Advertencias del capítulo: Ligero shonen-ai (chicoxchico)
.
.
.
—Izumi volvió.
—Lo sé.
—¿Lo sabes…? —Shisui se interrumpe a sí mismo dándose cuenta de la obviedad del asunto. O más bien de lo ridícula que queda su pregunta suspendida en el aire.
Y de cómo Itachi cada vez es menos cuidadoso en soltar respuestas de ese modo. O quizá simplemente no es un descuido, quizá es que no le importa si alguien se entera o no de que está llevando a cabo acciones por debajo del agua dentro de Suna.
Él siempre ha sido así.
Como si no le temiera a nada.
Como si estuviera siempre por delante de cualquiera. Como si tuviera una solución secreta para tomarla en el caso en el que se requiriera.
Así mismo Shisui destaca encarecidamente su temple inalterable.
Tanto para asuntos de ese tipo como para lo sucede en su estado físico.
La dosis de siempre, el silencio de siempre. Nada. Ni una mueca altera el semblante de Itachi una vez que la aguja penetra su piel para luego salir con la misma maestría como si lo estuviese haciendo a una sandía.
Como si estuviese acostumbrado.
No le cuestiona pero tampoco lo aprueba. Aun así no puede apartarse de su lado. Se comporte a veces como un niño o a veces se le vea irreconocible como un demonio.
Como un demonio azabache.
—Como sea, El Consejo quiere interrogarla. A ella y a ti. Creen que tú la enviaste a Konoha.
—Creen que yo la envié a Konoha —repite como si se tratara de un juego de imitación. Dios, enserio. A veces se comporta como un niño.
—Sí, bueno, ¿al menos podrías esforzarte en fingir que es mentira? —finalmente, luego de que se deshace de la jeringa y de los empaques inservibles tirándolos a incinerador, le mira con esa intensidad que a Shisui lo haría temblar si retrocedieran diez años. Al momento en el que se conocieron. Afortunadamente para él, pero no para Itachi, Shisui es inmune a ellas actualmente.
Lo conoce mejor que nadie porque le ha dedicado toda su vida desde ese entonces.
—Encárgate de eso —aunque a veces es tan imparcial que enserio lo toma desprevenido. Como ahora que lo hace pestañear, confundido, ante la orden arbitraria e inesperada.
—¿Perdón?
—Del Consejo. No quiero reunirme con nadie ni quiero dar explicaciones —lo oye, y lo mira quitándose los guantes y tirándolos también al incinerador.
—¿Si sabes que esto no te beneficia en nada salvo seguir siendo mal visto por todos, verdad?
—¿Puedes o no? —Shisui frunce el ceño ante la evasiva.
—Por supuesto que puedo pero no respondiste mi pregunta.
—¿Ha existido alguna vez en la que alguien me haya visto con buenos ojos aquí?
Buenos ojos, dice.
¿Él está pintado o qué?
Viéndolo pasar hacia la parte de atrás con la parte de la cintura para arriba completamente descubierta mientras Shisui se pregunta por qué demonios nunca usa los paneles de resina traslucida que hay en cada laboratorio para cambiarse ante cualquier pertinencia.
No lo entiende.
Como tampoco entiende por qué se le sigue alterando la presión, ligeramente, cada que le toma desprevenido.
Aunque no es su culpa. De Itachi se refiere. Él es bruto solo porque sí, y solo porque Shisui piensa que lo es. Bruto y despistado pero definitivamente letal como un escorpión cuando debe serlo.
Se ha incrustado tanto en él que a veces, solo a veces, sospecha que sabe la manera en que lo ve. Y que se aprovecha de eso. De su lealtad. De que haría todo por él bajo la primicia de que son mejores amigos y de que su amistad es tan fuerte que uno moriría por el otro. O al menos él sí lo haría por él.
Eso debe ser, piensa. El maldito aguijón junto a su poderoso veneno han desintegrado su gusto natural por las mujeres. Y ha hecho, estúpidamente, que se fije en él sin ningún tipo de esfuerzo.
Lo detesta.
Porque es como si Itachi viera a través de él y supiera exactamente cómo dominarlo. Cómo hacer que termine cediendo. Y él se maldice internamente por tener ese tipo de pensamientos por un hombre. Un hombre que hace tiempo le salvó la vida y que por consiguiente decidió dedicársela de vuelta en pago solo que nunca esperó que terminara sintiendo algo más que simple aprecio.
Lamentablemente en algún punto del camino se desvió. Le gustaría saber cuál, a decir verdad.
Qué asqueroso.
—Al menos en eso me parezco a ella —dice más para él que para Itachi, y enserio agradece que sea un bruto y no le haya oído.
—¿Qué dijiste?
Oportunamente el aviso de que Izumi ha llegado se visualiza en una de las pantallas integradas de las molduras protectoras de su brazo, lo que lo aparta de seguir teniendo tales pensamientos absurdos, volviendo al foco principal de la conversación mientras le avienta la camisa viendo cómo éste la coge en el aire.
—Nada. Solo vístete y ponte presentable. Ella ya está aquí.
—Hazla pasar —el muchacho asiente solamente apartándose en cuanto el mecanismo de una puerta emerge de la pared como si fuera parte de ella y no hubiese sido vista anteriormente. En cuanto la puerta se materializa y la nanotecnología hace lo suyo, Izumi ya está ahí.
En cuanto la ve y ella se percata de él, ambos comparte una silenciosa mirada como si ambos se aprobaran ante el otro como mero protocolo pero nada más. Ni sonrisas amistosas ni nada parecido. Pasados unos segundos Izumi avanza hasta quedar frente al hombre que en verdad le interesa ver.
Un prolongado e incómodo silencio se instala de manera paulatina e Izumi no sabe qué le causa más nervios en ese momento.
Si el hecho de que Shisui siga ahí casi pegado a la puerta como un centinela o que Itachi esté aún con esa camisa desabotonada.
—¿Y bien? —en cuanto Itachi habla, Izumi recobra la compostura como un resorte, aunque está lejos de sentirse tranquila por lo que dice lo siguiente.
—¿Él se va a quedar a escuchar? —dice refiriéndose a Shishui y también como si se refiriera a que lo que quiere decirle es algo confidencial. Algo entre ellos dos. O al menos así se supondría que fuera.
—Por supuesto que va a quedarse —Shisui, desde su lugar, hace una mueca en cuanto oye a Itachi. Una mueca satisfecha que esclarece su obvia necesidad de sentirse, solo un poquito, más privilegiado que ella. Izumi solo frunce los labios más no objeta—. ¿Entonces?
—Umm… ¿No vas a preguntar si estoy…? —la sonrisa nerviosa por tenerlo cerca se le borra del rostro en tanto Itachi sigue con el mismo gesto como si fuera resistente e inalterable hormigón. Claro, como si él fuera a preguntar si llegó con bien. Shisui alcanza a oír eso y ligeramente siente pena por ella—. Olvídalo—dice, recomponiéndose—. Lo encontré. Está vivo. Estoy segura que esta vez es él.
—Segura que es él —repite Itachi, imitándola. Como si no fuera algo sustancial.
Desde luego esa no es la primera vez que Izumi se va por varios días ni tampoco es la primera vez que dice tal cosa. Desde que supo por boca de Itachi un poco de su historia y de cómo solo el paradero de su hermano perdido podría traerle algo de paz, Izumi se esforzó por complacerlo. No solo en eso, sino en todo.
Y en eso Shisui se ve reflejado, y de nuevo siente náuseas. Porque él también podría hacer las mismas cosas por Itachi. Porque, ridícula e ilusamente, están enamorados de la misma persona en un mundo devastado en el que no hay cabida para romances de ese tipo y donde él está en la peor posición y con mucha desventaja. Es un hombre, maldita sea. Además de que actualmente el sistema mundial se encuentra en la ruina y la única preocupación es sobrevivir.
Ella es una tonta.
Y él también.
—¡Estoy segura! ¡No puedo equivocarme esta vez! ¡Es idéntico a ti!
