ohayou! buenas revividas, así es, con estos capis anunció el fin del Hiatus en este este fanfic, lo primero por supuesto, es lo inevitable, después de tantos años, una revisión y modificación de los capítulos que si bien son muchos, los subiré rápidamente. SI, tendrán modificaciones, pues si empecé a editar en este punto es porque me di cuenta que me quede muy muy corta en la relación previa entre Inuyasha y Kagome, era necesaria más interacción (mala mía), pero ahora me tomaré mi tiempo para ponerla y por supuesto compondré la CLAMPeada que me di en los capis donde la perla es tomada por Inuyasha, leí los comentarios en su momento pero no sabía cómo corregirlo, ahora creo que lo puedo hacer mejor.

Disclaimer: el precioso de Inuyasha y el resto de la manada no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi alias la rey midas XD, yo solo descargo mi fanatismo con historias sobre ellos. este producto es responsabilidad de quien lo recomienda y de quien lo lee *w*

Capítulo 9: Amarrado… (capítulo editado)

-hee¡ de verdad dijo algo así?- la azabache afirmó con la cabeza, feliz y segura de sus palabras, mientras la sacerdotisa más adulta la veía como si la más joven estuviera realmente alucinando.

Me sentía un poco extraña hablando de estas cosas con Kikyo, kami sama, se sentía raro, yo hablando de como Inuaysha me dijo que lucharía por mi. oh! ni en sueños podría imaginar estar conversando algo como esto con nadie menos que con Kikyo, pero no pude evitarlo, kya! la emoción y la felicidad que sentía en estos momentos pudieron más conmigo y necesitaba contárselo a alguien,

-Inuyasha no es malo, solo es un poco desconfiado, pero ahora se que todo mejorara-

Afuera de la cabaña finalmente caía la primera nevada del invierno, era una noche fría pero una fogata simple y ropas abrigadas aún bastaba para pasar una agradable noche. Yo y Kikyo bebíamos un té de menta que Kaede había preparado, la pequeña ya estaba haciendo sus primeros pininos para llegar a ser la gran sacerdotisa en la que sé que se convertirá en el futuro.

Se suponía que este té en particular debe de ayudar con los dolores musculares, algo que en estos momentos las dos necesitamos en verdad mucho…

La azabache terminó contándole a la mayor, que Inuyasha había ido a ver si se encontraba bien después de la batalla que ella tuvo con los youkais que amenazaban la aldea y que después de ver que tal vez ella hubiese podido salir lastimada, le había prometido protegerla o más bien que lucharía por ella; la pelinegra afirmaba que era casi lo mismo, pero Kikyo le explico que luchar por uno y "proteger" realmente tenían significados distintos, pero que si no se tomaban de manera exacta, entonces sí, era casi lo mismo

la noche ya estaba bastante avanzada y la sacerdotisa adulta miraba su taza de té replanteando lo que haría, tal vez sería buena idea; tener la protección de un hanyou, ¿sería acaso posible?

-Kagome, hoy vinieron a verme de una aldea mucho más alejada…- al final Kikyo decidió probar, confiar un poco, si no el el semi demonio, si en ella, en su autoimpuesta "alumna"

La más joven que se había perdido en el suave y lento caer de la nieve, volteó su mirada para prestar total atención a la nueva conversación.

-hay un demonio que al parecer, y por la forma en que me lo describieron, es muy poderoso, tenía pensado ir al recuperarme, pero la nieve solo fortalece su energía, si esperamos más, podría volverse un verdadero problema…-

La nívea sacerdotisa observó durante varios segundos a la azabache, la mirada marrón levemente más oscura vieron de manera casi interrogante a los ojos canela…

-me gustaría saber realmente ¿cuanto puedes llegar a confiar en Inuyasha?-

Kikyo parecía incluso avergonzada de su pregunta, jugaba con su taza de té como si fuera una cohibida adolescente, era casi… Tierno.

-Estás proponiendo que sea yo la que vaya a deshacerme de ese demonio… y ¿además que lleve a Inuyasha conmigo?- ella me miró un tanto sorprendida, no sabía qué era lo que estaba pensando, o si le había atinado a sus pensamientos, pero yo estaba segura de gritar a los cuatro vientos que confiaba en Inuyasha, aunque todos los demás, incluso el mismo Inuyasha parecían reacios a aceptarlo…

-bueno es que… no es por menospreciarte, de verdad; pero este demonio es incluso difícil para mí y la verdad es que no sé realmente y con seguridad hasta donde pueda llegar tu poder, me has demostrado que la perla se mantiene pura contigo y que eres de confiar, aunque tienes algunas manías un poco extrañas – ella hizo una pequeña pausa, intuyo que con manías extrañas se refería a lo de andar con Inuyasha, pero supongo que era inevitable.

- pero aun así, puedes distinguir algunas cosas exclusivas de las sacerdotisas de alto nivel, …ya sabes, de las que nacen siendo sacerdotisas- me sentí extraña, ¿estaba siendo halagada por Kikyo?, bueno eso creo… aunque me llamo extraña, pero me dijo que era confiable, eso cuenta ¿no?

