hemos visto todo —pero la oye tan dolosa y tan firme a la vez que se le hace difícil pensar en qué tipo de fuerza es la que aún alimenta las ganas de Sakura por saber más.
¿No ha tenido suficiente?
¿Qué más pruebas necesitan para saber que todo lo que ese hombre les ha dicho es mentira?
Y entonces, arriba, la alarma cobra vida.
Las tenues luces de la cabina se vuelven rojas y parpadean constantes en tanto se oye la primera explosión. Ambos deben sujetarse el uno al otro para no ceder a caer de rodillas nuevamente en acto reflejo.
—¿Qué sucede?
—Los sistemas de seguridad se están reiniciando —informa Hinata desde su sitio, intentando evadir el ciclo—. Está intentando encerrarlos —suelta, asustada, accediendo a las cámaras de seguridad de las instalaciones dando con el cuarto de monitoreo. Sakura apenas mira de reojo la pantalla y siente que ya odia al ser que se burla de ellos mostrando su muñeca a la cámara, imitando el gesto de estar señalando un reloj imaginario en esta para luego señalar un área en específico en la pantalla que tiene a sus espaldas.
Hinata ingresa a la misma área que el intruso les señala, advirtiendo lo que pretende.
La sala donde anteriormente estuvieron, donde los Draugs batas blancas estaban encerrados, ahora está vacía. Hinata cambia de vista y pronto los pasillos están repletos de ellos.
Sasuke aprieta la mandíbula cuando ve más allá de una simple hazaña en su contra.
Les está contabilizando el tiempo porque quien quiera que sea es obvio que los quiere encerrar ahí.
Y además se está burlando de ellos.
El intruso sabe que deben tener acceso a las cámaras y por eso ha mirado en el momento justo a la que hay en la sala de monitoreo. No es alguien que solo entra y sale sin ser visto. Es todo lo contrario. Quiere que sepan que ha sido él aunque irónicamente esa máscara le cubre todo el rostro impidiendo que le reconozcan.
—¿Quién demonios es ese tipo? —gruñe Sasuke por lo bajo, aun sosteniendo a Sakura.
—No puedo hacer un reconocimiento facial. Está totalmente cubierto —explica Hinata, ansiosa y sintiéndose retada. Se supone que está ahí para ser el apoyo de Sakura en ese tipo de cosas pero tal parece que alguien ha preparado las cosas mucho mejor que ella—. Y tampoco puedo acceder a la computadora central para detener el protocolo de seguridad —suelta, exasperada.
—¿Hay manera de hacerlo manual? —pregunta Sakura, ya respuesta aparentemente. Atribuye el silencio de Hinata a que sí hay una posibilidad—. Hinata.
—Tendrías que atravesar todos los corredores hasta el cuarto de control. Desde la computadora central puedo decirte qué hacer pero…
—¿Y puedes descargar estos datos? —interrumpe no dándole opción a las opiniones. Hinata de pronto se siente nerviosa.
—Sí, pero me tomará algo de tiempo.
—El suficiente para que yo llegue ahí y me digas qué hacer después —decidida, se ciñe la espada a la cintura, apartándose del tablero para dirigirse a la salida hasta que siente, evidentemente, como Sasuke la sujeta del brazo firmemente.
—Ni se te ocurra —la Fenrir lo mira aguda pero parece que ha olvidado la forma de reaccionar ante una insolencia de ese tipo. En el pasado quizá le habría tumbado dos dientes de un golpe y le habría sacado el aire, pero ahora es difícil lidiar con la profundidad de sus ojos.
—Vamos a tener que separarnos —induce ella sin dejar de mirarlo, seria pero a Sasuke poco le importa si le da un golpe o intenta apartarlo. Incluso si es necesario aferrarse a su uniforme con los dientes, no va a dejarla ir.
—Me opongo —responde, naturalmente.
—No te estoy preguntando. Es una orden —Sasuke siente que pierde la paciencia.
—Me importa una mierda si lo es. No voy a dejar que vayas sola —Sakura le sostiene la mirada y luego se sacude su agarre, señalando la pantalla con las vistas de las cámaras.
—¿Ves ese gas que sale de los ductos? —Sasuke pasa de ella, omitiendo mirar la pantalla—. Es el virus de las esporas —Hinata respinga desde su posición, asumiendo que es verdad cuando amplía la imagen de los laboratorios y ve el gas siendo inducido por los ductos de ventilación. El intruso no solo ha soltado a los Draugs encerrados, ha rociado la letalidad del virus modificado por todo el recinto.