—Izumi, no puedes asegurar nada solo porque alguien se parece a Itachi y…
—Estaba con esa mujer —Shisui se ve interrumpido por ese nuevo comentario. ¿Qué está haciendo? ¿Quiere que Itachi enserio se enfurezca? La mención de esa mujer siempre trae consigo desenlaces malos. Él lo sabe de primera mano pues más que sincerarse con él, Itachi le ha contado todo de principio a fin. Izumi apenas y tiene conocimiento sobre esa mujer, algo muy superficial a decir verdad, pero que la mencione ahora debe significar solo dos cosas: O que está desesperada por el reconocimiento de Itachi o porque está diciendo la verdad.
De otro modo no se arriesgaría, ni ella ni nadie, a tentar el temperamento visceral del azabache.
—¿Qué? —tanto Shisui como ella tragan grueso cuando lo oyen y lo ven ponerse de pie. Ahí está, el irreconocible demonio.
—E-Esa mujer…estaba ahí. La mujer de la que nos contaste y… —Izumi calla sintiendo la intimidante presencia y el miedo cernirse sobre su cuerpo en tanto la silueta de Itachi le proyecta toda su monumental sombra por encima de su cabeza ahora que lo tiene a centímetros.
Y es que es de conocimiento de los dos, tanto de Shisui como de ella, el cómo se pone Itachi en tanto mencionan a esa mujer.
—Más te vale que lo que estés diciendo sea verdad —la muchacha no tiembla pero sí se siente arrinconada cuando Itachi le sujeta del mentón, sin la fuerza necesaria para lastimarla pero sí para intimidarla, y le habla casi en susurro claros que potencial su voz casi volviéndola gruñidos.
—Lotus —los ojos del azabache presentan una variación en brillo y en intensidad en cuanto oye ese nombre. Shisui, por su parte, está más que listo para auxiliar a Izumi en tanto suelte algo incorrecto que ocasione que Itachi enserio la golpeé. Sí, estaría yendo en contra de su superior pero igual podría resistir el castigo que quiera imponerle éste mejor que lo que ella podría—. Así la llaman en ese sitio.
—¿Qué más? —al tardarse Izumi en responder, Itachi esta vez sí ejerce presión en su agarre, provocándole un ligero quejido.
—¡Itachi! —el demonio azabache levanta el brazo libre hacia Shisui deteniendo sus pasos. No es una petición, es una orden absoluta—. No la lastimes por lo que más quieras.
—Eso dependerá de ella. ¿Verdad? —una frívola caricia en su mejilla, acomodando ese mechón que le cubre ese bonito lunar—. ¿Y bien? ¿Qué más?
—Cabello rosa, ojos verdes.
Con eso es suficiente, suficiente para que Itachi la suelte y el peso de Izumi debido al estrés y el miedo caiga por inercia al suelo, quedando de rodillas. Inmediatamente Shisui se acerca a ella, apoyando su mano en su espalda.
—¿Es ella? —esta vez es él quien se arriesga aunque podría importarle poco la mirada que Itachi quiera darle en tanto se voltee y los mire a ambos.
—Ha-Hay algo más —pero esa mirada termina por dirigirse de nuevo a ella. La de Itachi y la suya. ¿Está loca? ¿No ha tenido suficiente con el trato que acaba de darle? —. Hay alguien ahí que podría ser útil para…—Izumi traga grueso antes de continuar—. Para las pruebas que necesitas llevar a cabo.
Esa droga experimental que Itachi lleva años perfeccionando junto a esa realidad apartada de crear armas no convencionales pues la constante evolución de los Draugs lo ha llevado a crear armas mucho más desarrolladas. Armas creadas a partir de células de Draugs y que no cualquier usuario podría empuñarlas.
Un ser humano normal no resistiría pues sería un proceso irreversible y peligroso.
Pero alguien que ya ha sido expuesto, alguien que se haya adaptado incluso si es un porcentaje bajo podría lograrlo.
Por eso es que él mismo ha entrenado su cuerpo buscando adaptarlo en la medida que la última instancia sea probarlo él mismo.
—Ella no es…
—No. No hablo de ella. Es alguien adaptado y con una condición similar a ella. Un soldado.
—¿Quién?
—Su nombre es Sasori.
—¿Y en donde está ese soldado? —el silencio prologado por Izumi hace que Shisui, a su lado, se ponga nerviosa pues la mirada de Itachi está lejos de decrecer en intensidad si no le responde de inmediato.
—Ese es el problema. No creo que quiera colaborar con nosotros —Itachi entrecierra los ojos, inquisitivo.
—¿Por qué?
—Porque es cercano a ella. A esa mujer.
—¿Y ella dónde está?
—Itachi —Shisui interviene aunque no meramente por Izumi sino también porque hay algo que no termina de encajar en todo eso. Y porque lo conoce a él. Conoce qué tipo de preguntas va a seguir elaborando en torno a un ciclo de odio que siempre le ha parecido interminable y también inexplicable—. El interrogatorio puede continuar en otro momento —Itachi le mira severo pero basta con que Shisui le dedique la misma mirada para indicarle que, aunque seguramente se va a ganar un castigo una vez que se queden solos, no va a retractarse de todas formas.
—¿Qué haces? Yo aún puedo… —Shisui la interrumpe pues conoce de la capacidad terca de la muchacha ahora que Itachi le ha prestado un poco de su atención. Incluso es tan tonta como para ignorar el hecho de que prácticamente la ha intimidado al punto de romper el balance de sus piernas y hacerla terminar en el suelo solo con su mirada.
Sí, a eso es a lo que le llama estar idiota.
—Es tu padre —dice, inventándose la excusa más absurda, pero siempre la más eficaz, para que ambos cesen sus idioteces—. Tu padre quiere verte. Recibí la notificación tan pronto entraste aquí ¿quieres ver? —dice haciendo el ademán de mostrarle tanto a Itachi como a ella aunque evidentemente es mentira. Gesto que Izumi, desde luego, no se traga pues conoce de la astucia que tiene el muchacho para deshacerse de ella para quedarse, casi siempre, a solas con el azabache.
—No te creo.
Pero ese recurso es infalible incluso para el demonio azabache. Puede que intimide y que hace unos momentos Shisui haya sentido verdadero miedo ante su comportamiento pero Itachi, dentro de Suna, si bien es un soldado de élite, está por debajo del Comandante que dirige a todas las tropas de Suna.
Y para su oportuna suerte el Comandante es el padre de Izumi.
—Ve —una vez que Itachi suelta esa simple palabra, Shisui siente alivio mas Izumi luce descontenta.
—Pero…
—Si el Comandante no te ve de inmediato va a ocasionarle problemas a Itachi, ¿eso quieres?
A regañadientes obedece.
Infalible, piensa Shisui con cierta gracia al verla irse.
Pero la gracia no le dura demasiado cuando voltea y ya tiene encima a Itachi sujetándole con fuerza el mentón mientras lo empuja hacia la pared y le suelta solo para ahora sujetar sus muñecas y llevarlas por encima de su cabeza.
Lo que sucede a puertas cerradas siempre es eso.
El castigo por el que siempre ha tenido que pasar porque aunque tendría que ser dicha, Itachi le muerde el cuello y besa zonas prohibidas no porque sienta algo por él.
Es solo una forma de humillarlo siendo un hombre.
Y de romper su estúpido corazón y todas sus esperanzas de reformarlo.
Porque sabe que nunca lo va a tener.
.
I
.
—No es una mala idea.
Konohamaru aun recuerda el semblante de Sasori rechazando el criterio de Kurenai luego de informarle, en compañía de la señorita Hyuga, el destino final al que se tendrían que someter si decidían continuar con el grupo de Kakashi: Rhoda.
—Kurenai —la voz del soldado refrena sus intenciones de mostrarse estricta con él por más que quiera—. No sabemos si quiera si existe ese lugar.
—Es más creíble que ir en busca de una ciudad que es el doble de improbable que exista —la frente de Sasori se arruga, molesto.
—Suna existe. Piensa en esa posibilidad.
—Y también está la posibilidad de que todo sea una trampa.
La confrontación se acalora pero también hay cierto rechazo en continuar querer elevar la voz pues podrían ser fácilmente escuchados por el grupo de Kakashi. Además de que es evidente que hay cierta resistencia en Sasori en querer discutir con Kurenai por un sentimiento meramente fraternal. Aún así no puede evitar pensar que está siendo tan terca como Sakura. Y sabe de primera mano que la terquedad siempre es el inicio de un futuro desfavorecedor.
