La academia le quedó debiendo muchas cosas en cuanto a formación social.

Se supone, sin embargo, que algo como poseer un alto grado de autocontrol a cerca de las emociones fuertes o sacudidas emocionales ya lo debería tener completamente cubierto.

Son soldados después de todo. Las personalidades dóciles no sirven para ser uno; y aunque han dejado Konoha atrás, sus hábitos siguen siendo cosa de ellos.

Hinata, por ejemplo, siempre fue vista por los demás como alguien que no cumplía con los estrictos estándares para formar parte de SHINOBI. Por donde le mirases su rostro no iba acorde a la palabra soldado.

Pero ahí estaba, siendo el rostro de una de las criminales más buscadas ahora en Konoha, ya no solo porque su vínculo con Sakura puede ser útil de alguna forma si se le captura primero —como una manera de amenazar a Lotus para que se entregue voluntariamente— sino porque también es letal. Hinata Hyuga, quien hubiese mantenido un perfil bajo sin pretensión a destacar en algún rubro demostró, durante el escape asistido a los demás, ser tan fundamental como aquellos que estuvieron afuera luchando.

"A veces las batallas se ganan desde adentro"

Sakura le dijo hace mucho tiempo esas palabras.

Hinata recuerda ese día.

El primer día en el que Sakura le mostró algo de misericordia luego de entrenarla durante todo el día dejándole más heridas de las que podría conseguir luchando contra un Draug. Heridas que luego fueron cuidadas y tratadas con todo el cuidado del mundo por ella misma.

Hinata estuvo en cama durante un par de días con algunos huesos rotos.

Y Sakura estuvo ahí todo ese tiempo.

Recordar algo como eso, ahora, no tiene ningún sentido…O quizá sí. Quizá no puede evitar pensar que se siente comprometida a cuidar ahora de Konohamaru —quien respira con mayor tranquilidad luego de los medicamentos y de un largo periodo de reposo— solo porque cree le debe algo de gratitud a ella.

—Tu sabes que no es así, Hinata —se dice así misma concediendo una mueca apagada para volver la vista a la mano del niño y tomarla con cuidado—. No es como todos piensan.

La única vez que sintió que el mundo la protegía a ella fue en brazos de su padre, hace mucho tiempo. Una vez que esos brazos le faltaron, pasó a sentir la protección de los de su tío. Una vez que los de él corrieron con la misma suerte…estuvieron los de Neji.

—¿Cómo estás? —Hinata no responde porque no sabe qué condiciones y qué mensaje le quiere dejar ahora Neji con esa pregunta. Y porque no entiende qué hace ahí. Así mismo como no entiende qué clase de confabulación del destino es esa al volverlos a juntar. Él no tendría que estar ahí. No tendría que haber hecho lo que hizo sin razón aparente. No tendría que haberlos seguido y escapado con ellos.

Pero está ahí.

Está ahí y no entiende por qué.

Y aunque sería conveniente aclarar lo que se tenga que aclarar a cerca de sus vidas, Hinata no tiene humor para ello ahora. Por eso le permite que esté cerca de ella aunque en realidad le incomode en sobremanera porque no son justamente la imagen de la fraternidad ni mucho menos un par de familiares decentes que solo tuvieron un mal comienzo y ahora quieren retomar el tiempo perdido. Las cosas no son así.

Por eso cuando Neji hace esa pregunta no sabe qué contestar.

—Bien —pero estar bien no es estar feliz. Es un bien a medias. Incompleto. Hecho pedazos.

—Hinata, yo…

—Ahora no —algún mal hábito se le tuvo que haber pegado conviviendo tanto con Sakura, piensa. Aunque sabe que no es así. Realmente no tiene ganas de sumergirse en el pasado ahora y por eso ha respondido eso y de ese modo tan cortante.

Vaya, ahora la entiende. Enserio entiende la renuencia de Sakura por evitar hablar sobre sí misma cada que Hinata intentaba disuadirla. Solo hasta que lo vive en carne propia es que lo siente. Solo hasta que los sentimientos y las emociones la sobrepasan, es que las decisiones se toman.

Hablar con Neji o con quien sea tendría que representar que, por un momento, pueda bajar de esa infinita escalinata, hacia quien sabe dónde, y descansar un momento. Pero no quiere. Siente que si baja un poco la guarda, se desmoronará. Aunque quizá eso sea necesario. Romperse para volver a reconstruirse uno mismo.

—¿Qué es eso?

Pero volviendo al tema central, ¿qué tienen todos por hoy querer interrumpirla? ¿No están siendo demasiado entrometidos o es que es cosa de hombres el no saber leer cuando una mujer quiere estar sola?

Solo tiene que correrlo, así como lo hizo con Neji aunque de una manera no tan cordial debe decir, pero debido a quien se trata esta vez, y que ya conoce el temperamento que ésta persona posee, es que solo voltea el rostro, escondiendo el frasco con el que ha jugueteado toda la mañana entre sus manos.

—Nada.

—Hyuga, si queremos que esto funcione debemos dejar de ocultarnos cosas —como si fuera fácil, piensa. Aunque si lo medita un poco mejor se le hace increíble que alguien como ella y Sasori estén teniendo más conversaciones de lo habitual. Tienen un acuerdo, y están algo así como en una alianza en la que los números no importan pero su presencia sigue sofocando a donde sea que vaya.

No es una convivencia cómoda la que están obligados a tener pero al menos le alivia un poco el pensamiento de que él sea un aliado.

—Es solo un frasco.

—Un frasco con sangre —Hinata se tensa. Lo había escondido con demasiada rapidez, ¿cómo pudo haberlo notado?—. Soy dotado, que no se te olvide —la joven le mira de refilón. No le agrada tener que ser demasiado filosa con las demás personas, su naturaleza de por sí es potencialmente más conciliadora que la de cualquier otro soldado de SHINOBI pero desde que Sakura no está con ellos se siente con la necesidad de adoptar una posición en la que su personalidad dócil se vuelva agresiva.

Bien dicen que este tipo de escenarios ponen a prueba el comportamiento humano.

—Y eso te hace súper rápido para notar las cosas ¿no es así? —aunque no recuerda que también hicieran más sarcástico a una persona.

¿Qué habrá sido? Para Sasori, quien es más fanático de conclusiones simples, todo se debe a que se ha juntado demasiado con Sakura, incluso con Sasuke, para que ahora sea demasiado temperamental y aguda.

—¿De quién es la sangre? —Sasori lo sabe. Pero solo quiere que ella se lo confirme.

No hay necesidad de mentir, al menos no a él, piensa. Hinata ha evaluado cada una de las posibilidades en las que, durante un ataque, ella tenga que dejar a Konohamaru en las manos de alguien más. Y aunque confía en la intuición de la Teniente Yamanaka, hay algo en Sasori que posee un peso mayor en esa balanza de favores.

Si Sakura se lo pidió, si Sakura le pidió protegerlo, lo va a hacer. No duda de su lealtad y no duda de su tenacidad y su fuerza en batalla.

Por eso se lo confía.

Así como Sasuke le confío una promesa sin pies ni cabeza a ella pero que, en ese momento, Hinata recitó y aceptó.

—¿Por qué me das esto?

—Es solo una teoría. En realidad no sé si vaya a ser de ayuda o vaya a hacer servir de algo pero solo es…en caso de que suceda cualquier cosa.

Esas habían sido las palabras de Sasuke para ella.

Como diciéndole que podría ser de utilidad pero ¿Qué podría saber Sasuke que ella estuviese saltándose por alto? Incluso en esa situación en la que solo les restaban segundos antes de salir del refugio de Kurenai y ejecutar el plan para rescatar a Sakura y los demás Fenrir, Sasuke se tomó su tiempo para pedirle aquello aprovechando un momento a solas. No, incluso desde antes, él ya había preparado su sangre para dársela como si fuera un souvenir en una botella.

Hinata tendría que haber puesto un gesto más descompuesto o tildarlo de loco pero sería estúpido de su parte pensar en eso.

No cuando Sasuke y Konohamaru estaban claramente ligados el uno al otro por un corazón que palpita, ahora, dentro del más pequeño.

Sasuke pudo deducir que su sangre era especial en el momento en el que Sakura lo mordió. Así como también pudo deducir, luego de enterarse de la verdad a cerca del corazón de su madre, que el motivo de la mejoría en la salud de Konohamaru se debía a él. A que estaban juntos. A que el corazón de Mikoto se sentía más tranquilo estando con su destino.

Aunque pensar en el corazón como un ser pensante y no como un simple órgano es de locos.

Pero, bueno, están en un mundo de locos justo ahora.

—Me lo dio Sasuke por si sucedía algo con Konohamaru, supongo —volviendo al presente ambos desvían la mirada hacia el pequeño durmiente—. No sé para qué ni cuándo sería una situación idónea para usarlo pero supongo que llegado el momento lo sabré.

