¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

A partir de aquí la historia se va a empezar a volver un lío de situaciones, problemas y amores que derivaran incluso en una guerra civil. Pero no quiero seguir descubriendo lo que va a pasar dentro de muchos capítulos, por ahora espero que os quedéis con la boca abierta por lo que nos trae este capítulo que prácticamente marca un antes y un después en esta historia.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


- No, no, no ¡No! – esa era la frase que Shampoo llevaba gritando desde que entre por la puerta junto con mi señora y esta les había comunicado que ahora yo tomaría clases con ellas.

- Shampoo, querida, me está empezando a doler la cabeza – se quejó Nodoka-sama.

La china se levantó de golpe y se encaró por primera vez desde que yo llegué a esa casa con mi señora – ¡No ser justo! ¡Ella ser solo una criada!

Mi señora le lanzó una mirada que podría congelar las llamas del inframundo y con la voz más dura que pudo poner dijo – Shampoo, desde hace un par de días Akane ya no es una criada, ahora es como tú, así que muéstrale el respeto que merece y muéstrame a mí el mismo porque tal como entraste en esta casa puedes salir.

-¡El señor Saotome no permitirlo!

- El señor Saotome no está aquí y tengo muchos aliados en mi propia casa, con una orden te puedo meter en un carro y dejarte tirada en medio de un campo para que seas comida de lobos ¿y sabes que diré cuando pregunten por ti? Que huiste en la noche con algún muchacho de Edo ¿quieres eso?

Sabía de sobra que era un farol, mi señora jamás haría algo así, o eso quería creer, pero Shampoo pareció creerlo pues en sus ojos pude ver un leve brillo del miedo. Me miró a los ojos y deformó su bonito rostro en una mueca de asco, apretó los puños y atusó su larga melena sentándose de nuevo, no sin antes mascullar – Shampoo nunca tratar como igual a chica torpe, yo ser prometida de Ranma.

Nodoka-sama me miró y rodó los ojos – Shampoo querida, me debes una disculpa.

Los ojos de la joven Shampoo se abrieron pero luego hizo una reverencia y dijo – Sentirlo mucho, no deber faltarle el respeto a madre del futuro marido de Shampoo.

- ¿Vas a recordarnos siempre que te casaras con Ran-chan? – preguntó la joven Ukyo con pesadez. Era la primera vez que veía a Ukyo burlarse abiertamente de la china. La joven Shampoo se giró con un gesto altanero y dijo:

- Estar molesta porque Ryoga ser prometido patético que además andar detrás de cuanta mujer puede.

-¿¡Cómo te atreves!? – gritó la señorita Ukyo furiosa.

-¡Bueno ya está bien! – gritó mi señora harta de tanto espectáculo – Dejaos de parlotear como gallinas y poneros ahora mismo a practicar la caligrafía.

Ambas jóvenes miraron a mi señora con miedo y dijeron a coro – Sí, señora.

Yo no me había movido de mi posición desde que había llegado. Sentada sobre mis rodillas y con mis brazos en mis piernas observaba el panorama en silencio, tal y como mi señora me había ordenado antes de entrar. Según ella, no era momento de peleas sino de empezar a convertirme en una mujer hecha y derecha.

- Akane, dime, ¿sabes escribir?

Miré a mi señora y asentí, sonrió y me pasó un papel de arroz y un pincel que tomé con cuidado, pues parecía realmente caro. Luego acercó un tintero y un trozo de tinta seca – Bien, quiero que me escribas aquí tu nombre, pero primero debes preparar la tinta.

Asentí y me dispuse a hacer lo que mi señora me había ordenado. Noté sobre mi frente la mirada de mis dos nuevas compañeras. Una me miraba con ojos de burla y la otra curiosa, como esperando ver cuáles eran mis habilidades y puntos flacos, seguramente buscando aprovecharse en un futuro para tener el favor de mi señora.

Tomé con la mano temblorosa la tinta seca, comencé con el proceso remojando levemente la punta en agua con verdadero pesar pues el trozo de tinta que me había dado mi señora tenía unos grabados realmente bonitos que me daba pena destrozar. Cuando fue suficiente le di movimientos circulares sobre el bokudou echando poco a poco agua.

Temblé al pensar que pasaría si agregaba demasiada agua, por lo que con movimientos calculados acabé el proceso y se lo mostré a mi señora que se mantuvo impasible, aunque un brillo en sus ojos me dijo que lo había hecho bien. Con un asentimiento me pidió sin hablar que escribiera mi nombre.

Mojé el pincel y comencé a trazar los kanjis de mi nombre, y dejé el pincel con cuidado de no manchar nada una vez terminé y espere el veredicto de mi señora con la cabeza gacha. Mi señora tardo un par de segundos en mirar meticulosamente mi trabajo y dijo – Bien, muy bien Akane-chan.

La joven Ukyo se levantó un poco sobre sus rodillas para mirar mi trabajo y dijo – Caramba Akane-chan, tienes una letra preciosa. Parece de una princesa imperial.

- Arigatou, joven Ukyo – contesté roja. No esperaba tal halago de ella.

- Es cierto, mira mi letra – dijo mostrándome un papel con trazados un poco toscos, como si aplastara demasiado el pincel – He mejorado un poco, pero aun no consigo algo perfecto, lo tuyo en cambio está impecable ¿verdad señora?

Nodoka-sama asintió – Realmente me ha sorprendido gratamente.

- Mi cuñado me enseñó hace tiempo.

- Aun así, tienes un don Akane-chan – dijo Nodoka-sama – por mucho que te enseñen, si eres torpe, eres torpe – dijo mirando a Ukyo con ojo severo mientras la castaña se sonrojaba y volvía a su sitio remangándose el kimono volviendo a tomar el pincel entre sus finas manos.

- Tampoco ser para tanto – dijo la chillona voz de Shampoo – escribir bien ¿y qué? Para el resto de tareas ser ridícula y torpe.

- Bueno, tú en la ceremonia del té eres bastante torpe – dijo mi señora con voz seria – y tu caligrafía deja mucho que desear teniendo en cuenta que llevo enseñándote desde los seis años.

La cara de la joven Shampoo fue un poema, tenía una mezcla de sentimientos que iban de la rabia a la vergüenza por lo que yo solo pude reír disimuladamente.

- Además – continuó mi señora – Ha hecho perfecto la mezcla de la tinta, ¿te recuerdo cuanto tardaste tú en agregar el agua adecuadamente? – la china no dijo nada – Bien, pues sigue escribiendo.

- Hai, señora – contestó quedamente la joven Shampoo.

Nodoka-sama aun seria centró su atención en mi de nuevo por lo que tuve que quitar rápidamente la sonrisa que tenía en la cara – Bien Akane, creo que esto se te dará bien, pero no te acostumbres, no está perfecto.

- Lo se mi señora, aún tengo mucho que aprender – dije fijándome en los escritos que había en unos papeles justo en el centro de la mesa. La caligrafía de estos era exquisita, hechos con una delicadeza que parecían incluso sagrados.

- No hay nada perfecto en esta vida Akane, pero intentaremos que se acerque lo suficiente – asentí sonriéndole a mi señora que me pasó un pequeño papel – escribe aquí lo que quieras, un poema, una frase, cualquier cosa. Escribe lo que desees.

