UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE. (CAP. 6)

Cuando desperté, la cabeza me dolía tenía una resaca horrible, mis ojos a duras penas los podía abrir. Una mano de Tom la tenía en mi cintura, él estaba dormidote todavía a mi lado. Quité su mano y, lo aventé para que despertara pero fue inútil, ese hombre parecía una roca.

Me levanté de la cama y me tuve que agarrar de la mesita de noche para no caerme, ¡por Dios, todavía estaba borracha!

Caminé hasta el baño, lavé mi cara con agua fría para despertar. Seguidamente, agarré el frasquito de pastillas para el dolor de cabeza que Tom tenía sobre el tocador del baño, me metí una pastilla en la boca.

Regresé a la habitación y Tom, ya estaba despierto, sentado en la orilla de la cama agarrando su cabeza.

─¿Qué hora es? ─me preguntó. Tomé mi celular, ya casi eran las tres de la tarde.

─Faltan 15 minutos para las tres de la tarde... no puedo creer que nos la pasamos dormidos más de medio día ─expresé dejándome caer en la cama boca abajo─, te toca hacer algo para comer ─le dije, él volteó a verme, sin más me aventó una almohada.

─Yo siempre lo hago, por primera vez deberías hacerlo tú.

─Tú eres el único que sabe cocinar de los seis. Así que levanta tu trasero y ve a preparar algo para comer, porque te aseguró que aquellos no lo harán ─me refería a nuestros amigos que, de seguro seguían durmiendo.

Tom de mala gana se levantó y salió de la habitación. Yo me quedé ahí tirada de panza en la cama, como a los 20 minutos el olor de comida me hizo levantar de la cama y salir de la habitación.

Llegué hasta la cocina donde mi guapo amigo nos cocinaba un delicioso desayunoalmuerzo. Ya tenía café, el cual no dudé en tomar y eso que yo no tomaba café, pero la borrachera de anoche me había dejado una cruda horrible.

El olor a comida también hizo que nuestros amigos salieran de las habitaciones y se sentaran en la mesa. Cuando nuestro amigo terminó de cocinar todos nos pusimos a comer, después cada quien se fue a su departamento, nada más yo me quedé ahí todo lo que restaba del día.

Al llegar a mi departamento aventé mi bolso en el sofá, me fui directo al baño para ducharme. En seguida me acosté en la cama a ver un rato la televisión mientras me ganaba el sueño.

Cuando quise ver la hora en mi celular me di de cuenta de que estaba descargado. Lo puse a cargar, para más tarde acomodarme para dormir.

La maldita alarma sonó anunciando que ya eran las cinco de la mañana y quisiera o no, me levanté para arreglarme para ir a trabajar y, a verle la cara a mi estúpido jefe que, quizás me iba a recibir con mi renuncia en mano para que se la firmara.

Antes de salir de mi departamento para ir al trabajo, me preparé algo para desayunar. Llegué a mi oficina media hora antes. Me dejé caer en mi silla, llevando mi cabeza hacia atrás. Siempre que bebía, la cruda me duraba como tres días.

─Hasta que aparece señorita White ─dijo mi odioso jefe aventando la puerta de mi oficina con fuerza, que me hizo brincar ─la estuve llamando más de 20 veces y, no se tomó la molestia de contestar su maldito celular.

Yo solo me quedé mirándolo, al ver que no le respondía, se me acercó, puso sus dos manos sobre mi escritorio para apoyarse. Me miraba sin perder de vista mis gestos faciales.

─Si no cree poder con este trabajo, puede firmar ahora mismo su renuncia.

A mí me dio risa. Me puse de pie, agarré mi bolsa y caminé hasta la puerta.

─Usted dice que no puedo hacer bien mi trabajo solo porque no quiero seguir siendo su amante, por eso quiere que le firme mi renuncia. Está bien, le voy a firmar mi renuncia. Cuando la tenga lista me llama para firmarla ─salí de esa oficina.

─Candy ─escuché decirme, pero no le hice caso─, te estoy hablando ─me dijo agarrándome del brazo.

─¡Suéltame!

─No te voy a soltar ─me llevó casi arrastrado hasta su oficina y cuando ya estaba dentro me aventó, que casi me voy de boca. Cerró la puerta con fuerza, poniéndole seguro.

─¿Qué cree que está haciendo? ¡Usted no tiene ningún derecho a tratarme así!

Me empujó hacia el sillón, y él se me vino encima. Luché hasta que dejé de oponer resistencia, ahí me hizo suya.

─¿Dónde está mi renuncia para firmarla? ─dije cuando me estaba poniendo mi pantalón.

─Tu no vas a firmar ninguna renuncia y no vuelvas a mandarme al diablo porque tú te irás junto conmigo.

Yo me empecé a reír, él se estaba abotonando su camisa sin dejar de verme.

─¿Donde pásate la noche el sábado?, fui a buscarte a tu departamento y no estabas, te esperé toda la noche, nunca llegaste ─me abrazó de mi cintura por la espalda.

─Me quedé en el departamento de mi amigo Tom.

