.
.
.
.
Flor corrupta
.
.
Cuando Danzou se la presentó, no lo podía creer.
Soñaba ilusamente que aquel episodio de su vida se había acabado para siempre. Que haber sido tibia en relación a lo que él le ordenaba y ella accedía era enteramente su culpa por ser una persona de mente débil. Un soldado puede verse duro y reluciente por fuera, pero por dentro Chiyo siempre quiso ser algo más, solo que no tenía elección. Impulsada por haber quedado sola en el mundo decidió aceptar la primera mano que se le ofreció en el camino.
Si era buena o mala, no lo sabría hasta después.
Hasta después de ser educada por él, criada por él, entrenada por él, y luego…
—Deja de tener absurdos sentimientos por mí, eso nunca va a suceder.
Cuando fue consciente de que Danzou la había hecho una terrible persona creyó, de nuevo ilusamente, que si ambos eran parecidos, que si él la había educado de tal manera que fuera lo que él necesitaba, podría existir algo más. Pero estaba equivocada. Ella era una chiquilla tonta que todavía compartía la idea de que el mundo mejoraría y que podría llevar a cabo el sueño que las mujeres de su familia le inculcaron desde niña.
Formar una familia.
Formar un hogar.
Que, aunque ese extraño virus hubiese venido a alterar el orden mundial, cosas como el amor podía trascender.
Pero, de nuevo, estaba equivocada. Se había equivocado. Había puesto sus ojos en la persona equivocada. Pero al menos existía una admiración tan real como enferma. Si no la quiere de ese modo, lo único que tiene —o que le queda— es satisfacerlo. Después de todo fue Danzou quien la salvó. Fue él quien la sacó del hoyo. Él es la razón por la que todos los días despierta. Cada respiro es por él.
—Ella es Mikoto… —Por ello, cuando se la presentó, a la hija de…ese otro hombre, no le quedó más remedio que obedecer. Se lo estaba pidiendo él. Y ella haría cualquier cosa, sería cualquier cosa…Porque estaba enamorada. O porque decía estarlo incluso si el hombre en el que se había fijado resultaba ser la peor persona con la que se hubiese topado.
Cuidar de él, obedecerlo a él, aceptar cualquier cosa que viniera de él…Criar a esa niña como si fuera su hija, educarla, así como él lo hizo con ella hasta permitir que aceptara a otra mujer antes que a ella. Cuando nació Obito, lo supo. O quizá lo supo desde antes: odiaba todo. Lo odiaba a él, odiaba a Mito, odiaba a su hijo y también a Mikoto. Y se odiaba a sí misma por haberse convertido en un ser humano tan despreciable y tan desequilibrado en estos últimos años que solo había aprendido a odiar. Aparentar era sencillo pero las noches eran terribles cuando al deshacerse de la máscara la verdadera Chiyo sollozaba ante lo que se había convertido.
Esa no es la mujer en la que deseaba convertirse.
Una mujer desleal, mentirosa, apuntando solo a lo que le convenía más, intoxicada por un sentimiento extraño que ya no se parecía al amor que decía sentir.
—Tú eres como mi mamá, solo que mejor.
Pero, si existiera una persona en la que aún pudiera depositar su fe, que, aunque le mintiera le quiere de ese modo, ¿sería posible volver a comenzar? Mikoto siempre fue su punto de partida a pesar de que en un inicio solo la tomó bajo su cuidado por orden de su supuesto padre. Era imposible…no adorarla. Era imposible no verse reflejada en ella. Era imposible no quererla.
De carácter fuerte pero tan sensible con su entorno Chiyo siempre supo que por más golpes que recibiera de su padre, de su madre o de la vida misma, Mikoto poseía algo que a ella ya no le quedaba. Esperanza. Insurgencia.
Mikoto le enseñó que podía ser una buena persona otra vez. Incluso si continuaba bajo las órdenes de Danzou, Chiyo siempre hacía cosas fuera de la vista de él con tal de verla feliz. Con tal de verla crecer.
Esa niña junto al tierno Obito se habían vuelto su luz.
Era su tarea mantenerlos a salvo.
Era su tarea mantenerlos alejados —en la medida que se pudiera— del radar de Danzou hasta el día en el que pudiera hacerlo algo.
Era su tarea…
Era su misión…
—¡¿Por qué le dijiste esas cosas?!
Pero entonces…ella llegó.
Y con su llegada solo había ocasionado que el avance que Mikoto, su dulce y tierna niña, se fuera a la basura. A diferencia de con la azabache, Chiyo no siente más que rechazo hacia ella. ¿Por qué? ¿Por qué cuando por fin parecía que Mikoto y ella comenzaban a sanar y a ambicionar una vida real allá afuera sin importar el tiempo que les tomase tenía que aparecer esa niña? ¿De dónde salió?
Desde un principio sintió una vibra extraña con respecto a ella. Mucho antes de que Danzou le emitiera la orden a su hija de cuidarla y educarla, ya la aborrecía, pero ahora lo hace más. No siente nada cuando Mikoto, en un arranque de ira, le revira el rostro con una bofetada. Por primera vez, Chiyo teme de ella. No en sí de haberle ocasionado daño a Sakura, sino porque esa furia, esa rabia, ese arranque nocivo, le hace recordar a Mito. Y recordarla le hace recordar también como la locura la orilló a desconocer a sus propios hijos terminando por consumirla. Primero la hizo presa de las drogas que la mantenían, por un tiempo, estable, pero luego ya no lo hicieron más.
Ver a Mikoto desquiciarse, le aterra.
Y ver a esa niña con el semblante tan neutral a pesar del golpe que Mikoto le ha dado, le asusta más.
—¡No vuelvas a acercarte a él! ¡¿Entendiste?!
—Mikoto —pero no puede hacer más. No mientras las cámaras de vigilancia del pasillo fuera de la habitación de Obito están grabando todo. De las tres, tiene que ser Chiyo quien no pierda el suelo. Aunque se recuerda que a pesar de Mikoto es su prioridad, ya no por petición de Danzou sino porque de verdad la estima, no puede olvidar que Sakura se proyecta, a futuro, como la nueva favorita de ese hombre—. Calma —la sujeta de los hombros recibiendo una reacción genuinamente brusca de parte de ella, pero aun así insiste en ello—. Mikoto —la llama con severidad, pareciendo hacerla reaccionar—. Recuerda lo que dijo tu padre sobre ella.
—¡No me importa lo que…!
¿Qué habrá sido?
¿Habrá sido miedo lo que la orilló a ella ahora a darle una bofetada para que se callara?
No lo sabe, pero lo que sí sabe es que le ha dolido hasta el alma hacerlo.
Mikoto.
Su dulce y tierna Mikoto haciendo que su rostro atraviesa del asombro del acto hasta la rabia contenida debido a ello. A diferencia de Sakura, Mikoto parece querer llorar, pero lo contiene. La que sí no contiene demostrar las ganas de hacerle pagar por lo que le ha hecho a "su persona especial" es Sakura. Chiyo tiene que lidiar, a partir de ese momento, con las miradas que Sakura le dedica comenzando con la de ahora, lleva de perversión, pero sobre todo llena de ganas de hacerle pagar por haber golpeado a Mikoto delante de ella.
Como si fuera una obsesiva reacción el no permitir que nadie la lastime, aunque la ironía apunta a que ella es la que más le está haciendo daño en este momento.
Debió pararla.
Debió pararlas a ambas.
Debió.
—Debí… —por eso, cuando Danzou se la mostró por segunda vez, estaba aterrada.
Aterrada y sumamente renuente a aceptarla.
Porque la reconocía. A donde quiera que fuera siempre la reconocería. Aun si en ese entonces estaba cubierta de barro y la cubría solo una manta, debió negarse.
—"Cuidarás de ella ahora también, Chiyo" —¿Por qué? ¿Por qué la vida se empeñaba en devolverle a Sakura de la forma que fuera? Aun si esta no recordaba nada, aún si Danzou fingía haberla encontrado y que esa era la primera vez que se veían, aun si esa niña se redimía, nada de lo que hiciera le devolvería a Mikoto.
—¿Tiene nombre-…?
—Sasori, no —deteniendo el trayecto de su corto brazo. Del pequeño niño en el que ha depositado su nueva esperanza y del que va a cuidar a costa de todo.
Nunca se lo iba a perdonar.
