UN CONTRATO MÁS CON MI MUEVO JEFE (CAP. 11)
Personajes de Mizuki e Igarashi
Estaba destrozada, no podía dejar de llorar, le pedí al taxista que me llevará al departamento de Tom, mi amigo, no quería ir a mi departamento.
─Candy─ dijo Tom apenas me miró en la puerta─ ¿qué tienes, bonita?
Yo lo único que pude hacer fue abrazarle, me quedé llorando entre sus brazos, sentía que me ahogaba que, no podía ni hablar.
─No me preguntes nada, por favor ─dije aún entre sus brazos─. Solo abrazarme.
Tom me abrazó como se lo pedí hasta que pude controlar mi llanto. Me fui directo a su cocina y empecé a buscar vino o cerveza, no importaba que fuera, lo único que quería era beber algo fuerte.
─¿Qué tienes, Candy? ─sabes que puedes decirme qué te pasa─ me dijo Tom, quitándome una botella de tequila.
─No me pasa nada, solo quiero beber─ le arrebaté la botella de tequila y me fui a su habitación, empecé a beber directo de la botella─ sabes que Dios me ha castigado por haber huido de Albert, sin enfrentarlo, me lo merezco... merezco que a mí también me hayan ocultado la verdad... ahora entiendo y sé lo que sintió Albert cuando salí huyendo dejándolo en el altar para no casarme con él. Debí explicarle mis temores, mis angustias, la verdad y de una vez por todas cerrar ese ciclo en la vida de ambos.
Tom se sentó a mi lado sin entender ni comprender nada de lo que me estaba pasando, porque él, ni mis otros amigos sabían nada de lo que yo tenía con mi jefe. Nunca les dije, porque ese maldito me hizo firmar ese maldito contrato.
─Si me dices qué te pasa... yo quizás sepa cómo ayudarte ─me abrazó, mientras yo seguía llorando como una tonta por el amor de mi jefe.
─No sabía que amar doliera tanto ─dije sin dejar de llorar─ soy una estúpida...
─Dime: ¿quién te hizo tanto daño para que estés así? ─volvió a preguntar mi amigo.
─No importa... ya no importa nada... ─limpié mis lágrimas─ ¿puedo quedarme aquí?, no quiero ir a mi departamento.
─Sabes que sí te puedes quedar ─me acosté en la cama y seguí llorando. Tom simplemente me consoló, y, dejó de hacerme preguntas. Lloré hasta quedarme dormida.
Al día siguiente por más que Tom me preguntó no le dije nada, nada más le pedí que no contara nada a nuestros amigos, no quería que se preocuparan por mí.
El día lunes no quería ir a mi trabajo. No quería ver a Terry, pero tuve que ser fuerte y levantarme de la cama. Me vestí y, fui a esa oficina donde sabía que iba a ver a ese hombre que durante seis meses me ocultó que era casado.
Cuando llegué a ese enorme edificio ya casi eran las ocho de la mañana.
─Buenos días, Jimmy ─saludé al guardia de seguridad.
─Buenos días, Candy. Al parecer se te pegaron las sábanas, tu jefe llegó desde las siete. Mucho antes de lo acostumbrado.
─Había mucho tráfico, Jimmy ─le sonreí─ solo espero, no me despida por llegar tarde.
Entre al elevador y subí hasta el piso donde estaba mi oficina. Me quedé parada mirando hacia la puerta de la oficina de mi jefe, sabía que él estaba ahí, sentí un enorme nudo en mi garganta.
─No voy a llorar, no seré débil y, no seguiré más siendo la amante de ese hombre ─me dije a mi misma.
Abrí la puerta de mi oficina, entré cerrando la puerta detrás de mí, ni siquiera encendí la luz, me dirigí hasta mi escritorio, puse mi bolso sobre la silla y me quedé parada mirando hacia afuera por ese enorme ventanal.
─Pensé que no vendrías ─dijo mi jefe quien encendió la luz─ yo di un brinquito, porque ni siquiera lo escuché entrar y eso fue, porque él estaba ahí en mi oficina esperándome.
─Señor me espantó ─me puse una mano en mi pecho para tranquilizar mi corazón─ si sigue entrando a mi oficina sin hacer ruido; un día me va a provocar un infarto.
Él empezó a caminar hacia mí, cuando estaba casi frente a mí, yo rodee el escritorio para alejarme de él.
─Decidí, esperarte en tu oficina, Candy. Tenemos que hablar.
─Yo no tengo nada que hablar con usted señor, a menos que sean cosas de trabajo..., por favor salga de mi oficina porque tengo mucho trabajo.
