.

.

XLVII

Condición.

El panorama cambió.

La antigua ciudad amurallada, la que levantó muros con el propósito de proteger a la gente, ahora los está encerrando.

La exclusividad con la que las personas dentro de Konoha vivían por encima de los ideales de los malaventurados que aún vagaban sin rumbo fijo se desmoronó en cosa de segundos. Igual que se rompen sueños que han sido edificados durante toda una vida, los cimientos de estos siempre serán de papel.

El golpe de amotinamiento de algunos miembros de SHINOBI había dejado a su paso una oleada de murmullos y de incertidumbre. Tanto dentro de SHINOBI como fuera de este. ¿Qué había pasado y por qué lo habían hecho? La noticia se esparció demasiado rápido como si fuera pólvora. De Danzou dependía que ni una sola chispa emergiera de ningún sitio pues, si bien sus números seguían siendo —en proporción— más grandes que los de Sakura, tarde o temprano el tablero podría verse en su contra.

Para la gente de Konoha el encierro es abrumador, tanto por la escasez de la comida como lo es también del agua, como por las noticias que esperan que lleguen pero no lo hacen.

Las provisiones se vieron racionadas y la gente fue condicionada a contadas salidas al exterior de sus hogares solo en caso de extrema necesidad. La ciudad no estaba en ruinas pero estaba bajo una contención establecida. Toques de queda, desabasto en los puntos más cercanos de alimentos, caos y más caos propagándose desde que a Danzou le pareció una idea maravillosa que para conseguir la absoluta obediencia ésta tendría que engendrarse a base de cuánto miedo fuese capaz de proporcionar al resto, disfrazando amenazas que a simple vista no lo parecían.

Las razones del por qué ahora tienen que cumplir un estricto régimen, sin embargo, siguen sintiéndose deshonestas. Pero eran reglas, y debían ser acatadas sin rechistar. Debían hacerlo si no querían comenzar a prescindir de la comodidad y el privilegio que se les había otorgado como individuos vivientes dentro de esas paredes que, en un principio, habían estado ahí para protegerlos.

De Danzou dependía usar su influencia y manipulación para convencer de que un bando era el enemigo y el otro el bueno. Él, por supuesto, estaría adjudicado en el segundo. Pero la contención de su pueblo ha ocasionado que también quiera contener, incluso, hasta sus pensamientos.

Pensamientos que no son nublados por la desesperación sino por el sentimiento de saber qué demonios es lo que sucede realmente.

Él tenía razón.

Tenía razón cuando le dijo a Sakura que tarde o temprano el resto de sus soldados contraerían la enfermedad de la propia voluntad una vez que vieran que un grupo pequeño fuera capaz de oponerse a él.

Por eso sus soldados ahora murmullan. Por eso sus soldados ahora lo miran con prudencia y/o discreción. Por eso sus soldados están empezando a tener pensamientos propios a causa de lo sucedido.

Y también por ello es que no se ha tentado un poco el corazón al confirmar parte de los rumores que aquejan a cada soldado desde que Lotus y el grupo de rebeldes dejaron Konoha. Sakura lo dejó muy claro, para algunos, durante los pocos minutos en los que fue vista cerca de los avistamientos y puntos de control antes de que se desatara el caos.

"No hay cura para las esporas"

Por lo cual esa vacuna es inexistente. Por lo cual... ¿Ella tuvo razón?

—Sí, la tuvo. ¿Pero eso importa realmente? —cuando Danzou suelta esas palabras la mayoría de sus soldados, esos que están en fila y ordenados frente a él, como una conglomeración de armas que están a su disposición, sienten un vuelvo en el estómago—. De ustedes depende que esas cápsulas que ahora corren en su sistema no se desintegren y suceda algo...realmente malo.

Como diciendo que no tienen otra opción más que obedecerlo.

Y a la vez condicionándolos de no abrir la boca en tanto tengan lengua para hablar.

El resto de los ciudadanos desconoce, desde luego, ésta información. Y aunque para algunos soldados le es igual pues no tienen algo así como una familia por la cual preocuparse, otros, los que sí la tienen, son puestos en la mira de forma inmediata. Los que tiene que perder siempre muestran su vulnerabilidad casi al instante.

Y es ahí cuando Danzou se permite jugar con crueles condicionantes.

—La cadena de un perro siempre es larga por una razón. Larga para que este pueda moverse con una libertad condicionada, para hacer que parezca que es libre...pero si yo tiro de ella, y ellos se resisten, solos se ahorcan.

Como diciendo que en realidad nunca les ha dado algo propio para gozar a gusto. Como que nunca les ha quitado el bozal a menos que él lo ordene.

Con los Fenrir restantes también es así.

Yugito, quien se paseara antiguamente por las calles conservando el temple inalterable con el que siempre era distinguida, ahora se ve más como un ente que no tiene dueño o no tiene propósito fijo. Que sí, sigue conservando su estatus y sus privilegios y sigue siendo una figura de autoridad para cualquier otro soldado de rango menor pero no por ello la situación le sienta bien.

La mitad de ellos...La mitad de los Fenrir ya no está. No existe y se borrarán datos sobre ellos como si nunca lo hubiesen hecho.

Pero los momentos, los recuerdos, los breves instantes en los que olvidaban sus obligaciones, esos en los que Yagura solía sacar de quicio a un amargado como Sai pero a su vez lograba sacar carcajadas limpias y prolongadas de Fu, seguirán ahí, atormentándola.

Yugito nunca había creído necesario conservar o atesorar esos momentos. De hecho, justo ahora, ni siquiera sabía que los tenía.

—Teniente, su vehículo está listo —anuncian para ella y cuando está ya montada sobre él durante todo el trayecto tiene pensamientos poco honestos, según ella.

El hangar no existe más, así como algunas de las instalaciones más importantes del Cuartel tampoco lo son. La base entera, si bien no está en una estado de devastación absoluta o en un estado crítico para considerarse como irreparable, ha sufrido daños importantes por lo que el acceso a la mayoría de ella está restringido.

