Capítulo 3 - Ajuste de cuentas

Era la hora del almuerzo en la Isla Wumpa. Todos los habitantes de la ciudad central estaban en sus casas disfrutando de sus comidas preferidas, en especial cierta pareja tan peculiar.

En el recién construido circuito de carreras, en la sala VIP, se encontraban dos marsupiales evolucionados por el doctor Cortex. Se trataba de Tawna, la ex novia de Crash Bandicoot, y Pinstripelli Potorotti, popularmente conocido como Pinstripe Potoroo.

Desde que Tawna abandonó a su anterior novio, los dos han estado saliendo desde hace un mes como pareja oficial. Sin embargo, eso no significaba que los negocios fueran un caso aparte. Los dos se habían reunido en la sala VIP para hablar sobre el futuro del Nitro Squad, pero también para celebrar su primer mes de aniversario.

Ambos estaban comiendo espaguetis a la boloñesa, el platillo que a Pinstripe se le daba bien por excelencia. Él llevaba una camiseta roja con un esmoquin de marca negro, al igual que su corbata y sus zapatos, mientras que Tawna llevaba un elegante vestido rojo de falda larga sin tirantes y con un cierre por la espalda.

–¿Qué tal tu comida, querida? –preguntó Pinstripe con confianza –. ¿Tengo o no tengo madera de chef?

–Está delicioso –dijo Tawna mientras disfrutaba del sabor de las albóndigas bañadas en salsa –. Debo decir que te has lucido esta vez.

–Solo lo mejor para el amore mio –dijo hablando en su lengua materna, la italiana. Ambos compartieron una pequeña risa al respecto.

–Dime, cariño. ¿Por qué tanto interés en mí desde el principio? –preguntó Tawna, que desde hace tiempo estaba con la duda –. No es que no disfrute de tu compañía, pero siempre sentí curiosidad. ¿Es poque salía con Crash?

–No, Tawna –respondió Pinstripe –. Te quise desde el principio porque eres distinta a muchas mujeres. Eres fuerte, tienes capacidades de liderazgo y tienes determinación para conseguir lo que quieres. Una mujer decidida y con principios. Una mujer… poderosa.

–Adulador –comentó Tawna, quien no pudo evitar sonreír ante tales elogios.

–¿Y sabes qué? Sigo sin poder creérmelo –dijo Pinstripe con orgullo.

–¿De qué hablas? –preguntó Tawna.

–El estar aquí contigo, la chica más hermosa de todo el mundo –dijo Pinstripe en un tono seductor mientras se acercaba a mirarla fijamente y le acariciaba la mejilla –. Me has hecho el marsupial más feliz del mundo, Tawna. Lo digo en serio.

–Y… tú a mí –comentó cariñosamente Tawna, cuya cara estaba completamente roja.

A medida que sus rostros se acercaban más y más, ambos cerraron los ojos y sus labios acabaron encontrándose. El beso se sentía tierno y suave, pero la acumulación de sensaciones y el deseo que había entre ambos les pedían ir a más. Entonces, Tawna procedió a levantarse de su asiento para poder estar encima de Pinstripe, quien la rodeó con sus brazos y continuó desde más cerca con el beso, el cual se fue volviendo cada vez más apasionado. Mientras jugaban con sus lenguas, el marsupial trajeado intentó buscar el cierre que sujetaba el vestido de la bandicut rubia.

Sin embargo, antes de que la situación fuera más lejos, escucharon a alguien tocando la puerta fuertemente. Quien quiera que fuese, parecía estar enfadado. Pinstripe se molestó por la interrupción, pero decidió ir a ver quién era el invitado inoportuno mientras su pareja volvía a su asiento y se acomodaba el vestido.

–¡¿Qué rayos quieren?! –preguntó Pinstripe a quien estuviera al otro lado de la puerta mientras la abría. Tanto él como Tawna se sorprendieron al ver que su invitado era Megumi, una de las integrantes del Nitro Squad. Pero el rostro enfadado de la bandicut de pelo azul indicaba que no estaba ahí para hablar de cosas bonitas como de costumbre.

