Un punto. Solamente uno. La proyección de luz se coló por ese punto. La oscuridad opaca que se había cernido sobre su ser se veía ahora iluminada por un único punto de luz. Era incapaz de abrir los ojos, el rayo cegador que se lo impedía no dejaba de señalarla. Y sin tener el control del tiempo pudo ser testigo de cómo iba creciendo la luz. Y cuando desistió en abrir sus ojos, el impulso reflejo le permitió que su orbe chocara con lo que se le cruzó, aún borroso.
Sus dedos empezaron a moverse, primero engarrotados, de manera inconsciente, al igual que sus pies. Y entonces la brisa rozó su piel, dejando que la agradable sensación de frescor la inundara. Entonces fue en ese preciso instante en el que dudó si estaba en el cielo acompañando a los ángeles de las antiguas historias que su madre le relataba antes de irse a dormir cuando solo era una niña. Cuando la reina mantenía a la princesa arropada sobre su regazo esperando a que el sueño se apoderara de ella.
Sus manos apretaron con suavidad las hebras de hierba, pareciendo como si fuera un mullido colchón. Se extrañó en primera instancia, pues aquellos relatos no describieron jamás la existencia de tierra en el cielo. Cerró de nuevo sus orbes, y sonrió pensando en qué estúpida era al imaginar aquellos cuentos de niñas. Al fin y al cabo, el cielo era lo último que se merecía después de todo el daño y dolor que había repartido a lo largo de sus años.
Los recuerdos pasaron como una película a cámara rápida por su mente, pero la desconexión entre lo que creía que pasaba y lo que realmente estaba pasando se dio como si fuera una explosión. Sus orbes volvieron a abrirse, esta vez desorbitados al sentir el gran flujo de magia en su cuerpo. Los recuerdos lo hicieron brotar como si fuera el nacimiento de un desbocado río.
Se incorporó sobre sí misma quedando sentada sobre la tierra. La brisa volvió a soplar con cariño meciendo con harmonía las hebras color escarlata que aún se mantenían en sus características trenzas. Y observó con extremo asombro que aún portaba los ropajes oscuros con los que había batallado por última vez. Le costó captar el aire en sus pulmones, y tuvo que llevar una de sus manos a su boca para impedir que cualquier sonido de sorpresa saliera de ella.
Sintió un escalofrío recorrerle toda la médula, y todos los recuerdos le vinieron a la mente. La mente empezó a darle vueltas. Diantres...aquello era imposible, se dijo. Volvió a abrir sus ojos esta vez con suavidad y quiso mirar al horizonte en busca de más respuestas, las cuales no obtuvo.
Despacio se puso en pie. Y buscó con su mirada algún ápice de vida, excluyendo las almas de los diversos seres vivos de la Madre Naturaleza. Quiso ubicarse en el tiempo y en el espacio, algo que le resultó complejo de adivinar. Pero debía buscar la respuesta de una manera u otra, y la sola opción que se le ocurrió enseguida le provocó igual de pavor que de emoción.
...
El día que hacía era espectacular, y gracias a ese detalle los integrantes del gremio de Fairy Tail lo aprovecharon al máximo.
— Bueno Natsu, ¿volvemos a casa?— Happy estaba feliz como de costumbre, y el joven mago de fuego era uno de los motivos por el cual estarlo.
— ¡Happy, hoy iremos a cenar a casa de Lucy!— la amplia sonrisa del Dragneel reflejó la simpatía personificada.
— ¡Qué sepa yo no os he invitado!— Lucy se colgó su mochila mientras se quejaba de la pronta e inesperada decisión de aquellos dos.
Desde lo lejos Gray Fullbuster observaba la escena riendo para sus adentros. Aquellos tres no iban a cambiar jamás, se dijo mientras dejaba su rostro apoyado sobre una de sus manos.
— Y eso que pensábamos que esa pesadilla no iba a terminar nunca— Laxus habló de repente obligando al mago de hielo dar un respingo sobre su asiento.
— ¡No me asustes así!— se quejó el pelinegro.
El poseedor del poder del rayo sonrió orgulloso de la persona que tenía enfrente suya.
— Buen trabajo, Gray.
Revolviendo el cabello del joven mago, despegó su espalda de la columna de madera y se alejó con paso calmado hacia el segundo piso del gremio. Gray bufó con fastidio ante el gesto del mago de rango S, y tras volver a apoyar su cabeza sobre su mano, la reacia pero sincera sonrisa que se le dibujó en la cara le hizo sentirse orgulloso de haber contentado a Laxus.
-Bueno, va siendo hora que yo también abandone el grem-
— ¡Juvia-san puede hacerle compañía!
Intentó despegarse de la chica, que mantenía su agarre como una auténtica jabata, y se quejó por aquel achuchón empalagoso. Pero aún queriendo separarse de ella, aún conservaba el repentino sonrojo que lo delató.
Mira sonrió desde lo lejos. Aquellos tampoco iban a cambiar, se dijo. Y sin más preámbulo, la hermosa chica siguió limpiando la recia pero suave madera de aquella barra.
...
