¿Cuánto tiempo ha de tomar para que una herida deje de sangrar?

Los poemas entre nosotros siempre han existido.

Al igual que los atardeceres y las noches de luna llena.

Siempre supe que era incapaz de traerle felicidad y luz a los que me rodean incluso en el sueño más esperanzador que hubiesen tenido.

Justo ahora no puedo abogar por el destino ni tampoco ser indulgente.

Solo puedo encontrarme perdida e insegura, viendo como el chico a mi lado se desvanece.

Como una sinfonía inconclusa. Como las notas de un tema desordenado y frenético.

Estoy derrotada.

Cercenada por dentro y por fuera sin ningún tipo de anhelo.

Debí detenerme cuando pude.

Debí detenerme y detenerlo a él.

Debí detener el trayecto de esa espada.

Debí entender que el sacrificio era inevitable.

Sasuke toma mi mano en silencio mientras los kilómetros de marea ardiente pasan velozmente y la luna lo hace todo más lento.

Qué adecuado pensamiento, el de entender que si la Luna desaparece durante el día, lo hace solo para aparecer de vuelta en la noche, abrazando al bosque. Nunca lo abandona. Siempre está ahí, esperando a que anochezca.

—E-Eres una tonta.

—Y tú…muy feo.

Contigo no me sentía segura, Sasuke.

Me sentía feliz.

—Por favor…No…

Y eso fue lo único que me importaba.

.

.

lotus

.

.

—Si respira, mátenlo.

Sasuke no puede morir.

O, al menos, eso fue lo que entendí el día en el que nos conocimos.

No. Eso fue lo que entendí muchos años después.

Que él era diferente a mí…pero similar a Obito.

Durante esa noche, la noche en la que lo encontramos, no había nada qué pensar pues en el momento en el que lo sostuve por primera vez entre mis temblorosas y sangrientas manos, me encontraba con la defensa totalmente baja.

Con la estricta orden martillando nuestras mentes, alimentados del miedo, la desesperación y el caos ocasionado por aquellas extrañas luces que descendían del cielo, lo lógico era deshacernos de él. Esa era la orden, no dejar a nadie vivo pues la sola exposición de aquél extraño fenómeno podría traer consecuencias futuras aunque hasta ese momento lo desconocíamos.

Pero tanto Obito como yo no tuvimos corazón para hacerlo. Para deshacernos de Sasuke, me refiero. Al menos, en mi caso, yo no pude hacer otra cosa salvo hacer varias promesas a ciegas mientras me perdía en sus inocentes ojos y el llanto embravecido nacido desde lo más profundo de su interior.

Esa noche experimenté varios de mis primeros grandes miedos.

El primero: ser consciente de que mi discusión con Iruka, antes de ponerme en marcha hacia las afueras del Cuartel, había dejado una marca irreparable en los dos.

El segundo: desconocer el paradero de Obito. Desesperado por encontrarlo, luego de haberlo perdido de vista cuando nuestro escuadrón fue claramente sobrepasado por el número de aquella multitud de aquellos de ojos rojos, me adentré al interior de esa estructura a punto de colapsar a medida que escuchaba un llanto incrementar pensando que ahí lo podría encontrar.

Y así fue.

Los encontré.

Como la escena de la tempestad azotando, con rabia, en la orilla de una desolada playa, cediendo a la línea de rocas que divide la tierra del mar. Que divide la furia de la calma. Las mentiras de la verdad. Pero en ese momento solo podía verlos a ellos dos; a Obito de pie, absorto de las explosiones y las vibraciones, de los lamentos y las batallas, del mundo y de las órdenes, sosteniendo un diminuto bulto a merced del frío y del abandono.

Con el rostro abatido, y la clara fatiga en su rostro, conocer a Sasuke, esa noche, hizo que Obito se conectara con él de una forma en la que solo ellos dos, con el tiempo, podrían entender.

—Él es como yo, Kakashi.

—¿E-eh?

Recuerdo a Obito decir aquello mientras lo sostenía.

Recuerdo, además, que esa fue la primera vez en la que ambos encendieron sus ojos de un inusual rojo ese día.

Y también recuerdo haber prometido a Sasuke tres cosas una vez que decidimos huir con él y dejar el nombre de SHINOBI atrás.

La primera, protegerle de todo.

La segunda, nunca abandonarlo.

La tercera,…

—Kakashi, despierta. Hemos llegado.

El aviso hace que despierte aunque se siente más bien como si yo no hubiese querido seguir soñando. Que no hubiese querido seguir recordando.

Descendiendo del vehículo, esperando a que los demás lo hagan, y ubico a Naruto como el único rostro familiar que conozco entre ese grupo de extraños una vez que abrimos las puertas del vehículo en donde se encuentran todos ellos.

Y la tercera, nunca mentirle.

Se suponía que nunca lo haría.

Pero justo ahora me encuentro a mí mismo esperando por más. Me encuentro ansioso por encontrar a alguien, a través de esos borrones en movimiento. A la persona a la que le prometí estas tres cosas.

Pero no está.

Sasuke no está.

Del mismo modo que Obito tampoco.

Y ahora, también Iruka.

Darme cuenta de estos hechos me hace entender que, posiblemente, todo sea mi culpa.

Porque, desde el inicio, me decidí a mentir.

| 042 |

Segunda temporada

No me mientas

No hubo tiempo de llorar a nuestros muertos.

Pero decir que la noticia no alteró el semblante de la mayoría sería mentir y hacerlos ver como inhumanos.

Desde el insolente de Suigetsu hasta el inalterable de Shikamaru. Ninguno de ellos pudo discernir la sorpresa que poco a poco término convirtiéndose en pena.

Sin embargo, de entre todos, la doctora Kurenai no ocultó su lado más sensible ni fingió cosas para evadir la realidad de los hechos. Solo lloró en silencio bajo la mirada apesadumbrada de todos, especialmente de un callado Sasori, pero, de apoco, se recompuso al cabo de unas horas. Aunque usar la palabra recomponer no sería el término correcto.

La pérdida de la dama Chiyo y del Teniente Iruka no es algo que se pueda reparar pero si un motivo para avanzar. O al menos eso fue lo que la doctora Kurenai me dijo durante su momento más frágil. Donde me mostró que eso que se rompe, a pesar de que unan las piezas y se reparen, ya no vuelve a ser lo mismo.

Pensar en eso me hace pensar en Sakura.

En las tantísimas veces que ha sido rota y en como poco a poco sus energías se agotan.

En cómo, con cada pérdida, no vuelve a ser la misma.

Siempre me gustó pensar en ella de una forma distinta.

En un espacio vacío y ella en el centro, sentada encima de una pesada silla adornada de rosetones y detalles ostentosos bañados en oro, siendo ella el único resplandor dentro de un mundo oscuro y frío.

Pero estaba equivocado.

Sakura era mi luz. Mi persona especial. La Reina a la que juré silenciosamente servir…pero en realidad nunca vi las cadenas enroscadas alrededor de sus tobillos desnudos y maltratados. Ella había sido coronada sin preguntarle antes si deseaba tal título y tales oportunidades. Qué irónico pues lo que menos ha tenido es eso: oportunidades. Ella no pidió sentarse en ese trono; a pesar de ello…no se levantó. Aceptó y confrontó los peligros de frente, soportó el paso de las radicales estaciones, resistiendo todo durante años.

Pasando frío.

Pasando dolor.

Pasando soledad.

Ese panorama idílico, tras bambalinas, siempre estuvo cayéndose a pedazos. Sin embargo, ella nunca pidió ayuda. Quizá porque pensaba que pedirla implicaría que cuando ella no tuviera más fuerzas para continuar sentada en ese trono alguien más tendría que ocuparlo. Alguien más tendría que cargar con el peso de esa corona bañada en veneno y forrada de espinas. Alguien más tendría que sacrificar lo mismo que ella sacrificó.

Y tendría que vivir lo mismo que ella vivió.

El hecho de que ahora me encuentre lejos de ella es la prueba de que Sakura se corrompió. De que alcanzó su límite y que, simplemente, se rompió.

—Él está con ella. Deben estar bien.

—¿Tú también crees esa tontería? —La señorita Hyuga no me reprende pero es evidente que su semblante, en tanto he soltado tal respuesta teñida de pesimismo al comentario de Naruto, es el de alguien sorprendido. Pero no dice nada. Solo me mira en silencio unos segundos antes de volver la mirada al piso del vehículo al que, junto a sus turbulencias seguramente por todo el terreno árido que hemos avanzado, nos hemos acostumbrado durante las pasadas horas.

—Konohamaru, basta —oigo a la señorita Yamanaka decirme con los hábitos firmes que, seguramente, aprendió en SHINOBI.

Por supuesto que aunque seamos más de diez personas dentro de este vehículo en movimiento, y que hayamos dejado juntos Konoha, no nos hace iguales. Y tampoco haré que cada uno de ellos ignore lo aprendido y las creencias que por tanto tiempo SHINOBI se encargó religiosamente de implantar en sus mentes. Es ilógico que algo como eso desaparezca de un segundo para otro.

Por lo menos es lo que entiendo.

Y no necesito un regaño.

