UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE (CAP. 5)

─Señorita Candy ─volteé y, me sorprendí al ver a mi antiguo jefe, el señor Richard Granchester, acompañado de su esposa, mi querido jefe y, con una hermosa joven que se parecía mucho a ellos, quizás su hija.

─Hola, señor Richard..., hola… ─saludé a su familia.

─¡Qué sorpresa verla aquí, señorita Candy! , espero, este muy bien acompañada, me refiero a que si viene con un pretendiente, quizás con su novio… ─yo simplemente, le sonreí. Sin poder evitarlo noté la mirada asesina de mi jefe.

─Papá... ¿a ti que te interesa con quién viene esta joven? ─le dijo la jovencita que estaba sentada en la misma mesa que ellos…─. Mucho gusto Candy yo soy Rebeca, la hija de este señor, tan metiche.

─Mucho gusto, señorita Rebeca ─la saludé de mano.

─Por favor, solo dime: Rebeca.

─Señorita Candy, ella es mi esposa Eleonor. A mi hijo Terry a él ya lo conoce.

─Mucho gusto... ─saludé a su esposa y, después a Terry, mi jefe, quien me dio un fuerte apretón de manos como si estuviera molesto.

─Esta jovencita fue mi asistente por cinco años desde que estudiaba la Universidad y fue una excelente asistente, espero, siga siendo una buena asistente con mi hijo, ahora que está al frente de la empresa. "Si supiera que me convertí hasta en la amante de su hijo..." ─pensé.

─Muchas gracias, por pensar que soy una buena asistente, señor Richard.

─Nada más digo la verdad... por cierto Candy, quiero felicitarte por tu cumpleaños por si no mal recuerdo, es hoy... y cumples... ¿cuántos...? ─se quedó pensando─ 23 años... ¿esos cumples, verdad?

Yo sonreí porque era verdad, era mi cumpleaños, y sí, cumplía 23 años. El señor Richard siempre se acordaba de mi cumpleaños. Me felicitó con un fuerte abrazo al igual que su esposa e hija. Cuando me felicito mi jefe me puse completamente nerviosa por lo que me dijo.

─Te voy hacer que pases el mejor cumpleaños de tu vida ─me susurró cuando me abrazó.

─Verdaderamente, gracias por sus felicitaciones, me agradó saludarlos, pero mis amigos me esperan.

─Sí, claro Candy. Ve a festejar con tus amigos. Espero algún día me presentes a un pretendiente.

Me despedí de ellos, seguidamente, me acerqué hasta donde se encontraban mis amigos, los cuales estaban a tan solo unas tres mesas de donde se sentó mi guapo jefe junto con su familia.

─Perdón se me hizo tarde ─dije─, pero mis amigos se pararon para saludarme y felicitarme por mi cumpleaños.

─Solo por ser tu cumpleaños te perdonamos amiga ─me dijo Paty─. Muchas felicidades.

─¡Felicidades, Candy! ─esa fue Annie, quien me dio un fuerte abrazo al igual que todos mis amigos para felicitarme, nada más faltaba Tom.

─¿Donde está Tom? ─pregunté al no verlo.

─Ya sabes él se la pasa en su cocina, pero no tardará en reunírsenos ─me dijo Archie.

Me senté de frente a mi querido jefe, quien me miraba disimuladamente mientras su papá le decía algo. Estaba platicando con mis amigos cuando Tom salió de la cocina del restaurante con un pastel para mí.

─Feliz cumpleaños, bonita ─me dijo emocionado.

─Muchas gracias ─correspondí a su bello detalle con un fuerte abrazo, pero Tom me abrazó, levantándome en los aires, dándome una vuelta. Cuando me puso de nuevo en el suelo me dio un beso en los labios, el cual me sorprendió, aunque tenía esa costumbre de besarme, pero solo de pico.

Todos nuestros amigos aplaudieron mientras Tom aún me tenía agarrada de mi cintura, dándome pequeños besos en mi frente y, en todo mi rostro. Sin voltear a ver hacia la mesa de mi jefe, sabía perfectamente que, me estaba mirando o que miró lo que Tom hizo. Lo sé, porque sentí su mirada intensa sobre mí.

