Capítulo 3: "Contrato"
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- El amo irá hoy a Hyrule.
- Sólo han pasado unos días desde que todo esto terminó. No creo que sea prudente. - Unas voces resonaban en su cabeza, no sabía de dónde venían ni a quienes pertenecían, estaba completamente oscuro.
- Dijo que debía atender algunos asuntos en persona.- Poco a poco comenzaba a ser consiente, estaba despertando, las personas dueñas de esas voces se encontraban muy cerca de ella.
- Desearía que dejara de arriesgarse tanto.- Escuchó cerca de su oído más claramente.
Abrió los ojos lentamente, el techo sobre ella daba vueltas. Luego de unos segundos de intentar recordar dónde estaba y qué había pasado, logró hacerlo; dejó salir un suspiro y levantó su brazo a la altura de su rostro para verlo un momento, tenía vendajes en su muñeca, clara prueba de lo que había pasado antes de desmayarse, eso y el leve ardor que sentía.
- ¿Princesa, ya ha despertado? - una voz a su lado la hizo ladear el rostro para mirarla. Era Karane, intentó levantarse pero el mareo la devolvió a la cama.- No haga eso, lleva 2 días inconsciente. ¿Le duele algo? ¿Quiere que llame al médico?- dijo levantándose de su asiento colocando el libro entre sus manos sobre la mesita de noche junto a la cama.
- Tranquila, estoy bien - dijo secamente, ahora recordaba que esa chica era parte de su pueblo, aun así ella no dudaría a la hora de preferir al líder del reino enemigo.- ¿Dónde está tu amo? – preguntó mirando hacia la puerta cerrada.
- Esta ocupado.- se limitó a decir.- ¿Lo necesita?
- ¿Puedes llamarlo? - respondió con otra pregunta mirándola fijamente.
- Por supuesto.- se puso de pie.- ¡Agitha! - llamó a la puerta y su compañera rubia asomó el rostro por la puerta del baño.- Hazle compañía a su Alteza. Ya vuelvo. - la pelirroja se dirigió a la puerta de la habitación. Sus planes de estar un momento a solas se frustraban nuevamente, parece que debía dejar de lado esas ideas e idear otro plan.
- Me alegro que ya este consiente, su majestad.- sonrió la rubia sentándose en el banco en el que se encontraba anteriormente Karane.
Zelda se mantuvo en silencio observando la puerta por donde había salido la pelirroja.
- ¿Tiene hambre? - volvió a hablar la rubia, a lo que ella negó cerrando sus ojos nuevamente y sentándose levemente en la cama.
- Debería recostarse, Alteza.- insistió Agitha.
- Estoy bien. - respondió Zelda secamente, Agitha no volvió a hablar y se limitó a observarla en silencio, mientras la contraria mantenía su vista en sus manos, las cuales reposaba sobre sus piernas.
Luego de unos minutos escuchó pasos en el pasillo, elevó la mirada nuevamente a la puerta, por donde se asomó su captor.
- Buenos días, princesa - saludó el rubio con seriedad, ella no le respondió, Link se adentró a la habitación.- ¿Te encuentras bien? Agitha y Karane tienen órdenes de cumplir tus nece...
- Quiero ir a Hyrule. - dijo interrumpiéndole, él se limitó a mirarla con una ceja arqueada.
- ¿Qué? -pregunto incrédulo, su situación comenzaba a causarle cierta gracia, no pudo evitar esbozar una sonrisa.
- Sé que hoy viajas allá.- mencionó, pudo divisar que sus ojos viajaron rápidamente a las dos mucamas en la habitación, las cuales desviaron la mirada.- Lo escuché por casualidad, no las culpes.- Link devolvió la mirada hacia ella.
- Sabes que no estás en posición de pedir nada.
Ella se tensó en aquella cama frunciendo levemente el ceño, dejó salir un suspiro luego de algunos segundos en silencio.
- Te prometo que no estorbaré, sólo quiero saber cómo están las cosas por allá.- dijo en un tono suave, sabía que por las malas no obtendría nada.
- Eso no importa.- dio media vuelta antes de caminar hacia la puerta.- No puedes hacer nada.
- Escucha, podemos llegar a un acuerdo si accedes a llevarme.-eso hizo que el rubio se detuviera en seco.
- ¿Piensas que tienes algo que puedes darme? - dijo volteándose con una ceja arqueada. Evidentemente él tenía total derecho sobre ella.
- Lealtad.- dijo bajando la mirada levemente.
- ¿Qué? - respondió el rubio confundido.
- Lo que has oído. Dependiendo del estado de mi reino, para eso necesito saber en qué condiciones se encuentra.
