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XXXVI

Su tristeza, su ira

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—Ella es Hinata Hyuga y…

—No la quiero.

Esa fue una de las primeras decepciones de su vida como miembro activo de S.H.I.N.O.B.I.

Pero el rechazo de Sakura sería algo con lo que viviría a partir de ese día.

Recuerda ese día con una ironía entristecida.

Aquella sería la primera presentación de Hinata como su subordinada y de Sakura como su superior.

¿Cuántas veces lo intentó?

¿Cuántas veces ella se lo negó?

Luego de haberlo intentando tanto, de haber rechazado las insistentes indirectas de Neji y de haber soportado los comentarios malintencionados de los demás aspirantes durante el entrenamiento, de ser la burla de su poca habilidad y destreza, aferrándose con uñas y dientes a la última oportunidad otorgada, las cosas se dieron. No destacando, por supuesto, en fuerza pero sí en esa curiosa capacidad analítica que había desarrollado al máximo en los últimos meses.

Porque regresar a la ciudadela no era opción.

No cuando no quedaba nada por lo cual hacerlo.

¿A dónde iría y qué es lo que haría?

Y entonces, un día, la conoció.

De la forma en la que conoces a tu mayor aspiración en la vida. De la forma más ridícula en la que podrías conocer a tu ídolo.

Hinata en el suelo, con la nariz sangrando, un golpe en la mejilla y una contienda más perdida que ganada. Sakura desfiló delante de sus ojos como la representación de una persona inalcanzable. Vestida de blanco y la arrogancia rebosando de cada músculo ocupado para dibujar una sencilla sonrisa llena de burla. Y, sin embargo, ahí estaba…extendiéndole su mano para ayudarla a ponerse de pie.

El encuentro se detuvo pero tampoco es que Hinata tuviera alguna oportunidad de ganarlo.

—Qué patético.

Fueron sus palabras.

Pero Hinata sentía que no se las decía a ella refiriéndose a su estado tan lamentable.

Se lo decía a la situación.

Como si hubiese sido un golpe a la cara para despertarla de su estado somnoliento de mediocridad y conformismo. Qué patético…el no seguir intentando más. En no ir más allá de los límites que ella misma se ponía. En pensar en cuando dolería una herida si lo intentaba un poco más.

Y a partir de ese momento la siguió cada que podía.

Cada que ella se aparecía, acompañando al soldado que era su mentor en una inspección rutinaria con los aspirantes a soldados, ella siempre estaba ahí. Y su presencia era señal y sinónimo de muchas cosas que poco le importaban conocer a fondo. Sobre sus hazañas manchadas de sangre se hablaba mucho, sobre su actitud y su horrenda personalidad también, pero nadie decía cosas buenas sobre ella.

Porque el reconocimiento siempre viene de la mano con la idealización de que una persona es arrogante solo porque sí.

Es decir ¿alguna vez alguien se detuvo a pensar en cómo se sentía? Una persona no es tan fuerte sin dar algo a cambio. Esa fortaleza no se consigue solo porque se haya pedido mil veces tenerla.

Y es que la expresión de Sakura, cada vez que se la topaba en los pasillos o en el Domo dando rondines luego de sus obligaciones, siempre era tan vacía. Los ojos de las personas brillan porque existen deseos, porque existen propósitos, porque existen ambiciones pero… ¿Por qué ella parecía tan solitaria y tan diferente al resto?

A pesar de ser fuerte, a pesar de mantener ese temple, ella se veía tan frágil y delicada. Pero eso a nadie le importaba. No cuando se la pintaba de una persona despiadada que se había ganado a pulso todos los rumores sobre ella por la forma en la que actuaba. Por la manera en la que sometía a quienes no estaban de acuerdo con ella, por la manera en la que sumaba, sin remordimiento, más dígitos rojos bañados en sangre a su joven espada.

Con el tiempo supo más de ella gracias a que en los pasillos su nombre, junto al de otro muchacho, era de lo único que se hablaba.

Sakura no era Fenrir ni mucho menos pero poseía la fuerza de uno para la corta edad que presumía tener.

Y era tan hermosa.

Perteneciendo a un mundo en el que solo los fuertes mantienen el orden y ejercen como líderes y presumen ser los protectores de la confianza de toda la gente. Sakura poseía todo lo que a Hinata le faltaba…y entonces se preguntó ¿qué clase de méritos necesitaría ella para rozar su mundo?

¿Qué clase de cosas tendría que hacer para alcanzarla y llegar a poseer ese tipo de convicción?

Para poder llegar a ella, para poder pisar su mundo, para poder caminar a su lado la respuesta solo era una: S.H.I.N.O.B.I.

Y al año siguiente ahí estaba, sangrándose hasta el cansancio, sintiendo la piel de sus nudillos desprenderse por el exceso de trabajo, todo para ocupar una vacante. Pero conseguir dar un paso hacia ese competitivo mundo donde la fuerza es lo que más reina no significaba que ella la eligiera. Después de todo Sakura solo era pupila de Iruka. Era como pedir que un niño cuidara a otro niño.

—¿Quieres servir a Sakura?

—¿E-es pedir demasiado?

Lo era.

Además de tonto e inapropiado.

Sakura nunca lo aceptaría pues se había prometido no volver a relacionarse con nadie. La ruptura de su relación con Sasori había dejado demasiadas heridas y enseñanzas como para volver a caer en lo mismo. Y Hinata Hyuga solo era una chiquilla inexperta que no sabía lo que pedía. Se le pasaría pronto, pensó una vez.

Pensó dos veces.

Pensó tres.

—¡P-por favor! ¡Acéptame como tu subordinada!

Y Hinata también…

Pensó cuatro.

Pensó cinco.

Pensó seis.

—No soy Fenrir.

Lo sabía. Por supuesto que lo sabía. Pero no importaba. No importaba nada de que los demás pudiesen decir a cerca de ese extraño encuentro y de la manera en la que Hinata se encontraba perdiendo su tiempo al posar sus ojos en alguien como ella.

Pero Hinata también era mal vista.

Ambas lo eran.

Porque Sakura se había hecho de una reputación hostil luego de lo de Sasori y de todos los rumores que se creó a base de pulso. Porque Hinata era un aspirante mediocre que no aportaría nada a una legión de élite como SHINOBI.

Porque ambas eran evitadas.

Porque ambas eran criticadas.

Porque ambas estaban rotas.

Aunque quizá una lo estaba más que la otra.

Y a partir de ese momento no ha hecho otra cosa que seguirla. Que obedecerla. Que serle de utilidad en el aspecto que ella pidiera.

Y todo eso solía ser suficiente.

No.

No es que fuera suficiente, solo era conformismo.

Su relación no dio un paso más grande ni fue más allá de lo que podía ser algo entre superior-subordinada hasta el día en que Sakura decidió bajar la guardia y permitirle atravesar sus barreras. De otro modo las cosas seguirían como en el pasado. Y, de haberse quedado ahí, quizá no habrían llegado hasta donde están ahora parados.

Sakura estaría ahí reprochándole algo. Y Hinata solo callaría y bajaría la cabeza. Quieta y obediente como cualquier otro soldado.

Y estaría a salvo.

Pero Hinata querría más…Siempre querría más.

¿De quién fue la culpa entonces?

¿De ella por insistir o de Sakura por permitírselo?

Aunque desear que las cosas vuelvan a su estado original no sea algo posible actualmente, le gustaría pensar que algo como la magia, en ese mundo de locos en el que viven, existe.

Aceptaría, con gusto, no ponerse en su camino de nuevo. Aceptaría no seguirla. Aceptaría no ser su amiga si con eso pudiera conseguir que Sakura fuera…

No.

Ella no sería feliz ni siquiera con eso.

Y ciertamente desconocía si en algún punto de su vida lo fue…

Hinata lo medita un poco más como si pedir estar sola desde hace más de dos horas no sea suficiente para sentirse menos miserable y menos inútil.

Ríe un poco con tristeza mirando su regazo donde ha prometido velar el sueño y la seguridad del dulce y amable Konohamaru. Apenas él la ha visto llegar, luego de despertar de su estado inconsciente, ha corrido a sus brazos, llorando desconsolado. Ha vuelto a ser ese niño de escasos ocho años suplicando cosas que, debido al llanto ahogado, han sido difíciles de entender.

Konohamaru solo lloraría de esa manera por una persona.

Y Hinata temió lo peor cuando sus ojos se toparon con los de él.

No había nada que decir, el panorama no brilló para ellos en ningún punto desde el momento en el que Sakura decidió llevar a Sasuke la primera vez. Pero culparlo a él, viéndolo inconsciente en la espalda de Naruto, no haría que lidiar con su propio dolor fuera más fácil.

Sasuke inconsciente.

Konohamaru rompiéndose.

Y el rostro de los demás presentes tan abstraído de la realidad.

Y ella…

Los recuerdos vagos que tiene antes de su reencuentro con el menor son de soldados intentando entrar por la fuerza a su laboratorio.

Luego, disparos.

Luego, acero siendo forzado.

Luego, una mano tomándola de la muñeca sorpresivamente, atravesando con ella los pasillos de una ruta de escape estudiada, presuntuosamente, por varios días.

—Sube.

Es lo único recuerda antes de obedecer y subir al vehículo que ya la esperaba.

—¿K-Kiba…?

Y luego, nada. Las puertas blindadas cerrándose en sus narices y Hinata aproximándose a la diminuta ventana de una de ellas. No ha podido verle el rostro, pues lo cubría una máscara, pero no hacía falta.

