ADVERTENCIA: Recordad, por favor, que en esta historia hay violencia y lenguaje soez.
.
LA MANCHA ROJA;
la locura de enamorarse
O1
"If I decide to burn instead of fading out,
I still would like the chance for us to say good bye, over and over again"
El estado en que llegó Blossom a su hogar ese día hizo que el almuerzo familiar se estropeara, pero nadie iba a culparla, no es como si fuese su culpa que se haya producido un ataque de esa manera. Su padre le insistió para que fuera a dar declaraciones a la policía porque era su deber ciudadano, además, podría servir para presentar cargos contra quien resulte responsable. Blossom duda, estaba demasiado asustada en ese momento, pero en la tarde pudo tomar el valor para poder ir.
Siendo su padre quien la llevase en coche, Blossom entró a la estación de policía para dar su declaración al respecto. No fue algo complicado, solo les avisó a los policías que estaban de turno en ese momento que ella estuvo en el lugar de conflicto. Fue rápido, como si hubieran estado tomando declaraciones hasta esa hora, lo que podría ser posible debido a que había ocurrido casi tres horas atrás. Fue atendida por una mujer que estaba cerca de los cuarenta años. Le hizo preguntas al respecto de la hora, lo que estaba haciendo, y lo que escuchó. Blossom lo relató sin dar tanto detalle innecesario, quiso hacer énfasis en lo fundamental, respondió a la pregunta ocasional: "¿Qué hacías tú en ese lugar?", y ella le respondió que estaba comprando chocolates y le muestra el recibo que tenía la hora impresa y el monto.
—Eso es todo, señorita Utonium —dice la policía—. Agradecemos su cooperación con el caso.
—Quisiera hacerle una pregunta —suelta de repente, la mujer la mira, al principio confundida, pero luego asiente con cierto interés—. ¿Conoce a un chico pelirrojo, el cabello un poco largo, casi de un metro ochenta aproximadamente...?
—Lo siento, pero no estoy autorizada a dar ese tipo de información, señorita.
"Por supuesto", pensó ella, cómo se le había ocurrido hacer semejante pregunta, ella era una conocedora de las leyes, joder.
—Disculpe por ello. Muchas gracias.
Salió de la estación de policía, subió al auto de su padre y emprendieron camino a casa. La comunicación con él no era muy fluida, si no había nada de qué hablar, no se hablaba, así de simple. Blossom miraba por la ventana, suspiró y relamió sus labios. Ella era consciente de que su familia solo era una familia por los lazos de sangre, pero ¿los lazos de sangre de verdad influyen en la conformación de una? Quizás sería el principio, pero en su caso no había mucho interés que digamos. Cuando su padre se detuvo para dejar pasar una carreta de verduras, Blossom se dio cuenta de que estaban tomando el camino a través del pueblo.
—¿Por qué pasamos por acá? —preguntó ella.
—Sale más corto, si tomamos la ruta del transporte público llegaremos a la autopista —le responde con su voz tranquilizadora—. No te preocupes, hija, nada malo ha de pasar.
El hombre pensaba que su hija podría estar preocupada por los recuerdos de lo vivido, miró a los alrededores y el pueblo parecía estar funcionando con normalidad a pesar de lo que había sucedido hace unas horas. Blossom, en tanto, pensó en que podría preguntar en alguna de las tiendas por si conocen a aquel joven. Ella observaba a cada escaparate, quería recordar y reconocer los nombres de las tiendas, también quería mantener viva la imagen del rostro de ese joven para poder describirlo con mayor precisión.
"¡Que te vayas! ¡Huye! ¡No quiero que te pase nada! ¡No vuelvas por este lugar!", recordó. Pero ¿cómo no querría volver a ver a quién le salvó? Solo quería agradecerle. No se iba a rendir hasta dar con él, su terquedad podía alcanzar niveles inimaginables una vez que se proponía un objetivo.
.
.
Luego de un mes desde el incidente en donde tuvo que valerse de sí mismo para esquivar las balas y repeler los ataques de Bud, Brick había conseguido un par de trabajos: afilaba los cuchillos de una carnicería y se encargaba de limpiar, por las noches, la panadería que estaba a una corta distancia, en el centro del pueblo. El señor que había ido a verle a su casa, aquel a quien Brick no quería ver por pensar que le sugeriría trabajos "fuera de ley", sin embargo, y luego del incidente con Bud, fue a verle y se llevó una gran sorpresa al darse cuenta de que el hombre de gran bigote sí pretendía darle un trabajo real, sin otras intenciones.
