¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Espero poder contestar vuestros mensajes esta semana, porque de verdad me hace muy feliz saber que os está gustando.

Sin mas os dejo leer.


El día del cumpleaños del joven señor había llegado. A mi parecer los días habían pasado excesivamente rápidos. En un parpadeo.

Me encontraba en la habitación recién aseada, esa mañana se me había otorgado descanso para poder prepararme para la fiesta en honor a Ranma Saotome, mi señor. Sentada sobre mis rodillas en el centro de mi habitación miraba el hermoso kimono con el que había llegado a la casa de los Saotome un año atrás extendido en el suelo, listo para ponérmelo.

Por suerte no había crecido lo suficiente como para que me quedara pequeño. Miraba con cariño la tela mientras me peinaba el pelo con un peine de púas laqueado que me había prestado Momo-chan. Era un peine precioso negro con pequeñas garzas pintadas. Yo no era muy enterada en el arte de la pintura, pero el artesano de dicha pieza debería considerarse artista.

Me peinaba tranquila la melena, sin ninguna prisa, pues no tenía ganas de ir a la celebración de mi señor. Desde que Shampoo se había enterado de que era una invitada más me hacía la vida imposible. Ranma para mi sorpresa no había puesto el grito en el cielo, simplemente gruñó y salió de la sala. Posiblemente mi señora Nodoka le hubiera dado una buena charla.

- ¡Niña! ¡¿Todavía estas así?! – gritó Yuna haciéndome pegar un bote. La vieja pasa entró en la habitación como el caballo de Atila el huno y cerró la puerta corredera de un portazo mientras murmuraba algunas maldiciones seguramente dirigidas a mi persona.

Sin darme tiempo a reaccionar me arrebato el peine de la mano y colocándose tras de mi comenzó a cepillarme el pelo tan fuerte que temí que me dejara calva.

- ¡Basta! – Decía intentado alejarme de ella - ¡itai! ¡Maldita vieja loca!

Yuna me pegó un tirón de pelos que hizo que mi cabeza cayera hacia atrás bruscamente por lo que yo solo pude soltar un chillido de dolor.

- Niña insolente, no entiendo esa preferencia de mi ama y señora por ti – decía mientras desanudaba mi pelo con fuerza – solo eres una pordiosera y una piojosa. No te mereces a mi señora.

Con cada cepillada mi cabeza inevitablemente se movía hacia atrás, por lo que la huesuda y arrugada mano de Yuna se colocó en lo alto de mi cabeza y la apretó con fuerza para evitar que se moviera. Yo intentaba en vano no soltar gritos de dolor, no iba a dejar que esa vieja disfrutara de mi sufrimiento.

- Tienes el pelo mojado, esto es inútil, cuando se sequé tendré que peinarte de nuevo – seguía mascullando la vieja pasa. No me quedó claro cuánto tiempo había pasado pero lo que era un hecho es que la cabeza ya me dolía. Aun hoy recordándolo puedo sentir mi cuero cabelludo quejándose.

Una vez me peino me empujó la cabeza fuertemente y dijo – Levanta.

Yo me giré mirándola ofendida – Me puedo vestir sola.

- Eres tan inútil que te pondrás el kimono al revés – me gruñó. Yo la miré a los ojos con violencia, dejándole claro que no me iba a amedrentar y por lo visto no le causó ninguna gracia, porque me levantó bruscamente y me desnudo de dos zarpazos.

Yo chillé e intenté cubrirme, estaba en una edad en la que no me entendía ni a mí ni a mi cuerpo por lo que estar expuesta frente a los acuosos y colgantes ojos de Yuna no me gustó para nada.

- No seas tan dramática niña, no estoy viendo nada que no haya visto ya.

La vieja se levantó de un ágil salto y empezó a ponerme una capa tras otra del Kimono. Lo hacía a una velocidad que me sorprendió. Para ser tan vieja, la mujer era ágil y rápida como un gato.

Empezó a atar todos los lazos y a colocar bien los pliegues de la prenda. Cuando terminó me tomó bruscamente del hombro para hacerme girar sobre mi misma mientras me colocaba el obi y me lo ataba a la espalda. Recuerdo que en esos momentos me sentía una muñeca de trapo y paja siendo vestida por mi dueña. Una vez Yuna me termino de atar el obi, dio tres golpecitos en el lazo para acomodarlo mejor.

- Ya está – se dirigió al armario y sacó un lazo del mismo color que mi kimono – si fuera por mí, te habríamos dejado en Edo en algún distrito de prostitutas. Aunque dudo que alguien pagara por una cría tan fea como tú – dijo mientras me colocaba el lazo para atarme el pelo ya casi seco en una coleta baja como yo siempre llevaba.

Ese comentario me enfado ¿Quién se creía esa vieja que era? Es cierto que yo no era una de esas señoritas a las que la señora Nodoka les daba clase para tener contento al vago de su marido cuando se casaran, pero ella no era más que yo, también era una sirvienta, una vieja, pero sirvienta.

- ¿Eso es lo que te paso a ti? – Pregunté separándome bruscamente – ¿eras una simple puta tan fea y amargada que no ganaba una triste moneda? ¿Por eso amas a la señora Nodoka? ¿Por qué te sacó del barrio rojo?

La vieja se quedó helada tras mi brusca contestación, incluso yo me sorprendí de mi misma pues nunca había hablado así, juntarme con Tomoe no era algo recomendable. Estuvo quieta unos momentos y yo saboreé la victoria pero cuando su rostro se deformó en una mueca y sus manos se hicieron puños supe que debía salir huyendo de allí si no quería ser la comida de las carpas en el estanque.

- ¡¿Que has dicho?! ¡Ven aquí niña asquerosa! – la vieja se lanzó lista para darme la mayor paliza que jamás me hubieran dado, pero ella por muy ágil que estuviera me sacaba sesenta años, por lo que en un movimiento rápido me di la vuelta y salí por la puerta. Yuna iba detrás de mí llamándome de todo y yo solo corría como podía en ese prieto Kimono. Recorrí el pasillo, giré a la izquierda y ¡zas! Me choqué de lleno con un cuerpo un poco más alto que el mío.

