y¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Muchos me decís que los personajes son un poco niños y que queréis que sean ya adultos, bien, es necesario que durante varios capítulos tengan edades de niño o pre-adolescente ya que quiero plasmar la época en la que nos movemos para que cuando llegue el momento culmen de la historia puedan tener una edad acorde al manga (16, 17 en algunos casos). Prometo que solo quedan un par de capítulos de su infancia y que pronto empezaremos a ver a nuestros personajes en edades mas adultas.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.
Sin mas os dejo leer.
- ¡El giro es hacia la izquierda, maldito idiota, te lo he repetido cinco veces! – gritaba el señor panda a Sasuke-kun quien se encogía sobre sí mismo temblando como una hoja – Esto es una pérdida de tiempo, ¡maldita sea! ¡Le advertí a Nodoka que esto era inútil!
Cerré los ojos mientras inspiraba fuertemente. Esa tarde nos tocaba entrenamiento y el señor panda estaba de muy mal humor por lo que se desquitaba con mi compañero lo que podía y mas. En realidad Sasuke se había perdido unas cien veces y tropezado el solo consigo mismo otras cincuenta, pero eso no significaba que Genma Saotome le gritara como lo hacía.
- Sumimasen – susurraba Sasuke con la vista en el suelo – No volverá a pasar.
- Por supuesto que no – el señor panda le tomó por el cuello del traje de entrenamiento y le sacó a rastras del dojo mientras los alumnos se reían silenciosamente – Ya no te soporto, este es el último día que entras a mi clase.
Abrió la puerta corrediza del dojo y de un empujón sacó a Sasuke de la sala. El cuerpo regordete de mi amigo cayó al suelo como un peso muerto y el sonido de la madera retumbó en el dojo. Los chicos a los que entrenaba el señor de la casa se carcajeaban viendo el cuerpo de Sasuke tirado fuera del dojo como si fuera un perro.
- No te quiero volver a ver por aquí.
Tras estas palabras, Genma Saotome cerró las puertas en un golpe seco, los alumnos dejaron de carcajearse pero en sus caras seguía pintada una estúpida sonrisa que quería borrar a golpes. Busqué con la mirada a Mousse quien tenía el rostro serio, seguramente a el tampoco le había hecho gracia el trato que Sasuke había recibido.
El señor panda caminó golpeando con sus gordos pies el suelo de madera, cuando estuvo a mi lado se frenó en seco y me señaló con el dedo índice casi rozándome la nariz – Y tú, tú te libras porque al menos no eres tan torpe, pero como molestes aunque sea una décima parte de lo molesto que es tu amigo el retrasado, correrás la misma suerte.
Me mordí la lengua deseando soltarle algún improperio en esa cara gorda y fea que tenía. No lograba entrarme en la cabeza como mi señora Nodoka, una mujer fuerte, inteligente y bella se había enamorado de alguien como Genma Saotome.
Con toda la tensión acumulada en mis músculos y la mandíbula fuertemente apretada murmuré – Sí, señor.
El señor panda lanzó un bufido y dándose la vuelta comenzó a gritar de nuevo las órdenes del Kata que estaba realizando antes de echar a Sasuke a patadas. Me coloqué rápidamente en posición mientras el hombre daba órdenes y marcaba el ritmo.
Usé todo mi autocontrol para mantenerme serena mientras hacía a la perfección cada movimiento que el kata demandaba. Golpe de puño con la mano izquierda, giro y defensa baja con la derecha, los muslos flexionados, los pies hacia dentro, caderas cuadradas y salto.
- ¡Mal! – gritó la voz del hombre panda. Me giré para preguntar que había hecho mal pero me sorprendí al descubrir que Genma no me había reclamado a mí, sino a un pequeño niño que era de los más benjamines de la clase.
- Disculpa sensei, me tropecé – dijo el pobre chico con voz temblorosa.
- Me tropecé, sensei, me tropecé – se burló Genma poniendo voz aguda. El niño bajó su vista avergonzado y sus hombros temblaron, le faltaba poco para echarse a llorar – ¡En combate si te tropiezas tu rival te mata!
- Yo…
Genma Saotome levantó la mano para hacerle callar – Otra vez desde el principio y no quiero fallos – el pequeño niño asintió colocándose de nuevo en posición – es patético que una mujer lo haga mejor que tú.
El corazón se me paró cuando la frase del señor panda llegó a mis oídos ¿acababa de decir que era mejor que un hombre? ¿Yo? Vale que lo hubiera dicho con desprecio, a fin de cuentas ese comentario no fue dicho con el fin de halagarme, más bien de insultar al pobre niño, pero por primera vez desde que daba clases con los chicos me sentí bien.
Los ojos del señor panda se clavaron en mí con desprecio – Otra vez, desde el principio.
Todos a una nos colocamos nuevamente en posición. Levanté la mano derecha lentamente, con la espalda totalmente recta y mis pierdas dobladas, cuando el señor Saotome dio una orden, todos levantamos la pierna izquierda y la chocamos con la mano mientras girábamos y poníamos una pose defensiva.
Puñetazos, patada lateral y giro a la derecha defendiendo arriba. Era un kata relativamente fácil, pero cansado por su ritmo intenso. Un par de pasos más y cuando llegó el momento del salto el sonido de un cuerpo rebotando en el suelo nos desconcertó.
- ¿¡De nuevo!? – gritó el señor panda dirigiéndose al pobre chico que temblaba en el suelo viendo como Genma Saotome se acercaba a él como un jabalí desbocado.
- Yo, perdí el equilibrio…
Al igual que hizo con Sasuke, tomó al chico del cuello de la camisa de entrenamiento y lo levantó en el aire como si fuera un conejillo asustado – Se acabó, fuera tú también, hoy no te soporto.
Una vez más la puerta del dojo fue abierta con furia y azotó al pobre chico fuera de la sala donde Sasuke estaba sentado llorando. La regla de Genma Saotome era que si te echaban fuera de la clase debías quedarte a las puertas del dojo reflexionando el porqué de que te expulsaran hasta el final de la clase, era una forma horrible de humillar a los chicos a mi parecer. Cerró las puertas y volvió raudo a colocarse en el centro de la sala.
Cruzándose de brazos dijo – Ya habéis visto lo que les pasa a los inútiles en mi clase.
- ¿Entonces que hace nuestra princesa aun aquí? – comentó Mikado con burla haciendo que los chicos se rieran, incluso en la cara del señor panda vi una sonrisa burlona.
Ranma y Ryoga lanzaron una mirada furiosa a Mikado quien ignoraba completamente esos ataques visuales. Mousse por el contrario se plantó delante de él y dijo – A lo mejor tiene más derecho que tú a estar aquí.
- Sin duda – contestó Mikado – el señor Saotome dormiría en el dojo si no estuviera ella aquí.
- Exactamente – dijo el señor panda entre risas – Mousse, vuelve a tu puesto.
- Déjelo sensei, ¿no ve que es el guardaespaldas de nuestra princesita guerrera? – la burla en las palabras de Mikado terminaron con mi ya mermada paciencia. Dando unas grandes zancadas me coloqué frente a su cara y con la voz más neutra que encontré dije:
- No necesito ningún guardaespaldas y menos si tienen que defenderme de un inútil como tú.
Mikado puso una mueca de mofa en sus facciones, esas que él creía atractivas para las mujeres pero que yo veía terriblemente corrientes, para luego con voz de superioridad decir – Querida, si fuera un inútil no estaría aquí siendo uno de los mejores de la clase.