Si algo parecido le sucedía a Sasori, al similar a lo que sucedió con Mikoto, nunca se lo iba a perdonar.
.
I
.
—Quiero irme de aquí.
La sorpresa que provoca esa confesión tiene muchas escalas o muchas maneras de interpretarse.
Para Fugaku, por ejemplo, las palabras de Mikoto, acompañadas de la expresión más desolada y triste que le ha visto hacer, provocan en él demasiadas cosas. Pero algo como un abrazo o un comentario bromista no van a causar nada en ella esta vez. De hecho, esas cosas, esos gestos que eran solos suyos, desde hace un mes que no se sienten igual. Desde el incidente de Sakura, Mikoto se comporta extraña. No solo con ella sino con todos.
A Obito, desde luego, Mikoto no lo culpó en ningún momento. Era y sigue siendo su dulce niño. Es y seguirá siendo su pequeño hermano. No hay nada que no hiciera por él.
Con Sakura, en cambio, la manera frívola con la que ahora la trata es notoria. Y eso se resume también en que Sakura ya ni siquiera se acerque a él (Fugaku) por insistencia de la propia Mikoto.
Todo eso, al parecer, ha afectado demasiado a la azabache no solo en su humor, sino que desde ese día Fugaku ha comprobado el horror y la desesperación de no poder hacer nada cuando a Mikoto le sacude un ataque de ansiedad. Por momentos llora de la nada, por momentos grita desesperada, por momentos solo lo ignora a él y a todos en general. Y cuando los episodios escalan incluso han llegado a los golpes.
Él, así como Chiyo, quien le pidiera ansiosamente que permaneciera a su lado en los momentos en las que ella no estuviera, está preocupado. De Chiyo es que ha obtenido un poco de información acerca de la madre de Mikoto y de cómo su estabilidad emocional y mental la hicieron padecer terriblemente antes de ahogarla en el desquicio total.
Los patrones o al menos la forma en la que ahora se comporta Mikoto, asusta a ambos debido a eso. Porque es como ver a una Mito más joven.
Incluso ahora que son un poco mayores y las misiones al exterior se vuelven cada vez más frecuentes, hay una peculiar atmósfera que envuelve a Mikoto cuando está orillada a acabar con la vida de personas atravesando los síntomas de ese virus letal. No es que Fugaku nunca hubiese visto una muerte a manos de ella o de cualquier otra persona, es la manera en la que no parece titubear ni resentir absolutamente nada cuando lo hace lo que le perturba.
Por eso, oírla decir esto ahora, justamente cuando ha caído en cama por un resfriado intenso y está abrigada de pies a la cabeza mientras le hace compañía, se siente extraño. Anticlimático. Antinatural.
Obito, quien ha dejado de jugar con cochecitos para comenzar a ejercitar su cuerpo por órdenes de su padre, ahora duerme a un lado de su hermana pues ha sido muy preciso —a pesar de ser pequeño— en insistir en querer estar con ella durante su resfrío.
Es un niño inocente aún. Un niño inocente que cree que si se queda a lado de una persona enferma podría hacerla sentir mejor si permanecen juntos.
—¿Qué…?
—Quiero irme de aquí —repite ella.
La lluvia suele murmurar…si tan solo la oyeran a través de sus oídos naturalmente y no a través de un casco. Si tan solo la oyeran caer y no representara un obstáculo en sus ojos en medio de una batalla librada. La lluvia murmura uno o dos secretos tenebrosos.
Mikoto siempre le ha parecido como la lluvia. Por eso, cuando habla con el palpitar lento y el semblante sosegado, Fugaku no sabe qué pensar. No es lo que dice lo que le sorprende pues mentiría si dijera que él no ha querido lo mismo desde hace tiempo. De hecho, irse de ahí es algo que ha deseado y mantenido en secreto durante estos últimos tres años, desde el día en el que la conoció. No la primera vez que la sostuvo en sus brazos luego de ser herida por un pequeño despiste, sino desde el momento en el que más allá de lo que el personal y el resto de personas ahí decían sobre ella, le interesó.
Desde el momento en el que posó sus ojos sobre ella quiso abandonar todo. Durante este tiempo sus ganas de irse con ella no se han reducido ni un poco, se han multiplicado, pero la forma en la que Mikoto lo dice ahora es porque, sin lugar a dudas, ha llegado a su límite. O porque está desesperada.
—Mikoto… —sus manos sobre las suyas, ahí, encima de la colcha que la resguarda del frío que siente debido a la fiebre. Ahí, donde hay un bulto debajo de todas esas sábanas calientes. Obito sueña, murmura cosas bajitas y rodea a su hermana demostrando que la ama a pesar de todo.
—¿N-No quieres…?
Ahí está, debajo de toda esa tela, debajo de toda esa gruesa capa de dureza que últimamente porta, debajo de toda esa seriedad y hostilidad que en ocasiones no sabe cómo deshacerse de ella, de la inestabilidad y de la culpa que siente por no sentirse lo suficiente a pesar de lo fuerte que es…está su Mikoto. La niña a la que conoció hace tiempo, la que llora a veces por nada o por algo que de verdad le duele.
La que es capaz de hacer ese tipo de expresión llena de tristeza a la vez que parece temer a su respuesta. A la incertidumbre. A pensar si estuvo bien en soltar esas palabras tan arbitrariamente delante de él.
Esa es la Mikoto que recuerda. No la débil sino la que es capaz de demostrar que todavía siente. La que se pone triste porque piensa que en serio no va a responderle.
—Huir contigo es algo que he querido hacer desde el día en que te conocí —manos regresando el apretón, mejillas que se encienden de color bermellón y la suavidad que hay en su voz acompañan el dulce respirar de un Obito dormido y de ahora una sollozante Mikoto—. Sacarte de este lugar, a ti y a Obito y comenzar una vida diferente —repleta de lágrimas de las que apenas es consciente segundos después de oírlo, Mikoto baja el rostro un poquito solo para ser alzado de nuevo por la mano de Fugaku, cálida y tierna, sobre su mentón—. Haré cualquier cosa que me pidas, lo sabes, pero…
—¿Pero...?
—¿Te quieres ir así solamente? ¿Sin averiguar quién es tu padre?
Su padre.
Su mente ha estado tan llena de problemas, estrés y pensamientos negativos que lo había olvidado, aunque que Fugaku lo mencione ahora, si bien no la altera, la hace pensar sobre ello un poco. Pero no puede esperar para saberlo. No puede esperar otro año más ahí.
—Sé su nombre —responde como si aquella información le fuese relevante para buscar en otro lado. En otro lado menos ahí dentro—. Puedo buscarlo por otro lado si…
—Pero las posibilidades de que halles las respuestas aquí son más…
—¡Pero yo no quiero seguir aquí! —Obito a su lado refunfuña y tuerce la boquita como si quisiera llorar, y Mikoto, alarmada, arrastra todos los pedazos de su inestabilidad y su llanto y los concentra en arrullarlo pidiéndole perdón bajito mientras besa su cabeza. Perdón, no solo por gritar y perturbar su sueño sino, por todo. Por ser una mala hermana, por no poder protegerlo ni cuidarlo como debería, por no poder evitar que las garras de su padre lo alcancen pues sabe que debajo de esa ropita que usa hay marcas de agujas y uno o dos moretones que comienzan a ponerse verdosos.
A Danzou no le importa su edad o que sea su hijo, incluso si Obito nació con la complexión débil, tiene que seguir un régimen estricto.
Ante esa realidad, ante no poder protegerlo como prometió, Mikoto siente que ha fallado. Consigo misma, con Obito y ahora con Sakura.
Está cansada.
Está harta.
Intentarlo una vez fue muy arriesgado, pero ya no puede más. Quiere rendirse.
—Solo…Solo quiero irme de aquí. Contigo y con Obito. No quiero que él crezca teniendo la misma vida que yo.
—¿Y ella?
—¿Eh?
—No la mencionaste. A Sakura.
Las cosas con Sakura, cada día, son más insostenibles. Cada día su mirada se vuelve más obsesiva y extraña. Pensar que es algo voluntario de ella, sin embargo, para Fugaku sigue siendo algo difícil de creer. Es una niña después de todo. Por aquél entonces cuando conoció a Mikoto, ella también solía ser así. Bueno…quizá no tanto, pero de no haberla parado o de no haberse involucrado con ella seguramente se habría convertido en una persona de la que no estaría orgullosa.
