y¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Muchos me decís que los personajes son un poco niños y que queréis que sean ya adultos, bien, es necesario que durante varios capítulos tengan edades de niño o pre-adolescente ya que quiero plasmar la época en la que nos movemos para que cuando llegue el momento culmen de la historia puedan tener una edad acorde al manga (16, 17 en algunos casos). Prometo que solo quedan un par de capítulos de su infancia y que pronto empezaremos a ver a nuestros personajes en edades mas adultas. A partir del capítulo siguiente los años irán pasando mas deprisa y empezaremos a ver comportamientos de adolescente y no de niños. He hecho este capítulo un poco mas largo porque estaré ausente un par de semanas con motivo de mis vacaciones, pero prometo que en cuanto vuelva habrá actualización.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.
Sin mas os dejo leer.
Los siguientes días fueron bastante tranquilos salvo que de vez en cuando Taro se dedicaba a molestar a las criadas. Sayuri temblaba ante la presencia de Taro quien la miraba con una sonrisa siniestra en su cara. Intentamos por todos los medios que nos contara que sucedía pero no había manera de hacerla hablar, era como si la siempre viva Sayuri hubiera quedado muda.
- No sé qué le pasa – suspiró Daisuke una tarde mientras le ayudaba a recoger las hojas que había en la entrada pegadas al suelo. Esa tarde una tormenta había azotado la zona y el tiempo era bastante extraño. En la casa, en el ambiente se respiraba una tensión inaguantable.
- ¿Hablas de Sayuri? – el chico suspiro y asintió mientras despegaba varias hojas del suelo – ¿aún no ha dicho nada?
- No, ni siquiera habla con Yuka – dijo con un tono lastimero. Inhalé profundamente un par de veces mientras hacía un montoncito de hojas húmedas en una esquina. No sabía que le pasaba a mi amiga, aunque Momo-chan y yo teníamos sospechas no le dijimos nada a nadie hasta que ella no decidiera hablar – tienes que ayudarme Akane.
- No sé cómo – respondí quitándome el sudor de la frente – Si no habla con vosotros, mucho menos conmigo.
- Pero puedes obligarla a que hable – me cortó.
- ¿Cómo?
Daisuke se quedó callado un momento – Mi señora, ella es la única que la puede obligar a contarle la verdad. A decirle que le pasa últimamente.
- Pero, ¿Qué puedo hacer yo? – pregunté, si en mi mano estaba ayudar a mi compañera y amiga con un demonio que lo haría.
- Mi señora te tiene en alta estima, si le dices que Sayuri no está bien puede que ella hable con…
- Está bien – le corté, mi compañero me dio una alegre sonrisa – yo creo cual es el problema pero no soy nadie para atajarlo, si Sayuri habla con mi señora tal vez esto tenga solución.
Daisuke me abrazó agradecido – Arigatou, Akane-chan – volvió a limpiar las hojas del suelo, esta vez con el entusiasmo que le caracterizaba.
- Para eso estoy, somos amigos ¿no?
Daisuke asintió – ¿Sabes? En un primer momento… tenía mis dudas – le miré curiosa sin entender lo que quería decir ¿dudaba de que quisiera ayudarlo? – No me mires así, es comprensible.
- ¿El que es comprensible?
Se encogió de hombros y se agachó para limpiar un hueco que había junto a la puerta – El que nos olvidaras – contestó solemne sorprendiéndome – No de forma literal, es decir, vivimos bajo el mismo techo, pero los criados temíamos que ahora que eres una señorita más, olvidaras que nosotros también somos tus amigos.
Mis ojos se abrieron de par en par y un pequeño enfado me recorrió el cuerpo ¿es que me creían tan idiota? ¿Tan superficial? Yo no era una señora, sabía muy bien que no era una señora y nunca jamás abandonaría a aquellos que me habían dado la mano desde el primer momento – Yo nunca haría eso, fuisteis mis primeros amigos – dije con tono hosco – yo no olvido de dónde vengo ni quien soy por mucho que la señora Nodoka me trate como señora.
- Lo sé – contestó con una leve risa – Eso lo pensamos justo al principio, Akane-chan, luego nos dimos cuenta de que en realidad eras muy buena y que no eres tan simple.
- No, no lo soy, jamás daría la espalda a mis amigos.
- También lo sabemos – me dijo sin mirarme – no todo el mundo que sube de categoría o estatus social sigue trabajando como un criado más, y tú lo has hecho – dio una leve pausa para mirarme – a pesar de tus clases cuando tienes tiempo libre nos ayudas, pasas tiempo con nosotros y nos defiendes, eres una gran amiga Akane.
Me sonrojé levemente – No lo hago por nada especial, es lo que hacen los amigos ¿ne? – Daisuke asintió ampliando su dulce sonrisa – Hoy tengo clases de historia japonesa, hablaré con Nodoka-sama – Daisuke me miró y levanté la mano entendiendo su mensaje – lo haré de forma discreta, Ukyo y Shampoo no se enteraran.
- Arigatou, Akane-chan – moví la cabeza levemente y sin más nos pusimos de nuevo manos a la obra intentando adecentar la entrada. Miré al cielo mientras me limpiaba el sudor de la frente, pese a que había estado lloviendo, hacía un calor de mil demonios. El cielo estaba gris y algunas nubes negras se formaban a lo lejos amenazando con una nueva tormenta. Suspiré cansadamente, estábamos limpiando para nada pues en cuanto lloviera de nuevo la entrada volvería a estar sucia.
Estiré mis hombros notando los músculos destensionarse. No era tiempo de pensar en que estaba trabajando para nada, era tiempo de pensar cómo abordar el tema con mi señora, debía de hacerlo de manera directa y clara y rezar a Kami para que a mi señora se le ocurriera una forma de convencer a Sayuri de hablar.
Más tarde ese día estábamos en la clase de historia japonesa con Nodoka-sama, Ukyo leía en voz alta un largo pergamino sobre el periodo Kamakura, Shampoo jugaba con su pelo apoyada cómodamente en la mesa sin prestar atención, sin saber que mi señora la fulminaba con la mirada y yo simplemente fingía prestar atención mientras le daba vueltas a cómo abordar el tema de Sayuri.
- Ya basta Ukyo – dijo de repente la seria voz de mi señora – Shampoo – la china se puso tiesa y soltó el mechón de pelo con el que jugueteaba – Dime, ¿Cuándo se proclamó Minamoto no Yoritomo primer shogun de Japón?
Vi el rostro de Shampoo palidecer y de repente empezó a balbucear. Parecía un mono miedoso y babeante. Gracias a Kami, historia de Japón era una de mis clases favoritas por lo que ya había leído con anterioridad el temario que nos daría mi señora, me sentí muy bien al darme cuenta de que aunque no hubiera escuchado nada de lo leído por Ukyo podría salir del atolladero si mi señora me preguntaba algo.
- Yo… Shampoo no saber mi señora – murmuró débilmente la china.
- ¿No? – Preguntó con cierto sarcasmo en la voz mi señora – Bien, pasaremos a otra cosa ¿Dónde puso la sede del shogunato Yorimoto? – Shampoo se encogió sobre sí misma y negó levemente – ¿tampoco? ¿Y cómo se llamaba el código legal de shogunato redactado en 1232 por el clan Hojo?
Shampoo tembló ligeramente y escondió sus ojos bajo su flequillo, había pasado de ser un mono a un ciervo asustado, y aunque la china no me cayera nada bien, sentí un poquito de lástima por ella – Shampoo no saber, mi señora.
Nodoka-sama se quedó en silencio, mirándola severamente para luego decir – Si hubieras prestado más atención en vez de jugar a los peinados sabrías las respuestas – Shampoo asintió levemente – Ya ves querida, la belleza no lo es todo.
Ukyo soltó una risa que fue cortada por la mirada glaciar de mi señora. Cuando Nodoka-sama estaba enfadada y te miraba de esa forma que solo ella sabía tu alma se congelaba y solo podías echarte a temblar.
- Sigue leyendo Shampoo, a ver si así mejoras en el idioma y en la historia.
La china tomó rápidamente el pergamino y comenzó a leer con bastante dificultad posando su dedo en el pergamino para poder guiarse con más facilidad. No lograba entender como si estando tantos años en Japón y siendo instruida por Nodoka-sama desde pequeña, su nivel de lectura era tan bajo. Mousse hablaba, leía y escribía perfectamente el japonés y llegó a la vez que la china ¿tal vez era la falta de empeño? ¿O tal vez es que tenía problemas de aprendizaje severos? Recordé las veces que Shampoo se había metido con Sasuke y bufé, luego ella se atreve a llamarlo tonto.
- Shampoo, es suficiente – le frenó mi señora para luego dirigirme su férrea mirada a mí. Me había pillado en las nubes y sabía que me preguntaría algo extremadamente enrevesado para poder reprenderme. Aguantando la mirada esperé ansiosa el primer ataque de mi señora.
- Akane – dijo con tono duro.
- Dígame, mi señora.
- Cuéntanos ¿de que trataban principalmente las obras literarias del periodo Kamakura?
Sonreí de forma egocéntrica tal y como lo hacía el joven señor cuando hacía algo a la perfección, me sabía la respuesta así que no dude en contestar – Por aquella época los escritores reflejaban la naturaleza de conflicto y caos típico de la época histórica en la que nos movemos.
- Bien, ¿y quién y en qué año escribió el Hojoki?
Volví a sonreír petulante y con mi voz y gesto más inocente dije – Fue Kamo no Chomei en 1212, mi señora.
Nodoka me analizó con la mirada alzando una ceja – Bien… - murmuró con desconfianza. Yo ensanché más la sonrisa inocente, en un intento de despistarla.
- ¿Y qué pueblo invadió Japón en aquella época?
- Los mongoles señora – contesté de nuevo segura – Kublai Khan tras reclamar el título de emperador de China decidió invadir Japón y esa fue la primera oportunidad de los samuráis de pelear contra el enemigo extranjero – expliqué. Decidí exponer más contenido del que me preguntara para dejarle claro a mi señora que yo hacía mis deberes y que por más que me preguntara sabría contestar. Llamémosle orgullo infantil o ganas de destacar sobre Shampoo y Ukyo que me superaban en todo lo relacionado con el saber estar, el arte y la feminidad – En 1274 fue la primera invasión y las tropas mongolas desembarcaron en Hakata pero la invasión falló ya que una tormenta redujo la flota enemiga quien se replegó hacia Corea para recuperarse lo que aprovechó el ejército japonés para crear medidas preventivas – mi señora Nodoka me miraba atenta, su mirada seria se había deformado en una sonrisa orgullosa lo cual me dio ánimos para seguir hablando – El segundo intento de invasión fue en 1281, que también falló. Un emisario imperial fue enviado para pedir a Amaterasu que les protegiera y pareció funcionar, un tifón término con casi toda la tropa enemiga, este hecho dio origen al mito del Kamikaze.
