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XXXIV

A donde pertenece

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Recuerda el aire de las faldas de las montañas.

El trino de las aves.

El sonido del silencio.

Y las grandes y ásperas manos del hombre que, por muchos años, no le ha soltado jamás.

Y entre las suyas están las de él.

Pequeñas y suaves.

Sin marcas de edad, guerra o los años. Manos aún vírgenes. Manos que exploran los días, semanas y meses. Manos que sujetan el aire como si fuera tangible, similar al bonito plumaje del ave con el ala rota al que ha cuidado durante todo ese mes. Inexperto, Kakashi le ha enseñado qué cuidados tener con una criatura tan pequeña a la que teme herir pues se considera un peligro para él.

Calientito, entre hojas y un poco de musgo, es la primera vez que cuida de algo que es más frágil de lo que él es. Y se pregunta si eso es lo que Kakashi siente todos los días cuando lo mira.

—Podrías conservarlo si quieres —sugiere el hombre, sentado con las piernas flexionadas y la espalda apoyada en la rugosidad de un tronco hueco que silba y entona algo en compañía de los sonidos propios de la mañana.

Las ramas crujen.

Las hojas se mueven.

Y pájaros continúan su trino.

—Las aves son para el cielo, no para estar en una jaula —dicho eso, el platinado solo acaricia su cabeza y le proporciona el impulso y fuerza de sus manos debajo de las de él hacia el cielo. Y el ave, sana y agradecida, regresa a donde pertenece. Con los suyos—. Kakashi.

—¿Sí?

—¿A quién crees que me parezco? —manos encogidas, labios apretados.

El hombre no puede molestarse ni mucho menos. Entre él y Sasuke la honestidad es absoluta pues desde un principio el menor ha sabido que no están relacionados por medio de la sangre. Y a ninguno le importa. Y, por un tiempo, solía ser suficiente.

Pero Sasuke crece.

Crece...y a veces no.

Y es alarmante.

Cada día que pasa es incierto y a la vez un milagro. Y por eso Kakashi es tan bueno con él aunque el resto diga que le expide demasiada confianza a un niño tan pequeño. Pero ellos no saben...Ellos no lo conocen como él.

Pero sabe que no es suyo. Sabe que Sasuke es un contenedor vacío que, día con día, se llena de dudas. Dudas que quiere responder. Dudas por las cuales, un día, emprenderá un viaje lejos de él.

Quisiera poder darle todo...Quisiera poder decirle todo...Pero ha hecho una promesa.

—¿A quién, dices? —Sasuke hace un puchero malhumorado y Kakashi ríe. Ríe porque sabe lo mucho que le molesta al niño que le responda con otra pregunta que al final no le aclara nada.

—Naruto tiene una fotografía de sus padres ¿sabías? Es de este tamaño—dice, haciendo con sus manos la representación—. Él se parece mucho a su papá.

Arriba de ellos, cerca de la copa de los árboles en donde todos se juntan y hacen una red natural que filtra pequeños haces de luz, están las aves junto a la que Sasuke acaba de liberar hace poco.

Trinan y trinan.

Aletean y aletean.

No se detienen como el agua de un río.

Como las dudas de ese niño.

—Ya veo.

—¿A quién crees que me parezco? – le pregunta como si él lo supiera.

Porque Kakashi lo sabe todo. Siempre lo ha sabido todo. O al menos Sasuke piensa que así es. Porque es muy astuto, muy hábil, muy inteligente. Y porque es muy amable y protector con él. Pero aunque Sasuke le quiere, aquel hombre sabe que hay espacios dentro de él que nunca podrán ser llenados con su presencia.

Y es natural que Sasuke se cuestione sobre su proceder.

La pregunta es si Kakashi estará listo para dejarlo ir cuando sea el momento.

—Mmm, no lo sé. A tu madre ¿tal vez? —pero por el momento solo le queda el suponer. Suponer en que la madre de Sasuke fue una mujer hermosa. Una con bonitas pestañas y piel blanquita como la nieve que Sasuke ama llegada esa temporada.

—Supongo que lo sabré —dice, jugando de nuevo con sus manos simulando tocar el cielo. Kakashi lo mira en silencio y con toda la atención del mundo sobre él.

—¿Lo sabrás?

—Sí. Si llegase a existir una foto suya...O lo que sea...Cuando la vea...

"Lo sabré"

Sasuke sabe muchas cosas hoy día.

Sabe, por ejemplo, que la luz roja de emergencia que sigue parpadeando es porque, justamente, hay una emergencia. Sabe, además, que su sentido de la vista no ha sido afectado aparentemente pero también sabe que el sentido que le hace reconocer en donde está lo ha perdido. Ahora mismo no piensa qué hace ahí ni cómo es que llegó también.

Solo puede pensar en él. En él mismo y en nadie más. En lo que siempre debió ser. En todo en lo que nunca ha prestado atención a cerca de su origen. De su importancia -de existir alguna- en este mundo. En los infinitos por qué.

Uno de ellos, el más importante de todos, es sobre él porqué de su vida.

El por qué respira.

El por qué el destino decidió dejarlo vivo a simplemente dejarlo morir.

El por qué escoger a Kakashi para criarlo.

El por qué...él.

Tantas preguntas.

Ninguna respuesta.

Y ahora mismo no tiene ninguna tampoco...pero siente que no hace falta que alguien se lo diga con palabras pues por dentro de él sus emociones se están encargando de volverlo un completo desastre en este momento.

La luz de emergencia sigue parpadeando.

Parpadea y parpadea.

Y Sasuke solo puede ver a...

—La mujer de blanco... —susurra pero tampoco es capaz de escuchar su propia voz. Como si ese sentido que le permite oír hubiese sido puesto en un estado de suspensión.

La mujer de blanco.

La mujer sobre el atrio.

La mujer a través de la puerta negra.

La mujer que el espectro de sus sueños ha asesinado.

La respuesta es tan obvia. Pero mientras más obvias son las cosas más difíciles de entender son.

Lee los nombres una y otra vez, y de pronto su mente ya no se calla. No deja de sonar. No deja de decir sus nombres. No deja de recordar sus rostros. Se siente mareado. Se siente debilitado. Se siente engañado. Esas personas...Esas personas son su...La mira a ella. Lo mira a él. Y luego al último. Está tan concentrado en sus rostros que tarda unos segundos más en leer lo que la ficha de cada uno dice.

Fallecido.

Fallecido.

Pero el último...

"De máxima prioridad"

Uchiha Itachi.

Esa persona está viva aunque aparentemente la cifra que le ha dado Konohamaru especifica que los tres ceros representan a los fallecidos. Pero luego de ellos hay un uno. Y no es Uchiha Itachi.

Quiere respuestas. ¡Quiere una maldita respuesta ya!

Se está ahogando. Se está aferrando a la primera pista de un pasado que anteriormente había sido improbable que existiera. Una miserable esperanza. Una que quizá no sea nada.

—Búscalo —pronuncia, grave. Con la voz rasposa y dolida similar a la sensibilidad emitida a cuando sientes una brasa ardiente sobre tu piel. Pero que, aun ardiendo, insistes en resistir y luchar. Insistes en saber. Insiste en ver.

—¿Qué? —Hinata pierde, por breves segundos, la atención en él cuando visualiza lo que hay en sus demás pantallas. La imagen de Sakura, junto a la comunicación, la perdió hace ya varios minutos y no sabe qué hacer. No sabe dónde se encuentra. Y ahora esto...

Uchiha Mikoto.

Mikoto...¿Es ella la persona más preciada para Sakura?

Qué bella es.

Aunque el detalle de su belleza debería ser secundario, la expresión de su fotografía, seguramente tomada sin que ella lo supiera, retrata una sensación de paz que es increíble pueda percibirse a través solo de una imagen. Y si eso es lo que Hinata siente ahora que la ha visto, no puede imaginar los profundos sentimientos que Sakura pudo haber sentido viviendo a su lado. Suponiendo, por supuesto, que se trate de la misma persona.

Pero ¿qué probabilidades hay de que más personas lleven ese nombre?

La ve, y mientras más lo hace la resolución ante un nuevo problema se alza de manera implacable. Con pruebas que no entienden razones. Con verdades que no necesitan ser anunciadas o recitadas por alguien sabio sobre la Tierra. Hay cosas que no necesitan de palabras porque la verdad es lo único que se transigiere cuando es demasiado obvia.

Es...idéntica a él. Aunque lo más correcto sería que Sasuke es idéntico a esa mujer.

Sasuke lidia con sus propios fantasmas mientras Hinata lo hace con su propio razonamiento en atar cabos.

Hinata siempre ha sido una espectadora de grandes sucesos alrededor de su vida. Nunca ha sido protagonista de uno pero nunca ha sido necesario para darse cuenta de la importancia y el peligro que representa cada uno.

Y está tan atónita como él.

El parecido es...ridículo.

Pero no puede ser. Es, para empezar, lógicamente imposible. Imposible que Sasuke sea...

"Estás guardando ese corazón... ¿para el hijo de esa mujer?"

Y piensa en Konohamaru. En la promesa absurda de Sakura. En el hijo de esa mujer...

Dios...

En ninguna de sus simulaciones o predicciones pensó en esa posibilidad. Y se siente estúpida de no haberse dado cuenta de las rarezas en todo eso.

Sakura no respondió aquella vez pero la pesadez de sus ojos le permitió ver un poco de su dolor. Un poco de su culpa. Un poco de toda esa carga que, un día, decidió hacer suya.

Para Sasuke, en estos momentos, es probable que no esté pensando más allá que en sí mismo. Pero Hinata está evaluando todos los posibles desenlaces conforme él decida actuar. Porque nada ha sido dicho de manera correcta. Solo están suponiendo. Pero la suposición parece ser demasiado fuerte en él, tanto que por más que le pide que se concentren en la misión, no reacciona.

Es el peor momento de todos para ponerse a suponer. El peor.

—...i...ta... —la soldado se sobresalta cuando, débil pero perceptible, oye la voz de Sakura a través de una de las pantallas. No ve nada, por supuesto, pues la cámara debió haber sido dañada pero puede oír algo—. Hi...nata —la señal es muy invariable y se corta demasiado pero es ella. Es Sakura.