No necesito palabras disfrazadas de buenas intenciones.

Solo necesito…un golpe de realidad.

Algo que, enserio, sea real.

No una mentira como que Sasuke y Sakura están perfectamente bien solo porque están juntos.

O como que Sakura me mintió en la cara, todo este tiempo, aparentando siempre estar bien.

Por supuesto que nada está bien. Nada nunca lo estuvo.

—Déjalo, Yamanaka.

—No voy a dejar que sea insolente debido a esto. No es el único que la está pasando muy mal ahora.

—Lo que hemos pasado, como dices, ha sido causado justamente por no ser insolente. Por ser tan obedientes y rectos como tú pretendes seguir siendo en estos momentos. Danzou hizo y deshizo encima de tus narices y de la de todos. Me parece que dejar que él sea un poco insolente es lo malditamente adecuado ahora.

Sorprendentemente he obtenido la realidad, que estuve pidiendo segundos atrás, en palabras de la persona más inesperada de toda esta historia. Quizá porque tanto él como yo sabemos de primera mano qué es lo que pasa cuando Sakura toca fondo. Él, seguramente, lo sabe mejor que cualquiera de los que estamos aquí. Aun así es inusual recibir este apoyo de alguien como Sasori.

—Sasori apoyando al niño. Vaya, esto es como el día opuesto.

—Y que lo digas.

Los comentarios consecuentes de Deidara y Suigetsu son tan fuera de lugar pero tan oportunos para dispersar, aunque sea un poco, el ambiente tenso entre la señorita Yamanaka y Sasori que hasta me siento genuinamente acompañado por todos estos desconocidos.

Aunque preferiría tenerlos a ellos dos aquí.

¿A dónde han ido?

¿Cuándo volverán?

¿Qué etapa del duelo Sakura se encuentra viviendo?

Anteriormente hemos estado separados pero parece que ésta vez será por mucho más tiempo. Y eso me llena de ansiedad. Una ansiedad que se duplica porque Sasuke tampoco está a mi lado pues su compañía, a partir de la convivencia diaria que tuvimos durante este tiempo, se ha vuelto irremplazable.

Y porque su corazón lo llama y yo también. Lo siento como si fuéramos uno aunque esa es la definición que más se acerca a la realidad, después de todo el corazón que poseo pertenece a su madre.

Estoy lleno y vacío a la vez pero pienso que no es una carga que se compare a la que un Rey, o Reina, sobrelleva. Aunque actualmente no estoy seguro de que Sakura posea la misma fuerza como para seguir siendo llamada Reina.

—Se detuvo.

Es así; cuando el vehículo que nos transporta se detiene, todos se ponen alerta. La señorita Hyuga junto a Naruto se colocan delante de mí y, un poco más adelante, también está Sasori a un lado de Kurenai. Cada quien protege a quien ama, entonces ¿a quién se supone que puedo proteger yo?

El sonido de las puertas metálicas abriéndose no permiten que tenga más pensamientos conmigo mismo. El hombre del otro lado, quien ha abierto las puertas, es aún más desconocido que todos pero quien está más atrás de él, aquél hombre de cabello gris, luce familiar o al menos es así para la doctora Kurenai.

—¿Qué sucede?

—Bajen —como es de esperarse su orden no es convincente para ninguno de nosotros, más para Sasori quien luce como el líder interino de todos.

—Nuestro objetivo es Suna, y lo que yo veo es que estamos en la mitad de la nada.

—Espera ¿Cuándo decidimos que iríamos a Suna? —interviene Yagura quien junto al resto de Fenrir y su hermano Yukimaru no habían mostrado interés en absolutamente cualquiera que fuera el plan luego del escape.

—No iremos a Suna —el aire se siente pesado de pronto y cada uno de los nuestros se remueve, inquieto, ante las palabras de ese hombre—. Al menos no ahora.

—Kakashi, lo que dijo Iruka fue… —cuando intenta intervenir la doctora Kurenai hay cierto reconocimiento entre ella y ese hombre de cabello gris como si se conocieran de años. Y lo mismo sucede con Sasori aunque él realmente luce como si no lo tolerara.

—Sé lo que dijo Iruka, Kurenai, pero también sé que me pidió que no fuera imprudente y cuidara de ustedes —su comentario, junto al hecho de que pase su mirada de ella a Sasori, y que este le mire con ojos letales, lo confirma. Que hay una conexión y que, definitivamente, Sasori no lo mira con buenos ojos.

—No hace falta. Yo cuidaré de ella. No necesitamos nada que venga de un traidor como tú.

Luego de eso la conversación no se encamina a ningún sitio pero ante el cabeceo de la doctora Kurenai y su mirada piadosa, terminamos accediendo. Y se siente como si estuviéramos en un punto de partida sin la convicción de avanzar o de ser capaces de tomar un camino y decidir por nosotros mismos pero no podría ser de otro modo. Así como es inevitable que a partir de una acción exista una consecuencia.

Sakura, por ejemplo, ha perdido, en cuestión de horas, a dos de sus personas más importantes.

Ella es la acción y ellos la consecuencia.

Me pregunto en qué posición nos encontraremos todos nosotros. Qué pieza somos, cada uno, en el tablero que representa claramente la dualidad a través de dos colores totalmente opuestos.

Dos Reinas habían caído; una siendo incapaz de volver a levantarse pero la otra…

—Déjame ayudarte.

—Él puede solo, déjalo.

Sí, yo puedo solo.

Puedo bajar perfectamente desde el vehículo y pisar tierra desconocida sin ayuda de nadie.

Puedo, perfectamente, levantarme con la misma rapidez con la que se oculta y sale el Sol en un nuevo día.

Puedo, perfectamente, ponerme de pie por mí mismo sin la necesidad de que Sasori tenga que intervenir más al abogar por mí pues, aunque está asquerosamente más pendiente de mí de lo que nunca ha estado, me resulta oportuno. Pero al mismo tiempo me llena de incomodidad.

Él no es Sasuke.

Él no es Sakura.

Pero reconozco su importancia encima del tablero sobre el cual baso mi comparativa con la vida real.

Él es tan fuerte que me contagia un poco de su seguridad. Quiero ser tan fuerte como él. Quiero tener la firmeza que él tiene para decir que puede proteger a quienes ama. Quiero usar ésta condicionada cercanía para también asegurarme de que, de ningún modo, él va a traicionar o abandonar el lado que ha elegido. El lado que pertenece a Sakura. Y quiero tener la destreza para saber quién más está de su lado. Quien de todos estos soldados está dispuesto a seguirla.

Quiero colocar todas las piezas.

Quiero armar estrategias.

Quiero estar listo para ella.

Porque con certeza sé que aunque ella está abajo, aún hay piezas que esperan porque se levante.

Y estoy seguro que ahora que está rota Sasuke es el único puede hacer que vuelva a florecer.

Nuestra Reina ha caído pero su Rey sigue de pie.

Y nosotros también.

.

I

.

La mañana viene con una advertencia y esa viene atada a las palabras de ese hombre junto a la nueva información que se recita a través de la radio móvil que hay encima del tablero del vehículo.

La señal no es muy clara pero es lo suficiente para que nos enteremos qué decisión ha tomado Danzou con respecto a nuestra desaparición y, a razón de eso, decidir qué haremos a partir de ahora.

A Danzou le ha tomado solo un par de horas convencer a toda Konoha de que Sakura es la culpable de todo. Que es algo así como la enemiga de la nación.

Recitando una verdad a medias que consta de revelar su extraña particularidad de un modo en el que la deja como la única persona capaz de poseer en su sangre, al mismo tiempo, la propiedad de elaborar un antivirus lo suficientemente eficaz para proteger a toda persona del fenómeno de las esporas. Pero siendo que ha dicho que ella se ha negado a colaborar, la ha dejado ante todos como una criminal. Como una opositora a la posible salvación de una extinción que se apresura a llegar de forma inminente.

Sin ella y sin su sangre pocas probabilidades de vida hay para quienes ya poseen el virus en su sistema.

En pocas palabras Danzou ha convencido a todos de que Sakura los ha abandonado, e incluso atacado, para morir.

Pero la verdad dista a lo que en realidad planea al ahora encender al pueblo para que por su propia mano la lleven hasta él. Danzou no quiere a Sakura para hacer la cura que les ha prometido a todos. Solo desea extraer su gen y en base a ello crear más alterados como ella. No busca la salvación, busca la evolución incluso si eso implica que sean altas las probabilidades de fallar un millón de veces sin importar a cuanta gente va a sacrificar.

—"Quien me la traiga será recompensado siendo curado primero"

—Maldita sea —digo, dándole un par de golpes al aparato pues al no ser digital tiene muchas variaciones en la frecuencia y demasiados cortes entre palabras pero en realidad no hace falta golpearlo pues es el único mensaje que se repite dentro de único canal abierto que detecta. Los golpes, en realidad, son más que nada para liberar mi enojo y frustración.

¿De modo que ahora no solo tenemos que cuidarnos la espalda de SHINOBI sino también de la gente que haya oído y creído ésta basura?

Cuando desisto de seguir golpeando el aparato, solo sacudo el volante y pego mí frente a este, exasperado.