—Sasori —el joven soldado se estremece un poco cuando la mujer le toma la mano en un gesto de conciliación pacífica—. Piénsalo detenidamente, por favor. ¿No crees que es muy raro que Danzou nos haya dejado ir así de fácil teniendo a Sakura donde la tenía?
—No es a ella a quien quiere ¿cierto? —Shikamaru interviene con precaución, atrayendo de primera instancia la mirada de Ino en un sentido de aprobación a que puede seguir hablando—. Es a él. Al muchacho.
Sasuke, piensan todos indudablemente.
—Pero él también estaba dentro de su radio para poder capturarlo ¿por qué dejarlo ir?
O, más bien, ¿qué busca Danzou de él? Hasta ese momento Konohamaru había estado viviendo con el propósito claro de saber que su vida solo estaba siendo prestada. Sakura fue muy clara con eso el día en que, sin ningún tipo de remordimiento en el rostro, le dijo que estaría sirviendo como un contenedor para el corazón de alguien muy valioso. Konohamaru nunca se preguntó por qué ni a que se debía pero parecía algo obvio que ese secreto solo fuera de ellos dos.
De la Reina y su peón.
Con el tiempo más piezas fueron fortaleciendo el invisible lado enemigo de Danzou pero el de Sakura también lo hacía aunque… ¿En qué momento Sakura decidió dejar de ser la Reina de Danzou para comenzar a hacer lo que en verdad quería hacer?
¿Qué hizo Danzou para no temblar por la pérdida no solo de una Reina, sino de dos?
Para Konohamaru es más fácil si los mira a todos desempeñado un rol en específico tal y como lo hacen las piezas en el ajedrez. Porque es como la arquetípica batalla entre el bien y el mal. Y porque la dualidad siempre ha existido; siempre hay un opuesto para todo así como siempre le irá bien a quien decide bien y le irá mal a quien decide mal.
Pero ¿Danzou categoriza sus decisiones como buenas y como malas o solo las toma según su juicio?
Decidir salvar a Sakura y conservarla, fortaleciéndola en cada ámbito posible sabiendo que podría traicionarlo. ¿Tan siquiera para él ha sido traición? La doctora Kurenai no se equivoca. Y, en este punto, Konohamaru se siente un idiota por pensar que podría encontrarle algo positivo a esta situación en la que Sakura no está con él al decantarse por el corazón.
Los movimientos de Danzou siempre han sido anticipados y puede que hasta el día de hoy sepa exactamente qué van a hacer porque conoce su tablero mejor que nadie incluso a las piezas que han decidido amotinarse en su contra. Puede no tener gran avance material en comparación a las piezas contrarias pero quizá fue él mismo quien se orilló a caer en jaque, en prescindir verse débil y acorralado, solo por un propósito.
Así como Sakura lo buscó a él.
Así como Sakura encontró a Sasuke.
Así como Sasuke, en su instinto lúdico, le está haciendo un favor en reunir más información para él.
Danzou ha visto todo, desde siempre, de manera maximizada mientras que Konohamaru se ha concentrado en resolver las situaciones pequeñas que se han estado dado.
—Está reuniendo —deduce el menor como si en verdad todo ese entre tejido de conflictos y situaciones fueran fáciles de desenredar solo porque le han dado un poco de información. Como si para él estuviese siendo tan natural como respirar—. Está reuniendo piezas —suelta finalmente luego de tener ese rápido y profundo momento de reflexión aunque no se siente para nada orgulloso de ello pues darse cuenta que Danzou los ha estado usando, incluso desde su plan de escape, le enfurece.
—¿Ah?
—El Canciller nos dejó ir, ha dejado a Sakura hacer muchas cosas, no porque no le interese o por capricho, sino porque todo esto ha sido un plan desde el origen de los tiempos.
O sea que ha estado jugando con ellos.
Luego de eso se prolonga el silencio. Como si cada quien asimilara sus intereses. Como si evaluaran cada movimiento a partir de ahí. Para personas como Sasori y Hinata la dirección es solo una. No les toma casi nada de tiempo seguir pensando en que todo eso lo hacen por el bien de Sakura. Naruto, por su parte, de estar ahí (pues se han reunido solo ellos y a él lo han rechazado prácticamente por orden de Hinata), Konohamaru está seguro que él haría lo mismo por Sasuke.
Continuarían avanzando.
Pero la cuestión no son ellos.
—No podemos ir con ellos —habla de nuevo Sasori, con la voz severa y la autoridad que se ha autoimpuesto, aún manteniéndose firme en su primera posición—. Ellos estarán a favor de Sasuke.
—Pero nosotros también…—Sasori le da una larga mirada a Konohamaru haciéndole ver que no es así. Y que no habla solo por él.
Cuando Konohamaru voltea a ver al resto, todos están callados. Ninguno está a favor de lo que ha dicho sin necesidad de hablar. Por supuesto…solo él y Naruto son cercanos a Sasuke. Uno porque lo conoce de toda la vida y otro porque no sabe qué hacer sin él actualmente.
A ninguno de ellos tendría que importarle por mucho que haya sido de utilidad para el escape de Sakura. Eso es un hecho innegable y es una claro indicio de la cualidad humana al velar por el bienestar de solo los suyos.
Y eso se aplica de manera opuesta.
Naruto y ese hombre de nombre Kakashi están de lado de Sasuke pero…
—"Ellos no lo están de Sakura"
Otro hecho innegable.
—Pues yo no estoy a favor de ninguno —la atención prestada al silencio de Konohamaru pasa a Yagura en tanto habla. Una creciente opresión en el pecho crece en Sasori pero la disimula bien, mirándolo serio—. No estoy de lado de ninguno de los dos. Y no me interesa saber cuáles son los planes de cada uno. Lo que sí sé es que ni Yukimaru ni yo formaremos parte de alguno —el silencio que le sigue a esa declaración es corto.
—Hermano… —pero esta vez la suavidad de Yukimaru no servirá sobre él.
—Quieres decir que…¿van a irse? —cuestiona Ino, cuidadosa.
—Si tenemos que hacerlo, lo haremos.
—Estamos en terreno desconocido y hostil. ¿No sería mejor para todos permanecer juntos? —Yagura detiene la mirada en la jovencita detrás de Utakata tras oírla hablar. Su mirada, sin embargo, no es severa. No es rencorosa. Solo está sopesando la realidad y el peso de esta aunque su semblante sea rígido.
—Mi hermano y yo venimos de afuera. No nacimos en Konoha. Sabremos cuidarnos perfectamente.
—Pero… —Utakata detiene a Hotaru.
—El Teniente Umino salvó tu vida por una razón ¿no es así? —la mención de Iruka, sin embargo, estremece a Sasori de inmediato. Kurenai, a su lado, lo resiente. Ve como sus manos se vuelven puños y como su manzana de adán tiembla—. Él pensó en ti. Pensó en ti antes que en sí mismo —el labio de Sasori vibra pero se mantiene recto, oyendo—. Lo que quiero decir es que entiendo a Yagura. Lo entiendo a él y también puedo entender tu dolor, tu duelo y la necesidad de proteger a los tuyos, Sasori, pero me temo que no puedo arriesgar mi tesoro más valioso por algo así.
Su tesoro más valioso. Esa dulce muchacha que lo sigue a todos lados y de la que no tiene ninguna duda al creerla capaz de arriesgar su propia vida por él.
Mirándola dulce para luego mirar de frente a Yagura como si compartiera su sentir.
No es por ellos.
Es por aquellos que aman.
Y, ante eso, Sasori no les cuestiona nada más. No porque no pueda. No lo hace porque conoce esa mirada. Y porque entiende lo que dicen ambos.
Por eso, a la mañana siguiente, no los detiene.
—Buena suerte.
—Cuídense, por favor.
Al menos Utakata, Koharu y Yukimaru han sido sinceros a la hora de la despedida.
Yagura, por otra parte, no voltea ni una sola vez a diferencia de Yukimaru que con una profunda reverencia se despide del resto para luego seguirlos.
