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Más brillante que antes
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—Tiene fiebre.
El diagnóstico no sorprende a nadie. Y es entonces cuando la presión ejercida por varios pares de ojos le resulta incómoda. No porque no esté acostumbrado sino porque hace mucho tiempo que no sentía que se le cuestionara su reconocimiento médico.
Igual él tiene la culpa por soltar tan a la ligera algo que es tan obvio con solo observar —por breves segundos— el semblante de ese niño que tiene a un lado.
Con las mejillas sonrojadas y con el pecho subiendo y bajando de manera agitada.
Sí, bueno, ese niño parece que es como una reliquia por la manera en la que todos tienen los ojos como buitres alrededor de él.
No por Konohamaru, desde luego, sino por él. Como si esperaran cualquier movimiento fuera de lo común que pudiese representar un ataque.
—"Hn, como se esperaría de un grupo de soldados de SHINOBI" —dice para sus adentros volviendo su mirada al frente, a donde los labios del niño están entreabiertos igual que sus ojos. Esos que son de un bonito color obsidiana—. "Se parece a Sasuke. Solo un poco"
—¿Eso es todo? ¿Ese es el gran diagnóstico? —la voz aporreada de Deidara posee el tipo de matiz que poseen las personas odiosas pero Jiraiya apenas concede una sonrisa falsa ignorando el irritable cuestionamiento sobre su valoración.
Es cuando lleva su mano a donde descansa la parte superior de la ropa de Konohamaru que finalmente se siente genuinamente sorprendido por la velocidad con la que otra mano —que es incluso el doble de pequeña y delicada que la de él— le detiene con fuerza.
La chica de ojos perla —pues las horas de la noche y las primeras de la mañana no son suficientes para haberse aprendido de memoria los nombres de todos— es ridículamente fuerte. Tanto así como la letalidad con la que lo ven sus ojos, cernidos sobre él.
Y es que el impulso de Hinata, desde siempre, ha sido proteger a ese niño. Iniciando como una obligación pero actualmente como una necesidad ante el cariño que le tiene. Y para nadie es sorpresa que sea Hyuga quien haya detenido la trayectoria de la mano de ese hombre tan pronto ha pretendido alzar la ropa de Konohamaru.
Ha sido un reflejo. Como el de una leona protegiendo a su cachorro.
—Eh…Solo iba a verificar la temperatura de su abdomen —aun si el hombre explica eso Hinata le sostiene la mirada.
—Hyuga —la voz de Sasori, tan diferente a la de Deidara, más impotente y dura, hace que Hinata voltee un poco a mirarlo pero hace que también obtenga la misma sensación de querer oponerse a lo que sea que va a decirle—. Deja que lo revise —dice el pelirrojo aproximándose súbitamente hacia dónde están, luego de estar a varios metros alejados dentro del cuarto donde todos han decidido, unánimemente cabe decir, permanecer en lugar de ocupar el resto de las habitaciones disponible de esa casa a la que los han metido como si fuera una especie de arresto domiciliario—. No lo tocará de más a menos que quiera que le corte el brazo —no hay sonrisa o duda dentro de la seriedad de Sasori pero a este punto Jiraiya solo quiere tomarlo por el cuello y ahorcarlo.
Maldito momento en el que le hubo hecho caso a Kakashi.
Maldita igual su buena voluntad yendo a revisar a uno de esos recién llegados solo porque se trataba de un niño enfermo.
Si bien Konohamaru no luce en lecho de muerte ni nada peligroso, Jiraiya cree que quien corre más peligro ahí es él.
Todos esos ojos sobre él, desde el inicio, le supieron asqueroso.
Pero ahí estaba, concediendo una segunda sonrisa falsa a ese pelirrojo. Kakashi se lo advirtió antes de acceder. Que se cuidara de él y de su lengua afilada. Lo cierto es que Jiraiya tenía demasiada experiencia lidiando con gente así además de que el ambiente entre soldados de SHINOBI no le es nuevo.
No desde que él también perteneció —hace mucho tiempo— a ese mismo régimen.
—Hinata. Sasori. No necesitan intimidar a la gente de ese modo —y luego está esa mujer. Kakashi, quien en todo el rato ha permanecido también ahí solo que de pie y muy apartado del grupo, dirige su mirada hacia ella y Jiraiya capta como si compartieran un poco de compadecimiento. Kurenai se llama, según recuerda—. Él es un niño que hasta hace poco era muy enfermizo —Kurenai dirige sus ojos a Hinata que parece conciliar consigo misma el dejar la tensión para mirarla y asentir—. Creímos que podría estar herido en alguna parte y que fuera la infección lo que causara su fiebre pero… —Jiraiya sonríe un poco.
Bueno, al menos alguien ahí luce como si no quisiera matarlo.
—¿Ya lo han revisado previamente? —dice volviendo a llevar sus manos sobre el menor quien pocas ganas y fuerzas tendría como para evitar que un desconocido lo toque. La única que se estremece, aunque solo un poco debido a la intervención de Kurenai, es Hinata.
—Sí, no tiene heridas de ningún tipo —Jiraiya vuelve sus manos luego de mover su cuerpo un poco e inspeccionarlo, volviendo a tocar su frente e inclinarse sobre él un poco para escuchar su respiración.
—¿Te duele algo? —la pregunta sale automática que Konohamaru apenas y puede negar porque enserio siente que todo le da vueltas—. Bien —hace una pausa antes de añadir finalmente—. Solo es un poco de fiebre ocasionada por estrés. Esto ocurre porque las células del cerebro reaccionan a las emociones fuertes, estrés…Esto hace que la temperatura del cuerpo aumente —vuelve a colocar su mano sobre la frente del menor y Konohamaru deja salir un suspiro ante la sensación fresca que siente en la piel del adulto desconocido. Hinata lo mira preocupada. Debe sentirse realmente mal como para dejar que un extraño lo toque sin causar revuelo—. ¿Puedes sentarte o necesitas ayuda? —aun sabiendo que la señorita Hyuga está más que dispuesta a ayudarle, Konohamaru asiente como todo un adulto, sentándose para luego sentir escalofríos en cuanto el hombre le coloca el estetoscopio sobre los pulmones—. Sus latidos cardíacos han aumentado pero se debe a lo mismo.
—No me sorprende. Aún es muy joven y ha estado sometido a muchas emociones fuertes y estrés los últimos días —cuando habla Kakashi, como es de esperarse, Sasori le mira como si el comentario estuviera de más. Sin embargo se contiene de hablar aunque ganas no le faltan.
Si solo han accedido a pedir su ayuda es solo por el niño y porque tiene una promesa que cumplir en tanto Sakura no esté.
Los soldados de SHINOBI, y todo miembro en general, no solamente estaban entrenados en cuanto a combate físico se refiere. No solo ganan resistencia. Desde el inicio son valorados para medir si son aptos y si son plenamente saludables como para soportar los duros entrenamientos y las enfermedades más absurdas que van desde la gripe a un poco de fiebre.
Raro era escuchar sobre algún soldado ausentándose a sus actividades debido a una enfermedad causada por estrés. Por lo general eran tan saludables como un maldito caballo.
—¿No se va a morir entonces? —y, por consiguiente, como la taza de infecciones y de enfermedades era demasiado mínima, cosas como una fiebre manifestada en un niño hacían que personas como Deidara pensaran que estuviera desahuciado. Sí, bueno, Sasori no se fijó en él, cuando lo hizo su subordinado, porque fuera el más brillante.
—Si se muere es probable que sea nuestro fin cuando Lotus se entere —el comentario de Suigetsu, sin embargo, lejos de causar el mismo efecto de siempre, el de amainar el ambiente con su ironía, lo vuelve tenso.
En primer lugar porque aunque el nombre de Sakura ya ha salido de sus labios con anterioridad no pretenden repetirlo con demasiada frecuencia con el fin de que todo lo referente a ella se mantenga solo para ellos.
Entonces ir y decir su nombre —o en este caso su apodo— frente a alguien más implicaba curiosidad. Y la curiosidad a veces no es buena. Que sepan de Sakura no representa nada bueno para ellos. Y tanto Sasori como Hinata prefieren tener ventaja sobre lo que saben de Sasuke en tanto Kakashi y su gente no sepan sobre Sakura.
—Le daré algo para la fiebre —Jiraiya es quien rompe el hielo aunque Sasori no le quita la mirada de encima como si pretendiera ver algún indicio de tensión o nerviosismo de su parte. Un indicador que demuestre que solo está buscando evadir el tema y sepultar sus ganas de preguntar sobre quien es "Lotus"—. No es nada grave así que con algo de reposo estará bien.
