¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandais, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo.

Sin mas os dejo leer.


Me bañé con toda la tranquilidad del mundo. Me saqué el kimono que Tofú y mi hermana me había dado y lo doble con cariño pues era lo único que me quedaba de ellos, de mi antigua vida. Me lavé bien con el trapo que me había dado la anciana Yuna y comencé a frotar bien mi cuerpo deseando quitar la suciedad y el sudor que tenía por haber pasado tanto tiempo dentro de una carreta. Quise quitarme también el recuerdo de las asquerosas manos de Kuno, de las del hombre panda y las de Taro.

Froté con tal fuerza que mi piel algo tostada debido al trabajo al sol en los cultivos se quedó roja. Pensé que poco a poco ese moreno lo iría perdiendo pues ahora mi vida estaba atada a esa casa. La casa de los Saotome.

Me tiré un barreño de agua encima para quitarme los restos de jabón que quedaban en mí y una vez limpia me metí en el ofuro. El agua estaba ardiendo, por lo que di un quejido de dolor, pero poco a poco mi piel se fue acostumbrando, no sin antes ponerse aún más roja. Me senté cómoda abrazándome las rodillas y suspiré. Me coloqué un paño frio en la cabeza para no marearme por el sofocante calor que hacía ahí dentro y volví a suspirar.

Miles de preguntas rondaban mi mente ¿Quién eran "el resto de la casa"? ¿Serian jóvenes ricas y caprichosas? ¿Niños? ¿Hombres pervertidos? ¿Qué sería de mí? ¿Sería tratada bien o como una esclava? ¿Me pegarían si hacía algo mal? ¿Qué sería de Sasuke? ¿Tendría que hacerme cargo de el como un hijo? ¿Por qué la señora de la casa parecía odiar a su marido? ¿Por qué me había aceptado tan rápido? ¿Por qué nos otorgó la sala de las seis esteras?

Eran demasiadas preguntas y todas sin una respuesta clara. Pero yo era Akane Tendo y resolvería todas y cada una de esas dudas. Algunas tenían una respuesta fácil pues iría viendo progresivamente quienes eran mis superiores e inevitablemente en cuanto empezara a trabajar vería el trato que recibiría. Pero algunas otras como las correspondientes a la señora de la casa eran más difíciles de contestar, me llevaría tiempo pero lo resolvería, a cabezona no me ganaba nadie, como mi padre decía siempre.

Padre… Kasumi… ¿Qué estarán haciendo ahora? ¿Me echara de menos mi hermana mayor? ¿Estará mi padre tirado en el futon durmiendo la borrachera? ¿Será Nabiki feliz ahora que me he ido para siempre? Más preguntas con más respuestas complicadas…

Decidí al paso de un rato que lo mejor era dejar de preguntarme esas cosas y salir del baño. No es que quisiera, es que los golpes en la puerta me obligaron a salir.

- ¡Niña! Sal y vístete mi ama y señora la espera – la vieja pasa tenía la voz aguda y rota como si en su garganta viviera un grupo de grillos lo cual me ponía nerviosa.

- Un momento, salgo ahora – dije mientras me levantaba del ofuro y salía dispuesta a secarme y ponerme el uniforme.

- Tienes dos minutos – le hice una burla poniendo un gesto feo en la cara mientras me vestía con desgana. Tomé entre mis manos aquel kimono azul y blanco y suspiré. A medida que me colocaba las piezas sentía que me ponía cadenas en las manos, pies y el cuello. Cuando terminé de atar mi cuerda a modo de obi fue como firmar la sentencia. Ya era propiedad de alguien.

Otro golpe seco me hizo saltar en el sitio y abrí la puerta. La vieja pasa me miraba con la cara aún más arrugada, producto del enfado que tenía por haber tenido que esperar por mí. Me lanzó una mirada de desprecio que yo le devolví y con su vieja y nudosa mano me tomó de la muñeca y me hizo caminar – Venga, están todos reunidos ya en la sala, os están esperando.