—¡Sakura! ¡¿Dónde...?! —buscando la lucidez en un momento tan inestable, Hinata recuerda que hay una manera en saber la localización de la Fenrir—. La flor de loto... —que le obsequió Konohamaru tras su ascenso. Hinata recuerda esa misma tarde a Sakura en su laboratorio, pidiéndole que hiciera algo con él. Y Hyuga hizo del cariño de ese niño y de su obsequio un rastreador. Uno que sirviera para casos así.

Y está segura, porque luego suelta una risa aliviada cuando lo confirma, que ella lo ha llevado puesto desde entonces.

Porque ha sido un obsequio de una persona importante.

Porque así es ella.

Dura por fuera pero sensible por dentro.

Entonces ¿Por qué? ¿Por qué Sasuke no puede dejar de dudar de ella? ¿Por qué...?

—La entrada de la cámara está bloqueada en los sistemas dañados. No puedo abrirla desde aquí —silencio mientras la alarma continúa y Sasuke sigue sin responder. Es como si no estuviese percibiendo el peligro ni lo que ha ido a hacer ahí. No puede apartar los ojos de la pantalla; pero Hinata no tiene tiempo de preocuparse por él ni por lo que pasa por su mente—. Sakura está por llegar, está regresando, al parecer hubo un ataque dentro de las instalaciones —No contesta. Hinata comienza a perder la paciencia—. ¡Tienes que abrir la entrada de forma manual cuando ella llegue! ¡¿Me oíste?! —grita, desesperada.

Por favor.

Por favor que esté consciente de lo que hace.

Por favor, si todo lo que dijo sobre ella ha sido cierto... Sobre sus ojos, sobre su risa, sobre su voz y su sonrisa, si todo eso es cierto...Por favor.

Un golpe sordo los advierte a ambos.

Antes de que Hinata se apresure a gritarle que reaccione, Sasuke se encuentra caminando, a paso tortuoso, hacia la puerta.

Pero no la abre.

Solo se queda ahí, de pie. Silencioso e inmóvil oyendo como la plataforma, por la que Sakura ascendió cuando lo dejó, ahora desciende.

Y la ve...y la siente aunque en realidad los dividan centímetros de grueso acero debido a esa puerta. Sakura, agitada y debilitada, coloca su mano sobre la superficie fría y emite palabras que Sasuke no puede oír debido a la insonorización de la habitación pero ve como sus labios se mueven.

Y se siente como si fueran extraños.

Sasuke coloca su mano sobre la puerta también, a la altura en la que ella tiene la suya. Y luego se miran a través del cristal. Esa delgada franja que es lo único que les permite chocar miradas, mundos y pasados a la vez.

Y ambos sienten como si esa barrera se desvaneciera en cuestión de nada. Pero ¿qué sigue? ¿Sasuke tomará su mano? La tiene en frente. Lo están el uno al otro, y se siente como si fuera la primera vez. Sakura, incluso, olvida que hay soldados en la cámara superior que pronto llegarán a donde está.

Que hay peligro amenazando su vida.

Pero si así fuera...Si su vida se acabara con la primera bala que entre en un extremo de su cráneo para salir del otro lado...sería con sus ojos puestos en él.

Y luego, nada.

Él sería la última imagen en su mente.

Cerraría los ojos de a poco, sentiría como las fuerzas la abandonan, sentiría como cae y su sangre brota.

Y sentiría que sería lo correcto.

Porque aunque desconoce por qué Sasuke la mira así en estos momentos, con su mirada le dice tanto.

Y hace que todo su mundo sea de él.

Que todo su mundo sea él.

Que su mente viaje a sus memorias más sepultadas y estas despierten luego de su letargo. Que escuche un llanto, vea una diminuta y espasmódica mano, sienta calor en su mejilla para luego sentir como de a poco le drena todos los momentos felices e infelices que ha vivido hasta ese día.

Ahora recuerda...Ahora recuerda algo sumamente importante sobre ese bebé y el brío espectacular de dos piedras volcánicas por ojos.

Obito se lo mencionó alguna vez. Los híbridos nacen con habilidades excepcionales, mucho más extrañas que simplemente el aumento de su fuerza y velocidad. Con dones fantásticos parecidos a si los sacaras de un libro de fantasía o ciencia ficción.

Todas esas memorias que nunca ha podido recordar fueron drenadas. Fueron arrebatadas de ella.

Y ahora que mira los ojos de Sasuke ha recordado ese detalle. Pero ¿por qué? ¿Por qué es que ha recordado algo como eso justo ahora?

¿Por qué está quieta? Piensa él, sin embargo.

¿Por qué no está exigiendo, gritando como Hyuga, que abra la puerta de una maldita vez?

Sasuke se pregunta tanto pero nada tiene respuesta. Nada...como siempre ha sido. Su mente es un caos enteramente. No hay nada lúcido ni lógico ni algo que pueda conectar para entender.

No sabe.

Pero sí siente.

Siente tantas cosas por ella que...asusta. Quizá un poco de odio. Un poco de rencor. Un poco de egoísmo. Un poco de soberbia. Pero nunca...nunca...menos algo. Nunca un sentimiento demasiado débil pues con ella siempre siente como se magnifican las cosas en su interior.

"Estás enamorado de ella"

¿Lo está?

¿Es el amor algo de lo cual deberías de sentir temor?

"Decir que la amas es apostar demasiado pero lo que sientes por ella, ahora, es suficiente para que desees protegerla..."

Su brazo derecho sigue encogido sobre la superficie de la puerta mientras el izquierdo comienza a moverse hacia el tablero que permite el acceso manual de la misma. Y se detiene justo ahí. Y los segundos siguen. Y los minutos también.

"Sakura siempre cambia de opinión cuando se trata de ti"

Por eso no le está gritando.

Por eso no le está ordenando que abra la maldita puerta.

Está aceptando la decisión que sea que él vaya a tomar aún sin saber los motivos por los que está así. Está aceptando que los soldados que la persiguen hagan con ella lo que quieran cuando lleguen hasta donde se encuentra y...

—¡Lo prometiste! —Sasuke se estremece cuando finalmente oye los gritos de Hinata, claros y desesperados. Poco a poco el sonido a su alrededor vuelve y la realidad lo golpea—. ¡Prometiste que la protegerías! ¡Dijiste que tu lealtad ahora estaba con ella! ¡Prometiste que serías...!

—...su fuerza —concluye él, completando la oración, mirando a Sakura a los ojos.

¿Es esa la desesperación que sintió minutos atrás, cuando ella lo abandonó? No lo sabe. No sabe si es la misma sensación pero no quiere una respuesta para eso. Para eso y para nada ahora. Solo quiero que entre. Que atraviese el umbral y pueda cumplir lo que ha prometido.

Protegerla.

Con fuerza, y ya sin ninguna duda, presiona el botón de acceso, abriendo la puerta. Ésta se despresuriza al instante y luego contrae sus hojas de acero.

Y ella está ahí.

Está a su alcance...pero su brazo llega demasiado tarde para sujetarla cuando el ataque sucede primero. Soldados descienden con rapidez entre cuerdas oscuras directo a la plataforma donde Sakura está. Sasuke la coge con el brazo derecho hacia el interior y con el brazo izquierdo vuelve a sellar la puerta pero las balas rebotan.

Sueltan chispas cuando hacen contacto con el acero de la puerta mientras se cierra, y una de ellas alcanza a filtrarse.

Sakura no grita.

Pero sí cae.

La alarma sigue sonando.

La luz de emergencia sigue parpadeando.

Y Sasuke se siente un imbécil por haberse demorado. Se siente la peor basura del mundo cuando la sostiene, arrodillada sobre los paneles metálicos del suelo, viendo cómo el uniforme blanco comienza a teñirse de rojo en un lado de su costilla izquierda.

—¡Sakura! —los gritos de Hinata son los únicos que inundan un poco la sala y los oídos de Sasuke, pero él los ignora. Como puede, porque Sakura ha caído como un peso muerto demasiado difícil de sujetar, la levanta un poco y la ayuda a sentarse en la pared cercana terminando ambos por resbalar en el suelo.

La mancha carmesí comienza a expandirse y Sasuke solo puede sentir que ha jodido todo.

—A-ah... —gime Sakura, adolorida.

Si hubiese sido solo un roce podría soportarlo pero la bala se ha internado dentro de su carne. Y su habilidad regenerativa está indispuesta ahora a querer actuar.

Y Sasuke es un caos emocional también.

Si tan solo hubiese abierto la puerta antes.

Si tan solo la hubiese sujetado antes.

Si tan solo no hubiese perdido el tiempo en sus pensamientos.

Lo prometió. Prometió que la protegería. Que sería su fuerza. Que sería todo lo que ella pidiera. No estaba preparado para lidiar con algo como eso. Pero el ser humano es así. Lleno de equivocaciones. Lleno de fallas. Lleno de dudas. Y eso ha costado que ahora Sakura esté herida. ¿De qué había servido vanagloriarse tanto al sentir que algo entre ellos había cambiado si ha dejado que la hieran? ¿Qué ha sido toda esa palabrería? ¿De qué ha servido toda esa rebeldía?

Pero entonces...Uchiha Mikoto.

Su rostro se instala en su mente otra vez de manera inesperada.

Mikoto.

¿Qué probabilidades hay de que sea la misma persona a la que Sakura conoció hace años?

Dios...De nuevo está perdiendo la cabeza. Y por haberla perdido, por haber sentido que debía culpar a alguien, la eligió a ella. Eligió culparla a ella, y ahora está...

—¿No te regeneras? ¿Por qué...? —la voz angustiada de Hinata lo trae de vuelta al momento, recordando ese detalle. Sakura es una alterada por células Draug. Una de sus capacidades, tras desarrollarla con los años, es justamente esa. Entonces ¿por qué sigue quejándose como si la herida no sanara?

—Déjame ver —dice él, tembloroso, apartando la mano con la que la Fenrir se sujeta el área herida, corroborando lo obvio. La piel desgarrada sigue abierta. Y más sangre brota de ella lo cual tendría sentido si ninguno de los tres no recordara que Sakura ya ha utilizado el primer frasco de sangre híbrida hace un rato, lo cual les lleva a Hinata y a Sasuke a una deducción bastante alarmante.