Para Fugaku es así, el pensar que Sakura está siendo manipulada es su teoría más insistente pero que lo esté siendo no significa que no se preocupe por Mikoto debido a lo que Sakura ocasiona en ella últimamente.
Para Mikoto, sin embargo, Sakura es…
—A pesar de todo…le tienes cariño ¿verdad? — El llanto, en lugar de convertirse en enojo o en rechazo hacia ella, solo se intensifica. Lo sabía. Fugaku lo ha sabido siempre y por eso es que no se contiene en levantarse y abrazarla con fuerza, con la misma fuerza con la que ella abraza a Obito y le pide que la perdone—. Te lo dije antes, tú eres amable. Tu nunca dejarías atrás a nadie.
¿Por qué? ¿Por qué le reconoce eso como si fuera un don y no una maldición? Si fuera un poco más como Danzou, a pesar de no ser su padre de sangre, le gustaría que al menos ese tipo de cosas no le afectaran como a él. Pero parece que ha salido más como a su madre en cuestión de sentimientos. Lo cierto es que no quiere convertirse en Mito tampoco, no quiere llegar al punto en el que la locura la consuma. No quiere ser la víctima. No quiere acabar como ella.
Por ello, aunque llora, aunque sufre, aunque se desequilibra en ocasiones, también recuerda que hay cosas que solo ella puede hacer. Su estatus se lo permite, su fuerza también, solo tiene que aguantar un poco más. Aguantar un poco más sintiendo el apoyo incondicional de los brazos de Fugaku como ahora la sostienen.
Tiene que hacerlo.
Tiene que hacer un último esfuerzo.
—Será arriesgado teniendo a dos niños pequeños —Mikoto aspira fuerte por la nariz un poco, pasando su brazo por encima de sus ojos para restregarlos un poco antes de levantarse y mirarlo de frente—. Aunque Sakura es, sin duda, tan fuerte como tú.
—Eso no importa —aspirando con fuerza una vez más, como si la única señal de que en sus ojos hubo lágrimas fuera el marco rojizo que hay alrededor de ellos—. Yo puedo protegerlo a todos, incluso a ti —Fugaku sonríe, pasando sus pulgares por los bordes de sus ojos, enrojecido, pero con un brillo entrañable por más pequeño que sea.
—Esa tendría que ser mi línea.
Así debería ser la esperanza.
La fe.
Tenerla por más pequeña que sea.
.
II
.
Ansiosa pero también discretamente la comunicación entre Sakura y Mikoto parece restaurarse dentro de los límites que la segunda le permite a la primera. La mayor no está del todo contenta con lo que ha pasado, pero como Fugaku dijo, por muy dura que quiera ser con ella, su naturaleza es amable. Su madre era así cuando aún era saludable. De su padre, bueno, no tiene nada qué opinar, pero le gusta pensar que fue un hombre correcto. Tal vez de él heredó muchas cosas, aunque ahora realmente esas cosas sean un enigma.
Como sea, a pesar de que sí que existió cierta renuencia a volver a ser —Sakura y Mikoto— como eran antes, la pequeña niña a la que había estado cuidando y fortaleciendo, justo ahora, luce arrepentida. De la Sakura de esa noche no encuentra absolutamente nada. Se lo ha contado a Fugaku de una forma totalmente alterada, pero Mikoto recuerda claramente la representación de sus ojos verdes, como si estuviera cegada por algo.
¿Alguna droga?
¿Alguna especie de hipnosis?
Aun dentro de su resentimiento por haberle dicho tales cosas a Obito, detrás de todo ese enojo y esa amargura, siempre existió la duda. La duda de si aquel comportamiento era propio de ella o si era una especie de implantación de alguien más. Ver a Sakura ahora, luego de casi estarla evitando el último mes, es similar a si tuviera en frente a alguien más. A una niña genuinamente angustiada y encorvada sentada a su lado, como quien espera un regaño severo por lo que sabe ha hecho.
Es…extraño.
—Sakura —la ve y la siente temblar sobre la estructura de la sala de entrenamiento que han ocupado esa tarde. Mikoto tiene que reconocer lo rápido que Sakura se ha fortalecido estos días. Agilidad, rapidez, destreza, pero sobre todo fuerza. Por una parte, se siente orgullosa de haber sido parte de ese crecimiento, pero por otro lo odia. No por un sentimiento meramente de rivalidad sino porque debido a que es fuerte y le ha proveído de tales habilidades, Danzou parece no soltarla y puede que eso lo haya orillado también a él a ser más ambicioso con ella—. Lo hiciste bien hoy.
Aunque algo que no pueden no evidenciar y que seguramente, con el tiempo, seguirá siendo una diferencia muy remarcable, es el tamaño de sus cuerpos. Mikoto ya está en los diecisiete años mientras que Sakura roza los diez. Aun así, no le pide nada a ella cuando están en un duelo.
Sí, es, sin duda, una niña brillante y excepcional pero antes de ser todo lo que Danzou le ha pedido que sea, es eso solamente: una niña ahora cohibida que ni siquiera responde al elogio sincero que su mentora le hace.
—Sakura, te estoy hablando…
—¿Ya…Ya no estás molesta conmigo?
Una niña, se repite. Una niña que hace ese tipo de expresión porque está arrepentida. Una niña que puede hacer ese tipo de expresión como si quisiera ponerse a llorar.
En el pasado ¿alguien fue amable con ella? ¿Dónde están sus padres? Fugaku dice que viene de Suna, pero salvo eso no saben nada más de ella. Sakura tampoco luce con ganas de querer contarle en todo el tiempo que llevan juntas, pero…
Quizá Danzou tiene razón con respecto a algo: Mikoto es demasiado sensible, incluso con alguien que no está relacionada con ella por la sangre. Aun así, no le importa, porque eso significa para Mikoto que aún hay bondad en ella. Que aún existe ese tipo de cualidad humana que Fugaku dice ve en ella. Quizá…aun pueda hacer algo al respecto. Quizá, si tiene éxito y se van de ahí, pueda hacer de Sakura una persona completamente distinta.
—Sí, lo estoy —Mikoto se enternece cuando ve a Sakura bajar la cabeza ante su respuesta. Sí, puede que esté fingiendo estar siendo dura con ella, pero tiene que hacerle reconocer que lo que hizo estuvo mal, ante todo—. Obito es mi hermano. Es la persona más importante para mí.
—¿Y yo no puedo serlo?
"A pesar de todo…le tienes cariño ¿verdad?"
¿Cómo podría no tenérselo?
¿Cómo no podría ser importante?
Desde que nacemos cada uno de nosotros lo es.
Esa, debe ser, la primera vez en que abraza a alguien de tal forma que quisiera estar así todo el tiempo. La manera en la que Sakura, ligeramente agitada y aturdida, respira, pero a la vez responde con temor, le hacen querer protegerla todavía más. Ella, a diferencia de Obito quien huele a leche y galletas, huele a cerezos y a rocío de la mañana. Pero también huele a tristeza, a desesperación, a una necesidad hambrienta por sentirse querida por alguien. ¿Quién es esta niña? ¿Qué es lo que le hicieron? Son preguntas qué, seguramente, descubrirá pronto.
Quizá por ella misma o quizá por alguien más.
Aunque, por esa noche, no quieren suponer nada.
No quieren pensar en absolutamente nada.
Abrazar a Sakura es como abrazarse a sí misma. Abrazarla es desentrañar sus sentimientos más profundos y sus anhelos incompletos. No recuerda la última vez que su madre la abrazó estando lúcida pero seguramente se sentiría y se vería de esa forma. De la forma en la que ella está abrazando a Sakura.
—Déjalo salir, Sakura —en la manera en la que la consuela mientras derriba, con un llanto que, por primera vez, toma fuerza, cada una de las barreras que la tienen presa. Ese "déjalo ir" ha sido suficiente para hacerla entender que, aunque llore, así sea toda la noche, no se va a mover de su lado—. Déjalo salir.
Por esa noche, aunque Sakura se concentra más en llorar que revelarle cosas importantes, al menos Mikoto logra saber que se encuentra bajo la influencia de Danzou de algún modo. Sakura no dice cosas realmente certeras, pero muchas de ellas quedan implícitas. Como que, evidentemente porque es algo que la misma Mikoto ya sospechaba, le ha dicho cosas a cerca de Fugaku y de lo malo que le hace estar cerca de él.
