¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Como podéis observar los chicos están entrando en la adolescencia y comienza una época oscura, tanto a nivel político-social como personal para nuestros protagonistas. A partir de este capítulo los chicos empezaran a madurar poco a poco y viviendo experiencias propias de su edad (espero que la primera escena no os desagrade ya que toca un tema algo "delicado"). Pido perdón por la tardanza pero he tenido unas semanas fatales y escribía cuando podía, pero espero que este capítulo no decepcione y merezca la pena la espera.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


1855

Tenía catorce años cuando pasé uno de los mayores sustos de mi vida y eso es mucho decir teniendo en cuenta que en mi corta edad había vivido situaciones poco comunes en una niña. Era una mañana tranquila, el invierno pasó de manera lenta y comenzaba a hacer calor aunque no habían llegado las primeras lluvias.

Recuerdo que la noche antes había sentido algo extraño en mi abdomen, como si mis tripas se movieran y estuvieran siendo atravesadas por alfileres. La señora Nodoka me dio un té para rebajar ese malestar y me fui a la cama esperando que durante la noche ese dolor desapareciera.

Por la mañana me levanté con los primeros rayos del sol. Miré a mi derecha y Momo-chan dormía plácidamente en el futón. Su pelo seguía siendo de un corto moderado y debido a las horas de sueño se le metían por la cara haciendo que en las regordetas facciones de mi amiga se pintaran muecas graciosas.

Iba a levantarme cuando noté algo extraño entre las piernas, era algo incómodo y pringoso, húmedo… levanté las mantas del futón y abrí los ojos horrorizada al ver una enorme mancha de sangre en el futón y en parte de mi ropa justo encima de mi entrepierna.

Grité con toda la fuerza que mis pulmones me permitieron, estaba asustada, era muchísima sangre, no sabía que me pasaba y lo que primero pensé es que me iba a morir.

- ¿¡Qué pasa!? ¿¡Que pasa!? – Momoha se levantó sobresaltada mirando a todos los lados con los ojos como platos. Cuando sus ojos se clavaron en los míos solté un sollozo lastimero.

- Momo-chan… me desangro.

Mi amiga alzó una ceja - ¿Cómo dices? – baje mi vista mientras las lágrimas producto del susto corrían por mi cara. Cuando Momo-chan vio el panorama que había frente a sus ojos puso un gesto de sorpresa – ¡Ara! Ya entiendo…

Yo no podía dejar de llorar por los nervios, sentía un nudo en el estómago y cuanto más miraba esa mancha de sangre en el futón, más grande me parecía. Momo-chan soltó una risita y se levantó – Akane-chan… tranquila, no es nada.

- ¿Cómo que no es nada? – Pregunté temblorosa – Estoy sangrando mucho.

- Eso es algo natural – se levantó y apartó las sabanas del futón que también estaban levemente manchadas de sangre – Ya eres una mujer.

Abrí mis ojos de par en par ¿yo? ¿Una mujer? ¡Eso era imposible! ¡Yo no era una mujer! Momo-chan era una mujer, mi señora era una mujer… Satsu, Kima… ¡incluso la vendedora de arroz era una mujer! Pero yo no, yo era una niña.

- No me mires como si estuviera loca – comentó riéndose – Espérame aquí.

Asentí levemente y vi como mi amiga salía de la habitación a paso lento. Me sentí un poco ofendida ¿es que no le importaba que me fuera a morir? ¿Acaso no veía la mancha de sangre tan enorme entre mis piernas? Volví a sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos ante el pensamiento de estar gravemente enferma, porque era cien por cien seguros que algo malo me pasaba, aquello no podía ser normal.

Al poco tiempo Momo-chan entró en la habitación en silencio y cerró levemente la puerta intentando no hacer ruido – Suerte de que no has despertado a nadie con ese grito de jabalí asustado.

-¡No te burles de mí! ¿¡Que me pasa!?

Momoha se arrodillo a mi lado y me pasó un montón de trapos blancos, de algodón y muy gruesos – Te lo explicaré pero ahora limpiaremos esto – dijo refiriéndose a las manchas de sangre – Vete al baño y ponte este trapo, tendrás que ponerte un fundoshi para sujetarlo.

- Pero… eso es ropa de hombres…

- ¿Alguna vez te ha importado hacer o ponerte cosas de hombres? – Negué con la cabeza – Bien, pues esta es la única forma que hay de que cuando sangres no vayas dejando regueros por ahí.

Miré horrorizada a mi compañera – ¿¡Seguiré sangrando!?

Momo-chan suspiró – Vete a cambiarte y hablaremos ¿vale? Ahora déjame limpiar esto – tomó un trapo y lo mojó en un cuenco con agua caliente. Comenzó a frotar el trapo contra la mancha del futón que poco a poco se iba diseminando. Temí que nunca se fuera y que la gente de la casa supiera lo que me había pasado – Vamos ¿Qué esperas? ¿Quieres hacer un charco en el tatami?

- ¡Ie! – salí corriendo todo lo que mis piernas me daban hacia el baño un tanto intranquila. Si Momoha estaba calmada significaba que mi vida no corría peligro, es más, era como si lo hubiera visto toda la vida pero aun así no me hacía gracia que me hubiera dicho que seguiría sangrando.

Me encerré en el baño y tomé mi yukata de dormir quitándomelo a tirones, como si me diera asco. Vi como entre mis piernas había pequeños regueros de sangre seca, pero notaba que justo en el medio de mis piernas había algo viscoso. Con la mano temblorosa toqué esa zona y al sacar la mano vi que estaba empapada de líquido carmesí. Sangre fresca.

Pegué un grito de horror y corrí a lavarme la mano, me sentía sucia y esa zona horriblemente incomoda. Tomé un paño de los que me dio Momo-chan y mojándolo levemente en agua tibia lo pasé entre las piernas retirando la sangre acumulada y notando un poco menos de incomodidad.

Suspiré frustrada ¿Por qué tenían que pasarme a mí esas cosas? Con el trapo que había usado limpie levemente mis piernas notando que eran un poco más largas y anchas que antes, al igual que mis caderas que se habían ensanchado en los últimos años. También me había crecido el pecho, no tanto como a Ukyo o Shampoo pero mí antes tórax plano ahora estaba coronado por dos bultos redondos.