Nadie dice ni aporta nada durante los minutos siguientes hasta que sus siluetas se vuelven borrones a la distancia para finalmente desaparecer.
—¿Qué estás esperando? —dice Sasori a su subteniente, aunque la jerarquía ha dejado de importarle desde que salieron de Konoha. Deidara lo mira incrédulo al principio para luego soltar una risita.
—¿Me estás corriendo?
—Te estoy dando la oportunidad de que te largues —dejando de verlo específicamente a él, mira al resto—. A todos.
Konohamaru no espera que duela.
Es decir, no es en ninguna medida sea cercano a alguno de los cuatro pero la pesadez que siente al ver que el grupo se reduce es real. Quizá había sido demasiado optimista en pensar que permanecerían juntos y que todos encontrarían algo provechoso de todo eso y lucharían codo a codo para sobrellevarlo. Quizá pidió demasiado o fue demasiado ingenuo al creer que ninguno de ellos tendría sus propias opiniones de todo eso. Que no tendrían sus propias preocupaciones.
Pensar que podrían aportar algo para cuando Sakura fuera capaz de regresar a ellos.
Ahora que ellos cuatro los han dejado la sensación que dejan en el grupo actual es agridulce. Pero no puede juzgar a ninguno de ellos por decidir. Y tampoco puede culpar a alguno de los que quedan si es que deciden aceptar la oferta de Sasori de tomar un rumbo distinto.
—Bueno, hice un juramento el día que me asignaron con el superior que quería —el soldado carmesí vuelve la mirada a Deidara, confuso—. Y ese fue permanecer a lado de mi Fenrir, pase lo que pase. Hasta el final. Incluso si este me saca de quicio a veces.
La vida no castiga dos veces, o eso es lo que Konohamaru aprendió de la dama Chiyo pues constantemente solía repetir eso. Cuando Sasori piensa en la misma frase, casi al mismo tiempo que Konohamaru lo hace, no puede dejar de pensar que ella sigue ahí. Y que es su mano la que siente sobre su hombro, como un gesto de apoyo y lleno de amor, como diciéndole que aun en el peor escenario siempre se obtiene algo bueno.
Y ese que está de pie al otro lado, es Iruka.
Justo a la derecha de ese espacio vacío.
No se han ido, o esa es la sensación que siente ahora que Deidara pinta esa ridícula mueca de compañerismo y que él finge que le asquea. Cuando voltea, el resto sigue ahí, compartiendo quizá no la misma sonrisa pero sí la misma mirada.
Y con ello le dicen todo.
Y con ello también le dan el poder de elegir. Sasori obtiene el silencio de todos como una aprobación, y cuando Kurenai termina por tomar su mano se siente completo. Completo para decidir y enfrentar a Kakashi tan solo minutos después llevándole su decisión.
—Iremos.
Kakashi, ante la consigna, asiente solamente mientras que sus hombres se despliegan a los vehículos de atrás y abren las puertas pero antes de que los escolten, Sasori deja ver sus condiciones.
—Todos en un solo vehículo —los soldados del lado del hombre se miran entre sí y Naruto, quien estuviera ahora a cada segundo detrás de Kakashi a petición de este, se extraña por ese cambio.
—Estarán apretados, es mejor que vayan en dos.
—Y tú sabes que esa no es la razón por la que me sugieres eso.
Como si fuera estúpido, piensa. Como si no pensara en la posibilidad analizada por un hombre como él, que se ve que piensa de la misma forma que lo haría un soldado de Konoha. A Sasori casi le da gracia porque la verdad es que él lo fue. Y viejos hábitos no se olvidan.
Separarlos para que no puedan representar una mayor amenaza y no exista una alta probabilidad de escape en caso de que lo piensen. Después de todo, son desconocidos.
—Qué extraño —Sasori enarca una ceja—. Nunca había conocido a un grupo tan peculiar y a un soldado tan al pendiente de los suyos. No de Konoha al menos.
—Sí lo hiciste.
Kakashi alza las cejas ante eso, ligeramente sorprendido casi como si lo dejara en evidencia frente a todos porque sabe a lo que el joven soldado se refiere.
Por supuesto que lo hizo. Y ese alguien es aquél que siempre lo estimó pero que murió esperándolo. Esperando porque persistía la esperanza en él. Y la esperanza solo se da en las personas de buen corazón.
E Iruka fue una de esas personas.
—Iruka fue…
—No digas nada sobre él —le interrumpe Sasori, y aunque no va a caer en ese nuevo semblante que ha puesto Kakashi cargado de melancolía, no puede evitar no sentir como el corazón se le oprime recordando al hombre que vio como un padre pero que nunca pudo expresarselo—. Dije que iremos pero antes voy a decirte un par de cosas. No se me ocurre una buena razón para que él haya confiado en ti pero yo no lo hago así que o me dices de una buena vez que quieres de nosotros, o doy media vuelta con los míos y nos largamos de aquí.
—¿Crees que te dejaría?
Sasori, en lugar de sentirse intimidado, da un paso al frente, solo retenido por la unión de su mano con la de Kurenai, mientras dibuja esa característica sonrisa suya llena de presuntuosidad.
—Ni alcanzarías a notarlo —pero Kakashi no responde. Entiende la frustración del chico, y es como si viera a Sasuke en él en pequeños lapsos.
—Solo estoy cumpliendo su voluntad —responde sencillamente haciendo una pausa luego de eso, mirándolo con sumo detenimiento, como si se trasladara al pasado y recordara esos ojos caramelo en una edad más tierna. Claro, ya lo recuerda—. Eres Sasori.
—Y tú el imbécil en el que Iruka creyó —ante la ofensa, los hombres de Kakashi intentan aprenderlo pero este lo evita, ordenándoselos.
—Lamento lo de Iruka. Yo no quería que por mí y por Sasuke él…
—¿Por ti y por él? —ironiza sin moverse ni un poco. Con una postura tan firme y dominante que no se pierde aún con la confrontación—. No te confundas. Iruka murió por mí y por Sakura, no por él. Murió por aquellos a los que amaba, no por un extraño. Que Sasuke siga vivo solo fue suerte, no porque Iruka lo haya querido —silencio—. Así que deja de pensar que él estaría de tu lado eternamente cuando tú no estuviste para él desde hace tiempo.
Bajo ningún motivo Sasori permitiría que alguien pensara lo contrario porque está seguro que ese hombre, Kakashi, no moriría por él estando Sasori y Sasuke en peligro. Preferiría a Sasuke. Y es necesario que se lo aclare. Que se lo aclare de una vez y que se haga a la idea de que todos ellos, los que están detrás de él, no contradicen lo que ha dicho porque creen en ello.
Ellos no están ahí para representar solo la suma a la fuerza que Kakashi, así como Konohamaru, podría estar pensando incrementar a favor de Sasuke.
Cuando Kakashi voltea a mirar a Kurenai, ella está igual de firme que el soldado carmesí. Ni siquiera hay un indicio de remordimiento o querer detener al muchacho pues sabe que solo a ella sería capaz de escucharla y por quien sería capaz de retractarse.
Ella también piensa igual.
No están ahí por Sasuke.
Están ahí por Sakura.
.
II
.
El desabasto en Konoha crece y se cierne sobre todos conforme pasan los días.
El toque de queda en los sectores de la población más desfavorecida es absoluto así como en el resto. Danzou no solo combate la perdida real de una baja considerable de soldados sino también del colapso de la gente. Como si hubiesen retrocedido años en el tiempo, justo al momento donde se anunció de manera global la letalidad de una pandemia inminente.
Si bien ha cubierto parte de sus intereses al armar una estrategia que lo favorece y lo deja en el centro como la imagen de un gobernante políticamente correcto, lo cierto es que no puede negar que todo eso ha ocasionado más daño a sus planes de lo que hubiese esperado.
Sakura ha sido una tonta pero su enfermedad, esa silenciosa manera de influenciar a las personas a su alrededor, ha sido más efectiva de lo que esperó.