No esperaba que mi serenidad me durara más tiempo pero entendía que tenía que conservar la calma para ella. Para la persona que yace dormida a mi lado o al menos finge hacerlo bastante bien. Para ésta persona a la que apenas reconozco pues ésta Sakura es una que nunca he visto antes. Más callada, más absorta de la realidad, más perdida. Nunca imaginé tenerla tan cerca de mí en un escenario en el que solo existiéramos los dos pero las condiciones en las que nos encontramos no son ni las mejores ni las adecuadas.

Aun así aposté por eso. Aposté por llevármela lejos aun desconociendo si eso sería lo que ella elegiría.

Llegados a este punto realmente puedo comenzar a dudar sobre si en verdad habré tomado las decisiones correctas durante toda mi vida. O, al menos, las que he tomado en las últimas 24 horas.

No puedo dejar de pensar en eso y tampoco en las palabras de ese hombre.

Y en que…tiene razón.

Hasta hace apenas unas horas Sakura y yo continuábamos siendo desconocidos. Desconocidos que comenzaban a entenderse y llevarse bien. Desconocidos que comenzaban a sentir algo por el otro pero, la verdad es que, nunca lo fuimos.

De desconocidos no tenemos nada.

Y eso tendría que ser una ventaja; pues el hecho de que estemos unidos desde hace tiempo debería sentirse como una victoria. Como un camino al volvernos más cercanos y confiar el uno al otro. Pero no es así. Incluso se siente como si nos hubiésemos alejado más pues Sakura, durante todo el trayecto, no ha volteado a verme. Y cuando solo me responde con un cabeceo afirmativo a todo lo que digo, no lo hace mirándome a los ojos. No replica. No dice más que cortas respuestas a lo que sea que le pregunte.

Estamos tan cerca, a la distancia en que puedo tocar su mejilla y atreverme a acariciar su cabello pero…

"¿No lo entiendes? Cada que te vea, a partir de ahora, verá solo mentiras. Desconfiará de ti y de todos del mismo modo que lo hizo con mi hija"

Me detengo.

Y también detengo el trayecto de mi mano a medio camino, dejándola caer.

No puedo tocarla.

No sé si tengo el derecho.

Pero lo que sí sé es que me estoy volviendo loco, también, por hacerlo.

Solo un poco más.

.

II

.

Sakura se despierta cada veinte minutos en los que una nueva pesadilla, o recuerdos fúnebres y recientes, atormentan su mente.

No la culpo ni la presiono preguntándole cosas para las que seguramente no tiene una respuesta; en su posición yo estaría igual o incluso peor. Aun así nuestras conversaciones son demasiado cortas y escasas como para que las considere un cambio en lo que, se supone, tendría que ser nuestra relación. Y aunque intento no transmitirle mi ansiedad sé que Sakura la siente.

Siente demasiadas cosas del mismo modo que yo también lo hago desde que me ha mordido y ha despertado viejas memorias en las que ambos coincidimos.

Pero también hay demasiadas nuevas memorias que necesitamos aclarar.

Así, finalmente la primer noche cae y a partir de ahí debemos tomar una decisión.

—Iremos a Suna— No asiente ni refuta pero le otorgo el tiempo suficiente para que, aunque sea, medite dentro de su mente lo que acabo de decir.

—¿Suna? —la voz de Sakura, por sí sola, me provoca alivio de cierto modo cuando finalmente la oigo luego de horas creyendo que no iba a dirigirme la palabra más. Durante horas no había querido mostrar siquiera interés en nada. No desde el tiempo que tuvo para llorar sobre mi pecho y gritar hasta que las cuerdas vocales no le dieran más.

A partir de ahí me concentro en hacerle un resumen de todo lo sucedido luego de ella haberse ido para luego ser capturada y posteriormente llevada al Cuartel. Desde la ayuda proporcionada por una de sus viejas conocidas hasta la parte en la que descubrimos el origen de la señal emitida por el decodificador extraído de la máscara de aquella misteriosa mujer.

—¿K-Kurenai? —me detengo cuando su voz deja de proporcionarme alivio al entender que, actualmente, ella ni siquiera es capaz de mantener bajo control sus emociones y sus prioridades, ni la forma en la que reacciona su cuerpo. El saber que esa mujer está de nuestro lado, más que el hecho de saber que nos dirigimos a una ciudad que ni sabemos si existe, en lugar de alegrarle, parece que le llena de ansiedad. Y en este punto decido que es momento de hablar.

No de nuestro siguiente paso ni sobre lo que tenemos planeado a partir de mañana, sino del ahora.

Del presente.

Y también del pasado.

—Sí. Ella estaba ahí —aunque me tomo mi tiempo esperando que ella añada algo luego de eso, continúo cuando no veo su intención de hacerlo. Lo único que la veo hacer es morderse las uñas y hacer un gesto preocupado y lleno de dudas lo que me hace pensar que, en realidad, el shock emocional fue demasiado en ella como para no darse cuenta que la voz de esa mujer estuvo siempre presente en el momento en el que nosotros dos y Sasori huíamos a través de los pasillos del Cuartel con ella en brazos. Sakura seguramente ni se percató de ello —. Ella y Sasori están…

—Ya. No quiero oír más —corta de pronto, obtusa a seguir el tema. Como un mecanismo de autodefensa; y aquello me frustra.

Me frustra porque no me deja entrar. Porque es como si todo lo que pude haber avanzado con ella lo hiciera retroceder. Porque me rechaza antes de si quiera intentarlo. Porque me da a entender que seguimos varados en el mismo sitio y que las recientes verdades que nos envuelven a ambos no tienen peso ni valor si no tenemos la fuerza para exponer las cartas sobre la mesa. Tanto sus penas como las mías.

—Iruka fue quien le pidió a ella su ayuda. Él solo…

—¡Dije que no quiero oír nada más! —alterada, solo veo como se retira la manta sobre sus piernas con brusquedad y abre la puerta del vehículo para salir sin siquiera pensar en el frío que hace. La acción me toma desprevenido y lo único que pienso es en imitarla, saliendo desde mi lado, rodeando el vehículo con rapidez, sintiendo como la sangre me devuelve el color al rostro al verla con la espalda apoyada sobre uno de los costados, con la cabeza gacha.

Quiero gritarle.

Quiero pedirle que deje de ser tan imprudente.

¡Qué deje de hacer que me quiera explotar el hígado del susto!

Pero a la vez no quiero hacer nada.

Pero no hacer nada implica quedarnos así, y en lugar de avanzar solo vamos a obtener lo opuesto.

—Sakura —cuando me oye la veo reaccionar aunque no sé si titila por el frío de la noche que ha caído o porque se trata de mí—. Hace frío. Te vas a enfermar —su respuesta ante eso es una escasa risa emitida, una cargada de ironía y desazón, como si ese hecho fuera el menor de sus preocupaciones.

—¿Qué más da?

—¿Qué más da qué cosa? ¿Qué me preocupe por ti o que continué diciendo lo que no quieres oír ni afrontar? —lista para la confrontación, finalmente me mira con el rostro bañado en tonos cerúleos, debido a la noche, que la hacen ver como si fuera una intimidante divinidad de esas que uno no tiene permitido mirar pero que, a su vez, te intenta decir que las apariencias pueden engañar. Es su otra forma de decir que no quiere hablar pero tanto ella como yo tenemos cierto límite.

—¿Se supone, entonces, que te debo estar agradecida por sacarme de esas murallas?

—Solo necesito que hablemos —no responde pero tampoco me rehúye la mirada aunque esa contemplación de sus dolidos pero preciosos ojos solo dura unos segundos solamente—. Necesito que seas sincera conmigo si queremos que esto funcione.

—¿Y si soy yo la que no quiere que esto funcione? —silencio—. Hice todo lo que estuvo en mí para darte una oportunidad y la desaprovechaste. ¡Tenías todo para huir y volver a tener una vida normal pero tomaste una decisión estúpida al ir por mí! ¡Todo por nada!—su respuesta me deja callado por un momento pero no es como si no estuviese preparado para una respuesta así viniendo de ella.

Como si hablara en consecuencia a todo el estrés que aún existe dentro de ella. A ese que no deja salir por ningún motivo porque toda su vida, seguramente, ha repetido el mismo patrón para sobrellevar los problemas ella sola.

No hablar para no dañar.

No hablar para conservar el dolor solo para ella.

No hablar porque esa es la única solución que conoce.

—¿Una vida normal? ¿Te parece que he tenido una vida normal? —pero ella no sabe. Ella hablar por hablar, y aunque es probable que yo también lo haya hecho en el pasado, el presente es distinto. Y eso solo me confirma que ninguno de los dos sabe demasiado del otro y eso también me da un motivo más para seguir insistiendo en que, si no hablamos de una maldita vez, todo sacrificio hecho será en vano—. ¡Hace apenas unas horas me acabo de enterar que soy una mezcla entre un ser humano y un Draug! ¡Que tuve una madre! ¡Que tuve, seguramente, un padre, y que tú y yo nos hemos estado buscando por años sin olvidar mencionar que si antes era raro, ahora lo soy diez veces más! ¡Que llevo la sangre, posiblemente, de ese maldito bastardo!, ¡De que soy la causa de que Konohamaru esté así de enfermo y que también sea la causa de todo lo que te atormenta! —digo todo tan rápido y atropellado que no hay cabida para la respiración ni para detenerme a pensar si en lugar de estar haciendo un bien, estoy haciendo un mal. Pero no me importa. Llegados a este punto, en el que no somos monitoreados ni custodiados por nadie, no me importa absolutamente nada—. Y también soy consciente de que, ahora mismo, posiblemente sea la persona a la que más odias.