—Lo de ahora es solo fiebre, Hyuga. Es un niño después de todo —Hinata lo mira como si el comentario le supiera demasiado obvio, ignorando alguna intención oculta—. Ese niño, aun no defino qué es ni cómo es que ha sobrevivido todo este tiempo pero no es como nosotros. Como Sakura o como yo. Y tampoco es como Sasuke —hace una pausa como si ser consciente de este inesperado gesto empático le supusiera sorpresa también a él—. Pero es fuerte —dice refiriéndose a Konohamaru—. Tú, en cambio…

—Soy débil, ya me lo has dicho. No tienes qué repetirlo.

—Iba a decir que eres humana. Y que eso no es malo, en realidad.

Algo como recibir la condescendencia de alguien no es algo a lo que un soldado esté muy acostumbrado. Y más si viene de una persona como él.

No es la primera vez que siente que sus comentarios, lejos de empequeñecerla, la confortan de alguna extraña forma. Sin embargo no es una sensación comparable a las veces en las que Sakura la elogió. Pero debe admitir que son inesperadas.

Hinata siempre tuvo claro que la cortesía era el nivel más alto que podía exigir —lo más cercano a la amabilidad— de parte de alguien más al dirigirse a ella. De ahí en fuera la cordialidad daba un salto enorme al desprecio. Y en medio no existía nada. No existía fragilidad, ni condescendencia, ni amabilidad. Vivió su adolescencia creyendo eso. Y vivió creyendo que no le importaba.

No mientras tuviera a Sakura y pudiera serle útil. Y pudiera recibir un asentimiento de cabeza o una mueca satisfecha luego de hacer bien su trabajo durante los primeros meses a su cargo.

Cuando Konohamaru llegó a su vida las cosas, lejos de empeorar, mejoraron. Hinata descubrió que podía ser gentil. Que podía ser amable de nuevo. Que podía sentir que no había olvidado todos los buenos sentimientos y valores con los que había sido criada. Y que podía hacer sentir importante a las personas.

Pero en un mundo como el de ahora, uno que te arrebata todo sin pedir permiso, sin esperar que reacciones adecuadamente, donde no existen los amigos pero sí un sinfín de enemigos, recibir comentarios así de una persona como lo es Sasori, es una manifestación de que, quizá, la gente no es del todo cruel.

Una manifestación de que aún existe la bondad.

La compresión.

Incluso si viene de alguien como él.

—Me veo como un bastardo, Hyuga. Y enserio lo soy —Sasori hace una pausa y enserio él mismo no entiende de dónde proviene esa proactividad para hablar demasiado —pero de vez en cuando no lo soy tanto —y entonces ella, lejos de juzgarlo, no lo rechaza del todo. No lo rechaza porque quiere saciar su curiosidad a cerca de él por una parte, y otra porque cuando vuelvan a encontrarse con Sakura, quiere tener una anécdota qué contarle.

De solo imaginarlo la idea se le hace risible.

Pero, más que nada, es la curiosidad. Y el intentar comprender de dónde viene toda esa seguridad.

—Cuando Sakura me contó lo que pasaron juntos se me hacía difícil imaginarte como un niño demasiado alegre —confiesa, y lejos de parecerle ofensivo, Sasori se lo toma bastante bien. Incluso es capaz de hacer gestos demasiado expresivos debajo de toda esa íntegra y firme sobriedad que posee casi siempre—. Lo que Sakura hizo…

—Sé perfectamente lo que hizo —impulsado por la añoranza de una época que no volverá, Sasori siente arder las heridas en su espalda. Para Hinata es claro que lo sabe pero no está segura que él sepa más allá de lo que representan esas cicatrices. Que sepa la verdadera razón de porqué Sakura las dejó ahí. Y aunque sabe que no es deber el aclarar algo que no le corresponde, quiere hacerlo.

—Pero no sabes por qué lo hizo.

¿Cómo no sabría?

¿En verdad lo cree estúpido?

El gesto que Sasori hace a continuación, el de alguien a quien la obviedad de un recuerdo ya no le hace sangrar tanto por dentro, le sobrepasa.

—No necesito imaginarme por qué lo hizo —Así como no necesita que ella abogue por Sakura.

—¿Entonces por qué…?

¿Por qué le siguió el juego?

Todos estos años han sido difíciles pero han sido tan largos como para comprender, luego de haberse acabado las lágrimas de coraje, el por qué Sakura nunca más volvió a acercarse a él.

Solo se convenció de que la decisión que había tomado quizá era la correcta.

Y él solo ayudó a acelerar su propio odio ante su debilidad de no poder exigirle o pedirle una explicación. Porque siempre fue demasiado cobarde. Porque no quiso luchar un poco más o quizá porque era muy pronto para hacerlo.

—Porque creí que eso era lo que Sakura quería, y porque pensé que era demasiado pronto para luchar por algo.

Y porque Sakura estaba tan destruida por ello como él también lo estaba.

—No iban a ser una combinación para nada buena —cuando Hinata suelta su sinceridad Sasori la mira como si el comentario le diera gracia, y ella entiende el doble sentido de sus palabras demasiado tarde—. Tampoco creo que Sasuke sea lo mejor para ella.

—Qué insólita manera de no animar a ninguno de los dos —Hinata ladea una mueca y no puede evitar sentir que la pesadez del ambiente se desvanece como si fuera una pastilla efervescente de tiempo corto ante un comentario que no tenía la intención de hacerlos reír. Y que, aun así, logra sacarles algo de humor.

—Si yo fuera ella no elegiría a ninguno. Ambos son unos idiotas —sentirse a gusto y para nada intimidada por soltar una declaración así ante alguien como él le agrada. Parece ser que, después de todo, no es tan malo bajar la guardia. Porque es como si fuera una realidad el entender que las apariencias pueden engañar. Y es como si necesitara expresarlo y él pareciera que le brinda la oportunidad como si fueran dos amigos de confesiones lejanas. Aunque para Hinata la palabra amigo es muy pronta para ser empleada con él.

Lo que no siente demasiado pronto es que poco a poco su imagen de él parece cambiar.

Quizá sea demasiado estrés o porque finalmente comienza a tomar enserio esa tregua que tienen en la que no solamente uno representa el medio para obtener información del otro.

Es decir, si Sakura pudo adaptarse tanto a Sasori siendo ambos de un temperamento bastante insoportables y opuestos en el pasado, ¿por qué ella no podría?

Los minutos pasan y pronto amanecerá, y la imagen insólita de ellos dos conversando se vuelve un rumor en el aire. Un rumor que Naruto no puede aceptar en tanto los ve. Un nudo en el estómago y la garganta que se le paraliza similar a si le hubiesen dado un golpe y le hubiesen sacado todo el aire.

Porque en un principio no creyó lo que la gente comenzó a murmurar.

Y tampoco lo que sus ojos le hicieron mostrar.

.

II

.

El indefinible escozor que siente cada que la aguja penetra su piel y el líquido comienza a recorrer su torrente ahora es aceptable. La vida que han elegido vivir no es, en esencia, tranquila de ningún modo.

Aun así no comparte el procedimiento al que su compañero se somete desde hace meses. Normalmente Shisui no se sentiría particularmente preocupado de las muecas que hace Itachi pero si volvieran a discutir sobre ese tema seguramente no llegarían a nada como siempre. Reñir con Itachi es como hablarle a una pared.

—Sí que te tomaste tu tiempo para venir a verme. Siempre eres muy puntual.

—Tenía cosas que atender —y con cosas se refiere a recorrer su cuerpo y marcarlo como un maldito perro. Shisui tiene que desviar la mirada y subirse un poco el cuello del uniforme para ocultar las marcas de dientes que tiene en la piel. Aunque el sonrojo es algo que lo traiciona siempre que Itachi se muestra como un desgraciado desvergonzado y suelta comentarios como esos a personas como ella.

—Sí, puedo darme cuenta —cuando la mujer voltea y lo escanea con la mirada, Shisui quiere que lo trague la tierra—. ¿Es que ustedes dos nunca se separan? —pero antes de que pueda añadir un comentario, Itachi se adelanta, desviando el tema aunque no parece que lo haya hecho con esa intención, sino porque realmente está interesado en otra cosa.

—¿Revisaste los archivos? —la pregunta arrastra consigo una expresión que es fácil de adivinar en el gesto de la mujer. A pesar de que Shisui tiene años de conocerla, y de que se le conoce por ser una mujer dura con un humor bastante ácido, hay pocas cosas que en verdad le toman por sorpresa.

Y no es que ésta sea una de ellas, después de todo Itachi y ella comparten demasiada información, desde hace tiempo, como si estuvieran en la banca de un parque y el aire no murmurara. Sino que Shisui conoce a Itachi demasiado bien como para no entender el propósito de cada pregunta que hace y a quién se la hace. El sentido oculto que guardan.

—La memoria está dañada. Debió averiarse por el campo magnético que bordea a Konoha cuando Izumi salió —Sí, bueno, Shisui tiene que darle algo de crédito a la castaña. Porque si bien nadie le pidió que cometiera actos tan imprudentes, que podrían suponer un riesgo para ellos, había obtenido más información de la que esperaban.

Claro, la realidad era ahora que Shisui no creía que la mujer mintiera con respecto a lo dicho anteriormente.