La sangre de híbrido ya no está haciendo efecto.

Sakura no dice nada, solo continúa respirando por la boca con dificultad mientras oye como allá afuera los soldados que la han perseguido intentan de todas formas tumbar esa puerta.

No pueden quedarse ahí por mucho tiempo.

Tienen que buscar una salida pronto.

—H-hay que...—gime, sintiendo un dolor punzante en su costado—. H-hay que i-irnos de aquí...—la mano que usa de apoyo en la pared, resbala, pero Sasuke alcanza a sujetarla antes de que toque el piso—. M-maldición...

—El segundo frasco. Aún te queda un frasco ¿no es así? —les recuerda Hinata refiriéndose a la última dosis de sangre que Sakura dijo tener en los compartimientos de su uniforme. Con dificultad, la pelirrosa niega.

—Mientras peleaba con ese tipo, se rompió —confiesa, debilitada—. No puedo regenerarme a menos que...

—Que bebas sangre —alude Sasuke, completamente firme, mirándola—. Yo podría...

—Y-ya te dije que...es inútil —replica ella, airosa—. N-necesito a Sasori —dice inconscientemente y Sasuke solo endurece todos sus gestos mientras cierra los puños con fuerza. No hay alternativa, y no hay tiempo para sentirse molesto por un argumento que sabe es irrefutable. Pero primero tienen que salir de ahí. Tiene que sacarla de ahí y...—. L-los archivos... ¿Los descargaron...t-todos? —Sasuke se rigidiza. Detrás de él está aún la pantalla con los archivos abiertos y...

—Los he descargado todos. Ahora voy a sacarlos de ahí —interviene Hinata, oportuna, y Sasuke agradece internamente que así sea. No quiere pensar en nada más ahora. Quizá luego se lamente pero Sakura es su prioridad ahora. La de ambos.

Lo que sea que vaya a suceder mañana, mañana se atenderá.

—¿Puedes levantarte? —pregunta Sasuke, ayudándola en la tarea. Increíblemente Sakura lo hace prácticamente sola aunque el dolor punzante definitivamente no se va.

—No soy tan frágil como un humano normal —aclara riendo un poco en medio de toda esa situación. Sasuke quisiera corresponderle pero realmente está preocupado. El sonido de la puerta de acero siendo forzada y atacada por los soldados en el exterior va en aumento. La puerta es resistente pero tampoco es indestructible y suponiendo el tipo de órdenes que les emitieron a los soldados que han llegado hasta ahí, deben asumir que usarán cualquier medio para detenerlos—. A-a partir de ahora...somos criminales —gime, riendo una vez más mientras Sasuke la sujeta de la cintura—. Lo sabes... ¿no?

—No me interesa —responde, firme, y Sakura no sabe si es debido a la debilidad de sus ojos el que siente como si él brillara en el momento que ha dicho eso. Como si debiera creerle a nada malo sucederá debido a la fortaleza y entereza de su voz—. Sacarte de aquí es mi prioridad ahora —Sakura lo mira, profunda—. Se lo prometí al mocoso.

Prometer.

Sakura no puede evitar sentir como la pesada melancolía la arrastra al pasado y a las promesas que ella hizo también.

Si pudiera regresar el tiempo ¿se opondría a aceptarlas? ¿se ahorraría todo eso?

—Eres un tonto... —murmura, débil, riendo, como si fuera su nuevo pasatiempo en una situación así, sabiendo que la herida duele. Aun sabiendo que él está ahí debido a ella. Aun sabiendo que todo eso quizá es en vano...Aun sabiendo que sentir la calidez con la que aprieta su mano podría desaparecer. Tal como la calidez de ese niño cuando tocó su mejilla y le hizo olvidarlo—. N-no hagas promesas que...no puedes cumplir...—Sasuke no responde, solo la mira y siente como envuelve su mano.

¿Cómo podría no querer cumplir lo que prometió si ella se aferra de esa manera a él?

—Van a usar los ductos de ventilación para salir —interrumpe Hinata, quien es oída por Sasuke primero y luego este le pasa el mensaje a Sakura—. Los ductos están conectado entre sí así que lo más probable es que puedan llegar a un pasillo con facilidad. Cortaré la energía eléctrica cuando lo hagan y luego la restauraré, así les daré más tiempo—ninguno de los dos se opone. No es que tengan muchas opciones tampoco—. Más te vale que la cuides —advierte Hinata en tono molesto. Sasuke pasa de su advertencia. Sabe que es su maldita culpa, no tiene que añadir más culpa a su miserable pesar.

—No es tu culpa —aclara Sakura, apretando su mano alrededor de su cintura que le sirve de apoyo para mantenerse de pie, como si hubiese leído su mente.

—Pero...

Por supuesto que lo es.

Si tan solo...

—Si alguien tiene la culpa de todo esto...soy yo.

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II

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—No voy a hacerle daño.

—Lo siento pero no voy a correr el riesgo de todas formas.

En cuanto han visto a Yamanaka Ino venir hacia ellos, ambos han tenido pensamientos distintos. Konohamaru, por supuesto, es un niño ingenuo. Y un niño ingenuo tiene pensamientos igual de ingenuos.

Las veces que Sakura ha presumido sobre su inteligencia, Sasori solo se ha reído internamente pues conoce las intenciones con las que ella dice algunas cosas. En su juventud Sakura no paraba de decir, a quien se topara en su camino, sobre el progreso admirable que Sasori tenía en sus entrenamientos.

En un principio todo eso le parecía grandioso. El ser reconocido por ella y que fuera ella misma quien pareciera presumir de él era una sensación estupenda.

Pero con el tiempo, las cicatrices, y el alejamiento entre ellos, entendió que no era que Sakura se sintiera orgullosa.

Lo hacía de tal manera para que así nadie se metiera con él.

Si la gente se creía cada una de las cosas que decía, era con la intención de que temieran meterse con él. Y Sakura siempre ha sido muy buena con el juego de poder con las palabras.

Siempre...

Y por eso cree que Konohamaru es muy ingenuo.

Ingenuo como él en creer.

En creer que la gente no va a hacerle daño a la más mínima oportunidad que se les presente.

Y él también es un ingenio hijo de puta.

Un ingenuo y estúpido a pesar de todo, al menos en lo que ella se refiere aun con todo el pasado lleno de sangre y cicatrices que nunca se irá. Pero en lo que respecta a alguien más, no. Y para él Yamanaka Ino representa lo mismo que cualquier soldado. Incluso si Konohamaru cree lo contrario.

—¿Qué haces? La señorita Yamanaka siempre ha sido amable conmigo —aclara el menor tan pronto ve el gesto del Fenrir en mover los guantes de sus manos en alerta.

Como era de esperarse Konohamaru se ha negado rotundamente a ir con Deidara y le ha pedido a Sasori que en su lugar le permita estar con él. Por supuesto Naruto no se le separa ni un poco tampoco. Pero en cuanto la discusión parecía ir más allá, Yamanaka Ino los ha encontrado.

Konohamaru se siente aliviado de ver una cara conocida pero para Sasori parece que cualquier otro soldado representa, en la situación en la que él se encuentra y que seguramente el resto ya debe saber debido a los radares de esporas, un peligro. Tanto para él como para el mocoso que tiene a un lado.

—La amabilidad es otra forma de mentir —murmura, inexpresivo, tomándolo del hombro y tirando de su cuerpo hacia detrás de él. No con delicadeza pero tampoco con brusquedad.

Tan pronto Ino se acerca un poco más, la alarma emitida por el rastreador de esporas se activa. Sasori entrecierra los ojos acertando en su suposición e Ino solo se muestra tensa y nerviosa cuando eso ocurre.

Entonces es cierto, piensa ella. Es cierto lo que ha oído de los demás soldados en medio de la conmoción. En medio del arranque de Sakura en apartarse de ellos rápidamente mientras todo se volvía un caos en el campamento.

Es cierto que tanto ella como Sasori...

El Fenrir entrecierra los ojos, esbozando una mueca rencorosa. No con ella, por supuesto, pero la situación da a entender que sí.

—Eso cambias las cosas, no es así ¿Yamanaka? —dice él refiriéndose a la alerta que aún sigue emitiéndose sobre la cercanía de un presunto Draug. No hay uno ni cerca en realidad pues son únicamente las células Draug que hay en el organismo de Sasori, afirmándole a Ino lo obvio. La rubia se detiene pero su expresión no luce como de advertencia y eso a Sasori le fastidia. Esa mirada que se asemeja más a la lástima que a cualquier otro sentimiento. El tipo de miradas que siempre recibieron Sakura y él cuando jóvenes—. Quita esa maldita mirada de tu rostro.

La serenidad y los nervios de acero que presumen los Fenrir es algo por lo que son reconocidos pero Ino, desde hace unos días, parece más humana que nunca. Y dada la situación actual hay muchas cosas a las que quiere encontrarles una razón lógica. No es que mire a Sasori con lástima, simplemente está incrédula.

¿Cómo es tan siquiera posible la adición de células Draug a seres humanos? ¿Culpa de quien ha sido? ¿Desde cuándo Sasori y Sakura han sido de esa forma? ¿Nacieron así? ¿O acaso...alguien los hizo así?

Todo eso es tan nuevo para ella pero hay una cosa en la que no duda cuando desvanece sus miedos y vuelve a mirarlo con firmeza, extrañándolo.

—¿En dónde está Sakura?

La pregunta sopesa sobre más preguntas en cada uno de ellos pero Sasori tiene claro que no puede confiar en nadie desde hace años.

—¿Para qué quieres saber? —dice, reacio, conservando la postura.

—Es inusual escuchar cómo te preocupas por ella —Sasori ríe irónico sutilmente—. ¿Qué?

—Te digo lo mismo.

—He convivido con ella. Es normal que...

—La convivencia con una persona no asegura que las cosas no se jodan en solo un segundo ¿sabías?

E Ino piensa que esa debe ser la primera vez que se confrontan. Porque a pesar de compartir el mismo título que los cataloga como iguales, sabe que no lo son. Es lo mismo que ha sentido cuando está con Sakura.