El salario no estaba mal, tampoco es como si pudiera darse unos lujos de maravilla, pero les alcanzaba para comprar comida suficiente para todo el mes y, hasta, darse unos cuantos caprichos que estuvieran fuera del presupuesto. Además, el viejo les ofreció otro tipo de trabajo a sus hermanos, en la verdulería que él también manejaba, ellos descargaban la mercancía y, a veces, se ganaban un dinero extra por realizar envíos en la "verdulería sobre ruedas" que era llevar, a domicilios particulares, los pedidos, lo hacían montando una bicicleta. El viejo estaba bastante satisfecho con el trabajo que han realizado los hermanos, especialmente Brick, quien era el que tenía las jornadas más largas. Él conocía la historia de los hermanos, de hecho, eran pocos los que no conocían la historia de ellos, pero también sabían que era un tema que no debían tocar, preferían mantenerlo como un secreto local, a modo de respetar la memoria de quienes no estaban ni estuvieron.
—Ha pasado ya un mes —dice el viejo a Brick, que terminaba de acomodar los cuchillos sobre el mesón—, supongo que ya no...
—No, señor Mistle, no tengo por qué seguir robando si tengo una buena fuente de dinero —afirma el joven.
—No fue mi intención incomodarte.
—No se preocupe, no lo ha hecho, en realidad, me alegra que me haya preguntado eso. Decirlo en voz alta tiene... ¿Cómo decirlo? —frunce el ceño mientras mira al techo del recinto, luego mira al viejo—. Una vibra diferente.
—No es necesario que lo digas explícitamente con palabras —le sonríe el viejo—, entiendo lo que quieres decir.
—Todo es gracias a usted, por habernos dado esta oportunidad a mí y a mis hermanos.
—¿Antes cómo vivíais? Tengo curiosidad, aunque respeto si no quieres contarme...
—Butch hacía malabares en algunas esquinas, Boomer recogía latas y las llevaba a los depósitos en donde las compran por libra... Yo hacía otra clase de cosas que, la verdad, es mejor no nombrar. De todos modos, el dinero era solo para alimento de un día, no duraba más que eso, y cuando lo hacía, lo guardábamos para los otros gastos del hogar —arrugó la nariz, suspiró y colocó ambas manos en su cintura mientras miraba al viejo con cierta sonrisa ladina—. No es muy agradable de recordar, ¿sabe? Mejor no llamemos nuevamente a la desgracia.
—Toda la razón, muchacho —el viejo menea la cabeza—. Mejor te dejo seguir trabajando.
—Nos vemos después, señor Mistle.
Volvía a estar solo, le quedaba limpiar otra tanda de cuchillos. Agradecía no estar cerca de la carne, el olor de verdad que lo mareaba y le producía algunas arcadas. Siguió limpiando los otros utensilios, no era un trabajo muy duro, la verdad es que era simple, pero tomaba tiempo. Los otros trabajadores no podían manipular la carne con utensilios en mal estado o sin desinfectar, se infringe el protocolo sanitario.
Luego de su conversación con el señor Mistle, se dio cuenta de que estaba teniendo una vida "tranquila", más bien, "normal" según los parámetros que se establecen en la misma sociedad. Tenía un trabajo, obtenía dinero de esa manera. ¿Qué más podía pedir? Además de eso, si lograban mantener sus trabajos, en un par de meses más, sus hermanos podrían entrar a una escuela especial para aquellos que quieren nivelar sus estudios. Todo iba bien, no había algo que pudiese (o quisiese) cambiar, pero no podía evitarlo, cada vez que recordaba el día del ataque de Bud, la viva imagen de unos asustados ojos de color rosa aparecía entre sus pensamientos. Esos ojos no eran nada más que el vivo recuerdo de cómo se sintió la gente inocente que estuvo en ese lugar. Se sentía inseguro, la amenaza de Bud seguía latente, ese tipo no se aburriría tan fácil.
Bud no pensaba dejarlo tranquilo, a él ni a sus hermanos, a estos últimos solo porque eran su talón de Aquiles. No había nadie que ignorase el hecho de que, para Brick, sus hermanos eran lo más sagrado e importante que tenía. Precisamente, eso no entendía Brick: él tenía vidas que perder, no tenía fortuna ni nada, en cambio Bud tenía mucho dinero, algo que, si bien Brick necesitaba, no quería.
—Teniendo tanto dinero ¿por qué perseguir a tres muertos de hambre? —murmuró para sí una vez que limpiaba el filo del cuchillo más grande.
.
.
