Capítulo 4: "¿Valdría la Pena?"

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Los soldados acomodaron nuevamente las provisiones dentro de la carroza, haciendo poco a ningún contacto visual con ella, comenzaron a avanzar nuevamente. Se preguntó si todo lo que había dicho su captor era verdad ¿Podía hacer lo que quisiera allá dentro? Como sea, probablemente ni se enteraría de nada. Suspiró y volvió a acostarse tomando, esta vez sí, uno de los sacos de arroz para intentar dormir un poco más.

No sabía cuánto tiempo había pasado; sin embargo, escuchó toques en la madera del transporte.

-Estamos en terreno Hylian –le dijeron desde afuera, asomó su cabeza y se topó con Link nuevamente, quien se mantenía a su paso con un arco y carcaj lleno de flechas a su espalda.

Ya había anochecido nuevamente y se preguntó qué hacía el rubio tan atrás del grupo. Notó sus alrededores, todo se mantenía completamente en penumbras, probablemente le costaría reconocer su propio reino hasta llegar al próximo pueblo, el cual, sabía que estaba en ruinas.

Observó al rubio sacar una flecha del carcaj y rápidamente tensar su arco, ella miró hacía la oscuridad a la que apuntaba y no divisó nada, una vez soltó la flecha escuchó un grito de goblin a algunos metros de ellos, su piel se erizó.

-Este ya es terreno poco conocido para nosotros, será difícil evitar a los monstruos como antes –escuchó mencionar al rubio mientras miraba hacia la oscuridad.

Ahora entendía por qué no se habían topado con los grupos de bokoblins que acostumbraban a acampar en las praderas.

Link volvió a disparar otra flecha con el mismo resultado. No tenía idea de cómo lograba divisar algo en aquella oscuridad.

-Señor, debería volver al frente con el capitán -gritó uno de los soldados del otro extremo de la carroza-. Aquí atrás se acumulan los enemigos. Nosotros cuidaremos de la princesa.

¿Así que estaba atrás para cuidarla personalmente? ¿O para vigilarla?

-No me subestimes, soldado –contestó Link luego de reír-. Allá adelante es demasiado aburrido.

Zelda se apoyó en la tabla una vez corrió la cortina para continuar observando a Link asesinando monstruos invisibles para ella, sabía que se encontraban ahí hasta que les oía gritar del dolor. Aquel infeliz no era un gobernante inútil, parece que sabía defenderse con efectividad, tenía los sentidos bastante agudos parece, su fastidio sólo aumentó.

...

El sol brillaba nuevamente sobre ella, ya se sentía mejor. Se encontraba sentada en el saliente trasero de la carroza de provisiones, dejando sus pies al aire, mirando el paisaje verde que se alzaba frente a ella. Sabía que pronto llegarían a la ciudadela; hace rato que habían pasado por el pueblo más cercano, todo seguía exactamente igual, incluso logró divisar a algunos aldeanos que los miraron pasar. Link le había extendido una capa con capucha para cubrirse, no deseaba que la reconocieran, probablemente quería evitar cualquier tipo de problema.

La única diferencia hasta ahora, era la presencia de los gorons en aquellos pueblos por los que pasaban, manteniendo el orden entre las personas. Tal parecía que en efecto, tenía que acatar las órdenes del hylian traidor. Suspiró.

-Estamos frente a la ciudadela –dijo Link de repente-. Entra a la carroza y no salgas.

-Pero necesito saber si todo está en orden. –Link por primera vez le miro con severidad, lo que provocó que los vellos de su nuca se erizaran. Parecía que era mejor obedecer por ahora.

Se escondió en la carreta en silencio, y comenzó a escuchar el bullicio de los citadinos; elevó levemente la tela de uno de los lados para intentar ver a escondidas. Divisó a Link que se adelantó en la caravana; logró ver los rostros de sus ciudadanos, los cuales eran retenidos a las orillas de la carretera para dejar pasar al grupo, sus expresiones eran de miedo en su mayoría, otras confundidas, suponía, por no saber su destino; ninguno se atrevía a gritar nada a los soldados, realmente estaban aterrados.

Llegaron a la plaza principal, una gran tarima fue construida frente a las puertas del castillo; sin embargo, el tumulto de gente no le dejaba ver qué era lo que había sobre la plataforma. Notó que los soldados se acercaban a la tarima, mientras un pequeño grupo se encargaba de llevarla a ella directamente al castillo, en un último acto de rebeldía corrió la tela que cubría su visión para intentar ver todo el panorama. Su corazón se paró inmediatamente, habían cinco sheikahs de pie sobre la madera, todos, con una cuerda atada sobre sus cuellos; entre ellos estaba su nana, Impa. No lo pensó dos veces antes de saltar del vehículo, tomando por sorpresa a los soldados, los cuales no pudieron seguirla entre la muchedumbre y ellos montados a caballo.

