¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

A partir de aquí la historia se va a empezar a volver un lío de situaciones, problemas y amores que derivaran incluso en una guerra civil. Pero no quiero seguir descubriendo lo que va a pasar dentro de muchos capítulos, por ahora espero que os quedéis con la boca abierta por lo que nos trae este capítulo que prácticamente marca un antes y un después en esta historia.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


Los siguientes días al cumpleaños de mi joven señor me los pasé postrada en el futón siendo pasto de un resfriado. Mi señora me había llevado a su médico de confianza para tratarme consiguiendo así que mi dolencia poco a poco se curara.

- Debes quedarte en la cama Akane-chan – me decía Momoha quien doblaba los futones a mi lado. Ella y Sasuke habían sido los encargados de cuidarme. No se separaban de mí ni a sol ni a sombra.

- Pero tengo que trabajar, debo devolver a la señora el favor que me hizo llamando al médico.

Momoha soltó una risa y yo la miré ceñuda – Eres realmente rara. Eres la única persona que conozco que prefiere trabajar a estar tumbada en cama todo el día.

- No quiero deber nada a nadie – bufé frustrada. No es que no disfrutara de unos días de calma, pero no quería que luego mis compañeros me lo echaran en cara. Para mí, agradecer a mi señora sus cuidados era primordial y eso solo lo conseguiría trabajando.

- No le debes nada, fue ella quien llamó y gustosamente si me permites decir – contestó Momo-chan – te tiene en alta estima.

Yo me mantuve en silencio un momento. Sabía que Momoha tenía razón, mi señora lo había hecho con toda la buena intención del mundo y sabía que aunque quisiera devolverle el favor con creces ella jamás lo aceptaría – Pero el señor Saotome…

- Ese viejo está más interesado en convertir a los jóvenes señores en soldados del emperador que en otras cosas.

Yo sonreí levemente. Nos quedamos nuevamente en silencio haciéndonos compañía, ella adecentando la habitación y yo tumbada regalándole a mi cuerpo el descanso que merecía. Esos días Sasuke me había traído un hermoso ramo de flores todos los días. Estos estaban apilados en un rincón de la habitación, además mi pobre amigo hacía mi trabajo para que así no pudiera tener problemas con nadie. Definitivamente Sasuke era un gran amigo, no muy hablador, pero gran amigo.

- Mientras dormías vino Kima a verte.

- Me deberíais haber despertado.

Momo movió la mano para que me callara – Tienes que descansar, me dijo que vendría a verte más tarde – yo asentí y Momoha se dispuso a doblar un par de yukatas.

Me acomodé en el futón mirando al techo. Nunca había sido una chica perezosa, me gustaba el movimiento y el ejercicio, para mi estar todo el día en la cama es como desperdiciar la vida y ya llevaba cinco días tumbada sin hacer nada. Me aburría como una ostra.

- Y hablando de visitas – dijo Momoha con esa vocecita que pone cuando se entera de un cotilleo importante – Hay alguien que ha venido a visitarte muy de seguido, pero siempre que estas durmiendo…

La miré curiosa preguntándome quien era ¿podría ser Kimiko? ¿La pequeña Nara? ¿Tal vez Jiro y Tomoe en un arrebato de amabilidad? Seguramente Yuna y Shampoo no fueran mis visitantes… Una idea se me pasó por la cabeza – ¿Mousse?

Momo-chan puso una sonrisa torcida y sin mirarme mientras seguía doblando ropa dijo con voz cantarina – Casi.

- ¿Ryoga-kun?

- No, pero caliente, caliente, te quemas.

Fruncí el ceño – Dime ya.

Mi amiga soltó una carcajada y me miró con los ojos brillantes y emocionados. Como si acabara de encontrar una bolsa llena de oro enterrada en el jardín – El joven señor.

La miré perpleja sin creerme sus palabras. Era imposible que el joven Ranma fuera a visitarme y menos estando dormida. Su pasatiempo favorito era molestarme y si me encontraba durmiendo poco podría hacer. Seguramente Momoha se burlaba de mí. Poniendo pose digna me giré y le di la espalda – Anda y déjame en paz.

Otra carcajada resonó en la habitación y escuche los golpecitos de sus rodillas impactar en el suelo. Se había movido para colocarse frente a mí – Te lo juro por Kami.

- No te creo – le contesté orgullosa – ¿Por qué habría de venir a verme? Solo soy su criada.

- Pues no lo sé solo sé que cuando te quedas sola merodea por tu puerta un rato para asegurarse que nadie le ve y entra. Se queda unos minutos, fulmina las flores de Sasuke con la mirada y se va – explicó mi amiga.

Me quedé perpleja, ese niño era un bobo ¿Por qué hacía eso? ¿Es que estaba gastándome alguna broma? ¿Habría escondido algún objeto mal oliente bajo mi almohada? La levanté en un intento infantil de cerciorarme de que mi joven señor en verdad había estado ahí.

Momo-chan estiró su sonrisa y dijo – Le gustas mucho.

Me sonrojé furiosamente y me levanté deprisa, quedando sentada y apretando los puños – ¡No es cierto!

- Si lo es – me contestó calmada – y el a ti también.

- ¡No es verdad! – gritaba sonrojada y nerviosa – Él es un señor, y un tonto, solo le gusta molestarme, nunca me fijaría en él y el en mí tampoco, para el soy solo un trapo que le limpia la casa y además…

- Sí, sí lo sé, tu nunca te vas a casar – me cortó con tono de burla, luego soltó un gritito y dijo – ¡es tan tierno! ¡El primer amor! ¡Que dulces!

Me sonrojé aún más si podía ser y grite – ¡Ya deja de decir eso! ¡No le gusto y él no me gusta!

- Akane ¿estas despiertas? – dijo una voz tras la puerta que nos asustó a ambas. Esa voz medio grave que de vez en cuando soltaba un chillido, fruto de que estaba cambiando de tono de niño a hombre, esa voz que pertenecía a alguien, a Ranma.

Miré a Momo-chan tremendamente sonrojada y noté los nervios acumularse en mi estómago. Mi amiga pegó un gritito bajo de nuevo y me susurró – Hablando del emperador de china…

Se levantó como si le pincharan y se acercó a la puerta. Yo hacía movimientos histéricos para que no abriera, suplicándole con la mirada que no me hiciera pasar ese mal trago pero me ignoró completamente y con rostro sereno abrió encontrándose cara a cara con nuestro joven señor.

- Ohayo joven señor.

- Ohayo señorita Momoha – contestó Ranma con tono tembloroso ¿podía ser que estaba tan nervioso como yo?

- ¿Qué se le ofrece?

- Venía a ver a… - sus palabras se cortaron y pude ver que miraba al suelo y tenía sus manos tras la espalda.

- ¡oh! ¿Viene a ver a Akane-chan? Pase, pase, se alegrará de verle – dijo tomando muy irrespetuosamente a Ranma del brazo para hacerle entrar. Le acercó a mi futón donde yo esperaba sentada jugando nerviosamente con la punta de mi pelo sin atreverme a mirarle.

- Are, are Akane-chan, mira que amable es el joven Ranma – decía con tono demasiado teatral.

- Muchas gracias por su visita, señor – le dije sin apenas mirarlo más que levemente y por el rabillo del ojo.

Ranma se encontraba igual o más rojo que yo, mirando al suelo y sin levantar la vista mostró lo que tenía en sus manos, escondido a su espalda. Miré sorprendida el regalo de mi joven señor. En sus manos había un enorme ramo de flores, eran camelias rosas. Yo que era una ignorante en el tema de las flores las miré curiosa y las tomé sin tener ni idea de lo que estaba aceptando, aunque si lo hubiera sabido, mi reacción probablemente habría sido la misma, por mucho que intentara negarlo.

