UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE ( CAP. 10)
Quería saber si de verdad esa mujer que me contestó su celular era su esposa y la única manera de saberlo era yendo a esa fiesta que le harían a mi jefe, a la cual Rebeca su hermana me había invitado.
Me paré del piso, y agarré mi celular que para mi suerte se le rompió la pantalla, intenté encenderlo, pero se había echado a perder...
─Tengo que ver con mis propios ojos si es verdad que eres casado ─dije mientras estaba debajo de la regadera─ ¿por qué precisamente tengo que saber que tienes una esposa, justo ahora que me enamoré de ti?
Mis lágrimas se mezclaban con el agua tibia. Cuando por fin pude dejar de llorar me empecé a vestir, miré la hora sobre el reloj que está sobre la mesa de noche, ya casi eran las 9 de noche.
Salí de mi departamento y, paré un taxi para que me llevara a esa fiesta, la cual se haría en casa de los padres de Terry.
Cuando llegué, miré varios autos estacionados en el jardín. Me quedé mirando la entrada de esa enorme casa, no traía celular porque lo había destrozado cuando lo aventé contra la pared. Así que no podía entrar a esa casa sola, tampoco podía llamar a Rebeca, estaba a punto de darme la media vuelta cuando Rebeca gritó mi nombre─: ¡Candy!─ volteé para ambos lados, la vi sentada en una silla que estaba en medio del jardín─ pensé que no vendrías, te he estado llamando, pero ni siquiera me entra la llamada ─dijo acercándose a mí.
─Se me hizo tarde, se me presentó un problema, mi celular se me rompió.
─Lo bueno es que ya estás aquí... siéntate conmigo ─me llevó hasta donde ella había estado sentada.
─¿Por qué estás aquí afuera? ─pregunté.
─Porque no soporto a una persona que se encuentra ahí adentro, prefiero estar aquí afuera que estar viéndole la cara a esa maldita ─Yo sólo sonreí más a fuerzas que de ganas. Me senté con ella en esa mesita de jardín─ ¿Quieres algo de tomar? ─me preguntó.
─Yo traigo una botella de coñac, ¿qué tal si la disfrutamos entre las dos? También pasé un mal rato, creo que nos caerá bien un buen trago de esto ─le mostré la botella de coñac que había comprado para el mentiroso de mi jefe.
─Me parece perfecto, vamos por unas copas, pero, hay que entrar por la cocina para no ver a nadie.
La seguí hasta la cocina y me senté sobre la mesa. Rebeca sacó un par de vasos, los cuales llenó con coñac.
─Y, ¿qué fue eso que te pasó, qué te hizo pasar un mal rato? ─curioseó Rebeca.
─Me enteré, de que el hombre con él que salgo es casado ─confesé con un enorme nudo en mi garganta, al tiempo que me empiné el vaso de coñac, terminándomelo de un solo trago.
─Y, ¿ese maldito te ocultó que era casado? ─simplemente asentí─ ¡Hijo de perra!
─Sí. ¿A qué no sabes cómo me enteré que era casado? ─me serví otro vaso de coñac─. Le marqué a su celular y me contestó su esposa.
─¡Qué perro! Si quieres matarlo y esconder su cadáver, cuenta conmigo, que yo te ayudo. Odio a los hombres que se burlan de nosotras las mujeres ─su comentario me causó gracia por lo que le sonreí.
─Pero yo tuve la culpa... acepté ser su amante desde el primer día que lo conocí, solo que no sabía que él era casado. Él me confesó que estaba enamorado de mí y, yo como una tonta le creí hasta que logró enamorarme.
Le empecé a contar todo lo qué pasó... bueno casi todo, porque no le dije que ese hombre era su hermano, ni tampoco que ese hombre era mi jefe. Entre las dos nos terminamos esa botella de coñac, después todo lo que decíamos nos resultaba gracioso.
─Hija, ¿dónde has estado en todo este rato? ─inquirió la madre de mi amado jefe y de Rebeca, quien nos encontró borrachas en la cocina ─señorita Candy no sabía que estaba aquí, ¿por qué nadie me dijo que había venido?
─Perdón señora es que Rebeca me invitó, pero me quedé con ella aquí ─respondí poniéndome de pie─, su hija no quería estar sola ─la señora me dio un abrazo.
─Sí, ya veo... y, también por lo que veo se la están pasando muy bien. Acompáñanos para que usted felicite en persona a mi hijo Terry.
─No, no creo que esté bien que mi jefe me mire en estas condiciones ─la señora divertida negó con la cabeza y se rió.
─Yo también prefiero quedarme aquí madre, sabes que no soporto a Susana, no quiero saber qué es eso tan importante que quiere decir... y lo sabes.
─¡Ay, hija! Nos guste o no Susana es la esposa de tu hermano, pero respeto tu decisión, no insistiré... disfruten su fiesta.
La madre de Rebeca salió de la cocina, dejándonos solas, yo quería llorar. Terry sí estaba casado y, esa tal Susana, era su esposa.
─No sabía que tu hermano era casado ─dije haciéndome la recién enterada.
─Sí, desgraciadamente está casado con esa maldita de Susana desde hace 8 años y no sé por qué siguen casados si ella ─no me terminó de decir porque un mesero entró a la cocina y sirvió unas copas de champagne─… al parecer esa bruja hará un anuncio importante, porque hasta champagne van a beber ─me agarró de la mano y me arrastró hasta aquel enorme salón donde estaban todos.
─Quiero escuchar qué es eso tan importante que tiene que decir esa mujer ─dijo Rebeca. Yo me quedé escondida detrás de ella para que Terry no me mirara.
─Familia sé que quizás la relación entre mi esposo y yo no ha sido la mejor ─habló una mujer de cabello rubio liso y ojos azules, la cual estaba parada a un lado de mi jefe─. Sin embargo, deseo darle mi regalo a mi marido... un regalo que quizás lo haga muy feliz.
─¡Ya habla de una vez! ─dijo Rebeca con su voz ya de borracha.
─Deja que hable hija ─le susurró su madre.
─Mi amor, familia... estoy embarazada ─casi me dio un infarto cuando escuché eso que, hasta el vaso de coñac se me resbaló de las manos.
Todos voltearon a verme, yo me quedé inmóvil cuando miré los ojos de Terry clavados en mí.
─Lo siento ─expresé nerviosa con mi vista nublada, sabía que en cualquier momento lloraría─, creo que es mejor que me vaya─. Salí casi corriendo de esa casa.
─¡Candy, espera! ─escuché a Rebeca, pero yo lo único que quería era irme.
Caminé hasta la calle, y, me agarré de aquel enorme portón. Tapé mi boca, mientras mis lágrimas caían por mejillas─, estás casado y vas hacer padre ─me repetí una y otra vez.
Paré a un taxi, al subir vi que Terry salió de esa casa buscándome.
─Por favor, arranque ─le indiqué al chofer, quien lo hizo sin siquiera preguntar a dónde me llevaría.
Continuará…
Si quieren más dejen sus comentarios. Primero Dios. De consejo musical pueden oír: "Ya no" de Lucero.
