Capítulo 6 - Reflexiones y armadillos

Había llegado la mañana en la Isla Wumpa. Casi todos se habían levantado temprano excepto Crash, quien se despertó a las 10:00AM. Era comprensible, ya que no había dormido bien desde hace tiempo. Mientras se levantaba de su cama, el bandicut naranja recordó que tenían visitas, por lo que decidió estar presentable antes de bajar a desayunar.

Mientras tomaba una ducha, Crash pensó en Tawna, cuyo recuerdo lo entristeció. En el fondo, él se sentía como el único responsable de que la relación fracasara. Sin embargo, hoy el dolor fue menor de lo esperado. Desde que Megumi lo consoló el día anterior, ya no se sentía tan derrotado como antes.

¿Qué me sucede? –pensó para sí mismo –. Cada vez que estoy cerca de ella, me siento mejor y tranquilo… a pesar de lo que me pasó. ¿Por qué será? ¿Acaso…?

Crash pensó en la posibilidad de que estuviera empezando a tener sentimientos hacia la bandicut de cabello azul, pero rápidamente sacó ese pensamiento de su cabeza.

No, eso es imposible –él pensó –. Es mi amiga y solo quiere ayudarme, nada más.

Luego de tomar la ducha, cepillar sus dientes y ponerse sus clásicos pantalones azules con zapatos marrones, Crash salió de su habitación. Mientras bajaba las escaleras, notó varios olores deliciosos en el aire.

Cuando llegó a la sala de estar, el héroe bandicut divisó a Megumi en uno de los sillones. Ella tenía a Polar descansando en su regazo mientras le acariciaba su cabeza. En la pequeña mesa que había en el centro de la habitación, había una tarta de fruta Wumpa con una taza de chocolate caliente.

–¡Oh, hola Crash! –dijo Megumi alegremente al notar su presencia –. ¿Cómo has dormido?

–Muy bien, gracias –Crash le sonrió –. ¿Dónde están los demás?

–Están preparando el almuerzo y los aperitivos para la actividad de hoy, excepto Ami. Ella tuvo que salir temprano por unos asuntos importantes. Pero no te preocupes, ella volverá a tiempo para ir con nosotros –la bandicut de cabello azul evitó mencionar el asunto de Tawna, ya que no quería deprimirlo.

–Me alegra oír eso, pero ¿y esa tarta? –dijo mientras señalaba dicho alimento.

–Es tu desayuno, Crash. Coco la preparó hace un momento para tener más tiempo con la otra comida. ¡Buen provecho!

–Gracias –dijo Crash mientras se sentaba para desayunar.

Cuando el héroe bandicut probó un bocado de la tarta, echó un vistazo a Megumi acariciando a Polar, quien parecía estar muy relajado y contento. Crash no pudo evitar sentir cierta ternura ante aquella escena.

–Veo que se te dan bien los animales –él sonrió.

–Más o menos –dijo Megumi mientras seguía acariciando a Polar –, pero es Liz quien tiene más experiencia.

–¿Ella? No me lo creo.

–Oh, vamos –la bandicut de cabello azul se rió –. Puede que se comporte un poco presumida a veces, pero ella adora a los animales. Por eso fue seleccionada para ser la chica de los trofeos de Polar y Pura.

–Buen punto –dijo Crash –. Y ahora que mencionas ese asunto, Megumi, ¿cómo fue que acabaste siendo quien le daba los trofeos a Cortex y N. Gin?

–Quizás porque soy científica, al igual que ellos –ella dijo tranquilamente, pero su rostro pronto cambió a una expresión más incómoda –. Sin embargo, nunca les caí bien, sobre todo al doctor Cortex. Él mismo me dijo que sin maldad ni ambición, nunca serviría para ser científica. Solo sería un fracaso...

–No le hagas caso. Es un imbécil –Crash intentó animarla –. Créeme, te lo dice alguien que lo derrotó en tres ocasiones, y eso que no soy tan listo, je, je.

–Bueno, tienes razón en un punto –Megumi le sonrió juguetonamente –, no eres tan listo.

–¡Eh! –él fingió sentirse ofendido –. Mira quién habla, la más inocente del grupo.

–Solo estoy bromeando, Crash.

Ambos bandicuts compartieron unas risas por las pequeñas bromas. Crash se dispuso a comer otro bocado de su tarta de fruta Wumpa, pero luego pensó que quizás Megumi querría probarla.

–¿Quieres un poco? –él le ofreció un pedazo.

–Eres muy amable, Crash –Megumi le sonrió por el lindo gesto –, pero no es necesario. Hace poco desayunamos. Eres el único que falta.