De todos los Fenrir, a pesar de la hostilidad que unos presentan más que otros, Sakura y Sasori siempre han sido tratados de diferente manera. A su alrededor se despide una sensación distinta, y es que a pesar de que todos saben que han tenido una crianza diferente al resto, desconocen su pasado.

A medida que ve a Sasori lo confirma.

Él no confiará en nadie.

—Tú y Sakura solo han estado jugando a las amiguitas —hace una pausa—. Ella es una tonta por seguir confiando en la gente pero yo no voy a volver a cometer ese error.

Volver a cometer, dice.

Hay tantas cosas que desconoce...Tanto, pero aun así...

—¡Teniente Yamanaka! —Aun con todos los pensamientos que cada uno posee en ese momento, ambos son conscientes de dónde están y lo que sucederá en cuanto oyen a más soldados aproximarse.

Como se supone que debe ser, las advertencias en cada uno de los rastreadores de los soldados que recién arriban, suenan. Y todos apuntan a Sasori indiscutiblemente. Aunque para ese entonces el pelirrojo debe suponer que la noticia se ha esparcido por cada oído de cada elemento de SHINOBI, le fastidia tener que pensar no solo en sí mismo sino en que tiene aferrado a su uniforme a ese niño.

Sin olvidar mencionar al inútil rubio que lo acompaña.

Maldita sea, no se suponía que las cosas debían ser así.

—E-entonces es cierto —murmura el soldado que recién ha arribado, apuntando con su arma a de ojos marrón, gesto que Ino detiene tan pronto alza su mano, impidiendo que lo haga—. ¿Teniente?

¿Qué está haciendo?

"Un héroe sigue con libertad la lealtad frágil de su corazón. No somos héroes, Teniente Yamanaka. Nosotros solo seguimos órdenes"

—Teniente Yamanaka. La amenaza está delante de nosotros. Debemos...

¿A quién ha estado siguiendo todo este tiempo?

¿A quién...?

"¿Eres de las que pueden prometer algo, honorable y respetable Teniente Yamanaka?"

Ah, esa vez.

Esa fue la única vez en la que Sakura dejó de ser insoportable e intolerante con ella, y le demostró algo más que preocupación hacia sí misma.

"¿Algo como qué?"

"Si un día les falto a esos dos, ¿podrías cuidar de ellos?"

Ese día le quedó claro.

Sakura es más que solo órdenes.

Es más que solo tenebrosidad.

Es más que solo fuerza, hostilidad y una aparente fortaleza.

Sakura es leal en todos los sentidos que uno puede serlo con los suyos.

Y es sensible.

Sensible como un tonto héroe que sigue con libertad la lealtad...

—...frágil de su corazón.

—¿Teniente? —la Fenrir ya no está a su lado. Ni de su lado en el sentido acatar las ordenes pues según la interpretación de los movimientos que la soldado rubia realiza colocándose delante de él y del resto que recién arriba, eso le da a entender. Ino puede ver que entre ellos Shikamaru viene, y aunque le gustaría que no estuviese ahí en ese momento, también está aliviada de verlo con bien—. Teniente, ¿qué hace? —y está volviéndose loca, aparentemente, haciendo el gesto de desenvainar su espada en contra de uno de los suyos.

Sí, está demente.

Pero ¿qué es la vida sin un poco de locura?

Hasta este entonces no ha hecho más que obedecer ciegamente a alguien a quien en realidad no conoce.

Y aunque sus órdenes se pintan en la pantalla anexa a su rastreador, donde se muestran los rostros tanto de Sakura como Sasori, fichados como los nuevos blancos a detener por los medios que sean, no está de acuerdo.

Y eso solo la pone del otro lado de la línea. La que es la presuntuosa línea enemiga.

La decisión que va a costarle muchas cosas seguramente pero la que, sin duda, ha decidido tomar porque el corazón se lo indica.

—Teniente ¿está consciente de lo que hace? —advierte uno de ellos, dando un paso al frente, apuntándole con el arma, y aunque el resto duda en un principio en hacer lo mismo, al final Ino siente la amenaza de todos.

—¿Y tú, soldado? —contradice ella, grave y firme. Con el aire de grandeza y poder que la distingue como un soldado de élite, consciente de las consecuencias de sus actos. Eso es lo que significa para ella ser un Fenrir.

—¿Qué haces, Yamanaka? —dice Sasori desde atrás, ahora viendo su espalda. ¿Qué demonios hace ella? Y entonces no puede evitar pensar en Iruka y en que él ha hecho lo mismo. Ino no responde pero tampoco flaquea ni porque, seguramente, su subteniente tendrá la obligación de detenerla porque así lo dicen las reglas.

—Esto es una falta grave, Teniente Yamanaka —la única persona que podría hacer flaquearla está frente a ella finalmente, esperando que ceda toda esa estupidez seguramente. Shikamaru, tan callado como siempre es, ahora está ahí, de pie, advirtiendo como si ya hubiese escogido a qué bando pertenecer. Pero Ino no puede odiarle ni culparle de cumplir con su deber. No puede —. ¿Es esta la decisión que has tomado, Ino? —dejando de lado los modales y la propiedad con la que deben tratarse, la enfrenta como una igual mientras el resto de soldados espera la orden de, ahora, quien es el líder de la situación por el rango tan alto que sobrepasa a cualquiera del resto de soldados.

Porque esperan que así sea. Que Shikamaru confirme la in-subordinación de su propio Fenrir y ordene el ataque.

Todos esperan que así sea.

Todos incluso Ino.

—Ya veo —y tras decir eso hace lo opuesto a lo que la rubia y el resto han pensado. Coge de los brazos al soldado más cercano que apunta a la Fenrir y lo desarma completamente, tumbándolo al piso al romper la estabilidad de sus piernas con un movimiento rápido de las suyas, cogiendo el arma para hacerla de su posesión, poniéndose al lado de Ino y apuntando en contra de los soldados.

El resto sucede demasiado rápido como para que Ino termine de darse cuenta que Shikamaru ha intercambiado miradas con Sasori segundos antes de hacer su movimiento.

En cosa de nada el resto de soldados está en el suelo y desarmados pues sus piernas han sido amarradas por delgados hilos.

¿En qué momento...?

Ino gira hacia su espalda y ve las manos de Sasori extendidas hacia adelante.

Ah...Para eso era tanta palabrería. Shikamaru estaba armando su estrategia y ganando tiempo.

—Ya veo lo mucho que confías en mí —acusa el castaño, ligeramente irónico para luego suspirar—. Qué mujer tan más problemática has resultado ser.

—Usaste a Sasori como si fuera nada —dice Deidara, quien no había tenido participación en todo ese rato, soltando una risotada desde atrás—. Qué agallas.

—Él no me uso, imbécil. Solo vi una oportunidad cuando entendí que está tan loco como Yamanaka —defiende el Fenrir pelirrojo mientras encoge sus manos y los hilos vuelves a esconderse entre su uniforme—. Que quede claro, no necesitaba de su ayuda.

—Entonces déjame dejarte en claro algo también, no hice esto por ti —aclara la rubia, volviendo a su subteniente—. No debiste hacer esto. Tu posición como soldado será revocada ahora que...

—Mi madre ya está descansando, Ino, y mi viejo es un borracho que ama el Shogi pero es un exsoldado capaz de valerse por sí mismo. Puedo hacerme cargo de las consecuencias de mis actos a partir de ahora —dice sabiendo que la rubia usaría el argumento de los beneficios que recibe siendo un soldado de alto rango y que ahora ya no valdrán nada sabiendo que ha decidido seguirla a la in-subordinación—. Además, podría decirte lo mismo —pasa de ella mirando a Sasori, Deidara, Naruto y por supuesto a Konohamaru—. Todos estamos en el mismo barco ahora.

—Sí, pero...

Ino se ve incapaz de continuar con su reprensión cuando más pisadas se oyen cerca. En cosa de nada más soldados ya están frente a ellos con la intención pintada en sus claras.

—¿Deberíamos intentar conciliar el perdón o una muerte no tan dolorosa? —sugiere Deidara, entre la risa y el nerviosismo.

—Vienen a matarnos, no a hablar seguramente—aclara Naruto, uniéndose a la línea donde ya están tanto ambos Fenrir como sus respectivos subtenientes. Konohamaru está a su lado, un poco detrás de su silueta. Sasori suelta una risita no propia de él.

—Mírate, ahora suenas como en lo que seguramente juraste no te convertirías.

—¿Siempre fuiste así de hablador y elocuente, Sasori? Me agradabas más cuando estabas callado —dice Ino.

—Esto es muy problemático —agrega Shikamaru, cansino, ante toda la situación que ahora se les ha presentado.

—Puedes irte si quieres —lo invita la rubia con una sonrisa.

—¿Y dejar que te humillen públicamente? Sin mí estás indefensa —ironiza.

—Qué linda confianza, hmm. Deberías ser así también conmigo, Sasori —se suma Deidara, inoportuno como siempre.

Uniéndose a la conversación sin sentido, como si no tuviese miedo de la cantidad de soldados que hay frente a ellos.

—Cállate —Sasori hace una pausa antes de dirigirse a Ino—. Sí sabes que yo solo puedo ocuparme de ellos, ¿verdad? No necesito de su ayuda —dice pintando la seriedad en su rostro de nuevo. Ino deja de mirarlo y luego mira a Konohamaru. Toda esa situación pinta, sin necesidad de preguntarle directamente al Fenrir, a que la seguridad de Konohamaru es lo primordial en ese momento sea por los medios que sea; y puede que Sasori siempre le haya parecido un despiadado sin corazón pero puede apostar que lo hace porque Sakura se lo ha pedido.

—Seguro que puedes.

Es lo único de lo que tiene certeza ahora, y es en lo único en lo que necesita creer.

.

III

.

—Ven, sujétate de mí.

—Estás disfrutando esto ¿verdad?

Sasuke no responde. En su lugar se concentra en la mueca de dolor que Sakura hace cuando los ligamentos de sus músculos se estiran cuando él la carga con el mayor cuidado posible de no causarle más mal. Aun así es improbable que el dolor desaparezca y Sasuke lo sabe cuándo la oye gemir una vez que la coloca en el piso del pasillo con él.