Porque lo siento.

No hace falta que me lo digas.

No hace falta, si quiera, que me mires de la forma en la que ahora lo haces. Como si te arrepintieras de no haberme callado con un golpe. De haberme dejado continuar hablando porque ahora te ves como si te sintieras culpable pero yo me siento aún más. Porque tú no eres la culpable de nada, solo eres la víctima. Porque hemos estado jugando al juego del ratón sin darnos cuenta, persiguiendo a alguien solo porque así nos dijeron que debía ser.

Silenciosamente me siento dolido.

Porque si bien no lo afirmas, tu manera de negarlo es inestable. Como si de verdad hubieses considerado esa posibilidad.

El odiarme.

Y estaría bien.

Créeme que…estaría bien.

—Yo no he dicho eso.

—No hace falta, sé que lo haces —digo pero no es contigo con quien estoy molesto, es conmigo. Porque, desde mi perspectiva, el causante de todo esto soy solo yo. No verlo de ese modo sería ignorar lo obvio —. Pero aunque lo hagas eso no cambia el hecho de que quiero protegerte más que a nadie en este mundo. Incluso si me odias y si no quieres oírme, yo voy a seguir insistiendo. Insistiendo hasta que te hartes y no te quede más remedio que escucharme.

Ser optimista, incluso hasta el último segundo en el que solo me miras sin decir nada más, no es una cualidad que yo haya tenido siempre.

La mayor parte de mis decisiones han sido influenciadas o tomadas debido al calor del momento. A la ira y a la decepción. Así que, que Sakura no me responda y solo dé media vuelta para volver a subirse al vehículo en silencio me parece que es lo adecuado. Incluso me hace pensar que está luchando consigo misma para no soltar palabras hirientes que en verdad no siente solo para no joder aún más la situación. Porque está siendo cuidadosa conmigo.

Ese, tan siquiera, sí es un pequeño cambio aunque ella no sea consciente de ello.

Y es mejor así.

Porque eso no cambia en lo más mínimo mis promesas con ella.

Promesas que yo mismo me he hecho a favor de su bienestar aunque ella no quiera aterrizar en la realidad en este momento.

.

III

.

—¿Hiciste un trato con él desde el inicio? ¿Por qué?

—Desde el inicio este era el plan, Sasori.

Las mentiras van en aumento y pareciera que, en este punto, quien no elaborara o dijera una se vería como alguien desubicado. Como si vivieran en un mundo donde las mentiras y las traiciones fueran algo cotidiano.

Actualmente no es que fuera una costumbre pero estaba empezando a volverse un hábito que, de seguir, se volvería, seguramente, rutinario. Aunque para la doctora Kurenai no se veía como una mentira, más bien era como que había sido más astuta y más rápida en decidir habiendo evaluado las posibilidades con anticipación.

Es la mayor del grupo y, en comparación, se supone que quien posea más años es quien posee mayor racionalidad.

Aunque esa también es una ideología bastante retrógrada considerando que todas las decisiones que han estado tomando este grupo con personalidades conflictivas han sido un desastre.

De todas formas pareciera como si la decisión que hubiese tomado Kurenai fuera la incorrecta para Sasori.

—Doctora Kurenai, ¿por qué…?

—Sé que habíamos decidido apostar por Suna pero su ubicación es incierta. Y Hinata puede desmentirme si estoy mal —Sasori la mira con circunstancia pero la de ojos perla está lejos de sentirse intimidada o culpable por mantener el silencio hasta ahora.

Ninguno entiende de dónde ha surgido esta discusión pero Sasori sospechaba que se avecinaba algo como eso en tanto ha visto a Kurenai tener una corta conversación con ese hombre, como pidiéndole un poco de tiempo y espacio para conversar con los suyos antes de continuar. Así es como han terminado apartados un poco del resto, discutiendo por algo que, según, ya habían decidido de manera consensual.

—¿Es cierto lo que dice, Hyuga?

—Cuando dijimos que obtuvimos el origen de la señal, en realidad era una ubicación disfrazada —explica elevando su muñeca mostrando un brazalete a lo que Sasori supone, al igual que el resto, es donde contiene toda la información obtenida y que podría ser útil—. La señal que vimos no solo generó una ubicación, sino que generó varias para disfrazar la suya. En el momento solo nos mostró una pero luego aparecieron más.

—Eso quiere decir que genera códigos aleatorios —añade Shikamaru atento a la conversación—. Pero eso es fácil de solucionar. Solo hay que invertir las señales y así podremos rastrear su ubicación real —una vez más Hinata vuelve a señalar su muñeca, esta vez mostrando el verdadero problema—. Oh.

—Cuando dejamos Konoha todos nuestros aparatos digitales dejaron de funcionar por los pulsos electromagnéticos que genera la muralla —Sasori patea a la nada, frustrado, llevándose una mano a los cabellos al entender—. Toda la información almacenada aquí se ha perdido.

—Eh…¿Me estás tomando el pelo? —interviene Deidara, incrédulo—. ¿Estás diciendo que todo lo que hicimos fue para nada?

—No te creo —Hinata, finalmente, hace un gesto tenso en cuanto Sasori avanza unos metros hasta quedar cerca de ella, soltando aquello.

—¿Disculpa?

—No te creo viniendo de ti, alguien tan metódica e inteligente como tú debería haber anticipado el tema de las pulsaciones electromagnéticas. Si me estás diciendo la verdad entonces bien, pero si estás mintiendo haces que ofenda tu capacidad intuitiva de prever cosas como esa, Hyuga, considerando que eres subordinada de Sakura y una de las personas más listas aquí— Lejos de tomar eso como un cumplido, Hinata pareciera que duda al final de esa oración. Sin embargo tiene poco tiempo para seguir conservando esa expresión al ver y sentir como Neji se coloca delante de ella, inesperadamente dándole la espalda pero quedando frente a frente al soldado carmesí—. Qué oportuno. Sabes que si la defiendes estando equivocada, te convierte en lo mismo, ¿no es así?

—¿Qué tu no hacías lo mismo con Lotus?

Las palabras se ausentan y el frío de la noche que se aproxima se espesa. La indirecta es perfectamente recibida por todos en especial por Kurenai a quien no hace falta convencer de lo que dice si tuerce un poco lo que Neji Hyuga ha dicho.

Como si fuera una equivocación. Como si le dijera en toda su cara a ella y a Sasori que el proteger a Sakura, de la manera en la que ellos lo hicieron, fue la causa de las consecuencias que hoy tienen en frente. Nunca pararla, nunca decirle qué estaba bien o qué estaba mal. No. Kurenai sabe más que nadie que no era cuestión de decir sino de hacer. Debieron detenerla incluso si eso significaba que les odiara. Incluso si era a la fuerza.

Exactamente como Sakura había hecho con Sasori.

Y eso él lo sabe perfectamente.

Como que él tuvo parte de culpa al hacer siempre lo que le pedía o lo que le orillaba a hacer en lugar de enfrentarla o de buscar la verdad.

Tan diferente a Sasuke que, si bien le sigue pareciendo un imbécil, no reprime ninguna palabra incluso si es una estupidez.

—De acuerdo, basta —habla de nuevo Hinata, apartando a Neji solo mirándolo un poco—. Puedo cuidarme sola. Y eso también va para ti —dice eso último dirigiéndose a Sasori—- No estoy mintiendo —hace una pausa, serenándose, dándole oportunidad a Kurenai de hablar.

—Incluso si hemos logrado obtener coordenadas hay probabilidades de que también sea una trampa de Danzou —Sasori la mira incrédulo ante lo que acaba de decir como si le pareciera ridículo.

—Estuviste de acuerdo cuando decidimos esto, no puedes decir que ahora no lo crees conveniente porque te da miedo ir más allá de lo que conoces.

—Si se tratara de miedo, Sasori, no hubiera llegado hasta aquí por ti —le reprocha, y se siente como si se avecinara una confrontación muy personal entre ellos dos. O eso es lo que piensa Konohamaru en tanto se mantiene callado viendo como de a poco pierden los estribos y cada quien dice lo que le da la gana. No es que esté acostumbrado a este tipo de cosas pues Sasuke y Sakura solían discutir hasta por la más mínima cosa pero lo que se discute justo ahora es una decisión que los arrastrará a todos a seguirlos, y no tiene sentido que se vuelva solo algo personal y decidan en base al calor y la molestia que los influencia—. Si en verdad quieres ir no te voy a detener pero piensa, por un momento, que el panorama no resulte como pensamos. Necesitamos apegarnos a un plan real.

—¿Y cuál sería ese plan real, doctora Kurenai? —interviene Yamanaka.

