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XL

La Reina Blanca

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Entre telas sueltas.

Entre verdoso y azul.

Entre sus manos y las suyas...

Los ojos de Mikoto eran demasiado profundos. Como dos pozos interminables con secretos que solo ella pudo haber visto. Nunca le pareció que estuviera mintiendo alguna vez. Siempre al amanecer estaba ahí, tomando su mano, acariciando sus cabellos, compartiendo un poco de su calor y de la vida que llevaba dentro. Permitiéndole tocar su vientre, convenciéndola de que el regalo de la vida era algo increíble por lo cual apostar.

Le enseñó a hablar.

Le enseñó a caminar.

Le enseñó a amar.

Pero cuando se fue, cuando decidió ser egoísta, la hizo sentir sola.

No la preparó para la pérdida.

La perdió a ella. Lo perdió a él. Y a ese niño también.

Los perdió a los tres una misma noche.

El llanto ensordecido de Sasuke, dentro de ese recuerdo, la hace bajar la mirada y topárselo. Él es lo único que le queda de ella. Debe protegerlo ¿no es así? Mikoto siempre quiso que, un día, fueran amigos. Sakura nunca pensó que existiese una doble intención más allá de eso. ¿Por qué habría de existirla? Mikoto siempre fue sincera...Siempre...

¿Qué clase de persona es ella como sentirse afectada por las palabras de un hombre como él?

La barra de acero en su estómago avanza más centímetros de su piel pero Sakura parece inmune al dolor. No es que lo sea...En verdad duele. Pero duele más lo que está pasando por su mente.

—Mi-Miente... —con manos temblorosas y frías, con la voz pastosa y la mente deshecha, aferra sus uñas a sus hombros con rabia.

No lo quiere cerca.

Siente que le asquea.

Su lengua es venenosa.

—Es normal —su roce es repulsivo—. Pasaste demasiado tiempo con ella que te absorbió demasiado bien. Mikoto siempre sobresalió por encima de todos, incluso por encima de su enfermizo hermano —los pensamientos que tiene Sakura acerca de cómo alejarse y dejar de prestarle atención a Danzou se detienen con eso último.

¿Qué...?

—¿Recuerdas algo? ¿Tienes familia?

Ah.

Un nuevo recuerdo.

Uno que...nunca había visto.

—¿Qué hay de la tuya?

Silencio.

Es una Mikoto silenciosa la que ve a través de esas nuevas y desempolvadas memorias. Sakura se ve un poco hostil y desconfiada. Y mucho más joven. Mucho más pequeña. Mucho más austera. Como si la estrecha confianza aún no existiera ni el amor devoto que sintió alguna vez por ella.

Pasos al pasado. Con recelo y cuidado ante las cosas que se dicen.

—Tengo un hermano.

Aun así, aquella información no le pareció relevante. ¿Qué es familia? ¿Qué son los hermanos? Pero recuerda su gesto. La penumbra y la culpa que acecha los ojos de una persona puede deberse a que ésta hizo algo malo.

—¿Y dónde está?

—Muerto, probablemente.

O puede deberse simplemente a no haber hecho nada.

Oh, el sentirse triste.

Oh, el sentirse traicionada.

Oh, el sentirse destrozada.

—N-no... —Sakura aprieta los puños con fuerza, y con esa misma ira intenta rasgar el rostro de Danzou pero este ya no está ahí —. Está mintiendo... —en su lugar busca alguna mentira. Busca, en los pozos profundos y siniestros de ese hombre, la falsedad.

Él es asiduo a mentir.

A ocultar.

A...

—Los humanos se suavizan con la edad. Mikoto me entregó su talento pero también me otorgó su terquedad. Por eso tuve que tomar una decisión.

No quiere seguir oyéndolo.

No quiere seguir oyendo mentiras.

Con la misma ira, Sakura retira la barra de acero de su estómago sin darse tiempo para regenerarse debidamente. Huellas carmesí manchan el piso. Manotazos y patadas al aire intentando alcanzarlo pero Danzou no hace mayor esfuerzo esquivando sus torpes y erráticos movimientos.

Y mientras lo hace, la oye gruñir. Gruñir como un animal salvaje, como un animal herido.

No piensa.

Solo siente.

—Pero primero necesitaba que te tuviera a ti. Que traspasara todo lo que ella era a ti. Que creyera que estaba haciendo lo correcto —Danzou hace una pausa, retrocediendo dos pasos con elegancia mientras Sakura tira el brazo para alcanzarlo, fracasando y cayendo de rodillas al piso. Pero no se detiene. Ni por la herida que aún no cierra ni por el dolor, ni por la amargura.

—¡Cállese! —grita, poniéndose de pie nuevamente—. ¡Todo es mentira! ¡Está mintiendo!

Debe serlo.

Solo quiere asustarla.

Y por eso está tan llena de ira.

Por oírlo usar el nombre de Mikoto.

Por manchar su nombre.

Por manchar sus recuerdos.

"Sakura"

Ah.

Esa Mikoto nunca la ha visto.

Es...demasiado joven.

Casi una niña siendo obligada a abandonar la niñez, tomando de frente la adolescencia. Esa mirada no es dulce. Es solo una mirada más.

—Acordamos no decirnos mentiras, Loto. Muy dentro de ti tú siempre has sabido sobre esto.

¿Sobre qué? ¿Sobre la sarta de incoherencias que está diciendo?

—"¡Ah!" —de nuevo el dolor de cabeza.

Blanco, negro y sepia.

El mundo, Mikoto y ella.

Ah, pero esa Mikoto que está viendo está vestida de blanco.

Pulcro y reluciente blanco.

Con estrellas resplandecientes que son las medallas que califican a un soldado. Y luce tan...soberbia. Tan soberbia como lo fue ella misma alguna vez. Mirando hacia abajo al resto, creyendo que todo es insignificante y sin gracia. Y está al lado de Danzou.

Bajo su brazo.

Recibiendo todo de él.

—Has de ella...

—Una mujer...

De la que todo el mundo...

—Quiera temer.

Distintas situaciones. Distintos escenarios. Distintos tiempos. Y esa letanía se canta como un mal augurio.

Y Mikoto, obediente.

Pero de pronto ya no es azabache con azabache. Es azabache con rosa. Ya no es la hija prodiga la que está del lado derecho de Danzou, es ella. Es Sakura. Con la misma soberbia. Con la misma apatía. Con la misma fuerza. Con la misma energía...

Sakura cabecea volviendo a la realidad, despistada y sin la destreza que la caracteriza. Los paneles que emergen de todos lados finalmente la golpean y la lanzan muy lejos, aturdiéndola aún más.

¿Qué está...?

¿Qué está haciendo...?

¿Por qué está teniendo esos pensamientos?

¿Danzou le ha inyectado algún tipo de veneno que le hace tener alucinaciones?

No...Mikoto no podría...Mikoto no mentía...Mikoto siempre...

—En este mundo todos somos despiadados. No hay mayor enemigo que nosotros mismos. Nunca se debe confiar en nadie —la voz de Danzou penetra su cerebro consiguiendo lo que quiere—. Hay hábitos que nunca se olvidan y Mikoto nunca dejó de ser una mentirosa incluso cuando se enredó con ese miserable de Suna.

Fugaku.

¿Cómo podría saber eso?

—Ningún mentiroso quiere reconocer que lo es.

Ya basta.

¡Ya basta!