También me había salido pelo en zonas donde antes no había pero según Nodoka-sama tenía muy poco "bello", tal vez me estaba diciendo que era una niña fea… no lo sabía seguro pero según ella, Shampoo tenía muchísimo bello y yo era una privilegiada por no tener casi. Recuerdo que por aquel entonces pensaba que el bello era en la apariencia y no en el pelo que teníamos en el cuerpo.

Cuando terminé de limpiarme tomé el trapo con el que tendría que hacerme el fundoshi y de manera muy torpe me lo coloqué encima y justo en la zona en la que sangraba me coloqué los trapos que Momo-chan me había dado.

Era incómodo, muy incómodo, como si tuviera unas vendas aprisionándome las caderas. Tomé un yukata limpio y me lo coloque encima con cuidado, temiendo mancharlo también. Una vez estuve lista recogí los trapos y la ropa sucios y salí del baño con sigilo, evitando así que alguien me descubriera.

Cuando entre en la habitación Momoha estaba terminando con el futón – ¿Ya estas lista? – Asentí levemente y me tendió los brazos – dame eso, los lavaremos después.

Le pasé con cierta vergüenza las telas ensangrentadas y me senté con mucho cuidado. Definitivamente llevar un fundoshi con unos trapos en el interior era incómodo – Es una sensación rara, ¿verdad?

- ¿Qué me pasa Momo-chan? – pregunté con cierto miedo.

- No te pasa nada grave, solo que ya has sangrado, ya eres una mujer.

Abrí los ojos de par en par – ¿Cómo es posible? Ayer de tarde era una niña ¿y hoy dices que ya soy una mujer? ¡No lo entiendo!

Momoha me miró con ternura y me acarició la cabeza. Se sentó a mi lado y su mano bajó a mi espalda para dar leves toques en ella intentando calmarme – Akane-chan, cuando las chicas crecemos, nuestro cuerpo se prepara para ser madres y es por eso por lo que sangramos. Tu cuerpo ha decidido que ya eres lo suficientemente mayor para poder concebir y ha decidido convertirte en una mujercita.

- ¿Yo? ¿Puedo tener hijo, yo? – pregunté sin querer creérmelo. Era una locura, era algo que no concebía en mi mente. Era imposible que yo estuviera preparada para traer un niño al mundo, no sabría cuidar de el ¡Por Kami-sama! ¡Apenas sabía cuidar de mi misma! – ¡Eso no es posible! ¡Yo no quiero! ¡No puedo!

- Tranquila, Akane-chan, no he dicho que vayas a tener un hijo ahora mismo – habló tranquila intentando ocultar una sonrisa que me sacó de quicio – solo he dicho que tu cuerpo ya es lo suficientemente maduro como para concebir, no que sea una obligación.

Me quedé un momento pensativa. ¿Ósea que era eso? El sangrar era la forma en la que mi cuerpo me decía que ya era una mujer, que ya estaba preparada para ser madre si así lo quisiera – ¿Parará algún día? – pregunté inocente.

Momoha soltó una carcajada – Si querida, esto no nos dura para siempre. Este es tu primer sangrado, estarás así un par de días.

- ¿Cuánto? – pregunté con un toque impaciente en mi voz.

- Unos cuantos días, tal vez cinco o seis…

- ¡Eso es una barbaridad! – Grité – Pero ya no volverá a pasarme nunca más ¿verdad?

- Ojala fuera tan sencillo Akane-chan – contestó estirando sus brazos hacia arriba. Cuando se desperezó movió negativamente la cabeza – Sangrarás cada mes.

- ¡¿Cada mes?! ¡¿Durante toda mi vida?!

- No, cuando las mujeres nos hacemos mayores, el cuerpo nota que un embarazo es peligroso para nosotras y deja de sangrar.

- ¿Y eso cuando es? ¿Cuándo pasa?

Momo-chan se quedó pensativa un momento – En unos cuantos años… cuando cumplas los cuarenta y cinco o cincuenta.

Abrí los ojos desorbitadamente ¿Cuándo cumpliera los cincuenta? ¡Pero si apenas acababa de cumplir los catorce años! Eso me sonaba como una eternidad – Eso es mucho tiempo.

- Lo sé, es uno de los precios que tenemos que pagar por ser mujeres.

- ¿Es que esto a los chicos no les pasa?

- No, ellos tienen suerte – comentó con pesadez – Simplemente crecen, les cambia la voz y les sale pelo por todo el cuerpo.

- ¡Yo también tengo pelo!

Momoha me miro con ojos de recelo – No tienes casi pelo – dijo tomando mi pierna derecha – mira, lisa y suave, tienes algún que otro pelito suelto por ahí pero yo… ¡yo soy un oso!

- ¿Y qué haces con ese pelo?

Momo-chan se encogió de hombros – A mí me da igual ser muy peluda, quien me ame me amará tal y como soy, pero últimamente uso una técnica que me ha dado Yuka.

- ¿Yuka ya ha sangrado también? – pregunté asombrada, no me esperaba para nada que alguna de mis compañeras hubieran pasado por lo mismo que yo.

- Todas, a excepción de Nara que es muy pequeña y de Shampoo, lo cual es raro porque tiene unos pechos inmensos.

- ¿Pechos? ¿Esto también influye en ellos?

- Obviamente – contestó asintiendo – Por eso me extraña que Shampoo no haya sangrado, su cuerpo está muy desarrollado, para tener catorce años y no haber sangrado tiene un cuerpo de mujer envidiable.

Pensé un momento en mi compañera china y me di cuenta de que Momo-chan tenía razón. De las chicas de la casa, Shampoo, era la que más había crecido, al menos físicamente ya que mentalmente seguía siendo una mocosa malcriada.

Era alta y esbelta. Tenía unas caderas redondas e inmensas y unos pechos grandes que en más de una ocasión había visto a los chicos mirar con la boca abierta. Su cara ya no tenía casi gestos infantiles, sus facciones se habían afilado y su cintura se había estrechado. Tal vez por eso Nodoka-sama decía que Shampoo tenía mucho "bello", era una chica hermosa, por muy mal que me cayera.

Ukyo también había crecido era un poco más baja que la china pero su pecho también había crecido y sus caderas ensanchado aunque no tanto como las mías o las de Shampoo. Su cara seguía igual que antes pero el brillo de sus ojos había cambiado, ya no tenían esa inocencia de antes, ahora eran un poco más serios.