Y después, más disparos.

¿Por qué? ¿Por qué había hecho algo como eso? ¿Por qué la gente hace cosas inesperadas e imprudentes en los peores momentos? ¿Sakura llegó a algún acuerdo con él? ¿O la gente solo decide lo que cree es lo correcto solo porque sí? Mientras más piensa en Kiba más piensa en las decisiones que se toman en la vida.

Las decisiones definen a las personas, y con ello sus acciones. Pero una decisión nunca puede ser borrada una vez que es tomada. Solo se vive con ella. Sea buena o sea mala, es imborrable así como lo son las heridas…Como lo son las cicatrices…Como lo son los corazones rotos…Como lo es el amor propio…

Sakura ha decidido muchas cosas sin consultarle nada a nadie, y ésta, al parecer, ha sido una decisión demasiado difícil de sobrellevar e incluso demasiado egoísta.

Pero aun así…

—Déjame prestarte mi fuerza, por favor.

—¿Para qué?

—Porque…

—…tus ojos me dicen que me necesitas.

Y si así era ¿por qué le había fallado?

¿Dónde estaba Hinata cuando ella la necesitó?

¿Por qué ahora ella está ahí, velando por el sueño de Konohamaru, sintiendo como su cuerpo tiembla y resiente el dolor y la soledad mientras Sakura padece, posiblemente, bajo los cargos de una criminal, resintiendo el mayor peso de la falsa justicia que S.H.I.N.O.B.I juró tener alguna vez?

No hay dudas al respecto de que ese mundo en el que habitan ha sido corrompido no por las criaturas por las que se les ha enseñado a pelear y nunca perder.

No por los Draugs de los que deben temer…

Sino por el ser humano.

Tantas mentiras, tanta información manipulada, tantos secretos guardados...

—Mmn…

—Sasuke. Imbécil, no me hagas esto.

Hinata desvía la mirada endurecida hacia un lado, donde se encuentra un catre y donde el cuerpo de Sasuke yace en un estado casi desahuciado. Suda, gime y se mueve como si tuviera fiebre, y mientras tanto Naruto también está ahí, cambiando continuamente los paños fríos sobre su frente sin saber qué demonios hacer.

Mientras ve al rubio lidiar con él, ella solo guardia silencio acariciando los cabellos y la frente de un dormido Konohamaru. Comparten esa pequeña habitación pues no hay mucho espacio en ese lugar y tampoco puede poner sus exigencias como prioridad pero si de ella dependiera no estaría ahí.

No quiere oír cómo se queja.

No quiere oír cómo se lamenta.

No quiere enfrentar la realidad de que él está ahí y Sakura no.

Pero entiende, por la forma en la que Naruto lo cuida, que él también forma parte de ese mundo que se corrompe cada vez que una persona desea y toma una decisión pues al final son ellos quienes deciden.

Así como Naruto ha decidido cuidar del amigo de toda su vida.

Así como ella ha decidido cuidar de ese niño y protegerlo si la ocasión lo amerita.

Así como cada uno de los que está en ese refugio temporal decidió seguir sus propias convicciones y enfrentar las consecuencias del duro tiempo que se avecina.

Así como Sakura lo eligió a él.

—S-Sakura…

Qué ironía…Y qué manera tan cruel de darse cuenta, tanto Naruto como Hinata, que Sasuke y Konohamaru han estado conectados desde hace tiempo y ninguno de ellos lo suponía.

Murmurando su nombre al mismo tiempo como si desearan verla más que a nada en esta vida.

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I

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Le es familiar el lugar, no porque se parezca al Cuartel o porque haya estado ahí alguna vez…pero ese desorden organizado que hay en esa mesa, junto a las miles de notas, rastro de cigarrillo y piezas disgregadas cerca de ese extraño prototipo de arma, siempre fue uno de los malos hábitos de Kurenai.

Demasiado tiempo a su lado hizo que su memoria guardara, involuntariamente, ese tipo de escenas.

La letra de Kurenai sigue siendo la misma: incomprensible.

Un jeroglífico raro que él y Sakura siempre quisieron descifran mientras repasaban las hojas de esa libreta con el olor mezclado del café, nicotina y un poco de azafrán.

Los avances a medias, las pantallas abiertas, los aparatos susurrándose pequeños 'piibs' en el lenguaje que solo gente como Kurenai es capaz de entender.

Nada de eso ha cambiado.

Ni su desorden.

Ni su olor a tabaco.

—Supuse que estarías aquí —Sasori no se inmuta ni reacciona ante la sensación de haberse metido a esa sala solo por curiosidad. O quizá solo por un indicio del destino—. ¿Hay algo aquí que sea de tu interés?

Llamas humeantes.

Humedecidas amapolas.

Y los relámpagos haciendo eco hasta que, de pronto, solo hay silencio.

Y también demasiadas luces.

Y también demasiadas voces.

Demasiado tiempo para soñar.

Demasiado tiempo para confiar.

Sasori tiene inusuales recuerdos del día en que lo encontraron justo en ese momento, como si la mente poderosa que tiene quisiera ser inoportuna.

Y, mientras tanto, Kurenai se pierde en lo que llama la atención de Sasori, y un recuerdo se instala en su mente. Recuerda ese juego silencioso y el sonido resultante de la movilidad de esa mesa luminosa a partir del movimiento más cercano que identifique.

Los primeros meses sin hablar más que para responder sí o no fueron respuestas fallidas a la confianza que todos quisieron lograr con él el día que llegó al Cuartel.

—Solías hacer eso cuando me visitabas en el laboratorio —comenta Kurenai, melancólica, dibujando más escenas en su mente.

Escenas donde nace entre ella y un niño una familiaridad llena de silencios. Espacios donde ninguno nunca dijo nada a cerca de la soledad. Con Kurenai nunca hubo necesidad de ocultar nada ni de insistir en rechazarla. La mayoría de los soldados asignados a encargarse de él solían ser muy impacientes por su poca expresividad y su poca cooperación con respecto a su adaptación a SHINOBI.

Pero no había nada qué hacer. Solo apremiar que el tiempo fuera suficiente para que un niño como él comenzara a acceder a obedecer.

Con Kurenai, sin embargo, no hubo necesidad de esperar tanto para confiar.

Menos insistente y menos impetuosa ante la necedad de hacerle entender que a donde ahora pertenecía debía seguir lineamientos al pie de la letra.

Kurenai nunca decía nada ni le imponía nada. Ni era habladora ni era exageradamente amorosa. Solo…era.

Solo estaba ahí, la mayoría del tiempo, viviendo entre piibs y aparatos simultáneos avanzados. Rodeada de un destello cerúleo provocado por los múltiples aparatos, prototipos y pantallas a su alcance. Y él…él siempre a hurtadillas observando todo lo que hacía. Obteniendo predilección por esa mesa iluminada polimórfica suya. Palabra, en aquél entonces, difícil de pronunciar.

Acercando su mano a ella y ver como su memoria de forma actúa de manera quisquillosa.

Adelante y atrás.

Arriba y Abajo.

Níquel y titanio, y muchas aleaciones entre ellos. Contrayéndose sin hacer ruido, siguiendo la forma que Sasori indicara con sus manos. Como si la membrana tuviera vida, como si la vida fue controlada por la palma de una curiosa mano. Tal y como lo hace ahora.

Kurenai, entre tanto, solo lo mira. No hay una contestación proveniente de él que refute o desvíe su comentario anterior. En su lugar, silencio.

Como una ballena repitiendo un sonido incomprensible en el espacio de su gran imaginación.

Esa imaginación que Kurenai presume él aún conserva.

—Sasori…

—¿Fue él? —interrumpe el joven soldado sabiendo que la mujer entenderá rápidamente la referencia. Kurenai aguarda unos segundos en silencio antes de contestar.

—Sí, fue Iruka.

Risa vaga.

Mirada a alguna parte.

Claro, piensa él.

Debió esperar un movimiento así por parte de Iruka. De él nunca sabe qué pensar tampoco. Kurenai y él siempre han sido meticulosos para conservar secretos. No por tantos años él no supo nada acerca del extraño padecimiento de Sakura. Pero pensar que alguien como Iruka tendría tales arrebatos contra, se supone, su moral y sus leyes, le perturba.

Tanto o más como la manera tan…dolosa con la que le miró cuando Sai.

Hace mucho tiempo dejó de depender de él. Kurenai, por otra parte, había sido revocada de su cargo y de todo lo que tuviese que ver con SHINOBI.

Hace mucho no la ve.

Hace mucho que pensó que quizá estaba muerta.

Hace mucho que…

—Sigues igual que siempre, Kurenai.

Igual de bella, porque siempre le pareció.

Igual de firme, como la última vez que la vio.

Igual de confiable, como Iruka quizá esperó.

Verla emerger en medio de escarlata, cenizas y lluvia fue sorpresivo. Sin un plan ni un lugar en el cual refugiarse, con más heridos de los que pudiese estimar, ella apareció al pie del subterráneo. Y entre tantos accesos estrechos, finalmente llegaron ahí.

Ninguno dijo nada, por supuesto. Bastaba entender el silencio de Sasori, quien parcialmente se veía como el líder interino de ese pequeño grupo de fugitivos, para entender que no corrían ningún peligro a lado de esa mujer.

Estaban a salvo, tentativamente. Y todo porque Iruka, nuevamente, le sorprendía de formas imposibles de entender.

