Algo que olvidé aclarar es que todos los personajes poseen la misma apariencia que en Nitro-Fueled. También que a las pocas horas de publicar un capítulo lo iré editando para que quede lo más coherente posible.
Sin más que decir, empecemos con el capítulo.
Capítulo 2 - Una visita inesperada
Desde que Tawna dejó la casa de los bandicuts, dicho hogar no fue el mismo desde entonces. Siempre que Crash estaba con los demás trataba de fingir alegría y normalidad, pero Coco y Aku Aku no eran ignorantes, sabían que aún estaba mal por lo de su ex novia. Cada vez que lo veían intentaban hablar con él o realizar alguna actividad juntos para animarlo, pero siempre se negaba diciendo que no era necesario. Decía que estaba bien, pero era todo mentira.
Desde esa experiencia desagradable, el joven bandicut ya no era feliz y extrovertido como antes, y sus sonrisas falsas eran bastante forzadas. En el fondo estaba deprimido, pero no le gustaba demostrarlo a su familia. No quería que su depresión los arrastrara también a ellos, por lo que sus únicas opciones eran fingir alegría cada vez que ellos estuvieran presentes y estar varios ratos a solas antes de que noten su verdadero estado de ánimo.
Parecía que Crash nunca sería el mismo otra vez, pero todo eso estaba a punto de cambiar.
Ha pasado un mes desde aquel día triste. Coco estaba preparando tarta de fruta Wumpa con panqueques, el desayuno favorito de Crash. No soportaba ver a su hermano en tan mal estado, por lo que nunca dejaba pasar una oportunidad que pudiera animarlo.
–Perfecto –dijo Coco con aire de satisfacción –. Si este desayuno no lo anima, nada lo hará.
–¿Estás segura, Coco? –preguntó Aku Aku bastante dudoso –. Es tu sexto intento en lo que va de mes.
Esas palabras hicieron que ella se sentara en el comedor y se apoyara en la mesa, resignada.
–Lo siento, hija... –se disculpó la máscara –. No fue mi intención hacerte sentir mal. Es solo que cada intento que damos siempre es en vano.
–Lo sé, pero quiero ayudarlo. Quiero que vuelva a ser el mismo hermano feliz y travieso que solía ser. Esa persona que siempre nos sacaba una sonrisa en los malos momentos –dijo ella con tristeza, la cual no tardó en transformarse en enfado al recordar a cierta bandicut alta y rubia –. Desearía que él nunca hubiera conocido a esa bruja. Te juro que si la vuelvo a ver, le partiré la cara.
–Coco, la violencia no es la solución –dijo Aku Aku con suavidad. Entendía perfectamente su rabia –. Yo sé dónde está Tawna, porque puedo sentir su presencia, pero ir a enfrentarla es una mala idea. Solo podría empeorar la situación, en especial para Crash.
–Pero… –Coco intentó pensar en un buen argumento a su favor, pero la conversación terminó cuando oyeron a alguien entrar en la cocina.
Era Crash. Su rostro era un desastre, demostrando que acababa de pasar otra mala noche. Sin embargo, hizo su mayor esfuerzo para parecer feliz.
–Buenos días, Crash –Aku Aku saludó al recién levantado bandicut –. Tu hermana te ha preparado tu desayuno favorito. ¿Por qué no comemos todos juntos?
–Me encantaría, chicos –les agradeció –. Pero es hora de mi paseo diario. Creo que me llevaré el desayuno conmigo.
Crash puso la comida en una canasta de picnic y se dirigió hacia la puerta, pero Coco lo detuvo.
–Hermanito, por favor, come con nosotros –ella le pidió –. Estás mucho más distante últimamente. Esos "paseos" tuyos a veces llegan a durar un día entero. Comprende que solo queremos ayudarte.
–¿Pero por qué? Estoy bien –dijo Crash con una sonrisa forzada –. Además, siempre vuelvo, aunque sea a la hora de la cena.
Sin más que decir, Crash salió por la puerta. En el fondo se sentía terrible por tener que estar mintiendo a su familia.
–Ojalá pudiéramos creerte, hermano... –dijo Coco mientras se le escapaban unas lágrimas.
–Tranquila Coco –dijo Aku Aku tratando de consolarla –. Encontraremos una solución. Te lo prometo.
Crash había cogido el hábito de dar largos paseos por la playa. Le servían de pretexto para estar lejos de los demás y que no notaran su tristeza.
