Solo como comentario adicional diré que, me vi toda la serie en japonés, así que algunas cuantas palabras están tomadas del idioma original.
Les recuerdo que estos capis están editados y contendrán más cosas que los anteriores que se habían publicado con anterioridad, me disculpo por el enorme hiatus y espero disfruten de esta modificada historia, arigatou.
Disclaimer: el precioso de Inuyasha y el resto de la manada no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo descargo mi fanatismo con historias sobre ellos. este producto es responsabilidad de quien lo recomienda y de quien lo lee *w*
Diálogos entre -.-
Pensamientos en cursivas
Capítulo 10: (editado) Sueños
'quiero que vuelvas a hacerme eso que me hiciste allá afuera… Inuyasha…- ella se acarició los pechos y se apretó los pezones de manera sugestiva y él se excitó completamente. Él gateó casi en cámara lenta hasta ella, quedando a un par de metros de distancia de su cuerpo expuesto, intentando controlarse y no dejarse vencer por sus instintos'
-estas ebria, mejor contrólate…- le decía eso, pero ni él mismo sentía mucho control sobre sí mismo. Veía su fino rostro sonrojado probablemente por los mismo efectos del alcohol; agradeció que hubiera luz suficiente para admirar con detalle ese perfecto pecho descubierto, la luz del fuego del quinqué danzaba creando sombras que la hacían verse aún más sugerente, ese par de montes blancos coronados por sus dos botones rosados, tan apetitosos, subiendo y bajando en una respiración irregular, parecían llamarlo con su suave danza. Saboreo sus labios intentando recordar su sabor, casi consciente del gusto que probablemente ya conocía
-tal vez… me pase… un poquito con el sake, pero eso no cambia lo que quiero hacer - la morena sonrió aun desde su posición forzada en el futon, su cabello desordenado cayendo de cualquier manera en sus hombros y en su frente, arrastraba las palabras y sus movimientos eran lentos, casi como si quisiera jugar a torturar con su lentitud al hanyou paralizado frente a ella. La verdad es que estaba haciendo un soberano esfuerzo por no quedarse dormida, pero la visión frente a ella era cien veces más apetitosa que cualquier descanso aburrido, saboreo sus labios y fue como si encendiera un swich que activó un ronroneo que provenía de algún lugar entre el pecho y la garganta del hanyou, sus manos finalmente llegaron a donde quería. Oh!, maldito cuerpo que se movía más lento de lo que ella quería, tenía que mandar la orden a su cerebro varias veces para que sus extremidades le obedecieran, aun así logró llegar a su objetivo, el pecho de Inuyasha, cubierto por su siempre haori rojo; con torpeza sus dedos se internaron en la tela buscando abrirla, consiguiéndolo después de un par de tortuosos torpes intentos.
La sentía pelear con sus ropas y él estaba a nada de clavar sus garras en el piso de duela debido al esfuerzo de mantenerse quieto, agarrando y arañando la superficie de madera con tal de no tocar esos sugerentes pechos que lo llamaban con su danza hipnótica. El deslizar de la tela por sus hombros le dio un escalofríos de saber que ella había logrado su cometido de exponer su piel, quería alejarse, cubrirse, taparla a ella e irse de ahí; y a la vez, quería terminar de quitarse la ropa, meterse con ella y probar esa pálida piel, subirse en ese femenino cuerpo y saborearla hasta saciarse. Pero él era muy consciente de que no debía dejarse llevar.
Esas finas manos deslizándose sin pudor por su cuello y luego por su pecho hasta bajar al abdomen lo obligaron a cerrar los ojos, notando que de hecho estaba gruñendo, ni siquiera había notado cuando empezó a hacerlo, pero ahora sentía imposible el silenciarse. No con el hormigueo que le provocan esos dedos finos contra su piel.
-siempre... me ha gustado... tu cuerpo- dijo suave y pausado debido a que su lengua estaba más lenta que lo normal por el alcohol en su sangre
-hace que… me dan ganas… de hacer… cosas indebidas…- sus manos descendieron delineando cada perfecta traza de la musculatura de ese marcado abdomen, le recordaba tanto a las pinturas de los dioses griegos que había visto en la escuela; pinturas perfectas de piel perfecta y cuerpos con proporciones exactas, ni muy delgados ni muy fornidos, simplemente perfecto y él lo era, era hermoso. Llego al final que era delimitado por el inicio del hakama rojo y aunque deseo poder desanudar esos pantalones holgados y seguir navegando por ese cuerpo de pecado, el verse en un terreno desconocido la hicieron recuperar un poco la vergüenza que parecía haberse esfumado hace ya un tiempo, o acaso ¿había existido alguna vez? en este estado no lo recordaba, ni le importaba; subió la mirada lentamente devorando con los ojos cada porción de piel expuesta a la tenue luz de la habitación en una atmósfera casi sensual, como de película romántica, hasta que sus ojos enfocaron ese rostro masculino que robaba sus sueños, Inuyasha tenía los ojos cerrados y parecía estar sufriendo, pero ¿porque? ¿Acaso estaba molesto por lo que le estaba haciendo?