Tomé el papel y pensé un momento que quería escribir. No se me ocurría nada, ¿tal vez mis pensamientos hacia mi señora? ¿Una frase de admiración hacia su persona? No, quizás quedara muy pomposo y la señora pensara que le estaba adulando de más. ¿Quizás unas palabras para mi padre o hermana? Podría ser, una pequeña misiva estaría bien, pero luego pensé ¿para qué? Jamás la leerán y además me faltaría papel para escribirles todo lo que quería.

Pasaron los minutos y observé levemente a mi señora que leía un libro, o más bien fingía leer, pues sus ojos semi camuflados por las tapas del libro estaban clavadas en Shampoo quien sin darse cuenta se había emborronado la mano con tinta y al apoyar su mano en su mejilla había dejado un surco negro en esta.

Observé levemente la letra de la china, era grande y con trazados muy dramáticos, como si quisiera hacer la caligrafía excesivamente bonita pero al final pecaba de exuberante, algo así como hacía con su personalidad.

Luego miré a la joven Ukyo que tenía el entrecejo fruncido, concentrada en lo que estaba escribiendo. Al igual que yo, estaban escribiendo lo que ellas querían y por lo visto las palabras les salían solas, pero a mí no se me ocurría nada. Me rasqué la frente en un infantil intento de que las ideas salieran y entonces en mi mente aparecieron unas camelias rosadas que adornaban mi habitación desde hace días.

Fue como si Kami me inspirara, empecé a ver en mi mente palabras sueltas que poco a poco se formaban haciendo un pequeño poema. Tomé rápido el pincel antes de que la inspiración desapareciera y comencé a escribir.

En la oscuridad

Antes de la llegada del anfitrión.

Las peonias y camelias

Son uno.

Releí una y otra vez el pequeño poema contenta con el resultado – Mi señora, ya está.

Nodoka-sama apartó su vista de mis compañeras y se acercó a leer mi pequeño poema. La vi mover sus pupilas a través de los pequeños trazados y luego sonrió abiertamente. Tomó el poema y lo guardó entre aquellos escritos tan maravillosos que había visto antes.

- Akane, realmente tienes un don.

Y no dijo nada más. Mis compañeras se miraron curiosas pero no dijeron nada. Sonreí satisfecha conmigo misma, en ese poema había puesto un poquito de aquel sentimiento que mi corazón se negaba a aceptar.

¿Por qué puse las peonias y las camelias? Porque tras la lectura del libro que me había prestado mi señora encontré una flor que en belleza se equipara a la camelia y cuyo significado era similar. Si el joven señor solo me regalaría camelias, yo a él le entregaría en mi mente peonias, siempre peonias. Solo peonias.

Los días pasaron y la señora Nodoka me vigilaba con ojo agudo. En todo el tiempo que estuve junto con las jóvenes Ukyo y Shampoo encontré mis puntos fuertes y débiles. En escritura era buena, pero en modales y técnicas para ser una buena anfitriona era un desastre.

Aún recuerdo la cara de desesperación de mi señora cuando me tropezaba o no colocaba las manos como se debía. Pobre mujer, creo que le quité años de vida. La ceremonia del té no se me dio tan mal como esperaba, pero arreglos florales… no era para mí. Era horriblemente mala combinando colores y estilos, aun lo soy. Mientras que Shampoo y Ukyo hacían preciosos ramos coloridos y cuidaban a los bonsáis con mimo, yo creaba burdos ramilletes de colores sin sentido y el bonsái moría.

En lo referente al canto y el dibujo no era ni buena ni mala, promedio. Tocando el shimasen era un monstruo. Mis compañeras tocaban con elegancia las notas correctas creando hermosas melodías, yo en cambio era incapaz y más de una vez rompí las cuerdas. Odiaba ese aparato del demonio por lo que la señora Saotome me quitó ese trabajo.

Poco a poco me fui acostumbrando a esa nueva vida, pero no olvidé para nada de donde procedía. Siempre que tenía tiempo libre ayudaba a Sayuri y Yuka a abrillantar la madera del suelo, a Sasuke, Jiro y Tomoe cuando debían arrancar las malas hierbas del jardín, a Momo-chan cuando debía doblar yukatas y a la pequeña Nara cuando quitaba la ropa del tendedero.

Nodoka-sama siempre me echaba una regañina pero a la décima vez que me pilló desistió – Eso demuestra tu enorme bondad Akane-chan, no dejes que se aprovechen – me decía siempre.

Como dije antes, los días pasaron y llegó el día de mi cumpleaños. Estaba recogiendo mi futón ya arreglada y lista para ir a la clase de ceremonia del té con mi señora cuando la puerta se abrió de par en par y todos mis compañeros, a excepción de Yuna, aparecieron.

- Akane-chan, ¡tanjoubi omedetou! – Gritó Momo-chan entrando en la habitación como un tsunami arrasándolo todo – Ya eres una mujercita.

- Chicos… - dije sorprendida al verlos a todos allí para felicitarme – Arigatou gozaimasu – no pude evitar emocionarme, el cumplir años siempre me había gustado porque en mi casa Kasumi siempre me preparaba mi plato favorito y me hacía un pequeño presente, pero ahora…

- Akane ¿Por qué lloras? – me preguntó la pequeña Nara.

Negué con la cabeza quitándome las lágrimas de las mejillas – Nandemo nai.

- ¿Te acordaste de tu casa? ¿Verdad? – preguntó Jiro con una sonrisa y cruzado de brazos como siempre hacía. Satsu le dio un golpecito en el brazo a su marido y yo reí.

- Sí Jiro-san, así es. Les echo de menos.

Meiko me abrazó con cariño y dijo – No estés triste Akane-chan, puede que ahora estés lejos de tu familia pero aquí también tienes una, muy grande y que te quiere ¿verdad? – preguntó mirando a mis compañeros que asintieron con una sonrisa.

- Chicos… yo…

- Mira, mira Akane – chan – me cortó Nara – te hemos preparado tu plato favorito y entre todos te hemos comprado un regalo.

Abrí los ojos de par en par, no me lo esperaba. Sasuke se acercó a mí y me extendió un paquete cerrado con un lazo amarillo. Con voz temblorosa y una sonrisa me dijo – Onee-chan, fe…li...cida… ¡des! – sonreí muy contenta y tomé el paquete. No me alegraba por el regalo sino porque poco a poco mi amigo iba hablando mejor.

Abrí el regalo encontrando un elegante abanico dentro. Estaba decorado con flores de sakura y el mango era de una madera oscura y brillante. La pequeña Nara se acercó a mí con sus ojos un poco bizcos y con risa cantarina me pregunto – ¿Te gusta Akane-chan? Lo he elegido yo – asentí con una gran sonrisa.

- Bueno, nosotros tres te ayudamos – contestó Daisuke abrazando por los hombros a Sayuri y Yuka.

- Todos hemos puesto un poco de dinero para regalarte algo muy bonito – dijo Kimiko – te lo mereces, ya eres casi una mujer.

Me sonrojé un poco por lo dicho. Me puse frente a todos y me arrodillé haciendo una profunda inclinación hasta que toqué el tatami con mi frente – No tengo palabras para expresar mi gratitud, juro que cuidaré bien este regalo que me habéis otorgado.