- Si papa no hubiera pagado tu ingreso no estarías aquí en tu vida – escupí con resentimiento. Ranma soltó una risa por lo bajo secundada por Ryoga quien puso un gesto obsceno en su mano.
Mikado frunció el ceño, mis palabras le habían dolido pero no eran para nada mentira, su padre había pagado a Genma una buena suma de dinero para poder entrenar con él ya que Mikado siempre quiso ser luchador aunque era bastante mediocre, si el señor panda le adulaba es porque su padre pagaba unas buenas monedas por tenerle allí.
- Si no fuera porque vas lamiéndole el culo a la señora Saotome tú sí que jamás pisarías este dojo – los chicos soltaron unos silbidos y unas carcajadas.
El enfado me recorrió el cuerpo, desee matarlo, matarlo por insolente, por prepotente y por pensar que el mundo giraba a su alrededor solo porque tenía dinero. Desee borrarle esa cara de imbécil de un puñetazo, pero no lo hice, lo que hice fue tomarle por el cuello de su traje de entrenamiento y acercarle furiosa a mi rostro.
En el dojo se formó el silencio y los ojos de Mikado se abrieron por el asombro – Tu y yo, un combate, ahora – espeté firme. Sus ojos se abrieron aún más pero se recompuso rápidamente aparentando tranquilidad – tu y yo, hasta que uno caiga.
Le solté con desprecio y le hice trastabillar. Mikado seguía mirándome fijamente mientras se alisaba las arrugas que le había producido en su traje por mi agarre. Miró a Genma quien asintió, dando su consentimiento.
Su cabeza viró de nuevo para mirarme y poniendo por milésima vez esa mascara de superioridad e indiferencia en su cara dijo – Claro, porque no.
Sonreí con suficiencia – si yo gano, me dejarás en paz a mí y a Sasuke – luego dirigí una mirada al hombre panda – y usted readmitirá a mi amigo y comenzará a tratarnos a Sasuke y a mí como alumnos de pleno derecho y no como simples estorbos que tiene que tener a la fuerza en sus clases.
Genma Saotome se quedó quieto mirándome fijamente para luego asentir con su gorda cabeza. Mikado en cambio soltó una risa burlona – Pues claro princesita, lo que quieras pero si yo gano no volverás a pisar el dojo, ni tu ni tu amigos el retrasado.
- Acepto – contesté firme.
Los chicos comenzaron a vitorear mientras se movían hacia los lados del dojo dejándonos a Mikado y a mí en el centro, uno enfrente del otro. El resto de alumnos se sentó en el suelo mientras animaban a mi oponente, por el contrario, mis tres compañeros de entrenamiento secreto me gritaban para darme ánimos. Sabía que estaban tranquilos pues al lado de ese torpe yo era mejor, pero me hacía ilusión verles animarme de esa forma.
Cuando el señor panda nos hizo una señal nos pusimos en posición de defensa. Observé como Mikado dejaba libres unos huecos enormes en su abdomen y piernas que eran fácilmente atacables pero no avancé, sino que me moví en círculos por el dojo siendo seguida de cerca por el idiota.
- Vaya ¿Qué pasa preciosa? ¿Tienes miedo? – me preguntó burlón bajando aún más su defensa de brazos dejando prácticamente el pecho expuesto. Lanzó un golpe que fue fácilmente esquivado.
- ¿De ti? Jamás – contesté avanzando rápidamente tomándole por sorpresa. Lancé una patada media a su pecho. Mi pie impactó limpio en el tórax de Mikado quien se tambaleó asombrado.
Los chicos que antes vitoreaban, ahogaron una exclamación que se multiplicó cuando uno de mis puños impactó en su mejilla. Al ver que la defensa del castaño estaba totalmente quebrada, levanté mi pierna para girar sobre mi misma y golpear la cabeza de Mikado cuyo cuerpo cayó al suelo como un peso muerto.
Había ganado en un tiempo record. Mi mirada estaba clavada en el chico tendido en el suelo quien se sujetaba el labio con un gesto de dolor. Algunos murmullos llegaron a mis oídos y entonces el señor panda se acercó a Mikado para comprobar que estaba bien.
Lancé una mirada a mis compañeros que me miraban orgullosos alzando un dedo hacia arriba, señal que contesté con una sonrisa. Genma Saotome levantó un brazo y dijo – Akane vencedora.
Los alumnos comenzaron a abuchear pero a mí me daba realmente igual. Había ganado mi primer combate contra un hombre y me sentía plena y feliz. Ahora que había tumbado a Mikado, Sasuke y yo podríamos entrenar como el resto de los allí presentes y ese idiota nos dejaría en paz. Me había salido la jugada redonda.
Con algo de dificultad Mikado se levantó despreciando la ayuda de un compañero que se había acercado a el rápidamente. Su mano seguía en su boca de la cual escurría un hilo de sangre. No fui consciente de que le pegué tan fuerte hasta que el líquido rojo que escurría por sus manos dio de lleno en el suelo, por lo visto tenía tanta fuerza como Ranma y Mousse decían.
- Has hecho trampa, el combate es nulo – masculló escupiendo el resto de sangre en el suelo.
- ¡Eso no es verdad! – grité enfadada.
- ¡Sí que lo es! ¡Hiciste trampa, maldita bruja! – gritó un muchacho de unos veinte años.
- ¿Y de qué forma? – Preguntó Mousse quien se había acercado a mí – lo hemos visto todos, gano de forma legal.
Ryoga que también se había acercado dijo – Akane ha vencido por lo que ahora Mikado deberá aceptar que está aquí por pleno derecho y dejar de molestarla.
- Y el señor Saotome también debe cumplir su palabra – sentencié yo con la vista fija en el señor panda.
Genma Saotome no había pronunciado palabra, estaba quieto en el centro del dojo y cruzado de brazos en una pose de superioridad. Poco a poco su cara se deformó en una mueca burlesca y dijo – esto aún no ha terminado.
Los ojos del señor de la casa se dirigieron hacia el cuerpo de Ranma quien seguía quieto en su sitio – Ranma, te toca.
- ¿Qué? – Peguntó el heredero Saotome – ¿de qué hablas padre?
- Tendrás un combate con Akane. Ahora mismo, venga, levanta.
- ¿Por qué? – Preguntó Ranma con mal humor levantándose del sitio – Yo no quiero pelear contra ella.
- Mikado es un rival muy débil para una muchacha tan bruta como ella – me ofendí por lo dicho por el viejo Genma, no sabía si eso era un halago o era un insulto pero me había molestado de sobremanera – tú en cambio eres un rival digno, un rival que la hará bajarse de esa nube en la que esta subida.
- Yo no estoy subida en ninguna nube – protesté
- Sí que lo estas – me contesto con burla – piensas que eres muy fuerte, una gran artista marcial, pero Mikado es muy débil – el muchacho iba a protestar pero la severa mirada del señor panda le callo – es hora de que te enseñen que sigues siendo una niña torpe.
Apreté mis puños con fiereza y lance una mirada a Ranma quien me miraba algo preocupado. Me coloque en posición de defensa y le lance una sonrisa. Realmente la idea de pelear con Ranma me gustó, poder medirme con alguien fuerte y no con un torpe como Mikado era algo que llevaba buscando mucho tiempo y por fin Kami me había otorgado la oportunidad.
- No voy a pelear contigo – me contestó serio.
- ¿Por qué no? – pregunté con seriedad.
- Eres una chica – respondió encogiéndose de hombros – y yo no peleo con chicas, es aprovecharse de su debilidad.
