DOCTOR-XY ESPECIAL

EL IMPERIO DE LA TORRE BLANCA

En 2012, Shigatestu Hiruma se ha convertido en el nuevo y único presidente del sistema médico universitario del Japón, cuyo sistema fue privatizado 35 años atrás volviéndolo insensible a las necesidades de la gente común, siendo únicamente para las personas que pueden pagar exorbitantes sumas de dinero . Todos los miembros del personal médico trabaja únicamente para ese corrompido sistema de salud, abandonando a su suerte al resto de la población. Afortunadamente, existen los médicos rebeldes llamados Doctores X, quienes arriesgan sus vidas enfrentándose al actual sistema de salud, buscando la manera de derrocar Hiruma, siendo a la vez perseguidos por la Guardia Médica Universitaria. Lamentablemente, uno a uno ha ido cayendo bajo las manos de Hiruma y sólo han quedado dos Doctores X que siguen peleando por un futuro mejor: Michiko Daimon y su maestro Akira Kanbara. ¿Podrán ellos junto a un pequeño grupo de médicos y enfermeros rebeldes derrocar el imperio médico de Hiruma?

Género: drama, amistad, medico, ciencia ficción, artes marciales, romance

Pareja: Michiko Daimon / Hideki Kaji
Personajes: Michiko Daimon (36), Hiromi Jonouichi (33), Akira Kanbara (65), Hideki Kaji (48), Kondo Shinobu (37), Takashi Ebina (49), Takano Naoki (54) , Mamoru Hara (38), Takashi Torii (48), Hikaru Morimoto (28), Shigatetsu Hiruma (61).

Calificación: para mayores de 16 años

Publicación: 1 capítulo cada miércoles (si se puede)

Escritora: Gabriella Yu

Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas.

Aclaraciones: Aunque sólo he visto las temporadas 1, 2, 3 y el especial de Doctor X, y las 4 temporadas de Doctor Y, esta historia está ambientada después de la 6 temporada de Doctor X y la 5ta de Doctor Y.

Capítulo 1: Michiko Daimon, El Demonio Que Pelea Por los Pobres

La pequeña niña se afirmó a la cama de su padre enfermo para observarlo detenidamente. Por fin descansaba en paz después de varios días de agonía por culpa de un dedo infectado.

—¿Papá ya no se enfermará?

-No. Ya no tienes nada qué temer, pequeña —Le respondió una mujer que estaba de espaldas, guardando sus artículos médicos en una vieja mochila toda deshilachada.

—¿Por qué está tan segura? —Quiso saber la esposa del hombre, aún angustiada.

La aludida se dio media vuelta para mirarla con aquellos ojos oscuros llenos de determinación y fortaleza.

—Porque yo nunca fallo.

-¡Oh! —La mujer se llevó las manos a la boca, sorprendida—. ¡Usted es la legendaria Doctora X! ¡Michiko Daimon! ¡El demonio!

—¿Demonio? —Torció el gesto, molesta—. ¡Odio ese sobrenombre! Soy Doctora X o Michiko Daimon, nada más… —Luego murmuró molesta mientras ponía los brazos en jarra y miraba hacia un costado—. Odio ese sobrenombre… Maldito Hideki Kaji y su bocota…

—Oh, lo siento… —Se inclinó profundamente—. Le doy las gracias por curar a mi esposo, somos tan pobres que nos es imposible acceder a la salud imperial.

—No se preocupe, eso pronto va a cambiar —Le guiñó un ojo.

—¿Eh? —Parpadeó, confundida.

De pronto, unos golpes apresurados en la desvencijada puerta llamaron su atención.

—¡La Guardia Médica Imperial está aquí! ¡Huya, Doctora X!

-¡Si! ¡No puede ser! ¿Ya se enteraron que estoy aquí? —Hizo un gracioso berrinche—. ¡Con el hambre que tengo!

—Tome, llévese algo —La mujer le entregó unas bolas de arroz de mal aspecto en una hoja de diario.

Michiko tuvo el impulso de aceptarlas, pero las apartó suavemente.

-No gracias. Ustedes las necesitan más que yo.