Soltó mi cintura. Mire como tenso su mandíbula, se me quedó mirando muy serio.

─¿Pasaste la noche con tu amigo en su departamento, en su cama? ─preguntó seriamente, sin dejar de me senté en el sofá para ponerme mis zapatillas.

─Sí, en su departamento y en su cama, ¿por qué? ¿A caso hay un problema que me haya quedado con él?, quite esa cara porque solo compartimos la cama para dormir, mi amigo es solo eso: mi amigo. Nos conocemos desde niños y él nunca me falta al respeto, digamos que somos casi hermanos ─Mi guapo jefe se recargó en su escritorio cruzado de manos─. ¿Por qué se molesta, poniéndose en el plan de eres mi mujer y nadie toca lo que es mío? Cualquiera pensaría que esta celoso. No olvide que yo nada más soy su amante.

─Ja, ja, ja, yo no estoy celoso señorita White. Tengo muy claro que usted es mi amante... pero no me gusta ver que otro cabrón toque lo que yo me estoy comiendo. No pienso compartirla así que evitemos una discusión como la que tuvimos en el estacionamiento del restaurante. Ahora, se puede ir a su oficina para ponerse a trabajar, porque tenemos una reunión con un cliente a las tres de la tarde.

Me acerqué a él para tomar mi bolso que estaba en su escritorio, pero al darme la vuelta sentí como me dio una nalgada, volteé a verlo y él solo formó una pequeña sonrisa en sus labios.

Salí de su oficina y regresé a la mía, me puse a trabajar, sin querer se me escapó una risa al recordar la discusión que había tenido con mi jefe.

Toda la mañana me la pasé revisando todas las transferencias y las cuentas de los nuevos clientes. Me sorprendí al ver la cuenta de un nuevo cliente con una muy fuerte cantidad de dinero, pero la cantidad del dinero no fue lo que me sorprendió, lo que me sorprendió fuel el nombre del cliente.

Tuve que ver varias veces el nombre para asegurarme de que si leía bien ese nombre... 'Williams Albert Ardlay' ─"no, no puede ser la misma persona", pensé. Busqué sus datos en los registros del banco y después de ver toda la información del nuevo cliente no me quedó ninguna duda Williams Albert Ardlay, era mi ex novio, ese que yo había dejado plantado en el altar hace cinco años, cuando yo apenas tenía 18 años de edad.

¿Acaso Dios me estaba castigando por haber sido una cobarde? En vez de enfrentarlo, huí de él, de todo al grado de dejar las redes sociales porque él siempre me mandaba mensajes por mi cuenta de Facebook donde siempre me decía que me seguía amando. Incluso mandaba audios y videos donde me decía llorando que regresara porque yo era su vida y, yo como una cobarde nunca respondí a ninguno de esos mensajes. Si le hubiera contestado seguro le hubiera dicho que era un vil mentiroso manipulador, lo que habría sido más doloroso para mí.

Tomé mi celular y volví abrir mi cuenta de Facebook la cual no abría desde hace casi cinco años que dejé mi pueblo. Tenía varias Etiquetas de fotos que mis amigos me hacían de las fotos que subían y algunos mensajes de algunos compañeros de la preparatoria.

Los empecé a ver, la mayoría eran para felicitarme por mi cumpleaños pero me sorprendí al abrir un mensaje de Albert, el cual aun tenía de amigo en mi perfil. Incluso todavía aparecía que tenía una relación con él: "¿por qué él no ha quitado eso?", pensé.

Feliz cumpleaños princesa... donde quiera que estés, te mando un fuerte abrazo y un beso. Nunca olvides que eres el amor de mi vida.

Ese era su último mensaje que me mandó el día de mi cumpleaños. Empecé a ver todos sus mensajes y Albert siempre era el primero que me felicitaba por mi cumpleaños. Me dio tristeza al leer cada mensaje─: ¿Por qué sigues lastimándome? Todo esto es para engatusarme; solo para tener el control total de las tierras de Lakewood, ¿quieres ser más rico de lo que ya eres? ─dije cuando terminé de leer sus mensajes.

Sentí un nudo en la garganta cuando empecé a ver sus fotos que tenía en su perfil y mis ojos se cristalizaron cuando miré que todavía su foto de perfil era la misma foto de hace cinco años, en esa foto yo estaba con él arriba de su caballo en medio del bosque de Lakewood.

Él durante estos cinco años aún me seguía mandando mensajes, mensajes que yo nunca le respondía por cobarde. Nunca le di la cara desde ese día que salí corriendo vestida de novia cuando decidí no casarme con él.

Abrí el chat de su conversación y por primera vez decidí contestar su último mensaje que me mandó para felicitarme por mi cumpleaños.

Hola Albert... muchas gracias por tus felicitaciones y por los buenos deseos... yo también de todo corazón, deseo que seas muy feliz.

Pensé por algunos minutos en enviar el mensaje pero ya había sido una cobarde durante estos últimos años y terminé mandando el mensaje. Sabía que nunca iba poder verlo a la cara después de lo que le hice.

─Señorita White... le estoy hablando ─mi jefe estaba parado frente a mí.