Una vena en mi frente comenzó a hincharse ¿Cómo era posible que Ranma dijera algo así? ¿Cómo se atrevía a llamarme débil? Debido a mi creciente enfado lance un par de puñetazos torpes que el fácilmente esquivo – Pelea ¡maldita sea!
- ¡No! – Contestó esquivando mis golpes – no quiero hacerte daño.
- No soy una debilucha a la que tienes que proteger ¡deja de esquivarme y golpea!
- Me niego – contesto Ranma con calma mientras se alejaba un par de pasos de mi – no voy a golpear a una chica.
Apreté mis puños con furia y le lancé un patada alta que esquivo moviéndose levemente hacia la derecha, con demasiada facilidad – No tendrás tanta suerte ¡vamos golpéame!
- He dicho que no, no seas terca – me contestó mientras de nuevo esquivaba una patada – ¡Basta Akane!
- ¡No! – con furia me lacé hacia el lanzando golpes a diestro y siniestro que el esquivaba con tranquilidad. Este hecho me encendió aún más, no podía encajar un golpe en el cuerpo de mi joven señor y él ni siquiera hacia el esfuerzo por defenderse, solo esquivaba con parsimonia cada uno de mis ataques.
Un puño le pasó rozando la cabeza, y ese gesto fue lo más cerca que estuve durante todo el combate de golpearle. Le vi crisparse y apretar los puños – Akane, te vas a hacer daño.
- No seas cobarde y lucha como un hombre ¿o es que en el fondo eres una nena asustada?
Sus ojos azules se oscurecieron y su ceño se frunció. Sonreí internamente porque había dado en el clavo, sabía bien que puntos tocar para sacar a Ranma de quicio. Pensé que con eso me atacaría y tendríamos un combate real del que obviamente saldría vencedora, pero no fue así.
- Te lo advertí – dijo con voz dura. Pegó un salto enorme y apoyando su mano sobre mi cabeza para darse apoyo apareció a mi espalda en milésimas de segundo. Noté como me tomaba por el cuello y me giraba para hacerme caer en el suelo de espalda y con su pierna derecha inmovilizaba mi cuerpo.
Había perdido.
Sus ojos azules chocaron contra los míos una milésima de segundo y noté que a diferencia de mí que respiraba con dificultad debido al cansancio físico, él estaba en perfectas condiciones, ni siquiera sudaba.
- Ranma vencedor – dijo la voz orgullosa del hombre panda. De fondo se escucharon los vítores y aplausos del resto de chicos que habían presenciado la escena en silencio, pero no les hice ningún caso, mi atención seguía puesta en Ranma quien con una sonrisa pomposa dijo – te lo advertí.
Noté mis lágrimas llenarme los ojos, comencé a sentir unas inmensas ganas de llorar debido a la humillación a la que había sido expuesta. Fue mi culpa si, por querer luchar contra alguien como Ranma, pero saber que ese cretino se burlaba de mi delante de todos los odiotas a los que entrenaba Genma Saotome me enervaba. Con esfuerzo intente quitar su pierna de mi pecho, pero era inútil, solo conseguí levantarme cuando el apartó su extremidad y se puso también en pie.
- Ya lo has visto Akane, aun no estas lista, debes entrenar más.
No dije nada, simplemente apreté mis puños y salí del dojo humillada mientras el resto de personas que había dentro se reían de mí, de mi humillante derrota. Salí rápida sin mirar atrás, sin hacer caso a los llamados de Ryoga, sin hacer caso a Sasuke que me vio pasar a la velocidad del rayo. Salí corriendo de ese dojo como alma que lleva el diablo para perderme entre los jardines de la casa Saotome.
Caminé y camine hasta que llegue al banco de piedra que solía ocupar algunas tardes con Mousse y me dejé caer en él, notando que mis lágrimas caían por mis mejillas de manera amarga. Había sido derrotada por un hombre, y no cualquier hombre, me había derrotado mi joven señor, Ranma…
No lloraba por el hecho de haber perdido, lloraba por el hecho de que ahora todos se burlarían de mí, nadie me tomaría en serio después de aquello, porque habían visto que seguía siendo una chica débil, fácil de derrotar. El joven señor no había encajado ni un golpe sobre mí y me había derrotado. Era humillante.
Allí en aquel jardín derrame todas las lágrimas de furia y vergüenza que tenía guardadas. Pero no pensaba rendirme, volvería al dojo y demostraría que podía mejorar. No iba a hundirme por el hecho de que Ranma me hubiera ganado, demostraría que podía superarle. Esa tarde llegue a una conclusión: seria la guerrera más fuerte de todos los tiempos, más fuerte incluso que el joven Ranma.
Los días siguientes pasaron con calma, cuando volví al dojo fui víctima de las burlas de mis compañeros, pero sorpresivamente Mikado no me decía nada, ni siquiera me miraba, al parecer era un hombre de palabra.
El señor panda, por el contrario no fue un hombre de palabra. A pesar de haber vencido a Mikado y de haber aceptado la vuelta de mi amigo a sus clases, siguió tratándonos como alumnos de segunda a Sasuke y a mí, entonces me di cuenta de la razón que tenía Nodoka-sama cuando hablaba de su esposo. Genma Saotome era un hombre sin palabra y sin honor. A pesar de haber faltado a su promesa, yo no me di por vencida, seguía las clases con esfuerzo para evitar el mínimo reproche por su parte y hacía lo posible para destacar por encima del resto de hombres de la clase.
No hablaba con Ranma, por más que el muchacho intentara mantener una conversación conmigo yo no quería ni mirarle desde que me venció. No me enfadaba el hecho de que me ganara, lo había hecho limpiamente, pero si me había molestado mucho el hecho de que en un principio se negara a pelear contra mí, como si yo no tuviera el nivel necesario para enfrentarme a él. Me ofendió mucho el hecho de que pusiera la excusa de que soy mujer para no tomarme en serio, me decepciono, pues yo pensaba que Ranma era diferente, pero en realidad era igual de idiota que su padre, por eso desde que nos enfrentamos no quería ni cruzar una palabra con el.
Política y socialmente hablando, Japón se encontraba en un periodo extraño y de bastante inestabilidad. El señor panda no quería que mi señora fuera a Edo debido a los problemas que allí había. Debido al tratado comercial que se había firmado permitiendo por fin la entrada de comerciantes extranjeros al país, Japón se vio de repente prácticamente invadida por buques ingleses, rusos y americanos que venían al país para hacer negocios. Este hecho encendió más la mecha de malestar general que había en Edo entre las clases samuráis y aquellas personas que no estaban de acuerdo con que los extranjeros entraran en Japón.
Cada día en Edo había peleas y motines, los robos estaban a la orden del día y el señor panda no veía prudente que mi señora, mis compañeras y yo fuéramos sin escolta a la ciudad, mas mi señora se negó en redondo alegando que sabía defenderse perfectamente sola y que el malestar social no terminaría con su rutina.
Una tarde en la que estaba en mi habitación recogiendo lo necesario para mi paseo por la ciudad con Nodoka-sama, Ranma apareció por la puerta.
- ¡Oe! Akane.
Le ignoré. Hice oídos sordos a aquella infantil voz que me llamaban mal humorado. No pensaba dar el brazo a torcer, me había decepcionado el hecho de saber que para Ranma yo no tenía valor como guerrera.
- No seas infantil Akane – nada, ni una palabra salió de mis labios, lo que le ofuscó aún más. Me tomó con brusquedad del brazo y me hizo girar para captar mi atención – Diablos Akane ¡al menos dime que te he hecho!