- Chotto matte kudasai – intentaba decirle tirando de mi brazo, pero esa mano me tenía aferrada como un halcón a un pobre ratón de campo – ¿Dónde está Sasuke-kun?

- Ahí esta – dijo señalando al bulto arrodillado detrás de una puerta, en medio del pasillo. Sasuke aseado y bien vestido parecía otro, aunque el pobre seguía siendo feúcho al menos ya no parecía un perro abandonado.

Me miró y sonrió saludándome con la mano. La vieja me soltó al lado de mi amigo y dijo un seco – siéntate – yo bufé y me arrodille junto a Sasuke que en ese momento jugaba con sus manos en su regazo. Tras la puerta de papel por la que momentos antes había desaparecido la vieja pasa se escuchaban voces y risas ¿pero cuanta gente había ahí dentro?

Miré a Sasuke que se veía nervioso y puse una mano en su hombro – Sasuke-kun, ahora solo somos nosotros dos ¿vale? – el me miró y asintió – escúchame, no permitiré que nada te pase, pero debes ayudarme también.

Vi que sus ojillos de huevo me miraban con un brillo que me dio mucha tristeza. Sasuke me miraba con esperanza, como si fuera una deidad que iba a salvarle – Mira, necesito que hables ¿vale? Al menos conmigo. Yo te ayudaré a avanzar pero tienes que hacerme caso, ahora somos uno y si hacemos algo mal, pagamos los dos – el asintió y sonrió. Yo también sonreí.

La puerta se abrió y la vieja Yuna apareció – Entrad, arrodillaos enfrente de mi ama y señora y dejad que hable. Solo podréis decir algo cuando se os lo pida. No miréis a nadie a los ojos directamente y mantened la vista en el suelo hasta que os presenten uno a uno a vuestros superiores ¿entendido?

Yo asentí y Sasuke también. Me preocupé un poco, no por él, sino por mí misma. Sasuke no iba a tener problema en no hablar en momentos inoportunos, pero yo… debía morderme la lengua. Nos levantamos y entramos a una sala donde había ocho personas. Entre cabizbaja pero pude ver de reojo ocho pares de rodillas. Me arrodille frente a la mujer a la que le pertenecía ahora mi vida y Sasuke me imitó. Hice una profunda reverencia hasta tocar mi frente en el suelo y me quedé así. Escuché unas risitas de fondo y sentí instintos asesinos ¿Quién osaba reírse de nosotros? ¿Es que creían que nos gustaba esta situación?

- Levantaos – lo hice pero Sasuke siguió en la misma posición, temblando como una hoja. Le miré de reojo y le pinché con el dedo índice el costado. Me miró desde su posición y le hice una señal con la mano para que se levantara. El inmediatamente lo hizo. La señora Nodoka volvió a hablar – Bien, a mí ya me conocéis, soy Nodoka Saotome, señora de la casa y también conocéis a mi marido, Genma.

Asentí aun sin mirar. Mis manos estaban tensas y hechas puños sobre mis rodillas ¿Por qué no podía mirar a la cara a esa gente? ¿Es que yo era menos que ellos? ¿Valía lo mismo que un trozo de pescado? Me mordí el interior de la mejilla con rabia y la señora de la casa carraspeó – Esta es Momoha, va a ser vuestra responsable y tutora – levanté la vista y miré a una joven de unos veinte años que me recordó a un melocotón. Era regordeta pero bonita. Su rostro era amable, sus ojos almendrados marrones no tenían maldad y su pelo le llegaba un poco más arriba de los hombros. Ese pelo me hizo recordar a cuando yo llevaba el pelo corto, me gustaba ese pelo, pero mi tributo a madre era más fuerte.

Hice una reverencia a la chica y Sasuke me imitó, ella sonrió amable y nos la devolvió. Me caía bien, aun la recuerdo con mucho cariño.

- Este es Ryoga Hibiki, uno de los aprendices de mi marido – miré al joven a los ojos y él se sonrojó. Sé que no debí hacerlo, que estaba prohibido mirarlos a los ojos, pero nadie era más que yo o más que mi amigo Sasuke. Nadie me trataría mal ni me miraría por encima del hombro, por muy a su merced que estuviera.