Ahora uno de los edificios del gobierno funge con tal función aunque sigue siendo un espacio muy pequeño para tantos soldados. El ambiente, sin embargo, se siente un poco más impersonal que nunca. Las carpas que han sido instaladas a las afueras muestran un pedazo de la vida que a Yugito le trae más recuerdos de los que debería.

No es pobreza, es desesperación.

Otros soldados se podría derrumban con más prontitud ahora con la noticia de que dentro de ellos está la sentencia de muerte como una bomba de tiempo. Y que en Danzou está el poder de qué tan prolongada sea su vida. Pero aun cuando todo el mundo ya lo sabe Yugito no muestra algo más que una mirada desolada.

Por dentro, sin embargo, se siente devastada. Devastada por creer que hace años hizo la elección del rumbo de su vida a base de mentiras, y que fue la correcta.

"Un héroe sigue con libertad la lealtad frágil de su corazón. No somos héroes. Nosotros solo seguimos órdenes"

Ella había dicho eso a Yamanaka Ino sin saber lo que se avecinaría.

Aún sigue pensando que no lo son. Héroes, se refiere.

Es decir ¿Cómo podrían? ¿Con qué argumento lo harían?

Yugito no quiere ser heroína de nadie pero si tuviera que elegir de quién, quisiera serlo de sí misma. Si lo fuera, si tan solo tuviera la convicción de sus ideales fuertemente planteada quizá podría terminar de analizar la situación y encontrar los verdaderos motivos por el que la dama Chiyo tuvo que morir. Y lo mismo con respecto al Teniente Umino. ¿Está bien creer en la posibilidad de que hayan tenido un motivo realmente fuerte para hacer lo que hicieron? Agradecida con poder mantener sus pensamientos para sí misma es que también se percata de otro hecho aterrador.

No les permiten pensar.

No les permiten hablar.

Pero ahí está ella, analizando de más todo lo acontecido en los últimos días. Buscando equilibrio o, a su vez, buscando de qué lado de la balanza está la verdad.

Cuando desciende del vehículo no le toma mucho tiempo darse cuenta de que hace mucho que no disfruta de un poco de aire. Pero incluso si es uno frío, y que el ambiente que la envuelve es gris y lleno de tristeza, avanza como si nada de eso existiera. Como si no pudiera tomarse un minuto a pensar en que es plenamente libre y que todas las almas que alguna vez habitaron esos cuerpos sepultados también lo fueron.

¿Lo fueron?

¿En verdad todos ellos fueron libres antes de las Esporas?

¿O solo encontraron paz en sus almas una vez que estas abandonaron sus cuerpos físicos?

No lo comprende.

Nunca había tenido tantos pensamientos a cerca de la vida, la verdad y las mentiras.

Como tampoco recuerda la última vez que visitó un cementerio.

Hace tiempo que no entierra a un muerto...A un muerto que haya amado. Incluso, en un principio, se le hizo innecesario que la nueva estructura de Konoha fuera en base a un reflejo de esa vida cotidiana a la gente solía estar acostumbrada antes de que todo el caos comenzara.

Escuelas.

Teatros.

Centros de entretenimiento.

La vida en Konoha no tendría que ser la dramatización de lo que alguna vez fue el mundo. Es decir ¿de qué serviría? No es como que construyendo una escuela ahí dentro fuese a cambiar el hecho de que llegado a cierto grado de estudios se tendría la oportunidad de elegir entre quedarse o ir a estudiar a otro lado. Esas posibilidades dejaron de existir hace tiempo.

La gente debería estar pensando constantemente en sobrevivir, no en recrear momentos y vivencias del pasado.

—A veces extraño eso: las posibilidades.

Cuando llega a una distancia prudente al hombre al que le han ordenado ir a ver, se oye como si el viento se amotinara con el momento, soplando fuerte pero también trayendo consigo un silbido agudo. Voces de un país lejano, acariciando su mente y llenándola de más recuerdos involuntarios a cerca de un mundo al que ella también perteneció.

—Teniente Nara —Yugito lo nombra y el hombre frente a ella, que luego de tomarse unos segundos para respirar profundo y darle una última mirada a la lápida que tiene en frente, voltea finalmente—. He venido en emitirle un mensaje en nombre del Canciller.

—Hay un dato erróneo en una de esas oraciones, querida —Yugito acentúa un poco su semblante confundido mientras lo ve a él hacer cierto gesto con la boca que rápidamente le traen a su mente el recuerdo de otra persona—. Primero, yo ya no soy Teniente. Quien porta el título ahora es mi hijo —por supuesto. Si es que son como dos gotas de agua. Shikaku Nara, ex soldado de SHINOBI, padre de Shikamaru. Y ahora que ha pensado en él gracias a su padre es que Yugito siente un poco amarga la garganta ante la noticia que debe darle.

—Me temo que ya no es así, señor. Su hijo ha cometido in subordinación y...

—Sí, lo sé. Hizo una cosa grandiosa allá afuera engendrando el caos con sus planificaciones ¿no? Como se esperaba de mi muchacho—ante el gesto opuesto a lo esperado, Yugito se replantea lo que dijo, horas atrás, cuando se le adjudicó esa misión.

Pocos allá adentro tienen plena consciencia de la vida que otro miembro de SHINOBI podría tener allá afuera, o de la vida que supusieron tener antes de unirse a las filas del ejército.

Pocos, excepto claro, como Shikamaru Nara. O como aquellos que provienen de una línea de descendencia desde el origen de sus padres, abuelos y bisabuelos. Otros considerarían esto como un dato interesante por el cual alardear o por el cual auto vanagloriarse. Como una larga tradición de soldados.

Pero para un hombre como Shikaku, quien luego de perder a su esposa siempre demostró su rotundo desacuerdo a que su hijo siguiera sus pasos, sus decisiones en la vida, decisiones que involucran a SHINOBI, piensa debieron ser repensadas muchas veces antes de tomar ese camino.

—Mi padre es un ex soldado de Shinobi perteneciente al departamento de planificación estratégica...pero para mí solo es un viejo borracho que ama el Shogi—había dicho Shikamaru durante su presentación a Fenrir como parte de un inusual e innecesario protocolo—. Lo digo por si no les queda claro todo esto con mi ridículo parecido con él. La gente tiende a cuestionárselo mucho —para finalizar con ese comentario sarcástico. Como diciendo "Hey, no necesito que me pregunten hijo de quien soy. Se los aclararé por primera y única vez así que ni se les ocurra volver a preguntar"

Desde eso Yugito no recuerda a ningún otro soldado preguntándole una sola vez sobre ello.