—La particularidad de Sakura es un hecho innegable que fue mantenido en secreto durante mucho tiempo pero para esta hora puede que ya no lo sea—dice recordándoles a todos el mensaje emitido por el radio móvil también integrado al vehículo, el cual escucharon claramente—. Piénsenlo solo un momento. No hubo muchas complicaciones al salir de Konoha. Danzou nos supera en número, en fuerza, ¿por qué dejarnos ir?

—¿Piensa que lo de Suna haya sido un invento de él? —habla Hotaru, a un lado de Utakata, y a partir de ella todos comienzan a opinar y a inquietarse.

—No estoy entiendo absolutamente nada —interrumpe Yagura, dirigiéndose a Ino en lugar de a aquella mujer aunque es evidente pues para él y para el resto de Fenrir y compañía, Kurenai es una desconocida—. Yamanaka, vuelve al inicio.

Sasori rueda los ojos, exasperado, teniendo que tragarse, de nuevo, la misma historia que ya se sabe solo que repetida por voz de Yamanaka, con unas cuantas intervenciones de Hinata y Kurenai de vez en cuando, reforzando la historia. La historia en la que también tiene un papel pero en la que, indudablemente, Sakura es la principal. Oír de ella ahora, sin embargo, no deja de ser lamentable para él en el sentido de que se siente un imbécil por haber actuado de esa forma y no de otra.

En algún punto de la historia, que ahora ha pasado a ser relatada por Kurenai, se anexa a Sasuke y la expresión de todos cambia. De confusión a asombro.

Como de cero a ciento veinte kilómetros por hora.

Sin darles tiempo a cada uno de procesar adecuadamente todo, la historia se detiene en donde el corazón, tanto de Kurenai como el de Sasori, se siente apretado y vacío. Irónicamente esa parte es la que más espacios en blanco ha dejado y la que es más difícil de analizar pues aunque Sasori e Iruka estuvieron ahí enfrentando a Danzou, el soldado carmesí recuerda poco. De hecho, no quiere recordar absolutamente nada de ese momento pues todo lo relaciona con Chiyo de inmediato.

La conversación que Sakura y Sasuke hayan tenido con Danzou minutos antes de que él llegara es un plano desconocido aunque lo único relevante de la historia original es que Sakura en realidad no es humana al ciento por ciento y que Sasuke es la persona a la que, aparentemente, ha estado buscando durante mucho tiempo.

—¿Y eso qué tiene qué ver con nosotros?

—Hermano, por favor… —los intentos de Yukimaru son en vano en tanto Yagura se muestra firme y plantea la pregunta que muchos de ellos tienen en la mente pero no han querido decir.

—Acepté ayudarles a escapar solo porque le dieron seguridad a Yukimaru pero en lo que mí concierne Lotus no tiene nada que ver conmigo.

—Sí lo tiene, Sakura podría ser la clave para detener esto —pero incluso Hinata no luce convencida de sus propias palabras. Palabras que quizá solo nacieron debido al impulso de conservar tantos aliados como fuera posible en el momento que Sakura regrese.

Pero incluso ese optimismo no se ve adecuado. Tan solo han sido palabras al aire.

—No quiero llegar a eso —Yagura le confronta y Hinata, por primera vez, deja ver su verdadera naturaleza frente a alguien que no es Sakura o Konohamaru. Temerosa. Indecisa—. No quiero llegar a tener que orillar a mi hermano a decir mentiras motivadas por el miedo o por lo incierto solo porque fui incapaz de protegerlo. Justo como tú estás haciendo ahora, Hyuga.

—Oye… —Naruto detiene sus pasos creyendo que la confrontación va en escala pero la mirada que le dedica Yagura no es, ni de lejos, la de alguien mal intencionado. Y es cuando Naruto recuerda cierta conversación con Sasuke dentro del Cuartel, cuando recién se adaptaba o más bien el azabache le obligada a hacer el esfuerzo por hacerlo.

"—Todos aquí poseen una máscara, Naruto. Se ve como despiadados, y quizá lo son pero…hay algo más. Ella me dijo que todos portan una máscara invisible aquí para poder sobrevivir.

—¿Y por eso ahora te llevas tan bien con ellos y no quieres que los juzgue?

—No. Los juzgo porque desconfío de ellos pero también lo hago para descubrir que hay debajo de toda esa frivolidad"

Un ser humano no es malo solo porque sí.

Y en tanto Yagura le muestra la claridad de sus ojos para nada malintencionados, parece comprenderlo un poco. Aunque el sentimiento en Yagura es real al sentir lástima por Hinata porque es como verla en su peor momento a pesar de que se esfuerza en mantener la rectitud. Y por eso ha dicho tales cosas. Cosas como que no quiere que Yukimaru mienta de esa forma por él así como Hinata lo está haciendo, luchando consigo misma para no caer, al hacerlo por Sakura.

—Yagura…

—Tú piensas como yo, Utakata —el más bajito tuerce una mueca, mirando solo por breves segundos a la jovencita detrás de él, aludiendo—. Por el bien de los nuestros no podemos hacernos partícipes de una guerra que ni siquiera sabemos qué razón tiene y de la que tampoco tenemos la certeza de si la vamos a ganar.

—No queremos iniciar una guerra —intercede Ino pero la mirada de Yagura es consistente.

—Pero terminará siendo una y yo no voy a arriesgar a mi única familia por ello.

Luego, nada.

Yagura ha escarbado lo suficiente, incluso si no ha sido su intención, en la mente de cada uno como para que cada quien se replantee las cosas de manera individual. Y es evidente que ha calado hondo en cada uno debido a las expresiones que cada uno hace y el silencio que se prolonga luego de eso.

Aun así, sabiendo eso, Kurenai silencia su corazón y reanuda la conversación pues el tiempo que les han proporcionado para hablar seguramente se acabará pronto.

—Yagura tiene razón —el grupo conformado tanto por Hinata, Naruto, Ino, Konohamaru y Sasori, la miran, atónitos—. Una confrontación es inevitable a estas alturas. Y si estuviera en manos de Sakura decidir por ustedes, habría dicho las mismas palabras que él —Yagura le sostiene la mirada mientras que el resto, más concretamente Ino y Hinata, la miran como si estuviese cometiendo un error.

Pero no son conscientes de la verdad.

Kurenai está haciéndolo porque es lo mejor mientras que Hinata e Ino están siendo influenciadas a seguir, más Hinata, por la lealtad hacia su compañera. Influenciadas, silenciosamente, por los sentimientos.

—Pero doctora Kurenai…

—Sé que no abandonarías a Sakura, Ino, pero la decisión de ir a Suna, en su momento, solo nos involucraba a nosotros —dice, refiriéndose a los anteriores pensados—. Yagura, Utakata, Fuu y el resto tienen el derecho a decidir por su cuenta —un prolongado silencio se extiende luego de eso último—. Le debo mucho a Sakura, tanto mis errores como los que Iruka cometió también le hicieron daño. Debimos detenerla en su momento. Es por eso que…

—¿Es por eso que cree que está devolviéndole el favor?

—¿Konohamaru?

—Sakura no necesita acumular más penas —influenciado por el dolor, influenciado por el amor…Konohamaru solo se permite ser claro en una cosa—. Todo este tiempo ella ha acumulado dolor y culpa por el daño que ha ocasionado a quienes la rodean. Lo que menos quiere es arrastrar a más gente y eso incluye a quienes le quieren ser leal por un sentimiento que nace de la culpa —como diciéndoselo, también, para sí mismo. No puede forzar a nadie a serle leal a Sakura cuando él mismo fue tan obediente para aceptar, en algún punto, su muerte solo porque Sakura fue clara desde el comienzo. Solo porque ella lo salvó y porque se sentía comprometido a siempre decir que sí y nunca decir que no.

¿Cuántas veces quiso Sakura decir que no?

¿Cuántas veces quiso detenerse y rendirse?

¿Está mal tocar fondo y querer rendirse?

—Konohamaru… —cuando Hinata hace el gesto de acercarse a él con ese semblante preocupado, Konohamaru se hace a la idea de que posiblemente se encuentre sollozando pero ¿qué más da? Está tan harto como Sakura aunque no puede pensar en cómo de mal lo debe de estar pasando ella ahora. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? ¿Por qué tiene que sentir que llorar es un motivo para ser criticado?

—Si usted en verdad quiere ayudarla, que sea de verdad porque lo desea, no porque se sienta responsable —con la voz inestable y los ojos claramente llorosos, continúa—. Sakura no…Sakura ya no necesita más daño así que…por favor…Ya no más.

La voz de un niño siempre es escuchada pero justo ahora, cuando siente como la señorita Hyuga le toma por los hombros y le abraza, alejándolo un poco de los demás, se siente responsable. Responsable de lo que cada uno vaya a decidir luego de haberlo escuchado. Y el sentimiento no es para nada satisfactorio pues usar la sensibilidad de cada uno para hacerles sentir pena y sentirse así mismo que puede controlar una situación es como decir que todo es producto de tocar el lado más sensible de la gente.

Y no quiere eso.

Pero ya está hecho.

Y, de algún modo, luego de llorar en el pecho de Hinata, se siente liberado.