Él mismo reviso el dispositivo de almacenamiento que Izumi le dio a Itachi antes de dárselo a ella. La información estaba dañada. Itachi lo sabía. ¿Por qué habría de dárselo entonces si no había dudas sobre ello? ¿Qué buscaba probar?

—Esa no fue la pregunta que te hice.

—Necesito tiempo.

—No tenemos tiempo, Tsunade.

Es sobre la forma en la que lo dice.

La forma en la que se expresa.

La forma en la que Senju Tsunade, uno de los tres científicos al frente que estuvieron involucrados en la creación del virus que hoy tiene al orden mundial en colapso, maneja los secretos o te hace partícipe de ellos, lo que seguramente Itachi busca analizar de ella.

Razones tendría para ser una pieza más en el tablero, sumisa y obediente ante la lógica de sentir un poco de remordimiento por ello, pero es todo lo contrario.

—Entonces ve y dile a tus especialistas en estas cosas que hagan bien su trabajo. A mi déjame hacer el mío —Tsunade es una mujer madura, para nada se intimidaría por una persona que es más de diez años menor que él. Y aunque pocos en Suna saben a cerca de quien es, pues en su momento los registros sobre ellos tres fueron borrados y destruidos, tampoco le intimida si se llega a saber.

Aunque Shisui opina que es mejor reservarse ese secreto.

No cree que el mundo, a pesar de lo que está atravesando ahora, esté listo para saber.

No en tanto ellos todavía tengan cosas planeadas por hacer.

—Izumi encontró a alguien que podría servirnos para probar el proyecto —pero es ahí donde se tensa. Es ahí donde Itachi la atrapa. A ella y a su indiscutible hambre por seguir probando y avanzando en la ciencia como si revistiera un aliciente falso solo para corregir el error pasado o mejorar algo que dejó inconcluso.

—¿A sí? ¿Quién?

—Alguien de Konoha.

La razón por la que Itachi lleva a Shisui a todos lados consigo no es solo como un adorno, aunque en ocasiones lo parece. A Shisui no le importa. No le importa lo que digan de él ni los rumores que se esparcen como agua.

Que si es la puta de Itachi.

Que si es un ciervo obediente.

En lo de obediente puede que quizá se acerquen pero a Itachi le gusta tener el control absoluto de las personas a base de lo que obtiene de ellas y de lo que puede arrebatarles por medio de amenazas que no lo parecen. Pero para eso es que estudia a la gente. Estudia absolutamente todo. Cómo se mueve, cómo respiran, cómo se comportan.

Shisui lo ha atrapado varias veces con la mirada envenenada de un sentimiento que desconoce. Y se ha atrapado a sí mismo comparándolo con ese hombre.

Con el abuelo de Itachi.

Danzou.

La misma persona que lo torturó a él hace mucho tiempo.

Es irónico que ahora Shisui esté trabajando para su nieto. Y haga más que el trabajo de ser su empleador.

Es costumbre que se pierda en momentos así. Porque es como si Itachi fuera algo así como la única persona capaz de tambalear su mundo a pesar de que Shisui vivió toda su vida para no dejarse atrapar ni intimidar por nadie. Pero hay momentos, como el de ahora, en el que Itachi lo atrapa con las pupilas estremecidas y escarba tan bien dentro suyo que le hace revivir el por qué lo tiene a su lado.

Aunque Shisui tiene que darse crédito también.

Itachi no encontraría a alguien con las habilidades que él tiene en ningún otro lado.

Después de todo por eso lo tiene a él. Por eso lo tomó a él de entre toda la plasta de basura en la que lo encontró hace mucho tiempo. Como un muñeco roto con la lengua amarrada y casi desprendida. Y con rastros de cianuro esparcidos por la boca seguramente por un secreto sepultado, imposibilitado a revelar. Como algo que recoges de la basura porque así fue realmente, Itachi le dio un nuevo propósito. Un nuevo propósito y un nuevo uso a las dominantes habilidades a las que Shisui estuvo sometido a base de tortura en Raíz. En Konoha. Y bajo órdenes de, en ese entonces aun no Canciller, Danzou.

—Tú me perteneces.

En ocasiones se pregunta si está a su lado con un motivo oculto. Lo pensó muchas veces. Lo pensó principalmente el día que Itachi le confió a cerca de él y de su familia, y de cómo acabó esta. La revelación de que ese hombre era su abuelo debió ser suficiente para que en ese momento, atrapado en una vorágine de odio y recelo, acabase con él solo por saber que estaban relacionados.

Lo mordió varias veces. Y le hizo sangrar un poco como si esa cantidad de sangre fuera suficiente para reponer la que él perdió.

Sin embargo, Itachi solo permitió que lo mordiera. Lo mordiera por puro coraje y le repartiera un par de golpes.

Le permitió desahogarse con las piernas desnudas y ensangrentadas, a solo horas de haberlo encontrado en el basurero en ese estado. Como si fuera un perro. Un perro desechable. Un perro al que se le concede el último deseo de descargar su furia contra alguien.

—Tú me perteneces ahora —repitió incansable, esa primera vez, aceptando cada herida propiciada por él. Y Shisui solo lloró. Lloró, por primera vez, frente a un hombre luego de dejarle el rostro completamente hinchado por los golpes. Y dejó escapar su fragilidad también por primera vez.

Decir que Itachi se aprovechó de la misma ese día sería un argumento bastante lógico. Porque luego de eso le dio protección. Porque le brindó su ayuda. Porque dejó que le hiriera la piel como si el precursor de su desgracia fuera él solo por llevar la sangre de ese hombre.

—Me perteneces.

—Te pertenezco— y esa sería la respuesta que Shisui daría noches después. Como un dócil amante sin nombre. Rebosante de un placer que jamás hubiese pensado sentir de la mano de un hombre. Esa sería su promesa y el inicio de su relación dependiente y enferma.

Y a él no le importaría.

No le importaría con tal de otorgarle su obediencia.

Shisui sabe que rememorar el inicio de su vida atada a la suya no es como las historias de los romances trágicos. En ellos no hay romance aunque Shisui de vez en cuando sienta que el corazón le pesa por un sentimiento que no debería alimentar porque sabe que no obtendrá nada del otro. Aun así son conscientes y adultos como para no darse cuenta de los hilos torcidos de esa relación. Él principalmente sabe del dolor y lo que implica estar comiendo de la mano de alguien a quien le juras lealtad y devoción por las razones que sean.

En Konoha, después de todo, fue entrenado para matar. Para que nada doliera. Para no sentir absolutamente nada por nada ni por nadie. Pero sobre todo para obedecer a un superior.

—Pero entonces vienes tú y sacudes mi mundo, otra vez —diría Shisui, una de tantas noches, sobre sus piernas, balanceándose, recibiendo una mordida en el labio y otra en el hombro mezclado con una estocada profunda, comenzando a temblar y sangrar.

—No te veo quejándote jamás —y luego Itachi respondería así, embriagado, o más bien envenenado, de él. Y Shisui le concedería todo. Le diría que sí porque ya no habría cabida para pensamientos más pesados en ese momento porque lo único que le pesaría sería el placer que le da.

Uñas marcadas en la espalda.

Y ojos como los de un cuervo a punto de comerse las cuencas del otro.

Como dos animales en celo, sin sentir algo más que la necesidad de un deseo ancestral.

Ese nuevo estanque, esa nueva luz, ese nuevo propósito es el por qué Shisui sigue con él a pesar de todo. Y porque su corazón ha elegido a alguien como él a pesar de lo incorrecto que es.

Y porque no le importa perderse en el pasado de vez en cuando, como ahora, es que le resulta más fácil liberar sus tensiones y hacer mejor su trabajo. Para él siempre ha sido fácil analizar las emociones de las personas, de pasearse sobre ellas y desfragmentar las capas que las componen buscando alguna debilidad porque conoce y acepta las suyas. Aceptar que está enamorado de un loco como lo es Itachi, bueno, dice mucho de él. Comprometer a la gente a dar algo solo para obtener un bien mayor a cambio de lo que la gente atesora o de lo que las ata.

Por eso es que no le sorprende la reacción tan agresiva que tiene Tsunade, ahora, ante la mención de Konoha.

Porque así como él, parece que ella no ha aprendido a dominar los fantasmas que la aquejan y dejar el pasado atrás.

—Yo no me relaciono más con esa gente.

—Y por eso estas en Suna, Tsunade. Por eso te he concedido todo lo que pides. Y por eso estás bajo mi jurisdicción —Shisui cierra los ojos como si descansara de todos los pensamientos que acaba de tener. Como si realmente tuviera algún poder ocular que al usarlo demasiado tiempo le cansa la vista—. No te pregunté si te agrada la idea. Te estoy diciendo que existe alguien que puede someterse al proyecto de una forma más rápida— para este momento Tsunade deja el escepticismo y parece conceder a su mente un momento de análisis sobre ello.

Sobre el proyecto en el que ella e Itachi han estado trabajando durante meses y un poco más.

Para ninguno de ellos es nuevo el hecho de que para sobrevivir hay que adaptarse, y que en Konoha lo han hecho demasiado bien desde que se crearon aquellas armas híbridas a partir de sangre y tejido de Draug pues lo único que puede penetrar la piel de uno, es uno mismo.

