Es así.
Konoha siempre fue demasiado pequeña para ella.
Así como Rhoda lo fue para él.
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XLI
Errantes
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El sonido es ensordecedor.
Tanto como para dejarnos desorientados y con un zumbido prolongado en los oídos. Como un muro acústico mientras mil desastres ocurren y rugen al mismo tiempo hasta que llega el silencio. El silencio absoluto que viene acompañado de la resonancia que poco a poco nos devuelve la facultad de oír el silbido del desastre provocado.
El aturdimiento no se va completamente pero estoy más ansioso por reponerme en la mitad de tiempo para poder localizar a Sakura.
Hay una densa capa de neblina debido a los escombros pero no oigo nada más que el sonido de tuberías rotas.
¿Dónde...? ¿Dónde está? Estaba junto a mí...Me aseguré de que así fuera cuando la sostuve con fuerza antes de que todo esto sucediera.
—Ah...—suelto un quejido llevándome una mano a la cabeza. Sangre. Debí golpearme contra algo aunque considero que no es nada grave.
No tan grave como el quejido agonizante de alguien a unos metros de mí.
Desesperada, como un animal herido buscando consuelo, Sakura mueve escombros que son más grandes de lo que ella es. Los mueve con rabia y los baña de angustia. La escena se me graba en las retinas.
Sus manos sangran, pero no le importa.
Su frente suda, pero no le importa.
Sus ojos arden, pero no le importa.
A Sakura nunca le ha importado el daño que se provoca a sí misma.
Su bondad es diferente. Diferente a la de las demás personas. Su recompensa siempre es el dolor. Y también es el odio que las personas se permiten sentir por ella al no ver más allá de los actos presuntuosamente crueles que hace.
No puedo permitir que continúe...pero tampoco soy capaz de apartarla y llevármela lejos a pesar de que sé que el peligro aún no se ha desvanecido por completo. No soy capaz de solo arrastrarla sin despedirse. Cuando llego hasta ella, la veo temblar. Piensa que voy a apartarla, a pedirle que nos vayamos, a pedirle que deje de hacer esfuerzos innecesarios, a pedirle que se abstenga de golpearse de lleno con la realidad...
Sin mirarla más, solo me hinco y comienzo a mover los escombros que hay en la parte superior.
Es la escena de un desastre, sin duda. Comenzando por ella.
Sakura es un desastre. Un desastre que, en estos momentos, no soy capaz de solucionar. Inconscientemente entrecierro los ojos con rabia. ¿Qué haría Kakashi? ¿Qué palabras pondría en su boca para un consuelo? ¿Qué haría él?
La alarma de emergencia se ha enmudecido y el leve pitido agudo que se expande por su oído poco a poco deja de oírse así como el aturdimiento también se va.
Pero en su lugar otras cosas se quedan.
Se quedan para siempre.
Se quedan, irónicamente, mientras esa mujer se va.
Sakura se queda sin nada mientras parte de su mundo se desmorona.
Apartando el escombro más grande, solo dejo que caiga a un lado fragmentándose en pedazos más pequeños.
Así como el corazón de Sakura. El que siempre ha sido tan frágil como el cristal.
No me permito seguir moviendo más cuando con mi gesto le digo todo tan pronto localizo a la mujer. Soy el más cercano a la verdad en ese momento, y solo cuando Sakura se acerca hasta mi posición, estalla.
Estalla su color.
Estalla su palpitar.
Estalla su desesperación.
Su angustia amplificada diez veces más de lo que alguna vez sintió.
—Chi...yo...
Las piezas blancas, en el ajedrez, inician el juego. El mocoso siempre recalcó eso por algún motivo.
No es coincidencia que los uniformes de SHINOBI sean de ese color.
El de la mujer está teñido de carmesí. Como las amapolas del involuntario recuerdo que acabo de tener sobre...mi madre en medio de un campo abierto rodeado por ellas. El recuerdo, por sí solo, me punza el pecho. Soy consciente del dolor, finalmente. Pero es sumamente amargo tenerlo en un momento como ese.
A pesar de que no es alguien con quien haya tenido demasiado acercamiento en estos meses, basta ver a Sakura desecha, viendo como toma su mano mientras solo abre la boca sin dejar escapar más que quejidos. Como si luego de decir su nombre hubiese perdido el sentido del habla.
La mitad del cuerpo de la mujer está debajo de un escombro sumamente grande que remata con varias vigas de acero. Es...difícil de imaginarse el estado de esa otra mitad de su cuerpo pero la realidad es muy clara. No puede moverse, ni podrá.
Y es un milagro que incluso pueda mover la otra mitad aunque parece más ser un acto involuntario. O porque sabe que ya nada se puede hacer.
Haciéndome a un lado permito que Sakura se acerque todo lo que necesite.
Y solo me quedo ahí, observando cómo se destruye más.
Observando como se despide.
—Sa...kura...
Sus lágrimas silenciosas que poco a poco toman fuerza, no dejan de salir.
Ésta es...una Sakura que nunca he visto.
Como si le llorara a la vida, a las injusticias, al pasado, a ser ella misma.
—De...Debes...ir...te —Sakura niega. Niega frenéticamente como un niño encaprichado con la libertad—. Kono...ha...siem...pre...—la mujer tose, y en el proceso escupe sangre. Sakura levanta su cabeza como si temiera que muriese ahogada con su propia sangre y no con todo el daño que hay en su cuerpo—...Siempre...les quedó...muy pe...queña...a las dos.
Como diciéndoles que ese nunca fue su lugar y lamentando que tuvieran que estar ahí.
A cerca de Sakura.
A cerca de...Mikoto...
—Lo...lamen...
—N-no hables... —la voz de Sakura es un hilillo. Una voz que apenas se sostiene. Una que apenas tiene voluntad.
—N-no...—de nuevo tose—, lamento...n-no poder...d-decirte más... —la pausa que hace es prolongada—. B-búscalo... —Sasuke repara en la mirada larga que le da a Sakura, y en la que le da también a él—. B-búsquenlos a...ellos dos...
A quienes podrían decirles toda la verdad.
Sakura relaciona una verdad con otra pero se siente cansada. Su mente está sumamente destrozada. No puede seguir almacenando más verdades. Yo, por mi parte, miro su gesto descompuesto sin comprender. ¿A quiénes se refiere?
—Esta vez...fuiste demasiado lejos, Chiyo —en medio de la penumbra y de todo ese panorama desalentador, ese hombre sigue con vida. ¿Cómo...? ¿Cómo es que...?
—¡Danzou! —grita una voz diferente. Casi tuerzo el cuello buscando a Iruka, encontrándolo rápidamente para luego sentir como el aire se corta filosamente por de mí.
Hilos.
Hilos color plata.
Nunca...Nunca había estado tan aliviado de ver a ese imbécil como hasta ahora.
.
II
.
Los huesos de Danzou, o claramente algo en su interior, cruje. La fuerza y la velocidad con la que los hilos le han perforado ni siquiera él lo ha visto venir.