-¡No! –gritó en medio del bulto de gente que se apartaba ante la prisa de aquella joven.

Corrió hacia la plataforma de madera hasta chocar con una persona de frente, quien la atrapó en medio de aquella carrera.

-¡Suéltame! –volvió a gritar intentando apartar a aquella persona con todas sus fuerzas.

-¡Zelda!

-¡Déjame ir! - Lo único que había en su cabeza era alcanzar a Impa, la cual la miraba desde lo alto con lágrimas en los ojos, lo que más le resultaba triste, eran acompañadas por una sonrisa sincera.- ¡Impa!

- ¡Zelda! –gritó nuevamente la persona tomándola con fuerza de los hombros, obligándole a mirar sus ojos oceánicos.- ¡¿Qué haces?!

-Por favor –rogó, rompiendo en llanto ella también, mirándole suplicante-. Por favor... a Impa no... -pidió desesperada apoyando su frente en su pecho mientras se aferraba a su ropa.

Todas las miradas estaban sobre ellos, incluso el verdugo le miró expectante con la mano en la palanca que accionaría la compuerta para dejar caer los cuerpos de los condenados.

Link suspiró mientras tenía a la monarca sollozando en su pecho.

-Pospondremos las ejecuciones por ahora –ordenó elevando la voz-. Llévense a los prisioneros de vuelta a los calabozos.

Levantó a Zelda entre sus brazos, la cual continuaba aterrada, Link caminó hacia el castillo ignorando los murmullos de la gente. Una vez atravesó los jardines y entró por la puerta principal para comenzar a recorrer los pasillos, llegó a la habitación que los soldados le habían indicado, se adentró a ésta con la chica aún entre sus brazos. La colocó sobre una silla antes de suspirar, y restregarse los ojos con fuerza.

-¿Tienes idea de lo que hiciste? –dijo en un tono de voz fuerte, suspiró para mantener la calma-. Te dije que te quedarás dentro de la carroza. Dijiste que me obedecerías.

-Impa... -mencionó ella escondiendo su rostro cubierto de lágrimas con sus manos-. Ella... Es lo único que me queda –dejó salir con voz fragmentada-. Lo he perdido todo menos a Impa.

Link volvió a suspirar. No tenía idea que aquella sheikah tuviera una relación directa con Zelda, eso lo entorpecía todo de alguna manera.

-El pueblo Sheikah es fiel a la familia real, es evidente que no van a cooperar con nosotros en ningún sentido, además de que son una seria amenaza –respondió Link a una Zelda sollozante-. No podemos dejarlos con vida.

Zelda elevó el rostro y le miró suplicante, aquello le sorprendió enormemente, su mirada realmente denotaba su desesperación. Una vez se levantó del asiento, caminó hacia él lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos, estando frente a frente, ella se postró ante él pegando su frente al suelo.

-Te lo suplico... –pidió sin levantar el rostro-. Perdona a los sheikah.

Ciertamente las acciones de Zelda sorprendieron al caballero; jamás pensó que aquella orgullosa mujer sería capaz de rogarle, mucho menos en esa postura.

-Sabes que no sólo yo hago las reglas. –Realmente no tenía corazón para seguir viendo a su prisionera sufrir de esa forma, por eso pensó que lo mejor era marcharse, intentó voltearse para salir de ahí un momento; sin embargo, sus piernas fueron apresadas.

-Link... por favor... -Ella le miraba desde abajo con la nariz y las mejillas sonrojadas por el llanto.

Las lágrimas adornaban su rostro, sus pestañas se marcaron aún más al estar empapadas de agua salada. Se arrodilló lentamente para estar a su altura acariciando su mejilla.

-Haré lo posible –susurró.

...

Link se levantó taciturno de la cama, con suma lentitud deslizando su brazo con cuidado, el cual estaba bajo la cabeza de Zelda; en algún momento se había quedado dormida, agotada de llorar por el terror que le provocaba el pensamiento de quedarse completamente sola en el mundo. Acarició su mejilla con delicadeza observando aquel rostro perfecto de párpados hinchados y pestañas húmedas. Dejó salir un suspiro ¿Qué podía hacer? No quería hacerle daño de ninguna forma, pero Darunia y Rutela probablemente se fastidiarían con lo que estaba a punto de hacer. Salió de la habitación cerrando la puerta en completo silencio, dejando ambos hombres que custodiaban la puerta de la habitación en su pose erguida.