Tsunade mentiría si dijera que no se sintió ligeramente retada en cuanto tuvo una de esas armas en su mesa de trabajo para analizarla por horas durante la noche.

Y que tampoco se sintió motivada a crear algo mejor y más complejo.

Una serie de armas no convencionales mucho más complejas que no cualquier persona pudiese empuñar.

—Las armas de Konoha son eficaces pero tienen cierto límite de fuerza. Estas no lo serán. Estas no las empuñará cualquiera—. Con un exceso de células Draugs usadas para la estructura interna de estas nuevas armas, estas se alimentarían de la energía y fuerza de su usuario, como si fuera una extensión de ellos. Como si tuvieran vida propia—. Pero no podemos excedernos en el suministro de células Draug. Un humano normal no lo soportaría.

—O sea que las armas en realidad serían…

—Draugs.

Cuando Shisui escuchó esa parte hace meses creyó, finalmente, que en verdad estaba delante de una de las mentes más brillantes del mundo, y una de las más perversas. Una de las mentes que fueron capaces de crear el virus incluso si estuviese durmiendo o tomando una taza de té en el jardín por la tarde.

Porque así se veía Tsunade cada que se embarcaba en un tema que le interesaba. Y aunque procedía de un antecedente bastante sombrío y corrompido en su expediente, como lo era el apoyar la creación de un virus destructivo, también nadie podía negar que era una experta en su campo.

Y que si había tenido los conocimientos y el corazón frío para hacer sacrificios a costa de la afamada ciencia y evolución, algo como un simple proyecto de ciencias —porque así lo veía Shisui— no le despeinaría ni le removería la conciencia ahora. O eso era lo que creía.

Porque ahora mientras los oye embarcarse en una discusión, como si lucieran como enemigos pero en un mismo bando, la sensación que le deja Tsunade con todos sus gestos es otra.

Itachi, en cambio, no dista de la vez en la que escuchó, por primera vez, la opción que Tsunade le ofrecía. Incluso ahora, sabiéndose en discrepancia de opiniones con ella, luce como un maldito lunático. Uno que no necesita sonrisas lunáticas, cabe decir, porque con sus ojos oscurecidos basta.

La primera vez que lo vio así debió detenerlo pero lo envolvió tanto en calor y placer —además de en manipulaciones— que ahora se siente incapaz de hacerlo. Además de que porque, secretamente, considera que sus sentimientos por él trascienden a un plano que no puede comprender.

Ahora, sin embargo, no lo puede detener.

Tal como no lo pudo detener cuando Tsunade siguió explicando, sin omitir detalles, las condicionantes de crear dichas armas. En aclararles las ventajas y las complicaciones que esta nueva serie de armas podría ocasionar en sus portadores.

Por lo que ha podido estudiar las armas de Shinobi no son adaptables. Cualquiera puede portarlas pues no representan un riesgo para sus usuarios. La única condicionante sería ser soldados fuertes y habilidosos. Las que Tsunade proponía, por otro parte, eran distintas. Éstas tendrían un núcleo artificial, algo así como un corazón propio, por lo que los requisitos en los portadores tendrían que ser otros. La resistencia de estas personas tendría que ser alta y compatible.

Sería como una bestia intentando dominar a otra bestia.

Pero Tsunade no solo había sido clara en la explicación sino también en sus condiciones personales.

—No experimentaré con ningún humano. Que les quede claro ya.

Razón suficiente por la que Shisui creía que no estaba lista para perdonarse. Porque si bien su propósito al crear el virus de las esporas no era sombrío, los efectos en los que ha repercutido han sido devastadores. Desde luego ella no accedería a consumir más su alma al llegar a cabo un procedimiento de ese tipo. Puede que otros lo hayan hecho después pero ella jamás. Quizá porque, en pequeña proporción y de vez en cuando, le asaltaba la culpa.

La culpa de haber sido parte de algo siniestro.

—Si se intentara en humanos los signos de corrupción se harían visibles a tan solo segundos de inyectarles células Draug. Incluso si es en un porcentaje mínimo. No voy a ser parte de eso jamás.

Con lo que no contaba, y puede que ellos tampoco, era la existencia de los alterados.

Aquellos experimentos favorables que sí se habían logrado adaptar al virus por alguna razón desconocida.

Ellos serían los candidatos apropiados para esto.

—Las células Draugs poseen una alta capacidad evolutiva, es decir, se adaptan a su entorno pero también hacen al portador adaptable. Cuando se creó el virus este fue programado pero en el mundo los primeros avistamientos de estos casos fueron reacciones violentas en animales. Que lo hayan hecho es humanos es…

—Te lo dije, Tsunade. La persona que Izumi encontró es un alterado —pero hoy por hoy a Itachi no le importa si el permiso es consensuado o no. El mundo ya no gira en torno a los deseos de la gente, ni a lo permitido o a lo prohibido.

Tsunade se tensa, de vuelta en la discusión presente, ante la posibilidad de que así sea.

De que existan personas así allá afuera.

Porque de ser real significaría que Danzou cumplió lo que dijo hace tiempo. Significaría que todo por lo que lucharon y se esforzaron Jiraiya y Orochimaru a su lado al final fue tomado por las manos equivocadas. Los Draugs son una cosa junto al virus de las esporas que infecta de forma letal pero natural, someter a humanos a experimentos, sin embargo, es algo que aún no concibe a pesar de que prácticamente ella está haciendo lo mismo con Itachi —incluso si es con las medidas de seguridad adecuadas— y de que viven en un mundo con una constante adaptación para sobrevivir.

Además de que ni siquiera está segura si las condiciones del alterado del que Itachi habla son las mejores. Y ciertamente no quiere averiguarlo aún a pesar de estar tan comprometida con el programa de armas híbridas ahora.

—Puedo enviar por él —Itachi sugiere y Tsunade solo siente que se corrompe un poco más—. ¿Te vas a echar para atrás?

Son ocasiones como ésta en las que Shisui debate demasiado sus pensamientos iniciales sobre las personas. Sobre Tsunade, justamente ahora.

Una mujer tan férrea que es capaz de titubear también.

Lo cierto es que, lo que hizo, es irreparable. Tan irreparable como lo es la muerte y las decisiones que toman las personas todos los días. Y otra cosa que es igual de cierta que la anterior es que él, Shisui, sienta un poco de compasión. No solo por ella, sino por cualquiera.

A pesar de que él tendría que ser el primero en actuar de acuerdo a la frialdad y a la crueldad con la que fue tratado, es como si fuera, incluso ahora, más humano de lo que Itachi se muestra a veces.

De esas veces como ahora que aunque Tsunade está siendo demasiado transparente con su incertidumbre, Itachi no parece para nada suavizado o conmovido por eso.

¿Quién es el león y quien es la oveja entonces?

—Estoy haciendo esto como…—Tsunade carraspea pero Shisui sabe que las palabras le están costando—. Como pago por mis pecados pero…

—Si tanto te afecta usar a un humano entonces prueba conmigo. Sigue haciéndolo conmigo y enfócate en mí. Aumenta la dosis. Haz lo que sea necesario pero dame resultados—el brazo de Itachi extendido por encima de la mesa metálica y con el rostro determinado hacia ella solo hace que a Shisui le lata el corazón más rápido al entender lo que pretende.

—¡Itachi!

La razón por la que el azabache está tan impaciente es porque él es humano.

Y porque una fuerza desesperada, que solo conoce sus motivos internos, lo jala a no esperar más tiempo. A acelerar ese proceso para obtener una ansiada venganza que tiene atorada en el pecho durante años. A Itachi nunca le han importado los sacrificios que hace.

Desde que ella le arrebató todo, si en sus manos estuviera, entregaría su cuerpo a quien fuera, incluso al loco más retorcido, para obtener el poder que desea. El poder que le va a traer paz cuando seas sus propias manos las que rompan el cuello de esa persona.

—Tú no eres un alterado, como les dices. Sabes que lo que te inyecto no es ni una mínima parte de lo que las personas, presuntamente, le hicieron a ese chico en caso de que sí sea ser quien dices que es —al día de hoy Tsunade no ha visto a un alterado con sus propios ojos, y aunque su imagen de ellos no dista mucho de que se vean diferente a un humano normal, sería la primera vez. Lo…sería, ¿no es así?—. Fui clara contigo cuando dije que no experimentaríamos en humanos y…

—No me importa nada de eso —con fuerza vuelve a sacudir su brazo instándola a que tome su jeringa e inyecte a pesar de que ya lo hizo—. ¿Qué esperas?

—Itachi, ¿no la estás oyendo? —cuando Shisui rompe su posición y se acerca a él para tomar su brazo, este lo sacude con brusquedad—. ¡Itachi!

Tsunade calla por un momento mientras lo único que hace es mirar a un Shisui lleno de ansiedad —lejos de la imagen calmada y hasta estoica que siempre da la impresión de tener— preguntándose a dónde es que se ha ido toda esa seriedad de hace un momento. Es como si Itachi fuera lo único que lo alterara. Lo único por lo que podría sentir que el mundo se le acaba. Esa relación basada, según ella, en dependencia tan enferma y mala para ambos pero que sabe que no debe meterse.