—¿Piensas que cuidó de ti sin buscar ningún beneficio? —Sakura, debilitada y herida, logra ponerse de pie con solo su voluntad, tomándose el estómago con fuerza. Se siente débil y es como si la sangre de Sasuke no estuviese sirviendo de nada ¿Por qué? —. ¿Piensas que te hizo prometer cuidar a su hijo solo porque sí? —la Fenrir jadea cuando un nuevo panel la empuja pero ésta vez la arrastra hacia el otro extremo, tumbándola nuevamente—. ¿Piensas que si te amaba, te habría hecho pasar por esto?

—¡Aaaah! —de nuevo saca fuerzas de donde ya no hay logrando esquivar nuevamente los obstáculos hasta llegar a él pero solo para ser reprendida con un golpe directo en la cara.

¿Cómo...?

¿Cómo lo hace?

¿Cómo hace que parezca que se desvanezca y vuelva a aparecer en otro lugar?

—Yo te entregué a ella para que tú me entregaras lo que ella te pidió que cuidaras con tanto fervor —Danzou hace una pausa, apareciendo, de nuevo, delante de sus narices. Como si nunca se hubiese movido de sitio. Sin ninguna arruga ni nada que se le parezca—. Mikoto fue demasiado sentimentalista. Y demasiado optimista. Queriendo volverse mi enemiga solo consiguió entregarme más fácil a su hijo. Solo era cuestión de tiempo. Y yo esperé pacientemente.

Sakura enfurece, ya ni siquiera con intenciones de querer mantener bajo resguardo el hecho de que sí, efectivamente, Mikoto le pidió cuidar a su hijo más joven.

—Él... ¡Él no es suyo! —grita, desgarradora. Sabiéndose en una posición desfavorecida.

—Ni tampoco tuyo —Danzou sonríe, hincándose a su altura para tirar de su cabello—. Pero por todo lo que te he dicho, sabrás que él me pertenece más que a ti —guarda silencio antes de continuar—. Con Mikoto cometí el error de darle la libertad de hacer muchas cosas, contigo la libertad de decidir por tu cuenta. Pero con él no cometeré el mismo error.

Sakura se siente asqueada.

Todo rastro de sentimentalismo por Mikoto se ha ido.

Se siente enardecida por oírlo, ahora, hablar de Sasuke.

No quiere que lo toque.

No quiere entregárselo.

Incluso si todo lo que ha dicho es cierto, incluso si todo ha sido auto impuesto desde hace tiempo...Cuando piensa en él y en los gestos genuinos y sin malicia que posee, en la inocente percepción que tiene sobre la vida, en todo lo que aún quiere decirle y enseñarle...En la manera en que quiere pedirle perdón...

Pero...¿tiene derecho en primer lugar?

Si de verdad Mikoto le hizo prometer tal cosa ¿es sensato decir que desde siempre ha sido obligada a obedecer?

Entonces Sasuke se vuelve una tarea. Una carga. Y ella solo una pieza más. Una pieza obediente cegada por el amor que creyó merecer.

Entonces...

Entonces...

—Con que así son las cosas.

Sakura lo oye claro y cercano. Sugiriendo que se refiere a que se ha quedado completamente estática y conforme con aceptar los siguientes ataques, incluso si uno de ellos es letal. Sakura cree que el comentario es con respecto a su apatía y a su conformismo. A su abandono de esperanza. A sus ganas de no hacer más esfuerzo por resistir.

A sus ganas de morir...

Pero es frustrada. Frustrada al sentir como alguien la empuja justo antes de que un golpe la noquee. De que ese volumen de concreto la aplaste.

No es su voluntad la que ahora la ha salvado, es la de él.

Yerbabuena y bosque...

De hueso y de carne...

Sasuke.

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II

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—¿A dónde nos están llevando?

—No van a respondernos si se los preguntamos.

A pesar de que las ataduras en sus manos es un obstáculo que bien podrían pasar por alto, la sensación de sentirse de brazos cruzados no es agradable. Más cuando las paredes no dejan de temblar y las luces de emergencia no dejan de parpadear.

Están atacando el Cuartel, eso es seguro, pero el corazón de Iruka está dividido en estos momentos.

Hay peligro en ambos panoramas.

En el primero, de ser un ataque provocado con el propósito único de eliminar a la resistencia, ciertamente es el que menos le da problemas.

El segundo es el que más le aterra. Y por la manera en que lo han sacado a él y a Utakata, en vez de solicitarlos en caso de un ataque viral desencadenado por las esporas, está seguro que se trata de lo segundo.

De ser una amenaza biológica solicitarían el apoyo de cuanto soldado se pudiera pero justo ahora solo los están escoltando hacia otro sitio. Como si los estuvieran escondiendo. Como si no quisieran que algo o alguien los encontrase. A estas alturas Iruka está volviendo a tener recuerdos involuntarios.

Ambos saben de primera mano por qué han sido recluidos en celdas independientes, lejos de los demás Fenrir. Saben de qué va su acusación y su culpa aunque de la segunda sientan poco. Iruka, más que nadie, no se arrepiente ni un poco pero pareciera que todo lo que hace provoca un mal mayor. Si sus sospechas son ciertas y solo a ellos dos están retirándolos del foco de ataque eso quiere decir que...

—Fenrir está peleando entre sí —deduce como quien está resolviendo un difícil examen. Utakata, siguiéndole el paso, lo mira, azorado.

—¿Cómo dice, Teniente Umino? —Iruka pasa del joven soldado, tomando por la fuerza el hombro de uno de las escoltas.

—¿Qué demonios está pasando? —pregunta furioso aunque ha sido él quien le ha dicho a Utakata, minutos atrás, que de nada servía preguntar.

—No está autori- ¡Ah!

—¡Teniente Umino! —exclama Utakata sorprendido pero comprometido a colocarse frente a Iruka ahora que todos le apuntan con un arma al verlo arremeter contra el soldado al empujarlo contra la pared.

—¡Retrocedan ambos! ¡Es una orden!

—Por si no se ha dado cuenta, soldado, la razón por la que nos escoltan es porque ambos dejamos de seguir órdenes —recalca el joven Fenrir sin moverse un milímetro, desviando la mirada a su espalda con cautela.

—¿Dónde está el Canciller? —exige Iruka aun amenazando al soldado que sostiene con fuerza contra la pared—. ¡Responde!

—Usted ya no tiene voz aquí—el Fenrir castaño siente en la sien la punta del arma de uno de los soldados, advirtiendo lo mismo para Utakata—. Suéltelo —sin embargo no retrocede. La firmeza con la que Iruka permanece estático es intimidante pero aunque sean soldados de un nivel más alto no van a tener contemplaciones—. No lo voy a repetir, Teniente.

—Jala el gatillo, hijo —apremia Iruka, letal—. Te aseguro que eso no te traerá paz.

—Teniente, ¿qué está...? —Utakata se frena sintiendo un rifle, ahora también, en su espalda.

—¡Suéltelo ya o dispar-...!

Iruka se ve obligado a soltar y apartarse del soldado, que mantiene sujeto contra la pared, cuando éste termina noqueado sin que él mismo se percate de ello.

Alerta, voltea a ver al resto de soldados obteniendo el mismo resultado a una velocidad de miedo.

Ninguno de ellos lo ha visto venir salvo unos cuantos solamente quienes sí lo han reconocido, a lo lejos.

Los hilos de Sasori primero han desarmado a cada uno, desviando las armas en sentido contrario, provocando que algunos disparos se generen pero sin ser realmente un peligro tanto para ellos como para Iruka y Utakata, para luego simplemente filtrarse con una velocidad increíble tanto por debajo como por encima de ellos, haciendo de los hilos su impulso y también su modo de ataque, como un auténtico huracán.