Tras terminar mi relato la sala se quedó en silencio. Shampoo me miraba con fuego en los ojos y Ukyo con cierto grado de admiración. Mi señora abrió la boca para hablar pero entonces la puerta se abrió de par en par haciéndonos voltear para ver a quien había irrumpido la clase.
Los cuerpos de Ryoga-kun y el joven Ranma aparecieron en la puerta. Ryoga sonreía de oreja a oreja y antes de que mi señora pudiera hacer o decir algo el chico dijo - ¡Akane-chan, Sugoi!
- ¿Qué hacéis aquí? – preguntó molesta mi señora.
El joven Ranma y Ryoga entraron en la sala cerrando la puerta tras de si – Nos escapamos de la clase de Yamato-sensei, madre – explicó Ranma con las manos tras su cabeza, como siempre hacía cuando estaba orgulloso de algo.
- ¿Y os parece bien haberos escapado? – preguntó de nuevo Nodoka-sama.
Ryoga que había tomado asiento junto a su prometida suspiró levemente – Mi señora, con todo el respeto las clases con Yamato-sensei son muy aburridas, solo a Mousse le parecen interesantes, por eso le hemos dejado allí solo con él.
- Es cierto – afirmó mi joven señor sentado entre Nodoka-sama y yo – Sus clases son monótonas y repetitivas, no sabe apenas historia.
Ryoga-kun asintió – Estoy seguro de que Akane-chan sabe más de Japón que el propio sensei.
Me sonrojé y bajé la vista avergonzada, no es que me diera vergüenza ser inteligente ni mucho menos pero fue una reacción involuntaria – Es cierto, si Akane sabe tanto de historia con lo boba que es eso solo significa que eres una gran maestra madre.
Levanté mi rostro y miré enfadada a Ranma mientras levantaba un puño en señal de amenaza. El joven heredero apenas se inmutó pues se pegó al lateral de su madre con una sonrisa socarrona. Bufé molesta, como que escudarse tras las faldas de Nodoka-sama me iba a frenar de darle su merecido.
- Prometido tener razón – corroboró Shampoo saltando esa sonrisa estridente y aguda que simula dulzura. Esa sonrisita que solo ponía cuando quería llamar la atención de su prometido.
Ranma asintió dándole la razón a la china y luego puso una mano en mi hombro – ¿Lo ves Akane? No soy el único que ve lo boba que eres.
- Mira quien fue a hablar – dije yo con enfado – La que no sabe ni siquiera cual es el actual emperador – la china frunció el ceño molesta – Me llamas boba a mi cuando tu ni siquiera sabes decir el nombre del emperador que tenemos hoy en día.
- ¡No ser cierto! – me gritó furiosa.
Me crucé de hombros y le lancé una mirada burlona – ¿Ah, no? ¿Y cuál es?
Shampoo comenzó a balbucear – Eso… ¡eso no tener importancia!
- ¿y que tiene importancia para ti? ¿Saber que flores son las adecuadas en un funeral? ¿O saber comportarte frente a los amigos de tu marido?
- Eso ser importante para que el mundo saber que Ranma tener buena esposa a su lado, Akane ser una torpe que ser feliz entre libros aburridos y absurdos, saber que shogun mandar en 1500 no ayudar a Akane a encontrar marido – me dijo escupiendo todo el veneno que tenía dentro. Sus ojos me miraban como si quisieran enterrarme lo más profundo que pudiera y era entendible, la había puesto en evidencia frente a su adorado prometido – Aunque con esa cara no encontrar marido ni aunque pagar por él.
Me quedé callada devolviéndole con fiereza la misma mirada que ella me lanzaba. Éramos dos gatas crispadas peleando por orgullo. Ryoga iba a decir algo pero un codazo de Ukyo en el estómago le calló, no era aconsejable meterse en una situación así.
- Shampoo, Akane, basta vosotras dos – a pesar de lo dicho por Nodoka-sama ninguna apartó la vista de la otra – Akane, no hagas caso a Shampoo y tu Shampoo no critiques a alguien insultando a su inteligencia cuando está claro que te lleva siglos de ventaja.
La china rompió entonces esa muda batalla que teníamos para enfrentarse a la señora Nodoka. Con un gesto de frustración en su cara dijo – ¿Por qué? ¿Por qué Shampoo nunca ser suficientemente buena para señora Nodoka? ¿Por qué jamás apoyar a Shampoo?
Con un gesto serio y la voz más fría que hubiera escuchado nunca Nodoka-sama dijo – Porque no soporto a las personas como tú, personas que van poniendo dulces sonrisas, aparentando ser quienes no son y que muestran su verdadera cara cuando cree que nadie las ve.
- Shampoo no ser…
- Shampoo es una persona que es una hipócrita y que piensa que con un rostro bonito todo va a estar bien – le cortó mi señora haciéndola pegar un bote. A pesar de no alzar la voz el tono puesto asustaría al diablo más sanguinario – ¿Sabes porque no te soporto? Por qué piensas que casándote con mi hijo serás mejor que el resto de los que aquí viven, no te soporto porque piensas que siendo la mujer de mi hijo tendrás más derechos que el resto de los mortales.
Shampoo apenas pestañeaba, sus bonitos ojos brillaban producto de las lágrimas que se acumulaban – Eres preciosa, la chica más bonita de la casa y posiblemente del país, ¿pero de que te sirve eso? La belleza, querida mía se marchita pero la valentía y la inteligencia perduran. Por eso no te soporto, porque piensas que tu cara bonita es más que suficiente para pisotear a los demás – una lágrima rodó por la mejilla de la china – No te soporto porque piensas que los demás son inferiores a ti, no te soporto porque en la cabeza no tienes más que pájaros y aire y el ego más grande del mundo.
- Madre, ya está bien – dijo Ranma con tono sorprendido.
- No – contestó tajante sin apartar la vista de la china – Quería saber porque no la soporto, pues lo va a saber – Mi señora apoyó las manos en la mesa, el único objeto que le separaba de Shampoo e inclinándose acercó su cara a la de la china – No te soporto y jamás te soportaré porque eres una persona fría, hipócrita y vacía que solo sabe adular y fingir ser dulce ante los que tienen poder pero desprecias y pisoteas a los débiles para no reconocer que eres la más débil de todas.
- Madre – volvió a hablar Ranma.
- Te crees hermosa ¿no? La más bonita de todas y las más femenina también, cada día, todos los días insultas a Akane porque según tu es alguien fea y torpe, una marimacho – me estremecí ante lo dicho por mi señora, no sabía que Nodoka-sama tuviera tanto rencor acumulado – Pues permíteme decirte algo, Shampoo, Akane, en su rudeza es mucho más hermosa que tú, y no hablo físicamente, Akane es hermosa por fuera y por dentro porque no discrimina, no insulta y no desprecia a nadie, sin importar su edad, sexo o condición. Akane no solo es bella, también es buena y gentil, es un ser puro y tú solo eres fachada – la china ya lloraba libremente, sollozaba sin poder hacer nada por detenerlo – Tú serás muy bella por fuera, pero estás podrida por dentro y por eso no soporto la idea de que en un futuro te casarás con mi hijo, no eres digna de él.
Cuando mi señora terminó su discurso la sala permaneció en silencio. Nadie se atrevía a hablar. Ukyo miraba atónita a Nodoka-sama mientras que Ryoga se meneaba incómodo en su sitio. Mis ojos se posaron en Shampoo quien sollozaba tapándose la cara con las manos para luego levantarse veloz y salir de la sala. No sentí alegría ni me burlé de ella nunca por lo dicho por mi señora aquella tarde, jamás lo hice. Esa tarde Shampoo volvió a darme muchísima lástima pues mi señora le había escupido en la cara verdades como puños, verdades que dolían.
- Madre, te has pasado – dijo Ranma con temblor en su voz.
- Si tanto te preocupas por ella corre a consolarla, al fin y al cabo es tu prometida ¿no?– dijo con desprecio tomando entre sus manos los pergaminos – La clase ha terminado.
Ukyo se levantó rápidamente sin pronunciar una palabra y tomó el kimono de Ryoga para arrastrarle fuera de la sala. El chico protestó por la poca delicadeza puesta por su prometida.
- No me preocupo, madre. Ni tengo prisa en consolarla, sabes que no es de mi agrado ni ella ni casarme con ella.
- Entonces no protestes – contestó de nuevo seca.
- Fuiste cruel, madre.
- Ella siempre es cruel – le espetó duramente – Con todos, con Akane, con Ukyo, con Kimiko, con Sasuke, con Mousse… a esa chiquilla le da igual si es señor o criado trata a todos por encima del hombro cunado ella es la hija de…
- Sigue madre – le animó Ranma. En los ojos azules del joven señor se veía un atisbo de curiosidad. Seguramente nunca le contaron la verdad sobre Shampoo, pero yo sabía que el heredero Saotome no era tonto y no se había tragado nunca la mentira del bote a la deriva con dos niños chinos indefensos. En sus ojos vi el brillo de la emoción al creer que por fin sabría la verdad.
Nodoka-sama se quedó en silencio un momento y suspiró – Nada, no iba a decir nada, pero a ella no le he dicho nada que no piense, las verdades duelen hijo y ya es hora de que aprenda que por mucho que me adule como hace con tu padre o contigo, jamás me pondré de su parte.
- Lo sé, madre – Ranma me lanzó una mirada que entendí, me pedía que me fuera supongo que para conversar con ella en privado. Me levanté lentamente después de recoger mis cosas pero antes de que diera un paso la voz de mi señora me frenó.
- ¿A dónde vas?
Me giré para mirarla y contesté serena – Voy a ver a Sasuke, hoy tenía que limpiar el almacén y le llevará tiempo, dos manos trabajan menos que cuatro.
- No, que se encargue otro, tú te quedas aquí.
- Madre necesito hablar contigo – y bajó la vista sonrojado, alejando sus azules ojos de los míos – en privado.
- Puedo volver en otro momento.
- No, no hay nada que me quiera contar mi hijo que tú no puedas escuchar.
Hubo una muda conversación entre el heredero Saotome y yo y sabiéndonos vencidos me senté lentamente de nuevo en mi puesto. Dejaría a mi señor hablar y cuando este se fuera abordaría el tema de Sayuri. Con los eventos de la tarde se me había pasado ese importante tema.
Ranma suspiró y dijo – Madre, no deseo casarme con Shampoo.
- Lo sé, tampoco es mi deseo que te cases con ella.