- Mas te vale – dijo la juguetona voz de Tomoe – nos ha costado una buena cantidad.

- ¡Tomoe! – Gritó su mujer dándole un golpe en la parte de atrás del cuello – Mal educado – gruñó mientras él se sobaba la nuca.

Yo reí levemente al ver la cara de mis compañeros, entre avergonzados y aburridos, pero a mí no me había molestado, mi compañero era así siempre, mal hablado y poco políticamente correcto, cualidades poco comunes en un japonés.

- Una…. Un…na… co...o...sa - tartamudeó mi amigo Sasuke levantando levemente un tembloroso dedo. Nos quedamos mirándole lo cual pareció incomodarle un poco pues el rojo de sus mejillas aumentó, bajó la cabeza y dijo – Tomoe… tomoe… nombre… ¿chica?

El silencio inundó la habitación cuando escuchamos lo dicho por mi tímido amigo. La cara del viejo Tomoe era un poema, su rostro se descompuso cuando escuchó la última palabra pero entonces se crispó como un gato y dijo – Mocoso, ¡El nombre vale para ambos géneros! – el silencio que se instauró antes se rompió ante la carcajada general que echamos todos. Nunca nos habríamos esperado esa pregunta, y menos del siempre silencioso Sasuke.

Mis compañeros me habían hecho muy feliz con sus muestras de cariño, nunca habría esperado algo así y se lo agradecí de corazón. No sé cuánto tiempo estuvimos bromeando y charlando pero cuando me di cuenta de que llegaba tarde a mi clase de la ceremonia del té di un grito – ¡Nodoka-sama va a matarme!

- ¡Tu clase! – Gritó Momo-chan con horror mientras me levantaba del suelo – ¡lo olvidamos!

Antes de que me diera cuenta había sido empujada fuera de la habitación por los brazos de mi amiga. Corrí todo lo que mis piernas me daban por el pasillo mientras escuchaba la voz chillona de la pequeña Nara gritar – ¡Corre A-chan! ¡Corre!

El kimono me apretaba las piernas haciendo que la tarea de corres se me dificultara. Nunca el camino de una habitación de la casa a otra se me hizo tan largo como ese. Cuando llegué frente a la enorme puerta corredera comencé a sudar debido a los nervios. Si algo no toleraba mi señora era la impuntualidad, en más de una ocasión la joven Ukyo había llegado tarde y había recibido duros castigos y yo no quería ser castigada.

Mi corazón martilleaba en mi pecho de una manera que nunca antes había sentido. Con las manos temblorosas tomé el marco de la perta y la deslicé suavemente. Dentro mi señora y mis compañeras estaban concentradas en la elaboración del té matcha.

- su… sumimasen – dije una vez entré. Mi señora se giró para verme con ojo crítico y sentí mis entrañas bailar, pero no de gozo sino de vergüenza y miedo. Me arrodillé rápidamente e hice una inclinación - disculpe...

- Llegas tarde – me cortó Nodoka-sama.

- Lo sé, ha sido mi culpa.

Nodoka-sama no dijo nada y no llegue a ver que rostro tenía porque mi frente estaba pegada al tatami. Escuche una risita aguda que fue disimulada por una tos muy falsa, posiblemente era de Shampoo. No me moví, me quedé estática en mi sitio hasta que Nodoka-sama suspiró – No es normal en ti llegar tarde ¿Qué ha pasado?

Levanté el rostro para hablar con ella y con voz temblorosa dije – Mis amigos, es decir… mis compañeros me han ido a felicitar por mi cumpleaños… y… no me di cuenta de la hora.

- ¿Es tu cumpleaños? – Preguntó la joven Ukyo, yo asentí levemente avergonzada – No lo sabía Otanyobi.

- Arigatou

Nodoka-sama seguía quieta en el mismo lugar. Se levantó levemente y se acercó a mí a paso lento para luego quedarse quieta a mi lado. Me encogí esperando ser tomada por el cuello del kimono y lanzada lejos como un saco de arroz, pero en vez de eso, mi señora salió de la habitación dejándonos solas.

Miré a mis compañeras con curiosas. La joven Ukyo me devolvió la misma expresión mientras que Shampoo tenía una mueca torcida en la cara, esa cara de superioridad que ponía siempre que habla con el servicio de la casa, esa cara de superioridad que pone siempre que estaba junto al joven señor.

- Marimacho estar metida en problemas – me dijo la china con una voz de satisfacción – seguro que ir a por vara de bambú para azotarte.

- Mi señora no haría eso – le gruñí.

La joven Shampoo se atusó la larga melena y sonrió altanera – Bueno, a nosotras no porque ser señoritas, pero tú solo ser criada tonta, seguro azotarte hasta dejar espalda en carne viva.

Apreté los puños de rabia y tuve que reprimir las ganas de darle un puñetazo en toda su cara bonita. Shampoo cuando se lo proponía podía ser realmente desesperante, en más de una ocasión había sacado de sus casillas a la siempre tranquila Kimiko así que molestarme a mí era un juego de niños para ella.

- No digas eso Shampoo – le dijo Ukyo – La señora Nodoka jamás haría eso a nadie.

- Azotarla, ya veréis – contestó cruzándose de brazos.

Iba a contestarle una grosería cuando la puerta se volvió a abrir y la imponente figura de mi señora apareció de nuevo en la sala. Miré disimuladamente sus manos en busca de la vara que había mencionado la china, por si acaso de verdad iba a azotarme por llegar tarde, pero lo que encontré en sus manos no fue algo alargado y duro, sino un paquetito bien envuelto en hojas.

- Quizás a quien debamos azotar es a ti querida – le dijo mi señora con voz dura a la joven Shampoo haciéndola encogerse sobre si misma – O cortarte la lengua, así no tendríamos que escuchar tu molesta voz nunca más.

- Señora, Shampoo solo…

- Ahórratelo – la cortó. Shampoo cerró la boca y bajó la mirada. Ukyo sonrió satisfecha sin disimulo alguno. Desde hacía tiempo, sobre todo desde que compartíamos clases, pude observar que las jóvenes no se llevaban muy bien. En público eran casi hermanas, pero en privado se atacan como bestias salvajes la una a la otra.

Mi señora centró su atención en mí y yo solo pude removerme nerviosa, preguntándome que llevaba ese paquete. Era grande y parecía blando por lo que tuve la certeza de que no era una piedra gigante para tirarme a la cabeza. Se sentó delicadamente frente a la mesa y puso el paquete a sus pies.

- Acércate Akane-chan – sin apenas esperar hice lo que me pidió. Me levanté rauda y me acerqué a ella, sentándome a su izquierda. Sin levantarse, mi señora se movió para quedar de cara a mí y me extendió el paquete. Abrí los ojos sorprendidas al igual que mis compañeras que apenas respiraban, atentas a cualquier cosa que pasara.

Con manos temblorosas lo tome y di una inclinación agradeciendo el detalle – Sabía que hoy era tu cumpleaños, espero que te guste.

Cuando lo abrí no pude creer lo que veía. Era un kimono de color rojo escarlata con un preciso río bordado en azul celeste. Los detalles dorados lo hacían aún más hermoso. Al tacto era suave lo que dejaba claro que había sido caro, muy caro. Quizás demasiado.