–Oh, lo siento. ¿Los estoy interrumpiendo? –dijo Megumi sarcásticamente –. ¡Quítate de mi vista, Potorotti!

La científica empujó al marsupial trajeado a un lado para poder avanzar donde estaba la bandicut rubia, que estaba confundida por su aparición.

–¿Megumi, qué estás haciendo aquí? –preguntó Tawna en un tono serio –. Te dije a ti y a las demás que no vinieran.

–¿Para reunirte con mequetrefes a nuestras espaldas? ¡Seguro! –dijo Megumi muy enojada mientras le ponía un trozo de papel en la mesa. Era la carta con la que Tawna terminó con Crash –. Quiero que me expliques qué es esto.

–¿De dónde la has sacado? –Tawna preguntó sorprendida.

–Estuvimos en casa de Crash. Su hermana nos lo contó todo –dijo Megumi –. ¡No puedo creer que hicieras algo así! ¿Por qué lo hiciste?

–Eso no es asunto tuyo –respondió Tawna, un poco molesta por la actitud de su amiga.

–Oye, niña. Esto es una cita privada, así que… –Pinstripe intentó echar a Megumi, pero ella volteó para lanzarle una mirada tan mortífera que haría temblar hasta al propio Uka Uka, por lo que optó por quedarse callado. En cuanto a la bandicut de pelo azul, volvió a centrar su mirada en Tawna.

–Sí que es asunto mío. ¡Lastimaste a mi amigo, y más vale que hables si no quieres que te dé una paliza! –dijo Megumi mientras alzaba sus puños.

–¡Basta, Megumi! –gritó alguien desde la puerta. Era Ami en compañía de Isabella y Liz –. Recuerda que casi nos metes en problemas la última vez. Yo me encargo de esto.

Megumi, con frustración, decidió apartarse y hacerle caso a la bandicut de pelo verde, quien divisó al potoroo.

–¿Podrías dejarnos hablar con tu novia a solas? Es un asunto sobre nuestro equipo –Ami le dijo a Pinstripe, quien estaba reacio a acceder, pero al ver que Megumi le seguía dando esa mirada inquietante, decidió aceptar.

–Cariño –él le dijo a Tawna mientras le ponía la mano en la espalda –, estaré en el balcón por si me necesitas.

Luego de que Pinstripe saliera al balcón para fumarse un puro, Ami y las demás se sentaron en los sofás de la habitación mientras miraban a Tawna con cara de desaprobación. Lo que ninguna de ellas sabía es que el antiguo secuas de Cortex puso un micrófono detrás del vestido de su pareja, sin que ella se diera cuenta, para escucharlo todo.

–Bueno, jefa. Vamos a charlar –dijo Ami con una actitud seria y señaló a Pinstripe, que estaba tranquilamente fumando afuera sin mirarlas –. Así que estás negociando sobre nuestro equipo con este gánster.

Tawna estaba dudosa al responder, pero al ver que Megumi ahora le lanzaba a ella esa mirada asesina, decidió hablar:

–Sí… Pinstripe es el inversor anónimo del que les hablé –finalmente admitió –. Pero tengo una razón por la que no revelé su identidad.

–¿Y esa es…? –preguntó Isabella de mala gana.

–Sabía que ustedes no lo aceptarían –comenzó a explicar Tawna –. Pero créanme, él ya no es el mismo de antes. Dejó hace tiempo el camino de ser lacayo del doctor Cortex. Ha cambiado.

–¿Hablas en serio? –Liz se burló de la explicación. No podía creerla –. ¿Acaso has olvidado que intentó matar a Crash, quien por cierto estaba tratando de salvarte?

