UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE (CAP. 21)

Personajes de Mizuki e Igarashi

Incluso su prima Eliza se acercó a saludar a Albert, este de mala gana la saludó.

─Dicen que ella planeaba casarse, contigo ─soltó Candy, bebiéndose de un solo sorbo un trago de Whisky puro.

Albert soltó una carcajada.

─Ella, pero yo no... Y, ¿sabes por qué? Porque yo soy un hombre casado... lo que pasa es que mi esposa estaba perdida en otro continente.

Candy simplemente negó con una pequeña sonrisa en sus labios, ese hombre aún la hacía reír como cuando eran novios.

Se la pasaron recorriendo toda la fiesta, después se fueron a bailar a la plaza del pueblo donde Candy se encontró a sus amigos, se quedaron con ellos a disfrutar del baile. Ella se dio cuenta de que Albert era completamente diferente a Terry su ex jefe. Con Terry ella no podía salir a divertirse con sus amigos sin que después le hiciera una escena de celos, donde terminaba haciéndole lo que él quisiera en la cama, incluso poco a poco ella se empezó a alejar de sus amigos de toda la vida.

Albert solo le pedía que le dijera a dónde iba, cuando saliera, para no estar preocupado por ella. Él siempre era así desde que eran novios, nunca le prohibió salir o reunirse con sus amigos a pesar de que él nada más los saludaba por el simple de hecho de ser amigos de su esposa.

Ese hombre era muy diferente a Terry, su ex jefe, incluso en la forma de tratarla y si se había comportado como un patán fue porque él no quería que ella se volviera a ir.

Albert no podía dejar de ver a su esposa, le gustaba verla reír con sus amigos. Candy seguía siendo aquella jovencita de la que se enamoró cuando apenas ella tenía 16 años y él ya tenía 26.

Su amada seguía teniendo la misma risa contagiosa. La escuchaba reír por las cosas que decían sus amigos y él terminaba contagiándose con su risa. Esa mujer le había regresado las ganas de reír otra vez, solo con verla.

─Vamos a bailar ─le convidó su mujer, arrastrándolo hasta el centro de la pista─ Hace mucho que no bailo este tipo de música ─ellos eran de pueblo, donde se tocaba música de banda.

─No te preocupes, yo te enseño ─le dijo él mientras se movían al ritmo de la canción─ al parecer todavía sabes cómo se baila esta música ─le susurró él.

─Lo que se aprende nunca se olvida ─respondió ella.

A pesar de que Tom estaba muy poco convencido de que su amiga había vuelto por voluntad propia con ese hombre, le gustaba verla feliz.

─Es increíble, nunca pensé que todos ustedes seguirían siendo amigos. Ha pasado mucho tiempo desde que estudiaron la preparatoria ─expresó Albert mientras bailaba con su esposa de forma acaramelada.

─Todos estos años estuvimos juntos. Fuimos a la misma Universidad.

Albert se sorprendió al oír eso. Él en realidad pensaba que su mujer estaba en Europa.

─Pero ellos viven en...

─Viven en Chicago ─lo interrumpió─ yo no estuve en Europa todos estos años... estuve en Chicago.

─Vaya... entonces todos estos años te busqué en el lugar equivocado ─ella solo asintió.

Albert y Candy tomaron varios tragos de whisky en compañía de los amigos de ella. Incluso a Tom, Stear y Archie les cayó bien el esposo de su amiga. Aunque todos eran del mismo condado, nunca habían hecho amistad con él, porque cuando ellos apenas eran unos adolecentes de secundaria, Albert ya estudiaba en la Universidad.

─Me caes bien ─le dijo Archie a Albert.

─Ustedes también me caen bien ─respondió él.

Seguidamente, todos decidieron ir al pequeño bar ubicado en el pueblo de Lakewood. Albert notó el cariño que esos jóvenes le profesaban a su esposa.

Candy al fin disfrutó de la camaradería de ellos, sin estar revisando su celular cada cinco minutos como lo había hecho, durante los seis meses en los que había sido amante de su jefe, tampoco tuvo que estarse cuidando como lo hacía con Terry, porque iba a buscarla hasta donde se reunía ella con sus amigos, obligándola a irse con él para someterla por haberlo desobedecido.

Candy y Albert se despidieron de los chicos. Él ya no quería seguir bebiendo porque tenía que manejar; la villa de él se ubicaba en las afueras del pueblo.

─¿Podemos ir un ratito al mirador? ─le preguntó ella a él.