─Tú siempre tan detallista ─le dije al tratar de sentarme nuevamente en mi lugar, pero Tom no me soltó.

─Sabes que me encanta: consentirte y, eso todavía no es tu sorpresa ─me advirtió, volteando a ver a mis amigos, quienes me miraban entusiasmados.

─Ah, no ─Tom agarró mi mano, me dio un tierno beso en ella.

─No. Vamos, te mostraré tu sorpresa, más bien todos queremos mostrarte tu sorpresa ─se refería a él y a mis amigos, quienes se pusieron de pie. Tom me arrastró de la mano hasta la cocina, pero antes me puso una venda en mis ojos.

─¿De qué se trata, por qué tengo que tener mis ojos vendados?

─No seas curiosa, deja que nosotros te demos tu sorpresa, Candy... ─me dijo mi amiga Paty.

Sabía que habíamos entrado a la cocina con mis amigos, porque escuché una puerta abrirse.

─Ya puedes ver ─me quitaron la venda de mis ojos. Quedé boca abierta al ver que encima de una mesa, estaba una enorme caja de regalo.

Empecé a abrir la caja, adentro tenía muchos globos, confeti, serpentinas y varias cajas de diferentes tamaños una adentro de la otra y, hasta el fondo había una mucho más pequeña que todas, envuelta en papel dorado.

Al abrirla me dio risa porque eran seis boletos de avión a París. Ese viaje lo habíamos planeado desde que habíamos terminado la Universidad, pero por una u otra razón no lo habíamos podido hacer.

─De verdad: ¡ahora sí haremos este viaje! ─grité con inmensa emoción.

─¡Sí! ─respondieron mis amigos al mismo tiempo.

─Nos vamos a París en dos semanas, así que tienen tiempo de hacer lo que sea que tengan que hacer, y, tú, bonita, tienes tiempo para avisar en tu trabajo, ya que eres la que menos tiempo tiene, te la pasas trabajando.

Nos abrazamos todos. Siempre que íbamos de viaje a algún lado, lo hacíamos juntos. Salimos de la cocina. Tom me iba abrazando, iba tan emocionada que no volteé hacia donde estaba aún mi jefe con su familia.

─Bonita, este brindis es por ti ─dijo Tom levantando su copa de champagne, nosotros hicimos lo mismo─, salud y que nunca se termine la bonita amistad qué tenemos.

─¡Salud! ─dijimos todos al mismo tiempo.

─¡Y, ojala, encuentres el amor!, pero que sea amor de verdad para que no termines dejando otra vez en el altar al novio como hace cinco años, porque terminas dándote cuenta que no lo amas ─añadió Annie burlándose, el resto de mis amigos se empezaron a reír, incluso yo me reí.

Sentí que mi celular vibró, era mi jefe. Me había mandado un mensaje: Te miro en el estacionamiento, ahora.

Levanté la vista hacia la mesa donde él estaba, pero ya no se encontraba ahí, así como tampoco su familia.

─Ahora regreso, tengo que hacer una llamada, no tardo.

─Pero no tardes ─me dijo mi amigo Archie.

Salí del restaurante, y, caminé hasta el estacionamiento. Miré a mi guapo jefe parado a un lado de su auto con cara de encabronado, pero cuando me miró subió al auto.

Me acerqué, subí del otro lado. Apenas cerré la puerta, empezó a reclamarme como si estuviera celoso.

─¡Te dije que no quería volver a ver que tu amiguito te volviera a abrazar! Y, no solo te abrazó, te besó en mis narices y tú tremendamente feliz ─me estaba mirando a la cara con sus ojos rojos de coraje.

─Me felicitó por mi cumpleaños y, no me besó, solo me dio un piquito.

─Mira Candy, sé perfectamente bien lo que miré. No soy estúpido. Tú eres mi mujer y, no me gusta que otros cabrones manoseen lo que es mío.

─¡Perdón! Yo no soy su mujer, no le pertenezco, no porque me acosté con usted tiene derechos sobre mí.

Vi que hizo sus manos puños para después darle un golpe al volante. Posteriormente, me volteó a ver y, me señaló con uno de sus dedos.