De haber aún alguna persona viva por ahí, y sin el equipo especial, las consecuencias van a resultar desastrosas.
—Uno de nosotros tiene que ir y desactivar el protocolo de seguridad de manera manual a ese lugar. Otro va a quedarse aquí y ayudará a Hinata a descargar todos estos datos.
—Déjame entonces que…
—¿Qué no me escuchaste? —Sakura eleva dos tonos su voz, señalando esta vez la puerta por la que entraron, comenzando a desesperarse—. Vas a convertirte en un maldito Draug si sales y respiras ese aire, además ya no tienes contigo la máscara que te protegía de ello. Yo, en cambio, ya poseo el virus en mi sangre. A mí no va a hacerme nada.
—¿Cómo lo sabes? —¿Por qué la mira así? —. ¿Cómo sabes que no va a hacerte nada? —. La última vez que alguien la miró con un par de ojos similares a los suyos, murió. Murió porque Sakura no pudo hacer nada.
No quiere...
No quiere volver a pasar por eso otra vez.
—¿Crees que no me sé defender?
La alarma sigue sonando.
Sigue rezando un cántico desolador.
El ambiente de las separaciones siempre es así. Y Sakura quiere, en verdad, dejar de asociar sus memorias con el presente. Pero Sasuke se la pone difícil siempre. Más cuando Sakura siente que se vuelve loca por ver la cara de Mikoto en él como si fuera una advertencia sobre algo.
No.
No puede.
No puede permitirse pensar así.
Prefiere apostar por otro sentimiento. Por algo que le dé seguridad en lugar de malos presentimientos. Ella es buena para fingir. No debería ser difícil.
—Sakura. Varios soldados lograron entrar —la pelirrosa desvía la mirada a la pantalla, misma que le confirma lo que Hinata ha dicho hace unos segundos—. Traen máscaras.
Danzou.
Por supuesto.
Lo más seguro es que los haya enviado ahí con la intención de someterlos pero tanto él como ella no esperaban la inesperada adición de un desconocido asiduo a querer jugar al gato y al ratón. Sea quien sea no está de lado de SHINOBI y mucho menos de ella. Y enviar a Sasuke allá afuera, considerando que tampoco posee el equipo especial que lo protege de las esporas, es mandarlo a su muerte. No conocen nada del intruso. Es demasiado arriesgado.
—No vas a poder con tantos. Ocuparte de los soldados y los Draugs tu sola es…
Una idiotez. Por supuesto. Y ciertamente su estado físico también es un factor por el cual puede estar en desventaja. Pero de algo está segura…No va a mandarlo a él.
—Sella la puerta, Hinata —Sasuke pestañea sin comprender, y ese diminuto gesto le cuesta que Sakura le saque el aire por el golpe que le da en el estómago con fuerza, obligándolo a sostenerse de rodillas en el suelo—. ¡Ya!
Antes del todo corazón frágil que es Hinata Hyuga, es un soldado. Y aunque le pesa en el alma obedecerla en situaciones en las que las que Sakura se expone al peligro, no puede contradecirla, solo obedecerla.
Sasuke estira la mano queriendo atraparla en el aire pero no lo logra. Y antes de que ella desaparezca de su campo de visión, pues la plataforma donde llegaron comienza a ascender, ve un atisbo de preocupación en ella.
Sasuke parpadea y el escenario cambia.
Ya no son paredes de acero, es el bosque a media noche.
Ya no asciende, solo corre.
Ya no es tristeza, solo desesperación.
Pero la situación es la misma, aunque desconoce qué es.
Es su mano queriendo tomar a alguien.
Que no se vaya.
Que no lo deje.
Hace frío.
Por favor.
"Haz que te olvide, por favor. Haz que se vaya este dolor"
Sasuke pestañea y sabe que es él viendo al ser que no reconocerá durante mucho tiempo hasta el día en el que se vuelvan a ver.
.
II
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—Están sobrevolando demasiado bajo —comenta Konohamaru en tanto ve al tercer helicóptero pasar encima de él, sacudiendo el cielo, borrando rastro de estrellas.
Naruto también los ha contado, y haberlo hecho solo lo ha puesto peor. El hecho de que esté sosteniendo ese rifle semiautomático tampoco le da mucha seguridad que digamos considerando que madera de soldado tiene nada. Pero ¿qué puede hacer en una situación así? Le ha prometido a Sasuke cuidar de ese niño.
