Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Amarillo al índigo
"Solo duele cuando me río"
Royal Woods, Michigan
21 de noviembre de 2018
3:25 pm
Centro comercial de Royal Woods
Es un hecho. Si quiere dinero para ese viaje que planea al otro lado de la frontera en el verano, tiene que vestir esa, piensa, incómoda y asquerosa botarga. Está muy familiarizada con que sea una vaca, pero el último chico que la utilizó no era precisamente conocido por ser una definición andante de "higiene". Para colmo, con esa infección que contrajo por hongos es innegable que necesitará darse un baño a conciencia cada noche antes de cenar.
No puede llevarse a Lincoln. Dado el incidente de hace un año al alegar hartazgo del jarabe de maple, aún no ha concluido su suspensión de tres años como persona non-grata. Una lástima, porque el viaje le habría servido para arreglar sus problemas con Mollie, Jordan y aquella otra que no recuerda el nombre. No tiene la culpa de que su hermano se haya metido en líos de faldas con tres chicas al mismo tiempo, sobre todo siendo que él no salía con ninguna de ellas.
En todo caso, no será lo mismo. No quiere aguantar que Luna le recuerde que ella y Benny hacían buena pareja. A menudo le ha estado reprochando que los intentos del chico por volver eran una clara señal de que debían estar juntos, aunque el hecho de que sorprendiera a este con Sam no le afectó en nada a la rockera. Más bien todo lo contrario, pero realmente no quiere que le toquen ese tema. Su hermana mayor le dejó en claro que si esos dos se estaban viendo era porque, según ambas y es algo que no se cree, él se acercó a ella porque quería un consejo de alguien que no estuviera tan cercano a ellas como familia.
-Tienes que usar la botarga esta semana, Loud -dejó en claro su jefe, un hombre bastante delgado de tez morena y clara ascendencia árabe, sujetando la cabeza del personaje bovino-. No es algo que le guste a nadie pero, aquí entre nos, ese chico, Spokes, la dejó pestilente. Hicieron lo posible para que estuviera limpia, pero si te llega un olor raro usa un ambientador.
-Si, señor Salah -asintió Luan.
-Te diría que pusieras una gran sonrisa, pero nadie la verá -dijo riendo el árabe.
-Esa es buena -secundó Luan, más genuina que zalamera, cosa que algunos compañeros no vieron con buenos ojos.
-¿Y ustedes qué rayos ven? -cuestionó el señor Salah-. ¡Vamos, todos al trabajo! Ese yogurt helado no se venderá solo.
No es que no le guste trabajar en una heladería que se especializa en el yogurt. Le encanta tener que realizar malabares al más puro estilo de aquellos despachadores turcos que ha visto en internet, pero la botarga deja mucho qué desear.
Ha escuchado muchas historias al respecto de la botarga de la vaca Hannia, mascota del negocio. El chico que estaba de encargado cuando una amiga de Leni trabajó allí tuvo dentro de ella su primera vez; Rusty acabó por vomitar a causa del hedor de su propia loción de madera de roble y almizcle, misma que Lincoln recibiera de cumpleaños de parte de su padre junto con una corbata; la perra de Sam, que tuvo allí a sus gatitos porque solía traer a su gata en pleno embarazo… algunas cosas divertidas, otras asquerosas, pero al menos ahora la limpiaron a fondo.
Todo lo que tendrá que hacer toda la semana, si quiere ese bono por usar la botarga, es bailar un poco, hacer alguna cabriola incluso. Nada más sencillo que eso. O eso pensó en cuanto vio a dos de los quintillizos Fox y a Maggie.
Viendo que cada quien va por su lado, no quería que la descubrieran, razón por la cual empezó a bailar un poco. La pista que eligió no pudo ser más desafortunada.
-¡Miren! -llamó un niño latino de voz muy aguda a la distancia- ¡Esa vaca está bailando La Macarena!