-además…- se detuvo, parecía estar analizando sus palabras- últimamente, los demonios han aumentado mucho, eso me pone tensa pues el poder de la perla ya comenzó a atraerlos de nuevo y por lo tanto no ando precisamente de humor para tratar con un youkai que prometí no matar, ¿entiendes? proteger la aldea, la perla, además de encargos exteriores y de encima estar al pendiente que al que atraviesen mis flechas no sea Inuyasha… si pudieras quítame una sola de mis preocupaciones te lo agradecería mucho-

bueno, eso estaba más claro… me estaba pidiendo ayuda, derrotar un demonio y alejar a Inuyasha para que ella pudiera pelear más tranquila, eso sí podía hacerlo

La nieve seguía cayendo a pesar de que el sol ya estaba bastante alto. No podía evitarlo, el tiempo así, me daba demasiada flojera, prefería quedarme dentro de esta cueva, al menos aquí, las orejas no se me congelaban, además puedo ver claramente el río y la ruta que ella suele usar todos los días para buscar agua… keh¡ seguramente se quedará dentro de su cabaña todo el día, como la mayoría de los débiles humanos que un poco de frío los asusta… además, aun así… no creo tener ninguna excusa para ir a verla… que aburrido clima…

Para matar el tiempo el ambarino sacó de entre sus ropas una pequeña conchita cerrada, su madre solía usarlo para darle color a sus labios, era la única cosa que había podido rescatar de ella después de ese trágico día en que la había perdido. Se estaba perdiendo de nuevo en esos dolorosos recuerdos mientras la crema enrojecida del contenido de la pequeña ostra le recordaba toda la sangre que había sido derramada por sus manos o en el caso de su madre, por su culpa. Sacudió con fuerza su cabeza y cerró la pequeña conchita de golpe, escondiéndola de nuevo entre sus ropas.

Maldición, ni siquiera sé porque fui a buscarla, estaba bien ahí con ella

El hanyou la sacó de nuevo el maquillaje y se puso a jugarlo entre sus dedos, como si rodara una moneda entre los nudillos, mientras lo hacía no dejaba de recordar una y otra vez lo que había pasado hace tan solo un día…

Después de decirle a Kagome que lucharía por ella, hasta segundos después, realmente cavilo lo que le acababa de decirle… la soltó de súbito y optó por largarse de ahí, aun recordaba la sonrisa y la intensa mirada que solo ella sabía darle y que tanto le encantaba. Sus palabras las repetía una y mil veces en su cabeza y se preguntaba cómo demonios es que se atrevió a decirlas realmente. La desesperación de perderla y la obsesión por su aroma se le terminaron juntando para jugarle una mala broma, durante y después de su confesión, pues antes de darse cuenta ya se había encaminado a la aldea donde descansaba su madre. Se había tardado toda la noche en ir y volver, corriendo a toda prisa, la primera nevada lo habían sorprendido en el trayecto de regreso y ahora, no dejaba de jugar con el pequeño maquillaje pensando alguna manera para entregárselo a la azabache que al final de cuentas, había jurado proteger

-Inuyasha¡- escucho su llamado y por unos segundos se cuestiono si realmente la había escuchado o si había sido una broma de su imaginación, pues no había dejado de pensarla durante toda la mañana… un segundo alarido de su nombre, le confirmaron que efectivamente ella estaba por ahí

Salí de la cueva guiándome únicamente del sonido de su voz, la nieve no me permitían sentir bien los aromas a mi alrededor, era un poco desesperante. Finalmente pude captar su ligero aroma a flores, que estaba matizado con la fría nieve. Acelere aun más la carrera y casi enseguida pude tenerla en mi campo de visión. Vestida con sus gruesos atuendos de sacerdotisa, esta vez el de hakama rojo, lo que inevitablemente le daba un porte más adulto, la verdad es que prefería por mucho los cafés, aunque era más feo, se ajustaba mejor a su esbelta figura y en cambio con este, el parecido con su maestra era mucho, maldición, pero es que ni las hermanas se parecen tanto, aunque si de gustos nos vamos prefería por mucho esos atuendos extraños que sólo en ella había visto. Sobre su cabeza había un feo y gran sombrero de paja que los humanos usaban para la lluvia o en este caso para nieve, además de un ridículo trozo de mimbre que le envolvía los hombros y que le ayudaba de igual manera a mantenerse seca, la verdad que con todo el conjunto se veía graciosa

-pareces una anciana con esas cosas-

-a si? y qué propones?... que me enferme únicamente para que tú puedas tener una visión más agradable?- A pesar de su tono molesto la suave risa de sus labios no abandona a su rostro levemente sonrosado debido al aire frío

-keh¡ los humanos son tan débiles- desvió la mirada para no seguir viendo esas ruborizadas mejillas que inevitablemente la hacían verse más aniñada, tan diferente a la sacerdotisa de rostro níveo

ie, son muy diferentes, aunque sus rostros son parecidos ellas no lo son en absoluto, el parecido es solo superficial.

-si, si, si, si…- tres años de tratar con el primer Inuyasha la habían ayudado a poder ignorar esta clase de comentarios poco sensibles, aún la molestaban, pero sabía que era la única forma que él conocía de iniciar una conversación, eso lo había descubierto después de un par de años a su lado… sacaría ventaja de eso

-tenemos una misión Inuyasha…- él levantó una ceja intrigado, la palabra "tenemos" en plural y que indiscutiblemente lo incluía a él y no le había pasado para nada por alto

-tenemos?...-

-si tenemos...- ella simplemente ignoró su dorada mirada escéptica y siguió hablando…

- al parecer a tres días de aquí hay un demonio muy poderoso, que está causando problemas, su poder aumenta con las nevadas así que mientras más rápido vayamos y lo derrotemos, mejor- dijo con confianza

El ambarino se quedó un poco pasmado por la actitud de ella, tan tranquila y segura de sí misma y del simple hecho de considerar que él iría, si o si, cuando ni siquiera le había preguntado, simplemente había dado por sentado su cooperación.

Por su simple orgullo, no se movió, la dejó caminando sola hasta que después de varios metro ella se dio cuenta de que Inuyasha no la estaba siguiendo

-vamos Inuyasha, me gustaría llegar a la siguiente aldea antes del anochecer o podría ser muy peligroso y más si la tormenta aumenta…- él seguía reacio a moverse, pero la mirada achocolatada viéndolo de esa manera tan insistente, podía llegar a ser muy persuasiva

-keh¡- le irritó de sobremanera su confianza y altanería, pero aun así la siguió. De nuevo el saber que podría estar en peligro fue lo que lo obligó a seguirla… se había dado cuenta de ese hecho y se había cabreado aún más con sí mismo.

maldición, ¿porque tengo que seguirla?, ¿porque tengo que ayudarla? ¿Porque tengo que acceder a lo que ella me pide? ¿Porque?... ¿porque no puedo dejar de pensar en ella?...