No es que le desagradara pero le daba la sensación de que Shikamaru no preservaba el lugar que había dejado su padre en SHINOBI como uno que él pudiera ocupar o uno que la gente pensara que sí.

Que sí, era igual de brillante que él —incluso hasta más— pero daba la impresión de que buscaba que lo deslindaran de la imagen de su padre como si lo aborreciera cuando era todo lo contrario.

Lo amaba con el alma.

Luego de su madre, él era todo lo que le quedaba en la vida.

—Señor...

—Shikaku. Solo dime Shikaku, por favor —"Por favor", otra de esas palabras a las que Yugito nunca estuvo acostumbrada pero que aun así hoy parecen estremecerle más de lo debido.

—...El Canciller solicita su presencia de manera urgente.

—Me puedo imaginar por qué.

Y Yugito también lo hace aunque sabe que no debería estar teniendo tales pensamientos.

Y de nuevo piensa que algo como el pensar debería ser solo un impulso y no un motivo para temer. Nadie está leyendo tu mente, ¿sabes?, se dice a sí misma como un mecanismo de mantener la cabeza fría y dejar de sentirse nerviosa por su libre albedrío.

Por pensar en que la estrategia que está usando Danzou es seguir propagando miedo por medio de amenazas implícitas.

Amenazas que pueden ir desde pedirle a los ciudadanos que se queden en sus casas dentro de un horario establecido hasta pedirle implícitamente al ex Capitán del cuerpo de Inteligencia que vuelva a la actividad porque es la manera en la que el Canciller le advierte que si no lo hace la caza a razón de la insubordinación de su hijo no solo va a terminar cuando lo encuentren y lo obliguen a regresar a Konoha.

Va a implicar hacerlo pagar junto a los demás.

Y aquello puede ir desde el más absurdo castigo hasta el más letal: pagar con su vida.

Convocar y condicionar a Shikaku en base a su hijo es lo más bajo del mundo.

Y Yugito lo sabe.

Sabe que las intenciones detrás del Canciller enviándola a ella para transmitir su mensaje no solo va a ocasionar que Shikaku —por mucho que odie la idea de regresar activamente a las filas de SHINOBI— acepte, no porque se sienta acorralado o sienta que su propia vida corra riesgo de no hacerlo, sino por el intenso amor que le tiene a su hijo así como la necesidad de procurar su seguridad, también va a ocasionar que ella sienta esa misión como una de las tantas pruebas a las que está exponiéndola, así como al resto de los Fenrir, para medir hasta dónde está su lealtad con él.

Para probar que ningún sentimentalismo va a arrebatarles su visión del futuro por muy radicales que sean las decisiones que se tomen.

—Puede negarse —dice ella como la orden que le han emitido. Como el discurso bien ensayado que, no solo ella, todos deben repetir para advertirles que aunque haya la posibilidad de la negación no lo hay a una negociación sobre un castigo. Pero ese "Puede negarse" ha salido con un sentido diferente ahora que su voz se siente pequeña y su semblante dibuja una sensación que no debería sentir: Culpa—. Puede negarse, señor...

—Teniente —Yugito engrandece los ojos, azorada, en cuanto él se adjudica el título que alguna vez le perteneció pero con una sabor a desolación, no por goce—. Ahora soy Teniente Nara, de nuevo. Y dígale al Canciller que no necesito un trato especial ni que finja conmigo sus intenciones. Sé perfectamente por qué la envió a usted y también sé que esto lo hago únicamente por mi hijo.

Horas más tarde los perfiles de Shikaku Nara, Guren, Lee, Tenten y otros soldados de los Fenrir insubordinados se subirían a la red y estaría nuevamente reactivados...todos al servicio de un nuevo y displicente Rey.

.

II

.

Si piensa que va a permitirle hurgar en su mente, está equivocado.

Sakura está lejos de la fragilidad cuando se ensaña en la ira tanto que es difícil pararla.

Puede que no sea un Draug a lo que se enfrenta pero aunque Obito sea un híbrido y posea fortalezas que ella no, no las necesita. Ella se ha hecho de su propia fuerza a base de sacrificios de los cuales no se vanagloria pero si hay un momento preciso en el cual usarlos, es en este.

"No vas a mirar", se repite, incansable. Se repite a medida que la boca de Obito está tan cerca de su cuello. A esa distancia podría encajarle los dientes ella también, no por la necesidad que el contrario posee por morderla y mirar dentro de su mente, sino por el placer de ver si puede desgarrarle la garganta y matarlo ahí mismo.

A él, al hermano menor de Mikoto.

Debió haberlo sabido.

El parecido con ella siempre saltó a la vista cuando lo conoció, y no solo con él, sino también con Sasuke.

En eso la culpa es solo suya.

Pero ya ha cometido demasiados errores como para seguir cometiendo más, o permitir que quieran pasar por encima de ella. Sea quien sea, no va a permitirlo.

La persecución que tienen luego de que Sakura se lo quita de encima es parecida a la de dos felinos confrontándose por carroña. Aunque más bien Sakura solo siente deseos de borrarle esa expresión de la cara tan pronto le propina un golpe en la mandíbula que lo manda a varios metros lejos, casi impactando en el otro extremo de la habitación.

—¿Tanto es el miedo de mostrarnos lo que tienes ahí dentro? —Sakura se estremece solo un poco, recomponiéndose rápidamente. Si bien cualquier otra persona habría terminado agotada por el movimiento luego de ser consciente de que no está completamente recuperada, ella lo lleva bastante bien a simple vista. Aunque no puede negar que siente un hormigueo extraño en las articulaciones y sentir mucho sueño—. Bebiste de él ¿no es así? —cuando Obito obtiene la respuesta a través del semblante sorprendido de ambos solo suelta un suspiro que lejos de sentirse como cansado, es preocupante—. Te sientes así porque necesitas de él.