En cosa de segundos los más de doce soldados yacen en el suelo sin heridas mayores, noqueados y desarmados.

Sasori, apenas sudando, finalmente desciende.

Apenas ve a Iruka siente como si la ansiedad que ha venido cargando durante horas se esfumara y lo mismo sucede con el mayor.

—¿Por qué...? —Sasori corta contacto visual con él, acercándose a Utakata.

—Extiende las manos —ordena y el joven Fenrir acata, extendiéndolas mientras el soldado carmesí deshace las ataduras que las retienen sin mucho esfuerzo. Una vez terminado con él, se vuelve hacia Iruka quien de inmediato retrae sus manos.

Sasori no dice nada, solo se acerca lo suficiente para tomar sus muñecas y exponerlas delante de él aun si él quiere oponerse, cortando de tajo las ataduras con una de las tantas modalidades de sus hilos.

—¿Por qué volviste?

Sasori repasó, durante todo el trayecto hasta llegar a él, un sinfín de respuestas a esa pregunta. Se planteó, incluso, reprocharle todo lo que por años no ha tenido el valor de decir. Incluso estaba la opción de propinarle un golpe. A estas alturas es lo suficientemente fuerte y alto como él.

Pero justo ahora solo ladea una sonrisa inesperada y satisfecha, gesto que consterna a Iruka. Sasori no es de las personas que son sarcásticas o de las que alardean expresamente.

—Atravesé todo el Cuartel ¿y eso es lo primero que me dices? —de nuevo, una sonrisa. Ésta vez con un ligero aire de ironía.

Verlo sonreír es casi como pedirle al cielo que se vuelva de otro color.

Es como volver al pasado...A cuando era un niño sano, feliz y sin malicia.

—No tenías que hacer esto.

—¿No tenía que hacer esto o no tenía que venir por ti?—le da la espalda, re acomodando los dispositivos de sus manos. Utakata, callado, se aparta un poco dándoles espacio.

—Justamente eso —reprocha. Como diciendo que no tenía que devolverle el favor por haberle otorgado la oportunidad de huir cuando tuvo la oportunidad.

¿Por qué? ¿Por qué tuvo que volver?

—Te responderé con tus mismas palabras —Sasori aguanta unos segundos antes de decir—. Estoy aquí porque es lo correcto.

¿En qué momento creció tanto?

¿En qué momento dejó de ser ese niño alegre, pasando por la apatía del joven adolescente, a volverse un hombre confiable? La analogía le hace ser sentimental. Una de las cosas por las que fácilmente te botarían de ser soldado. No se puede sentir afecto por nada ni por nadie pero es imposible conociendo lo mucho que han convivido.

Lo mucho que se respetan.

A pesar de que Iruka considera que no ha hecho nada por él.

Que todo ha sido obra suya. Sasori es fuerte y siempre lo fue. El hombre en el que se ha convertido es un mérito meramente suyo pero sería mentira si dijera que no siente nada ahora que lo ve tan confiable y formidable delante de él. Ensombreciéndolo ahora a él con el resplandor que emana.

O más bien, obteniendo un poco de la luz tan fuerte que está emitiendo este día.

—Hah...—suelta un sonidito de gracia y satisfacción, acercándose a él—. ¿Cuándo te volviste tan fuerte? —Sasori finalmente lo mira a lo ojos como quien mira a un padre orgulloso. Se muerde un poco los labios, solo asintiendo para luego optar por una respuesta irónica.

Una cargada de verdaderos sentimientos.

—El día en que tú te volviste un anciano.

—Debemos irnos —interviene Utakata, un poco incómodo de interrumpir. De inmediato se dirige a Sasori quien rápidamente acelera el paso seguido de Iruka—. ¿Qué noticias nos tienes?

—Todo es una mierda —dice, compartiendo miradas con Iruka, quien a pesar de saber que Sasori está en todo su amplio derecho de expresarse como quiera, se siente un poco disgustado. El de cabello rojo rueda los ojos irónico. Iruka y Kurenai son demasiado exagerados con su vocabulario—. Yamanaka, Nara y Yagura se enfrentan contra Kisame, Pakura y Yugito —Iruka engrandece los ojos.

—Espera... ¿Yagura?

—Larga historia —corta de tajo—. Kurenai nos auxilió como planeaste —el mayor percibe el reproche en su tono de voz pero decide ignorarlo—. Tuvimos que separarnos. Éramos esos dos idiotas y yo hace unos minutos.

—¿Sasuke? —Sasori ahora es quien lo mira disgustado al escuchar como lo nombra—. ¿En dónde está él ahora?

—Yendo por Sakura. La tonta quiere enfrentarse a Danzou sola —tanto Utakata como Iruka sueltan un gemido de sorpresa.

—No llegará a tiempo. Lotus es escurridiza —comenta el Fenrir de ojos ámbar, siguiéndoles el paso.

—Debiste ir tu —Sasori rueda los ojos en cuanto oye a Iruka—. Ese chico es hábil pero carece de experiencia. Experiencia que tú tienes. Además...

—Ya para —le interrumpe, frunciendo el ceño—. Ahora mismo no quiero escuchar que me reproches.

—No es un reproche, es solo...

—¿Qué hay de los subtenientes? ¿Sabes algo de Hotaru? —a ninguno de los dos le sorprende la rápida intervención al cambiar de tema de Utakata. Es bien sabido que es muy apegado al soldado de cabello caramelo.

—Inuzuka se ha encargado de eso. Yagura está de nuestro lado solo porque sabe que su hermano está a salvo —la expresión del Fenrir se alivia un poco de escuchar eso—. ¿Y Chiyo? —finalmente es el turno de Sasori de preguntar, esta vez dirigiéndose al mayor —. ¿No estaba con ustedes?

—Desde que nos trajeron al Cuartel no nos han permitido ver a nadie —aclara Utakata pero esa respuesta no tranquiliza en nada al soldado carmesí.

— Tranquilízate, Sasori. Ella sabe defenderse. Te enseñó todo lo que sabes a ti —interviene Iruka, queriendo calmarlo pero no lo consigue.

—Sakura también sabía defenderse...—hace una pausa, chasqueando los dientes, demostrando abiertamente su preocupación tanto por ella como por Chiyo— y justo ahora se siente como si hubiese tocado fondo.

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III

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Sasori no se equivoca.

A pesar de no estar ahí, y que Sasuke sea quien ocupa su lugar ahora, parece que cualquiera soltaría ese comentario tan solo con verla.

Ha tocado fondo.

Sabiéndose envuelta en los brazos de aquél por quien debiera sentir alivio de volver a tener cerca, lo aparta con brusquedad. Apenas se siente un poco segura de que próximos ataques tardarán en llegar, se prohíbe tocarlo. Se lo prohíbe a sí misma y se lo prohíbe a él. La distancia es tan marcada y tan inesperada como la manera tan radical y violenta con la que lo ha empujado apenas han rodado por el suelo, librando un ataque seguro.

Lo ha apartado como quien rechaza por impulso lo que le hace daño.

Pero él no. Él nunca la lastimaría.

Aunque el lastimado ahora resulte ser él.

Basta mirar sus ojos y el gesto doloso que hace cuando la ve.