El joven hizo una leve inclinación con la cabeza y yo le imité. Era un niño de más o menos mi edad con el pelo castaño, ojos marrones vivaces y tímidos y en su sonrisa asomaba un gracioso colmillo. El joven Ryoga también me cayó bien al mirarle, en sus ojos no había malicia, sino timidez, vestía ropa tradicional marrón y amarilla, parecía un enorme girasol.

- Ella es Ukyo, una de mis chicas. No sé si te lo habrán dicho pero mi ocupación es entrenar a las jóvenes a ser buenas madres y esposa.

- Que pérdida de tiempo – mascullé. Los ojos de la mujer se abrieron de par en par y sentí mi cara arder. Recordé las veces que mi madre me dijo que era una bocazas. Tenía razón.

- ¿Cómo has dicho? – me preguntó la señora Nodoka. Para mi sorpresa no había enfado en su voz, tal vez una agradable burla.

- No nada, que es fantástico, señora – contesté yo mirando a los ojos a la mujer, una vez más, rompiendo toda norma social inculcada. Ella sonrió de lado y asintió.

- Ukyo es la prometida de Ryoga – abrí los ojos desmesuradamente y miré a la joven que también tenía mi edad más o menos. Era bonita, muy bonita, con un largo cabello castaño amarrado con un lazo blanco. Su kimono era de un azul suave al igual que sus ojos los cuales me miraban con asombrosa curiosidad. Hice una leve inclinación que ella me devolvió.

La señora Nodoka señaló entonces a un joven con larguísimo pelo negro y de rasgos extraños y ojos azules ¡Nunca había visto tantos ojos claros en mi vida! Y luego decían que yo tenía los ojos y la sonrisa de Amaterasu… esos pueblerinos no habían visto entonces a mis nuevos señores… - Él es Mousse, viene de china pero entiende y habla perfectamente japonés.

- ¿China? – pregunté abriendo los ojos sorprendida. Japón por aquella época estaba cerrada herméticamente, estaba prohibido entrar y salir de ella y los extranjeros eran tratados fatal, casi como los parias ¿Cómo había llegado un chino a la casa de los Saotome? ¿Y cómo era que en vez de ser sirviente, era prácticamente señor?

- Así ser, somos chinos – dijo una voz aguda y coqueta. Había algo en esa voz que me dio mala espina. Gire para mirar a quien había hablado. Una joven también de mi edad pero hermosa me miraba con burla. Yo fruncí el ceño ¿así que esta era la de las risitas? ¿Quién se creía?

Sus ojos carmesí, una mezcla entre el morado y el rojo eran fríos e inexpresivos, con un toque de egocentrismo y maldad que me pusieron terriblemente alerta. Era como mirar a los ojos de un demonio sanguinario. Su cuerpo era menudo y delgado, su ropa constaba de un bonito kimono color rosado y morado, a juego con su larguísimo pelo. No sé porque pero, aunque ella se veía cómoda en esas preciosas telas, para mí fue como ver a un palo vestido de sedas, no le pegaba para nada esa ropa. Era una chica… extraña.

- Shampoo ¿Qué te he dicho de interrumpir? – dijo en un suspiro la señora de la casa y me miró – Akane, Sasuke, esta es Shampoo, otra de mis aprendices y…

- ¡Prometida de Ranma! – gritó ella con su voz chillona. Me hizo gracia su japonés, era un japonés simple, básico y vulgar. Era como hablar con una niña de seis años. Entonces caí en la cuenta ¿todos estaban prometidos? ¿A esa edad? ¿Tan jóvenes? Mi rostro debió palidecer cuatro tonos ¿¡Pero es que el mundo estaba loco!? ¿Cómo podía casarse esa gente? ¿Es que esta casa era una especia de busca parejas y la señora y el hombre panda eran una especie de casamenteras? ¿Y quién demonios era Ranma?

- ¿Quién es Ranma? – pregunté sin poder evitarlo.