Sakura sacude la cabeza repetidas veces.

—Bebí de ti también. Tú eres un híbrido.

—Uno incompleto —la revelación llega a los oídos de ambos como si realmente no supieran a lo que se refiere—. Te lo dije, que mi sangre no iba a conservar sus propiedades para ayudarte completamente.

—¡Pero bebí de él también! ¡No debería sentir...! —Sakura se cubre la boca, sintiendo la garganta seca. Como un desierto sin oasis. Como la peor de las muertes: "Sed"

—Es otro tipo de sed —cuando Sakura le regresa la mirada esta es desaprobatoria pero a la vez curiosa. Claro, el idiota puede leer mentes—. No es como la sed que frecuentabas y por la que perdías el control. Tu sed por él es distinta. No vas a querer probar sangre de alguien más sino es la de él —tanto Sasuke como Sakura se dedican una mirada de refilón, lo suficientemente veloz como para perdurar en los ojos del otro mucho tiempo—. Eso es porque es posible que tú y Sasuke hubiesen creado un vínculo mucho más fuerte durante el embarazo de Mikoto.

Un vínculo, dice.

Pero para Sakura la palabra vínculo no representa nada. ¿Un vínculo en base a qué? ¿A emociones? ¿A sentimentalismo? ¿O algo mucho más complejo? Porque si bien es cierto que las palabras de Obito suenan a disparate, en la situación actual en la que se encuentran cualquier disparate termina siendo verdad. A estas alturas cualquier cosa podría ser cierta.

Así, mientras Sakura intenta encontrar una respuesta lógica de sus recuerdos, a Sasuke le ataca la ansiedad y el enigma.

Hay cosas que aún no han sido resueltas, y esas cosas, mientras más las oye, menos sentido aportan a él.

Embarazo.

Sakura es mucho mayor que él.

¿Cómo demonios es que lucen de la misma edad?

¿Qué es eso que Obito guarda dentro de él aún?

¿Qué es eso que le faltó por mirar?

Sasuke voltea a ver a Sakura, pues se encuentra en un primer plano más cerca de él que Obito, y ve la marca de colmillos en su piel. Fueron unos breves segundos en los que Obito realmente pudo traspasar la línea del infierno y volver. ¿Qué vio?

—¿Qué viste? —su voz resuena como una más ahí. Con una carga distinta a la que ellos dos poseen. Una que se cierne sobre los confines del mundo y sobre lo que pide a gritos que se resuelva. Sakura y Obito nunca podría sentir lo que él, así como él no podría sentir lo que ellos sí. Sus duelos e inquietudes son distintas pero todas tienen como origen Mikoto. Y de los tres, a pesar de haber nacido de ella, se siente como si fuera el más desconocido.

—Nada. No pude ver nada —Sakura es la primera en devolverle la mirada a Obito siguiendo el instinto que todas sus suposiciones han tomado.

—No mientas.

—No lo estoy haciendo —para Sakura no hay nada más temeroso, al menos en este momento, que el hecho de que se sepa todo lo que sabe. No necesita que nadie más sienta pena por ella pero así mismo no desea que personas como él y como Sasuke, sobretodo Sasuke, se enteren de las memorias que tiene de Mikoto. Una parte de ella porque se siente con la autoridad de sentir que solo son suyas y otra porque teme la reacción que vayan a tener.

No necesitan saber más.

Y aunque supieran, ¿de qué serviría? Las cosas están tan jodidas y se encuentran en un mar de incertidumbre del que no saben a dónde se dirigen. Ir en busca de Obito supondría enterarse de muchas cosas... ¿No tendría sentido que ella estuviese abierta a las posibilidades y al intercambio de información?

En su lugar está gruñendo como un animal amenazado.

—¿Desarrollaste una manera para ocultar tus recuerdos? No lo veo posible, no eres como nosotros —cuando las palabras de Obito viajan a través del silencio, la posibilidad de que eso sea remotamente una opción los estremece a los dos, y en Sakura se manifiesta una creciente duda sobre lo que sabe y lo que no.

—¿De qué hablas...? —habiendo obtenido una respuesta que dé paso a una explicación es que Obito se relaja solo un poco.

—No pude ver nada en los pocos segundos en los que te mordí. Lo cual no tiene sentido. Pero también me confirma que para que el viaje a los recuerdos de alguien sea posible debe haber predisposición de ambas partes. Y tú no la tienes —Obito hace una pausa volteando a ver a Sasuke—. No has dejado que Sasuke te muerda ¿no es así? —tanto Sasuke como Sakura se miran de reojo, confundidos, siendo el primero el único en manifestar su desconcierto abiertamente—. Muérdela.

—¿Qué...? —A Sasuke apenas le sale la voz.

—Que la muerdas.

Sasuke pasa saliva con dificultad mientras Sakura parece reaccionar instintivamente a solo ponerse en guardia en tanto lo mira con precaución. ¡¿Pero qué le pasa?! ¡¿Por qué reacciona así?! ¡¿Cómo puede pensar que va a hacerle daño?!

—¿Te volviste loco o...?

—Entonces lo haré yo.

Ahí está de nuevo, la abierta amenaza hacia Sakura.

Y Sasuke ya no puede dominar su instinto ni seguir pasándole a Obito cada una de las amenazas que le lanza a Sakura estando él presente. Incluso si Sakura ha hecho lo mismo con él, no puede permitir que la lastime. Es algo que lo llama a protegerla además de que está su deseo solamente por hacerlo, aun si ella no necesita de él.

Cuando Obito da un paso al frente, Sasuke ya está delante de ella, franqueando cualquier obstáculo para llegar a su lado.

Y no se da cuenta. No se da cuenta de que los ojos se le tornan rojos y las líneas tensionadas de sus músculos son cada vez más precisas y firmes debido al enojo.

Fuera de Sasuke hay todo un panorama rígido que a su vez confronta a su yo interno. Obito, con ello, solo se llena de más dudas. ¿Realmente es solo instinto lo que mueve a Sasuke y a Sakura a proteger al otro? De ser así ¿en base a qué?

¿O...

—¿Qué haces?

—Te protejo.