—Incluso si lo hago, es arriesgado —interrumpe—. Estas personas que fueron sometidas a las esporas son uno en un millón. No hay garantía de que intentarlo contigo vaya a… —la bandeja de materiales quirúrgicos cae cuando Itachi los empuja. Su cara no se deforma en ira, es más bien una penumbra sometida la que lo envuelve. Más mortal que cualquier gruñido. Incluso el borde de los ojos parece oscurecerse más pero Tsunade está lejos de ceder—. Comportarte como un primitivo no va a convencerme de cometer otro error más. Además, asumo que sabes los riesgos. Podrías morir si aumento la dosis.

—Tendrías que saberlo, Tsunade. Morir es un privilegio en estos días. ¿No eso es lo que enseña Konoha?

No solo Konoha.

Desde hace tiempo que Tsunade siente que su lugar en el infierno está tan reservado pero que lejos de creer que la muerte le va a llegar rápido, será lo contrario. Aunque hay otra cosa de la que también está convencida. Si Itachi es un demonio, ella puede ser el otro.

—Si no vas a hacerlo ¿entonces qué sentido tiene el aceptar lo que te pedí?

Tiene razón, piensa ella.

Pudo simplemente dejar morir esa loca idea en su cabeza y no sugerirle nada. Y al no sugerirle nada no habría aceptado la solicitud de él a cerca de inyectarle, cada cierto tiempo, algo del virus de las esporas dentro solo con la excusa de mejorar su rendimiento.

—Nací bastante sano pero con el tiempo me volví alguien enfermizo. O al menos eso es lo que recuerdo decir a mis padres hace tiempo —fue lo que le dijo a Shisui un par de meses después de estar juntos la primera vez. Sin saber en lo que se convertiría eso después—. Cada cierto tiempo alguien como yo nace.

Alguien…defectuoso.

Itachi le dijo también que desde siempre sintió curiosidad a cerca de esa otra persona susurrada en labios de su madre. A cerca de la persona defectuosa.

—Y cada cierto tiempo alguien como él también nace.

Alguien como el segundo hijo.

Como Sasuke.

Aunque Itachi, en ese entonces, no pudo entender lo duras que eran esas palabras.

Claro que esto era tema desconocido para Tsunade. Ella solo había creído en lo primero. A cerca de la complexión débil de Itachi y de que inyectarle el virus sería una forma para fortalecerlo. Algo a lo que él había accedido. ¿Qué había sido entonces lo que la había impulsado a ella más allá de solo querer ayudarlo? ¿Es que nunca iba a dejar esos malos hábitos? ¿Es que en realidad su naturaleza es así de destructiva como para no detenerse de seguir creando cosas que podrían ser perjudiciales a largo plazo?

¿O era solo porque era científica y su naturaleza era crear cosas sin detenerse?

Haber accedido a la petición de Itachi no la hacía tan diferente a lo que un grupo en particular habían hecho con las demás personas al someterlas a células Draugs. Aunque claro, Itachi aquí estaba de acuerdo, pero seguía siendo lo mismo.

Aun así el ser humano es complejo. Complejo y contradictorio.

—¿Qué por qué acepté? —repite su pregunta antes de contestar, como si aun en el último segundo buscara una respuesta correcta—. Por prevención. En el pasado nada nos preparó para esto —viendo los indicios de Itachi por interrumpir, no lo deja—. Hay demasiado culpables como para enlistarlos. Demasiado involucrados desde los que fuimos creadores del virus hasta los que no hicieron nada para pararlo. Y ahora tú y yo estamos en el mismo barco. Y si he accedido a esto ha sido una parte por ti, y otra para prevenir una futura catástrofe. Una que sea causada, de nuevo, por la intervención del nombre.

—Me temo que eso ya está pasando. —Tsunade le mira, indecisa si añadir algo o solo esperar a que siga hablando para tener más claro lo que dice—. ¿Te crees que yo destinaría recursos a un proyecto que no fuera a ejecutar? Lo hago justamente porque ya está sucediendo.

—¿De qué hablas?

—Muéstrale —Shisui, quien está más rígido que una línea de corriente tensada, se concede unos segundos para sí mismo antes de obedecer. Sincronizando su dispositivo de reconocimiento en el brazo con la pantalla holográfica que rápidamente se visualiza a solo metros de ellos, la secuencia de un video se reproduce.

Gruñidos y golpes, acompañados de lluvia y sofocamiento protagonizan los primeros segundos. No es nada diferente a los videos que recuperan de las cámaras de seguridad de los sectores donde están los límites de Suna, límites que convergen en el punto en el que inicia una capa holográfica que cubre a toda la ciudad haciéndola parecer invisible y sin posibilidad de rastreo. Una tecnología que no posee Konoha, evidentemente.

En donde también, los límites están custodiados día y noche todos los días.

Pero no es lo que ve a simple vista lo que altera a Tsunade.

Es la forma en la que esos Draugs reaccionan y atacan lo que la condicionan a dejar salir su asombro.

—Esos Draugs…

—Hay algo en su patrón de ataque y en su comportamiento que es diferente al resto—basta con solo mirarlos e ignorar el comentario añadido de Shisui para darse cuenta de que lo son—. Se logró capturar uno de ellos en las cercanías. Según los reportes la infección del virus pudo no haber llegado al cerebro por lo que podría justificar su comportamiento tan inusual. Quizá no perdieron la consciencia del todo. Se tiene que esperar el resultado de una autopsia —Shisui hace una pausa como si no estuviera completamente seguro de soltar lo siguiente—. Y hay algo más. Al parecer este nuevo tipo de Draug tiene una especie de protuberancias que los otros no poseen. Una especie de tubos por todo su cuerpo por donde expulsan esporas para infectar a más seres vivos.

Hay demasiados errores en ese argumento, para Tsunade, pero no tiene firmeza para decirlos abiertamente.

Esa lujuria de batalla y sadismo que presencia justo ahora en esas horrorosas imágenes luce más como un vestigio de la personalidad de…un cuerpo original. De un humano sometido aunque su constitución sea grande y totalmente expuesta, como la de un Draug cualquiera. Aun así, aunque a simple vista tiene la constitución de uno hay ciertas fibras musculares de su cuerpo que Tsunade nunca había visto antes en ninguno de los reportes. Como esos tubos que salen de su cuerpo, tal y como Shisui ha mencionado.

Y esa velocidad.

Y esa fuerza en sus movimientos.

Por supuesto que no es que posean consciencia, es como si fuera un patrón de obediencia. Incluso puede llegar a pensar que el mínimo daño cerebral que podría poseer ese cerebro hubiese sido realizado por la única razón de la implantación de nuevas órdenes. Órdenes atadas a un…superior. Algo como un Draug programado.

Cuando el video finaliza Tsunade siente que conserva todavía la capacidad de no alterarse —como cualquier otra persona sí lo haría—y de preservar todo lo que ha pensado para ella misma.

Pero su gesto la delata.

El gesto que dice que aunque no tiene sentido preguntar "qué es esto", de todos modos lo va a hacer. Lo va a hacer porque no puede creer que su más poderoso miedo, ese que la ha mantenido con pesadillas todo este tiempo, esté sucediendo. Porque no quiere pensar en la posibilidad de que sea cierto.

—Entonces Tsunade, ¿aun crees que estas armas son innecesarias? —la firmeza de Tsunade parece desvanecerse pero no del todo. Está haciendo un esfuerzo para buscar otra alternativa. Otra razón que la confunda o la aleje lo suficiente de lo que ya dedujo tan pronto se permitió analizar todo lo anterior.

De que esto, de nuevo, es obra de alguien.

Y lo sabe porque ella se planteó esa posibilidad hace tiempo.

Solo alguien tan capaz como ella, pero un poco más retorcida, podría haber hecho eso sin detenerse a pensar en las consecuencias.

Alguien de alta gama en ese campo como ella.

Porque solo bastaría que usaran un patógeno adecuado para infectar a cierto porcentaje del cuerpo huésped dejando las funciones cerebrales casi intactas. El resto de un nuevo y potenciado virus infectaría al resto del cuerpo como si fuera una droga pero no al cerebro como tal.

—Nadie puede controlar un Draug. Una vez que el cambio se completa es imposible. Una cosa es infectar animales y otra es alterar la conducta de un ser humano sin que termine siendo un Draug. La conducta de un ser humano es mucho más compleja que la conducta de una hormiga, Itachi. Y las personas alteradas no cuentan porque ellas se adaptaron pero muchas más murieron. Esto que me muestras es una mutación. Una horrenda mutación que…

—Que solo puede ser creada por la intervención humana. Pero tú ya sabes eso, ¿o me equivoco? —silencio—. ¿Sabes? Escucharte hablando así, en medio de la negación, me sabe a una decepción pero supongo que de los tres, tú eras la más blanda.

De los tres científicos principales.

De ellos tres que estuvieron al frente.

Jiraiya, Orochimaru y ella, por supuesto.

—Sabes que esto es solo obra de alguien. ¿De Danzó quizá? Puede que él mueva los hilos pero no es tan brillante. Necesita de alguien que cree y satisfaga sus ambiciones así como yo necesito de ti para satisfacer las mías.