- Señora… yo… no puedo…

Mi señora levantó una mano para hacerme callar – Por más que lo intenté el kimono que te regaló tu hermana quedó destrozado, no lo pudimos arreglar – Bajé la vista triste recordando como con mi enfado había rasgado el kimono que me había regalado mi hermana. Había destrozado mi único recuerdo de ella…

- Pero tranquila, está guardado – me dijo Nodoka –sama. La miré a los ojos y vi en ellos un brillo especial – Jamás podría tirar algo como eso.

- Pero está roto.

Nodoka-sama se encogió de hombros – Pero es tuyo, yo no soy nadie para tirar algo que no es mío aunque sea algo que ya no se puede usar – contestó solemne – Además, muchos corazones están rotos en el mundo y nadie tira a esas personas a la basura.

Fue una extraña metáfora, bastante tonta a mi parecer pero no reclamé nada. Simplemente me incliné profundamente a los pies de mi señora – Nunca podré pagarle este regalo mi señora.

- No todos los días se cumplen once años – me contestó con una sonrisa – y si lo tratas bien y no creces mucho te durara para un par de años.

Sonreí acariciando la tela del kimono con delicadeza, sin creerme que esa preciosa obra maestra fuera mía y solo mía. El obi dorado era una maravilla y los bordados exquisitos. Jamás olvidaré ese kimono.

- Ser muy bonito señora, Shampoo estar impaciente por ponérselo algún día para su prometido.

Mi señora, la joven Ukyo y yo miramos curiosas a la joven Shampoo. Por lo visto, la china pensaba agenciarse mi regalo de cumpleaños, pero no lo toleraría, ese hermoso kimono era mío – Nunca he dicho que te lo iba a dejar.

El veneno con el que solté la frase impactó de lleno en la china quien frunciendo la cara dijo – Ese kimono ser demasiado hermoso para que una piojosa como tu llevarlo.

- Nodoka-sama me lo ha regalado a mí. Tú tienes tu propia ropa.

- En esta casa kimonos caros compartirse – respondió la china – Y ese ser extremadamente caro, no sentirte importante, mi señora regalárselo a todas auqnue poner excusa de cumpleaños ¿verdad señora?

- Shampoo, haz el té – dijo mi señora seria ignorando las palabras de la china.

La joven Shampoo miró a mi señora un momento y rápidamente se puso a hacer el té. Observé sus movimientos sin soltar mi regalo ni un momento, temiendo que en un descuido la china saltara sobre el como un gato y me lo arrebatara.

Tras unos segundos vi como la joven Shampoo se equivocaba un par de veces. Era lenta, muy lenta y sus movimientos eran demasiado exagerados y pomposos. De reojo observe como mi señora Nodoka fruncía el ceño levemente.

Cuando termino sirvió la taza a mi señora y esperó su reacción. Nodoka-sama fulminó la taza con la vista y me sorprendió enormemente ver como solo sus ojos miraban la taza. Su cuello estaba erguido y tieso impidiendo que la cabeza se inclinara. Miré a mi compañera y pude apreciar como los nervios se estaban apoderando de ella. Sus manos sobre sus rodillas temblaban levemente al igual que sus hombros y con razón, para mi señora no había nada mas sagrado que la ceremonia del té y Shampoo era realmente torpe realizándola.

Sus ojos casi rojos temblaban dentro de las cuencas y puedo aun hoy jurar que vi una gota de sudor caer por su sien. Era tal el nerviosismo de la joven Shampoo que hasta yo me removí incomoda.

- No has terminado – dijo la seca voz de mi señora.

Shampoo trastabilló un momento y buscó con la mirada sobre la mesa algo que le pudiera faltar. Desde mi posición podía escuchar los engranajes de su cerebro moverse.

- Shampoo… hacerlo todo mi señora.

- ¿Seguro? – cuestionó Nodoka-sama. Shampoo repasó de nuevo toda la mesa para luego asentir – ¿Y la taza de Akane?

- ¿Cuál… taza? – contestó la china.

Nodoka-sama bufó – Hoy al empezar la clase dije que sería una clase diferente, que os prepararía para una celebración especial ¿es que acaso no me escuchas?

La joven Shampoo asintió fuertemente – Pero no esperar que fuera a ser cumpleaños de… ella – escupió lo último con rabia.

- ¿y que más podía ser? ¿La boda del hijo del emperador? ¿La tuya con mi hijo? – el sarcasmo en la voz de mi señora enfadó a Shampoo quien se crispó como un gato enfadado, pero aun así se dispuso a hacer de nuevo el té para mí cuando la mano de mi señora la frenó.

- Déjalo, eres un desastre en esto – miró a la joven Ukyo quien tenía un brillo de satisfacción en la cara pero en cuanto vio la seria mirada de Nodoka-sama borró todo rastro de regocijo y se tensó – Hazlo tu Ukyo, que aun siendo torpe se te da algo mejor.

- Shampoo poder hacerlo.

- No – la potente voz de mi señora nos hizo pegar un bote. Era y para mi sigue siendo fascinante como mi señora, aun sin alzar la voz podía hacer temblar hasta a un ejército – Eres capaz de envenenar la taza. Ukyo lo hará.

La castaña realizó la ceremonia del té un poco mejor que la joven Shampoo. Al menos no era tan lenta y había añadido suficiente polvo, el que tenía enfrente mi señora tenía tanto polvo que posiblemente sabría demasiado amargo.

Me lo sirvió con una sonrisa y una inclinación que yo respondí. Mi señora y yo nos dispusimos a tomar el té como el protocolo ordenaba y aún a sabiendas del horrible amargor que tendría el té debido a la cantidad de polvos puesta por la joven Shampoo, mi señora no vacilo un movimiento ni puso cara de desagrado.

Tras tomar el último sorbo, mi señora dijo – Mediocre. Realmente mediocre – mis compañeras bajaron la cabeza avergonzadas. Me dio pena de la joven Ukyo, el té no estaba tan malo, quizás algo aguado, pero tomable, por lo que sin poder evitarlo dijo – el mío estaba bien.

La joven Ukyo levantó la mirada rápidamente y le sonreí – Necesitas un poco de practica a la hora de medir la cantidad polvo y agua, pero esta bueno.

No miré a mi señora temiendo que me amonestara por quitarle autoridad, pero debía salir en defensa de la joven Ukyo. Mis principios me obligaban.

Lejos de llevar una reprimenda, Nodoka-sama soltó una risa camuflada y dijo – Ya has oído, Ukyo. Practica esa parte.

Asombrada, mi compañera se inclinó y me sonrió agradeciéndome con la mirada. Nodoka-sama se levantó con elegancia y nosotras la imitamos. En mis brazos llevaba el precioso regalo apretado contra mi pecho – La clase a terminado por hoy, vosotras dos – dijo señalando a mis compañeras – poneos a practicar el shamisen, es lo único que hacéis bien – estas asintieron y salieron rápidamente del salón pero antes de que desaparecieran dijo – y shampoo…

La china frenó en seco y se giró con una gran sonrisa, posiblemente esperando algún halago o petición de índole personal – No te atrevas a tocar el kimono de Akane. Es un regalo para ella.

- Pero señora…

- ¡He dicho! – La joven Shampoo cayó inmediatamente – que es un regalo para ella. Yo se lo he comprado personalmente, esto no es una Okiya.