- Gracias, son hermosas – dije dándole una sonrisa haciendo que mi señor trastabillara un momento causando la risa de Momo-chan.

- No fue cosa mía – dijo con tono orgulloso aun sin mirarme – Fue cosa de mi madre, según ella es una buena forma de pedir perdón.

Sentí un poco de enfado al verle tan despreocupado, pero el que no me mirara a los ojos me hizo sentir que debía dejar las cosas pasar, que en realidad mi señor se sentía tan avergonzado como yo y que era su forma de no perder su ego masculino.

- Aun así gracias – dije dejándolas a un lado y poniéndome de rodillas para hacer una leve inclinación – no merezco el honor.

El me miró ceñudo y yo no entendí su malestar. Se cruzó de brazos y me dijo – Pues no, no te lo mereces pero debo ser un buen señor y tener contento al servicio.

Una vena comenzó a formarse en mi frente y la vocecita que me decía que tuviera paciencia se apagó. Apretando los puños le dije – ¡Oiga! ¡Que sea mi señor no quiere decir nada! ¡Me debe respeto! ¡Niño narcisista!

- ¡Por fin! Pensé que además de casi ahogarte te habías dado un golpe en la cabeza – el tono usado no fue uno de broma y burla sino prácticamente alivio. Suspiró y sonrió levemente – Menos mal, creí que te habías vuelto tan sosa y femenina como Ukyo o Shampoo.

Me quedé muda por un segundo y él se echó a reír – Vine a darte las flores porque según mi madre es la mejor forma en que un hombre le pida perdón a la mujer. Me dijo que debía saber muy bien que flor elegir tal y como tu amiguito Sasuke hacía – su cara se deformó por un momento en una mueca de enfado, muy levemente – Me voy mañana temprano y vuelvo en dos semanas. Para ese tiempo tu cumpleaños habrá pasado y quería darte mi regalo, mi perdón y mi despedida.

Le miré sonrojada. No me podía creer lo que mi joven señor me había dicho, ni si quiera tenía claro el porque me lo decía, pero sus palabras hicieron que un calorcito agradable se formara en mi pecho. No sabía que hacer o decir, simplemente balbuceaba, abría la boca para hablar pero no salía nada.

- Los lirios son muy feos, díselo a tu amigo la próxima vez que lo veas. De mí solo recibirás camelias. Siempre camelias ¡solo yo podré dártelas!

Yo asentí, no entendía nada de lo que Ranma me estaba diciendo pero echando una vista rápida a la cara de disfrute de Momoha, ella si estaba entendiendo, y lo estaba disfrutando de lo lindo.

- Lo prometo – dije sin saber que más decir y tomando de nuevo entre mis manos el precioso ramo que me había dado mi señor.

Él sonrió y dio una leve inclinación. Se giró para salir pero antes de que me diera cuenta se había girado y me miraba fijamente – Por cierto, péinate esos pelos, marimacho – y sacándome la lengua con burla desapareció tras la puerta corredera.

A pesar de su insulto yo estaba tan sorprendida que ni reparé en contestarle. Solo miraba mi ramo de camelias en mis manos. Momoha se había levantado para cerrar la puerta que Ranma había dejado abierta y luego a paso lento se acercó a mí con una enorme sonrisa en su rostro.

- Vaya con el joven señor… - soltó de nuevo un gritito de emoción – que dulce, para ser un niño ha sido un caballero.

- Me ha insultado antes de salir.

Mi amiga suspiró y negó con la cabeza – Porque aunque se crea todo un hombre sigue siendo un niñito inmaduro. Aunque esas flores…

- ¿Qué pasa con ellas? – pregunté sin entender.

- Las camelias, el significado que tienen ¿no lo sabes? – Yo negué fervientemente – deberías averiguarlo – dio una palmada y dijo – debo seguir con mi labor. Te dejó aquí con tus flores.

Yo asentí y cuando Momoha abrió la puerta vi en la puerta a mi amigo chino – Joven Mousse.

- ¿Esta Akane despierta?

No le di tiempo a Momoha de que respondiera me asomé y sonreí – Hola Mousse, pensé que nunca vendrías.

Mi amiga nos miró y yo asentí con la cabeza. Con su mirada me había preguntado si estaba bien que me dejara a solas con él, como si temiera por mí. Pero yo no temía, con Mousse jamás saldría dañada.

Salió dejándonos solos y mi amigo se sentó a mi lado – ¿Cómo has estado?

- Mejor, un poco cansada pero bien, ese brebaje sabía a rayos pero es efectivo – contesté refiriéndome a la medicina que el médico me había dado – ¿Y tú cómo vas?

Mousse se encogió de hombros y bajo la cabeza – Como siempre, haz esto, haz lo otro, corrige esto, usa lo otro… como siempre.

- El señor Saotome no te da tregua ¿eh?

Negó con la cabeza. Mi amigo me había confesado en más de una ocasión que el señor panda le daba largas sesiones de entrenamiento y que era muy duro con él. Yo no sabía cuál era la historia de Mousse, ni como había llegado allí; una vez le pregunté y me evadió por lo que no pregunté más.

- Según él, debo dar más de mí.

- Eso es que te considera un gran guerrero.

- O un inútil al que debe enseñar lo mejor que pueda.

Yo fruncí el ceño enfadándome por su baja autoestima – Eres un gran guerrero, te he visto pelear y si entrenas duramente podrás superar a Ryoga y Taro sin problemas.

- Pero no a Ranma – me cortó. Yo me sonrojé y baje la cabeza.

- No quise decir eso… - Mousse soltó una risa y me acarició levemente la cabeza. Luego cambió el tema de conversación.

- Alguien se me ha adelantado.

Busqué con la mirada a que se refería y vi el ramo de camelias que Ranma me había regalado – ah, sí. El joven señor me las regaló.

- ¿Ranma? ¿Te las regaló Ranma? – preguntó con un tono de voz de asombro.

- Sí, el mismo me las trajo antes ¿Por qué?

Mousse se quedó callado un momento y negó – Esto solo te meterá en problemas – le miré sin entender, arqueando mi ceja derecha y suspiró – Si Shampoo se entera de que te ha regalado un ramo de camelias rosa…

- Son flores de agradecimiento – le corté – Nodoka-sama le obligó a dármelas.

- No creo que ella le dijera que te regalara esas flores – no sabía que decía, no entendía de flores no era algo que me apasionara pero por lo visto, en la casa de los Saotome era algo común – que no se entere, Akane.

- No se enterara lo juro – dije con voz firme para tranquilizarle – no solo él me regaló flores, Sasuke me ha traído lirios todos los días.

Mousse sonrió – pobre chico – ante mi cara de confusión Mousse soltó una carcajada y de su túnica sacó una extraña flor que no había visto nunca – es una cala blanca. Para ti. Por tu cumpleaños.

La tomé embelesada – vaya Mousse, es preciosa, gracias.

- No es nada – me contestó con una sonrisa – pensé que era original y te encuentro rodeada de flores.

Yo solté una risa y toqué con cuidado la flor, era suave y hermosa – ¿tú también te vas? – Mi amigo asintió – te echaré de menos, no tendré con quien hablar.

- Está Sasuke, el cuidará de ti – asentí dándole la razón. Tras un breve silencio dijo – debo irme, tengo entrenamiento y mañana nos vamos temprano.

- sí, es mejor que te vayas – Mousse se puso en pie y dio una leve inclinación – nos vemos pronto Akane, mejórate y feliz cumpleaños.