-¡¿Cómo tu atreverte?! – gritó la chillona voz del cuerpo con el que había chocado. Miré a los ojos carmesí y supe que una vez más los dioses se reían de mí. Mi cuerpo enfundado en el kimono estaba encima del de Shampoo. Al chocar nos habíamos caído, ella sobre su espalda y yo sobre su estómago.

- Maldición – murmuré, de todos los miembros de esa casa, me tocaba chocarme con ella.

Notaba sus brazos empujarme y su chillona vocecilla insultarme, pero yo estaba tan consternada que no me podía apartar.

- ¡Señora! – la voz de Yuna me estremeció. Note como su mano me enganchaba del brazo y me levantaba violentamente mientras me zarandeaba – ¿Cómo te atreves a tirar a mi señora?

Me giré para mirarla con odio – ¡Si no me hubieras estado persiguiendo como una loca esto no habría pasado!

La vieja juntó tanto las cejas que parecía que solo tenía una. Vi a cámara lenta como su brazo se movía hacia atrás con la mano abierta, lista para darme una bofetada. Cerré los ojos esperando el impacto pero una voz la detuvo.

- Yuna, ¿Qué haces? – la vieja detuvo en seco su mano que estaba a menos de un palmo de mi mejilla. Nos giramos para mirar a mi señora, parada ante nosotras con una curiosa mirada en su cara – ¿Por qué ibas a golpear a Akane-chan?

Yuna trastabillo e hizo una reverencia, tirándome al suelo con ella para que la imitara – señora, mi ama y señora, esta insolente niña ha estado causando problemas a la joven Shampoo.

Subí el rostro rápidamente – ¡No es cierto!

- Sí que serlo, tu tirarme al suelo – la cara de Shampoo tenía una sonrisa ladeada. Seguro que estaba disfrutando el momento, aunque lo más probable es que si Yuna me hubiera golpeado de verdad, ahora la china estaría dando brincos de alegría.

-¡Fue un accidente!

- No serlo.

-¡Basta! – gritó la voz de Nodoka haciéndonos callar. Yo bajé mi mirada respetuosamente. Si alguien allí se merecía mi respeto y obediencia era Nodoka Saotome – Akane-chan, cuéntame que ha pasado.

- Esta niña mi señora me ofendió y luego huyó, solo trae problemas, debería expulsarla, llevarla a Edo… - empezó a decir Yuna.

- ¿Te llamas Akane-chan? – la vieja bajó su cabeza aún más profundizando su reverencia.

- No señora.

- Bien, pues a quien quiero escuchar es a Akane.

Yo levanté mi vista y miré fijamente a mi señora. Eran dos contra una, lo que yo dijera lo podrían negar las otras dos y por eso esperaba poder expresar con mis ojos a Nodoka-sama que decía la verdad.

- Yo me estaba preparando para la fiesta del joven señor y entonces entró Yuna, tuvimos una pelea donde ambas nos dijimos cosas hirientes.

- Tú me insultaste mocosa.

Nodoka-sama le lanzó una mirada de advertencia y la vieja volvió a callar, entonces proseguí – Yuna se lanzó a golpearme por lo que hui. Salí corriendo por el pasillo y al girar tuve la mala suerte de encontrarme a la joven Shampoo, que últimamente parece estar en todos los sitios en los que estoy yo solo para fastidiar – dije esto último con aspereza – parece un castigo de los dioses.

Una vez más, mi lengua traicionándome. Si ya lo decía mi madre, no puedo evitarlo, hoy en día, incluso después de vieja mi sinceridad extrema me ha llevado más de un problema. Pensé que la señora Nodoka se enfadaría pero vi que su rostro aparecía una sonrisa disimulada.

- ¿¡Como tu atreverte!? – Shampoo me miró indignada – ¡Señora! ¡Shampoo exigir disculpa!

La señora Nodoka rodó los ojos – No ha sido para tanto. Yuna, levántate y ve a comprobar que está todo listo, Momoha te espera en el salón – la vieja asintió y tras otra reverencia salió rápidamente dejándonos solas a Shampoo, Nodoka-sama y a mí.

- Shampoo, vete al salón, siéntate y espéranos.

La china abrió los ojos sorprendida – ¿No hacer que ella disculparse?

- Me disculpo yo en su nombre – contestó mi señora con aburrimiento en su voz – No ha sido para tanto.

- Pero madre…

Abrí los ojos sorprendida al igual que la señora Nodoka que pareció una taza de té explotando por la temperatura ardiente de su contenido – ¡No vuelvas a llamarme así! – Shampoo y yo dimos un bote – ¡No te confundas! ¡Para ti soy señora Saotome!

- Pero…. Yo casarme con Ranma.

- No por mi decisión créeme – dijo Nodoka – sama sorprendiéndonos a ambas. Yo no decía una palabra, solamente me mantenía al margen viéndolas discutir y recopilando información que pudiera ser valiosa para el futuro. Últimamente Shampoo ha sido demasiado irrespetuosa con mis compañeras lo que ha derivado en un aluvión de críticas contra su persona e historias verdaderamente interesante que atesoraba en mi cabeza para usarlos como arma llegado el momento oportuno. No puedo evitar reír al darme cuenta de que en el fondo, me parecía un poco a mi hermana Nabiki.

- Pero…

- he dicho que te vayas – le cortó. La chinita intentó hablar pero solo bufó y salió atusando su larga melena, chocando su hombro con el mío al pasar por mi lado.

Una vez desapareció la señora Nodoka suspiró y me miró con una leve sonrisa en la cara – Por Kami, Momo-chan tiene razón, parece que atraes los problemas Akane-chan.

- Lo sé, siempre me pasa, desde pequeña.

La señora Nodoka se acercó a mí y me encogí, realmente pensaba que ahora me caería la reprimenda a mí, pero en vez de eso, mi señora colocó su mano sobre mi cabeza suavemente – Intentaremos cambiar eso.

- ¿Cómo? – pregunté curiosa.

- No lo sé, pero algo haremos – me miró de arriba abajo, inspeccionándome bajo su ojo de halcón. Colocó una mano bajó su mentón y tras un examen con la misma mano hizo un gesto dándome a entender que quería que me diera la vuelta. Lo hice sin rechistar y escuché la voz de mi señora – es un kimono precioso, muy bonito, y nuevo. Cuando llegaste pedí que lo guardaran bien.