─Perdón, no lo había escuchado ─dije poniéndome de pie. Ni siquiera escuché cuando entró a mi oficina, pensé

─Si ya me di cuenta... ya es hora de irnos a la reunión de la que le hablé esta mañana, así que tome sus cosas.

Mi jefe salió de mi oficina y yo detrás de él. Cuando íbamos en su auto rumbo al restaurante donde se miraría con la persona con la que tenía la reunión... yo iba en completo silencio mirando por la ventana recordando los bonitos momentos que pase con Albert durante los dos años que duramos de novios y de cómo él rompió mi corazón.

─¿Le pasa algo? ─me preguntó mi jefe sacándome de mis cavilaciones.

Lo volteé a ver y sonreí─: no, no me pasa nada ─respondí.

Al menos ya no me siguió preguntando... llegamos hasta ese lujoso restaurante, un mesero nos llevó hasta una mesa donde nos sentamos a esperar a la persona por la que estábamos ahí.

─¿Qué van a querer de tomar? ─nos preguntó el mesero.

─Un coñac para mí ─respondió mi jefe.

─Yo solo quiero agua ─contesté, yo no quería ni oler el alcohol.

El mesero se retiró dejándonos solos, pero a los pocos minutos regresó con una botella de coñac y, agua para mí.

─Este nuevo cliente es muy importante, señorita White ─dijo mi jefe─, de hecho ahí viene ─me indicó mirando hacia la entrada del restaurante..

Casi me da un infarto al ver al nuevo cliente, porque era Williams Albert Ardlay, venía escribiendo algo en su celular.

─¡Ay, no... Puta madre! ─dije en voz alta, sin pensar... volteé para ambos lados─. Él no puede verme.

Como no encontré para donde correr, porque si lo hacía Albert me vería, opté por meterme debajo de la mesa, al menos el mantel estaba largo y no me miraría.

─¡Pero qué diablos!─dijo mi jefe sin dejar de ver lo que acababa de hacer yo─. ¡Señorita White, salga ahora mismo de ahí!

─No diga mi nombre ese hombre no puede verme... por favor no deje que me mire ─supliqué ya que estaba de rodillas casi en medio de sus piernas él me estaba mirando, porque había levantado el mantel─ se lo ruego no vaya a decir mi nombre.

─Pero, usted es mi asistente debe de estar presente en esta reunión ─Junté mis manos casi implorándole─. Esto le va a salir muy caro─. Fue lo último que dijo, porque se puso de pie.

─Buenas tardes, señor Terry Granchester ─escuché a Albert─. Perdón por llegar tarde, se me presentó un inconveniente de última hora.

─No se preocupe señor Ardlay, nosotros... yo también acabo de llegar ─corrigió.

Mi querido jefe se sentó frente a él, frente a Albert, yo casi tuve que salirme debajo de la mesa, más bien me quedé en medio de las piernas de mi jefe quien me empujaba con sus pies para que me alejara de él. Ordenaron algo para comer.

─¿Qué va a querer de tomar? ─le preguntó el mesero a Albert. En mi mente dije: ¿Qué más va a querer, por Dios? Un whisky elaborado en su villa.

─Un Whisky de la villa Ardlay, por favor ─respondió él─ sabía que iba a pedir ese whisky, porque es su preferido.

Estuvieron hablando sobre la inversión que iba hacer en el banco donde yo trabajaba, porque pensaba sacar un nuevo whisky.

A mí ya me dolían mis rodillas porque ya casi llevaban dos horas hablando.

─Entonces hay que cerrar el trato ─dijo mi jefe. Solo tiene que firmar unos documentos es para la cuenta de cheques y la tarjetas bancarias─. Mi jefe me dio una patada para que le pasara la carpeta donde estaban los papeles que Albert debía firmar. Le pasé la carpeta.

─¿Y cuando tendré mi chequera y mis tarjetas bancarias?

─Mañana mismo a primera hora mi asistente se comunicará con usted para avisarle a qué hora puede pasar por ellas ─le di un golpe a mi jefe─, quiero decir yo mañana me comunicó con usted, señor Ardlay ─corrigió.

─Al parecer hoy ha sido un gran día para mí ─respondió gustoso Bert.

─¿Ah, sí? Y, ¿eso por qué? ─el metiche de mi jefe quería saber: ¿por qué Bert estaba feliz?

─Porque hoy después de cinco años alguien muy importante para mí me mandó un mensaje... a parte mi destilería de whisky está en una de las tres más importantes a nivel mundial.

─Pues lo felicito señor Ardlay ─ambos se pusieron de pie.

─Muchas gracias, fue un placer cerrar este negocio con usted señor Granchester Baker, espero su llamada y que tenga un buen día.

─Igualmente ─mi jefe se volvió a sentar y unos minutos después levantó el mantel de la mesa ─ya puede salir de su escondite señorita White.

Salí y me agarré mis rodillas, las cuales me dolían, mi jefe solo se me quedó mirando, cruzado de manos.

Continuará...

Dejen cien comentarios y verá el siguiente. Primero Dios.