LA MAGIA DEL AZAR

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Esta historia participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los tiempos.


Categoría: Personajes muertos.

Prompt: Poder.

Palabras: 496.


Lord Voldemort

—¡Joder! ¡Mierda! ¡Por las ladillas de Salazar Slytherin? ¡Estoy muerto!

—Me temo que sí, Tom.

Voldemort se giró rápidamente. O lo intentó, pero no le resultó nada fácil. Tenía el cuerpo lleno de agujeros y le faltaba la pierna derecha. Así pues, lo único que consiguió fue caerse a suelo, a los pies de ese puñetero cretino. Albus Dumbledore le sonrió e incluso hizo ademán de ir a levantarlo, pero Voldemort no se lo permitió.

—Ni se le ocurra tocarme, viejo.

Ya era bastante horrible estar muerto. No tenía por qué soportar aquello. No entendía nada. ¿Cómo era posible que ese niño imbécil lo hubiera derrotado? Si había tomado más preocupaciones que nadie para lograr la inmortalidad, destruyendo su cuerpo en el intento. Y ahora estaba muerto y su alma presentaba un aspecto bastante lamentable.

—Es lo que pasa cuando fragmentas tu alma, Tom —Dumbledore le habló como si le estuviera leyendo el pensamiento—. Ahora, tendrás que reunir las otras partes para intentar estar entero de nuevo.

—¡Váyase a hacer puñetas! —espetó Voldemort, sin saber por qué ese individuo seguía allí, mirándole y sonriendo—. Y no me sermonee. Usted ya no es mi profesor.

—Lo sé —Dumbledore se atusó la barba—. La verdad es que pude hacerlo mejor. Como profesor, quiero decir. Por eso, me gustaría ayudarte.

—¿A mí? ¿A qué?

—A buscar los trozos de tu alma y juntarlos.

Era obvio que necesitaba hacer eso, pero podía apañarse bien él solo. Gracias.

—No necesito su ayuda, Dumbledore.

—Yo creo que sí.

Voldemort suspiró. Ese imbécil se moría porque le siguiera el juego, así que puso el ojo en blanco (el segundo había desaparecido, dejando un montón de nada en su cabeza) y se sentó en el suelo.

—¿Por qué necesito su ayuda?

—Porque has sido un hombre malo, Tom. Has matado a mucha gente y están deseando encontrarte para vengarse de ti. Si estuvieras entero, podrías defenderte mejor.

Voldemort se quedó muy serio y, de repente, comenzó a reírse. Ese viejo era tan ridículo.

—Puedo defenderme solo.

—No lo creo.

—Le digo que sí.

—Y yo te digo que no.

—¡Venga, Dumbledore! Váyase al cuerno y déjeme tranquilo. Me acabo de morir y ya me está dando dolor de cabeza.

Dumbledore le miró por encima de sus gafas de media luna y se encogió de hombros.

—Está bien. No te molesto más. De todas formas, pienso seguir buscando tus trozos de alma.

—No hace falta.

—Creo que sí.

—Le digo que no.

—Y yo insisto.

—¿Por qué es tan entrometido, Dumbledore?

El viejo se encogió de hombros otra vez.

—No lo sé. Es lo que he hecho siempre. Si me disculpas, tengo trabajo.

Se alejó de él lentamente. Voldemort quiso asegurarse de que le hacía caso.

—¡Deje mi alma en paz!

Dumbledore no respondió. A Voldemort le costó mucho ponerse en pie y, cuando lo hizo, comprendió que estaba en el infierno. Tanto poder para eso. Menuda eternidad de mierda le esperaba.


No me ha dado la ganta tomarme a Voldemort en serio. He preferido castigarlo para siempre, por ser mala gente.

Besetes.