Sasori está ahí, habiendo sido capaz de atravesar todos los obstáculos que se le pudieron haber presentado...pero está ahí. Chiyo se siente bendecida, bendecida de poder obtener una última imagen de ambos antes de morir. Es tan difícil conseguir una despedida en la que puedas reunir a los seres que amas. Con Mikoto nunca tuvo la oportunidad, solo recibió la noticia como un golpe en el corazón. Una herida que parecía nunca querer sanar...hasta que él apareció.
El remolino carmesí.
Berrinchudo y sardónico.
Y luego apareció ella...Aunque a ella ya la conocía.
Ambos se volvieron su mundo.
Y ahora están ahí.
Sakura, a un lado de Chiyo, tiembla. Tiembla indefensa y temerosa. La verdad es que siempre tuvo miedo. Tuvo miedo de la reacción de Sasuke, cuando se enterase de todo. Tuvo miedo de la reacción de Sasori, cuando le hubo herido de por vida. Tuvo y tiene miedo justo ahora porque ella siempre es la culpable. La culpable que nunca es culpada.
Los ojos de Sasori, los siente clavados en su espalda al igual que los de Iruka.
Está temblando...
Está...
—¡Espera, no lo mates! —Sasuke retrocede apenas de puro milagro cuando uno de los hilos de Sasori le roza la mejilla con letalidad—. ¡Escúchame!
—¡Muévete! —gruñe Sasori pero Sasuke percibe algo más. Verlo sombrío le da la misma impresión que si volteara a ver a Sakura. Está cegado.
—É-Él no...—Sakura jadea, apretando la mano de la mujer oyendo como hace un esfuerzo por hablar—. É-él no es...D-Danzou...
Como si un encantamiento fuese deshecho, la silueta robusta que Sasori atraviesa se vuelve más pequeña.
No es Danzou...Es Sai.
Iruka es quien jadea a su lado, tomando sus brazos con fuerza, pidiéndole que lo suelte.
—Sasori...Baja los brazos —pidiendo algo que no debería, pidiendo que por favor resista, pidiendo que no se vuelva un asesino—. Por favor, hijo —Algo dentro del joven Fenrir se rompe pero sus ojos están ausentes de lágrimas.
En su lugar, conmoción. Sus brazos pierden fuerza y finalmente los hilos vuelven a su sitio. El cuerpo de Sai cae, inconsciente y con demasiadas heridas letales que cualquiera esperaría que no resistiera, pero finalmente Danzou lo coge con una mano como un saco de papas, apareciendo como si fuese un ilusionista.
Es consciente de muchas cosas en ese momento.
Si decide atacar, perderá. La desventaja es clara en cuanto a números aunque es como si batalla ya la hubiese ganado él.
—Loto —Sakura no reacciona al llamado de Danzou, solo está ahí, con la cabeza agachada y el corazón desecho—. Encamínate asumiendo que si me enfrentas, cualquiera de los que amas va a morir —Iruka tiene que hacer un gran esfuerzo para sujetar a Sasori. Quiere arrancarle el otro brazo. Quiere arráncale la cabeza. Quiere pisar su cráneo—. El llamado de la sangre es poderoso, Sasuke. Cuando lo descubras, no tendrás más opción que venir a mí.
—Iré hacia ti...Pero será para matarte —Danzou sonríe, jocoso, finalmente desapareciendo, llevándose a un inconsciente Sai.
Las alarmas, siguen sonando.
Nada se detiene.
Nada puede ser revertido.
Nada de lo que fueron hacer ahí tiene la oportunidad de cambiarse.
Ese es el peso de la guerra.
Sakura más que nadie lo sabe...Y si lo sabía ¿por qué volvió a repetir todo?
De la irrompible chica no queda nada. Sakura finalmente deja ver su verdadero ser. Pero aunque no grita ni patalea, no hace falta. Hace mucho que no humedece sus mejillas, y se siente tan ligera y a la vez tan pesada. Ligera porque siente como se baña en lo que la hace humana, pero pesada porque no hace más que acumular pecados. Todo eso es demasiado...Ya no puede más. Ya no puede...
Sasori finalmente llega a su lado pero no le dirige la palabra. No hace falta. Iruka solo un paso detrás de él. Sasuke, un poco más alejado.
—Mujer terca hasta el final —es lo único que dice. En un solo acorde. De una sola vez. Sin una composición melódica ni nada que lo acompañe.
Sakura, sin embargo, solo está esperando ansiosa el peso de la culpa. El rencor de sus palabras. La acusación inmediata. Pero nada. No hay nada.
Chiyo tiene demasiadas cosas que decirles pero el tiempo apremia. La mitad de su cuerpo ya no la siente, y casi está perdiendo la sensibilidad de la otra. Pronto no tendrá fuerzas ni para hablar por lo que solo se decanta a lo que Sakura más teme pero a lo que también más valora.
—Cui...dense...el uno al otro.
No como amantes.
Como hermanos.
—Sa...kura...Lo siento por t-todo...
—N-no...—la Fenrir respira con fuerza, moviéndose un poco, ilusamente pretendiendo mover ese enorme escombro que le aplasta gran parte del pecho—. N-no voy a dejarte aquí. A-Aún...Aún podemos...
—Sa-Sasori...Por favor...
Más replicas y más vibraciones. Por supuesto, Danzou no se iba a ir sin hacer algún último movimiento.
—¡Tienen que salir de ahí, la estructura va a colapsar! —se escucha a través del parlante de Sasori. Por supuesto nadie más tiene una imagen precisa de lo que ahí sucede. La cámara frontal de su uniforme también está hecha añicos. Es un milagro que el auricular en su oído sea lo único que aún funcione—. ¡¿Me escucharon?! ¡Todos tienen que salir del Cuartel, ya!
La orden se repite en el oído de todos aquellos que dejaron atrás.
Cada uno con sus propios miedos.
Cada uno con su propia incertidumbre.
Cada uno con sus propias promesas.
—¿Q-qué...? —Sakura se resiste cuando siente la fuerza con la que Sasori le sujeta del brazo—. ¿Q-qué estás...?
No le está pidiendo permiso.
Solamente la arrastra. Igual que se arrastra a un animal herido y sollozante.
Por supuesto, le da pelea, resistiéndose. Pero ella es la única. Tanto Iruka como Sasuke lo siguen de cerca. Sakura no lo entiende...No entiende porque le están haciendo eso. Por qué ninguno hace nada. Y mientras se lo continúa preguntando, sigue estirando piernas y brazos. Llenándolo de golpes en la cara y golpes en el pecho.
Qué irónico.
Qué irónico y qué cruel, tener recuerdos involuntarios sobre los años en los que crecían juntos justo ahora. Así de curioso es el ser humano Reprochándose muchas cosas, no estando de acuerdo en muchas cosas, prometiéndose muchas cosas.
—¡Suéltame...! ¡Chi-Chiyo...! ¡Chiyo todavía sigue ahí...!
"Sa-Sasori...Por favor..."