- Yo – dijo una potente voz que me hizo voltear a la derecha – yo soy Ranma.

En una esquina, justo al lado de la joven china había un niño. Un niño de mi edad aproximadamente. Su pelo negro como el carbón estaba recogido en una graciosa trenza. Su gesto era serio, enfadado, ofendido… como si mi presencia le molestara. Su cara era… era… perfecta, era el niño más hermoso que hubiera visto jamás. Su pequeño y redondo rostro tenía una forma extraña, como si estuviera formándose la cara de un hombre… sus labios finos arriba y gruesos abajo, aunque estuviera arrodillado era alto y vestía un traje extraño de lucha al igual que el de Taro…

Recuerdo ese momento como si fuera ayer, aun puedo sentir mi corazón martilleando en mi pecho, mis mejillas coloreándose, mi garganta secándose y mis manos sudando. Aun puedo escuchar perfectamente el sonido de su voz y el olor que desprendía ¿Cómo no acordarme de él y de sus ojos? Esos ojos azules como una tormenta de verano, fieros y luchadores, pero gentiles y buenos… esos ojos y esa aura que desprendían…

- El espíritu del dragón – susurré sin apartar la vista de sus ojos que me miraban extraño, como si fuera una loca estúpida.

- ¿Qué? ¿Qué has dicho? – me preguntó de nuevo mirándome con su ceja negra alzada. No había recuperado el aliento todavía. Ese niño había creado un monstruo en mi interior, había hecho que una corriente eléctrica me recorriera de pies a cabeza. Y lo supe, supe en el momento en que miré esos ojos que ya no había vuelta atrás. El río había encontrado al dragón… en ese instante yo, acababa de conocer al único y gran amor de mi vida. Ranma Saotome.

Intenté recomponerme y agité la cabeza para luego hacer una leve inclinación que el devolvió. Nodoka me miraba fijamente, sin pestañear, incomodándome. Parecía que se había dado cuenta del estado en el que estaba por culpa de ese muchacho por lo que me sonrojé y baje la vista – Ranma es mi hijo y el heredero de la dinastía Saotome.

- Y prometido de Shampoo – dijo de nuevo esa voz chillona y molesta.

- Ya lo has dicho, Shampoo – contestó Ranma con voz molesta.

Mi corazón dio un vuelco, estaba prometido. Mi dragón estaba prometido a esa mujer que tenía la mirada y personalidad narcisista de los gatos… Ella le miró con unos ojitos que me dieron ganas de vomitar y dijo – Yo saberlo Airen, pero querer que quede claro.

Me lanzó una mirada que me dejaba claro que me avisaba a mí de que no me acercara a su prometido. Fruncí el ceño enfadada ¿Quién se creía esa niñata que era yo? Por muy guapo que me pareciera Ranma no estaba en mi mente convertirme en su novia ni prometida. Yo había jurado al cielo que jamás pertenecería a ningún hombre, aunque los ojos de este hombre me hicieran temblar. Aunque el fuera mi dragón… no estaba en mis planes convertirme en una sosa esposa.

- Quédese tranquila, no me interesa.

El joven Saotome me miró con enfado y ofensa. Hinchó de manera graciosa sus mejillas y dijo – ¿Quién querría que alguien como tú se interese en él?

Quise matarlo, degollarlo ¿Quién se creía? Que fuera guapo no quitaba el hecho de que fuera un idiota, narcisista y bocazas. Hoy en día recuerdo la de problemas que tuvimos por su estúpida personalidad indecisa, pero eso lo hacía único. Aunque claro para una niña de diez años eso transforma tu amor a primera vista en un curioso y mal disimulado odio…

- ¿Alguien como yo? – Pregunté cabreada, ahora sí, tirando por la borda toda cortesía – ¿Qué soy yo?

- Pues una niña molesta y marimacho.

