¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Espero poder contestar vuestros mensajes esta semana, porque de verdad me hace muy feliz saber que os está gustando.

Sin mas os dejo leer.


Pasaron los días, las semanas y los meses y sin darme cuenta ya casi llevaba un año en aquella casa. La señora Nodoka no me había llamado para hablar del incidente en todo ese tiempo, simplemente un par de días después me dijo que no debía acercarme a las pertenencias de la china y que desde ese momento mi función en la casa sería la de servir las comidas y ayudar a limpiar.

Realmente no me molestaba, es más, era algo que me alegraba, pues cuanto más lejos estuviera de Shampoo más fácil sería mi vida en esa casa. Y así fue, la paz volvió a instaurarse en la casa a medida que el tiempo y las estaciones pasaban.

A veces Ranma y su prometida me molestaban un rato pero poco más, mi función era ignorarlos y ceñirme a mis tareas, tal y como me había mandado Nodoka-sama, ni más ni menos, no necesitaba más problemas por culpa de esos dos pesados que se pasaban el día llamándome "marimacho" o "pobretona". Ellos al ver mi desinterés se acababan aburriendo y largándose, dejándome continuar con mis labores, aunque al poco Ranma siempre volvía solo a molestarme de nuevo. No entendía la inquina del joven señor conmigo, como si mi presencia le molestara ¡si yo no le hacía nada! Simplemente le ignoraba e intentaba portarme lo mejor que podía lo que desencadenaba en una bola de insultos, una vez incluso me escondió el yukata de dormir, estuve buscándolo por horas para encontrarlo flotando en el lago con las carpas… realmente el joven señor me daba verdaderos dolores de cabeza.

He de admitir que me esperaba una charla más seria con la señora Nodoka debido al accidente, realmente esperaba que me echara una buena reprimenda frente a todos y que me obligara a pedir perdón a la que se convertiría en su nuera, pero eso no paso, simplemente lo dejó pasar. Muchos de mis compañeros decían que había sido muy indulgente porque en realidad mi señora no soportaba la presencia de la china, otros que yo era una especie de diosa que traía la buena suerte, otros que era una vil pobretona que sabía manejar a los demás… bueno, eso último solo lo decía Yuna ya que nunca conseguí caerle bien. Recuerdo que la vieja pasa me miraba con cara de Shiba rabioso cada vez que estábamos en la misma habitación; en más de una ocasión me había echado la culpa de incidentes que no habían sido provocados por mí, como cuando se rompió el jarrón de la familia Saotome cuando Ranma y Ryoga-kun peleaban en medio del pasillo o cuando las carpas del estanque del jardín empezaron a morir producto de una rara bacteria en el agua.

Gracias a Kami, Momo-chan, Yuka y Sayuri siempre estaban allí para defenderme y abogar a mi favor frente a la señora Nodoka. En esos meses comencé a ver quiénes serían amigos y enemigos en aquel lugar: Daisuke, amigo; Yuna, enemiga; Mousse, amigo; Satsu y Kima... dependía del día, desde el incidente con el kimono de Shampoo no me querían ver más cerca de lo estrictamente necesario de la sala de costura, fuera de eso, eran un amor.

Aprendí muchas cosas en casa de los Saotome, muchas, pero lo que más me impactó aprender fue algo que no me enseñó mi señora, sino mi amiga Momo-chan. Recuerdo que una noche cuando entraba la temporada de lluvias, un par de meses después de mi incidente con la china, estaba preparando mi futón para irme a dormir con Momoha, cuando unas risas nos alertaron. Sayuri y Yuka estaban en una esquina del pasillo, listas para darse un baño cuchicheando sobre el chico de ojos verdes y mirada malvada que tan poco me gustaba y que a partir de esa noche soportaría menos. Recuerdo sus vocecillas chillonas diciendo "le gustas a Taro-kun" y la otra contestaba "No seas boba, le gustas tú"

- Idiotas – repuso Momoha con una falsa sonrisa en la cara – No le gusta ni la una ni la otra, solo se gusta a sí mismo y hacer el mal.

Hacía un tiempo que veía a Momoha algo hiperactiva y mal humorada, sobre todo con los hombres del servicio. Era cierto que Taro era un idiota integral pero el resto de hombres de la casa eran buenas personas, por eso me sorprendía tanto que esa temporada Momoha parecía tener odio a todo aquello que fuera de sexo masculino, aunque fuera por minucias del día a día. Cuando Jiro le gritaba a su esposa, ella corría con una vara de bambú a ponerle en su sitio, si Tomoe decía algo fuera de tono, Momo-chan aparecía con su vara y le hacía temblar como un niño de dos años, si Daisuke se pasaba de listo con las cocineras o las costureras para que hicieran su trabajo… como no, Momo-chan y su vara al rescate. Realmente me parecía extraño pues la muchacha siempre era alegre y dulce con todos… algo pasaba y yo debía averiguarlo.

- Momo-chan ¿estás bien?

Ella me miró con sus ojos curiosos y frunció el ceño – ¿Por qué preguntas eso?

Yo me encogí de hombros – No lo sé, últimamente te veo… extraña.

- No sé a qué te refieres.