- Sí señora – murmuró débilmente la joven Shampoo sin mirar a Nodoka –sama.

- Como a ese kimono le pase algo, el más mínimo daño, te las verás conmigo.

- Sí señora – repitió la china para después salir de allí no sin antes lanzarme una amenazadora mirada que le respondí de igual forma. Nadie iba a meterme el miedo en el cuerpo y menos una niña como Shampoo.

Cuando salió y mi señora y yo nos quedamos a solas, Nodoka-sama lanzó un suspiro – esa niña agota mi paciencia.

- Y la mía – respondí. Me di cuenta de lo que había hecho y me puse roja pues, aunque supiera que mi señora y yo compartíamos aversión por la china, no era de buena educación hablar con tu señora en un tono tan tosco como el que puse.

Lejos de reprenderme mi señora me otorgó una suave risa – Akane-chan, despreocúpate del resto de clases de hoy. Ve con tus amigos y celebra tu cumpleaños.

- Mis amigos tienen trabajo que hacer.

- Hoy no – me contestó – Momo-chan, Sasuke, Daisuke y las chicas están libres. Los adultos se unirán a vosotros cuando terminen las tareas.

Una inmensa alegría recorrió mi corazón cuando escuché las palabras de mi señora. Sin poder reprimirme me lancé a sus brazos. Agradecí de corazón ese detalle que tuvo conmigo ya que no todas las señoras de buenas familias son tan bondadosas con el servicio. Cada vez me fascinaba más Nodoka-sama, ya que era capaz de ser la persona más gentil del mundo pero también la más firme.

Una vez me separé de ella salí corriendo a buscar a mis compañeros con quienes estuve riendo y charlando todo el día. No hace falta decir que ese día que cumplí once años fui muy feliz a pesar de que me faltara mi familia aunque gracias a Kami en la casa de los Saotome había encontrado otra más grande que la anterior la cual me quería mucho, como yo a ellos. En el futuro cada uno hizo su vida y nos separamos pero aun ahora que soy vieja no paso un día sin recordar el rostro de todos y de repetir en alto sus nombres para que nunca sean olvidados.

Los siguientes días no fueron de fiesta en absoluto. La gentileza de mi señora había desaparecido y la semana siguiente se transformó en una fiera estricta, con mucha razón. Mis compañeras habían sido invitadas a una reunión de mujeres de alta cuna en Edo, donde debían mostrar sus dotes como futuras mujeres de la casa y aun hablando desde la más profunda ignorancia, eran un desastre.

Una tarde mi señora estaba más furiosa de lo normal, gritando y golpeando las manos de la joven Ukyo y Shampoo con un abanico cuando se equivocaban o cuando eran demasiado lentas. Incluso yo tuve que soportar más de un grito por lo que a media tarde mi señora me dio el día libre y salí al jardín.

Desde mi posición en el suelo del pasillo que daba al estanque de las carpas koi, podía escuchar perfectamente el retumbar del abanico golpeando las manos de mis compañeras y el eco de las reprimendas. Sentí lastima aunque era algo normal, mi señora se jugaba mucho con esa invitación pues si las mujeres veían lo bien educadas que estaban podría significar más aprendices en casa por lo que podía entrar más dinero.

Como era de esperar de una tarde cualquiera, mis compañeros estaban hasta arriba de trabajo: que si kimonos que rematar, que si la cena, que si arreglar el jardín, que si limpiar los objetos del desván, que si abrillantar el suelo… incluso la pequeña Nara estaba trabajando… por lo que estaba sola en una inmensa casa llena de gente atareada, mirando al estanque, aburrida.

Subí la vista al cielo que se empezaba a teñir de naranjas y morados debido a que el sol se empezaba a ocultar. Suspiré frustrada pues no sabía qué hacer para terminar con mi aburrimiento. Entonces lo vi, en el suelo cerca de una roca llena de musgo, una vara de bambú bastante larga. Me levanté decidida y la tomé en mis manos, era larga y no muy gorda quizás se le había caído a Jiro cuando arreglaba el jardín.

Recordé como mi padre me entrenaba con una vara de madera larga, como si fuera una naginata. Cerré los ojos y apreté la vara en mis manos imaginándome que no estaba en el inmenso jardín perfectamente arreglado de los Saotome, sino en mi imperfecto patio, que daba al bosque, con su caminito de tierra, sus hierbas altas y sus pequeñas flores esparcidas sin control. Me encontraba de nuevo en casa escuchando la risa de mi hermana Kasumi mientras cosía, la voz melodiosa de madre entonando esa cancioncilla suya que tantas veces me ayudó a dormir y escuché la voz de mi padre:

- Vamos pequeña Kawa, otra vez desde el principio.

Sin poder controlarlo moví un pie hacia atrás dejando el otro hacia delante mientras flexionaba levemente la rodilla.

- Más abajo Akane, así perderás el equilibrio.

De nuevo hice lo que la voz de mi padre me decía. Escuché su risa y sonreí también.

- Ahora como antes, venga, ichi, ni, san…

Moví mis brazos bamboleando la vara de bambú mientras daba pequeños pasos hacia delante y los lados. Luego giraba y hacía lo mismo en la otra dirección.

- Muy bien pequeña Kawa, eres toda una guerrera.

- Lo has hecho muy bien Akane.

- Esa es mi pequeña Kawa.

- Akane…

- Akane…

-¡Akane! – el gritó que me sacó de mis recuerdos no era la de mi padre, no podía ser él. Esa voz era mucho más aguda. Abrí los ojos y me topé con un color azul como el mar frente a mí, mirándome curioso.

Me tensé al instante cuando me di cuenta de la posición en la que me había encontrado mi señor. Tiré el palo al suelo como si quemara y me incline – Joven señor, yo…

- ¿Qué hacías? – me preguntó con una voz curiosa.

- Yo… yo… - tartamudeaba como una niña pequeña a la que habían pillado cometiendo una travesura. Su llegada silenciosa me había sorprendido muchísimo ¿Qué hacía el allí? ¿No debí estar dos semanas fuera? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que nos despedimos? – ¿Qué hace usted aquí?

El joven señor se encogió de hombros y me sonrió con ese egocentrismo típico de el – Hemos vuelto hace unos minutos, te estuve llamando pero no me hacías ni caso, estabas en otro mundo.

- Yo… lo siento es que…

- Lo haces bien – me cortó sorprendiéndome ¿es que acaso mi joven señor me estaba haciendo un halago por mis dotes de artista marcial? – Aun te queda mucho que aprender pues tienes muchísimos fallos – fruncí el ceño molesta, como no el joven Ranma tenía que hacer sus típicos comentarios – pero no cabe duda de que si sigues entrenando serás una gran guerrera.

Me quedé en blanco, no sabía si reír o agradecer o darle un puñetazo por si se burlaba de mi por lo que solo pude quedarme quieta y mirarle fijamente con las mejillas rojas. Vi como sus ojos se desviaban al palo caído y lo volvió a tomar en sus manos.