Mientras más habla Itachi, más le comprueba todo lo que sabe. Y, mientras más aguanta todo eso, los pensamientos negativos en su cabeza se potencian como si fueran susurros, muchas voces hablando a la vez, alterándola. Haciendo con ella lo que se les antoje.

Esa es la forma silenciosa, precisa y gradual con la que ese mocoso sabe controlarla. Especialmente cada que toca ese tema en particular. No es el hecho o la acción lo que la perturba, son las memorias de a quienes dejó atrás. Pensar en ellos no la hace blanda, la hace culpable. Y a la vez le hace sentirse una mártir aunque ni ella misma se lo crea.

Pero está equivocado.

Itachi también puede equivocarse.

Porque lo que le sugiere es que uno de ellos provocó este nuevo suceso.

Y un fantasma no puede hacerlo.

—Ambos están muertos —porque ella los vio morir. Ella vio a uno de los dos ir al rescate del otro, pero a ninguno de los dos los vio volver. A ninguno.

—¿Enserio? No sabía que los muertos pudiesen pasearse en un helicóptero —apela Itachi antes de apartar sus ojos, chocando con los de su compañero—. Shisui.

De nuevo la orden inmediata y la acción también.

La imagen congelada del primer video se transforma ahora en otra hasta que se comienza a reproducir. Y aunque lo primero que distingue es la misma calidad pobre de un video que seguramente fue grabado en forma secreta, no es eso, ni tampoco el ruido que hacen las hélices de ese helicóptero, lo que le hela la sangre.

Hay demasiadas cosas por las cuales se pasaría horas analizando ese video.

Podría comenzar con el símbolo de Konoha sobre cada superficie lisa y en la que no también.

Podría seguir deteniéndose en que el protocolo se ve estricto por la cantidad de soldados que esperan en la parte inferior de la plataforma de descenso.

Pero definitivamente Tsunade no está lista para prestar atención a ningunas esas cosas, solo a él.

A la persona que desciende y que con su largo cabello parece esconder su rostro.

Con una voz temblorosa procesa su nombre desde el rincón más oscuro de sus pesadillas. Con una voz envenenada incapaz de sentir alivio, solo asfixia.

—Orochimaru.

.

III

.

En su loca vida no pensó tener un momento así.

Y con momento se refiere a tener a Sakura tomando su mano mientras duerme.

Y que al abrir los ojos lo primero que vea sea ella.

La sensación…es distinta pero le reconforta. Hace que se sienta vivo y demasiado completo aunque es consciente de que hay partes vacías aún en él.

Pero aún a pesar de todo eso, consciente o no, Sasuke no puede dejar de verla y de interrumpir la trayectoria que tiene su mano cada que la lleva a su frente y le acomoda un poco el flequillo que cae. Lo tiene demasiado largo, y aunque no le molesta, casi no recuerda haberla visto con el cabello suelto durante su tiempo en el Cuartel. Ahora que lo piensa con más detenimiento varias veces se sorprendió a sí mismo viéndola.

Le causa un poco de risa recordar el tiempo en el que se intentaba convencer de que solo la veía porque le causaba irritación. Porque no la soportaba o porque decía que era mejor saber su paradero siempre para advertir los golpes que ella le daría y así, al menos, prever todo antes.

—Bueno, nunca he sido muy inteligente que digamos —dice como si lo escuchara. La resolución de ese pensamiento llega a él en forma de un sonrojo vergonzoso cuando la mano que tiene unida a la de ella lo aprieta indicándole que Sakura está despierta y lo ha oído.

—Te concedo eso —y es más verla bostezar y soltar eso con una voz un tanto ronca y bajita debido a la mañana, (y con una sinceridad que no es normal en ella) lo que termina de alterarle el pulso, haciendo, por supuesto, el ridículo—. ¿Está cómodo el suelo? —es la manera de decirle que se está burlando de él luego de verlo espantarse e irse de espaldas sobre el piso de madera.

Dios, ella no lo sabe pero incluso si se ríe de esa manera va a ser que un día de estos se muera.

Durante toda la mañana casi no se separan pero tampoco es como si se mostraran dependientes.

Más bien lucen como si estuvieran cómodos incluso si solo rozan sus rodillas durante el desayuno en el que, para sorpresa de Sakura, Obito se permite presumir sus habilidades culinarias. Nada ostentoso, desde luego, pero hace tiempo que ninguno de los tres disfruta de una comida tranquila sin la constante necesidad de atender el peligro a cada segundo.

Estando así, oyendo a Sasuke parlotear como si no hubiese mañana que le pudiesen arrebatar y Obito contestando con una paz que nunca antes le había visto es que Sakura se pregunta si hay algo mal con ella.

No dice nada ni se muestra molesta por algo en particular pero se siente como si la vida no solo se basara en existir y nada más. Y ella se siente así justamente ahora. Se siente existiendo y no encajando en ningún sitio pero ¿hace falta? ¿Enserio hace falta encajar?

¿Qué es lo que le falta?

¿Por qué se siente incompleta?

A pesar de que Sasuke siempre se percata —porque ahora está más pendiente de ella que nunca— de sus cambios constantes de humor junto a sus gestos, hay algo que le falta. Puede que parte de ello sea la conclusión de saber si algún día volverá a ser capaz de sostener un arma o simplemente vivir tranquila. Su espada sigue en el mismo sitio en el que Sasuke la dejó desde el primer día que llegaron ahí. Y Sakura sigue sin ganas de sostenerla incluso si pudo sostener una pistola y lanzar un disparo hace poco.

Sin embargo aquello se sintió solo como en automático.

La sensación de volver a sentir la sangre escurrir por sus manos le sabe espantosa.

Luce completa por fuera pero por dentro se siente como si hubiese vuelto al tiempo en el que la única capaz de calmarla y sacarla de sus ataques de pánico fuera Mikoto.

Mikoto.

Hace tiempo que no tiene una conversación con su fantasma y con ella misma dentro de su poca sanidad mental. No porque no pueda sino porque…

—¿Qué pasa? —porque Sasuke es quien ocupa la mayor parte de sus pensamientos ahora. Pero verlo aún no deja de resultarle doloroso y hasta un poco incómodo. No es su culpa, desde luego, es de ella. Es de Sakura porque aún no se siente capaz de desligar la imagen Mikoto con la de él. Se siente mal de solo pensar que ve en él lo que vio en ella. Puede que signifique un progreso el aceptar que quiere verlo por quién es pero se siente como un bebé que quiere correr sin antes haber aprendido a gatear.

Es un avance el que ella haya accedido, de por sí, a llevar a cabo el plan a cerca de los recuerdos y acceder al medio por el que podría conseguir más respuestas pero aún no se siente en paz.

Y mientras no esté en paz o esté lo suficientemente tranquila o predispuesta para hacerlo, puede seguir prometiendo que lo hará pero no funcionará.

Cuando es el tercer intento tienen que parar. Porque puede que sean más resistentes —tanto Sakura como Sasuke— para recibir heridas y sanarse con rapidez pero el dolor sigue siendo una condición humana que poseen.

Y es dolor lo que sienten cada vez que uno de ellos perfora la piel del cuello del otro solo para no obtener nada.

—De acuerdo, paremos un momento —cuando Obito concede algo de tiempo Sasuke solo se aparta con el rostro sonrojado y la mano encima de la boca, limpiándose rápidamente la sangre de Sakura. Y ella, mientras tanto, luce con la mirada un tanto perdida luego de que Sasuke la mordiera por tercera vez. Incluso luce como si sentir sus dientes clavándose en ella no supusiera ni siquiera ardor aunque evidentemente sí lo siente.

Sasuke es incapaz de mirarla. No porque sienta que va a perder el control y se va a abalanzar sobre ella, sino porque…Dios, ¡en verdad mordió a Sakura!

Sakura, por otro lado, a diferencia de Sasuke, luce muy concentrada en la piel expuesta del cuello de Sasuke. Su garganta incluso traga grueso aunque es un gesto que oculta bastante bien porque a diferencia de Sasuke, ella es la que tiene más control sobre ello. Sobre el olor de la sangre y de la forma en contenerse solo cuando no está desbocada o perdida en locura. Es por eso que Obito ha sugerido, desde temprano luego del desayuno, comenzar a intentarlo.

Y han comenzado con quien tiene menos control y experiencia en esto: Sasuke.

—¿Te duele? ¿Te lastimé demasiado?

Es extraño, piensa ella.

Y a su vez, le gusta.

Le gusta recibir esa desmedida atención de su parte incluso si todavía tiene el rostro rojo de la vergüenza y de suponer que ha mancillado su carne con su boca y ha dejado su aliento y sus ganas marcadas en la piel de su cuello. Aún con todo eso Sasuke es cuidadoso incluso para no tocar la piel enrojecida e hinchada que ha dejado la marca de sus dientes sobre ella.

Sakura, perdida en la concentración que Sasuke hace con los músculos de su cara mientras la examina y se asegura de que no le ha hecho más daño del que se podría permitir en cada intento que falla, se pregunta si ese tipo de pensamientos absurdos a cerca de lo negras que son sus pestañas y lo marcadas que son sus cejas son la clase de pensamientos que tiene alguien normal.

