Personajes de Mizuki e Igarashi
─Creo que esta mujer no esta mal por el estrés ─dijo su padre─ yo más bien pienso que tu esposa está embarazada, hijo.
Albert, se sintió feliz ─embarazada ─repitió con una pequeña sonrisa en sus labios.
Cuando el médico llegó, Candy ya estaba consciente y las sospechas de su suegro resultaron ciertas.
─Felicidades van hacer papás ─les dijo el médico a Candy y a Albert─. Tienes 7 semanas de embarazo.
Candy se quedó sorprendida, le era imposible creer que estuviera embarazada. Pero, era lógico que en cualquier momento quedara embarazada; si nunca se cuidaba cuando estaba en la intimidad con su esposo.
─¡Vamos hacer abuelos! ─Gritó la madre de Albert, quien estaba feliz al igual que su padre.
─Voy hacer abuelo... pensé que me moriría sin conocer a mis nietos ─Williams C., abrazó a su hijo y a su nuera─ yo sabía que lo que tenía Candy no era estrés.
─Vamos hacer papás ─exclamó Albert dándole múltiples besos a su esposa.
Cuando los padres de Candy recibieron la noticia por parte de los jóvenes esposos, también se pusieron felices. Incluso, su hermano John felicitó a Albert. Él ya era padre de un hermoso niño.
Candy nunca se imaginó ser madre, pero estaba feliz. Su embarazo fue pasando rápido y sin complicaciones. A su esposo se le hacía la mujer más bonita del mundo, verla con su pancita.
─Si es niño seguiremos la tradición de mi familia, de que todos los primogénitos varones se llamen: Williams y si es niña se llamará Candy ─le dijo Albert a su esposa mientras le acariciaba su barriguita.
─Mejor si es niño que se llame: Williams Albert ─expresó ella.
Ninguno de los dos quería saber el sexo de su bebé; querían que fuera sorpresa.
Entre tanto, a Albert le habían dado casi todos los síntomas más que a su esposa. Se la pasaba comiendo porque todo se le antojaba, lo que no le gustaba era cuando le daban los ascos o cuando le pegaba el sueño, porque se quedaba dormido en la bodega enfrente de todos sus trabajadores.
Candy nunca dejó de trabajar y cuando estaba en la administración de la destilería con su suegro, se empezó a sentir mal. Pensó que se trataba de simples punzadas.
─¿Te sientes mal, hija? ─le preguntó Williams, su suegro, al ver que Candy hacía gestos y se agarraba el vientre.
─Sí... solo son pequeñas punzaditas ─respondió ella, pero cada vez esas punzadas le daban más fuertes y eran porque su bebé ya iba a nacer.
Su suegro llamó a su esposo, quien llegó rápido. Cuando Albert miró a su esposa se puso más nervioso que ella; como si él fuera a dar a luz.
La familia de él y de ella, estaban en la sala de espera del hospital esperando a que el nuevo miembro de ambas familias naciera. Albert estaba con Candy en la labor de parto, no quería dejarla sola en ningún momento.
─¡Es una hermosa niña! ─dijo el doctor cuando se escuchó el llanto de ese hermoso bebé que pusieron en los brazos de Albert, quien al ver a su hija le fue imposible evitar que de sus ojos salieran esas lágrimas de felicidad.
─Es nuestra hija ─expresó Albert a su esposa, poniéndole en los brazos su bebé.
─Tiene tus ojos ─dijo ella dándole un beso en la pequeña frente de su nena.
─Pero, se parece a ti ─le replicó él.
Albert por fin tenía la familia que siempre quiso con la mujer que ama y, ahora estaba seguro de que él había recuperando el amor de su esposa.
El día del bautizo de su bebé invitó a todo el pueblo. Albert quería festejar en grande el bautizo de su bebita.
Los amigos de Candy estuvieron presentes. Tomás y su prometida fueron los padrinos del bebé de su amiga. Él siempre estaba con ella y estuvo en todo momento, la había visto llorar y reír.
La villa de Lakewood se llenó de travesuras y risas de esa pequeña que ya tenía casi tres años.
─Candy deja en paz a ese pobre cachorro ─le gritaba su abuelo a la pequeña─. Dios mío saliste igual de traviesa que tu padre.
A Priscila, su abuela y a Albert solo les daba risa al ver que esa pequeña hacía pasar muchos corajes a su abuelo.
─Es así, porque la consientes mucho, papá ─dijo Albert cargando a su pequeña en brazos ─Candy y yo le llamamos la atención y tú siempre la consientes.
Candy los miraba desde la cocina, donde estaba con Dorothy, la cocinera, preparando la comida. Sonreía al ver a su hija haciendo travesuras y haciendo enojar a su suegro.
Albert siempre se llevaba en su caballo a su pequeña a recorrer los grandes campos azules de Lupinos ─aquí tu mami y yo, siempre veníamos cuando éramos novios ─le decía él a su pequeña.
En la cena Albert le comentó a su esposa que tenía que viajar a Chicago para reunirse con el dueño del banco donde él tenía algunas inversiones. Candy sabía que esa persona era Terry su ex jefe.
─Quiero que me acompañes tú y nuestra hija amor. Así aprovechas para visitar a tus amigos ─le dijo Albert a su esposa.
Candy nunca lo quería a acompañar cuando él iba a Chicago y menos cuando él tenía que reunirse con Terrence Granchester Baker.
─Y no quiero que digas: no, porque ya les avisé a tus amigos y, ellos están felices de que vayas.
Candy quisiera o no, tuvo que viajar con su esposo y su hija a Chicago. Pero, antes de hacerlo le habló a su amigo Tom para pedirle que los dejara quedar en su departamento, porque ella no quería quedarse en el de ella. Su amigo le dijo que se podían quedar con él todo el tiempo que quisieran, porque acababa de rentar el departamento de Candy.
Continuará...