No recibe las gracias de nadie salvo de Kurenai pero ciertamente ninguno de los dos los necesita.
Quizá solo Jiraiya necesitaría algo más que un agradecimiento y eso sería que Naruto no se hubiese quedado con ellos tan pronto Kakashi y él salieron de ahí.
—Me pone de nervios que esté cerca de ellos —evidencia finalmente hurgando entre sus cosas, sacando una cajita con un par de pastillas. Y es que aunque han pasado unas cuantas horas de su regreso a Jiraiya no le satisfacería nada más que tener a Naruto de nuevo cerca de él.
Y aunque habían compartido un abrazo afectuoso a su reencuentro, el muchacho al que había visto crecer y al que había ayudado a criar también, se notaba distinto. Y se mostraba especialmente muy atento con uno de esos soldados en específico: con la chica de ojos perla.
—Si escapó junto con ellos debió ser porque estaban con él. No lo habrían dejado ahí si lo consideraran un enemigo —Jiraiya voltea, volviendo sus ojos como pequeñas rendijas de incertidumbre y sospecha—. Lucía especialmente cercano a ellos cuando los encontré. En especial al niño y a la joven de ojos perla —el hombre asiente como si no le quedara más remedio que aceptar eso—. Aunque ahora luce algo apartado de ellos. Quizá se deba a que le pedí que estuviera conmigo durante todo el viaje —luego de eso Kakashi le hace un pequeño resumen de los acontecimientos que sucedieron durante este y de cómo, de un día para otro, el distanciamiento entre ese grupo de forasteros y Naruto se amplificó, y de cómo Naruto lucía particularmente entristecido por eso.
—No sabemos nada de ellos como para confiar —Jiraiya hace una pausa, soltando aire como si lo hubiese retenido durante todo el día, liberando demasiado estrés—. A pesar de que pasé toda la noche de ayer con él no me contó casi nada.
—No lo presiones. No sabemos lo que vivió en Konoha —el hombre le devuelve la mirada de forma punzante.
—Luces demasiado tranquilo aun sabiendo que Sasuke no volvió con él —la mención del azabache, sin embargo, parece atravesar a Kakashi de forma inmediata—. Lo siento. No quise decir…
—No podemos deshacernos de ellos, Jiraiya —a pesar de la sacudida hacia la realidad de saber que mientras más tiempo pasa, Sasuke podría alejarse más, Kakashi parece lidiar al mismo tiempo con el yo que se desespera por ir a buscarlo contra el yo que intenta buscar otras opciones.
Lo de Iruka desde luego que le ha dolido. Pero no puede quedarse sentado y encerrarse en su pérdida cuando se supone que ambos —en algún punto de su vida— juraron buscar un cambio positivo para ese mundo. Quedarse cruzado de brazos implicaría estar rompiendo su promesa. Y aunque es evidente que ninguno de ellos quiere su ayuda —aunque él tampoco se siente particularmente deseoso de darla— no puede evitar pensar que lo que siente Naruto es cimentado por una realidad de la que él es consciente que existe.
Que esos soldados hayan dejado Konoha atrás podría tener muchos significados.
Jiraiya, por ejemplo, pensaría que es una especie de trampa para confundirlos.
Para hacer que sintieran empatía y voluntad de ayudarles por cómo lucen.
Para Kakashi —aunque esa posibilidad tampoco la descartó en su momento— la situación es otra. No habría permitido si quiera que entraran a Rhoda si lo considerara peligroso.
Malos hábitos nunca se olvidan, y uno de sus malos hábitos siempre fue ser demasiado observador y demasiado atento con el comportamiento humano.
Él, Obito, le enseñó a ser así. Lejos de una personalidad dócil como Iruka, Kakashi tuvo que acostumbrarse a vivir siempre alerta desde el día que desertó de Konoha. Y porque también es un desertor es que pudo identificar en cada uno de esos soldados que su convicción era real. Que no había un indicativo de trampa detrás de cada uno de sus ojos.
En especial en los ojos de ese chico, tan diferente a Sasuke pero a la vez tan parecido: Sasori.
Sasori e Iruka. Sasori viviendo su duelo por la pérdida de su mentor.
No lo culpa, y quizá es por eso que le concede lo que le pide a pesar de la forma en la que se lo pide.
Medir hasta donde está su voluntad y su sinceridad a pesar de su alterable temperamento.
Y porque verlo es como ver a Sasuke.
Le recuerda a él.
Y luego están sus propias indagaciones. Sus propias hipótesis. Su propio instinto de curiosidad por saber qué los obligó a todos ellos a desertar. Qué sucedió allá adentro. Qué hizo que Sasuke y Naruto se aliaran a ellos; y, por supuesto, quien era la persona con la que Sasuke se encontraba ahora.
Iruka había omitido demasiados detalles en esas cartas, al parecer.
—Lotus —cuando pronuncia su nombre, sin ningún contexto, Jiraiya sabe que se ha tomado ese tiempo en silencio para pensar demasiado—. Es el apodo de la persona que está con él —Jiraiya no le pregunta cuánto tiempo le tomó deducir eso aunque es evidente que aunque Kakashi siempre esté la mayor parte del tiempo demasiado callado, no es porque pierda el tiempo en hacer absolutamente nada—. Y también está el niño.
—Iruka y tú compartían cartas. ¿Nunca te mencionó de ellos? —Kakashi niega. Es obvio que durante todos estos años, luego de que desertara, mucha más gente debió unirse a SHINOBI. Al único que recuerda, y eso es decir mucho, es a Sasori. Y a Kurenai, aunque a ella la veía de vez en cuando ya que pertenecía a otra sede y solo iba al Cuartel por cortas temporadas—. ¿Entonces cómo sabes que no te mintió en todo lo que te decía? —el hombre del parche concede una risita con desgastada ironía—. ¿Qué?
—Iruka nunca fue de los que mentían. Él no.
—Tu tampoco. Y ahí está la razón por la que Sasuke huyó y terminamos así —La tercer promesa: Nunca mentirle—. Pero lo hiciste para protegerlo —la imagen de Sasori viene a su mente, y detrás de ese recuerdo vienen un par más. Iruka siempre apegado a ese niño. Siempre buscando la manera de sorprenderlo. Siempre haciendo espacio luego de sus agotados entrenamientos solo para ir a verlo—. Cuando quieres proteger a alguien haces lo que sea. Incluso mentir—. Si bien la intención de Jiraiya no es pretender manipular a Kakashi de ningún modo, sus comentarios son acertados. Y porque lo son generan dudas—. Solo digo que no hay que confiar demasiado en ellos. Cada quien ve por sus intereses. Y nuestra prioridad es Sasuke ahora. Nada más.
—Lo sé.
Volverlo a ver.
Recuperarlo.
Pedirle perdón.
Y de paso decirle la verdad de todo. La verdad de su condición, de su naturaleza, la verdad del por qué mintió y por qué Obito prefirió alejarse antes de que se generaran más recuerdos sobre él. Recuerdos que no se pudieran borrar.
—Como sea… —leyendo cuidadosamente el rostro de Kakashi desde hace mucho tiempo, Jiraiya sabe en qué momento detenerse; y tal vez aún no sea momento de afrontar ese tema. Ese tema que es tan de Kakashi como de Obito, como ahora lo es de Sasuke. "Ya llegará el día elegido", se dice mentalmente antes de tomar otro rumbo en la conversación. Uno que, también definitivamente, les es importante entender—. No creo que ésta haya sido tu idea más brillante. El permitirles quedarse en el mismo sitio—dice haciendo referencia a que son como una especie de manada a pesar de tener más espacio en donde acomodarse y también a la decisión de Kakashi por conceder tal cosa—. Debiste separarlos.
—No son prisioneros —recalca el hombre, acercándose al mesón de metal dentro del espacio dónde pasa más tiempo Jiraiya. Una especie de laboratorio adaptado para él a su vez que luce como un consultorio—. No puedo tratarlos como tal. Se lo prometí a Iruka.
—Iruka está muerto, Kakashi —la acidez y el poco tacto con el que lo dice no le sorprende. Con los años se ha dado cuenta que el carácter de una persona se moldea dependiendo de qué cosas ve o cuánto pierde. Y Jiraiya ha perdido muchas cosas. Entre ellas el ser algo considerado—. Esto no es un refugio. Y ellos vienen de Konoha.