- Pero padre está empeñado – dijo con pesar – ¿Por qué debo casarme con ella madre? ¿Qué gana padre con esto? No lo entiendo, ni siquiera es ciudadana japonesa…
Nodoka me lanzó una mirada que no pude descifrar, no sabía si quería que los dejara solos o que me quedara… aunque yo no quería moverme de allí, quería saber si mi señora le contaría al joven señor la historia del hombre panda, quería saber cómo reaccionaría el al saber que Mousse y Ukyo, a quienes consideraba compañeros de casa y lucha, eran en realidad sus medio hermanos.
- Porque tu padre es un egoísta – contestó solemne – solo piensa en el mismo.
- Pero madre…
- Ranma hijo, aun eres muy pequeño para entenderlo – le contestó mientras le acariciaba la cabeza con ternura – pero me alegra saber que no es tu deseo contraer nupcias con esa niña, eso me ayudará bastante.
Ranma alzó el rostro y miró a su madre como un perrito abandonado – ¿en qué te puede ayudar eso?
- En mi futuro plan para romper el compromiso que te ata a Shampoo, yo sé que tu corazón está empezando a desarrollar sentimientos que no entiendes, aun eres un niño – Ranma bufó pues a sus doce años ya se consideraba un hombre – pero cuando seas mayor y luches por tu derecho a elegir tu propia esposa yo te apoyaré.
Ranma bajó la cabeza enfocando sus azules ojos en sus regordetes pies. Yo solo me mantenía al margen, callada sin mover un músculo, no quería romper esa esfera que se había formado en la sala y de la que mi señora me había hecho partícipe, aunque fuera mirando.
- Yo no tengo sentimientos de nada – bufó molesto mirándome de reojo – No hay nada más que honor.
Por un momento pensé que se estaba refiriendo a mí, ¿pero qué honor podía el tener para conmigo? La suave frase de Ranma me hizo pensar en muchas cosas ¿tan importante era el honor?
La suave risa de Nodoka-sama sonó por la habitación levemente, casi como un susurro – Cariño, no existe el honor en esta casa, por mucho que tu padre se empeñe en pregonarlo a los cuatro viento.
Una vez más nos quedamos en silencio y el joven señor dejando a un lado la vergüenza que seguramente le daría hacer lo que hizo delante de mí, se lanzó a los brazos de su madre, acurrucándose entre ellos mientras mi señora sonreía tiernamente y le acariciaba el pelo.
Me sentí una intrusa en semejante escena, no debía estar ahí, era un momento intimo entre madre e hijo que yo no tenía derecho a mancillar. Con lentitud me levante casi sin hacer ruido, pero madre e hijo alzaron la vista como un zorro vigilando a su presa.
- ¿A dónde vas? – preguntó Ranma aun abrazado a su madre.
- Yo, me voy señor, es un momento íntimo y no debería estar aquí.
- Tonterías – murmuró el apartando sus ojos de mí y aferrándose al kimono de Nodoka-sama – te has ganado el afecto y la confianza de tus señores.
Me quedé muda y cuando Nodoka-sama asintió levemente volví por segunda vez a sentarme en mi sitio. El joven heredero Saotome suspiró y enterró la cara en el pecho de su madre. No lo voy a negar, sentí la punzada de los celos en la boca de mi estómago. No porque Ranma abrazara a mi señora, sino por la mirada de orgullo y amor que Nodoka-sama le daba a Ranma. Era una mirada que yo recordaba bien en los ojos de mi padre, una mirada que me regalaba cuando entrenábamos juntos, o jugábamos en Ogawa Chiisai, o cuando me llevaba al pueblo y me lucía con orgullo… esa mirada que padre no me daría nunca más.
- ¿Hay algo que quisieras decirme? – me preguntó mi señora sacándome de mis recuerdos.
- Sí señora – contesté con algo de pesar. No podía dejar pasar el tema de Sayuri, no era justo que Taro hiciera lo que quisiera con las criadas y con la casa en general. Mi señora era la única con poder para ponerle en su lugar.
- Cuéntame, que hay en tu cabeza tan importante que te tiene en las nubes en la clase de historia, tu favorita por cierto – sonreí levemente ante lo dicho por mi señora, me conocía bien.
No sabía si debía hablar del tema con el joven señor delante, pero pensándolo fríamente era justo que el también escuchara lo que yo tenía que decirle a Nodoka-sama, teniendo en cuenta que el no protestó porque yo escuchara sus dudas y problemas – Es Sayuri, señora.
Nodoka-sama suspiró con pesar mientras que los ojos azules de Ranma se clavaban en mí y se separaba levemente de su madre – Ya hemos hablado de esto, Akane.
- No le pido que eche a Taro, simplemente hable con ella.
- ¿Qué hable con ella?
Asentí levemente y me acerqué a ella – mi señora, Sayuri, ella… está muy rara, no come apenas y no habla con nadie, ya no se ríe como antes.
- ¿Le ha pasado algo? – preguntó mi joven señor. Yo no sabía si debía contarle o no al joven señor de mis sospechas para con Taro, pero la señora Saotome se adelantó.
- Ranma hijo, ¿Cuándo os entrena… Taro os dice algo de las chicas de la casa?
El joven heredero meditó unos segundos y luego apretó los puños – Sí, dice que… aquí, en esta casa hay verdaderas fieras que cuando sean adultas se convertirán en gatitos cuando un hombre de verdad las… - noté como la mirada del joven señor se oscurecía y sus puños se tensaban mas – Akane, ¿te ha hecho algo Taro?
Negué rápidamente con la cabeza – No, a mí no mi señor, pero temo que se haya sobrepasado con Sayuri, y con Momoha.
- Momoha será su mujer – dijo con dureza Nodoka-sama – por mucho que duela decirlo si se sobrepasa con ella el mundo lo verá como un amante impaciente.
- ¡Pero no tiene derecho a tocarla sin su permiso! – grité yo.
- Lo sé – respondió mi señora – pero así es el mundo en el que vivimos querida.
- Pues da asco – bufé molesta para luego con voz suplicante decir – Mi señora, por favor, hable con Sayuri, es la única que puede sacarle la verdad.
- ¿Y de que serviría? – Preguntó Nodoka-sama – solo valdría para hacerle recordar un hecho traumático sin la posibilidad de resolver nada. No podemos obligarla a hablar de algo que no quiere, solo dejémosla tranquila, dejémosla sobrellevar la pena a su manera y mantengámosla vigilada, tampoco quiero que cometa una locura.
- Señora… pero…
- ¿Qué te parecería si Momoha, Ukyo, Ranma y yo te hiciéramos recordar cada día con preguntas como fue para ti la noche que tu hermana te vendió? - palidecí ante la mención de aquella noche – ¿Qué sentirías si cada día te atosigara para que hablaras del tema aun sabiendo que por mucho que lo cuentes no hay ninguna solución? ¿Te gustaría que te hiciéramos recordarlo cada día? ¿A la fuerza?
Negué levemente y bajé la vista avergonzada. Mi señora tenía razón, por mucho que quisiéramos hacerla hablar, si ella no estaba preparada sería como hacerla revivir una tortura. Además nosotros solo teníamos sospechas de lo que pudo pasar, pero a saber que le hizo en realidad Taro a la buena de Sayuri.
- Dejadla en paz, no metáis presión y colmadla de cariño y apoyo pero sin resultar pesados. Si ella quiere hablar algún día, lo hará, y si no quiere… pues que no lo diga nunca, es su decisión.
- Así se hará, señora – contesté en un murmullo con la voz rota. Me podía la impotencia, me superaba la rabia de saber que mi amiga posiblemente había sido forzada y a saber Kami que más por un hombre tan asqueroso como era Taro. Me superaba la impotencia de que no pudiera hacer nada y saber que Taro se iría tan tranquilo sin pagar las consecuencias solo me hacía repudiarlo aún más.
- No es que no quiera ayudar, Akane – habló mis señora con tristeza – Pero entiéndelo, ya lo hemos hablado Taro es un hombre poderoso, muy poderoso.
- Su padre es prácticamente la mano derecha del ayudante del emperador, todo lo que se habla en palacio llega a los oídos del padre de Taro que va corriendo a contárselo a mi padre – me explicó Ranma – es un hombre que al igual que su viejo, es mejor tener de amigo que de enemigo, así que ten cuidado Akane.
- Mi hijo tiene razón Akane – en la voz de mi señora ya no había rastro del tono de reproche que tenía antes, sino de una dulce preocupación – Si nuestros temores son ciertos y como sospechamos Taro… se aprovechó hasta el final… de ella, ¿Qué crees que dirá la gente?
- Que es un cerdo – escupí con veneno.
- No, que Sayuri es una cualquiera – dijo Ranma con tranquilidad cruzándose de brazos. Le fulminé con la mirada – No lo digo yo, sé que Sayuri es decente, pero la gente hablará mal de ella.
- Una vez más, Ranma tiene razón querida – explicó mi señora – Taro es conocido en Edo por ser un rompecorazones entre las jóvenes, es guapo, fuerte, joven y de buena familia. Tiene mal genio y se ha metido en alguna que otra pelea sí, pero eso es lo de menos teniendo el apellido que tiene. Si la gente sabe qué pasó con Sayuri la acusaran de promiscua.
- ¡Ella es la víctima!
- Claro que lo es, pero ¿no se le vio acompañada de Taro junto con Yuka en Edo una tarde? ¿No coqueteaba con el cuándo estaba limpiando el dojo?
- Es una chica inocente que no sabía cómo era el – dije con pesar – la embaucó.
- Correcto, pero eso la gente no lo verá, solo verán a una joven que coqueteó descaradamente con un hombre con necesidades. Le echaran la culpa y la tacharan de fulana.
- Eso no es justo.
- El mundo no es justo Akane – me contestó solemne – creí que tú eras la más indicada para entenderlo.
No dije más, no podía hacer ni decir nada más, solo seguir los consejos de mi señora. No abrumarla a preguntas, no hacerla recordar cosas que no quería recordar y sobretodo apoyarla y vigilarla desde las sombras para que no hiciera algo de lo que luego se arrepintiera.
Tras esa charla con mi señora dejé la habitación y reuní a los criados explicándoles lo que mi señora había aconsejado. Por primera vez mis compañeros descubrieron de las sospechas de Momo-chan y las mías propias para con Taro. Recuerdo que Yuka se echó a llorar al pensar en lo que ese hombre podría haberle hecho a su amiga. Les comenté que mi señora decidió que al no tener pruebas y Sayuri no querer hablar, deberíamos dejar el tema. Los más jóvenes protestaron fervientemente, más los adultos le dieron la razón a mi señora. Ellos habían vivido más, visto más cosas que nosotros y sabían que mi señora tenía razón, si denunciábamos públicamente a Taro, siendo el quien era, la que saldría atacada sería Sayuri y eso no lo podíamos permitir, debíamos protegerla.