-Este no es tu Inuyasha, - resonó una voz al fondo de su mente- este no es el mismo cuerpo que has tocado por tres años… -
- si lo es- se contestó a sí misma
- es el mismo, solo que con él aún no he vivido con él aun el suficiente tiempo, pero si es mi Inuyasha y lo es ahora más que antes-
Ante ese pensamiento dual, Kagome jalo a su hanyou de ese par de mechones blancos que siempre estaban al frente, este abrió los ojos de golpe ante el repentino tirón. Los ojos chocolates parecían molestos y confundidos, ¿por qué? ¿Que se suponía que debía hacer? un hanyou no debe tocar con lujuria a ningún humano, nunca, menos a un a una sacerdotisa por más extraña y atrevida que esta se pusiera, por más delicioso aroma que desprendiera su piel y que le habla de la dulzura misma de la excitación de su portadora. Él hacía lo imposible por controlarse, porque a pesar de todo, la escena estaba manchada por el olor a alcohol y no quería arrepentirse otra vez por dejarse llevar, no esta vez, aún no aclaraban lo del beso de la otra noche, como para seguir avanzando en terreno desconocido
-¿Kagome?-
-¿Inuyasha?- ella miró esos ojos dorados de manera interrogante- acaso... ¿no te gusto?- y esa revelación para ella fue como la gota que rebalsó el vaso, tres años llorando por su hanyou porque sabía que había otra mujer en su corazón, y tal vez,- tal vez - el problema siempre fue otro.
Lo miro asustada, como quien se da cuenta por primera vez de que está cometiendo una grandísima falta
-oh! kami… es eso, siempre fue eso… jamás te guste…- Kagome cerró con velocidad su kimono, notando lo torpe de sus manos, consiguiendo apenas juntar la tela lo suficiente para tapar sus pechos
-¿qué?- a él le extrañaba que ella parecía hablar como si llevaran una eternidad juntos, lo cual no podía estar más lejos de la verdad, apenas estaban conociéndose y ella daba estas marchas agigantadas de buenas a primeras, se preguntó cómo brincaron de intentar ser amigos a que ella se exhibiera de esa manera, respiro profundo intentando calmarse, notando que sus garras finalmente había atravesado la duela, le había costado hasta el último gramo de fuerza de voluntad el no aventarse sobre ella y hacerla suya, ahí mismo y sin importarle su condición alcoholizada, casi había cedido cuando ella le había dicho todas esas cosas dulces, que su cuerpo despertaba en ella deseos indebidos; oh, hubiera cedido si no fuera porque esa cálida caricia lo habían tenido tan extasiado; trago con fuerza, ella podría estar ebria, pero él no.
Con delicadeza tomó su rostro, que ladeado intentaba esconder su mirada lejos de él.
-Kagome, mírame…- le pidió con esa voz tan gruesa y profunda, que era imposible resistir cualquier comanda
Ella abrió sus ojos canela y se dejó guiar por su suave trato.
-creo que eres una borracha de las que entran en calor con eso, jamás te dejare tomar otra vez - ella lo miró extrañada, intentando entender lo que decía y él empezó a poner una mirada levemente divertida, pero a la vez parecía triste y distante ¿porque?
-mírame, me tienes aquí intentando controlarme para no cometer una locura y te enojas por tener un poco de autocontrol- ahora sí sonrió abiertamente ante la mirada confundida de ella, era como si le estuviera hablando en otro idioma, era divertido o estaba seguro que cuando superaran este pequeño incidente, todo le parecería muy divertido.
-si estuvieras en tus cinco sentidos no querrías entregarte a mí, soy un hanyou, Kagome-
-¿qué?- Kagome tenía el cerebro medio entumecido y en estos momento no podía sumar a+b, de estar sobria hubiese notado claramente el dolor de lo que Inuyasha intentaba explicar, ese racismo latente contra sí mismo, esa espinita tan palpable de dolor en sus palabras, pero no con lo intoxicada que se encontraba.
-si…- dijo ella sintiendo como un extraño sopor la abordaba- siempre me pareciste un hanyou hermoso- el alcohol estaba tomando lo mejor de ella, soltando frases y acciones que nunca hubiera hecho; no así, no tan apurada, no como la niña caliente de 18 que de hecho era y ahora la había fastidiado; suspiro pesadamente - soy una tonta, debí imaginar que el problema siempre fui yo- Inevitables lágrimas llenas de sentimientos y tristeza empezaron a derramarse de los ojos canela
- gommene Inuyasha, gommene- la última palabra había salido como un pequeño alarido lleno de opresión, seguido de un sollozo que partía el alma, Kagome sentía como su alma se partía por el rechazo, oh por kami, el dolor en su pecho iba en un desbocado in crescendo
La vio tapar sus ojos y el aroma a lágrimas inundó la habitación, todos esos dulces y excitantes aromas de hace solo unos segundos se opacaron por el olor de las lágrimas -maldición!, quería que se calmara pero no quería que terminara en esto, jamás he soportado ver a una mujer llorar, jamás, y ahora la única mujer que me ha tratado sin asco ni repulsión está llorando por mi causa, sólo porque le rechace en un momento de lujuria- se sentía tan estúpido e impotente, quería que se detuviera, deseaba rebobinar el tiempo a solo unos segundos cuando el aroma era de la excitación- soy un idiota, solo debería haberla dejado hacerme lo que ella quisiera, lo que fuera para que no llorara, pero yo jamás me espere que terminaría así-
-Kagome, no… no llores yo… - el hanyou se revolvió inquieto, cada nuevo sollozo lo ponía más y más nervioso, oh kami sama, que haría si empezara a llorar de manera desconsolada, alguien la podría escuchar y si se asomara a la habitación, con toda la escena que se apreciaba, muy probablemente asumirán lo contrario de lo que realmente había pasado; se le erizo la piel de saberse contra el tiempo en una situación en la que no podía ganar peleando, oh! cómo odiaba las situaciones así. Pero ¿qué podía hacer?