Cosas que Sakura, en su inocencia, pero también obligada, decide creer.
—¿Qué más te dice?
—Que debo alejarlo de ti.
No le sorprende.
Eso es algo que Danzou le diría a cualquiera.
Pero el hecho de que tenga su mirada fija en Fugaku también le perturba un poco.
No puede. Definitivamente no puede esperar a que pase más el tiempo. Tienen que irse de ahí pronto, pero… ¿qué tan conveniente sería decirle a Sakura a cerca del plan que tiene con Fugaku sobre escapar? Es decir, una cosa es que realmente se vea muy apegada a ella, pero no puede no obviar que los hábitos que asume Danzou le ha enseñado, así como las ideas que le ha metido, vayan a causar conflicto en las decisiones propias que Sakura tenga a futuro.
—¿Mikoto?
Pero con solo mirar esos ojos esmeraldinos siente que pierde de una manera muy penosa. Sus ojos son tan distintos a los suyos.
No puede…No puede permitir que Danzou ahogue a Sakura y la use como la usó a ella. Tiene que enseñarle el sentido de la reciprocidad al menos ahora. Algo que le dé una garantía de que está de su lado, pero también que le haga sentir que puede confiar en ella.
—Dame tu mano.
Es…arriesgado, pero sabe exactamente qué hacer.
Y si todo sale mal, entonces la culpa no será de Sakura solamente, sino de ella también.
Posiblemente la culpa sea totalmente de ella.
.
III
.
Pero por más que quiera alejarla de Danzou, su contacto con él es demasiado estrecho a pesar de que últimamente ve a Sakura hacer una expresión de ya no sentirse a gusto cada que es solicitada, por algún soldado, a ir hasta donde él se encuentra. Incluso ahora que a pesar de que es muy pequeña ya la han adjudicado al equipo de Mikoto cada que salen a explorar, cada que regresan y descienden de los vehículos no la dejan ni siquiera respirar pues ya están llevándosela a Danzou de forma inmediata.
—La solicita cada vez más —comenta Fugaku, descendiendo de uno de los otros vehículos, completamente serio. Por ser quizá, el mayor del grupo y por poseer ese rostro duro es que muchos de sus compañeros lo evitan, aunque Fugaku le ha dicho a Mikoto que sospecha que se debe a algo más—. Adelantaron la fecha de regreso, Mikoto —absorbida por el comentario, la azabache se ve incapaz de seguir manteniendo la mirada por el lugar donde Sakura se ha perdido entre los pasillos, volteando a mirarlo con urgencia.
—¿Tan pronto? Siempre duras aquí casi dos meses —Fugaku tuerce una mueca, igual inconforme—. Solo ha pasado una semana —No es nuevo para ambos el saber que los prefieren lejos que juntos porque a pesar de que como equipo congenian bastante bien, parece que a los ojos de los demás su resplandor es demasiado grande además que tanto Fugaku como Mikoto tienen tendencias, casi siempre, a ir en contra de las reglas lo cual altera a los demás elementos—. ¿Crees que sospechen algo? Sobre…ya sabes, huir.
—No lo sé, pero… —asegurándose de que la sala de embarque se haya vaciado un poco, la toma de la mano metiéndose en el espacio entre dos de los vehículos para más privacidad—. Puede que esta vez sea la última vez que me permitan venir aquí —Mikoto lo mira, angustiada—. Los escucho murmurar en ocasiones, están decididos a que no me relacione más contigo.
—¡Pero eso es…! —alterada no va a cambiar nada, aunque sería mentir si Fugaku dijera que no se le hace tierna la forma en la que parece preocupada por él. Le dan ganas de besarla desesperadamente porque entiende perfectamente cómo debe sentirse. El necesitar estar juntos nunca antes había sido tan imperativo como ahora—. Si no regresas, ¿cómo…?
—Tiene que ser antes —Mikoto calla analizando profundamente sus palabras—. Habíamos decidido esperar a la próxima vez que nos reuniéramos para irnos, lo sé, pero…
Pero puede que no exista una próxima vez.
Lo sabe.
Ambos lo saben.
—Sé que tienes miedo —Mikoto alza la mirada, confrontándolo como si se hubiese sentido un poco ofendida por el comentario. Más allá de sentirse expuesta o débil ante ese hecho, solo refuerza sus ganas de tomar su mano y apretarla con fuerza. Sabe que el comentario no es con el afán de molestarla sino de demostrarle que no tiene nada de malo sentirse así ahora que las cosas, parecen, han dado un giro bastante drástico. Sus planes, después de todo, no habían sopesado la posibilidad de que la idea de escapar de ahí fuese tan pronto, pero…quizá sea una señal.
Era natural sentirse ansiosa.
—No tengo miedo —así como es natural en ella recobrar la compostura, sacar el pecho y volverse firme. Fugaku solo tuerce una sonrisa, llevando su mano libre a su mejilla solo para deslizarla detrás de su nuca y traer su frente contra la suya, respirando con fuerza.
—Bueno, pues yo sí lo tengo. No quiero que nada te suceda —La ironía de esa sinceridad es que, cuando lo dice, está sonriendo un poco. Fugaku siempre es así, incluso ante el hecho más oscuro o abrumador, siempre logra dejar encendida una mecha, algo que Mikoto agradece enteramente—. Pero si estamos juntos creo que podremos lograr cualquier cosa.
Ella también lo cree.
Y con ese pensamiento es que hace un último intento para sí misma.
Sin embargo, es algo que solo ella puede hacer. Confía en Fugaku y en sus capacidades, pero de los dos ella es quien más conoce Danzou. Si pudiera presumir algo sobre él y su cercanía es considerar que puede pensar como él. Él le ha enseñado todo básicamente, y estando tanto tiempo a su lado fingiendo que es su hija le ha ayudado, sin duda, a entender cómo es que se comporta. Cómo es que se mueve. Además, que desde lo acontecido con Sakura ha estado más encima de él que en ningún otro momento de su vida.
Las pocas veces que lo ve, las pocas veces que él la llama para reunirse, absolutamente todo, desde como mueve la boca hasta cómo mueve las manos.
Observar es algo que se le da bastante bien.
Pero, sobre todo, es escurridiza.
No cree que exista otra persona capaz de observar tanto a alguien como ella. Y alguien tan metódico como lo es Danzou en sus actividades dentro de las instalaciones es fácil de leer. No hay muchos lugares los cuáles él visitaría a menudo además de que su primer lugar para buscar siempre será el mismo de donde ha visto salir a Sakura tantas veces. Su laboratorio personal. Mikoto ha estado ahí innumerables veces. Desde que fingía ser amoroso con ella hasta que poco a poco fue demostrando su verdadera cara.
Decirle algo como eso a Fugaku, sin embargo, lo pondría nervioso y es más que obvio que se negaría o se ofrecería él mismo a ir allí con tal de que ella no se expusiera.
"Será esta noche", se han prometido con un beso. Un beso que todavía se siente caliente sobre sus labios y que se siente como si espolvoreara confianza y seguridad. Si se atreviera a mirar atrás, si pudiera decirle a la pequeña Mikoto de escasos años algo sería que resistiera. Que resistiera hasta ese momento. Y que se encaminara hacia el laboratorio de su supuesto padre sin miedo. Que no pensara en lo peor que pudiera ocurrir, incluso si ocurría.
Después de todo no habría manera de que, aunque consintiera de una habilidad única, pudiera ver el futuro.
Por una parte, no saberlo estaba bien, pero por otra…
"A medianoche, nos vemos en la plataforma en embarque", se repite, concentrándose. Puede que lo que esté a punto de hacer sea una locura, pero es gracias a Fugaku que no quiere irse de ese lugar con las manos vacías.
Para esta hora de la noche los pasillos están vacíos. Le queda poco más de una hora para ir por Obito y por Sakura, por quienes se ha asegurado, antes de encaminarse al laboratorio de Danzou, estén dormidos cada uno en sus habitaciones. Sobre lo que les dirá cuando los tenga en frente para luego tomarlos a los dos aun no lo ha pensado, pero…resultará. Cree firmemente que lo hará.
"¿Te quieres ir así solamente? ¿Sin averiguar quién es tu padre?"
Había dicho que no le importaba.
Había dicho que lo que más deseaba era irse incluso si era con las manos vacías.