Esa es la cosa más cruel que le ha hecho prometer a través de sus ojos, pero no puede culpar o resentirse con la Sakura que ahora mismo está intentando liberarse de él.
Es solo que ahora él está en el lugar de ella.
Haciendo el esfuerzo por cumplir algo.
—¡Sasori...! ¡No! ¡Por favor...!
Por favor, que la suelte.
Por favor, que la deje ir con ella.
Por favor...
—"Por favor...Cállate, Sakura..." —se repite mentalmente, sujetándola con un brazo de la cintura, mientras que con el otro termina por hacer que se derrumbe esa sala—"Solo...cállate..."
—¡N-no!
Dejando sepultada a la Reina blanca.
.
III
.
Respirar nunca había sido tan complicado pero justo ahora siente que se ahoga.
Siente que nada en su cuerpo está trabajando como debería. Solo ve formas, oye vibraciones, oye voces masculinas gritándose como si lidiaran con un problema nuevo en lugar de estarla compadeciendo a ella.
¿Dónde está y que es ahí?
¿Quién es y por qué corren?
Sus piernas a penas y se mueven, y solo está corriendo porque prácticamente la llevan arrastrada.
Se siente tan débil.
Tan débil como para hacer que una neurona se conecte con otra y encaje así toda las piezas para comprender la situación.
Ah, sus dedos se entrelazan con los de alguien.
Aunque duda de que ella haya sido la que haya iniciado ese apretón.
Es cálido. Cálido y a la vez fuerte.
Conoce su nombre...Sasuke.
—Vas a estar bien...—lo oye repetir muchas veces, sintiendo como aprieta con más fuerza.
¿Por qué?
¿Qué le orilla a decir eso?
Sakura, ahora mismo, está en un estado somnoliento en el que su propia mente la ha dejado reclusa de cualquier pensamiento potencialmente doloroso . Como un sedante espiritual. O porque, quizá, ella misma se niega a recordar cosas. Como cuando sucedió lo de Mikoto.
La realidad la aplasta.
La tela de sus ojos se cae en cuanto piensa en ella y todo cae por su cuenta.
Y ella vuelve todo más difícil cuando se frena y comienza a tener un potente ataque de pánico y ansiedad.
—¡Cárgala! —Sasuke no necesita de la orden de Sasori para hacerlo aunque pareciera que sí.
Danzou está apostando todas las instalaciones habiendo instalado dispositivos explosivos en cada pared mucho antes de que ellos se infiltrasen. A ninguno de ellos le queda duda de lo que este hombre está dispuesto a sacrificar. Los ha dejado ir...pero no espera que lleguen demasiado lejos tampoco. Quiere sepultarlos a todos ahí.
Y se hace de cualquier medio para lograrlo.
Del mismo modo que Naruto hubo activado el protocolo de seguridad del pasillo anterior, el que ahora atraviesan también se dispone a atacarlos.
Sea de la forma que sea.
—¡Sasori, háblame! ¡¿Qué es lo que sucede?! —la voz de Kurenai solo le perturba.
No quiere oírla. No quiere oír a nadie ahora. Solo continúa corriendo a la par que Sasuke lo hace, abriéndole paso y desviando cada placa o escombro que amenace con golpearlo.
Hace lo mismo con Iruka, por su puesto, pero no puede prestarle atención a uno sin quitársela al otro y eso lo está llevando a un nivel de estrés sin precedentes. Aun así, Sasuke está realmente sorprendido del temple que está mostrando.
Ahora que debería estar casi en la misma condición que Sakura, luce con un semblante furioso. Sus habilidades ni siquiera se ven afectadas; al contrario, lucen más precisas y rápidas que antes. Con un brazo se aferra a cualquier estructura que tenga por delante para avanzar él primero usándola como impulso mientras que con la otra enrolla a Sasuke –quien a su vez tiene a Sakura-, para arrastrarlo a la misma velocidad que él. Proceso que repite también con Iruka segundos después.
—Ese no es el camino hacia el punto de reunión que dijimos —Sasori hace oídos sordos a la aclaración de Hinata, intercambiando miradas cómplices con Sasuke—. ¡Están yendo en sentido contrario!
—Lo sabemos.
["—¿Solo hay esos accesos como dices?
Sasori acomodando su armamento mientras Sasuke llega a perturbar su ritual silencioso aprovechando que el resto se prepara para salir.
—Hay uno más —la aclaración no es suficiente para Sasuke, y Sasori lo sabe, suspirando—. ¿Es ésta la discreción de la que hablabas? Si me sigues a todos lados como una maldita sombra vas a hacer que sospechen.
—Solo quiero asegurarme de que vas a cumplir con tu promesa.]"
Mientras Sasori y Sasuke no dicen una palabra más al respecto, Iruka los ve desde atrás.
Hace tiempo que viene imaginando un futuro en el que Sasori se ve igual a Kakashi pero mientras ve sus espaldas, el panorama luce distinto. Inconscientemente a impreso todo lo que es en ese niño berrinchudo mientras que Sasuke...
Adelante ya no hay más camino, los escombros han obstaculizado el pasillo, dejándoles la dirección de los ascensores. Sasori hace uso de sus habilidades, abriendo las puertas con fuerza, topándose de lleno con el silbido del viento y el vacío del conducto de instalaciones. Los cables son inestables mientras algunos se han desprendido. Solo hay uno que se mantiene tensado pero eso es suficiente para apostar por él y usarlo como polea. No necesitan descender, necesitan subir. Llegar a la superficie. Y es el único medio, como si fuera una plataforma de embarque suspendida por un resorte.
Necesita saltar al vacío, cortar el hilo, y rogarle al cielo que el impulso los lance hacia arriba con la velocidad de un proyectil.
—Agárrala fuerte —indica él a Sasuke, quien solo frunce el ceño.
—No tienes ni qué decirmelo—Sasori hace una mueca, dirigiéndose ahora a Iruka, quien rápidamente entiende la situación.
—Tomaré a este idiota primero y luego a ti.
Enserio, ¿cuándo creció tanto?, piensa mientras finge ponerle atención y asentir, Iruka lo mira con demasiada melancolía.
—No te preocupes. Puedo saltar por mí mismo. Sigo siendo tu superior, ¿no es así? —Sasori lo mira, inocente. Víctima también de la ironía, el afecto y de las memorias pasadas. De las maneras en las que Iruka es experto en esconder la verdad—. Iré detrás de ti. Tú ocúpate de Sasuke y de Sakura.
Sasori le sostiene la mirada y un ardor increíble le entume toda la extensión de la garganta. Sasuke, por supuesto, no discute nada pues cree en las palabras de Iruka. Cree, de verdad, que los seguirá.
Pero él es un imbécil.
Un imbécil confianzudo que tendrá demasiadas caídas y demasiados tropiezos a partir de ahora.
Un imbécil que atravesará crisis, como él.
Que tendrá que tomar decisiones, como él.
Que tendrá que dejar tantas cosas importantes atrás, como él.