Después de pensarlo un tiempo, Brick decidió que le advertiría al viejo Mistle que está siendo seguido, es como si estuvieran o intentaran ajustar cuentas con él. Cuentas que él desconocía, en realidad, porque lo único malo que hizo fue ser honesto. Le pidió un momento, justo cuando su turno acababa de terminar. El viejo le escuchó, es que Brick no se iba con rodeos, no cuando la situación era seria como en ese momento, le dijo:
—No quiero que a usted le pase algo, pero la verdad es que yo vivo bajo una constante amenaza por parte de Bud, el loco de mierda que estuvo disparando hace ya un mes.
El viejo se quedó en silencio, se quitó los lentes y, con su otra mano, delineó su bigote. Con la cabeza todavía gacha, miró a Brick, quien se ponía nervioso con tan solo ver la expresión de duda y preocupación del viejo. Todo cambió cuando él le sonrió y asintió con la cabeza.
—Venga, hijo, que eso era algo que me esperaba fuese cierto. Ya me lo habían comentado, pero que todos merecen una oportunidad para remediar sus errores.
—Viejo, no me estás entendiendo, no quiero que le pase nada por mi culpa —suspira—. Si llegan a atacarlo, no dude en despedirme, por favor.
—Cuando eso ocurra, ahí veré qué es lo que haré. De todos modos, si el problema es contigo, no tengo por qué estar involucrado, ¿no?
"No entiendes cómo funciona, viejo", pensó Brick, sin embargo, se encogió de hombros y le asintió levemente.
—Tiene razón... —suspira al final—. Solo espero que nunca se le ocurra, a ese tipo, hacerle daño, señor.
—Si llegan a atacarme, tengo el poder y derecho de poner una denuncia en su contra.
Brick no respondió, solo asintió y le sonrió suave. Iba a decirle que ya se iba, pero el viejo pareció recordar algo, le mostró el dedo índice mientras se volteaba.
—Ahora que lo recuerdo, hijo, ¿podría pedirte un favor?
—Por supuesto —asiente Brick.
—¿Podrías ir hasta la pastelería de mi amada esposa y entregarle estos utensilios?
El chico siempre había admirado la forma con la que el viejo hablaba de su esposa. No había ningún tono de ironía cuando decía "amada", "hermosa", "querida", se notaba a leguas que él la amaba, que era su adoración. Brick deseaba poder amar a alguien, con esa misma intensidad, alguna vez en su vida. El viejo le entregó una bolsa azul oscuro en donde iban los implementos que, a la señora Mistle, le estaban haciendo falta.
—Déjemelo a mí, señor —le recibe la bolsa y le sonríe—. Nos vemos mañana.
—Cuídate, muchacho.
Brick salió de la tienda y cruzó la calle, sus hermanos estaban saliendo de la verdulería y parecían estar buscándole. Les dice que debe ir a la pastelería, que los alcanza en el hogar, ambos entienden y asienten.
—¡Directo a casa, chicos! —les dijo con un tono algo severo—. ¡No quiero que paséis a ninguna otra parte!
Ninguno le responde, solo asienten, Butch niega con la cabeza luego, incrédulo, es que Brick de verdad era un sobreprotector. Pero no le discutían, ambos hermanos sabían que la preocupación del mayor no era porque sí. Brick se quedó en la acera con la mirada fija en sus hermanos, quería asegurarse de que estuvieran tomando el camino hacia la parada del autobús que los llevaría a su hogar. Cuando doblaron en la esquina, él acomodó su boina y emprendió camino a la pastelería de la señora Mistle. Le gustaría decir que fue un camino tranquilo, pero estuvo mirando hacia todos lados, reaccionaba ante cualquier ruido hecho por el roce de las llantas contra el asfalto. Tenía miedo de que Bud volviese a atacar, no quería que eso pasase nuevamente, no cuando había mucho en riesgo.
En la pastelería, la señora Mistle estaba esperándole justo en el umbral de la puerta de entrada. Una señora un poco más bajita que su esposo, su cabello blanquecino estaba lleno de rizos y ocupaba unos redondos lentes ópticos, y era un poco fofa. Cualquiera que la viera diría que cumple el prototipo de "abuela tierna", y la verdad es que no solo era una apariencia, la actitud y personalidad de la señora Mistle te dejaba una sensación dulce sin tener la necesidad de comprar alguno de los productos que vendía.
—¡Brick! ¡Muchacho! —le saluda ella—. Te estaba esperando.
—¿A mí o a los utensilios? —bromea el chico sonriéndole sincero.
—Ambos —se hace a un lado para dejarlo entrar—. Por favor, deja el bolso sobre el mostrador. ¡Kim! —grita la mujer—. ¡Kim, hija! ¡Ven a por los utensilios y llévalos a la cocina!
—¡Ya vengo! —y aparece la chica de cabello oscuro, un par de años mayor que Brick, atravesando las puertas que daban a la cocina—. Hola, Brick —le sonríe.