Sayuri y Yuka también habían cambiado, la primera alta, flaca y desgarbada, la otra, bajita y algo rechoncha. Sayuri apenas tenía pecho y Yuka tampoco era muy amplia en esa zona pero me golpeé mentalmente al no darme cuenta de que ahora cubrían partes de su cuerpo que antes enseñaban más, como las piernas o las axilas. Shampoo y Ukyo también lo hacían… tal vez ellas también eran osos, como Momoha se llamaba.

- Momo-chan – dije con voz queda llamando la atención de mi amiga – ¿Cómo no pude darme cuenta de esto? Es decir, ellas ahora cuidan su imagen y están cambiadas y yo…

- Porque tú eres un espíritu libre querida Akane – me cortó – Ellas hacen todo lo que les dicta la sociedad. Como has de vestir, como has de hablar, como has de comportarte… en cambio tú… tú haces lo que quieres y lo que te gusta, por eso no te has dado cuenta de que tu cuerpecito de niña ahora es de mujer.

- Mi pechos son minúsculos – dije mirando hacia abajo.

- Bueno, no son tan pequeños, son de tamaño normal para tu altura y peso. Imagínate con los atributos de Shampoo, te pesarían tanto que seguramente te caerías hacia delante – soltó una risita que yo secundé. Imaginarme con el busto de la china me hizo mucha gracia ya que esos atributos en mi cuerpo serían exagerados y poco bonitos.

- Además tienes unas caderas impresionantes – habló Momo-chan mientras se levantaba.

- ¿En serio? – mi amiga asintió y dirigí mi vista hacia esa parte de mi cuerpo en específico. Es cierto que de caderas la que ganaba en amplitud era yo – ¿y eso es bueno?

- No es bueno ni malo – me contestó – No estés pendiente del que dirán, ni te compares con nadie. Todas somos bellas a nuestra manera. Altas, bajas, gordas o delgadas, peludas o sin pelo, no importa, todas somos diferentes y bellas. Ahora sigamos durmiendo, es temprano.

Sonreí ante las palabras de mi amiga, tenía razón. A mi poco me importaba lo que la gente pensara, mientras a mí me hiciera feliz el mundo podía opinar lo que quisiera. Que equivocada estaba, acababa de entrar en una horrible época de incomprensión, rebeldía e inseguridad y no me había dado cuenta.


- ¿Ya eres mujer? – preguntó Ranma con un gesto de duda en sus facciones.

- ¡Cállate! – Grité sonrojada mientras me sentaba a la mesa – ese tema no te incumbe.

- Sí que me incumbe – contestó ranma tranquilamente imitándome – entonces ¿es cierto? ¿Has sangrado por la vagi…?

- ¡Que te calles! – le grité con furia haciéndole saltar por el miedo. Mi rostro estaba rojo, de ira y de vergüenza. La cotilla de Sayuri se había enterado de que había sangrado por primera vez y lo había pregonado a los cuatro vientos así que ahora toda la casa sabía que me había hecho mujer.

- No grites Akane, por favor – dijo seria Ukyo – estamos a la mesa.

La miré con una ceja alzada ¿y a esa qué diablos le pasaba? ¿Es que cuando sangras te volvías una sosa sin ganas de nada? Desde que Ukyo era adulta era una chica aburrida que iba a clase y daba largos paseos entre las flores, y si eso no le bastaba agarraba al pobre de Ryoga-kun y le obligaba a estar a su lado alegando que algún día se iban a casar.

- Pues que se calle, ese tema no le importa.

- Y dale – contestó Ranma – que si me importa.

- No veo en que importarte a ti que chica fea sangrar.

- ¿A quién llamas fea, tetuda infantil?

Ryoga soltó una risa – tetuda…

Rodé los ojos al ver como Ranma se unía en sus risas. Desde hacía un tiempo Ryoga-kun y Ranma eran unos pesados con el tema de los pechos y los traseros. Que si más grandes mejor, que si más pequeños, que si redondos que si amplios… y cada vez que escuchaban palabras subidas de tono ¡se reían! No entendía que estaba pasando en esa casa de locos.

- Ryoga, eres un inmaduro – habló Mousse quien estaba tranquilamente sentado. De los chicos el que más había cambiado era él. Tenía la voz grave y sus facciones se habían cuadrado, era alto, muy alto y el cuerpo lo tenía musculoso, a su lado, Ryoga y Ranma eran unos niños.

- Oh, discúlpanos Aburrido-sama… ¿le hemos ofendido? – se burló Ryoga-kun. Mousse rodó los ojos y no dijo nada.

Nodoka-sama entró en la sala y el ambiente se volvió serio, como siempre que mi señora estaba presente. Los juegos y las risas terminaban y debíamos comportarnos serios y respetuosos. Tras mi señora apareció Genma Saotome con su cara de bobo de siempre. Estaba más gordo y demacrado pero seguía siendo un prepotente.

Cuando Nodoka-sama se sentó a la mesa y Momo-chan sirvió nuestros platos, mi señora bendijo a mesa.

- Itadakimasu – la imitamos y tomamos los palillos para que diera comienzo el almuerzo. Comíamos en silencio, lanzándonos miradas burlonas y retadoras entre los jóvenes, pero siempre en silencio. Si alguien podía romper esa calma era mi señora Nodoka, y eso fue lo que hizo.

- Akane, ya me han contado que te has hecho mujer.

En ese momento tenía un gran trozo de Tonkatsu en la boca que me pasó por un mal sitio por lo que comencé a toser. Ryoga-kun que estaba a mi lado me dio unas palmaditas en la espalda mientras que Nodoka-sama me pasaba una taza de té.

- Cuidado niña, sería patético que con todo lo que has sobrevivido te matara un trozo de cerdo – dijo con burla Genma Saotome.

Cuando me recuperé del susto con el trozo de carne y no sin antes lanzarle una mirada glaciar al hombre panda, pude contestar a mi señora con cierta timidez – Mi señora, creo que estos temas no deberían tocarse en la mesa.

- Concuerdo – dijo con gesto de desagrado el señor de la casa.

Mi señora se encogió de hombros levemente – Es algo natural querida, quien no quiera escuchar que no lo haga – dijo lanzándole una mirada severa a su marido el cual la ignoró para seguir devorando su arroz – El ser humano tiene la capacidad de no escuchar a placer.