"…porque es lo correcto"

¿Correcto, qué?

¿Ayudar a Sakura por el simple hecho de ser conocidos?

¿Correcto volverse un prófugo luego de mentir tanto?

¿Correcto no decirle si quiera que él ya tenía planeado algo?

¿Por qué era correcto que Sasori estuviese justamente ahí, a solo pasos de Kurenai, e Iruka no?

¿Qué clase de mérito obtendría por hacer algo así?

¿Y dónde maldita sea estaba él para explicarle todo eso?

Nada ha cambiado.

Nunca ha habido confianza.

Y esa fue la primera razón por la que el tiempo los distanció a todos ellos.

—Antes…—comienza a decir, apático, moviendo una última vez más los dedos dentro del campo donde le es permitido ejercer su mando a la mesa cambia formas— e incluso ahora, él nunca ha confiado en mí para este tipo de cosas —expresa en tono pastoso.

En el fondo siempre ha querido su atención.

En el fondo siempre ha querido su motivación.

En el fondo siempre ha querido su confianza.

En el fondo no odia a nadie.

No odia a Iruka, no odia a Kurenai, no odia a Chiyo y mucho menos a Sakura.

Odia la situación. Odia el tener siempre que mentir y vivir recibiendo mentiras. Odia ser al que siempre dejan a un lado como si no fuera lo suficientemente apto para solucionar algo.

¿En algún momento alguien dijo la verdad?

Siente que la respuesta es clara mientras entiende mediante lo que sea que haya impulsado a Iruka a acudir a Kurenai para auxiliarles.

Acudió a ella y no a él.

Pero Sasori sabe que no ha sido su mejor versión de sí mismo todos estos años. Su reputación es algo que ha construido del mismo modo que cada quien construye su futuro. Él ha decidido ser quien es y debido a ello, quizá, no inspira la confianza que cree merecer. Específicamente del hombre que lo vio crecer.

—Eso no es cierto —acude Kurenai acercándose un poco a él. Sasori sigue de espaldas, contemplando las aleaciones de la mesa moverse lentamente. Perdiéndose entre puntitos luminosos y juramentos desidiosos—. ¿No te das cuenta?

—¿De qué? —aparta la mano abruptamente, finalmente volteándose para verla. Su rostro inexpresivo no existe más, en su lugar, exigencia. Sus ojos se llenan de reclamos pasados que nunca antes se ha atrevido a expresar—. ¿De que ninguno de ustedes confía lo suficientemente en mí? —Kurenai frunce el ceño, dolida—. ¿Quién le enseñó a quien, Kurenai? ¿Fue Sakura quien les enseñó a Iruka y a ti a mentir? ¿O fueron ustedes los que le enseñaron a ella?

—Ninguna de las dos —el soldado intenta apartarse, dispuesto a salir de la sala y dejar de escucharla—. Iruka confía en ti más que en ningún otro.

—Sí, claro. Por eso recurrió a ti para que te aparecieras hoy —ironiza mientras la mujer niega.

—¿No lo ves? —aguarda unos segundos—. Vino a mí porque confío en que harías lo correcto. Acudió a mí para serte de ayuda, porque tú ya habías decidido.

Una apuesta. Una apuesta a ojos cerrados y manos abiertas.

Si lo piensa bien la única razón por la que Iruka habría de acudir a Kurenai sería por el simple hecho de creer que Sasori tomaría esa decisión. ¿A quién habría de ayudar de haber decidido lo contrario?

A pesar de eso…lo había hecho.

Decidiera lo que decidiera, iba a tener una coartada para él.

¿Porque era lo correcto o por…?

—Aún sí decidías mal, yo también hubiese estado ahí para ti. Por ti y por Sakura es que… —la imagen de Sasori se agranda frente a sus ojos pero es solo porque se ha acercado a ella y ha dejado caer su cabeza sobre su hombro. Así nada más, como un peso muerto, como una pesada carga—. ¿Sasori…?

—Solo...préstame tu hombro un rato.

Una pesada carga que, de algún modo, se aligera un poco por ese característico olor a azafrán de Kurenai y por los pesados rencores que se comienzan a desdibujar.

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II

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—No…sabía nada de esto.

A Hinata no le sorprende la forma en que Ino la mira. Es posible que ella haya hecho un gesto aún más pronunciado la primera vez que Sakura le contó su historia, o al menos parte de ella.

Medita un poco las consecuencias de ello y de si ha sido lo adecuado el contarle a alguien más sobre eso pero quizá la situación se presta para ello. El ambiente desolado que se siente, aunado a las paredes un poco enmohecidas de esos pequeños cuartos, le da un aire de escena abundante de penas. Comenzando porque, a esta hora, es posible que sus fotografías estén expuestas en cada rincón de la ciudad como criminales, y terminando con la situación de que no tienen un plan y, por supuesto, hay dos personas inconscientes y una en manos del Canciller.

Por donde se mire el panorama no es alentador.

Solo han seguido a Sasori por inercia y Hinata se les ha unido casi en el momento en el que esa mujer ha aparecido. Ha descendido de un vehículo y la escena con la que se ha topado la ha llenado de tanta asfixia pero también de demasiada preocupación.

No está Sakura pero Konohamaru está cubierto de lágrimas y al poco tiempo inconsciente, y todo se nubla cuando lo sostiene.

Luego de eso: silencio.

No estaban ahí para ser exigentes pero agradecía en sobremanera la hospitalidad de la amable mujer de cabellos negros y ojos escarlatas. Agradecía aún más el hecho de que fuera tan accesible y tan observadora como para notar la incomodidad de Hinata ante la idea de compartir habitación con Sasuke.

No deseaba verlo por ahora pero Konohamaru necesitaba un lugar cómodo para descansar.

Afortunadamente Kurenai había desocupado una habitación más y se las había ofrecido. Hinata no lo pensó demasiado. Y en poco tiempo se habían trasladado con la ayuda de Shikamaru, ofreciéndose a cargar al menor.

—Ninguno de nosotros sabía sobre esto —musita Hyuga, acomodando mejor el brazo que Konohamaru mueve cada cinco minutos mientras duerme.

—¿Qué me dices de él? —pregunta Ino, mirando al niño.

Físicamente la mayoría está en un estado adecuado, emocionalmente parece como si el golpe hubiese sido más devastador. A Ino no le queda duda que todos los pensamientos que tenía a cerca de Sakura, eran ciertos. La manera en la que casi pedía a gritos que el mundo le temiera y le odiara era muy clara pero la Fenrir de cabello rubio siempre quiso pensar que se trataba solamente del mal temperamento que un ser humano puede llegar a tener por pura vanidad.

Demasiadas cosas cambian su panorama ahora, y en todas se involucra Sakura.

Su extraña fuerza.

Su extraño padecimiento.

Su extraña devoción y cuidado hacia ese niño que nada tenía que hacer en SHINOBI en primer lugar.

Y ahora, esto.

Hinata ha omitido algunas partes pero le ha dicho lo primordial a cerca de Konohamaru, de Sakura y de un personaje que no figuraba en esa historia.

La revelación a cerca sobre quien es Sasuke es algo que Hinata aun no revela con certeza pero que tampoco duda que sea una mentira. Es por ello que no desea, en entonces momentos, que ambos estén juntos. No sabe realmente lo que ha ocasionado que Sasuke haya quedado en ese estado inconsciente pues Naruto apenas y ha dicho algo tan pronto lo ha visto.

Pero no hace falta mucha imaginación para entender qué ha pasado y por quien es que Sakura ha apostado.

Inconscientemente quiere culparla por "haberlo elegido a él" antes que todo.

¿Es así?

¿Así son las cosas?

¿Qué hay de Konohamaru?

Hinata no aprueba los pensamientos en su mente pues sabe que solo está reaccionando conforme a sus impulsos y a sus miedos pero…si Sakura ha elegido ser capturada por Sasuke es un gesto demasiado comprometido como para pensar algo distinto. Además, están los archivos descargados. Archivos que ella y Sasuke vieron.

Si tan solo él no hubiese aparecido.

Si tan solo Sasuke no hubiese…

—¿Hinata? —Ino toma su mano viendo como de pronto se ha quedado rígida y pálida. A unos pasos, apoyado en la pared cerca de la puerta, está el siempre leal Shikamaru, quien parece reaccionar ante el estado de Hyuga, dando un paso al frente pero inmediatamente se obliga a detenerse ante el gesto de Ino—. Está bien, Shikamaru. Solo está conmocionada.

—Lo siento…—se disculpa Hinata.

A ella.

A él.

A ese niño que duerme, aparentemente.

Y a Sasuke.

Por tener tal pensamiento.

Por pedir que nunca hubiese nacido.

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III

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¿Cuántas veces ha soñado con eso?

La mayoría de veces siempre lo hace a través de los ojos de alguien más…pero no le molesta porque las caricias siempre perduran hasta que amanezca. Un sueño dentro de un sueño, donde cascabeles suenan y también campanillas de viento.

Donde azul medianoche, cenizas y escarlata se mezclan en el cielo.

En la tierra de los recuerdos no existe el daño. No existe el frío. No existe el miedo. No existe, si quiera, la necesidad de sentir que debe regresar al mundo de los vivos. Es agradable estar ahí siendo el corazón de esa iglesia con solo travesaños pues el techo ha sido calcinado. Pero lo prefiere así…Siempre le ha gustado ver las estrellas que no puede ver cuando está en tierra de vivos.