Y de nuevo piensa en ella, en Sakura, deseando que ella también pueda permitirse hacerlo.

.

IV

.

Duerme por pequeños lapsos y en lugar de sentir que recupera las fuerzas es más como si sintiera que las perdiera. Es agotador y temeroso el cerrar los ojos y pretender dormir porque cada que lo hace las escenas vividas, llenas de desastre, sangre y despedidas, se acumulan y la atormentan.

Además de que no está, ni de lejos, haciendo un esfuerzo por recuperarse. Lo único que hace es acumular más pena.

El rostro de Chiyo exhalando su último suspiro y ella gritando para que la dejen estar a su lado pero a la vez siendo alejada con furia. Incapaz de hacer algo, sintiéndose aturdida por todo lo sucedido con Danzou.

Como si no fuera suficiente el peso de la culpa nacido desde su versión más inocente, desde el origen que aún continúa manteniéndose inalcanzable para ella y solo se manifiesta como rayones. El peso de la culpa arrastrado desde Mikoto hasta repercutir en el presente. Hasta hacerla despertar agitada y jadeante debido al futuro o la premonición que se le presenta como una avalancha de que más desgracias sucederán.

Algo más grande que ella la está asfixiando y no la deja en paz.

Durante mucho tiempo ha cargado con esa sombra pero había sabido controlarla. Ahora siente que se ahoga, que la está devorando viva. Que el dolor de la pérdida se ha duplicado porque real siempre ha sido. Y no lo soporta. La está matando.

Tanto que agradece que Sasuke no esté dentro del vehículo ahora pues se permite llorar.

Chiyo.

Iruka.

¿Sacrificándose para qué? ¿Por qué?

"—Y tú te has ocupado de arrebatarme todo lo que he amado"

¿Chiyo a quién se lo decía? ¿A Danzou o a ella? Pues, si sigue la línea que decide creer, Sakura también le pudo haber arrebatado a Mikoto. Argumento que para Sakura tiene sentido pues, para ella, todo es su culpa. Ella es la culpable. Y, en su mente, Chiyo no tuvo que haberse sacrificado de ese modo si en verdad existía la posibilidad de guardarle odio.

Pero su corazón frágil y el sentimentalismo están jugando un rol muy importante justo ahora poniéndola en la discordia. Todas esas tardes a su lado, toda esa amabilidad, toda esa dulzura y paciencia, todo eso ¿pudo haber sido mentira?

"Mi Mikoto"

Ah…

Otro hecho en demasía perturbador. Y junto a él vienen los malos pensamientos y la duda de saber si todo lo que vivió con Mikoto también fue mentira. Y si Chiyo le pagó con la misma moneda no tendría por qué estar llorando su muerte pero lo hace. Duele. La de ella, la de Iruka…

Su cabeza duele.

Sus ojos arden.

Ya no.

Ya no…

Cuando despierta, finalmente de manera correcta, se encuentra con que, en efecto, Sasuke no está ocupando su lugar frente al volante. Levantando con dificultad la cabeza da una mirada rápida a la parte trasera del vehículo y tampoco lo encuentra. No está…Sasuke no está y…Pero está convencida que no se ha ido lejos. Nadie quien arropa a su ser querido antes de irse lo haría. La prueba está en la manta que la cubre, calientita. Y en la que, seguramente, es la manta que le corresponde a él hecha un ovillo justo debajo de donde descansaba su cabeza, la que funge como almohada.

Ese gesto, lejos de conmoverla, la llena de más agonía.

Él está ahí ahora cargando con su pena.

Está ahí, afuera, como lo supuso, recibiendo el frío de una noche sumamente helada, a las brasas de la hoguera improvisada que ha montado sobre la cual extiende las manos para calentarse un poco aunque la posición es incómoda seguramente.

A Sasuke casi le da un infarto cuando oye la puerta del copiloto abrirse y la ve descender pues los sonidos se maximizan más si ha estado en completo silencio durante un par de minutos. Quiere abrir la boca para decir algo pero es frustrado cuando algo cae encima de sus ojos y le impide la visión. Sakura ha pasado de largo de él para sentarse del lado opuesto a la hoguera pero en el trayecto le ha aventado una manta. La que él le ha dejado para acomodar su cabeza y que ella estuviese más cómoda.

—¿Qué haces? —expresa, acomodándose mejor, extendiendo el brazo con la manta. Sakura, ignorándolo, termina de acomodarse con un poco de cercanía al fuego para no sentir escalofríos—. Póntela, hace frío.

—Te digo lo mismo —a sabiendas de ese lado terco Sasuke no cede, sacudiendo un poco su brazo ésta vez como para presionarla para que le haga caso—. No la quiero.

—No seas terca. Hace un frío de los mil demonios. Úsala tú —Sakura solo lo mira, inexpresiva pero no es algo nuevo con lo que Sasuke no se sienta capaz de lidiar—. Mejor vuelve adentro si no la vas a aceptar.

—Hazlo tú —la oye murmurar antes de verla envolverse mejor en su respectiva manta, haciendo más obvio el hecho de que es una terca y una cabezota—. Y deja de compadecerte de mí como si me debieras algo. No soy alguien débil.

—No dije que… —pero Sasuke se interrumpe a propósito dándose cuenta que no tiene ningún sentido continuar con esa conversación que no los va a llevar a ningún lado. Ligeramente irritado, baja el brazo, derrotado—. Olvídalo. No quiero pelear.

No quiere pelear, dice. Y mientras más lo mira Sakura más se convence del parecido tremendo que hay en esas palabras a las de alguien a quien amó. Y no solo eso, finalmente se permite mirarlo en silencio a detalle. Como debió hacerlo en primero lugar. Quizá de haberlo hecho hubiese entendido varias cosas por su cuenta y las hubiera podido evitar. Anteriormente solía hacerlo pero no había de por medio una verdad absoluta. No tenía la certeza de nada salvo de suposiciones. Ahora que tiene un argumento del cual basarse le es menos difícil reconocer que Sasuke es tremendamente parecido a Mikoto.

Y ese hecho solo hace que se muerda el labio y el pecho le duela.

Sasuke, más atento a ella que de costumbre, nota como se mantiene cabizbaja. Y el miedo, de algún modo, lo invade al sentir que las palabras de ese hombre se vayan a hacer realidad.

Y al mismo tiempo se maldice. Maldice ser quien es. Pero a su vez quiere saber. Quiere saberlo todo.

Mientras él continúa debatiéndose, Sakura vuelve a mirarlo.

Hay demasiadas vertientes hacia dónde podría dirigir sus pensamientos en este momento pero por alguna razón se decanta por querer solucionar la discusión de hace unas horas atrás pues, extrañamente, le sabe mal el sentirse disgustados el uno con el otro. Aun teniendo la certeza de que Sasuke, seguramente, quiere hacerle miles de preguntas, así como ella a él, el corazón elige. Y aunque quiere maldecirse de poseer tal cualidad humana aún lo suficientemente desarrollada, no le gustaría que fuera de otra forma.

Sin embargo Sasuke siempre tiene un lado nuevo que mostrarle.

Además de ese lado amable y reflexivo que solo muestra con ella.

Así como él piensa que cuando Sakura no está gritando ni volviéndose loca, le parece el ser más bello e indefenso del mundo, lo mismo sucede con ella.

Cuando Sasuke no está siendo un bruto primitivo y no está exponiéndose al peligro como un tonto le parece, sin lugar a dudas, alguien tierno. Estúpido e infantil, pero dulce. Y eso es algo que Sakura no puede no obviar como también es algo de lo que él se encarga de confirmar justo ahora que se le adelanta a hablar.

—Lo lamento —hace una pausa tomando una varita de madera, enterrándola en la arena hasta romperla por la mitad—. Por gritarte.

"Soy yo quien debería decir lo siento", piensa Sakura en silencio, siendo incapaz de soltar esas palabras. Tendría que ser ella la que pida disculpa por todo. Por abandonarlo. Por traicionarlo. Por arrebatarle a su familia. Por absolutamente todo. Sin embargo con él nunca está segura sobre qué esperar. Lo intentó muchas veces…El ser capaz de leerlo para anticipar cada cosa que pretendiera hacer para que de esa forma pudiera tenerlo controlado.

Pero desde el inicio siempre fue al revés. Sasuke nunca estuvo bajo su control en ninguna circunstancia.

Si alguien lo estuvo…Fue ella de él.

Fue ella quedando prendada a él a través de sus ojos.

Como el día en que nació.

Como el día que, entre caos y llamas, de nuevo lo encontró.

Era como magnetismo…O una fuerza desconocida.

Como ahora que ninguno dice nada pero no hace falta porque lo hacen con las miradas aunque últimamente sea la de Sasuke la que persiga la de ella pues Sakura apenas sostiene la suya el tiempo suficiente. Sasuke está siendo paciente pero sabe que necesitan avanzar y decirse las cosas de frente aunque en este momento no se siente con ganas de presionarla, es solo que sentía que estaba siendo muy rudo con ella.

Aquellas palabras habían nacido de la frustración como también de su ser más sincero.

Y eso es lo que Sakura no se permite sacar.