El camino hacia Fairy Hills se les había hecho largo a pesar de que siempre había tenido el mismo recorrido. Así pues la joven Scarlet paseaba con paso relajado junto a la niña de hebras azuladas mientras ambas disfrutaban de la hermosa vista que les estaba brindando el paisaje.
— Erza-san, el trozo de pastel de hoy ha estado especialmente bueno— comentó Wendy manteniendo sus manos tras de su espalda.
— El pastel de fresa es un auténtico tesoro, Wendy— añadió la Titania sintiendo el amable viento chocar contra su tez.
Y con los rayos anaranjados del atardecer la joven Dragon Slayer detuvo el paso. El color que había adoptado el horizonte le hizo recordar el color del cabello de cierta persona, aquella que mantuvo resguardada su alma en su interior permitiéndole conocerla un poco más.
— ¿Qué te ocurre?— Erza se interesó mientras posaba una de sus manos sobre el hombro de Wendy transmitiéndole toda su confianza.
— Eileen-san...
El mero hecho de escuchar de nuevo su nombre ensombreció el rostro de la Scarlet. Tragó saliva con extrema dificultad, y el nudo que se formó en su estómago creció de nuevo en ella. Se mentiría si se dijera que no se sorprendió cuando sintió su presencia en el combate final contra los Dioses Dragones. Y quiso mantenerse cerca de ella antes de que volviera a desaparecer.
— Eileen...san...
Pero Erza tuvo que sacar fuerzas de donde no las tenía para poder arrodillarse sobre el suelo y abrazar con un gran sentimiento de protección a la joven niña mientras dejaba que las lágrimas discurrieran sin parar por su rostro.
Wendy posó sus brazos sobre la espalda de la maga de cabello escarlata buscando un consuelo que era difícil obtener.
— Y-yo...hice lo que pude...
Se lamentaba la niña secándose las lágrimas con el puño. Pero entonces pudo comprender que la tristeza que había estado sintiendo, no se podía comparar con la que Erza Scarlet había estado cargando durante meses. Los colores anaranjados del atardecer se reflejaron en los humedecidos orbes de su amiga.
— Las dos lo intentamos...
Erza se lamentaba profundamente recordando los intentos que hicieron por devolver la vida a la que en su día fue uno de sus mayores enemigos. La persona que odiaron y amaron. La maestra que quiso tener una, y la madre que ansió tener otra.
Pero del mismo modo que ellas sabían que había deseos que era prácticamente imposibles de cumplir, obviaron durante unos instantes que siempre debía haber un haz de esperanza guiando el camino. Solo tal vez así podría haber un insignificante margen de error que pondría contras las cuerdas al destino.
Y si Erza pensó que el abrazo que le dedicó de nuevo a Wendy iba a cegar todo lo que le rodeaba en esos instantes, estuvo totalmente equivocada. Porque tuvo que fijar dos veces su mirada para divisar el tono escarlata que se acercaba hacia ellas.
Se separó inmediatamente y se puso en pie, refregando de nuevo sus ojos para esclarecer lo que ya estaba más que despejado.
Wendy se llevó sus dos manos a la boca sin creer lo que estaba viendo. Y sin mucha tregua, las lágrimas empezaron a resbalar por su rostro de nuevo. Aquello era un milagro.
— Pero bueno...no esperaba un recibimiento tan dramático como este.
El tono de voz que tanto la caracterizaba no dejó duda alguna que una de las magas más poderosas de todos los tiempos estaba a escasos metros frente a ellas.
— ¡E-Eileen-san!
Sus veloces piernas arrancaron a correr, y no se detuvieron hasta topar con la figura de la Belserion. Recibió con cierta nostalgia a la joven niña, incluso atreviéndose a arrodillarse frente a ella.
— Lo has hecho muy bien, Wendy. Conseguiste mantenerte fuerte a pesar de las adversidades— estaba orgullosa de la joven Dragon Slayer, que no se contuvo en abrazar por el cuello a la que en su día fue la Reina de los Dragones.
— Quise salvarte...quise darte un cuerpo nuevo, Eileen-san— Wendy no podía detener los constantes sollozos que le impedían hablar con claridad.
— Vamos, no digas estupideces, pequeña. Me has devuelto mi cuerpo. Eso es mucho más de lo que te pedí.
Eileen estaba profundamente agradecida. Por fin podía sentir el frío y el calor, el dolor, el sabor, el sueño. Era totalmente humana, y aquel hecho no podría haberlo logrado sin la ayuda de la pequeña niña que tenía delante suyo.
— Pensé que nunca diría esto, pero realmente me has salvado, Wendy— la mujer secó las lágrimas de la joven con su manos-gracias.
Le sonrió de la mejor manera que supo intentando aplacar a la Marvell. Pero durante unos instantes después desvió disimuladamente su mirada hacia la tercera mujer que se encontraba también allí. Y Wendy entendió que el momento entre las dos magas de cabello escarlata había llegado. Entonces, dando un paso a un lado, permitió a la Belserion ponerse en pie de nuevo.