Prometido.
Prometer es como un hechizo inquebrantable entre dos personas que se tienen una inmensa confianza.
Pero también hay promesas que son solitarias.
Naruto posee una bastante poderosa y razonable como para dejar un poco de lado la que ha hecho con Sasuke.
Sí, seguramente se molestará cuando se dé cuenta pero…ese niño no significa nada para él.
El único argumento que se le ocurre sobre él es que está ligado a esa mujer. A Sakura. Y a Naruto aún no le cabe en la cabeza qué es lo que pasa por la mente de Sasuke como para priorizar la seguridad de ese niño desconocido antes que la suya propia.
—Oye, ¿me estás oyendo?
Naruto escucha que habla pero de atención le presta nada. Están refugiados en una edificación alejada de los laboratorios de la zona sur. Muy apartada al oeste pues a pesar que a Sasuke le hubiese fascinado devolverlos a ambos al Cuartel, la situación estaba lo suficientemente fuera de control como para montarlos en algún vehículo de rescate, si es que existiera uno además. El punto de reunión de la evacuación de civiles quedaba bastante lejos, y eso implicaba regresar por el camino que los había llevado hasta ahí.
Y no es que Sasuke no confiara en las habilidades motrices de su amigo pero un mínimo error les costaría la vida.
No podía simplemente pedirles que regresaran y atravesaran todo ese escenario peligroso y desolador.
Y por eso han acabado ahí.
Konohamaru repite la misma acción de mirar por la ventana baja de esa área deshabitada cada vez que escucha un ruido. Naruto está en la pared opuesta al menor, mirándolo pero a la vez no pues su mente parece distante.
Proteger a ese niño.
A ese desconocido.
Ya lo tenían. Ya tenían su coartada perfecta y su pase libre afuera de las murallas. Con todo el caos nadie se percataría de ellos.
Si tan solo ninguno de ellos existiera.
Ni ella, ni ese niño.
Sasuke quizá no tendría razones para quedarse ni para sentirse tan ansioso por algo que realmente, Naruto considera, no es importante.
—¿Qué fue eso? —es la tercera vez que Konohamaru pregunta lo mismo, sintiéndose ansioso de los ruidos que hay en el exterior. A pesar de que Naruto lo ve ponerse de pie y asomarse por el vano donde debería haber una puerta, no le dice nada. Solo lo mira, debatiéndose internamente sobre la moral y el instinto de cuidarse a sí mismo—. Parece que vino de las escaleras —. Sí, porque están en el segundo piso, ocultos entre los muros y la ausencia de luz eléctrica.
Hinata ha dicho que ese punto es demasiado lejos a la zona infectada.
Que era muy improbable que los Draugs llegaran tan lejos pues siempre son atraídos con mayor probabilidad hacia donde estuvieran las grandes masas de gente.
Lo único que les plantea la realidad de que están en un mundo habitado por seres humanos es el ruido de los helicópteros que sobrevuelan bajo cada cinco minutos. De resto todo es silencio. Un asfixiante silencio entre los dos.
Claro, hasta que Konohamaru ha oído ruidos provenientes de afuera de la habitación y decide que puede explorar solo. La parte central del edificio donde están es, en su mayoría, una enorme bodega. Los ruidos provienen de la parte baja. Konohamaru, tan contradictorio entre el miedo y el valor mezclados, insiste en salir para revisar.
Es responsabilidad de Naruto detenerlo. De impedir que salga pues ha prometido protegerlo.
Pero sus convicciones parecen no ser tan leales como piensa.
Puede inventarse cualquier cosa.
Puede inventarse que el comunicador ha fallado cuando en realidad él lo ha apagado.
Puede inventarse que la cámara integrada a su máscara se ha roto por el ajetreo, cuando él mismo la ha quebrado.
Puede inventarse que ha hecho hasta lo imposible por evitar que Konohamaru salga a ese corredor metálico y se haya asomado por el barandal.
Puede inventarse que Hinata se equivocó, diciendo que en realidad sí habían Draugs por la zona, que los tomaron por sorpresa y a pesar de sus incansables intentos por proteger al niño, al final uno de ellos le ha desgarrado.
O simplemente puede inventarse que un soldado los ha encontrado primero, los ha amenazado y le ha clavado un disparo a Konohamaru en el cráneo.
