UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE (CAP. 3)

Cuando me salí de bañar, busqué ropa cómoda para ponerme. Elegí un pantalón negro de mezclilla con una blusa del mismo color. Mientras se secaba mi cabello me empecé a poner un maquillaje natural.

Cuando estuve lista, me puse unos botines en color chocolate y una chaqueta del mismo color.

Salí de mi edificio y tomé un taxi, le di la dirección del bar, cuando llegué ya casi eran las 12 de la noche.

Busqué a mis amigos, sabía que estarían en el lugar de siempre, apenas los miré, caminé hacia ellos.

─Hola ─Saludé a los chicos: Tom, Stear, Paty, Annie y Archie. Todos somos amigos desde la primaria, ya que somos del mismo pueblo.

─Pensamos que no vendrías ─me dijo Paty.

─No estaba segura, es que salí tarde del trabajo, pero ya estoy aquí.

─Siéntate, a mi lado, bonita ─me dijo Tom, quien colocó una silla junto a la de él.

Cada fin de semana nos reuníamos en este bar para pasar un buen rato para planear, ¿qué haríamos los siguientes días? Tom pidió una botella de Tequila para todos, porque él sabía que yo bebía Tequila.

Empezamos a brindar por cualquier tontería, no parábamos de reír. Todos nos respetábamos aunque yo sabía que Annie y Archie, se acostaban porque la misma Paty me lo había dicho, pero yo no decía nada.

─¿Qué?, ¿bailamos, Candy? ─me invitó Tom, él ya estaba un poco ebrio.

Tomé su mano y caminé con él hasta la pista de baile. Al igual que mis amigos todos bailamos en grupito. Tom era un excelente bailarín.

Me la estaba pasando de maravilla hasta que sentí que mi celular vibró, lo miré y en la pantalla aparecía: jefe. Sí, mi jefe me estaba llamando. Quise contestar, pero si lo hacía iba a escuchar la música y, se daría cuenta de que no le hice caso, de no venir con mis amigos al bar.

Guardé mi celular. Pero, volvió a vibrar, lo miré, esta vez, era un mensaje. Al leerlo me quedé con la boca abierta, decía: te dije bien claro que, no quería que salieras a divertirte con tu amiguito.

"¿Cómo sabe que salí?", me pregunté, al tiempo que me llegó otro mensaje de él.

Sé que lo hiciste, porque te estoy mirando.

Levanté mi vista y, empecé a ver para todos lados, de pronto me crucé con esos ojos azules verdosos. Tragué saliva cuando lo miré sentado en la barra con una cerveza en su mano mirándome seriamente. Me hizo señas para que, me acerque a él.

"¿Acaso me había seguido hasta este lugar?", pensé al darme cuenta de que, seguía vestido igual como había ido a la oficina.

─Ahora, regreso ─les dije a mis amigos.

─¿A dónde vas Candy? ─me preguntó Tom, quien me agarró de la cintura para que siguiera bailando.

─Quisiera otro tequila, siento la garganta seca.

─¿Quieres que te acompañe, bonita?

─No. Tú sigue bailando.

Tom me soltó, se unió a nuestros amigos. Yo, por el contrario, caminé hasta la barra donde mi querido jefe no dejaba de verme serio. Me paré a un lado de él y pedí un tequila.

Sentí como me jaló de la cintura para quedar en medio de sus piernas...

─Te dije que no quería que salieras con tu amiguito ─me susurró al oído.

─¿Usted acaso me siguió?, que no se supone que se fue de mi edificio, después de dejarme.

─Sí, lo hice, pero sabía que no me obedecerías, así que regresé a buscarte. Justo cuando llegué a tu edificio te miré salir y subir a un taxi. Te seguí hasta aquí. Así que ve, despídete de tus amigos y larguémonos de este lugar.

─¿Es enserio? ─inquirí sorprendida.

─¿Acaso me ves cara de que estoy bromeando? Te espero a fuera ─Pagó la cuenta, se levantó y salió del bar. Terminé de tomar mi tequila y, regresé hasta donde se encontraban mis amigos.

─Chicos tengo que irme, me acaba de mandar un correo mi jefe para decirme que mañana tengo que presentarme en la oficina para hacer un trabajo que, necesita para el día lunes.

─¡¿Qué?! Dime que es broma, bonita ─me dijo Tom.

─Lo siento... si no fuera importante no me iría, pero tengo que levantarme temprano, ustedes sigan divirtiéndose.

─Está bien, pero mañana nos ponemos de acuerdo para irnos a comer, ¿va?

Me despedí de ellos, salí del bar molesta. No podía creer que mi jefe fuera capaz de seguirme hasta el bar, donde estaba divirtiéndome con mis amigos.