¿O es algo más relacionado a sus sentimientos?

No es que Sasuke haya perdido la conciencia como ha visto en otros. Es una mezcla de ambas cosas. Eso le ha quedado claro, no ahora sino desde que se los topó a las faldas de la Montaña Negra. La desesperación de Sasuke en un estado genuino por ella. Como si temiera perderla. Como si fuera un tesoro. Más allá de un estado crepuscular en el que solo habita la inconsciencia.

—Tus memorias, el resto de ellas, están selladas —revela a Sakura como una forma de no profundizar en el hecho anterior, concentrándose en lo importante —. Dije que te mordiera porque he pensado que no es solo hacerlo y ya. Debe haber predisposición de ambos lados. El estímulo de la mordida no es solo de quien la ejerce sino también de quien la recibe— hace una pausa, meditando sus siguientes palabras—. La persona dispuesta a dejar que vean sus recuerdos y la persona que ejecuta la mordida deben estar de acuerdo en ambas partes.

La información que deshebra Obito parece más como una revelación o un paso a la lógica para poder atar cabos. Cabos que en su momento Sakura ni Sasuke creyeron convenientes de analizar. No es que tuvieran tiempo tampoco para pensar en sus actos.

Había sido involuntario.

Una necesidad imperiosa en Sakura de sed pero a su vez una de no hacerlo, para protegerlo.

Y luego estaba él...dispuesto a dar su vida sin tener una noción preliminar de en lo que se convertiría toda esa situación más adelante.

Él solo quería salvarla.

No estaba pensando realmente en lo que conllevaría su muerte ni en el daño y el dolor que causaría a otros...Solo estaba pensando en ella y en el brillo de sus ojos radioactivos debido al estado enloquecido y perdido en el que se encontraba, y aun así sus ojos le parecieron los más hermosos del mundo además de letales.

Ninguno de ellos pensó en lo que esa decisión provocaría pero ahí estaban ahora, escuchando de boca de Obito una suposición más que se acercaba a la verdad y la razón.

—Cuando me mordiste...Yo estuve de acuerdo —Sasuke es el primero en hablar y Sakura le devuelve la mirada algo molesta, como si hubiese deseado que se quedara callado y no le diera la confirmación a Obito sobre sus inesperadas conjeturas—. Aunque no sé si tú también lo estuvieras.

No lo estaba.

Por supuesto que no lo estaba.

Aun sin saber quién era y la importancia que representaba en su vida como hijo de Mikoto, Sakura se había fijado en él alejado de esa verdad. Se había fijado en él por quien era. Sin apariencias. Por la manera en la que lo sacaba de quicio pero también por la manera en que nunca rehuía a sus ojos, a los obstáculos, a las pruebas que siempre le dio.

Siempre superándolas...por ella.

Por eso es que siente que no se trata solo de instinto pero explicarle eso a Obito conllevaría a verse vulnerable, y sería muy complicado y vergonzoso. Aunque claro, para Sasuke se nota que nada de eso le ha importado apenas ha abierto la boca para revelar lo anterior.

Sakura proyecta una mirada de recelo a Obito como si le amenazara. No sabe en qué momento va a meterse en su mente y si tiene algún tipo de condición o respeto por la privacidad de cada mente que lee pero no le importa. Que lo haga. Que se meta y escarbe. Lo único que tiene ella para mostrarle, por ahora, es oscuridad.

Y claro, pensamientos a cerca de Sasuke ultimadamente.

Algo como la vergüenza ya no es un tabú para ella.

—Cuando tú lo mordiste estimulaste su mente así como parte de la tuya. Para poder ver lo que hay en ti podemos usar la misma lógica —cuando Obito hace esas pausas Sakura siente que se marea. Lo que dice no suena a descabellado pero suena como a una solución que tampoco quiere tomar.

—O sea que ¿alguien tiene que morderla para que ella libere sus recuerdos completamente? —es Sasuke quien hace las preguntas pues Sakura parece indispuesta a seguir alimentando esa locura.

—Sí y no. Tienes que ser tú para que...

—Deja de meterle ideas absurdas —finalmente se pronuncia, reacia a la posibilidad. Y aunque precisamente el panorama es un dos contra uno, no le importa. Su voz no pierde fuerza en ningún momento—. Yo recuerdo todo lo que debo recordar.

—No lo puedes saber. Si Sasuke selló los tuyos siendo un bebé es probable que varios de estos recuerdos sigan de ese modo. Recuerdos que no van a despertar a menos que alguien los estimule.

—Tú acabas de morderme —enfatiza Sakura con cierto aire desinhibido y reprochable—. Y tú eres un híbrido.

—Te lo dije, soy incompleto. Podría ser porque yo poseo más parte humana que parte Draug —Sasuke hace un repaso mental de las memorias de Obito y puede sentir en la voluntad y fuerza de su voz como se manifiesta cierto pesar por ese hecho. No es por él. Es por Danzou. Porque desde siempre lo encontró defectuoso. Lo sabe porque acaba de ver sus recuerdos y todo se ha sentido tan real como si fuera él—. En Sasuke, sin embargo, es a lo inverso, pero esto va más allá de una simple condición fisiológica. Va ligada a las emociones.

—¿Y eso lo dedujiste ahora? —la forma afilada con la que lo mira y habla no decrece, pero es más bien una amenaza silenciosa. Como si Sakura ya hubiese anticipado lo que está a punto de decir y a su vez lo creyera.

Y le aterra.

Le aterra porque nunca antes había tenido tales emociones por alguien.

Y que eso que siente, que poco a poco toma fuerza, sea usado para la maldad o para la pretensión de algo que debe llevarse a cabo sí o sí, le asquea.

Los sentimientos que pudo sentir por Mikoto, aquellos que creyó genuinos y únicos para ella, actualmente no sabe en qué escala de la falsedad colocarlos. Ella la amó. Sakura a Mikoto. Pero ¿Mikoto lo hacía para con ella? No quiere asociar a Sasuke con ella porque más allá del parecido físico que tienen los siente diferentes. No quiere que el recuerdo de Mikoto nuble su mente y no quiere pretender que cada que lo mire a él va a dejar que su mente solo le deje ver pecados o errores que él no cometió.