Ahora no solo carece de una unidad de élite como lo son los Fenrir sino que también todo su sistema ha colapsado. En parte porque él así lo ha planificado pero otra parte porque las mismas personas ahora parecen no estar creyendo ciegamente en lo que dice. Que sí, la mayoría de la gente, cimentada por el pánico de volver a caer en un estado catatónico como en un principio estuvieron tras aparecer las esporas, le han creído.
Han creído en la mentira.
Y han creído en que Sakura es el origen de todo.
Pero otra parte, la parte que es como ella, la que piensa por sí misma y la que sospecha, está comenzando a causar revuelos.
Sino son saqueos, son protestas, si no son protestas, es hacer justicia a base de su propias manos.
Los consejeros han dicho que es debido a la pandemia y al instinto natural del ser humano por solo ver por los suyos pero Danzou sabe que esas paredes pintadas con el símbolo de un Loto no son solo porque sí.
Es como las hormigas, si una se revela, las demás lo harán. Incluso si no son de la misma base jerárquica y no poseen la misma fuerza. Y una avalancha de más problemas es lo que menos necesita ahora. Necesita la fuerza de los ingenuos que creen que llevándole a Sakura, cazándola bajo sus propios medios, las cosas se solucionarán.
—¿Cómo sigue?
—No hay mejoría. Lo mantenemos estable pero aún no despierta.
Por eso necesita a Sai.
Por eso lo ha tomado bajo su yugo en secreto durante tanto tiempo.
Por breves momentos no creyó prescindir de él pero Sakura creció silenciosamente como un cuervo. Y tarde o temprano obtendría la fuerza para arrancarle los ojos. Por ahora Danzou ha obtenido algo de tiempo al ser él el primero en atacar, arrancándole las alas pero no le sorprendería que Sakura pudiera recuperarse de manera veloz.
Está en su sangre, después de todo.
Esa sangre que es especial.
—Me dijiste que sobreviviría.
—Señor, la sangre del muchacho, así como su ADN, es una mezcla de muchos materiales genéticos —Danzou entrecierra los ojos, trasladándose a tiempo más antiguos y complicados. A tiempos donde sobre una fría y dura plancha de acero hay un cuerpo. El cuerpo de un niño. Por supuesto que sabe qué es Sai. No invirtió tanto en él para que fuera alguien tan frágil pero aun no entiende a qué viene toda esa información recitada que ya sabe. Después de todo Sai fue un prototipo defectuoso del resultado que Sakura logró manifestar por sí sola—. Su sangre original es de humano por lo cual es más ligera lo que le ha permitido mezclarse y adoptar rasgos de uno así como mantener un crecimiento normal pero durante el atraco de los Fenrir perdió mucha sangre. La sangre de Lotus que se le inyectó le ayudó a regenerarse pero tan pronto ésta entró en su cuerpo cayó en un estado de shock. Un estado de shock debido a que hubo un choque de dos tipos de sangre.
El virus puede mutar dentro del huésped tomando parte de su ADN para hacerlo. Por eso Sakura es especial. Su ADN hizo que el virus mutara sin hacerle daño. Lo adaptó pero también hizo de su sangre un cóctel peligroso. Su sangre es como veneno.
Quiere decir que aunque le hubiesen inyectado la sangre de Sakura a Sai no había servido de nada.
Pero entonces ¿de qué serviría obtener de nuevo la sangre de Sakura estando sana si Sai va a terminar rechazándola?
—Dijiste que bastaría con conseguir sangre de otro alterado si quería prescindir de la de ella —el soldado del cuerpo médico se estremece por la réplica—. Ahora me estás diciendo que va a morir consiga la sangre de uno o no —hace una pausa, dejando salir su frustración—. ¿Y entonces qué? ¿Lo único que queda es esperar que eso pase? ¿A que el infeliz muera? —el soldado vuelve a temblar. Lleva así desde le viene siguiendo los pasos durante todo el trayecto hacia la plataforma de embarque que es a donde Danzou se dirige—. Dame ahora un buen motivo para ser yo quien no quiera prescindir de ti.
No es una sugerencia, es una orden matizada de amenaza.
Cuando Danzou pasa el primer filtro de soldados, hay todo un convoy formado frente a él mientras que a sus espaldas las hélices de un helicóptero refulgen furiosas tragándose el viento, preparadas para el despegue.
—¡Ha-Hay una forma! ¡Una forma de contrarrestar la sangre de Lotus y preservarla al mismo tiempo dentro de él! —la silueta de Danzou se detiene oportunamente frente al soldado que liderará la misión a la que están a punto de partir. Izumo, con el rostro irreversible a demostrar algo más que una máscara fría e impertérrita, apenas y se mueve.
—Dímela ahora.
—Suministrándole otro tipo de sangre que logre diluir el veneno que posee la suya —Danzou le mira detenidamente aun con todo el ruido que producen las hélices y el movimiento de los soldados de apoyo a varios metros—. Lotus no es la única que se sometió a un proceso de adaptación con el virus de las esporas ¿cierto? También está ese otro muchacho —Danzou parece dejar escapar la frustración mezclada con un entusiasmo insidioso. Como si el panorama finalmente estuviese estando a favor de él—. Su sangre debe ser mucho más ligera y adaptable para un humano ya que el proceso con él nunca se completó.
Claro.
Con que no había solo una pérdida de tiempo haberlo usado también a él.
Infectado pero sin presentar ningún tipo de mutación o efecto adverso como Sakura. En su caso, tras haberle parado a tiempo, los anticuerpos generados durante el proceso, asimilaron el resto del virus alterando su factor de fuerza y curación pero más que nada la cualidad de ser un reparador de células para la condición de Sakura.
—Pe-Pero tengo entendido que ese muchacho también logró salir de Konoha, señor.
—Eso no es problema —dice, jocoso y con una expresión de regocijo. Tomando una de las carpetas inferiores que le extiende uno de los soldados de apoyo, la abre y se la muestra a Izumo, quien liderará la operación—. Este es el hombre que buscamos.
—Hatake Kakashi —lee su nombre sin ningún tono en particular, volviendo la vista al Canciller—. ¿De él es quien necesita la sangre?
—No de él, sino de quien asumo estará con él ahora —Izumo enarca una ceja viendo a Danzou pasar la primera hoja a la segunda, alterándolo de inmediato—. Me temo que tendrás que traérmelo vivo pero descuida, en cuanto obtenga su sangre dejaré que hagas lo que quieras con él.
Clasificado ya dentro de la base de datos de los criminales y rebeldes de Konoha. Misma que se repite incansablemente como una cadena en bucle en cada pantalla de los edificios de la ciudad. En cada cartel y en cada afiche impreso para que la población extreme precauciones de ser visto.
El soldado carmesí.
Sasori.
.
III
.
A mi capacidad de recordar tengo muchas cosas que decirle.
¿Dónde ha estado todo este tiempo?
¿Por qué me abandonó?
¿Por qué me privó de los recuerdos más importantes que pudieron hacer más llevadero este infierno?
En Konoha siempre se me dijo hasta el cansancio que soñar era un privilegio. Soñar significaba idealizar cosas imposibles de materializar. Soñar significaba también pretender que una cosa fuera distinta a lo que pintaba la realidad.
Soñar era sinónimo de ir en contra de lo que ya se encontraba establecido.
Pero soñar solo era eso: Soñar.
Llevar a la realidad algo que sueñas siempre representó un peligro.
Uno, porque no sabías si ibas a ser capaz de lograrlo.
Y Dos, porque si no tenías cuidado ibas a ser descubierto y castigado en el acto.
Soñar era ir en contra de lo que ya existía por lo que estaba estrictamente prohibido.
Pero para mí soñar era todo lo contrario. Era un castigo.
Cuando tuve la capacidad de hacerlo me sentí acechada. No eran sueños buenos de ningún tipo, eran pesadillas. Cuando tuve la capacidad de clasificar todo lo que soñaba me di cuenta que no iban a parar. Porque no eran sueños, porque siempre fueron recuerdos. Recuerdos a travesando un túnel que poco a poco toma forma de un pasillo largo y estrecho. Corriendo a través de él con una morosa necesidad de encontrar un escondite y permanecer oculta.
"¿Dónde estás?"
Ese silencio tan aleatoriamente punteado que aumenta hasta llegar a la curva de un sonido que comienza a perturbar.