Las manos le tiemblan. Empieza a sudar frío. Y siente como hay humedad resbalando por sus mejillas mientras apunta silenciosamente el cuerpo de un inocente.
Un inocente que, piensa, pronto será un peso menos en la mente de Sasuke si se deshace de él.
Nadie tiene que enterarse.
Nadie tiene que ver ni oír nada.
Nadie tiene que enterarse en la clase de monstruo en la que se ha convertido.
Bienestar, se repite. Es por el bienestar de Sasuke. Por eso. Por nada más.
—P-Pérdon…—musita con la voz rota y temblorosa. A esa distancia no puede fallar. No puede fallar. No debe fallar…—. Ah…No puedo hacer esto —se dice a sí mismo bajando el arma, dejando de apuntar a Konohamaru.
En segundos a su mente llegan las amenazas de Sai y también las opciones que le ha dado. No es que se vea como el hombre más honorable en cumplir lo que le ha prometido pero ¿qué más opciones tiene? ¿A quién puede recurrir para salir de ese maldito lugar y regresar a casa?
Está desesperado. Y es esa misma desesperación la que lo quiere convertir en algo que no es.
Tiene miedo.
Está asustado.
¿En quién debería confiar?
—¡Ah!
Cuando Naruto oye el grito de Konohamaru, y levanta la cabeza, ya no lo ve en el sitio donde se supone debería de estar. Alarmado sale de su escondite, buscándolo con desesperación por todos lados. ¿A dónde se fue? ¡¿A dónde demonios se fue?! ¡Solo lo ha perdido de vista por un segundo!
Perdido.
De nuevo los pensamientos perturbadores e inhumanos le tientan.
Puede decir que se ha perdido.
Puede…
Dios, no. ¡No quiere convertirse en un ser inhumano!
—¡Ah! —el nuevo grito de Konohamaru hace que se aferre a él. Como si protegerlo fuera la delgada cuerda que le permite no volverse un ser desalmado. Es su tarea. ¡Se lo ha prometido a Sasuke!
—¡Oye! ¡¿Dónde estás?! —pero nada. Konohamaru no responde a sus gritos ansiosos—. ¡Oye, niño!
—¡Ah! —desesperado, Naruto intenta concentrarse en seguir su voz. Gira a la izquierda, gira a la derecha; cuando llega a la planta baja el piso está bañado en sangre y hay un rastro que se extiende hacia el exterior.
Dios, no.
El miedo que anteriormente ha sentido se limita solo a una parte de su cuerpo, liberando al resto de la sensación propia de sacrificar su propia seguridad por la de alguien más. Si le arrancan un brazo o si un Draug se le tira encima ya no le importa.
Por favor, por favor, que el niño esté bien y…
Naruto suelta un grito impulsivo cuando un Draug se le atraviesa en el camino. Con violencia y precisión apunta directo a su cráneo, disparando, haciendo que su cuerpo caiga en sincronía a la silueta que distingue luego de que este lo hace.
Ese tipo…
El soldado de cabellos rojos.
¡¿Qué demonios hace ahí y…?!
Cuando distingue la mota oscura de Konohamaru detrás de él lo único que piensa es en que debe protegerlo. Sí, luego de que cobardemente había decidido no hacerlo, ahora lo desea fervientemente.
Valiéndose de absolutamente ninguna ventaja que considere tenga por encima de Sasori, coge a Konohamaru del brazo, apartándolo del soldado carmesí rápidamente, y lo coloca detrás de su espalda mientras él le apunta con el arma con las ganas incansables de volarle la cabeza de a una.
—¡No! —grita el menor, tomándolo de la cintura con fuerza para desequilibrar su cuerpo en el peor de los casos donde Naruto suelte un disparo por el aturdimiento—. ¡No le hagas nada! ¡Él me salvó!
¿Qué dijo?
Naruto mira a Konohamaru como si estuviera demente y luego vuelve la vista al frente a donde está él. Imperturbable, como si fuera una maldita estatua, Sasori lo mira serio y sin ningún ápice de sentirse amenazado por él.
—Debes de estar bromeando —espeta el rubio, acomodándose el arma con más firmeza aún sin dejar de apuntarle. Konohamaru se resiste a soltarlo, tironeando de su uniforme.
—No lo hagas. Te estoy diciendo la verdad. Sasori me salvó de estos Draugs —y con estos se refiere a tres cuerpos inertes que hay en el suelo.