Pero ha sido una mentira.
Llego ahí antes que todos por una razón, y quiere saber por qué.
Por supuesto, así como Danzou es alguien metódico en sus horarios, sin grandes alteraciones o periodos de tiempo cambiantes, Mikoto sabe que no solo no es el mejor momento para irse de ahí sino también para escabullirse en su territorio. Cada fin de mes Danzou sale de las instalaciones por un par de días. Los informes no dicen mucho a cerca de a donde va, pero cualquiera presume, hasta ella, que o va a auditar los demás enjambres o simplemente está haciendo cosas extraoficiales. A Mikoto se le antoja más lo segundo. Desde el momento en el que Danzou ha mentido con respecto a ser su familia, lo considera capaz de todo.
Tiene qué apresurarse, está pensando demasiado en otras cosas.
Acceder a su laboratorio es sencillo, al menos para alguien de su calibre. Una vez dentro no le sorprende la oscuridad pues sabe que en cuanto de un paso al frente los sensores de movimiento van a activar las luces. Antes de eso, sin embargo, se aseguró de desactivarlos.
Algo que tiene que agradecerle a Fugaku pues sin duda cuando le dijo que Suna era la cuna de la tecnología sobresaliente no lo decía en broma. Haciéndola de conocimientos y de dispositivos que podría serle de utilidad, a Mikoto no se le dificulta casi nada desactivar varios de los sistemas de seguridad que el análisis rápido desmenuza. Lo demás, lo conocido, se lo sabe de memoria. Ha estado en ese lugar muchísimas veces, y aunque Danzou no está ahí no puede demorarse tanto.
Donde busca primero son en los archivos de su computador. Nada.
Sí, bueno, aquello es demasiado obvio, pero…
Alguien tan tradicional como Danzou ¿dónde escondería secretos o pruebas de algún tipo?
De los archivos pasa a los montones de libros que tiene, revisa cada uno, pero en realidad no hay nada sorprendente además de los títulos. Cajones aquí, cajones allá. Arriba, debajo… ¿En su recámara? Porque sí, hay como cuatro habitaciones además de su laboratorio que conectan desde ahí.
Ni en las bandejas, ni en los burós, ni en los reportes desperdigados que hay por ahí.
Dónde, dónde, dónde.
Quizá perdió demasiado el tiempo y fue muy optimista al creer que una sola noche le bastaría para encontrar algo referente a Madara. No es que le arrebate un poco la culpa a él, sino que parece que es algo que debió pensar en buscar desde hace tiempo, no ahora que planea irse de ahí en un par de horas. Buscar algo de forma apresurada igual deja un rango alto de fallos, pero enserio creía que alguien como Danzou podría despistarse y ser obvio al dejarle alguna pista.
—Bueno, no importa —se dice para no desanimarse. Sí, hubiese sido genial haber encontrado algo de…
Cuando los sensores de movimiento se activan y las luces se encienden gradualmente, se pone de pie como un resorte. ¿Qué demonios? Nadie tiene acceso a esa habitación sin autorización a menos que sea…
—Danzou… —replegándose a uno de los muros para esconderse dentro del laboratorio, Mikoto descubre que las luces del mismo se mantienen con la misma intensidad a pesar de que, efectivamente, su silueta grande y formida aparece. A Mikoto, en el pasado cuando era una niña, le gustaba visitar ese lugar. Decía que parecía la entrada a una caverna y que le gustaba que la luz estuviera en los bordes y no con grandes reflectores en el techo. Decía que les daba un aspecto más misterioso a las cosas además del tono cerúleo de la luz a esa temperatura.
Justo ahora lo que piensa a cerca de eso es agradecimiento pues gracias a que las luces son tenues y proyectan más sombra que luz puede pasar desapercibida.
Es él.
Es él. Es él. ¡Es él!
¿Pero cómo…?
¿Por qué es que regresó antes?
No puede asomarse más para mirarlo, pero lo ve pararse sobre una de las paredes como si la admirara demasiado. No, no está admirando, cuando levanta su mano y la coloca sobre una superficie casi adrede y conocida, la pared se fragmenta. Y él…Él avanza a través de ella y de un pasillo completamente oscuro.
Quizá, solo quizá, si hubiese sido un poco más consciente del tiempo, del momento, del peligro, de cualquier cosa a cambio de decidir y escabullirse ahí dentro en el último instante, quizá…solo quizá, las cosas hubiesen sido diferentes. Cuando Mikoto atraviesa esa puerta no lo hace sola. Ella no lo sabe, desde luego, pero Sasuke y Sakura la acompañan uno a cada lado.
—Espera… —esa es Sakura, la Sakura madura, la Sakura del presente, pidiendo que se detenga. Que no vaya más allá. Esa es Sakura haciendo el intento inútil de llevar su mano a la muñeca de ella para detenerla, recibiendo la decepción de solo atravesarla como si fuera un fantasma. Eso son ahí, básicamente—. Espera…No vayas… ¡Mikoto!
Pero no la oye.
No la oye porque eso es algo que tiene que suceder.
Eso es algo que sucedió.
Es solo…un recuerdo.
Es solo…un error.
Su voz se agota como quien intenta recuperar el aliento luego de haber corrido un largo tramo durante mucho tiempo. La de Mikoto, en cambio, está sumida en silencio. Mientras avanza por ese pasillo sumida en él y en las luces que hay en los bordes inferiores, siente frío. ¿Es o no la decisión correcta? ¿Debió haberse solo ido y no meterse ahí? Su naturaleza, la que viene de su madre y también de su verdadero padre, es la que la ha llevado hasta ahí.
No puede tener miedo.
"No anticipes el futuro", se repite las palabras de Fugaku, dándose fuerza.
Cuando llega al final del pasillo hay una habitación un poco más pequeña que la anterior. Luce más bien como una pequeña oficina, aunque no sabe si es eso o algo combinado con un almacén. Pero Danzou no está ahí, aunque lo que sí hay son otras puertas. De metal esta vez pero que poseen un mecanismo muy normal para ser algo más asombroso como el pasadizo secreto que acaba de atravesar. Danzou… ¿Danzou a donde se…?
—¿Mikoto? —la azabache se altera cuando el comunicador de su brazo se activa dejando escuchar la voz de Fugaku a través de él. Esperando que el sonido no haya sido demasiado alto, intenta hablar bajito—. Mikoto, ¿dónde estás? Estoy en lo de Obito y… —un ruido proveniente del otro lado de una de las puertas la alerta y al parecer es lo suficientemente claro como para que Fugaku lo oiga—. ¿Dónde demonios est-…?
—¡Guarda silencio! —le grita ella en un tono contenido, aunque igual bajo, comenzando a alterarse.
—¡Entonces dime dónde demonios estás! —ansiosa, reprime la voz de Fugaku colocando su mano por las bocinas, desesperándose—. Dime que no estás en el laboratorio de Danzou…
—Yo…
—¡Sal de ahí ahora o voy a ir a buscarte yo mismo y…! —condicionados por un segundo ruido, a Mikoto comienzan a sudarle las manos tanto o más que la sensación de dejar de prestar atención seriamente a lo que dice Fugaku. Está pasando de nuevo…De nuevo le duele la cabeza. No… ¡No puede tener un ataque de ansiedad justo ahí! —. ¡Mikoto, sal de ahí ya!
—E-Entiend-… —inestable y atolondrada por el dolor de cabeza y el mareo que le provoca, choca con uno de los estantes tirando un par de libros, pero, sobre todo, algo un poco más frágil. Una porta retrato que… ¿había estado ahí o cómo es que no se fijó en él? ¿No está demasiado a la vista? ¿Y de quién tendría Danzou una fotografía en un lugar tan encerrado y pequeño, alejado de la vista de todos?
—¿Qué fue eso? —la voz de Fugaku sigue remanente y precisa a pesar de que se siente mareada, y solo hasta que recoge la porta retrato se da cuenta de que lo ha roto. Dios, tiene que salir de ahí, seguramente acaba de hacer el ruido suficiente para que…
Su dedo sangra con uno de los pedazos de cristal, pero este no refleja tanto en su superficie como lo hacen sus ojos cuando voltea la fotografía y le da la primera mirada.
—¿M-Mamá…?
Su mirada viaja de ella, de una Mito más joven, sana, brillante y sonriente, hasta la pequeña niña que sostiene. Esa niña es ella, por supuesto. Mucho antes que la presión, las obligaciones y la inocencia se le fuera arrebatada. Y, a su lado, Danzou.