Se han arrastrado prácticamente por los ductos de ventilación.

Sasuke odia los lugares cerrados pero esa ha sido la menor de sus preocupaciones a medida que buscaba entre las rejillas un área libre por la cual descender sin exponerse a un ataque sorpresa.

—Excelente —ironiza Sakura primero al darse cuenta de que han descendido en un pasillo con dos desviaciones.

—¿Qué dirección tomamos, Hyuga? —pregunta Sasuke, apresurado, aun sin soltar enteramente a Sakura pues mientras más sangre pierde, más inestable se vuelve.

—La de la derecha. Eso los sacará a un corredor más amplio —hace una pausa—. Algunas salidas están selladas.

—No alcancé a desactivar...—se interrumpe Sakura, quejándose— todos los puntos de seguridad —dice, tomando aire por la boca—. Ese maldito me siguió luego de que nos emboscaran los soldados.

—Buscaré una ruta de escape. Solo tomen la derecha y...

—¿Q-qué...? —interrumpe Sakura, apoyando una mano en una de las paredes—. ¿Qué hay en...la otra dirección? —Hinata guarda unos segundos de silencio antes de responder. Con Sakura nunca se sabe lo que va a suceder pero el no decirle tampoco es una opción inteligente si la llama de la curiosidad persiste en ella, aunque la de ojos perlas desearía que, por primera vez, se quedara callada y no preguntara nada—. Hinata —insiste la Fenrir.

—Otra sala de genética —tan pronto lo dice, Hinata se arrepiente—. Sakura, no...

—Hey —tres pasos es lo único que alcanza a dar cuando Sasuke la detiene del brazo—. ¿Qué estás haciendo? —la pelirrosa pasa de darle una respuesta, tirando de su brazo para zafarse, lo cual termina por marearla haciendo que sus rodillas se flexionen y el suelo la reciba torpemente. Sasuke se apresura a sujetarla—. ¿Estás bien?

—Necesito ver algo...—dice aunque no es suficiente justificación para Hinata quien, escandalizada, le levanta la voz a través del comunicador de Sasuke.

—¡No hay tiempo para nada más, Sakura! ¡Te estás desangrando y...!

—¡Por Dios, Hinata, es una maldita bala solamente! —replica Sakura contra ella, furiosa, y con un ligero temblor que Sasuke sabe no es debido al frío o al dolor. Puede ver a través de ella y a través de sus palabras. Puede ver como algo se descascara y se cuartea. Puede ver la pesada carga de los horribles recuerdos que Sakura tiene de todo lo que le hicieron al someterla al dolor para luego volverla inmune. Arrebatándole algo tan primordial como el miedo a sentir. Como si para volverla de mármol primero la hubiesen roto en pedazos, para así volverla a forjar—. ¿Crees que esto significa algo para mí? —suelta con la voz entumecida y dolorosa.

—Vamos —dice Sasuke finalmente, apoyándola en su locura. Sakura no expresa gratitud pero sí una ligera perturbación al sentir que ya no puede sostener su mirada debido a una extraña sensación. Como si Sasuke hubiese visto muy dentro de ella, viajando entre años.

Pero no hay tiempo para eso.

Obteniendo su apoyo y réplicas por parte de Hinata, de nuevo están frente a una puerta de acero.

Las peores cosas siempre están encerradas por una razón. Sakura lo sabe más que nadie pues ella es una de esas cosas.

Y siente que el estómago se le revuelve cuando revive la escena una vez que entran a la sala y ve su interior.

Tubos.

Agua.

La cámara está dividida en dos partes pero Sakura quiere desquitar su odio, su ira, su dolor y todo ese caos en su cerebro cuando asocia la imagen completa que está viendo con la de su pasado. No puede olvidar algo como eso, por supuesto. Eso es algo que nunca desechará. Para hacerla inmune al miedo de salir herida primero tuvieron que romperla.

Tuvieron que asfixiarla.

Tuvieron que desesperarla.

Tuvieron que ignorar sus pedidos de auxilio y sus insistentes peleas contra el reforzado vidrio de las cápsulas donde siempre la sumergían y dejaban por días.

Puede escuchar sus voces. La del resto de los niños corriendo entre los pasillos de esa institución de falsas promesas. Ninguno de ellos sabía por qué reían pero Sakura siempre supo que todo eso se acabaría en cuanto fue su turno de ser usada. Aun dentro de la tumbona de agua, aun así pidiendo piedad, el reflejo de esas risas haciendo eco le parecieron el peor sonido sobre el mundo combinado con un cántico gregoriano tenebroso y pesado.

Y ahora de nuevo parece que los sonidos la superan haciendo que incluso se sienta como aquellos días.

Sentir como se ahoga y como la masa de agua le comprime todo el cuerpo, dejándola suspendida en el limbo. Sentir como sus fosas son penetradas por el respirador artificial y también sentir como las agujas se internan profundamente en toda su piel. En brazos, en piernas, en todo el cuerpo.

—¿Qué demonios...? —emite Sasuke escuchando como Hinata ahoga un quejido de consternación por la imagen que le proporciona a través de la cámara.

Y Sakura...

Esa no es una sala de genética.

Es una cámara de hibernación.

Con un gran número de cápsulas en funcionamiento. Y dentro de ellas, cuerpos.

Como si los años y el tiempo no les hubiesen hecho nada, Sakura reconoce, porque tiene buena memoria, a un par de ellos.

"Se refiere a la destitución. Un soldado herido no le sirve a Shinobi. Hacen lo mismo con los que destierran"

"¿Y a donde los llevan?"

—Nunca los llevaron a la ciudadela —murmura Sasuke, enfermo de lo que por obviedad deduce mientras ve tantos cuerpos sumergidos en un sueño del que no sabe si despertarán. En un estado criogénico inmediato desde el momento en que son sacados del Cuartel, dejando sus constantes vitales al mínimo, preservándolos dentro de esas cápsulas con agua.

Sakura se sabe el funcionamiento de ellas pues por mucho tiempo estuvo dentro de una.

Y es una de las razones por la que nunca envejeció, además de la adaptación de las células hostiles dentro su organismo.

El estado criogénico de esas cápsulas evita la oxidación de las células, deteniendo el envejecimiento, preservando el cuerpo completo.

—Carajo —suelta Sasuke, dándose de otro dato más perturbador que el anterior, mismo que Sakura lee en sus ojos sin necesidad de que se lo diga pero aun así lo hace—. Para eso es la celda de castigo que vimos.

Sakura siente náuseas.

Siente que todo le da vueltas.

Pero quizá se deba a su estado debilitado debido a la herida en su costado. Pero aun así solo quiere gritar. Quiere parar esa maldita melodía infernal de su cerebro. Quiere arrancarse las memorias. Quiere dejar de existir.

Todo este tiempo...

Todo este maldito tiempo...

Por supuesto que no iba a ser la única capaz de conseguir la adaptación de células. Quizá tendrían que pasar años para encontrar a un nuevo candidato apto pero la posibilidad estaba abierta a elegir a quien fuera. Y Danzou lo sabe más que nadie. Por eso nunca se detuvo cuando se lo pidió. Porque Sakura es un producto más en el que el hombre ha intervenido para ser modificado pero su ambición va más allá de eso.

Quiere un ser que solo sepa recibir órdenes.

Quiere a alguien que no fluctúe por emociones tan innecesarias.

Desde hace tiempo que Sakura ya no le es suficiente. Y con suficiente se refiere a suficientemente obediente.

—Los quieren volver como Sakura...

—No.

¿Y si...Y si él lo sabe? ¿Y si la noche en que Danzou la encontró no fue coincidencia? ¿Y si él sabe de la existencia de aquellos seres que no necesitan de la intervención humana, pues de nacimiento siempre han sido así?

Danzou está buscando más que crear un nuevo soldado.

Está...

La réplica de varias explosiones generándose consecutivamente los hacen perder el equilibrio. Sakura se desvanece un poco mientras Sasuke elimina los centímetros que los separan, tomándola por los hombros, una vez las más grandes cesan. Algunas placas del piso y techo se desfasan un poco y las luces de emergencia de esa cámara se encienden automáticamente cuando el temblor para.

—¿Y ahora qué demonios sucede? —suelta Sasuke, completamente fastidiado por todo. La certeza de salir de ese maldito lugar ni siquiera la ve cerca y está comenzando a desesperarse.

—Es él de nuevo —dice Hinata, conteniendo enojo y desesperación igual que él—. Cortó la energía eléctrica que había restaurado y desactivó los sistemas de seguridad para dejar entrar más Draugs —Sasuke suelta maldiciones—. Y también rompió las tuberías de gas provocando fuego en las plantas inferiores.

—Esto no puede estar pasando...—exaspera el soldado, apoyando la cabeza contra Sakura quien no parece percatarse de ese gesto—. ¡¿Y cómo vamos a salir ahora?!

—Por cualquier ventana —murmura Sakura muy bajo, recobrando algo de lucidez. Sasuke la mira como si estuviera demente—. Desactivó el sistema de seguridad por una razón —el azabache engrandece los ojos—. También necesita salir, y se le atravesarán los mismos problemas que a nosotros. No es muy inteligente que digamos —dice eso último con ironía aunque aquel gesto de reír le provoca más dolor—. Debemos ir a los pisos superiores.

—¿Cómo sabes que encontraremos un lugar por donde salir estando ahí? —ahora es ella quien lo mira como si la respuesta la supiera él, solo que pasa de ella.

—Porque ya estuvimos ahí, ¿recuerdas?

Claro.

El séptimo piso tiene cristales.

¡De ahí caían los Draugs la primera vez que él siguió a ese tipo!

—Hyuga, guíame. Salgamos de este infierno.

.

IV

.

—¡Esa era...Esa era Lotus! ¡¿Verdad?! ¡¿Verdad?!

—¡Dios, Neji, le disparaste a un Fenrir!

—¡Y justamente a ella!

—¡¿Enserio quieren tener esta maldita conversación ahora mismo?!