¿Eso la hace normal?

¿El sentir un cosquilleo ante el roce sin querer que Sasuke proporciona en su piel?

¿O por qué se siente —de pronto— como si tuviera la cara roja?

No lo entiende pero tampoco esconde nada.

Nadie le enseñó a sentir vergüenza así que todo esto es nuevo para ella.

—Estoy bien.

—¿Enserio? —asiente levemente para su tranquilidad aunque Sasuke luce demasiado histérico desde el primer intento.

Desde que estuvo tan cerca de ella y clavó sus dientes por primera vez. Intento que terminó siendo el más desastroso porque cada una de las partes de su cara lo delataron a cerca de lo nervioso que estaba. Es decir, puede que para Sakura y Obito aquello lo tengan ya controlado y asimilado ¡Pero él es nuevo en esto! ¡Es nuevo en casi todo! ¿Cómo se supone que no se ponga nervioso con solo olerla tan de cerca? Imagínense ahora tener que morderla.

Dios. Es tan extraño.

—Que sí. Deja de lloriquear —pero para un histérico Sasuke siempre habrá una oportuna y sarcástica Sakura incluso si no es su intención serlo.

—No estás poniendo todo de ti para lograr esto —las palabras de Obito, sin embargo, hacen que de nuevo la histeria vuelva cada tanto a él.

—¿Perdón? —casi se atraganta con las palabras.

—Que no te veo lo suficientemente motivado mordiéndola —. ¿Es una broma? ¡¿Qué no ve lo avergonzado que está?!

—Oh, lo siento ¿no quieres intentarlo tú? —Obito hace una mueca un tanto disgustada, algo que Sasuke no pasa por alto pero por lo que tampoco se siente mal del todo—. Esto no va a funcionar —que ahora él diga esas palabras, sin embargo, parece irreal. Él había sido el más interesado en intentarlo pero ahora luce como si se rindiera demasiado pronto.

—Tomemos un descanso.

Con descanso Sasuke hubiese imaginado que podría tener unos minutos de soledad para recuperar el color en la piel pero lo cierto es que tan pronto Obito dice eso, se lo lleva a donde la otra noche Sasuke lanzó una flecha con el arco. Obito usa la excusa de que varios Draugs han quedado atrapados en la cerca y que deben deshacerse de ellos lo más pronto posible. Excusa que Sakura también toma para poder tener unos momentos de paz y soledad lejos de ellos.

No es que la idea de que Obito y Sasuke cada vez se vuelvan más cercanos le agrade mucho pero ella también necesita estar un tiempo a solas, y prefiere alejarse un poco de Sasuke ahora que está tan nervioso con ella cerca cada vez que ve la piel de su cuello.

—Wow, esa dio justo en el centro —luego de silbar y elogiarlo, a pesar de que debería sentir el momento y disfrutarlo, cuando Sasuke baja el arco su mirada es algo aletargada—. ¿Qué pasa?

—No se lo he dicho a Sakura porque no quiero estresarla más pero…me he sentido raro.

—¿Raro? —Sasuke suspira bajando el arco a sus piernas, terminando de apoyar su espalda en la enorme piedra en la que se encuentran.

—Durante la pelea en la Montaña Negra, cuando tú estabas ahí, yo sentí una especie de calambre o…—sacude la cabeza, corrigiéndose mentalmente antes de hablar de nuevo—. Era como un aire frío pero a medida que aparecían más Draugs yo…me sentía capaz de predecir en qué momento iban a aparecer. El momento y lugar exacto —Obito concede unos segundos de silencio antes de hablar, cosa que le pone más nervioso a Sasuke porque es evidente que ni él esperaba algo así.

—Nunca había escuchado nada igual —hace una pausa, dubitativo—. Podría ser que estés desarrollando una habilidad única, así como yo —Sasuke engrandece los ojos.

—¿Pero no se supone que yo también altero memorias?

—Las sellaste siendo inconsciente de ello. No lo controlas, solo fue tu instinto. Y hasta que no probemos que esa sea tu única habilidad, tú podrías desarrollar más —Obito vuelve a quedarse callado como si sintiera una carga pesada en el pecho que no quiere dejar ir, o quizá una sensación desagradable que siempre viene a él cada que es consciente de sus carencias arraigadas a un pasado que no puede dejar atrás—. Ambos somos híbridos pero yo soy recesivo —y por la forma en la que lo dice Sasuke parece entenderlo mejor. Además de que siente que quizá no debió hablar eso con él ahora—. No te sientas mal por eso. Tú no tienes la culpa de que yo haya nacido así —Sasuke, a pesar de que luce como un joven adulto ahora, sigue siendo un niño para él. Un niño tan honesto y transparente como para no molestarse sabiendo que Obito ha leído su mente justo ahora luego de sentir culpa—. Tú eres un híbrido completo, Sasuke. Un híbrido sano hasta que probemos lo contrario. Es lógico que puedas desarrollar más habilidades que yo y que puedas llegar, incluso, a ser más fuerte.

—Pero… —el mayor suelta una risita y hace un gesto conciliador. Definitivamente sigue siendo ese niño sincero en el cuerpo de un adulto. Siempre preocupándose por los demás a pesar de que parece que no lo nota.

—Dejemos de pensar en esto por el momento. Tenemos otro tema que solucionar ahora ¿recuerdas? —y, sin que se dé cuenta, Sasuke vuelve a sonrojarse aunque en menor escala que hace unas horas. Es demasiado cristalino como para ocultarlo—. No pienses en otra cosa ahora. El estrés no va a ayudarnos, solo va a provocar que los intentos con Sakura sigan fallando —Sasuke suelta un quejido de frustración a su lado y Obito se siente ligeramente feliz de verlo comportarse como solo un muchacho que lidia con las emociones más frecuentes de uno.

—Es más fácil decirlo que hacerlo —Obito ríe.

—¿Enserio te gusta? —la frustración de Sasuke se desvanece dándole paso a una tímida afirmación—. Sakura es…una persona demasiado complicada y difícil de entender.

—Es más que eso —la sinceridad con la que habla sobre ella lo aturde un poco. Es como si quisiera que, de manera constante, Sasuke no le diera oportunidad a las dudas acerca de sus sentimientos por ella. Lo cual, hasta el momento, hace esplendorosamente. Obito no ve ninguna clase de malicia o falsedad cada que habla sobre ella—. Pero sí, te doy la razón en que es complicada.

Lo único que ve a través de él es sinceridad a razón de lo que sería su primer amor.

.

IV

.

Hazla sentir segura. No se trata solo de ti. Ambas partes deben estar en sincronía. Si de verdad sientes algo por ella, hazle sentir que todo estará bien.

Esas habían sido las palabras de Obito antes de dejarlo ir tras ella. Palabras nacidas con la única intención, seguramente, de no seguir fallando en los intentos con ella pero Sasuke siente que es algo más que eso.

Cuando decidió intentarlo creyó que sería fácil. Que sería fácil entrar a su mente con solo desearlo y ya. Es decir, habían estado a punto de hacerlo momentos antes de que Obito apareciera en medio de ataque de los Draugs en la Montaña Negra. Y Sasuke recuerda que había estado dispuesto a rendirse y dejar que ella fuera quien lo devorara si eso le permitía a él no herirla.

Ahora que lo han intentado, si bien parecía haber disposición de ambas partes hacerlo, se sentía difícil.

Parte, sabe él, que es debido a que no puede controlar sus emociones cuando está cerca de ella. Dios, es que ni siquiera se reconoce. Pero tampoco va a ocupar tiempo en compadecerse o en auto humillarse por eso. Ni siquiera se siente humillado en verdad, solo se siente decepcionado —un poquito— de ser más humano de lo esperado. Obito había dicho que él poseía más porcentaje de Draug que de un humano. ¿Por qué parecía entonces que era un manojo de nervios?

A pesar de eso cuando la va a buscar, y la encuentra en el mismo sitio que ahora parece una especie de santuario para ellos, los nervios no se van.

"Hazla sentir segura"

¿Acaso…el del problema es él?

—Tardaste un poco más en encontrarme —pero cuando la ve, cuando la ve recoger entre sus manos la flor de loto atada a su cuello (pues parecía demasiado entretenida hace unos segundos admirándola), y la ve devolverle la mirada con una serenidad desconocida, se siente como si todas sus dudas se fueran.

Con "hacerla sentir segura" ¿se refería a eso?

¿A la manera en la que tan solo se reconocen puedan pasar a sentir una calma infinita sin necesidad de palabras?

No.

Sasuke sabe que debe ser algo más.

Él no quiere solo hacerla sentir segura y en confianza a medias. En verdad quiere ser un hombre digno de ella en todos los sentidos, incluso si al final no lo elige como algo más. Quiere ser fuerte física y mentalmente. Aun así, por ahora, sabe que solo tiene palabras para darle. Palabras bañadas en la más prístina sinceridad que le pueda conceder su naturaleza salvaje y extraña.

—¿Qué hacías? —es lo primero que pregunta ocupando el asiento a su lado en ese vagón que se ha vuelto algo solo de ellos.