No puede ser.
Entonces ¿Danzou en serio es su padre? ¿Su madre fue la que mintió? La herida abierta de su dedo rasga y arde por el roce de una parte doblada.
"Para que tengas un futuro brillante"
"Para que tengas un futuro armonioso"
"Para que seas noble y amable con otros"
Eso significa Mikoto.
Ese es el nombre que él le dio.
Y estos son recuerdos del día en que la nombró.
El día en que tomaron esa fotografía recuerda haber pedido un globo amarillo. Recuerda haber comido pastel. Recuerda haberse subido a un carrusel. El día que tomaron esa foto todo fue felicidad. Porque él estaba ahí, al lado opuesto de donde se ve Danzou a un costado de su madre.
Ese hombre de melena larga.
Ese hombre de ojos amables.
Ese hombre que está a su lado.
Ese hombre que es…muy idéntico a Danzou.
¿Él es…Madara? ¿Él es papá? Si así es, ¿por qué la fotografía está doblada? Como si quisieran ocultar que existió. Como si Danzou quisiera ocupar un lugar que en un principio no le perteneció y…
—Hay una fotografía más debajo de esa, querida —Mikoto se tensa, pero lejos de demostrar que está bañada en miedo, solo le dirige la mirada al hombre como si fuera un témpano frío. Ahí, a unos metros de ella, está Danzou de pie, con una postura bastante presuntuosa. Como si, lejos de sentirse sorprendido o amenazado por verla ahí, fuera lo opuesto. Con un aire petulante y, sobre todo, sereno. Como si no le causara nada, además de un gusto ponzoñoso, tenerla de frente.
¿Una fotografía debajo, dijo?
Guiada por su imperativa y desesperada necesidad de saber, más que el hecho de que haya sido descubierta y él le haya dicho eso, voltea el trozo de papel, descubriendo la otra fotografía.
De nuevo está él.
Él, Danzou.
Su padre, el presunto Madara y…
Y un tercer hombre que igual se parece a ellos dos solo que mucho mayor.
—¿Quién es…?
—Mi querida Mikoto, te presento a tu abuelo.
.
IV
.
Correr siempre representó diferentes cosas dependiendo de la situación que se le presentara.
Durante las misiones correr, ser ágil y rápida, eran cosas que hacía instintivamente para no ser mordida o atacada de gravedad por una de esas criaturas de ojos rojos.
Estando con Obito, jugando a las escondidas, correr significaba ser hábil y veloz para encontrar un buen escondite.
Pero ahora correr significaba horror. Ni siquiera siendo perseguida por alguna de esas criaturas se ha sentido de la manera en la que se siente ahora, ajena a todos los pasillos y paredes como si solo lo hiciera para alejarse más y más del laboratorio de Danzou y, por supuesto, de él. Lo que le ha dicho, lo que le ha revelado, lo que le ha mostrado, tiene que ser mentira.
Es mentira. Es mentira. ¡Es mentira!
Los ojos le arden, el cuerpo le tiembla, su garganta se seca.
Hubiese preferido vivir en la ignorancia. La ignorancia no parecía ser tan mala opción si se hubiese decidido por ella. El no saber no le iba a costar nada, pero se supone que el ser humano es así. Aun estando en peligro, es así de estúpido e insistente.
Las palabras de Danzou siguen oyéndose e intensificándose como olas rompiendo sobre una hilera de rocas en la orilla de la playa. Se generan lento, pero toman fuerza para luego romper la barrera de la paz y el silencio sobre una superficie airosa. No puede ser. Enserio no puede ser…Ella tenía razón, su madre no mintió después de todo, pero si tan solo hubiesen tenido más tiempo, si hubiese sido ella quien le hubiese dicho todo, quizá lo entendería mejor.
Quizá no estaría corriendo justo ahora, desesperada, dando bocanadas de aire, sintiendo que quiere gritar y llorar por partes iguales.
Ya suficiente había sido la impresión obtenida al finalmente tener una imagen clara de cómo es que lucía aquel hombre llamado Madara como para enterarse de lo otro.
Es devastador.
Todo…Lo ha cambiado todo.
Y a pesar de que sigue siendo información sumamente relevante como para que se la haya dicho así nada más, Danzou lo ha hecho porque la conoce. Conoce de qué está hecha en esos momentos y conoce la fragilidad con la que rápidamente podría ser alterada o rota si le soltaba algo de ese tamaño. Ha dado en el clavo. Lejos de concederle a Mikoto las armas para iniciar una rebelión, solo la ha roto un poco más. Ese reluciente y frío hielo tiene tantas fracturas que esta vez, definitivamente, ha dejado una gran grieta en el interior.
Así que Danzou es…
Así que Madara es…
Así que su abuelo es…
—¡Mikoto! —Ni siquiera se ha dado cuenta a dónde la han llevado sus piernas, pero cuando Fugaku dice su nombre y la sujeta por los hombros, haciéndola entrar rápidamente a la habitación de Obito, entiende que ha sido un instinto natural el ir ahí—. ¡¿Dónde demonios estabas?! ¡Te dije que…! —Solo dos veces la ha visto completamente desorientada y deshecha, aunque no cree que alguna de esas veces le haga competencia a la manera en la que la ve llegar ahora mientras tiembla entre sus brazos—. ¿Qué…? ¿Qué pasa?
—Obito… ¿Él donde…?
—¿Hermana? —apareciendo más entero y preparado que ella, seguramente debido a Fugaku quien lo ha vestido y abrigado antes de ella aparecerse, se aparta del chico para ir hasta él, hincarse y mirar su carita antes de abrazarlo con fuerza, sollozando del mismo modo y pidiendo perdón por algo que tanto el niño como el joven soldado no terminan de entender.
—Perdón…Perdón por todo…
"Perdón por haberte permitido nacer en este mundo"
Ahora entiende a su madre.
Ahora entiende el verdadero significado detrás de esas duras palabras.
Y aunque nunca, nunca será culpa de ellos, todo eso es…
—Mikoto… ¿Qué…? —Fugaku es interrumpido.
—Te voy a proteger. No importa qué. No dejaré que nadie te lastime ¿entendiste? —Obito, confundido pero lo suficientemente despierto para entender y sentir su desesperación, solo asiente, aunque su boquita parece temblar al final—. ¿Ya estás listo? —el pequeño solo vuelve a asentir, aunque poco o mucho puede entender a lo que se refiere—. Bien, vámonos.
—Espera —habiendo anticipado que Fugaku no se quedaría sin decir nada, Mikoto cambia la trayectoria de su brazo al final evitando que la sujete, pero no siendo capaz del todo de quitárselo de encima—. ¿Qué pasa?
—Nada…
—¿Y si no sucedió nada por qué estás así?
Que se calle.
Que se calle. ¡Que se calle! No quiere oírlo. No importa si se trata de él o de alguien más, solo…
—Te lo diré luego.
—Júralo.
Jurar. ¿Qué hay de importante en prometer cosas? En cuestión de minutos los juramentos que alguna vez hizo o alguna vez hizo con alguien se desmoronaron. No puede jurar, pero algo que seguramente lleva en la sangre le recuerda que los de su clase, los que poseen su sangre, son buenos para mentir.
—Lo juro —Sí, es bastante buena para hacerlo, pero, aunque Fugaku también ha desarrollado un método para descubrir incluso detrás de la peor mentira, le concede eso solo porque no es el momento ni el lugar para ello. Por ese instante tiene que permitir ganarle la batalla a ella—. Ya vámonos.
—¿A dónde vamos? —la inocencia y el claro temor de Obito es notable, pero ni siquiera eso detiene a Mikoto para que voltee, lo mire y lo reconsidere. Quiere irse. Quiere largarse de ese lugar de una vez. Y ahora es más imperativo que nunca que lo hagan, no tendrán otra oportunidad, no después de que Danzou la ha visto infiltrarse en su territorio. No se va a quedar tranquilo, y ella mucho menos se siente tranquila con cada segundo que pasa siguiendo respirando el aire de ese sitio.
Incluso si ese hombre desconoce su plan de irse, el hecho de haberse infiltrado en un lugar sin autorización y hurgar entre sus cosas no la va a dejar bien parada.