Realmente no tiene idea de en qué acaba de meterse, pues en minutos empezó a improvisar los pasos de esa canción de los años noventa. No entiende la letra ni un ápice, así que muchos de sus espectadores la observan un tanto divertidos.
Maggie, para su suerte, está pasando desapercibida. Para Luan eso es una buena noticia, siempre que a nadie se le ocurra querer empujarla.
Sin previo aviso, ambos mocosos Fox emprendieron la carrera contra ella. Con la multitud entretenida por sus pasos al tiempo que empezó a disfrutar de esa rutina a pesar de no tener mucha experiencia, ni siquiera pudo verlos.
El golpe la envío contra una de las mesas del local, arruinando la tarde a una pareja. Una fuerte punzada de dolor en el pecho le hizo temer lo peor, y el alarido que dio no ayuda en nada a mejorar la situación, ya de por sí patética al desprenderse la cabeza de la botarga.
Tan pronto como los Fox cargaron, emprendieron la retirada. Eso fue lo último que vio antes de que se pusiera todo en negro.
Contra lo esperado, la mitad de su familia fue a verla al hospital. Apenas y está conciente, pero el pecho le duele como pocas veces en su vida desde que Lynn le dio una mordida en el abdomen al pelearse por una galleta. Lo peor es que venía por dentro, y eso no le gusta nada.
La enfermera que le atendió no era precisamente una mujer diligente, pero al permitirle pasar a sus hermanos menores la juzgó un tanto juiciosa. Si bien está a nada de recibir el alta, el pediatra consideró que lo más prudente era que pasara la noche en el ala infantil.
El saldo: dos costillas flotantes rotas que deberán soldar, una botarga dañada y estuvo a nada de tener un pulmón perforado. Si bien le va, podría retomar Negocios Graciosos en cosa de dos a tres meses con rehabilitación incluida a lo sumo, pero deberá dejar las cabriolas y los actos de malabarismo por un muy largo tiempo.
Última de todas las visitas, y para eso tenía unos cinco minutos antes del cierre, Maggie. La emo se enteró poco después del accidente -así prefiere verlo-, por lo que no tardó más allá de lo razonable por la relativa cantidad de visitas que tuvo.
-¿Qué fue lo que pasó? -cuestionó Maggie, tratando de mostrarse impasible.
-¿Eh? -jadeó Luan, agotada por el dolor y el esfuerzo de mantenerse en sus cinco sentidos.
-¿Qué… fue… lo que pasó? -volvió a cuestionar la emo, mostrándose un poco alterada.
-Solo sentí el golpe -dijo Luan, agotada-. Después de eso solo caí al suelo y…
-Será mejor que deje eso para más tarde, niña -indicó la enfermera-. Esa chica está cansada y lo último que quiere es tener que aguantar a su novia mientras le reclama que estuvo en un incidente de botargas.
"¡Rayos!", maldijo Luan para sí.
-¿Cómo que un incidente de botargas? -cuestionó molesta Maggie de forma abrupta.
-¡Estaba trabajando! ¿Qué más querías que hiciera?
-Cualquier cosa menos usar botarga -respondió Maggie-. No me gusta que te expongas así, ¿y todo para qué? Sabes que mamá no aprobaría que salgo contigo por tu trabajo de fin de semana, menos aún porque no te ve futuro.
Eso le dolió a Luan. A pesar del cansancio, que le echen en cara sus supuestas nulas posibilidades de tener un futuro en algo que disfruta no es algo que le guste pensar. Shannon se lo dejó en claro cuando le contó que Benny intentó salir con ella a pocos días de haber roto. "Nunca trates de sacarte al idiota si su familia no te ve futuro", le dijo en aquella oportunidad, y con razón. El chico terminó con una buena bofetada al ser rechazado en el día de campo de la sinagoga a la que ella acude.
-Terminó el horario de visitas -indicó la enfermera.
-¿Quieres dejar algo más claro? -preguntó Luan, decaída.