Los días, meses y años siguientes jamás volvimos a tocar el tema de Taro. Siempre la acompañábamos y la distraíamos, mañana, tarde y noche, nunca más la dejamos sola. Poco a poco la Sayuri taciturna fue desapareciendo para florecer una vez más la Sayuri de siempre. La alegre, la risueña, la bromista… la Sayuri que nos gustaba.
Aunque sabíamos que de vez en cuando lloraba a solas cuando creía que nadie la veía, era una mujer fuerte que supo superar la adversidad. Gracias a Kami recuperamos a la Sayuri de siempre, aunque nunca habló de Taro ni nosotros hicimos mención al tema. Fue un secreto que se llevó a la tumba.
Un par de semanas más tarde el señor panda regresó a la casa. Para mi desagrado el padre de Taro al que no había visto más que de pasada un par de veces decidió quedarse en la casa Saotome esa noche.
La cena que mandó preparar mi señora a las cocineras fue cuantiosa, como si nos visitara el mismísimo emperador. La cena no fue idea de Nodoka-sama ni mucho menos, sino del hombre panda que nada más llegar a la casa lo primero que gritó al poner sus gordos pies en la entrada fue – Nodoka-querida, prepara un banquete traemos excelentes noticias – y mi señora con un poco de ofuscación no tuvo más opción que aceptar. La cena pasó tensa, tensa porque Shampoo que seguía molesta con mi señora no se presentó esa noche a cenar a pesar de tener invitados y ella ser la prometida formal del joven señor, tensa porque yo no paraba de fulminar a Taro con la mirada, el cual miraba burlonamente y con unos ojos de demonio a mi amiga Momoha quien evitaba tener contacto con él si no era para servirle la cena.
- A pesar de ser una simple criada, es muy bella tu prometida hijo – dijo la seca y rasposa voz del padre de Taro. Taiki, que así se llamaba el hombre era muy poco parecido a su hijo. Alto y más corpulento que él, con unos ojos rasgados de un color marrón oscuro y la nariz torcida, posiblemente causada por alguna rotura en alguna pelea y una maraña de pelo café. Sus brazos eran como las hojas de las plantas de los guisantes, anchas y llenas de bultos debido a sus grandes músculos. Recuerdo con exactitud esos enormes brazos llenos de pelo que brillaban por el sudor.
Se sentaba de forma tosca, con un pie doblado donde apoyaba el antebrazo con el que sujetaba su vaso de sake. Su ancha espalda era casi comparable al armario que tenemos en la habitación y tenía un aire de egocentrismo como su hijo.
- Gracias padre – contestó Taro con tono sarcástico en la voz – fue verla y caí en sus redes.
Taiki dio un par de palmadas en el suelo mientras reía para luego tragar el sake de su vaso. Una gota se cayó por la comisura pero fue limpiada por la manga del kimono del señor mono (apodo que le puse por sus peludos brazos, pecho y espalda)
- Espero que os caséis pronto y me deis muchos nietos – dijo mientras observaba a Momoha con una sonrisa torcida. Sus mejillas estaban algo rojas debido a la ingesta de alcohol. Movió el brazo a ambos lados y Momo-chan se acercó con lentitud a llenarle el vaso. Cuando esta se agachó la mano libre de Taiki empezó a sobar las caderas de Momoha – seguro que es muy fértil, tiene buenas proporciones.
Los ojos de Momo-chan se aguaron pero no dijo nada. Antes de que se levantara Taiki le dio una palmada en el trasero y dijo – Que envidia hijo, menuda mujer te has agenciado.
Apreté los palillos con fuerza en mi mano mientras lanzaba una férrea mirada a ese cerdo ¿Cómo el hijo no iba a ser un abusador si el padre era igual? Sentí asco e impotencia y unas ganas horribles de pinchar mis palillos en el cuello de ese degenerado.
- Si me permite señor – habló la seria voz de mi señora quien al igual que yo tenía los hombros y la mandíbula tensionados – le agradecería que bajo mi techo y con mis empleados no usara esos modos ni palabras, mi sirvienta no tiene por qué aguantar su descaro y yo tampoco.
Taiki se balanceó un poco y le sonrió a mi señora, enseñando una fila de grandes y anchos dientes blancos – Vamos, vamos querida, es solo una sirvienta, además es la prometida de mi hijo y a él no le ha molestado ¿verdad chaval?
- Para nada – contestó soberbio Taro mientras bebí sake.
- ¿Lo ves? – El hombre mono volvió a beber pero esta vez no pidió más sake a Momoha, sino que dejó el vaso en la mesa y se giró hacia el señor Saotome – Genma, controla a tu mujer, es una descarada.
Genma Saotome le lanzó una mirada de advertencia a su mujer quien frunció el ceño. Esperaba que el señor panda defendiera a su mujer, que le pidiera respeto para con la madre de su hijo, pero no fue así. Genma Saotome suspiró para luego decir – Perdona Taiki, pero ya sabes cómo son las mujeres… a veces se les olvida cuál es su lugar.
Esas palabras me calaron, el hombre panda era un sinvergüenza y una mala persona, además de un cobarde que no se atreve a defender el honor de su esposa ante un borracho solo porque este es más grande y tenía más musculo que él. Si padre hubiera escuchado que alguien le hablaba a madre así le habría retado, pero el señor panda no, él no era como padre.
Puede que él se quedara callado e incluso apoyara a ese hombre pero yo no iba a quedarme callada. Yo defendería el honor de mi señora.
- Es usted un borracho y un mal educado – todos los presentes se giraron para mirarme con los ojos abiertos de par en par pero los que más llamaron mi atención fueron los de Genma Saotome que me miraban como si quisiera cortarme el cuello en aquel momento.
Taiki soltó una risa ahogada – ¡Vaya eres una niñita muy atrevida! – soltó un eructo producto del sake ingerido y solo pude mirarle con más asco aun.
- No soy atrevida, solo defiendo el honor de mi señora y dueña de esta casa. Si usted no se sabe comportar y respetar a la señora que le ha dado cobijo esta noche por pura amabilidad, es mejor que recoja sus cosas y saque su culo de aquí.
Taiki me miró intentando enfocar debido a la borrachera que llevaba encima. Con una sonrisa ladeada se levantó tambaleándose supongo que intentando acobardarme con su imponente figura – ¿te atreves a repetir lo que has dicho niña? – vi como posaba su mano derecha en el mango de su katana unida a su cintura mientras ensanchaba esa asquerosa sonrisa, intentando intimidarme.
Clavando mis ojos en los suyos y sin perder la compostura, dejándole claro que no me daba ningún miedo dije – repetiría todas y cada una de mis palabras e incluso añadiría más si se empeña en humillar y faltarle el respeto a mi señora.
Taiki sacó la espada de la funda y Ukyo pegó un gritó de horror, al igual que Momoha quien se llevó las manos a la boca. Taro me miraba cómodamente sentado en el suelo con la misma sonrisa que tenía antes su padre, y digo antes porque esa macabra y burlona sonrisa se había transformado en un gesto de enfado. Su mano apretaba fuertemente el mango de su katana que bamboleaba en su mano levemente.
- Podría matarte niña…
La voz susurrante que usó denostaba que no era una amenaza velada, el hombre mono estaba dispuesto a segarme la vida en aquel momento. Mi señora tenía un gesto de horror en los ojos sin apartar la vista de la brillante hoja de la katana que me apuntaba directamente a una distancia más que imprudente.
El hombre panda no sabía qué hacer, se veía en sus ojos que estaba entre asombrado y horrorizado por lo que sus ojos veían. Me levanté lentamente, mi pequeño cuerpo en comparación con el de Taiki era como si ponías junto a un enorme árbol de Sakura una flor de loto. Sabía que si quería, el padre de Taro me haría picadillo en un segundo, pero no iba a recular, llamémoslo adrenalina, enfado o impotencia, no sé qué era exactamente solo sé que sin apartar la vista de el pregunté – ¿Qué has dicho?
- He dicho, que podría matarte, niña – dijo escupiendo veneno en sus palabras.
Con calma comencé a poner la misma sonrisa que tenía Taro, una sonrisa llena de burla que pareció desestabilizarle. Sus rasgados ojos marrones se abrieron confundidos así que borrando la sonrisa de mi cara y transformándola en un gesto de desprecio, con la voz más dura que tenía dije:
- No podrías matarme ni aunque lo intentaras durante cien años.
La cara de Taiki se crispó, apretó los dientes y levantó la mano en la que tenía la katana mientras gritaba. No cerré los ojos, vi a cámara lenta como la hoja afilada de la espada se dirigía hacia mí, era mi fin. Iba a morir aquella noche, pero de morir moriría en paz, porque habría muerto por defender el honor de mi señora Nodoka, con eso sería más que feliz.
El resplandor de otra Katana golpeó la espada de Taiki quien miró asombrado como mi señora había sacado el arma de la funda de su marido y se había levantado rauda y veloz a salvarme. Debido al empujón que me dio mi señora para apartarme de la hoja cortante, caí de bruces contra el suelo. Ryoga y Ukyo que eran los más próximos a mí se acercaron a ayudarme.
- Akane, akane, ¿Estas bien? ¿Ha llegado a herirte? – me preguntaba asustada Ukyo.
Yo no contestaba solo podía observar como mi señora tras haber bloqueado el ataque de Taiki daba un leve movimiento de muñeca haciendo que la katana de este volara de sus manos y diera vueltas por el aire para caer clavada a los pies de Taro.
- Madre… ¡madre! – Gritó Ranma acercándose a ella – madre ¿estás bien?
Nodoka-sama no hablaba, al estar dándome la espalda tampoco sabía cuál era su expresión solo podía ver como se colocaba firme frente a Taiki quien producto de la sorpresa y la borrachera había caído sobre su trasero mirando a la señora Nodoka con asombro.
- Estoy bien – le contestó a su hijo – ¿Akane? ¿Estás bien? – se giró para mirarme y pude ver en su cara la sombra del miedo y la angustia y también la adrenalina que le había causado el momento. Ranma corrió a mi lado y tomó mi cara entre sus manos para moverla a ambos lados.
- Estas bien ¿verdad? ¿Te hizo algo? – negué con la cabeza levemente.
- Estoy… estoy bien.
- ¡Yokatta! – Suspiró el joven heredero – No vuelvas a hacer algo así, ¡boba!
Sonrojada bajé la vista y noté una mano en mi cabeza, era la mano de Mousse quien también se había acercado a mí. Nodoka-sama al ver que no estaba herida se giró y con la mano que tenía armada apuntó al pecho de Taiki al igual que él había hecho conmigo antes.
- Largo de esta casa, los tres – terminó mirando a su marido. El hombre panda apenas había reaccionado a lo que había pasado pero cuando escuchó como su mujer le echaba de su propia casa enfureció.