Suspiro derrotado, mirando el blanco manto de nieve que marcaba las pisadas de la pelinegra… se dio cuenta que si él tenía su carácter, definitivamente la azabache que avanzaba al frente, tenía un carácter igual o más fuerte que el suyo, después de todo, esa seguridad era lo que en un principio lo habían prácticamente obligado a ser su "amigo", se sonrió para sus adentros, es palabra y la manera en que ella se lo hacía ver día con día, empezaba a agradarle cada vez más. Volteo a verla un poco más alegre y vio que ella cargaba además de todo ese exceso de ropa, su arco, sus flechas y una mochila de color azul oscuro que se veía realmente repleta de cosas…

-keh¡ si andas con todo eso andarás lenta y nunca llegaremos a la aldea esa antes de que caiga la noche…- lo sentí tirar de las correas que sostenían mi mochila de mezclilla, me sentí tan alegre de saber que ahora sí era seguro que iría conmigo, realmente me había preocupado de que prefiriera quedarse. Cuando no me siguió al principio, me di cuenta que había forzado su cooperación como antes solía hacer con Inuyasha, el de 50 años en el futuro… tuve miedo de que realmente no me ayudara… miedo de saber que aun no era lo suficiente importante para él

Caminaba detrás de ella, simplemente siguiéndola, se me hacía imposible dejar de mirarla, aun con todas esa ropas holgadas y gruesas, se me hacia tan fácil distinguir esas suaves curvas femeninas, recordaba el calor de su piel y la suavidad de su cuerpo pegado al mío, el sabor de sus labios y el dulce aroma de su transpiración… oh Kami¡ ni siquiera el maldito frío de los copos de nieve que caían lenta y odiosamente me ayudaban a enfriarme…

Me gustaría preguntarle, acerca de ese momento… ese beso… maldición¡ me encantaría perderme de nuevo en una caricia como esa… yo…

Ella giró de golpe y me asuste de que hubiese podido leer mis pensamientos que en estos momentos no eran muy decentes… trague grueso intentando calmarme

-creo que aquí es un buen lugar para comer, ¿no crees?- solo pude asentir mientras ella me daba esa sonrisa de la que me sentía adicto, mire a mi alrededor y me di cuenta que habíamos llegado a las orillas de un redondo y profundo lago, un conjunto de piedras que de hecho parecían puestas apropósito, daban el lugar perfecto para una mesa y un lugar para sentarse…

La vi rebuscar entre la mochila que yo había dejado en el suelo, sacó unas extrañas cajitas de colores y una tetera, después esa cantimplora transparente que ya había visto antes, era un objeto tan extraño… me aguante el preguntarle de dónde sacaba esas cosas. Después de calentar el agua vertió el contenido en esas cajitas de colores y el delicioso aroma a sopa me llenó los sentidos…

-oi¡ que es eso¡- se me hizo tan lindo verlo olfatear el aire sin disimulo y sin dejar de mirar las sopas instantáneas que había preparado, termine de prepararlas agregándole unas verduras previamente cocidas y le ofrecí la suya

-son sopas instantáneas, o como unos amigos solían llamarle, comida ninja, y en mi… em… el lugar del que vengo, es una comida muy común-

-oh¡ esta muy buena…- él comió como desesperado, me dio ternura; hay cosas que nunca cambiarán

Ya había oscurecido desde hace rato, la pequeña antorcha que él llevaba, apenas y alumbraba una pequeña parte del camino, pero Inuyasha insistía en que no faltaba mucho para llegar a la aldea, bueno, eso había dicho hace más de una hora, pero al menos me alegraba saber que podríamos dormir bajo un techo, jeje… Kikyo me había dicho que si encontraba al jefe de la aldea, le dijera que iba por parte de ella, en una misión de purificación y que era seguro que me daban hospedaje, que incluso se lo darían a Inuyasha sin siquiera hacer preguntas. Definitivamente tengo que aprender estas cosas, primero Miroku y ahora resulta que Kikyo también se cobra favores de este tipo, je…

Me pregunto si habrá algún momento en que ella deje de sorprenderme… Estábamos dentro de una de las habitaciones, dentro de la mansión del jefe de esta aldea, una de las casas más grandes del pueblo, con suficientes habitaciones para que nos dieran una exclusiva para nosotros. Los dos… ella y yo… por Kami¡ aún no sé cómo es que termine accediendo a quedarme aquí, cuántos años tiene ya que no duermo dentro de una casa, menos aún con mi aspecto de hanyou, todavía con mi aspecto humano había tenido la necesidad de hacerlo en un par de ocasiones y siempre con los nervios de punta

No, no podía relajarme; me era imposible… sentía que en cualquier momento la gente se amontonaría en la puerta y pediría a grito de antorchas y tridentes que me largara de aquí

Cuando trajeron la cena estuve a punto de tirar la comida por miedo a que la hubieran envenenado o algo… ella tan confiada me aseguro que no pasaba nada, bueno, había tenido razón en eso. Pero aun así tenía mis dudas, aunque después de todo, prefería estar aquí, nervioso y sin poder dejar de mirar hacia afuera de la habitación, que quedarnos un solo momento más en ese bosque.