Y antes de que la mujer se quejara, la Doctora X se puso la mochila y de un salto desapareció a través de la ventana, huyendo de la Guaria Médica.

—¿La volveremos a ver, mamá? —Le preguntó la niña, tomando de la mano a su madre, quien la miró con cariño y asintió.

—Si, querida. Los Doctores X siempre velarán por nosotros y Dios los cuida a ellos.

Y mientras volvían a ver al convaleciente, Michiko Daimon corría a todo dar a través de las empobrecidas callejuelas de la ciudad de Tokio con el afán de evitar ser alcanzada por la Guardia Médica, cosa que lamentablemente sucedió.

—¡Quieta ahí! —Gritó uno de los enfermeros pasantes, disparando contra ella una bala magnética que afortunadamente falló gracias a la velocidad de la fugitiva.

—¡Está por aquí! ¡Rodeen la zona! —Gritó otro, deteniéndose para dar la órden.

Michiko maldijo su suerte pero siguió con la huida hasta que alguien le cortó el paso unos metros más adelante, justo a la salida del callejón.

Era el doctor Hideki Kaji, el segundo al mando del equipo 1 de la Guardia Imperial Médica Universitaria.

—Nos volvemos a encontrar, demonio —Le dijo con altanería, cruzado de brazos

—Desgraciadamente… —Sonrió ella—. ¿No viniste vestido para la ocasión? Una bata de médico es molesta para combatir.

—No tuve tiempo de ponerme mi uniforme. Apenas supe que andabas por aquí decidí no perder el tiempo en nimiedades, arriesgándome a que te me escaparas. ¿Por qué mejor no te entregas y evitamos así esfuerzos innecesarios?

Ella sonrió.

—Quizás no te guste esforzarte, idiota, pero… ¡a mí sí!

Apenas terminó de hablar, se lanzó al ataque.

—Maldita sea esta mujer terca. Siempre con lo mismo… —Murmuró para sí, preparándose para el enfrentamiento inevitable.

Como todos los doctores de aquella época, ambos han sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo en sus diferentes formas, pues tenían prohibido usar armas al ir estas en contra del juramento de salvar vidas.

Daimon y Kaji ya tuvo sus enfrentamientos anteriormente y ella siempre había salido victoriosa, cosa que frustraba sobremanera al cirujano que era muy orgulloso. Él era bueno, pero evidentemente ella lo superaba como superaba a todos los demás. Ambos usan la misma técnica de lucha, una mezcla de Tai-Chi y Aikido.

Luego de unos cuantos velocidades cruzamientos de manos y piernas en un intento por atrapar al otro, Michiko sonrió, tomándolo sorpresivamente de las muñecas, sosteniéndolas muy fuerte a la altura de los hombros, cruzadas. Kaji la miró furioso.

—Mejoraste… —Dijo ella—. ¡Pero no lo suficiente, tonto!

Intentó barrarlo, pero él fue igualmente rápido y bloqueó el pie derecho de ella con su propio pie izquierdo, deteniéndola. Ambos se miraron directamente a los ojos, desafiándose.

—Tú lo dijiste, demonio, mejoré —Le sonrió despectivamente.

—¡Mi nombre es Daimon! —Exclamó, molesta, e inmediatamente le lanzó una patada con la otra pierna que él pudo detener con su brazo derecho, olvidándose que ella lo tenía presionado con la mano derecha sobre sus muñecas, momento que ella aprovechó para golpearlo con la palma de la mano contra el pecho, haciéndolo trastabillar.

En ese momento llegó a la primera división liderada por el tercero al mando, Mamoru Hara.

—¡Quieta ahí o disparamos, doctora Daimon! —Le ordenó, haciendo una seña a los enfermeros, quienes la apuntaron con unas armas de aspecto como rifles.

—¡Rayos! ¡Estoy rodeada! —Exclamó, dejando de pelear y pensando a mil por hora de cómo salir de aquella situación.

Sin quererlo, Kaji le dio la oportunidad.

—¡Oigan! ¡No se metan! —Los miró, furioso—. ¡Yo seré quién atrape al demonio!

—Pero… —Hara quiso quejarse.