-Kagome... discúlpame- él nunca se disculpaba, jamás, nunca lo había necesitado y jamás nadie se había merecido esas palabras de su parte, pero estaba desesperado, pues los sollozos de la azabache empezaban a subir de intensidad… increíblemente funcionó, fue como apagar un botón, el llanto simplemente cesó y la mirada canela asomó tímida de debajo de esas manos que antes le tapaban
-¿qué?- hipo, Kagome creyó haber escuchado mal, -¿Inuyasha disculpándose? podía contar con los dedos de una mano las veces que había pasado-
-yo… discúlpame por favor… no quiero que llores, haré lo que quieras, solo… solo detente-
Kagome recuperó un poco la compostura, estaba mareada de por si, ahora el mareo parecía incrementar en cada momento, ligeros hipidos incontrolables aún se escapaban de sus labios y que hacían brincar su pecho, pero al menos ya no había llanto
-no Inuyasha -hic!- no te disculpes, fue culpa mía, yo soy tan tonta, asumí cosas y yo -hic!-… a qué vergüenza- ella simplemente volvió a envolverse de manera desordenada entre las sábanas calientes del futon
Suspiro con fuerza; el aroma de las lágrimas seguían ahí, poniéndolo inquieto, pero al menos ella ya no lloraba, no de manera ruidosa, no más allá de esos pequeños hipidos que salían de vez en cuando.
Solo los cabellos de ébano asomaban revueltos entre las sábanas, deseo acariciarlos, consolarla de alguna manera, sus dedos parecían picar pidiendo ese contacto que prometía ser suave, pero no, lo último que quería era volver a llamar la atención de la miko que parecía por fin estarse quedando dormida. Suspiró profundamente de nuevo, sintiéndose casi derrotado, tan cansado, las cosas se habían complicado demasiado, su propia mente estaba hecha un lío y si intentaba cavilar lo que sea que él creía que podría estar pasando por la cabeza de ella; no, demasiado, era una espiral de nunca acabar.
Sin ganas para moverse de su lugar, simplemente se reacomodo en su sitio notando su haori abierto y con el abdomen completamente expuesto; se sonrojo con fuerza mientras reacomodaba todo en su lugar, siempre con un gesto de molestia avergonzada en su rostro, notando al contacto con sus ropas, como su piel parecía estar muy sensible aún, especialmente ahí donde las manos de ella habían trazado su camino
Sus dulces palabras se repetían en su mente, con ese tono femenino tan atrayente a pesar de lo pastosas que habían sonado debido a la situación. "eso no cambia lo que quiero hacer", "siempre... me ha gustado... tu cuerpo", " me dan ganas… de hacer… cosas indebidas", "siempre me pareciste un hanyou hermoso", "acaso... ¿no te gusto?"
¿Sería acaso posible? miraba los cabellos negros como si en estos estuviera escrita la respuesta.
Miro sus manos, observando especialmente las garras, esas garras blancas que eran su arma y que gracias a su fortaleza le habían salvado la vida tantas veces y a la vez eran parte importante que lo marcaban como un youkai, no, peor, un hanyou. Negó con la cabeza intentando alejar lo que se revolvía en su mente - ie, no es posible, tiene que ser algo más… ella solo se puso lujuriosa por la bebida y yo estaba cerca, eso es todo- Su estómago se revolvió al imaginarla a ella prendiéndose del brazo de un desconocido, apretó sus puños sintiendo efervescer un sentimiento de angustia que jamás había experimentado antes, sin saber que ese sentimiento que experimentaba eran simples y llanos celos- no permitiré que vuelva a tomar, jamás!-
… …..
-wurb¡ wuarck¡-
El hanyou de ojos dorados, observaba recostado en la pared, como la azabache descargaba forzadamente todo su estómago, el olor ácido y los desagradables sonidos alcanzaban sus sensibles sentidos.
-te dije que habías bebido demasiado- inclinada en el pasillo de la mansión, la morena dejaba su pequeño desagradable obsequio en el jardín central, tenía suerte de haber llegado aunque sea hasta ahí, pues con lo intempestiva que se le había presentado la cruda, contrabajo logró coordinar sus pasos para salir de la habitación, el jardín frente a su puerta no había corrido con tanta suerte.
-no tengo ganas de discutir eso Inu… wurb¡- Una nueva arcada seguida de una acelerada respiración evitaron a la morena poder terminar su frase
Los minutos pasaron hasta que las arcadas finalmente terminaron, la morena se dejó caer agotada en el piso de duela…
-necesito un baño con urgencia y me gustaría tanto cepillarme los dientes…-
-iré a preparar el agua…- de reojo sin poder moverse lo vio alejarse, el sueño la estaba derrotando, pero en verdad quería asearse… a ella le parecieron segundos los que él tardó en regresar y sin decirle nada la cargo estilo nupcial; la comodidad de su torso y su agradable aroma a bosque, tan diferente al de ella que en estos momentos era un tanto desagradable, le antojaron el poder quedarse ahí un rato
-gommene Inuyasha, debo oler asqueroso-
-ie, no tanto… solo a licor rancio y al ácido de tu estómago-
Ella hizo una mueca de desagrado ante su respuesta, ella sabía lo sensible que era el olfato de Inuyasha
-hay¡ qué vergüenza¡- la morena se cubrió el rostro mientras se juraba no volver a beber nunca y rogaba al cielo que se le hubiera ocurrido traeré algún remedio efervescente para el estómago
-sabes… sé que ya te lo he dicho antes, pero eres una sacerdotisa tan rara... además de todo ahora resulta que también festejas muy alegremente...- un fuerte golpe en su brazo le advirtieron que la miko aún no estaba muy de humor para sus comentarios, haciéndolo sonreír de manera altanera
En la habitación continua, escuchaba el suave chapoteo de la azabache, mientras las palabras de ella se repetían en su mente, otra vez, cada una de sus frases. No estaba seguro de hasta qué punto la sacerdotisa recordaba la noche anterior, pero para él había sido una revelación demasiado fuerte, no quería mencionar nada de eso, no aun, él mismo necesitaba tiempo para razonarlo.