- Gracias Mousse – mi amigo sonrió y salió de la habitación cerrando lentamente la puerta. Suspiré y me tumbé en el futón agotada, con mis camelias a un lado y mi flor de cala dando vueltas en mi mano. No sabía porque tanto misterio por unas flores pero lo averiguaría, más en ese momento solo quería descansar, aun no estaba bien del todo y mi cuerpo pedía a gritos descanso. Dejé la flor a un lado y dando un suspiro quede dormida.

Horas después desperté, la habitación estaba prácticamente en penumbra lo que me hizo saber que llevaba varias horas dormida. Aun no hacía falta encender las velas pero el poco sol que se filtraba por el papel de las paredes me hizo entender que debía ser poco más de media tarde.

Me desperecé y saqué mis manos del futón, entonces noté una presencia a mi izquierda. Rápidamente me senté con una posición de defensa en mis brazos mirando hacia donde aquel sujeto estaba parado. Mis ojos y mi postura se relajaron al ver de quien se trataba.

Mi señora Nodoka estaba arrodillada a mi lado con una mirada pacifica – Buenos reflejos querida.

- Señora yo… - me puse con dificultad de rodillas y me incliné – sumimasen.

- Levántate por Kami, aun no estás recuperada – mi señora me tomó de los brazos y me sentó de nuevo tapándome bien con las colchas del futón – por lo que he visto has tenido visitas.

Observé los ramos de mis amigos y mi señor colocados en unos jarrones que antes no estaban ahí y me sonrojé – Sí, Sasuke, Mousse y mi joven señor me han visitado.

- Así que mi hijo tuvo el valor al fin… - murmuró para sí misma. Alcé la vista mirándola con interés y ella solamente negó – Nandemo nai.

Estuvimos en silencio, ella mirando las flores, yo pensando en cómo disculparme por la bochornosa escena que protagonicé en el cumpleaños del joven señor. Debía disculparme, Nodoka-sama me había invitado amablemente a la fiesta de su hijo y yo lo había arruinado todo y para colmo tuvo que gastarse un dinero en el medico y la medicina que requería. Mi vergüenza era enorme.

- Mi señora – hablé por fin pasado un rato – siento mucho lo ocurrido durante la celebración del cumpleaños del joven señor, no era mi intención…

- Lo sé.

Alcé la mirada para observar su rostro y en la cara de mi señora no había ni un deje de reproche – Yo, sé que no debí hablar de más yo...

- También lo sé – me cortó – tú tienes tus dudas y las responderé todas, pero tu luego debes contestar a las mías ¿trato?

Analicé la frase soltada por mi señora unos segundos, que había cosas que yo quería saber sobre mis señores era un hecho, es decir, la casa de los Saotome era un misterio pero ¿Qué querría saber una mujer de la alcurnia de Nodoka Saotome de una niña de pueblo como yo? Aun a pesar de mis dudas, si quería descubrir que pasaba en aquella casa debía decir que sí, y así lo hice.

- Bien, empezaré yo – dio un suspiro y prosiguió – Seguramente te has preguntado que hace tanta gente de tan diferentes tipos aquí ¿verdad? – Yo asentí – bien, te explicaré todo, no es prudente que te dejes llevar por la ira y sueltes a mi marido las verdades a medias que escuchas contar a las criadas.

Abrí los ojos de par en par y dije – No, es decir, no las escucho en la casa – intentaba de todas las maneras despistar a mi señora para salvar a mis compañeras pero ella subió una mano y me calló.

- No soy tonta Akane, sé muy bien lo que se habla y deja de hablar en esta casa, pero solo son verdades a medias. Si vas a defenderte de Shampoo con su origen, al menos escucha la historia real de mi boca, yo no te pararé la próxima vez que intentes recuperarte de sus humillaciones.

- Lo siento señora, no debía hablar sin saber. Al menos no todo.

Nodoka-sama soltó una risita – No te estoy reprimiendo querida, es más, ya era hora de que alguien le frenara los pies a esa niña insolente. No se merece a mi hijo.

Bajé la mirada intentando esconder mi cara de satisfacción. Shampoo se la pasaba pegada a mi señora, buscando su aceptación y afecto y nunca lo conseguía; solo conseguía el rechazo de Nodoka-sama. Yo por el contrario, una joven de pueblo que fue comprada por su marido y que se dedicaba a limpiar el suelo, ventanas y demás, era prácticamente su mano derecha. El calorcito del orgullo inundó mi pecho.

- Bien ¿Qué quieres saber primero? – preguntó mi señora, yo sabía muy bien lo que quería saber.

- La historia de Shampoo.

- Lo sospechaba – me contestó con una sonrisa – Veras, esto se remonta a un poco antes de la llegada de esa niña a mi casa. Mi marido forma parte del ejército a favor del emperador y está totalmente en contra del shogunato. Según Genma las cosas cambian y esta estúpida ley que tiene a Japón encerrada en sí misma es un atraso.

- ¿El señor Saotome no acepta al shogun?

Nodoka-sama negó – Es partidario cien por cien del emperador. Mi marido es un amante de la aventura y los viajes, le encanta descubrir y la navegación, por eso cada año se lleva a mi hijo y sus pupilos unas semanas. Se los lleva a Sapporo, en barco, para que aprendan a navegar, según Genma la guerra contra el shogun está cerca y prácticamente ganada, por lo que quiere que Ranma y los demás estén preparados.

- ¿Habrá una guerra contra el shogun? – pregunté con voz preocupada.

- Eso es lo que dice mi marido – dijo sin interés – pero Genma tiene muchas fantasías en la cabeza. Bueno, eso no es lo que nos atañe – yo asentí y la escuché atentamente – Genma y un grupo de amigos viajan de forma ilegal fuera de Japón cada cierto tiempo desde que tienen quince años. Son rutas cortas a países vecinos pues si los pillan podría ser fatal.

- ¿Y en uno de sus viajes encontró a Shampoo?

- Así es – dijo solemne con cierto tono agrio en su voz – Mi marido en una de esas expediciones llegó a la costa china. Akane, debes saber que esto que te voy a contar no puede salir de aquí, de esta casa. No puedes contárselo ni a Momoha ¿de acuerdo?

- Lo juro mi señora – contesté firme mirándola a los ojos.

Nodoka- sama sonrió y dijo – esos viajes no son viajes de exploración, sino de contrabando. Mi marido siempre ha estado atraído por lo prohibido e ilegal, es un defecto que tiene. Cuando llegó a china comenzó a cargar el barco con mercancía ilegal que luego traería a Japón y vendería al mercado negro.

- ¿Y el emperador está de acuerdo?

- No lo sabe, pero si lo supiera posiblemente no diría nada, Genma está muy bien posicionado dentro del círculo social del emperador, beneficios de ser un falso y un mentiroso compulsivo – dijo mi señora – Llegó a Japón un año después cargado con telas, comida, y flores exóticas. Lo vendió todo y sacó una fortuna en prácticamente un año y yo me quedé embarazada justo después de que llegara a Japón. Mi marido es un hombre arrogante y sobretodo ama el dinero y el poder. Al ver los beneficios que trajo esa expedición, decidió volver de nuevo demasiado pronto apenas había pasado un año. Yo intenté persuadirlo, que esperara al menos dos o tres años. Ranma prácticamente acababa de nacer y yo no quería que mi marido acabara preso o muerto.

- ¿Tan grave era la situación? – pregunté sorprendida.

- Mucho, aun hoy es peligroso – me dijo y luego prosiguió – le convencí, pero pasaron tres años y Genma decidió volver a emprender el viaje a china. No vivíamos mal, como ves, no lo hacemos. Mi marido tiene un buen puesto dentro de las filas del emperador y los padres de nuestros aprendices me pagan bastante bien, además de que Genma sigue vendiendo en el mercado negro.