—¿Crees que les habría permitido venir conmigo si los considerara peligrosos? —de nuevo su postura rígida. Y de nuevo los pensamientos de que él más que nadie sabe que podría ser contraproducente, pero no es tan estúpido como para no notar quién miente y quien no—. Por ahora los vigilaremos. Su destino es Suna por lo que oí, debemos averiguar por qué. Además… —el sonido de sus dedos golpeando la mesa se detiene—. Uno de ellos está con Sasuke.
—Eso luce como un secuestro.
—Si fuera algo de vida o muerte Naruto no estaría tan tranquilo —Jiraiya suspira, colocando sus manos en la cintura—. Aunque creo que preguntarle solo sería presionarlo. Debemos esperar a que él nos dé más información —sin más que agregar a ese tema Kakashi aborda otro finalmente—. ¿Qué opinas del niño? ¿Ves algo anormal en él?
—Si la cicatriz que tiene en el pecho te parece normal entonces no. Todo en orden.
—¿Cicatriz?
—Sí, a la altura del corazón —Jiraiya hace un gesto con la mano sobre su pecho, dibujando la forma y la longitud en el aire de la cicatriz—. La chica de ojos perla casi me arranca el brazo por tocarlo —Kakashi lleva un dedo a la boca, mordiéndolo. Gesto típico de él cuando piensa en algo a profundidad, incluso si su boca también la cubre ese pedazo de tela que siempre porta.
—¿Y tú diagnóstico?
—¿Cómo médico? Lo que dije. Es solo es estrés. Se recuperará con reposo.
—¿Y la cicatriz? —Jiraiya tuerce una mueca parecida a una sonrisa socarrona.
—¿Cómo médico también?
—Como médico de SHINOBI.
¿Hace cuánto que dejó ese emblema atrás? ¿Tendría el mismo tiempo en el que perdió a todo su escuadrón y no pudo hacer nada por ellos? ¿O fue desde antes? ¿Desde que él, uno de sus amigos más cercanos, decidió pervertir sus nobles propósitos con unos más retorcidos?
¿O fue cuando ella también le dio la espalda?
Orochimaru y…Tsunade.
—¿Les dijiste sobre mí? —la mirada que ahora le dedica a Kakashi ¿pertenecería, un día, a Naruto el día que se entere? Tal como sucedió con Sasuke con respecto a Kakashi. ¿Naruto lo miraría de esa forma? ¿Le rechazaría?
Un ex soldado siempre será un ex soldado, incluso si el rango se desprende, lo aprendido, los hábitos, esos no se irán. Es algo como un código de barras. Algo que se queda en ti.
Para la gente de Rhoda Jiraiya puede ser muchas cosas.
Un ebrio pervertido a la vez que un médico esencial. Pero nada más. Y él nunca pensaría volver a ser en "ese algo más". Por eso él también huyó. Por eso y porque parte de que el mundo esté como esté es su culpa. Por no haber detenido a tiempo la causa. Por permitir que la consecuencia fuera devastadora.
Kakashi lo sabe.
Que Jiraiya representa muchas cosas. Sus conocimientos van más allá de lo ordinario, y quizá por eso es su personalidad tan desconfiada con los extraños a veces. La vez en la que confió en alguien, en sus dos personas más queridas, él terminó solo.
Y el virus se propagó.
Y todo se perdió.
Nada por lo que luchó sirvió de algo al final.
Solo crearon un virus destructor.
—No tengo motivos para hacerlo ¿o sí?—cuando Kakashi vuelve a hablar el semblante de Jiraiya todavía sigue serio pero empañado un poco de un tormento que siempre ha existido—. Así como tú no deberías tener motivos para preocuparte por eso.
—Ya veo que los hábitos de un ex soldado son demasiado arraigados —dice, punzante. El comentario de Kakashi ha cumplido más que bien su propósito incluso si ha sido cuidadoso de camuflar el sentido de la intimidación con una falsa condescendencia. Como si le dijera que, de existir motivos, lo haría.
—¿Y tú, Jiraiya? ¿Cortaste el cordón umbilical adecuadamente? —y la forma en la que le contesta demuestra que, aunque su rango, de seguir haciendo uso de él, pondría a Jiraiya por encima de él, Kakashi no teme una confrontación.
No las teme, solo las espera con paciencia.
Y no teme decir las cosas como son.
De Iruka ha escuchado mucho sobre él pues si bien ambos pertenecieron a SHINOBI —Jiraiya y Kakashi—, habían pisado esas tierras en distintos tiempos. De él ha escuchado muchas cosas buenas. Del tipo de cosas que uno ya no oye. Del tipo de cosas por las que uno se debilitaría en algún momento.
Demasiado noble.
Demasiado correcto.
Y luego viene Kakashi…Ese hombre listo.
Porque es tan leal como letal. Intuitivo y razonable a la vez de intimidante. Tan ponzoñoso como curativo. Una dualidad constante.
Por eso Kakashi es como una Torre. Una de las primeras cosas que uno ve cuando intenta acercarse y atentar contra un castillo son sus murallas y torres. Es lo que protege algo muy valioso en su interior.
Por eso Jiraiya lo sigue.
Y porque sus ideales podrían ser similares.
Porque podrían encontrar una manera de corregir todo.
Y porque Sasuke podría ser la solución.
Desde luego que Jiraiya nunca buscó encariñarse con alguien más a partir de lo de Orochimaru y Tsunade. Incluso con Kakashi, aunque llevan una relación cordial y en ocasiones demasiado confianzuda, Jiraiya tiene trazados sus límites. Pero entonces no puede evitar pensar en Naruto. En Naruto y Sasuke, pero principalmente en el rubio.
Cuando tienes algo qué proteger… ¿todas tus murallas se derrumban o se fortalecen?
—Dios. A veces eres repulsivo —Kakashi suelta una risa seca de pronto. Jiraiya tiene demasiado dominados sus emociones, porque es mayor que él además, como para dejarse llevar. Aún así busca desviar el tema o más bien aterrizarlo en el punto anterior antes de sentir que Kakashi, implícitamente, ha querido intimidarlo—. No intentes usar la intimidación conmigo, muchachito —pausa un momento para volver a decir—. La cicatriz del niño no es debido a un accidente. No es una herida ocasionada en batalla. Es un trasplante —Kakashi frunce el ceño, intrigado—. Esa es la primera opinión que puedo darte pero para asegurarnos de ello tendría que examinarlo a fondo. Ya sabes, una muestra de su sangre no me vendría mal tampoco pero dudo que todos sus guardaespaldas me permitan acercarme a él.
—Pensé que los invitarías a tomar el té contigo una tarde en domingo —Jiraiya es quien suelta una carcajada esta vez. El sentido del humor de Kakashi es muy vergonzoso y muy malo—. Averígualo —y luego, súbitamente, está dando órdenes ¿Cómo un hombre puede cambiar de expresión tan rápido? A él se le da muy bien—. Averigua quién es ese niño —el mayor espera a que suelte lo último—. Solo no los intimides. No queremos atemorizarlos, queremos que confíen en nosotros. No buscamos enemigos. Buscamos aliados.
—Lo dices como si no recordaras que yo también fui soldado —el del parche hace una mueca que apenas enmarca la tela que cubre sus mejillas.
—Lo digo por el muchacho. Por Sasori. Él no perderá la oportunidad de atacar si intentas algo extraño o te muestras muy obvio —antes de salir de la habitación, Jiraiya se detiene en la puerta convirtiendo la misión en un alarde del que se quiere jactar incluso hasta el final.
—Descuida. Puedo dominar a las pelirrojas.
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II
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Oír.
Esa fue la opción que Sasuke eligió esta vez a la pregunta de Obito sobre "¿De qué forma quieres saberlo?"
Y, ciertamente, aunque resultaba fascinante poder volverse los ojos de alguien más y ver todo a través de ellos, oír sonidos, percibir aromas y texturas, Sasuke decidió escuchar escucharlo a través de su boca.
No porque supusiera tener miedo el sentir que la impresión que se llevaría al enterarse de la verdad fuese más intimidante y más intensa si lo veía a través de sus memorias. Lo hacía, principalmente, porque lo quería escuchar a él.
Escuchar su relato.
Vivir cada uno de sus gestos.
Vivir el momento exacto en el que Obito tendría que mirarlo a los ojos y decirle "Yo te di mi corazón"
Y que, al hacerlo, el mundo se paralizara.