–Oh, entiendo –él respondió –. Con tu permiso.

–Es tu propia casa –ella se rió –. Adelante, no necesitas pedirme permiso.

Crash le indicó un pulgar en alto y continuó tranquilamente con su desayuno. En cuanto a Megumi, siguió acariciando al pequeño oso relajado.

Al mismo tiempo, en la cocina, las demás chicas estaban preparando la comida para el viaje. Isabella preparaba emparedados de mermelada y atún, Coco estaba rellenando botellas con zumos de fruta Wumpa, y Liz horneaba galletas para el postre. Megumi en un principio quiso ayudar, pero las demás pensaron que sería mejor idea que le hiciera compañía a Crash cuando él se despertara.

–Mmm… –Coco gimió por el buen olor que provenía del horno –, esas galletas huelen bastante bien, Liz.

–Si con el simple olor estás satisfecha, espera a probarlas –la bandicut morena dijo con orgullo –No querrás desperdiciar ni una migaja. ¿Verdad, Isabella?

Liz no obtuvo respuesta, lo cual captó su atención y la de Coco. Ambas notaron que la bandicut rubia y alta estaba distraída con los emparedados, pero su rostro mostraba preocupación, como si algún pensamiento la estuviera molestando.

–¿Isabella? –Coco apoyó la mano en el hombro de su amiga, despertándola de sus pensamientos –. ¿Qué te pasa?

–Oh… lo siento, chicas –ella se disculpó –. Estoy preocupada por Ami. No debimos dejarla ir sola sabiendo que Pinstripe podría estar allí.

–Oh, vamos… –Liz intentó animarla –. Ella es la más fuerte y atlética de nosotras. Ami sola podría patearle el trasero a cualquiera que intente hacerle daño. Además, según Tawna, Pinstripe ha cambiado, por lo que él no puede hacer nada aunque quisiera.

–Espero que tengas razón… –dijo Isabella un poco insegura, pero siguió preparando los emparedados.

Coco se molestó un poco al escuchar los nombres de Tawna y Pinstripe. Aún estaba resentida con ellos por el daño que le causaron a su hermano, pero decidió restarle importancia al asunto por ahora. Crash estaba comenzando a sentirse mejor con la compañía de las chicas, sobre todo con Megumi, y eso era lo que importaba ahora.


Mientras tanto, en la oficina principal del circuito Nitro Squad, Ami estaba reunida con Tawna. La bandicut de pelo verde acababa de entregarle las cartas de renuncia a su ex líder, quien estaba firmándolas.

El ambiente en la oficina era bastante deprimente. Ninguna de las dos quería que esto pasara, pero no había marcha atrás.

–De acuerdo, Ami –dijo Tawna, cuya voz denotaba cierta tristeza –. Ya solo faltaría archivar las cartas para que quede claro que tú y las demás ya no son parte del grupo.

–Bien… –dijo Ami, a quien también se le daba difícil esta situación –. Siento no poder quedarme, pero las chicas y yo vamos a realizar actividades con Crash y los demás. Les pedí que me esperaran debido a esto.

–No te preocupes… –dijo Tawna –. Sé que no tengo derecho a preguntar, pero ¿cómo está Crash?

–Un poco mejor –dijo Ami –, pero Aku Aku dijo que esta clase de heridas tardan en sanar, así que le estaremos haciendo compañía constantemente.

–Ya veo… –Tawna se sintió terrible. Ella sabía desde un principio que Crash iba a salir perjudicado, pero nunca pensó que las consecuencias de sus acciones serían peores de las esperadas; no hasta que sus amigas la encararon el día anterior. Desde que supo sobre el anillo de compromiso, la culpa había comenzado a consumirla.

–Tawna, no lo entiendo –la bandicut de cabello verde aún estaba perpleja por lo que sucedió ayer –. Está bien que ya no sientas lo mismo por él, pero una carta no es un método honrado para estos casos y lo sabes. Solo los cobardes hacen algo así. ¿Por qué no terminaste con la relación en persona?

–Yo… –la bandicut rubia tenía lágrimas acumulándose en sus ojos. Estaba a punto de explotar en llanto –. Yo...

–¿Tawna? –Ami notó el estado de su amiga.

–¡Porque soy una cobarde! ¡¿De acuerdo?! ¡¿Es lo que querías oír?! –ella finalmente explotó –. ¡Créeme, lo he pensado, pero sabía que las cosas que dije en la carta eran demasiado duras para él! ¡No podía imaginar su cara si llegaba a decírselo directamente! ¡Yo… no pude! ¡Tuve miedo!