Apartando la mirada, bajando la cabeza, atravesando temblores involuntarios generados por su propio miedo y su propia desdicha. Por su propia inseguridad y su propia falta de convicción. Su fe ciega hacia Mikoto parece deshecha y aunque, internamente, una parte de ella lucha por mantener cada una de las cosas buenas que vivió a su lado, la otra, la desconfiada, le llena de miles de memorias inciertas.

Memorias que resultan, en un principio, falsas pero que poco a poco, a medida que no se detienen, toman fuerza y lógica.

Detrás de cada sonrisa, detrás de cada gesto amable, detrás de las cálidas caricias está la verdad. La verdad que Mikoto supo esconder bastante bien.

Y al saber que Sasuke, de algún modo, está ligado a ella, le pone ansiosa. Le hace querer, involuntariamente, rechazarlo. Porque es parte de Mikoto. Porque tiene sus ojos. Porque es tan parecido a ella.

—Sakura...

—¡Cállate! —grita temblorosa—. ¡No digas...! —aprieta los puños mientras lidia internamente miles de batallas. Pero son en vano. Las está perdiendo todas—. No digas...mi nombre...

Porque es como si la recordara a ella.

Porque sabe a oro falso.

Porque no sabe si es real.

Y mientras todo eso sucede, el mundo se cae a pedazos. Al menos el de él. ¿Por qué no quiere mirarlo? Sasuke aprieta los dientes con ira pero no es hacia ella. ¿Qué le ha dicho ese hombre? ¿Qué le ha dicho para dejarla en ese estado de consternación? ¿Qué fue capaz de dejarla tan incapaz?

Está preocupado. Preocupado de verla de ese modo. Se sabe de la fortaleza de mente que un soldado posee pero siendo que se trata de ella le sorprende aún más. Lo único en lo que puede pensar es que tenga que ver con algo relacionado a esa mujer...A su madre. ¿Está bien llamarla de ese modo ahora?

Todo lo que sabe acerca de ella es que fue la persona que Sakura mas amó pero...lo que siente ahora es contradictorio.

La odia.

La odia como a nadie.

Por su causa...Por todo lo que representa, Sakura está así. Rechazándolo.

Pero él no es ella.

Sakura está tan apartada de la realidad que no siente en qué momento se ha acercado tanto de nuevo hasta que coloca su mano por arriba de su estómago, justo donde yace la herida que lentamente se regenera. Sakura impulsivamente intenta apartarlo pero Sasuke se lo impide tomando sus manos con fuerza.

—¿Qué...?

—Estás herida —Por supuesto que lo está pero la herida física es la que menos le importa. Él no sabe lo que está sintiendo con solo verlo. No sabe ni nunca sabrá—. Necesitas sangre —Sakura gruñe de inmediato, forcejeando—. Mi sangre.

—No necesito nada de ti —Sasuke hace oídos sordos aunque por dentro, realmente, sienta un dolor punzante por la forma en la que lo mira y le habla—. No deberías...No debiste venir. Te he abandonado dos veces.

—Me abandonaste una vez pero ésta no cuenta porque te tengo aquí —la sujeta con firmeza, manteniéndola a ridículos centímetros cerca de él—. Y sé que lo has hecho para protegerme pero te diré una cosa, planeo llevarte conmigo así tenga que arrastrarte.

—No lo entiendes —Sakura baja la cabeza apostando por obligarlo a que sienta odio en lugar de compasión—. No es por ti. Simplemente yo no...—se detiene breves segundos, buscando convencerse así misma también—. No te quiero cerca de mí.

—Mientes fatal —una mano en la mejilla, otra en la cintura, y Sasuke la siente tan frágil y temblorosa como la hoja de una espada aún sin filo y a medio forjar. Silbando por el poderoso frío pero resistiendo aunque su resplandor parezca no volver a verse—. Tú eres la que no entiende ni una maldita cosa y como eres tan mala en leer mis intenciones te lo diré claramente.

—N-no lo...—asustada por el hecho de que Danzou esté oculto, oyendo y viendo cada movimiento que hacen, hace un último intento por apartarlo.

—Me gustas, Sakura —la Fenrir se rigidiza. No. No. No. ¿Qué está haciendo? —. Y considero una estupidez el intentar negar que yo también te gus-

Una bofetada.

Él no se da cuenta.

Ella no se da cuenta.

—¡¿Tienes idea de donde maldita sea estamos?! ¡¿Tienes idea de la situación en la que nos encontramos?! —Sasuke enmudece pareciendo captar a lo que se refiere. Por un lado se siente aliviado de que ella no haya dicho la palabra "No", pero por el otro se siente un imbécil. Un imbécil sentimentalista que no ve más allá de ella—. ¡Deja de pensar en mí! ¡Deja de pensar en lo que tú quieres!

Más allá de Sakura...están todos a los que han involucrado. Sakura es consciente de ello y de la magnitud del riesgo. Sasuke no hace falta que le diga cómo es que ha llegado ahí y con la ayuda de quién. ¿A cuántos...? ¿A cuántos más va a perder?

Pero pedirle que deje de ser egoísta es también egoísta.

Todo es tan nuevo para él como para ella.

Entre el deber y el corazón.

Entre lo correcto y lo que no es.

Entre elegir si es o no el lugar adecuado para decirle que le gusta o simplemente haberse callado pero con la posibilidad de nunca volver a tener la oportunidad de decírselo. Está molesta. Está deshecha pero él no puede arrepentirse. Si no era ahora ¿cuándo?

—Te digo lo mismo —Sakura, agitada, lo mira deseosa de que se calle—. ¿Pensaste en ellos cuando me trajiste contigo esa noche? —la Fenrir contiene el aliento—. ¿Pensaste en cada uno de los que está peleando la vez que me besaste?

¿Por qué?

¿Por qué siempre tiene que decir algún argumento que la deja sin opciones?

Justo cuando va a contestarle algo, los ataques de aquella habitación les regresan a la realidad. Sasuke ha salvado a Sakura del último y desde entonces parecían haber cesado pero al parecer no están ni cerca de respirar tranquilamente. Ahora es ella quien empuja a Sasuke del otro lado mientras ella termina en el lado opuesto, aunque evitando que ambos así sean aplastados.

—¡Sakura!

—¡No vengas! —grita desde el otro extremo, pegando varios saltos hacia atrás para evitar ser aplastada hasta que topa con uno de los paneles que le obstaculizan escapar.

—Eres mas fuerte que esto, Loto —de nuevo la voz de Danzou se manifiesta y Sakura tiembla cuando siente sus hombros sujetados por unas frías manos. ¿Es él? ¿Es Danzou? ¿Cómo está logrando ese efecto ridículo? Es como si estuviese en todos lados—. Pero eres sumamente débil cuando está él.

De nuevo la imagen de Mikoto.

Es tan nítida que Sakura está por creer que en serio está ahí.

Está de frente, sumamente seria y con una enorme mancha carmesí en todo el estómago. ¿Quién? ¿Quién la hirió? ¿Quién la lastimó? ¿Quién...?

—Fuiste tú, Sakura. Tú la mataste —la voz de Danzou se reduce varias octavas hasta volverse más fina pero sin dejar de ser la de un hombre. Un hombre joven—. Y ahora me matas a mí —la barra de acero que antes perforó su carne ahora perfora la de Sasuke. Pero es como si él mismo se auto infligiera la herida. Es una imagen perturbadora, la de verlo herirse a sí mismo de muerte pero sin dejar de mirarla como quien mira al causante de todas sus desgracias.

La está culpando.

La culpa por todo.

Como Mikoto.

Más gritos.

Y Sakura reconoce cada uno de ellos.