Shampoo soltó una risita y yo sentí que me daban un puñetazo en el estómago. Otra vez esa palabra, otra vez ese insulto que me hacía rememorar mis peores momentos en casa ¿Cómo podía llamarme marimacho así de la nada? No me conocía de nada como para saber que en el fondo si soy un marimacho; si me conociera no me importaría pues no me avergonzaba de mi personalidad y carácter fuerte, pero que sin conocerme me insultara de aquella forma… dolió.

-¡No soy una marimacho!

- Un cabello largo no te hace dama – dijo con burla cruzándose de brazos mientras sonreía con petulancia.

- Eso es lo que te fastidia ¿no? Que a pesar de llevar trencitas sigas siendo un hombre – dije intentando hacerle daño. Fue un insulto patético y mal planteado pero que a Ranma y su enorme ego le sentó fatal.

-¡¿Qué me estas llamando?! ¡Marimacho!

- ¡Te llamo lo que eres afeminado!

Los ojos azules de Ranma me miraron con rabia y abiertos de par en par – ¡Yo soy un hombre!

- Más bien un niñito – respondí con burla también cruzándome de brazos. El resto de los participantes en aquella pequeña reunión nos miraban asombrados prácticamente con la mandíbula desencajada. Ahora que lo pienso fue una imagen bastante bizarra. El heredero de una gran familia discutiendo a todo pulmón con su nueva sirviente la cual le respondía con la misma rabia. Debió de ser divertido. Para mí, en el fondo, lo fue.

-¡Niña fea! – me insultó con rabia.

- Como que me importa lo que piense un niñito como tu ¡Mimado!

-¡Loca!

-¡Infantil!

Apretó sus puños con rabia y luego se cruzó de brazos para girar su cara dignamente subiendo el mentón y dijo – Va, no pienso perder el tiempo, tráeme un vaso de agua.

Apreté mi mandíbula con tanta fuerza que sentí que se me iban a reventar los dientes. Mi aura comenzó a fluir de tal forma que hasta yo lo noté, ese chico me estaba sacando de quicio de una manera que nadie lo había hecho nunca. Antes de que la cosa fuera a más la señora Nodoka dio una palmada y dijo:

- Are, are… Momo por favor, conduce a Akane y Sasuke a sus puestos.

- ¿Es que chico feo no presentarse? – miré con gesto de odio a esa chinita boba quien solo sonrió torcidamente.

- No habla mucho, es muy tímido. Se llama Sasuke y es una persona muy amable. Será mi compañero por lo tanto podéis pedirle algo cuando quieran, eso sí, si quisierais algo os agradecería que me lo hicierais saber para comunicárselo, no suele atender o hacer lo que la gente diga si no le tiene confianza.

- En pocas palabras ¿es tu mascota? – preguntó de nuevo Ranma.

- No, es mi amigo – contesté seria y juraría que vi algo raro en los ojos de Ranma, como un rastro de amargura, un brillo de ¿celos? No sabía muy bien lo que era pues fue como una estrella fugaz, como tan rápido llego, se fue.

Momoha se levantó y se acercó a mí y Sasuke – Por favor, acompáñenme.

Asentí y haciendo una última reverencia me levanté para seguir a Momoha. Le dije a Sasuke que se levantara y nos siguió. Antes de que pudiéramos salir Mousse, el chico chino habló con suavidad – Señorita, bienvenida.

Me volteé para mirarle. Mousse era un chico que parecía un poco más mayor que yo, debía tener doce o trece años. Se veía delgado debajo de esa ropa de combate igual que la de Ranma y Taro. Su pelo era larguísimo y negro, tan largo o más que el mío o el de Shampoo. Sus ojos también eran bonitos. Me cayó bien pues tenía un aura gentil y apacible a su alrededor. Me voltee y sonreí agradecida mientras hacía una leve inclinación. Le di una de mis mejores sonrisas, esas que la gente en el pueblo decía que era de la diosa Amaterasu.

Antes de girarme de nuevo vi por el rabillo del ojo como Ranma bufaba un – niña tonta – me sorprendí pues al menos un segundo me pareció ver un tierno sonrojo en las mejillas de Ranma.