- ¿Cómo, si ya no sale de viaje? ¿O sí?

Nodoka-sama se encogió de hombros – Ahí es a donde quería llegar. A pesar de que le rogué que se quedara el insistió y volvió a irse de viaje. Estuve meses sin saber de él, sola con mi Ranma que era prácticamente un bebe. Acababa de cumplir tres años. Una mañana Genma llegó con el semblante serio, me pareció extraño verlo pues esos viajes solían durar muchos meses, a veces un año, pero llegó al poco de que pasaran un par de meses.

- ¿Por qué?

- Quería tenerme contenta – me dijo con tono hostil – llegó y me dijo que estaba arrepentido de dejarme, que los viajes se habían acabado – la voz de mi señora se notaba áspera y enfadada, rota en algunas ocasiones – yo le creí, idiota de mi creía que me amaba tanto que decidió renunciar a esa locura por mí y nuestro hijo. Era muy peligroso Akane-chan, en más de una ocasión casi nos pillan porque ¿dime? ¿Cómo una mujer oculta que su marido lleva diez meses fuera de casa? ¿Qué podía hacer cuando el emperador le mandaba misivas y yo debía mentir diciendo que su salud era delicada? Si se descubría acabaríamos muertos… por eso me alegré cuando le vi en la puerta.

- ¿Y qué paso después? – pregunté alentando a mi señora que se había quedado muda.

- Descubrí por qué había vuelto tan pronto – dijo con aspereza y una dura mirada – Un par de semanas después, Genma me dijo que debía ir a la costa por motivos relacionados con el emperador, yo no le cuestioné nada y le deseé buen viaje. Cuando llegó días después, traía un montón de dinero y a Shampoo y Mousse consigo.

- ¿Así sin más? ¿Pero cómo? – toda esa historia era demasiado confusa, y más para una niña de mi edad. No entendía como de la noche a la mañana y sin abandonar Japón el señor panda había aparecido con dos chinos.

- Había prometido a mi pequeño, a mi niño – me contestó con la voz cortada – cuando le pregunté que era todo eso me dijo – "Nodoka, querida debemos hablar" – con esa estúpida voz de superioridad que pone siempre.

Mi señora calló unos momentos pero ni me moví, parecía que recordar aquello era doloroso para ella – Me explicó entonces que en su último viaje, casi les pillan al ir a China, que muchos marineros se habían negado a volver por miedo a que cuando llegaran de nuevo al país estuvieran esperando para apresarlos. Genma es un codicioso y al ver que no había solución buscó una alternativa, que fueran los chinos quienes entraran en el país, y la encontró en los padres de Shampoo – escuchaba la historia callada y con interés, era una de la mejores historias que jamás nadie me había contado, mejor que esos cuentos que me contaba madre de pequeña – Los padres de Shampoo eran unos mercaderes de la costa de china, hicieron amistad con mi marido pues este les había pagado unas buenas sacas de oro a cambio de té y sedas. Cuando los marineros se sublevaron le dieron una valiosa opción: llevarse a su hija bajo su tutela y casarla con alguien importante en el país para así luego ellos poder beneficiarse de ese matrimonio.

- ¿Y le comprometió con el joven señor? – Nodoka-sama asintió.

- Genma les explicó que yo era descendiente de una gran familia de samuráis y que él tenía un buen hueco entre los allegados al emperador y que además acabábamos de tener un hijo de la misma edad que su hija. Eso a ellos les sonó como cantos celestiales y cerraron el trato que tú ya sabes, les cedían a Shampoo y mercancía gratis a cambio de que ella se convirtiera en la gran señora de la casa y en el futuro recibieran la parte del oro correspondiente y que si las fronteras se abrían podrían venir al país y disfrutar de los beneficios del negocio y nuestra familia.

Yo abrí los ojos sorprendida – Genma aceptó el muy imbécil sin pensar en nada más que el dinero y el futuro heredero. Mi bebé solo tenía tres años y ya le estaba planeando la boda y los hijos.

- ¿¡Hijos!? – pregunté escandalizada.

Nodoka-sama asintió – Para Genma continuar la estirpe Saotome es muy importante, él ya estuvo casado una vez, con una joven hija de un importante samurái, pero le dio una niña, Ranko y luego debido a los problemas en el parto la muchacha quedó estéril. Genma la repudió inmediatamente y con los favores del emperador consiguieron que ese matrimonio se anulara, fue como si no existiera. Luego se casó conmigo y le di su ansiado varón.

- Es increíble – murmuré sorprendida. Si el señor panda me caía mal, en ese momento me daba muchísimo asco. Para él las mujeres éramos máquinas de parir, nada más.

- Lo es, me dio mucha lastima pues al poco tiempo de casarnos llegó una nota de que la pequeña Ranko y su madre habían muerto producto de unas fiebres. El muy cerdo ni una oración por su alma rezó.

Yo bajé la mirada – es muy triste.

- Lo fue. Es una lástima que no hubiera escuchado a mi padre. Yo renuncié a mi apellido, mi gran apellido samurái para adoptar el de Genma que solo es un lameculos del emperador – abrió los ojos sorprendida por sus palabras – Sumimasen.

Negué con la cabeza – entonces, el señor panda ¡digo el señor saotome! – me tape la boca pues debido a mi ofensa había soltado el apodo que le había puesto.

- ¿El señor panda? – La señora Nodoka soltó una carcajada enorme – Me gusta ese apodo. Lo tomaré si no te importa.

Yo negué sonrojada y destapándome la boca dije – Entonces, cuando llegó con Shampoo le contó que estaba prometido con el joven señor ¿no? – Mi señora asistió – ¿Por qué no se negó?

- No pude Akane, soy una mujer, soy propiedad de mi padre hasta que me caso y entonces soy propiedad de mi marido. Cuando me contó que esa niña era la prometida de Ranma enfurecí, llore, supliqué, grite como loca, pero nada podía hacer. Odié esa noche a mi marido, lo odié por engañarme, por no haberme dicho desde un principio su plan y haber esperado a plantarme a esa niña en la cara. Lo odie por ello y le sigo odiando.

Callé un momento dejando a mi señora recuperarse de sus recuerdos. Rememorar todo eso le había dolido como es natural. Que tu marido te haga algo así no debía ser fácil, pero aun residía en mí una duda.

- ¿Y Mousse? – Nodoka-sama me miró a los ojos, esos ojos opacos que hacía tiempo no veía – Usted me dijo que también venía con Mousse.

Mi señora Nodoka asintió y suspiró – La historia de Mousse me duele incluso más que la de Shampoo – la miré sorprendida, ¿Cómo podía dolerle eso más? ¿Es que estaba esperando a tener una hija para casarla con Mousse? ¿Había pagado una fortuna por él? ¿Mato a los padres del chino? ¿Qué?

Nodoka-sama me miró y dijo – Mi marido, cuando llegó a china no solo se encontró con marineros sublevados y unos mercaderes humildes chinos aprovechándose de ello, encontró un hijo ilegitimo, Mousse.

-¡¿Qué?! – grité a todo pulmón. No podía ser, eso debía de ser una broma – Mousse ¿es hijo de mi señor?

- Así es – dijo con dolor – El primer viaje que hizo, en el que estuvo un año, conoció a una joven en el pueblo costero donde estaban atracados. Tuvieron un romance todo el tiempo que estuvo allí, prácticamente desde que llegó, pero a los pocos meses ella se quedó embarazada y Genma le prometió cuidarles y que le traería a Japón – soltó una risa burlesca – otra mentira más. Genma no tenía intención de traerla consigo, cuando volvió a Japón la muchacha estaba de ocho meses y Genma juró volver a por ella.

- Pero no volvió – Nodoka – sama negó.