Advirtiendo segundos antes de que el Draug que tiene en frente se le venga encima, suelta el arma y desenvaina su espada en el momento justo en el que la hoja entra en su boca, salvándolo de recibir su mandíbula hambrienta. Sus manos tiemblan debido a la fuerza brutal con la que la bestia insiste en atravesar esa barrera que ha hecho para arrancarle la cara o el cuello de un bocado.

En el momento que entraron a ese edificio todo se jodió.

Desde un principio hasta justamente el momento en que los Draugs atravesaron las barreras de seguridad y comenzaron a entrar. Aunado a eso, sumando la cantidad de Draugs que yacían encerrados en distintos cuartos de cada piso –por alguna razón que desconocen- volviéndose una multitud de seres hambrientos con olor fétido.

La misión no tenía ningún detalle salvo detener al intruso dentro de unas de las antiguas instalaciones de SHINOBI.

El comandante del escuadrón no les había dicho nada más, y no es que a él le interesara saber a quién iba a someter. Aunque debió seguir más su razonamiento lógico sobre por qué mandarían a un equipo especial a una zona que supuestamente ya se encontraba vigilada estando viviendo una situación donde lo primordial era el resguardo de los civiles. Nunca le ha gustado dudar de las reglas pues siempre ha creído fervientemente que existen por una razón. Para mantener el orden. Para no volverse un demente sopesando entre el corazón y la razón. Para hacer justicia.

Él, sin duda, hace bien su trabajo.

Es el claro modelo de soldado recto y lleno de justicia.

Tenten y Lee le fastidian constantemente con el frenesí de sus emociones pues son más frágiles de mente y corazón que un elefante. Él, sin embargo, ha hecho las cosas bien desde el comienzo.

Por algo existe el orden.

Por algo hay reglas.

Por algo deben obedecer.

Y el que no pueda seguir el ritmo simplemente no merece fungir como soldado.

"Hinata no aprobará el examen, Neji. Así que es probable que la regresen a la ciudadela"

Qué bueno, pensó aquella vez almorzando un cuenco de arroz frente a su progenitor. Hombre honesto y amable pero con falta de carácter. Neji siempre se preguntó si en verdad el destino se había equivocado en elegir a quien sería su padre y al de Hinata, su prima. Físicamente idénticos pero en carácter eran lo opuesto visceralmente. El padre de Hinata era más parecido a Neji, y el de él a la susodicha llorona que siempre le seguía a todos lados.

Entonces ¿en qué estaba pensando ella cuando se enlistó para ser un soldado?

Ambos lo perdieron todo durante un incendio en la fábrica donde trabajaban ambos adultos.

Ambos se convirtieron en todo lo que tenía el otro.

"Deserta ahora que puedes. Nuestro futuro no es juntos, Hinata"

Esas fueron las últimas palabras que le dijo antes de él aprobar y ella fallar. Y él pensó que ser cruel con ella sería lo mejor para mantenerla alejada del peligro.

Ambos solo se tenían el uno al otro.

Y Neji no iba a perder a la única familia que le quedaba por salvar.

Pero entonces Hinata aplicó para el examen del año siguiente. Los resultados no eran favorecedores en ningún rubro salvo uno pero no sería lo suficiente para que la aceptasen. Tenía que rendirse. Ella no podía pertenecer a ese mundo.

Y entonces...Sakura.

La primera vez que se la topó fue a lado de ese pelirrojo. Yendo y viniendo siempre del exterior a lado de Iruka, quien fungía como su mentor.

Qué insoportable e insostenible mirada y qué ganas de apagar toda esa soberbia y prepotencia de un solo golpe. Pero gracias a eso entendió una cosa: para llegar a ese escalón, el de los más fuertes a pesar de ser incluso casi de la misma edad aparentemente, debía hacerse de méritos. Y esos méritos le traerían facilidades tanto para él como para la única persona que, secretamente, protegía de todo mal.

Si llegaba a ser tan fuerte y tan importante como aquellos soldados de élite, ¿podría entonces vivir una vida normal a lado de Hinata?

Pero entonces...ella tuvo que posar sus ojos en esa persona.

Y a partir de ahí la sombra de lo que nunca debió suceder se ha convertido en odio y resentimiento.

¿Por qué ella la eligió?

¿Por qué simplemente no se rindió y eligió a alguien más?

¿Por qué Hinata no subió a ese convoy que llevaba a los aspirantes que había fallado hacia la ciudadela, derrotados?

¿Por qué, por qué, por qué?

Hinata no era particularmente fuerte, aunque sí inteligente. Aun así...siendo tan débil. Tan poco auto suficiente. Tan inexperta. Tan...

Y se quedó con ella.

Y a partir de ahí ha corrido peligro.

Y a partir de ahí a odiado a Sakura con cada partícula de su ser.

Quizá por eso no siente remordimiento en haberle disparado, aun sin saber que a quien debían detener sería ella precisamente.

Lo que lo lleva a pensar ahora...¿Qué demonios hace ahí en primer lugar?

¿Y Hinata?

¿Hinata también está cerca, lidiando con los Draugs en el exterior? ¿Esa maldita sería capaz de exponerla sabiendo que es probable que en fuerza sea superada?

—¡Neji!

Un corte en la mejilla es lo que le ha costado haberse puesto a divagar sobre su injusta vida. Una de las uñas largas de la bestia le ha rozado la piel y aunque logra empujarlo hacia el otro extremo, su arma se atora en su mandíbula, arrastrándolo por varios metros junto con él.

Dios...

¿Y ahora qué sigue?

Las órdenes son capturar al intruso vivo o muerto pero realmente duda que una simple bala vaya a causarle la muerte a una mujer tan de acero como lo es ella. ¿Y luego qué sucederá cuando la atrapen? Hinata es su subteniente. ¿Será sentenciada de la misma forma por ser su subordinada?

No puede permitirlo.

No.

A la mierda.

A la mierda todos.

A la mierda las órdenes.

—¡Ah!

Como si se hubiese encendido a partir de un interruptor, Neji deja la moral de un lado y solo se dedica a desencajar su espada con brusquedad de la endurecida piel de quien lo ha arrastrado por varios metros y así comenzar ha desmembrar Draugs.

¿Ese esa la fuerza que mueve a un Fenrir cuando...?

No.

¿Es esa la fuerza que mueve a esa mujer para aparentar ser más fuerte cada vez que se enfrenta a una de esas bestias? Es probable que su fuerza no provenga del miedo ni de la soberbia de sentirse superior como ha creído todo este tiempo pero ¿es adecuado pensar que su fuerza proviene de un argumento tan absurdo? ¿De una razón tan carente de importancia?

No.

Por supuesto que importa.

Pues es la misma fuerza que lo está moviendo a él justo ahora.

La fuerza que se obtiene cuando tienes algo que quieres proteger.

.

V

.

El séptimo piso ha quedado totalmente descartado para ellos desde el momento en que parte del techo se ha derrumbado en el pasillo donde se encuentran las escaleras que los llevaría hasta ahí. Regresar por donde han venido, sin embargo, ha sido una hazaña incluso peor considerando que los Draugs no reconocen el peligro que significa que el edificio esté colapsando. Después de todo no razonan.

Las explosiones dentro de las instalaciones van en aumento lo que los deja sin muchas opciones.

Si los pisos inferiores son intransitables por la presencia de Draugs y el fuego, los superiores ahora quedan fuera de su alcance considerando que el único camino que podría llevarlos ahí está completamente sellado por los derrumbes.

—No es verdad.

—Tendrá que ser este —dice Sakura refiriéndose al piso donde se encuentran, el sexto, apoyándose con la espada en la pared del pasillo que, de puro milagro, sigue en pie.

Los Draugs los superan en número, y aunque Sasuke hace un excepcional trabajo demostrando lo hábil y fuerte que se ha vuelto, tal cantidad de enemigos es demasiada incluso para él. A regañadientes, y porque sabe que ella es una terca incluso si tuviera los órganos por fuera, no la ha detenido cuando ha desenvainado su espada y ha cubierto el flanco derecho del pasillo mientras él se ocupaba del izquierdo.

Pero aquello la ha dejado exhausta y más débil de lo que ya estaba.

Toda esa sangre y vitalidad drena de su cuerpo y Sasuke ahora la ve más pálida y la siente más fría.

Maldita sea, tiene que sacarla de ahí ya y buscar el imbécil de Sasori antes de que...

—¿Qué pasa? —pregunta cuando la ve hacer gestos y movimientos extraños. Como si gruñera y estuviese luchando contra el instinto de una bestia. ¿Acaso...?

—Si no...te apresuras...—se interrumpe ella, quejándose mientras mueve la cabeza con estrés—. Vas...vas a tener que...—pero Sasuke le sella la boca con su mano libre antes de que diga tal estupidez. Incoherencias que a la vez no lo son.

Lo entiende. No necesita que se lo diga para entender lo que está sucediéndole. Después de todo ha estado mucho tiempo a su lado y también ha entendido, aunque sea un poco, la rareza de la que la han hecho portadora.

No pueden simplemente insertar células de Draug en un humano sin esperar que nunca se active ese natural rasgo de comportamiento que los distingue como bestias y los hace violentos.

Y Sakura está atravesando por ese comportamiento justo ahora. Y también está luchando contra ello. Contra dejarse a merced del instinto y hacer más daño del que ya ha hecho. Pero ¿Por cuánto tiempo? Ella misma es consciente que mientras más tiempo transcurre sin sangre, más cae en ese estado de demencia.

Una vez ya lo hizo...No quiere volver a hacerlo jamás.

Si llegados a ese punto tuvieran que recurrir al único medio que le permita salir, al menos a uno de ellos con vida, Sakura está dispuesta a aceptar que Sasuke la mate.

—Ni siquiera lo digas —pero él es tan cabezotas. Tan idiota. Tan confiado en que ambos saldrán de ahí.

La Fenrir suelta una risa lastimosa.

Fue un error.

Fue un error haberlo arrastrado a él ahí. Había prometido no volver a hacerlo.

Había...

Una nueva explosión los sacude de manera oscilante y con ello los plafones del techo y las luminarias se desprenden y van cayendo. Y con la losa del pasillo ahora amenazando con caerse, Sasuke solo recurre a seguir su impulso y tirar de ella dentro de la puerta más cercana que tiene pero cuando se da cuenta de que el infierno es mucho peor ahí dentro, la puerta por la que entraron queda sellada, y una hoja más de acero la refuerza por fuera.

