UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE (CAP. 22)

Personajes de Mizuki e Igarashi

Albert la besó con todo su amor. Candy esta vez sí le correspondió. Ella quería ser feliz, olvidarse de lo sucedido tras haber aceptado firmar aquel contrato. Sabía que aquel hombre, el cual le mintió, nunca la elegiría. El mismo se lo había dicho, nunca dejaría a un hijo suyo; aunque ella había tenido la esperanza de que su jefe la buscara, sin embargo, sabía que eso nunca sucedería.

Esa noche, Albert le hizo el amor a su mujer, sin sentir la indiferencia de ella. Candy esta vez sí lo miraba a los ojos y acariciaba mientras correspondía a sus besos. Los dos se habían dado la oportunidad de ser felices.

Las semanas fueron pasando y Candy poco a poco se fue acostumbrando a convivir con su esposo. Ella habló con su familia y les dijo que haría su vida bien con él, porque quería ser feliz con su esposo.

Una tarde en que Albert se encontraba con su padre en el despacho resolviendo un problema de economía y auditoría, Candy entró junto con su suegra para llevarles café y algo de comida, dado a que se habían pasado toda la tarde encerrados en ese lugar.

Albert y su padre se miraban enormemente estresados por una cuenta que no podían resolver.

─¿Cómo van con el problema? ─le preguntó Priscila la madre de Albert a Williams C, su esposo.

─Mal, las cuentas no dan. Desconocemos el por qué; si las cifras son correctas.

─¿Puedo? ─preguntó Candy, quien se acercó a ellos─ quizás estén haciendo algo mal.

Albert le entregó un montón de papeles, facturas y cheques. Candy empezó a revisar cada papel y fue separando uno por uno.

─Aquí está el problema ─dijo ella─ para hacer un buen inventario sin errores, tienen que separar cada cantidad que reciben o entregan por mes, día y hora. Después de hacer cada cuenta deben dividirlo entre las entregas o depósitos y ahí tienen el resultado correcto.

Candy les había hecho una gráfica completa de cada mes, donde se miraban las ganancias que habían tenido durante todo el año.

─Todo el día, encerrados rompiéndonos la cabeza para resolver el problema y tú en menos de diez minutos lo resolviste ─le dijo Williams C, su suegro.

Albert revisó una y otra vez lo que hizo su esposa y ese problema que solucionó en segundos.

─¿Cómo es que tú sabes resolver un problema como este? ─le pregunto él a su esposa sin dejar de ver esas gráficas que ella había hecho en la computadora.

─Estudié economía y administración de empresa. Trabajé en la presidencia de un banco durante cinco años, yo me encargaba de todo lo que tenía que ver con números.

─Oye, Candy, ¿te gustaría trabajar en la administración de la destilería?, me ayudaría mucho ─le preguntó su suegro.

Candy volteó a ver a su esposo y él solo le sonrió.

─¿Puedo? ─le preguntó Candy a Albert.

─¿Por qué me preguntas si puedes?, soy tu esposo no tu amo. Si quieres trabajar puedes hacerlo, aparte nos ayudaría mucho con este tipo de problemas.

Candy lo abrazó y le dio un beso, amaba su profesión. Pensó que su esposo se negaría a que trabajase, porque cuando fue amante de su jefe, ella tenía prohibido hacer muchas cosas que le gustaban. Con Albert, Candy tenía la libertad de cumplir sus sueños, era libre, después de aquellos meses en los que fue amante del hombre que le ocultó su vida matrimonial.

Candy le ayudaba en la administración a su suegro, incluso le ayudaba a conseguir más clientes para el whisky que se elaboraba en la Destilería Lakewood, cuya venta se había incrementado a nivel nacional e internacional.

Candy y Albert, estaban bien, a veces discutían por cualquier tontería que no les parecía pero siempre se reconciliaban. Albert era cariñoso, amoroso y detallista con su esposa, la estaba enamorando otra vez.

Uno de esos días en los que tuvieron una ligera confrontación fue un día en que Elisa, la prima de Candy, se metió a la oficina de su marido, sin aprobación de este. Aparentemente se las ingenió para engañar a la secretaria de presidencia, una mujer de unos casi 75 años, robusta, tierna e ingenua.

─Hola, Albert, ¿cómo estás te traje unos pastelitos de guayaba, dicen que son buenos para el humor?

─Ah, cielos, muchas gracias, déjalos ahí en la mesa la que está al lado del estante, ¿cómo entraste sin ser anunciada? La señora Marta es muy precavida en eso de anunciar a las personas, evita que sea incautado por sicarios o algún similar…

─Ja, ja, ja, pues obvio que vio en mí a una dulce palomita capaz de ser amaestrada por su captor ─dijo al tiempo que a espaldas de él sacó entre su bien formado busto una pastilla azul triturada, la cual vertió en un vaso de whisky que le sirvió ─Y tú eres un autentico domador de fieras ─expresó acercándose a él, entregándole el trago de licor que el bebió sin ningún tipo de desconfianza. Al ella intentar tocarlo con su dedito, él la detuvo en seco.

─Escucha, salí contigo en el pasado nada más para que me dieras información de mi mujer. Nunca te di pie para que pensaras lo contrario. Por favor, retírate de mi oficina o deberé llamar a seguridad para que te saque. Lo menos que deseo es estar en problemas con mi esposa, y así no estuviera ella, tampoco estaría contigo, por la simple razón de que no me atraes, ni tú ni ninguna otra, la única que provoca en mí sensaciones indescriptibles es Candy y nadie más, ¿te quedó claro?