- Momo-chan, un hombre no puede decir nada fuera de tono en esta casa que tu sacas tu vara y los mueles a palos…

Ella soltó una risita y suspiró mientras se sentaba en su futón – Está bien, te contaré – yo me senté a su lado mirándola impaciente. Momo-chan se rascó la parte de arriba de la cabeza y dijo – A ver… por donde empiezo… ¿recuerdas que hace un par de semanas Nodoka-sama me mandó llamar a su habitación?

Yo asentí, dándome cuenta de que ese día Momo-chan salió con un enfadado gesto de la habitación de la señora, cosa poco típica en ella pues ante Nodoka-sama, mi amiga era un manso corderito – Bien, me había mandado llamar porque… me habían prometido con Taro.

Yo abrí los ojos todo lo que dieron haciendo reír a mi amiga – No abras tanto los ojos A-chan, que se te van a salir de las cuencas.

Ignorando su comentario jocoso, solo pude balbucear – Pero… como… ¿Por qué? – no me gustaba Taro, era un hombre frío y su mirada era como la de una serpiente venenosa lista para atacar.

- Él lo pidió – contestó simplemente encogiéndose de hombros.

- Pero… ¿no te puedes negar? ¿Por qué aceptaste? – pregunte, no me cabía en la cabeza la imagen de mi amiga Momoha casada con alguien como Taro.

Volvió a encogerse de hombros y hecho su cuerpo un poco para atrás, estirando sus piernas y apoyándose en sus manos por detrás de su espalda, como un abanico abierto – No tengo mucha opción Akane, ser mujer no te otorga la libertad de decidir sobre tu futuro… solo acatas los deseos de los demás y jamás podría oponerme a la palabra de mi señora… al fin y al cabo… ella es mi dueña.

- Pero… ¿Por qué Taro? ¿Por qué te escogió?

- ¿Te han dicho alguna vez que eres una ardillita curiosa? – preguntó con una sonrisa y yo solo me sonroje. El recuerdo de mi padre vino a mi cabeza como un relámpago. Mil veces me había dicho que antes de darse cuenta de que yo era el rio, pensó que sería una ardilla por ese afán de conocer y entenderlo todo… padre… ¿Qué estaría haciendo?

- Akane… ¿estás bien? – la voz de Momo me sacó de mis cavilaciones y la miré.

- Gomen… me perdí en mis recuerdos.

Ella sonrió – ¿Te acordaste de tu familia? – Yo asentí con tristeza – Yo también la recuerdo, también me vendieron ¿sabes?

- ¿Honto ni?

- Hai, cuando tenía catorce años. Mi familia era pobre, y no tenían mucho que llevarse a la boca. Además éramos cuatro hermanos, yo era la mayor… - vi con tristeza como la mirada de mi amiga se opacaba – Un día escucharon que una familia adinerada buscaba trabajadores y me ofrecieron a mí, el señor Genma me vino a recoger una noche de mayo… jamás olvidaré la cara de mi madre cuando me subieron al carro… en sus ojos… solo veía una palabra "Perdóname"

Podía entenderlo, lo entendía perfectamente pues yo tampoco podía olvidar a mi hermana Kasumi siendo sujetada por Tofu cuando me llevaron lejos de casa, aunque lo que jamás olvidaría era la cara de triunfo de Nabiki.

- Fue ahí cuando entendí que había sido mi padre quien me había vendido, sus ojos no expresaban nada, ni dolor, ni rabia… nada, como si fuera un saco de arroz y no su hija a la que se llevaban entre lágrimas ¿Por qué yo y no mis tres hermanos? Fácil. Porque yo era mujer, tenía poco valor y mis hermanos podían tener buenos trabajos en el futuro y mantenerlos… yo solo era un trozo de carne que tarde o temprano entregaría a un hombre gratis… y desde esa… los odio aún mas.

- ¿Odias a los hombres? – pregunté asombrada, jamás lo pensaría pues cuando llegué fue muy buena con Sasuke-kun y tenía muy buena relación con Daisuke y los demás.

- Bueno, a ver odiar… puedo tener una relación de amistad con ellos, pero ¿amarlos como pareja? Nunca – se calló un momento, me miró y bajó la vista avergonzada antes de decir – prefiero a las mujeres…

Abrí mis ojos de par en par de nuevo, puede que esta vez más incluso que antes ¿Qué me estaba diciendo Momo-chan? ¿Qué no le gustaban los chicos pero si las chicas? Quizás escuchaba mal, seguro que lo estaba mal interpretando.

Ella soltó una risa seca y dijo – Realmente tienes los ojos y la sonrisa de Amaterasu, tienes los ojos más enormes que he visto nunca A-chan, pero cuando los abres así… son de otro mundo.

- Yo… etto… Momo-chan ¿lo que dijiste antes…?

- ¿Qué me gustan las chicas? – Preguntó y yo asentí rápidamente – Es cierto, no tiene nada de malo A-chan, nada de malo.

- ¿Pero… cómo es posible? ¿Cómo sucede eso? ¿Es por algo que comes?

Ella me miró fijamente parpadeando un par de veces y luego se echó a reír. Empezó a carcajearse en alto, agarrándose la barriga y dejando escapar leves lágrimas por la risa – A-chan… eres increíble – decía entre risas.

Yo solo me sonrojé y bajé la mirada avergonzada esperando a que la risa de mi amiga se calmase. Poco a poco, dejó de reír para decir – Las personas nacemos así, Akane, simplemente naces así.

- Pero… dicen que eso es malo… que la gente así… - en ese momento me vino a la memoria un incidente que había pasado allí donde vivía antes. En mi pueblo se decía que una chica había sufrido un trastorno que la había convertido en una pervertida que deseaba a mujeres, su padre la molió a palos cuando se enteró y la casó con su propio tío que era un viejo viudo que según mis vecinos consiguió curarla haciéndole un hijo… no me creía que mi amiga Momoha tuviera ese trastorno horrible.

-¡No hagas caso Akane-chan! – Gritó asustándome – ¿Te parezco mala? – Yo negué – ¿Te parezco una pervertida? – Volví a negar – Pues ahí está tu respuesta… Yo no soy mala persona, simplemente yo soy incapaz de enamorarme de un hombre… ¿lo entiendes?

- Más o menos… ¿entonces por eso te enfadó tanto que te prometieran a Taro?

Ella asintió y recogió sus piernas acercándolas a su pecho – Yo sé que esto que yo siento no está bien visto, y que tarde o temprano debía casarme con un hombre para tener una familia e intentar ser normal… quizás incluso feliz…pero… yo quería ser quien escogiera…

Fue entonces cuando lo entendí, Momo-chan era siempre alegre y dicharachera porque sabía que su vida era una constante mentira y que nunca podría ser feliz como ella quería serlo, entendí que ella ocultaba su tristeza mediante bromas y sonrisas, entendí que estaba atrapada de todas las formas posibles y entendí entonces su enfado, el enfado de alguien que no controla su vida y que debe aparentar día a día… sentí lastima de mi amiga y de aquella chica de mi pueblo, pues comprendí que ella jamás se curó con su tío, sino que fingió curarse para llevar una vida normal e intentar ser feliz sin que nadie la juzgara.

- Akane-chan, esto que me pasa a mí, no se contagia ni es malo, ni tampoco me gustan todas las chicas que veo… pero… si ya no quieres ser mi amiga… lo comprendo.

-¡NO! – Grité sorprendiéndola – Momo-chan, no me importa si te gustan los chicos, las chicas o los pandas… tu eres mi amiga, fuiste la primera que me trató bien y siempre te apoyaré, en todo.

Ella sonrió cálidamente y me abrazó – Arigatou, Akane-chan.

Al separarnos le sonreí y nos tumbamos en el futón. Yo no podía conciliar el sueño pues una pregunta seguía rondándome la mente y no me quedaría tranquila hasta que la resolviera – Momo-chan – ella soltó un murmullo para hacerme entender que me escuchaba – ¿Por qué Taro quiere casarse contigo? No me mal interpretes pero…

- Se lo que quieres decir – me cortó – Taro y yo a penas nos hablamos pero de la noche a la mañana pide mi mano, ¿es eso lo que te confunde verdad?

- Hai

Escuché otro suspiro y dijo - Taro sabe lo que soy, sabe que me gustan las chicas – sentí que mi corazón se paraba en ese momento. Taro no era bueno, era una mala persona y esa información era muy valiosa. Ser como Momo-chan era prácticamente delito y estaba segura de que Taro la estaba chantajeando.

- ¿Te está presionando? ¿Es un chantaje?

- Ojala fuera eso… - su voz sonaba apagada – Akane-chan, ahora eres muy pequeña, pero a medida que crezcas entenderás que los hombres… bueno, algunos hombres piensan que por tener algo entre las piernas tienen el derecho de decidir nuestra vida. Él se enteró de que a mí me gustaban las chicas en Edo, cuando estaba con… una amiga…

- ¿y que paso? – pregunté curiosa.

- Él se acercó y me dijo "Nos vamos" con esa voz autoritaria que pone, como si fuera mi dueño… yo simplemente tuve que hacer caso y seguirle, días más tarde le pidió a Nodoka- sama mi mano… - hizo una ligera pausa y luego continuó – Hay hombres, como Taro, que piensan que las mujeres somos objetos de satisfacción y para él, pensar que una joven como yo no tiene un mínimo interés en él le toca el orgullo.

Me levanté levemente – ¿Intentas decirme que Taro intenta que te guste por la fuerza?

- Más o menos. Los hombres como Taro piensan que con eso que tienen entre las piernas nos pueden hacer cosas que nos hagan cambiar de parecer – yo estaba un poco confusa, pues a mis diez años no entendía muy bien cómo iba el cuerpo humano y tampoco sabía mucho de cómo se usaba esa parte de la que me hablaba Momoha – Esto es complicado, en resumen Akane, para Taro lo que yo siento por las chicas es asqueroso y piensa que él puede hacerme cambiar de gustos. En su egocentrismo piensa que me hace un favor.

- Que tontería…

- Lo sé, pero Taro es demasiado idiota… yo jamás cambiaré, nací así y moriré así por muchas veces que él se apodere de mi cuerpo, solo me dará asco…

Note como la voz de mi amiga se quebraba por lo que decidí que lo mejor era dejar el tema. Yo no entendía como sabes si te gustan los chicos o las chicas, no entendía y empecé a temer que a mí me gustaran las chicas y no los chicos… quería mucho a Momo-chan, pero yo no quería ser rara…

- Momo-chan…

- Dime…

Yo me lo pensé un momento para después decir – ¿Cómo sabes si te gustan las chicas?

- ¿A qué viene eso? – preguntó.

-Bueno… yo también odio a los hombres, me parecen seres egoístas…

- Eso no tiene nada que ver – dijo entre risas – a ver… imagínate… besando a la joven Ukyo en los labios ¿Qué sientes?

Lo hice, mi mente recreó una escena en la que la joven Ukyo y yo nos tocábamos los labios mutuamente. Sentí un escalofrió de desagrado y por lo visto mi cara habló por si sola porque Momo-chan comenzó a reír – vale, vale… es suficiente, ahora imagínate lo mismo pero… - puso una sonrisa ladeada y dijo – con el joven Ranma.

Lo hice, en mi cabeza vi claramente la imagen del joven Ranma dándome un tierno beso y me sonrojé furiosamente y noté mariposas en el estómago – Yo… etto… no debería…

Momo-chan soltó una risita y dijo – Ahí está tu respuesta Akane… te gustan los chicos, pero no cualquier chico… te gusta el joven Ranma.

Me sonrojé aún más si fuera posible y la miré mal humorada – no es verdad.

- Sí que lo es, mira tu cara pareces un leño al fuego.

-¡Te digo que no me gusta ese niño pomposo! – dije golpeando el suelo con el puño.

Momo puso cara de indiferencia y dijo – Claro, claro… lo que digas Akane-chan – y se giró en su futón para darme la espalda mientras reía. Yo solté un bufido y me acomodé en mi futón mientras escuchaba los pasos de Sayuri y Yuka acercarse por el pasillo. Antes de caer dormida en mi mente apareció el rostro de Ranma, ese rostro infantil con esos ojos azules y esa sonrisa boba que pone cuando esa tramando alguna travesura o se acercaba fastidiarme, con ese pelo negro y esa estúpida trenza.

En mi cabeza volví a imaginarme el beso de Ranma y volví a sonrojarme. Bufé molesta y murmuré mientras me tapaba hasta la cabeza – No me gusta… - y así me quedé dormida.

Una tarde días después, estaba ayudando a Daisuke, Sayuri y Yuka a lavar las baldas del roka. La lluvia afuera era muy fuerte y las señoritas estaban en el salón contiguo aprendiendo la ceremonia del té con la señora Nodoka mientras que los hombres se encontraban en el dojo.

- Ne, Yuka-chan, ¿viste a Taro-kun? – preguntó Sayuri con esa vocecilla aguda que ponía cuando algo le gustaba.

- Es tan guapo… y tan fuerte.

- Es un idiota – dije yo mientras pasaba con fuerza el trapo por la balda de madera. Apretaba tan fuerte que mis nudillos estaban enrojecidos y habían empezado a doler. Desde que Momo-chan me había contado lo que Taro le había hecho solo por su orgullo masculino y por el mero hecho de hacer daño, le veía como a un oni malvado. Su presencia en la casa me molestaba y si se acercaba a Momo-chan tenía que salir de la habitación para no decirle cuatro cosas bien dichas.

- ¿Por qué dices eso Akane-chan? Es imposible que no te guste – preguntó Sayuri mirándome con intriga.

- Me gusta hasta a mí – dijo Daisuke con una risita. Las otras dos empezaron a reír con él por su broma, más yo me quedé mirándole fijamente ¿puede que Daisuke fuera como Momoha? ¿Un chico que era incapaz de enamorarse de las chicas? Siempre le había visto muy femenino y bastante coqueto para ser un hombre, pero con diez años no sabes nada acerca de la vida por lo que no era consciente de los diferentes gustos y personalidades de las personas, pero gracias a Momo-chan ahora entendía más cosas y podía ver perfectamente que Daisuke era como Momo-chan, pero a la inversa.

- Pues a mí no – bufé frustrada una vez dejé de especular sobre los gustos de Daisuke – Me parece un hombre vil y cruel.

Yuka me miró con gesto serio y luego puso una sonrisa ladeada en su cara. Sus ojos brillaron como siempre hacían cuando se enteraba de algún chisme – Ne, Akane-chan.

- ¿Nanda? – pregunté mientras seguía limpiando el suelo.

- ¿Es cierto que Momo-san se va a casar con Taro-kun?

Esa pregunta me pillo por sorpresa. Dejé de fregar el suelo un momento y la miré con gesto de asombro, lo que la hizo sonreír aún más. Yo fruncí e ceño intentando disimular mi perturbación y volvía centrarme en el trozo de sirope que había en el suelo, seguramente derramado por el glotón Ranma.

- No sé por qué dices eso, yo no sé nada.

-¿Eh? No seas mentirosa Akane-chan – me dijo con ese tono agudo que me atravesaba los tímpanos y me ponía de mal humor – Seguro tú lo sabes.

- Eso Akane, cuéntanos – se unió Daisuke – no diremos nada.

- ¡Os estoy diciendo que no lo sé! – Grité arrojando el trapo furiosa haciendo que se asustaran y retrocedieran – ¡Pero si ese fuera el caso Taro se lleva a una gran mujer que no se merece! ¡Es un prepotente y un idiota! – mis tres compañeros me miraban asombrados, prácticamente sin parpadear. Desde hacía un tiempo en la casa me conocían como Tsunami Tendo, debido a que a veces mi mal humor explotaba y yo me volvía prácticamente loca, como un tsunami, atravesando barreras y acabando con todo lo que se me pusiera por delante – ¡Dejad de preguntar tonterías y poneros a trabajar! ¡Si tanto interés tenéis en Taro, preguntadle a él y a mi dejadme en paz!

Sayuri miró a sus compañeros y balbuceó – Perdona Akane-chan, no queríamos molestarte… pero pensamos que quizás tú supieras algo, eres muy amiga de Momoha-san.

- Pues ya ves que no se nada – dije mientras deshacía el lazo que mantenía mi larga melena sujeta. Me lo peiné en una cola alta y coloqué de nuevo el lazo mientras decía – No sé porque os gusta ese hombre, Taro no es bueno, vosotras sois chicas dulces que podéis aspirar a más. Por hombres como él es por los que he decidido no casarme nunca.

Yuka ahogó un gritito – No digas eso ni en broma Akane-chan.

- ¿Por qué? – pregunté desafiante.

Mis compañeras se miraron entre ellas asombradas y luego Yuka dijo – Akane-chan, debes casarte… una mujer no es nada sin un marido. Ellos nos protegen y nos dan un hogar…

Yo solté una carcajada – Eso es una tontería, no necesito a un hombre a mi lado. Puedo luchar mis propias batallas y traer mi propio arroz a la mesa, ya lo estoy haciendo y vosotras también.

- Pero Akane… - dijo Diasuke – eres demasiado bonita como para quedarte soltera.

- Prefiero estar soltera que casarme con alguien que no amo solo por el mero hecho de que la gente no hable mal de mí – y mirándoles fijamente a los ojos dije – Yo jamás, escuchadme bien ¡jamás! seré la esposa de nadie, ningún hombre es más que yo ni se creerá mi dueño… ¡Nunca!

Mis compañeros parpadearon perplejos pero no dijeron nada, no se atrevían. Con el tiempo descubrí que aunque fuera la más pequeña de la casa, mi mal humor hacía que incluso los adultos temieran mis arranques, porque, si había levantado una bandeja lacada con toda la intención de golpear la cabeza de una señora ¿Qué no les haría a ellos?

Sayuri iba a hablar cuando la señora Nodoka apareció en el salón que conectaba con el roka y que daba al jardín. Los cuatro dejamos nuestros quehaceres y le hicimos una inclinación.

- Nodoka-sama ¿hay algo que podamos hacer por usted? – preguntó Daisuke con tono adulador.

Mi señora se quedó inmóvil, mirándonos con esos ojos que harían temblar al más valiente samurái. Su atención no estaba en mis compañeros, sino en mí. Mi señora me miraba desde lo alto, con su impecable Kimono azul con detalles dorados y negros, y su pelo recogido en un moño de casada.

La miré a los ojos, como siempre hacía, no desafiándola, jamás lo haría… soy de las partidarias del lema "no muerdas la mano que te da de comer" pero era algo que no podía evitar. Ella me aguantaba la mirada, estoica, sin parpadear.

- Sayuri, Yuka – las aludidas se agacharon hasta tocar con sus frentes el tatami – Id con Yuna, os necesita – las jovencitas hicieron una inclinación y recogiendo sus útiles salieron de la estancia. Luego la señora Nodoka dijo – Daisuke, Sasuke y Jiro te necesitan con el carbón, Tomoe está enfermo.

- Hai, Nodoka-sama – e imitando a mis compañeras salió de la sala dejándome sola con esa mujer que tanto me agradaba y desagradaba a la vez.

- Akane – dijo con tono neutro.

- Sí señora…

- Tenemos que hablar – yo temblé de la cabeza a los pies. Recuerdo que lo que primero pensé es que me regañaría de nuevo por el incidente con Shampoo, habían pasado meses pero si de algo tenía fama mi señora era de perdonar, pero no olvidar.

Seguro que ahora querría cobrar venganza, echándome a la calle, o mucho peor, obligándome a cometer Seppuku. Temblaba como una hoja por lo que hice una reverencia y me acerque a ella. Mi señora se había sentado en el medio de la estancia y me había hecho un gesto para que me acercara a ella. Me coloqué frente a ella, rodillas juntas, hombros atrás, manos en el regazo, sentándome en mis talones. La miré a los ojos esperando que empezara a hablar y cuando la vi tomar aire recé a los dioses porque al menos me dejara vivir.

- La semana que viene es tu cumpleaños ¿cierto?

Mis ojos que en ese momento estaban en el tatami se alzaron asombrados para mirar la cara de mi señora quien ahora había dejado atrás todo rostro de seriedad y me miraba de nuevo como la vez que había ido a buscarme bajo la lluvia.

- Hai… pero… ¿Cómo?

- ¿Lo he sabido? – yo asentí fervientemente y la vi sacar de la manga de su Kimono un papel que me extendió. Lo tome con ambas manos y noté mis ojos aguarse al ver el remitente. Era una carta de mi hermana Kasumi.

- La he recibido ayer. Hay dos misivas, una para ti y otra para mí.

- Señora… yo…

- ¿Sabes leer? – me cortó.

- Hai, mi cuñado me enseñó – dije feliz. Sabía que la mitad de las niñas de mi edad eran analfabetas, pues la educación estaba al alcance de unos pocos, en su mayoría hombres, pero Tofu, me había enseñado a leer y escribir tras la muerte de madre, para que en caso de que algo malo pasara pudiera apañármelas bien sola. Pareciera que Tofu más que médico fuera adivino.

- Souka… - la vi sonreír con ternura, de una forma que solo la había visto sonreír a Ranma, su hijo – Entonces te dejo para que la leas tranquila.

Se dispuso a levantarse pero yo la paré tomando la parte baja de su Kimono – No, por favor… quédese conmigo…

Ella me miró comprensiva y empecé a leer mientras mi señora se acomodaba a mi lado. Fue una suerte tenerla conmigo porque algunos Kanjis me fueron difíciles de reconocer, aunque la carta estaba escrita de una manera simple y legible.

Mi hermana me contó que estaba bien, que Nabiki se había casado con Kuno y que ahora ambos dirigían la casa. Mi padre seguía en las mismas pero ahora estaba enfermo, muy enfermo y Kasumi me explicaba que temía que no llegara a fin de año. A medida que leía mis lágrimas caían sobre el pergamino difuminando algunas letras haciéndome imposible el leerlas, por lo que la señora Nodoka tomó el papel entre sus manos y siguió leyéndome.

- Akane-chan, quiero que sepas que aunque ahora estés lejos, siempre serás mi hermana pequeña, esa niña de la que nuestros padres y yo estábamos tan orgullosos, la que llevaba el pelo corto porque le era más cómodo a la hora de luchar y pelearse con los niños del pueblo, la que defendía al débil y la que escondía su gran corazón bajo una coraza de rudeza – mi hermana, mi hermana Kasumi me conocía bien, entre lágrimas me eché a reír contagiando a la señora Nodoka quien también rio levemente – Akane- chan, en una semana cumples once años, aun eres una niña, viviendo en un mundo adulto, pero por favor, te lo suplico, no olvides quien eres, no cambies por miedo al que dirán, ese miedo me ha separado de ti y por el cual ahora te hemos perdido para siempre. Se tu Akane, no tengas miedo y lucha, se fuerte mi pequeña Kawa. Yo desde aquí pensaré en ti hasta el día en que muera y prometo contarle a mis hijos que tienen una tía que es como el río, fuerte y libre – los lagrimones corrían libres por mis mejillas, yo intentaba frenaros limpiándolos con mis puños y antebrazos pero era imposible parar… después de casi un año lejos de mi casa tenía noticias de mi familia – Te quiero y te querremos siempre hermanita, cuídate y recuerda. Tú eres Akane Tendo, hija de Soun Tendo, nuestro pequeño y bravo río… tu hermana, Kasumi.

Cuando terminó yo solté un gemido de dolor y me tapé la cara con las manos, escondiéndome, sin querer mirar a nadie ni hacer nada que no fuera llorar. Mi señora me miraba en silencio, acompañándome en mi tristeza. Esa carta fue como una bomba de recuerdos, recuerdos felices, recuerdos tristes, recuerdos y más recuerdos de mi casa, mi familia, mi padre... el saber que mi padre estaba enfermo, a punto de morir y que yo no estaba a su lado me destrozaba el corazón, me lo imaginaba en su cuarto solo y moribundo y se me estrujaban las tripas mientras soltaba otro grito de dolor acompañado por mas lagrimas… Me sentía sola, estaba sola, nadie me entendía, nadie me amaba y quienes lo hacían estaban a días de distancia y ya no tenían derechos sobre mi… mi vida era un fraude, una mentira, un pozo de oscuridad… estaba sola…

Mi cuerpo se tornó hacia delante, pero entonces unos brazos cálidos me agarraron y me acercaron a su cuerpo. Mi señora Nodoka me abrazaba, me abrazaba fuerte, acercándome a su pecho y apoyando su mejilla en mi cabeza, dándome suaves toques de espalda… abrí los ojos sorprendida pues nunca, ni en el lugar más recóndito de mi cabeza se me habría ocurrido que mi señora me abrazara así, como si fuera una madre consolando a su hijo… como si intentara alejar con ese abrazo mi dolor, mi soledad….

De nuevo las lágrimas se acumularon en mi ojos y me abracé a ella, escondiendo mi cara en su kimono, dejando fluir todo el dolor de mi corazón y ella solamente me acunó en sus brazos, estuvo allí, conmigo, sin soltarme ni una vez… dándome a entender que no estaba sola…

Entonces comprendí que aunque Kasumi y mi padre fueran mi familia real, gracias a mi hermana Nabiki ellos ya no eran nada mío, personas unidas por un lazo de sangre, personas a las que amaba, pero a las que no vería nunca más por los celos y el egoísmo de una persona… pero no estaba sola, tenía a mi señora, mi señora Nodoka quien estuvo horas y horas a mi lado, consolándome, escuchando mi llanto amargo… mi señora Nodoka quien tras un tiempo, me secó las lágrimas con sus propias manos y me sonrió de forma dulce, como si fuera su hija y como si fuera capaz de leer mi mente dijo:

- No estás sola, Akane-chan, no estás sola…

Yo asentí y mire su kimono, mojado por mis lágrimas. Me sonrojé furiosamente e hice una leve inclinación – Señora, perdóneme he manchado su kimono.

Ella solo negó con la cabeza y dijo – No es nada, un poco de agua, secará pronto.

La miré agradecida, realmente esa pequeña desconfianza que le tenía se había evaporado en el momento en que me acunó en sus brazos. Mi señora era una mujer buena, una mujer valiente que había sufrido mucho. Claro que en ese momento no sabía nada de su vida, eso lo descubrí más adelante cuando tuve la edad adecuada para entenderlo y ella decidió contármelo.

- Akane, en dos días es el cumpleaños once de mi hijo, es curioso que hayáis nacido con tan poca diferencia de tiempo, tal vez el destino ya tenía planeado traerte aquí – dijo de repente mientras no levantábamos.

- ¿Quiere que le organicemos una fiesta? ¿Tal vez su plato favorito o...?

La señora Nodoka rio y me tocó con el dedo índice la frente – eres muy parlanchina, eso en una mujer no está bien visto.

- Lo siento – dije avergonzada.

- No te disculpes, está bien, eso te hace especial – dijo tomándome por sorpresa – No eres como el resto Akane, tu hermana me lo explicó en su carta, pero no me hacía falta que me escribiera para verlo, tienes mucha agua en tu personalidad, hasta un ciego lo vería.

- Mi madre decía…

- Lo sé, también me lo explicó – dijo con una sonrisa – En su carta me pidió mil veces perdón por las posibles molestias que hubieras ocasionado por tu poca destreza, pero también me explicó que eras especial, diferente al resto…

- No sé que tengo de especial…

- Pronto lo sabrás, tu hermana tiene razón, aun eres una niña, se niña… trabajando sí, pero niña.

La miré curiosa y ella me desató la cinta que sujetaba mi pelo. Mi melena negra calló en cascada por mi espalda y la vi llevarse un dedo bajo la barbilla – Realmente eres preciosa, no te he visto sonreír mucho pero cuando lo haces tus ojos brillan…

- Sí, muchos lo dicen – respondí avergonzada.

- Pero… hay algo aquí que no me gusta – me tomó la melena e hizo un recogido, haciendo así que mi pelo quedara corto – vaya, así estas más guapa, el pelo largo no te favorece mucho, esconde tu cara.

- Debo llevarlo así – dije en un suspiro – era el deseo de mi madre.

La señora Nodoka me miró seria unos segundos, luego sonrió y acomodó mi pelo. Con sus manos me hizo darle la espalda y la noté peinármelo en una coleta baja. Cuando terminó me giró de nuevo y dijo – Pues largo se queda…

Yo sonreí agradecida de corazón y ella me devolvió la sonrisa. Soltó un suspiro y dio una sonora palmada – Bien, ahora el tema del cumpleaños de mi hijo – la miré atenta esperando instrucciones cuando dijo – no trabajaras ese día, te unirás a la celebración como una invitada más.

El asombro me dio un golpe certero y la señora Nodoka soltó una carcajada ante mi cara descompuesta – Pero no me mires así mujer, eres una niña y es un día especial quiero que seas una invitada, además creo que mi hijo últimamente vive para fastidiarte, es mi forma de compensarte tu paciencia para con el.

Fruncí el ceño pero no dije nada, no quería meterme en problemas con mi señora ahora que nos llevábamos bien. La señora Nodoka sonrió y me dio un leve empujón – Are, are, vete a bañarte, por hoy estas libre de tus quehaceres.

- Pero, aún queda mucho por limpiar.

La señora Nodoka puso una sonrisa siniestra en su cara que me hizo temblar de cabeza a pies – Pues creo que es hora de que Shampoo y Ukyo sepan cómo limpiar un suelo.

- ¿Ellas? Pero señora… ellas…

- Ellas están estudiando para ser buenas esposas ¿no? Una buena esposa sabe tener su casa limpia – dijo con sorna mientras me guiñaba un ojo. Yo sonreí y le hice una inclinación profunda.

- Domo, arigatou gozaimasu

- No es nada, no es nada, ahora ve – asentí y tras darle otra leve inclinación salí directa al baño. Una vez entré me frote bien con ese trapo áspero que teníamos y tras estar limpia me metí al ofuro que estaba lleno de agua caliente. El vapor se veía en el ambiente y solté un suspiro. Recuerdo que ese día pensé muchas cosas, lloré mucho y me enfadé también, pero ese día en el ofuro hundadida hasta casi la nariz en el agua caliente, llegué a una conclusión:

Nodoka-sama era mi señora y daría mi vida por ella. Sería leal a ella como un samurái a su señor… mi vida ahora le pertenecía a Nodoka Saotome y su familia, hasta el día que muriera.


Aclaraciones:

Yukata: Es una vestimenta tradicional japonesa. Se usa principalmente para las estaciones cálidas. También se pueden usar de pijama. Es mucho más ligero que el kimono regular al no tener la capa que cubre normalmente a este.

Shiba: El Shiba Inu es el más pequeño de las seis originales y diferentes razas de perro de Japón. Es un perro pequeño y ágil que soporta muy bien el terreno montañoso, ya que fue originalmente criado para la caza. Es similar en apariencia al Akita Inu, aunque es mucho más pequeño en estatura. Es una de las pocas razas de perro antiguas que todavía existen en el mundo.

Kami: es la palabra en japonés para aquellas entidades que son adoradas en el sintoísmo.

Kimono: es el vestido tradicional japonés, que fue la prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. El término japonés mono significa 'cosa' y ki proviene de kiru, 'vestir, llevar puesto'. El corte, el color, la tela y las decoraciones varían de acuerdo al sexo, la edad, el estado marital, la época del año y la ocasión. El kimono se viste cubriendo el cuerpo en forma envolvente como tipo regalo y sujetado con una faja ancha llamada obi.