Y se cuarteara un poco más.
Pero entonces una mano tomaría la suya. Y no permitiría que se desmoronara así como él no permitió que ella lo hiciera hace unos días.
Cuando Sakura toma su mano en el momento justo en que Obito revela tal verdad, el dolor y la sacudida se siente menos. Porque es compartida. Y porque silenciosamente Sakura le está diciendo que va a sostenerlo.
Aun así, aunque es un poco más digerible la noticia, sigue siendo impactante.
—A veces crecías, y a veces no. Y estábamos asustados. Yo estaba asustado —la voz de Obito se convierte en un murmullo, y es como si reviviera ese momento. Ese momento en el que Sasuke cumplió ocho por segunda vez. Mientras los demás niños de la congregación de Rhoda crecían adecuadamente, Sasuke se estancaba.
Lo preocupante vino después.
Después de seis meses de cumplir ocho por segunda vez, salto de ocho a doce.
Un crecimiento acelerado.
—Ambos somos híbridos pero tú no eras como yo. Al tener más parte de Draug tu crecimiento se estancaba en ocasiones pero en otras incrementaba de dos a tres años —la claridad del asunto vino después. Después del hecho por el que Sasuke tuvo la necesidad de sujetarse la cabeza buscando consuelo y un poco de entendimiento—. Naciste sin corazón, Sasuke. Y tu parte Draug te mantuvo con vida todo este tiempo haciéndote prescindir de él. Del mismo modo que un Draug presenta un estado de conservación bastante sólido sin la necesidad de un corazón…del mismo modo pasó contigo.
Una mentira.
Un indicio de que así lo fuera.
Pero mientras más lo veía a él, y más la veía a ella, la verdad solo tomaba más fuerza.
—Es como con Sakura —cuando voltea a verla ella está con la mirada endurecida. No luce sorprendida pero rápidamente luce notablemente contrariada.
—Cuando me preguntaste esa vez…Esa vez que me perdí en la Montaña Negra y me topé contigo —hace una pausa como si supusiera un error. Como si el error lo hubiese cometido ella por no haberse dado cuenta antes o no haberse cuestionado más sobre eso. Sobre el extraño que la refugió y sobre su insistente curiosidad acerca de los híbridos—. Te referías a él —no señala a Sasuke pero queda implícito.
A cerca de conocer a otro como él.
A cerca de reconocer que durante mucho tiempo tuvo miedo del crecimiento acelerado de Sasuke.
Si se estancaba por años para luego dar un salto agresivo en edad…¿Significaría eso que llegado a una edad adulta podría morir con más rapidez? ¿Que envejecería más rápido que él incluso?
El problema no era su naturaleza.
Sasuke se caracterizó por crecer como un niño sano mientras Kakashi y él lo cuidaron. Y siempre destacó de los demás niños de la congregación por ser más rápido, más audaz y más fuerte que ellos. Sanaba en la mitad de tiempo de lo que les tomaba a los demás así como también parecían inmune a las enfermedades comunes como un simple resfriado.
El problema no era él, se repite.
El problema era el tiempo.
—Tenemos que encontrar una manera. Una manera de conservarlo con nosotros mucho más tiempo —diciendo eso rozando su nariz en el olor natural de un niño de seis. Oliendo a leche y galletas pasadas durante la cena. Hundiendo su nariz en la suavidad de su bonito cabello pues antes de dormir el lugar más acogedor para Sasuke siempre era estar en brazos de él o de Kakashi—. Quiero que esté con nosotros más tiempo.
Temiendo al tiempo.
A algo que no se puede detener.
Algo que no se puede tocar.
¿Cómo luchas contra el tiempo?
¿Cuánto tiempo tendría que pasar para que Sasuke se volviera de la misma edad que ellos?
¿Días? ¿Semanas solamente? ¿Suspiros? ¿Qué le dirían cuando comenzara a cuestionarse sobre sí mismo?
¿Cómo le explicarían a los demás la rareza de su crecimiento?
Pero más importante…¿Se detendría algún día este crecimiento acelerado?
Entonces el día llegó.
El día en que Obito se topó a Sakura y una posibilidad de salvarlo también apareció.
Sasuke tendría doce durante ese tiempo, y Sakura catorce.
Así de rápido había alcanzado a una persona que habría nacido en un tiempo distinto a él.
Sakura, por el contrario, recuerda esos días como si hubiesen sucedido ayer. Días después a su primer encuentro con Obito. Sin embargo, ella se enteraría del trato que Sasori tendría con Kurenai sobre acceder a que experimentaran con él durante ese mismo periodo de tiempo. Se enteraría de que estaba siendo sometido a la radiación de células de Draug.
Pero en este entonces ¿Qué podría importarle en pensar en otra cosa que no fuera él?
Si Obito le implantó la duda y le dejó migajas para investigar sobre él, Sakura ignoró eso. Lo ignoró porque en ese entonces estaba más preocupada por Sasori y la gente que era cercana a ella.
Si tan solo…Si tan solo hubiese sido más asertiva, si hubiese insistido más…habría llegado a Sasuke sin demorar tanto. Y todo pudo haber sido de una manera distinta.
Entender que el peso de la realidad parece dominarla en el momento en el que se da cuenta de ello, es una nueva cosa sobre la cual sentirse abrumada. Que mientras ella intentaba persuadir al Canciller, Sasuke, en algún otro lado, en otro tiempo, estaba creciendo a una velocidad de miedo.
—Un año después de mi encuentro con Sakura, te di mi corazón —y Obito creyó que vencería al tiempo. Que estaría dándole la oportunidad a Sasuke de crecer y de vivir una vida tranquila sin importarle si él se lanzaba a una eternidad—. Te lo di porque sabía que solo yo podría hacerlo. Que yo podría resistir y resentir el tiempo. No podía ser nadie más. Cualquier otra persona, un humano ordinario, tendría que morir para dártelo —Obito hace una pausa creyendo que es necesario tomar aire—. Y sabía que tú y yo éramos compatibles así que…
—Así que solo decidiste morir en vida para conservar la mía —pero la forma en la que lo dice, la forma en la que Sasuke aprieta los puños y tuerce la boca, y siente la voz pequeña, no es la de alguien satisfecho—. Yo no te pedí esto. Que sacrificaras tu vida por mí.
—Lo sé, yo lo decidí. Pero no me arrepiento.
Y Sakura tampoco.
Sakura no se arrepiente de que Obito haya tomado esa decisión así como tampoco se arrepiente de haber sido —inconscientemente— el aliciente o el impulso que Obito necesitó para sentirse seguro de que podría llevar a cabo aquella locura.
No se arrepiente ni siquiera ahora que voltea a ver a Sasuke de refilón, viéndolo hacer un gesto descompuestos y afectado a medida que sigue oyendo la verdad. No se arrepiente de haberle dicho a Obito a cerca de como ella pudo congelar su crecimiento. Y de convencerlo que si ella siendo una alterada lo resistía, tanto el dolor como el paso del tiempo, él siendo híbrido lo soportaría de una mejor forma.
Porque desde donde lo mires oír que alguien se saca el corazón para dárselo a alguien más suena risible. Pero para ellos no.
Híbridos y alterados siempre serán una caja de sorpresas. Unos nacidos así, otros construidos así.
Estaban diseñados de forma similar después de todo. Para ser más resistentes a cualquier cosa y para hacer lo imposible, posible.
No se arrepiente, se repite.
Porque de no haberle dicho, de Obito no haber hecho tantas preguntas y de ella no haber presentado la disposición para responder, el futuro de Sasuke sería incierto.
—No me arrepiento si con eso pude prolongar tu vida.
Prolongarla, dice.
Ojalá prolongar fuera sinónimo de tener una vida tranquila. O una vida feliz. Pero lo cierto es que Sasuke poco ha tenido de eso.
No tendría que estar culpándolo.
A Obito, se refiere.
Al final ha sido decisión de él pero, Dios, todo eso se siente terriblemente mal. ¡A él le sienta terrible mal saber que debido a que Obito quiso protegerlo terminó así! ¡Ahora entiende por qué es que nunca pudo recordar correctamente sus doce primeros años de vida!
No hace falta ni que se lo pregunte. Obito fue quien alteró sus recuerdos y, posiblemente, también pudo haber borrado sus recuerdos a cerca de él.
Pero…Entonces…Si todo fue así, ¿dónde queda Kakashi?