Cuando Sasori salta al vacío, con Sasuke y Sakura, no voltea.
No voltea porque no quiere ver como Iruka, seguramente, dibuja una expresión aliviada mientras lo ve alejarse.
Porque, evidentemente, le ha mentido.
Y porque finalmente ha visto a través de él.
—Voy detrás de ti, Sasori... —es lo último que escucha de él.
"Voy detrás de ti"
Sasori siente los ojos arder.
Ese "Voy detrás de ti" trae demasiadas cosas consigo, comenzando por decirle, implícitamente, que finalmente el soldado carmesí está por delante de él. Finalmente ha pasado la barrera de lo insuperable. Que finalmente ha superado a quien, por tanto tiempo, ha admirado. Pero la sensación es amarga.
Cuando corta los hilos del ascensor y este cae mientras ellos suben siente que se queda sin aire ...pero lo soporta. Debe soportarlo.
Los caballos, en el ajedrez, ciernen por encima de cualquier sentimentalismo. Son la fuerza y la fortaleza de su gobernante, en tiempos de paz...o en tiempos donde existe la guerra y la esperanza no se ve por ninguna parte.
Son ellos quienes protegen...Son ellos quienes guían.
Por eso él representa esa pieza mejor que nadie aunque sinceramente se sienta inútil justo ahora.
—¡Espera! ¿Iruka dónde...?
"Voy detrás de ti"
—"No mires atrás" —se escucha en su mente pero no es él quien se lo dice a sí mismo.
Es Iruka.
Es Iruka enseñando a usar la espada a un diminuto Sasori. Su mano adulta encima de su mano diminuta. Corrigiendo su postura, levantando su barbilla, estilizando su figura.
Es Iruka, dándole unas cuantas enseñanzas...
"—Si un día tu vida o la de Sakura corren peligro, no mires atrás. Solo tómala a ella y corre. Corre y no mires atrás"
Caballo desobedece pero solo en el concepto de no mirar.
Ahí está Iruka, La Torre, inamovible.
Con la silueta firme y recta, con la determinante en los ojos y la sonrisa en los labios. Tan cegador como un Sol.
Siendo succionado por una explosión.
Sasuke, conmocionado, no deja de mirar el resplandor de las brasas ni siquiera cuando se proyectan hacia arriba tal y como Sasori ha predicho. Tal como ha apostado. Lo único que puede hacer, una vez que llegan a su destino, es aferrar a Sakura contra su cuerpo. Ella también...Ella también lo ha visto todo. Ya ni siquiera habla.
Y durante el resto del trayecto nadie más lo hace.
Las explosiones son lo único que les persigue.
—¿Sasori? —el Fenrir carmesí se tensa cuando oye la voz de Kurenai en su oído. Agradece que no haya visto nada pero por favor...Por favor, qué no pregunte. Que no le pregunte nada—. ¿Sasori que ha...?
Sin detenerse, toman los pasillos correctos y las decisiones más difíciles, yendo en contra de lo que han acordado todos en el refugio de Kurenai. Por supuesto, Hinata no desiste en expresarlo pues no entiende qué demonios hacen.
—El punto de encuentro es hacia el otro lado...
—Nosotros no iremos ahí.
Silencio.
Debe ser una broma.
Hinata siente que la garganta le arde y se le cierra cuando oye a Sasuke decir tal disparate.
—No digas tonterías. Da media vuelta y...
—Si damos media vuelta solo nos toparemos con el fuego —aclara Sasori, respirando un poco entrecortado, como si hubiesen llegado a un punto en el que finalmente pueden hablar más—. Kurenai —la forma en que dice su nombre es dolorosa—. Tenías razón —silencio—. Él confiaba en mí.
La mujer conserva un semblante incrédulo solo unos segundos para luego romperse. Únicamente baja la mirada pero es suficiente para que Hinata la mire y ella también comience a perder la tranquilidad.
—Sasuke. Por favor. Da media vuelta y trae a Sakura —su silencio solo la altera más—. Trá-tráela...L-lo prometiste...Se lo prometiste a...a Konohamaru...
Es cierto.
Se lo prometió.
¿Pero cómo podría mostrarle el estado en el que ella se encuentra? ¿Con qué cara podría enfrentarse a ese niño llevando a Sakura en esas condiciones irreconocibles? Para ese niño ella su heroína y la persona que más ama...Ese niño es frágil y Sasuke no quiere ver sus lágrimas por alguna razón. Pero se siente miserable, al mismo tiempo, al no tener una respuesta qué darle a una descompuesta Hinata.
Se siente el villano.
¿Quién es él para arrebatarles a ellos dos a Sakura y llevársela lejos? A quienes han estado en su vida mucho antes que él.
Sasori se lo dijo una vez y ahora vuelve a su mente. Desde que él apareció...solo han sucedido cosas malas.
Baja la mirada...Sakura está de pie solo porque él la sostiene para que no se derrumbe pero es como si sostuviera un cascarón vacío. No puede...No puede mostrarles esta faceta de Sakura a ellos. Los destrozaría. No importa si es él quien tiene que soportarlo por un tiempo. Lo prefiere así.
—S-Sasuk...
—Mocoso —el azabache la interrumpe, haciendo que su voz se escuche clara ahora que Sasori se ha quitado el micrófono del oído y se lo ha dado a el—. Konohamaru...
—Estoy aquí —Sasuke sonríe, amargo. Ese tono de voz malhumorado es muy malo. Tan malo como se lo imagina intentando fingir que está bien—. ¿Sakura está...?
—Está bien —hace una pausa—. Está a salvo —dice, mintiendo en lo primero.
—¿Van a irse?
—Sí...—la garganta le arde—, pero volveremos a vernos. La llevaré devuelta a ti.
¿Y cuánto tiempo tomará?
¿Será en una semana? ¿En un mes? ¿En la próxima nevada? ¿Cuándo el cumpla trece o cuando cumpla cuarenta? Quiere atestarlo de preguntas...Sin embargo, se abstiene. Konohamaru siente lo mismo que él. Están conectados a fin de cuentas. Sasuke ni siquiera sabe cuánto le tomará. Pero también sabe que no miente.
Lo sabe.
—Te creo —Sasuke asiente como si en verdad Konohamaru pudiese verlo—. Cuida de ella. Y no le des problemas.
—Hinata—la soldado retoma su posición, llorosa, acercándose al micrófono. Ni siquiera se percata que es la primera vez que Sasuke le llama por su nombre—. Cuida de él y mantente a salvo.
—No tienes que... —la comunicación se corta en cuanto Sasuke tira auricular al suelo y lo despedaza con el pie.
El sitio al que han llegado es el antiguo hangar subterráneo. Debido a las nuevas tecnologías digitales implementadas a lo largo de los años y al espacio que exigía cada una, las dimensiones de ese lugar así como su uso quedaron obsoletas. Quedó deshabilitado hace muchísimo tiempo. Pero aún conserva la estructura, conserva algunos vehículos y equipamiento, pero sobretodo conserva la única salida que no es custodiada por nadie pues se supone es un área prohibida.