- Para empezar, si no separas más tus manos los movimientos serán torpes – me explicaba a medida que se colocaba tras mi espalda y me hacía tomar el palo de bambú. Sus manos estaban sobre las mías y yo solo podía temblar – ¿ves? Ahora dar los pasos es mucho más fácil – me decía mientras nos movíamos. Yo no escuchaba nada más allá del retumbar de mi corazón en mi pecho.

Se separó de mí y se puso a mi lado con una sonrisita en la cara – así es más fácil ¿verdad? – Asentí levemente y entonces volvió a corregirme – el pie trasero, lo tienes que meter más hacia dentro – tomó con sus manos mi tobillo con delicadeza y movió el pie de manera que la punta quedara lo más hacia arriba posible – esto le da estabilidad a la posición.

- Si… - dije simplemente. Nunca me gustó que me corrigieran pero no veía malicia en mi joven señor por lo que no podía tomarme a mal sus consejos.

- Los hombros más hacia atrás – me dijo tomándome los hombros.

- ¡Duele! ¡Bruto! – me quejé girando la cara para verle. Su rostro estaba demasiado cerca del mío, tanto que nuestras narices se rozaron levemente.

Si hubiéramos sido un poco más mayores posiblemente la situación habría terminado de otra forma pero con solo once años la timidez ganó a las aun dormidas hormonas. La cercanía nos había avergonzado tanto que nos separamos de un salto pasando a estar casi pegados a tener más de dos brazos de separación.

Ambos miramos al suelo avergonzados hasta que mi joven señor carraspeó un poco – La postura es incomoda pero solo hasta que te acostumbras.

- Sí, mi padre siempre decía que el guerrero tiene que sentirse incómodo para ser consciente de que la vida, la buena y honrosa vida es dura y dolorosa.

- Grandes palabras – dijo una tercera voz que reconocí al instante haciéndome sonreír.

- ¡Mousse! – mi amigo parecía más alto desde la última vez que le había avisto y eso que solo fueron un par de semanas.

- Ranma-kun, eres demasiado duro con Akane-chan – dijo otra voz.

- Joven Ryoga…

- ¡Hola Akane-chan! – el joven Ryoga se acercó a mí con pasos agiles y me extendió un paquete - ¡ten para ti!

Tomé el paquete con curiosidad y me acerqué de nuevo al pasillo donde estaba sentada antes siendo seguida por aquellos tres chicos. Cuando lo abrí descubrí unos dangos – Gracias, pero… ¿Por qué?

- No pude darte nada por tu cumpleaños ni visitarte cuando estuviste enferma, Ukyo me habría matado – solté una leve risa – Por eso cuando paramos en Edo fui al puesto y los compré, espero que te gusten.

Sonreí agradecida y me incline hacia delante dándole las gracias. Los dangos eran mis dulces favoritos y hacía mucho que no me los comía. Cuando me metí el primero en la boca sentí que tocaba el cielo con las manos – ¡están riquísimos joven Ryoga! ¡Gracias otra vez!

- No es nada – me dijo rascándose la nuca – todo es poco para la niña más dulce y bonita de la casa.

Casi me atraganto cuando dijo eso. Comencé a toser y le miré sonrojada. Antes de que pudiera decir nada Ranma tomó un dango en su mano derecha y le dio unas vueltecitas frente a su cara – No querrás que U-chan se entere de eso que acabas de decir ¿cierto?

- ¡Cállate Ranma! – Le gritó – ¡Y suelta eso! ¿Es que tu madre no te enseñó que no se juega con la comida?

Mi joven señor puso una sonrisa arrogante en la cara y abrió la boca todo lo que daba para de un mordisco llevarse dos dangos de golpe – ¡Ranma! ¡Te mataré!

Los jóvenes señores comenzaron a pelear por el jardín. Mientras Ranma saltaba y esquivaba los golpes de Ryoga este último gritaba e insultaba al joven señor por haberme robado mi regalo de cumpleaños.

Observé sorprendida como eran de hábiles a pesar de su corta edad. Ranma saltaba y hacía piruetas en el aire mientras Ryoga golpeaba a una velocidad que rozaba lo inhumano. Abrí la boca sorprendida deseando poder pelear así algún día.

El suspiro de mi Mousse me distrajo – Estos dos siempre están igual.

Solté una risita y le ofrecí un dango a Mousse quien negó con la cabeza – Soy más de Mochis.

- Son muy buenos – dije con la boca llena. Mousse me miró con la ceja arqueada y yo me sonroje, no es de muy buena educación hablar con comida en la boca.

- Creí que esas clases de señoritas te enseñarían modales – me dijo con burla.

Tragué rápidamente los restos que tenía en la boca y pregunté – ¿Cómo sabes eso?

- No hay nada que U-chan no le cuente a Ryoga – se adelantó en contestar Ranma que traía al joven Ryoga agarrado del cuello del Kimono – No te pega ir a esas clases la verdad.

- ¿Y por qué no? – pregunté curiosa, quizás el me diría que una mujer como yo, fuerte y valiente debía estar entrenando artes marciales, pero lo que recibí fue una burla típica de mi joven señor.

- Porque esas clases son para señoritas dulces y femeninas y tú no eres dulce ni femenina, más bien una bruta marimacho.

Mi enfado creció y sin que ninguno se lo esperaba lancé un puñetazo que impactó directo en la cara de mi joven señor. El mundo se paró en el momento en que me di cuenta de lo que acababa de hacer. Le había pegado, había puesto la mano encima del hijo de la señora Nodoka… por muy buena que fuera conmigo esta vez mi cabeza rodaría por el suelo. Estaba segura.

Aparté el puño lentamente de la cara de Ranma temblando levemente. Ryoga-kun y Mousse no se movieron, apenas respiraban supongo que temerosos de ver la reacción del joven señor. Pensé que se pondría a gritar o que me pegaría pero no, simplemente se sobó la nariz y murmuró un – marimacho.

Tras unos leves segundos de aturdimiento Ryoga-kun comenzó a reír y Mousse solo sonrió levemente como siempre hace. Siempre tibio, siempre distante.

- Te ha dado en toda la cara y ni lo has visto venir – decía el joven Ryoga entre risas agarrándose la barriga.

- Si fuera otra persona le habrías dado una patada Ranma – dijo Mousse.

- Yo no pego a las chicas – y me lanzó una mirada venenosa – aunque sea una marimacho.

- Es tu culpa – bufé frustrada – por insultarme.

- Es que eres una marimacho.

- No lo soy – le espeté furiosa levantándome. Aunque no era tan alto como Mousse no quitaba el hecho de que mi joven señor me sacaba unos centímetros aunque eso me importaba más bien poco.

- Sí que lo eres, eres una bruta y una marimacho.

- ¿Y a ti que te importa? Si no te gusta como soy ignórame y vete a tomar vientos.

- Nunca dije que no me gustara – contestó simplemente callándome de golpe tanto a mi como a Ryoga. Noté el calor subir por mi cara y acumularse en mis mejillas, debían estar muy rojas pues el joven señor me miró con una sonrisa ladeada.

- Idiota… - murmuré apartando mi cara de la suya, no podría seguir mirándole mucho rato sin que me desmayara fruto de la vergüenza.

- Oye, eres rápida Akane-chan – dijo Ryoga intentando quitar hierro al asunto – serías una gran guerrera.

- Es verdad – continuó Mousse – no hemos hablado de ello pero tu arranque en el cumpleaños de Ranma fue increíble.