- Pero…

- Nada de peros – me cortó – No pasa nada querida, todas aquí hemos pasado por lo mismo.

- No todas – dijo mordaz Ukyo mirando de reojo a Shampoo la cual viró la cara bufando.

- Shampoo no necesitar sangrar para ser mujer – y alzó el pecho para que resaltara sobre la ropa – Shampoo ser mujer ya, mas mujer que Ukyo o marimacho torpe.

- Has dicho una cosa que debo calificar como error, querida – habló mi señora con cierto sarcasmo captando la atención de la china – es cierto que tus atributos han crecido y que ya apenas queda nada de la niña que vino de china.

Rodé los ojos al ver el gesto de superioridad que se pintaba en las facciones de Shampoo, gesto que se borró cuando mi señora dijo – Pero una mujer debe sangrar para dar hijos a su hombre, es decir, aun eres una niña que no está preparada para ser mujer. Lo siento querida, te tocará esperar.

Ukyo soltó una risa que disimulo dentro del tazón de sopa que tenía en sus manos mientras que Shampoo solo bajó la vista y siguió comiendo. Mis ojos se toparon con los de mi señora la cual me guiñó el ojo – Estoy muy feliz por ti Akane-chan, ya eres una mujercita.

- Mujer con cuerpo de hombre – masculló Shampoo mirándome con unos ojos que si pudieran me habrían fulminado – Por muy preparada que tu estar para ser madre con ese cuerpo feo y esa cara ningún hombre querer hacerte hijo. Dar lástima.

Las palabras dichas por Shampoo me medio molestaron. No porque ella pensara que era fea, sino porque dijo que ningún hombre me encontraría nunca atractiva. Si me hubiera dicho eso hace unos años me habría reído de ella alegando que me daba igual, que podía vivir perfectamente sola, pero en esa época en la que no me entendía ni a mí, ni a mi cuerpo, el pensar que nadie me vería atractiva nunca me removió las entrañas.

- Me da igual – escupí con mal humor. Por mucho que me doliera no le iba a demostrar a esa china estúpida que me había molestado. Primero muerta – No soy como tú, una desesperada por tener la aprobación de un hombre. Soy feliz sola, gracias.

Nodoka-sama me miró con orgullo y esa pequeña oscuridad que se había instalado en mi corazón desapareció. Que mi señora me mirara de la misma forma que hacía con su hijo me llenaba el corazón y el alma de calidez.

- Bien dicho querida.

Un leve silencio se instauró en la sala. Solo se escuchaba el repiqueteo de los palillos sobre el tazón o el sonido que producíamos cuando sorbíamos la sopa. Me alegré de que la sala se mantuviera en silencio, no quería hablar más del tema de mi nueva etapa como mujercita y no como niña.

Pero como siempre Ranma lo tenía que arruinar.

- Entonces, ya eres mujer, ¿puedes tener hijos?

Suspiré frustrada y capté como en el rostro de mi joven señor se pintaba una mueca de sorpresa. Asentí levemente y seguí comiendo con la esperanza de que así me dejara en paz. Pero no fue así.

- ¿Tu? ¡¿Ya puedes tener hijos?! ¡Pero si eres una niña! – gritó asombrado.

Nodoka-sama dejó de comer para dirigirse a su hijo – Ranma, hijo mío, el cuerpo de Akane ya está preparado para concebir, no es necesario que sea inmediatamente, pero si, ya puede ser madre.

- ¿Y tú también puedes Uukyo? – Preguntó Ryoga mirando a su prometida. La castaña miró atónita a mi amigo y con el rostro brillante y de color carmín asintió.

- Desde hace un año.

- ¿¡Tanto!? – Preguntó Ryoga-kun sorprendido – Pero si Akane-chan se volvió mujer hoy.

- Las mujeres tenemos cuerpos diferentes, Ryoga-kun – contestó mi señora – El cuerpo de Ukyo maduró antes que el de Akane, pero ahora ambas pueden concebir.

- ¿Y por qué Shampoo no puede aún? – cuestiono esta vez Mousse ganándose una mirada de reproche de la china – es decir… ella está más… crecida – e hizo un movimiento con sus manos fingiendo que acariciaba su propio busto.

Nodoka-sama soltó una risita – Ya os lo he dicho, cada mujer es diferente, tal vez el cuerpo de Shampoo no esté preparado para hacerla madre, por suerte – esto último lo dijo en un susurro tan bajo que dudo que alguien más que yo, que estaba a su derecha, lo hubiera escuchado.

Ranma miraba intermitente a su madre y a la china y luego levemente se rascaba la cabeza para mirarme a mí. Un brillo brotó de sus ojos azules y comenzó a comer animado, como si hubiera tenido una gran revelación. Apuró su cuenco de arroz ante la vista atónita de su madre.

- Ranma, hijo, nadie te va a robar la comida.

- Lo sé, lo siento – contestó bajando el ritmo de sus bocados.

Mi señora me miró con curiosidad y solo pude encogerme de hombros a la par que negaba. Ranma Saotome siempre sería un misterio para mí.

- Padre, madre, tengo algo que comunicaros.

Genma Saotome que apenas había participado en la conversación levantó la vista de su plato para dirigirla hacia su hijo que tenía una mirada decidida – Dime hijo.

Parecía que el joven señor estaba buscando las palabras adecuadas en su cabeza, como si quisiera lanzar un monólogo perfecto, pero eso sería pedir peral al olmo por lo que tras unos segundos Ranma miró a sus padres y dijo – Quiero romper el compromiso con Shampoo.

Genma Saotome dejó caer el cuenco al suelo debido al impacto de las palabras de su hijo, mientras que la china pegaba un grito pidiendo una explicación.

- ¡¿Qué estar diciendo prometido?! ¡Si esto ser broma no ser gracioso!

- No es ninguna broma, no me quiero casar contigo.

Shampoo puso un gesto de disgusto en sus bonitas facciones y buscó desesperada el apoyo de Genma Saotome quien seguía en estado catatónico. EL resto de la sala estaba más o menos igual, quietos y con un gesto de sorpresa en sus caras.

- Pero… ¡¿Qué estás diciendo muchacho?! – Gritó el hombre panda cuando se recuperó – ¡No puedes hablar en serio!

- Sí que lo hago – contestó el heredero Saotome – no quiero casarme con Shampoo.

- Es necesario que lo hagas – dijo firme Genma – no tienes más opción, es tu destino.