─No me voy a ir sin que me escuches.
Esas malditas ganas de llorar no se hicieron esperar y, mis lágrimas bajaron por mis mejillas.
─¿De qué quiere hablar conmigo, señor? ¿De qué es casado desde hace ocho años y no solo eso, ahora va a ser papá?, eso ya lo sé y, no precisamente por usted ─me sequé las lágrimas con una de mis manos.
─Mi amor, deja explicarte.
─No vuelva a decirme mi amor. No quiero escucharlo, es un mentiroso y yo soy una estúpida por creer que de verdad estaba enamorado de mí.
─Es que no te he mentido en cuanto a mis sentimientos hacia ti, Candy. Yo te amo ─se acercó hasta mí, abrazándome fuerte─. De verdad, te amo. Sé que debí decirte que era casado, pero no supe cómo hacerlo.
─¿No supo cómo hacerlo, señor? Yo fui muy sincera con usted y, usted no fue capaz de decirme que era casado, que tenía una esposa, en estos seis meses no fue capaz de decirme que no me enamorara de usted, porque nunca iba a dejar de ser su amante... pero sabe que esta estúpida no será más su amante, ¡ya no seré esa tonta que hace todo lo que usted le pide!, por favor, salga de mi oficina.
─Por favor, mi amor… ─me miró con sus ojos llenos de lágrimas─ no quiero perderte... ¿que no entiendes que tu eres la mujer que amo?
Le di una bofetada con todas mis fuerzas ─no siga mintiendo, ¿no se da cuenta de que su esposa está embarazada y ese hijo que espera es de usted?, o ¿me va a decir que la dejará para estar conmigo? ─se quedó callado─ ya ve... aquí yo soy la que sobra señor, por favor salga de mi oficina ─Me di la vuelta para darle la espalda.
─Yo te amo a ti, Candy. Me enamoré como un loco de ti, pero nunca podré abandonar a un hijo mío... espero algún día me perdones.
Después, de decirme esas palabras, se escuchó que cerró la puerta. Había salido de mi oficina. Me dejé caer de rodillas y comencé a llorar, quería sacar todo ese dolor que traía dentro.
Los días pasaron. A mí cada día se me hacía más difícil estar trabajando en ese lugar, porque me dolía ver a mi jefe, y, tener que soportar como su esposa iba a verlo a su oficina. Hablé con su padre, el señor Richard Granchester.
─Entonces ya no trabajará más para mi hijo, señorita White. Me podría decir: ¿cuáles son sus razones?
─Regresaré a Lakewood, señor. Hace mucho que no miro a mis padres, pero me gustaría trabajar en uno de los bancos que tiene en el condado de Michigan... si es que usted quiere... darme esa oportunidad.
─¿Está segura de que esa es la razón por la que ya no quiere trabajar aquí con mi hijo? ─el señor Richard se recargó en esa silla donde estaba sentado.
─Sí, señor, esa es la razón.
─Está bien, entonces yo en persona me encargaré de acomodarla en un buen puesto de trabajo en uno de los bancos de Lakewood, pero antes de irse quiero que usted escoja a alguien de su plena confianza para que ocupe su lugar. Preferiría que fuera alguien de este mismo banco.
─No se preocupe señor, yo antes de irme le dejaré una nueva asistente a su hijo. En estos dos días que estaré aquí le enseñaré lo más que pueda.
─Está bien, entonces entréguele su renuncia a mi hijo, que le vaya muy bien en Michigan. Me gustaría que algún día usted volviera a ser la mano derecha de mi hijo.
El señor Richard me dio un fuerte abrazo antes de irme. Por mi parte, pasé a recursos humanos para que me hicieran mi liquidación.
Regresé a mi oficina luego de dejarle todos los papeles que mi jefe tenía que firmar, entre ellos mi renuncia. Estaba terminando de hacerle un informe completo a Karen la que sería la nueva asistente de Terry Granchester Baker.
─¿Qué significa esto, Candy? ─inquirió mi jefe aventando la puerta de mi oficina.
─¿Qué es qué, señor? Por favor, toque la puerta antes de entrar a mi oficina ─me tiró una carpeta sobre mi escritorio.
─Me puede explicar: ¿por qué dejó ese papel sobre mi escritorio?
Tomé la carpeta, y, vi que era mi renuncia.
─Esto es mi renuncia. Si la deje sobre su escritorio es para que la firme, señor.
Se acercó hasta mí, agarrándome con ambas manos para que me pusiera de pie.