"Cada que te mire va a recordar la traición"

No.

No quiere eso.

Y tampoco necesita decirle a Sasuke sobre ello. No necesita llenar de más pensamientos innecesarios su mente pues con los que tiene seguramente ya está volviéndose loco.

Y ese es su error.

Asumir.

Asumir y seguir acumulando más cosas para sí misma en lugar de compartirlas con alguien.

Compartir...De nuevo no quiere recurrir a la opción que Obito da. Desde el inicio estuvo esquiva a aceptarlo.

Parte son los miedos de él, y parte son los propios.

Si él ve más de lo que debe...Si él ve más allá de lo que desconoce, ¿va a odiarla?

—No puedo inclinarme por una simple deducción según las cosas que has visto —y ahora es ella quien da un paso al frente, y a Obito no le queda ninguna duda de que hay algo más fuerte entre ellos dos.

La manera en la que Sakura se coloca solo un paso delante de Sasuke e inclina su cuerpo como si supusiera ser un escudo para él es algo realmente contundente.

Por fuera puede parecer una simple chica que ha sido arrastrada por la vida durante mucho tiempo. Puede estar cayéndose a pedazos. Puede estar lidiando con el duelo de haber perdido a personas a las que quiso por sus errores. Pero ante todo tiene claro una cosa.

"No es por Mikoto", se repite, haciendo el esfuerzo por creer en sus palabras. "No es por ella".

Es por él.

Y con respecto a Sasuke, en tanto Obito lo mira, tampoco le queda duda que hay un fuerte sentimiento emergiendo de él cada que su mirada se dirige a Sakura.

—Si piensas que busco hacerle daño a Sasuke, te equivocas. Es sangre de mi sangre.

—Un lazo de sangre no lo representa todo en la vida —ella lo sabe mejor que nadie. La manera tan intensa en la que ella ama a los suyos, por aquellos por los que daría todo, no se basa en la sangre o si están relacionados.

—Lo sé, y es por eso que creo que lo que pienso es correcto —Obito hace una pausa dirigiéndose esta vez a Sasuke—. No lo pondría en riesgo a él sino estuviera convencido de ello. Además, me basta ver como se mueve uno alrededor del otro para entender que poseen una conexión mucho más compleja de lo que creen. Algo que sale fuera de mi entendimiento lógico.

—Aun así sigue siendo solo una suposición tuya.

—Sakura —la pelirrosa atiende a la voz de Sasuke y este siente que el corazón le aletea como una polilla cuando ve sus ojos suaves y su ceño ligeramente fruncido. No está molesta. Está preocupada por él. Y no hace falta que se lo diga si él lo puede leer a través de su rostro—. Deberíamos escucharlo.

—Él tiene que estimularte —ambos vuelven la mirada al frente cuando lo oyen, y aunque la connotación parece avergonzar un poco a Sasuke porque, vamos, es un chico de mente simple, Sakura se mantiene seria—. Y tiene que ser él. Sus memorias y las tuyas están conectadas —hace una pausa—. Y la única forma de hacerlo es que te muerda —antes de que Sakura vuelva a hablar, seguramente para oponerse, Obito continúa—. Hay otra razón por la que Sasuke tiene que ser quien te muerda y no yo. No es solo para poder recuperar tus recuerdos, sino también los de Mikoto —ambos se mecen, como si fueran dos hojas soportando el frío y una de ellas estuviese a punto de desprenderse.

—¿Qué tiene que ver ella? —Sasuke es quien toma la palabra pues tan pronto Obito suelta el nombre de su madre, Sakura parece rigidizarse por completo.

—Hay partes inconclusas dentro de mi mente como ya viste. No tengo demasiada información sobre Mikoto como para asumir que ella siempre supo lo que ocurriría o si ese hombre compartió más secretos con ella de los que me decía. Todo lo que sé es lo que vi a través de mis propios ojos pero lo que ella vio a través de los suyos es posible que sea una puerta al pasado que no conocemos —antes de atreverse a decir lo próximo mira dentro de él, dentro de lo que sabe y del conocimiento que aportó el dolor de saber la muerte de su madre—.Estoy seguro que para que Sasuke naciera así ella tuvo que ser sometida a un proceso como al que mi madre estuvo alguna vez —una remembranza que trasciende cualquier época y cualquier cantidad de años. El dolor de la pérdida es algo que nunca se irá.

—Durante el embarazo —insólitamente es Sakura quien suelta tal declaración. Obito asiente.

—Pero solo podremos saberlo si nos volvemos sus ojos —y cuando devuelve la mirada a Sasuke, Sakura luce más histérica que al principio—. Tiene que ser a través de Sasuke —basándose en su propia experiencia Obito confía en que los recuerdos más ancestrales de Sasuke podrían ser los vividos dentro del vientre de su madre, tal como él—. Pudiste no ser sus ojos pero sí sus oídos mientras estuviste dentro de ella —cuando Obito se toma el tiempo de dar una explicación rápida, que más bien es para Sakura pues Sasuke lo pudo ver a través de sus recuerdos hace poco, el rostro de ambos luce escéptico.

—Ella tiene que morderme...Y yo tengo que morderla a ella también.

Pero creer que la facilidad de las cosas es algo con lo que cuentan es demasiado pretencioso.

—No lo haré.

Sasuke, quien está más cerca de ella, le mira confundido. Ella sopesa su mirada dentro de la suya, y hay un sentimiento brotando dentro de sí misma que no le permite negociar esa decisión. Está siendo egoísta pero por más que se lo pidan no va a aceptar esa opción.

—¿Qué?

—¡Dije que no lo haré!

Y ahí están de nuevo, sin llegar a nada. Pero ahora cada quien lidia con su mente de manera individual.

Luego de la negativa de Sakura le sucedieron a esa declaración unas más por parte de Sasuke. Unas que, desde luego, intentaron persuadirla para aceptar. Si bien no tienen un plan de acción luego de saber la verdad, sabe que están al acecho. Sabe que el tiempo es esencial para poder tomar muchas más decisiones. Unas más difíciles que otras seguramente.

Sasuke le prometió a Konohamaru que regresarían juntos ¿no es así?