- Estuvo aquí por tres años y no tuvo el valor de decirme que me había sido infiel y que iba a tener un hijo con otra. Mousse es mayor que Ranma. Nunca me lo dijo, eso me dolió muchísimo, el que me fuera infiel, el que no me dijera nada…

- Tal vez no lo dijo por miedo a que le dejaras.

Nodoka-sama rio – No seas boba Akane-chan, eso no ocurriría, vivimos en un mundo de hombres. Mientras ellos pueden ser infieles y tener hijos ilegítimos por cada esquina nosotras debemos guardar nuestra virtud hasta el matrimonio y serles fieles.

- Entonces ¿no le habría dejado?

- Nunca, no tenía a donde ir, mi padre me odia por casarme con Genma, si me hubiera dicho que estuvo con otra simplemente le pediría que no le reconociera y ya está.

- Eso no es justo señora Nodoka.

Mi señora sonrió – Lo sé, pero es el deber de una mujer – soltó un suspiro – Cuando me contó que Mousse era su hijo yo… quise asesinarlo. Le grité y le golpeé.

- ¿Y que hizo él?

- Pedirme perdón – dijo con tono aburrido – prometiéndome que no volvería a pasar, prometiéndome que me amaba y que su único heredero era nuestro hijo.

Yo fruncí el ceño – Si la amara de verdad jamás le habría sido infiel. No debió de perdonarle.

- Lo sé, pero repito querida, es lo que una mujer debe hacer – bufé molesta y Nodoka-sama sonrió – Genma me dijo que la madre de Mousse le había pedido que cumpliera su promesa entonces él le contó la verdad, que estaba casado conmigo y que teníamos un hijo, nuestro heredero y que no podía hacerse cargo de ella.

- Pobre mujer, vivió años esperando por algo que nunca iba a pasar.

Nodoka-sama asintió – Genma tiene algo que hace que las mujeres nos enamoremos perdidamente de él, pero él no ama a nadie que no sea el mismo, no tiene corazón – mis ojos se toparon con los de mi señora que estaban brillosos y tristes – Le dijo que para cumplir su falta traería a Mousse a Japón pero que no podía reconocerlo como su hijo, la pobre mujer aceptó la petición, debido a que se había quedado embarazada sin estar casada su familia la repudió y apenas tenía para darle de comer a su hijo.

- ¿Y no se enfadó usted con ella?

- Era una mujer engañada Akane, las mujeres tenemos una muy fea costumbre de culpar a la otra mujer de la infidelidad del marido cuando el que está siendo deshonesto es el – Pensé un momento las palabras de mi señora y vi que tenía razón. En mi pueblo la viuda de Asu había vivido un romance con un hombre casado y la marcada y apaleada había sido ella mientras que él se jactaba de tener a sus pies dos hermosas mujeres. Era injusto.

- Cuando Mousse llego el pobre estaba perdido y solo y muy mal alimentado. Le di de comer y le enseñé el idioma. Aprendía muy rápido y en menos de un año hablaba perfectamente japonés y entendía prácticamente toda la lectura. Shampoo es un caso aparte, no tenía intención de aprender, se paseaba por la casa y se dedicaba a jugar. Con seis años apenas hablaba japonés y como ves aun con diez le cuesta. Creo que esa china tiene algún problema de aprendizaje severo, Mousse en cambio, es un genio y un chico ejemplar.

- ¿Saben esto el joven Ranma y Mousse? – Nodoka-sama negó.

- No, no lo saben. Al ser tan pequeños no fue difícil engañarles. A Mousse le contamos que sus padres eran vecinos de Shampoo y que estaban apalabrados para que cuando fueran mayores se comprometieran en matrimonio y se casaran, pero al llegar Genma rompiendo el honor de la familia la única alternativa que quedaba para restaurar ese honor perdido era tomando al pequeño Mousse como aprendiz para convertirle en todo un guerrero japonés.

- Increíble – murmuré. Sabía que había algo oscuro y oculto en esa casa pero nunca me imaginé semejante historia. Era algo que me tenía perpleja, mi señora estaba enredada en una red de mentiras y traiciones de las que no podía salir. Entonces entendí las palabras de mi señora cuando llegué, la dureza con la que me trato, la compasión al saberme vendida y abandonada por mi propia familia a cambio de unas monedas, el cariño al verme inocente e igual de perdida que ella se tuvo que sentir en esos momentos.

- Entre Genma y yo buscamos una historia para contar cuando preguntaran por ellos. Diríamos que los encontramos en un viaje a la costa, en una barca de remos a la deriva y que sentimos compasión por ellos tomándolos como nuestros aprendices.

- Señora, si me permite – dije con voz temerosa y ella hizo una señal para que prosiguiera – las mentiras tienen las patas muy cortas, y usted tiene muchas mentiras a sus hombros.

- Lo sé – dijo con una triste sonrisa en su cara – pero es el destino que me ha impuesto mi marido y que yo debo acatar.

Una furia invadió mi ser. En el tiempo que llevaba allí yo veía a Nodoka Saotome como una líder, una señora de su casa que no necesita un marido y ahora me encuentro con un gatito asustado mecido por los hilos que su marido mueve a su antojo, estaba muy furiosa.

- ¡Señora me sorprende! – la mujer mi miró anonadada pues no se esperaba semejante arranque de mi persona – ¡No me creo que una mujer como usted, una mujer joven, fuerte y elegante se deje dominar por un poco hombre como su marido! ¡No es justo!

Mi señora Nodoka me miró un tiempo y luego sonrió – Gracias Akane-chan, pero no soy tan fuerte como aparento y mi marido vive en un bucle de mentiras y falso valor.

- ¿Es que hay más? – pregunté curiosa.

- ¿No te preguntas porque la mayoría de los niños que viven aquí tienen los ojos azules?

Pensé un momento en todos los jóvenes señores que había en la casa y me vi golpeada por la imagen de Ranma y Mousse. Jamás había pensado que eran hermanos pero ahora que su imagen se mostraba en mi mente, podía ver las similitudes entre ambos, los ojos azules, el pelo negro y largo, la habilidad en las artes marciales, esa sonrisa arrogante que ponen cuando algo les sale bien… pero, ¿Quién más tenía semejantes características?

- Ukyo… - susurré al caer en la joven de ojos azules.

- Así es, otra hija ilegítima de Genma.

- Pero… si Ukyo es más joven que nosotros.

- Solo un año más joven – dijo Nodoka-sama con la voz cansada – Al poco de la llegada de Mousse y Shampoo cuando yo había decidido perdonar a Genma un hombre pico a nuestras puertas. Era un hombre de Edo.

- ¿Quién era?

- El dueño de la madre de Ukyo – susurró con burla – Genma al poco de llegar de china y dejarme embarazada viajaba a Edo con frecuencia, yo creía que era por motivos de trabajo, pero se iba al barrio rojo con su amigo, el padre de Taro.

- ¿Le fue infiel mientras estaba embarazada? – pregunté con tono de enfado ¿Cómo se atrevía ese maldito hombre?

- Así es, pero no solo con la madre de Ukyo, con varias mujeres, pero la madre de Ukyo una tal Kurumi se quedó embarazada. Una puta – soltó esto último con voz dolorosa – me fue infiel con unas putas baratas…

- Señora…

Nodoka-sama movió su mano para hacerme callar – La mujer le había dicho a Genma que estaba embarazada pero él no la creyó, en fin ¿Cómo creerla? Era una prostituta del barrio rojo, él bebe podía ser de cualquiera pero Genma pensó que era una trampa para sacarle dinero por su buena posición económica y social. Le pagó unas monedas por su silencio y no supo más de ella.

- Pero volvió a aparecer.