- ¡Cierto! ¡Cierto! – Gritó Ryoga-kun zarandeando al pobre chino de un brazo – Fue increíble, casi vences.

- Ni en sus sueños – dijo altanero Ranma sentándose a mi lado.

Me giré furiosa y le saqué la lengua en un gesto bastante infantil como acertado porque sus cejas se fruncieron en una mueca de disgusto – Si no me hubieras tirado al lago te habría vencido.

- Jamás, lo que pasa es que me dejé vencer – dijo cruzándose de brazos y subiendo su mentón a la par que cerraba los ojos sin dar su brazo a torcer, era y siempre fue un tozudo idiota.

- Digas lo que digas, Akane-chan estuvo impresionante – Comentó Ryoga haciendo que mi ego subiera como la espuma – deberíamos decirle a Genma-sensei que la entrene ¿ne?

- ¡¿Estás loco?! – gritaron a la vez Mousse y Ranma asustando al pobre chico.

- Era una idea… - pensó un momento lo que había dicho y le vi suspirar – tenéis razón, jamás la entrenaría.

- ¿Por qué no?- pregunté curiosa ¿Por qué el señor panda no querría entrenarme si he demostrado mi fuerza?

- Porque eres mujer – contestó simplemente el joven Ranma – y mi padre opina que las mujeres no están hechas para luchar.

- Que tontería – murmuré – he demostrado que puedo luchar como vosotros.

Mousse asintió – Sí pero para el las mujeres tienen unas obligaciones desde su nacimiento al igual que los hombres – solté un gruñido que le hizo sonreír – yo no pienso así pero muchos hombres dentro del ejercito lo hacen.

- Taro uno de ellos – secundó Ranma – y su padre…

- Taro es un idiota de remate.

Ryoga puso cara de bobo enamorado y suspiró – sí, es un idiota y se aprovecha de los más débiles pero se casara con la bella Momo-chan, ¡que lastima! – Gimió con dolor – Yo quería hacerme mayor para llegar a su corazón.

Con disimulo oculté una sonrisa ladeada, si el joven Ryoga supiera que a Momo-chan le gustan la mujeres se desmayaría.

- ¿Por qué no te entreno yo? – dijo suavemente el joven Ranma captando nuestra atención.

Le miré con la ceja alzada pensando que se burlaba de mi – ¿Te estas riendo de mí?

- ¡Lo digo enserio! – gritó. Dándose cuenta de los decibelios de su voz agachó la cabeza y miró a ambos lados, como temiendo que alguien se enterara de su plan – no es broma. Si tú quieres.

- ¿Cómo? ¿De verdad? ¿Lo harás? – pregunté feliz agarrando las manos de mi joven señor que miró la unión de nuestros dedos con terror, como si le hubiera puesto un enorme escorpión en las manos.

- Solo… si… es decir… tú quieres….

Chillé de emoción y le abracé – Claro que quiero.

Tal era mi alegría que no reparé en lo que estaba haciendo hasta que el olor del joven señor llenó mis fosas nasales. Me separé rápidamente e intentando recuperar un poco de mi orgullo dije – es decir, si no te molesta.

- Lo haré – contestó sin mirarme – pero no lo puede saber nadie – entonces miró a sus compañeros.

- Yo me apunto – dijo Ryoga acercándose a mí para tomar mis manos – será un placer entrenar a esta dulce flor.

Ranma apartó las manos del joven Ryoga de las mías de un manotazo – una más ryoga y le contaré a U-chan lo pervertido que eres con las mujeres.

- ¡No soy un pervertido! – refunfuñó.

- Yo también la entrenaré – dijo Mousse.

Los tres nos quedamos mirándole fijamente. El rostro de Mousse era serio pero indiferente, como si en realidad no quisiera hacerlo sino que lo tomaba como un favor hacia mi persona, pero en sus ojos había una determinación que haría retroceder a un ejército entero.

- ¿Tu? – Preguntó Ranma – ¿quieres entrenarla?

Mousse se encogió de hombros – Yo también estoy entrenando para ser un gran guerrero japonés ¿no? Puedo enseñarle algunas cosas.

- No creo que seas el indicado para enseñarla – dijo el joven señor plantándose de brazos cruzados ante mi amigo, luego lanzó una mirada enfadada a Ryoga-kun y dijo – es más creo que ninguno está lo suficientemente cualificado como para entrenarla.

- ¿Y tú sí? – Preguntó Ryoga - ¿es que acaso quieres estar a solas con ella? – preguntó con tono de burla haciéndonos sonrojar a ambos – luego me llama pervertido a mí.

- ¡Urusei! – chilló el joven señor subiendo el puño hacia la cara de Ryoga.

Viendo como ante mis ojos se avecinaba una nueva pelea, aunque fuera una amistosa, di un paso al frente y me coloqué entre los dos con los brazos extendidos intentando alejarlos lo más posible el uno del otro.

Mousse, Ryoga-kun y el joven Ranma se quedaron quietos sin saber que decir, me miraban como si tuviera una palabra mal escrita en la frente, entonces carraspeé y dije – Joven Ranma, si quiero que me entrene – el joven señor puso una sonrisa de suficiencia en su cara para lanzar una mirada prepotente a sus compañeros – pero también quiero que se unan ellos dos.

- ¿¡Por qué!? – me gritó mi joven señor mientras Ryoga soltaba una carcajada debido a la cara de ofensa del heredero Saotome.

- Porque siempre está bien tener compañeros para luchar y ponerse a prueba – expliqué tranquilamente. En realidad lo que menos quería era quedarme a solas un par de horas con Ranma corriendo el riesgo de que alguien nos viera, se lo contara al señor panda y me metiera en un problema con Shampoo – además será más fácil mantenernos alerta por si alguien se acerca mientras entrenamos ¿o no acaba de decirme que debe ser secreto? – pregunté dirigiéndome a mi tormento personal quien solo pudo asentir levemente.

- Pues está decidido – dijo Mousse – mientras entrenemos juntos uno de nosotros irá explicándole a Akane como se hacen los katas y posiciones mientras los demás vigilan.

- ¡Iremos rotándonos para ser su sensei! – Ryoga-kun levantó la mano rápido como el viento - ¡Me pido primero!

- ¿¡Y por qué tú el primero!? – preguntó mal humorado el joven Ranma.

- Porque soy más hábil que tú, además Akane-chan me aprecia más que a ti.

Mi joven señor apretó los puños y dio una patada en el suelo - ¡Ja! ¡En tus sueños! Además ¡yo soy el heredero de esta casa y futuro sensei! ¡Debo ser el primero!

Mousse y yo observamos como esos dos volvían a pelear una vez más sin motivo alguno. A su manera se querían y se llevaban bien pero ambos tenían la mecha muy corta y saltaban enseguida enzarzándose a los golpes. Con el tiempo fui descubriendo un poco más de cada uno: la valentía y la bondad de Ranma, la ternura y la timidez de Ryoga y la paciencia y templanza de Mousse, todo eso y mucho más lo fui descubriendo en los años siguientes, años en los que comenzó un periodo oscuro y turbio en la historia de Japón.

Años que marcarían mi vida y destino así como también el de todos aquellos que vivíamos en la casa Saotome. Años en los que esos tres niños pasaron de ser mis señores a ser mis amigos y entrenadores.