Yo me volví a girar esta vez con la cabeza gacha – Me lo regaló mi hermana y su esposo, el mismo día que mi hermana Nabiki me vendió a su esposo y a usted.

Nodoka-sama me miró con gesto de asombro y luego su rostro se tiñó del mismo dolor que el mío propio, como si ella compartiera mi sufrimiento – Sumimasen, Akane-chan.

- ¡No es culpa suya señora! ¡Ni suya ni de su marido! – Grité rápidamente – La culpa es de mi hermana, ella me vendió…

Notaba de nuevo esa sensación de tristeza abrazarme, lo notaba en mis brazos y espalda. Notaba literalmente los brazos del dolor atraparme. Pero entonces caí en la cuenta que no eran los brazos de la tristeza, eran los de mi señora Nodoka.

Me había abrazado protectoramente, como el día que me entregó la carta de mi hermana Kasumi. Yo me dejé abrazar, no era correcto, pero en el fondo no era más que una niña pequeña buscando afecto. Me abrazó un rato, en silencio, reconfortándome como una madre a su hijo.

- Emm… sumimasen – una temblorosa voz nos hizo separarnos. Ryoga-kun y Mousse nos miraban sorprendidos. Supongo que era raro ver a la criada vestir un bonito kimono nuevo y siendo abrazada por su señora.

- Ryoga-kun, Mousse-kun… - mi señora se separó y sonrió a los chicos falsamente – ¿Ya están listos?

Los jóvenes señores asintieron. Vestían ropa tradicional. Ver a Ryoga en un kimono masculino era más normal para mí pues rara vez usaba otro tipo de ropa, solo cuando entrenaba con los hombres que solía vestir ropajes chinos. En cambio, ver a Mousse con un kimono masculino me llamó profundamente la atención. Era el más alto de los tres por lo que el Hakama le hacía las piernas más largas de lo normal. Le sentaba bien. Según el usar ropas chinas le gustaba más que la japonesa pues era más cómoda y no tenía que llevar vestido de mujer. Me parecía un pensamiento muy raro y un poco machista pero no se podía decir nada.

- Si mi señora Nodoka – dijo Ryoga educadamente – por lo que veo usted también, está esplendida.

- Arigatou, Ryoga-kun – y luego movió sus ojos hasta Mousse – Caramba, estas muy cambiado, te sienta bien esa ropa.

- Arigatou gozaimasu, señora – contestó el chino haciendo una reverencia – aunque aún me siento un poco incómodo.

- No estás acostumbrado – dijo mi señora con una sonrisa – es cuestión de paciencia y vestirlos a menudo.

Mousse asintió – eso será – Luego me miró a mí. Me sonrió y se inclinó, yo me sonrojé e imité su gesto inclinándome también.

- Akane-chan, ¿eres tú? – Preguntó la voz de Ryoga – kun. Yo le miré curiosa y asentí – Vaya, ¡estas hermosa!

Nodoka sonrió ladeadamente mientras me miraba. Yo me sonrojé aún más y comencé a balbucear, no sabía cómo contestar a eso por lo que solo pude mirar al suelo. Mi señora soltó una risita y se dirigió a ellos diciendo – Deberíais ir al salón, ya todos están allí.

- ¿Ranma…? – el joven Ryoga paró en seco al darse cuenta de que no había nombrado a su compañero y señor con el nombre que merecía – es decir… el señor…

- Esta bien, Ryoga-kun, entiendo que le llames de forma amistosa, sois amigos, prácticamente crecisteis juntos – los muchachos bajaron la cabeza y yo me sorprendí. Me maravillaba el hecho de que esa mujer, mi señora, era tan respetada por todos, desde hombres a mujeres. Definitivamente yo quería ser como ella – también está en el salón con su padre. Id.

Ryoga y Mousse hicieron una reverencia y desaparecieron dejándonos nuevamente solas. Yo seguía sonrojada por los halagos de Ryoga – Bueno querida, creo que somos las únicas que faltamos.

Yo asentí y esperé a que mi señora caminara. Iba muy nerviosa, nunca había estado en una comida de cumpleaños con gente tan educada y poderosa, porque digan lo que digan, mi señora, descendiente de samuráis, era poderosa. Sentía mis piernas temblar, como si fuera a comer con el mismísimo emperador en persona.

Mi señora debió notarlo porque dijo – No estés nerviosa, no comerás con nadie que no conozcas ya.

- Lo sé, pero no es que me lleve muy bien con algunos. Además que no es lo mismo servirles la comida, que comer a su lado.

Nodoka – sama soltó una risa - ¿hablas de mi hijo?

- en parte…

- No te preocupes – me tranquilizó – ya he tenido una charla con el - ¡lo sabía! Había sido muy raro que el joven Ranma no hubiera montado un escándalo al saber que una niña torpe y marimacho era una invitada más en su cumpleaños.

La seguí en silencio pero al llegar a la puerta de la sala que permanecía cerrada mi señora me dijo – No entres tras de mí, entra a mi lado, a la derecha – yo asentí y me coloqué junto a ella en silencio.

Justo enfrente de la puerta estaba Sasuke, arrodillado listo para abrirnos la puerta. Cuando llegamos nos hizo una reverencia y me sentí muy mal porque ni siquiera me miró a los ojos. El pobre temblaba como una hoja y miré a Nodoka-sama con suplica. Ella asintió entendiéndome perfectamente.

Me acerqué a mi amigo y le toqué el hombro, el no levantó la mirada la seguía teniendo gacha – Sasuke-kun, mírame.

El negó con la cabeza por lo que yo seguí insistiendo – No soy una señora, por Kami, eres mi amigo. Mírame.

Sasuke levantó sus temblorosos ojos de huevo y los colocó sobre mi cara. Yo le sonreí dulcemente, intentando tranquilizarle, dejándole claro que aunque hoy cenara como señora, seguía siendo criada – ¿estoy guapa?

Él se sonrojó furiosamente y asintió, le sonreí y le abracé con fuerza – Arigatou, Sasuke-kun.