Al final habíamos terminado llegando cuando la noche ya había caído. Pero ese bosque no me daba para nada confianza, había una fuerza maligna rodeándolo y aunque ella no se hubiera dado cuenta de eso, yo no iba a permitir que algo le pasara…

Pude velar su sueño por primera vez… era una sensación tan extraña, verla dormir; tan tranquila, ahora estaba más que seguro que sus palabras eran ciertas, ella realmente confiaba en mí… me sentía tan extraño… y al mismo tiempo solo deseaba seguir a su lado… la noche estaba avanzada y todo parecía bastante tranquilo, empecé a relajarme cuando el silencio absorbió la noche, no parecía que fueran a venir a corrernos, o al menos, no por hoy, así que… me mordí los labios y me acerque silenciosamente a ella, la luz de la luna se colaba por la puerta que yo mantenía semiabierta y eso me era suficiente para observarla con claridad y a mi gusto, el clima era aun mas frio que en el dia asi que ella estaba bien acurrucada debajo de varias sabanas y cobertores, dejando solo su rostro al descubierto y algunos mechones de su cabello negro. Ese respirar tranquilo y sus labios rosados semiabiertos se veían casi apetitosos, sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos, maldición! es que aún no habíamos tenido oportunidad de hablar de lo que pasó esa noche, ese beso, porque lo fue, ¿que pensaba ella de eso?, ¿porque hacía como que no hubiera pasado nada?, no podía pensar en una respuesta, tal vez acaso ella creía que no había pasado, que lo había alucinado ya que estaba aun medio dormida, o… tal vez, intencionalmente evitaba hablar de eso para no echar a perder esta amistad, tal vez estaba dándome una segunda oportunidad de no joderla de nuevo, pero… ah! imposible, cualquier alternativa se me hacía aterradora, ah! maldición, no creo poder dormir esta noche.

Al final los nervios de estar en un pueblo y mis recurrentes pensamientos, así como su suave aroma no me habían dejado dormir en absoluto, de nuevo.

Salimos temprano por la mañana… El día pareció repetirse, caminar y solo detenerse a descansar de vez en cuando o para comer algo, pero no me importó, era la primera vez en muchísimos años que sentía que tenía algo que hacer, y verla caminar frente a mí, era un buen espectáculo. Ya no nevaba así que el feo sombrero y la fea cortina de mimbre habían sido guardada, aun desconozco como, dentro de la mochila azul que yo cargaba. Su cabello negro suelto, ondeaba suave con la fría brisa, brindándome mas del suave aroma de sakuras… me sorprendí al descubrir que de hecho extrañaba esas faldas o esos atuendos extraños que sólo en ella había visto en más de una ocasión… con esas ropas de sacerdotisa se veía casi como una de esas pinturas sacras en los templos, tan irreales e inalcanzables. Con sus extrañas ropas de alguna manera, me parecía más real… de alguna manera, casi accesible… no sé porque… es más fácil si ella es rara y diferente, mucho más fácil a que sea una miko pura y santa…

De nuevo nos quedamos bajo un techo, esta vez nos habían dado una cabaña un poco apartada de la aldea, destinada a aquellos viajeros que ellos consideraban merecían su apoyo. al parecer el nombre de Kikyo pesaba mucho por estos lugares…

Esta vez pude relajarme más, con lo alejados que estábamos, los ruidos mermaban bastante y me fue posible el considerar el intentar dormir un par de horas, ya lo necesitaba, esta vez sí…

La veía dormir tan tranquila, recostada dentro de ese grueso futon que nos habían prestado. Su suave respiración provocaba el parsimonioso subir y bajar de su pecho… era gracioso cuando sonreía entre sueños, se veía tan tranquila, me hubiese gustado contagiarme de eso al menos por un momento.

Supe que estaba soñando en el momento que ella se acercó a besarme de nuevo, su dulce aroma me inundó por completo, mientras acariciaba sus suaves y blancas piernas que apenas y eran cubiertas por esa faldita oscura a cuadros, oh Kami¡ era tan suave y deliciosa, su piel tan tersa¡ … no pude aguantarme más, me volqué sobre ella y comencé acariciarla aun sobre ese gi blanco tan fino y entallado, lamia su cuello que palpitaba bajo el contacto de mi lengua, mientras los suaves murmullos de su voz se colaban hasta mis orejas, oh¡ su manos acariciando mis orejas era la sensación más increíble que había sentido nunca, pequeñas correntadas recorrían entero mi cuerpo, que comenzaba justo en donde sus dedos me acariciaban y concluía deliciosamente en un eléctrico camino hasta mi entrepierna, endureciéndome por completo… su suave risa se escucho tan real… tan real… sus dedos trémulos jugando con mis orejas y su cálida caricia igual

Abrí los ojos pesadamente intentando recuperar el aliento sin que ella lo notara, yo recostado semi sentado contra la pared y ella arrodillada frente a mí, acariciaba mis orejas… ella... ella estaba… ah¡ maldición¡ sabía que esa caricia se había sentido demasiado real.

Aparte el agarre de sus manos y termine de despertar, oh Kami, ese maldito sueño lo había sentido tan real, pero ahora ya estaba despierto y ella de nuevo con esas ropas holgadas y gruesas me lo confirmaban, solo quedaba un detalle que aclarar

-qué demonios estás haciendo?-

-ah¡ gommen Inuyasha, es que no pude aguantarme, hace tanto tiempo que deseo tocarlas…- ella alargó sus manos intentando rehacer el contacto sobre mis sensible orejas, pero yo se lo impedi agarrando sus manos y devolviéndoselas como si fueran un objeto

-no me gusta que agarren mis orejas…-

si, de echo ya lo sabia, que a él no le gustaba que le agarraran las orejas, el porqué lo hice aun no estaba muy claro, supongo que deseaba saber si en este tiempo el sentimiento seguía igual, pero ese contacto tan suave, me fue imposible detenerme una vez inicie y me había puesto tan de buen humor, que quería seguir jugando.

-por qué no? Son tan lindas y aterciopeladas- su risita de niña chiquita era exactamente igual a la de mi sueño, así que si fue su risa después de todo…

-son orejas de demonio… y como podrás saber, no son muy al gusto de los humanos-

-pues a mi me parecen muy lindas- esa confesión me dejó fuera de combate… ¿de verdad le parecían lindas?... cómo demonios puede pensar que algo como eso es lindo?... para ellos es casi como una deformidad, ¿o no?… oh Kami¡ cerré los ojos ante el nuevo e insistente contacto de sus dedos sobre mis orejas, intente contenerme. Dejaría que las tocara si eso era lo que quería. Pero maldición su suave toque me estaba endureciendo otras partes, yo… ni siquiera sabía que eso tenía relación. Aunque realmente nunca nadie me las había "acariciado", solo mi madre y eso era cuando era un niño; el contacto que los demonios o humanos tenían con ellas, casi siempre eran por accidente o con intenciones violentas, cuando descubrían que de hecho era una parte muy sensible, entonces las usaban como un punto débil…

Finalmente su tortuoso y excitante toque se detuvo, abrí los ojos y ella me veía casi extasiada. ¿Como algo tan "raro" como esto podía alegrarla en este grado?