—Él lo sabe —Dios. No. ¿Está diciéndole que ese hombre le mintió, descaradamente, todavía más? Tan desorientado se siente que no nota que está siendo como un libro en blanco ahora, y que todas sus dudas las está exponiendo ante él y que, por supuesto, Obito tiene acceso directo a su mente—. Él sabe todo sobre mí —Sasuke sacude la cabeza. Claro, los estúpidos recuerdos de Obito que tiene sobre él y que vio hace unas horas—. Tu particularidad pudo ser ocultada los primeros años de tu vida. Los niños a veces suelen ser pequeños a cierta edad así que no era un verdadero problema.
—El problema sería cuando creciera y todos lo comenzaran a notar más —Sasuke voltea a ver a Sakura como si estuviese viendo una alucinación. ¿Por qué se siente como si se hubiera unido al argumento de Obito y solo hubiese abierto la boca para reforzar lo que dice? ¿No ve que enserio todo esto es demasiado para él?
Pero no la juzga.
Ellos están viendo toda esa situación con la perspectiva de sus propios ojos. Sasuke tendría que verse en la necesidad de hacer lo que Obito hizo si estuviera en una situación así.
Y quizá lo entendería.
Pero la verdad es que ahora no quiere entender nada.
Si creía que ya era lo suficientemente raro parecía que estaba equivocado.
—Tu creciste —dice Obito a Sakura, y Sasuke agradece, solo un poquito, que ahora estén a punto de hablar de otra cosa que no sea él. Todo este tema está mareándolo demasiado—. Cuando te vi por primera vez te veías más joven. Y me dijiste a cerca de tu edad congelada.
De la serenidad Sakura pasa rápido a una ensombrecida amargura.
—Decidí crecer.
Y a partir de ahí decidió mentir. Decidió herir a mucha gente, una vez más, comenzando por Sasori. No tendría caso seguir prologando la eternidad mientras lo viera crecer a él, se había dicho aquella vez. Mientras se asegurara de que el Canciller no lo tocara nuevamente. Y a cambio ella decidió mentir mucho, y ser su soldado más fiel.
Cuando Sasuke voltea a verla puede ver que no hay arrepentimiento en sus ojos, y puede imaginarse —aunque ella no se lo diga ni lo mencione— sobre qué es en lo que está pensando.
Pero solo se queda en eso.
En una suposición.
En eso y en el relato que Hinata le hubo contado acerca de la Sakura del pasado.
Pero oírlo de alguien más no es lo mismo que oírlo de la persona correcta. De la persona que lo vivió en carne propia. Y aquella sensación, justo ahora, se le antoja con demasiada fuerza, haciendo que el objetivo principal por el que se han reunido y han tenido esa charla se fortalezca.
El plan inicial.
El plan que, aún ahora, Sakura sigue dubitativa a ejecutar.
Sasuke lo sabe con solo verla a los ojos. No está segura. Si bien no está oponiéndose ni lanzando gritos ni vociferaciones, el hecho de que haya permanecido —casi la mayoría del tiempo— callada y solo oyendo, le deja intranquilo. Incluso cuando ya ha amanecido y no han dormido nada, Sasuke se niega a a abandonarla cuando la ve cabecear un poco.
No son de batería infinita. Si bien tienen más resistencia que cualquier otra persona común, Sakura sigue en medio de un duelo que continúa dejándola exhausta.
—No tienes que quedarte a ver cómo duermo —Sasuke distiende una mueca haciendo el gesto de acomodar un par de cajas para sentarse a un lado del catre que insistentemente le ha dicho a Sakura que use—. De hecho ni siquiera tengo sueño —pero bosteza. Y Sasuke suelta una risita que a Sakura le entibia el corazón y le hace sentirse estúpida porque al parecer la ha atrapado con las manos en la masa. Como si fuera un momento divertido en medio de toda esa contradicción mental y todo los problemas que se les vienen encima—. Deja de reírte —y aunque ha sido una orden, se oye más como una solicitud. Una suave solicitud.
—Lo siento —Sasuke hace una pausa prolongada. No porque el ambiente esté tenso entre ellos, que debería, sino porque ahora con toda esa nueva información a cerca de él quisiera escuchar la opinión de ella—. ¿Estarás bien? —dice, atento a los cambios en los gestos que hace Sakura, que ahora son más comunes y frecuentes. Sigue siendo una figura que impone pero ahora hay algo con las expresiones que hace cuando está con él que han cambiado.
Más delicadas, más dóciles. Incluso más dulces.
—¿Tu estarás bien? —como diciéndole que aunque sabe que se quedará ahí hasta que se duerma, tan pronto se asegure de ello, irá con Obito—. No quiero que estés cerca de él —el azabache hace una mueca divertida.
—No puedo evitarlo —pero a Sakura no le satisface esa respuesta. Si bien ha comprendido un poco más todo el asunto del pasado de Sasuke y de qué manera Obito está ligado a él, sigue sin sentirse segura de dejarlo pasar tiempo a su lado.
Es algo más que simple compromiso.
Sakura, inconscientemente, se está encaprichando con él.
Comenzó desde antes. En el Cuartel Sasuke era un entrometido solo porque sí. Y eso, lejos de molestarla lo suficiente, le agradaba. Le agradaba saber que siempre estaba cerca.
Ahora, que gozan por breves momentos de esa libertad condicionada, se siente más encandilada con él que antes.
—Sigue sin agradarme la idea de todas formas.
—¿Estás celosa? —contrariamente a la respuesta que espera, Sakura solo eleva las cejas como si no temiera responder a eso. Como si a veces se le olvidara sentirse avergonzada. Al contrario, el avergonzado es él cuando resulta que Sakura está más segura de sí misma y de lo que ella significa para él cuando saca una de las manos de la sábana que la cubre y la extiende hacia la suya. Mano que de inmediato es tomada y aceptada por él.
—¿De él? Ni un poco —un nuevo bostezo y los párpados parecen querer ceder—. Nadie puede ocupar mi lugar.
Esa seguridad no proviene de su antigua personalidad. No proviene de algo como el cinismo o los modos con los que la criaron para ser quien actualmente es.
Proviene de la seguridad de su convivencia.
Y de su sinceridad.
De su corazón.
Sasuke lo siente cuando ella aprieta su mano y se queda ahí, dormida, porque sabe que él no va a soltarla.
Y porque Sasuke es el que se siente abochornado de pronto por la súbita conversación que acaban de tener. Tan corta como un suspiro de nuevo pero que poco a poco toman más fuerza a medida que permanecen juntos.
Levanta su mano, llevándola a sus labios, depositando un beso ahí. Un beso del que Sakura es consciente más no hace intento por apartarlo o negarse a sentir la frialdad que dejan los labios de Sasuke sobre su mano caliente.
Refrescándola.
—Ni nadie puede ocupar el mío en tu corazón —dice él, antes de salir, a la nada.
¿Es demasiado pensar que Sakura siente lo mismo que él?
Eso que se ha ido alimentando como una hoguera aumenta sus llamas si le lanzas más leña.
Sakura no ha hecho algo excepcionalmente romántico o ha dado algún indicio de que le guste pero…¿Cómo podría no voltear a mirarla una última vez más viéndola dormir como un bebé? ¿Cómo no podría sentir que el corazón que tiene se calienta cuando la ve respirar tan tranquila, sin pensar en lo que sucede alrededor?
¿Cómo podría no sentir algo como amor cada que ella toma la iniciativa de tomar su mano y suelta ese tipo de cosas a pesar de que no son presuntuosas a darle una idea equivocada?
¿Es porque es más idiota?
¿Por qué aún conserva algo de inocencia y esperanza de que algo suceda entre ellos?
En realidad no se comporta así con ella para esperar recibir algo a cambio. Lo hace por el gusto de hacerlo. Y porque genuinamente se siente atraído por ella. Una atracción que no es física solamente. Desde el día en que Hinata le confrontó diciendo que le gustaba, y él aceptándolo sin saber en lo que todo se convertiría eso en cuestión de días, el sentimiento que inicialmente comenzó a sentir por ella ha evolucionado.
Y ahora se siente encaprichado.
Porque quisiera olvidarse de todo, olvidarse quién es él y quien es ella, y solamente quedarse ahí y hacerse de la supuesta vida que Obito siempre quiso para él.
No pensar en nadie y solo quedarse ahí, los dos juntos. Viviendo una vida sencilla.
Hacer una apuesta ciega esperando a ver qué les tiene deparado la vida.