Tawna lloró fuertemente mientras se sentaba en una de las sillas de la oficina y cubría su rostro con sus manos. A pesar de que no se arrepentía de irse con Pinstripe, estaba enojada consigo misma por haber lastimado a Crash.

Ami sintió lástima por su ex líder. Por muy enfadada que estuviera, en el fondo todavía se preocupaba por ella. Pero, tal y como dijo Isabella, el asunto de Crash y Pinstripe era algo que Tawna tenía que resolver por sí misma, por lo que decidió darle un consejo.

–Tawna, escucha –Ami se arrodilló para mirarla fijamente –, tendrás que hablar con Crash más adelante.

–No puedo… –la bandicut rubia dijo entre lágrimas y aún cubriendo su cara.

–Tranquila –Ami apoyó su mano en el hombro de la triste bandicut rubia –, no me refiero a hacerlo ahora mismo, sino en el futuro. Él tampoco está listo para hablar en estos momentos. Además, Coco no lo permitiría; ella está furiosa contigo. Lo mejor será esperar un tiempo hasta que las cosas se calmen y Crash supere la ruptura. De esa forma, podrán hablar tranquilamente; no para retomar la relación, sino para hacer las paces. Es algo que ustedes dos deben hacer para seguir adelante.

–Lo entiendo… –Tawna intentó tranquilizarse y miró directamente a su amiga mientras se limpiaba las lágrimas –. ¿Y… existe alguna posibilidad de que ustedes vuelvan al Nitro Squad?

–Sabes que no podemos hacer eso –Ami respondió tristemente –, no mientras Pinstripe sea el promotor del equipo. Ha hecho muchas cosas malas y fue un secuaz leal del doctor Cortex. Lo siento, pero no lo queremos en nuestras vidas. No nos inspira confianza.

Tawna se decepcionó por la respuesta, pero la comprendió, por lo que decidió hacer un último gesto a sus amigas. Ella procedió a sacar una bolsa debajo del escritorio y se la ofreció a la bandicut de cabello verde.

–¿Al menos… podrías decirle a las demás que siento mucho haberlas tratado mal y… llevarte esto? –ella dijo mientras le entregaba la bolsa a su amiga.

Ami echó un vistazo para ver el contenido y se sorprendió por lo que vio.

–¿Nuestros trajes de carreras? ¿Por qué me los das?

–Esos trajes los hice específicamente para ustedes –dijo Tawna –. No quiero que otras personas los usen. Les pertenecen a ustedes.

–Tawna… –Ami se sintió dudosa –, no lo sé…

–Por favor –la bandicut rubia insistió –, al menos consérvenlos como recuerdo.

Ami sentía que no podía rechazar la petición de Tawna. Por muy decepcionada que estuviera con ella, no quería ser demasiado dura.

–De acuerdo –dijo Ami con una ligera sonrisa –. Me los quedo, al menos para que sepas lo mucho que nos importaste tú y el equipo.

–Gracias –Tawna le sonrió de vuelta.

La conversación fue interrumpida cuando se oyó entrar a alguien en la oficina. Era Pinstripe, quien se sorprendió al ver a la bandicut de cabello verde.

–¿Qué sucede aquí? –él preguntó.

–Nada, querido –dijo Tawna –. Ami solo vino a dejar las cartas de renuncia y a llevarse unas cosas.

–Exacto –dijo Ami con total calma, a pesar de que la presencia del potoroo trajeado le causaba mucha incomodidad –. De todos modos, ya me iba.

–Ya veo –dijo Pinstripe.

De repente, el teléfono de Tawna sonó. Era una llamada importante sobre las entrevistas para el Nitro Squad, así que tenía que atenderla.

–Lo siento. Tengo que contestar –ella se disculpó –. Adiós… Ami.

Luego de que la bandicut rubia saliera de la habitación y se fuera por los pasillos, Pinstripe encaró a Ami con aire de prepotencia.

–Espero que no vuelvas por aquí –él dijo –. Mi chica no merece tener a semejante chusma como ustedes de amigas. Yo le puedo dar todo lo que necesite. ¿Te quedó claro? Ella es mía.

Ami se enfureció por ese comentario pero, en lugar de golpear a Pinstripe, lo atrajo hacia ella agarrándolo fuertemente desde el cuello de su traje y lo miró con una expresión hostil.

–¡Ahora escúchame, rata de alcantarilla! –Ami lo amenazó en un tono firme y lo señaló con el dedo –. ¡La próxima vez que me vuelvas a hablar de esa forma, haré que te tragues tu propia corbata! ¿Entendido? No sé qué pretendes con Tawna, pero te advierto una cosa: ella no es un objeto, así que más te vale tratarla con respeto, porque si llego a enterarme de que le has hecho daño… voy a ir por ti… y te arrepentirás. Quizás la hayas engañado, pero a nosotras no.