Me levanté de nuevo y me coloqué junto a mi señora, alegre de haber tranquilizado un poco a mi amigo. El pobre Sasuke aún seguía un poco nervioso pero al menos no le temblaban las manos al abrir la puerta.

Cuando la estancia apareció ante mi todos nos miraron con los ojos de par en par. Momo-chan era la única que nos miraba sonriendo, lanzándome esa mirada de "luego tú y yo tenemos que hablar"

Repasé las caras de todos los presentes. El señor panda, vestido elegantemente; aunque no iba guapo, su enorme barriga le quitaba todo el encanto. Su cara detonaba sorpresa y algo de mal estar, como si mi posición junto a su esposa le molestara. Mousse y Ryoga me miraban a mí y luego a mi señora una y otra vez, sorprendidos de que fuera a su lado y no detrás.

Ukyo con un precioso kimono amarillo y naranja, con su larga melena en un elegante recogido tenía los ojos abiertos de par en par al igual que la boca que le colgaba abierta. Miró a Shampoo quien tenía la cara de un perro furioso. Sus puños estaban apretados sobre sus rodillas y si las miradas matasen yo habría muerto fulminada en ese instante. Sabía porque me miraban así. Era pobre y sirvienta, pero no tonta.

Que mi señora me diera el honor de entrar junto a ella como un igual les carcomía por dentro, sobre todo a la china. Desde que estaba en esa casa, Shampoo intentaba ganarse el puesto de mano derecha de mi señora, al igual que Ukyo. Se pisaban y traicionaban para que la una fuera superior a la otra en cuanto al trato con mi señora Nodoka. Ninguna conseguía nada más que desprecios y bufidos de la mujer, por eso verme a mí, una simple criada comprada por unas monedas estar al lado de la mujer más poderosa de esa casa les hacía enfurecer.

La mirada que no quería ver era la de mi joven señor, la de Ranma. En un ataque de imprudencia le lancé una leve mirada de reojo encontrándome con sus enormes ojos azules abiertos de par en par. Parecía que estaba viendo a un oni de esos que vienen en las noches a devorar los huesos de los niños. A diferencia del resto, él no había cambiado su ropa china y nadie parecía molesto en ello, claro, era el heredero y futuro señor. Su boca estaba abierta de par en par en un gesto de sorpresa; es irónico el ver como el madurar te cambia la perspectiva de las cosas. De niña pensaba que para Ranma era una especie de monstruo al que miraba con miedo y reticencia. Hoy, recordando esa mirada me doy cuenta de que estaba sorprendido, gratamente sorprendido. El sonrojo de sus mejillas me lo decía, pero era tan inocente que por aquellos tiempos no podía verlo.

- Gracias por la espera – dijo solemne mi señora mientras se sentaba frente a la pequeña mesa que había colocado Momo-chan con los alimentos – akane, tu eres mi invitada así que estarás a mi lado – miró a Shampoo que siempre se colocaba a la izquierda de mi señora y con un gesto de cabeza la hizo moverse.

- ¡No ser justo! ¡Yo casarme con Ranma!

- Nadie te ha dicho lo contrario – dijo mi señora con voz de aburrimiento. Shampoo repetía esa frase al menos cinco veces al día, en un infantil intento de destacar por encima de los demás – solo que hoy, Akane-chan es mi invitada y se sentara a mi lado.

- Solo ser una criada estúpida.

- Y tu una niña consentida con ínfulas de señora – dijo Nodoka apretando el gesto y haciendo que su marido la mirara seriamente – Recuerda que no es mi elección el que te cases con mi hijo, son los deseos de mi esposo y los debo acatar, pero si por mi fuera no te podrías acercar a mi hijo a menos de cien metros – Shampoo la miraba atónita, creo que jamás mi señora había hablado así a ninguna de ellas. Que fuera dura con las criadas era una cosa, pero con las jóvenes señoras… - ahora, muévete.

Shampoo se levantó y se movió al otro lado de la mesa. Momo-chan recogió su Chabudai y lo puso de nuevo frente a la joven Shampoo, que se había puesto entre Genma y Ranma, que se encontraba a la derecha de su madre. Solo Nodoka-sama me separaba de Ranma. Me senté nerviosa, mis piernas temblaban y vi como Momo-chan colocaba el chabudai frente a mi repleto de comida.

La miré avergonzada y ella me guiñó el ojo con una sonrisa que levemente devolví.

- Itadakimasu – dijo la señora Nodoka, bendiciendo la mesa. Todos la imitamos y nos dispusimos a comer. Yo apenas levantaba la cabeza del plato.

Durante la comida yo no hablé y ni apenas me moví. Escuchaba vagamente las conversaciones de mis acompañantes, pero eran como un eco lejano en mi cabeza, yo lo único en lo que podía pensar era en comer rápido y no moverme mucho para no llamar la atención y poder ser objeto de burlas o desprecios pues no lo iba a aguantar y si explotaba podía llevarme a un problema.

Por lo poco que escuchaba, las conversaciones las iniciaba el señor panda, que si los chicos entrenaban bien, que si Ranma era rápido pero arrogante, que si Ryoga era demasiado impulsivo, que si Mousse necesitaba ganar más rapidez... en cambio, mi señora siempre respondía un: - pues Ukyo está haciendo grandes progresos en caligrafía y cocina, al igual que Shampoo en costura pero siguen siendo un desastre en arreglos florares y ceremonia del té.

Yo fruncí el ceño disimuladamente, ¿Por qué los hombres hablaban cosas tan importantes y maravillosas como el arte de la lucha, y Shampoo y Ukyo estaban relegadas al simple arte de ser una buena mujer? ¿Por qué Ukyo no podía aprender a usar una katana sin perder su feminidad? ¿Por qué solo los hombres podían aprender el arte de la lucha cuerpo a cuerpo pero no debían aprender a coser un kimono? Era injusto.

- ¿Y tú Akane? ¿Sabes hacer arreglos florales? – me preguntó la voz de Ryoga sacándome de mis pensamientos.

Yo le miré curiosa levantando por primera vez en la velada la vista de mi cuenco de arroz. Iba a contestarle que no necesitaba aprender semejante inutilidad cuando Shampoo se me adelantó con su lengua de víbora.