-será mejor que sigamos avanzando…- carraspee un poco, mi voz había salido más gruesa de lo normal…

-la siguiente aldea es donde reside el demonio que te encargaron eliminar…-

Solo atine a afirmar con la cabeza, oh Kami¡, se veía tan lindo, con las mejillas sonrojadas y sus ojos, dios¡ parecían oro fundido brillante y ardiente. Aun sentía la suavidad de sus aterciopeladas orejas entre mis dedos, me hubiese encantado dejarme perder en esa mirada tan dilatada y hermosa, pero él finalmente se levantó, me parece que hasta demasiado me permitió tocarlas. Inuyasha recogió la mochila, dejándome como siempre solo con mi arco y mis flechas. Era nostálgico, sentía que solo faltaban Sango, Miroku, Shippo y Kirara. su ausencia siempre presente me hacían por momentos darme cuenta de donde estaba parada realmente… 50 años antes, aah! de nuevo esa mortificación que parecía querer morder mi pecho

Caminamos toda la mañana, cada vez hacía más frío y aunque no había vuelto a nevar, ya que el cielo estaba despejado, el manto blanco de nieve seguía tan presente dificultando el paso y congelándome los pies, aun dentro de los gruesos calcetines y las botas de cuero. Siempre me pregunté cómo es que a Inuyasha nunca se le congelaba nada, andaba descalzo como siempre y sé que su haori es casi térmico, pero aun así me sorprende

-cómo es que no te da frío?- recuerdo ya haber hecho esa pregunta antes a un Inuyasha de otro tiempo, pero no recordaba la respuesta.

-keh¡ yo no soy tan débil como los humanos…- ah si, ahora recuerdo la respuesta,

-además… la rata de fuego que me dejó mi madre me mantiene caliente- me dio tanta nostalgia escuchar esa explicación "de nuevo" me sentí extraña… no pude controlar mis impulsos, avancé un poco más rápido hasta darle alcance y lo abracé de uno de sus brazos, me quedé colgada de él, sonriéndole y esperando a que se le pasara su asombro,su cara era un poema, entre incredulidad, sorpresa y vergüenza... divertido

-anda… Sigamos- dijo ella y el ambarino apenas atino a confirmar con un movimiento de cabeza, mientras intentaba coordinar como caminar de nuevo. Se había sorprendido mucho al sentirla aferrarse a su brazo, pero ahora caminar con el continuo contacto con ella, se preguntaba si acaso no seguía soñando; un par de minutos y varios metros después, se percató que no era un sueño, que ella sí estaba abrazada a él y que a pesar de todo le era tan fácil sentir la calidez de su piel a través de toda esa ropa, la suavidad de sus pechos en contacto con su brazo era una sensación tan diferente y extraña pero sumamente agradable

Si su intención era que entrara en calor, definitivamente lo había conseguido… pero dudo que por el motivo que ella creía

-porque haces esto?- su voz había salido más gruesa de lo que él hubiera querido, como si fuera un regaño, pero las sensaciones que comenzaban a invadirlo gracias a ella, estaba haciendo estragos en su cuerpo y en sus instintos

-hay, gommene… te molesta?, yo… gommen - ella se detuvo y lo soltó de pronto, se reprendió internamente por ser tan impulsiva, este no era "su" Inuyasha y aun no se tenían suficiente confianza… se sintió dolida de su rechazo y al mismo tiempo se convenció que era lo más lógico. La azabache sintió sus mejillas arder y evitando la mirada del ojidorado retorno la caminata a la prisa, para adelantarse y que él no notara su excesiva vergüenza

-espera no…- no deseaba deshacer el agarre y ahora una tonta pregunta había alejado su cálido contacto. Cuando la vio alejarse, impulsivamente tomó su mano, enredando sus dedos y aferrándola para que no se siguiera alejando. Ella regresó la mirada intrigada y feliz, el avergonzado hizo el ademán de soltarse, pero en vez de eso apretó aún más su agarre, reprendiendose por ser tan impulsivo, pero es que ella lo volvía impulsivo y esa falta de control comenzaban a asustarlo

-yo no… no me molesta, es solo… solo que… es raro - su voz masculina salió suave, con un tono analitico, mientras su mirada se quedaba prendida del hecho de que seguía tomando su mano, ¿por que no la soltaba? ¿porque no hacia ella por soltarse?

la azabache parpadeo confundida, esa respuesta no se la esperaba

-raro?- la ojicanela trato de mirarlo a los ojos, pero el ambarino evitaba su mirada ladeando su rostro y girando levemente su cuerpo, pero a la vez sin deshacer ese agarre en sus dedos

-es que no es… no es… yo… bueno pues es que no es muy común… la gente no suele buscar el contacto... con demonios...- casi sentí romperse mi corazón al escuchar esa confesión de sus labios, entendí perfectamente, tuve que tragar grueso para que mi voz no saliera quebrada… no era común, que alguien tuviera contacto con él… oh Kami¡ no es normal que alguien muestre agrado por su presencia… eso ya lo sabía pero… creo que jamás dejará de dolerme

-Está bien… yo fui muy impulsiva; ¿pero no te molesta?- bajo su mirada y no pude ver sus ojos que se habían escondido entre el flequillo de sus cabellos de plata. Una rápida negación de cabeza fue toda su respuesta. Me enternecí terriblemente, ganas no me faltaron de besarlo hasta que no me quedará más aliento, pero únicamente lo abrace de nuevo por uno de sus brazos. Seguía sin poder ver su mirada, pero comenzó a caminar de nuevo… estaba feliz, fue la caminata más dulce que recordaba haber tenido nunca, recosté mi cabeza en su hombro y el aroma a sándalo de su piel casi me adormeció; todo era tan perfecto, me sentí egoísta y por primera vez no me importó; amaba a Inuyasha y quería sanar su corazón y su mente, y si tenía que darle en la madre a la línea de tiempo, pues cargaria con las consecuencias. Me sorprendí de mi pensamiento tan egoísta, casi agradecí que la perla ya no estuviera en mi interior o seguro que hubiera perdido parte de su brillo.