Sin más que decir, Ami soltó bruscamente a Pinstripe y salió de la oficina con los trajes de carreras. El potoroo denotaba irritación en su rostro por las amenazas de la bandicut de cabello verde. No toleraba que nadie, salvo Cortex o Uka Uka, le diera órdenes, pero tuvo que tragarse su orgullo.

Maldita. La que se arrepentirá serás tú –pensó Pinstripe, refiriéndose a Ami –. Cuando todo esto acabe, te convertiré a ti y a tus amigas en las putillas de mis hombres. Ya veremos quién ríe al último.


Luego de un viaje por la jungla sin ningún inconveniente, Ami regresó al hogar de los hermanos Bandicoot. Ella se reunió con Coco, Aku Aku y las demás chicas en la sala de estar para hablar.

Para asegurarse de que Crash no escuchara la conversación, Aku Aku le pidió a él, Polar y las demás mascotas que comprobaran los depósitos de todos los karts. Si iban a correr en Cala Crash un buen rato, debían estar llenos.

–Entonces… ¿es oficial? –Isabella preguntó con decepción.

–Sí… –Ami admitió –. Estamos fuera del equipo, pero eso no es lo peor.

–¿Por qué lo dices? –preguntó Coco.

–Pinstripe no ha cambiado nada –Ami trató de ocultar su rabia –. Sigue siendo el mismo cretino de siempre. No solo nos llamó "chusma", sino que reclamó a Tawna como si fuera de su propiedad. Por lo visto, solo finge ser bueno cuando ella está presente.

–Desgraciado… –dijo Liz enfadada, refiriéndose al potoroo –. Es un maldito hipócrita.

–Descuida, Liz –dijo Isabella –. Tarde o temprano, Tawna lo descubrirá. Un mentiroso siempre cae más fácil que un cojo, y Pinstripe no será la excepción. De eso estoy segura.

–Y hablando de Tawna… –dijo Ami mientras agarraba la bolsa y se la entregaba a las demás –, ella me ha dicho que siente mucho como nos trató, y que nos ha querido regalar esto como despedida.

–Espera, esos son… –Isabella se sorprendió cuando sacó el contenido de dicha bolsa.

–¡Nuestros trajes de carreras! –dijo Megumi.

–Si… –dijo Ami –. Quería que los conserváramos como recuerdo.

Las demás se sintieron conmovidas por el gesto de Tawna; no se esperaban algo así después de lo que sucedió ayer. Sin embargo, Coco no sentía nada más que enfado en esos momentos; oír hablar de dicha bandicut rubia le revolvía el estómago.

–¿Cómo está ella? –preguntó Aku Aku.

–No muy bien –respondió Ami –. Me dijo que escribió la carta porque tuvo miedo a la reacción de Crash. Literalmente rompió en llanto y admitió sus culpas sobre el daño que le causo.

–¡¿Y eso qué importa?! –dijo Coco muy enfadada, captando la atención de todos –. ¡Da igual si está arrepentida o no! ¡Ya lastimó a mi hermano, y jamás se lo voy a perdonar!

–Coco, cálmate –dijo Aku Aku –. Guardar rencor no te hará ningún bien, solo te destruirá emocionalmente.

–¡No me importa! –Coco se quejó –. No quiero perdonarla. No puedo… Mi hermano no se merecía eso…

Los demás notaron que Coco tenía los ojos llorosos. Megumi quiso ir a consolarla, pero Isabella le indicó que ella misma se haría cargo. La bandicut rubia se acercó a su pequeña amiga y la abrazó.

–Coco, Aku Aku tiene razón –Isabella le dijo en un tono cálido –. No puedes guardarle rencor a Tawna por siempre. Tendrás que llegar a perdonarla.

–Exacto –dijo Ami con tacto en su voz –. Además, Crash y Tawna tendrán que hablar tarde o temprano para hacer las paces, y estaría bien si aceptas eso.

–Yo… no lo sé –Coco estaba dudosa, pero luego vio los ojos preocupados de Aku Aku y sus amigas, en especial Isabella, quien todavía la estaba abrazando. Aún no se sentía capaz de perdonar a la mujer que hirió el corazón de su hermano, pero tampoco quería decepcionar a sus seres queridos –. ¿Puedo tomarme un tiempo para pensarlo, por favor?

–Claro –Isabella sonrió y le limpió una lágrima –. No hay prisa.