- ¿Cómo ocurrírsete Ryoga? El arte de arreglos florales estar muy lejos de las capacidades de alguien como ella.

Fruncí el ceño ante el comentario de la china – ¿Alguien como yo? ¿Qué quieres decir?

- Alguien sin clase ni elegancia – me contestó con un tono de voz prepotente, igualito que el que ponía Nabiki frente sus amigas en el pueblo.

No pensaba dejar que esa niña tonta y consentida me pisoteara y para mi suerte a esas alturas de mi estancia en la casa Saotome, Momo-chan, Sayuri y alguna otra compañera me habían contado los trapos sucios de Shampoo, y estaba dispuesta a usarlos ahora mismo.

Dejando elegantemente el cuenco en mi mesa, me cruce de brazos y poniendo un gesto de soberbia propio de una mujer de la realeza dije – Bueno, no sé quién te piensas tu que eres, si llegaste aquí metida en una barca de remos como un polizón.

La china y los demás presentes abrieron los ojos como platos, no se esperaban que fuera a decir aquello. Vi por el rabillo del ojo como Ranma ocultaba una sonrisilla y sentí un calorcito en el estómago. Luego vi los ojos de la china estar en llamas.

- ¿¡Tú que saber!? ¿¡Quien contarte esas mentira!?

- ¿Si son mentiras porque te pones tan a la defensiva? – Dije encogiéndome de hombros – No sé quién te crees que eres mandando a todos que te traten entre algodones cuando el señor Saotome te compro a una familia humilde de mercaderes a cambio de suministros de seda y te chino de por vida. Eres como yo, mercancía, solo que tuviste la suerte de que tu familia hizo un trato ventajoso con el señor Saotome. Ellos les daban el suministro de por vida gratis, pero a cambio deberían cuidar de ti. Tus padres acordaron que serías la prometida del heredero de la familia para que cuando llegue el momento y te conviertas n la señora de una de las mejores familias de Japón puedas mandarles dinero o incluso meterles de forma ilegal en el país. La única diferencia entre tú y yo es que a ti te dieron gratis a cambio de un matrimonio, por mi pagaron unas cuantas monedas. Pero en el fondo eres tan baja y de pueblo como yo, no vayas ahora de señora.

- ¡BASTA! – gritó el señor Saotome. Yo pegué un brinco y le miré asustada, la había liado pero bien. Desde hacía un año que ni me miraba, ni me dirigía la palabra y ahora sus ojos me miraban fríos y llenos de ira. Era el fin – ¿Quién te ha contado eso? – Yo me mantuve callada lo cual lo desespero aún más pero yo no iba a dejarle ver mi temor – ¿¡Quien!?

Debía encontrar una excusa rápida pues vi que Momo-chan tenía cara de pánico y temblaba como una hoja. No podía dejarles en evidencia por lo que pensando rápido para no enfadar más al señor panda me encogí de hombros y dije – La gente en Edo habla. Cuando acompaño a las jóvenes y la señora en sus paseos escucho los cuchicheos de las viejas. Edo es grande, pero todos saben de todos.

Genma Saotome respiraba agitadamente, haciendo que sus aletas nasales se movieran de forma cómica, parecía que se lo había creído pues su semblante se destensó un poco pero mirándome seriamente me dijo – Nunca, jamás, se hablará de ese tema. Si lo escuchas, lo desmientes.

- Es complicado desmentirlo si la escuchas hablar – dijo Nodoka-sama que se había mantenido al margen – Es un poco extraño que una joven china esté en Japón teniendo en cuenta que es delito y que las fronteras están cerradas a todo aquel que quiera salir o entrar. Con Mousse podemos disimular, es bueno con el idioma pero ella… ella es caso aparte.

- Nodoka, ya te lo dije…

- Sí, sí – respondió con gesto aburrido – La encontramos de polizón en un barco perdido a la deriva mientras estábamos en un viaje y no tuvimos corazón de hacer nada luego le tomamos cariño y tal y tal y tal – Genma miró a su mujer enfadado pero mi señora ni se inmutó – Tranquilo, conozco la historia.

- Pues cuéntasela a tu criada favorita, parece que además de ser inútil como mujer tiene la lengua larga, impide que se la corte.

Ese hombre arrogante y feo me sacaba de mis casillas. La verdad era que aunque llevara allí prácticamente un año no sabía nada de los Saotome ni de los que allí Vivian. Debería empezar a recabar información, mi cabeza y cuerpo me lo pedían pues desde que tengo uso de razón soy una persona curiosa y en esa casa había demasiado misterio.

Shampoo que seguía roja de ira me miró a los ojos y me dijo – La diferencia entre tú y yo ser que ranma aceptar a Shampoo como esposa sin pensar, contigo no querer casarse nadie nunca.

- Me da igual – dije tranquila retomando mi comida – No pienso casarme nunca.

- Eso ser porque nadie quererte.

Me encogí de hombros – No necesito a un hombre a mi lado, yo sola me basto.

Escuche una leve risa de Nodoka-sama que hoy en día cuando la recuerdo no sé muy bien si era irónica o de verdad le había hecho gracia. No pensaba dejar que Shampoo me humillara nunca más, me daba igual quien fuera o delante de quien estuviera. Nadie pisotea a Akane Tendo. Ya llevaba mucho tiempo aguantándome y mordiéndome la lengua, pero como padre decía, yo era el rio y el rio aguanta y aguanta y aguanta hasta que una grieta aparece y sale todo a presión creando verdaderos cataclismos. Y esa china había forzado demasiado la paciencia del rio.

- Yo me casaría con ella encantado – dijo la amable voz de Ryoga-kun. Le miré sonrojada y el me dio una leve sonrisa – A mi Akane-chan me parece hermosa y muy interesante.

Ranma soltó una risita burlona haciendo notar su presencia por primera vez en toda la comida. Yo fruncí el ceño pero este ni se inmutó, siguió comiendo como si nada. La que si tuvo algo que decir fue Ukyo quien girando el cuello tan fuerte que casi se lo disloca dijo:

- Por si no se te olvida tu prometida aquí soy yo.