Pero no puede hacerlo.
A pesar de que quiere robarse a Sakura del resto del mundo, de ocultarla para que nadie la lastime nuevamente, no puede ser egoísta. El mundo la necesita, aunque no sabe si tanto o más de lo que la necesita y la quiere él.
—¿Se durmió?
Cuando llega a la orilla del lago, Obito está ahí como si estuviese seguro de que llegaría. Sasuke no dice nada, solo camina hasta sentarse a su lado y disfrutar, aunque sea un poco, del ruido que hace la corriente. De perderse en ese sonido y escapar de esos pensamientos tan…caprichosos que tiene justo ahora.
Y es que la verdad nunca se interesó en el tipo de vida que quería vivir y si la quería compartir con alguien. En Rhoda ocasionalmente todas las niñas sentían curiosidad por él, y con el tiempo, durante la adolescencia, aquel derroche de atención llegó a fastidiarlo demasiado.
—¿No te gustaría tener una familia?
Familia.
¿Con qué valor Kakashi había soltado esas palabras?
¿Cómo podría pensar en eso si antes no estaba bien consigo mismo?
Ahora, con todo lo que sabe, ni siquiera se siente listo para pensar en el futuro ni en ese tipo de cosas. Pero, cuando las piensa, cuando tiene esos breves momentos de debilidad —o más bien de realidad—, lo único que puede pensar es en Sakura.
Es Sakura como sinónimo de futuro.
Dios…Darse cuenta de que le gustaba, hace semanas, no se sintió así.
Ahora solo quiere ocultar la cabeza entre las piernas y esperar a que el bochorno que siente en las mejillas se calme.
¿Por qué está teniendo este tipo de pensamientos banales en medio de un mundo tan caótico y con todos los problemas que se le vienen encima?
—No es malo que te guste alguien, Sasuke —el azabache levanta la cabeza como un resorte, sintiéndose humillado. ¡Se le olvida que Obito puede leer mentes!—. Aunque tu elección de pareja es…
—¡N-No somos pareja! —pero como le gustaría, piensa. Y cuando Obito suelta una risita Sasuke sabe que de nuevo ha leído su mente. Y se siente morir—. ¡Deja de meterte en mi mente! ¡No es divertido!
—Perdón. Es solo que hace años que no te veo y… —suspira. Sí, quizá se está tomando demasiadas libertades y debería respetar su privacidad. Pero Obito quiere saberlo todo de él. Quiere saber todo lo que se perdió del crecimiento de Sasuke luego de desaparecer de su vida. Verlo ya como un joven adulto le llena tanto de ansiedad como de curiosidad—. Sí, tienes razón. Ya no lo haré más —Sasuke hace una mueca en respuesta. De esas que son más un puchero que un verdadero disgusto.
Obito no puede dejar de sentirse ligeramente feliz. Por tenerlo cerca y por ser capaz de hacer una comparativa mental del gesto que Sasuke hace ahora con el que guarda en su memoria a cerca de un niño de seis años.
Si Sasuke tuviera la capacidad de emplear sus habilidades como él se daría cuenta de inmediato.
Pero incluso para que eso suceda es posible que falte demasiado.
No pueden empezar a correr si apenas están gateando.
Y Sasuke lo sabe más que nadie.
Por eso, aunque no ha presionado demasiado a Sakura con el tema, es algo que deben de decidir con la mayor prontitud posible.
Y porque ahora Obito evidencie sus deseos de un futuro donde se ve a sí mismo tomado de la mano de ella solo ha hecho desearlo con más ganas.
Lo quiere.
Quiere intentarlo.
Quiere luchar por ese futuro, incluso si solo son cuentos de hadas.
Pero para hacerlo primero necesitan solucionar el problema que tiene en frente. Hacer lo que planean hacer. Ver otra parte del rompecabezas de la verdad a través de los ojos de Sakura. Por eso están ahí. Por eso es que decidieron sincerarse primero aquél secreto sobre él antes de avanzar por el terreno quejumbroso que se les planta enfrente.
A Sasuke todo el sueño se le espanta. Y aunque deja un poco de lado el tema de él y de Sakura, pronto consigue encender el entusiasmo cuando está con él. Con Obito.
—Alcancé a Sakura en la mitad de tiempo debido a mi crecimiento —Sí. Aquello ya lo habían hablado pero no lo habían hecho con tal precisión. Una precisión que solo la ha obtenido porque se ha propuesto hacer un cálculo rápido para llegar a esa conclusión. Además de que Obito se ve particularmente más dispuesto a hablar con él y contarle más cosas cuando están solos, sin la presencia de Sakura cerca.
Cosas que van desde la manera detallada de sus años cumplidos hasta los años repetidos.
Cuántas veces cumplió ocho.
Cuántas veces cumplió doce.
Sasuke luce tan concentrado en dibujar bolitas y palitos, con una ramita sobre la tierra de la orilla del lago, que mientras suma y resta años se ve como un niño hambriento de curiosidad.
—Ella llegó al Cuartel a la edad de catorce años —dice, haciendo uso de toda la información obtenida y retenida desde su primer día en SHINOBI hasta ahora—. ¡¿Eso significa que estuvo ocho años teniendo la misma edad?!
—Algo así. Eso quiere decir que tendría catorce cuando tú eras un recién nacido —eso también lo había deducido Sasuke hace unas horas pero había sido una estimación bastante ambigua y lanzada al aire. Ahora que los números dan y resuelven el problema de la edad de manera precisa, se siente increíblemente diferente.
Dios. Esto es de locos.
—Prácticamente son como un par de ancianos si lo vemos desde la otra perspectiva —el comentario de Obito, lejos de causarle risa, le sabe terriblemente mal a Sasuke. Incluso le da escalofríos—. Tenía catorce también cuando tú alcanzabas los doce. Y en ese entonces ella seguía con el crecimiento estancado, igual que tú. Ella por la ausencia de corazón y tú de manera natural, porque esa era tu particularidad —hace una pausa—. Significaría que actualmente tienen una diferencia de edad de uno a dos años.
Porque crecen.
Ambos ahora lo hacen.
Sasuke porque tiene el corazón de Obito y…
—¿El corazón de quién tiene Sakura?
No lo había pensado.
¿Podrían asumir que es el suyo naturalmente?
"No quiero que lo veas. No quiero que veas que soy un monstruo"
El corazón de su madre, que inicialmente estuvo destinado a él, lo tiene Konohamaru. ¿Entonces, el de quién tiene ella?
Obito había dicho que no se entrometería. Que no seguiría metiéndose a su mente…pero lo hace. Lo hace porque Sasuke hace un gesto demasiado serio y tenso como para quedarse satisfecho con el "No es nada, estoy bien" que le da en cuanto le pregunta qué sucede.
Y así hace suyo un nuevo problema. Una nueva incógnita. Una nueva sospecha.
Así, además, se intensifica su necesidad personal por saber qué guarda la mente de Sakura y por qué es que teme tanto a que se descubra. Por ello, cuando oye un par de pasos a su espalda y la reconoce por el aroma, no distiende la complejidad del asunto. No aminora absolutamente la intensidad ni la presión con la que la ve como si ambos —cada uno con sus propios demonios— no quisieran perder terreno ante el otro.
Y el terreno es Sasuke.
Lo que sí han perdido —por otro lado— es otro día más pero Obito no ha querido insistir solo porque Sasuke parece genuinamente decidido en darle a Sakura su espacio desde la noche anterior en que los vio regresar juntos.
Pero él no está ahí ahora.
Ahora quien descansa es Sasuke y Sakura es quien está de pie.
Y Obito no es Sasuke como para ser condescendiente con nadie a menos que sea él.
Ni siquiera por Sakura que, aunque en su momento uno represento un valioso apoyo para el otro, debido a las circunstancias actuales no puede preocuparse demasiado por ella.
—Parece que no me oye cuando le digo que no se acerque a ti —tan puntual y afilada como siempre, Sakura no refrena sus palabras ni sus pensamientos como si fuera un mal hábito que, finalmente, le agrada no olvidar. Es parte de ella ser así de directa así como es parte de Obito responder de la misma manera.
—No puedes evitarlo y lo sabes —Obito hace una pausa. Porque aunque no le vendría mal confrontarse con alguien pues hace años que no tiene contacto con alguien vivo, aun así se contiene a diferencia de ella—. Enserio, Sakura, ¿Crees que querría que Sasuke la pasara mal de algún modo?