Ino.

Iruka.

Kurenai.

Chiyo.

Hinata.

Konohamaru...

—¡Aaaaaah!

No se detienen.

¡No se detienen!

Desesperada, cae de rodillas al suelo manteniendo los ojos abiertos, sujetándose la cabeza mientras su propia voz, sus propios gritos, siente que son opacados por la sinfonía aterradora que está taladrándole hasta lo más profundo.

Están gritando y ella no puede hacer nada.

Nunca pudo hacer nada.

Mientras eso ocurre, Sasuke no da crédito a lo que ve. Sakura pelea con absolutamente nada, pero luce tan desesperada por algo que él no siente, no ve, ni oye.

¿Qué es...? ¿Qué es lo que le ha hecho ese infeliz?

—¡¿Qué demonios le hiciste?!

Sakura, a los pies de Danzou, mientras alimenta su agonía por medio de gritos sin sentido. Y él, de pie. Imperturbable hasta que sus miradas chocan. La primera vez que Sasuke lo vio la sensación fue distinta. Intimidación. Se sentía demasiado pequeño a comparación de él, tanto que no podía sostenerle la mirada mucho tiempo pero ahora...Ahora sí puede.

Y Danzou no podría regocijarse más por eso.

Hay fuego en su mirada, el mismo fuego que residió en Mikoto pero que él se aseguró de apagar.

—¿Yo? —los gritos de Sakura cesan pero está completamente desubicada, aún a sus pies, y Sasuke se llena de ira cuando Danzou le acaricia los cabellos en un gesto de sentir lástima. Como si fuera un perro—. Nosotros, dirás. Tú también eres parte de su desgracia. Parte del porqué ella terminó así —sollozando, lamentando, completamente incapaz de distinguir que es real y qué no lo es—. Ella ha sufrido tanto. Y seguirá sufriendo. Seguirá perdiendo si te sigue teniendo cerca.

—¡Suéltala! —Sasuke avanza pero esas placas que emergen de la nada se lo impiden. Rodean a Danzou y a una desmoralizada Sakura.

Debe alejarla. ¡Debe alejarla de él!

—¿No lo entiendes? Cada que te vea, a partir de ahora, verá solo mentiras. Desconfiará de ti y de todos del mismo modo que lo hizo con mi hija —la declaración es soltada tan de repente que a Sasuke no le da tiempo de digerirla adecuadamente. Cuando se da cuenta, ya está en el suelo, con el labio roto, y seguramente con algún hueso del brazo también.

El dolor le acalambra todo el cuerpo pero los oídos le zumban como si algo dentro de sí quisiera explotar.

¿Qué ha dicho?

¿Qué fue capaz de dejarla tan incapaz a ella?

Lo mismo que a él ahora.

No hace falta ser muy listo para entender todo lo que conlleva esa simple palabra.

Cuatro letras.

Dos sílabas.

Y todo el peso del mundo sobre sus hombros.

Está mintiendo. Definitivamente tiene que estarlo. O quizá ha sido él quien ha escuchado mal. Eso no tiene ningún sentido...para alguien que no quiere ver con claridad.

¿Cómo una simple palabra puede cambiarlo todo? Sasuke tiene tan fresca la imagen de Mikoto en su cabeza pero no ha tenido tiempo de tener pensamientos triviales sobre lo bonito que es su cabello. Sobre lo suave y blanca que es su piel. Sobre sus preciosos ojos. Ojos que él heredó pero que ella también tuvo que haberlo hecho de alguien.

Danzou es un hombre que ronda por los cincuenta a simple vista pero...debajo de esas arrugas, pasando por las mejillas y un par de cicatrices, pasando por las pestañas, están sus ojos. Sasuke tiembla cuando siente una extraña corriente eléctrica por todo su cuerpo en tanto cruzan miradas.

¡No! ¡Solo está siendo influenciado por sus palabras! ¡Está viendo similitudes donde no las hay!

—Puede que seas hijo de ese miserable —Sasuke se estremece— pero tienes de ella lo que ella tuvo de mí —a Mikoto, se refiere. Sasuke se desconecta un poco de sus palabras volviendo a mirar a Sakura. No se ha movido de su lugar, y aunque ya no grita, su estado no es alentador. Es de sumisión. De miedo. De negación.

No lo tolera.

—No la toques —la velocidad con la que Sasuke se pierde entre las placas de acero es de miedo pero incluso esa asombrosa demostración del mínimo de sus capacidades emociona a Danzou de manera perversa—. ¡No la toques! —lo oye y lo siente casi rozar su cabello. La furia le ha dado ese impulso aunque él no la sienta.

Sasuke, mientras tanto, frustrado.

Está tan cerca... ¡Tan cerca y no puede hacer nada!

—Si usaras el máximo de tus capacidades la tendrías a ella fácilmente —Sasuke se repugna pues mientras Danzou más alardea, más la toca—. Sakura es solo una demostración de que el poder real existe —hace una pausa, extendiendo uno de sus brazos a él con demasiado melodrama—. Pero tú...Tú posees lo que ningún otro. Nada tiene que terminar en tragedia otra vez si tomas la decisión correcta.

Y con correcta se refiere a que acepte la mano que le ofrece.

¿Está demente?

¿Por qué pensaría en...?

—Si hago lo que quiere... ¿Qué hará con ella? —Danzou sonríe, alucinado.

—No tienes que abandonar a Loto si decides quedarte. Todos pueden quedarse... ¿O serías capaz de abandonarla como lo hizo tu madre? —los vellos se le erizan pero hay demasiado sentimientos contradictorios. Está el hecho del peso de conlleva simplemente la palabra madre y por otro lado todo lo que ha salido a relucir.

Danzou puede estar usando lo que sea para convencerlo pero... ¿el mentiroso también sabe decir la verdad?

¿Y si no miente?

¿Y si todo lo que ha dicho es cierto?

¿Y si la culpable es...Mikoto?

No sabe nada de ella. No sabe nada de él pero uno está vivo y el otro muerto.

Y no puede preguntarle a un muerto.

Su convicción no había sido puesta a prueba sino hasta ahora...pero mientras más mira a Sakura y lo deshecha que se ve, sin siquiera moverse un milímetro de la jurisdicción de ese hombre, es como si sintiera que han perdido. Pero incluso si es en las desgracias...quiere estar ahí para ella. Incluso si tiene que aceptar lo que ese hombre dice.

Solo necesita extender más su mano.

Aceptarla.

Arruinar todo el plan y...

Sasuke se cubre el rostro apenas siente como es sujetado con fuerza de la cintura al mismo tiempo que frente a él un gran ataque se origina. Las placas chocan entre sí y tanto piso como techo resienten la vibración de varios lazos de titanio. Los suficientemente veloces pero delicados para moldear su forma a voluntad de su usuario.

Tan delgado como si fueran hilos.

.

IV

.

—Se supone que estaría aquí —dice Utakata, repasando la información obtenida hace solo unos minutos por uno de los soldados tras una sutil amenaza de su parte.

La expresividad de Sasori sería un deleite si se trataran de cosas felices o cosas que lo hagan reír. La realidad es que realmente duda que esos días vayan a volver un día. Las únicas sensaciones que tiene ahora son angustiantes.

Tener a Iruka consigo ayudó en parte a que se sintiera un poco más seguro pero por supuesto que la idea de mandar a Sasuke en su lugar por Sakura ya no le resulta tan buena.