–Lo sé –admitió Tawna –, pero Pinstripe solo seguía ordenes contra su voluntad. Él odiaba ese trabajo, pero Cortex lo obligaba. Me lo dijo durante el tiempo que estuve secuestrada. De hecho, cuando todo acabó, supe que quería dedicarse a la política.

–Ahora que lo recuerdo –dijo Isabella –, me dijeron que iba a convertirse en el próximo gobernador de Illinois en Estados Unidos, pero tuvo que renunciar cuando Nitros Oxide apareció.

–Correcto –dijo Tawna –. El doctor Cortex lo obligó a trabajar para él otra vez, pero cuando Crash volvió a salvar el mundo, se convirtió en vendedor de coches. Ahora solo es guardaespaldas de personas importantes pero, como pueden ver, nada de planes llevados a cabo por científicos malvados.

–¿Y eres tan ingenua que le crees? –dijo Ami, recordando la primera impresión que se llevó de Pinstripe –. ¿Olvidas que yo era la encargada de entregarle los trofeos a este cretino? Siempre se comportó de manera arrogante y lunática conmigo y los demás. Solo era amable con el doctor Cortex y Uka Uka, pero no como un esclavo, sino como su fiel sirviente. No veía nada de molestia en sus gestos.

–Posiblemente solo estuviera fingiendo –lo defendió Tawna.

–¿Tal y como lo está haciendo contigo? –dijo Megumi aún enojada –. Y hablando de eso, no nos has dicho por qué estás con él. ¿Es por su dinero? ¿Es porque Crash no es un multimillonario como él?

–Miren –dijo Tawna –. Cuando me volví a encontrar con Pinstripe, me prometió que me haría la mujer más feliz. Dijo que podríamos ir de viaje por todo el mundo, tener una vida estable y hasta prometió que pagaría la crisis financiera que nuestro equipo está experimentando. Además, la relación entre Crash y yo no tenía futuro. ¿Qué querían que hiciera? ¿Vivir una vida aburrida con alguien que no es lo suficientemente maduro?

La ira de Megumi iba en aumento por aquella última pregunta. Quería levantarse y romperle la nariz a Tawna, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Liz habló.

–O sea que, para ti, ser materialista es sinónimo de madurez –dijo la bandicut morena con desaprobación, lo que molestó a Tawna.

–Mira quién lo dice. La que se desnuda frente a las cámaras por fama y fortuna –la bandicut rubia contraatacó.

–¡No te atrevas a compararte conmigo! ¡¿Entendido?! –Liz se enfadó por aquellas palabras –. Quizás yo hable de fama y dinero más de lo normal, pero al menos yo no pongo los bienes materiales por encima de la gente que me quiere, cosa que has hecho tú. Y en cuanto a mi trabajo en Bandiboy, estoy orgullosa de él, así que no me mires con condescendencia.

–Ella tiene razón –Ami defendió a su amiga –. Además, su trabajo no es de tu incumbencia. Pero lo que tú estás haciendo, Tawna, nos afecta a todas.

–¿Crees que nos agrada la idea de que negocies con mafiosos? –decidió hablar Isabella –. Soy italiana, por lo que sé cómo actúa la gente como Pinstripe. Primero te ofrecen su ayuda a cambio de nada, pero luego te lo cobran de alguna forma, ya sea para bien o para mal. Y si te niegas, lo pagas caro, incluso con tu vida. Por eso no queremos estar involucradas.

–Ya les he dicho que él dejó ese camino –argumentó Tawna –. Además, es el único inversor que tenemos, por lo que no hay otra alternativa.

–Está bien, Tawna. Veo que no nos dejas otra opción –dijo Ami, que perdió algo del respeto que le tenía a su amiga –. Renunciamos.

–¿De qué estás hablando? –preguntó Tawna confundida.

–Nos vamos del Nitro Squad –respondió Isabella.

–¡¿Qué?! –Tawna se sorprendió por aquella respuesta –. ¡No pueden hacer eso! ¡Tenemos un contrato!