–Gracias –Coco le sonrió devuelta.

Todos estaban felices al ver que Coco también había hecho progreso en su propia etapa de sanación. A pesar de que aún estaba enfadada, el hecho de que se replantee perdonar a Tawna era en sí un gran paso adelante.

El momento fue interrumpido cuando sintieron que Crash había entrado en la casa. Ami volvió a meter los trajes de carreras en la bolsa para que no los viera y se esforzó junto con todos en fingir naturalidad, pues sentían que él aún no estaba listo para hablar del asunto de su ex novia.

–Chicos, los karts ya tienen sus depósitos llenos –dijo Crash, acompañado de Polar y los otros –. ¿Quieren que salgamos ya?

–Me parece bien –Coco le sonrió mientras agarraba la canasta de picnic con todos los alimentos dentro –. Vamos.


En cuestión de milisegundos, los seis bandicuts y las tres mascotas fueron teletransportados junto con sus karts por Aku Aku a Cala Crash. El tiempo era soleado, no había casi nubes en el cielo y el viento soplaba suavemente. Era un día perfecto. Ami inhaló y exhaló profundamente; estaba esperando este día con ansias.

–Qué buena idea tuviste, Crash –ella dijo felizmente –. No puedo esperar para poner el pié en el acelerador a fondo.

–Gracias, Ami –él dijo –, pero creo que no lo pensé detenidamente. Mi circuito no es muy grande.

–Tranquilo, hermano mayor. Ya hemos pensado en eso –Coco le sonrió –. Haremos un torneo por equipos de tres. El circuito se realizará cinco veces, cada una con cinco vueltas. Mientras más alto sea el puesto del corredor, más puntos recibirá. El equipo que consiga más puntos luego de los cinco recorridos será el ganador.

–¿Y cómo decidimos quién va con quién? –preguntó Ami.

–Con esto –Liz sacó una pequeña bolsa de la caja del picnic –. Aquí hay nueve papeles con los nombres de los equipos azul, rojo y verde. Cada uno sacará un papel, y de esa forma se asignarán los equipos. Ahora, formen una fila.

Luego de que todos sacaran un papel, los equipos quedaron distribuidos de la siguiente manera: el equipo azul estaba conformado por Coco, Liz y Dino Bebé; el rojo por Crash, Megumi y Pura; y el verde por Ami, Isabella y Polar.

–¡Crash, Pura, estamos en el mismo equipo! –Megumi saltó de la emoción y los rodeó a ambos con sus brazos, incomodando un poco a Pura –. ¿No es emocionante?

–Claro… si tú lo dices –dijo Crash con un intenso rubor en su rostro.

–No saben en lo que se han metido –dijo Isabella mientras soltaba unas fuertes carcajadas con Ami al ver la escena, ya que Megumi a veces podía ser un poco empalagosa.

–Muy bien, creo que me toca –dijo Aku Aku –. ¡Corredores, a sus puestos!

Todos, en la línea de salida, se organizaron en filas de tres, cada una con un miembro de distinto equipo. Aku Aku utilizó sus poderes mágicos para hacer aparecer el semáforo de salida, las cajas de objetos y las de frutas Wumpa.

El semáforo comenzó a encender las tres luces rojas. Cuando llegó a la luz verde, todos salieron en sus karts a gran velocidad.


Las carreras estuvieron bastante parejas entre Crash y Ami, quienes no dudaban en lanzarse un objeto tras otro. El héroe bandicut quedó impresionado por las habilidades de su amiga de cabello verde; parecía que ella había entrenado duramente. De hecho, cada uno de ellos se llevó dos primeros lugares.

Coco quedó un poco frustrada al ver que su equipo no podía hacerle frente a ellos dos y que quedaría último, pero luego recordó que lo importante era que su hermano se divirtiera, lo cual la alegró ya que parecía estar funcionando.

Habían pasado casi quince minutos, y los nueve corredores estaban en la última vuelta de la quinta repetición del circuito. Ami iba en cabeza, cuyo equipo tenía 28 puntos; seguida de Crash; que tenía 30. Quien ganara de los dos, otorgaría la victoria a su respectivo equipo. Ambos se estaban acercando a la meta.

–¡Lo siento, Crash! ¡La victoria es para nosotros! –gritó Ami con confianza.

–¡Eso crees tú! –gritó Crash –. ¡Toma esto!

Crash lanzó el último misil que le quedaba, mandando a Ami a volar por los aires y evitando que lograra pasar por el primer Turbo Pad del final.

–¡NO! –ella gritó de frustración tras rebotar y ver como el bandicut naranja la rebasaba.