─¿Te vas a ir?, dime: ¿qué voy hacer yo cuando ya no te mire más, que no te das cuenta que, me conformo solo con verte?
─Suélteme, señor ─lo empujé─ que sea la última vez que me toca... a mí no me importa qué va hacer... le recomiendo que se busque otra amante, pero debería decirle que es casado antes de hacerla firmar ese maldito contrato, para que no termine enamorada de sus mentiras.
─Sabes: ¿por qué no te dije que era casado?, porque no quería perderte, yo pensaba divorciarme de Susana desde el momento en que ella me fue infiel con mi mejor amigo, pero como yo seguía enamorado de ella la perdoné o eso creía... después, te volví a ver y me enamoré de ti... cuando pensé pedirle el divorcio para estar contigo, ella dijo en esa maldita fiesta que estaba embarazada.
Yo me empecé a reír.
─Por favor, guárdese sus excusas, señor. No se le olvide, usted me dijo que solo tendría sexo conmigo y yo solo lo tendría con usted, eso hice, cumplí... pero usted, tenía una esposa, con la cual se acostaba día o noche, no lo sé, el punto es que… hasta la embarazó. Cuando yo tuve que alejarme de mis amigos, porque usted se moría de celos. Por favor, firmé mi renuncia, porque de todas maneras me iré.
Miré que apretó sus puños con fuerzas, a pesar de su rabia, agarró un bolígrafo y firmó la renuncia, acto seguido salió de mi oficina.
─No voy a llorar ─me repetí una y otra vez.
Cuando llegué a mi departamento comencé a llorar como todos los días. Ahora, estaba sola en esa enorme ciudad, mis amigos ya se habían ido a Lakewood, y, yo todavía, no le avisaba a mis padres que volvería.
El día viernes me presenté en mi trabajo para recoger mis cosas, porque ese mismo día tomaría un avión a Michigan.
─Debes de preparar todos los días café Karen, porque al señor Terry le gusta el café recién hecho y sin azúcar.
─Sí, está bien, deja llevo esto a recursos humanos. Candy espero encontrarte aquí cuando regrese.
─Aquí estaré... tengo que hacerle un informe completo del último mes al señor Terry antes de irme.
Karen salió de la oficina, y, yo me quedé haciendo el informe que el señor me pidió. Cuando lo tuve listo fui a llevárselo.
─Pase ─lo escuché decir desde adentro de su oficina.
─Aquí está el informe que me pidió, señor.
Me acerqué hasta su escritorio, me percaté que sobre este había un vaso de coñac medio lleno.
─Póngalo sobre el escritorio ─me ordenó sin siquiera verme.
Se puso de pie. Me observó con sus hermosos ojos azules verdoso, sumamente brillosos, quizás por el coñac que había bebido.
─Con permiso, señor... tengo que tomar mis cosas para que Karen acomode las de ella ─me di la media vuelta para salir; apenas di un par de pasos sentí las manos de mi jefe alrededor de mi cintura.
─No te vayas... sé que me equivoqué, Candy... pero de verdad te amo... no quiero perderte.
Sentí su rostro en mi cuello, sabía que estaba llorando, porque sentí sus lágrimas en mi piel. Sentí un enorme nudo en mi garganta, sabía que iba a llorar.
─Debo irme, porque si me quedo, sé que seguiré siendo su amante y no quiero terminar siendo su amante toda mi vida.
Él me hizo que volteara, me miró con sus ojos llenos de lágrimas.
─Perdóname… perdóname por ser un cobarde, perdóname por no luchar por la mujer que amo. Sé que me voy arrepentir el resto de mi vida, pero no puedo abandonar a mi hijo... sé que seré infeliz al lado de una mujer a quien no amo...
─Adiós, señor.
Salí de esa oficina. Cuando estuve ya fuera, me recosté de la puerta ─yo también lo amo ─entré a la oficina que había ocupado por casi seis años y salí con mis cosas, en el elevador me encontré a Karen cuando iba saliendo.
─Te deseo suerte, Karen..., por favor ten mucha paciencia.
─Muchas gracias, Candy. Espero volver a verte algún día.
Me dio un abrazo. Me fui despidiendo de todos mis compañeros y de Jimmy el vigilante. Al llegar a mi departamento tomé mis maletas, y, me fui al aeropuerto a tomar mi avión. Sabía que en mi pueblo me esperaban problemas que tenía que enfrentar.
Continuará...
Si quieres más capítulos, deja un buen comentario. Dios nos bendiga y gracias por leer, se les quiere de corazón.