- ¿Yo? ¿¡Que he hecho yo!?
- ¡Nada! ¡No has hecho nada! ¡Ese es el maldito problema! ¡Nunca haces nada que no sea para tu propio beneficio!
- Nodoka…
-¡Nada! ¡Largo de mi casa! ¡Ahora! – Dijo lanzando la espada a un lado con enfado – ¡Ahora mismo!
Taro se levantó lentamente sin despegar su mirada de mi señora quien le ignoró como si fuera una cigarra parada en un árbol. Tomó a su padre del hombro y salió de la sala arrastrando al consternado Taiki. Genma los siguió en silencio no sin antes lanzar un bufido de indignación cuando pasó junto a su mujer.
Una vez escuchamos como la puerta se cerraba Nodoka-sama soltó un suspiro destensionando sus hombros. Se giró lentamente y se acercó a mí sin mediar palabra. Ukyo quien estaba a mi lado se apartó lentamente para dejar sitio a mi señora quien tomando mi rostro entre sus manos como minutos antes había hecho su propio hijo me preguntó – ¿Seguro que estas bien?
- Sí, señora – le contesté – ha sido el susto.
- No esperé que ese hombre realmente llegara a atacar a Akane-chan – bufó ofendido Ryoga – ojala hubiera tenido mi arma, le habría hecho picadillo.
- Akane, fuiste muy imprudente – me riñó Ukyo – eres una joven señorita y el un hombre enorme armado, te podía haber matado.
- ¡Yo la habría defendido! – volvió a gritar Ryoga subiendo el puño. Uukyo se cruzó de brazos poniendo un gesto de enfado en su cara por lo que Ryoga comenzó a temblar levemente y a reir con nerviosismo – bueno, protegería a todas las mujeres de esta casa, son delicadas.
- Lo estas arreglando – dijo Mousse al ver como Ukyo fruncía más su ceño ante lo dicho por su prometido.
- No vuelvas a hacer eso – cortó la voz de Ranma de repente. Nos giramos para verle, sus ojos estaban ocultos bajo su flequillo, sus manos estaban pegadas a su costados echas puños y sus hombros temblaban levemente – No vuelvas a cometer una estupidez así.
- No fue una estupidez – le reté – lo hice por defender a mi señora.
- ¡Fue una tontería! – gritó levantando la vista sorprendiéndome ante lo que veía. Su rostro era un poema. Estaba pálido, sus cejas estaban fruncidas y sus hermosos ojos azules brillaban, pero no brillaban de entusiasmo o coraje, brillaban por el miedo, era un brillo especial, lágrimas - ¡Casi te mata! ¡Boba! ¡Boba! ¡Boba! ¡Boba! – me gritó con todas sus fuerzas. Su voz se desgarró en su garganta y se levantó para salir de la sala hacia Kami sabe dónde.
- Ranma tiene razón Akane – dijo solemne la voz de mi señora quien también tenía un gesto preocupado – no vuelvas a hacer eso, sé que lo hiciste por mí, y te lo agradezco de corazón, pero no vuelvas a cometer semejante estupidez.
- Sí señora – contesté débilmente bajando la cabeza avergonzada – lo siento.
Nodoka-sama comenzó a respirar fuertemente, sus ojos al igual que los de su hijo comenzaron a brillar clavados en los míos, se mordió el labio inferior con fuerza a medida que sus respiraciones se hacían más fuertes y tras soltar un pequeño gemido de dolor y miedo me abrazó con fuerza hundiéndome en su pecho.
Escuchaba el latido de su corazón acelerado, sus sollozos se me clavaron en los oídos mientras que sus lágrimas me mojaban el kimono. Sentí deseos de llorar yo también pero no lo hice, debía ser fuerte y demostrarle a mi señora que aquel incidente no había sido nada de qué preocuparse, que no hacía falta llorar.
- No vuelvas a hacerlo, onegai, no vuelvas a poner en peligro tu vida por defender mi honor, no merece la pena.
Abrí los ojos sorprendida ante lo dicho por mi señora. Había tanta pena en esas palabras, tanto dolor y tanto miedo que mi corazón se estrujó en mi pecho como si le hubieran atado un lazo alrededor y hubieran tirado muy fuerte de ambos extremos. Levanté las manos lentamente y la rodeé, dándole un leve apretón – Nunca permitiré que la humillen señora, mi lealtad está con usted, daría mi vida por usted.
Otro sollozo escapó de sus labios pero esta vez iba acompañado por una leve risa – Niña cabezota…
Esa noche mi señora Nodoka me obligó a dormir en su cuarto. No se porque lo hizo, supongo que temía que Taiki volviera borracho a cobrar venganza o simplemente para poder dormir tranquila con la certeza de que estaba a su lado y a salvo, no lo sé, pero esa noche mi futón estaba pegado al de mi señora quien me tomó la mano toda la noche sin soltarla ni un segundo.
Al día siguiente Genma Saotome se presentó en la casa, pidió a su esposa que le dejara volver y esta solo lo hizo con una condición, que Taro no volviera a entrar en esa casa si no era estrictamente necesario y que Sasuke y yo nos uniéramos a sus clases en el dojo como los nuevos aprendices del arte Saotome.
Ranma le había comentado a su madre hace un par de días el plan que teníamos Mousse, Ryoga él y yo de entrenar a Sasuke. Ranma sabía que por mucho que insistiera su padre jamás aceptaría entrenarnos a mi amigo por lo que pidió ayuda a la única persona que podía vencer al hombre panda. Mi señora Nodoka.
Ella aceptó encantada además de que prometió conseguir que Genma me entrenara también a mí. Cuando Nodoka puso sus condiciones Genma Saotome puso el grito en el cielo, montó un escándalo propio de un niño con un berrinche pero tuvo que aceptar si quería dormir bajo su propio techo esa noche.
Así que allí me hallaba yo, a las puertas del dojo con un traje de entrenamiento blanco de algodón que me había regalado mi señora Nodoka. Sasuke llevaba uno un poco más gastado, Mousse se lo había regalado ya que a él ya no le servía. Mi compañero estaba a mi lado tembloroso y pálido. No le había hecho nada de gracia que hubiéramos planeado hacerle aprendiz del hombre panda a sus espaldas pero con un par de sonrisas y unos cuantos "lo siento es por tu bien", Sasuke acabó aceptando y agradeciendo a sus señores la oportunidad.
No había sido consciente de la cantidad de chicos a los que entrenaba el hombre panda. Normalmente cuando ellos entrenaban en el dojo yo estaba ocupada con mis quehaceres por lo que nunca fui plenamente consciente de la cantidad de alumnos que tenía el señor Saotome. Por lo que conté había unos doce muchachos de todas las edades, entre los ocho y los veinte aproximadamente.
Todos ellos vestidos con sus trajes de entrenamiento chino negros, estirando sus músculos y con sus ojos clavados en nosotros de manera desconfiada pero con genuina curiosidad. Me molestaba que nos miraran como si fuéramos alimañas salvajes o monos dentro de una jaula, pero pensándolo fríamente era más que normal que nos observaran así, no era común ver a una niña y a un joven de diecisiete años que aparentaba doce medio encorvado y asustado dentro de un dojo esperando empezar una clase.
- Tranquilo Sasuke-kun, todo irá bien.
Mi amigo me miró con sus ojillos de huevo asustados y me dijo entre temblores y balbuceos – Onee-chan, tengo… miedo.
- No te harán nada – le dije con calma mientras le sobaba la espalda – yo estoy contigo y pronto llegaran Ryoga-kun, Mousse y el joven Ranma, ellos tampoco dejaran que nadie te haga daño – mis palabras parecieron calmarle levemente. Tragó saliva levemente y luego cerró sus ojos para suspirar profundamente.
Me giré en dirección al jardín esperando ver llegar a mis amigos. Era raro que llegaran tarde por lo que me estaba empezando a preocupar ¿les habría pasado algo? ¿Les habría dicho algo el señor panda? Estaba enfrascada en mi mundo cuando una voz aterciopelada dijo – Vaya, ¿te has perdido guapa?
Me giré para ver a un chico de unos quince años con ojos claros y pelo castaño acercarse a mí de manera coqueta. En su cara se dibujaba una falsa sonrisa de amabilidad que me apeteció borrar de un puñetazo – No ¿y tú? ¿Te has perdido? – por la pinta que tenía (porte elegante, cara fina y manos blancas) parecía un joven señor, posiblemente de Edo. La mayoría de los alumnos del hombre panda llegaban en carro desde Edo, casi todos hijos de altos mandos del emperador o mercaderes pudientes. El único que se quedaba de forma permanente en la casa era Ryoga-kun debido a que su familia vivía en otra ciudad lejos de la casa.
El chico soltó una risa e hizo una inclinación – Mikado Shanzein a sus pies, para servirle – Devolví el gesto moviendo mi cabeza levemente. No me gustaba ese chico, me daba mala espina.
- ¿Y que hace una hermosa mujer como tu aquí? – me volvió a preguntar.
- Lo mismo que tú, supongo, a no ser que seas el aguador. Eso lo explicaría todo.
Varios de los hombres presentes soltaron una carcajada y pude ver como la sonrisa del tal Mikado se ensanchaba más dándole más falsedad aun. Estaba molesto, lo sabía, la vena palpitante en su cuello me lo dijeron al igual que la tensión de su mandíbula al hablar.
- ¿No me dirás tu nombre bella dama?
- No – contesté secamente.
- Vaya, nos ha salido con genio la princesa – dijo acercando su mano a mi mejilla para acariciarla levemente – tal y como me gustan.
Fruncí el ceño ¿es que todos los hombres se creían con el derecho de tocar a las mujeres sin su permiso solo por placer? ¿Es que nadie había explicado a ese Mikado lo que era el espacio personal? Su mano sobre mi mejilla me dio escalofríos de desagrado, me acariciaba como si fuera una especie de premio y me ofendí. Estaba dispuesta a apartar su mano de mi cara cuando alguien atrapó la muñeca del chico y la alejo de manera brusca.
- ¿Es que piensas que Akane es un animal al que puedes tocar a tu antojo? – el joven Ranma lucía furioso. En su mano la muñeca de Mikado estaba apresada con fuerza, tanta que incluso el chico puso gesto de dolor.
- Saotome, amigo – dijo con amabilidad – Lo siento, pero no puedo resistirme a las mujeres hermosas.
- Akane no es una mujer – dijo con desprecio soltando su muñeca de mala forma – Ni hermosa.
Me giré para agarrarle del cuello de su traje de entrenamiento y alcé un puño, apuntando directamente a su mandíbula – ¡¿Qué has dicho?!
- Akane-chan, querida ¿Qué te ha dicho este insensible de Ranma esta vez? – me preguntó Ryoga que acababa de entrar al dojo seguido por Mousse.