- ¡Es el destino que tú me impusiste! – gritó Ranma mirando con furia a su padre – ¡Yo no quería ni quiero casarme con Shampoo!

Genma miraba a su hijo con reproche mientras que Shampoo estaba al borde de un ataque de histeria, lo cual tenía sentido. Toda su vida había sido planeada por otros y terminó enamorándose de ese plan que le habían impuesto. La china había estado toda su vida esperando el momento en el que le daría el sí quiero a Ranma y el creer que ese momento nunca llegaría le daba terror, lo perdería todo si Ranma no quería casarse con ella.

- Shampoo amar a Ranma, no entender que hacer mal para que prometido no querer casarse.

- No has hecho nada malo – dijo con pena Ranma – es solo que no quiero casarme contigo.

- ¡Tienes que casarte! ¡Eres mi heredero, necesitas a una mujer a tu lado! ¡No permitiré que te quedes soltero, es tu deber!

Ranma miro a su padre con una ceja alzada – Nunca he dicho que no fuera a casarme. Solo que no quiero casarme con ella – dijo mirando a la china quien sollozaba.

- ¿Entonces con quién demonios quieres casarte? – preguntó Genma Saotome fuera de sí.

Esperaba expectante la respuesta del joven señor de la casa quien bajó la mirada avergonzado. Su rostro se tornó de un rosa claro adorable producto de la vergüenza. Quería saber quién era la chica que había conquistado al joven señor, aquella por la que estaba dispuesto a desobedecer el mandato de su padre.

- Ranma hijo – habló mi señora con un dulce tono de voz y una sonrisa en la cara, como si ella supiera quien era la afortunada dueña del corazón del joven Ranma – contesta a tu padre.

Ranma levantó los ojos y sus pupilas conectaron unos segundos con las mías consiguiendo que una corriente de nervios me recorriera ¿Qué era eso que sentía? ¿Y porque estaba tan desesperada en saber la respuesta del joven señor?

- Padre – habló firme Ranma mirando al rechoncho rostro de su padre. En su voz no había temblores ni miedo, sino una terrible determinación – No puedo casarme con Shampoo porque yo quiero casarme con Akane.

Mi corazón se frenó cuando Ranma pronunció esas cinco palabras. Había dicho: Yo quiero casarme con Akane. Mis oídos pitaban, mi cabeza daba vueltas y tenía la boca seca. No podía despegar mi mirada del rostro de Ranma quien a pesar de no mirarme se le notaba pendiente de mi reacción.

El tiempo se congeló en el momento en que Ranma lanzó la bomba de que me quería a mi como su esposa y aunque seguía creyendo firmemente que casarse era un error común entre las mujeres, el saber que Ranma me quería como su futura esposa me hizo feliz.

- ¡Sobre mi cadáver! – gritó Genma poniéndose en pie.

La determinación de Ranma desapareció de sus ojos cuando la gorda figura de su padre se elevó como un resorte. A grandes zancadas el hombre panda tomó del cuello del traje de entrenamiento de Ranma y lo acercó a su rostro – Nunca, jamás te casarás con ella.

- Genma ¡suéltale! – gritó mi señora levantándose también – ¡Ahora!

- No, este mocoso tiene que aprender por las buenas o por las malas cuál es su deber.

- ¡Él no tiene ningún deber! – Nodoka-sama se había acercado a su marido quien no se había inmutado ante la ira de su esposa – ¡Es un niño!

- Ya no es un niño ¡ya es un hombre!

- ¡No me quiero casar con ella, suéltame!

Genma lo zarandeó levemente enfureciendo a Nodoka quien le empujó haciendo que el hombre panda soltara a su hijo el cual salió de la sala hecho una furia siendo seguido por la china quien le suplicaba entre sollozos que recapacitara.

La sala se quedó en silencio, solo había intercambio de furiosas y sorprendidas miradas. Mis ojos chocaron con los de Mousse los cuales se veían sospechosamente tranquilos mientras que Genma me miraba con ira homicida.

- Tu, todo es tu culpa ¡maldita cría!

Genma dio unos pasos firmes hacia mí pero yo no me inmuté. No me daba miedo ese viejo gordinflón, además, sabía que con mi señora presente no sufriría ningún daño.

- Yo no he hecho nada – dije con rabia.

- ¡Tú tienes la culpa de todo! ¡Por ser una niña idiota que no conoce su lugar!

-¿Y cuál es mi lugar? – Pregunté con rabia – ¿La cocina? ¿El barrio rojo?

Genma soltó una risa burlona y mirándome fijamente dijo – El barrio rojo tiene demasiada categoría para una sucia y apestosa mocosa como tú. Serías la puta más pobre del barrio – sentí que mis entrañas ardían, si hubiera tenido algo a mano con la que golpearle le habría partido su gorda cabeza – Tu lugar perfecto sería bajo tierra, ¡muerta! ¡Así nos harías un favor a todos! ¡Muerta no te inmiscuirías en mis planes!

Una bofetada resonó por la sala. La cara de Genma Saotome estaba volteada hacia la derecha y una mano larga y roja se empezaba a marcar en su pómulo. Miré con asombro como mi señora se colocaba enfrente de su marido aun con la mano totalmente estirada y decía – No vuelvas a decir algo así, ni se te ocurra.

- Nodoka…

- Lárgate de mí vista – decía con dureza – ahora.

Genma lanzó una furiosa mirada a su mujer y luego hacia mí, gruñendo algo que no pude descifrar salió de la sala, sabía que esto no se quedaría así y que el hombre panda se desquitaría conmigo en el entrenamiento, pero me daba igual.

Nodoka-sama me lanzó una mirada que a diferencia de la que le daba al hombre panda, era dulce con cierto toque de alivio. Puso una débil sonrisa en su rostro y dijo – ¿Estas bien?

Asentí levemente y mi señora salió de la sala sin decir una palabra más. Nos quedamos Ukyo, Ryoga-kun, Mousse y yo en la sala, atónitos por lo que acababa de pasar.

- No me creo lo que acabo de ver – dijo Ukyo con tono de sorpresa – Akane, ¿desde cuándo sois Ran-chan y tu novios?

- No lo somos – me apresuré a decir. No quería que la gente pensara cosas raras, entre mi señor y yo no había nada más allá que la camaradería y una infantil amistad.