Si no es en un par de horas será cuestión de días para que reciba un castigo y no quiere…No quiere saber nada de él ahora ni nunca.
—¿Y Sakura? —Mikoto no se detiene salvo para aceptar el ofrecimiento de Fugaku de ser él quien lleve a Obito en su espalda completamente cubierto con una manta, como si pareciera que llevan armamento en lugar de un niño pequeño. Los pasillos están vacíos y la ruta que han decidido atravesar ha sido asegurada por Fugaku desde la tarde, desactivando el circuito de cámaras de seguridad por el que se mueven para no ser notados—. Mikoto, te estoy hablando.
—Ya la he llevado a la zona de embarque.
—¿Enserio?
—¿Por qué te mentiría? —de nuevo esa mirada. Confrontar esa mirada es como mirar al vacío y no obtener absolutamente ninguna resolución sobre lo que hay en el fondo o si tan siquiera saber si existe uno. Aun así, decide creerle. Si antes tenían el tiempo de sobra ahora no es así. Y hay cierta tensión abrumadora en el aire y en el silencio por el que se mueven que es sofocante. Como si…algo no estuviera bien.
Y desde luego nada se siente bien cuando llegan a destino y Fugaku no ve a Sakura por ningún lado.
—¿No dijiste que estaría aquí? —de nuevo Mikoto no responde, en su lugar se ocupa de abordar a Obito a uno de los vehículos pequeños de los que varias veces habían platicado a cerca de usar para escapar algún día. Ligeros y casi sin la problemática de hacer ruido con el motor—. Mikoto.
—Te voy a abrochar el cinturón, ¿está bie-…?
—¡Dime dónde está la niña! —esa debe ser la primera gran discusión que tiene en el momento menos oportuna de toda la vida. Esa debe ser la primera vez en la que Fugaku, orillado por el enojo, la frustración y la desesperación, la toma de la muñeca con brusquedad solo para obligarla a que lo mire independientemente si ella estaba ocupada o no asegurando a Obito en su asiento—. ¡Contéstame!
—No lo sé —Fugaku se queda helado—. No lo sé y no me interesa. Ella no vendrá —con la misma rapidez con la que la ha sujetado del brazo, la suelta, pasmado.
—¿Cómo que…? —¿Acaso escuchó bien? — ¿Cómo que no vendrá? —como si en verdad no le importara, tal y como ha dicho, Mikoto solo evade su mirada mirando al piso—. No es momento para bromas. No podemos dejarla aquí.
—Sí puedo —alterado y furioso de verla actuar de ese modo, la toma de los hombros, sacudiéndola. Aun así, Mikoto no hace gran esfuerzo por intentar mirarlo realmente o para liberarse—. Chiyo tenía razón.
—¡Se lo prometiste! ¡Y tú te lo prometiste a ti misma!
"Tú no eres como él. Tú nunca dejarías a nadie atrás"
El día que soltó esas palabras suena tan lejano y tan desconocido ahora. Fugaku, mientras más la mira y mientras más ella permanece sin decir nada, la desconoce. Ella…Ella estaba bien hace unos días. ¡Incluso hace un par de horas todavía parecía decidida a dejar ese lugar con Sakura y…!
El laboratorio de Danzou.
Mikoto acaba de regresar de ahí si no se equivoca.
¿Qué…? ¿Qué demonios pasó ahí para…? El sonido del seguro de un arma siendo retirado los alerta a ambos. Ella está segura que los ha sorprendido. Que no la esperaban. Pero más que fijarse en el rostro de Fugaku, Sakura se dedica a ver el rostro deformado y alterado de Mikoto.
—¿Sa-Sakura…? —Fugaku es el primero en llamarla más la pelirrosa no parece interesarse por ello realmente. Aunque ambos se separan lentamente y con discreción, a quien apunta es a él meramente y Mikoto es la primera en darse cuenta de ello, dando un paso al frente casi por instinto—. Mikoto, espera. Es Sakura, ¿qué no ves?
—Sí, y te está apuntando con un arma —dice, seria, intentando dejar de lado el hecho de que está igual completamente horrorizada de verla ahí. Como si hubiese sabido…Claro, ¿cómo no iba a saberlo? Danzou se lo ha dicho—. Has sido tu ¿verdad? —el arma que continúa apuntando a Fugaku a pesar de que Mikoto es quien se mueve delante de él parece titubear—. Tú le has puesto sobre aviso.
—¿Qué…? —Fugaku, a su espalda, no lo puede creer. Pero, aunque espera una respuesta de Sakura, esta no responde. Solo está ahí, apuntándoles con un arma, con los ojos verdes ensombrecidos de nuevo. De nuevo parecidos a la ocasión en la que también le golpeó. Como si fuera otra persona la que tuvieran en frente.
—¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? —sin embargo, la que también se ve como otra persona justo ahora es Mikoto. Más que dolida, está furiosa. Pero más que furiosa también está irreconocible. Con un semblante severo y a la vez hostil. Como si entre ambas compitieran en ver quién va a ser la primera en ceder y quien va a irse de ahí con la victoria tras haber pisoteado a la otra—. ¡Contéstame!
—Él dice que aquí es seguro —debido a que Mikoto avanza más hacia ella el cambio de visión hacia Fugaku se reduce, y aunque Sakura intenta volver apuntarle desde otro ángulo, Mikoto se lo impide tomando el arma solo para apuntarse a sí misma, escandalizando a Fugaku y, pareciendo, despertar a Sakura del trance.
—¿Seguro?
—Él dijo que me ibas a dejar —Mikoto frunce el ceño—. Así que lo intuí.
A pesar de que no haberle dicho absolutamente nada acerca del plan, Sakura "lo intuyó". O más bien Mikoto fue demasiado transparente al creer que podía confiar en ella y darle pistas de que así sería. Porque creyó que eran iguales. Porque sintió empatía por esa niña. Porque…
"Te encariñaste con ella, ¿no es así?"
—No iba a dejarte aquí —a partir de ahí Fugaku reconoce a su Mikoto. Por el tono entrecortado y la voz ahogada. Por la inestabilidad en sus brazos y el dolor en su cara. Por el temblor de sus labios y las ganas de llorar sobre sus ojos—. ¡Iba a llevarte conmigo! ¡Conmigo, con Fugaku y con Obito! ¡Iba a hacerlo, pero tú…!
—¿Hermana? ¿por qué gritas…? —de forma mecánica Sakura aparta el arma de encima de Mikoto apuntando hacia por encima de la silueta de Fugaku, justo donde Obito asoma la cabeza desde la parte trasera del vehículo. Y aquello enciende a Mikoto. Lo suficiente para atestarle, seguramente, el primer golpe a Sakura y por el que pagaría las consecuencias más tarde.
—¡Mikoto, no! —pero lejos de asustarse de hacerlo, o de reaccionar ante el grito de Fugaku, lo único que siente es miedo mezclado con rabia. Ni siquiera le importa con qué fuerza la mandó al suelo y si esa sangre que brota de su nariz y boca se detendrá pronto o tendrán que pasar varios minutos para ello. Si el labio o la mejilla le van a quedar amoratados o si le pudo haber tumbado un diente.
No le importa mientras la ve en el suelo con la mano cubriéndose la boca manchada de sangre.
—Aleja tu mirada de él —hace una pausa completamente enfurecida—. ¡Si lo vuelves a mirar, juro que…!
—Si te vas, gritaré —la amenaza por sí sola no altera a Mikoto, quizá porque no ve la magnitud de ello o porque el enojo no la deja ver que dentro de los opacos ojos de Sakura está la depravación de la que tanto había hablado con Fugaku y que justo ahora parece de terror. Pero al igual que ella, Mikoto parece ser igual consumida por pensamientos negativos, desenfundando también un arma de fuego, apuntándole—. ¡Si te vas, gritaré!
A ella.
Una niña.
—Inténtalo.
¿Cómo…? ¿Cómo todo se convirtió en eso? ¿En qué momento se equivocaron? ¿Quién es el culpable?
Buscarles respuestas a esas preguntas ahora es inútil. Inútil porque el tiempo se les acaba y porque si Sakura no se aparta Mikoto, en el estado en el que se encuentra, es capaz de…
—Mikoto, por Dios. Baja esa arma. Es solo una niña —implora Fugaku a su espalda, intentando tranquilizar a un alterado, sollozante y asustado Obito.