Naruto apenas los mira superficialmente pero puede notar que hay varias perforaciones en sus pieles duras. Luego le mira las manos al soldado teñidas de sangre oscurecida y lo suficientemente caliente que incluso se ve una ligera propagación de humo al estar en contacto con el material de sus guantes.
Hilos.
Recuerda haber escuchado a Sasuke mencionar algo sobre ese tipo a cerca de su modo de ataque.
—¿Dónde está? —finalmente pronuncia algo en Fenrir, cambiando un poco la inexpresividad de su rostro a unos gestos más duros y marcados. Konohamaru le mira primero, entendiendo el trasfondo de su pregunta.
—Ella…
—¡Oye! ¡No tenemos autorización para decirle a nadie! —reprende Naruto al niño insistiendo aún en apuntarle con su arma como si eso fuera a cambiar algo.
—¿Ahora eres asiduo a obedecer reglas? —suelta Sasori, sardónico, acercándose sin sentirse intimidado por el arma. Pasa de Naruto, dirigiéndose a Konohamaru—. ¿Qué demonios haces con él?
—E-estoy bajo su cuidado —balbucea el de cabellos negros.
Y es que no hay ninguna mentira en el hecho de haber dicho que Sasori le ha salvado al sujetarlo con sus hilos, para luego encargarse habilidosamente de los Draugs en un abrir y cerrar de ojos, aun no entiende por qué. Además de que tampoco entiende cómo es que dio con ellos. Eso, sin olvidar obviar que no hay ningún tipo de relación entre él y el Fenrir de los hilos pues Sasori siempre pasa de él como si no existiera.
—¿Con la orden de quién? —Konohamaru traga grueso antes de responder.
—Sasuke —los gestos del pelirrojo automáticamente se rigidizan en cuanto oye su nombre. Sí, es obvio que el azabache es su persona menos favorita.
—Tan imbécil como siempre —masculla, hostil.
—¿Y tú qué? ¿Qué tú no eres enemigo de esa mujer loca? —argumenta Naruto valiéndose de la relación superficial que Sakura y él han mostrado en lo poco que lleva como soldado. Sasori frunce el ceño—. A mi parecer tú representas más peligro para el niño que yo.
—No me queda duda que entre tú y ese imbécil, tú eres más estúpido —desdeña con clara ofensa para luego ignorarle de nueva cuenta, volviendo a mirar a Konohamaru—. Nuevas reglas, te vienes conmigo.
—¿Qué? —expresa el niño, estremecido.
—Lo que oyes. Ve a la parte trasera de este edificio. Deidara te espera con un vehículo.
—P-pero… —en tanto Konohamaru da un paso, Naruto lo retiene con un brazo, manteniendo sujetada el arma con el contrario.
—Él no va a ir a ningún maldito lado sin mí —amenaza.
—Apártate si no quieres que te vuele los sesos —responde a ello, dándole un ultimátum pero Naruto, tan imbécil como es Sasuke según piensa Sasori, se niega a obedecer. Dios Santo, ¿de dónde proviene esa estúpida renuencia y ese estúpido valor?—. Solo he venido por él. Lo que a ti te suceda me tiene sin cuidado —exhorta, agresivo.
—No voy a ir a ningún lado sin él —para sorpresa de ambos, Konohamaru solo ha dado un paso para aferrarse al brazo de Naruto, firme—. Se lo prometí a Sasuke.
Ahí está de nuevo.
Ese maldito nombre.
Pero Sasori sabe que entre él y lo que va a decir, él tiene las de ganar.
—Y yo se lo prometí a ella —ambos le miran, confundidos.
—¿Qué?
—Se lo prometí a la tonta de Sakura.
.
III
.
—¿Y a esto…como se le llama?
—Bailar.
—¿Y a esto?
—Comer.
—¿Y a esto?
—Respirar.
—¿Y tú qué estás haciendo ahora?
—Llorar.
Sakura intenta, enserio que sí, desviar la manera tan inoportuna en la que su mente ha decidido jugar a recordar en el momento más estresante de su vida. No debería estar teniendo pensamientos fuera de lo ordinario cuando blande su espada y asesina Draugs. Esa tarea siempre ha sido con la mente en blanco porque ella es algo así como una máquina que solo sirve para matar.
Y las máquinas no tienen fallas.
Ni tienen fluctuaciones ni variaciones de fuerza que rayen en el límite crítico de la debilidad o del nerviosismo.