…
Al final nos tuvimos que quedar un día más, apenas y tenía fuerzas para ir de un cuarto al otro, en estos momentos me era imposible hacerme un viaje de retorno, por suerte, medio pueblo andaba con la misma cruda y el sentimiento de empatía era contagioso. La nieve caía suave y era un día bastante frío, en cierta forma agradecía el poder darme este break y quedarme calientita y acurrucadita, aunque sabía que mañana sin excusas tendríamos que irnos, pero ahora lo disfrutaría.
Pase casi todo el día durmiendo, despertando nada más para comer ligeras raciones de caldo de pollo, gracias al cielo que encontré entre las medicinas que traje de mi época, una pastilla efervescente para el dolor de estómago, nunca sus burbujas me habían parecido tan maravillosas y deliciosas. Para en la tarde ya estaba perfectamente compuesta del estómago aunque aún me sentía algo cansada. Inuyasha había estado tan al pendiente de mí, se me hizo tan lindo, por su puesto sus comentarios sarcásticos de que las sacerdotisas no beben y que jamás me dejaría tocar una botella de licor en mi vida de nuevo, me empezaban a parecer repetitivos y fastidiosos… pero la alegría de tenerlo a mi lado, incluso me recordaron aquellos días cuando él en verdad velaba por mi seguridad… Aún no sé si todo esto está bien, a veces siento como si intentara transformar a este Inuyasha en Mi Inuyasha… pero bueno, no es como si fueran diferentes, después de todo, son la misma persona… ¿no?.
Era extraño, a mi mente no dejaba de acudir ese sueño onírico subido de tono que tuve anoche, pero se sentía real y a la vez no, bueno, no era como si nunca hubiese soñado con que desnudaba y acariciaba la perfecta piel de Inuyasha, especialmente porque mi mente tenía material de sobra para trabajar, después de tres años de pelas que siempre terminaban en yo vendado sus heridas, tocando y admirando su piel; pero el sentimiento de incertidumbre de que había hecho algo incorrecto no solía acosarme tanto, así que no se, era extraño. Especialmente la tristeza que embargaba mi pecho, está igual ya la había sentido antes, pero esta vez no tenía motivo, usualmente me sentía así después de que Inuyasha se iba a ver a Kikyo o peor aún, cuando se despidió de ella con ese tierno beso... no, no; tengo que dejar de pensar en eso ya que ahora no tiene ningún sentido.
…
Era de noche, el viento y la nieve habían arreciado, impidiendo que mis sentidos pudieran escuchar u oler nada fuera de estas cuatro paredes, sería una noche fría, esperaba que por la mañana la tormenta ya hubiera terminado, o no podríamos regresar. Dentro del cuarto solo percibía su delicioso aroma a sakuras… aun me intrigaba si ella recordaba o no, lo de la noche anterior, tampoco quería abrir una discusión con eso, pero… ahora al verla ahí, recostada en su futón, no puedo evitar recordarlo todo tan detalladamente…
-eso no hace que me gustes menos… Inuyasha…- recordaba sus melosas palabras, y me moría de ganas por saber si habían sido ciertas o si acaso habían sido sólo producto del sake, además de aquel beso que nos dimos antes de iniciar el viaje… ah¡ maldición¡ porque todo tiene que ser tan complicado- se revolvió en su esquina, tratando de encontrar alguna posición que le permitiese dormir, pero era inútil, los recuerdos no lo dejaban en paz, su aroma era tan dulce que apenas y podía dejar de mirarla. Intentando distraerse con cualquier cosa, hurgó entre sus ropas buscando esa conchita nacarada que había pertenecido a su madre. ¿Cuándo podría ser un buen momento? tal vez después de aclarar las cosas
No pude evitar suspirar para darme el valor de llamarla… la llamaría solo una vez, si estaba dormida lo dejaría para después
-Ka… Kagome…- la vi revolverse entre las sábanas, supe que estaba despierta antes de escuchar la respuesta de su voz
-mmm?- dijo ella medio adormilada
-yo… eto… bueno… anoche…- tartamudeaba y aunque la paciencia de Kagome estaba restaurada, la conversación no parecía avanzar
-si vas a seguir regañándome sobre lo de anoche, ya déjalo Inuyasha, aprendí mi lección, ¿está bien?-
-no, bueno sí… bueno no es por regañarte solo… yo quería saber si lo que paso anoche…- detuvo sus palabras y un furioso sonrojo cubrió sus pómulos
La morena se incorporó de entre las sábanas, sentándose lo más cómoda posible y observó intentando entender
-si lo que me dijiste… ¿lo recuerdas?…-
-¿eh?- el cuarto estaba iluminado por la media luz de un quinqué que hacía danzar su flama con las ligeras casi imperceptibles corrientes de viento que se colaban por la habitación
-¿qué te dije?-
-Entonces no lo recuerda…-
-no importa… descansa, lo dejaremos para otra ocasión- volvió a guardar la conchita entre sus ropas, ahora no era el momento. Esperaría
-¿Inuyasha?-
-dije que te duermas, ya es tarde, mañana quiero salir antes de que alguien nos corra de aquí- se volteo molesto dando por terminada la discusión, Kagome hizo un mohín con los labios.
-¿y ahora qué le pasa? si el empezó-
-¡Bien pues! buenas noches- le dijo molesta y se arremolino entre sus sábanas. Él volteo a verla; se quedó analizando sus últimas palabras
-buenas noches- respondió solo en su mente, aún no tenía el coraje de decirlo en voz alta, igual que la primera vez que se lo dijo hace solo un par de noches atrás, en la primera casa donde se habían quedado a dormir y donde esa frase lo habían dejado completamente pasmado por todos los significados que conllevaba, el más importante: que ella dormiría en la misma habitación. Eso no lo había creído hasta que ella de hecho se durmió.
Era realmente impresionante, dormía a su lado, a lado de un mitad demonio sin inmutarse, como si fuera lo más normal del mundo, aun no lo podía creer; estaba aquí y sin embargo a veces sentía que era un simple sueño del que despertaría en cualquier momento.
…
Escuche un profundo gruñido…
Mis ojos pesaban y la oscuridad aún estaba presente…
Lo escuche de nuevo, más fuerte y claro que el anterior… Me asuste y me incorporé algo torpe y medio dormida. Los gruñidos venían del otro lado de la habitación, hice un soberano esfuerzo por enfocar la vista en esta oscuridad y me di cuenta que era Inuyasha quien hacía esos sonidos tan guturales. Me acerqué con cautela y me di cuenta que él seguía durmiendo… ¿tenía una pesadilla?
Cuidando que mi roce sea lo más ligero posible toqué su frente notándola húmeda de sudor; mi contacto pareció alterarlo un poco, no quería despertarlo, pero no quería que siguiera teniendo un mal sueño, se revolvía casi imperceptible, era como si temblara.
Me acerqué hasta una de sus orejas y le susurré lo más suave que pude -Inuyasha… hey… tranquilo… todo está bien, todo estará bien-
Casi pego un grito por la sorpresa cuando se incorporó de súbito empujándome en el camino, esa pose de lucha con sus garras listas y su mirada dilatada por la oscuridad rebuscando por toda la habitación como si buscara algo o a alguie; su respiración agitada y arrítmica era lo único que se escuchaba con claridad…
Me vio sentada en el piso y pareció calmarse; después de unos segundos se dejó caer a mi lado y escondió su mirada entre sus rodillas y sus brazos, como queriendo protegerse de algo… de todo… no recuerdo haberlo visto así antes; ni en todas las noches que dormimos ya sea en mi habitación o en nuestros viajes… quería y a la vez no, saber qué era lo que había soñado para perturbarse de esa forma, parecía un niño pequeño temeroso del mundo
No le pregunté; en cierta forma sabía que de todas maneras no me diría y probablemente se sentiría presionado, me acerque a él y lo rodee con mis brazos, él no dijo nada, pero tampoco rechazo mi contacto, se sentía tan cálido; me acomode lo mejor que pude mientras el sueño me tomaba de nuevo
Podía sentir la calidez de su cuerpo rodeándolo, era tan suave que calmaba su impetuoso corazón, así como su aroma le regresaba poco a poco la tranquilidad que había perdido por culpa de ese horrible sueño. En otra situación probablemente hubiese intentado alejarse y se sorprendió al notar de nuevo lo cerca que ella estaba, tan cerca, tan cálida, tan cómoda, ¿desde cuándo se tenían tanta confianza? no le importó, esta noche su corazón parecía anhelar este contacto, por primera vez en muchísimos años no se sentía solo; y se sintió agradecido, pues el horrible sueño del que acababa de despertar aún lo tenía lacerándole el pecho como si de una daga clavada se tratase.
Esas memorias de eventos previos donde había sido traicionado y perseguido se sentían tan frescos a pesar de los años que habían pasado, y es que él, por ser un mitad demonio el pasar de su tiempo era muy diferente, se había dado cuenta de ello cuando perdió la capacidad de saber en qué año se encontraba con respecto al fallecimiento de su madre y que a pesar de eso su cuerpo seguía igual, solamente sabía que eran ya muchos años.
Recordaba su vida como por temporadas: su niñez, por ejemplo, esa era fácil de ubicar, pues era pequeño y su madre siempre estaba con él; luego estaba ese extraño y corto periodo de tiempo por el que había sido "cuidado" por su hermano, un tiempo demasiado lejano y demasiado corto a la vez; después ese tiempo donde su cuerpo había logrado alcanzar la altura que hoy en día portaba, ahí era donde todo se distorsiona, pues era como si hubiese dejado de crecer, las experiencias de esos turbulentos y largos años se le presentaban en sueños o en pesadillas que le recordaban la mierda de vida que había tenido intentando buscarse una manada youkai o humana y al final nunca funcionaban. Después ese tiempo un poco más cercano donde finalmente se hizo a la idea de que lo mejor era estar simplemente solo, así al menos la decepción de verse traicionado no estaría disponible…
-pero entonces, ¿cómo es que termine en una situación así otra vez?-suavemente se recargo solo un poco más en ese contacto cálido que la sacerdotisa le brindaba; se sentía emocionalmente débil y odiaba sentirse así, pero en momentos como este no podía evitarlo y ya tenía muchísimos años que no recaía; sospechaba que se debía a todos los sentimientos que esta chica le había despertado de golpe y en tan corto periodo de tiempo… volvió a cerrar sus ojos, tal vez no podría conciliar el sueño otra vez, pero el agradable sopor en el que estaba sumergido gracias a ella, fue suficiente para reparar fuerzas.
...
El sol me incómodo con su luz directo en mis ojos, me revolví y me desperté, dándome cuenta que estaba de nuevo en el cómodo futón, aunque no recordaba haberme acostado de nuevo, lo último que recordaba era estar abrazada de Inuyasha, pero ahora él ni siquiera estaba en el cuarto…
La pequeña mansión estaba de nuevo en operación, tan diferente al día anterior cuando todos andaban desvelados y con resaca, ahora todos de vuelta a sus actividades como si nunca hubiera pasado nada, aunque la sonrisa y la alegría de cada una de las personas era un sentimiento casi contagioso. Recorrí el jardín y los diferentes cuartos, pero no podía encontrar a Inuyasha por ningún lado… empezaba a preocuparme cuando el rugido de mi estómago me indicaron que realmente tenía hambre… supongo que igual y tenía que buscarlo en la cocina jejeje…
Termine mi desayuno y entonces la falta de su presencia en verdad empezó a preocuparme…
-¿dónde estabas?...- escuche su voz reclamándome
-eso debería preguntarte yo, ¿no crees?...- quería sonar molesta pero supongo que la enorme sonrisa de mi cara no engañaba a nadie
-anda, ven ya… -palmeé la silla a mi lado, para que desayunara conmigo- comeremos antes de marcharnos y aún tengo que alistar las medicinas y los regalos que nos dieron para llevarle a Kikyo, eso me tomará algo de tiempo y luego…-
Creo que tarde más en decir toda mi oración que en lo que él ya había terminado su desayuno y el de algún pobre empleado que esperaba le repusieran lo que Inuyasha ya le había quitado…
…
Caminando por el bosque él llevaba en la espalda los dos enormes fardos de mercancías. Había estado distante conmigo y no sabía porque… aún quería preguntar acerca de su pesadilla o lo que fuera que le hubiese ocurrido esa noche, pero caminaba tan de prisa que no lograba mantenerme a su lado…
-Inuyasha! ¿Por qué tanta prisa?… no llegaremos antes aunque te apresures así, oye…-
-tengo un mal presentimiento… estos bosques… no se… hay algo que no me gusta del todo…-
-¿los bosques?...- cerré mis ojos y me concentré lo mejor que pude, puse en blanco mi mente y solo así pude sentir una leve incomodidad, era verdad, había algo malo, era como si el youki natural de los alrededores estuviese aumentando, pero a una velocidad tan lenta que pasaba desapercibido…
-es verdad, es una presión extraña-
-sí, quisiera estar en territorio conocido lo antes posible-
Asentí con la cabeza ante su afirmación mientras ahora la presencia incómoda de los alrededores empezaba a darme una sensación de ansiedad.
Apresure mi paso y logramos llegar a la segunda aldea antes del atardecer.
-ne Inuyasha, ya estamos aquí y aún hay sol, ¿crees que deberíamos continuar? ¿Intentar llegar a la siguiente aldea?-
-mmm… no, creo que sería mejor quedarnos aquí, no quiero que la noche nos agarre en el camino-
-ya veo... bien, rentare una cabaña entonces-
-¿rentar? porque no solo la pides como cuando llegamos la primera vez-
-mmm… - negó -no quiero abusar de los favores a nombre de Kikyo y no quisiera que la gente se molestara con nosotros-
Inuyasha miro al alrededor notando las miradas de la gente y no dijo nada, simplemente siguió a Kagome mientras esta arreglaba lo del hospedaje.
Estando en la cabaña con la noche ya sobre nosotros, quede absorta en la visión de Inuyasha atizando el fuego dela hoguera del centro, mientras una especie de visión me hizo ver al resto de mis amigos a su lado, Sango, Miroku, Shippo y Kirara; los extrañaba horrores, mi pecho dolía de saber que estábamos a muchos años de diferencia y que ellos, no sólo no habían nacido, si no que probablemente jamás nos lleguemos a encontrar de nuevo, oh kami, Sango, Miroku… Por favor díganme si lo que estoy haciendo está bien, necesito sus consejos, Sango-chan necesito tu consejo de hermana y mujer, Miroku-sama necesito tu consejo de sabio, e incluso de pervertido, en estos momentos me gustaría escuchar incluso tus comentarios subidos de tono… pero más que nada, los necesito aquí conmigo, como mis amigos… míos y de Inuyasha.
-Podía notar su mirada sobre mí, al principio no me molesto pues parecía que su mente estaba en otra parte y me veía solo por ver algo, pero sus intensos ojos cafés no dejaban de ver cada movimiento que hacía, ni siquiera cuando volteé a verla directamente interrumpió su concentración sobre mí, era un poco escalofriante, especialmente porque esa mirada se veía tan ¿triste? ¿Por qué?- quería preguntar, pero no sabía que decir, él nunca fue diestro con las palabras, nunca lo había sido y eso no iba a cambiar ahora, aun así... quería saber.