Porque es evidente que una de las principales razones por las que ella no quiere que ellos estén juntos es porque no termina de confiar en alguien que le dijo una verdad a medias. No tendría derecho, en primer lugar, a exigirle a Sasuke que no se acerque a Obito dado que, por las circunstancias, son familia, pero no puede evitar sentirse desconfiada hasta de sí misma.
Ella reconoce que también no es lo mejor para Sasuke. No desde que decidió abandonarlo.
Aun así, está pidiéndole —o más bien exigiendo— que Obito no se acerque a él como si le correspondiera a ella decidir eso.
—Exactamente. No te corresponde. Eso lo decide Sasuke —a diferencia de Sasuke, quien horas atrás se pondría rojo de la vergüenza de verse expuesto ante la habilidad de Obito de leer mentes, Sakura luce rígida. Ni siquiera luce asombrada u ofendida por el hecho de saber que está leyendo la suya—. Ah, dije que no entendía la naturaleza de su relación pero si se trata solo de dependencias, de que lo necesitas solo porque controla tu sed, entonces…
—¿Y quién dice que solo son esos mis motivos?
Pocas cosas podrían tomarlo de forma inesperada. Pocos argumentos podría emplear Sakura para suponer que miente…Pero son tan pocos los mismos que ha dicho ahora con una calma que nunca ha visto en ella, en las pocas veces que se han encontrado, que lo sorprenden.
No es una seriedad que intimida ni que hace retroceder al otro.
Es una templanza que rebosa de una silenciosa sinceridad.
—A él le gustas —dice él a modo de probar algo. Algo que le indique que lo que está pensando sea real. Tan real como la sinceridad con la que Sasuke ha expresado que gusta de Sakura en cada gesto, cada palabra, cada suspiro que suelta cuando está cerca de ella.
¿Alguien como Sakura…sería capaz de sentir algo por alguien de ese modo?
—Lo sé. Él me lo ha confesado—pero a pesar de que lo afirma, no se jacta de ello. No hay burla o algún indicio de que haga de ese hecho obvio un amuleto o su carta dorada para salir de un aprieto cuando lo necesite.
Aquello no tiene sentido.
No para él.
Y es mejor que se lo aclara de una vez.
—Parte de la vida que pensé en darle el día que decidí ofrecerle mi corazón no solo se basaba en hacerlo vivir y ya. O en pretender que nunca peligrara. También incluía el no permitir que nadie le hiciera daño emocionalmente.
—Y el daño emocional crees que se lo ocasiono yo —Obito no responde pero queda implícito. Implícito en la manera en la que la mira. No es la mirada de alguien furioso o la de un dictador, es más bien que lo que dice es cierto. No quiere que dañe a Sasuke incluso si es en un ámbito tan inexplorado como lo es el amor.
Para alguien como ellos, que nacieron sin obtenerlo, pensar en eso es absurdo.
Pero Obito amó a Sasuke desde el momento en el que lo sostuvo entre sus brazos.
Aun así, Obito es consciente de qué tipo de amor es al que se refiere.
El amor hacia alguien más.
Un amor que no es fraternal.
—No sabes nada de mí, Obito.
—Y por lo mismo es que no pretendo decir que eres una mala persona, solo… —sabe que juzgar a alguien solo por el mero hecho de hacerlo está mal. Está mal porque él vivió con eso aun desconociendo su naturaleza. Él más que nadie entiende lo que se siente que te señalen y te hieran con palabras. Que te teman y digas que eres un monstruo y que eres el tipo de pesadilla con la que asustan a los demás niños cuando les cuentan sobre ti a la hora de ir a dormir.
Sakura no significa nada para él pero sabe que juzgarla, teniendo un ligero panorama de su vida y de lo relacionada que estuvo con su hermana, es adelantarse.
—No vine aquí por tu aprobación —Sakura hace una pausa, y aquello ha dejado de lucir como si fuera una discusión o una confrontación de ideales. Ella sabe que tiene los suyas propios así como Obito las propias. De algún modo lo entiende, entiende el motivo que impulsa a Obito decir todas esas cosas haciendo que suenen como una advertencia.
No lo había pensado de ese modo.
En el que no es que él quiera alejar a Sasuke de ella…Es que lo atesora tanto, ahora que lo tiene de vuelta en su vida, que no quiere que nada ni nadie lo lastime.
Así como ella.
—Solo no lo ilusiones, Sakura.
—No lo hago.
Había olvidado por completo lo que se sentía respirar aire del medio día.
Había olvidado por completo lo que se sentía soltar un par de palabras con la seguridad de creer en ellas.
Había olvidado…lo que se sentía pensar en alguien tan ansiosa y apasionadamente.
—¿Qué? —Sakura ladea los labios, y es la primera vez que Obito rediseña su imagen de ella a partir de la sonrisa que le da. Una sonrisa no altanera. No suscitada. Solo…una sonrisa real. Acompañada de los colores de un nuevo atardecer.
Hace solo segundos Obito había creído que Sakura sería el tipo de persona que tomaría los sentimientos de alguien por ella a la ligera.
Ese fue el motivo principal por el que él le ha dicho esas cosas. Entonces ¿por qué…? ¿Por qué está sonriendo?
Ese "No lo hago", ¿a qué se refiere? ¿No lo ilusiona porque sabe que nada será posible entre ellos o le acaba de decir que no son ilusiones lo que le hace creer a Sasuke? ¿Se está refiriendo a qué está tomando enserio sus sentimientos respecto a ella?
¿Qué significaron sus manos unidas de vuelta del andén a media noche?
¿Qué significaron sus manos unidas —también— saliendo del invernadero aquella vez?
¿Qué han significado todos esos besos precipitados que se han dado?
Besos…
Obito parpadea como si una basurilla se le hubiese metido al ojo, desorientándose.
Sabe que está mal meterse a la mente de las personas así como así pero lo de ahora…lo que ha visto a través de su mente, son pensamientos que Sakura le ha permitido ver. ¿Y por eso sonríe? ¿Por qué esa es su forma de decirle que Sasuke no es un juego para ella?¿Que va enserio con él?
—¡Sakura!
—Guarda el secreto —un guiño de ojos, como si fuera cómplice de un secreto poderoso, es todo lo que le dedica antes de voltearse y caminar cuesta arriba desde donde Sasuke desciende sobre la colina, pues seguramente se ha despertado y al no ver a nadie solo ha corrido a buscarlos a ambos.
O a buscarla a ella.
Obito no sabe cómo tomar esa conversación con ella ni tampoco sabe cómo tomar la situación que se vive delante de sus ojos mientras los observa.
Sasuke tan entusiasmado por algo que le muestra en su mano y ella fingiendo o haciendo el esfuerzo por compartir ese instante con él para luego perderse —por breves segundos en los que él continúa parloteando— en cada uno de los gestos que hace.
Y luego solo la ve curvear los labios en algo parecido a una sonrisa. Una sonrisa inesperada que Sasuke recibe y devuelve.
Como si no se sintieran observados por nadie.
Como si el mundo fuera ajeno cuando se miran y se hablan.
Como si Sakura se sintiera solo una chica normal que oye como el otro se vuelve un parlanchín incluso si es sobre un tema que no entiende.
—Hice esto para ti —es lo primero que sale de su boca luego de regresar al andén para aprovechar las últimas horas de luz que les queda de ese segundo día. Sakura reconoce de inmediato el objeto pues no solo se lo ha mostrado hace unos minutos sobre la palma de su mano, sino porque es algo preaciado para ella.
Es un obsequio.
La flor de loto que le dio Konohamaru que, cuando Sasuke ahora lo extiende, está unido a un pedazo de cordón, formando un collar.
Sakura engrandece los ojos. Creyó que lo había perdido durante todo el caos y la situación durante su pelea en la Montaña Negra. Siempre encima sobre la tela de su brazo derecho, lugar donde había designado colocarlo luego del escape de Konoha.
—Está…
—Rota. Sí. Tiene un pétalo partido a la mitad pero…
—Es perfecto así.
Buscar la belleza aun en las cosas imperfectas y rotas. Sakura cree que aun si le falta un pedazo al prendedor, sigue luciendo radiante y hermoso. Es solo una muesca, se dice. Es solo un pedazo que se desprendió pero que, a pesar de no estar, no le roba fuerza ni brillo al resto.
Que ella diga que es perfecto a sus ojos debería significar para Sasuke que entiende la similitud entre el objeto y ella misma.
—¿Te gusta?