Ryoga sonrió nervioso – lo sé, pero no puedo negar que me gusta mucho Akane-chan – ante la mirada de ira de Ukyo, Ryoga movió rápidamente las manos, nervioso – Tu también me gustas U-chan, es decir, vamos a casarnos…

- Ya no quiero casarme contigo – dijo la castaña cruzándose de brazos y girando su rostro de forma orgullosa.

- U-chan… - murmuró lastimero Ryoga haciéndome reír levemente. En todo el tiempo que llevaba conociéndoles esos dos habían roto y recompuesto su compromiso más veces que noches tiene un siglo. Era patético, no llegábamos a la docena de años de vida y ya pensaban en casarse, en estar juntos toda la vida, sin tener más ilusión que esa. Sin sueños, ni metas… era algo bárbaro desde mi punto de vista.

- Déjame, vete con Akane.

Yo solté una leve carcajada y todos me miraron de nuevo. Me sentía el centro de atención, como un pájaro exótico dentro de una jaula de oro siendo observado por miles de visitantes, era un poco incómodo.

- Tranquila joven Ukyo, el joven Ryoga solo quiere ser amable, es un caballero pero le he escuchado muchas veces suspirar su nombre – el chico me miró con la ceja alzada.

- ¿En serio Ryoga? – preguntó ilusionada la castaña. Ryoga me miró aun confundido y yo le di una mirada severa. El entonces lo entendió. Era mentira que le había escuchado suspirar el nombre de la joven Ukyo, es mas siempre le veía desojando margaritas con el nombre de miles de mujeres, incluso el mío y el de Momo-chan, pero el de Ukyo nunca.

Típico de los hombres, desean lo que no pueden tener, desprecian lo que tienen.

- Sí, de verdad… es decir, eres mi prometida – dijo sonrojado.

La chica se quedó contenta y todavía me da la risa cuando recuerdo el suspiro de alivio y la mirada agradecida del que era mi superior y más tarde sería amigo. Jamás me había interesado el joven Ryoga, era guapo sí, pero no era mi tipo. Miré de reojo a aquel que hacía latir mi corazón de forma enérgica, ya fuera de nervios o de ira, pero Ranma Saotome, jamás me era indiferente.

- ¿Por qué no quieres casarte Akane? – me preguntó Nodoka-sama.

- Porque no quiero depender de un hombre toda mi vida, que él sea mi dueño. No quiero que un hombre se crea que le pertenezco y me obligue a acatar órdenes y decidir cosas que yo no deseo. No estoy dispuesta a que otro traiga el arroz a mi mesa cuando me lo puedo ganar yo. Yo soy independiente, no necesito a nadie y menos a un hombre para ser feliz.

Nodoka-sama me miró con un brillo en los ojos, un brillo que descifré como orgullo, orgullo de mí, de mis palabras. Luego miró a su hijo y le pregunto – ¿Y tu hijo mío? ¿Cómo llevas cumplir un año más?

El joven señor se encogió de hombros – Me siento igual que cuando tenía diez.

Nodoka soltó una dulce risa – Espero que estés disfrutando la comida hijo mío.

- Sí madre, gracias. Aunque si cierta persona tuviera la boca cerrada la velada sería mejor.

Supe que el comentario iba para mí porque sus azules ojos estaban clavados en los míos. Yo fruncí el ceño y dije – ¿Hablas de mí? – le pregunté de mala manera.

- Pues si – me contestó áspero – siempre dices lo que piensas sin que nadie te pregunte.

- Es que tengo mucho que decir.

- Pues ahórratelo, ese no es tu trabajo como tampoco lo es coquetear con tus superiores.

Ahora sí que estaba ofendida. Ese niño tonto se atrevía a decir que yo coqueteaba, como si fuera una cualquiera desesperada por la atención de los demás.

- ¡Ranma! – Le gritó mi señora – Eso ha sido muy mal educado.

- ¿Por qué? – Respondió furioso – Ya lo has visto, se la pasa coqueteando con Ryoga toda la cena metiéndole en problemas con su prometida y luego va detrás de Mousse como un perrito faldero.

- ¿¡Que has dicho!? – yo estaba que no me lo creía, por Kami, teníamos diez años, éramos niños y me acusaba de unas cosas que no cabían en la cabeza. Nadie, con diez años está interesado en casarse, y mucho menos sabe coquetear como una adolescente, pero según Ranma yo era experta en ello. Cree el ladrón que todos son de su condición.

- Lo que has oído – me respondió con la misma furia – para no querer casarte nunca llamas mucho la atención, parece que si te gusta.

- ¡Retira lo dicho! – le grité poniéndome en pie.

- ¡Nunca! – contestó imitándome – ¡Me tienes harto con ese comportamiento, siempre amable de aquí para allá con todos, sonriendo a Ryoga, paseando con Mousse por los jardines y que hablar de ese idiota de Sasuke, te pasas el día a su lado y abrazándole!

- ¡Es mi amigo! ¡Soy amable! – la desesperación me recorrió el cuerpo, no entendía los reproches de Ranma. Nunca pensé que de todo lo que hacía me echaría en cara mis amistades con Mousse y Sasuke.

- ¡Eres una marimacho tonta y torpe que se junta con chicos de segunda porque sabe que jamás tendrá a un hombre como yo!

Apreté los puños y di un paso adelante saltando por encima de mi mesa ante la mirada de todos – ¿Hombre? Más bien niño.

Ranma me imitó y saltando por encima de su mesa se acercó a paso firme a mí – ¿Niño? ¡JA! Ya soy un hombre, en dos años más me iré con mi padre a servir al emperador y más tarde me casaré mientras que tú seguirás sola y amargada limpiando mi casa y sirviéndome.

- ¡En tus sueños! ¡Primero cometo seppuku!

- Es tu deber ¡tú deber es estar a mi lado para siempre!

Esas palabras me impactaron, no sabía cómo tomármelas, si como una declaración muy torpe de amor o como un comentario machista y egocéntrico. Con mi edad comprenderéis que lo entendí como la segunda opción, hoy sigo pensando igual, el joven Ranma siempre fue muy torpe a la hora de demostrar sus sentimientos – ¡Nunca! ¡Nunca me podrás obligar a estar a tu lado si así no lo deseo!

- ¡Claro tu prefieres estar con Sasuke o Mousse!