- No le he dicho nada que no fuera verdad – dijo el joven señor ofuscado intentando soltarse.
Mi furia creció y pegué mi puño a su mandíbula haciendo que levantara la cabeza por la presión que ejercía – Vuelve a decir algo así y no tendrás dientes que mostrar en tu petulante sonrisa.
- ¡ja! No… me das miedo – el tembloroso tono de voz de Ranma y la ligera gota de sudor que caía por su sien detonaba que estaba nervioso. Los alumnos presentes en el dojo me miraban con los ojos abiertos de par en par, supongo que sorprendidos de que una pequeña niña como yo pusiera a temblar al heredero de los Saotome. Nadie en la casa se atrevía a propasarse con el joven señor, por eso supongo que verme a mí, tan menuda y sobretodo mujer, amenazando a Ranma era como una visión surrealista para ellos.
Me sentí orgullosa de mi misma, no es que quisiera que mis compañeros me temieran pero me sentí bien al reconocer el asombro en sus ojos. Seguro que no tendría muchos problemas con ellos. Solté de golpe a Ranma y bufé mientras le apartaba la cara.
- Bruta… - murmuró. Le saque la lengua en un gesto infantil que él me devolvió.
- Sois peor que niños – dijo Mousse sobándose el puente de la nariz.
- Empezó el – reclamé señalándole con el dedo.
- Empezó ella – dijo Ranma al mismo tiempo que yo. Esa casualidad hizo que nos miráramos y nos fulmináramos con la mirada empezando nuestra típica pelea de insultos repetidos y desgastados. Que si fea esto, que si infantil lo otro, que si marimacho por aquí que si afeminado por allá.
Lo único que me hizo olvidar mi disputa con Ranma fue escuchar un gemido de dolor de Sasuke. Me giré para encontrarme con la imagen de varios chicos, entre ellos Mikado, rodeándole y dándole leves empujones. Supongo que aprovechando ese momento de despiste mío por culpa de Ranma, los chicos más mayores decidieron ir contra mi pobre amigo que se veía como un animalillo asustado.
- ¡Dejadle en paz! – dijo Ryoga acercándose al grupo.
Un chico regordete de unos dieciocho años soltó una risa estruendosa mientras empujaba a Sasuke – ¿Por qué deberíamos? ¡Mirarle! ¡Es idiota! – y volvió a soltar una carcajada.
Me aparté veloz de Ranma para acercarme a mi amigo que estaba hecho una bolita en el suelo mientras los chicos se burlaban de él. Me abrí paso en el círculo y me puse enfrente de Sasuke – Sois unos malditos cobardes – escupí con odio.
- Y tu una niña que se mete donde no le llaman – dijo el tipo gordo. Tenía el pelo rapado y sus mejillas eran redondas y gordas al igual que la barriga y los brazos. Me recordó a un luchador de sumo ¿Cómo es que practicaba artes marciales? Seguro que no podía ni hacer un kata entero sin ahogarse.
- Mi nombre es Akane, no niña y como me entere de que le haces algo - luego hice un barrido con mi mirada por todo el grupo que estaba rodeándonos – o alguno de vosotros le toca, vais a lamentar haber nacido.
Los chicos soltaron una carcajada. Mi mirada se centró en Mikado que se situó al lado del gordo y dijo – Cuidado Keita, la princesita tiene genio y por lo que veo, tiene guardaespaldas – dijo apuntando hacia mis amigos quienes estaban tensos.
- No necesito que nadie me proteja – dije – y menos un hombre.
- Con ese carácter nadie se va a querer casar contigo – me dijo Mikado – aunque, yo lo haría encantado, me gustan con carácter.
- Y a mí me asquean los tipos como tú, como todos vosotros.
- ¿Cómo nosotros? – preguntó un chico a mi espalda.
- Sí, hombres cobardes que se juntan para asustar al débil, ¿Qué pasa? ¿Cómo vieron que yo no me dejo asustar vais a probar suerte con el siguiente? ¿Os sentís más hombres así? ¿Es que no tenéis honor?
El grupo se quedó callado mientras me dirigían miradas cargadas de veneno. Yo simplemente me dediqué a ignorarles y tomé la mano de mi amigo para levantarle del suelo – Tranquilo Sasuke-kun, yo esto contigo.
Mi amigo asintió y caminé con él para dirigirme hacia donde Ranma y compañía. Primero pasó Sasuke pero cuando iba a salir yo, dos chicos corpulentos y altos me cerraron el paso dejándome sola en el círculo.
Me miraban con una burla que me sacó de mis casillas. Si pensaban que así me iba a dar miedo estaban muy equivocados – apártate de mi camino – le dije al más alto.
- ¿Qué creéis que estáis haciendo? – Preguntó Ranma acercándose al grupo – dejadla en paz.
- No se meta joven Saotome – dijo el chico gordo con un sorprendente tono de respeto en su voz – esto no le incumbe, esta niña debe aprender cuál es su lugar.
Me giré para decirle – ¿Mi lugar? ¿Cuál es mi lugar?
- En la casa, siendo una buena y calladita mujer – dijo con la voz ahogada. Los chicos rieron y me acerqué lentamente a él, encarándole. Era descomunal, el tipo más grande que había en el dojo sin duda. Le llegaba escasamente por el ombligo y su espalda era tan ancha que para igualarla necesitaría tres yo. Pero no me asusté, no le dejaría sentirse superior.
- Eres un cerdo.
El chico rio – y tu una perra que no entiende que este no es su sitio.
- ¡Vuelve a insultarla y estás muerto! – gritó Ranma que caminó hacia el chico seguido por Ryoga y Mousse.
- Vaya joven Ranma, ¿es que es su novia?
El joven señor enrojeció hasta la punta del pelo y frenó en seco. Ryoga siguió acercándose y le dio un empujón que apenas le movió – Es una mujer Keita, deberías mostrar respeto.
- Si fuera una mujer no estaría aquí, estaría en una casa o en una cama, allí seguro que es más hábil y útil que en un dojo.
Apreté los puños, ese hombre era un desgraciado. Era el típico que se creía muy fuerte porque su enorme figura imponía, era el típico que pensaba que con solo mirarle infundada miedo y respeto, que era el mejor, el más fuerte, tiempo después descubriríamos que era más débil de lo que él se creía.
- ¿Y tú te crees muy hombre verdad? – pregunté con la voz tensa. No iba a dejarme insultar, no iba a permitir que mis amigos sintieran la necesidad de protegerme, no quería ni iba a permitir que en ese dojo me respetaran por ser la protegida del joven señor de la casa. Ese idiota me iba a respetar por lo que yo era, una mujer fuerte, una mujer independiente. Ese cerdo iba a conocer a Akane Tendo – ¿te crees el hombre más fuerte de todos no?
Keita puso una sonrisa torcida – No es que me crea muy hombre, es que lo soy.
Solté una risa burlona y me crucé de hombros – Sí claro, un hombre ¡ja! ¿Qué sabes tú de ser un hombre? Un hombre de verdad no se ríe de los débiles, los protege, un hombre de verdad no se mete con las mujeres para sentirse superiores a ellas, un hombre de verdad no se parece en nada a ti.
En la cara del chico se formó una mueca de desagrado, la papada le temblaba al igual que la mandíbula. Sus gordas manos estaban cerradas y el sudor comenzó a brillar por su cara y cuello. Estaba enfadado pero trató de disimularlo.
- No vas a durar aquí ni dos días pequeña. Tarde o temprano acabarás donde tienes que estar.
- Ahí te doy la razón – le dije acercándome aún más – el tiempo pone las cosas en su lugar, veamos donde te pone a ti.
- Cuando seas más mayor, te voy a enseñar quien manda aquí.
Mi cara de confusión pareció divertirle porque soltó una risa relajando su postura. Me tomó el mentón con sus dedos gordos algo húmedos por el sudor y dijo – Cuando seas mayor, te voy a enseñar cual es el sitio natural de una mujer, debajo del hombre – y puso una mirada asquerosa, la misma mirada asquerosa que ponía Taro al ver a Momo-chan, la misma mirada asquerosa que me lanzaba Kuno en el pueblo.
- ¡Suéltala! – gritó Mousse.
- Keita o la sueltas o te juro que – levanté levemente la mano para frenar en seco al joven Ranma que se había recompuesto del shock y se dirigía hacia nosotros. La furia me dominó y deseé matar a ese cerdo gordinflón. No iba a tolerar que me insultaran de esa manera, no podía tolerarlo.
Puse a mi cerebro a pensar la mejor forma de dejarle ver a Keita que no me dejaría vencer, que primero muerta que dejarme pisotear por él, pero yo era una niña de doce años que no sabía bien cómo responder a ese tipo de comentarios.
Intenté pensar lo más rápido que podía poniendo el rostro más sereno que pude. No sabía cómo contestar a aquello pero entonces recordé a uno de mis compañeros, el más bruto y el que peor hablaba. Tomoe.
Recordé entonces una frase que Tomoe le había dicho a un vendedor de arroz con el que no se llevaba nada bien pues era un viejo conocido de su esposa, por lo visto el vendedor la cortejó pero al final mi compañera se casó con el mal hablado de Tomoe. Un mal hablado que me salvaría el orgullo.
Iba a hacerlo, iba a usar su frase malsonante y la usaría ahora, delante de todo. Pero antes le daría mi toque personal. Sus gordos dedos seguían sujetándome la barbilla con fuerza, seguramente quedarían marcados levemente en mi cara por lo me revolví inquieta solo consiguiendo que me apretara más.
Me acercó a su rostro y pude oler su aliento, olía a pescado y algo más, no sabía lo que era, pero apestaba. Sentí mi estómago revolverse y a mis oídos llegó el sonido de la enfadada voz del joven Ranma prácticamente ladrando el nombre del chico.
- ¿Qué pasa? ¿La princesita guerrera se ha quedado muda? ¿Por fin empiezas a entender cuál es tu sitio? ¿O es que la imagen de tu pequeño cuerpo debajo de mi te ha dejado tan impresionada que apenas puedes hablar?
Unas risas resonaron por el dojo, Mousse y Ryoga ordenaban que se callaran pero los chicos no lo hacían, se reían, se reían de mí, pero no iba a permitirlo. Con calma comencé a poner una sonrisa ladeada en mi rostro, una sonrisa siniestra que incomodó a Keita pues sus ojos me miraron con curiosidad y desconfianza y su agarre se suavizo levemente.
Lo que hice a continuación logró que todos los presentes soltaran un grito ahogado. Con toda la rabia que pude acumular escupí a Keita en toda la cara. Mi saliva impactó en el centro de la nariz bajando por el tabique hasta llegar a la mejilla izquierda.