Cerrando la puerta tras de mi suspiré. Momoha y Sasuke me miraban atentos. Sasuke con timidez y Momoha estaba cruzada de brazos con una sonrisa ladeada – No sé qué ha sido eso, pero ha sido alucinante.

Me sonrojé sabiendo que se refería al altercado con Ranma, el hijo de mis señores. Temí por mi estadía en la casa pues había sido una desvergonzada y una deslenguada. Sabía por lo que había oído en el pueblo que hablarle mal a tu superior llevaba al despido inmediato, incluso a veces, dependiendo del cargo que tengas podía castigarse con la muerte. Me puse pálida al recordar que la señora Nodoka pertenecía a una larga saga de samuráis y que yo había insultado a su hijo… ¿me mandaría degollar? ¿Tendría que cometer sepukku?

- Momoha-san ¿cree que me despedirán?

La jovencita sonrió y negó moviendo la mano débilmente – Ie, ie… conozco a mi señora y si quisiera echarte ya estarías besando el suelo.

- ¿De verdad? – Momoha asintió aun con la mirada divertida – Tal vez deba disculparme.

- Ni de broma – dijo la joven sirvienta poniendo sus manos en sus caderas – Eso ha sido lo mejor que he visto en años y a la señora le ha encantado.

- ¿Cómo lo sabes? – pregunté curiosa ¿Cómo podía haberle gustado a esa mujer que humillara públicamente a su hijo?

Momoha se encogió de hombros – Solo lo sé, le has impresionado. Creo que a todos nos has impresionado, incluido aquí a tu amigo ¿verdad Sasuke-kun? – mi débil amigo miró sorprendido a Momoha quien le miraba con una sonrisa. El asintió levemente sonrojado. Me agradó que Momoha-san fuera tan buena con Sasuke.

- Por cierto – dijo ella mirándonos a Sasuke y a mí – Llamadme Momo-chan ¿vale? No quiero que me veáis como a vuestra superior, sino como a una amiga ¿vale?

Yo asentí y Sasuke sonrió débilmente bajando la vista. Momo – chan amplió su sonrisa haciendo que en sus regordetas mejillas se formaran dos simpáticos hoyuelos – Bien, ahora seguidme os presentaré al resto del personal.

La seguimos en silencio por el pasillo central y entramos en una sala mucho más pequeña, no debía medir más de dos o tres esteras. Allí un grupo de mujeres y tres hombres nos esperaban sentados en silencio, entre ellos estaba la vieja pasa Yuna, quien nos miraba con gesto de odio. Aun hoy en día no entiendo porque esa débil anciana nos cogió tanta manía.

Momo-chan nos fue presentando uno por uno a todos los trabajadores de la casa. Nos presentó a Meiko y Yuri, dos mujeres entradas en años, hermanas y cocineras de la casa Saotome. Habían entrado a trabajar allí muy jóvenes cuando se quedaron huérfanas y ahora vivían por y para su señora. También estaban las costureras Kimiko, Satsu y Kima, tres señoras mayores y regordetas. Satsu y Kima estaban casadas con dos de los hombres que servían en la casa, Jiro y Tomoe los encargados de cortar el carbón y arreglar el jardín.

Recuerdo también a la hija de Kimiko, Nara, una niña pequeña y delgada un poco bizca que tenía cuatro años. Era ayudante de su madre, la que heredaría su puesto una vez esta falleciera. Estaba también Daisuke un joven un poco… femenino por así decirlo, que era el encargado de la limpieza del hogar junto con dos chicas más, Sayuri y Yuka. Las recuerdo bien, mucho mejor que al resto porque nos hicimos buenas amigas, al menos hasta que se casaron y se dedicaron de lleno a la triste y aburrida vida matrimonial.

Y luego estaba Yuna, la vieja pasa y mano derecha de la señora Nodoka. Era su ayudante personal, la que la vestía y la que le preparaba el baño, el Kimono del día e incluso el futon a la hora de dormir.