Pero…Dios, cómo le ha dolido dejarlo atrás.
Físicamente ha sentido un tironeo bastante intenso en el pecho.
Emocionalmente…no sabe cómo definirlo pues aunque la imagen en su cabeza ha sido muy clara, no puede conectarla inmediatamente a algún recuerdo que anteriormente haya estado ahí.
Su ensangrentada y asesina mano tocando la tierna y blanquecina piel de un ser al que le cuesta respirar pero que claramente ha llegado al mundo en su peor momento.
Y aun así…
Aun así...cuando sus dedos se tocan. Cuando sus dedos la tocan, en el más puro e instintivo tierno gesto de vida, su tiempo decide que deben separarse. Algo tan mágico y tan irreal como los poderosos ojos cornalina que se tatúan en las retinas.
Poco a poco la calidez de su mano abandona sus mejillas.
Poco a poco, los pequeños instantes en los que sus ojos se miran, van desapareciendo.
Segundos después de calentarlo entre sus brazos, de prometer cuidarlo, ya no sabe quién es. ¿Qué es y por qué carga a ese bulto de carne y huesos? ¿Qué es y por qué está manchada de sangre? ¿De quién es la sangre y porque la embarga una profunda tristeza?
Su ensangrentada y asesina mano…Su pequeña y tierna mano. Ya no se tocan. Ya no se reconocen. Ya no sabe por qué existen.
Solo saben que es tiempo de despedirse.
—¡Sakura!
El rostro adormilado de memorias de Sakura se exalta cuando el último grito de Hinata le sacude los tímpanos junto al estruendo impacto que se genera en la pared aledaña a ella. Agradecida de su envidiable prevención ante el peligro es que logra salir ilesa a duras penas del ataque.
Por eso, por supuesto, ha sido intencionado.
Sakura solo puede prestar atención en la silueta que se dibuja entre toda esa cortina de escombros que se ha generado por su culpa.
Desgraciadamente no puede escuchar más la voz de Hinata pues durante el impacto Sakura ha chocado con un faldón de acero del techo, golpeándose un poco y haciendo daño al equipo que lleva consigo, entre ellos el rastreador y la cámara con la que Hyuga podía ver el camino en tiempo y forma. Sakura se arranca los accesorios de un tirón volviendo la vista a la molestia presencia desconocida que poco a poco abandona el misterio de la cortina, plantándose finalmente frente a ella.
Y lo primero de lo que se percata, antes de saltar hacia atrás y evitar otro segundo impacto, es del movimiento serpenteante a través de la cortina de humo. Intenta deducir cual es el arma de su atacante pero parece que el usuario tiene prisa por desgarrarle la piel con ella.
Dos ocasiones más que logra esquivar pero en la tercera se ve en la necesidad de tomar la funda de su katana y usarla de escudo pues poco ha sido el tiempo para reaccionar como para que también haya sido capaz de desenvainar.
Una naginata.
La hoja larga y curva hasta el final del asta centella como si estuviese bañada en plata, rechinando sobre el material duro de la funda de su katana. Sakura intenta desenvainar aprovechando que su atacante tiene las manos ocupadas pero comete el error de no prever su siguiente ataque.
La maldita naginata no solo es de una hoja filosa, sino de dos, y lo que es más, la longitud puede dividirse en tres secciones unidas a una cadena. El tramo que le ha costado a la Fenrir desenvainar, nuevamente se cierra cuando la parte posterior de la cadena de la naginata le envuelve la muñeca, tirando de ella con violencia contra las dos paredes paralelas como si fuera un pino de bolos. El aire sale de su boca disparado, dejándola aturdida solo unos segundos antes de ver como el arma vuelve a unirse y como su atacante opta por una modalidad marcial al atacarla de frente.
De algo está segura, ninguno de los dos llegará a su destino sin antes uno de los dos termina medio muerto.
.
IV
.
—¡Sasuke!
—¡Sasuke, por favor, despierta!
—¡Levántate!
¿Sa…kura?
Envuelta en llamas, sosteniendo su implacable arma, amenazando con acabar con su miserable existencia. Así fue la primera vez que se vieron.
Él, debajo y ella, arriba.
Envuelta en plantas, en un ecosistema creado por la mano del hombre pero simulando lo que no puede tocar, callada; sentada y apartada. Y luego tomándose de las manos. Besándose. Así fue la primera vez en que se dijeron todo sin necesidad de hablarse.