-Mi señor, los soldados esperan órdenes. Ya sólo nos queda encargarnos de los sheikah. –El hombre con armadura plateada y capa larga roja le siguió de cerca mientras se dirigía a la salida del castillo.

-General, prepare las órdenes de exilio –comentó el rubio saliendo por la enorme puerta.

-¿Exilio? Mi señor ¿Habla en serio? –El enorme soldado se había quedado de pie bajo el marco.

Link se limitó a seguir su camino fuera del castillo atravesando el enorme puente de madera, que lo conducía a la ciudadela. Se encontró con el grupo de soldados que se mantenían custodiando la tarima y la entrada al puente.

-Necesito que desmantelen toda la estructura –ordenó a sus hombres quienes no tardaron en mirarles confundidos.

-Pero... Las ejecuciones aún no terminan –se atrevió a contradecir uno, a lo que el rubio le miró de forma severa.

-¿Nos van a regresar a su Alteza? –Link escuchó la pregunta entre un pequeño grupo de hylians que aún se mantenía cerca, alumbrados por las antorchas que rodeaban la tarima de madera.

-¿Qué planean hacer con nuestra princesa? –Otra voz se pronunció entre ellos, Link apretó sus labios sin saber la respuesta realmente.

Zelda se había expuesto, el pueblo podía revelarse nuevamente si sabían que su monarca se encontraba entre ellos; realmente el haberla traído había sido mala idea.

-Señor, será mejor que entre al castillo –recomendó uno de los soldados aferrándose a su lanza.

Link apenas se había girado para verle, cuando sintió un fuerte golpe sobre su ceja izquierda, en seguida llevó su mano al lugar para sentir la humedad sobre su piel, estaba sangrando.

-¡Nuestra princesa! ¡Libérenla! –otro grito y otra piedra le golpeó el brazo.

-¡Ya basta! –El grupo de soldados le rodeó con sus escudos, los ruidos metálicos le hacían darse cuenta de la lluvia de rocas que le habían aventado.

Dos de los soldados le cubrieron hasta cerrar las puertas tras de sí, él se quedó en silencio apretando ambos puños, no sabía qué era lo que estaba haciendo, era probable que se estaría condenando a sí mismo ¿Eso era lo correcto? Sólo tenía en mente aquellos amargos ojos azules cubiertos de lágrimas.

Entró nuevamente al edificio y el silencio le invadió por completo, sólo las sombras que provocaban las llamas danzantes sobre las columnas le hacían compañía en la estancia. Se dirigió en silencio al estudio donde el General le esperaba.

-¿Qué ha pasado? -preguntó alarmado al levantar la mirada y ver su herida sangrante.

-No importa –respondió Link acercándose al escritorio-. ¿Están listas?

-S-Sí –respondió el soldado inseguro-. Cinco notas para los cinco sheikahs restantes.

-Bien hecho. –El rubio tomó los papeles para voltearse nuevamente.

-Señor Link –habló el General nuevamente, haciendo que su superior detuviera su marcha-. Por favor, no se meta en problemas por los caprichos de la princesa.

-Lo sé. –El hylian salió de la habitación sin nada más que decir.

Dejó salir un suspiro mientras caminaba por el pasillo; para algunos así sonaba, como un "capricho", se preguntó si en serio se estaba volviendo loco, era estúpido sentir empatía por aquella mujer que intentó matarlo a él y a toda su gente.

Abrió la puerta que custodiaban los guardias, la que había dejado atrás hace unos minutos y se adentró a la habitación. Los enormes ventanales dejaban que la luz de la luna llena se filtrara en la habitación, él recordaba haber dejado las cortinas corridas para evitar que su enemiga tuviera molestias en su siesta, sí, era un estúpido. La figura frente a la ventana se volteó a mirarle manteniendo el silencio por algunos segundos, él únicamente le devolvió la mirada serena.

-Escuché más de alguna vez que los hylians tendemos a ser impulsivos –dijo la princesa acercándose a él con tranquilidad-. Cada día me convenzo más de esto.

Tomó a Link de la mano para guiarlo a la cama, indicándole que se sentara en ella. El rubio estaba lo suficientemente contrariado como permanecer alerta de los movimientos de la fémina, quien había llevado su mano al paño dentro de un cuenco con agua fresca. Exprimió el trozo de tela y lo dirigió con suavidad a la herida abierta en el rostro del caballero. Había visto todo el revuelo de su gente a través de la ventana, después de todo, su habitación estaba en una de las torres más altas del castillo.

