UN CONTRATO MÁS CON MI NUEVO JEFE (CAP. 23)
Personajes de Mizuki e Igarashi
Apenas la señora Martha salió en busca de los guardias de seguridad, estos no tardaron ni dos minutos en presentarse en la oficina de su jefe para ayudarlo a separar a ambas mujeres.
─A ella no la toquen, es mi mujer ─les advirtió Albert.
─Sí, señor. Perdón, ¿qué hacemos con esta señorita? ─preguntó uno de los vigilantes, quien inmovilizó a Elisa con sus fuertes manos.
─¡Llamen a la policía! ─saltó a decir Candy, la cual estaba al cien por ciento molesta porque la pelirroja casi viola a su marido.
─Amor, cálmate ─le dijo Albert con una voz dulce para tranquilizarla.
─Es-to-y calmada. Lo único que quiero es una orden de alejamiento judicial para que a esta tipa ni siquiera se le pase por la cabeza querer mirarte. ¡Es una psicópata!
─¡Te guste o no Albert es mío, mío y de nadie más, ¿por qué tuviste que regresar?! Estábamos felices sin ti, sin tu presencia.
─Eres una psicópata... ¡Llévensela, sáquenla de aquí, la quiero lejos de mi marido, reténganla hasta que venga la policía!
─¡Entendido, señora! ─afirmaron los guardias de seguridad al mismo tiempo.
Albert la rodeó con sus fuertes brazos para tranquilizarle los nervios, luego le acarició las mejillas con el dorso de su mano.
─Es increíble…
─¿Qué es increíble?
─Nunca te había visto tan celosa ──dijo Albert dibujando una leve sonrisa en su rostro.
─Perdóname por el escándalo que armé, pero esa tipa, es una mujerzuela, lo lamento por mi familia… Albert, ¿te sientes bien?
─Sí, ¿por qué?
─Es que estás sudando… Déjame buscar un pañuelo para secarte.
─Claro. De seguro es por el ambiente, ha sido caluroso, aunque hoy es más de lo normal… debió ser por la discusión… "¡oh, cielos!" ─exclamó Albert en su mente. Pues, le fue imposible evitar ver la diminuta tanga de encaje rosa que Candy llevaba puesta, tras ella inclinarse para así poder sacar un pañuelo del cajón del escritorio.
─Aquí está…─dijo dándose la vuelta y acercándose a él. Le limpiaba el pecho y los labios con delicadeza─ estás rasguñado. Esa loca casi te hace daño.
─Por suerte, tengo a mi enfermera favorita… ¡ay! ─Candy lo golpeó suavemente.
─Es que… acaso… ¿tienes otras enfermeras, ah?
─No, amor para nada. Solo tú. Eres la única que sabes cuidarme y curar mis heridas con tus hermosos y delicados labios ─dijo con una galantería propia de un Casanova.
─Si así lo dice el paciente, iniciaré su curación. ¿Qué tal si te curo este rasguñito, el que tienes aquí, cerquita a tu cuello?
─Puede ser; aunque me gustaría más el que tengo cerquita de mi boca ─apenas Candy aproximó sus labios a la comisura labial de Albert, él sin pensar la besó arrinconándola contra el escritorio, lanzó los documentos al piso y la acostó encima de la superficie de madera. Ella le envolvió la cintura con sus piernas. Se besaban apasionadamente─. Necesito hacerte mía en este instante, siento que si no lo hago me voy a morir.
─Haz lo que quieras conmigo. Soy completamente tuya.
─Eso quería escuchar ─Albert sin poder contenerse, movido por sus instintos pasionales, le desgarró la tanga que le impedía introducirse en aquella mujer rubia delgada de ojos verdes que tanto le enloquece. Su suave fragancia a rosas silvestres lo instaba a moverse en forma frenética ─ahora voltéate ─le ordenó─ Candy abrió los ojos.
─Albert, acaso piensas meterme tu enorme pene por atrás… ─Candy se negó.
─Vamos voltéate. Tranquila no pienso hacerte sexo anal ─le dijo al oído sin dejar de besarla─ Sé que a duras penas me aguantas por delante... si te lo meto por atrás, te terminaré matando... date la vuelta.
Se salió de ella y la volteó, la puso boca abajo. Ella sentía como él la besaba y le mordía las nalgas y la espalda. La asió de la cintura jalándola hacia a él para colocarla en posición de cuatro ─agárrate bien porque esto te va a doler, esta posición es más dolorosa y más porque tú todavía estas muy estrecha.
Candy se agarró fuerte de los laterales del escritorio, los cuales apretó cuando sintió que Albert le metió su grueso y enorme pene, él lo hizo despacio. Seguidamente, empezó a moverse con lentitud. Si era doloroso pero él se encargaba de excitarla con sus caricias y besos. Le estimuló nuevamente el clítoris y eso la volvió loca, tanto que ella elevó su trasero y empezó a moverse.
─¿Lista... porque solo te metí la mitad?
─¿En serio todavía no me lo has metido por completo?