Tras las presentaciones Momo-chan nos llevó a la cocina donde nos sirvió la cena. La cocina era un lugar oscuro y sin ventanas, solo iluminado por el fuego lo cual hacía que ahí dentro hubiera un calor asfixiante. En el centro de la cocina, una enorme mesa de madera raída y vieja y a los lados la cocina, y los distintos armarios y recipientes.

Nos sirvió arroz y un trozo de pescado a cada uno. Le agradecimos la comida y nos pusimos a degustar aquella delicia. A diferencia de mis platos los de Meiko y Yuri eran una maravilla. Nos sirvió también un poco de sopa y se sentó a nuestro lado, observándonos comer en silencio. Me miraba con esos ojos rasgados y marrones casi sin pestañear, incomodándome un poco. Estaba algo nerviosa pues al día siguiente empezaría a trabajar y no sabía muy bien que función desempeñaría. Por lo que me había dicho Momoha, yo sería una especie de comodín, es decir si me necesitaban para limpiar, limpiaría, si querían que cosiera, cosería, si las señoritas deseaban que les preparara el baño, lo prepararía… así sería mi vida ahora, la de una esposa, una esposa con muchos maridos.

- ¿Te puedo dar un consejo A-chan? – la voz suave de mi compañera me sacó de mis cavilaciones. Alcé la mirada y vi su rostro serio, apoyado en su pequeña mano izquierda. Yo asentí levemente y dijo – No pierdas nunca tu aura, ni tu espíritu. Nunca.

Yo asentí consternada y ella continúo – Y sobre todo, no enfades a Shampoo. No la conviertas en tu enemiga.

- No haré nada que la moleste, le serviré bien.

- No lo entiendes A-chan, ya la has molestado.

Alcé una ceja - ¿Cómo voy a molestarla si apenas he hablado con ella? – ni siquiera recordaba hablar más de tres palabras con la china, solo le hablé para dejar claro que su prometido no me interesaba para nada ¿eso debía ser bueno no?

- No es que tú hablaras con ella, es que el joven Ranma te prestó demasiada atención.

Me sonrojé ¿Qué me intentaba decir Momo-chan? ¿Qué yo había llamado la atención de Ranma? ¿Qué ese bobo pretencioso y mimado había intercambiado demasiadas palabras conmigo y eso había molestado a esa chica? – Pero, si me odia, nos insultamos como locos Momoha-san, no entiendo porque debería enfadarse.

Ella se mantuvo callada y luego soltó un suspiro para luego sonreía – Realmente eres una niña inocente… ¿Cuántos años tienes?

- Diez

- ¡Ara!, eres del año del búfalo– yo asentí – Por lo poco que se de ti, veo que te pega mucho.

Yo me sonrojé, padre me decía siempre lo mismo, que el haber nacido en el año del búfalo me había otorgado mi carácter y personalidad. Seguimos charlando un poco, arrancándole cortas palabras a Sasuke como "si", "no" y "gracias" pero poco más. Me alegraba ver como en tan poco tiempo se había confiado con Momoha. Tras un rato nos acompañó a lo largo de un pasillo en la planta baja, según ella la planta alta era para los señores, no para los criados. Suspiré enfadada, pero no podía hacer más. A Sasuke le dejó en la habitación de los hombres donde Daisuke dormía a pierna suelta. Luego me acompañó a la habitación de las mujeres. Allí dormíamos Sayuri, Yuka, Momo-chan y yo. El resto estaban repartidas en otras pequeñas habitaciones, las casadas con sus maridos, Meiko, Yuri, Kimiko y Nara en otra y Yuna sola.

Momoha me prestó un futón de color marrón oscuro y me pasó mi ropa de dormir, un kimono holgado de solo una capa de color blanco. Me lo puse y me tumbé a dormir justo a su lado. Sayuri y Yuka estaban dormidas pues soltaban leves ronquidos graciosos, pero yo no podía dormir ¿Qué había querido decir Momoha antes? ¿Es que ella creía que el joven Ranma podría tener interés en mí? ¡Eso es imposible!