Los minutos pasaron, donde ambos habían mantenido el silencio. La herida lineal sobre la ceja rubia había dejado de sangrar, y nunca se atrevió a ver a la princesa a los ojos, era él quien estaba pensando en traicionarla justo ahora ¿Todo esto valdría la pena realmente? Claro que sí, él era hylian también.

-Necesito que firmes algunos papeles –habló de repente sin dejar de ver el suelo-. Mantienes tu título para este tipo de situaciones, exiliaremos a los sheikah tanto de Dekufield como de Hyrule.

Zelda se mantuvo inmóvil sentada frente a él, bajando el paño de su rostro, sopesando las probabilidades. Exiliados como traidores, asesinos, criminales, era sumamente deshonroso; cerró los ojos para pensar en la desgracia que se había vuelto su vida, estaba tan frustrada, pero Impa al menos seguiría viva, al menos sería libre...

Se puso de pie colocando el paño dentro del cuenco nuevamente, el agua dentro se había tornado rojiza pero ninguno reparó en este hecho; ella se había quedado frente a él, esperando a que le mirase, eso nunca pasó. Tomó los extremos del vestido sencillo que portaba y lo deslizó por sus hombros hasta que éste cayó irremediablemente al suelo, escondiendo únicamente sus tobillos ahora; Link se tensó confundido, ahora sí tenía su atención con la mirada directa en sus ojos, mientras ella se deshacía de la ropa interior.

-¿Qué estás haciendo? –dijo buscando las respuestas en su mirada triste.

- Ahora te pertenezco ¿no? -susurró acercándose a él hasta deslizar sus rodillas por la cama, a cada lado de las caderas de Link.

Depositó un pequeño beso en el cuello del rubio, quien únicamente cerró los ojos con incertidumbre.

Besó con inseguridad su piel bronceada, deslizando sus labios con suma suavidad hacia su clavícula izquierda. Link ladeó un poco su cabeza con sentimientos encontrados rondando por su cabeza, podía sentir la inexperiencia en el suave tacto sobre su cuello, no estaba bien, ni ella emocionalmente, ni las circunstancias que los rodeaban.

Antes de darse cuenta Zelda le empujó con suavidad para obligarlo a recostarse sobre la cama, en la cual ella había dormitado a su lado horas antes, pero el tacto de las sábanas de nuevo era frío. La miró desde esa altura, ella correspondió a su mirada directamente; la luz de la luna delineó su fino rostro con semblante indescifrable, el ceño levemente fruncido, y sus labios semiabiertos le dejaron ver el asomo de sus dientes blancos. Ella apoyó sus manos en el borde de su camisa y la levantó con tal parsimonia que le dejó a él denotar cada uno de sus movimientos inseguros; estaba avergonzada, sus brazos querían cubrir con el mayor disimulo posible sus senos redondos. Zelda volvió a bajar su cabeza, llevó sus labios a uno de los pectorales de Link, él se quedó inmóvil con la vista en el techo de piedra sobre ellos.

Dejó pasar unos segundos donde la princesa continuaba con aquella débil determinación, era suficiente; el caballero deslizó sus manos, que hasta en ese momento descansaban inertes sobre las sábanas, por la espalda desnuda de la fémina. La princesa dio un respingo al notar el tacto delicado sobre su piel, apretó los párpados para evitar temblar sobre aquello, se suponía que debían tocarse íntimamente en esa situación ¿no? Ella ya había tomado una decisión, se entregaría por completo a aquel joven. Lo odiaba, pero se dio cuenta que realmente confiaba en él.

Al contrario de lo que ella esperaba, él aplicó un poco más de fuerza a su agarre, haciéndola caer por completo sobre su torso, era un abrazo, algo más que una caricia.

-Yo... Dudo que pueda moverme mucho en esta posición –murmuró confundida.

Sintió el torso musculoso elevarse para bajar bruscamente, un largo suspiro de su parte; sintió su cara sumamente caliente, sus pezones rozaron sin restricciones la piel masculina.

-Dejémoslo aquí –respondió Link con una voz suave, mantuvo el agarre y deslizó una de sus manos hasta su cabeza.

Un consuelo, definitivamente no era lo que quería. ¿Link tendría idea de cuánto le había costado reprimir las lágrimas hasta ese momento? Su rostro se había contraído, su garganta le dolió y sus ojos ardieron, ella pretendía dejar de llorar y comenzar a actuar, pero... este chico no era exactamente quien ella pensaba cuando se convirtió en prisionera, ya no sabía si podía agradecerle u odiarlo aún más; ahora simplemente no podía parar las lágrimas que ocultó en el pecho del contrario.

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Continuará...