Esa tarde, en aquel jardín ni yo misma me imaginaba que esos tres serían en el futuro una pieza clave en mi vida; nuestra aventura y amistad, comenzó esa tarde en el jardín entre planes, peleas y dangos.


Aclaraciones:

Preparar la tinta: La tinta que se usa para la caligrafía japonesa está hecha principalmente de hollín y cola animal, y se presenta en un bloque que se debe frotar sobre una piedra para molerla con agua fría. La tinta puede dar diferentes tonos de negro según la cantidad de agua con que se diluya. Hoy en día la tinta se presenta de 2 maneras: Sólida o líquida, esta última es principalmente un dominio de Japón, y su base es mayoritariamente química. Incluso existe una tinta lavable desarrollada para los niños que practican Shuji ("aprender la letra") en la escuela. Se dice que la tinta de mejor calidad es la que ha sido endurecida, sobre todo la Shouen Boku, de hollín de pino y de cuerno de ciervo joven. La tinta es a menudo decorada con motivos, o viene con grabados que describen el nombre del fabricante, el nombre de la tinta, etc. La de mejor calidad se vende en cajas de protección, por lo general hechas de madera de árbol de Paulownia, llamadas KIRIBAKO.

Bakudou: zona plana de piedra donde se manipula la tinta.

Hai: si

Peonias: Una flor de semejante belleza como es la peonía tiene también un bonito simbolismo. La peonía se asocia al amor, a la felicidad y la belleza, entre otras cosas. No es de extrañar que la peonía sea una invitada habitual en muchas bodas. Regalar peonías se convierte en un gesto de amor y buenos deseos en la vida; por lo que es una flor de lo más apropiada para regalar en ocasiones como aniversarios o declaraciones de amor.

Bonsai: es una palabra de origen japonés que significa literalmente bon = 'bandeja' + sai = 'cultivar' (aunque etimológicamente procede del término chino, penzai, que significa pén = 'bandeja' + zāi = 'cultivar') y consiste en el arte de cultivar árboles y plantas, normalmente arbustos, controlando su tamaño para que permanezca de un tamaño muy inferior al natural, mediante técnicas, como el trasplante, la poda, el alambrado, el pinzado, etc., y modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza. Es indisociable de la maceta, ya que el bonsái se entiende como el conjunto que conforman árbol y maceta.

Tanjoubi omedetou: feliz cumpleaños

Nandemo nai: Forma de decir "Nada" o "No es nada"

Té matcha: es un té verde molido empleado en la ceremonia japonesa del té. El té molido tiene su origen en la China de tiempos de la dinastía Song. En el año 1191, el monje budista Eisai trajo el té molido al Japón, con la introducción del budismo (Zen). Con el tiempo, el té molido fue desapareciendo en la China, sin embargo arraigó en el Japón gracias a las costumbres de los monasterios budistas. Más tarde, las clases altas de la sociedad japonesa adoptaron este té, entre los siglos XIV y XVI.

Protocolo a la hora de tomar el té: Una de las grandes costumbres de Japón es hacer una ceremonia de té que consiste de 15 pasos estudiados y llevados a cabo escrupulosamente. Estas normas van desde el numero de utensilios que deben usar hasta el número de sorbos que debes dar a la hora de beber.

Shamisen: es un instrumento musical japonés derivado del chino sānxián (tres cuerdas), el cual apareció en China durante la dinastía Yuan del siglo XIII. El Shamisen se toca pinzando y golpeando las cuerdas con el plectro en la mano derecha y parando las cuerdas con tres dedos de la mano izquierda. El punto más característico de tocar un Shamisen es que el plectro (o los dedos) golpean la piel al mismo tiempo que se golpean las cuerdas. Hay muchos otros factores que determinan la calidad del sonido, como el grosor de la piel, cuerdas y mástil, así como la altura donde el plectro golpea las cuerdas. Las variaciones en el timbre son un elemento muy importante de la música Shamisen.

Okiya: es el albergue que da alojamiento a una maiko o geisha mientras dura su nenki, o contrato. El primer paso que ha de seguir una mujer joven para convertirse en una geisha es ser aceptada en una okiya, una casa de geishas propiedad de la mujer que pagará por su entrenamiento. La cabeza de la okiya es llamada okasan, que es palabra japonesa para 'madre'. La okiya normalmente paga todos los gastos, incluidos los kimonos y la formación. La okiya (pensión) es una gran parte de la vida de una geiko y una maiko, porque las mujeres en la okiya son la familia de las geishas, y la okasan gestiona su carrera en el karyūkai (mundo de la flor y el sauce).

Naginata: La naginata es un arma de asta usada por los samuráis del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta largo. Se asemeja a una alabarda o a una archa europea. Como arma militar fue muy importante en los campos de batalla, donde era llevada por la infantería para defenderse de la caballería. La técnica de combatir con la naginata se llama naginatajutsu y, está presente en muchos estilos de Koryu Budo (o Kobudo). Aunque eran armas para ambos sexos era usada mayormente por mujeres. En el período Edo, la naginata se convirtió en un símbolo de estatus social para las mujeres de las familias samuráis. Eran pasadas de madres a hijas y, con frecuencia, formaban parte de los dotes matrimoniales. Muchas escuelas de artes marciales de este período mantenían en su currículum al Naginatajutsu, aunque ninguna se especializó únicamente en ella, sino más bien era un componente secundario en esos sistemas.

Ichi, ni, san: Uno, dos y tres.

Dangos: postre tradicional japonés elaborado con mochiko (harina de arroz), y derivado por lo tanto del mochi (pastel de arroz glutinoso). Se sirve a menudo con té verde. El dango se consume todo el año, pero las diversas variedades se comen tradicionalmente en temporadas concretas. Tres o cuatro dango se sirven a menudo en un pincho. Una variedad originaria de Hokkaidō se elabora con harina de patata y se cocina con shoyu (salsa de soja).

Mochis: es un pastel hecho de arroz japonés hecho de mochigome, un pequeño grano japonés de arroz glutinoso. El arroz se machaca hasta convertirlo en una pasta y se moldea con la forma deseada. En Japón se hace tradicionalmente en una ceremonia llamada mochitsuki. Aunque se come durante todo el año, el mochi es un alimento tradicional del año nuevo en Japón y se consume más comúnmente durante esa temporada. La versión coreana de este alimento es llamada tteok.

Urusei: cállate

Katas: es una palabra japonesa que describe lo que en un inicio se consideró una serie, forma o secuencia de movimientos establecidos que se pueden practicar tanto en solitario como en parejas. Se practica kata en escuelas tradicionales de arte japonés, como por ejemplo kata en kabuki o 'formas teatrales' y en escuelas de ceremonia del té (chadō), pero se asocian comúnmente a las artes marciales. Los kata se usan en la mayoría de las artes marciales de Japón y Okinawa, tales como aikido, iaidō, jōdō, judo, jiu-jitsu, kobudō, kendo y kárate. Otras artes marciales previas a las japonesas como el taichí chino, y modernas derivadas de las japonesas, como el taekwondo tienen el mismo tipo de entrenamiento, pero para describirlo usan palabras en sus idiomas chino y coreano respectivamente.

Sensei: maestro