Ni siquiera necesitaron entrar a la aldea para encontrar al demonio, su youki era tan grande que tanto Kagome como Inuyasha lo habían sentido con facilidad. El ambarino había tomado la delantera haciéndola de carnada, mientras la miko preparaba su arco y sus flechas. El demonio tenía forma de un gran lobo blanco de pelaje largo y esponjoso, tres colas en vez de una, su cuerpo sumamente estilizado, en lugar de ojos poseía cuatro cristales ovalados que brillaban con la intensidad de las joyas, era realmente muy rápido, su aliento congelaba y su aura demoniaca creaba una espesa neblina. Inuyasha apenas y lograba esquivar sus ataques y mucho menos lograba acertar con sus garras. Kagome lanzó un par de flechas purificadoras que limpiaban el área y mantenían el demonio a la vista, este intentaba ocultarse en la blancura del ambiente.

En vista de que el camuflaje no le funcionaba, a causa de la miko, opto por un ataque más directo, agrediendo de lleno al hanyou que saltaba ágilmente frente a él, había conseguido herirlo en la espalda y el desgarrador grito de la preocupada sacerdotisa, atrajeron al veloz demonio, en menos de un segundo la había aplastado con una de sus grandes patas, todo su pecho y parte de sus caderas yacían debajo de esa enorme extremidad, cargada de peligrosas y enormes garras, Kagome sentía el absoluto peso que la apresaba, impidiéndole respirar, mientras los cuatro y azulinos cristales veían extasiados la calidad de la presa que había logrado conseguir, mientras olfateaba descaradamente los negros cabellos desperdigados que enmarcaban su rostro… iba a morderla… devorarla hasta que no quedara nada… Kagome cerró los ojos intentando concentrarse para crear un campo de energía, pero el terror no la dejaba coordinar sus pensamientos. La húmeda y caliente lengua degusto con premura el blanquecino rostro de la miko, mientras un desgarrador grito de la fémina lo hicieron regocijarse del control que poseía de la situación… un extraño youki a su espalda lo hizo detenerse, pero ya era muy tarde, las poderosas garras partieron en varias partes el cuerpo del gran lobo. Kagome sonrió aliviada y se incorporó a medias antes de sentir un nuevo impacto que la regresó a su posición en el frío suelo… un nuevo terror la abordó por completo al ver a Inuyasha, sobre ella, sus dorados ojos ahora eran de un azul oscuro bordeados de una córnea enrojecida, suscaracteristicas marcas moradas atravesaban sus mejillas y sus enormes colmillos sobresalían de su boca semiabierta, mientras sus garras la sujetaban de los hombros y la mantenían pegada al piso…

-Inuyasha¡…- se revolvió bajo su agarre intentando soltarse, no sabía que hacer, el hanyou sonrió victorioso y hundió con calma su rostro entre los pechos de la sacerdotisa, se lleno del suave aroma de su piel, la suavidad de sus cálidos montes y por un momento recordó lo mucho que deseaba sentir y saborear esa dulce piel que lo había obsesionado horas antes…

Sonrojada y bastante asustada Kagome sentía como el rostro de Inuyasha se untaba en el medio de sus pechos, un hormigueo le recorrió completa al escucharlo ronronear con fuerza… deseo desde lo más profundo que se calmara, esperaba que regresara a la normalidad, no deseaba morir bajo las afiladas garras que en ese momento se clavaron fácilmente en sus hombros

Sus afilados dientes se cerraron contra la tela del grueso gi blanco, antes de levantar con fuerza el rostro y llevarse con sus colmillos la tela que cedió como un simple trozo de papel, la azabache sintió el frío viento colarse directamente entre su piel, sus pezones se endurecieron por el drástico cambio de temperatura y avergonzada veía la manera en que sus dos senos quedaba a la vista lasciva del peliplateado sobre ella, esto definitivamente distaba mucho de las transformaciones que le recordaba

Un extraño y excitante tirón atacó su intimidad cuando la boca de Inuyasha se cerró húmeda y caliente sobre una de sus aureolas, ladeo el rostro pensando mil cosas al mismo tiempo pero sobre todo alguna manera de detenerlo… oh tessaiga como te necesito en estos momentos, Kagome negó, no podía atenerse de algo que sabia en esto tiempo estaba muy muy lejos de su alcance, de entre los pedazos de tela despedazados vio casi con alivio como el rosario de cuentas moradas sobresalía de entre el blanco de la nieve

Cerro los ojos, sin poder evitarlo recordó el momento exacto en que Kikyo le había dado aquel broche de seguridad…

...

La nívea sacerdotisa sostenía entre sus pálidas manos, el rosario de perlas negras… la azabache únicamente levantó una de sus cejas preguntando silenciosamente, que se supone que era eso

-esto es el rosario kotodama, sirve para sellar demonios, bueno, más que sellar la palabra correcta sería detenerlos…-

-no voy a necesitarlo Kikyo, a menos que quieras como mascota al demonio de la aldea que nos pidieron ir a derrotar-

La mas adulta rio entre irónica y molesta

-sabes para quien te lo estoy dando…-

-no lo necesitare Kikyo… Inuyasha no…-

-escucha, no te estoy diciendo que se lo pongas, ¿si?… solo quiero que lo tengas por precaución y que sepas como usarlo, como un… un broche de seguridad, ¿está bien? Ni siquiera tienes que decirle para que lo tienes, solo úsalo si lo ves necesario… por favor, si supieras usarlo, estaría mucho más tranquila… en especial ahora que viajaras con él…-

La azabache suspiro resignada y dejo que Kikyo le explicara la manera en que el sello podía colocarse, y la manera de usarlo una vez puesto… había dos maneras de ponerlo, una era simplemente colocándolo como se pone un simple collar y la otra más drástica, era diciendo un rezo que mandaba las cuentas directamente al cuello del demonio en cuestión… ese fue el método que Kikyo insistió que perfeccionara

...