─Tú, te convertiste en mi mujer desde el momento en que firmaste ese puto contrató y te entregaste a mí. Así que no hagas que me moleste contigo, Candy.

A mí ese maldito no me iba amenazar. Podría estar muy guapo y buenote. Sí, era un buen amante en la cama, pero a mí no me iba a prohibir nada.

─En el contrato que me hizo firmar solo decía que no debía decir nada de lo que pasó en su auto y, de lo que pasará adentro o afuera de su oficina. Así que no me esté amenazando. Prefiero terminar de una vez con esto tan absurdo para seguir con mi vida. Haciendo de cuenta que entre usted y yo no paso nada.

Iba abrir la puerta del auto, pero él le puso el seguro automático. Y, me agarró de mi brazo tan fuerte que, hizo quejarme.

─Tú no me mandarás al diablo solo por tus putos huevos. Así que piensa bien lo que vas hacer Candy, porque si bajas de este auto... esto se acaba.

─¡Esto se acaba de una vez y me alegra mucho!, porque yo no pienso estar soportándolo simplemente, porque usted es un puto bipolar que piensa que porque cogí con usted tiene derecho sobre mí. Así que abra la puta puerta.

Me miraba con mucho coraje, estaba segura de que quería golpearme y apretarme el cuello hasta que dejará de respirar.

─¡Que abra la puta puerta, mis amigos me esperan y no pienso quedarme aquí con usted el día de mi cumpleaños! ─dije levantando la voz lo más que pude.

Se pasó una mano por su cabeza. Luego volvió a golpear el volante. Se quedó mirando al frente hasta que le quitó el seguro a la puerta para que bajara. Al bajarme del auto cerré la puerta con fuerza.

─Candy, espera ─lo escuché decir.

─¡Púdrase! ─dije alejándome de ahí, levantando mi dedito del medio.

Cuando llegué hasta la puerta del restaurante suspiré hondo y sacudí mis manos para relajarme. Caminé hasta donde estaban mis amigos.

─Ya regresé ─dije sentándome en mi silla.

─Estamos planeando ir a pasar tu cumpleaños al bar: ¿qué te parece? ─me preguntó Stear.

─Por mí está bien. Quiero pasar un cumpleaños inolvidable, no todos los días se cumplen 23 años ─expresé tomando mi champagne de un solo trago.

No quería arruinar mi cumpleaños solo porque a mi estúpido jefe no le gustaba que mis amigos me abrazaran.

Nos quedamos ahí en el restaurante hasta que cerró. Ya los seis estábamos algo ebrios. Siempre que uno de nosotros cumplía años festejábamos hasta amanecer.

Apenas se hizo de noche, nos fuimos al bar de siempre y, seguimos la fiesta. Estábamos bebiendo mucho, miré la hora y ya casi eran las 4 de la mañana.

En mi teléfono tenía más de 20 llamadas perdidas de mi jefe y, un mensaje. A pesar de que ya estaba borracha, no lo abrí, guardé mi celular en mi bolsa.

─Creo que ya es hora de irme, ya casi amanece.

─¿Ya tan pronto bonita?; si la estamos pasando muy bien ─me dijo Tom.

─Sí, creo que ya fue mucho alcohol por hoy.

─Está bien, entonces será irnos a descansar. Pero, como nadie trajo auto, nos iremos en un taxi. Si quieren se pueden quedar en mi departamento ─volvió a decir Tom.

─Sí, mi departamento está sumamente lejos ─comentó Paty.

Salimos los seis de ese bar y, nos fuimos al departamento de Tom. Él tenía más dinero que todos, por lo que su departamento es inmenso, contaba con tres habitaciones, debido a que ahí se quedaban sus padres y su hermana cuando venían a visitarlo.

Yo me quedé con Tom en su cuarto, Annie con Archie y Paty con Stear...

Tom nunca se propasaba conmigo, ni cuando nos emborrachamos... él tenía su novia en el pueblo y ya tenían tres años de novios, a veces ella también venía a verlo cuando él no podía ir a verla.

Continuará...

Dejen cien comentarios y verá el siguiente. Primero Dios.