Recordaba lo que mucha gente decía sobre las caminatas, que éstas ayudaban a despejar la mente. Sin embargo, en el joven bandicut parecían tener el efecto contrario. Todo lo que veía le recordaba a su ex novia. De hecho, en su última pesadilla de anoche, soñó que Pinstripe y Tawna estaban teniendo relaciones íntimas delante de él mientras Cortex lo ataba a una camilla y lo asesinaba con un rayo láser. Fue la peor pesadilla hasta ahora, ya que en las otras no pasaban de bodas entre aquellos dos amantes o de encontrarlos besándose en cualquier lugar.
Luego de caminar unos cuantos metros lejos de su casa, decidió tomar un descanso debajo de una palmera y desayunar. Aunque estuviera deprimido, necesitaba comer.
Mientras desayunaba, Crash se volvía a hacer las mismas preguntas que desde hace tiempo se llevaba haciendo en su cabeza: ¿Tan mal estaba Tawna con él? ¿Tan mal novio había sido? ¿Había hecho algo que la lastimara? Todo eso no hacía nada más que deprimirlo aún más.
–Tawna... –dijo Crash en voz baja, conteniendo las lágrimas –. Te extraño mucho.
Pasando por la jungla, en dirección a la casa de Crash, se escucharon ruidos de motores. Eran cuatro karts, cada uno conducido por una chica bandicut. Se trataba de Ami, Isabella, Liz y Megumi, las que antes eran conocidas como las chicas de los trofeos durante los eventos de carreras de hace 7 meses, pero que ahora forman parte del Nitro Squad, el grupo de corredoras liderado por Tawna.
Las chicas habían llegado ayer a la Isla Wumpa por cuestión de negocios sobre su grupo, pero también porque pensaban tomarse unas vacaciones y descansar de sus otros trabajos. Isabella era una actriz famosa gracias a su participación en la serie "Los Vigilantes de la Bahía", Ami tenía contactos con equipos de otras divisiones de carreras, Megumi era la directora ejecutiva de la línea de perfume "Odecoot" y Liz seguía posando para "Bandiboy" y revistas sobre farándula. El Nitro Squad era una especie de segundo trabajo, pero su principal razón de existir era la estrecha amistad que unía a las chicas.
Sabían que la isla era el hogar de Crash, por lo que decidieron darle una visita sorpresa. Luego de casi media hora conduciendo desde la cuidad, las chicas aparcaron delante de la casa de los hermanos Bandicoot.
–¿Estás segura de que es aquí, Ami? –preguntó Isabella mientras bajaban de sus karts.
–Debería –dijo Ami revisando la dirección que Coco le había dado hace tiempo –. De lo contrario, no querrán vérselas conmigo. Si alguien me engaña, lo paga caro.
–Es bonita –dijo Megumi refiriéndose a la casa –. Ya sé que no es muy grande, pero parece acogedora. Además, está al lado de la playa.
–Quizás, pero aquí hay mucha humedad –se quejó Liz, secándose el sudor de la frente –. Espero que mi cabello no se acabe estropeando.
–Por favor Liz, no te comportes como una diva –Ami se rió por la actitud de su amiga –. Ya deberías saber que esto no es Malibú, pero seguro que extrañabas a Polar y a Pura.
–¡No soy una diva! –protestó Liz, cuyo pequeño enfado desapareció al recordar a las dos mascotas –. Pero tienes algo de razón. Adoro a esas dos bolitas de pelo.
–¡Lo sé! –Megumi saltó de la emoción –. No puedo esperar para verlos a todos de nuevo. Los he extrañado mucho.
–¿A todos… o a alguien? –Isabella la miró con una sonrisa picarona –. Y ya sabes a quién me refiero.
–¡Isabella, cállate! –se quejó Megumi, cuya cara se puso roja de vergüenza –. Solo somos amigos, nada más.
–¿Otra véz molestando con lo mismo, Isabella? –dijo Ami a la bandicut rubia antes de dirigirse a la de cabello azul –. Megumi, sabemos lo mucho que te gusta Crash, pero recuerda que es el novio de Tawna. Debemos respetar su vida privada y sentimental, no solo por ser nuestra líder, sino por ser nuestra amiga.
–Lo sé, Ami. No te preocupes –dijo Megumi con una sonrisa triste –. Es algo pasajero. Lo superaré.
Megumi no estaba totalmente segura de esas últimas palabras. Desde que conoció a Crash, ha estado enamorada de él. La personalidad extrovertida y alegre del joven bandicut, aunque algo infantil, había cautivado el corazón de la risueña científica.
Sin embargo, por muy similares que fueran las personalidades de ambos, Crash siempre la vio a ella y a las otras tres como amigas, porque a quien en realidad amaba era a Tawna. Megumi lo entendía perfectamente, por lo que apoyó la relación entre estos dos. Ambos eran sus amigos y quería que fueran felices, incluso si eso implicaba nunca confesarle sus sentimientos a Crash y que fuese feliz con otra chica.