-Este…
-¡Todas las visitas, afuera! -insiste la enfermera.
-Te veo mañana -se despidió Maggie sin remordimiento por lo dicho.
Durante la noche, luego de intentar dormir sin girar el cuerpo sin éxito se puso a pensar para distraer su mente. Es evidente que la madre de Maggie no le ve mucho potencial ni como amistad, porque ¿qué ventajas podría reportar la hija de un pequeño emprendedor que está ganando buena reputación tras años de quejas por el ruido en el vecindario, comediante por añadidura? ¿Buena comida que terminará por ser costumbre? ¿Algún chiste que intente sacarle una sonrisa? Y eso, sin mencionar que ambas llevan saliendo en la clandestinidad hace meses.
Si se puso nerviosa de ver a Maggie en el centro, no fue precisamente porque tuviera miedo de que la descubrieran. Habló con su padre de ello, por lo que tiene la completa seguridad de que tiene de dónde apoyarse en caso de que ambas madres rechacen lo suyo. Empero, el que una parte esté de acuerdo lo siente tan magro como un sándwich de jamón sin nada más que el queso y el embutido.
La mañana no trajo buenas noticias para ella. Podía irse, pero tiene que estar en absoluto reposo. Lo que significa que debe estar tranquila, sin sobresaltos y en cama usando un urinal. La sola idea de eso último la intranquiliza, pues los únicos urinales en la casa los tiene Lisa, y eso se traduce en que tendrá de ella muestras frescas para sus estudios fecales. ¿Su empleo? Luna le dijo que lo acaba de perder. Pagaron el gasto médico al ser un accidente laboral, pero con ello vino su despido. Ya puede despedirse del viaje a Canadá.
Con el teléfono a media conversación en la tarde con Spencer para pedirle las tareas de Historia y Física, esta se interrumpe por una llamada.
-¿Diga?
-Malas noticias -dijo Maggie con su acostumbrada pesadez-. Mamá me consiguió trabajo.
-No debe ser tan malo -tantea Luan.
-Lo es -replicó la emo-. El señor Salah es amigo suyo y me consiguió trabajo con él.
-Es un buen tipo.
-No cuando te hizo usar una botarga estúpida.
-¿En serio te hicieron salir como Hannia la vaca?
-Más de un idiota quiso empujarme…
-Esto es malo
-… y una de tus hermanas quiso sacar leche de las ubres de la botarga.
Como prueba, terminó la llamada y en un minuto le envió un video de treinta segundos tomado de la cámara de seguridad. Era evidente que Lincoln, al fondo, estaba noqueado, mientras que Lana luchaba por sacar algo de aquella botarga.
"Eso es… enfermo".
Retomando la llamada, Luan dejó notar su preocupación.
-Por eso detesto usar botargas -sentenció Maggie-. ¿Quieres que vaya a tu casa en cuanto salga?
-Si, claro -accedió Luan-, ¿por qué no? Quiero todos los detalles.
Riendo un poco, la convaleciente sintió una punzada de dolor. Justo para responderle "solo me duele cuando me río" cuando le pregunten por el dolor
~o~
Ahí va una de las tantas fantasías de muchos. ¿Quién no ha querido tirar una botarga?
Por el otro lado, hay botargas divertidas. En México tenemos a la liebre Blu del Cruz Azul, a Goyo de los Pumas de la UNAM o. mi favorito personal, las vacas de Alpura (marca de lácteos local). Es que es imposible no reír cuando se las ve bailar... a diferencia del infame doctor Simi.
Respondiendo reviews...
J0nas Nagera, tienes razón. La flema las unió. Total, Maggie es de meter más de una cosa en más de un sentido. Ojalá disfrutaras del baile de las botargas.
P. D: creo que ya lo dejé establecido, pero mi top 3 queda en SantLoud, Jordancoln y Luaggie.
Siguiente día... la fobia de muchas parejas en etapas de noviazgo.
Ahora...
... sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