—Yo también era solo una niña…Y eso a nadie le importo —refuta, dolida y furiosa—. Nada de eso importo… —con fuerza aprieta más el agarre del arma— el día en el que nos volvimos asesinas. Por eso somos iguales. Por eso…nos merecemos lo mismo.
Porque la educó.
Porque la crio.
Porque la hizo casi a su semejanza.
Y no solo le confió la seguridad de Obito o de Fugaku. No solo le confió a cerca de irse y llevarla a su lado.
Dios Santo, también le confió…
"Dame tu mano"
—Tenemos que irnos —dejando de apuntarle, le da la espalda solo para escuchar cómo, una vez más, Sakura toma su arma y le apunta, seguramente a su espalda, por primera vez.
—¡Si te vas, voy a…!
—No vas a disparar.
¿De ese modo se sentirá Danzou cada que sabe que está por encima de ella? ¿De ese modo se sentía el saber que podía controlarla siempre y cuando la amenazara implícitamente con hacerle algo a Obito, a Fugaku o a Chiyo si se oponía? Las veces en las que Mikoto miró desde el suelo a Danzou fueron innumerables; y, en algún punto retorcido de su mente, ella deseó poder sentir lo mismo que él algún día. Poder pisotear a alguien o quizá solamente regocijarse ante la sensación de saber que podía mantener en línea a alguien con el poder de la manipulación.
Danzou, siendo ruin y cruel, usaba el recurso de amenazar con dañar a sus seres queridos.
Y, justo ahora, Mikoto aplica un método similar.
Puede que Sakura sea capaz de hacer daño a cualquiera, pero a ella…A pesar de que le apunta, está temblando. A ella, es incapaz.
Ah, con que así se siente ser despiadada, manipuladora y cruel como Danzou.
Con que así se siente llevar la delantera, aunque sea por un momento.
Cuando Mikoto vuelve la mirada a ella, a unos cuantos pasos de subirse al vehículo que Fugaku y Obito ya han abordado, se lo restriega en la cara. Esa, seguramente, es la única cosa que Danzou no previó.
Que esa niña en verdad la quiere. La quiere mucho más de lo que Mikoto, quizá, creyó sentir por ella también.
—Te lo dije ¿no es así? —Mikoto se ha ido por ese túnel desde hace unos minutos y ella se ha quedado ahí, arrodillada, mirando con la mirada perdida el rastro que el vehículo ha dejado además de la sensación hormigueante que siente en su rostro seguramente por la hinchazón que comienza a presentarse por la bofetada. La bofetada a mano de Mikoto—. Te dije que te abandonaría —Sin embargo, uno mano presuntuosamente más amable le acaricia la mejilla a su vez que le sisea al oído con una voz espeluznante—. Yo nunca me equivoco, corazón.
Corazón.
No sabe lo que significa más allá del órgano que bombea dentro de cada ser humano y que es vital para que exista vida. Aun así, aunque su roce sea espeluznante, es firme cuando la toma delicadamente del brazo y la levanta del piso revisando que no tenga mayor daño.
Acomoda su cabello.
Sacude su uniforme y termina de acomodar las arrugas que se pudieron haber generado por el encuentro frenético.
Y después…
Después…
—Bueno. Creo que ya le hemos dado un poco de delantera ¿no te parece? —el rostro inexpresivo de Sakura, pálido pero cubierto de sangre en la nariz y la boca, se vira para mirarlo—. Tráemela. Ve y tráemela así se arrastrada.
—Sí, señor.
En el pasado recuerda haber sido castigada si era lenta. La medida y la intensidad de los castigos dentro de ese instituto de locos variaba dependiendo de los turnos rotativos de quienes eran sus "cuidadores". Había uno en especial del que Sakura aprendió a ser rápida en el menor tiempo posible.
Su lección sobre la rapidez se basaba en una enseñanza muy burda e incluso asquerosa.
"Lanzaré un escupitajo al suelo. Tienen el tiempo que le demore secarse para ir y hacer todo el maldito circuito. De lo contrario…"
Danzou no ha puesto un tiempo estimado para ello, pero aun así le toma tan poco tiempo dar con ellos pues la cortina de humo del vehículo le es de mucha ayuda cuando llega a donde más o menos ha calculado solo llegaría el vehículo que han montado. A su llegada varios soldados ya están ahí, varios soldados que le duplican la edad, asegurando a los ahora prisioneros. Inconscientes los encuentra salvo el pequeño hermano de Mikoto que llora y dice que el brazo le duele luego de que vehículo ha hecho "pum".
—Parece que no eres tan invencible como había dicho, ¿Eh, Fugaku? —soldados que seguramente habían sido compañeros del azabache, ahora aturdido casi volviendo a la consciencia solo un poco mientras se encuentra tumbado en el suelo, se topan con ella. Con esa ridícula niña que…ha anticipado todo y por la que ahora parece hay que bajar la cabeza cada que se les atraviesa—. Aamm, ¿qué hacemos con él? —Sakura no responde, y aunque es poco probable que Fugaku se fije en ella como para distinguirla, solo pasa de él y de los soldados que lo tienen sujetado hasta llegar a donde apenas la cortina de humo del vehículo completamente deshecho se termina de consumir por el fuego y donde, a unos metros, se encuentra ella, tendida y adolorida.
El peso de la nieve advierte a Mikoto la cercanía de alguien, pero cuando alza el rostro para ver quién es, queda helada por verla a ella.
—¿Te duele algo? —preguntarle algo como eso. Preguntárselo en su cara cuando…Mikoto no recuerda casi nada, pero antes de perder el control del vehículo, antes de darse cuenta que algo más que una falla mecánica estaba alertándolos, pensó en ella.
En ella y en la misma forma en la que sus ojos ahora la miran…como hace un par de horas ella la miró de vuelta.
—Tú…Cómo…
—No disparé, Mikoto. ¿Esto te parece bien?
—S-Sakura…
Con la expresión que alguien pondría al saberse por encima de otro.
Como si se riera de su tragedia.
Provocándole escalofríos al verla sonreír aun teniendo sangre en la nariz, labio y mejilla rota.
Y casi al mismo tiempo que llega ella, Danzou también lo hace. Lo hace acercándose con Obito en brazos, volviéndola completamente loca.
—¡No lo toqu-…! —todo el rostro se le entume de inmediato cuando, en un arrebato de ira, mismo que le permite olvidarse del dolor y levantarse del piso para correr hasta él, Danzou, una vez más, le revira el rostro dándole una bofetada incluso mayor a la que ella le ha dado Sakura, quizá por la diferencia de tamaños y fuerza. Golpe que esta vez, aunque Sakura presencia, no parece perturbada por él.
—¡Hermana! —los brazos de Obito, aunque se extienden hacia ella, son encogidos por el mismo Danzou—. ¡No! ¡No le pegues a mi hermana, papá!
—¿Así que a ti también te maleducó? —temerosa de que vaya a hacerle daño, Mikoto, cubierta de sangre desde la nariz hasta el mentón, lo mira, furiosa—. ¿Qué clase de hijos son los que he criado para que se comporten así y…?
—¡Mikoto! —volviendo finalmente de la inconsciencia, Fugaku parece levantarse del suelo solo para ser reprimido en llegar hasta ella por dos soldados, cada uno tomándole de un brazo respectivamente—. ¡Tu…!
—El muchacho de Suna —canturrea Danzou, con un encogido Obito entre sus brazos—. Así que la fruta podrida al final contaminó a mi hija.
—¡No soy tu…! —pero es Sakura esta vez quien no le permite decir más. No porque la haya mandado a callar directamente por una orden sino porque justamente la señala de una manera muy intensa, despertando la curiosidad de todos. Mikoto, entre una mezcla de desesperación y horror, parece entender lo que está a punto de hacer. Primero es su rostro lo que señala y lenta y tortuosamente su brazo va descendiendo en ángulo hasta llegar a su vientre.
Mikoto tiembla.
"Dame tu mano… ¿Lo ves? ¿Lo sientes?"
"¿Qué cosa?"
—Ahí.
—¿Qué hay ahí, querida?
"Es…algo que está creciendo dentro de mi"
—Sa-Sakura…No, por favor…
—Ahí. Hay algo creciendo allí.
Y si todo sale mal, entonces la culpa no será de Sakura solamente, sino de ella también.
Posiblemente la culpa sea totalmente de ella, por creer en una...
Flor corrupta.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