Al menos ahí todas las sensaciones y sentimientos se vuelven uno.

Afuera la ira ruge pero ahí dentro el aire es un poco frío.

Afuera la desesperación y los gritos avanzan mediante las horas pero ahí dentro las estaciones no importan.

Afuera hay una búsqueda implacable pero ahí dentro nadie dice ni nadie sabe.

Quiere estar siempre ahí.

Siempre. Siempre. Siempre.

Continuar recostado sobre las piernas de la persona que le acaricia mejilla y cabellos con su delicada mano.

Hoy tiene ganas de conocerla a pesar de que en ocasiones anteriores solo se conformaba con estar así hasta el amanecer.

Hoy quiere verla.

Hoy quiere saber su nombre y darle las gracias por permanecer tantas noches a su lado y en vela.

Pero cuando se voltea ya no está recostado en sus piernas. Konohamaru frunce el ceño, extrañado, inspeccionando que ahora se encuentra en su cuerpo mientras mira sus manos.

¿Quién…?

¿Quién es el que ahora está recostado sobre el regazo de la mujer de blanco?

—¿Sasuke…? —parpadea, y cuando vuelve a abrirlos, de nuevo siente que ha vuelto a estar recostado pero…Pero esa mano se siente distinta. Más pesada. Más viril. Pero igual de cálida y confortable. Primero los cabellos, luego la nariz.

Ah…qué amable, pero... ¿Qué hace ahí? ¿Y por qué su interior se siente reconfortado por saber que se trata de él?

Aún así quiere decirle que se quede.

Quiere decirle que la razón de sus males se desvanece desde que está a su lado.

Quiere decirle que lo quiere como un hermano.

Quiere decirle…

"Dáselo…"

Konohamaru abre los ojos, asustado. Y de nuevo está de pie pero ahora lo está frente a una especie de atrio. Y el calor que siente debe ser debido a las llamas que poco a poco consumen el interior de la frágil estructura de la iglesia.

La sensación ya no es agradable en lo absoluto. Y siente como el aire comienza a faltarle a medida que lo que se visualiza adelante despierta su más profundo miedo y desesperación.

La mujer de blanco.

El espectro llorando.

Y…

"Dáselo…"

Konohamaru tiembla cuando visualiza un bebé ensangrentado…

"Dáselo…"

Y siente los hombros pesados cuando Sasuke, detrás de su espalda, susurra esas palabras, y coloca sus manos.

"Dámelo…"

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IV

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Solo ha sido un momento.

Solo un momento en el que le ha quitado los ojos de encima.

A su regreso, Konohamaru no está en la cama donde lo dejó. Y Hinata piensa, frenando la histeria, que no pudo haber ido muy lejos. Están en una serie de túneles conectados en el subterráneo, y todas las habitaciones de ese lugar se conectan por los pasillos. Es imposible que Konohamaru haya ido más allá de lo permitido pues la única salida es por el lugar donde entraron. Una puerta de hojas de acero reforzada y con una combinación que solo la conocida de Sasori conoce.

Sumando a eso que es prácticamente imposible que Konohamaru pudiese recordar el trayecto hasta ahí pues se supone que estaba inconsciente…A Hinata solo le queda por pensar en un solo lugar.

Momentos así quisiera equivocarse pero a la vez no.

Cuando llega al umbral y lo ve, toda su firmeza se ve amenazada por el sentimentalismo. Un sentimentalismo que no debería sentir pero que siente inevitablemente ante la dura escena que presencia.

Y es que puede asignarle el nombre de "el llamado del destino" o "el llamado de la carne" pero algo como eso es difícil de explicar. Aun así…no se explica qué es lo que hace Konohamaru ahí.

No.

Sí lo sabe. Por supuesto que lo sabe.

Y porque durante todo este tiempo Konohamaru ha llevado una pesada carga dentro de él que no es suya.

Sino de él.

De Sasuke.

—¿Konohamaru? —lo llama, adentrándose a la habitación. Extrañada, además, de que Naruto no esté ahí—. ¿Qué estás…? —carraspea intentando conservar un poco de paz pero solo el desconocimiento sobre los acontecimientos podría hacer algo como eso. En su lugar, sabe todo. O quizá la gran mayoría. Sabe el por qué Konohamaru ha ido en busca de él.

Lo que no sabe es qué tanto sabe Konohamaru, ahora, sobre ese corazón.

¿Acaso él…?

—Él es un mentiroso —Hinata detiene sus pasos mucho antes de alcanzarlo, oyendo el desasosiego en su voz. Está demasiado cerca de él. De pie a lado del catre donde descansa Sasuke. Quieto. Observándolo en silencio. Haciendo difícil la tarea de Hyuga de poder reconocer qué tipo de gestos hace—. ¿Cómo se es bueno en mentir?

—Konohamaru…—Hinata se obliga a interrumpirse cuando se percata que Naruto llega, dispuesto a hablar seguramente para exigir saber qué hacen ahí pero la soldado le hace un gesto con la mano para que, por lo que más quiera, no hable. Acción que el rubio obedece un poco indeciso—. Ven, Konohamaru. No deberías estar aquí. Deberías estar descansando y…

—¿Sabías que él se parece mucho a su madre? —Naruto y Hinata engrandecen los ojos, desconcertados. ¿Qué acaba de…?—. Tiene sus ojos y su cabello —y a medida que habla levanta la mano cerca de su rostro. Naruto intenta interceder teniendo la idea más absurda pero Hinata lo detiene. Konohamaru no le haría daño. Nunca le haría daño a…él—. Ahora entiendo porque Sakura no puede separarse de él.

La mirada quejumbrosa de Hinata se intensifica cuando la voz de Konohamaru parece atravesar diferentes matices de tristeza y a la vez de hilaridad, pero no es gozo ni júbilo lo que percibe de él. Más bien es una tierna pena que finalmente se muestra ante sus ojos.

Y Hinata lo percibe pues siente la imperiosa necesidad de solo tomarlo y llevárselo lejos.

Pero no podría.

Konohamaru no se lo permitiría.

Porque los une algo sumamente poderoso.

—Siempre tuve miedo del día en que fuera a conocerlo. Al hijo de esa mujer…—qué cruel. Qué cruel por permitirle a un niño como él decir palabras tan tristes. Pero más cruel es ella ante no poder hacer nada—. A pesar de que le prometí a Sakura que lo aceptaría por el acuerdo que teníamos.

—Konohamaru, tú eres más que un contenedor —el tono tan doloso de Hinata abruma a Naruto, quien la mira preocupado. Quizá no con la misma intensidad con la que ella ve a ese niño pero de eso hay algo—. Sakura….Ella…

¿Qué decir? ¿Qué palabras emplear con él? Por mucho tiempo se preparó para ser la institutriz que ese niño necesitara. Ensayó cada noche y estudió el doble para poder desempeñar bien su papel y darle resultados fructíferos a Sakura pero…pero nada de eso importa ya. Ha fallado como soldado desde el momento en que Hinata continuó sintiendo afecto por las personas.

O quizá desde mucho antes.

O quizá, desde siempre.

No es el respeto hacia las personas lo que la mueve.

Es el afecto.

—No me caía bien al principio —confiesa, sollozando muy bajito—. Pero es muy divertido estar con él —Y ahora entiende por qué. No era que Sasuke quisiera estar a su lado, era al revés. Era ese corazón llamando a la sangre. La presencia de un hijo ante el corazón de su madre—. Debería odiarlo. Debería estar molesto con él por muchas cosas y también debería estar molesto con Sakura. Por querer a ese niño y también por olvidarlo. Y debería estar molesto conmigo mismo. Por vivir atormentado de enterarme un día de esto —ríe, amargo—. Yo acepté esto, señorita Hyuga. Y aun así no puedo evitar sentirme…usado.

—E-eso no es…—Hinata calla un momento, sintiendo la garganta arder—. Sakura…Ella… Eres importante para ella.

—Pero más importante es él...

El peso de esas palabras es enorme. Tan enorme que podría hacer un hueco inmenso en el suelo. Haría temblar la tierra. Haría temblar al enemigo.

Pero Konohamaru posee una naturaleza única.

Y un corazón bondadoso.

Corazón.

Se lleva la mano al pecho y, concentrándose, lo oye latir. Es cálido. Está vivo. Y es por él.

Todo siempre ha sido por él.

Con su mano libre toma esa mano que le es tan familiar y es el doble de grande que la suya, esa que está a su alcance sobre el delgado colchón del catre, y la lleva a su pecho.

Es un hecho.

Es un hecho cuando, aún inconsciente, Sasuke mueve un poco sus dedos y frunce un poco el ceño en tanto su mano finalmente descansa sobre la piel de Konohamaru. Y el niño solo quiere llorar. Pero es más que sentir tristeza o resignación, siente una increíble calidez y paz.

Su corazón se agita con ese roce y ya no le quedan más dudas al respecto.

Entonces lo sabe. Sabe que es él.

—Aun así…no lo odio. No odio a Sasuke —hace una pausa, pasando un poco de saliva, sintiendo la garganta enardecida—. De hecho, estoy aliviado.

—Konohamaru…

—Aliviado que se trate de él.

.

V

.

Es la primera vez que el sueño cambia. Aunque no está seguro que sea un sueño pues no puede ver nada.

No existe nada, solo él.

Ya no hay memorias de esa mujer, de Sakura y ni siquiera de él.