—¡Que no se metan! —Se volvió hacia una sonriente Michiko—. Yo seré quien derrote a la legendaria Doctara X y me volveré famoso… ¡Prepárate, demonio!

—Ya veremos quién derrota a quien, tonto —Ella se puso en guardia al igual que él.

Se miraron directamente a los ojos sin hacer el más mínimo movimiento, Hara y sus subordinados tragaron saliva, ansiosos. De repente, el combate comenzó nuevamente, utilizando todo tipo de golpes y movimientos sin detenerse un segundo, pareciendo una danza mortal que maravilló a los presentes.

—Ambos pelean muy bien —Dijo uno de ellos—. El doctor Kaji es uno de los mejores combatientes de todo el sistema médico imperial.

—Aun así nunca le puede ganar a esa mujer —Objetó otro—. He escuchado que ya han sostenido más de cincuenta enfrentamientos y él aún no ha logrado derrotarla.

—¿Cincuenta? Yo escuché que son más de cien —Replicó otro enfermero—. Su orgullo debe estar muy herido por ser derrotado tantas veces por esa rebelde.

—Así es —Asintió Hara, sin quitar la vista de la impresionante lucha de los dos cirujanos—. Su orgullo fue herido hace como tres años atrás, cuando se enfrentaron por primera vez, desde entonces está tan obsesionado con derrotarla que hasta su esposa de cansó de él y se divorciaron.

—¡Oooooh! —Exclamaron todos, sorprendidos, y miraron con otros ojos aquel combate.

—¿Aplicará con ellos la frase "Los que se pelean se desean"? —Se atrevió a decir unos de ellos, llamando a la atención de Hara.

Mientras continuaba bloqueando y enviando golpes contra su contrincante, Michiko miró por el rabillo del ojos el sospechoso movimiento de una sombra sobre el tejado de una casa y comprendió que había llegado el momento de huir.

Para sorpresa de Kaji, ella lo tomó sorpresivamente de la muñeca derecha y le torció el brazo hacia atrás, haciéndolo gritar de dolor, pero inmediatamente se quedó mudo y con los ojos abiertos como platos cuando Michiko lo presionó contra su cuerpo, quedando ambos cara a cara, demasiado juntos.

—¿Sabes por qué nunca me vas a ganar, tonto? —Le dijo, sonriéndole burlonamente—. Primero, porque eres un hombre. Segundo… porque yo te gusto.

—¿Cómo? ¡Estás loca! —Frunció el entrecejo, molesto.

De pronto, alguien desde arriba lanzó de golpe una bola del tamaño de un puño contra el suelo, reventándola frente a Hara, de cuyo interior salió un humo espeso que se esparció rápidamente por todo el lugar, encegueciendo a la Guardia Imperial Médica.

—¡Disparen! ¡Que no se escape! —Gritó Hara sin parar de toser.

-¿What? ¡No! —Exclamó Kaji al escucharlo, entonces Michiko lo liberó y de un poderoso salto llegó hasta arriba del techo en dónde la esperaba la anestesista Hiromi Jonouichi, quien era la que había lanzado esa bomba de humo.

—Salió perfecto, amiga —Dijo la Doctora X, chocando los cinco con una sonriente Hiromi.

—Mejor vámonos antes de que se recuperen —Advirtió la anestesista.

Y mientras se marchaban de allí saltando a través de los techos de las casas, Hideki Kaji tuvo la mala fortuna de recibir algunos impactos de las balas magnéticas, dándole un buen shock eléctrico que lo dejó tieso sobre el suelo, maldiciendo tanto a Hara como a Michiko Daimon.

—Akira-san va a estar muy molesto contigo, Michiko, prepárate para un sermón.

-No me importa. Salvé de la vida de un padre.

Hiromi se rió.

—¡Tú nunca cambiarás, amiga!

Michiko la miró con determinación.

—No, porque yo nunca fallo.

Y desaparecieron tras el aparo de las sombras de la ciudad.

Notas de una escritora descuidada:

¡Bienvenido a esta loca historia, mi estimado lector y fan de Doctor X! Supongo que les llamará mucho la atención esta historia acerca de su temática ... Ojalá les guste y comenten. ¡Que la disfruten!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu