He aquí un OS que proviene de una petición única, al menos para Digimon, que no he visto todavía en español (y no sé si en algún otro idioma habría algo así), y he de agradecer a quien me hizo la petición y a otra persona que me inspiró bastante con sus escritos para que le plagiara... digo adaptara ciertos puntos que he de plasmar aquí. He visto historias Taikari, pero incluso eso no es suficiente para llegar a este punto, por lo que antes de empezar diré estas palabras a modo de invocación: Fans de Naruto, escuchen mi llamado. Ustedes, que son más raros que un perro verde (me incluyo allí xD) y tienden a poner a prueba los límites de la imaginación al andar fumándose todas las parejas concebibles en el Universo y sus alrededores, los conmino a hacer acto de presencia ante mi OS para que influyan en la opinión general. Ahora, dejando esa tontería de lado, empezamos.

El resultado de una infección

Habían pasado alrededor de dos meses desde que un digimon maligno apareció de la nada y se puso a atacar la ciudad. Incluso Tai, tan decidido últimamente en parar a cualquier villano que traspase a la fuerza el límite del mundo digimon y el humano, no consiguió reaccionar a tiempo para impedir del todo que aquel digimon causase daño, y dicho daño fue a una de las personas a las que menos deseaba Tai que lo recibiese.

Yuuko había estado de lo más tranquila haciendo las compras, pero la intromisión de aquel digimon coincidió precisamente con el sitio por el que ella pasaba. Le lanzó un ataque que físicamente no parecía haberle causado daño, pero que la dejó inconsciente desde ese entonces. Taichi estuvo justo al lado de su madre, y en el acto reacciona haciendo evolucionar a Agumon para liquidar de un golpe al invasor, aunque para vencerlo hizo falta seguirlo, pues ese digimon era rápido y pretendía atacar varios edificios cercanos, aunque no logró gran cosa y Greymon consiguió reducirnos sin demasiados aspavientos. Pero el daño estaba hecho, y Tai sólo pudo procurar llamar a una ambulancia.

A Tai le causaba mucho dolor ver en tales condiciones a su madre, y lo peor era que los médicos se habían reservado todo ese tiempo para dar un veredicto sobre cuándo podría despertar. Era una manera un tanto sutil de decir que no tenían idea de si por lo menos despertará.

En casa la cosa no iba bien tampoco. Kari y el padre de ambos habían quedado bastante shockeados cuando habían recibido la noticia, y durante todo ese tiempo habían estado igual de preocupados que Tai, aunque con el digielegido del valor la cosa se había traducido en una angustia bastante importante que poco a poco iba haciendo mella en él.

─ Todavía no han dicho nada sobre si hay alguna posibilidad de que despierte ─ dice el chico después de regresar del hospital.

─ Esos bastardos... Seguro que ya la han dado por clínicamente muerta o algo así y sólo la mantienen para mantenernos en vilo y sacarnos dinero ─ el padre de Tai se lleva las manos a la cabeza ─. Por lo menos deberían hablarnos de forma sincera sobre las proyecciones que tienen sobre si Yuuko despertará o no, en vez de tenernos en esta situación.

─ Estoy de acuerdo, pero ahora mismo no podemos hacer nada ─ Kari posa una mano sobre el brazo de su padre ─. Sólo nos queda esperar. Han sido dos meses bastante sufridos, y parece que todavía no se acaban.

Tai no dice nada al respecto. Opinar sobre el tema podría echar abajo la poca capacidad que le quedaba para pensar en orden. Realmente había sido un periodo de sufrimiento demasiado largo e intenso para él, especialmente porque se culpaba a sí mismo de no haber sido lo bastante rápido para defender a su madre.


Al día siguiente

Tai va personalmente a ir a ver a su madre. El mensaje indirecto de parte de los médicos había sido lo suficiente claro a su parecer, pero se negaba con todas sus fuerzas a abandonar su esperanza de que su madre volviese a despertar. La culpa por no haber sido más rápido le ejercía una extraordinaria presión todavía a su ya desgastada psique, y al momento de verla comprueba por sí mismo la lectura de signos vitales que arrojaban las máquinas que le ayudaban aun a aferrarse a la vida.

─ ¿Madre? ─ Tai se acerca lenta y penosamente ─ H-hola... He venido a traer noticias sobre cómo nos va en casa... ─ como era de esperar, Yuuko no emite respuesta alguna, pero Tai hace de cuentas como que si ella le estuviera dedicando toda su atención, o como si seguir adelante le fuera a servir para que ella despertara ─ Bueno... empezaría a decirte que Agumon y los demás digimon regresaron hace poco al digimundo. Son cosas que de tanto en tanto deben atender, pero supongo que pronto volverán. Hubieras visto lo sentimental que se puso Sora al momento de despedirse de Biyomon...

Tai continúa su relato, ignorando que Yuuko de pronto había movido un poco los dedos. Los médicos fácilmente habrían dicho de buenas a primeras que se trataba de un acto reflejo bastante natural en personas en coma o que estén fallecidas recientemente. El propio Tai había visto varios meses atrás que personas en ese estado podían llegar a moverse e incluso a abrir los ojos, pero que eso se debía a un impulso inerte del cuerpo a entrar en estado de relajación, haciendo que por ejemplo las manos no permanezcan enlazadas sobre el pecho o el abdomen sin estar atadas, o que la cabeza no permanezca apuntando directamente hacia arriba en una superficie llana y sin puntos de apoyo. Pero esta vez era distinto. Los dedos de Yuuko no se movían por entrar en estado de relajación, sino que se abrían y cerraban lentamente sobre la palma, fuera de la vista del chico, el cual sigue como si nada sus relatos.

Hubo un punto en que Yuuko empieza a abrir los ojos y los dirige a su hijo, y eso el propio Tai no lo pasa por alto. Se sorprende al ver que su madre despierta del coma, y cualquier atisbo de duda se dispersa cuando Yuuko alza lentamente su mano para dirigirla al rostro de su hijo.

─ Hola, Tai... ─ dice con voz débil, haciendo que su hijo empezase a llorar.

─ M-mamá... yo... ¡Perdóname! No fui capaz de impedir que ese digimon, o lo que fuese, te hiciera daño ─ el joven intenta torpemente limpiarse las lágrimas, pero sin el éxito esperado ─. Aquello me había tomado enteramente por sorpresa, y no pude hacer nada para que...

─ No hay razón para disculparse. No pasa nada ─ Yuuko sorprendentemente consigue sentarse, aunque Tai no lo veía tan extraño en ese momento ─. De todos modos, creo que este tiempo me ha sido de gran utilidad para pensar en algunas cosas.

─ ¿De qué cosas hablas, mamá?

─ En vez de decirte, ¡mejor te daré una muestra!

De pronto Tai ve que unas enredaderas salen del suelo y lo atrapan tanto por las manos como por los pies. No entendía lo que estaba pasando, y la cosa se pone todavía más rara cuando Yuuko se pone finalmente de pie y se quita de un tirón todas las cosas que tenía encima para leerle los signos vitales. Aquello era bastante raro para entenderlo.

─ Tai Kamiya... ─ Yuuko sonríe ampliamente, asustando al nombrado ─ Ese digimon que me atacó había inoculado dentro de mí una pequeña dosis de un virus único que me mantuvo en coma mientras me permitía poner en orden mis ideas para así servir a mi nuevo propósito.

─ ¿Q-qué?

─ ¿Realmente creíste que él se apresuró a atacarme de manera fortuita? Ahora verás. Sentirás la venganza de ese digimon y de todos aquellos digimon oscuros a los que has vencido.

─ ¿De qué estás hablando, mamá? ─ Tai intenta con todas sus fuerzas quitarse las enredaderas, pero en cambio quedaba todavía más atrapado al salir más de esas cosas, al punto que queda de rodillas al quedar sus manos unidas al suelo ─ No, tú no eres ella ¿Qué fue lo que realmente le hiciste?

─ Niño tonto. Soy yo, ¿acaso no lo ves? La única diferencia es que ahora, gracias a ese digimon, veo las cosas de una manera diferente ─ Yuuko se acerca un par de pasos a su hijo, y su sonrisa se ensancha todavía más ─. Es una buena noticia saber que no vendrá tu fastidioso digimon ni ninguno de los otros. Y ahora, en nombre de aquellos digimon oscuros a los que derrotaste y exiliaste, sufrirás un castigo... o debería decirlo así, te daré la gran oportunidad para que compenses tus acciones haciendo un inestimable servicio a los digimon malignos.

─ ¡Nunca! ─ Tai se queja de dolor al sentir cómo las enredaderas lo aprietan más ─ Jamás me reduciría a hacer algo tan abominable como ayudar a los malos.

─ No te estoy dando a elegir. Tú harás lo que te digo, lo quieras o no ─ Yuuko entonces se quita la bata del hospital, delatando su cuerpo a su hijo ─. Tú ahora vas a fertilizarme a mí, a tu propia madre, para que de ese modo pueda engendrar a humanos que sean capaces de unir sus fuerzas con los digimon, igual a como ustedes lo han hecho todos estos años, pero con el detalle de que nuestra prole estará en favor de los propósitos oscuros de aquellos digimon que gobiernan las sombras, entre ellos, claro está, los siete señores demonios. Tú los has adversado, y ahora te convertiré en el padre de los niños elegidos que los llevarán al triunfo. Incluso nuestra familia no estará a salvo de su ira ¿No es acaso divertido?

─ No, mamá... No dejes que te controlen. Comprende que ellos sólo pretenden destruirte...

Yuuko, con un chasquido de sus dedos, ordena a las enredaderas que desgarrasen las ropas de Tai y lo hiciesen levantarse, y ella misma se toma a la tarea de bloquear la puerta. Nadie iba a entrar a molestar, nadie podría interrumpirlos. Yuuko mira luego a las computadoras de la habitación, concluyendo que no serían buenas para ir al digimundo, pero en cambio nota el teléfono que cargaba su hijo. Eso sí que le sería útil, pero antes quería sacar provecho de la situación.

─ Más te vale que igual de bueno como eres luchando junto con tu Agumon seas de bueno embarazándome, o lamentándolo mucho tendré que deshacerme de ti. Pero si en cambio resultas ser lo bastante fértil, entonces en el digimundo podrías embarazar a algunas digimon oscuras que están todas deseosas de acabar con todos ustedes. Quién diría que este terminaría siendo tu destino, querido hijo.

Pero Tai se negaba con todas sus fuerzas a aceptarlo. Ya él estaba igual de desnudo que su madre, y entonces ella se agacha para empezar a hacerle una felación, lenta y tortuosa para que así él lo sintiera a detalle. Era el modo en que ella, a nombre de los digimon malignos, humillaba a su propio hijo. Tai por su parte se retorcía sin parar, queriendo que aquello fuera una pesadilla, o que su madre recapacitara antes de que fuera demasiado tarde.

El castaño no quería admitirlo, pero Yuuko era bastante buena en lo que estaba haciendo. Su cuerpo lo traicionaba al reaccionar ante esos estímulos que le daba Yuuko con su boca. Sus lamidas resultaban demasiado efectivas. Tai no pudo evitar preguntarse si es que se trataba de otro efecto secundario que había dejado el digimon maligno a su madre al atacarla, pero no podía pensar con claridad en ello, pues sentía que perdía la cabeza a medida que avanzaba Yuuko con su felación. Hacía todo lo posible para acallar sus gemidos, no queriendo darle el gusto de verlo sumiso y cayendo en esa tentativa lasciva, pero pronto sus defensas se vienen abajo. Es que Yuuko lo superaba por un margen demasiado amplio, y finalmente se termina viniendo en su boca. Yuuko mantiene el miembro de su hijo todo el tiempo posible dentro de su boca, tratando de exprimirle todo el contenido de su primera corrida, y sólo cuando está segura de haberlo logrado es que lo saca lentamente, pero igual pasándole la lengua para que así Tai se mantuviese duro, le gustase o no.

─ Has soltado una cantidad grandiosa, Tai ─ Yuuko se lame sensualmente los labios, procurando que su hijo la viese a detalle ─. Si así es como normalmente te corres, puedo estar segura de que pronto harás que tenga dentro de mí a tus primeros hijos. Lo que es más, debemos empezar.

Las enredaderas pasan a forzar a Tai a que se acostara. Yuuko ahora lo tenía todo a su propia comodidad para que así diera inicio a su apareamiento para así engendrar a los niños elegidos de la oscuridad. Se sienta a horcajadas sobre la pelvis de su hijo y con su mano mantiene el pene en vertical para que así no tuviese ningún problema en introducirlo. Tai creyó por un momento que podría intentar aguantar, pero sin saber porqué suelta fuertes gemidos, y Yuuko se ríe.

─ ¿Sorprendido, querido hijo? Me imagino que ya te habías estado haciendo una idea de lo que estaba pasando: También esto forma parte de la configuración que realizó el digimon en mí, por lo que mis fluidos vaginales y mi saliva funcionan en ti como un poderoso afrodisíaco que ya tiene con entrar en contacto con tu piel ─ Yuuko sostiene el mentón de Tai para forzarlo a mirarla ─. Para cuando acabemos con esto no desearás otra cosa aparte de follarme con desesperación, como si fueras a dejar de respirar si no tienes tu indefensa polla dentro de alguno de mis agujeros. Pasarás el resto de tu inferior existencia deseando el cuerpo de tu propia madre, aunque no te culpo de ello. Por algo tu padre siempre me deseo en todo este tiempo.

Esa clase de detalles era lo último que Tai hubiese querido oír, y más de parte de su madre. El vaivén de las caderas de Yuuko da inicio, dando lugar a una corriente eléctrica o algo por el estilo que recorre inmisericorde el cuerpo del chico. Era sencillamente algo insoportable, y más cuando tenía las extremidades fuertemente atadas para dejarlo en estado de total sumisión. Rápidamente siente que su mente se nublaba, y los gemidos de Yuuko, deliberadamente soltados cerca de su oído, en nada ayudaban. No quería ceder ante la maldad que constantemente amenazaba el digimundo y el mundo humano, pero cada vez se le hacía más difícil mantener alguna idea coherente.

Claro está que Yuuko era consciente de la lucha que tenía Tai por dentro, así que todo lo que tenía que hacer era usar todos los recursos a su alcance para así vulnerarlo a su favor. Y ella tenía todo lo que necesitaba para que Tai la desease y quisiese tirársela por el resto de su vida. Lo primero que hace es hundirle en rostro entre sus pechos, restregándole sus carnes con todo el descaro que era capaz de mostrarle. Su manera de sugestionar a Tai estaba logrando un progreso rápido, mucho más de lo que a Tai le hubiese gustado. Yuuko se movía con intensidad y procurando en todo momento que el pene de Tai estuviera totalmente dentro de ella al terminar de bajar sus caderas.

─ ¿Te gusta? Con el programa de especialización que estoy instalando en ti por medio de tu pene, puedo hacer que seas capaz de follar por horas enteras sin necesidad de descanso alguno, aunque eso no se traducirá en que seas capaz de escapar. De todos modos no podrías escapar, no cuando tengas que embarazarme una y otra vez, y también a todas las digimon que se formarán para engendrar a tus hijos. Serás la máquina ideal para embarazarnos, y el placer que tendrás a cambio no serás capaz de equipararlo con nada que hayas sentido antes.

─ A-ahhh... Mamá...

Yuuko besa a su hijo para hacerlo callar. No quería oír de él otra cosa que no fueran constantes y desesperados gemidos provocados por el placer que le proporcionaba su cuerpo. Sus movimivientos se vuelven más intensos, sonando como si estuviera haciendo que su sexo chapoteara con cada choque con los muslos de Tai. El chico por su parte no alcanzaba a entender porqué no se estaba corriendo todavía. Nunca antes había pasado por una dosis de placer semejante, pero no parecía estar cerca siquiera de eyacular, aunque eso debería significar un alivio, pues así sería menos probable que embarace a su madre.

─ Una cosa más, Tai ─ el que Yuuko volviese a hablar no significaba para nada una buena noticia ─. No te correrás dentro de mí hasta que lo hagas con una dosis de leche que por lo menos iguale lo que hiciste cuando te la estaba chupando. Es un plan ingenioso, ¿no crees? De esa manera podremos estar seguros de que tendré suficiente de tu semilla para que pueda albergar a tu vástago. Y no te preocupes, que cuando te vayas a correr no dejaré que escape ni una sola gota, jeje.

En efecto, todo cuanto escuchaba de su madre sólo eran malas noticias. Estaba claro que no tenía escapatoria alguna. Ella iba a exprimirlo del todo para así llenar su vientre con su semen, y nada ni nadie la detendría. El propio Tai ya no estaba en la capacidad de impedir lo que estaba por venir, y la propia Yuuko hábilmente lee esas señales, por lo que hace que las enredaderas soltaran a su hijo, sólo para comprobar el modo en que reaccionaría a continuación.

Lo primero que hace Tai es llevar sus manos a las generosas nalgas de Yuuko y apretarlas con unas ansias que él mismo no identificaba como propias. Y por si lo anterior era poco, aprovecha ese agarre para darle más fuerza al vaivén de las caderas de su madre, procurando que su pene llegara tan hondo como fuese posible. Yuuko ahora se limita a gemir de placer y dejándose llevar por aquella liberación de la faceta de su hijo que ella misma acababa de forjar. La puerta de la habitación suena, posiblemente siendo las enfermeras preocupadas por haber Tai excedido hace rato el tiempo de espera, pero eso al chico ya no le importaba en lo más mínimo. En su cabeza ahora sólo había cabida para el sexo y para disfrutar con sus manos de todas las sensaciones que le podía brindar el cuerpo de Yuuko. El infierno acababa de adoptar la forma del paraíso para así atrapar completamente el cuerpo y el alma del niño elegido del valor.

Lo siguiente era que Yuuko estaba en cuatro patas mientras que Tai esta vez la penetra desde atrás, siendo ahora absorbido también por la vista de su propia verga entrando y saliendo a máxima velocidad de la vagina de su madre. Sentía el chico que su verga estaba siendo apretada.

─ S-síiii... ─ Yuuko se aferraba con las uñas a la bata que ella se había quitado rato hace ─ Voy a correrme. Voy a venirme más fuerte que nunca por ser follada por mi propio hijo. Voy a venirme varias veces antes de que tú lo hagas, por lo que estaré totalmente satisfecha cuando acabes, así que sigue, hijo.

Tai no se sentía en absoluto cansado. Aquella mañana no es que le haya dado tiempo para desayunar todo lo que había para él, y en el colegio había tenido un día bastante agobiante, pero allí se sentía todavía con bastantes fuerzas para seguir teniendo sexo con todas sus fuerzas con su madre. Alguien estaba dando porrazos a la puerta. Se escuchan gritos, pero ni Tai ni Yuuko prestaban atención a aquello. Sólo cuando parecía que terminarían tumbando la puerta fue que Yuuko tomo el Digivice de Tai y abrió el portal al digimundo, desapareciendo tanto ellos como las enredaderas. Sólo quedaban allí sus ropas, y nadie tendría explicación alguna de qué fue lo que les ocurrió.


Digimundo

Era un lugar oscuro y lúgubre, pero a Yuuko más bien le entretenía estar allí, y Tai por su parte no lo tomaba en cuenta, todo por querer tirándose a su progenitora hasta que pudiera finalmente venirse, aunque para eso todavía faltaba bastante, y la propia Yuuko estaba feliz de ver el estado de frenesí en que estaba su hijo por querer alcanzar ese orgasmo.

Durante casi dos horas Tai no fue capaz de detenerse ni un solo momento. En diferentes posiciones Yuuko puso a prueba la capacidad de Tai para aguantar su reproducción con ella, y bastante contenta quedaba con los resultados obtenidos. Tai no era capaz de evitar manosearla por todos lados, acrecentando el placer que Yuuko recibía a raudales de por sí con lo anteriormente recibido.

Todas las cosas que habían estado haciendo era mucho más de lo que Tai había sido capaz de soñar para toda su existencia, y tenía bastante presente que Yuuko todavía no había dado uso a todos sus recursos, aunque también saltaba a la vista que las iba a usar. Yuuko se besa con Tai sin ningún recato. Había sido una repentina invasión a la boca de Tai, pero él da la bienvenida sin ningún problema a esa invasión.

─ Tus movimientos se están volviendo más desesperados ¿Acaso vas a venirte dentro? ─ dice ella burlesca antes de besarle otra vez y de forma breve ─ Vamos, quiero que te vengas dentro. Embarázame con tu semen. Llena mi vientre y asegúrate de que albergue allí a tu primer hijo.

─ Mamá... No... no puedo aguantar más... Voy a venirme...

Unas cuantas estocadas más, y Tai lanza toda la fuerza de su carga dentro de Yuuko. No recordaba haber llegado a venirse con tal intensidad en toda su vida. El orgasmo fue tan fuerte que Tai pensó que su cuerpo sería drenado a través de su pene, mientras que Yuuko rodeaba las caderas de Tai para así tener asegurado que de la corrida de su hijo no saliese una sola gota. El chico estaba completamente agotado, pero las pruebas realizadas por el virus que había invadido a Yuuko habían obtenido los resultados esperados. Digimon oscuros aparecen entre las sombras, algunos sorprendidos por la presencia de dos humanos desnudos en aquellos territorios.

─ Este chiquillo ya está listo ─ anuncia Yuuko con una amplia y maligna sonrisa ─. Tai Kamiya, el niño elegido del valor y que ha estado presente en la caída de varios digimon malignos en el pasado, ahora está al servicio de la oscuridad. Estemos todos felices de ello ─ remata mostrando un aura oscura que confirmaba el lado en el cual ahora ella estaba.

Los digimon oscuros ahora se muestran más confiados, y Yuuko carga sin mayor problema a Tai para llevarlo a descansar. Iba a necesitar ese rato para que descanse, pues pronto tendría que hacer frente al nuevo destino que le había sido impuesto. El digimundo y el mundo humano podrían esperar un poco antes de convertirse otra vez en el objetivo, pero esta vez de un ejército que será más poderoso que nunca, y los demás niños elegidos no representarían ningún impedimento a los planes de la oscuridad. Y aún en el caso de que las cosas no saliesen bien, pues tendrían el placer de llevarse tanto a Tai como a su madre al otro mundo. La cosa era así de simple, y ya no había vuelta atrás.

Fin


¿Final abierto, dónde? XD. Bueno, espero que esto haya estado a la altura para quienes hayan tenido las ganas y el valor de leer, pese a las más que evidentes señales que he dejado para que así se puedan detener a tiempo aquellas personas sensibles a estos contenidos no vengan a pasar un mal rato. Próximamente vengo con alguna otra historia, siempre y cuando me ponga las pilas y la complete antes de final de mes, pues de otro modo nos tendríamos que ver para enero. Bueno, por ahora me despido.

Hasta otra