- Ella jamás negó que la niña era de Genma a su jefe, la pequeña nació y creció rodeada del ambiente del barrio rojo, pero su madre cayó enferma debido a una infección y murió dejando a la pequeña huérfana. Su jefe se presentó con Ukyo de la mano y nos la dejó aquí.

- ¿Y que hizo mi señora? – pregunté.

- ¿Qué iba a hacer? Aunque Genma lo negara era indudable su parecido con él, si te fijas bien, tienen la misma cara solo que su pelo es castaño como por lo visto lo era el de su madre. Pero lo que me convenció fueron sus ojos, esa mirada.

Pensé un momento en los cuatro protagonistas de la historia y me di cuenta de una cosa – oiga, oiga, oiga, espere – mi señora me miró curiosa – El señor panda tiene los ojos marrones, no azules.

- Sabía que caerías en ello, eres una niña muy curiosa – dijo con una sonrisa – Los ojos azules son un distintivo de los Saotome, todo niño nacido de un Saotome varón tiene los ojos azules.

- Pero el señor Genma…

- La que era Saotome era la madre de Genma, su padre murió en una batalla. Mi marido heredó los ojos de su padre Akira Furawa, pero su madre los tenía azules. Como su padre había muerto, le puso su apellido para que este no se perdiera pues ella era en ese momento la única heredera Saotome.

Yo lo pensé un momento, todo era muy confuso, me dolía la cabeza debido a la historia. No podía entender como de repente Mousse, Ranma y Ukyo eran hermanos, que habían heredado un extraño gen que te hace salir con los ojos azules si eres hijo de Saotome varón si hace apenas unas horas vivía en la más absoluta ignorancia.

- Es un poco complicado ¿verdad? – me preguntó mi señora.

Asentí confusa – Entonces, Mousse, el joven señor y la señorita Ukyo son… medio hermanos.

- Así es – me contestó.

- ¿Y si Mousse y Ranma tienen hijos estos saldrán con los ojos azules?

- Correcto – me contestó mi señora – Pero los de Ukyo no.

- Pero, usted… - quería preguntarle por qué aceptaba eso de buen agrado, porque no se daba su lugar, porque no había mandado al señor panda a hacer puñetas.

- Se lo que me quieres preguntar Akane-chan y la respuesta es: porque no puedo.

- ¿Por qué no puede? – Insistí yo – su vida es una tela de araña de mentiras e infidelidades y usted tiene que aceptarlo como tal por el simple hecho de ser mujer.

Mi señora sonrió y me tocó la cabeza con cariño – Por eso me caes bien querida – la miré confusa a los ojos, ¿Qué quería decir? – Con solo diez años eres más valiente de lo que yo seré jamás. Me gusta tu espíritu luchador, tus ganas de imponerte y hacerle saber al mundo que aunque seas una mujer, eres fuerte, eso es admirable Akane, que no te conformes, es admirable.

- Mi señora… - sus palabras me habían aturdido.

- Yo era como tú, ¿sabes? Una joven valerosa y fuerte hija de un fiero samurái que me entrenó en las artes marciales como tu padre te entrenó a ti ¿o me equivoco? – Negué rápidamente con la cabeza – Mi padre me decía que no me conformara, que fuera quien quería ser y que cuando me casara no me dejara doblegar por nadie. Le juré y le perjuré que así sería, peor luego llegó Genma Saotome con sus halagos y sus muestras de afecto y me enamoré como una idiota, renunciando a todo para obtener nada, dolor y sufrimiento. Fui estúpida.

- Según mi padre, el amor nos hace estúpidos.

Nodoka-sama sonrió – tu padre tiene razón. Akane-chan, sé que no tengo porque pero quiero que me prometas una cosa.

- Dígame señora

Mi señora me miró fijamente a los ojos y con una mirada seria pero con un deje de burla me dijo – Prométeme que cuando te cases con mi hijo, le pondrás en su sitio y le mandarás a paseo si es que alguna vez te hace algo que no debe.

Me quedé estática por un momento. Esperaba que me pidiera protegerla siempre o algo así, pero de repente me encuentro con un comentario mordaz sobre una futura relación amorosa entre su hijo, un señor, y yo, una criada.

Me comencé a poner roja y sentí que el humo me salía de las orejas, abrí la boca varias veces pero no hablé, solo balbuceaba palabras inconexas, haciéndola reír – no lo niegues querida, que se cómo os miráis.

- No es lo que cree – contesté rápidamente – no se ofenda pero su hijo es estúpido y el me odia. Todo el día nos peleamos.

Nodoka-sama sonrió – Dicen que quienes pelean, se desea – yo me puse aún más roja ¿pero que le pasaba a esta mujer? Pasaba de la tristeza a la alegría en su segundo – Querida, sois tan monos ¡el primer amor!

Le miré con una mezcla de confusión y vergüenza, esta mujer era muy confusa a veces. Nodoka-sama me miró de nuevo con una ceja alzada y me dijo – ¿Alguna duda más?

Negué rápidamente, ya había recibido demasiada información en tan poco tiempo, aunque sí que tenía una duda – ¿Y Ryoga? ¿Por qué esta prometido con Ukyo?

- Ryoga es el hijo de un gran amigo de Genma, el señor y la señora Hibiki son gente influente en la corte del emperador y tienen muchísimo dinero. Ninguno es un guerrero experimentado por lo que a cambio de un buen dinero cuidamos y entrenamos a Ryoga en el noble arte marcial.

- ¿Pero y el compromiso con Ukyo? ¿No es solo una bastarda?

Nodoka-sama rio con ganas – Una bastarda… ay Akane, parece que te lo has tomado incluso peor que yo el que mi marido me engañe.

- Pues claro que me molesta – dije indignada – cuando una pareja se ama no tiene por qué ser infiel, si te engañan es que no te quieren, jamás perdonaría a un infiel.

Mi señora no dijo nada, siguió mirándome con esa mirada divertida y dijo – Genma no tiene reconocida a Ukyo, pero le dice a todos que es una sobrina lejana, que sus padres murieron y sus únicos parientes somos nosotros. Ryoga es el hijo de un importante hombre, si se casan Ukyo podrá disfrutar de la fortuna de los Hibiki y como el único tuto legal de Ukyo es Genma, el podrá disfrutarla también.

Abrí los ojos de par en par – ¡Esta timando a su amigo!

- Ya te lo dije antes, Genma Saotome no tiene amigos, no quiere a nadie más que a sí mismo, por eso se lleva tan bien con Taro y con su padre. Son los tres iguales.

- Y aun así prometisteis a Momo-chan con un hombre como Taro.

La alegría en el rostro de mi señora se deformó en una mueca de vergüenza y por primera vez la vi agachar la cabeza como un perro asustado – Eso lo hice por su bien.

- ¿Por su bien? Señora, la habéis condenado.

- Se dé la condición de Momoha, Akane y sé que Taro también lo sabe. El la descubrió y me amenazó con contarle a todos que tenemos a una pervertida en nuestra casa. El la desea porque la ve como inalcanzable y no parará hasta que ella se enamore de él, para sentirse más hombre. Preferí entregarle su mano a que terminara forzándola.

Mi rostro se deformó en una mueca de miedo – ¿Sería capaz de forzarla? – Nodoka- sama asintió – ese bastardo ¡es un cerdo!

- Lo es, por eso no iba a permitir que lanzaran nuestra reputación por el fango, pero tampoco iba a permitir que dañaran a Momo, le tengo aprecio.

Yo asentí levemente. No estaba muy convencida, en mi mente infantil veía otra salida alternativa a unir a Momo-chan a un hombre como Taro de por vida, pero si era lo que mi señora había decidido no podía decir nada.