Él a su lado, a la misma distancia y altura, y ella también.
Envuelta en nieve y cenizas de una vida que no han de recordar pronto. Ella llorando, sosteniendo un bulto sobre su pecho. Mirándose luego de tropezar y caer, implorando a un Dios en el que nunca han creído. Rozando sus mejillas, manifestando inconscientemente, por primera vez la particularidad inimitable con la que él nació. Olvidándose.
Así fue la primera vez que se miraron completos.
Ella, abajo y él, arriba.
—¡Sasuke, Sakura está en…!
Maldita sea, se ha llevado un buen golpe en la mejilla cuando ha caído desmayado al suelo, piensa.
La vos desesperada de Hinata poco a poco deja de ser pastosa y lejana, lo que significa que poco a poco regresan sus sentidos a normalizarse, oyendo claramente lo que le está diciendo a gritos.
Sí, sí, Sakura está siendo atacada y aunque quiere, con el alma, desobedecerla y seguir su estúpido instinto e ir por ella, primero enfría la cabeza. Por supuesto que los gritos de Hinata solo hacen que quiera mandar todo a la mierda y atravesar esa puerta sin importarle que exista la posibilidad de que el aire siga infectado y se transforme en Draug. Por supuesto que quiere hacer muchas estupideces pero…
—Él intruso la interceptó de camino a la sala de control y perdí comunicación con ella —explica Hinata, agitada. Pero en todo ese monólogo histérico no le ha dicho, con tales palabras, que vaya y la ayude. Por supuesto Hyuga entiende la situación, y además de él, también está reprimiendo sus ganas de gritarle que vaya a auxiliarla. Pero ambos se detienen a pensar en todo lo que Sakura ha arriesgado para ir ahí—. ¿N-no…no vas a ir con ella a…?
—No —responde, tronándose el cuello, destensando los músculos. Caminando hacia al tablero—. No hasta que acabemos con todo esto —Hinata no puede verlo pero puede imaginarse el semblante que tiene por el tono en el que habla.
Está desesperado.
Desesperado por ir a buscarla.
Pero también está confiando en ella. Confiando y permaneciendo a su lado cuando el resto ya se ha ido lejos.
Así que, endureciendo sus propias emociones, Hinata suspira, concentrándose en su pantalla nuevamente.
—Bien. Muéstrame la pantalla —Sasuke obedece, y durante los siguientes minutos apenas comparten palabras.
Hinata indica en qué directorio y/o servidor buscar y él le muestra cada cosa que pide. Pero está intranquilo, y no solo se debe a que Sakura está allá afuera peleando con el enemigo.
Cuando se ha ido…Cuando lo ha dejado…se ha sentido devastado.
Y que durante los instantes antes de despertar luego de su desmayo se los haya cedido a esas memorias no cree que sea coincidencia. La cabeza la siente caliente y le palpita como si un león enjaulado, que no ha aprendido ni aprenderá a sentirse satisfecho en un lugar estrecho, buscara volver al lugar que le pertenece.
Algo dentro de él se ha sacudido con esa última memoria. ¿Por qué? ¿Por qué la ha asociado con Sakura? ¿Por qué siente que algo está impaciente por saberse? ¿Por qué esa mano ensangrentada no le ha dado miedo? ¿Por qué la mano de un infante parece…?
Guiado por su cuerpo, y mientras Hinata descarga los datos más pesados mostrados en pantalla, Sasuke se aventura a terminar de ver los últimos videos. Para ahorrar tiempo Hinata los está descargando sin reproducirlos suponiendo que, si llegan a salir ilesos de esa pesadilla, podrán verlos con mayor detenimiento cuando sea el momento.
Pero para Sasuke el momento es ese.
—¿Qué haces? No hay tiempo para ver uno por uno —reprende Hinata, viendo a través de la cámara de su máscara pero Sasuke pasa de su advertencia como si fuera un autómata, llegando al final del los archivos donde yace un acceso que los conecta a otra red. Dentro de ella una sola carpeta—. Tiene clave pero… —la leyenda en rojo salta de inmediato denegando el acceso. Hinata intenta un par de veces más pero esta vez no se genera ningún anagrama que le sirva como base para generar dicha clave—. Demonios. Olvidémonos de esta y…
—¡No! —niega Sasuke, alterado—. Por algo debe estar aquí en otra red. Debe ser importante.