Ni de escarlata o nieve.

Ni de promesas que solo existen cuando convienen.

Pero no se siente agobiado por alguna razón del mismo modo que no busca una explicación. Solo está ahí, sentado, esperando con las manos abiertas a que algo suceda. Puede tomar días, semanas o meses, no lo sabe con certeza, pero tiene que esperar. Esperar a que algo ocurra. Esperar a que alguien llegue. Esperar a que alguien tome su mano y lo despierte.

La mano que finalmente aparece es pequeña. Es tan pequeña que reconoce no es de ella.

No es una que haya sentido antes.

Pero es cálida.

Tan cálida como debería sentirse la de una madre.

Madre.

Antes no tenía una idea clara del aspecto que podría tener pero ahora, si se concentra, e imagina una vida en la que no tenga que lamentarse ni padecer desde el comienzo, puede verla. Y también sentirla.

Siente su calor. Siente su esencia. Siente que, aunque desaparezca, una parte suya seguirá conectada a la de ella.

Pero ¿cómo?

Ella no existe más.

Entonces… ¿de quién es la mano que sostiene y esa calidez que siente?

Las membranas oscuras dentro de esa dimensión en la que se encuentra se desvanecen y lentamente vuelve en él.

La luz de las bombillas, a pesar de ser cálida, es bastante insistente con su propósito. No puede moverse pero no porque se encuentre inmovilizado. Es porque alguien está encima de él.

Ah, la cálida y pequeña mano… ¿proviene de él?

Debilitado pero ansioso intenta levantarse a la primera pero no lo consigue. Se siente mareado los primeros segundos pero poco a poco las fuerzas parecen regresar a él. Como si la fuerza que ha sido drenada de manera brusca volviera, revitalizándolo de una forma que no se explica.

Toda la sed, toda el hambre, toda la angustia y la desesperación saciada por algo similar a la ambrosía.

Y ese niño…Ese niño está encima de él…

Cuando intenta tocarlo, se detiene retrayendo la mano, atormentado, dejando que los recuerdos y todo en su cerebro vuelve a conectarse y le permita recordar quien es él y qué ha sucedido.

Sakura. Las mentiras. Las verdades. Las memorias. Y ese niño…Ese corazón. Ese mocos…

—Kono…Konohamaru… —es la primera vez que lo llama por su nombre. Y es extraño.

Extraño porque siempre hubo algo entre los dos que les evitaba separarse. Desde el primer día en que se miraron, Sasuke no quiso darle importancia al cosquilleo dentro de su pecho al mirarlo.

Y a partir de ahí no ha hecho otra cosa que observarlo.

Aún si fuera solo por seguir órdenes y que no se agradaran tanto, el irremediable deseo de saber qué hacía debió indicarle algo.

"Antes solía enfermarme demasiado…"

Antes… ¿cuándo? ¿Cuándo esa parte de sí dolía hasta dejarlo sin aire como si quisiera matarlo? Sasuke nunca se preguntó porque su pecho dolía tanto en distintas ocasiones estando en Rhoda. Quizá solo era un mal del corazón. Quizá estaba enfermo. Así que cuando Konohamaru le dijo que padecía un mal similar, se sintió reflejado.

Esa acelerada mejoría, esa inesperada cercanía, esa agradable sensación de pertenencia y empatía.

Él tomando su mano como la última y única noche en la que pudieron hacerlo por las exigencias del más bajo.

Estar con ese niño siempre significó algo…Siempre…

Por eso la cercanía, por eso el confort, por eso la familiaridad, por eso es que siempre buscaba su compañía.

Por eso…

Pero ¿qué tanto sabe él? Sasuke apenas y digiere con mucho esfuerzo todo lo que ocupa su mente en estos momentos como para ser él quien tenga que decirle. No, no puede ser él. Definitivamente no tiene que ser él. Además ¿por qué está el mocoso ahí? Tenerlo cerca, teniendo conocimiento ahora de lo que significa que estén juntos, no debería ser bueno.

Lo mejor es que desde ahora tomen distancia.

Lo mejor es que desde ahora…

Ah, un apretón. ¿Está despierto?

—O-oye…

Pero no contesta. No sabe si está despierto pues su rostro está oculto entre las sábanas y la parte de su cuerpo sobre la que está recostado. Pero algo sí sabe. Lo sabe mientras la garganta se le cierra y los ojos le arden cuando se percata de ello.

Konohamaru está ahí con él sea por la razón que sea.

Sea porque ese corazón se lo indica.

Sea porque el destino así lo cita.

Ah, qué increíblemente cálido.

Como si fuera…el calor de su madre.

Percatarse de ese pensamiento, y darle paso a la aceptación en lugar de al rechazo, finalmente lo vuelve frágil. Frágil como cualquier otro ser humano. Frágil como a ese niño que en silencio sacude los hombros y se encuentra llorando.

Sasuke no lo piensa más ni se impide rechazarlo ahora que lo sabe, inclinándose hacia adelante mientras tibias y silenciosas lágrimas se desatan como un río desbordante.

Así, rodeándolo con ambos brazos mientras el cuerpo del más pequeño no se lo impide, dejando de lado la incómoda posición en la que se encuentran.

No es un abrazo que duele.

Pero sí es uno que hace temblar todo.

El corazón dentro de Konohamaru se agita y se calienta, y en Sasuke todo cae por su cuenta.

Esa calidez…se siente como si abrazara a su madre y ambos lo saben mientras continúan así minutos más sin que nadie los interrumpe. Ni siquiera Hinata que se encuentra del otro lado de la puerta, de espaldas a ella, tragando grueso y reteniendo tantas emociones. Pronto los segundos se hacen eternos y más dolorosos para ella cuando finalmente el llanto de Konohamaru se manifiesta.

Pero no se altera.

Sasuke está ahí.

Sasuke continúa abrazándolo, brindándole la protección y confianza que todo niño a esa edad, luego de un pesar, busca en alguien a quien quiere.

Sea impulso de su madre.

Sea impulso del destino.

Sea impulso de Sasuke.

Hinata sabe una cosa.

La gente que llora no es la más débil.

Siempre es la más fuerte.

.

VI

.

—¿Ya terminaste de llorar?

Sasori no responde a la acusación cuando se lo plantea.

No porque no pueda sino porque ese sitio es de Kurenai y porque tiene mejores cosas en las cuáles pensar o invertir su agotado cerebro que en contestar las burlas de Deidara y formar parte de su cotilleo.

De todos es del que menos espera que toda esa situación le afecte. Le ha seguido solo porque se lo ha ordenado y porque, seguramente, ha sentido más curiosidad de formar parte de ese grupo de pseudo anarquistas planeando una supuesta rebelión que continuar el aburrido camino que desde siempre ha seguido por parte de SHINOBI.

Por eso, Sasori, no podría esperar menos de él.

Ni de su lengua filosa.

Ni de sus comentarios sin sentido.

Porque solo le conviene.

Y porque, posiblemente, un poco de acción es lo que ha estado buscando durante todo ese tiempo.

Aun así Deidara es justamente la clase de persona que, hasta el día de hoy, no ha atentado en su contra, lo cual suma puntos a su favor pero Sasori debe admitir que es insoportable tener que aguantar esa clase de comentarios.

—¿Dónde está el niño? —le cuestiona pues le ha ordenado discretamente el mantener la vista en Konohamaru y en Hyuga. Deidara solo apunta a su derecha donde Hinata, Naruto y compañía conversan de algo que seguramente no le interesa—. ¿En dónde está? —exige saber. Hinata le sostiene la mirada, indecisa.

—Con él —se decide finalmente a contarle e inmediatamente Sasori asocia esa respuesta con todo lo que pasa por su mente. Haciendo gesto de ir hacia el pasillo en busca de separarlos, Hinata lo detiene poniéndose de pie—. Es mejor que los dejemos solos —Sasori frunce el ceño claramente en oposición.

—Tú diciendo algo como eso —comenta, irónico—. Fuiste la primera es rechazarlo —dice, refiriéndose a la inicial falta de interés en la adición de Sasuke a SHINOBI y en la manera en la que, ocasionalmente, expresaba su descontento sobre él.

—No sabía que nos vigilaras con tanto detalle —contradice, arrinconándolo. Deidara, a unos pasos, suelta una risita.

—Que no se te olvide con quien estás hablando —advierte.

—Hey —interviene Naruto, inoportuno como siempre—. Deja de tratarla así.

—Tú ni hables.

—Por Dios, eres peor que un niño —se integra a la discusión Ino, alzando la voz—. Ya no estamos en SHINOBI así que deja de actuar como si lo supieras todo —Sasori solo la mira, tajante—. ¿Qué es lo que pasa que siempre reaccionas tan a la defensiva cuando se habla de ese soldado? —pregunta, refiriéndose a Sasuke. Y pareciera que la pregunta se fundamenta sola cuando el joven soldado endurece sus gestos cuando la oye—. ¿Ves? ¿Qué pasa con él? —silencio.

—No es algo que te importe, Yamanaka.

—Lo hace —hace una pausa antes de seguir—. Por si no lo has notado, por guardar tantos secretos es que acabamos aquí en primer lugar.

—Nadie te puso un arma en la cabeza para que nos siguieras —refuta, mordaz.

—Sasori. Ellos merecen una explicación —y una vez que Kurenai habla, Sasori pierde fuerza en sus protestas. En parte porque no quiere seguir hablando y en parte porque Kurenai es una especie de catalizador para su mal temperamento desde que era un niño.