–¿Quién está ahí? –las chicas oyeron una voz desde la casa. Era Coco, que las había notado hablando fuera.
–¡Coco, somos nosotras! ¡Abre! –La llamó Isabella.
Cuando Coco y Aku Aku abrieron la puerta, se alegraron enormemente al ver quiénes eran las visitantes.
–¡Isabella! –dijo Coco mientras corría a abrazar a su amiga. De todas ellas, era la más cercana –. Qué alegría verte.
–¡Hola, chicas! –las saludo la máscara –. ¿Qué las trae por aquí?
–Estamos de visita –respondió Ami –. Vinimos a la isla por cuestión de trabajo y quisimos pasar a saludar.
–Me alegra oír eso –dijo Coco con sinceridad –. Por favor, pasen. Sean bienvenidas.
Coco dejó entrar a las bandicuts en la casa. Antes de irse a la cocina, dirigió a las chicas hasta la sala de estar, donde las tres mascotas de los hermanos Bandicoot jugaban con una pelota. Cuando Polar y Pura vieron a cierta bandicut de cabello castaño, corrieron felizmente hacia ella.
–¡Hola, pequeños! –dijo Liz, quien se había arrodillado para poder abrazarlos –. Yo también los eché de menos.
–¿Cómo estás, grandullón? –dijo Ami a Dino Bebé mientras lo acariciaba.
Luego de que las chicas terminaran de saludar a las mascotas y tomaran asiento, Coco reapareció con una bandeja que llevaba cuatro zumos de fruta Wumpa.
–Bueno, chicas, cuéntenme –habló ella mientras les entregaba una bebida a cada chica –. ¿Solo están aquí por trabajo?
–En realidad, no –respondió Isabella mientras las demás bebían del zumo –. Estábamos pensando también en tomar unas vacaciones. Solo tenemos un mes, así que vamos a aprovecharlas al máximo.
–Es bueno escucharlo –dijo Aku Aku –. Nuestra isla es un lugar muy hermoso, así que sus vacaciones serán más que placenteras.
–A propósito –dijo Coco –. ¿De qué trata ese trabajo del que hablabas, Ami?
–Bueno – comenzó a explicar la bandicut de cabello verde –, estamos abriendo un nuevo circuito de carreras aquí, en la Isla Wumpa. Está patrocinado por nuestro grupo, el Nitro Squad. Nuestros economistas piensan que abrirlo aquí nos generaría grandes ganancias, ya que la isla es el hogar del famosísimo Crash Bandicoot.
–Hablando de Crash... ¿dónde está? – preguntó Megumi con curiosidad –. ¿Por qué él y Tawna no ha venido a saludarnos?
Esa pregunta tomó a todos por sorpresa, excepto a Megumi y compañía, pues no sabían nada de lo que pasó hace un mes.
–¿Cómo dices? – preguntó Coco estupefacta. No sabía cómo responder a esas preguntas. Recordar esa experiencia tan traumática para su hermano también era demasiado para ella.
–¿Coco, qué te pasa? – preguntó Liz preocupada. Tanto ella como sus amigas notaron los cambios de ánimo de los demás.
–Chicas... –Aku Aku decidió tomar las riendas de la conversación al ver el estado de Coco –, ¿han hablado con Tawna recientemente?
–Sí, hace unos días –respondió Ami –. Nos dijo que estaba hablando con un inversor importante respecto al circuito. No dio su identidad, pero dijo que está dispuesto a aportar una cantidad considerable de dinero. De hecho, hoy se reunía con él en el área VIP del circuito, pero no quería que fuéramos. Cosa extraña en ella.
–Ya veo –La antigua máscara ahora lo entendió todo –. Ustedes no saben lo que sucedió aquí.
–¿A qué te refieres, Aku Aku? –preguntó Isabella, quién estaba empezando a asustarse –. ¿Y dónde están Tawna y Crash?
–Por favor –dijo Megumi preocupada –, dígannos qué pasó.
–Tawna… –Coco estaba indecisa al hablar, pero logró reunir el suficiente valor –. Ella rompió con Crash.
–¡¿QUÉ?! –las cuatro chicas gritaron al unísono. No se esperaban esa afirmación.
–Es una larga historia –dijo Aku Aku tristemente –. Dejen que les explique.
La máscara procedió a contarles a las bandicuts los acontecimientos que empezaron desde hace un mes: El abandono de Tawna, la carta de ruptura, el anillo de compromiso y la depresión que Crash aún guarda hoy en día. Lo único que no ha dicho fue el contenido de aquel trozo de papel.
Las reacciones de las chicas fueron muy variadas.
Ami se sentía incómoda por lo que estaba escuchando, hasta tal punto de que sentía nauseas. No esperaba que Tawna, su líder, fuera así de cobarde.