—Te esperaba —¿Cómo? ¿Cómo no podría desear todo un futuro, ya no solo donde estén juntos, para ella? Un futuro en el que pueda soltar esa sinceridad sin dejar nada a medias y sin sentirse juzgada por nadie. Sasuke tiene claro que Konoha le arrebató eso y muchas cosas más. Cosas como su propia identidad. Pero oírla ahora hace que sienta muchísimos más deseos de devolverle todo.

Incluso si no obtiene nada a cambio.

Incluso si no le corresponde al final.

Solo…Solo quiere que sea feliz.

Sasuke no puede evitar sentir como todo en él se calienta así como no puede evitar que el corazón que ahora posee palpite con más fuerza y rapidez. Si estuviera en él, enserio, la besaría justo ahora. Pero eso sería un movimiento idiota de su parte. Que Sakura lo haya hecho hace unas horas puede que le haya sacudido todo pero también tiene que ser honesto consigo mismo y con lo que sucede entre ellos.

Por más que lo desee no quiere que ella se sienta obligada o comprometida a sentir algo por él solo porque le ha declarado sus sentimientos. Aunque, Dios, como le gustaría que así fuera.

—Los extrañas —con la mitad de ganas de desvanecer esos pensamientos y con la otra mitad genuinamente interesado en ello es que se permite tocar ese tema. Sakura, de inmediato, parece cambiar de semblante a uno un poco más apagado. Por supuesto que sabe a lo que se refiere—. A Hyuga, al mocoso y a…Sasori —poco a poco parece que lo supera. O lo acepta más bien. Como sea, quizá se deba a que solo están ellos dos que realmente no le importa pronunciar su nombre.

Sakura no responde de inmediato pero no pasa mucho tiempo para que solo asienta.

—A él…le hice prometer cosas absurdas —pero a pesar de que Sakura se concentra en este último, Sasuke parece lidiar con el tema de manera honesta como para decir lo siguiente.

—No creo que la seguridad de Hinata y Konohamaru sea algo absurdo —y con ello un recuerdo más se estaciona en su mente. Uno que parece no ha querido tocar por lo sensible y difícil que va a ser afrontarlo pero parece que ha llegado el momento. Cuando Sakura voltea (porque prácticamente lo tiene sentado a su lado) el semblante de Sasuke, finalmente, muestra una cantidad de dolor y culpa que no se había permitido sentir en todo este momento delante de nadie.

Sakura, sin pensarlo, se siente culpable. Culpable y con ganas de disculparse y, aun así, está segura que ni cien años de pedir perdón serán suficientes.

No se lo ha dicho pero Sakura puede asumirlo. Puede porque ni siquiera lo ha mencionado en todo ese corto tiempo que llevan juntos.

—Naruto…

—No quiero hablar de eso aún.

Lo siente. Siente su dolor. Basta ver sus ojos y ver a través de ellos el mismo que ella siente cada vez que recuerda a Chiyo y a Iruka. Un dolor que llega a un punto que es insoportable. Un dolor que uno preferiría que se detuviera con el último latido del corazón para ya no seguir sufriendo. Pero la vida los tiene ahí, encadenados a seguir viviendo.

La vida no debería sentirse así.

Mikoto le enseñó que la razón de pisar la Tierra no es para ser infeliz.

Pero ahora Sakura se siente así. Y ni siquiera es por ella. Es por él. Porque no es capaz de darle consuelo porque no sabe cómo. No le debe nada, y no es un pago equitativo por todo lo que él ha hecho por ella, es por algo que de verdad quiere hacer por él. Algo que está naciendo desde lo profundo de su ser.

¿Pero cómo?

No sabe cómo. Toda su vida fue criada y entrenada para cosas como matar y odiar.

Se siente desesperada. Nunca antes se había sentido así.

Y es por eso que siente y sabe que todo su mundo ha sido sacudido por él.

Y por él es que ahora es capaz de sentir algo como la compasión. Por él es que es capaz de…tomar su mano. Porque es lo único que se le ocurre hacer.

Insólito o no, Sasuke solo le devuelve el apretón pero aun no es capaz de darle la cara. Quizá porque siente que sería demasiado mostrarle que él también llora cuando ella tiene otros problemas de los cuales ocuparse. No porque le avergüence demostrar que tiene sentimientos.

—Lo siento —pero entonces dice esas palabras que no pidió, y que tampoco sabía que necesitaba,…y siente cómo se rompe. Pero quiere ser fuerte. ¿No había prometido que lo sería hace solo un par de segundos? —. Oye… —yendo más allá de solo tomar su mano Sasuke siente que todo eso es demasiado irreal cuando siente como recorre su mejilla y hace que voltee su rostro hacia ella.

No hace falta que diga más. Y no hace falta que le pida permiso o se disculpe.

Sakura le habría tumbado los dientes o le habría dejado el ojo morado si no quisiera eso.

En su lugar, se lo permite. Permite que la abrace.

Que sea su balsa en medio del océano que lo tiene náufrago.

Que sea lo que lo mantiene con los pies en la tierra.

Que sea lo que le permita mantenerse sujetado y no solo perderse en el espacio.

Solo está ahí, callada, aceptando que la apriete contra él y que, de paso, se embriague con su aroma.

Con su aroma a hogar.

Con su aroma a cerezos.

Con su aroma a paz.

Es hasta curioso todo eso. Que a su mente la posibilidad de que vengan recuerdos dolorosos sea más probable estando así pero no sucede. En su lugar, se siente completo. Se siente como si una parte de él le perteneciera a ella y solo ella fuese capaz de reconfortarlo de esa manera. Aunque al final Sasuke es honesto en decir que tiene miedo. Y que la partida de Naruto le ha afectado más de lo que ha podido soportar.

—No quiero perder a nadie más —a pesar de que lo dice en plural, y de que también lo dice con sinceridad, la aprieta más. La aprieta como si el resumen de todos sus miedos residiera en ella. Como si perderla a ella sería lo único que no podría soportar en la vida. ¿Es esa la confianza y la complicidad que deberían sentir? ¿Es esa la manera en la que sus corazones deben sincronizar? ¿Es la manera en la que Sakura le tendría que mirar?

Lo confunde.

Lo confunde demasiado.

Pero aun así no quiere soltarla ni siquiera para respirar.

Ni siquiera para…

—Hazlo —esas palabras, de pronto, lo devuelven contra la realidad. Pero lejos de asustarse o de sentir que no debe hacerlo, cuando se aparta y sus ojos chocan con los suyos, se siente más seguro que nunca. Se siente así porque ella lo está. Sus ojos no están dudando, al contrario, están más claros y firmes que nunca—. Hazlo —repite.

No es una orden, es una petición.

Una petición aterciopelada.

No hace falta que diga nada. Él sabe a lo que se refiere. Y si aún quedaba un poco de indecisión en él toda esa se disipa cuando Sakura, con la determinación y delicadeza extrema en el rostro, le aparta la tela de la camisa, descubriendo su hombro, y se aproxima también a él.

Lo va a morder.

—¿Estás segura?

"Hazla sentir segura"

No.

Solo siéntelo.

—Nunca lo he estado más de otra cosa en mi vida.

Y, finalmente, él a ella también.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas: Lo logró, señor. ¿Lo logré? Lo logró

No podía prolongar más esta escena así que declaro oficialmente el inicio de los Juegos del Hambre (?) jajajaja pero sí, llegar a esta parte es un logro. Además de que este capítulo es uno de los más largos, con más de 12 mil palabras (el más largo ha sido de 13 mil).

Y no solo por eso es que lo siento un logro sino porque también hay muchos temas nuevos metidos. Otros más aclaraciones y por supuesto el salseo que no puede faltar.

¿Sasori y Hinata? Lo sé, estoy igual de wtf pero no se asusten jajaja Con respecto a Shisui y a Itachi, bueno, no tenía planeado hablar de ellos aún pero una cosa llevó a la otra y cuando me di cuenta ya estaba escribiendo sobre ellos. Me autosaboteo, la hipotenusa.

Y la última escena, en verdad cómo disfruto escribir de estos dos, principalmente porque me saben a inexperiencia, y a que todo les sabe a ellos del mismo modo que me da camino libre para que sus emociones sean tan genuinas. Por parte de Sakura, que es más dura y más seria que Sasuke, me resulta un poco más difícil plasmarla sincera ya que la personalidad que le construí es fuerte por lo que tengo cuidado de no hacerla demasiado...pues todo. Y siento que está quedando bastante bien jajaja porque si bien no hay demasiado momentos románticos de ellos, les pongo todo de mí cuando me concentro en ellos.

Y bueno, finalmente se viene el arco de Mikoto.

Aun no sé si vaya a ser de la misma manera que con el arco de Sasori pero planeo no demorarme mucho con ello para volver rápido a la línea del presente. Espero les guste c: He esperado mucho esto.

Y creo que es todo.

¡Gracias por su apoyo incondicional siempre! A quienes han estado desde el inicio del viaje como también a los que se nos han unido de a poco 3 Los atesoro demasiado.

¡Besos y nos leemos pronto!