Luego de aprovechar exitosamente los dos Turbo Pads, Crash cruzó la meta, seguido de Ami.

–¡YEE-HAW! –Crash gritó de alegría mientras frenaba su kart.

–Rayos… –se quejó Ami en voz baja.

Todos los demás llegaron a la meta no muy lejos de los dos bandicuts, y Aku Aku apareció en frente de todos.

–Bien… el equipo rojo gana por 39 puntos, le sigue el verde con 34 y el azul con 22.

Pura se expandió sus brazos en señal de alegría; Polar y Dino Bebé se entristecieron al oír el resultado; Ami y Liz mostraron rostro de frustración; e Isabella realizó una rabieta, de la cual se avergonzó cuando notó que todos la estaban mirando.

Megumi y Crash, por otro lado, se bajaron de los karts y se abrazaron mientras saltaban y gritaban de alegría. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de lo cerca que ambos estaban y se sonrojaron mientras volteaban a mirarse fijamente. Los demás estaban expectantes ante la situacion un poco embarazosa.

–Tú… lo has hecho muy bien… Crash –dijo Megumi con cierta timidez.

–Tú también… Megumi –dijo Crash, quien compartía dicha actitud.

Ambos se quedaron mirando fijamente por unos momentos con sus rostros sonrojados, hasta que escucharon un extraño ruido metálico.

–¿Pero qué…? –Coco estaba perpleja, ya que dichos ruidos provenían de su kart.

Ella se bajó para comprobar que ocurría, pero cuando abrió el capó trasero, tuvo que apartarse cuando una pequeña nube negra salió del compartimento del motor.

–Oh, genial… –ella se quejó –. Se ha averiado. Voy a tener que repararlo.

–Tranquila, Coco –dijo Isabella mientras se recogía las mangas de los brazos –. Déjamelo a mí.

La bandicut rubia echó un vistazo detallado al interior del compartimento trasero del kart rosa. Coco tenía una mirada confusa al respecto, ya que no sabía lo que su amiga pretendía.

Crash estaba igual de confundido que su hermana, pero no se percataba de que él aún estaba abrazando a Megumi.

–Umm… Crash… –dijo la bandicut de cabello azul aún sonrojada –. Ya puedes soltarme.

–¡¿Eh?! –el héroe bandicut se dio cuenta de lo que sucedía y soltó inmediatamente a su amiga, sonrojado de vergüenza –. Ups… Lo siento… je, je.

–¡Bingo! Encontré el problema –dijo Isabella –. Tardaré solo unos segundos.

Los demás estaban expectantes mientras la bandicut rubia movía piezas, cables y otro tipo de objetos. Solo tardó unos veinte segundos antes de sacar sus manos del compartimento.

–Listo. Pruébalo ahora –Isabella sonrió mientras se limpiaba la suciedad de las manos con un trapo.

Coco se sentó en su kart e intentó encenderlo. El motor comenzó a funcionar a plena potencia.

–¡Vaya! –la pequeña bandicut exclamó con sorpresa –. Lo reparaste, ¿pero cómo?

–Tengo conocimientos de mecánica –dijo Isabella con orgullo –. De hecho, yo era la mecánica del Nitro Squad, así que no te sorprendas.

–¡Genial! Muchas gracias, Isabella –Coco le sonrió –. De hecho, al ver tus habilidades de mecánica me gustaría preguntarte algo.

–¿De qué se trata?

–Estoy trabajando en otro proyecto en mis ratos libres, y me vendría bien la ayuda de alguien como tú. Claro, solo si tú quieres. No quiero estropear tus vacaciones.

–Descuida, Coco. Me encantaría –Isabella le guiñó el ojo –. Así puedo pasar más tiempo contigo, aunque no tengamos más actividades planeadas.

–Gracias – la pequeña bandicut abrazó felizmente a su amiga.

–No hay de qué.

Todos estaban sonriendo al ver a las dos amigas compartir el lindo momento. Sin embargo, Ami divisó la silueta de alguien sobre las rocas altas del circuito. No lograba ver quien era, pero parecía estar… bailando.

–Chicos, ¿quién está ahí arriba? –la bandicut de pelo verde señaló.

Los demás miraron hacia donde ella apuntaba. Cuando se acercaron un poco, todos supieron que se trataba de un bandicut conocido, pero extraño.

–¡Es el Crash falso! –dijo Liz –. ¿Qué hace aquí?

Dicho bandicut ni siquiera se inmutó por la presencia de los demás. Estaba distraído con su danza, muy distinta a la del "Crash original".

–Dime algo, Coco. ¿A él también lo operaste para que pudiera hablar como a tu hermano? –preguntó Megumi.