─Oh, Candy, unas cuantas penetraciones serán suficientes para derramarme dentro de ti, así que relájate, mi amor ─Albert siguió masajeándole el clítoris, le volvieron a aparecer las contracciones propias de un orgasmo─ ¡Santos cielos, Candy! ─Ella sintió que la agarró fuerte de las caderas y se lo metió con dureza hasta el fondo─. Aaaarrrgggg.
─Aaaaaaay ─Candy prensó sus dientes al sentirlo dentro de ella. Él le había metido todo su pene con fuerza, tanto que la hizo gritar de dolor, porque sí le había dolido y mucho ─ohhh... Me duele... Me duele mucho ─dijo al sentir que su vista se cristalizaba.
─Relájate... ya falta poco ─siguió acariciándola y besándole la espalda hasta que se relajó y el dolor fue desapareciendo, pero sus penetraciones eran más fuertes, tanto que no aguantó más ─ahhhh─ ella lo escuchó gemir y las contracciones se convirtieron en un orgasmo.
─Ahhh ─otra vez habían llegado juntos al clímax.
A Candy las piernas le temblaban. Poco a poco se dejó caer en el sofá ubicado al lado del escritorio y él sin salirse de ella se acomodó a su lado.
─Fue delicioso... nunca pensé que me aguantarías. Me encantó hacerte mía otra vez ─él continuaba dentro de ella, la cual seguía temblando. Él le besaba la espalda y poco a poco se fue saliendo─ ven para acá. Te voy a dejar descansar, pero solo un rato ─Él la abrazó fuerte entre su pecho. Candy podía escuchar los latidos del corazón de su amado esposo, mientras él le acariciaba el cabello.
─Me duele todo ─expresó, levantando el rostro para que él la mirara.
─Lo siento ─dijo, para después besarla en los labios─. Prometo hacerlo con más cuidado. No sé qué me pasó, enloquecí ─expresó enredando sus dedos largos en la rizada cabellera de su mujer.
Ella se volvió acomodar en su pecho y los dedos de él le recorrieron la espalda desnuda. Albert estiró un brazo para tomar su saco que yacía en el piso para así cubrir sus cuerpos desnudos.
Ella se quedó en silencio entre sus brazos, en la oficina se oía una suave música que hizo que poco a poco sus ojos se fueran cerrando hasta quedarse dormida.
Más tarde, despertaron tras escuchar que la señora Martha tocaba la puerta. Albert con cuidado se fue levantando. Candy aún soñolienta tomó su camisa y se la puso, pues el vestido se le hizo prácticamente añicos dada a la pelea que tuvo con su envidiosa prima.
─Iré al baño.
─Está bien. Hablaré con la señora Martha ─dijo recogiendo su pantalón del piso.
Candy en el sanitario lavó su cara y sus dientes al ver que ahí había cepillos aún empaquetados, abrió uno para usarlo. Luego salió. Miró a Albert buscando entre sus cosas una camisa nueva. Él le cedió una a ella.
─Siento que hayas pasado por este mal momento. ¿Te parece si vamos a la cabaña?
─Es lo que más deseo.
Ese día hicieron el amor una y otra vez. Candy en la mañana se levantó al sentir un olor a comida que inundó su olfato. Caminó hasta donde se encontraba la cocina y ahí estaba su apuesto esposo con un mandil, preparando el desayuno, no pudo evitar formar una sonrisa en su cara al verlo. Él se veías extremadamente sexy.
Era un hecho Candy se empezó a enamorar poco a poco de aquel hombre que había dejado plantado en el altar. Él la había enamorado otra vez, ella de vez en cuando se acordaba de Terry, ese hombre arrogante que la había hecho firmar un contrato de confidencialidad y había formado parte de su vida.
A veces se preguntaba qué sería de su vida. Quizás ya había nacido su bebé, y lo arrogante y frío: ¿ya se le había quitado? Ese hombre nunca más la volvió a buscar desde aquel día que ella le dijo que si se quedaba, ella simplemente sería su amante toda su vida y ella no quería terminar siendo la amante toda su vida de un hombre casado.
Candy estaba desayunando con su esposo y sus suegros, tenía días sintiéndose mal. Consideró que era porque se la pasaba en la administración de la destilería, debido a que las ventas aumentaron.
─¿Te sientes bien, Candy? ─le preguntó Priscila su suegra al ver que su nuera estaba pálida.
─Sí, solo estoy mareada, quizás no he comido bien estos últimos días ─contestó Candy, quien al ver la comida que tenía en el plato se le revolvió el estómago. Siempre lo hacía a un lado, prefería comer frutas─ creo que el estrés descontroló mi presión ─dijo Candy poniéndose de pie─ Me iré a recostar un rato ─apenas dio un par de pasos cayó al piso desmayada.
─Amor ─dijo Albert corriendo a levantarla ─Candy... Candy ─le llamaba él─. Madre llama al médico.
─Sí, hijo ─su madre avisó al médico por teléfono mientras Albert llevó a su esposa a su habitación.
Continuará…
Gracias chicas por sus comentarios en el siguiente le contestos sus duda.
María Leonor, gracias por dar ideas para la adaptación de este fic.
Dios nos bendiga.
Pido disculpa por la tardanza, pero me había enfermado un poco, así que descansé.