Hace tiempo que debió ser demolida...Sasori quiere creer que por algo suceden las cosas.
Quiere sentir un poco de optimismo, al menos. Intenta, en verdad, mantener su mente concentrada en lo que está haciendo mientras Sasuke se ocupa de preparar el que será su vehículo.
Las estructuras que le obstaculizan el paso, Sasori las aparta, dejando el camino lo más limpio posible.
—¿Estás seguro que podremos pasar los sistemas de seguridad de la muralla? —Sasori deja de mirar el inmenso túnel, sintiendo el silbido del frío, volviendo en sí. Sakura sigue de pie en la plataforma de embarque. Estática. Como quien necesita un aliciente o una orden para moverse.
—La muralla lanza ondas electromagnéticas a cualquier arma digital por lo que los vehículos actuales no serían de utilidad. Se haría un corto en su sistema— dice, trepándose al asiento del copiloto solamente para verificar los tableros de arranque y abrir los alerones que les permitirán ir con más velocidad—. Pero estos vehículos son análogos. No les hará nada —Antes de que Sasori descienda del vehículo, Sasuke atrapa su mano por encima del tablero. No es un gesto amistoso...pero su semblante es de alguien agradecido.
Sasori no dice ni asiente. Solo se aparta, dejando a Sasuke continuar con los preparativos.
Y ahí está finalmente.
La despedida.
Sakura a unos centímetros por encima de él debido a que se encuentra sobre la plataforma y Sasori por debajo.
Él suspira dejando salir el peso del mundo.
Extiende su brazo hacia ella, ofreciéndole su mano y aunque Sakura no la toma enseguida, no emite ninguna queja cuando Sasori la carga hasta dejarla en el suelo junto con él.
—¿A dónde...? —musita a duras penas, luciendo demasiado desorientada como para darse cuenta de dónde está y que es lo que ambos están haciendo.
—Tú y él. Yo no iré con ustedes —Sakura, finalmente, despierta de su letargo. Mirándolo desmedidamente con ojos ansiosos.
—¿Q-qué...?
Sasori voltea a mirar a Sasuke, quien claramente se ha detenido unos segundos a oír el inicio de la conversación mas no hace nada. De hecho, es como si ambos supieran que están esperando que el otro actúe. Sasori entiende ese gesto como el de permitirle tener unas cuantas palabras finales con ella, aunque no es como que también necesitara de su autorización para hacerlo.
—¿C-cómo que no vendrás con nosotros?
—Ese era el plan desde el inicio —la Fenrir busca respuestas en los ojos de Sasuke, pero él no la mira. No la mira porque no tiene nada sobre lo cual mentir.
—¿Cuál plan? —dice, con el aliento entrecortado—. ¿A quién se le ocurrió tal...?
—A nosotros dos.
Mientras se repartían golpes en la cara en el refugio de Kurenai, mientras dejaban salir todo lo que habían estado conteniéndose, ambos hicieron un pacto. Y solo llegaron a un mutuo acuerdo porque se trataba de ella.
No.
Debe ser un chiste.
Sakura niega, obtusa a creer lo que está oyendo.
—¿Y por eso estás haciendo esto? ¿Debido a que hiciste una promesa tonta? —Sakura reclama, y es como si volviera a ser la misma malhumorada chica que alguna vez conoció. Ante la ironía de los hechos, Sasori emboza una risa amarga, y Sakura cree que está viendo una ilusión.
—Promesas tontas, dices...Como las promesas tontas que tu haces —Mikoto—. Como la promesa tonta que te hice hace mucho tiempo —la Fenrir contiene el aliento—. Te dije que te sacaría de aquí un día.
—Y también recuerdo que prometiste que nunca jamás me ayudarías luego de las heridas en tu espalda.
—¿Qué más prueba necesitas entonces, Sakura?
—¿Eh?
—Para entender que yo no soy una persona confiable.
De nuevo no es llanto, solo lágrimas. Agua salada cayendo y encontrando su final a impactar en el piso.
Como la lluvia.
Como los secretos escabrosos.
Como las promesas que se quieren cumplir.
—Debemos irnos ya —la voz de Sasuke sale desde el vehículo.
—Sube al vehículo —cuando Sakura da un paso atrás a la plataforma, Sasori la toma con fuerza del brazo, casi metiéndola al vehículo en contra de su voluntad.
Sasuke, de inmediato, bloquea la puerta para que no escape. Sakura voltea a verlo como si la situación fuera de terror. No puede estar hablando enserio. No puede estar haciéndole eso. Por mucho que entre Sasori y ella las cosas sean irreparables, no puede dejarlo. No puede...
—Abre la puerta —Sasuke vuelve la mirada al frente, apretando con fuerza el volante—. ¡Que abras la puerta! —el motor ruge.
No. No. ¡No!
—Una vez me dijiste que no le tenías miedo al mundo... —Sakura voltea a mirarlo a través de la ventanilla. ¿Por qué? ¿Por qué están haciéndole esto? Ya perdió a Chiyo. A Iruka...Pero él...Él...—. ¿No es así? —la Fenrir sorbe con fuerza—. Sakura...
—No al mundo...Sino a lo que yo pudiera hacerle.
—Chiyo tenía razón. Konoha siempre te ha quedado pequeña —Sasori hace una pausa, apartándose—. Las respuestas que buscas están allá afuera. No aquí.
—Por favor...Ven...Hay suficiente espacio...—Sakura se ve incapaz de seguir hablando cuando Sasori levanta la mano, mostrando el meñique.
—Me subestimas demasiado si crees que voy a quedarme aquí sentado mientras ustedes se van —aguarda silencio antes de seguir—. Esta es mi promesa. Cuidaré de lo que dejas atrás pero solo por un tiempo. Cuando nos volvamos a ver, tú te harás cargo.
—No...
El vehículo se pone en movimiento y justo antes de que pierda de vista el color de sus ojos, entiende lo que dicen sus labios mientras se mueven y la abandonan.
"Mira dentro de tu bolsillo"
Sakura hurga en el bolsillo de la chaqueta negra que Sasuke le ha dado minutos atrás, cuando venía corriendo junto a él por los pasillos.
Los ojos se le llenan de lágrimas silenciosas.
El broche de la flor de loto.
"Toma. Una muestra amistad"
Y una barra pequeña de chocolate blanco.
.
IV
.
—Ka...¡¿Kakashi...?!
Por favor que alguien lo golpee muy fuerte en la mejilla. Que le tumbe los dientes si es preciso. Cuando Naruto se da cuenta de que no se lo está imaginando, solo comparte un tembloroso abrazo.
De verdad...De verdad es él.
—¿Quiénes son ellos? —Ino, recelosa al igual que el resto, mira a los demás desconocidos que descienden de los vehículos que les esperan tal y como Kurenai prometió al llegar al punto de reunión.