Fruncí el ceño mientras me intentaba soltar del agarre férreo que la mano de mi joven señor tenía sobre mi brazos – ¿No lo sabes?
- ¡No! – gritó frustrado sin soltarme – si lo supiera no estaría desesperado por hacer que una niña marimacho me hablara.
-¡Serás idiota! – grité zarandeándome aún más. Su agarre me estaba apretando de tal manera que mi brazo empezaba a doler – ¡Suéltame bruto! ¡Me estás haciendo daño!
La mano de Ranma me soltó como si le quemara. Me sobe el brazo un momento para quitar el dolor que sentía y le lancé una helada mirada que le hizo estremecer – ¿Quieres saber que me pasa contigo? ¡Me pasa que eres un idiota!
- ¿Qué te he hecho? – me preguntó casi desesperado.
- ¡Que no has hecho, más bien! – Le grité con ira – ¡No me tomaste en serio en nuestro combate! ¡No quisiste pelear conmigo porque soy una chica!
Ranma se quedó estático en su sito mirándome fijamente. En sus ojos asomaba el brillo de la sorpresa, su boca estaba medio abierta y apenas parpadeaba. Su rostro cambio entonces de la sorpresa al aburrimiento y tras soltar un breve suspiro se rascó la cabeza – Esto es increíble ¿estas enfadada porque no te quise golpear?
Asentí un par de veces con firmeza y Ranma se sobó el puente de la nariz – No me lo creo, estas enfadada porque no quise golpearte…
- No me tomaste en serio – le escupí con veneno – en el fondo eres igual que tu padre, no me tomas en serio por el hecho de ser mujer.
- ¡Eso no es verdad! ¡Si no te tomara enserio no habría aceptado entrenarte! ¡No digas que no te tomo enserio cuando es gracias a mi por quien empezaste a entrenar!
- ¿Encima te tengo que dar las gracias? – le pregunté con sarcasmo. Si había algo que Ranma no soportaba era el sarcasmo, según él se usaba para reírse de la gente, para hacer sentir al otro un idiota de los pies a la cabeza y por eso siempre que discutíamos usaba un tono sarcástico, solo para sacarle de quicio.
Y funciono.
Los ojos azules de mi joven señor se oscurecieron, su rostro se transformó en una mueca de enfado que me hizo estremecer aunque supe disimularlo, antes muerta que hacerle saber a mi joven señor que me intimidaba, sus manos estaban apretadas firmemente en forma de puño y su cuerpo estaba tieso, tan tieso que incluso temblaba.
- Haz lo que quieras… ¡piensa lo que te dé la gana! ¡Marimacho! ¡Tonta! ¡Eres una debilucha con ínfulas de guerrera!
Ranma salió de mi habitación maldiciendo. Me quede atónita por lo dicho por el heredero Saotome, pero si este pensaba que me iba a quedar callada iba listo. Avancé a paso firme y asomé la cabeza por la puerta para gritar en dirección hacia la que se había ido – ¡Tú sí que eres un tonto! ¡Lárgate de mi vida! ¡No te necesito, niño mimado!
- Akane – la seria voz de mi señora me hizo palidecer. Cerré la boca con rapidez y me gire para ver a Nodoka-sama quien estaba en pie justo a mi lado mirándome con una expresión severa. Si había algo que mi señora no aguantaba era que alguien le gritara a su pequeño bebe, y aunque muchas veces nos había visto pelear y no había dicho nada, debido al mal humor que la rodeaba últimamente, esa vez supe que se había molestado conmigo.
- Mi señora yo…
- ¿Te parece normal hablarle así a tu futuro señor?
Enrojecí hasta la punta del pelo y me agaché haciendo una profunda inclinación – Sumimasen, mi señora, yo no quería…
- Levántate – me cortó pasando por mi lado – tenemos que irnos. Shampoo y Ukyo ya están fuera esperándonos.
- Hai, Nodoka-sama – murmuré con tristeza. Lo que me quedaba ese día, enfadarme con Ranma y que mi señora Nodoka me regañara, si es que, hay días en los que es mejor no despertarse.
- Señora – hablé con cuidado mientras caminaba tras de ella. Su porte elegante me incomodaba. Soltó un bufido para hacerme saber que me escuchaba – no creo que sea prudente ir a Edo, las reyertas…
- Unos cuantos imbéciles no van a quitarme mis rutinas. Si quiero pasear, paseo, si quiero ir al mercado, voy. El miedo no me va a impedir hacer vida normal.
Asentí y no dije nada más. Me fascinaba la visión del mundo que tenía mi señora, era una forma de ver la vida que pocos tienen. Disfruta, haz lo que te haga feliz, no seas quien no eres por el miedo al qué dirán, tu eres tú y no debes cambiarlo… era una forma de vivir que yo quería tener también. Mi señora no iba a renunciar a su vida por la posibilidad de que un borracho se metiera con nosotras.
Por eso allí nos hallábamos, mi señora, Shampoo, Ukyo y yo, de camino a Edo. Mis compañeras estaban nerviosas, se les notaba. Shampoo jugaba cada poco con su pelo y Ukyo se frotaba las manos cada dos segundos. Yo en cambio iba calmada al igual que mi señora, bueno, no podía mentir, algo intranquila si que estaba pero no por el hecho de que un idiota me asaltara, sino por miedo a que algo le ocurriera a Nodoka-sama. El carro en el que íbamos se movía extremadamente lento, el conductor miraba asombrado a mi señora, como intentando adivinar por qué una mujer de buena familia querría ir a Edo sola y sin la protección de un hombre en los tiempos que corrían, sin embargo no dijo nada y siguió golpeando con el palo de madera el lomo del buey que nos desplazaba.
Cuando llegamos a la ciudad no parecía que había cambiado nada desde la última vez que estuve. El mercado seguía lleno de gente, los comerciantes dicharacheros intentando engatusar a alguna mujer para que comprara sus productos, los niños jugando por la calle, los hombres bebiendo y jugando al go… nada diferente que me alertara de que en la ciudad se respiraba un aire de problemas sociales.
Cuando nos bajamos del carro mi señora nos miró y dijo – En cuanto la cigarra se escuche, nos encontraremos aquí de nuevo.
- Pero señora – habló Ukyo con nerviosismo – No debemos separarnos, al menos no hoy.
- Ser cierto, el señor Genma…
- No me importa lo que pudiera haber dicho Genma – cortó mi señora a la china – Siempre hacemos lo mismo ¿no? Cuando venimos a Edo cada una toma su camino, esta vez no va a ser menos.
- Pero no había problemas de robos y agresiones – volvió a hablar Ukyo.
- Si vas con miedo por la vida, al final mueres sin vivir – dijo mi señora. Esa frase me impactó, mi señora tenía más razón que un santo, no puedes dejar de hacer tu vida por miedo al que dirán o por temor a fallar en el intento de buscar el destino que tu quieres forjarte. Mi señora era valiente y me maravillara que, a pesar de que cada día las mujeres de su condición que salían solas en Edo, sin compañía alguna, eran asaltadas, al igual que comerciantes y tenderos, mi señora iba a dar su paseo sola, como siempre hacía. Sin miedo a nada. Mas no estaba dispuesta a perderla de vista por mucho que ella se empeñara.
- Esta bien mi señora – dije con voz solemne – Por favor, vaya a hacer sus quehaceres, Shampoo, Ukyo y yo iremos a dar una vuelta por la ciudad.
Mi señora asintió – No os separéis ¿entendido?