–No se lo he ofrecido aún, porque no tengo trato con él –ella respondió –. Él es un completo enigma. Siempre lo encontramos en el sitio menos esperado y realizando ese peculiar baile.

–Si él pudiera hablar, a lo mejor nos explicaría sobre su origen –dijo Isabella.

–Tienes razón. Déjenme hablar con él –dijo Coco mientras se aproximaba a las rocas donde el bandicut parecido a su hermano estaba bailando –. ¡Oyé, tú!

El Crash falso dejó de bailar con una expresión confundida y dirigió su mirada hacia abajo, donde estaban su "yo original" y los demás.

–¡Perdón por interrumpirte! –dijo Coco –. ¡Quiero preguntarte algo! ¡¿No te gustaría poder hablar como nosotros?!

–¡Mi hermana tiene una máquina especial para eso! –Crash se incluyó en la conversación –. ¡Ha funcionado perfectamente conmigo! ¡¿Qué dices?!

El Crash falso lo pensó por unos momentos, pero comenzó a tener miedo por el hecho de que lo iban a operar con una máquina, así que les enseñó la lengua a los dos hermanos en señal de rechazo y salió corriendo del lugar.

–Vaya… –dijo Isabella un poco indignada –. Qué incivilizado.

Los demás le dieron una mirada escéptica a la bandicut rubia, quien parecía no recordar la rabieta que realizó hace unos momentos.

–Ami –dijo Liz –, tú fuiste la que le entregaba trofeos a ese chico. ¿No sabes nada de él?

–Si Crash no sabe nada siendo su supuesta contraparte, yo menos –ella respondió –. Además, he tenido que darles trofeos a nueve corredores, mientras que cada una de ustedes solo se los daban a dos. ¿Creen que me daría tiempo de interactuar con tanta gente, en especial si los odiaba casi a todos? Recuerden que el otro Crash, Penta, Komodo Joe y Papu Papu eran los únicos no malvados.

–Dímelo a mí… –dijo Megumi, recordando su tiempo como chica de los trofeos de Cortex y N. Gin.

–En fin –dijo Ami, quien le lanzó una mirada desafiante al bandicut naranja –. Crash, quiero una revancha. Esta vez juro que yo ganaré.

–¡Ja! Eso lo veremos –dijo Crash con confianza.


Luego de unas cuantas horas de diversión corriendo por el circuito, ya era hora de almorzar. Todos se habían sentado al lado de la pared derecha de la pequeña cueva, donde estaba ubicada la línea de salida del circuito. No solo se protegían del sol, sino que tenían una buena vista de la cascada que salía por encima de las rocas.

Mientras los seis bandicuts y las tres mascotas almorzaban, Coco recordó algo que quería discutir con una de sus amigas:

–Por cierto, Liz, hay algo que he querido preguntarte.

–¿De qué se trata, Coco? –la bandicut morena preguntó.

–¿Por qué mencionas tanto a los armadillos cuando te burlas de tus oponentes? ¿Tienes algo contra ellos?

Esa pregunta tomó a todos por sorpresa, pero la bandicut morena sintió plena confianza para desvelar su secreto.

–No, Coco –dijo Liz mientras miraba hacia el techo de la cueva con una sonrisa –. Todo lo contrario; tengo muy lindos recuerdos de los armadillos. Bueno… de uno en específico.

–Les vas a hablar de Arvel, ¿verdad? –dijo Isabella.

–¿Arvel? ¿Quién es ese? –preguntó Crash mientras se sentaba al lado derecho de Megumi. Tanto él como su hermana querían saber más.

–Un armadillo, y mi mejor amigo de la infancia –dijo Liz con cierta nostalgia –. Siempre hacíamos todo juntos. Éramos inseparables.

–Interesante –dijo Coco con curiosidad –. Háblanos de él.

–Pues verás –la bandicut morena comenzó a explicar –, fuimos compañeros de clase desde pequeños y cursamos juntos primaria y secundaria. Arvel era bastante tímido con los demás pero, gracias a la confianza que yo le daba, era más abierto, incluso divertido. De hecho, él y yo llegamos a ser muy competitivos.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Aku Aku.

–Con cada juego o reto que realizábamos, siempre nos fijábamos en quién era el mejor. Podía ser la cosa más insignificante como un juego de mesa, correr por el parque o hasta un videojuego; pero era algo que avivaba aún más nuestra amistad. Lo más gracioso es que hubo una ocasión en que bromeó llamando "roedor" a mi madre.

–¿O sea, "tu mamá es un roedor"? –preguntó Crash.