Liz intentaba pensar en alguna explicación razonable respecto a la ruptura, pero no la encontraba. Los dos siempre le parecieron la pareja perfecta. ¿Qué salió mal?
Isabella sintió tristeza por Crash. Ella fue la encargada de entregarle trofeos cada vez que ganaba una carrera hace tiempo, por lo que habían sido amigos muy cercanos, al igual que con su hermana Coco.
Megumi fue la que peor se lo tomó, hasta el punto de ponerse a llorar. El solo pensar que Crash había sido rechazado tan cruelmente y que ha estado sufriendo durante todo este tiempo le rompía el corazón.
–¿Aún tienen la carta y el anillo? – preguntó Liz, quien aún seguía perpleja por todo lo ocurrido.
–Aquí están – dijo Coco mientras sacaba ambos objetos de un armario y los dejaba en la bandeja de los zumos. Liz agarró el anillo para verlo de cerca mientras que Ami cogió la carta para leer su contenido.
–¡Dios mío! –dijo Liz –. Debe haberle costado una fortuna.
–De hecho, yo se lo compré –admitió Coco –. No se lo he dicho a Crash, pero tengo un trabajo muy importante con lo que puedo comprar cosas caras.
–¿En serio? ¿De qué se trata? –preguntó Isabella.
–Verán, es sobre… –antes de que Coco prosiguiera, fue interrumpida por una furiosa Ami.
–¡¿QUÉ RAYOS?! –gritó la bandicut de cabello verde al terminar de leer la carta –. ¡NO PUEDE HACERNOS ESO! ¡ESTÁ LOCA!
–¿Ami, que sucede? –Liz preguntó ante la reacción de su amiga.
–¡Estamos en bancarrota! –respondió Ami aún muy enfadada –. ¡Y el inversor con el que Tawna está negociando es Pinstripe!
–¡¿QUÉ?! –gritaron sus tres amigas al unísono.
–Y no solo eso –dijo Coco, quien se estaba enfadando al recordar al antiguo lacayo de Cortex –. Él es también la razón por la que Tawna dejó a Crash. Según ella, le parece más "maduro y exitoso" que mi hermano. Lo pone escrito ahí.
Ami les entregó la carta a las demás para que también pudieran leerla. Cuando terminaron de hacerlo, los rostros de Liz e Isabella no despedían nada más que rabia. Megumi fue la más discreta sobre su estado de ánimo, pero la verdad es que, en el fondo, estaba furiosa.
–¿Pero quién se cree que es? –se quejó Liz, sintiéndose traicionada –. ¿Acaso no tenemos voto en las decisiones?
Luego de que sus amigas soltaran la carta y el anillo para criticar a Tawna, Megumi agarró ambos objetos y salió de la casa sin que nadie se diera cuenta. Todos estaban distraídos por los reproches de Isabella y Liz.
–Esto no va a quedar así –dijo Isabella muy molesta –. Esa egoísta nos va a escuchar ahora mismo.
–Estoy de acuerdo –dijo Ami –, y si es verdad que él es el inversor, lo más seguro es que ambos estén reuniéndose en el área VIP del circuito.
–Muy bien, vamos –dijo Isabella a punto de ir hasta la puerta, pero se percató de que cierta persona no estaba –. Un momento, ¿dónde está Megumi?
Justo en ese momento se escuchó el rugido de un kart afuera de la casa. Cuando todos salieron a comprobar que sucedía, solo escuchaban dicho sonido alejarse mientras había un rastro de polvo, donde antes estaba el kart de Megumi.
–Oh, no... –dijo Ami un poco preocupada –. No otra vez.
–¿De qué hablas? –preguntó Aku Aku.
–Es sobre Megumi –respondió Isabella –. Puede que sea una chica dulce y amable, pero cuando alguien lastima deliberadamente a las personas que le importan, no tiene piedad. Se convierte en alguien totalmente diferente.
–Hay que alcanzarla antes de que cometa una locura, en especial con alguien como Pinstripe –dijo Liz, preocupada por su amiga –. Vámonos.
–Iré con ustedes. Yo también tengo asuntos pendientes con esa bruja –dijo Coco refiriéndose a Tawna.
–No. Aku Aku y tú deberían quedarse aquí –le pidió Isabella. No quería involucrarlos en el asunto –. Crash podría necesitar la ayuda de ustedes.
–Nosotras podemos cuidarnos solas. No se preocupen –dijo Ami –. Volveremos aquí al atardecer.
Y con esa última frase, las tres bandicuts salieron detrás de Megumi en los karts. Por lo visto, tendrán que realizar otra visita sorpresa. Pero a diferencia de la primera, la segunda será bastante amarga.