Link sonrió con sorna, pensó si todo eso valía al menos la pena, probablemente, ahora pensaba que era una lástima que en todo aquel tiempo de sufrimiento no se convirtiera en un sádico.
- Señor, el carruaje le espera afuera del castillo. - el ama de llaves se asomó por la puerta
- Gracias, Vera. - respondió sin voltear a mirarla, manteniendo la vista penetrante en la antigua monarca.
Lo pensó un momento antes de decidirse, ciertamente no tenía nada que perder, sonrió de forma zorruna al venírsele una idea a la cabeza, si Zelda le era leal podría utilizarla de forma diplomática para tener beneficios para Dekufield sin tener que hacer las cosas a la fuerza; sabía que Hyrule poseía tratados interesantes con otros reinos.
- Karane, Agitha, alisten a su Alteza, salimos en 15 minutos.- ordenó caminando hacia la puerta.
...
Zelda llevaba todo el camino con la mirada perdida hacia el horizonte, rogando a las diosas que todo siguiera igual. Ciertamente Hyrule era un desastre desde que había estallado la guerra; sin embargo, esperaba al menos no encontrarlo en llamas.
- Si no te calmas, tendrás un ataque de ansiedad antes de llegar a Hyrule.- bromeó Link, dejando su mirada hacia el frente; ella por su parte, luego de verle desvió su mirada hacia la cuerda que unía a ambos caballos, el de él con el de ella.- Debes recordar que es probable que no sea una buena visita, princesa. Recuerdas lo que dijo Darunia ¿no?
Zelda sudó frío, el Goron mencionaba a su pueblo en prisión y algunas ejecuciones, eso no la podía calmar la de ninguna forma.
- No le han hecho nada a mi pueblo ¿verdad? - lo miró esperanzada. Link se encogió de hombros.
- Los Goron tomaron el control hace 3 días, creo que hasta ahora sólo están esperando órdenes.
- ¿Quién se hará cargo de Hyrule? - preguntó ella con miedo.
- Supongo que se establecerán gobernantes, Hyrule se convertirá en un distrito más de Dekufield, un distrito muy grande.- Link sonrió de lado con la mirada levemente perdida en la espesura. De alguna forma eso era tranquilizaba un 5% de su preocupación, eso podría significar que Hyrule estaría bien.
- ¿Y su gente? - Link suspiró.
- Ese es otro cuento.- se limitó a responder.
Zelda no dijo más, se limitó volver a perderse en sus pensamientos y/o preocupaciones.
Lograba entender un poco la forma de gobierno de Dekufield, de hecho, podría decirse que eran 3 reinos diferentes donde cada líder establecía su potestad dentro de su territorio. Link controlaba los recursos ganaderos, madera, agricultura y caza; Darunia de los minerales extraídos de las cálidas tierras y el manejo de metales; Rutela distribuía con eficacia las corrientes puras de agua, tanto saladas como dulces, economía de las costas, pesca de diversas especies. Además de que cada uno atendía las problemáticas de sus razas; no le cuadraba muy bien cómo los humanos aceptaban a un Hyliano como gobernante, había algo que se le escapaba. Volviendo al tema, en Dekufield vivían en armonía compartiendo justamente los recursos de cada zona, y como política, ninguno poseía más poder que los otros dos; sumamente complicado, sabía que mantener esa armonía requeriría de mucha sabiduría y ser sumamente justos; y en el caso del hombre a su lado le parecía sorprendente, ya que podría decir que éste tenía su misma edad, incluso ella sabía que necesitaba a su consejo para tomar las decisiones más complejas. Ahora parecía que Hyrule podría pertenecer a aquella asociación provechosa, después de todo, contaba también con amplios recursos satisfactorios, el problema es que su pueblo probablemente caería en un estado de...
- Esclavitud... - susurró para ella misma; sin embargo, el rubio logró escuchar aquello. La miró de reojo por un momento, ciertamente, las cosas eran un poco más complejas y eso no era nada bueno para Hyrule.
- Descansemos un momento.- ordenó al capitán de su guardia quien iba al frente, el hombre se volteó a mirarle atentamente.
- Sí, señor. – contestó y ordenó a sus hombres dirigirse hacia una pequeña arboleda que se erguía sobre aquella llanura amplia.
Un grupo de soldados se retiró con los caballos adentrándose en la arboleda, un riachuelo pasaba por ahí cerca, así que se encargarían de darles agua a los caballos, incluso del almuerzo, algunas frutas silvestres no les caerían mal.
Una vez que Link cerró su cantimplora de cuero miró a Zelda, quien se encontraba sentada en el pasto sumida en sus pensamientos.
- Antes de salir del castillo mencionaste que me darías tu lealtad si Hyrule se mantenía intacto, ¿no? - Ella asintió, mirándole con seriedad.- ¿A qué te refieres exactamente con eso?- Zelda suspiró.