Las tres movimos afirmativamente la cabeza y Nodoka-sama se giró para perderse entre las calles de la ciudad. Mis compañeras comenzaron a increparme, a llamarme temeraria y a avisarme de que como a mi señora le ocurrieran algo ellas no se harían responsables y que mirarían desde su asiento como mi cabeza rodaba por el suelo a manos del hombre panda.
- No seáis ingenuas – dije – No voy a dejarla sola, la vigilaré.
- Si te pilla será peor que si algo le pasa – dijo Ukyo – ¿es que quieres que te eche de la casa? ¿que te azote con una vara de bambú hasta que se te separe el pellejo de la carne?
Me encogí de hombros – Si no me ve no pasara nada, mientras me camufle entre la multitud no habrá problema – le guiñé un ojo con una sonrisa.
- Estas loca, ¡loca! – me gritó la castaña.
- Dejarla Ukyo, si señora Nodoka pillarla y expulsarla de casa, mejor para todos.
- Siempre tan amable ¿no Shampoo? – contestó con tono irónico Ukyo. Rodé los ojos y miré hacia atrás con nerviosismo, si me demoraba más perdería totalmente la pista de mi señora y entonces sí que no podría encontrarla.
- Yo me voy, vosotras permaneced juntas y en sitios muy concurridos – mis compañeras asintieron y yo salí corriendo en la misma dirección que mi señora sin pensar muy bien en lo que hacía. Era una temeridad pues si salía mal iba a recibir un castigo severo, y si salía bien también sería castigada porque posiblemente Shampoo se chivaría de que seguí a mi señora en cuanto tuviera ocasión y tendría que sufrir la ira de Nodoka-sama, pero me daba igual, lo importante era proteger a mi señora.
Pasé un par de calles abarrotadas pero no la encontré, gire a la derecha hacia una zona de casitas bajas de madera y papel en la que los comerciantes de telas mostraban sus nuevas adquisiciones y allí la encontré. Entre un grupo de gente mi señora hablaba con una anciana quien le hacía pequeñas inclinaciones seguramente adulándola para conseguir que le comprara alguno de sus kimonos.
Me escondí en una esquina sin quitarle los ojos de encima. Una mujer regordeta que estaba sentada en un pequeño taburete de madera, sudando y con el kimono remangado mientras se abanicaba el cuello con un Uchiwa me miró de malas maneras. Cuando quise preguntarle porque me observaba así me di cuenta que desde mi posición tapaba el mueble repleto de tazones y platos de porcelana que tenía expuestos y listos para vender. Avergonzada me aparté y le pedí disculpas haciendo una inclinación pero ella solo gruñó como un cerdo enfadado y siguió abanicándose.
Me giré para buscar con la mirada a mi señora y vi que había avanzado a paso lento por las calles parándose de vez en cuando en algún puesto, la seguí desde una distancia prudente, no quería que me descubriera intentando no chocar con la gente y usándolos de escondite cuando mi señora se giraba en mi dirección. Pasó por varios puestos de comida y se paró a contemplar uno de espadas, me di cuenta de que ese puesto era el mas abarrotado de todos. Un enorme grupo de personas se aglomeraba en la entrada de la tienda y no por el material que vendía, sino porque un hombre extranjero estaba probando una katana que parecía realmente antigua.
La gente de Edo no estaba interesada en el viejo vendedor de Katanas, sino en el rubio hombre que estaba blandiendo el arma de forma torpe, pero mi señora no, mi señora estaba admirando la belleza de un kaiken colocado en una vitrina de cristal. Me sorprendió observar que mi señora ignoraba el hecho de que allí donde íbamos encontrábamos a algún grupo de extranjeros, altos, rubios de ojos claros y vestidos con extraños ropajes negros y sombreros enormes en sus gordas cabezas. Era como si mi señora los hubiera visto toda la vida y no se sorprendiera de ver por las calles de Edo a esos hombres con cara de rana.
Yo, allí donde iba me quedaba asombrada al ver la altura de esos extranjeros, algunos con piel bronceada pero no mucho, como los ancianos que se dedicaban al campo en mi pueblo natal y con la cara cubierta de pelo. Lo normal en un japonés es tener poco pelo en la cara, pero ellos lo llevaban cubriéndoles toda la parte baja de la cara, como si fuera una mascarilla.
Cuando salí de mi asombro al ver como ese hombre rubio movía la katana, observé que Nodoka-sama había avanzado de nuevo. Seguí a mi señora quien tras pasar por un un sinfín de calles cada vez con menos gente en ellas, se desvió por un camino que dio a una pequeña plaza apenas concurrida. Me puse nerviosa pues no era seguro para una mujer deambular sola por sitios en los que casi no había gente. En esa plaza solo había un par de bares, algunas tiendas cerradas y un banco de piedra bajo la sombra de un árbol. Era un sitio hermoso y tranquilo, pareciera un pueblo del campo dentro de la inmensidad y ajetreo de la ciudad.
Mi señora se sentó en el banco y yo me quedé alejada, escondida tras la esquina de una vieja casa cerrada. Observé su semblante calmado, como cerraba los ojos y sonreía mientras disfrutaba del fresco viento que soplaba de vez en cuando moviendo de manera leve los mechones sueltos de su recogido. Con el aire, la copa del árbol que refugiaba a mi señora se movía dejando pasar los rallos de sol entre sus hojas por lo que los bordados dorados de su kimono relucían como si fueran de oro. Sonreí al ver la bella estampa que mi señora me regalaba. Yo quería ser como ella, bella, inteligente y fuerte.
Quería ser una mujer sin miedo e independiente, una mujer que sabía lo que quería y batallaba para conseguirlo, una mujer que estaba siendo rodeada… por tres hombres armados.
Mi cuerpo se tensó y me puse en alerta la ver como lo que parecían tres samuráis de bajo rango se acercaba tambaleantes a mi señora quien frunció el ceño y se levantó de su sitio para irse.
Desde la distancia no podía escuchar lo que decían, solo podía ver como esos tres hombres desenvainaban su espada y apuntaban a mi señora con ella, posiblemente obligándola a entregarles los objetos de valor que llevara. Mi señora echó mano a su manga del kimono para sacar unas cuantas monedas y se las dio con tranquilidad. Dos de los hombres debieron verse satisfechos pero el otro no, el otro tomó el mentón de mi señora con sus asquerosas manos y acercó su rostro al de Nodoka-sama quien intentaba zafarse del agarre.
Los otros dos hombres se fueron tambaleándose gritando algo que no llegue a escuchar pero que causo la risa del otro quien tomó a mi señora por los brazos. Nodoka-sama intentaba soltarse sin éxito mientras que ese cerdo le tocaba por encima del kimono.
Escuché el grito de auxilio de mi señora y solo pude salir corriendo de mi escondite para enfrentar a ese mal nacido. Corrí tan rápido que en una milésima de segundo ya estaba junto a ellos empujando a ese asqueroso que se había intentado propasar con mi señora.
- ¡Akane! – Me gritó Nodoka-sama – Huye, ve a pedir ayuda.
- ¡No la dejare sola! – le grité.
- ¡He dicho que te vayas!
- ¡No! ¡Es mi deber protegerla! – pegué un grito de dolor al notar como mi largo pelo era agarrado con fuerza. Esa bestia me había tirado del pelo con la fuerza de un elefante y me había lanzado al suelo.