Pero ¿cómo pueden avanzar si una de las partes se niega?

Los argumentos de Obito son sólidos y lógicos pero Sakura parece guardar demasiado miedo en su interior como para mostrarselos a ambos. Sobre todo mostrárselo a Sasuke.

Sabe lo que implica el hacerlo. Es darle acceso a sus recuerdos, y no solo a ellos sino que ambos van a experimentar, por primera vez y de primera mano, eso que ha estado escondido. Si el plan resultase y pudieran ver los recuerdos de Mikoto a través de Sasuke, no habrá marcha atrás. Lo que vayan a descubrir puede cambiar, no solo el destino, sino también la imagen que tienen del otro de manera radical.

Pero Sakura sabe que ella tiene más que perder.

Los pecados de Sasuke no son nada a comparación de los de ella. Es decir, hasta hace apenas un tiempo Sasuke fue consciente de su naturaleza. ¿Qué pecados y qué secretos podría guardar alguien como él?

Los de Sakura, sin embargo, están hundidos en una ciénaga de sangre. Sangre eterna que se propaga cada vez más, abarcando más espacio. Y hasta hace poco sintió que se ahogaba en ella. La ciénaga pasó a convertirse en un océano carmesí, en un completo baño de sangre.

No quiere...No quiere que él vea eso.

Hasta hace poco no le importaba lo que el resto del mundo pudiese pensar de ella. Su reducido círculo de personas importantes, si bien saben parte de esos pecados y la han aceptado como es, aún siguen desconociendo el verdadero y completo horror de sus actos.

Y ahora está él.

No quiere mostrárselo.

Así como no quiere recordar nada.

Por eso tan pronto no han llegado a ningún acuerdo Sakura ha salido de la cabaña y ha terminado ahí. En el sitio que hubo ocupado hace apenas unas horas cuando mordió a Obito y cuando tuvo que controlar sus instintos de matarlo cegada por la ira de saber su identidad. Ahí, afuera, a unos metros lejos de donde están pero aun estando dentro del perímetro que bordean las cordilleras a su alrededor, en un viejo tranvía con la horas de vida contadas seguramente.

Sakura no se preguntó qué hacía ahí ni cómo había llegado ahí, solo le pareció idóneo refugiarse en él.

Refugiarse dentro de su único vagón y deslizarse por uno de los únicos asientos que aún se conservan aunque en condiciones deplorables. Pero no le importa su aspecto, no le importa como luce ahí adentro o cómo luce allá afuera. No tiene noción de las horas ni del tiempo pero está segura que pronto amanecerá. Y cuando lo haga quizá pueda descubrir un par de cosas curiosas luego de que el tono cerúleo se desvanezca y le dé paso al amanecer.

Descubrirá que el vagón es el hogar de una familia de hurones.

Descubrirá que hay vida en forma de flores silvestres adornando las ventanas oxidadas y el piso desgastado.

Descubrirá que puede amanecer.

—Sabía que estarías aquí —cuando lo oye, sin embargo, no voltea.

No tiene idea de qué lugar es el que ocupa, de los pocos asientos que hay aún aferrados a la estructura, pero seguramente está en el que tiene en frente, piensa.

Grande es su sorpresa cuando siente una mano acariciar sus cabellos. Esos que deben de ser más una maraña rosada que la imagen de un cabello sedoso y cuidado.

Pero no aparta su mano.

Es fácil recibir ese tipo de caricias estando recostada usando unos tres asientos como si fuera un catre. Dándole la espalda al interior del vagón pero con la vista clavada en los patrones que aún se distinguen de los asientos.

Sakura pierde la mirada en ellos.

En el zigzag que no lleva a ninguna parte y sobre el cual tiene que retornar para conseguir otro camino que sus ojos puedan reconocer como el correcto...solo para darse cuenta que ese tampoco tiene salida.

Y mientras se frustra intentando encontrar una salida a ese estúpido juego que sigue con los ojos, las caricias no terminan.

Vagón a media noche.

El silbido del viento.

La ausencia de confesiones y un par de lamentos.

Sakura no puede mirarlo.

Su creencia ha sido deshecha y con ello parte de ese corazón que no es suyo.

Y Sasuke,...él sí puede mirarla.

Siempre lo ha tenido cerca, piensa. Al espectro de muchos tonos con el que siempre soñó.

Al que juró, un día, descubrir y derrotar ilusamente como parte de un juego infantil en el que un niño derrota y le hace frente al monstruo de sus pesadillas.

Solo que ese monstruo, ese espectro, ese villano del que todos hablan y al que todos temen es también el mismo por el que siente demasiadas cosas.

Es el espectro del que está enamorado.

Y por ello no puede herirla.

Y siente que aquello es algo más que una conexión otorgada o establecida por alguien. Aunque no lo sabe. Quizá sí sea cierto...pero por ahora eso no le interesa. A ninguno de los dos le interesa. Solo están ahí, dentro de un pedazo de mundo al que no quisieron pertenecer en primer lugar pero por el que tampoco vale la pena renegar ahora.

—Sakura —la pelirrosa se estremece pero no voltea, no hasta que él se lo pide—. Mira hacia arriba.

Hacia donde la lámina del techo del vagón está un poco despedazada y no obstruye la vista a las estrellas.

Donde se juntan constelaciones.

Donde se crean los rumores sobre leyendas llenas de amor y a través del tiempo.

Donde están los ojos de él, atravesándose solo un poco para besarle con suavidad la frente y parte del cabello mientras toma su mano en silencio.

A miles de kilómetros tienen que estar lejos del mundo y de las miradas juiciosas para poder estar así. Para Sasuke poder sentir como Sakura tiembla y se estremece estando con él. Ahí, en un pedazo de existencia que, aunque sea por breves momentos, pertenece a ellos dos mientras otro tanto de kilómetros de marea verde y vida salvaje ocurre a un lado.

Pero no importa pues la Luna lo hace todo más lento.

Sakura quiere llorar y Sasuke se lo permite cuando ella abandona la posición en la que está y se sienta solo para ocultar el rostro entre sus manos y permanecer de esa manera un rato. No es un llanto abrumador pero los sollozos son reales e igual de profundos. Nacidos de la desesperación y del miedo.