-oi… -
Ella reaccionó al llamado de él, regresando de esa bella fantasía de la que fueran sus amigos de viajes; en esos ojos ambarinos una pregunta que aun si ser mencionada parecía estar ahí, flotando en el aire. Kagome se sintió avergonzada de saberse descubierta en esas reflexiones que no tenían solución y que siempre parecían concluir de alguna manera en torno a Inuyasha. Se acurrucó contra la pared de la cabaña y esta vez miró hacia el exterior... deseo poder contarle, expresar lo que sentía, pero no sabía cómo
-se hace tarde y está haciendo más frio, anda, metete al futón, yo haré guardia en la puerta-
-¿Guardia? ¿Crees que sea necesario? ¿Crees que el youki que sentimos durante todo el viaje sea algo peligroso?- Kagome se levantó, cediéndole el lugar al hanyou que se acomodó justo donde ella estaba momentos antes
-¿ese youki?, keh! de eso no hay duda…- Inuyasha analizó el exterior, ya no quedaba nadie en las afueras, y esta noche no pareciera que fuera a nevar, de hecho, desde que derrotaron al youkai de nieve, la temperatura parecía volverse más cálida cada vez, al parecer ese monstruo estaba acelerando la entrada del invierno y ahora sin él, las cosas volvían a su temperatura natural
-... pero no vigilo por eso-
-¿a no?- Kagome ya se estaba acurrucando entre las sábanas cuando ese comentario tardío le llamaron la atención por su extrañeza
-no lo notaste pero, los del pueblo no estaban muy felices de verme de nuevo tan pronto-
¿Que no lo noto? claro que lo noto… que no entendía el motivo, era muy diferente
-mmm si lo note, creí que era porque pensaban que íbamos a volver a tomar hospedaje gratis, pero a pesar de que pague por la cabaña de todas formas se veían un poco hoscos ¿me pregunto porque?-
-keh! parece que no lo entendiste, creía que sí… pero ya veo que no-
-¿A qué te refieres? Inuyasha-
-es porque estás conmigo, una miko y un híbrido; que rara combinación ¿no lo crees?, y estoy seguro que por más humanos corrientes que sean, hasta ellos deben sentir pesado el ambiente del bosque, no les causa entusiasmo el tener a un semidemonio dando vueltas dentro del pueblo-
-eso no tiene sentido, no les has hecho nada, vienes conmigo y además ya hemos estado aquí antes y no causamos problemas-
Él la miró largamente… con los ojos afilados, como queriendo decirle que estaba diciendo incoherencias y Kagome se exaspero por esa mirada que parecían gritarle que la ignorante era ella
-no me mires así, ¡es la verdad!, no hemos hecho nada para perjudicar este pueblo, sólo somos viajeros-
-aah- espetó con hastío, como cuando le explicas a un crío la misma cosa por décima vez- Kagome, ¿qué parte de "híbrido" no entendiste? para ellos soy solo un demonio más, que tenga collar solo me hace un poco menos peligroso, pero NO por ello, más tolerable- El peliplateado tomó el rosario entre sus manos como queriendo darle gracia a su mordaz comentario y es que literalmente tenía collar y ahora esa metáfora se le hacía tan acertada que rayaba en lo gracioso
-eso es cruel Inuyasha y está mal-
-pero es la verdad… y creí que la entendías pero ahora veo que no, y no me explico dónde está el error en ti-
-¡lo que dices es horrible!, Inuyasha- Kagome no salía de su asombro, oh! sí que sabía del racismo hacia los hanyou, vaya que sí, tampoco era idiota; durante los tres años que estuvo viajando a lado de Inuyasha muchos habían recurrido a ese insulto, pero… ¿Qué era diferente esta vez?, tal vez… era la forma en que Inuyasha lo expresaba, como si eso fuera lo correcto… había pasado tanto tiempo desde que solo había escuchado eso de los youkai que querían matarlos, que ahora escucharlo de los propios labios de Inuyasha y haciendo referencia a sí mismo, era lo que lo volvían tan desesperante
-estoy segura que solo tú piensas así… mmm- dijo él mientras miraba el rosario en su cuello
-además, para que te haces la inocente, hasta tu sabes que es mejor tenerme controlado, si no, no me hubieras puesto esta cosa- dio un tirón del rosario que ya tenía enredado entre los dedos como si lo intentará arrojar lejos de él pero siendo consciente que eso no era posible, las cuentas negras solo sonaron con su choque y se acomodaron de nuevo como si fuera un simple collar decorativo
-no te lo hubiera puesto si no hubieses puesto como loco, ya te lo había explicado-
-keh! Ya vez que sí, ahí tienes toda tu respuesta-
-uish! me molesta cuando te pones imposible- ella se giró molesta y se escondió entre las sábanas, a él le pareció gracioso darse cuenta que esta era una escena que ya había visto antes
-a todo esto, ¿que se supone que hace esta maldita cosa? además de no soltarse de mi cuello-
-gracias Inuyasha, no pudiste escoger un mejor momento para preguntarlo, oswari-
El golpe resonó en la cabaña y no fue hasta que segundos después, cuando la fuerza del hechizo se disipo, que el peliplata levantó su rostro del piso, con un gesto de completa indignación
-oí teme! Tienes que estar bromeando-
-oyasumi! (buenas noches) - ella sonrió sintiéndose de nuevo de buen humor
El suspiro resignándose y al verla a ella meterse entre las sábanas sonrió sin poder evitarlo, de nuevo esa frase que se le paladeaba tan dulce - oyasumi- contestó de nuevo solo en su mente, pero le pareció que su corazón se calentaba con eso