Le toma alrededor de veinte minutos explicar esa parte miserable de sus vidas, y le toma veinte más explicar el origen de las pesadillas de Sakura. Hinata interviene de vez en cuando, al principio dudosa de si es lo correcto confesar algo que Sakura le ha confiado pero Kurenai sabe ganarse la confianza de las personas con facilidad. Además de que juntas parecen unir los fragmentos de toda esa historia disgregada llegando a la conclusión que ya todos saben.

—Entonces…—a Ino se le dificulta el hablar, digiriendo con cuidado todo lo que acaba de escuchar—. ¿Ese soldado y Konohamaru…están conectados desde hace tiempo? —no hay respuesta pero basta el asentimiento de Hinata.

—¿Qué pasará con el niño a partir de ahora? —interviene Shikamaru quien en todo ese rato no ha comentado nada. Algo típico de él al analizar antes de hablar.

—Nada —Sasori vuelve a robar la atención, estando apoyado en una de las paredes de ese pequeño bodegón de piezas e instrumentos—. No pasará nada porque yo me ocuparé de él —aquella declaración hace que Hinata se cuestione de a lo que se refiere.

—¿C-cómo que te ocuparás de él?

—Tal como lo oyes —completamente en desacuerdo, Hinata dirige la mirada a él fijamente antes de hablar.

—¿Con la autoridad de quien has decidido eso?

—Con la mía.

Aquello debe ser un chiste, piensa la soldado de ojos perlas.

Hace un par de horas Konohamaru y ella no figuraban en la lista de prioridades del soldado escarlata. Nunca lo han hecho, por el amor de Dios. Así que ¿a qué se debe este reciente interés en ellos?

—No puedes estar hablando enserio —comenta, alzando un poco la voz—. No nos conoces. No sabes nada de nosotros. No sabes nada de Konohamaru.

—Dije que me haré cargo de él, no de ti. Tú eres capaz de cuidarte sola, ¿no es así? Eres un soldado después de todo. La mediocridad no debería formar parte de tu formación y más siendo subordinada de Sakura —las palabras, si bien no han sido con esa intención, sueltan su veneno al recordarle a Hinata parte de su debilidad. No debería sentirse afectada pues basta con que ella no tome en serio sus palabras para evadirlo pero…

—¿Quieres dejar de hablarle así a Hinata? —una vez más Naruto interviene, y esta vez Hinata es consciente de la manera en la que el rubio ha intentado defenderla desde que se vieron nuevamente—. No te desquites con ella.

—Tú no tienes voz aquí —recibe Naruto de Sasori.

Dios, ahora entiende por qué Sasuke siempre tiene ganas de darle un golpe a este idiota.

—Sí lo hace —habla Hinata esta vez dejando a Naruto un tanto asombrado por su reacción instintiva a defenderlo—. Todo lo que una a Sakura es importante y aunque no te caiga bien, Sasuke forma parte de lo que para ella es importante lo que significa que Naruto lo es —la justificación es tan absurda como real, tan real como que a Sasori comienza a fastidiarle aún más que la balanza ahora se inclina a favor de Sasuke y no de él.

—Me importa poco lo que acabas de decir. Lo que sí sé es que él no viene en el combo.

—Pero Sakura no…

—¡Sakura ya decidió, maldita sea! —explota, y es tan raro ver a alguien que se la pasa de inexpresivo y glacial, exaltándose. Para todos es una sorpresa pero para Kurenai, quien lo mira con ojos misericordiosos, no lo es. Y reconocer eso hace que su corazón duela por alguna razón—. ¿Qué no te das cuenta? Pensó en ese idiota antes que en ti y ese niño. ¿Por qué crees que estamos aquí? ¿De quién crees que es la culpa? Todos estamos en ese maldito hoyo porque ella lo eligió a él. Y si así son las cosas entonces yo elijo a ese niño ya que a ella no le importa más —guiada por sus emociones y no por el lamento y el estado de frustración que Sasori siente y demuestra por primera vez, Hinata se exalta de la misma forma.

—¡Tú no sabes nada de ella! ¡Su vida no es solo los años que pasó contigo! —vocifera con la misma intensidad que él y aquél argumento hace retroceder al soldado como si fuera una espina incrustándose en las heridas que poco a poco había sanado—. ¡Todo lo que has dicho es ocasionado por tu propio enojo! ¡Por todo lo que nunca le has dicho! ¡Por todo lo que sientes por ella! —Sasori la mira con una mezcla de furia, frustración y tormento. ¿Qué sabe ella? ¿Con qué derecho todos hablan a cerca de él?—. Que te quede claro, no dejaré que uses a Konohamaru como una forma de vengarte de Sakura. No dejaré que lastimes a ninguno de los dos.

—Ni yo tampoco —la acalorada atmósfera se reduce a nada cuando Sasuke aparece por el umbral de la puerta con Konohamaru a su lado.

Como el agua aplacando al fuego.

Como la lluvia desvaneciendo cenizas.

Como las rocas erosionadas rompiendo las olas.

Como el presente desplazando memorias.

—Despertaste, infeliz —Naruto es el primero en acercarse a él, apoyando sus manos en sus hombros en clara señal de sentirse emocionado y feliz de que haya despertado—. Ya deja de darme tantos infartos, maldición —Sasuke sonríe un poco correspondiendo al gesto de colocar una mano en el hombro contrario.

—Alguien me ayudó a volver —dice, mirando con sana complicidad a Konohamaru, y ese gesto es suficiente para Hinata para aceptar de vuelta que él también es parte de ese mundo que han creado.

—Tu… —pero que ellos estén alegres no significa que Sasori también lo esté. Reaccionando impulsivamente intenta dar un paso hacia él con toda la intención de hacer una estupidez. Algo que no logra pues de inmediato Shikamaru y Deidara lo detienen—. Quítense.

Sasuke aparta la mirada de Naruto y de Hinata, enfrentando finalmente esos ojos marrones que durante tanto tiempo le miran con infamia.

—¿Quieres dejar de ser un imbécil? —pero al contrario del tipo de argumento que daría alguien normal en su defensa para aplacar la ira, Sasuke parece no temerle ni medir la manera en responderle.

—Por ti es que estamos atorados aquí —gruñe, intentando quitarse de encima las manos de Shikamaru y Deidara.

—¿También es mi culpa que hayas aceptado lo que ella te pidió? —los presentes miran a Sasori y alternadamente a Sasuke sin entender—. Dices que me odias y que la odias a ella pero sigues haciendo las cosas que te pide. No me culpes de las cosas que tú mismo decides.

—¿De qué habla? —pregunta Hinata, confundida, primero mirando a Sasuke y luego al soldado escarlata.

—Sakura le pidió que cuidara de ustedes si algo malo llegaba a pasar —confiesa el azabache, serio.

—¿Qué? —habla Ino esta vez, igual de desconcertada que Hyuga—. ¿Es eso cierto? —Sasori no responde pero lo confirma con lo siguiente que dice.

—¿Cómo demonios sabes eso?

Sasuke lo medita antes de hablar. Ni siquiera sabe cómo es que él lo sabe aunque…si lo piensa un poco, y si une todo los sucesos recientes con su relación con Sakura y toda esa extraña sensación de pertenencia y viajes en el tiempo a través de sus ojos, puede obtener una respuesta.

—Vi sus memorias —musita lento, como si él también estuviese digiriendo ese hecho que suena a un completo disparate al principio.

Pero, por supuesto, es difícil que alguien incrédulo crea eso a la primera. Ino lo mira, confundida. Y el resto no se queda atrás.

—¿Cómo que las viste?

¿Por qué le pregunta algo que no sabe con certeza? Puede decir que ha sido un visaje pero ni siquiera él lo tiene claro. Ha sucedido demasiado rápido pero es como puertas cerradas se abrieran con facilidad. Como si él fuera el único en tener acceso a sus pensamientos aunque es posible que para Sakura haya sido igual. Pero ahora no puede saberlo.

Ella…no está.

La melancolía se refleja en sus ojos junto a un aura desolada.

Como si no tenerla significara no tener una parte de su cuerpo.

—Solo fue un segundo. Cuando me mordió —se lleva las manos al cuello, rozando el área donde se supondría debería haber algún cardenal o marca de sus dientes. La sensación que recurre su cuerpo una vez que toca esa parte de su piel le electrifica y lo único en lo que puede pensar es en sus ojos—. Hay…demasiadas cosas en mi mente ahora que…

—Está bien, necesitas tiempo —habla Kurenai finalmente, sorpresivamente siendo demasiado comprensiva con quien se supone no debería, según Sasori.

—Como sea, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo —secunda Ino, tocando otro tema en particular.

—Qué malagradecida —Deidara se cruza de brazos aludiendo su comentario.

—No me refiero a eso —asegura refiriéndose a que quizá no fueron las palabras correctas para expresarse. Serena, mira a Kurenai—. Agradecemos su ayuda pero es solo cuestión de tiempo para que nos encuentren.

—Pero nos quitamos los rastreadores —les recuerda Naruto, un tanto ansioso.

—Estamos hablando de SHINOBI. Hay otras formas de rastreo —asegura Shikamaru.

—Tiene razón. Y considerando que no somos los únicos que han actuado por su cuenta, y que no tenemos más información de la cual apoyarnos, podemos suponer que los demás Fenrir deben estar bajo arresto domiciliario justo ahora.