De menos a más.
Como el silencio antes de un bombardeo.
Y las sombras que se proyectan por ese pasillo que va cruzando mientras va corriendo son los misiles.
"¿Dónde estás?"
El juego de las escondidas más macabro que ha podido recordar. Sintiendo una sensación desagradable y nauseabunda que le paraliza todo. Ella está corriendo por una razón. Busca un escondite, busca no ser encontrada, busca no ser la siguiente.
"¿Dónde estás?"
No ser la siguiente en la lista de los niños con batas blancas.
Esconderse y no ser encontrado implicaba, para ella, permanecer un día más a salvo. A salvo de ser el nuevo cordero. A salvo de ser entubada. A salvo de pedir a gritos el cese de agujas perforando y suministrando líquidos extraños en el cuerpo.
Corre.
Corre hasta que los pies te sangren.
Hasta que la piel se te desgarre.
Hasta que los músculos se engarroten.
Corre incluso con todo eso solo para que no te atrapen, Sakura.
"Te encontré"
Conoce a esa persona.
Pero no puede recordarla porque está más concentrada en como su mano ahora sujeta su muñeca mientras otras más paralizan el resto de su cuerpo y también paralizan el tiempo y el mundo.
Las aves en el cielo se congelan.
El túnel se vuelve más frío y más silencioso.
Extenso y más extenso, y ya no son manos las que la sujetan, es una fuerza invisible que la avienta hacia el frente en contra de su voluntad, como si alguien tirara con fuerza de ella hasta soltarla y dejarla caer dentro una materia infinita. Sin paredes, sin techo, sin ventanas; interminable.
Lo único que puede oírse son sus gritos a medida que cae. Gritos que se combinan con la frecuencia alta que sus oídos perciben de los sonidos que van de menos a más.
"Te encontré, Sakura"
Un ojo pálido sobre ella y sobre dos líneas paralelas negras, delimitando un borde.
Esa fue la primera vez que sentí miedo.
Miedo de lo que podría representar un sueño.
De cómo se podía presentar la locura.
—¡No!
.
Cuando Sakura despierta, el corazón late de manera equivocada. La confusión yace en todo su rostro al igual que el pánico del que, es consciente, es presa. Incluso ese silencio real en el que se encuentra, cubierta de pies a cabeza, es demencial. Y ella está ahí, sola, engendrada en la violencia de la oscuridad, ligada a impurezas, a pesadillas, a esas piezas que hacen falta pero que poco a poco recupera pero de las cuáles tampoco está segura de poder soportar.
Y, mientras solloza y tiembla, Sasuke solo la oye hacerlo desde fuera del vehículo.
Suplicando a las estrellas y al cielo porque ese escalofriante sonido de crescendo a la locura, pase tan rápido para ella para que pueda avanzar.
.
IV
.
—¿Estás lista? Viajaremos ligero.
Cincuenta minutos después han dejado el vehículo atrás ya a varios kilómetros de distancia. Y mientras más caminan Sasuke no puede evitar pensar de qué forma van a salir beneficiosos de ese nuevo lugar al que se dirigen. Ese nuevo amanecer debería haber recargado un poco sus energías pero Sakura luce más agotada que nunca cuando pasa a su lado y se coloca al frente para guiar sus pasos pues solo ella conoce el camino.
No es solo su aspecto desalineado y ojeroso, hay una especie de sombra invisible que la tiene envuelta de pies a cabeza. Una que no se ve pero sí se siente.
La Montaña Negra es terreno inexplorado para él, sin embargo Sakura parece aferrarse a algo desde que sus ojos brillaron solo por un momento, durante la conversación de ayer, para luego apagarse como una mecha débil. Sasuke no quiso preguntar más. No porque no se muriera de ganas por saber, solo lo hizo por mera consideración hacia ella.
Y porque ha implementado, secretamente, confiar en ella aunque ella no le corresponda de vuelta.
Confiar en cada paso que dan, a cada hora que el Sol se acerca cada vez más hacia la línea fronteriza que divide el día de la noche.
La primera noche la pasan así, sin decirse nada.
Aunque Sakura suele murmurar y repetir que alguien "se detenga" en pesadillas.
Qué irónico. Ahora es ella quien las tiene.
¿Cuánto tiempo les va a tomar?
Y con ello se refiere al trayecto y a superar todo eso.
Mientras más pasa el tiempo, Sakura luce más agotada. Duerme menos y también habla menos. Pero Sasuke sabe que con cada sueño su ansiedad crece. Le recuerda un poco a él. A él y a la cantidad de veces que el soñó con su madre sin siquiera saber. Esos sueños consumieron gran parte de su resistencia y lo debilitaron a niveles increíbles. Ver cómo ella parece, ahora, también estar lidiando con los suyos le hace sentir más ansioso.
No deja de moverse.
No deja de sollozar.
No deja de quejarse y pedir que paren.
Y él, como cada noche, solo la observa. La observa sobrellevar eso sola porque él no tiene la convicción de acercársele y decirle que todo va a estar bien. Que las cosas mejorarán. Que todo volverá a la normalidad.
Las mañanas son largas y soleadas y las noches son frías y cortas.
Para el tercer día Sakura sufre una recaída.
No por hambre sino por una sequedad en la garganta que se ha magnificado con el pasar de los días y de la que ha tenido especial cuidado en ocultar.
Sed.
Y sabe de qué.
Sabe de quién.
Cuando Sasuke se vira y la ve arrodillada en pleno atardecer, casi llegando a las faldas de la cordillera negra, sabe que algo anda mal.
—¿Qué pasa? —hincándose frente a ella para que pueda recargarse, Sakura traga grueso y tiembla en cuanto lo siente cerca. No, no es la cercanía, es el aroma. Es la sed. Es lo dulce que huele su sangre.
No entiende qué sucede. ¿No se suponía que el efecto sería demasiado prolongado como para volver a sentir la necesidad de beber sangre tan pronto? Pero Sakura no se siente debilitada ni sus facultades motrices parecen estar fallando ahora como para que necesite alimentarse. Se ha quedado quieta y ha terminado en ese estado porque algo en su interior palpita como si necesitara agua. No está perdiendo el control, no está degradándose a caer en el estado de un Draug, solo es…
Solo lo desea por mero placer.
—¡Oye! ¡¿Qué estás…?!
El aroma de Sasuke…es tan dulce.
Tan dulce como la ambrosía de la que se alimentan los dioses.
Cuando Sakura pierde de vista su parte humana y cede el control a esa otra parte que vive dentro suyo, ya está sobre él.
Toda esa imperiosa necesidad de él se propaga como un virus inyectado. Como una capsula rota vertiendo líquido de devastación que necesita ser contrarrestado por medio de su sangre.
Veneno combatiendo veneno.
—¡Sa-Sakura! ¡Para! —Sasuke contiene un jadeo que se le queda atorado en la garganta cuando la mira a los ojos y entiende.
—De-Detenme…
Está sufriendo.
Está pidiéndole que la detenga.
¡Es ella todavía!
Sus ojos no están hechizados por un instinto bestial. Es solo ella luchando contra ella misma. Ella misma que quiere alimentarse de él. Pero incluso si Sasuke ha prometido hacer todo por ella, algo como eso sabe que está mal. Sakura se lo está diciendo a través de sus ojos y de las muecas dolorosas que hace. ¿Qué es entonces? ¿Por qué se comporta así? ¿Qué es lo que…?
A Sasuke se le nubla por breves segundos la vista cuando un dolor punzante le atraviesa la nuca y baja por toda su columna. Una punzada que luego se convierte en una hilera de frecuencias repetidas que comienza a alterarlo.
La garganta la siente seca de pronto.
Como si hubiese caminado por días a través de un soleado y devastado desierto sin una gota de agua.
Y ahora es él quien está perdiendo de vista a Sakura.
Es él quien está sediento.
Atormentado y confundido, intenta apartarla lo más rápido que puede pero Sakura luce aferrada a él. Desesperada por él. Como un animal hambriento suplicante por un bocado. Sakura pasa de estar ligeramente consciente a perder el control total de sus sentidos cuando en Sasuke se comienza a manifestar la misma sed.