–Un contrato que tú misma invalidaste –comenzó a explicar Liz –. Según la cláusula #12: "Todo negocio referente al Nitro Squad debe ser comunicado a todos los miembros de dicho grupo. Esto incluye dar información sobre los inversores implicados y tipos de tratos que se hagan en dicho negocio".

–Entonces dime, Tawna. ¿No estabas negociando hace un momento con Pinstripe a escondidas de nosotras? ¿Qué tienes que decir al respecto? –preguntó Isabella, pero no obtuvo respuesta. Tawna estaba en silencio porque no tenía argumento alguno.

–Eso pensé... –dijo Ami ante la falta de respuestas –. Tawna... nos has decepcionado. No solo abusaste de nuestra confianza y decidiste hacer tratos con gente indeseable, sino que apuñalaste por la espalda a gente que te quería de verdad. No diré que nuestra amistad ha terminado, pero lo mejor será que nos distanciemos de ti por un tiempo. Solo espero que algún día recapacites y veas tus errores. Hasta entonces, nos retiramos.

Tawna seguía estando en silencio. No podía creer lo que estaba oyendo. ¿De verdad sus amigas la estaban abandonando?

–Chicas, vamos por nuestras cosas –dijo Isabella refiriéndose a sus equipajes, los cuales estaban en las habitaciones privadas del circuito –. Y Tawna, si necesitas nuestros trajes de carreras, estarán sobre las camas. Quizás haya más chicas interesadas en usarlos.

Sin más que decir, Ami y las demás procedieron a abandonar la sala VIP con mal sabor de boca, pero se detuvieron en la entrada al ver que Megumi no se movía. Estaba pensativa.

–¿Megumi, vienes? –preguntó Liz a su amiga, de quien estaba sospechando algo –. Por favor, no hagas una locura.

–No se preocupen, no pienso pelear esta vez –dijo honestamente Megumi, que por ahora estaba más calmada –. Iré en un momento. Solo quiero hablar de algo con Tawna a solas.

–De acuerdo –dijo Isabella, quien decidió confiar en su amiga –. Nos vemos en el estacionamiento. Vamos a llevar tu equipaje con nosotras.

Luego de que las demás se retiraran, Megumi se acercó a Tawna. La bandicut rubia esperaba que, quizás, su posible ex amiga quiera golpearla, pero en su lugar vio como colocaba un objeto brillante en la mesa. Un anillo dorado con un diamante púrpura.

–¿Un anillo? –preguntó Tawna mientras lo agarraba para mirarlo de cerca –. ¿Por qué me das esto?

–No es cualquier anillo –dijo Megumi seriamente –. Es un anillo de compromiso. El mismo con el que Crash iba a proponerte matrimonio.

–¡¿Qué?! – Tawna se sorprendió ante lo que acaba de escuchar –. ¿Él iba a…?

–Sí, pero fue el mismo día que lo abandonaste –respondió Megumi –. Si creías que Crash no pensaba en el futuro y en tomarse las cosas en serio contigo, estás equivocada.

Megumi procedió a salir de la habitación para reunirse con las demás, pero al llegar a la puerta, volvió a mirar a Tawna mientras trataba de contener las lágrimas.

–Hazme un favor –dijo ella –, no vuelvas a acercarte a Crash. El pobre ha estado sufriendo desde que lo dejaste de una forma tan cobarde. Incluso su familia está siendo afectada por esta situación, sobre todo su hermana. Te doy el anillo para que entiendas que cada acción tiene sus consecuencias. Y por favor, si aún tienes algo de conciencia, y si Pinstripe de verdad ha cambiado, no le hagas lo mismo que le hiciste a Crash. Nadie merece ser tratado como una basura, mucho menos si es alguien que te amaba tanto como para arriesgar su vida y salvar la tuya.