- No volveré a intentar suicidarme, no intentaré escapar, no te causare más problemas.- Link le miró con atención.- Obedeceré todas tus órdenes sin protestar.
El rubio suspiró.
- Está bien... tendré que hablar con Rutela y Darunia sobre algunos cambios menores, no creo que haya problema respecto a eso.
Hace un par de días pensaba que había cometido un error al dejar que recayera en él la responsabilidad de la monarca, era obvio que el estado político de Hyrule se desmoronaría, ahora les pertenecía a ellos. Pero estaba seguro de algo, si la princesa moría, era probable que Hyrule simplemente sería una tierra más a la cual explotar junto con toda su gente, debía mantener las apariencias por ahora; dejar que el reino entero cayera en total desgracia no era su intención; tenía otros planes para Hyrule y seguramente sería más fácil con la princesa de su lado.
Una vez pasaron varios minutos en silencio donde Zelda comía su almuerzo, un plato de setas asadas; Link se limitaba a comer una manzana sentado en una rama sobre la monarca mientras observaba la llanura frente a ellos, aún les faltaban muchas millas por recorrer.
- ¿Qué... planeas hacer conmigo? - preguntó la princesa sacándolo de sus pensamientos. Link se mantuvo en silencio por unos segundos antes de contestar.
- Lo único que necesitas saber por ahora es que no te haré daño.
- ¿Qué hay de mí título?
- Por ahora, necesito que lo conserves. Sin embargo, recuerda que no establecerás ningún tipo de autoridad.- Esas palabras únicamente hicieron que la princesa apretara el plato de madera entre sus manos ¿él pretendía humillarla más? Por su parte, Link se quedaba con la mirada perdida en la manzana.- Será mejor que continuemos.- Bajó de la rama en la que se encontraba, una vez acabó la fruta lanzó lejos el resto.- Capitán, es hora de irnos.- dijo al nombrado, el cual se hallaba charlando entre un grupo de soldados.
Miró al hombre que se alejaba de ella mientras los demás comenzaron a organizarse para emprender viaje de nuevo, observándolo detenidamente, sentía que odiaría por siempre aquella silueta, su sonrisa burlona, el brillo de su vil mirada, su voz, todo lo que salía de su boca, todo lo que él representaba.
Luego de varias horas montando en las que ella se había mantenido en absoluto silencio, le dolían las caderas y las piernas con un demonio, pero no se atrevería a quejarse frente a aquel bastardo; no entendía como todos parecían ir tranquilamente, por lo que se veía estaban acostumbrados a largos viajes, ella se aseguraría de seguirles el ritmo por ahora.
El sol se había puesto hacía varias horas, la oscuridad total se alzaba frente a ellos desde hace rato, iluminados por la luz de la luna y las antorchas que portaban algunos soldados en lo alto. El aullido de los lobos comenzaba a atormentarla cada vez más, sobre todo porque ya había notado un par de gruñidos muy cerca, luego de un chillido del respectivo animal, lo que suponía que eran los mismos soldados de los extremos haciéndose cargo de los caninos que se atrevían a acercarse demasiado a la caravana. Link ni siquiera se inmutaba, "cobarde" pensaba, él iba casi en medio del grupo, bien protegido por sus hombres; se mantenía junto a ella en todo momento. Se preguntó además el por qué no habían sido atacados por ningún monstruo, era extraño.
- Señor, calculamos que estamos cerca de la media noche.- dijo uno de los soldados de adelante ralentizando su paso para quedar junto a su líder.
- Busquen un lugar para acampar.- ordenó. Zelda suspiró de alivio, realmente se encontraba exhausta, además de que no aguantaba su cuerpo, dolía increíblemente.
Se acercaron a un risco y comenzaron a hacer los preparativos para un campamento improvisado. Link bajó de su caballo y se acercó al de ella, alzando sus manos para intentar ayudarla a bajar del animal, ella ignoró su gesto tal como lo había hecho al medio día y se lanzó del animal del otro lado, a lo que está vez sus piernas le fallaron una vez que sus botas tocaron el suelo, terminando completamente apoyada sobre su trasero y sus manos, maldijo por lo bajo. Link se apresuró a ir a su lado nuevamente.
- ¿Estas bien?- preguntó con seriedad, había sido un tremendo golpe, volvió a ofrecer su mano.
Ella le ignoró de nuevo e intentó ponerse de pie, con mucha dificultad y paciencia lo logró.
- Estoy bien.- respondió mirándole como indicativo que la dejará en paz. Él pareció entender, ya que se limitó a tomar las riendas de su caballo y el de su yegua, alejándose lentamente. Zelda intentó enderezarse pero su cadera dolía a horrores aún, sin mencionar que sus piernas se encontraban entumecidas y demasiado débiles para mantenerla firme.