—Son aliados —la mujer aparece junto a Hinata y un callado Konohamaru—. Son soldados de Rhoda.
—¿Rhoda? —Fuu emite la pregunta por todos. Tan perdida y desorientada como el resto.
—¡No tienes idea de lo feliz que me hace verte, hombre!
—¿N-Naruto...?
El reencuentro entre Kakashi y el rubio se ve interrumpido cuando Naruto debe estabilizar su cuerpo luego del tremendo abrazo que Hinata le da. No sabe de qué va a morir primero, si de la impresión de ver a Kakashi, de asfixia por los brazos de Hinata, o de vergüenza y sonrojo por lo caliente que siente la cara justo ahora.
A su lado, Konohamaru parece alegrarse también de verlo, acercándose con cautela luego de que Hinata finalmente lo soltase, recibiendo un gesto cariñoso en la cabeza. Gesto que aligera un poco su tristeza.
—Creí...Creímos que habías... —Naruto aprieta los labios sintiéndose verdaderamente mal de ver el gesto descompuesto de Hinata.
—Es una larga historia —ríe, nervioso, percatándose de que falta gente—. ¿Dónde está Sasuke? —ante la mención, Kakashi se acerca de nuevo, gesto que imita Kurenai. Hinata, a su lado, se queda muda, desviando la mirada. Aquel detalle solo hace que Naruto piense lo peor—. Dime que no...
—Ambos están en una pieza si es a lo que te refieres —Kurenai es la primera en acercarse a Sasori, quien desciende de la estructura de uno de los tantos pasadizos que se conectan a ese enorme túnel subterráneo. Una de las otras salidas que Kurenai ya tenía preparada.
La mujer se aferra a su complexión, aliviada. Sasori se queda quieto pero solo durante los primeros segundos pues luego le devuelve el abrazo insólitamente. No hace falta que se digan nada. Ambos saben lo que han perdido
—Sakura está bien —le susurra en su oído, oyendo como la mujer ríe, deshecha, pero aliviada ante eso último—. Ese imbécil la va a cuidar por un tiempo.
—¿Cómo? ¿Sasuke y ella se fueron sin nosotros? —exige saber Naruto, aun cerca de Hinata y de Konohamaru.
Sasori está a punto de explicar todo hasta que sus ojos se dirigen a una silueta en particular.
Puede que lo haya visto durante solo un corto periodo de tiempo pero...esa cara es algo que no olvida. Y con la reciente pérdida de Iruka, siente que todo lo que ve es rojo ahora.
Ese hombre.
—¿Q-qué demonios hace él aquí...? —Kurenai se aparta de él pero solo para luego sujetarlo con fuerza una vez que se percata de lo que Sasori se refiere.
—Te me haces conocido —menciona el de cabello gris y a Sasori esa respuesta descarada no podía hacer otra cosa más que encenderlo aún más.
—¡No tienes nada que hacer aquí!
—Sasori, por favor —la mano de Kurenai toma la suya con fuerza—. Él está de nuestro lado. Fue soldado de Konoha una vez y fue el mejor amigo de Iruka. Él lo llamó.
Las cartas, piensa. Las cartas que Iruka solía escribir durante las noches...¿Eran dirigidas a él?
Pero...Aún así...
Mejor amigo, dice.
¿Cómo se atreve?
¿Tiene idea de la cara melancólica que Iruka siempre buscaba esconder la mayor parte del tiempo que pasaba con él? Nunca se lo decía, por supuesto, pero Iruka nunca dejó atrás el recuerdo de Kakashi. Nunca dejó atrás el sentido de la traición. Nunca dejó atrás la sensación de sentirse desplazado.
Y que ahora él esté ahí e Iruka no...
—Iruka...¿Dónde está él? —habla Kakashi por primera vez, cauteloso. Está consciente de que aunque toda esa gente es desconocida para él, salvo Naruto, son conocidos de Iruka.
Además de que el ambiente no es algo nuevo para él. Después de todo, Konoha fue su casa durante mucho tiempo.
—¿En verdad quieres saber? —Sasori gruñe y no hace falta más explicación. Su semblante lo dice todo. Y el resto, incluyendo a Hinata y Naruto, entienden—. ¿Dónde estabas...? —Kakashi frunce el ceño, afectado—. ¡¿Dónde estabas cuando él te necesitó?! —solo unos pasos más y podría tumbarle los dientes. Naruto, ante eso, se interpone.
—¡Ni se te ocurra!
—Naruto —la mano conciliadora de Kakashi en su hombro lo aparta—. Está bien. Él solo está diciendo la verdad
¿Cómo podría no aceptar la culpa? Ese muchacho, que poco o mucho recuerda, ahora está diciéndole verdades como si fueran dagas.
Siempre ha llegado tarde.
Permitir que Sasuke pasara más tiempo de lo esperado en lugar de ir en su búsqueda ha ocasionado todo esto así como la decisión de desertar Konoha trajo consigo la melancolía de Iruka. Ese muchacho solo está diciendo la verdad. La verdad bañada de su propia pérdida y dolor. Pérdida que él también siente pues Iruka era alguien importante para él.
—¿No deberíamos irnos? Todos estamos expuestos aquí —luego de la relativa verdad y el comentario de Deidara, nadie dice nada más.
Por supuesto que hay preguntas que todos quieren hacer pero la única persona que podría darles un poco de clara información está de duelo. Sasori ha subido a uno de esos vehículos, oportunamente análogos también, solo porque Kurenai se lo ha pedido y, por supuesto, porque en ellos van Hinata y Konohamaru.
De nuevo piensa en Sakura mientras se recluye en el rincón más alejado.
En ella.
En Iruka.
En Chiyo...
Sentado con la cabeza entre las piernas, con un semblante vacío. Demasiado firme aún. Demasiado fuerte a pesar de todo.
Demasiado...Demasiado...
Konoha, a través del único resquicio que le proporciona una buena vista dentro de ese tanque, poco a poco se aleja. Se ve lejana. Se ve desconocida. Como si nunca hubiese estado ahí en primer lugar. No han tenido mayor problema para salir salvo un poco de turbulencia por todas las barreras que inútilmente algunos soldados han puesto para evitar su escape.
El Canciller ha sufrido un golpe duro así que no esperaba mucha resistencia pero ellos también han recibido algo de su parte.
El lugar vacío a su lado finalmente es ocupado por la compañía más inesperada cuando siente la intromisión de alguien.
No voltea a verlo, por supuesto, pues está concentrado en el ocaso. En el nacarado del cielo y en las nubes rosadas. Ese panorama que parece tan irreal.
—Estás muy serio.
—No sabía que tenía que mostrarme amigable con todos —Konohamaru no dice nada luego de eso. Por supuesto no lo ha dicho con la intención de hacerlo cambiar de parecer. Solo se queda ahí, viendo lo que Sasori también mira por ese pedazo expuesto—. No deberías estar aquí.
—Y tú no deberías hacerte el fuerte —Sasori aprieta los puños y eso es lo único que Konohamaru ve de él pues su rostro está ladeado hacia el lado contrario.