- Vaya, vaya, pero que tenemos aquí, otra preciosidad – dijo con la lengua torpe. Apestaba a sake barato y se tambaleaba, con un poco de suerte, sangre fría y toda mi fuerza bruta podría derrotarlo y huir de allí con mi señora de una pieza.
- Aléjate de ella cerdo – dijo mi señora lanzándose hacía el con la intención de golpearlo.
El hombre le dio una bofetada que la hizo girar y caer también al suelo. Esa fue la gota que colmó el vaso para mí. Nadie golpeaba a Nodoka-sama frente a mí, nadie. Con ira, mi pierna derecha barrió la suya y gracias a Kami, la cantidad de alcohol que había en el organismo de ese hombre ayudó a que perdiera el equilibrio y cayera como un peso muerto al suelo.
Allí estábamos, mi señora, ese hombre y yo, en el suelo. El intentó incorporarse pero fui más rápida y me subí sobre el comenzando a golpearle. El hombre se intentaba cubrir como podía pero no servía de nada, mis pequeños puños impactaban en su cara y si bien no le hacía daño, al menos servían para tomarle por sorpresa y poder huir.
- Akane, vámonos, déjale vámonos.
- ¡No vuelvas a ponerle la mano encima a mi señora!
- ¡Akane! – gritaba Nodoka-sama mientras me intentaba separar de él.
El borracho me tomó de una muñeca y con su otra mano sacó una daga que tenía amarrada al cinturón que cerraba su kimono y me la clavó en el costado. El grito que soltó mi señora me retumbó en la cabeza. Debido al miedo y la adrenalina del momento no sentí dolor alguno, solo un calor que se extendía desde mi costado atacado a lo largo de toda mi pierna, era el calor de la sangre que fluía de mi herida.
El hombre me apartó de un empujón y levantándose se largó tambaleándose. Entonces cuando el asombro pasó, fue cuando empecé a notar el horrible dolor causado por la puñalada. Era un dolor intenso y abrasador, como si me hubieran metido entre la piel un trozo de metal ardiendo. Me deje caer al suelo mientras notaba que la sangre se escapaba de mi cuerpo.
Me entró de repente una somnolencia que me preocupó, no debía cerrar los ojos, no quería cerrar los ojos porque quizás sería la última vez que viera la luz del sol. Al estar boca arriba solo podía observar el cielo, era de un precioso azul y no había apenas nubes, un par de pájaros pasaron justo encima de mí trinando y un rayo de sol cruzó frente a mis ojos cegándome.
Este era el fin, lo intuía. Mi señora se arrodilló a mi lado con lágrimas en los ojos mientras que se rompía el kimono y presionaba la herida con la tela. No escuchaba que decía, no escuchaba nada que no fuera un pitido, como un sonido blanco que me daba paz. Este era el final de mi vida y estaba contenta, porque había salvado a mi señora.
Noté las lágrimas acumularse en mis ojos y miré a Nodoka-sama quien me gritaba algo, no entendía muy bien el que. Sus lágrimas caían en cascada por sus mejillas y yo solo pude sonreír – No llore mi señora, lo hice por usted…
- ¡Tonta! ¡En cuanto te cures te juro por Kami-sama que no veras la luz del sol porque te voy a castigar como nunca te he castigado!
Solté una débil risa – Sumimasen, mi señora, pero sabe bien que no podía permitir… que le hicieran daño – me dolía al hablar, me dolía al respirar… me dolía todo el cuerpo y la cabeza me daba vueltas. Noté como mi vista se volvía borrosa y el rostro de mi señora se difuminaba.
- No Akane… ¡no cierres los ojos! ¡Akane no los cierres!
- Estoy feliz, mi señora – dije débilmente – Al fin me voy a reencontrar con madre… prometo cuidarla desde donde esté.
- No digas tonterías – lloraba mi señora – No vas a morir ¿entiendes? Aun tienes que crecer y ser alguien ¿recuerdas? ¡El rio! ¡Tú eres el rio! ¡Nadie mata al rio!
- El verano, señora, las sequías matan el rio…
Mi señora negó fervientemente – No es cierto ¡el rio nunca muere del todo! ¡Se secan los lagos y las fuentes! ¡Pero los ríos sobreviven! ¡Siempre queda un poco de agua!
- Mi señora… ittai…
- Akane – mi señora ahogó un gemido de dolor y pegó su frente a la mía mientras poco a poco cerraba los ojos y me sumía en la oscuridad. No había miedo, no había desesperación, sino una embriagante paz y tranquilidad. No tenía miedo a morir, es más, aceptaba la muerte con los brazos abiertos si con ella había logrado salvar a una de las personas más importantes para mí.
En la oscuridad en la que estaba apareció entonces un rostro, el de Ranma… mi joven señor. Me causaba tristeza morir sin decirle que a pesar de nuestras discusiones, realmente le apreciaba. Me daba pena morir sabiendo que estaba enfadado conmigo por no hablarle sin mas motivo que mi orgullo herido, sin haberle abrazado una última vez, pero, de algo estaba segura, allí donde estuviera también le protegería, sería su guardián, para siempre. Porque Ranma, mi Ranma, para mí era todo. Era la alegría, la tristeza, la desesperación, la brisa en el verano, la lluvia durante las sequías, era el ying de mi yang, era mi dragón… Ranma… ojala pudiera verte una última vez…
Poco a poco, la cara de mi joven señor se difumino y caí en el vacío. Llegó mi hora, Akane Tendo iba a morir.
Un rayo de sol atravesó mi oscuridad molestándome. No sabía lo que era, solo veía un punto de luz en medio de la negrura en la que me encontraba, ¿era eso quizás las puertas del cielo? ¿Era la nueva vida? No lo sabía pero algo era claro, ese halo de luz molestaba terriblemente. Comencé a escuchar el canto de los pájaros a lo lejos y los pasos de alguien moverse cerca de mi ¿es que estaba reencarnándome? ¿Iba a nacer de nuevo? ¿O es que seguía viva? Con dificultad fui intentando moverme, intentando abrir los ojos… y lo logré.
Abrí mis parpados y ante mí se encontraba mi señora dormitando. Miré a mí alrededor para ver donde me encontraba, era mi habitación en la casa de los Saotome, todo parecía en orden y calma, entonces ¿no había muerto? ¿había sido todo un sueño? Con cuidado moví mis brazos pero una punzada de dolor me frenó en seco.
- ¡Itte! – me quejé. Nodoka-sama abrió sus marrones ojos de par en par al escuchar mi grito. En su cara se dibujó una enorme sonrisa y se movió para acercarse a mí con gesto de alivio.
- Akane-chan, ¡despertaste!
- Nodoka-sama ¿qué paso?
Mi señora frunció levemente el ceño – Que una vez más te hiciste la heroína y corriste un riesgo estúpido ¿Es que no aprendes?
- Sumimasen…
Tras soltar un leve suspiro Nodoka-sama me tomó levemente la mano – No puedes creer el susto que nos has dado a todos, creíamos que te perdíamos para siempre.
- Recuerdo pelear con ese hombre y…
- Te apuñaló – completó mi señora – Pero tranquila, ya ha sido juzgado, Ranma y yo nos encargamos de que pagara las consecuencias.
- ¿El joven señor? – pregunté asombrada.
Mi señora asintió – Cuando llegamos contigo inconsciente se volvió loco, quiso ir a Edo y buscar al culpable, si le vieras…
- ¿Cómo lo encontraron?
- Di una descripción detallada, por lo visto ese hombre ha creado más de un problema en Edo, pero ya no volverá a hacerlo.
- ¿Qué le han hecho? – pregunté, esperaba que se pudriera en la cárcel.