Con esas últimas palabras, Megumi abandonó la habitación. Tawna no dijo nada, se quedó sentada y pensativa ante todo lo que acababa de pasar. Sus amigas habían renunciado y se entera de que su antiguo novio quería comprometerse con ella. Una oleada de dudas y cargos de conciencia empezaban a invadirla, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando oyó a Pinstripe entrar desde el balcón, por lo que escondió el anillo.

–Vaya. No hay nada como relajarse con un buen… –Pinstripe dejó de hablar cuando vio que las demás chicas se habían ido, pero después adquirió un tono escéptico –. ¿Sabes algo? Esas amigas tuyas me dan mala espina. No son buena compañía.

–No te preocupes por ellas... –dijo Tawna tratando de disimular su tristeza –. Han abandonado el equipo. Estoy sola...

–Oh... lo siento –Pinstripe intentó consolar a su novia, a quien le volvió a apoyar su mano en la espalda para retirar el micrófono oculto –. No te preocupes, ya encontraremos a más candidatas para ocupar los puestos vacantes. Tengo muchos contactos. Ahora… ¿Dónde estábamos?

Pinstripe procedió a tomar asiento y tratar de besar de nuevo a Tawna. Él quería continuar con la cita, pero la bandicut echó su cabeza hacia atrás. Obviamente no estaba de humor.

–Lo siento, querido –se disculpó ella –. Hoy han pasado tantas cosas que acabé perdiendo el apetito. ¿Podemos dejar esto para otro día?

–Lo entiendo, amore mio –dijo Pinstripe comprensivamente antes de darle un beso en la mejilla –. Ya te llamaré. Cuídate.

Cuando Pinstripe abandonó la sala, Tawna volvió a sacar el anillo para verlo de cerca. Estaba empezando a tener dudas de si había hecho lo correcto, además de sentimientos de culpa, los cuales intentaba reprimir. ¿Tanto daño le causó a Crash y a su familia?


Tras salir del circuito, el antiguo secuas de Cortex paseaba por las calles de la ciudad. Estaba enfadado por la intromisión de las amigas de Tawna.

¡Maldición! ¡Casi la tenía en el bote! Todo es culpa de esas entrometidas –pensó para sí mismo con enojo, pero después de recordar la conversación que escuchó con el micrófono, una sonrisa maligna se dibujó en su rostro –. Bueno, eso no importa ahora. El plan está funcionando. Pronto, Crash Bandicoot, sabrás de lo que somos capaces. Haremos de tu vida un infierno antes de arrebatártela.


Las chicas estaban en el estacionamiento del circuito. Habían acabado de montar sus equipajes en los karts.

–Bueno… técnicamente, estamos en la calle –dijo Liz sobre el hecho de que no tenían donde dormir.

–No exageres –dijo Isabella –. Hay muchos hoteles en la ciudad, y con el dinero que tenemos en el banco, no será problema.

–Sí, pero lo primero es lo primero –dijo Ami –. Le prometí a Coco que volvería a verla antes del atardecer. Tiene que estar informada del asunto.

–Entiendo –dijo Isabella, pensando con tristeza en los dos hermanos –. Además, ni siquiera hemos saludado a Crash durante la visita. Él tiene que saber que nosotras también lo apoyamos. Después de todo, él salvó nuestro planeta cuatro veces.

–Tienes razón –dijo Liz en un tono comprensivo, pero luego observó su reloj, el cual decía que eran las 4:00PM –. Ya nos ocuparemos de buscar un hotel después. Pero si vamos a volver a la casa de Crash debe ser rápido. La jungla es peligrosa en la oscuridad.

Todas estuvieron de acuerdo con Liz. Sin perder más el tiempo, las cuatro chicas se montaron en sus karts y partieron devuelta a la casa de Crash. Mientras conducían, Megumi pensaba en el joven bandicut.

Tranquilo, Crash –pensó Megumi –. Todos juntos te ayudaremos a superar esto.