—Qué tal, Kim —chocan el puño y ríen.
Kim y Brick se llevaban bien, él, cuando la vio, pensó que era una chica distante, sin embargo, resultó ser una chica demasiado llamativa y con una personalidad atrapante. Le hizo sentir cómodo desde el primer segundo, se notaba que era hija de el señor y la señora Mistle, tenía la calidez de sus padres, solo que era más eufórica que ambos.
—Brick, cariño —dijo la señora Mistle—, ¿gustas de unas magdalenas?
—No, señora Mistle, gracias. Por hoy no tengo dinero, pero le prometo...
—No te las estoy ofreciendo para que compres —se extraña la mujer—, te las quiero dar a modo de propina por el trabajo de traerme los utensilios.
—No es necesario, señora Mistle.
—No seas modesto —cuando la señora se ponía seria, un pequeño escalofrío te recorría la espalda.
—Acéptalas —intervino Kim—, tienen veneno, no las podemos vender.
—¡Kim, cierra el pico! ¡No digas esa clase de estupideces! —se ofende la señora Mistle, pero Brick rio al igual que Kim—. Brick, la verdad es que no te lo estaba preguntando, tómalo como un aviso —tenía una bolsa de papel entre sus manos y, de la vitrina, extrajo seis magdalenas—: aquí tienes magdalenas.
Brick salió de la pastelería, con las magdalenas, y emprendió camino hasta la parada de autobuses más cercana. Mañana tendría otra jornada laboral un poco más extensa, pero ya se acercaba el día de paga, estaba aliviado porque podría pagar todas las cuentas del mes y, la verdad, es que pensaba comprarle un poco de ropa a sus hermanos para que tengan variación de conjuntos para sus clases.
En la calle contraria a la de él, justo cuando dobló y se detuvo a esperar el autobús, en la esquina contraria, Blossom deseaba divisar el carro de su padre mientras cargaba dos bolsas llenas de chocolates y otras golosinas, sí, llenas. No sabía que tendría valor para ir, nuevamente, a aquel pueblo, sin embargo ahí estaba y el entorno seguía igual que ese día antes del incidente. La verdad es que Blossom no solo había querido ir para comprar chocolates —que estaban en oferta—, sino que pensó, ilusamente, que podría ver al "chico de los ojos rojos". Pero no veía rastro del chico, tampoco a su padre. Estaba cansada, necesitaba una ducha. Una parte de ella quería que su padre llegara pronto para poder darse un baño de tina; la otra parte de ella quería quedarse un poco más para ver si el chico se paseaba por ahí.
Blossom reaccionó ante el claxon de un autobús, de hecho, lo miró con el mentón muy alzado, arrugó un poco la nariz y volvió su vista hacia la calle. ¿Cuánto más se tardaría su padre? Relamió sus labios y, por instinto, ese que ninguna mujer puede ignorar, volvió a mirar el autobús que estaba detenido a la espera de que uno de los carros en frente avanzara ya que tenían luz verde. Y lo vio. Brick estaba sentado al lado de la ventana. Él, también por instinto y por curiosidad de ver el movimiento de la ciudad, miró a la calle. Ambos entreabrieron sus bocas cuando sus ojos se encontraron.
Ella pareció dar un paso, pero en realidad no lo hizo. Él puso la mano en el vidrio, pero la alejó un segundo después. El bus volvía a avanzar. Él aprieta sus labios, ella, los muerde. Él hace una seña de despedida agitando su mano, ella, incluso si las bolsas le pesaban, le correspondió el gesto.
"¿Por qué estás aquí?", preguntó Brick.
"¿Por qué no puedes estar aquí?", preguntó Blossom.
"Si decido quemarme en lugar de desvanecerme,
todavía me gustaría tener la oportunidad de decirte 'adiós' una y otra vez"
.
perlapuccabf: Gracias por estar siempre que publico, es un honor, para mí, recibir reviews tuyos. Me di cuenta de que notaste el contraste en sus familias, me alegró mucho eso. Con respecto a que llegué a tocar tu corazón con lo que escribí, tía, no me incomodas, de hecho, si sientes la necesidad de hablar, hazlo, te juro que no me va a incomodar; puede que no te pueda dar consejos, pero al menos te podré leer sin problema. De nuevo te agradezco el apoyo, significa mucho para mí.
Gracias por leer, nos encontraremos en una próxima actualización.
Recordad, mi instagram es "soymariposamonarca", ahí podrán estar al pendiente de mis actualizaciones. No es necesario que me sigáis, es una cuenta pública y así ha de quedar. Hasta pronto.