Al encontrarme afuera miré a ambos lados para ubicar a mi queridísimo jefe con el que apenas unas horas había tenido sexo; haciéndome firmar un contrato de confidencialidad.

Cuando lo vi recargado fuera de un lujoso auto gris me acerqué hasta él. Apenas me observó, me abrió la puerta para que subiera, pero antes de subir me jaló de la cintura y me pegó a él.

─Te dije que si no me obedecías te iba a llevar a mi nuevo departamento para tener sexo todo el fin de semana contigo... ─yo sólo tragué saliva.

─Y, yo le recuerdo que, soy su asistente. No tiene derecho a prohibirme si puedo o no divertirme.

─Mientras tengas sexo conmigo, yo decido si sale a divertirse o no ─me besó, pero esta vez su beso era muy exigente que me dejó sin aire─. Ahora sube.

Subí a su auto, esta vez, él manejó. En todo el trayecto fui en silencio, ni siquiera le volteé a ver, preferí observar la vía de la carretera por la ventana. Sin embargo, sentía su mirada.

Antes de llegar a su departamento, miré que se estacionó afuera de una farmacia de 24 horas.

─¿Qué hacemos aquí? ─pregunté.

─¿Tú qué crees? No quiero que termines embarazada. Aquí trabaja un amigo. Quiero que te recete algo para cuidarte de un embarazo, así que baja del auto.

Una vez más, le obedecí y entré con él a la farmacia. Él me agarró de mi cintura mientras caminábamos. Cuando estábamos adentro, vi que le dijo algo al farmacéutico y después me llamó.

─Ve con él... ─me ordenó, yo solo asentí.

Caminé con el farmacéutico hasta un cuarto, más bien hasta un consultorio.

─¿Así que tu eres la nueva amiga de Terry? Esta vez eligió bien, eres muy bonita, y joven ─me preguntó y dijo el farmacéutico.

─¿Perdón? ─respondí confundida, ¿acaso mi jefe aquí traía a todas sus amantes?

─Yo soy Charlie. Amigo de Terry. No te preocupes haz de cuenta de que no sé nada... te voy a poner una inyección, es para que no salgas embarazada, este método es mejor que las pastillas. Incluso hará efecto como la pastilla del día siguiente... vas a tener que venir cada que yo te llame; así que apunta aquí tu número ─me acercó un papel y un lapicero.

Me puse roja de la vergüenza, este tipo sabía que tendría sexo con su amigo, sin protección. Mientras apuntaba mi número, él preparaba la inyección.

─Acuéstate en la cama boca abajo y, descubre uno de tus glúteos.

Hice lo que me dijo. Yo no era amante de las agujas, pero prefería eso a salir embarazada. Después de que me puso la inyección, me levanté.

─Entonces yo te llamo cuando tengas que venir para ponerte el método para que no salgas embarazada.

Asentí y salí del consultorio. Terry se acercó a pagarle, yo por el contrario salí de la farmacia sin decir nada. Caminé hasta el auto y subí.

Estaba esperando a mi jefe que se había quedado hablando con su amigo: el farmacéutico. Cuando regresó subió al auto y empezó a manejar.

─Tienes que venir con Charlie cada que te llame, entendiste.

─Sí, no se preocupe, yo tampoco quiero salir embarazada y menos de usted.

Soltó una carcajada como si acabara de contarle un chiste─: serías afortunada de que tuvieras un hijo mío.

Esta vez, yo, me reí. Afortunado sería él de que yo quisiera tener un hijo suyo. Sí, ya era tremendamente afortunado de ser el segundo hombre con el que tenía sexo, y, de haberme convencido de firmar ese contrato para ser su amante; aunque como no aceptar si es bien parecido.

─Afortunada, lo dudo ─dije, él solo me miro serio.

Llegamos hasta su edificio. Él entró al sótano donde se encontraba el estacionamiento, bajamos de su auto. Caminé con él de la mano hasta el elevador, miré que presionó el botón 18, las puertas se cerraron.

Mi querido jefe no perdió tiempo de meterme mano. Me recargó en la pared y me besó mientras con una de sus manos apretaba mis senos...

─Si no tuvieras puesto ese pantalón, aquí mismo te volvía hacer mía ─me dijo al oído dándome pequeños mordiscos en el cuello.

Sentí una corriente eléctrica en todo mi cuerpo, hacía apenas unas horas que había estado con él, y me había dicho que tendríamos sexo todo el fin de semana por el simple hecho de haberme ido con mis amigos.

La puerta del elevador se abrió, me agarró de la mano, salió conmigo de ahí a paso rápido, apenas abrió la puerta de su departamento, se volvió a lanzar sobre mí arrinconándome entre la pared y él.

Continuará.