Es insoportable, piensa.
¡Es insoportable como arde todo dentro de él!
Sintiendo como sube por sus piernas, como se concentra en su estómago y como buscar salir por arriba y apoderarse de su boca. Siente la mitad del rostro adormecido y aunque él no se ve, su ojo izquierdo se vuelve rojo mientras que en el derecho comienzan a manifestarse manchas. Manchas así como las que suben desde la piel de su cuello hasta su frente.
La quiere.
Él también la quiere. Quiere probar eso que le han privado desde hace mucho tiempo.
Quiere probar sangre.
La quiere. La quiere. ¡La quiere!
—N-No…—quejoso, intenta dejar de concentrar sus ojos en la piel lechosa de Sakura que se asoma desde sus clavículas y sube hasta cuello.
No. No. ¡No! Es como si el animal dentro de Sakura hubiese despertado el suyo y ahora los dos sintieran deseos de probarse.
O peor, de devorarse.
Es una sensación asfixiante.
Es, por mucho, diferente a la sensación de haber sentido emerger su parte Draug la primera vez.
Abre los ojos con desmesura ante un pensamiento que se ha atravesado en su mente. Algo que lo aleja del foco central de sus preocupaciones actuales y lo lleva a pensar solo en él.
Sakura fue capaz de recordar cosas luego de morderlo. Luego de probar su sangre. ¿Eso significaría que podría aplicar la misma lógica a él? Si la muerde, si prueba su sangre, ¿acaso él podrá…recordar algo?
El instinto egoísta lo tiene al borde de la locura mientras ésta continúa creciendo pero entonces la ve a ella, ve los vestigios de su humanidad asomándose cada tanto que siente una nueva arcada nacer desde la parte feroz que busca salir de su interior y la atraviesa de manera iracunda.
Ella también…ella también está luchando por no hacerlo. Por no herirlo. Por detenerse.
Pero el instinto es demoledor. Es como pedirle a un río que deje de fluir o al fuego que deje de arder.
Su aroma es…increíble.
No se da cuenta cómo coloca las manos encima de sus caderas y entierra los dedos ahí como si fuera un mecanismo para no dejarla escapar en caso de que así lo quisiera.
No se da cuenta que el vaivén violento que ejerce Sakura sobre él está despertando algo más que una bestia dormida. Y por supuesto que tampoco se da cuenta de cómo él eleva la parte de arriba de su cuerpo hacia ella en busca de más contacto.
De como sus encías duelen pues parece que su dentadura igual está cambiando.
Ese es el instinto primitivo con el que nació pero...
Quien está sintiendo todo eso es él. No el Draug que vive dentro.
Se detiene de pronto, dándose cuenta que está a punto de encajarle los dientes.
No.
¡No puede hacerle eso a ella en ese estado!
Pero si lo hacen…Si ceden al instinto, ¿cómo podrán mirarse a la cara luego? ¿Qué pasará una vez que él la muerda? Sakura pudo detenerse aquella vez. Pudo hacerlo por una razón desconocida para él pero para ella no.
El deseo de no herirlo, el deseo de procurarlo, el deseo de no volver a equivocarse.
El deseo por encima del instinto.
Pero hay un problema.
Su instinto no es como el de ella. Es sumamente mayor.
¿Y si él no puede? ¿Y si él no puede detenerse? ¿Si su sangre sabe tan deliciosa como para no querer parar?
Las manos tensas y apretadas sobre sus caderas se aflojan y es como si hubiese soltado las cadenas alrededor de la boca de un animal feroz. Como si se hubiese rendido a que sea solo ella quien lo devore.
No importa si él no obtiene nada a cambio. Si es por ella…entonces…
Justo cuando Sakura está por encajarle los dientes la ve detenerse abruptamente, como si percibiera algo en el ambiente tal como lo haría un animal salvaje. La ve levantar la cabeza como si olfateara y la ve voltear con toda la violencia que podría ejercer uno ante la amenaza de que alguien le arrebate lo que es suyo. Cuando Sakura mira hacia atrás, la cara de un Draug se deforma soltando un aullido devastador que hace que Sasuke regrese momentáneamente a la vida ordinaria. La sangre que brota de su estómago de la criatura, donde yace ahora el brazo de Sakura atravesándolo, le salpica la cara a ella y también a él.
Solo así, con la escena de ella sobre él, cubierta de sangre infectada y el rugido de un animal salvaje, es que Sasuke vuelve en sus cinco sentidos.
Tomando a Sakura por la cintura, enroscando sus brazos en torno a esta, rueda con ella, oyendo como su brazo se desprende del cuerpo ensangrentado del Draug, cayendo por inercia varios metros por la ladera cuesta abajo.
Sasuke de inmediato se pone de pie mirando a su alrededor corroborando su miedo.
Era de suponerse.
Que si había un Draug ahí, habría más. Muchos más.
Haciendo un conteo rápido mientras se limpia la sangre que le ha salpicado en el ojo. Son un poco más de una docena. O eso es lo que cree pues a medida que oye como los gruñidos se juntan, más de ellos aparecen de detrás de la hilera de rocas que hay arriba.
—Carajo —maldice aun con la habilidad motriz descoordinada. Quizá por el terreno empinado y por las vueltas que acaba de dar y…
—¿Qué…? —Sasuke voltea a mirar a Sakura encontrando una imagen inusual de ella. Está de rodillas sobre el suelo, temblorosa y con la mirada clavada en sus manos ensangrentadas—. ¿Q-qué acabo de…? —pero cuando choca miradas con él hay pánico escurriendo desde sus ojos hasta las mejillas. Desesperación, miedo, y borrones de las memorias recientes sobre lo que acaba de pasar. Como si acabase de salir de un estado de trance para hundirse en uno de conmoción—. ¡Cuidado! —cuando grita, Sasuke apenas tiene tiempo de volver sus ojos al frente, frenando el primer ataque del Draug que se le ha ido encima solo con las protecciones que tiene en el brazo, librando sus dientes por pura suerte.
Es de su conocimiento el aumento de fuerza que poseen los Draugs pero la presión que siente ahora es ridícula.
Quizá porque se encuentra en una posición desfavorecida pues su cuerpo se encuentra en la dirección opuesta a la subida de la ladera pero aun así la fuerza que ejerce ese Draugs es demasiada.
Es tanta que los pies terminan hundiéndole entre la superficie suave producto de las cenizas negras, haciendo que la fuerza de sus brazos ceda un poco. Lo suficiente para que el Draug lance la primera mordida al aire, misma que apenas y evade con demasiada dificultad.
De nuevo está cayendo pues la estabilidad de sus piernas pierde firmeza cuando cae de rodillas pero aun así mantiene los brazos alzados aunque no sabe por cuánto tiempo más sea capaz de sostenerlos así.
—¡Las espadas! —grita haciendo que Sakura pegue un saltito en su lugar—. ¡Están ahí! ¡En la mochila! —dice refiriéndose al equipaje que ha quedado dispersado cuando ellos rodaron metros abajo. Sakura los busca con la mirada rápidamente, hallándolos a un par de metros por delante, casi donde está la primera hilera de Draugs—. ¡Rápido!
Pero no se mueve.
En cambio se ha quedado helada.
Estática como si la cantidad de Draugs le intimidara.
No.
No es la cantidad.
Son los Draugs en sí.
Como si la Sakura acostumbrada a enfrentarlos se hubiese desvanecido llevándose consigo incluso la capacidad de sostener su propia espada.
—¡Sakura! ¡Las espadas!
Uno.
Dos pasos.
Pero todos son para atrás.
Está retrocediendo, alejándose cada vez más del equipaje y por consiguiente de las espadas de Sasuke y de la suya propia. No puede…No puede hacerlo…No ahora que la imagen de Chiyo se le atraviesa en frente, bañada en sangre. No ahora que ve también a Iruka con tales heridas graves.
"Tú nos hiciste esto, Sakura"
Y más allá, el fantasma con mayor peso de todos.
"Tú me hiciste esto, Sakura"
Mikoto.
—¡N-No! —con las manos en la cabeza y el cuerpo encogido y flexionado hacia abajo, solo cierra los ojos volviendo a caer en el túnel de sus pesadillas.