Se acercó con dificultad a uno de los árboles apoyándose en él, definitivamente no quería sentarse.
Minutos después los soldados habían encendido algunas fogatas para mantenerse calientes, todos parecían pasar de ella, como si no estuviera ahí, suspiró antes de decidir acercarse a uno de los soldados lentamente.
- Disculpa...- habló ella al estar a un metro de él mientras el hombre limpiaba su arma.- ¿Dónde podría descansar?
El soldado únicamente se volteó para mirarla por un momento, su rostro era algo indescifrable para ella, mientras él sólo pensaba en la belleza que poseía aquella mujer; decidió mirar su arma nuevamente, el lindo rostro de la princesa no le dejaba articular palabra alguna.
- Debe hablar con el señor Link, princesa. - Se limitó a decir.
Ella frunció el ceño nuevamente, quería morirse antes de dedicarle una palabra a ese bastardo. Miró a los alrededores y divisó la carroza de los suplementos, estaba cerca de una de las fogatas, que casualmente estaba rodeada de soldados, caminó lentamente hacia ella, imaginaba encontrar dentro un lugar donde estar cómoda, caliente y tener algo de intimidad.
Una vez estando junto a ella divisó algunos barriles ubicados fuera, donde algunos soldados se servían agua, eso significaba que dentro podría estar vacío, con suficiente espacio para ella. Antes de subir con mucha dificultad a la carroza en cuestión, pudo notar que algunos soldados le veían sorprendidos, les miró un momento esperando a que éstos hablarán; sin embargo, continuaron en sus cosas al notar que la chica les respondía la mirada. Sus ojos brillaron de felicidad, aún había algunas sábanas dentro y algunos sacos que podrían servirle de almohada.
Se acostó sobre una de las telas blancas, sintió una superficie suave bajo ella; rápidamente había recuperado el calor en aquella fría noche, no tardó en quedarse profundamente dormida.
A la mañana siguiente podía escuchar a los pájaros cantando, no sabía qué hora era, pero podía escuchar a algunos soldados hablando en voz baja fuera de la carroza, seguramente pronto partirían. Se removió perezosa notando que ahora dormía sobre uno de sus costados, recordaba que se había dormido boca arriba, pero ahora se hallaba tremendamente cómoda abrazando uno de los sacos dentro de aquel lugar, se estaba auto convenciendo que debía levantarse ya.
- Oye ¿Cuánto planeas dormir? - escuchó casi en su oído, como un susurro; levantó la mirada y se encontró a pocos centímetros del rostro bronceado de su secuestrador, aquella mirada azulada era inconfundible, no era un saco el que abrazaba plácidamente, era el torso del caballero líder del grupo.
Zelda se levantó inmediatamente, por poco no soltaba un grito.
- ¿Qué crees que haces? - preguntó con el ceño fruncido mirándole con molestia marcada.
- ¿Tú que crees que haces? - Link devolvió la pregunta mientras se sentaba igualmente, mirándole con una ceja arqueada.
Zelda no reparó en mirarlo con confusión.
- Anoche no tuviste reparos en acostarte junto a mí, usando mi brazo de almohada.- respondió mientras removía su cabello en un intento de quitarse la pereza.- Vaya osadía...
Zelda inevitablemente se sonrojó de golpe, ahora entendía porque los soldados la veían como si quisieran advertirle algo, no recordaba cuando fue la última vez que se sentía tan avergonzada. No sabía que sería más vergonzoso, si aclarar la situación diciéndole que era todo una confusión dejando en claro que era más despistada de lo que aparentaba o si lo dejaba así dejando que Link pensara lo que quisiera; optó por la segunda opción, la primera no pintaba en nada con su persona. Jamás admitiría que cometió un error, no a él.
- Como sea, quédate aquí.- Le ordenó, poniéndose de pie.- Será mejor que descanses aquí, tu cuerpo no parece aguantar largos viajes.- caminó hacia la salida apartando la tela que recubría la carroza levemente, antes de salir, la miró con una sonrisa iluminada por los rayos de sol que golpeaban levemente su rostro.- Ya que no quieres hablarme, te lo diré todo de una vez: Mis hombres subirán los barriles de agua y las cajas de provisiones dentro de poco, pero hay suficiente espacio para ti, incluso si quisieras recostarte de nuevo; come lo que quieras cuando tengas hambre.- dijo antes de desaparecer en la luz de la mañana, antes de que la cortina volviera a su estado normal atraída por la gravedad.
Ella se quedó un momento mirando aquel lugar, respirando con suavidad, confundida, realmente detestaba a aquel hombre endemoniadamente guapo.
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Continuará...
