Don't You Cry No More

Epílogo

Sam los esperaba en el auto. Ya había anochecido cuando los vio salir por las enormes puertas de madera.

Se sorprendió cuando Dean le arrojó las llaves del Impala con su mano libre, la otra la tenía ocupada sosteniendo la mano de Castiel.

Cuando notó el detalle no pudo reprimir una sonrisa. Estaba muy feliz por el par de idiotas, pero no hizo comentarios al respecto. Solo apoyó su gigantesca mano en el hombro del ángel y le dio un apretón.

—Es bueno tenerte de vuelta, Cas.

En el camino, no hubo ningún tipo de conversación. Sam había prendido la radio en una estación de rock tranquilo, y cada tanto espiaba el asiento trasero por el espejo retrovisor.

Dean había pasado un brazo por encima de los hombros de Castiel, y a los pocos minutos se habían dormido en una especie de abrazo. El cazador no había tenido ni un breve descanso, ni siquiera cuando todo el asunto de Chuck había terminado; y volver de la muerte otra vez, debía ser bastante agotador. Después de todos y cada uno de los apocalipsis que habían superado juntos, se lo merecían. Merecían ser felices. Habían salvado el mundo una vez más, era suyo. El mundo era suyo, y también la posibilidad de ser felices.

Lo único que Sam rogaba para sus adentros, era que la puerta en la que la espalda de Dean se encontraba apoyada, estuviera con el seguro puesto.

No podía esperar a contárselo a Eileen.

El cielo estaba controlado, Jack se haría cargo de ello; el Infierno estaba bajo el mando de la mejor gobernante que pudieran encontrar —era hora que tuvieran una reina para variar—, Rowena. Pero los monstruos seguirían ahí. No estaba muy seguro de que harían al respecto.

Si las cosas —Dios-Jack quiera que no— volvían a ponerse mal, ellos estarían ahí. El búnker de los hombres de letras estaría abierto para cualquier cazador que necesitara un libro, un consejo, o un lugar en el que pasar la noche.

Ellos, probablemente, se tomarían un tiempo. Él quería un tiempo para disfrutar con Eileen, y Dean seguramente haría lo que no pudo hacer la última vez: acompañar a Cas y ayudarlo a atravesar todo su proceso de "humanización".

Estuvo pensando, que quizás era hora para ellos de retirarse, sentar cabeza. Dejar que los nuevos cazadores se hicieran cargo. Ayudarían con lo que pudieran, por supuesto, esa era su vida después de todo; pero sus días de arriesgarse a que los maten habían terminado.

Cuando pensaba en su futuro, solía ver muchas decapitaciones, balas y una muerte sangrienta y dolorosa; pero ahora, lo único que le llegaba a la mente eran imágenes de un sueño que había quedado enterrado muchos años atrás. Podía escuchar campanas de boda, quizás un par de niños, su hermano y él con un traje que no era para hacerse pasar por agentes del FBI. De quién era la boda no importaba, podía ser de Charlie y Stevie tranquilamente. Lo que importaba era que se veían felices.

Lo hablaría con su hermano, llegado el momento. Ahora solo se dejaría llevar, escuchando la suave música de fondo, y los leves ronquidos de los tortolitos en la parte de atrás. Necesitaban ser felices.

Recordó, con simpatía, lo que Dean le había estado repitiendo por varios años y nunca habían podido concretar.

Quizás era hora para ellos, su familia, de enterrar los pies descalzos en la arena, beber unas cervezas, y disfrutar de la vista y el incesante sonido de las olas del mar rompiendo con un murmullo en la orilla.El mundo era suyo, después de todo.

Sabía que dónde sea que estuviera, en todas partes o en ninguna, Jack estaría sonriendo… y así era.