—¿No vas a decir nada?

No quiere un ""lo siento" de su parte, solo quiere oírla.

Si es un reclamo, un grito, un rechazo, no importa pues si bien sus propias palabras habían nacido de la frustración combinada con la sinceridad, Sakura se estaba impidiendo hacer lo mismo y Sasuke sabe que es lo que necesita. Incluso si vuelve a darle un golpe en las costillas o si le disloca de nuevo el hombro, no importa. Solo quiere, por un instante, que ella sea ella misma y alejarla del pensamiento de sentirse miserable todo el tiempo. O de sentir que no es dueña de sus propias decisiones.

Con él no tiene que fingir.

Con él no tiene que ser fuerte.

Con él, solo…

—Me hubiese extrañado más si no lo hacías. El gritar como un lunático, me refiero —finalmente la oye, y ese gesto de desviar el rostro se posiciona correctamente sobre el resplandor que emite el fuego, aclarando su piel, dejándole ver ese diminuto sonrojo que se asoma caprichoso.

Y eso, para él, es motivo de que dibuje una mueca de alivio. Eso es todo para él. No necesita que hable más, aunque es como si Sasuke no respondiera solo para mantener esa sensación de regocijo, tras oírla hablar y tener ese humor ácido característico suyo, dentro solo para él. Atesorando cada cosa, cada mirada, cada palabra, que proviene de ella. Mientras Sasuke guarda silencio, cómodo de solo oír la madera consumirse Sakura de nuevo le presta atención.

Y aunque le asusta el recuerdo involuntario que tiene en tanto lo mira, se controla en lugar de ponerse a gritar.

Apenas lo ve cabizbajo pero con eso que parece una mueca dulce danzando en el silencio ha pensado en ella…En Mikoto.

En una situación similar, con una Sakura mucho más pequeña y con ella entonando una melodía dulce cerca de los oídos de uno de los seres que más ama. Aunque sería adecuado que Sakura se concentrara en usar ese pensamiento y analizarlo a profundidad, en base a lo acontecido, para descubrir más cosas, solo se concentra en recordar rostros. El de Mikoto es muy claro y mientras más mira a Sasuke más la ve a ella través de él.

Y mientras más lo mira a él más le recuerda a esa otra persona que también había olvidado.

Al que se ve mayor que Sasuke pero menor que Fugaku.

—"Itachi…" —piensa y es la primera vez en mucho tiempo que saca a relucir su rostro pues, aparentemente, la mayoría de sus memorias se volvieron claras desde el momento en que bebió sangre de Sasuke. Ahora que también lo recuerda siente que hay más cosas de las cuales preocuparse. Sasuke tiene preguntas y ella también, y es lo más lógico saciarlas entre ambos pero no se siente lista.

Una vez que empiecen no querrán parar. Sasuke querrá saber todo y ella…

Algo cálido envuelve sus hombros. Cuando vira el rostro, él está ahí. Y el obsidiana de sus ojos adquiere un color cálido por el reflejo de las llamas, casi tan claro como un cielo a media noche y desconocido siendo devastado por meteoritos. Sí, la escena de un desastre pero eso no quita que no sea algo bello y espectacular de ver. Con demasiados matices, demasiadas profundidades, demasiada curiosidad…

—Te dije que hace un frío del demonio —lo oye y Sakura no objeta pues recién se percata que se encuentra abrazada a sí misma con fuerza de su respectiva manta. Pero ella sabe que no ha sido el frío el motivo de ese reflejo, ha sido el miedo. Miedo de que él sepa más sobre ella.

De que sepa todas las atrocidades que ha hecho durante esos años.

Por eso no quiere hablar.

Porque no hay nada bueno para justificar lo despiadada y cruel que ha sido a través de los años.

Y porque no quiere que él la odie.

—¿Qué pasa? ¿Tienes mucho frío? —Sakura no contesta y Sasuke asume que esa es una afirmación por lo que se levanta de su posición de cuclillas, luego de cubrirla más con su propia manta, y se encamina al vehículo en busca de algo más para calentarla pero la mano de Sakura lo detiene, sobresaltándolo.

—No te odio.

—¿Eh?

—Antes… —sintiendo náuseas y un hueco en el estómago por decir cosas que no son propias de ella, aun así no suelta su muñeca, añadiendo incluso más fuerza de manera inconsciente como no queriendo que se aleje—. Antes dijiste que estabas seguro que yo te odiaba.

—A-ah, eso. Lo dije porque…

—No es así…No te odio.

Sentirse herido y sentirse culpable por la sinceridad de alguien a quien ha tratado mal desde el inicio…Siente ganas de llorar. Es una sensación horrible porque se requiere de casi nada el decir palabras hirientes pero se requiere mucho valor para pedir perdón. Sakura no se siente ni bien ni mucho más que él ni de nadie…Solo está cansada. Cansada de no decir nada pero a la vez tiene mucho miedo del poder de las palabras.

Durante mucho tiempo esa fue su mejor arma.

Hablar.

Decir.

Herir.

Engañar.

Ser de ese modo la hizo fuerte a su modo pero por dentro siempre estuvo suplicando porque alguien viera a través de ella.

Que Sasuke se disculpe cuando ha sido ella la precursora de todo el daño, le asquea. Porque ella no merece la consideración de nadie. Ni la amabilidad, ni la sinceridad. Ni ninguna de esas cosas que Mikoto le dio y que le hicieron creer que era amada. Justo ahora también sabe que todo eso puede que se trate de una mentira porque, con circunstancia, Danzou ha implantado la semilla de la duda en ella al revelar deliberadamente todo por lo que Sakura, en inicio, luchó. ¿Qué sentido tendría entonces creer que Sasuke no es igual?

Si es hijo de Mikoto…Y si todo ha sido una mentira… ¿Por qué tomarse la molestia de disculparse con él?

Pero se siente herida.

Y se siente, instintivamente, fatal si algo está mal entre los dos haciéndolos sentir disgustados.

—Me parezco a ella ¿no es así? —Sakura le sostiene la mirada solo por unos segundos para luego apartarla. Seguramente se ha quedado viéndolo directamente al rostro y por eso Sasuke ha preguntado tal cosa, poniéndolo ansioso. Pero, contrario a lo que espera, es sujetada del mentón con dulzura—. ¿Mucho?

—Demasiado —y es como si saber eso no le gustara en lo más mínimo a Sasuke porque de nuevo las palabras de Danzou le pesan—. Tienes sus ojos.

—Desearía que no fuera así.

No quiere que Sakura lo veo como si fuera una versión masculina de su madre. Si por él fuera evitaría, incluso, todo desde el inicio solo si así pudiera tener la oportunidad de conocer a Sakura de otro modo. Sin pasado. Sin remordimiento con tan solo verlo. Sin nada, solo verlo por quién es, no por quien le recuerda.

No puede cambiar la realidad por mucho que quiera pero lo que sí puede es ocupar un lugar en su mundo así como ella lo hace en el de él.

Un lugar especial. Suyo, no bajo la sombra del que pertenece, seguramente, a Mikoto.

Porque él no es ella.

Y eso lo tiene claro.

—¿Y tú?

—¿Eh? —mejilla acalorada, mechón rebelde, oreja fría, mano atrevida.

Bien podría estar en peligro de ganarse un golpe de parte de ella pero ha resistido todo este tiempo a su lado como para sentirse cobarde o tímido. Más bien está inquieto, con hambre curiosa, con ganas de saber todo aún si ella quiere escondérselo.

—¿Los ojos de quien tienes tú?

Pregunta refiriéndose a los esmeraldas que ahora lo miran con las pupilas encogidas, como diciéndole que también quiere saber sobre ella. Ha ido, seguramente, más allá de lo permitido. Más allá de lo que ella podría permitirle a alguien pero aun así no se arrepiente. Incluso si ella no conoce su origen y ahora le ha dado un asunto más del cual pensar, no importa. Porque va a estar ahí así como ella lo estuvo desde el día en el que nació.

—Sé que estoy corriendo el riesgo de que me saques el aire o me rompas una costilla justo ahora por haber preguntado eso—Sakura lo mira recelosa, más no aparta su mano en el labor de acomodarle un mechón de cabello, alborotado por el frío seguramente—. Pero quiero que me cuentes todo. Sobre ti. Sobre mí. Lo que sea que recuerdes, por más mínimo que sea. Quiero que confíes en mí.

—Sobre mí no hay nada para contar —hace una pausa—. No recuerdo nada de mi vida. No tiene relevancia.

—Para mí sí —Sakura levanta una ceja, obtusa.

—Estás muy interesado en saber de mí en lugar de saber sobre tu pasado.

—Tú eres mi pasado, Sakura. Eres mi presente y también todo lo que está por venir.

¿Cómo puede decir algo así con el rostro firme y a la vez con los ojos puesto en ella sin titubear?

Sakura ya lo sabía. Lo supo en el momento en que sus ojos lo enfrentaron la vez que estuvo a punto de ser devorado por ese Draug. La cobardía estaba en ellos pero aún así no retrocedió ni un poco. Un ridículo valor proveniente de su interior más humano. Aún sin saber que no lo era enteramente. Tan diferente a ella. Sasuke no ha evitado no sentir miedo ante la incertidumbre respecto a cada cosa que hace.