Salió de sus pensamientos en el momento que el cálido y húmedo contacto abandonó su pecho, el cual se enfrió casi al instante al ponerse en contacto directo con el frío viento… un escalofríos recorrió entera su espalda al sentir al hanyou apoderarse de su otro pezón, el abrasivo calor de su boca la estremeció por completo, sin poder evitar un sonoro suspiro, por unos segundos se pensó seriamente en dejarlo continuar, solo un poco más, pero no… no sería la manera correcta, además de que podría lastimarla y muy seguramente al terminar el hanyou ni siquiera recordaría nada

Intentando concentrarse entre sus hambrientas lamidas y succiones que él ojiazul le daba y que le provocaba el correr de excitadas mariposas por todo el cuerpo, la morena movió una de sus manos, con cuidado de no llamar la atención del exaltado youkai sobre ella, en el momento que sus dedos rozaron una de las cuentas moradas, estas salieron disparadas y se enrollaron como si fueran una luminosa y veloz serpiente en el cuello del peliplateado…

-oswari¡- el golpe de su cuerpo la cimbro completa pero la relajaron al escuchar su voz, molesta pero al menos ya se escuchaba como él…

-hay!… que demo?... Kagome?- quede paralizado al levantar mi rostro después de ese doloroso golpe y verla a ella, tirada en la nieve, viéndome con esa intensa mirada, sus arreboladas mejillas, su cabello revuelto y en perfecto contraste con el blanco de la nieve que nos envolvía, su gi estaba destrozado y su par de pechos coronados por esas aureolas rosadas estaba a mi completa disposición. Mis garras estaban clavadas en sus hombros que impedían que ella se moviera, el aroma de su sangre fue lo que me regreso a la realidad, me quite de sobre ella, le di la espalda y me agache intentando recordar que demonios había pasado. Los restos del demonio desperdigados en la nieve y el abrasivo dolor en mi espalda, me recordaron lo que había ocurrido, como un doloroso y fugaz momento.

Después de que sus garras destrozaran mi espalda, caí casi en la inconsciencia, perdiéndome entre la oscuridad de mi mente mientras el dolor me ahogaba por completo, no podía respirar y el sabor a sangre inundaba mi boca, el desgarrador grito de ella fue lo que me despertó de mi doloroso letargo, haciendo un increíble esfuerzo apenas y logre levantar mi mirada para poder verla, ese asqueroso demonio estaba lamiéndola y regocijándose con su sabor, mientras sus garras la mantenían apresada contra el suelo… la desesperación me embargo por completo pero el dolor en mi cuerpo no me dejaban moverme… después todo se volvió negro, recuerdo haber cortado algo con mis garras y después su aroma me relajo enormemente, pero no recuerdo nada mas, después solo el intenso golpe y desperté sobre ella…

-Inuyasha…- me estremecí al escuchar su suave llamado, estaba avergonzado y era consciente del dulce sabor en mis labios… algo había hecho, estoy seguro, aunque no lograba recordarlo, pero sé que tiene que ver con su ropa destrozada y ese fuerte olor de su sangre manchando mis garras…

Voltee la mirada lentamente, casi esperando encontrarla apuntándome con una flecha purificadora, pero solo estaba ahí parada, viéndome con esas mejillas infinitamente sonrojadas, con sus manos y las mangas de su gi, intentaba cubrir su pecho desnudo, la vi temblar levemente y encogerse cuando una fría brisa de aire de removió sus ropas rotas…

El frío se me colaba por debajo de la piel, o al menos así se sentía, comenzaba a volverse casi doloroso. El simplemente se incorporó mientras me veía de medio lado, dándome la espalda se quitó su haori, con la corta pausa de sus movimientos pude distinguir que noto el nuevo rosario en su cuello. Sin voltear a verme me extendió esa roja prenda que no dude en tomar, mmm estaba tan cálida y olía deliciosamente a sándalo, a él… me envolví en la gruesa prenda y casi de inmediato el frío desapareció, dejándome una agradable sensación de comodidad

-qué fue lo que paso?... Kagome- su mirada avergonzada y triste me confirmaron que efectivamente no se acordaba de nada o al menos de muy poco; no quería ser directa pero no me quedaba de otra

-te transformaste… Inuyasha… no lo recuerdas acaso?- el ambarino hizo una mueca de desagrado y negó en respuesta, sospechaba que algo así había pasado pero aún tenía la esperanza que no hubiera sido eso

-pero no te preocupes, no pasó nada…- ella sonrió lo mejor que pudo, pero él no había quedado muy seguro

-esas heridas… en tus hombros…-

-mm… no te preocupes Inuyasha, solo son unas pequeñas rasguñadas, no es nada… me preocupan más las heridas de tu espalda- él ignoró su preocupación y no muy confiado, le dio un nuevo vistazo a toda la escena, sus heridas escocían pero nada que no hubiese superado antes, la espesa sangre de su lado youkai curaba con velocidad hasta las heridas más graves, el peso del rosario llamo de nuevo su atención… lo tomo con precaución y trato de sacárselo, descubriendo con cierto temor el simple hecho de que era imposible quitárselo

-que demonios?...- la morena rió un poco avergonzada y él la miro aun mas desconfiado y levemente preocupado