A diferencia de otras veces, no había tensión en el ambiente. No había enfado ni venganza. Lo único que existía era la fina línea que hasta el momento las había mantenido separadas, y en esos instantes estaba a punto de romperse en mil pedazos.
Erza no fue capaz de dar ni un paso. Su cuerpo estaba petrificado. Fue incapaz de ir corriendo hacia ella. Solo podía mantenerse ahí parada sintiendo la adrenalina recorrer por sus venas.
Eileen empezó a caminar.
— M-me gusta el pastel de fresa...
Un paso.
— Incluso...puedo llegar a compartir mi trozo.
Sus tacones se clavaban en la hierba del hermoso prado de Fairy Hills.
— Todos estos años he estado mejorando mi magia...
La oscura capa de terciopelo ondeaba ante la amable brisa que corría en aquel camino cerca del precipicio.
— Lo hice para mantenerme fuerte, para no sufrir.
La falda de la joven Scarlet bailaba al son del viento. Al igual que lo hacían sus largas hebras de cabello rojizo.
— Quise que el gremio me aceptara...
Wendy pensaba que era imposible e increíble lo que estaba sucediendo.
— Ser alguien con renombre me ha hecho aguantarlo todo...
Mintió. Y los pasos de la poderosa mujer no se detuvieron.
— Todo lo que soy me ha ayudado a seguir levantándome cada día y pensar que todo va a ir bien...
Pensó que no sería capaz de hacerlo, pero sin darse cuenta de ello alzó su cabeza gacha dejando que de nuevo los rayos anaranjados del atardecer se reflejaran en las lágrimas que sin cesar recorrían el rostro de la joven Scarlet.
Sus pasos se detuvieron, y la distancia que separaba a las dos mujeres que compartían la misma sangre era muy reducida.
— Q-quise encontrarte...pensar que te hallabas en algún lugar de este mundo...
Ninguna palabra salió de la boza de la Belserion, pero su mirada seguía tiznada por la culpa y la vergüenza. Y sin esperárselo tuvo que mantenerse firme ante el brusco gesto de la joven que tenía enfrente.
— ¡Pero nunca viniste a buscarme!
La fuerza con la que Erza agarró los ropajes de la mujer de largas trenzas fue igual de intensa que las ganas que tenía de decirle todo lo que sentía. De contarle todas sus aventuras, de las más divertidas hasta las más tristes. Erza quería expresar lo mucho que la había echado de menos siendo consciente que apenas conocía a la mujer que, sin dejar pasar un segundo más, posó con cariño su mano sobre la cabeza de la Scarlet y la atrajo hacia ella rompiendo por fin el muro que las había separado tanto tiempo.
— Te has convertido en una gran mujer, Erza...
Erza abrazó a su madre tan fuerte que ignoró si la estaba lastimando. Pero Eileen no se inmutó, no dijo nada más. Solamente sintió a su hija con ella, del mismo modo que notó cómo las lágrimas empezaron a caer por su rostro. Las dos enterraron sus rostros en el hombro de la otra y lloraron, se desahogaron deseando que el tiempo se detuviera para poder mantener aquel emotivo abrazo durante toda la eternidad.
— Perdóname...
Pidió la Belserion acariciando el cabello escarlata de su hija.
— Lo hice mal...no debí dejarte, Erza...
La Scarlet inspiró de nuevo el aroma de su progenitora memorizándolo en su subconsciente.
— No ha habído momento en el que no me arrepienta de todo lo que he hecho...cada día culpándome de mis errores, sintiéndome una miserable por abandonarte en Rosemary...
Le pidió a los dioses, si estaban presentes en ese momento, que le dieran la oportunidad de perdonarla por todos sus actos.
— Eres lo único que tengo, Erza...
Se separó unos escasos centímetros queriendo observar bien a su hija, aquella que paseaba su mirada por el rostro de su madre. Y con timidez pero sin detenerse, secó con cuidado las lágrimas que recorrían la cara de la Reina de los Dragones. Sabía que lo que transmitía era de verdad, y quería mantenerse a su lado siendo consciente que el arrepentimiento que sentía Eileen habían sido las cadenas que hasta ahora le habían impedido poder volar.
Quedaron durante unos instantes más unidas, disfrutando plenamente del especial momento. Y Wendy se sintió tan afortunada de presenciar la emotiva y esperada escena.
La joven Dragon Slayer observó el cielo y más atentamente las estrellas que querían dejarse ver. Pensó que el tiempo castigaba y recompensaba a cada ser, y sabiendo que aquello era una realidad, Wendy se prometió ser la persona que protegería a su familia y velaría cada día por el bienestar de todos los que la rodeaban.
La luz volvió a brillar. Y esta vez no fue un pequeño punto el responsable, sino la gran luna blanca que se encargaría de iluminar todo lo que iba a rodearla aquella noche.
Fin.
...
Con ganas de escribir e inspirada con esta melodía de fondo "The Promised Land Far Away", incluida en uno de los OST de Fairy Tail, de la mano de Yasuharu Takanashi.
Espero que lo disfrutéis. No me he parado a editar ni reescribir ni releer. Sorry.