—No quiero... —Sasuke la siente temblar, a pesar de que solo se encuentra sentado en el asiento contiguo, cuando suelta esas palabras—. No quiero que lo veas...

Sakura siempre le pareció una persona de voluntad fuerte pero incluso ahora es capaz de hacer tal petición como si viviera intoxicada de miedo. Además de mostrarle lo frágil que es. Es como si con él ya no tuviera demasiado miedo de hacerlo. No es una condición auto impuesta por ella misma, únicamente es su impulso.

El impulso de no callarse las cosas, como cualquier otra persona en esta vida pero también el impulso de no mostrarle el verdadero ser horrendo que es por miedo.

—No quiero que veas...que soy un monstruo.

Ahí está de nuevo, soltando las mismas palabras que hace unos días. Minutos antes de que Sakura lo mordiera y todo se supiera. Antes de que ella se sacrificara por él al ser capturada.

Pedirle que deje de pensar así sobre ella misma no es algo que pueda aportar realmente a su sanación. No basta con decirle que no lo es. Que no es nada de eso que ella piensa que sí.

Puede, incluso, que ni siquiera él esté preparado para recibir la mente de Sakura adecuadamente.

Él también tiene miedo.

—Préstame tu mano —y aunque es una petición, toma una de ellas y la lleva hasta su corazón. Ahí donde aletea y se calienta no solo la piel sino todo su interior en tanto siente la suavidad de su piel—. Hay muchas que desconozco igual que tú, y un millón de cosas más a las que le tengo miedo por saber pero solo hay una cosa de la que tengo certeza —aprieta su mano—. Te necesito para poder seguir. No por tu protección o porque crea que mereces un castigo, te necesito por el simple hecho de que no puedo hacer esto solo. Y porque te quiero proteger.

Más allá de las palabras.

Sakura sabe que el mensaje de Sasuke va más allá de la condicionante sobre que ambos se necesitan para poder llevar a cabo el plan propuesto hace unas horas. No es solo por eso. Y ella lo sabe.

Sabe perfectamente que es más que instinto.

Que es más que una promesa.

Qué es más que una condena.

El miedo de Sakura se decanta por él. Por lo que él va a pensar de ella cuando lo vea.

—Eso no va a pasar —le promete de forma inmediata, y a Sakura le asalta la duda de si lo ha dicho por impulso o porque él también comparte de una habilidad especial como Obito. La duda, de todas formas, se desvanece rápido cuando ahora Sasuke toma su otra mano y la une a la otra sobre su pecho, sujetándolas ahí mientras la mira a los ojos—. Te lo dije esa vez ¿no? —sonrisa tan radiante como el Sol...No. No es el Sol, es la Luna. La Luna también puede sonreír de esa forma y también tiene sus medios para calentar su corazón—. Mientras me mires a los ojos nada malo va a pasar. Porque te veré a ti y eso...

—...no me convierte en un monstruo.

—Así es.

Es la primera vez que toman de la mano con tanta libertad, piensa él. Y así, sin ninguna pericia, hay una promesa silenciosa formándose en ambos pares de ojos.

—Es...Umm...Es la primera vez que nos tomamos de la mano ¿no es así? —pasar de la desesperación al llanto y luego a la calma. Sakura no tiene control sobre ella misma cuando se encuentra en un estado tan expuesto y tan vulnerable como en el que se encuentra ahora pero mientras lo mira a los ojos, y él luce como si apenas se diera cuenta de la cercanía con ella y recordara que se pone nervioso estando así, sabe que la respuesta no es ella, sino él.

Es el poder que él tiene sobre ella.

Hinata se lo insinuó un par de veces, acerca de que cada que estaba con él el flujo de sus comentarios, acciones y gestos terminaba tomando un rumbo distinto. Como si por él cambiara de opinión fácilmente.

O puede que solo lo esté imaginando. Puede que solo esté pensando de más las cosas.

—No. La primera fue hace mucho tiempo.

Quisiera que lo viera.

Quisiera que ese fuera el único recuerdo al que él pudiese tener acceso cuando la muerda.

El recuerdo de su diminuta mano envolviendo su anular mientras la nieve cae y el mundo se condena un poco más.

El recuerdo de su cabello desperdigado sobre él, haciéndole cosquillas, provocándole un par de risas como si minutos atrás Sakura no hubiese perdido a una de las personas más importantes de su vida. Aun así con solo verlo a él pudo olvidarse de todo por un momento.

Pudo olvidarse de la culpa y de la ansiedad acondicionando su propio calor y sus propios brazos para envolverlo y sujetarlo mejor.

Nariz con nariz.

Pestañas con pestañas.

Lágrimas acompañadas de sus incomprensibles balbuceos.

Y él continuando sujetando su anular con fuerza como si fuera el destino tocando su puerta. Haya sido destino o no, no le importa más.

—Pero ya no quiero contarlas —dice ella refiriéndose a las veces que quiere tomar o ha tomado su mano.

Frente con frente, nariz con nariz.

Sasuke está frío y a la vez caliente y ella solo está ahí, recordando uno de los buenos hábitos de Mikoto repitiéndolo con él. No sabe ni por qué lo ha recordado ni por qué lo ha hecho, solo ha sentido la necesidad de hacerlo.

De perderse solo un poco en lo que le dicen sus ojos recordando la manera en la que sellaron sus vidas hace mucho tiempo con ese gesto tan instintivo pero a la vez tan tierno y poderoso.

Repitiéndose mentalmente que no es una condición.

Y cuando llega la mañana Obito no se hace el sorprendido de verlos regresar juntos en el instante en que los primeros rayos del Sol se filtran por los bordes de las montañas y estos delinean sus siluetas.

Donde lo hace, sin embargo, es en el momento en el que Sasuke comienza a hablar revelando la condición para aceptar la opción discutida la noche anterior.

—Quiero que me cuentes, y que ella escuche, la verdad sobre mi crecimiento.

Quiere que ella oiga.

Quiere que sea sus ojos.

Sus oídos.

Sus manos.

Y, si se puede, su corazón.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;