─Esa mujer te ha hechizado, siempre se ha interpuesto entre nosotros, dame la oportunidad de mostrarte que yo también puedo hacerte sentir hombre ─dijo quitándose el vestido frente a él.

─Es más que sexo, por favor vístete.

─No lo haré, me harás el amor y los disfrutaremos, seré tu amante con eso me conformaré. Sé que tarde o temprano verás en mí el amor verdadero.

─Vete. Eres una mujer linda, seguro hallarás a otro que te corresponda.

─Solo te quiero a ti ─se acercó a él para besarlo y así provocarlo carnalmente. Él la tomó por los codos y la sentó en la silla.

─Te dije que era suficiente, toma tu vestido y sal de mi oficina.

─Si no me haces el amor ahorita, diré que me intentaste de violar o diré que eres gay, mi prima la usas como un simple camuflaje.

─Di lo que se te dé la gana. Te demandaré por difamación. Me voy, espero que al regresar ya no estés ─antes de que Albert saliera Elisa se le abalanzó encima para besarlo y tocarle sus partes intimas. Por lo que él sin poder evitarlo la empujó haciéndola caer al piso sin querer, cuando intentó ayudarla ella nuevamente se guindó al cuello.

─Elisa, suéltame no quiero problemas con mi esposa, evita que te lastime, por favor. ¡Martha! ¡Martha! ─Albert, empezó a sudar, su corazón se estaba acelerando.

─¿A caso no eres hombre o qué? ¿Te cuesta hacerle el amor a una mujer?

─Ya te dije que estaré únicamente con mi esposa. Es la mujer que amo ─le trataba de hacer entender a medida que forcejeaba con ella.

─¡Me harás el amor así deba drogarte para conseguirlo! ─cuando se zafó de él, Eliza tomó uno de los floreros que estaban ahí de adorno, quitó las rosas y le lanzó el agua directo a los ojos, antes de que ella completara su acción partiéndole el florero en la cabeza, Candy entró en la oficina.

─¡¿Qué pretendes hacerle a mi esposo?!

─¡El casi abusa de mí! ─dijo cubriéndose el busto con las manos, titiritando como de vergüenza. Albert tenía poco a su favor, pues ya se le estaba abultando su entrepierna.

─¡¿En verdad creíste que te creería?! Si desde siempre acosas a mi esposo. ¡Zorra! Desde el pasillo escuché la discusión por eso entré rápido. Con qué pretendías violar a mi marido, de aquí te vas arpía ─sentención Candy dándole una sonora cachetada.

─¡Puta esto no se queda así! ─ambas cayeron al piso jaloneándose los cabellos y dándose manotazos. Albert se metió en medio de las dos, por lo que él recibió la mayoría de los golpes destinados a Candy.

─¡Martha! ¡Martha!

─Sí, señor. ¡Oh, cielos! ─la mujer se llevó las manos a la boca al ver a su jefe en medio de dos mujeres una casi desnuda y la otra a punto de perder el vestido de colección verano 2020 del mejor diseñador de europea.

─¡No se quede ahí, llame a seguridad! ─definitivamente el pobre de Albert debía recibir un gran premio a la resistencia humana, porque esas mujeres sí pegaban duro, tanto que los botones de su camisa volaron por los aires junto con uno de sus zapatos de cuero marca italiana.

Gracias a todos los que dejan un mensaje, permite seguir adelante en lo que me emociona la escritura, trataré de responder los comentarios más resaltante, pero antes, quiero pedir una oración por la sanación de todos en el mundo en esta época, sobre todo la de Mariela, pidan en nombre de ella para que salga bien de esta situación, así como la de sus familiares oremos así sea una vez al día por la piedad de nuestros seres amados y la de nosotros.

Johanna Mosquera, no es un libro lo escribió un grupo de jóvenes que me dieron el permiso la historia original la tengo publicada en el grupo Fanfic de Albert y Candy, pueden ingresar si contestan acertadamente a las preguntas. Digo 70%, porque yo me veo en la necesidad de crear o modificar escenas, por ejemplo está última parte la tuve que crear para justificar una acción futura, ya verás.

Denisse Trevio, gracias por la confianza le envié un mensaje a Cordovezza a esperar su respuesta, lo ideas es que ella lo terminé es muy buena y te enamoraste de su estilo narrativo, lo justo es que ella lo termine por esa forma especial que tiene de plasmar las historias, quizás distinta a la mía, temo decepcionarte. Sin embargo, cualquier cosa que ella concluya estaré a disposición de hacer el intento por llegar a su forma especial de entregarnos cada detalle escénico.

Maribel, me gustpo mucho tu deducción, es así como lo dices.

Guest, Guest, Guest, Guest, Lizz lopez, Guest , Guest, Carolina Jimenez, Key, Bunny, 1, Julieta Ortega, Guest, CONEJA, Carol, Liz Guarcas 13, Gaby LezU, Sandra Carreo y Guest, chicas mil gracias por sus comentarios las quiero, me fueron útiles en estos días agotadores. Al día proceso constante información y la redacto, hasta me había dado la idea de renunciar de tanto escribir y leer.

Bueno Dios nos bendiga y ya saben #Quedense en casa.

Hmm, ¿será que Eliza si iba abusar sexualmente del rubio?