Sakura se apoya en la única pared que aún no ha sido consumida por el fuego que hay dentro mientras Sasuke inútilmente da golpes a la puerta como si de esa manera ésta fuera a abrirse.

La Fenrir examina demasiado rápido y demasiado inestable también la estructura de ese cuarto que pinta más a ser un galerón donde guardan máquinas, archivos y contenedores. La estructura y todo lo que lo rodea de manera perimetral es de metal, y las vigas que van de un claro a otro ahora parecen más espaguetis que los refuerzos horizontales que deberían dar estabilidad al techo y a los pisos superiores.

La parte central concentra un par de escaleras que llegan a otra estructura que sostiene estrechos pasillos metálicos, todos con vista hacia abajo. Los pasillos suspendidos por tensores también de acero ahora parecen bailar por las vibraciones y Sakura no duda que, de acercarse a uno, estos deben estar ardiendo.

A simple vista no puede encontrar el origen del fuego dentro del galerón pero las llamaradas siguen en aumento y no tienen manera de salir ahora que la puerta ha sido sellada.

Si no mueren calcinados, morirán de asfixia pues no hay agua en ese aire que se respira.

—¡Maldita sea! ¡Hyuga, abre la puerta!

—¡Eso intent-...! —uno, dos, tres disparos se oyen a través del comunicador de Sasuke, haciendo que este se detenga y Sakura lo mire buscando una respuesta a esa expresión que ha hecho.

—¿Hyuga?

—E-est...me...tra...on —dice pero la voz se corta con cada palabra que dice haciendo imposible que el soldado entienda.

—¿Qu-qué...? ¿Qué sucede? —pregunta Sakura, preocupada. El sonido del disparo ha sido muy claro como para que ella no lo haya oído—. ¡Hinata! ¡¿Qué sucede?! —vocifera sintiendo la bala internarse más, pero no le importa. Luego de eso, nada. La comunicación se corta y ambos tienen claro que es posible que hayan entrado al laboratorio de la subteniente y la hayan detenido.

Es demasiado obvio.

A ésta hora todo SHINOBI debe saber que Sakura está ahí sin autorización de nadie.

A ésta hora todos deben saber que es potencialmente una amenaza al figurar en los radares como un Draug.

Tarde o temprano iban a asociar a todo aquel cercano a ella como un cómplice.

Entonces...Konohamaru.

Dios.

Debió detenerse cuando tuvo oportunidad.

Debió pensar en todo lo que podría pasar.

Ya ni siquiera está preocupada por salir de ahí.

Ahora solo oye como Sasuke lucha contra la puerta buscando desesperadamente una salida mientras ella está ahí, en el piso, acumulando culpas. Los peores escenarios pasan por su mente y no la dejan ver con claridad.

De nuevo está pasando. Las desgracias son parte de su vida al igual que las pérdidas.

Por sus acciones es que Mikoto murió. Porque nunca debió relacionarse con ella. Nunca debió mostrarle amabilidad...y ella nunca debió corresponder.

Por sus acciones es que Sasori se volvió así. Por su culpa es que tiene esas cicatrices en su espalda.

Y ahora Hinata.

Y pronto, Konohamaru.

Y ahora...también él.

Sasuke lucha. Lucha y sigue luchando. Y qué bueno que así es. De esa manera no puede ver el gesto doloroso y furioso que Sakura pone conforme se pone de pie sacando fuerzas de quien sabe dónde.

No. No va a quedar en ella el no haberlo intentado.

Incluso si todo sangra. Si todo duele. Si todo se rompe. Alguien desesperadamente está intentando sacarla de ahí, y no duda de que Hinata también esté dando la pelea necesaria para no caer. Incluso Konohamaru es, de lejos, una persona completamente distinta al frágil niño que vio por primera vez. Y mientras más mira la espalda de Sasuke una fuerza extraña no le permite ser sentenciada con la idea de rendirse y verlo morir.

A él ni a ningún otro.

Si alguien ha de morir...

—...seré yo —musita para sí misma, y agradece que el sonido propio del caos y del acero chocando no le permita a Sasuke oír más allá de lo que puede permitirle.

Al menos hasta que oye y siente como Sakura le arrebata las dos espadas que trae enganchadas a su espalda, tirando de ellas mientras corre hacia las escaleras, furiosa.

Sasuke intenta tomar su mano desesperadamente pero una vez más no puede porque una explosión se le adelanta, obligándolo a retroceder de las llamaradas que ésta produce.

—¡Sakura!

La Fenrir, incluso si es consciente de que su uniforme es resistente al fuego, atraviesa la estructura caída en el centro rodeada de llamas como si no pensase en eso, y pasa dentro de la cortina ardiente comenzando a subir los escalones.

Las ventanas del segundo nivel de ese sub nivel es lo primero en lo que se ha fijado y es su primera y única opción para desviar todo el calor y las llamas contenidas de ahí dentro hacia el exterior. Es debido a ello que el calor va en aumento y pronto se asfixiarán si el fuego no encuentra una forma de salir.

Y la única opción es romper esas ventanas y esperar que las llamaradas que se expulsen furiosas e inestables no la arrastren y termine en una catástrofe peor.

Pero incluso si llegase a suceder, no le importa.

Con furia clava las espadas en el primer paño de cristal, logrando que la primera llamarada se redirija hacia afuera con violencia.

Y así va avanzando sin detenerse, sintiendo el abrasador calor quemarle la espalda conforme rompe cada uno de los cristales y como su carne resiente todo. Las llamaradas le pisan los talones y un par de ellas la impulsan de tal manera que termina por chocar con un muro de concreto al frente cuando finaliza, aturdiendola.

—¡Sakura!

Pero no es suficiente.

Debe hacer combustión total para generar una única y final explosión y así se consuma lo que se tenga que consumir.

Soltando las espadas, recurre a la suya finalmente, dirigiéndose a la tubería de gas.

—¡Sakura! ¡No!

La encaja con furia.

El gas se libera.

Y el edificio comienza a temblar.

Sasuke deja de verla pues la explosión que se genera es mayor a cualquiera que han sentido estando ahí.

Y lo único que pide es que por favor...por favor...no esté muerta.

.

VI

.

Cómo duele.

Cómo, demonios, duele.

Y cómo no va a hacerlo si tiene dos tubos de acero atravesándole los costados.

—Ah...Ah...—emite sumamente adolorida, haciendo el inútil intento de moverse pero lo que consigue es que el dolor sea insoportable—. ¡Ah!

Lo último que recuerda es haber sentido como el aire la succionaba hacia afuera y todo le explotaba en la cara. Usó brazos y piernas para cubrirse lo más posible pero aun así el uniforme, aunque ha absorbido el mayor daño, no es indestructible. Hay parches por donde se ve su piel oscurecida y otras más donde está al rojo vivo. Sin olvidar mencionar la herida de bala que tiene y ahora esos malditos tubulares que le atraviesan como si fuera una brocheta.

Ríe ante la analogía pues no le queda más por hacer.

Ríe porque seguramente va a morir ahí desangrada.

Ríe porque va a morir como la parte humana que aún conserva.

Siente sed.

Siente como el hambre está volviéndola loca.

Y por eso ha cogido, además de las espadas de Sasuke, un revólver del compartimiento de su pierna.

Esa parte lamentable que pocos han visto ésta vez no podrá ser controlada por mucho que ella luche.

Silenciosa y quejosa siente como algo, además del calor y dolor, baja por su mejilla. Algo frío. Algo que no sabía podría volver a generar. Gime, mordiéndose los labios. No sabe si son lágrimas por el dolor o por la tristeza o por la culpa.

Gruñe, inestable, pero ladea el rostro de un lado a otro para evitar que el cambio hacia un Draug sea demasiado pronto. Necesita cargar el arma y estar completamente lúcida cuando ella misma propicie que esa bala vaya a atravesarle el cráneo.

Qué patético.

Qué cobarde.

¿Para eso ha ido hasta ahí solamente? ¿Para enterarse de una verdad a medias y simplemente decidirse a morir porque ya no es capaz de controlar el instinto dormido que vive en ella?

Ha ido para nada.

Ha ocasionado problemas a lo imbécil.

Y ha arrastrado, nuevamente, a la gente que quiere.

Es una manera muy cobarde de decidir que hasta ahí llegará su vida sabiendo que aún no cumple lo que prometió. Pero ella siempre ha sido mala para las promesas. Aunque luche y se insista en mantener los ojos abiertos sabe que tarde o temprano va a caer en el estado natural de un Draug.

Y no quiere que nadie la vea de ese modo.

Es mejor morir así. Sola.

Cierra los ojos rememorando una cosa, y luego dibuja una sonrisa llena de pesar pero también de alivio. Ahora que lo piensa...¿A cuántas personas encomendó para la seguridad de Konohamaru y Hinata? Ríe pensando en un hecho tonto y absurdo. Si Sasuke supiera que la noche en la que ella lo orilló a creer que pasó las horas con Sasori dentro de su habitación haciendo otro tipo de cosas en realidad estuvo ahí pidiéndole que por favor cuidara de ellos, ¿qué cara pondría? Aun sabiendo que Sasori no le debe nada a ella. Aun sabiendo que no se merecía nada. Aun sabiendo que podría obtener un no por respuesta.

Aun así prefirió hacerle creer a Sasuke lo contrario.

Y ni así pudo quitárselo de encima.

—Qué...—tose, salpicando un poco de sangre— terco.

Ah...Quiere verlo.

¿Habrá escapado de la explosión?

Dios...Cómo duele.

Cómo...

Un respiro se queda atorado en su garganta y los fantasmas bajan del cielo.

De pronto ya no duele.

De pronto solo es nieve.

De pronto ya no son escombros de la explosión sobre los que está tendida, completamente herida.

—M-mikoto...—pronuncia entrecortado, sintiendo una mano en su mejilla.

Está ahí...con ese cabello tan bonito. Con esa piel tan clara. Con esa sonrisa tan triste. Siempre está ahí, en los momentos más inesperados. Y justo ahora se siente tan real el como la sostiene y la mira tan cerca del rostro.