Considerando que todos los focos de ataque están siendo asediados y las paredes no se detienen ante las vibraciones. Han conseguido parte de los objetivos que se han impuesto pero aún quedan Sakura y ahora Chiyo.

—¿Qué nadie la ha visto? —Sasori se acomoda mejor el parlante en su oído, esperando alguna información relevante por parte de Hyuga o Kurenai.

—No tiene ningún rastreador consigo —asegura Hinata, cuidadosa con cada palabra que dice.

—Quizá ya fue evacuada —el soldado carmesí niega, soltando una risita sardónica al comentario absurdo que ha dado Iruka—. ¿Qué?

—Chiyo no es de las que huye —hace una pausa—. Tú más que nadie debería saberlo.

Por supuesto. Por supuesto que lo sabe. Incluso ya se ha planteado un escenario bastante peligrosos en el que ella se ve involucrada más no ha querido decir nada por Sasori. Chiyo, a sabiendas de que Sakura o él, estén expuestos al peligro, haría cualquier cosa por protegerlos.

Es por eso que la idea de que siga en el Cuartel posee altas posibilidades.

Porque él haría exactamente lo mismo.

Posibilidades que están estresando demasiado al joven Fenrir y que no dejan cabida a la duda sobre si se encuentra preocupado o no. Sus gestos son genuinos, y aunque Iruka quisiera apreciarlos mejor, desearía que fueran de otro modo.

—Solo se me ocurre un lugar a donde iría —Iruka le toma del brazo con fuerza, antes de que consiga dar la media vuelta completamente—. No intentes detenerme, Iruka.

—Más bien quiero pedírtelo. Si Chiyo está con ella, entonces estará bien.

—¿Eso pensaste cuando Kakashi decidió irse? —Iruka solo engrandece los ojos mientras Sasori siente como cede su agarre—. Kurenai dice que confías en mí.

—Lo hago —lo que Sasori hubiese dado por esa respuesta y esa mirada tan conciliadora hace unos años. Ahora que la obtiene se siente agridulce—. Nunca he dudado de ti.

—Entonces déjame ir.

Que lo deje ir, dice.

Que lo deje hacer lo que él no pudo.

Que lo deje ser diferente a él.

.

V

.

No está donde debería estar, eso lo tiene claro.

El trayecto ha sido muy turbulento pues ha tenido que esquivar un sinfín de paredes pero...¿es correcto decir que él ha hecho algo? Él solo ha sido arrastrado por los aires pero ha sido tan espectacular que ni siquiera ha terminado de procesar lo que acaba de pasar.

Cuando busca con la mirada a Sakura, ella está a su lado, siendo liberada del mismo agarre que él desde la cintura.

Hilos.

Pero si mal no recuerda, los hilos de Sasori son de color plata. Estos son...

Hilos color oro.

¿Acaso es...?

Sasuke confirma sus sospechas cuando mira hacia atrás y la ve de pie.

Es la mujer.

La mujer que siempre está cuidando a Sasori y a Sakura a pesar de los años.

La que seguramente le enseñó a usar con gran maestría los hilos a Sasori.

La dama Chiyo.

—Los has puesto lejos de mi alcance y has destrozado la mitad de este lugar —Danzou se pasea por el centro con una expresión de recelo pero también de encanto, aun resintiendo el desastre que Chiyo ha dejado a su paso.

No solo ha puesto a salvo a Sasuke y le ha arrebatado a él a Sakura sin que se diese cuenta, sino que además ha deshecho gran parte de los paneles con los que Danzou se cubría, reduciéndolo a simples placas sin gracia en el suelo.

Además de que ha fracturado parte del piso y parte del techo con su magistral demostración.

La tensión en el ambiente se vuelve más pesada a pesar de que la balanza a simple vista luce desfavorable ante Danzou al estar él solo pero la realidad es que están iguales. Lo que es más, Sasuke siente que ha sido un milagro que la mujer apareciese. Se siente frustrado...Frustrado porque ahora que Sakura está fuera de combate él debería ser quien la proteja...En su lugar no ha hecho nada.

—Y tú te has ocupado de arrebatarme todo lo que he amado —Chiyo se pone delante de ambos y aunque Sasuke sabe que solo está protegiéndolo debido a Sakura, esa mujer se ve auténticamente firme.

Como si la historia entre ella y Danzou hubiese comenzado hace tanto.

—Te pedí que estuvieras a cargo de su cuidado y de su entrenamiento, nunca te pedí que te encariñaras con alguno —aclara él, indispuesto a aceptar la culpa de los errores de la mujer—. Mikoto aprendió eso de ti seguramente. Por eso estamos hoy aquí, Chiyo.

Mikoto de nuevo.

En cuanto la menciona el semblante de la mujer parece descomponerse. Las verdades son claras y ciertas, entonces...incluso podrían remontarse a tiempos más antiguos. Sasuke lo deduce con solo ver la reacción corporal de ella. Entonces...Mikoto también estuvo bajo el cuidado de esa mujer.

Ella...Ella lo sabía. ¡Lo sabía todo!

—¿Por qué...? —la pregunta de Sasuke sale inesperadamente de sus labios. Chiyo desvía la mirada hacia él y...Dios. En verdad es tan parecido a Mikoto —. Usted lo sabía... ¡Lo sabía y nunca le dijo nada a Sakura! ¡¿Por qué?!

—Tú preguntas por qué —Chiyo y Sasuke se alarman cuando en medio del silencio y de la penumbra, hayan una silueta más. Una silueta detrás de Danzou, aproximándose. Chiyo se tensa mientras Sasuke solo envuelve con fuerza la mano estática de Sakura—. Pero yo pienso ¿por qué no? —Sasuke engrandece los ojos cuanto distingue al soldado.

—Danzou... ¿Cómo has podido...?

—Oh, no, no, Chiyo. Sai ha aceptado esto por su cuenta del mismo modo que uno decide de acuerdo a lo que ambiciona. Tú, por ejemplo, decidiste callar.

¿Qué hace él ahí? La luz es escasa pero Sasuke puede darse cuenta de las heridas que posee. Ha estado peleando pero... ¿en qué parte? Sasori ni él se lo toparon el ningún momento y ni siquiera estaba en el galerón con los demás Fenrir.

Le gustaría poder informar o transmitir algunas imágenes a Kurenai y a Hyuga pero todo su equipo está roto. Aun así, le sorprende ver a ese infeliz ahí, y aún más viendo como permanece impávido y seco durante todo ese discursito. ¿Qué es lo que planea Danzou y porque Chiyo ha reaccionado de esa manera al verlo?

—Acércate —el Fenrir azabache solo se mueve delante de él, dándoles la espalda a ellos, ladeando su cabeza hacia un lado, exponiendo su cuello mientras Danzou levanta la mano y se vislumbra una jeringa.

—E-Esa es...

—Sangre de Sakura.

Claro. ¿Qué sentido tendría inyectarle a un humano el virus de las esporas si la probabilidad de que se vuelva Draug es relativamente alta? El virus elige, elige a quien infectar pero casi siempre se decanta por una respuesta negativa: Los Draugs. Pero si se le inyecta a alguien sangre de un alterado, de alguien que a nivel celular se ha adaptado al virus... ¿podría presentar las mismas capacidades de un alterado sin serlo?

Pero un humano no resistiría el cambio.

A menos que Sai...

Es demasiado pronto...Según los registros descargados de las instalaciones de la Zona Sur, los síntomas se presentan luego de varios minutos. Pero la velocidad con la que Sai los manifiesta es tan rápida como la manera en que Chiyo, de nuevo, los ata a él y a Sakura de la cintura, maniobrando con ellos para que el Fenrir no los alcance.