- No te creo, sino Ran-chan no diría eso – contestó seria – debes saber que meterse en medio de una pareja no es decente.

- ¡No me he metido en medio de nada! – Grité – Yo no le pedí a Ranma que dijera eso.

Ukyo me miró con recelo – A mí me importa muy poco con quien se case Ran-chan y me da igual si Shampoo lo pasa mal o no – dijo mirando de reojo a Mousse quien tenía la vista gacha – Pero no permitiré que te acerques a mi prometido.

- ¡Ukyo! – le riñó Ryoga-kun.

- Nada de Ukyo, si se metió en medio de la relación del señor de la casa, ¿Qué hará con nosotros?

Apreté mis puños con furia, ¿Quién se pensaba que era yo? ¿Una rompe familias? ¿Una cualquiera que disfruta metiéndose con los hombres? ¡Por Kami-sama! Era una niña, es cierto que tenía problemas de adulto, pero yo no los buscaba, era como si alguien ahí arriba la hubiera tomado conmigo. Seguro que era mi madre.

- No me interesa lo que opines de mi Ukyo-san – dije seria recibiendo simplemente desprecio de sus ojos – Ryoga-kun es mi amigo y compañero de entrenamiento.

- Pues que así siga siendo – y levantándose con gracia y sin mirarme si quiera salió de la habitación no sin antes decir – Vamos Ryoga.

Mi compañero me lanzó una disculpa con la mirada para seguir a su prometida en silencio. Estaba a punto del colapso, sentía ira, frustración, vergüenza, alegría… una mezcla de sentimientos, la mayoría negativos que me estaban llevando al punto de ebullición.

- ¿Tú tienes algo que decir? – pregunté a Mousse quien seguía con la cabeza gacha.

- Yo… solo creo que Shampoo está sufriendo y… no se lo merece.

- ¿También piensas que soy culpable?

Mousse negó con la cabeza, por un momento pensé que mi amigo me daría la razón, que me diría que no era mi culpa, pero en vez de eso dijo – Pero tampoco hiciste nada para evitarlo.

Ese comentario colmó mi paciencia. Apreté los puños mientras sentía el calor de la rabia recorrer mi cuerpo. No podía más, iba a explotar, y lo hice. Pegué un grito bestial que hizo que mi amigo chino pegara un bote y me mirara con los ojos abiertos de par en par. Seguí gritando mientras tomaba el cuenco de mi mesa y lo estrellaba contra la pared.

- ¿¡Qué diablos quiere la gente de mi!? – Exclamé pateando la mesa – ¿¡Que le pasa a todo el mundo!? ¡¿Es que cuando te haces mayor te vuelves idiota o qué?!

Salí de la sala dejando a un petrificado Mousse solo. Necesitaba relajarme y descargar frustración, necesitaba golpear algo o a alguien, me daba igual. Salí al jardín y camine entre las plantas hasta llegar al banco de piedra que era mi refugio. Allí me encontré a mi joven señor, estaba dándome la espalda, sentado en el banco con la cabeza gacha, se notaba la tensión en sus hombros y a pesar de mi enfado decidí salir de allí sin hacer ruido. Lo que menos me apetecía era discutir con el joven Ranma.

Me moví lentamente pero sus reflejos de artista marcial le hicieron voltearse para mirarme. Me quedé de piedra justo cuando sus ojos azules chocaban con los míos.

- Akane, ¿Qué haces aquí? – me preguntó con tono de vergüenza.

- Lo mismo que tú, supongo – contesté encogiéndome de brazos y avanzando hasta colocarme a su lado – esconderme.

El heredero Saotome asintió levemente mientras dirigía su mirada de nuevo hacia el suelo. Desde mi posición me permití observar su perfil a conciencia. No solo las chicas habíamos cambiado, el también.

Era alto, aunque aún le faltaban un par de centímetros para igualar a Mousse, sus hombros se estaban ensanchando y su voz estaba algo más grave, pero sus ojos seguían teniendo aquel brillo travieso e infantil. Agradecí a Kami que mi joven señor no se hubiera vuelto un muchacho soso y aburrido sino que siguiera conservando esa chispa tan única que solo el tenía.

- Akane… lo que dije antes…

Mi corazón se paró de nuevo, recordar la voz de Ranma diciendo que quería casarse conmigo me removió el estómago, como si un montón de mariposas revolotearan. No sabía que pensar, ¿lo habría dicho en serio? ¿O era una más de sus bromas?

- ¿Te refieres a lo de casarte conmigo? – Volvió a asentir sin mirarme todavía – ¿lo decías en serio? ¿O es una de tus bromas?

- ¡Por supuesto que no! – alzó la voz a la par que levantaba la cabeza para enfrentarme directamente. Sentí los nervios recorrer desbocados por mi cuerpo – Ya lo dije en la mesa, quiero casarme contigo.

Estaba muda, petrificada, era… era raro aquello que sentía. Jamás, en todo el tiempo que llevaba en esa casa me había permitido el soñar que el joven señor me propusiera matrimonio. A mí, a una chica de pueblo, sin gracia y que practicaba las artes marciales. A mí, la chica a la que su propia hermana había vendido y que había sido sirvienta, aquella que era la menos bonita de todas las mujeres de la casa... ¿era posible que el joven señor se hubiera enamorado de mí?

- ¿Por qué? – Pregunté curiosa – ¿Por qué yo?

Ranma meditó durante unos segundos sin apartar su vista de mí. Me sentí desnuda ante su escrutinio, era como si quisiera hacerme entender sin palabras lo que no podía expresar. Pero yo era una niña cabezota y quería oírlo de sus labios – ¿Por qué? – insistí.

- ¡Diablos Akane! – gruñó despeinándose el alborotado pelo negro agarrado en su típica trenza. Sonreí con disimulo al ver como algunos mechones se desprendían haciéndole parecer un lunático – Porque eres la chica perfecta.

Me sonrojé hasta la raíz del pelo y bajé mi vista. Comencé a jugar con mis manos nerviosa ¿era posible que para ese chico yo fuera perfecta? ¿Yo, y no Shampoo que mil veces se había burlado de mi físico y mi forma de ser?

- ¿Qué te pasa? – me pregunté curioso buscando mi cara – ¿porque te has puesto así de roja?

- Porque has dicho que soy… - balbuceaba como una niña boba, ni siquiera podía terminar la frase.