Esto pareció sorprenderlo pero lo que dije a continuación le descolocó por completo – Nunca, jamás conseguirás tenerme debajo de ti a no ser que me mates ¿me has oído? ¡Nunca! ¡Primero me arranco los dientes y las uñas una a una que dejar que alguien como tú me toque! – su cara se fue crispando y su agarre en mi mandíbula se hizo más fuerte que antes pero eso no me hizo recular.
Con dificultad debido a la fuerza de su agarre solté una risa y dije – ¿y esa confianza en ti mismo de hacer las cosas tan bien como para dejarme sin palabra? No entiendo a qué se debe, no debes de haber tocado una mujer en tu vida, y es normal, das asco y no solo por tu físico también por tu forma de ser, ni pagando una mujer se entregaría a ti.
- Cállate…
Entonces cuando vi que lo estaba descolocando y que le tenía justo donde quería decidí usar las palabras de Tomoe, ensanché la sonrisa y comencé a decir palabra por palabra textualmente lo que mi amigo y compañero le habría dicho una vez al vendedor de arroz.
- Además, seguro que aunque hubieras tenido la oportunidad no hubieras podido satisfacerlas. Seguro que ni siquiera se te levantaba cuando te disponías a subirle el kimono – dije con el mismo veneno o más que antes. No tenía ni idea de lo que estaba diciendo, no tenía ni la más remota idea de que tema estaba tratando, solo tenía doce años y para mí los chicos daban asco, pero al gordinflón pareció desestabilizarle.
- Cállate… cállate…
Solté de nuevo otra risa y dije – ¿Es eso verdad? ¿O es que la tienes minúscula? ¡Seguro que ni te la encuentras cuando vas a mear! Por eso tienes que dedicarte a lo que te dedicas, a asustar y a hacerte el machito con las mujeres frente a tus amigos, por eso intentas tener los brazos y la espalda más ancha que el tronco de un roble, para compensar la falta de hombría – solté una carcajada no sin dificultad porque el agarre de Keita se hacía cada vez más fuerte y doloroso, pero no podía rendirme, no ahora que el asombro de todos me hacía saberme vencedora, solo me quedaba asestar el golpe final – poco hombre… seguro que has estado con mujeres que la tenían más grande que tú.
Esta última frase arrancó toda la ira del chico quien se puso rojo y apretó sus dedos tan fuerte contra mi cara que creí que me rompería la mandíbula – ¡Cállate! ¡Cállate!
Me alzó levemente para luego azotarme al suelo. Caí de espaldas con tal fuerza que note mis huesos crujir doloridos. Le vi acercarse a mí gritándome sin parar, insultándome. Intente alejarme de esa mole que se acercaba a mí pero me tomo del tobillo con fuerza y me arrastró por el suelo para acercarme a él.
Se colocó en posición y supe lo que iba a hacer. Iba a patearme. Los chicos jaleaban y gritaban mientras sujetaban a Ryoga y Mousse quienes intentaban detener la pelea. Sasuke, que también era sujeto por otro chico lloraba asustado.
Pero faltaba alguien… Ranma… Vi como Keita impulsaba su gorda pierna hacia atrás y la movía con fuerza hacia delante. Cerré los ojos esperando el impacto sobre mi cuerpo pero no llegó. Un grito de guerra retumbo por la sala y luego escuché un golpe seco, como si se hubiera derrumbado un muro de piedra.
Los jaleos y risas se convirtieron en gritos y suplicas para que algo o alguien se detuviera. Abrí los ojos levemente y ante mí una imagen me dejó congelada. Keita estaba en el suelo intentando cubrirse de un Ranma que estaba sobre él.
El joven heredero golpeaba con sus puños la gorda cara de Keita con furia, sin darle opción a defenderse. Primero con la izquierda, luego la derecha, y luego la izquierda para luego golpear con la derecha otra vez. Del rostro de Keita salía un hilo de sangre, del de Ranma, cólera, pura cólera. Sus ojos azules miraban fijamente al rostro del chico y mientras le golpeaba no paraba de decir – No la toques, nunca, no vuelvas a insultarla – cada vez que le daba un puñetazo Ranma hablaba amenazante.
- ¿Por qué a mí no me golpeas? – Puñetazo – ¿querías tenerla debajo de ti? – Otro puñetazo – ¿querías hacerla aprender cuál es su lugar? – Otro más – su lugar es a mi lado – otro – ¡a mi lado! – Otro más – Si la vuelves a tocar te mataré.
Rryoga que se había logrado soltar del agarre del chico ahora era el quien agarraba por la espalda al joven heredero Saotome intentando separarlo del cuerpo de Keita – Para, Ranma ¡basta!
- ¡Déjame! – Gritaba intentando seguir golpeándolo – ¡Se lo merece!
Unas manos se posaron en mi hombro y me giré para mirar a Mousse quien me sonreía con cariño – ¿estás bien? ¿Te hizo algo?
Negué con la cabeza y me levanté con la ayuda de Mousse y un pequeño niño de unos nueve años, más tarde sabría que ese pequeño también había sido objeto de burlas y golpes de Keita y su grupo. El chino se giró y miró preocupado a Ranma que seguía encima del chico. El pobre Ryoga tiraba de su camisa de entrenamiento pero no podía frenarle.
- Si no le paramos le matará a golpes – dijo Mousse con tono preocupa. Se giró para mirarme con un deje de preocupación en su cara – solo tú puedes pararle.
- Pero… - un grito de dolor de Keita y un chorro de sangre en las manos de mi joven señor me quitaron toda duda que tuviera de frenar aquella paliza. Debía parar al joven Ranma si no quería que el gordo chico acabara mal herido o lo que es peor, muerto. Era increíble ver aquella escena, ver como el pequeño cuerpo de Ranma arremetía una y otra vez contra aquel grandullón tendido en el suelo herido, era una escena digna de admirar pero que debía parar.
Keita era un ser despreciable y un cobarde, me daba igual lo que pasara con él, pero temía que Ranma se metiera en un problema serio por lo que avancé dando grandes zancadas y de un manotazo aparte a Ryoga.
- ¡Ranma por favor! – dije desesperada intentando hacerle entrar en razón. Una vez se vio libre de Ryoga, el joven señor volvió a la carga pegando un potente puñetazo en la mejilla de Keita quien tenía el rostro rojo.
Tenía que hacerle parar, razonar con él en el estado en el que estaba era inútil. Ranma no atendía a razones o ruegos y quedaba muy poco para que el grandullón quedara inconsciente. Me acerqué más a él y esquivando sus brazos furiosos, cuando vi un hueco por el que podía atacar pase mis brazos por debajo de sus axilas y le abracé por la espalda desesperada.
Ranma frenó en seco cuando noto mi cara enterrada en su espalda y mis manos aferrándose a la camisa de su traje de entrenamiento. Note como poco a poco su tensión desaparecía y entonces susurré – déjalo ya, por favor Ranma. Por favor… no merece la pena.
El heredero Saotome miró hacia abajo. Desde mi posición no sabía que miraba pero supongo que lo que buscaba era ver la cara de aquel chico que se había propasado conmigo y que le había hecho reaccionar de manera tan violenta.
Le escuché suspirar y sus manos callosas tocaron las mías mientras echaba la cabeza hacia atrás, haciendo que su nuca tocara mi coronilla en un dulce gesto. Se levantó lentamente llevándome a mí con él en el camino, aun abrazada a su espalda. Se giró lentamente y me rodeó con su mano derecha por los hombros. Mi cabeza antes en su espalda ahora estaba enterrada en su pecho que comenzaba a formarse pasando del cuerpo de un niño a un hombre.
Enterró su cara en mi pelo y respiró hondamente para luego besar dulcemente mi cabeza. Ese gesto me hizo sonrojar como nunca antes me había sonrojado, notaba incluso el calor salir de mi cuerpo, pero no me aparté, todo lo contrario, me aferré aún más a él.
El joven Saotome levantó su rostro y miró a todos los presentes en la sala que se habían quedado mudos ante la escena presenciada. Algunos se habían movido para ayudar a Keita quien lloriqueaba – cobarde – pensé.
Otros se habían quedado estáticos en su sitio, como si temieran desatar de nuevo la furia del joven Saotome. Si algo aprendí con los años y el tiempo vivido con Ranma, fue que había heredado esa aura autoritaria de su madre. Esa aura que te hacía respetarle y admirarle solo echándole una mirada. Daba igual la edad que tuvieras, si eras más joven o más viejo que mi señora y el joven Ranma, daba igual, nadie se atrevía a desafiarles.
- Escuchadme bien, Akane y Sasuke son alumnos de la escuela Saotome, alumnos de pleno derecho que están aquí por sus habilidades en el combate – alcé mi rostro sorprendida por las palabras dichas por mi joven señor. Jamás habría imaginado que precisamente el me considerara una alumna de pleno derecho de su escuela por méritos propios, bueno, que me considerara si, en fin, me estaba entrenando a escondidas de su padre, pero ¿que lo dijera en voz alta frente a todo un arsenal de hombres? Jamás me atreví a soñar si quiera con ello. Y sin embargo ahí estaba, mi joven señor, dando la cara por mí.
- Pero es una mujer – dijo con voz temblorosa un chico de unos ochos años.
- ¿Y qué más da que sea una mujer? – Preguntó Mousse serio – es una gran guerrera y valiente, ya lo habéis visto con vuestros propios ojos – dijo lanzándole una mirada de desprecio a Keita que aún estaba en el suelo – tiene más derecho que muchos de nosotros de estar aquí.
- Así es – corroboró Ryoga poniendo los brazos en jarra – y creedme, barrería el suelo con cada uno de vosotros si os enfrentáis a ella.
- Y nosotros os patearíamos el culo si os atrevéis a tocarla – terminó de nuevo mi amigo chino recibiendo un asentimiento de Ryoga.
- Pero ¿y él? – Dijo otro chico, este más o menos de nuestra edad y de pelo largo y castaño apuntando al pobre Sasuke que seguía temblando – se ve a la legua que es un idiota. En mi pueblo a los chicos así los abandonan en el bosque.
Separé mi cara del pecho de Ranma furiosa, dispuesta a encararme con aquel que había insultado a Sasuke, pero Ranma no me permitió apartarme de él. Con voz dura dijo – Sasuke no es idiota, no permitiré que le insultes, es un gran amigo de Akane, y le debo su vida.
- Pero…
- ¡Basta ya! – Gritó imponente el joven heredero – Las cosas serán así a partir de ahora. Respetaréis a Akane y a Sasuke y como alguien se atreva a tocarle un pelo – su cuerpo se tensó y sus ojos azules se oscurecieron levemente para luego añadir – Se las verá conmigo.
- Por lo que he podido ver – dijo Mikado haciendo de nuevo acto de presencia – Se puede defender muy bien ella solita.
- Así es – le contesté.