Pero no hace falta...No hace falta decir más...Ambos están rotos.
Sasori suspira, recordando algo de pronto.
Deshace la unión de sus brazos y hurga entre sus ropas. Cuando lo encuentra, simplemente se lo da.
—¿Qué es...?
—Chocolate. ¿Qué nunca lo has visto? —silencio. Una barra plastificada de dos colores. Café y blanco—. La hurté cuando una docena de soldados intentaba matarme —añade con ácida ironía aunque sin el afán de que se oiga chistoso.
Konohamaru se queda en silencio, tocando delicadamente los bordes del dulce. Por supuesto que sabe lo que es pero ¿por qué se lo da?
—Sakura no me deja comerlo.
—Ella se comía una docena de estos.
Ah.
No puede más.
Apenas oye su nombre, su fragilidad se vuelve palpable. Es un niño después de todo. Sasori vuelve la mirada al horizonte. A la luz del Sol que se oculta mientras oye como el envoltorio es retirado y como se crea una sinfonía entre la mezcla del llanto y los mordiscos.
No dice nada más.
No tiene nada más qué decirle.
Y aunque pudiera, no diría nada.
Ya ha...tenido suficiente por ese día.
Suficiente con recordar que así fue el primer cruce de palabras con Chiyo tras su recién llegada a Konoha. La forma en la que ella solo pudo acercarse a él...fue por medio de una barra de chocolate.
El soldado carmesí finalmente se permite llorar. Escondiendo su rostro entre las piernas, apretando los puños, acompañando a Konohamaru, a la luz de un viejo Sol.
.
V
.
—¿Y bien?
—Sobrevivirá.
La noticia debería alegrarlo de algún modo pero no podría estar menos frustrado ahora que sabe que la sangre extraída de Sakura es una muestra obsoleta. Sin embargo, el pitido que se repite incansablemente dentro de la sala de operaciones le recuerda que sus piezas aún son re-utilizables.
La condición de Sai es lamentable pero sigue con vida aunque inconsciente de las habladurías entre Danzou y el equipo médico conformado por seis personas.
Danzou no esperaba menos. De hecho, se sentiría el doble de frustrado si todo lo que ha invertido a lo largo de los años en ese niño no hubiese servido de nada.
Una vida artificial que lleva tanto su sangre como el veneno de las esporas. Un individuo que luce a su semejanza y a la de Mikoto de manera externa pero que por dentro está programado para obedecerlo. Danzou le dio las condiciones básicas de un ser humano. Su comportamiento y sus sentimientos de papel son cosa que él mismo ha creado con las cosas que ve.
Alimentando su rechazo.
Alimentando su odio.
Aun así, con todo lo que ha apostado por él, Sai sigue siendo una edición de Sakura muy incompleta.
—Aunque hay un problema.
—¿Cuál?
—Lotus es un espécimen de conducta, señor. Ya que el ADN de ella será parte del nuevo material genético de Sai, ésta necesita estar en buen estado de salud pues de otro modo la re-programación genética del chico no reconocerá la autoridad de nadie y no asumirá ninguno de los rasgos de Lotus —Danzou cabecea, pensativo.
—No quiero que asuma sus rasgos. Sakura es sentimentalista como lo fue Mikoto y por eso terminó así.
—No lo entiende, señor —el médico hace una pausa, extrayendo la imagen de su tableta para ampliarla por encima de la tumbona donde está sumergido Sai—. Lotus es especial porque formó lazos afectivos. Empatía. Obediencia. Formó un lazo familiar con un enlace genético muy cercano.
—Mikoto —enuncia su nombre, serio.
—Así es, señor —dice el hombre, haciendo una pausa—. Para poder tener a Sai en excelentes condiciones y bajo un control absoluto en torno a sus órdenes, necesitamos que la sangre de Sakura sea extraída de ella cuando esté sana y estable emocionalmente. No agresiva.
—¿Y qué si no conseguimos su sangre?
—Sai, al ser una vida artificial, se volverá obsoleta. Los únicos rasgos que asumiría serían los primeros que se le inyectaron. Los de Draugs —Danzou se talla el puente de la nariz. Demasiado ha invertido en Sai como para que ahora sea una edición desechable. Y ahora que Sakura está fuera de su alcance, las cosas se complican—. A menos que consiga otro alterado como Lotus que se haya adaptado al virus a ese mismo nivel celular, no se puede hacer nada.
Un alterado dice.
Sasori queda descartado pues con él ni siquiera llegaron a completar el proceso como con Sakura.
—Sí hay uno —el hombre de bata blanca lo mira incrédulo.
—¿D-dónde, mi señor?
—En Suna.
.
VI
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Mientras Sasuke le pide que se sujete con fuerza, atravesando muros de contención y todo lo que hay a su paso, Konoha queda atrás.
Por tanto tiempo ha vivido encerrada, a expensas de las promesas que ha jurado cumplir pero ¿cuándo ha decidido algo por su propia cuenta?
Esta situación, en la que deja todo y a todos atrás, la han decidido ellos dos.
¿Hasta cuándo...? ¿Hasta cuándo le tocará a ella decidir? ¿Y qué tipo de decisiones le espera por tomar?
La ciudad, que poco a poco se desdibuja trayendo consigo el atardecer, se ve tan austera.
Y Sakura se ve tan desconocida. Tan callada. Tan ausente de expresiones desde que han dejado Konoha a varios kilómetros atrás. Y aquello a Sasuke le perturba. Le perturba y le molesta demasiado hasta que finalmente detiene el vehículo y la obliga a bajar. Sakura desciende sin mucho esfuerzo.
No...Así no es como deberían ser las cosas.
Cualquiera puede pensar que es mejor dejarla afrontar su duelo de la manera que quiera pero está seguro que eso no es lo que Sakura quiere. Está haciéndose la fuerte a propósito. Está fingiendo algo que no es. Está accediendo a todo lo que dice porque está en automático.
—¿Por qué paramos?
—Porque necesitas afrontar la realidad —la pelirrosa lo mira, inexpresiva—. Vamos. Llora. Échame la culpa de todo si quieres. Pero haz algo.
Llorar, dice.
Quiere decir ¿más? ¿No ha tenido suficiente ya? Sasuke, por supuesto, sabe que no podrán afrontar nada juntos si Sakura no se permite atravesar el verdadero dolor.
—¿Eh?
—Anda, hazlo. Ya estamos del otro lado ¿lo ves? —dice, señalando la tenue línea de luz que aun alumbra a Konoha. Sakura, sin embargo, continúa aturdida. Como si hubiese sido drenada de la más mínima expresividad. No es frialdad lo que denota su mirada, es ganas de llorar. Ganas que no permite liberar—. Anda. Llora. Grita. Hazlo hasta que notes que es difícil respirar.
—¿Por qué haría eso? —cruzada de brazos es menos estable. Sasuke está cerca...Está cerca de hacer que explote.
Lágrimas, no salgan.