Arriba.

Abajo.

Izquierda.

Derecha.

Por donde sea que mire Sai está ahí. En uno de los últimos intentos de Chiyo por alejarlos, Sakura queda expuesta ante él. Sasuke no lo piensa demasiado, usando su cuerpo para cubrirla y reaccionando impulsivamente debido al frenesí. Levanta el brazo, resistiendo con fuerza el ataque de Sai de frente, y azabache con azabache se miran. Hay demasiado odio en sus ojos, demasiada ira, y toda está direccionada a ellos pero Sasuke no tiene tiempo de preocuparse por él o de sentir pena por su miserable vida.

Él es diferente, y aunque aún no asimila enteramente que posiblemente su particularidad sobrepasa a la del resto, ésta vez va a hacer uso de lo que sea.

La fuerza con la que resiste su golpe, aumenta. Él no necesita de nada más, solo necesita desearlo.

Solo necesita sentir que puede proteger a alguien.

Solo necesita creer que él puede ganar.

Pero antes de que hiera a Sai, Chiyo despedaza aún más el techo y lo arrastra lejos de él. Haciendo que parte del techo se desmorone, proporcionándole el suficiente tiempo y distracción para que Sai quede del otro extremo.

—¡Hey! ¡Pude haberlo acabado! —se queja Sasuke una vez que Chiyo está al alcance de él.

—No vas a tocar a ese niño —el muchacho frunce el ceño—. ¿No lo ves? Él también es una víctima de Danzou.

—Pues la víctima tiene toda la intención de matarme —ahora es ella quien luce dubitativa.

—No tenemos qué pelear.

—Ese pensamiento es el que nos trajo aquí —la mujer jadea. Lo hace porque la silueta de Sasuke, ahora que se ha puesto de pie, se parece mucho a la de Mikoto. Y porque tiende a hablar como ella—. ¿Puedes volver a hacer eso?

—¿Eso?

—Usarme.

¿Cree que no lo ha notado? ¿O simplemente ha fingido que no lo ha notado por mero beneficio emocional? Hay hábitos que Chiyo no puede dejar atrás; y puede que Danzou tenga demasiada razón sobre ella. Puede que ella padezca el mismo mal que Iruka y Kurenai. O es más probable que haya sido ella quien los haya influenciado a ellos a callar. Ella nunca ha querido reducir el resplandor de nadie pero inconscientemente lo ha hecho.

Hacerlos desistir de decisiones heroicas es, posiblemente, su mayor error.

Desalentar a Mikoto. Desmotivarla a conseguir uno de los mayores placeres de la vida solo para mantenerla segura.

Segura y protegida a cambio de una vida llena de órdenes. Desechando la idea de una familia, abandonando los riesgos.

Ahí está Iruka, incapaz de serle útil a Sasori o a Sakura. Ahí está Kurenai.

Ahí está ahora ella queriendo escapar sabiendo que no llegarán muy lejos.

Ha ido hasta ahí con un propósito pero Sasuke parece haber heredado una convicción mayor. Y todo por ella. Por Sakura.

La Sakura a la que siempre quiso demostrarle que poseía bondad...es la misma que ahora está tan apartada de la realidad. Como un recipiente sin las fuerzas de querer luchar. Si Chiyo desea no pelear, el resultado será el mismo que con Mikoto.

Sasuke se tambalea un poco sintiendo los puntos en su cuerpo de donde se enredan los hilos tan pronto entiende que esa es la respuesta de Chiyo. En otra situación le gustaría sonreír enardecido pero ahora solo asiente, agradecido.

—Suelta el cuerpo y no te rigidices. Deja que el resto lo haga yo —Sasuke solo asiente—. No trates de herirlo a muerte.

—¿Entonces dejo que él me mate? —el muchacho ríe, irónico, colocándose alerta.

—Si eres el hijo legítimo de Mikoto, dudo que puedas morir con facilidad —Sasuke hace una mueca—. Descuida. No te dejaré morir. Eres el pilar de Sakura ahora, así que te mantendré con vida.

¿Qué hubiese pasado si Sasuke hubiese interpretado mejor sus palabras? En una situación así es justificable el no pensar dos veces las cosas.

Se supone, están peleando por un bien común ¿no es así? ¿Entonces por qué la gente tiende a tomar decisiones radicales antes de ver el marcador final? O quizá no lo esperan, quizá ellos son el marcador.

A Sasuke todo eso le resulta difícil de entender. Mientras está por encima de Sai y cae con una gracia y exactitud que no sabía que poseía, se permite mirar a Sakura desde su posición. Chiyo es quien lo controla como quien controla a un títere pero Sasuke tiene vida aunque la suya, en estos momentos, no yace dentro de sí mismo. Yace a un lado de la maestra de los hilos. Le ha entregado su vida a ella. Ha apostado por una desconocida que más bien da la sensación de ser una vieja amiga.

Aún no sabe qué cosas son ciertas de todo lo que ha oído pero Sasuke se guía de acuerdo a las acciones.

De ser una persona acostumbrada a traicionar, no estaría ahí, apostando por él, manteniéndolo con vida al mismo tiempo que le permite ser útil.

Los ataques de Sai son certeros pero vienen de todas partes. Como si un interruptor hubiese activado a una bestia dormida, sedienta de hambre. Es más rápido, más preciso, pero no presenta el cambio drástico y físico que posee un Draug, salvo el enrojecimiento de los ojos y las venas que se le marcan con cada golpe que le propina. Es una suerte que los hilos de Chiyo sirvan como armadura pero es obvio que se debe a la habilidad de su usuario.

Hace unos instantes Sasori también realizó muchas variaciones con los suyos por lo que no le queda duda que de ella aprendió tal habilidad.

Ahora el tiempo se detiene...o simplemente está viendo las cosas de forma lenta. Tal como sucedió durante el enfrentamiento con aquella mujer.

Sasuke llena de aire sus pulmones lanzando un golpe certero en toda la cara de Sai, partiendo el aire y seguramente rompiéndole algún hueso. Esa fuerza ha venido de algún lado...pero por algún motivo quiere llorar. ¿Cuántas veces Sakura quiso hacer lo mismo y colapsar?

Es curioso como los papeles lucen invertidos...y cómo él sigue siendo un imbécil al perder la concentración volviéndose un blanco fácil de Sai, nuevamente, una vez se levanta con la misma rapidez con la que lo lanzó. De nuevo la cámara lenta. Puede ver las aleaciones de titano de los hilos de Chiyo moverse una entre sí, apresurándose a conectarse para evitar que el golpe llegue pero no va a suceder.

Él ha sido demasiado imbécil.

Pero no puede morir con facilidad ¿no?

Sai no está viéndolo a él. Cuando Sasuke se percata, él ha desaparecido de su vista. ¿Dónde...?

—"¡Sakura!"

Debió esperarlo. Que aunque se le ordenara pelear contra él iría tras ella...Porque ella es lo que más odia.

Chiyo se ve acorralada a decidir. A decidir una vida por otra. Soltar a Sasuke y detener a Sai significaría entregarlo a Danzou. Ve sus claras intenciones mientras Sasuke no lo hace. No lo hace porque está cegado viendo a Sakura. Completamente ajeno a la silueta que hay detrás de él. Ese fue siempre el plan desde el inicio, orillarla a soltar al muchacho para defender a Sakura...Porque es el razonamiento lógico que alguien como Danzou tendría a cerca del sentimentalismo.