- ¿Ahora que he aclarado tus dudas, me contestaras tú las mías?

La miré seria – Lo que usted dese saber, yo se lo cuento, mi señora.

- Muy bien, primera pregunta ¿Quién eres y de dónde vienes? – iba a contestarle que y algo sabía pero ella se adelantó – y no me cuentes que eres de un pueblo y que tu hermana te vendió, quiero tu historia, la real. Cuéntame quien es akane tendo.

Me pensé un momento que responder, realmente no había mucho que contar, mi historia ya la sabía pero si mi señora quería algo más, yo se lo daría.

- Soy Akane Tendo, vengo de un pueblecito del interior de Yokohama, en mi familia somos cinco, bueno éramos cinco, mis padres, mis dos hermanas mayores y yo. Mi padre siempre me entrenaba y me llamaba cariñosamente Kawa.

- ¿Y eso por qué?

- Según él tenía el espíritu de rio dentro de mí, un oráculo le dijo que su destino era tener una hija con el espíritu del rio que un día se encontraría con el dragón y este le ayudaría a ser una leyenda.

- Interesante – murmuró mi señora.

Asentí levemente – pase mi infancia en mi casita de madera, a las afueras del pueblo. Mi vida era mi padre, siempre estaba con él, me enseñaba a ser fuerte y me decía que yo sería alguien grande, que el ser una esposa era trabajo de mujeres como mis hermanas, pero que yo no, que yo era diferente.

Nodoka-sama sonrió – tenía razón.

Me sonrojé furiosamente y continué – Mi relación con padre era excelente, el me enseñó a pelear pero eso ponía de los nervios a mi madre. Nuestra relación siempre fue un poco tensa pues me comportaba más como niño que como niña. Siempre sucia, con el kimono roto y el pelo corto. Eso la enfermaba – Nodoka-sama soltó una risita – un día, madre enfermó y mi hermana Nabiki comenzó a culparme a mí.

- Que horror.

- En el pueblo la gente me miraba raro, murmuraban que era una niña rara y una marimacho, muchas de esas habladurías las decía mi hermana Nabiki. Mi madre murió y desde ese día mi vida fue un infierno.

Notaba que mi voz se quebraba con cada palabra y con cada recuerdo. Mis lágrimas se acumularon en mis ojos y de vez en cuando suspiraba. Nodoka-sama me puso la mano en el hombro, dándome ánimos – Mi hermana Kasumi, la mayor, se había casado con el joven médico del pueblo, era muy bueno y amable, mi hermana mediana estaba prometida con Kuno Tatewaki, el niño rico del pueblo, y padre… bueno tras la muerte de madre tocó fondo.

- Akane-chan, si no quieres seguir…

- No, mi señora – la corté – en cierta forma, esto es terapéutico – me dio una sonrisa que le devolví – Kuno me acosaba desde que tengo uso de razón, creo que se prometió con Nabiki para estar cerca de mí, no lo sé, solo sé que mi hermana me odiaba por ello. Siempre amo a Kuno y él no me dejaba en paz.

- ¿Y qué culpa tienes tú? – Preguntó de mal humor mi señora – que niña más horrible.

Me encogí de hombros – desde que madre murió, Nabiki cogió el mando de la casa y era prácticamente su esclava, deje de entrenar y me dedique de lleno a la casa. Los años pasaron y mi hermana acabó vendiéndome por unas cuantas monedas a su marido y a usted, y el resto ya lo sabe.

- Espero que ahora seas un poco menos desdichada.

Solté una risita que se escapó involuntaria de mis labios – Bueno, sí, me tratan muy bien y le estoy eternamente agradecida por darme techo y trabajo, si Shampoo no estuviera en esta casa para molestarme con la ayuda de Ranma todo sería más fácil.

- Me alegro de no ser la única que odia a esa chinita presuntuosa, debería ser más humilde, es la única que sabe su verdadero origen y aun así se cree algo que no es.

- Alguien debe ponerle los pies en la tierra.

Sonreímos y luego Nodoka-sama desvió su mirada a los ramos de flores que estaban en los jarrones. Me miró y dijo – tienes muchos admiradores, es normal, eres muy bonita.

Me sonroje y murmuré un débil – gracias señora.

- ¿Cuáles son de mi hijo?- preguntó pasando su vista por los jarrones.

- Las camelias, señora.

Nodoka-sama soltó un sonido de garganta extraño y llevó su mano bajo su mentón – curioso, la rosa japonesa…

- El joven señor me dijo que usted le mandó traérmela, así que muchas gracias también a usted, mi señora.

- No querida – dijo mi señora con una voz cantarina – yo le dije que se disculpara y que las flores eran buena opción, nunca le dije que te regalara camelias.

- ¿Qué tienen esas flores? El joven Ranma me dijo que no debía aceptar otras camelias que no fueran las suyas. Además parecía muy a disgusto con las flores de Sasuke-kun.

- ¿Mi hijo dijo eso? - preguntó sorprendida – Mi pequeño hombrecito – soltó de nuevo una risita y miró la extraña flor que me había regalado Mousse.

- ¿Y la cala?

- Regalo de Mousse, mi señora.

Nodoka-sama me miró un momento seriamente y luego su boca se torció en una sonrisa gatuna, como cuando un animal ve un trozo de comida tras días de hambre – Esto será interesante.

- ¿El que mi señora?

La curiosidad en mi voz hizo que su sonrisa se marcara aún más y en sus ojos apareciera un brillo juguetón – Las otras flores… ¿son de Sasuke-kun, cierto? – Asentí – ese chico sabe de flores, deja los jardines preciosos.

- Yo no sé mucho de flores señora, pero agradezco los detalles.

- ¿No sabes que significan esas flores?

Parpadeé un momento y con voz confusa y aguda dile – significan…. ¿Qué te mejores?

La señora Nodoka soltó una carcajada y como una niña pequeña se levantó murmurando un – Ahora vuelvo – y desapareció dejándome sola unos largos minutos. Ese momento de soledad lo pasé pensando en toda la información recibida. Mi pobre señora había sufrido mucho por culpa de su marido y vivía encerrada en una jaula de oro y cristal. Sentí lastima por ella e ira hacía el señor panda. No entendía cómo podía hacerle eso a una gran mujer como Nodoka-sama. Pero eso no pasaría, no de nuevo. Yo me encargaría de protegerla.

Al rato mi señora llegó con un montón de pergaminos y libros a mi habitación. Los dejó en el suelo y me dijo – Akane-chan, a partir de mañana ya no eres una sirvienta.

Abrí los ojos de par en par y mi boca se abrió tanto que podría a ver pasado por ella un tigre. ¿Qué había dicho? ¿Qué no sería más sirvienta? ¿Me estaba echando? ¿Es que había hecho algo mal?

- Mi señora, no… yo… es decir, ¡¿Por qué me echa?! Si es por el gasto de dinero en médicos y medicinas, yo lo pagaré, pero por favor, no me eche, no tengo donde ir.

Nodoka-sama enarcó una ceja – ¿echarte? ¡Oh por Kami-sama! ¡No es lo que piensas! – Me dijo tranquilizándome – A partir de mañana ya no serás sirvienta porque pasaras a estar bajo mi tutela y cuidado, al igual que las otras chicas.

- Pero… ¿Por qué? Yo no quiero ser ama de casa ni…

- Lo sé, lo sé – me dijo ella – pero hasta la mejor guerrera tiene que tener dotes de feminidad. Créeme, tenemos una gran ventaja nosotras las mujeres. Y tú tienes gran potencial.