Aguántate y trágate todo.
Sakura se repite mentalmente.
Así nadie se dará cuenta.
Nadie se dará cuenta de que...
—No lo sé. Quizá porque cuando la madre de alguien muere...sus hijos deberían llorar.
Estoy rota.
Ahí está.
Finalmente.
El estallido. El verdadero. El que por tanto tiempo estuvo conteniendo.
Desde el acontecimiento de Mikoto hasta la actualidad.
Todo lo que no ha llorado.
Todo lo que no ha reprochado.
Todo lo que no ha gritado.
Finalmente tiene salida.
Todos esos sentimientos acumulados, los atardeceres llenos de cuentos y estrellas, las noches a su lado, todas las veces que Chiyo tomó su mano, se acumulan en su mente y no se detienen.
Sakura finalmente estalla con todo lo que tiene. Sin avergonzarse o sentir algún tipo de pena se permite gritar. Se permite desgarrarse. Se permite, por primera vez, afrontar el duelo de la pérdida al máximo. La asfixia que siente es insoportable. El ardor que siente en los ojos también lo es. Las ganas incontrolables de gritar consiguen que lo haga hasta desgarrarse las cuerdas.
Y mientras lo hace, mientras llora y solloza como una niña abandonada, Sasuke suspira al cielo, agradecido de que lo haga.
—Está bien...Llora todo lo que necesites —dice, caminando hacia ella, prestándole su pecho para terminar de romperse con él de rodillas.
Como si ambos soltaran plegarias al cielo, aferrándose al otro.
Que no la suelte.
Que no se vaya.
A pesar de que ella es una horrenda persona...A pesar de que ella sí lo abandonó. Por favor, por favor...
—N-no me dejes...
— No me iré a ningún lado. No ahora que te he encontrado.
Porque el llanto de Sakura no es porque sienta culpa.
Es similar al de Sasori.
Como el de perder a un padre.
Como el de perder a una madre.
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—La junta ya comenzó.
—Hay una Luna más brillante que el Sol ahora y no quiero perdérmela.
La persona junto a la puerta suspira, resignada. Adentrándose completamente, cerrando la puerta tras de sí.
—No me vendría mal que de vez en cuando me siguieras la corriente y fingieras cumplir con tus deberes —la persona junto a la puerta ahora avanza hacia el escritorio. La persona detrás de este no lo mira, solo cabecea de vez en cuando mientras se balancea en la silla, indispuesto a moverse de su sitio—. ¿Estás oyéndome? —no hay respuesta—. ¿Sabes? Si fuera otra situación te la dejaría pasar pero los temas actuales son cosa seria —silencio de nuevo. El joven apuesta finalmente por ir directo al grano para obtener la atención deseada—. Izumi no ha vuelto de la misión de reconocimiento que se le encargó. Debió regresar hace 3 días.
—¿Y qué quieren que haga yo al respecto?
—Que te involucres y nos ayudes a pensar a dónde demonios pudo ir, es tu subordinada después de todo—hace una pausa—. Además, se ha registrado mucha actividad sísmica en Konoha.
—Te asustan un par de temblores —el joven chasquea los dientes, irritado, avanzando lo suficiente, y traspasando la brecha de la confianza, para tener el movimiento de su silla, girarlo y colocar una rodilla entre el cojín, haciendo que lo mire de frente.
—Ambos sabemos que no es eso —frustrado, se percata de la invasión a su espacio personal cuando lo ve demasiado serio. Pero no se aleja de inmediato.
—¿Vas a quedarte así todo el rato?
—Si así consigo tu atención, sí —la persona sentada finalmente abandona la silla, apartándolo pero ni siquiera para acceder a salir por esa puerta y asistir a la reunión.
—¿Sabías que la Reina, en el ajedrez, puede volverse un simple peón?
—¿Qué no era al revés? —silencio—. ¿Y a qué viene toda esta clase sobre eso?
—Deberías ser un poco más observador, Shisui.
—Y tú dejar un poco el misterio, Itachi.
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VII
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Es así.
Konoha siempre fue demasiado pequeña para ella.
Así como Rhoda lo fue para él.
—Te ves linda hasta cuando lloras —susurra a una somnolienta Sakura sobre el asiento del copiloto donde la ha arropado mejor.
Mueve un poco sus cabellos.
Juega un poco con su nariz.
Sopla un poco sus pestañas.
Besa dulcemente sus labios.
Y Sakura siente cada uno de esos gestos aunque finge dormir bastante bien.
[Sakura]
Podía ver la noche cernirse sobre nosotros.
Podía ver el fuego parpadear en señal del viento al soplar.
No recuerdo la última vez en que la rabia me devoró.
Ni cuando la tristeza me adormeció.
Pero en todo el viaje no suelto su mano. No nos miramos. Solo estamos así. Callados. Toda mi fuerza de voluntad está en él ahora pero siento que algo mayor a nosotros es lo que nos mantiene vivos. Tal vez sea la esperanza enterrada en lo más profundo de nosotros.
Como sea...Estamos aquí, escuchando las cigarras cantar.
Y a las voces del cielo sobre nosotros.
Y a los arrullos serenos adormitando nuestros rostros.
Pero estamos aquí.
Con la llama de la incierta esperanza como el día en el que te encontré.
—Mikoto…
Regresando a la tierra en donde te conocí.
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Fin de la primera temporada.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
Lo logramos, chicxs.
Estoy agotada mentalmente pero muy, muy feliz.
Antes que nada quiero informar que tengo un especial de preguntas y respuestas que solo subiré a Wattpad y a mi FB. Dado que son imágenes y ff net no permite el uso de estas, les sugiero que si las quieren leer, estén pendientes o vayan a esas plataformas. Será una serie de preguntas y respuestas respecto a Lotus. Preguntas que algunas de ustedes me mandaron por privado o me dejaron por aquí. Fueron demasiadas pero solo contesté algunas. Sorrymasen (?) Estaré subiendo el especial hoy mismo en la noche o sino mañana temprano. Lo hice un poco dinámico para que se rían un poco luego de esta masacre (?) -la golpean-
Y nada. Solo agradecerles por haberle dado una oportunidad a esta inusual historia siendo que es un género que casi no se usa en el fandom de Naruto. Muchas gracias por atreverse y acompañarme capítulo tras capítulo. Y gracias a las personitas que siempre creyeron en mí y me alentaron a continuar.
Hoy por hoy puedo decir que Lotus es un logro grandísimo para mí. Cumplí mi objetivo personal de crear una historia que se saliera de mi complejidad.
Y ya, creo que no tengo nada más que decir. Con respecto al capítulo, me ha dolido en muchos aspectos pero esta transición es necesaria.
Y pues ya, GRACIAS POR LLEGAR HASTA AQUÍ.
Lotus volverá pronto. Solo me tomaré un merecido descanso luego de esto. ¡Estén pendiente de mis avisos y actualizaciones en fb! Que es donde estoy más activa y suelo subir cosas relacionadas a la historia.
Rooss-out.