—¿Qué nos asegura que no los ha matado ya? —inquiere una vez más el rubio, siendo el más expresivo en cuanto a sentir duda y temor. Aunque no es para menos considerando que el resto de ellos han sido entrenados para esperar lo peor en cualquier situación, exceptuando a Konohamaru y a Sasuke, quien este último es una excepción aún mayor.

—Danzou no es tonto. Su imagen ante Konoha es lo que lo ha mantenido en el poder durante mucho tiempo y la gente adora los buenos actos. Él no será capaz de deshacerse de la mitad de sus mejores soldados solo porque sí. Konoha entera se lo cuestionaría.

—Aun así…Eso no me tranquiliza —confiesa Yamanaka, dubitativa—. Tú —Ino señala a Sasuke como quien pretende añadir más culpa a su pesada carga emocional.

—Si me vas a culpar tú también, bien. Hazlo. Hay una fila larga —ironiza más Yamanaka niega.

—No me refiero a eso —guarda silencio un momento—. Hablo de tu conexión con Sakura. Tu situación con ella ha cambiado y necesitas decirnos con detalles para que podamos estar listo ante cualquier ataque.

¿Cómo que su situación ha cambiado?

Sasuke busca en los ojos de Hinata alguna prueba que le indique que ha sido ella la que ha hablado de más con todos ellos. Hace unos minutos ha vuelto en sí y sigue viendo a ese grupo como un cóctel de malas combinaciones por donde se le mire. Pero la forma en la que Yamanaka lo mira y se dirige a él…No. La forma en la que todos lo miran es porque posiblemente saben más de lo que debería.

—¿Qué tanto les contaste? —le pregunta a Hinata directamente a lo que ella solo vira el rostro, frunciendo el ceño. Aún no se le olvida, por supuesto, que debido a las malas decisiones de Sasuke es que Sakura resultó herida.

—No me mires como si yo tuviera la culpa. Estoy conteniendo mis ganas de matarte por todo esto —Sasuke rueda los ojos, entre fastidiado y molesto.

—No decidimos esto por ti, soldado. Lo hicimos por nuestro propio pie y por apoyar a un compañero —aclara Ino, seria. Pero antes de que alguien pueda agregar algo más, la persona que menos ha hablado toma la palabra.

—Pero ella si lo hace por él —la voz baja de Konohamaru le advierten a Sasuke que decir aquello le ha sido difícil. Lo puede sentir pues están tan cerca el uno del otro además de que, desde que el mayor es consciente de que el corazón que late dentro del niño es de alguien que llevó su sangre y los une eternamente, está más pendiente y percibe mejor lo que él siente.

Como si fuera una extensión suya.

Como si una parte de su alma habitara en él.

Su parte perceptiva y comprensiva le hacen querer desvanecer ese desazón en él pero Konohamaru está lleno de sorpresas pues cuando siente como toma su mano, todo lo demás se desvanece. Incluso las propias inseguridades de Sasuke.

—¿Konohamaru? —es Hinata, sorprendida del cambio entre la inestabilidad y la convicción. Los ojos del menor brillan particularmente decididos y sin miedo a nada…solo porque está sujetando la mano de Sasuke.

—Ella lo hace por él…y yo también —decreta contundente, volteando a ver al mayor a quien descubre con ojos sinceros—. Haré lo que sea por Sakura y también por Sasuke.

—No tienes ni idea de lo que dices—espeta Sasori, asqueado de ese reciente apoyo hacia ese imbécil.

—Sí la tengo. Y si tú también lo piensas con calma, estoy seguro que sabes la respuesta a todo esto.

—¿Y…cual es esa maravillosa respuesta? —Deidara interrumpe, curioso e inoportuno a la vez.

—Espera, Konohamaru —es Hinata ésta vez quien se acerca y le toma por los hombros, obligándolo a que la mire. A que compartan un momento solo ellos dos pues pareciera que el niño estuviese aceptando el destino de solo permanecer a su lado el tiempo que sea necesario hasta que…—. No saques conclusiones apresuradas, por favor. Tu vida también es importante.

—Despreocúpate, Hyuga —Sasuke decide hablar, devolviendo el apretón de manos—. No voy a dejar que nada le pase. Ni a él, ni a ti, ni a Naruto y mucho menos a Sakura —Sasori suelta una risita en cuanto lo oye y recuerda cierto detalle que, considera, es preciso decir de una maldita buena vez.

—Qué bueno que lo dices porque por culpa de tu estúpido amigo la posición de Sakura fue expuesta al igual que la tuya —la habitación enmudece y Naruto se tensa cuando todos los pares de ojos, incluyendo a Sasuke, le miran comprometidos.

—¿Qué? —Sasori desvía su mirada a Naruto.

—¿Por qué no se lo dices? ¿Por qué no le dices cómo los vendiste a Sai por la incrédula fantasía de creer que él les otorgaría la libertad?

—¿Naruto?

¿Por qué lo mira así? ¿Por qué Sasuke lo mira de esa forma? Si bien es cierto lo que ese soldado dice y que esperaba, de alguna forma, ser descubierto, pensaba que ese tema había quedado demasiado sepultado tras todo lo acontecido recientemente. Y, además, ¿por qué se le consideraría un criminal por eso?

Por supuesto que la culpa, tras entender que estaba comprometiendo a más inocentes de lo que esperaba, terminó por hacerle ver que se había equivocado. La memoria tras el sentimiento que tuvo al tener las agallas de apuntar al cuerpo de Konohamaru cuando estaban refugiados le hizo ver que todo eso estaba jodido. Que si bien, quizá, no estaba equivocado del todo al continuar pensando que todo eso se solucionaría fácilmente si Sasuke no se hubiese fijado en esa mujer, sí estaba equivocado en querer ejercer eliminar a lo que fuera que tuviese conexión con ella.

Era un niño, por amor a todo.

¿En dónde había quedado su humanidad y su sentido común?

Darse cuenta de eso le hizo entender el mundo tan retorcido en donde se encontraban parados.

Pero que desistiera de esos malos pensamientos no significaba que no creyera, ilusamente, que Sai cumpliría su palabra. Aunque, a estas alturas, estaba más que claro que solo lo había usado descaradamente.

—Yo…Yo no quise hacerlo…Bueno, al principio sí pero…

—¿Le contaste nuestros planes a ese idiota? —en cuanto Sasuke lo mira siente que ha cometido el peor error. Pero tiene tantas cosas qué decirle y reprocharle aunque ¿es el sitio adecuado en el cual exponer todas esas cosas?

—Las heridas de tus piernas y pies…Él te las hacía ¿verdad? —Naruto guarda silencio solamente—. Entonces estaba siendo amenazado —intenta justificar. Naruto engrandece los ojos, sorprendido.

—Eso no lo hace menos culpable —pero Sasori está lejos de sentir empatía por él o por alguno de ellos.

Por otro lado, Sasuke ya está un poco cansado de esa insoportable actitud suya aunque el origen de su molestia con respecto a él se remonta por otros temas. Unos que ellos entienden bastante bien. Pero eso no le exime que ahora esté siendo un imbécil.

—Cállate.

—Cállame.

Oh, Dios. De verdad quiere romperle la cara. Tiene tantos deseos que incluso las manos las siente calientes. Es increíble que hasta ese momento no lo hayan hecho ya.

—Ya basta ustedes dos. Parecen niños —exclama Ino, harta de esa irritante dualidad en ambos.

—¿Y si mejor nos olvidamos de lo mucho que se odian y pasamos al plan donde salimos vivos de esto? Aprecio mi vida, si no es molestia —ofrece Deidara, divertido.

—Si ellos tienen a Iruka deben suponer, para este entonces, que estás conmigo, Sasori —añade Kurenai, acercándose a él para intentar calmarlo—. Soy la única con la que tendrías contacto en el exterior y Danzou lo sabe.

—Tenemos que salir de Konoha —pero la respuesta que tiene el soldado para ellos es demasiado abrupta como para digerirla así de rápido. Empezando por Konohamaru.

—¿Y Sakura? ¿Q-qué hay de ella? —pregunta, nervioso.

—Iremos por ella —alienta Sasuke al niño, y Sasori ya está cansado de esa actitud de buena persona junto a esa cordialidad sin fundamentos que sale de él. Todo lo que está pasando es por su culpa. ¿Cómo puede prometer algo que ni siquiera sabe si podrá cumplir? ¿Cómo puede actuar con tanta familiaridad y seguridad? Pero eso le recuerda que tiene un trato que cumplir aunque más que nada utilice eso como una excusa para no estar del lado irracional, que él cree, tiene Sasuke al decir tantas idioteces.

—Tú irás por ella. Yo me lo llevaré a él —sentencia, acercándose lo suficiente a ellos para que el resto piense que lo va a golpear aunque lo único que intenta es tomar del brazo de Konohamaru a la fuerza, lo cual es un error aún peor considerando que Sasuke está el doble de pendiente y protector del niño.

—Intenta tocarlo una vez más y te voy a romper los huesos —amenaza tras haberle detenido la muñeca antes de que lograra tocarlo.

—Me encantaría que lo intentarás.

—No podemos dejar a Sakura—objeta Konohamaru con la mirada llena de convicción, esa misma mirada que ahora tiene Sasuke. ¿De dónde…? ¿De dónde viene esa reciente seguridad?

Sakura. Sakura. Sakura. ¿No pueden pensar en otra cosa que no sea ella?