Futón: es un estilo de cama tradicional japonesa consistente en un colchón y una funda unidas y suficientemente plegables que puede ser o no almacenado durante el día; al almacenar el futón permite otros usos de la habitación, además de dormitorio.

Gomen: Lo siento

¿Honto ni?: ¿De verdad?

Hai: Sí

Amaterasu: es la diosa del Sol en el sintoísmo y antepasada de la Familia Imperial de Japón según los preceptos de dicha religión.

Etto: Una forma de decir "esto…" lo suelen usar cuando no saben que decir.

Arigatou: Gracias.

Edo: a veces romanizado como Jedo, Yedo o Yeddo, es el nombre que tuvo Tokio hasta 1868, año de la restauración Meiji. Fue la sede de poder del Shogunato Tokugawa, que gobernó Japón entre 1603 y 1868.

Roka: pasillo de madera común en una casa tradicional japonesa.

Ceremonia del té: es una forma ritual de preparar té verde o matcha, influenciada por el budismo zen, sirviéndose a un pequeño grupo de invitados en un entorno tranquilo. Es una manifestación significativa de la historia y la cultura japonesa tradicional. Aprender la práctica de la ceremonia del té es estudiar la cultura japonesa. Dado que quien realice la ceremonia debe estar familiarizado con la producción y los tipos de té, además del kimono, la caligrafía, el arreglo floral, la cerámica, incienso, suiseki y un amplio abanico de otras disciplinas y artes tradicionales el estudio de las mismas toma muchos años, a menudo una vida completa. Incluso para participar como invitado en una ceremonia del té formal se requieren conocimientos de los gestos y posturas adecuados y las frases que se esperan, la manera apropiada de tomar el té y los dulces y la conducta general en la sala del té.

Ne: "eh"; interjección, muletilla de pregunta

Oni: son criaturas del folclore japonés que comparten muchas similitudes con los demonios y ogros occidentales. Son personajes populares en el arte, literatura y teatro japoneses.

Nanda: Una forma de preguntar "¿Qué quieres?" o "¿Qué pasa?"

Samurái: La palabra samurái generalmente se utiliza para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, aunque su verdadero significado es "el que sirve", de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años. Normalmente para ser samurái tenías que nacer en una familia de samuráis, un campesino no podía convertirse en samurái a menos que tuviera grandes logros durante las batallas (siendo un soldado raso) o tuviera la suerte de matar un general en batalla y le ofreciera su cabeza a el señor feudal (los samuráis cortaban las cabezas de sus enemigos tras la batalla y se la ofrecían a sus superiores a cambio de una recompensa, cuantas más cabezas, mayor recompensa. También influía el grado de aquel al que habías matado, dos cabezas de soldados rasos eran menos valiosas que la de un samurái del ejercito contrario) Con esto, si impresionabas al señor este podía otorgarte el título de samurái.

Moño de casada: Las mujeres japonesas varían sus kimonos y sus peinados a lo largo de su vida. Cuando son niñas llevan un kimono y peinado determinado, luego cambian a los de jovencitas soltera y más tarde al casarse el kimono pasa a tener las mangas cortas y en el pelo se lleva un recogido de casada.

Tatami: Suelo típico de las casas japonés, normalmente hecho de paja trenzada. Tienen unos diámetros ya seleccionados por lo que las casas se miden por tatamis.

Seppuku: es el suicidio ritual japonés por desentrañamiento.

Souka: "Ya veo"

Kanjis: son los sinogramas utilizados en la escritura del idioma japonés. Debido a la proximidad de Japón con China, cuando los japoneses quisieron empezar a escribir, la influencia china era tan fuerte en la cultura japonesa que simplemente importó muchos conocimientos, entre ellos la escritura. Los kanji son uno de los tres sistemas de escritura japoneses junto con los silabarios hiragana y katakana, para los que existen reglas generales a la hora de combinarlos, pues cada uno tiene una función diferente.

Kawa: río.

Agua en la personalidad: Sui o mizu, significando "Agua", representa las cosas fluidas y sin forma. Además de ríos y lagos, las plantas también son sui, porque se adaptan a su entorno, creciendo y cambiando según la dirección del Sol y el paso de las estaciones. La sangre y otros fluidos corporales son también representados por sui, así como son las tendencias mentales y emocionales a la adaptación y el cambio. Sui puede ser asociado con la emoción, la defensividad, la adaptabilidad, la flexibilidad, la elasticidad y el magnetismo. Akane es una niña que en muy poco tiempo tuvo que adaptarse a vivir la vida de un adulto y a su manera lo consiguió, por eso se dice que tiene agua en su personalidad porque aunque sea un poco "tosca" (sin forma) es una persona que sabe adaptarse y que además te atrapa (sus compañeros y señores se han fijado todos en ella, tanto para bien como Momoha y Nodoka; como para mal en el caso de Yuna)

Are: una forma de decir "anda" o "venga"

Domo, arigatou gozaimasu: Manera formal de decir gracias.

Ofuro: es un baño japonés de agua caliente. En su origen, de madera y modernamente de plástico o acero inoxidable. El ofuro difiere de la bañera convencional por ser más profundo (60 cm.) y de laterales menos inclinados, casi rectangulares. El modelo tradicional en forma de tina de madera o hierro fundido se calentaba con una estufa de leña integrada en la parte baja de su estructura.