Como murmura su nombre. Como pide que se quede.

Como...

—No vas a abandonarme otra vez —oye, pero está tan cansada que no lo reconoce a la primera.

No es Mikoto.

Ese bonito cabello.

Esa piel tan clara pero ligeramente sucia.

Esas bonitas pestañas.

Es...

—Sa-Sasu...ke...

Él no hubiese querido oír su nombre de esa forma tan dolorosa. No hubiese querido nunca haber pensado tan mal a cerca de ella sin antes conocer más partes de su interior. No hubiese querido que todo fuera de esa forma.

No quiere moverla más de lo debido pero es tan impactante ver como dos aceros la están atravesando que está conteniendo sus ganas de gritar en ese momento. De buscar culpables. De culparse así mismo por no cumplir el prometer que la protegería. De no haber sido él quien recibiera todas esas heridas en lugar de ella. De no decirle que...

La sostiene con fuerza cuando la ve moverse involuntariamente, como si convulsionara.

Vuelve a gruñir.

Vuelve a luchar.

Vuelve a quedarse quieta y a sufrir de dolor.

—S-sangre...—murmura, sedienta. Como si su garganta fuera un desierto que no conoce, ni conocerá, de milagrosos oasis—. S-Sasori...Él...

—No está cerca —informa Sasuke, y Sakura apenas puede verlo con claridad. Está lloviendo. O al menos así lo cree porque siente gotas en su rostro. Pero está tan cansada. Tan alejada de lo que sucede a su alrededor—. No está... —su mano aprieta la suya y una corriente le recorre la espina dorsal.

—E-entonces...—vuelve a toser— vas a tener que hacerlo —silencio—. Matarme.

—No —sentencia él, profundo, pero roto por alguna razón. A él también le arde la garganta. A él también le sabe horrible toda esa situación. A él también le está doliendo.

—V-voy a convertirme...—hace una pausa, buscando un aliento— en una de esas...cosas.

—Y me atacarás ¿no es así? —Sakura asiente a duras penas sintiendo como él le acomoda algunos cabellos sobre el rostro—. ¿Me va a doler?

—¿Q-qué...?

¿Qué es toda esa conversación suave como si ignoraran al mundo y solo existieran ellos dos?

¿Qué son esas preguntas estúpidas que él hacen que, por solo unos segundos, deje de pensar en que va a morir?

Con Sasuke nunca sabe qué esperar.

Nunca sabe qué decir.

Nunca sabe cómo actuar.

Y entiende que, quizá, lo mismo pasa con él.

—Un Draug solo responde a su instinto de hambre hasta que lo ha saciado —cita él como un robot, como si aquel dato fuera relevante, como si eso fuera a cambiar algo.

Y finalmente Sakura puede mirarlo apropiadamente.

Sus constelaciones brillan.

Su cabello y sus pestañas también lo hacen.

Sus manos, calientes.

La última vez que alguien la sostuvo así, cubierta de sangre, de heridas y de un pasado imborrable, fue Mikoto. La primera vez que la vio. Aplacando su dolor. Susurrando plegarias. Aceptando sus heridas. Amansando a la bestia con una dulce melodía.

Son tan parecidos.

Eso es algo que siempre ha tenido claro. Tan claro que...asusta.

Asusta en la posibilidad de creer que él...

Una nueva oleada de dolor atraviesa todo su cuerpo, misma que desencadena más reacciones violentas de su parte. Ya no puede verlo. Está perdiendo. Está a punto de perder. Está a punto de caer.

Está a punto de...

La sangre de Sasori podría contrarrestar su estado actual pero incluso ella no está segura de que también vaya a perder su efecto tal como ha sucedido con la sangre de Obito. Pero si Sakura se alimenta de un humano normal, no va a parar. Los Draugs no conocen los límites; y una vez que inicie va a succionar hasta matarlo.

—V-Vete...—pide, suplicante mientras la sangre caliente la hace retorcerse—. V-vete antes de que... —sea tarde. De que lo mate. De que haga, de nuevo, algo imperdonable. Pero él no se mueve. Sasuke ni siquiera flaquea. Ni siquiera percibe su miedo. ¿Por qué? ¿Por qué no se va? ¿Por qué no reacciona como ningún otro? —. ¿P-por qué...? —silencio—. ¿Por qué no eres como él? —se pregunta refiriéndose a Sasori o a cualquier otra persona perceptible al miedo y al peligro de verse amenazado.

Se supone que debe ser una reacción instintiva. Entonces ¿Por qué con él es diferente?

—Tú sabes la respuesta.

No la sabe. Por supuesto que no la sabe. Y aún si ella la supiera...

—N-no...—niega, desesperada—. N-no la sé...

—Bueno, déjame aclarártela —¿Por qué la besa en un momento así? ¿Qué es lo que trata de probar? ¿Qué está tan desesperada como él? ¿O que solo, por un momento, quiere hacer que se olvide de todo?—. Yo no soy como nadie a quien has conocido.

Claro. Por supuesto que no.

Nunca ha conocido a alguien tan estúpido y tan propenso a tomar las peores decisiones aun a costa de velar por su propia seguridad. Como ahora con lo que le está pidiendo. Lo que le pide es absurdo. Lo que le pide es insensato para cualquier persona que aún conserva algo de dignidad, integridad y ganas de seguir viviendo.

¿Cómo renunciar a su vida tan fácil? ¿Por qué hacerlo por alguien que no lo vale?

—Te mataré si lo hago...

—Hazlo. De todos modos un día iba a morir. Que mejor que tú para acabar con mi vida —Sakura niega repetidamente como un niño al que le piden algo injusto.

¿Qué está mal? ¿Qué demonios está mal con él?

Inconscientemente toma el revólver que ha tenido oculto a un lado suyo pero es como si Sasuke siempre hubiese sabido, desde que la encontró ahí, que lo tenía cerca y en lo que planeaba hacer con él. Sakura ya no puede mover su mano pues ha detenido su torpe intento por adelantársele.

—S-soy un monstruo...

Y un monstruo solo sabe ocasionar problemas.

Un monstruo solo sabe causar males y muertes.

Un monstruo solo sabe ser un monstruo.

Sakura se ha acostumbrado tanto a obedecer, a herir, a salir herida, a matar, que no tiene miedo de morir. De hecho lo desea con ganas. Ya no tiene nada a lo cual aferrarse. Konohamaru y Hinata estarán a salvo porque ha asegurado su protección; y Sasuke...Bueno, él...

—No eres nada de eso—toca su pecho y a pesar de que Sakura sabe que es injusto dejar que el corazón que la mantiene con vida deje de latir, pues es de una persona que también quiso, no significa que no deje de ser un monstruo solo por tenerlo. No lo merece. Nunca lo ha merecido—. No eres ningún monstruo —Sakura gime y no sabe si es por la tristeza, el llanto o el dolor. Pero Sasuke solo sabe una cosa—, porque solo te veré a ti cuando te alimentes de mí, Sakura. Y eso no te hará un monstruo.

No valdrá el perdón luego de que el daño esté hecho.

Ninguna palabra valdrá ni el deseo de regresar el tiempo una vez que se alimente de él.

Muchas veces Sakura lo intentó. Pero conforme más deseaba retroceder el tiempo y reparar sus errores, más se daba cuenta que la culpa siempre la perseguiría. Y que siempre viviría con ello. Y nunca sería feliz. Y nunca aprendería a amar. Y nunca sería capaz de perdonar.

—Tienes alguien a quien encontrar ¿verdad?

Lo sabe.

Ese bebé.

Ese bebé está ahí afuera.

Entonces ¿por qué siente que ya no es necesario buscarlo? Nada justificará el que mate a Sasuke. Nada valdrá en que lo muerda y su sangre beba. Nada puede ser tan importante como para acabar con su vida a cambio de alguien a quien ni siquiera ha visto ni sabe si vive.

Pero el dolor es demasiado.

Y ha perdido mucho tiempo en intentar convencerlo.

El instinto de un Draug no piensa. No reconoce rostros. No reconoce sentimientos ni por más que Sakura llore, suplique, patalee o implore.

Nada de eso importa cuando finalmente sucede lo que ha deseado, y contra lo que ha luchado, no volviera a suceder.

Miedos y esperanzas se reducen a nada.

Sus recientes sentimientos por él no significan nada.

Todo se reduce a nada.

Es la nada lo único que debe existir cuando caes en un nivel tan deplorable e inhumano.

Su mente se queda en blanco.

Sus dientes están succionando.

Sus heridas sanando.

Hasta que toda esa nada se convierte en...algo.

En un llanto.

En puertas selladas que finalmente abren esos candados que por mucho tiempo habían estado cerrados.

Los recuerdos se amontonan.

Los colores la aprisionan.

Y esos pequeños ojos, a lo que juró devoción en el momento en que los abrió ante ese trágico mundo en el que nació, finalmente se esclarecen y le recuerdan el por qué, desde el primer momento, todo su mundo cambió.

Las veces que pidió que no naciera.

Las veces que pidió que no existiera.

Todas esas veces se reducen a nada ahora.

"No eres ningún monstruo porque solo te veré a ti..."

—"No es posible..."

Y ahora ella solo lo ve a él.

Siempre...

Desde siempre...

"Llámalo...Sasuke"

Siempre ha sido él.

Siempre fue él.

Las aves no son para las jaulas,

y esta finalmente ha regresado...

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas: Con su permiso, me voy a trabajar mientras veo como todo el mundo arde.

Verán...subir este capítulo ha sido una hazaña comenzando por lo extenso que es (casi 13 mil palabras) como todos los obstáculos que tuve para escribirlo. Pero no los voy a aburrir con mi triste vida jajaja Solo me queda decir: Lo hicimos, chicos. Llegamos finalmente al punto en el que...Bueno, ustedes me entienden.

Y...y...y...Bueno, bye. (Ni ella se la cree que luego de 34 capítulos haya llegado hasta aquí)

Doy por iniciado el apartado de hype y teorías (?)

¡Feliz día del amor y la amistad! Acepto sus chocolates como pago uwu

Estaré respondiendo sus comentarios en un rato! Tengo un poco de tiempo libre para ello jajaja

Rooss-out.