- ¡Pues si mil veces lo prefiero! – le grité en la cara. Con la discusión nos habíamos ido acercando cada vez más. Esto fue algo que no cambió nunca entre nosotros, las peleas, los gritos, las palabras hirientes… según Momo-chan, éramos niños peleando como adultos.

- ¡Pues quédate con ellos tonta!

- ¡Loco!

- ¿Loco yo? ¡Loca tú por fijarte en ese imbécil de Sasuke!

- ¡Es mi amigo! ¿¡Y si me gustara a ti que te importa!?

Ranma se quedó parado un momento, mudo. Noté como poco a poco los colores de su cara iban cambiando. Antes estaban de un tono rosáceo debido al enfado, para ir pasando por una variedad de rojos hasta que se quedó en el rojo brillante típico del sonrojo extremo. Pero eso no le hizo callar, viéndose acorralado y como siempre hacía el joven señor se defendió con uñas y dientes para recuperar su orgullo.

- No me importa – dijo poniendo sus brazos tras la cabeza en la típica pose que ponía cuando algo le daba igual – Solo que siento pena por él, menudo castigo que alguien como tú se enamore de él.

- ¡Idiota! – le grité roja de ira y apretando los puños. Él se echó a reír y sentí que el rio que había en mi había vuelto a encontrar una presa, lo notaba acumular energía y le faltaba muy poco para resquebrajarlo y volverse un tsunami – ¡No me gusta, es mi amigo! ¡Tonto!

- ¿¡A quien llamas tonto!? ¡Boba!

- ¡A ti! ¡Anormal!

- ¿¡Anormal yo!? – Me gritó enfadado – ¡Bruta!

- ¡Mimado!

- ¡Marimacho!

- Te repites, ¡busca insultos más originales! ¡Nenaza!

- ¡Torpe!

-¡Mocoso!

-¡Fea! ¡Gorda! – me gritó alargando la "a" final. A medida que nos insultábamos nuestras cabezas se acercaron hasta que tuvimos las frentes pegadas. Con el último insulto mi paciencia se agotó y el rio de mi interior rompió la presa haciendo que mi ira arrasara todo lo que encontraba a su paso. Que para mí buena suerte era la cabeza de Ranma.

Pegué un gritó bestial me puse en posición de ataque lanzando un puñetazo a esa cabeza dura y vacía que pertenecía a mi joven señor. Este se sorprendió y esquivo mi puñetazo, entonces como padre me había enseñado, recogí el brazo y levanté la pierna contraria para darle una patada que para mí mala suerte también esquivó.

Debido a la estrechez del kimono no podía levantar bien la pierna por lo que me frustré e hice algo de lo que me iba a arrepentir más adelante – Maldito Kimono ¡es imposible moverse con esto! – y con un gesto brusco rasgué la parte baja del kimono, justo al lado de mis piernas para tener libertad de movimiento. Cuando me vi libre de ese agarre, sonreí torcidamente y dando un grito le lancé una patada dando un giro sobre mi misma para coger velocidad y que en caso de que esta impactara en Ranma le dejara un buen chichón.

Los ojos azules me miraban asombrados y yo sabía porque. Mis ataques eran golpes estudiados, eran golpes típicos de una pelea de artes marciales tal y como padre me había enseñado. Como hacía tiempo que no entrenaba, mis movimientos eran algo torpes, pero debido a la ira lanzaba patadas, puños y más patadas intentando alcanzar a mi joven señor.

Este se defendía o esquivaba, pero nunca me atacó lo cual me puso aún más furiosa pues pensé que no me estaba tomando enserio. Avancé entre golpes y más golpes y Ranma dio un ágil salto hacia atrás para quedar a mi espalda.

Noté como intentó bloquearme haciéndome una llave, pero me adelante y lancé una patada lateral hacía atrás acertándole levemente en el costado. Fue un roce, pero le había tocado. Los presentes, sobre todo los hombres me miraban sin creérselo. Cuando intente barrerle los pies dio una voltereta y salió al jardín por la puerta que estaba abierta. Yo salí detrás de él, y tras de mí el resto de comensales, hasta Momo-chan se había asomado a mirar.

Le encontré rápidamente y volví al ataque, esta vez con un puñetazo en su cabeza. El me lo bloqueó con una mano e intentó agarrarme con la otra para inmovilizarme pero giré sobre mi misma y me arqueé hacia delante, haciéndole girar sobre mi espalda y provocando que cayera de espaldas al suelo.

Se levantó de un salto y le volví a atacar. Atacaba y el esquivaba dando un paso hacia atrás, luego lo mismo y lo mismo de nuevo. Estábamos tan obcecados que no nos dimos cuenta cuanto nos habíamos adentrado en el jardín y para cuando nos dimos cuenta Ranma estaba al borde del lago de las carpas.

Le miré a los ojos y el me miró a mí, con una mezcla de sorpresa y un sentimiento que no pude describir pero que me hizo sentir algo en el estómago, lo cual me enfureció mas. No podía permitirme el lujo de sentir cosas por él, no podía, antes muerta.

Pegué un grito y le lancé un puñetazo pero esta vez al esquivarlo, resbalo y cayó en dirección al lago de espaldas. Antes de que pudiera apartarme para evitar caer, el me agarró el brazo con el que le había atacado y me arrastró con él al fondo.

Sentí pánico, mucho pánico. Dentro del agua Ranma me había soltado y yo no podía salir. El lago no era un lago pequeño, era uno de tamaño considerable y con una profundidad como mínimo peligrosa para alguien que no supiera nadar. Y ese era mi caso.

Recuerdo que dentro del agua, haciendo inútiles esfuerzos por salir a la superficie pensé que era irónico que mi padre dijera que yo era el rio cuando no sabía nadar. Iba a morir en la imagen real de mi espíritu. Un extra era el kimono, tantas capas pesaban, además de que mojado era como tener un traje de plomo y piedras encima. Sentí la punzada del miedo envolverme al ir hundiéndome. Me picaban los pulmones pues ya empezaba a fallarme el oxígeno, pero también recuerdo tener una sensación de paz, pues a medida que me hundía pensaba en mi familia, pensaba que me reuniría con mi madre en la otra vida y que pronto padre se uniría a nosotras y volvería a ser feliz.