- Pero aun así tienes a tres perros guardianes protegiéndote – replicó con una sonrisa burlona – Princesa, será interesante tenerte aquí – y antes de que pudiera replicar se giró para caminar lentamente al centro del dojo y comenzar a estirar.
Mikado no me daba buena espina, me recordaba a Taro. Keita podía ser un cerdo pero era todo palabras, había quedado claro que a la hora de pelear era un completo inútil y un cobarde que solo se atrevía con los más débiles, Mikado en cambio era sibilino, lanzaba el cuchillo y luego escondía la mano… tendría que tener cuidado con él.
Tras un leve silencio Ranma habló de nuevo – ¿Qué hacéis ahí parados? ¡El espectáculo se acabó!
Mousse sonrió levemente y comenzó a estirar sus músculos, ayudando a Sasuke a hacer los estiramientos de forma correcta mientras que Ryoga dispersaba los pequeños grupos que aún estaban formados cuchicheando, posiblemente, su disconformidad porque mi amigo y yo estuviéramos allí.
Yo aún seguía entre los brazos de Ranma, esos cálidos brazos en los que me encantaba estar, por mucho que quisiera negarlo. Mi oreja derecha estaba justo en el centro de su pecho por lo que podía escuchar el latido de su corazón que iba un poco más rápido de lo normal.
- ¿Estas bien? – me preguntó dulcemente.
Asentí y sus manos tomaron mis mejillas con mucho cuidado, como si fuera de cristal y temiera romperme. Me apartó el rostro de su pecho para alzarlo y hacer que le mirara a los ojos, supongo que buscando algún indicio de que no le mentía.
- Estoy bien, de verdad.
- ¿Seguro? – volví a asentir y para tranquilizarlo le sonreí levemente – Yokatta…
Ese alivio en su voz me tocó el corazón. Solté una risita ahogada que él me devolvió, luego hizo un movimiento que no esperaba para nada y que me hizo sentir en una burbuja.
Sus labios tocaron mi frente con cariño, fue un beso largo y con sentimiento, un beso que hizo que mis piernas temblaran y mi corazón se acelerara. Luego juntó su frente con la mía y cerró los ojos.
- Marimacho, no le tienes miedo a nada ¿verdad?
Sonreí de nuevo con ternura pues por primera vez el marimacho no había sido dicho con intención de hacer daño, sino como un apodo cariñoso – Solo tengo miedo a que un día te pegue tan fuerte que te deje tonto y mi señora se enfade conmigo, aunque ya eres medio idiota – dije siguiéndole el juego.
Aun con los ojos cerrados apretó mis mejillas un poco más y sonrió – Torpe… boba…
Noté su nariz rozar la mía levemente y me puse nerviosa. Notaba cosquillas en el estómago, unas malditas mariposas que no revoloteaban, sino que formaban un huracán. El corazón se me iba a salir por la boca pero no me aparté, no podía, era como si un imán me atrapara y me atrajera hacia él.
Sin poder evitarlo cerré también los ojos y rocé su nariz con la mía como él estaba haciendo. Estoy segura de que todos nos miraban, que estábamos dando un espectáculo extraño y que incluso mis amigos se burlarían más tarde de nosotros, sobretodo Mousse, pero no me importaba. Estábamos dentro de una burbuja, nuestra burbuja perfecta de la que no quería salir nunca.
Un carraspeó y la ronca voz del señor panda diciendo – ¿Qué pasa aquí? – nos alertó. Nuestra burbuja explotó en mil pedazos y volvimos a poner los pies en la tierra. Abrimos los ojos de par en par, dándonos cuenta de la posición en la que estábamos y el terror y la vergüenza se asomó en nuestra cara. El color rojo comenzó a predominar la piel de nuestras mejillas y nos separamos de un salto, en menos de un segundo estábamos lo más lejos el uno del otro que pudimos.
- Pa… padre – balbuceó Ranma nervioso rascándose la nuca – No es lo que parece… yo…
Genma Saotome entró dando grandes zancadas en el dojo y tomó a Ranma del cuello del traje de entrenamiento arrastrándolo para ponerle en primera fila – No intentes justificarte, he visto suficiente para saber que no le estabas quitando una mota de polvo del ojo.
- ¡No es lo que crees! – gritó avergonzado.
- No soy idiota Ranma, no nací ayer ¡tienes una prometida y un honor que respetar! – Le gritó apuntándole severamente con el dedo – Tienes doce años ¡eres un hombre que debe empezar a cumplir sus responsabilidades! ¡No te quiero ver más a menos de diez metros de distancia de ella! – Dijo apuntándome ahora a mí – tu prometida está disgustadísima contigo y con tu madre, es hora de que seas un hombre y le des a Shampoo su lugar y a las criadas el suyo – dijo escupiendo lo último con veneno.
Ranma bajó la cabeza avergonzado y susurró – si padre.
Genma Saotome alzó la vista para chocar sus ojos con los míos. Una vez hicieron contacto me desafiaron pero yo no me acobardé, le devolví el desafío con igual o más bravura, cosa que no le hizo gracia. Suspiró hondo un par de veces y se sobó las sienes.
- Vosotros dos – dijo con falsa calma. Sabía muy bien que ese "vosotros dos" iba dirigido a Sasuke y a mí – si estáis aquí es porque mi mujer ha insistido de que así sea, porque si fuera por mí no pondríais un pie en mi dojo, sobretodo tu – dijo dirigiéndose a mí – vuestro puesto es el final de la clase, cada vez que formemos ocupareis los dos últimos puestos y os pondréis al día con lo que hagamos, me da igual si os sale o no os sale, me da igual si os tropezáis u os perdéis, ese no es mi problema, no pienso perder el tiempo enseñando a dos inútiles como vosotros.
- Llámeme lo que quiera señor, criada, niñata… lo que quiera, pero no me llame inútil si no sabe lo que soy capaz de lograr – dije seria. Genma Saotome bufó.
- Esto será una pérdida de tiempo niña, jamás llegareis a estar a la altura, no durareis un mes, pero es deseo de mi esposa que estéis aquí por lo que aquí estáis. Pero no quiero preguntas, ni interrupciones ¿queda claro?
- Cristalino – contesté retadora. El señor panda se giró y tras dar una potente orden los alumnos de la escuela Saotome se pusieron cada uno en su lugar. Cuando el grandullón de Keita intentó excusarse para ir al doctor a que le tratara las heridas, no sin antes dar una larga explicación de cómo por mi culpa él se encontraba en ese estado, el señor panda le dijo con firmeza que un hombre debe saber enfrentar el dolor de las heridas.
Ese día fue duro, mi amigo cada poco se perdía, no atinaba un golpe ni un movimiento, no estaba acostumbrado a entrenar y menos a ese nivel, incluso yo me sorprendí. Los alumnos hacían los Katas con potencia y rapidez, todos a uno, como un ejército.
Aunque yo iba un poco más avanzada que Sasuke, más de una vez tuve que pararme e intentar seguirles el ritmo, a día de hoy creo que el señor panda comenzó a hacer ese complicado kata solo para desanimarnos a mi amigo y a mí para que dejáramos su clase, pero no lo iba a lograr, al menos no conmigo.
Ese día, en mi primer día de entrenamiento solo pensaba una cosa – esto va a ser duro, pero no me voy a rendir.
Aclaraciones:
Periodo Kamakura: El período Kamakura (1192–1333) fue una época de la historia japonesa caracterizada por ser la primera era de gobierno militar en el país. El shogunato Kamakura fue establecido por Minamoto Yoritomo después de su victoria en 1185 sobre una familia guerrera rival, los Taira; estando su centro operativo en Kamakura. Para sostener su autoridad, Yoritomo asignó jitōs (representantes) a todos los estados (shōen) en el territorio para recaudar impuestos y shugos (protectores) adscritos a una o más provincias para asesorarlo en tiempos de guerra. El sistema fue mejorado por el clan Hōjō, el cual tomó el control del shogunato a la muerte de Yoritomo. La creación del shogunato Kamakura señala el principio de la edad medieval o feudal de Japón, caracterizada por una ética guerrera de obligación, lealtad y estoicismo. Muchos elementos de la cultura japonesa que los occidentales asocian con el país como el budismo Zen, los samurái (guerreros), el seppuku (destripamiento ritual) y la ceremonia del té, datan de esta era. Las sectas budistas Jodo Shinshu y Nichiren, que enfatizan la salvación a través la fe autónoma, dieron consuelo a las masas, mientras que los cuentos de gesta les brindaron entretenimiento. Del periodo de Kamakura surgieron grandes trabajos, se independizaron más y ya no dependían tanto de los chinos.
Amaterasu: Diosa del sol en la religión sintoísta.
Mito del Kamikaze: El origen del mito kamikaze se origina en el siglo XIII, cuando una flota procedente de Mongolia, bajo el mando de Kublai Khan, se presentó en dos ocasiones (la primera en 1274 y la segunda en 1281) en costas japonesas con la finalidad de invadir el país. Afortunadamente para los habitantes, quienes no estaban preparados para combatir contra un ejército mucho mejor preparado y enfrentar una invasión de grandes proporciones, un tifón arrasó la flota invasora durante el intento de invasión de 1281. Dicho tifón fue llamado "Viento Divino" (KAMIKAZE) y considerado como una señal de que Japón era el elegido por los dioses y, por lo tanto, éstos se encargarían de su seguridad8 y supervivencia.
Sugoi: Forma de decir "Genial" o "increíble". Es una palabra que se usa cuando algo te sorprende o fascina.
Sensei: Profesor, maestro.
Sake: es una palabra japonesa que significa «bebida alcohólica», sin embargo en los países occidentales se refiere a un tipo de bebida alcohólica japonesa preparada de una infusión hecha a partir del arroz, y conocida en Japón como nihonshu (alcohol japonés). La historia del sake aún no está documentada y existen múltiples teorías de cómo se creó. Una teoría sugiere que la preparación del arroz comenzó en China, a lo largo del río Yangtsé alrededor del 4800 a. C. y posteriormente el método fue exportado a Japón. Otra teoría explica que la preparación de sake comenzó en el siglo III en Japón con el advenimiento del cultivo húmedo del arroz. La combinación del agua con el arroz resultó en la fermentación y aparición de moho en este. A pesar de todo, el primer sake fue llamado kuchikami no sake, «sake para masticar en la boca», y se hacía con arroz para mascar, castañas, mijo y bellotas. Se escupía la mezcla en un barril y las enzimas de la saliva convertían el almidón del arroz en azúcar. Entonces esta mezcla azucarada se combinaba con arroz recién cocido y se dejaba en fermentación natural. Esta forma antigua de sake era baja en alcohol y se consumía como papilla.
Yokatta: Expresión que muestra alivio. Es una forma de decir "Que bien", "Que alivio"