–Exacto –Liz se rió ante aquellos recuerdos –. El pobre se disculpó un montón de veces por aquel comentario, pero yo lo tomé como broma; sé perfectamente que él nunca haría las cosas con malicia. De hecho, decidí devolverle la bromita un día cuando le gané en una competición de atletismo. De ahí surgió mi susodicha frase.

–Vaya –Crash soltó unas carcajadas –. Espero que no se haya ofendido.

–Ji, ji. Nada de eso. Desde ese día, las frases de armadillo y roedor se volvieron constantes entre nosotros, como una costumbre. Muchos no lo entendían, pero nos daba igual. Nos divertíamos mucho.

–Qué lindo –Coco se rió imaginando las escenas conmovedoras –. Supongo que llamar "armadillo" a la madre de los demás aviva tus divertidos recuerdos con él, ¿verdad?

–Sí, básicamente.

–¿Aún sigues en contacto con él? –preguntó Aku Aku.

–Bueno… –Liz se entristeció por aquella pregunta –, lamentablemente no.

–¿Por qué? –preguntó Coco.

–Cuando acabamos la secundaria, tomamos caminos separados. Yo viajé a Estados Unidos para estudiar modelaje y él se quedó en Londres. Lo último que supe fue que… él estaba saliendo con alguien.

Notando el aire de decepción en la última frase de Liz, Coco entendió enseguida de qué se trataba.

–Sentías algo más que solo amistad por él, ¿verdad? –preguntó mientras apoyaba su mano en el hombro de su amiga.

–Eso parece… –Liz admitió –, pero no quise entrometerme en su relación con esa chica. Además, yo estaba en la otra parte del mundo, por lo que decidí tomar distancias. Nunca le confesé lo que sentía.

Los demás sintieron empatía por la bandicut morena, en especial Megumi. Ella sabía perfectamente lo que era estar enamorada de alguien que no sentía lo mismo por ella y que vivía lejos.

–Lo siento mucho –Coco la consoló.

–Tranquila, estoy bien –Liz sonrió tristemente –. Tengo buenos recuerdos de él, y me quedo con eso.

–Pero, a estas alturas, no has conseguido olvidarte de él. ¿Verdad? –dijo Ami –. ¿No has probado salir con más chicos?

–Es una pérdida de tiempo, Ami –Liz respondió con frustración –. La mayoría de los hombres con los que he salido solo piensan en llevarme a la cama con ellos. Creen que por posar desnuda ante las cámaras soy una especie de chica fácil, lo cual me enfurece muchísimo. Por eso extraño a Arvel. Era el único chico que me respetaba y no me trataba como un mero objeto.

–No te desanimes, Liz –dijo Megumi –. Ya verás como encontrarás a tu alma gemela. Solo es cuestión de tiempo.

–No lo sé, Megumi...

–Confía en mí. Todos tenemos a nuestra alma gemela en alguna parte del mundo. Solo tienes que creer y no perder la esperanza.

Liz aún seguía dudosa, pero la positividad de su amiga la animaba en cierto modo, por lo que decidió tomar su consejo.

–De acuerdo, Megumi. Te haré caso, al menos por ahora –la bandicut morena respondió con una sonrisa.

Sin más que decir, todos continuaron con su almuerzo, excepto Crash, quien estaba sentado al lado derecho de su amiga de cabello azul.

–Por lo visto, no soy el único del grupo con el corazón roto, ¿eh? –Crash susurró en un tono comprensivo.

–Eso parece, Crash –respondió Megumi –. Supongo que ella entiende un poco cómo te sientes.

Para mostrar que no se ha olvidado de su estado delicado, Megumi rodeo a Crash con su brazo derecho. El joven bandicut se sintió cómodo ante la calidez del gesto de su amiga, por lo que se dejó llevar y apoyó su cabeza en el hombro de ella, casi rosando la mejilla.

Qué bien se siente... –él pensó. Había extrañado esa clase de tacto, uno que había perdido desde que Tawna se marchó.

Coco estaba viendo la escena con detalle, y solo pudo pensar en una cosa mientras sonreía:

Definitivamente será un largo mes, sobre todo para ti, hermanito.


Notas del autor: En un principio pensaba describir la primera de las cinco carreras con detalle, pero no se me da muy bien describir algo así. Perdón si se sintieron decepcionados. ^_^'

Si tienen dudas (que no sean spoilers), pueden contactarme por Twitter. Mi nombre de usuario es Phoenix074 (Phoenix0741).

En fin, espero que les haya gustado el capítulo, y muchas gracias a todos por su apoyo. Hasta la próxima! :D