Pero entonces la imagen de unos ojos azules aparecieron en mi mente, si moría no volvería a ver a Ranma y aunque quisiera negarlo ver esos ojos azules cada día me gustaba, anqué solo recibiera insultos y desprecios, aunque intentara negármelo, Ranma me gustaba, me había gustado la primera vez que le vi y si moría, no le vería nunca más.

- Ranma… - ese fue mi pensamiento mientras intentaba salir a la superficie inútilmente. Notaba que me mareaba, perdía el conocimiento, entonces unos brazos tiraron de mí y me sacaron a la superficie. El aire golpeó mis pulmones con fuerza haciendo que tosiera, comencé a respirar con dificultad y me aferré al cuerpo de quien me había salvado, sollozando, temblando del miedo.

- Akane, ¿estás bien? – me preguntó Ranma. Abrí los ojos al escuchar la voz de quien me había salvado, había sido él. Había sido mi joven señor, mi Ranma.

Yo sollocé y me aferré a él aún más, notando su calor, aspirando su aroma. Quería ver que no era mi imaginación, quería ver que estaba viva y que esta no era una alucinación porque acababa de morir. El me aferró aún más a él intentando flotar.

- Ya está, no te preocupes estas a salvo… - nadó como pudo y con la ayuda del señora panda me sacaron del lago. Yo seguía aferrada a él, negándome a soltarle.

- Akane-chan ¿estás bien? – me preguntó Nodoka-sama mientras nos rodeaba con unas toallas.

- Ranma mi amor – decía la voz de Shampoo en una mezcla de preocupación y enfado – Ya salvarla, soltarla ¡ya!

El la ignoró y me abrazó aún más fuerte haciéndome sentir protegida. Yo temblaba no sé muy bien si de miedo o de frio pero temblaba como una hoja. Ranma me abrazaba con fuerza y me frotaba los brazos para darme calor – Ya está, estas a salvo, yo estoy aquí.

- Ranma, llevémosla dentro – dijo Nodoka-sama. El asintió y me tomó en sus brazos dejando a todos atrás sorprendidos. Algunos callados, otros lanzando las diez mil maldiciones como era el caso de Shampoo pero dejándolos atrás, a ellos, los señores, para cuidar de mí, una simple criada.

Mientras me cargaba y entrabamos en la casa me susurró al oído – Estaba equivocado, no pesas nada. Deberías comer más – aun me hace gracia recordar la forma tan tonta que tuvo de intentar animarme, pero a fin de cuentas éramos niños.

Momo-chan nos llevó rápidamente a mi habitación donde mi salvador me tendió en el suelo. Me soltó y se separó de mí sin dejar de verme, yo solo me abrazaba a mí misma, aterrada y helada.

Al poco la señora Nodoka llegó seguida de Satsu, Meiko y Yuri cargando grandes toallas y palanganas de agua caliente. Mi señora se arrodillo a mi lado tocándome la cara con preocupación mientras Momo-chan me colocaba las toallas encima de la cabeza para secarme el pelo.

Mi señora Nodoka miró a su hijo quien seguía quieto en medio de la habitación y dijo – Ranma, por favor, sal un momento tenemos que ponerle algo seco – mi joven señor asintió y echándome una última mirada preocupada abandonó la habitación.

Los siguientes momentos siguen borrosos en mi memoria debido al shock. Me sentía un cuerpo inerte que era zarandeado por cuatro mujeres que hacían conmigo lo que quería; mi mente y cabeza estaban lejos, en un limbo de emociones.

La sensación de ahogo es horrible, con solo recordarlo se me erizan los pelos de la nuca, el picor de pulmones, el dolor de cabeza, la presión en el pecho… estaba en tal estado anímico que sentí que el espíritu me abandonaba el cuerpo y que podía verme a mí misma siendo desvestida y cuidada por esas cuatro mujeres. Lo último que recuerdo ese día fue el sentimiento de vergüenza que tuve al recobrar un poco la conciencia.

Había arruinado el cumpleaños del joven señor, había peleado con el hombre panda, había humillado con historias que no sabía a ciencia cierta si eran reales a la prometida del heredero de la casa con el que además había peleado fuertemente y para rematarlo casi muero ahogada. Sentí ganas de llorar y miré a mi señora quien me devolvió la mirada asustada y susurré un débil – Mi señora, lo siento…

Y entonces todo se volvió negro.


Aclaraciones:

Atila el huno: Fue el último y más poderoso caudillo de los hunos, tribu procedente probablemente de Asia, aunque sus orígenes exactos son desconocidos. Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Conocido en Occidente como El azote de Dios. Sus posesiones se extendían desde la Europa Central hasta el mar Negro, y desde el río Danubio hasta el mar Báltico.

Itai: duele

Kami: Es la palabra en japonés para aquellas entidades que son adoradas en el sintoísmo.

Sumimasen: Forma de pedir perdón.

Kimono masculino: Para los hombres hay kimonos con diversos estilos y características, a diferencia de los kimonos femeninos, su indumentaria es bastante simple. Las mangas del kimono masculino están unidas al cuerpo, solo por unos centímetros independientes en la parte inferior. Las mangas masculinas son menos largas que las femeninas para acommodar el obi alrededor de la cintura bajo ellas. Los kimonos masculinos tradicionalmente consisten en cinco piezas

Hakama: Es un pantalón holgado que a veces se usa en artes marciales y posee hasta siete pliegues, cada uno representa las virtudes del guerrero tradicional, (tradicionalmente hasta las rodillas) que se coloca encima del kimono. Usado por hombres y mujeres.

Arigatou/ arigatou gozaimasu: Gracias / Muchas gracias.

Oni: Son criaturas del folclore japonés que comparten muchas similitudes con los demonios y ogros occidentales. Son personajes populares en el arte, literatura y teatro japoneses.

Chabudai: mesa de patas cortas tradicional en la cultura japonesa. Las hay individuales o colectivas.

Itadakimasu: Forma de descir "Que aproveche" a la hora de la comida.

seppuku: harakiri o hara-kiri «corte del vientre» es el suicidio ritual japonés por desentrañamiento.