Ranma bufó – ¿Y ese es motivo para ponerte así? No miento, eres perfecta – sonreí ampliamente ante lo dicho. No me lo podía creer, por una vez Ranma estaba siendo dulce y amable conmigo y eso me gustaba. O al menos es pensaba hasta que abrió de nuevo la boca – Eres un desastre con patas, sí, pero al menos tienes valor. Eres prácticamente un chico por lo que cuando nos casemos no me aburriré, no me gustan las niñas tontas. Es cierto que podrías ser menos marimacho, pero bueno, al menos ya has sangrado y podrás darme hijos fuertes ya que no hay ninguna mujer con más fuerza bruta que tú. Además de que podrás enseñarle artes marciales a nuestros hijos cuando yo no esté en casa.

La felicidad se me fue tan rápido como llegó. En menos de un segundo ese sentimiento cálido se transformó en una decepción y una ira que podría congelar el infierno. Apreté los puños y comencé a verlo todo rojo ¡Ahora entendía todo! ¡Ese idiota solo me quería porque podía darle hijos y Shampoo no! ¡Era todo lo que le interesaba de mí!

Comencé a hiperventilar mientras mis hombros se tensaban. Ranma se levantó y se puso frente a mí buscando de nuevo mi cara que estaba agachada practicamente escondida bajo mi flequillo. Apretaba los dientes con tanta fuerza que temí rompérmelos – Eh, ¿Qué pasa ahora Akane? ¡No hay quien entienda tus cambios de humor! Va a ser verdad eso que dice Tomoe de que las mujeres os volvéis unas locas cuando estáis sangrando.

La paciencia es un don del que por desgracia carezco así que cuando Ranma bajó su rostro a mí mismo nivel mientras se reía como un idiota, alcé el puño y le golpee en la mejilla haciéndole caer hacia atrás.

- ¡Serás bruta! ¿Qué demonios haces? – Me preguntó enfadado mientras se sobaba la zona afectada – ¿Estás loca o qué?

- Eres… eres… ¡Un idiota! – Grité – ¡Eres un sinvergüenza!

- ¿Pero qué demonios he hecho ahora?

Me miraba incrédulo, como si no entendiera que había hecho mal, eso me enfadaba aún más ¿Cómo podía ser tan imbécil? – ¿¡Te parece poco decirme que me ves como una simple máquina de parir!? ¡Yo no soy una máquina de hijos!

- ¿En serio estas enfadada por eso?

- ¿¡Debería alegrarme!?

Ranma se levantó del suelo furioso enfrentándome – ¡Pues si! ¡Por si no lo has notado, he dicho que quiero casarme contigo!

- ¡Solo porque puedo parirte hijos fuertes! – Grité colérica – ¡Como si fuera una yegua!

- ¿Para qué me iba a casar entonces con nadie? – Me preguntó – La gente de mi nivel se casa para eso, para tener hijos fuertes que hereden el arte ¿o es que en tu casa se casaban por otra cosa?

- ¡Sí! ¡Por amor!

Ranma se quedó mudo, yo solo hiperventilaba recordando a mis padres, la manera en la que se amaban, en la forma en la que se miraban, en como padre sufrió y destrozó nuestras vidas cuando madre falleció. Esos recuerdos formaron un nudo en mi estómago que me daba ganas de vomitar.

El heredero Saotome comenzó a reír de forma escandalosa y solo quise volver a golpearle – Por Kami Akane, eso solo pasa en los cuentos y en los pueblos. Además, ¿Cómo voy a pedirte matrimonio por amor? ¡Ni siquiera sé que es eso!

Mi corazón se quebró con sus palabras, mis esperanzas murieron cuando Ranma Saotome pronunció su pequeño monólogo. ¿Cómo pude ser tan tonta de pensar que él se enamoraría de mí? ¿Cómo pude ser tan tonta de caer en la trampa del amor tan joven, cuando había jurado y perjurado que mi felicidad no dependería de nadie y mucho menos de un hombre? Me sentí una estúpida, una niña idiota. Quise llorar, pero no permitiría que me viera hacerlo, por lo que simplemente pasé a su lado golpeando su hombro con el mío y caminé lo más lejos de él que pude.

- Akane, ¡eh Akane! – le escuchaba gritarme, pero nada me detendría. Se acabó soñar estupideces, se acabó ser una niña ilusa, volvería a ser la chica independiente que nunca debí dejar de ser. Ese día decidí que Ranma Saotome no iba a intervenir en mi felicidad nunca más.


Pasé varios días sin hablarle a Ranma más de lo estrictamente necesario, no quería verle, no quería ni siquiera compartir el mismo aire que él. Las cosas volvieron a su cauce normal, todo el mundo hacía como si aquella tarde nunca hubiera pasado aunque Shampoo y Genma se dedicaban a molestarme más que nunca.

El hombre panda me amonestaba y gritaba siempre que podía durante los entrenamientos, pasaba más tiempo fuera de clase que dentro y la china se dedicaba a molestarme e insultarme cada vez que podía.

Notaba en los ojos de Shampoo el más profundo de los odios, como si pensara que yo realmente hubiera planeado quitarle a su prometido. Momo-chan y Sasuke me decían que anduviera con mil ojos y que estuviera alerta, ellos creían que a Shampoo no le valdría insultarme de vez en cuando por algún rincón de la casa, ambos pensaban que estaba planeando algo grande, una venganza mayor, y no se equivocaron.

Un par de semanas después mi señora fue invitada por unas mujeres de clase acomodada a una reunión. Allí tomarían el té y charlarían de cosas tan banales como el tiempo, sus hijos y los cerezos en flor.

Como era natural, mis compañeras y yo también estábamos invitadas, según Nodoka-sama sería una buena forma de empezar a participar en reuniones sociales y sería bueno para nuestra educación y formación.

No tenía deseos de asistir a diferencia de mis compañeras que estaban pletóricas. Esas señoras eran mujeres de altos cargos y grandes comerciantes de Edo, verdaderas señoras de alta alcurnia con las que yo jamás encajaría. Prefería estar entrenando con Mousse o ayudando a Sasuke a mejorar su técnica pero mi señora no me dio opción.

Así que ahí estaba yo, caminando por las abarrotadas calles de Edo, vestida con un ridículo y apretado kimono de color marfil con flores naranjas y rojas. El obi era de un color dorado con negro y estaba tan apretado que ya me dolían las costillas.