- Se podría decir que su cabeza y su cuello ya no se llevan bien – contestó mi señora con voz fría.
Abrí los ojos de par en par e intenté incorporarme pero el dolor era insufrible y volví a caer sobre el mullido futón – quieta Akane, no hagas esfuerzos, la herida se podría abrir de nuevo.
- ¿Le mataron?
- Así es – contestó mientras me tapaba bien – En un principio querían cortarle una mano pero Ranma y Mousse presionaron a los altos mandos para que el castigo fuera más severo. Si les vieras, parecían dos hombres hechos y derechos.
- Pero… la muerte… me valía con una temporada encerrado.
- Ya había estado encerrado Akane, pero cada vez que salí volvía a delinquir, está mejor muerto.
Puede que tuviera razón, ese cerdo merecía un castigo severo pero, ¿la muerte? ¿Era necesario arrebatarle la vida a una persona? Me quedé pensativa durante unos instantes intentando hacer funcionar de nuevo mi cerebro, rememorando lo que había pasado ¿Cómo había llegado a casa? ¿Y cuánto tiempo llevaba inconsciente? Mi señora debió leer mi mente porque soltó una débil risa y dijo:
- Llevas una semana inconsciente, pensamos que no te veríamos despertar nunca más…
- Siento haberlos preocupado, pero era mi deber señora.
- Tu deber no es morir por mi Akane. Yo no te he otorgado ese deber.
- Pero me lo otorgué a mí misma, señora.
- ¿Por qué? – Me preguntó con tono desesperado – ¿Por qué harías semejante idiotez?
- Porque usted me salvó a mí, señora – contesté tomándola por sorpresa – Cuando mi propia hermana me vendió, usted me podría haber rechazado y dejarme en la calle, pero no lo hizo. Cuando tuve el percance con Shampoo y hui, pudo dejarme perecer bajo la lluvia, pero me fue a buscar – relaté con calma. Los ojos de mi señora se aguaron mientras débilmente me tomaba la mano – Cuando el padre de Taro me atacó, usted se puso delante del ataque y me salvó la vida, cada vez que Shampoo me humilla, usted me defiende, dio la cara por mi ante su marido y me ofreció la oportunidad de entrenar como yo tanto deseaba… ¿y aun así me pregunta porque decidí entregar mi vida por usted?
Las lágrimas caían por la cara de mi señora sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Lanzó un débil sollozo y enterró la cara con cuidado en mi pecho mientras que su mano libre sobaba mi cabeza con cariño – eres una niña estúpida. Eres tonta.
Sonreí ante lo dicho por Nodoka-sama, sabía que eso no era un insulto, sino que mis palabras le habrán llegado a ese frio y protegido corazón que tenía. Le había tocado el alma con mis palabras.
- Siento haberles preocupado, pero créame que lo volvería a hacer mil veces si con eso usted está a salvo.
Mi señora se separó de mí, sacó un pañuelo blanco de la manga de su kimono y se limpió el bore de los ojos con el – Has tenido visita a todas horas, por más que dijera que necesitabas descansar no podía echarles – dijo señalando algo con su cabeza. Me giré para observar una pila de regalos en la esquina de mi cuarto y en medio de todos ellos un enorme ramo de camelias. Me sonrojé furiosamente al verlas y Nodoka-sama soltó una risa, seguramente adivinando el porqué de mi rojez – Son de Ranma, cada día viene para verte. Se preocupó mucho, según él no se perdonaría el que murieras pensando que estaba enfadado contigo.
- yo pensé lo mismo, cuando me desmayaba… - murmuré con timidez.
- Sois unos niños aun…
La miré curiosa y negó con la cabeza – Debo avisar que has despertado al fin, todos se pondrán muy contentos.
- Dudo que todos se alegren – comenté con burla, mi señora soltó una carcajada que inundó la habitación.
- Tienes razón, Shampoo no estará muy contenta, cada día agradecía que siguieras inconsciente – rodé los ojos con aburrimiento, era increíble lo mala persona que era la china. Por mucho que la odiara yo no me alegraría de su mal, es más, en alguna ocasión llegaba a sentir compasión y pena por ella.
- Ranma y ella han discutido bastante, cada vez que la pillaba burlándose de ti y deseando que no despertaras el enfurecía.
- Es un buen amigo.
- Sí, claro… amigo – puso una sonrisa ladeada en su cara y salió del cuarto dejándome sola. Suspire y me acomodé con cuidado en la cama. El dolor que sentía ante el mínimo movimiento era insoportable, prefería mil veces la herida que me hice en el tejado a la que tenía ahora en mi costado. Otra marca de guerra más, a este paso tendría el cuerpo de un hombre, aunque eso era lo último que me importaba.
Cerré los ojos intentando dormir un poco, estaba cansada, el cuerpo me pesaba a horrores y me dolía como mil demonios, por lo que dormir me vendría bien. Me acomodé cuando unos pasos resonaron por todo el pasillo y la puerta se abrió de par en par. Ante mis todos mis compañeros y amigos estaban parados en la puerta.
- ¡Akane-chan! – gritó Momo con lágrimas en los ojos entrando la primera en la habitación.
- Onee-chan ¡despertaste! - gritó Sasuke lanzándose al suelo junto a mi para abrazarme con cuidado.
- Que alegría que estés bien – dijo Kima quien se arrodilló a mi lado tocándome el pelo con cariño.
- Esto lo has hecho para no trabajar seguro, vaga – me dijo en broma Tomoe con una sonrisa.
- Sí, es que quería tomarme una semana de vacaciones y no sabía cómo hacerlo – contesté con dificultad intentando ponerme erguida, pero no lo conseguí.
- No te levantes – me riñó Yuri – Sigues débil y es una herida muy fea.
- Pero quiero…
- ¡Nada! – Me riñó Daisuke – tranquila, quédate tumbada, entendemos que no te puedas levantar.
- ¿Cómo se te ocurrió? – me regañó entonces Satsu.
- Es cierto, que susto nos has dado, enana – secundó Jiro.
- Lo siento, pero debí hacerlo, no podía dejar que nadie abusara de Nodoka-sama.
- ¡Eres una tonta! – la voz de mi joven señor nos hizo voltear. Ranma estaba en medio de la puerta con cara de alivio pero con un deje de enfado. Tras de el Ryoga y Mousse me sonreían aliviados.
- Me alegro de que estés bien Akane-chan – dijo Ryoga.
- S, que susto nos has dado – habló Mousse.
Ranma entró dando fuertes zancadas sin mirar quien tenía delante. La pobre Kimiko tuvo que agarrar a Nara y Sasuke para que el heredero Saotome no les arroyara. Ranma se arrodillo a mi lado y apoyó sus manos en el suelo dando un fuerte golpe – ¡que sea la última vez que haces algo tan estúpido!
- era mi deber joven señor.
- ¡No me vengas con joven señor, Akane! – Me gritó colérico – ¿sabes lo que sentí al pensar que ibas a morir estando enfadados? Jamás me lo habría perdonado…
- Pero como puede ver, no morí.
- ¡No me hables como si fuera tu señor marimacho! ¡Creí que ya habíamos superado esa fase! – Tomó mis manos entre las suyas y las apretó – Nunca más te pasara nada ¡no permitiré que vuelvas a estar en esta situación!
- Ranma… - estaba tan roja, pero tan feliz de volver a verle otra vez, de volver a discutir con él, de que me gritara y tener la oportunidad de gritarle… sonreí levemente y apreté sus manos con las mías – siento haberte asustado. Estoy bien, de verdad.