-bueno, es que… te pusiste un poco loco y con eso te calme…je je je…-

-que?...- por alguna razón que no entendió muy bien, se sintió atrapado, amarrado, la desesperación de la esclavitud se le coló profundo bajo la piel y erizo cada uno de sus poros, desesperado intento quitar el collar de cuentas una y otra vez, mientras este solo brillaba rechazando su acción cada vez

-maldita sea¡ Kagome¡ quítame esto¡… no estoy jugando!- le grito mientras su pánico se acrecentaba

-hay vamos, no es tan malo y además… si no te lo hubiera puesto, no se que me hubieras hecho…- él se detuvo ante la confesión de ella

-Kagome…- hablo suave, forzando a su mente a recordar -que fue lo que pasó, de verdad… Kagome-

-bueno pues…- ella suspiró profundo y el ambarino inconscientemente se preparó para recibir una represalia

- te transformaste, mataste al demonio y luego… mmm, tu me...- el rubor de sus mejillas encendieron las del hanyou aunque aún dudaba del porqué

-enserio no recuerdas nada? Inuyasha…-

-yo, bueno… yo...- no podía dejar de tartamudear, no lo recordaba, pero tenía una leve duda… - yo… keh¡… pues si no paso nada… sigamos… ya… ya derrotamos al demonio no?... regresemos a la aldea y terminemos con esto-

-espera¡ tenemos que avisar a la aldea, además Kikyo dijo que nos darían un pago por esto-

-keh¡ mujeres interesadas-

-no Inuyasha¡ no es dinero, nos darán víveres y medicinas, unas específicas que no crecen por la aldea… las necesitamos… y además me gustaría atenderte la espalda-

-ya te dije que no tengo nada en la espalda, ya curarán solas-

antes de que ella pudiera rebatir el se dio la vuelta y se encaminó hacia la aldea, el miraba sus garras, el aroma de la sangre de ella era muy fuerte, y se le revolvió el estómago sabiendo lo que eso significaba, su sangre aún la sentía pesada de su previa transformación, eso le ayudaba con el dolor de sus heridas, pero sentía una nueva abrirse en su pecho como una estocada profunda, él le había hecho daño, de eso no había duda.

En la aldea fueron recibidos como verdaderos héroes, incluso recibieron entusiasmados a Inuyasha, en cuestión de minutos, estaban de fiesta, a Kagome no solo le repusieron su gi roto, además le regalaron un par de hermoso kimonos para ella y Kikyo. Ella aprovecho la ocasión para ponerse uno hermoso de color azul eléctrico con adornos de flores negras y obi negro a juego. Después de una rápida curación, pues el hanyou estaba reacio a recibir cuidados de gente extraña, la miko decidió dejarlo por la paz, después de colocar unas forzadas vendas con un ligero ungüento, al menos las heridas ya no sangraban, como el le habia dicho antes, al parecer la transformación en youkai las había hecho cicatrizar con increíble velocidad.

El festín duró toda la tarde y parte de la noche. El ambiente alegre contagiaron de sobremanera a Kagome, quien en un dejo de nostalgia recordó a esos amigos que creía perdidos para siempre y a su familia, que si bien a ellos si los tenía, en estos momentos estaban tan lejos de ella; que no pudo evitar pasarse con el delicioso y casi dulce sake que le habían servido… empezaba a ver borroso pero la música y la alegría literalmente la habían embriagado

-Kagome… ya deja eso- el peliplateado le quito una tacita con sake que una de las muchachas se encargaba de servir casi exclusivamente

-oh¡ vamos Inuyasha¡ -

-estas cada vez más ebria… no lo ves?-

-yo no estoy ebria¡ tu estas demasiado sobrio…- ella lo apuntó con el dedo, descubriendo lo difícil que era mantener el equilibrio y eso que estaba sentada. El hanyou se tallo el rostro intentando darse paciencia. Le quito la tacita definitivamente y la cargó al hombro, como se levanta un saco de papas

-ya fue suficiente, nos vamos a dormir¡- la alegre gente comenzó a reír y Kagome rió estruendosamente igual

-si cariño¡ vámonos ya¡ wui¡ que divertida montaña rusa¡-

Llegaron a la habitación que les habían prestado, entre canciones mal coreadas y risas repentinas de la morena. La recostó en el futón la arropo a conciencia, dejaría la luz del quinqué encendida el tiempo suficiente para cerciorarse de que la azabache se durmiera o se desmayara de borracha, lo que ocurriera primero mientras él se fue a la esquina a la esperar

-Inuyasha… baby¡- que demonios significa baby?

-ven aquí, la noche es fría¡-

-duérmete ya niña¡- el rolo los ojos cuando la morena se deshizo de manera enredada y poco coordinada, de las sábanas que él había puesto con cuidado para arroparla

-no quiero Inuyasha…- dijo con una molestia que fue seguida de una estruendosa risa que le crisparon los nervios a Inuyasha

-¿sabes que quiero? cariño- hastiado y siguiéndole la corriente, le contestó de mala gana

-¿que es lo que quieres?- todo pasó en cámara lenta… incluso respirar se volvió algo superfluo cuando la ojicanela se abrió con rapidez el kimono azul, liberando completamente ese par de perfectos pechos, dejándolos a completa visión y disposición del hanyou

-quiero que vuelvas a hacerme eso que me hiciste allá afuera… Inuyasha…- ella se acarició los pechos y se apretó los pezones de manera sugestiva y él se excitó completamente. Él gateó casi en cámara lenta hasta ella, quedando a solo un metro de distancia de esa perfecta parte expuesta de la anatomía de la miko, intentando controlarse y no dejarse vencer por sus instintos

...

CONTINUARA… les recuerdo que este capi está editado y tiene mas cosas que el que había anteriormente, así como es el primero que sale después del hiatus de años en que esta historia se mantuvo.

repito lo que dije antes, se quedó en la mejor parte y esta vez creo que meteré un poco mas de acción (guiño)

Dejen sus reviews porfas, me inspiran a seguir, son el alimento de mi musa…

Atte: Kagome Nekko