"El miedo me hace no querer perder"

Se suponía ella había dicho eso alguna vez… ¿Por qué ahora sí lo tiene?

Con respecto a él, con respecto a ella, con respecto a todo.

Ah, se siente inusualmente abrumada. Como en un estado de ebriedad pero en lugar de ser ocasionado por el alcohol ha sido por estar sintiendo emociones absurdas. Emociones que se muestran, finalmente, tal como son. Amplificándose cada que él dice o hace algo.

Como sentir calor en las mejillas y sentir en el estómago cosquillas. Que Sasuke no deje mirarla tampoco ayuda mucho a su autocontrol, y de pronto se siente ridícula por sentirse así.

—Tengo sueño —dice ella, apartando la mirada, levantándose de su sitio para emprender camino hacia el vehículo siendo frustrada a medio trayecto por su brazo. Sasuke descubre una cosa más debido a ello. Que la cintura de Sakura cabe perfectamente en el espacio de su mano y su brazo. Y que, incluso ella, es malísima mintiendo cuando se siente avergonzada. Y que, seguramente, esa es su expresión favorita hasta ahora.

—Sabes que no vas a poder evitarme siempre ¿verdad?

—No obtendrás nada bueno si sigues insistiendo.

Movimiento rápido y él controla la rotación de su cintura, haciendo que tengan un duelo silencioso del que, sospechosamente, Sasuke parece no querer ir a prisa por ganar. Es más, pareciera que ni siquiera quisiera alcanzar la victoria, que solo quisiera prolongar el tiempo para continuar viéndose de ese modo.

—No creo que, hasta ahora, algo bueno me haya pasado…Excepto el haberte conocido.

Pensar en él y solo en él es abrumador además de que él hace las cosas más difíciles. Como que ahora le es difícil responderle de manera adecuada aunque bien podría volver a la misma actitud de siempre…Pero las cosas han cambiado. Ya no puede seguir viéndolo como antes aunque también piensa que es incorrecto seguir comparándolo con Mikoto.

Pero no puede evitarlo.

Los hechos son aún demasiado recientes como para pasarlos por alto; y aunque ella debería no ser alguien con una mente tan débil, todo lo dicho por Danzou se repite como si recitara una maldición inquebrantable.

Aun así agradece internamente que Sasuke cierre la boca luego de eso y no diga más.

Y que ahora solo se oiga el sonido que ambos hacen mientras cogen su sitio dentro del vehículo y se acomodan para descansar por ese día. Ese día que ha drenado casi todas las fuerzas y las esperanzas de Sakura de manera violenta. Justo ahora no sabe en dónde están y tampoco cual es el siguiente paso, y no quiere saberlo.

No quiere saber nada.

Quisiera, además, no recordar nada.

No sentirse codiciosa.

No sentirse entristecida.

Pero, a la vez, no quisiera perder lo que ha recuperado. Aunque actualmente sea solo un pedazo insignificante de su alma, de sus recuerdos, de su corazón. De otro modo no podría armarse de valor y ver a Sasuke dormir sin sentir que ha recuperado algo importante. Permitiéndose voltearse a verlo una vez que oye como su respiración se vuelve más tranquila y silenciosa.

Sasuke no se mueve mucho al dormir pero sí que hace muecas. Y ese mínimo detalle es un secreto que Sakura guardará, a partir de ahora, hasta el día en el que muera. Como el secreto de también descubrirse a sí misma queriendo más. Retirar un poco su manta y alzar su mano para alcanzar esos cabellos que le caen en la frente pero sin tocar propiamente su piel.

Pestañas largas.

Nariz respingada.

Haciendo de ese momento un secreto que solo le pertenece a ella….O más bien le pertenece a ellos.

Sin reglamentos.

Sin apariencias.

Sin absolutamente nada.

Pensar que allá afuera hay criaturas de ojos rojos que devoran a la gente, que hay un virus inminente, que el círculo de enemigos crece de manera evidente. Que el viento ruge, que el frío desampara, que la noche descansa…Y que ellos están ahí, durmiendo uno cerca del otro.

"—Duerme niño, duerme ya…"

Si cierra los ojos Mikoto está ahí. Cantando esa canción que precisamente ahora despierta ese recuerdo. Con ella descansando sobre su regazo y ese otro niño también.

"—Dulce sueños hoy tendrás. Y donde estás, tú me encontrarás. Y ésta canción de amor te abrazara "—La cabeza de cada uno en cada pierna de ella. Y Sakura sintiendo el calor de su crecido vientre, rozándolo con su nariz, susurrándole algo incomprensible, oyendo la voz de Mikoto en un segundo plano.

Cantándole a esa vida, cantándole al amor.

"—Aquel jardín de rosas hoy. Hay una bella flor… "—acariciando Mikoto su cabello rosa durante en ese verso.

Acariciando Sakura el cabello de Sasuke dentro de su propio presente y su propio universo en paralelo.

Prometiendo tantas cosas el día que el mundo llegara a perder su brillo. Prometiendo tener esperanza el día en el que los demás la pierdan.

¿Mikoto habrá sido consciente de sus palabras aquella vez?

Sakura nunca le cuestionó nada porque su vida y su mundo eran ella cada noche mientras les cantaba pero ahora…

¿Exactamente qué es Sasuke para ella?

No lo quiere saber…pero seguramente pronto lo va a saber.

—No creo que, hasta ahora, algo bueno me haya pasado…Excepto el haberte conocido.

Mientras tanto está ahí, viéndolo hacer muecas curiosas mientras le acaricia cuidadosamente el cabello y le pica un poco las mejillas, descubriéndose apasionada por la pequeña gracia que le hace verlo fruncir las cejas y los labios.

Pensando que es feo, pensando que es bello.

Pensando, pensando…

Se había dicho que pensar en él era abrumador pero…

—"Si al final me llegara a tan solo quebrar…"

—Sé que tú siempre me recordarás —entona viendo como el recuerdo de Mikoto se desvanece finalmente mostrándole su presente.

Mostrándole, genuinamente, a la persona en la que ha pensado durante toda esa canción mental.

La persona que duerme y que tiene en frente.

La persona por la que ha esperado mucho tiempo y de la que ahora, secretamente, no se quiere alejar.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Aclaraciones:

● Mención de una pareja Shonen-Ai (ChicoxChico). Creo que es mi deber informarles para que no les agarre de sorpresa. No será nada explícito, de hecho es posible que dicha pareja no se concrete al final (aún lo estoy evaluando) pero sí habrán pensamientos y diálogos sobre ellos. Es decir, se entenderá cuando la ocasión se presente. Por el momento me reservo decir "quiénes conformarán esta pareja".

● En esta segunda parte habrán varios vistazos al pasado lo que ocasionará que tome uno o dos capítulos (dependerá) para hablar sobre el pasado de un personaje (Tal como sucedió con Sasori).

● Habrá lemon (Finalmente hija de tu chocomilk!)

● La narración se prestará, en algunos capítulos, a ser en primera persona. Estoy en modo práctica así que realmente me estoy esforzando en mejorar mi modo de narrar para entregarles algo entretenido.

Notas:

¡Hemos vuelto! (ノ・∀・)ノ

Sí, creo que desde...¿Septiembre? La verdad es que había dicho que arrancaría con esta segunda parte hasta Enero pero no puedo contenerme a mí misma, y creo que algunos ya estaban ansiosos.

Bien, antes de adentrarnos en la verdadera salsa esta capítulo es de transición. Hay demasiados temas por abarcar pero no quise saltar de una vez a ellos sin antes mostrar un poco del "Después" del final de la primera parte. Este capítulo es más como evidencia de lo inestables y vulnerables que quedaron algunos de los personajes luego del final del capítulo 41 así que les di su espacio para respirar.

¿Wacharon esa escena SasuSaku de más de 3mil palabras? (ˆ˘ˆ) Esta parte es crucial para Sasuke y para Sakura pues si bien están juntos no todo irá de viento en popa. Tienen que aprender a confiar el uno al otro antes que dar otro paso y no será una tarea fácil considerando que Sakura tendrá muchas batallas internas. ¿Será Sasuke capaz de ser paciente o tendrá un límite? Y bueno, sí, habrán muchas escenas de ellos finalmente. Se los debía en la primera parte jajajaja

Y pues ya, espero que les haya gustado este capítulo. ¡Ha salido un monstruo de más de 11mil palabras! ¡Ah! Y espero que hayan escuchado la última canción. Esa sería la canción de cuna de Mikoto, es la misma que termina cantando Sakura a Sasuke en la última escena.

Bueno, ya, suficiente.

Me voy no sin antes desearles un feliz año nuevo. Este sería mi regalo atrasado (?) de Navidad jajaja ¡Muchísimas gracias por continuar apoyando a Lotus! No saben lo feliz que me hacen, en verdad. No tengo cómo agradecerles todo el apoyo y sus bonitos comentarios respecto a la historia más que siguiendo dando lo mejor de mí en cada capítulo c: ¡Prometo no defraudarlos!

¡Besos!

Rooss-out ヽ(ヅ)ノ