¿No puede pensar él mismo en otra cosa también?

—¡Ella se metió sola en esto! ¡Pues ahora que ella misma salga del infierno en el que se metió!

Y lo siguiente son solo gritos y golpes.

Sasuke lanza uno y él responde, y de pronto es una tarea difícil el separarlos.

Al final no han llegado a nada.

Al final solo han dejado que la inercia de sus sentimientos ejerza el control suficiente en ambos como para solo creer que la única forma de resolver todo eso es por medio de golpes. Y quizá, sí lo es. Pero solo aplica para ellos dos. Aún si eso es necesario para que ambos estén satisfechos consigo mismo, el resto considera que la solución no es la violencia y que solo están actuando como un par de niños desconsiderados.

El resto de la noche todos deciden permanecer en el mismo cuarto a pesar de que hay suficientes espacios para que puedan tener un poco de privacidad.

Konohamaru es el único que solicita permanecer a lado de Sasuke. Sea con los ojos de todos sobre él o estando en un espacio a parte, no le importa. Y con ello solo se separan ellos cuatro.

Konohamaru solo está ahí, quedándose dormido, sentado a un lado del más grande, apoyando su cabeza y su cuerpo en el de él. Y Sasuke solo lo mira en silencio permitiéndole eso.

Es un hecho que estar separados ya no es una opción. Tanto para su tranquilidad como para la seguridad del más pequeño.

Hinata insiste en que es debido a la conexión que los une mediante ese corazón pero también sospecha, por la manera en la que Sasuke ahora se muestra más demostrativo y más protector con él, a que es porque en verdad se llevan muy bien. Después de todo Konohamaru ha expresado abiertamente, desde hace un tiempo, que estar con Sasuke le agrada.

No porque ahora sepan la razón que suena más convincente que cualquier otra, sino porque simplemente hay afecto de parte de ambos.

Un afecto similar a que existe entre hermanos.

Pero ser consciente de eso, en la situación en la que ambos están, puede ser incluso más difícil.

—Siempre me pregunté por qué sentía cierta empatía con él —musita Sasuke, bajito solo para ellos dos. Para Hinata y Naruto pues Konohamaru hace rato que se quedó dormido y el resto se encuentra en una habitación separada—. Aunque de vez en cuando creí que estaba loco.

—No eras el único —argumenta Naruto con el labio un poco amoratado aunque nada comparado a la mejilla y la ceja rota de Sasuke. Sasori seguramente debe estar resintiendo las heridas que también se ha conseguido en medio de la discusión de hace solo unas horas.

Sasuke bufa bajito ante el comentario recordando todas las discusiones que tuvo con Naruto con respecto a solo escapar y arrastrar a Konohamaru en medio de ellos.

—Él dijo…—Hinata se aclara la garganta antes de continuar—. Él dijo que le agradas —Sasuke la mira pacífico para luego dibujar una muy diminuta sonrisa por ello—. Es un niño muy fuerte.

—Lo sé —concuerda, mirándolo de reojo—. Sakura ha cuidado muy bien de él —pero aquél comentario suena a que la situación fuera desfavorable para Konohamaru y a Hinata le hace sentir inquieta.

—Ella no lo ha cuidado para ti —contesta a la defensiva.

—No me refería a eso —le aclara, serio—. No voy a dejar que nada le pase no porque sea conveniente para mí, sino porque simplemente quiero protegerlo —asegura y Hinata, aunque no se satisface con ello, asiente genuinamente agradecida por lo que dice—. Él también me agrada —confiesa.

—Deberías adoptarlo. Se te da eso del rol de papá —bromea Naruto y finalmente el ambiente, por el resto de la noche, se vuelve ameno.

Les permite pensar en otras cosas lejos de las desgracias y los malos infortunios. Lejos de las malas notificas y las preocupaciones. Lejos del mundo entero que los busca y la vida que se consume.

—¿A dónde vas? —pregunta Hinata, somnolienta. Hace poco más de una hora que todo es silencio pues todos deben estar durmiendo así que ver a Sasuke recostar a Konohamaru en el piso a un lado de un dormido Naruto, con cuidado, le extraña.

Sasuke solo la mira, llevando un dedo a sus labios para que guarde silencio.

Nada.

No le ha dicho a dónde va.

Pero le ha asegurado volver.

Y, por primera vez, ella confía en él.

Confía mientras Sasuke atraviesa los pasillos y llega hasta donde Kurenai, aún despierta, le indica donde se encuentre él. No sabe porque lo ha hecho ni por qué ha accedido a decirle considerando que ella forma más parte de la vida de Sasori que la de él, siendo un extraño al que apenas ve.

Pero no le importa. No le agradece pero sí que le dedica un asentimiento de cabeza.

Y finalmente está ahí.

En ese bodegón aislado del resto.

Solo como se lo imaginaría que él estaría.

Y Sasori solo bufa, cansado e igualmente resignado, presintiendo que en cualquier momento él llegaría.

—¿Y tú niñera? —es él el primero en hablar, y Sasuke piensa que la ironía, últimamente, le va bastante bien.

—¿Y la tuya? —el soldado de ojos marrones cierra los ojos, soltando un soplido cargado de sátira, percibiendo que se refiere a Kurenai.

—Qué insoportable eres.

—No vengo a verte con el afán de pelear —y es aquí donde Sasori no se contiene de soltar una carcajada baja.

—¿Por qué no eres claro por una sola vez? —incita, provocándolo.

Y Sasuke solo cierra los ojos, robando un poco de esa esencia sarcástica finalmente. Era algo imposible, desde el momento en que la idea de conciliar con él pasó por su mente, que algo así aplicara en ellos dos.

Quitándose la máscara de solemnidad y buena gente, finalmente manifiesta lo que fue a hacer ahí.

—Ya que insistes, tengo ganas de romperte la nariz.

—Y yo a ti de tumbarte todos los dientes.

—Entonces adelante. Hagamos lo que hemos querido hacer desde hace un tiempo.

Porque las palabras no funcionan con ellos.

Porque han tenido que aguantar esas ganas inmensas de arreglar, de ese modo, las cosas entre ellos desde hace tiempo.

Porque las palabras sobran y las acciones se ameritan.

Los golpes que se dan no son una demostración de saber quién es el mejor, es una forma de liberarse de cada una de las cadenas que los debilitan.

Aplacan su remordimiento.

Aplacan el odio.

Aplacan la desdicha.

Aplacan esa pasión enardecida desde el primer día en que posaron sus ojos en la misma persona.

Si alguien pudiera escuchar las súplicas que cada golpe libera pidiendo por ella…

Por un alma quebrantada, hermosa y perdida.

Por Sakura, que es esa excéntrica flor que los despedaza a los dos en cuanto los mira.

Y porque no conocen otro modo de arreglar las cosas...

De aplacar...

Su tristeza y su ira.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas:

Tremendo monstruo me ha salido también esta vez, eh?

¡Estamos cerca de alcanzar las 20k leídas! Si llegamos a eso creo que me dará un infarto, enserio. Gracias por tanto, perdón por tan poco (?)

Ahora sí, con respecto al capítulo, ¿ya vieron quien es el más fuerte de todos estos quebrantados? Siempre quise darle el protagonismo que se merece al pequeño Konohamaru. Después de todo conserva la parte más pura y sincera de todo ser humano a esa edad inocente. Aunque puede y tiene argumentos en los cuales direccionar su odio hacia Sasuke o hacia quien sea, no lo hace. En su lugar, lo agradece. Y he querido demostrar en este capítulo que lo que lo une a Sasuke es algo más que solo ese corazón. En verdad se estiman.

Además de que son frágiles como cualquier persona.

Incluso Sasori ha tenido su momento emotivo. Este capítulo es para eso. Para arreglar sus discrepancias, del modo que sea, y poder avanzar. Y con Sasuke y Sasori el modo que han elegido es ese. Pero incluso son demasiado discretos al hacerlo cuando nadie más los ve y los interrumpe. Quizá es lo que han venido necesitando desde hace tiempo.

En fin...Nos quedan pocos capítulos para el final de esta primera parte. Eso me pone feliz y triste (?) Aaaaaahhh. Personalmente escribir Lotus ha sido una experiencia muy gratificante. Me he probado a mí misma que sí se puede (?) Y esto solo me hace ambicionar a escribir historias con tramas igual de raras (?) jajajaja Además de que estoy muy agradecida con quienes me leen por el apoyo que me brindan.

Especialmente por ciertas personitas que siguen Lotus desde sus inicios y se han vuelto unas grandes amigas para mí. Ellas me motivan bastante. (cofcof#TeamCiegascofcof)

En verdad es algo irremplazable y se los agradezco de corazón.

Y, ahora sí, se vienen los capítulos decisivos.

¿Irán por Sakura o qué decisión tomarán?

¿Sakura estará dispuesta a ser rescatada?

Estaba pensando también hacer una especie de "Preguntas y respuestas" para el final de esta primera parte. Un espacio en el que pueda responder sus dudas de esta primera parte (cuidando los spoilers, obviamente) o algún otro comentario gracioso con respecto a los personajes :) Pueden dar sugerencias o dejar sus preguntitas desde ya. Así las vamos juntando y voy eligiendo las mejores.

Será solo como un especial junto a mis agradecimientos por terminar esta primera parte. Esperemos que no pasemos de los 40 capítulos jajajaja

Y ahora sí, me despido.

¡Muchísimas gracias por su apoyo!

Rooss-out!