- ¿Momo-chan? – ella soltó un débil murmullo para que supiera que me escuchaba – Lo que dijiste antes… acerca de la joven Shampoo, no habrá problema, yo no le intereso al joven Ranma y él no me interesa a mí.

Me giré para darle la espalda y me acomodé para dormir pero entonces la voz de Momoha dijo – Solo ten cuidado, Shampoo nunca ha logrado que el joven Ranma se sonrojara cuando sonríe y tu sí.

Después de eso, Momoha se dejó llevar al mundo de los sueños pero yo no pude. Mi cabeza daba vueltas con lo dicho. Una y otra vez, en mi cabeza aparecía el rostro de ese niño, sus ojos azules burlones y su cara sonrojada. Esa noche apenas dormí pensando en Ranma Saotome y en su cara, en su voz y en su espíritu… había encontrado a mi dragón, pero era imposible que nos juntáramos. Quizás el oráculo se equivocó con su predicción, quizás Ranma no estaba hecho para mí, o quizás él era otro dragón, el dragón de Shampoo… no lo sabía ni quería pensar en ellos. Solo tenía la certeza de que el joven señor no estaba ni estaría nunca interesado en mí, en una pobre sirvienta. Él no era para mí y yo no estaba interesada en ser suya.

Era imposible. Ranma Saotome nunca sería mío.

Con esos pensamientos me dormí, convenciéndome a mí misma de que eso jamás pasaría ¿Por qué un señor de buena familia iba a interesarse en alguien como yo? Era estúpido… Más lo que yo no sabía es que en la planta alta de la casa, en una solitaria habitación él también pensaba en mí, y creedme cuando os digo que a partir de esa noche Ranma Saotome se convirtió en un dolor de cabeza.


Aclaraciones:

Ofuro: Un Ofuro o Furo es un baño japonés de agua caliente. En su origen, de madera y modernamente de plástico o acero inoxidable. El ofuro difiere de la bañera convencional por ser más profundo (60 cm.) y de laterales menos inclinados, casi rectangulares. El modelo tradicional en forma de tina de madera o hierro fundido se calentaba con una estufa de leña integrada en la parte baja de su estructura.

Chotto matte kudasai: Me gustaría que esperaras un momento.

Momoha: Momo significa "melocotón" por eso Akane asocia la cara de la joven a esa fruta.

Amaterasu: Es la diosa del Sol en el sintoísmo y antepasada de la Familia Imperial de Japón según los preceptos de dicha religión. También conocida como Ōhiru-menomuchi-no-kami, su nombre significa diosa gloriosa que brilla en el cielo. Es una de las deidades sintoístas (Megami) más importantes.

Airen: Esposo en chino

Are, are: Es una exclamación que denota asombro como ¡anda!, ¡hala!, ¡eh! aunque esta se usa normalmente para "hacer paz" en una disputa o charla. Es como una forma de decir "Bueno, bueno ya está bien" o "eh, eh, ya es suficiente"

Ara: Es una exclamación que denota asombro como ¡anda!, ¡hala!, ¡eh!. Es otra forma de decir "are", pero mas informal

Año del búfalo: La personalidad de Akane es buena, trabajadora y bastante cabezona, características propias de los nacidos en el año del búfalo. Es el símbolo del trabajo y la honradez. El Buey representa en la mitología china la prosperidad conseguida mediante el esfuerzo y el trabajo. Se les atribuye la cualidad del servicio, la laboriosidad, el trabajo. Los nativos del signo del Buey son metódicos y muy trabajadores, confiables y honestos. Son excelentes trabajadores y sus superiores nunca se quieren desprender de ellos. Por otra parte sus convicciones son muy arraigadas lo cual les hace ver como tercos o porfiados pues es difícil que cambien de opinión una vez que se han formado ya una idea de algo y seguirán hasta que lo consigan. En ese sentido los nativos del Buey tienden a ser muy selectivos y desconfían de extraños, en general tienden a ser conservadores y apegados a las costumbres lo cual, a la hora de la pareja, les convierte en excelentes compañeros porque son fieles, sinceros y amantes de la familia.