─¿Ahorita?, revisó su reloj ─pero ya es muy tarde. A estas horas está solo ese lugar. Toda la gente está en el pueblo.

─Sí, la vista se mira más bonita de noche ─contestó.

Él aceptó y manejó hasta aquel mirador del cual se podía observar en su totalidad el inigualable pueblo de Lakewood, rodeado en el día de infinidades de flores aromatizantes, mientras en la noche se distinguía diversas luces que te hacía creer que, estabas en medio de una constelación. Cuando llegaron, Candy bajó de la camioneta, se acercó hasta un pequeño muro para deleitarse con la hermosa vista.

─Se sigue mirando igual de magnífico ─dijo ella alegre.

─Sí, hacía tanto tiempo que no venía a este lugar... la última vez que vine fue aquel día en que nos casamos por el civil ─recordó él sin dejar de ver todas las luces de aquella hermosa ciudad.

─Albert... sé que ya es tarde; pero me gustaría que algún día me pudieras perdonar por lo que te hice ─dijo ella sin siquiera poderlo ver a la cara.

Albert volteó a verla y la abrazó.

─Y a mí me gustaría que algún día puedas volver a amarme... sé que tal vez ya alguien más este en tu corazón y no te juzgo... ya pasaron varios años y las personas cambian, como también cambian los sentimientos.

─Yo cometí errores, de los que me arrepiento. Te aseguro que pagué con lágrimas de sangre lo que te hice aquel día cuando te rompí el corazón, tras huir sin explicación alguna de la iglesia, dejándote mal ante todos... sé bien que me merecía lo que me hicieron... a mí también me rompieron el corazón, ocultándome la verdad. Luego de tu confesión sentí tu dolor, ese dolor que desgarra el alma cuando una persona sin explicación alguna te abandona, sin decir el por qué. De haber sido honesta, de haber aclarado mis dudas, jamás habría sufrido lo que sufrí, por alguien que nunca valió la pena.

Albert vio la tristeza que ella tenía en sus ojos, pero, no quiso saber quién le había roto el corazón a la mujer que más ama, prefirió guardar silencio, desistiendo así de la idea de hacer miles de preguntas que, quizás lo conducirían al peor de los sufrimientos humanos.

─Candy..., ¿por qué no nos damos la oportunidad de ser felices juntos? Darnos la oportunidad de sanar nuestros corazones, yo tampoco fui un santo en todos estos años. También cometí errores… Yo, aún te amo, tal vez tú dejaste de amarme, sin embargo, sé que tienes un poco de cariño por mí, aquí ─él puso su mano en el pecho de ella─. Se que fui un mal nacido por haberte obligado a vivir conmigo en contra de tu voluntad, pero, dame la oportunidad de hacerte feliz... de ser felices juntos.

─Yo, no te merezco ─dijo ella bajando la mirada.

─Déjame a mí, darme cuenta si me mereces o no ─él le levantó el mentón sutilmente para que lo viera a los ojos─. Solo te pido que tratemos de ser felices juntos.

Continuará...

Hola, gracias a todos por sus comentarios, me emociona leerlos, cada uno de ustedes con su sello particular, Gaby tristemente el hombre es más fuerte que la mujer porque tienen más testosteronas, lo que nos hacen vulnerables frente a ellos, por eso debemos sembrar nuestro granito de arena criando nuestros varones con valores, haciéndoles ver que a la mujer ni con el pétalo de una flor, de igual manera la mujer debe respetar al hombre. Pero, el hombre ante una agresión no debe maltratar a una mujer sino buscar otras alternativas, puede ser legal, de igual condición. Porque, si un hombre nos quiere masacrar lo puede hacer de forma muy sencilla dada a su naturaleza fuerte.

Marelbys, también soy de Miranda con has dicho, ¿cómo sabes? Pero, siempre estoy con Dios y oro por cada uno de nosotros, así que mientras confiemos en él nada pasará nadie es más fuerte que Dios. Amén.

Estos días han sido horribles me ha tocado escribir y leer más que antes.

En cuanto a este capítulo, aquí no hubo gran modificación está en un 70% semejante al original.

Esta es una historia que a varias nos gustó por su similitud con la original lo digo por el triángulo amoroso, es como la versión Candy Candy adulto. No daré más detalles, ja, ja, ja. Besos a todas: Carito, Denisse, Lidia, Roco, Carol, Elizabeth, Mako, Julieta, Gues, Jekapc, Yagui, Coneja, Key, Liz, Maribel, Elisa, Adry y Guiselle. Mil gracias por comentar.

Dios nos bendiga hoy, mañana y siempre.