Sus ojos brillaron, ya no eran azules oscuros como la última vez que me miraron, ahora eran de un azul claro y hermoso, como el color del cielo cuando me hirieron, me miraban con un brillo especial, un brillo que estaba segura que yo también tenía en mis ojos. Vi como su rostro se acercaba a mí y noté sus labios en mi frente, con cariño.
Mi corazón retumbó en mi pecho como los tambores durante el Matsuri. Sentí una calidez tan grande que me dio paz, esa misma paz que sentí cuando estaba muriendo. Agradecí a Kami que me regalara un momento así junto con mi joven señor.
Pero un carraspeo nos sacó de nuestra ensoñación. Ranma se separó de mi tan rápido como su cuerpo se lo permitió y se alejó hasta casi la esquina de la habitación, arrodillado y con la cabeza gacha, con las mejillas de un adorable tono carmín, del mismo tono que yo las tenía.
- No por favor, no paréis por nosotros – canturreo con una adorable voz la benjamina del grupo.
- ¡Nara! – La regañó su madre haciendo a la pequeña reír – Serás impertinente…
- Onee-chan – murmuró sonrojado Sasuke mirándome como si tuviera dos narices.
- Etto… yo…
- ¡Me alegro de que estés bien! – habló Ranma de repente levantándose como si algo le hubiera mordido en el trasero – Espero que pronto puedas levantarte… yo… ¡me tengo que ir! ¡Sayonara! – y haciendo una rápida inclinación sin dirigirme la mirada desapareció por la puerta.
Los presentes nos quedamos congelados mirando en dirección a la salida de mi cuarto, pasmados por el comportamiento de nuestro joven señor, aunque en cierta manera, había sido algo normal. No era muy común que el señor de la casa tuviera ese tipo de gestos con una sirvienta de la casa y menos teniendo una prometida.
Tomoe soltó un bufido mientras negaba con la cabeza – Este chico, siempre con prisas – su mujer le regaño dándole un golpecito en la parte trasera del cuello.
- Creo que es mejor que te dejemos descansar Akane – habló Mousse tranquilo que a diferencia del resto no se había asombrado por el cariñoso gesto de Ranma para conmigo – cuanto más descanses antes te pondrás bien.
- Eso, tienes que mejorar pronto Akane-chan – habló animada Yuka – así podremos pasar una tarde de chicas cuando tengamos tiempo libre, como hacíamos antes – asentí con una gran sonrisa ante el plan de mi compañera. Antes de que la señora Nodoka me tomara bajo su ala protectora, mis compañeras y yo solíamos pasar nuestras horas de descanso juntas, charlando, riendo y criticando a los señores.
Menos a Nodoka-sama, primero me cortaba la lengua.
- Me parece un plan genial, Yuka-chan, ahora si me disculpáis, creo que dormiré un rato, está herida está resintiéndose.
- ¡Por supuesto Akane! – Dijo Momo-chan levantándose y levantando al resto – ¡Vamos, fuera, fuera, fuera, Akane necesita dormir! – a empujones expulsó a todos mis visitantes de la habitación y justo cuando ella iba a salir por la puerta se giró y dijo:
- Descansa, Akane-chan y si necesitas algo, no dudes en llamarme ¿vale? – di un leve asentimiento seguido de un bostezo. Mi amiga me sonrió y cerró la puerta con cuidado, dejándome de nuevo sola. Mis parpados pesaban y el dolor en la herida era pulsante y prácticamente insufrible. Estaba agotada mental y físicamente, solo esperaba que está herida sanara pronto y así podría entrenar de nuevo. Sonreí como una tonta al recordar el dulce gesto de mi joven señor, en el fondo aunque quisiera negármelo, era una niña enamorada de un imposible, lo cual te hace aferrarte a ese amor aún más.
Cerré mis ojos y me entregué al mundo onírico no sin antes imaginarme de nuevo el dulce beso de mi joven señor. Con ese pensamiento me dormí profundamente tras susurrar el nombre más dulce de todos – Ranma…
Aclaraciones:
Sumimasen: Lo siento.
Kata: Es una palabra japonesa que describe lo que en un inicio se consideró una serie, forma o secuencia de movimientos establecidos que se pueden practicar tanto en solitario como en parejas. Se practica kata en escuelas tradicionales de arte japonés, como por ejemplo kata en kabuki o 'formas teatrales' y en escuelas de ceremonia del té (chadō), pero se asocian comúnmente a las artes marciales. Los kata se usan en la mayoría de las artes marciales de Japón y Okinawa, tales como aikido, judo, jiu-jitsu, kobudō, kendo y kárate. Otras artes marciales previas a las japonesas como el taichí chino, y modernas derivadas de las japonesas, como el taekwondo tienen el mismo tipo de entrenamiento, pero para describirlo usan palabras en sus idiomas chino y coreano respectivamente.
Sensei: Maestro.
Oe: Es una expresión para llamar la atención de alguien.
Hai: Sí
Go: Es un juego de tablero de estrategia para dos personas. Se originó en China hace más de 2500 años. Fue considerado una de las cuatro artes esenciales de la antigüedad China. Los textos más antiguos que hacen referencia al go son las analectas de Confucio. El objetivo del juego, cuya traducción aproximada es juego de rodear, es controlar una cantidad de territorio mayor a la del oponente. Para controlar un área, debe rodearse con las piedras. Gana el jugador que controla la mayor cantidad de territorio al finalizar la partida. El juego consiste en colocar las piedras en las intersecciones del tablero. Antes de comenzar se asigna un color a cada jugador. Las negras inician la partida y una vez colocada una piedra, no se puede volver a mover. Se puede capturar una piedra o un conjunto de piedras y eliminarlas del tablero si están completamente rodeadas por piedras de otro color. Existen diferentes conjuntos de reglas, pero todas coinciden en los aspectos generales y las diferencias no afectan significativamente la estrategia ni el desarrollo del juego salvo en situaciones excepcionales. A pesar de la aparente simplicidad de las reglas, requiere de una estrategia bastante compleja.
Uchiwa: Abanico japonés de forma redonda. Suele ser de tela o papel.
Kaiken: Daga japonesa de entre 20 y 25 cm habitual entre las mujeres samuráis japonesas. Era habitual que la madre samurái obsequiara a sus hijas con un kaiken cuando eran adultas. Estas armas pequeñas eran muy útiles y se regalaban para que, en caso de que el enemigo venciera o entrara en la casa, la mujer samurái pudiera suicidarse.
Ittai: Duele, me duele.
Matsuri: Festival japonés. Los festivales japoneses son las ocasiones festivas tradicionales de Japón. Algunos tienen sus raíces en los festivales tradicionales chinos, si bien han sufrido grandes cambios al mezclarse con las costumbres locales, siendo algunos tan diferentes que no se parecen en nada a los originales a pesar de compartir el mismo nombre y fecha. Hay también diversos festivales locales (por ejemplo el Tobata Gion) que son prácticamente desconocidos fuera de la prefectura en que se celebran. Suele decirse que siempre se encuentra un festival en algún lugar de Japón. Los festivales se celebran en torno a uno o dos acontecimientos principales, con puestos de comida, entretenimientos y juegos de carnaval para divertir a los asistentes. Algunos se celebran en torno a templos o altares, otros en torno a fuegos artificiales (hanabi) y otros incluso en torno a competiciones en las que los participantes llevan atuendos deportivos.
Etto: Expresión que se usa cuando no se sabe que decir. Es una interjección de duda.