—Pero no tenemos tiempo. Y no me genera ninguna serie de letras que me sirva para descifrar la clave.
—Entonces solo descárgala —Hinata, a regañadientes, accede pero de inmediato salta error—. Maldición.
—Sin la clave no obtendremos nada. Y a menos que seas tan ocurrente como Sakura para haber coincido con la clave para entrar a esta habitación dudo que…
"Sé tu nombre"
Sin control propio de su mente, Sasuke no hace más que ver a través de él mismo y de la memoria que se le presenta.
Konohamaru dijo aquella vez que la clave de acceso al Invernadero había sido cambiada innumerables veces. Desde la mujer con nombre Kurenai hasta el nombre del Canciller mismo. Pasando por el de Sasori, hasta Sakura. Pero cuando se le cedió sus poderes y su posesión a ésta última...
—Escribe, Hyuga.
Contraseña
0001 |
"Primero es una cifra de 4 números. Se supone son el número de personas más importantes para Sakura. Luego vienen las letras. Son dos personas. Dos de las tres primeras personas. El primer nombre lo deduje por mí mismo"
Contraseña
0001MK |
Mikoto.
"¿Y el segundo?"
"Supongo que es el nombre de ese hombre. El que Sakura murmura en pesadillas algunas veces"
Creo que se llamaba Fugaku"
Contraseña
0001MKFG |
—Escríbelo, Hyuga.
"¿Y por qué los números?"
Qué apropiado.
Para los primeros tres archivos de imágenes que saltan a la vista.
"Son ellos. Siempre han sido ellos.
Los ceros representan a los muertos..."
Uchiha Mikoto.
Expediente: 1973662
Estado: Fallecida.
Lugar de nacimiento: Konoha | Género: Femenino | Marcas: Ninguna | Familia: Clasificado | Afiliación: Ex-Shinobi | Estatura...
Uchiha Fugaku.
Expediente: 1973663
Estado: Fallecido.
Lugar de nacimiento: Suna | Género: Masculino | Marcas: Ninguna | Familia: Clasificado | Afiliación: ninguna | Estatura...
Uchiha Itachi
Expediente: 1973664
Estado: Desaparecido.
Lugar de nacimiento: Desconocido | Género: Masculino | Marcas: Ninguna | Familia: Clasificado | Afiliación: ninguna | Ubicación actual: Desconocido.
DE MÁXIMA PRIORIDAD.
"Pero hay un uno dentro de la cifra de ceros"
"Representa al que dejó vivo"
Tres rostros, tres ceros,
y todos se parecen a él.
No siempre es oro,
lo que hay en la cima.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
*Recomiendo fervientemente que vayan a mi perfil de Wattpad y lean esta última parte allá. He añadido un par de gráficos para que se comprenda mejor esta parte y ya que fanfiction no deja poner imagenes pues...ajá*
¿Acaso no lo vieron venir?
Ya, Dios bendito. Sentía que nunca íbamos a llegar a esta parte pero finalmente lo hemos logrado. ¿Alguien analizó a profundidad esa clave cuando se las di en episodios pasados? Por que he aquí la conexión -la golpean-
Este capítulo lo tenía ya listo ayer pero decidí hacer varias ediciones para que se sintieran un poco más dentro de la situación, por eso es que me demoré un poco más; además que para este capítulo en especial me puse a escuchar muchísimas bandas sonoras que fueran acorde con todo.
Respecto al capítulo no quiero comentar nada porque prefiero leer sus teorías. Estoy segura que algunas ya han acertado desde antes lo que hoy acontece el capítulo 33. Les admiro, chicas. Algunas de ustedes de verdad se toman muy en serio la lectura y almacenan información de capítulos pasados y que me muestran en sus teorías ya sea por aquí o por fb, y eso me hace inmensamente feliz. Saber que no soy la única que pone al límite su mente xDD
Y dado que es la primera actualización del año, tenía que estar a la altura. Incluso hice un par de separadores nuevos y aun tengo planeado subir otros respecto a los Fenrir, pero esos los iré subiendo alternadamente en los próximos capítulos.
Y ahora sí se viene el verdadero clímax.
Sasuke ha encontrado tales archivos y ha visto los expedientes. El próximo capítulo espero -por amor a todo- traer una de las escenas que más de una ha deseado leer. Y tiene que ser en el próximo porque no quiero seguir alargando este arco xDD
Rooss-out.