Así es el ser humano una vez que es puesto a prueba en un escenario en el que la vida de un ser querido vale más que la de un desconocido.

Chiyo soltará a Sasuke y lo dejará a su merced.

Salvará a Sakura, se salvaré ella misma, y el ciclo se repetirá.

Danzou está apostando por la presión, apuesta por el comportamiento humano expuesto a tal nivel de estrés...Pero se equivoca.

Se equivoca porque subestima demasiado a las piezas de su tablero.

La Reina blanca se ha amotinado.

Se ha aferrado a Sasuke y también se ha aferrado a ser el escudo humano de Sakura así sea teñida de rojo.

La Reina blanca sangra.

Sangra recibiendo la espada de Sai con rabia.

La Reina blanca resiste.

Y solo cuando Danzou demuestra un semblante de consternación al verla tomar un rumbo distinto al decidir, ella toma la oportunidad. Suelta a Sasuke solo para casi arrancarle el brazo a Danzou con la forma filosa que han adoptado los hilos al unirse. Aferrándose mientras lo amarra y parece desgarrarle la piel.

El Rey blanco también sangra porque su propia Reina le ha traicionado a un nivel sin precedentes. La distancia no es in impedimento ni el dolor que empieza a entumecer sus músculos tampoco. La espada de Sai se incrusta con más saña pero Chiyo solo pone atención en el vacío de sus ojos. Sai está dentro de un trance debido a la sangre de Sakura pero pronto él también comienza a presentar síntomas que no debería.

Chiyo comprueba su hipótesis de ese modo.

La sangre de Sakura podría ser un arma letal con la cual se podría crear un ejército similar a lo que ella representa...pero Danzou se equivoca en una parte. El nivel celular de Sakura está ligado a su conducta por lo que haber extraído su sangre siendo que atravesaba un cuadro de estrés iba a traer fluctuaciones.

Sai rechaza su sangre...No tiene autoridad ni ha asumido los rasgos de Sakura.

Pero es un error pensar que Danzou no ha deducido lo mismo ahora que ve como Sai convulsiona. Creyó que podría desecharla y hacerse de Sasuke sin demasiados obstáculos pero se equivocó. La necesita. Los necesita a ambos...Aun así tenga que llevárselos medio muertos de ahí...

Así su último movimiento es decidir dar algo a cambio.

La sangre que brota del centro de Sai ahora es mayor pero no es debido a las convulsiones...Chiyo brota una gran cantidad por su boca del mismo modo que él cuando lo nota. Danzou ha sacrificado su brazo, el brazo que Chiyo ya lastimado, solo para poder moverse. No ha habido grito ni dolor pero ella en cambio está consternada por ese movimiento.

Sacrificar su brazo, atravesar a Sai para después atravesarla a ella.

La espada de Sai encaja profundo pero también la de Danzou.

La Reina está sangrando pero no retrocede.

Así es como debería ser...Tener a Danzou ocupado en frente suyo, manteniendo sus manos ocupadas mientras las de ella están libres. Libres porque no hace ningún intento por retirar las armas. Libres para levantar una última vez sus brazos antes de que Danzou se los arrebate.

Libres para tomar a Sasuke y arrojarlo cerca de Sakura, poniéndolos fuera del peligro ante el derrumbe que ella misma ocasiona.

Libres para fracturar el techo ya sin ninguna consideración al joven soldado que tomó decisiones equivocadas, mismo que está siendo atravesado por la misma espada.

—¡No! ¡Espera...! —las súplicas de Sasuke callan cuando la mujer voltea, sonriendo. Pero no es a él, es a Sakura. A Sakura que, amansada y destruida, voltea a mirar como quien mira a la nada. Hasta que la realidad la golpea.

—Sakura...

"—Dicen que cuando una Reina cae, una nueva emerge.

Atardeceres felices.

Sasori, Sakura y Chiyo pegados al riachuelo, en los contados y restringidos días en los que se les permite pasear por Konoha.

—Son como las flores.

—Sí.

Cuando una joven y nueva empieza a florecer, la antigua comienza a marchitarse."

—¿Chi...yo?

En el ajedrez siempre hay dos de todo. Y ninguna otra pieza es prescindible además del Rey.

Hay dos juegos de siete peones.

Hay dos de caballeros.

Hay dos de torres.

Hay dos Reyes.

Hay dos Reinas.

Una negra y la otra blanca.

Ambas poseen el mismo valor como la misma gracia y capacidad para seguir aplastando oponentes con tal de proteger al Rey que han escogido.

Pero de las dos, ¿quién te parece la más pura en cuanto la vez? Las apariencias pueden engañar pero en ocasiones el color que poseen las representa adecuadamente.

Sasuke debió suponerlo.

Debió suponer quien de las dos Reinas se iría primero.

—¡CHIYO!

El último movimiento de la Reina blanca.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Primero que nada, lamento si se me fue algún dedazo. He terminado de escribir y publicar este capítulo apenas hoy y...Pues me dieron ganas de subirlo hoy mismo xD Estoy segura que me ocuparé este fin de semana con otras cosas.

En fin...Tengo mucho que decir...Pero mejor quiero oírlos a ustedes (?) -c sienta esperando la horda-

Si no había sido suficiente con la revelación pasada, ahora sucede esto. Lo siento, pero por casi 40 capítulos hice de Sakura un personaje que aparentemente no podía romperse...pero al final es humana, o conserva parte de ello por lo que ha terminado en un estado en el que ni siquiera puede valerse por sí misma.

Solo está recibiendo golpes y más golpes.

Perdóname niñita (?) (A Sakura).

Con respecto al capítulo, he soltado algunos otros secretos (?)

¿Mikoto tiene un hermano? QUEDÉ.

¿Chiyo sabía todo? QUEDÉ X2

¿Chiyo crió a Mikoto? QUEDÉ X3

¿Si Sasuke es nieto de Danzou, es primo de Sai? QUEDÉ X4.

Pero wait...¿Qué chingaos es Sai? ¿En verdad es algo de Danzou? QUEDÉ X5

Con respecto a la sangre de Sakura, por si no quedo claro, aquí se los explico mejor (?): Sakura es única entre todos. Su sangre, al adaptarse tan bien al virus, bien podría servir para crear un ejército como ella PERO su adn está ligado a un patrón de conducta.

Es decir, si se le extrae sangre en pésimas condiciones, tanto física como mentalmente, la sangre fácilmente es una muestra desechable. Por eso Sai la rechaza al final del capítulo. Bien pudo aumentar sus capacidades como las de un alterado pero solo por unos minutos ya que era una muestra defectuosa. Cuando Danzou le extrajo la sangre a Sakura fue durante su interrogatorio y Sakura ya estaba atravesando un cuadro de estrés, por así decirlo, severo.

El ADN de Sakura podría formar parte de un nuevo soldado si Danzou así lo quisiera pero ya que se desarrollo más como un espécimen de conducta, se necesita estar sana y en un estable estado mental para que el proceso funcione.

Sakura creó un lazo familiar con Mikoto. Desarrolló mucha empatía como obediencia así que para tener a la siguiente edición de "Sakura" bajo control, se necesita que todo en ella esté estable. De otro modo la sangre que le extraigan en el estado en el que está ahora, es inservible.

Espero haberles aclarado un poco las dudas (?) De todos modos tooooodo esto se los explicaré mejor en el segundo arco xDD

Y pues ya, nada más.

El próximo capítulo es el último. TENGO MIEDO.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Rooss-out.