—Mucho —acercándose un poco más para sujetar la punta de un pétalo mientras Sasuke sostiene el cordón que lo mantiene suspendido, como si fuera él lo que sostiene a Sakura.
Como si fuera él quien no la deja caer aun desde el más alto desfiladero. Contra viento y marea. Contra fuego y agua.
—Ya que no puede seguir usándose como antes decidí convertirlo en un collar y…
—¿Me lo colocas?
Sasuke contiene el aliento, y torpemente dice que sí.
Y torpemente sus pupilas tiemblan cuando se conectan.
Y torpemente mueve las manos haciendo que choquen entre ellas.
No sabe qué es lo que mira primero. Si su cabello o la manera en la que ella misma lo aparta para descubrir su cuello. O si son sus manos delicadas y largas, o la pulcritud de sus uñas blancas.
No está seguro en qué parte se detiene más a admirarla. Así como no sabe si el calor que siente en las manos es solo cosa suya o se lo está inventando. A pesar de eso, ese momento se siente tan íntimo que quisiera que fuera eterno. Que no se acabara nunca. Que, de ser posible, se quedaran ahí.
Así como ayer mirando las estrellas.
Así como ahora recibiendo el atardecer.
La forma en la que ella respira, la forma en la que parece estremecerse por el roce de su piel fría, la manera en la que su cabello cae de nuevo y oculta el nudo del cordón detrás de su cuello una vez que Sasuke termina de amarrarlo.
Pero, sin duda, la parte que más le fascina es cuando ella se voltea —quedando frente a él— y sujeta entre sus dedos la ahora renovada flor de loto.
—Brilla más que antes —dice ella.
Como si estuvieran conectados a través de los sentimientos depositados dentro de ese obsequio Sasuke reconoce que ese pendiente la representa a ella.
Un poco más rota pero del mismo modo un poco más fuerte.
Incluso si ha perdido su función inicial, Sasuke la ha tomado para convertirla en algo más. En algo que ahora cuelga de su cuello. En algo que seguirá siendo parte de ella.
Quisiera que ella lo viera así.
Que la viera como él la ve.
Que volviera a florecer las veces que ella misma decida hacerlo.
Y realmente no está seguro si Sakura es consciente de la analogía que hace o que nace de todo ese momento, pero él sí.
—Tú también lo haces —mano en la mejilla, corazón agitado.
—¿Eh?
—Tú también brillas más que antes.
Que lo que más brilla en ese momento no es la flor de loto que está suspendida frente a sus ojos.
Es ella.
Siempre ha sido ella.
Sasuke nunca se sintió ansioso por alguien de ese modo. Nunca sintió la necesidad de traspasar las barreras de alguien para entender de qué modo se comporta la gente y hace lo que hace. Así como ella nunca ha sentido eso por alguien. Acostumbrada a solo recibir órdenes y conocedora únicamente del tipo de amor que Mikoto le ofreció hace tanto tiempo, lo que poco a poco va sintiendo por él no sigue ningún orden.
No es algo que tenga algún precedente o algo que pueda asociarse con algo que ya haya sentido con anterioridad.
Pensar en Sasuke de un modo distinto es terreno inexplorado.
Pensar en él del modo en el que una mujer piensa a cerca de un hombre…es complicado.
Pensar que él y ella podría intentar ser algo lo es más.
Y, sin embargo, ella soltó tales palabras delante de Obito.
Por un segundo, solo por un breve segundo, se permitió soñar con algo diferente a pesadillas o escenarios fatalistas. Y es que cada vez que está con él, cada oportunidad que Sasuke tiene para intentar algo por su propio pie, se detiene. Porque es cuidadoso con ella.
¿Cómo podría eso no sentirse especial?
Nunca ha sido tratada con tanto cuidado y tanta delicadeza antes. No de la forma en la que Sasuke la trata.
Podría intentar comparar el hecho más cercano que conoce hasta ahora con los momentos actuales pero con Sasori las circunstancias fueron diferentes. Aún así Sakura no cree que haya sentido algo más por él que se asemejara a lo que siente ahora.
Pero ¿por qué él? ¿Por qué Sasuke?
—Si decido dejarte entrar en mi mente —manos a los costados de la mejilla, y para este momento Sasuke mantiene los ojos casi entrecerrados. Casi siempre el de la iniciativa al contacto físico es él por ello, que Sakura lo haga ahora se siente como si no fuera real—. ¿Qué vas a hacer si luego de eso te quieres alejar de mí?
—Hace tiempo me pediste eso —Sakura concede una risa demasiado corta como para ser considerada una. Es más bien un suspiro lastimoso porque justo ahora realmente no consideraría que se alejara de ella—. Y tampoco obedecí —colocando su mano encima de la de ella, impidiéndole que se aparte—. No necesito sacarte de tu confort, Sakura. Eso es algo que debes decidir tú. Sé que cada que te encuentras en una situación difícil lo primero que haces es alejarte. Esa es tu reacción intuitiva para no herir a los demás pero ¿alguna vez has pensando para ti misma? —Sakura se mantiene en silencio. Lo está oyendo pero lejos de sentirse ofendida, se cierne sobre sus palabras y las analiza con profundidad—. Aunque sé que son en esos momentos más difíciles donde te vuelves mucho más fuerte.
Fuerte.
¿Fuerte en qué sentido?
Los hechos recientes no indican que lo haya sido.
Justamente porque no fue lo suficientemente fuerte es que no ha podido salvar a nadie. ¿Qué fortaleza puede encontrar en todo eso?
—No necesitas borrar lo que eres, Sakura. Lo que has hecho, tus errores o tu pasado, solo…
Pero ella está ansiosa.
O quizá ambos lo están constantemente.
No lo saben pero en lugar de Sakura seguir escuchándolo solo se deja caer en el abismo que son sus oscuros ojos. Nunca ha tenido que rendir cuentas a nadie de lo que hace pero ahora se siente tan temblorosa cuando —por impulso o decisión propia— roza sus labios.
Ha pasado demasiado tiempo oyendo que nunca se ha precipitado a hacer cosas sin antes pensar.
Y ahora está así, no sabiendo si es correcto o incorrecto. No sabiendo absolutamente nada de ese tipo de amor, pero lanzándose de todos modos.
Y cuando él la coge, la sostiene, la atrapa en el aire, es suficiente. Suficiente para ambos.
Ambos…Ambos están ansiosos.
Y puede que su relación sea demasiado ambigua porque nunca han sentido eso por alguien más.
Y porque tienen tanto miedo de hacerse daño el uno al otro.
Pero también porque siente, de manera individual, que ya no pueden vivir sin el otro.
.
.
Continuará.
Notas:
Espero que de esta manera quede más claro el tema de sus edades. Sin embargo, si aún tienen dudas, les invito a pasarse por mi perfil de wattpad. Ahí he subido unas ediciones, una línea del tiempo donde se explicar mucho más claramente qué edad tenían en cada año. Lamentablemente aquí en ff net no se pueden poner imágenes :c
De los tres (Sasori, Sakura y Sasuke), Sasuke es quien más afectada ha tenido la edad por el motivo que ya leyeron arriba. La diferencia con Obito, que también es un híbrido, es que él sí nació como humano por lo que su crecimiento fue normal. A diferencia de Sasuke que nació con más parte Draug, haciendole prescindir de un corazón, provocandole tal alteración.
Espero que no se me confundan tanto.
Es por eso que aunque en capítulos pasados se menciona que tiene "18", en realidad no se confirma porque ese pensamiento corresponde a Hinata y a lo que ella imagina.
Igual aclaro que por eso es que Sasuke, Sakura y Sasori lucen jóvenes a pesar de que, en teoría, son mayores. Sí, muy retorcido, lo sé.
Y pues nada, sé que había dicho que Itachi volvería en este capítulo pero me tomó más de lo planeado explicar esta parte. No quise saltarme ningún detalle. Pero ahora sí en el próximo aparece.
Con respecto a lo de Jiraiya, ¿lo sospechaban?
¡Ah, y tenemos nuevo separador! (Solo en wattpad)
Para aquellas que dijeron que Kakashi representa la Torre del lado del Rey (Sasuke), acertaron uwur
Y sobre Sasuke y Sakura...La verdad es que me gusta escribir muchísimo escenas sobre ellos en este arco. Y ver que poco a poco van renovando su confianza y algo más 3
En fin, espero sus comentarios c:
¡Que estén bien y manténganse saludables!
Romi-out.