Me quedé atónita – Pero, señora…

- Nada, nada. En cuanto te recuperes empezaras las clases. Por ahora te traigo cosas que puedes necesitar – tomé entre mis manos los libros que traían títulos como: "La ceremonia del té", "Como ser una buena anfitriona, reglas básicas del buen ama de casa", "Historia de Japón", "Mitología japonesa, leyendas y verdades" y el último traía "El lenguaje de las flores"

- Ese último deberías echarle un vistazo ahora mismo, mientras descansas y esperas a que te traigan la cena – La miré sin saber que decir, una parte de mí estaba alegre porque una mujer como Nodoka-sama me quería tener bajo su tutela, pero otra parte se quejaba pues yo no quería aprender esas tonterías. Mi señora se levantó y dijo – Bueno Akane-chan, te dejo sola un rato y léete el libro de las flores, a lo mejor te sorprendes.

Mi señora salió de la habitación y miré confusa el libro entre mis manos. "El lenguaje de las flores" era un libro enorme con el título en dorado. Solo de ver la tapa me entraba sueño. Aun así decidí hacer lo que mi señora me dijo y busqué la primera flor que me habían regalado.

Busque la flor que me había regalado Sasuke, el lirio y comencé a leer y al final sonreí, Sasuke había puesto todo su corazón en la flor que me había regalado. Lirios blancos que significaban pureza, corazón tierno, inocencia y confianza. Mi amigo me había jurado su lealtad y confianza con una simple flor.

Pasé las páginas buscando la cala de Mousse, pues me dio verdadera curiosidad esa flor desde el momento que la recibí. La encontré y comencé a leer quedándome un poco sorprendida. La cala representa la belleza y la pureza. Había otros significados que dejé a un lado; pues era imposible que significara aquello, es decir, era impensable. Sonreí agradecida a mi amigo, posiblemente Mousse la hubiera elegido por su rareza más que por su significado porque ¿Qué iba a saber un hombre de armas sobre flores? Negué con una sonrisa y luego busqué las camelias, la flor que me había regalado Ranma.

La encontré casi al final y lo que leí me dejó estática. Casi se me resbala el libro de las manos y tuve que releer una u otra vez para cerciorarme de que no estaba equivocada. No, no lo estaba. Ranma, mi joven señor, me había regalado unas camelias rosadas cuyo significado era el anhelo de estar con la persona amada. Si quieres ser dulce y persuadir a la persona a la que amas esta es tu flor y mi joven señor me la había regalado a mí.

Note una bola de cosquillas en mi estómago y cerré el libro con fuerza, no podía ser, era imposible. El libro debía estar equivocado, no, los libros nunca se equivocan. El joven Ranma se había equivocado, eso era. Era imposible que él me hubiera hecho semejante regalo consciente de su significado.

Nerviosa y roja tomé las sabanas y me enrollé en ellas, tirándome sobre el futón y tapándome hasta la cabeza en un gesto de vergüenza. Era imposible, el jamás habría hecho algo así ¿o no? No, era imposible, él no podía… entonces las palabras de Momo-chan, la advertencia de Mousse, la insistencia de mi señora con que buscara el significado de las flores… la amenaza de Ranma… todo tenía sentido.

Sentí el calor acumularse bajo las sabanas, incluso había empezado a sudar, pero no me importaba. Acababa de leer algo que me había dejado en estado de embobamiento. No se aun como mi cuerpo pudo aguantar la intensidad del día, pues en apenas unas horas había descubierto la velada declaración de amor de mi señor y me había convertido en la protegida de mi señora.

Quizás la ranita de oro, por fin me estaba empezando a ayudar.


Aclaraciones:

Ohayo: Buenos días.

Flor de las camelias: Esta flor es conocida como la Rosa del Japón y está relacionada con todo aquello que tiene que ver con la belleza, con el amor y con la seducción. Cuando en países asiáticos como China o Japón se entrega una Camelia sin duda se está dando un mensaje relacionado con el amor o, incluso, con el desamor. La Camelia se puede encontrar generalmente en tres colores diferentes: blanco, rojo y rosa. Cada uno de estos colores da a la flor un significado diferente pero siempre relativo al amor.

Flor de los lirios: El origen de esta flor es muy antiguo y además ha tenido una gran representación en escudos y emblemas de toda la historia. El lugar más antiguo en el que se ha visto representada esta flor es en el Palacio de Minos de Creta, donde se encontró un fresco que databa del año 2.010 a.C en el que se podía ver un lirio. El significado de la flor Lili siempre ha estado relacionado con la pureza, ya que la mayoría de personas reconocen a esta flor bajo el color blanco y no hay color más puro que ese. Aun así, debido a su amplia variedad de colores, nos podemos encontrar hasta 6 significados distintos el significado de esta flor es positivo en la mayoría de los casos salvo en el naranja que significa decepción o poco respeto. Es una flor perfecta para regalar a tu pareja o para plantarla una vez os vayáis a vivir juntos.

Flor de cala: Es una flor que llama muchísimo la atención por su forma y sencillez. Y sí, también por su significado y por la buena suerte que se le atribuye que trae a todo aquel que la tiene. La palabra cala procede del griego kalos que significa "bello", que es justo lo que representa esta flor, la belleza. Eso sí, en lo que están todos de acuerdo es en su significado, el cual es: pureza, compasión y simpatía. Con esto ya sabes que si regalas y/o llevas un ramo de calas blancas estás queriendo decir que la pureza, simpatía, reconocimiento y buen gusto van contigo. Ya sea por su simbología hacia la nobleza o hacia la fiesta, lo que siempre ha movido esta flor ha sido el amor, por su belleza y delicadeza, tanto es así que hay una bonita historia en la que la cala es la protagonista, una bonita pero triste historia de pasión en la que la cala es la representación del amor verdadero y duradero.

Sumimasen: Forma de pedir disculpas.

Nandemo nai: Una forma de decir algo así como "Nada", "No es nada" o "Nada importante"

Ley que prohíbe la entrada y salida de Japón: El sakoku (literalmente «país en cadenas» o «cierre del país») fue una política de relaciones exteriores del Shogunato Tokugawa, donde nadie, fuera extranjero o japonés, podía entrar al país, o salir de él, bajo pena de muerte. Estuvo en vigencia desde 1639, cuando fueron expulsados de Japón todos los extranjeros europeos, particularmente los comerciantes y misioneros católicos provenientes de España y Portugal que habían llegado a las islas japonesas en gran número durante la segunda mitad del siglo XVI. La instauración del sakoku no implicaba el aislamiento completo de Japón, sino que todas las relaciones comerciales o culturales de Japón con el resto del mundo serían mantenidos en un nivel muy reducido, y siempre bajo el control directo del bakufu, impidiendo así que cualquier súbdito japonés intentase mantener contacto con extranjeros de modo particular. De hecho, este último supuesto estaba severamente prohibido. El bakufu pretendía con ello eliminar la posible amenaza de ataque extranjero que implicaba la presencia de misioneros católicos españoles o portugueses, considerando que ambas potencias mantenían importantes colonias en Asia Oriental (como Filipinas o Macao); en esos años aún persistía la unión política de España y Portugal y el Shogunato Tokugawa temía un ataque militar español o portugués y consideró que prohibir el libre contacto con los extranjeros era una forma de impedirlo. El sistema de sakoku duró en la práctica hasta 1853, año en que el Comodoro Matthew Perry se presentó en la misma bahía de Tokio (y no en Nagasaki) con una flota de buques de guerra estadounidenses para exigir la apertura irrestricta del comercio y forzó posteriormente la firma por parte de Japón del Tratado de Kanagawa. El término sakoku, sin embargo, no fue utilizado hasta el siglo XIX. No obstante, pese a la apertura iniciada en 1853, aún era ilegal para los japoneses abandonar el territorio de su país hasta que ello fue permitido por la restauración Meiji.