Los minutos pasaron e Inuyasha pensó que ella ya se había dormido, pero su voz sonó de nuevo sacándolo de sus pensamientos
-... además, es diferente, yo nunca usaría el rosario para lastimarte… -
-baaaka, no podrías lastimarme aunque quisieras-
Él esperaba alguna respuesta mordaz, de hecho su afrenta estaba pensada para eso, era una provocación simple; le sorprendió muchísimo que al voltearse, en vez de ver una mirada molesta, vio de nuevo esa extraña mirada anhelante que él aun no sabía interpretar
-tienes razón Inuyasha… yo no podría lastimarte, pero dudo que sea por el motivo que tú estás pensando- yo…moriría antes de hacerte algún daño real-
-tú no puedes saber lo que yo estoy pensando- quiso contestar, pero esos ojos canelas tan intensos lo neutralizaron por completo, apenas y pudo apartar su mirada y ver de nuevo hacia el exterior; pero la sentía, ella seguía viéndolo con la misma intensidad… sólo por comprobarlo miró de reojo y si, ella seguía viéndolo, se sintió cohibido, sintió sus mejillas arder y sus orejas se plegaron en respuesta inconsciente ¿Qué era lo que ella quería decirle con esas frases tan extrañas que parecían casi tiradas al azar y que lo descolocaban tanto? ¿Y con esos ojos tan intensos que parecían querer decirle mil cosas? Definitivamente no estaba acostumbrando a tales cosas, simplemente toda ella era desconcertante
Pasado un tiempo comprobó de nuevo, ella finalmente se había dormido y él suspiro notando que tal vez esta noche podría dormir al menos un par de horas y sabía que lo necesitaría. Su instinto de supervivencia le decían que se aproximaba una pelea, una peligrosa, ese youki no era normal y le preocupaba que mientras más avanzaban hacia la aldea de Kagome este parecía aumentar cada vez más… ¿Qué demonios lo estaba generando?
Cuando la noche estaba ya muy cerrada y la fogata finalmente se había reducido a cenizas, Inuyasha cerró la abertura de la puerta corrediza por donde había estado vigilando el exterior todo este tiempo, asegurándose de pasar el seguro correctamente, no era como que eso le diera ninguna seguridad, pero si alguien trataba de entrar como mínimo haría ruido y él era de sueño muy ligero, lo había labrado luego de años de sobrevivir al filo de la muerte.
Se acercó a ella y la vio dormir, aun en la completa penumbra de la habitación, sus ojos de hanyou le permitían apreciarla levemente, como en tonalidades de gris, aun así, él sabía que veía muchísimo mejor que con los ojos humanos y era dolorosamente consciente de ello, pues una vez al mes tenía que cargar con ellos.
Antes de darse cuenta sus dedos ya habían tomado las puntas de un mechón de esos cabellos negros como la tinta, sabía que se había sonrojado cuando se percató de ese característico calor en sus mejillas –¿qué estás haciendo? idiota- se reprochó a sí mismo, pero sus dedos y su mano simplemente no retrocedieron, el calor de sus mejillas se extendió a todo su rostro y hasta a sus orejas cuando a pesar de la soberana vergüenza que experimentaba, la privacidad del cuarto le permitieron acercar las mechas de ébano hasta su nariz y absorber de cerca ese aroma a flores sakuras, su olfato era excepcionalmente bueno y no necesitaba para nada tanta cercanía para embriagarse de su aroma, pero ese gesto posesivo parecía estar más allá de su control, un sentimiento desconocido hasta el momento, era algo visceral, profundo e instintivo; supo que su parte youkai tena algo que ver, cuándo del fondo de su garganta se activó ese profundo ronroneo que no podía detener, aun a riesgo de ponerse en evidencia debido a los ruidos que emitía. Se recostó a un lado de la dormida miko y usando hasta el último gramo de cordura para no abrazarla y entonces si despertarla, solo se acomodó muy cerca de ella, sin contacto pero a nada de hacerlo y sin poder detener ese molesto ronroneo que parecía empezar directo en su pecho cerro los ojos y permitió que el sueño lo venciera, ahí, rodeado por un mar de sedosos cabellos negros; la plata y el ónix revueltos en una perfecta pintura.
Continuara…
Preguntas? ¿¿Por qué este Inuyasha actúa diferente con Kagome del Inuyasha de la serie? Creo que es necesario explicarlo. Bueno, el deseo de Kagome tiene muchas implicaciones, este Inuyasha no tiene a nadie en su corazón y la azabache a usado hacks (mucho muy importante esto) para acercarse a su hanyou (yo lo haría si pudiera) y pues eso… Inuyasha no solo nunca ha experimentado lo que la morena le hace sentir, nunca jamás con nadie, si no que no existe una mujer que absorba su mente ni su corazón, así que si… esta diferente y no, no es Ooc, o espero que no lo sea, simplemente aquí no existe Kikyo para él, así que su parte animal y su parte humana está en perfecta sincronía de lo que quieren. Pienso yo. Pero acepto opiniones. xD
Y en lo personal siento que me está quedando mejor que mi antigua versión, jajaja le estoy metiendo todo eso que no pude darle forma la vez pasada.
Dejen sus reviews porfas, me inspiran a seguir, son el alimento de mi musa…
Atte: Kagome Nekko