"¿Dónde estás?"
Se repite el juego del escondite. Ese maldito juego macabro. Pero ahí no hay donde esconderse. Ahí no hay hacia donde huir.
Ahí solo hay una opción.
—¡Sakura!
Ser devorada.
—"Muévete, Sasuke. Tienes que moverte...¡Muévete! ¡Muévete!" —y mientras saca fuerzas de quién sabe donde, lo único que tiene en su campo de visión es a ella. A ella a punto de ser cubierta por una docena de Draugs.
Pero no la va alcanzar.
No a menos que...
"Enséñame a usarlos"
"Tardarías 10 años en lograr hacer lo que yo hago"
"No quiero hacer lo que tu haces. Solo quiero saber lo básico en caso de que sea necesario"
Ah, maldito infeliz.
La lección rápida de Sasori antes de partir es oportuna aunque esta sea la primera vez que lo intenta pero no tiene más opción.
Quitándose primero de encima al Draug que le debilita, Sasuke se apresura a descubrir el guantele que hay en su brazo, una imitación del de Sasori proporcionado por la misma doctora Kurenai antes de su atraco a SHINOBI.
Lo siguiente que espera es que estos lleguen a ella como un resorte pues lo único que hace es activar el mecanismo automático que los lanza como si fuera un aguijón.
—"Por favor, por favor, ¡Que lleguen!" —¡Sí! —grita viendo como se enrollan perfectamente a su cintura para seguidamente activar el mecanismo de reversa, trayendo la hacia él, atrapándola casi en el aire. Lo siguiente que le gustaría hacer, enserio que sí, es abrazarla con fuerza pero solo se apresura a desenrollar los hilos alrededor de ella para volver a usarlos y alcanzar las mochilas y por consiguiente las espadas—. Sostenla —ordena, pasandole la funda de la suya pero Sakura inmediatamente la aparta de golpe—. ¿Qué haces?
—A-Aléjala de mí.
A Sasuke no le da tiempo de decirle que se deje de tonterías pues como puede la toma por el brazo, rodando con ella de nuevo ante un nuevo ataque.
—¡Sostenla!
—¡Que alejes esa cosa de mí!
Debe estar de broma. Pero cuando Sasuke está a punto de gritarle, mira su rostro. Está aterrada. Aterrada y con los ojos vidriosos. No solo no quiere sostenerla, es posible que por todo el estrés y el miedo Sakura haya olvidado incluso cómo hacerlo.
Cómo pelear.
Cómo defenderse.
La Sakura que tiene ahora frente a él definitivamente es otra.
Es como si fuera una niña repleta de pavor.
Y le está suplicando que no la obligue. Que la saque de ahí.
—Sakura... —pero incluso si él estuviera dispuesto, que lo está, a defenderla con su propia vida, los superan en número. La necesita. Pero se siente egoísta y un bastardo por pensar así. Necesita a la Sakura que sabe pelear. A la que no le teme a nada. A... —¡Ugh! —quedando con el brazo extendido hacia ella, la desesperación se cierne sobre Sasuke cuando siente su cuello enroscado por algo filoso.
Hilos.
¿Pero qué...?
Cuando voltea es como si hubiese visto un fantasma.
Pero no es eso lo que mira, aunque la expresión es igual de atónita e improbable a como si hubiese visto uno. No es bandido, no es un soldado, es un Draug. Un Draug usando el guantelete derecho que tenía como reserva en la mochila.
Debió haberse caído en el movimiento cuando lo cogió.
Pero eso no es lo que lo tiene tan rígido y tan pálido.
Lo está usando.
Lo está usando como si supiera usarlo.
No.
No es solo eso.
¡¿Cómo demonios lo sabe usar?!
Las facultades mentales y motrices de un Draug mueren y se hacen obsoletas cuando se infectan y terminan así. Pero este luce como si supiera cómo se manejan. ¡Como si fuera inteligente a pesar de que luce y gruñe como uno!
—¡Aaaahh! —con dificultad, pues siente como el aire se le acaba, mira en dirección a donde está Sakura, comenzando a sentir un terror frío recorrerle todo en cuanto la ve rodeada de varios Draugs y ella sin hacer ningún tipo de intento por defenderse.
—¡NO! —Envolviendo sus dedos sobre los hilos de acero para evitar que le degollen vivo, termina por sangrarse cada uno de ellos pero sin tener éxito en liberarse.
No.
No, por favor.
¿Eso es todo?
¿Eso es lo que inevitablemente iba a terminar sucediendo cuando fuera responsabilidad de él cuidar de ambos?
¡¿Así de inútil es?!
Siente caliente y a la vez húmedo en la cara luego de que oye como algo se desmembra y termina por salpicarle toda esa sangre infectada una vez más. Su cuello se libera de inmediato y aunque su primer instinto debería ser qué es lo que ha pasado y cómo es que está libre, solo dirige sus ojos al frente.
A donde Sakura está apunto de ser devorada. Por reflejo extiende el brazo como si existiera en él algún tipo de habilidad psíquica que la pudiera traer a él...
Hasta que el viento silba cuando una silueta pasa a una velocidad de miedo por su costado como si fuera una bala.
No.
Es incluso más rápido que eso.
Sasuke intenta seguirle el ritmo pero es casi imposible. Ni a él ni a sus espadas...No. No está usando ni un arma. Lo sabría al reconocer el sonido del metal incrustándose en los cuerpos tórridos de los Draugs.
No son armas.
Son sus manos.
Sus manos con uñas afiladas.
Sasuke intenta advertirle pero el grito solo se queda atorado en su garganta cuando uno de los Draugs parece alcanzarlo, despedazando la tela que le cubre la cara, rozándole el rostro. Dejando, finalmente, ser un desconocido para él.
Es él.
El hombre que han ido a buscar.
Lo sabe con solo verlo...O quizá lo supo mucho antes, segundos atrás, sintiendo como las paredes de su pecho se le cerraban, impidiéndole respirar.
El otro híbrido.
Y que misteriosamente se parece a él.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
¡Ya vine! (ノ・∀・)ノ
Y esta vez con nuevas cositas (?) Bien, de entrada tenemos nuevo soundtrack ficticio para Lotus. Este proyecto es sin fines de lucro. Todas los nombres de las piezas musicales son meros inventos míos, asignados según mi criterio con respecto a la historia. Todos los derechos son propiedad exclusiva de sus respectivos creadores originales.
Esto lo he hecho con el propósito de tener en un solo sitio, y en una sola lista de reproducción, los temas ficticios de Lotus. Me ha llevado tiempo, la verdad. El descargar las pistas originales, cortar fragmentos, editar, volver a subir, en fin jajaja Pero lo hago por amor a la historia y porque me encanta hacer estas cosas.
Actualmente el Soundtrack 1 ya está completo. Lo pueden buscar en mi canal. El Soundtrack 2 es el nuevo. Por eso es que he cambiado la portada del segundo.
Y bueno, respecto al capítulo...Demasiada información, lo sé. Ahora todos quieren ir tras mi Sasori bebé ;-; Ahora Sakura estado en el que ni siquiera reconoce como pelear. El equipo de Konoha se divide y disminuye. Y, chan, chan, chan...Itachi. Tuve muchos golpes mentales sobre cómo presentarlo y la manera en la que quería desarrollar su personalidad. Un tanto retorcida. Además de que creo que ya queda bastante claro el tinte Shonen-Ai que tendrá su relación con Shisui que aun no decido qué rumbo tomará a futuro.
La escena del "beso" no es para nada romántica. Solo fue un castigo. Su manera de humillar a Shisui. Faltará mucho para que algo así suceda. Espero no haber alterado sus sensibilidades (?)
Y pues ya, he sacado este capítulo en solo dos días.
La cuarentena hizo lo suyo.
Lo que me lleva a pedirles que por favor se cuiden. Esta pandemia no es un juego. Si no tienen necesidad de salir de casa, por favor, quédense dentro. ¡Piensen en su familia! Cuidémonos entre todos.
¡Les mando muchos abrazos!
Nos vemos.
Rooss-out ヽ(ヅ)ノ