Estaba incomoda, más incluso que cuando llevaba el maldito fundoshi con los trapos entre las piernas, el estrecho kimono no me permitía caminar a gusto y el obi casi no me dejaba respirar. Mis compañeras iban unos pasos más adelante, caminando con gesto elegante, imitando el paso de mi señora. Iban con la espalda erguida y los hombros hacia atrás mientras sus manos estaban en la parte frontal de su cuerpo, sus brazos pegados a su tronco y la punta de sus dedos conectados. Parecían unas garzas elegantes. Yo en cambio iba encorvada, tambaleante y moviendo los brazos de atrás hacia delante de manera bruta. Ellas eran garzas y yo un cervatillo recién nacido intentando caminar.

No recuerdo bien cuanto andamos, solo sé que torcíamos por las calles y esquivábamos a la gente que iba de aquí para allá. De la que pasábamos por los bares o mercados los propietarios nos mostraban lo que vendían y nos daban la bienvenida invitándonos a ojear a nuestro gusto, peor mi señora negaba educadamente sin pararse si quiera.

Mis pies ya dolían por el camino andado y cuando estaba a punto de mandar al demonio los geta mi señora frenó en la puerta de una enorme casa. Miré asombrada la inmensa propiedad, era una casa de estilo tradicional y si mirabas a la izquierda podías ver que había un caminito que posiblemente llevaba a un inmenso jardín.

Era una casa espectacular, parecida a la de mi señora pero mucho más grande, observé la estructura de madera y papel y pude leer el cartel que decía "Casa de té Ryugenzawa"

Una mujer de avanzada edad apareció por la puerta e hizo una profunda reverencia para darnos la bienvenida. Mi señora contestó con una sonrisa amable y pasó al interior. Mis compañeras y yo nos miramos e imitamos a Nodoka-sama. Dejamos los zapatos a la entrada y otra chica, está más joven y vestida con un pulcro kimono color ceniza nos acompañó a la sala donde se llevaba a cabo la reunión.

Las casas de té solían ser lugares de reunión para hombres donde podían cenar, charlar sobre sus cuitas y tener la compañía de bellas geishas y maikos. Es decir, no solían ser lugares de reunión para las mujeres, pero la dueña de la casa de té era la anfitriona por lo que guardó una sala para ella y sus invitadas, es decir nosotras.

Cuando la joven sirvienta abrió la puerta una docena de mujeres apareció ante mis ojos. Mujeres de toda clase, altas, bajas, ancianas y jóvenes. Muchas de ellas llevaban su atuendo de casada, con su pelo perfectamente peinado y sus kimonos impolutos. Las miré una a una mientras nos daban la bienvenida y tomábamos asiento. Conocía a unas pocas, el resto eran desconocidas para mí.

Me fije en que muchas de ellas tenían pintados los dientes de color negro. Me desagradaba esa moda, mi señora llevaba los dientes impolutos y perfectos pero la mayoría de esas mujeres tenían una sonrisa sucia y oscura, no entendía ni a día de hoy entiendo, que veían de hermoso en colorearse la dentadura.

- Nodoka, querida pensábamos que no llegarías – habló la anfitriona. La señora Ryugenzawa era una mujer alta y de pelo largo y muy oscuro, su porte era parecido al de mi señora pero a diferencia de ella, que era sencilla, la dueña de la casa de té era la ostentación en persona. La peineta y los adornos e su pelo la hacían parecer incluso vulgar y su kimono era demasiado chillón. Parecía una copia en adulto de Shampoo quien estaba orgullosa de su vistoso kimono rosa.

- Lo siento querida, se me hizo tarde, tener que arreglar a tres hermosas aprendices es complicado.

La voz de mi señora tenía un cierto tono irónico que solo escuchaba cuando alguien le desagradaba. Mi señora tenía una sombra de falsedad en sus facciones, como el resto de las mujeres de la sala. Parecían un grupo de amigas pero todas se miraban con falsa amabilidad y desprecio. Creyéndose superiores las unas de las otras. Como lobos hambrientos.

- Oh, querida y que lo digas, son hermosas – hablo una de las pocas señoras que conocía. Era la señora Yasuda y su marido era un comandante del ejército.

- Y dinos querida, ¿Cómo se llaman? – preguntó una mujer rechoncha con los dientes torcidos y negros. Me desagradó solo con verla.

- Pues ella es Ukyo – dijo señalando a la castaña. Esta se inclinó en una profunda reverencia y puso una sonrisa exagerada en su rostro.

- Un gusto conocerlas.

- ¿Tu eres la prometida del joven Hibiki? – preguntó la señora Ryugenzawa.

Ukyo se puso de un color rojo intenso y asintió – Sí, nos casaremos pronto.

- Oh, qué bien, espero de corazón que seáis felices y tengáis muchos hijos.

- Arigatou, señora – contestó con una dulce voz.

La dueña de la casa del te puso una sonrisa extremadamente falsa y posó sus negros ojos en Shampoo quien sonreía como un gato – ¡Oh por Kami! ¡Que belleza tan exótica! Esta debe ser la jovencita china que rescatasteis.

- Así ser, señora – habló Shampoo sin permitir que Nodoka-sama pudiera contestar. A pesar de llevarse una mirada reprobatoria de mi señora, la china siguió con su discurso perfectamente ensayado – Shampoo ser prometida del joven Ranma, ser muy feliz. Vivir con los Saotome gustarme mucho, y Nodoka-sama ser suegra excelente, yo quererla como madre y ella amarme a mí como hija.

- ¿De verdad? – preguntó otra mujer sentada en un lateral. Nodoka-sama asintió pero la seriedad de su rostro revelaba que estaba molesta. Y no era para menos, Shampoo intentaba ganarse a esas mujeres mediante mentiras y pretendía involucrar a mi señora para salirse con la suya.

- ¡Eso es maravilloso! – Exclamó la señora Ryugenzawa – ¿y con tu prometido que tal te llevas?

- Muy bien – contestó Shampoo con una gran sonrisa – aun ser jóvenes pero Shampoo amar mucho a Ranma y aunque el ser tímido el decir muchas veces a Shampoo que ella ser su futuro – la última frase la dijo con una falsa timidez mientras bajaba su rostro, fingiendo estar avergonzada logrando sacar una sonrisa a las presentes alegando lo adorable del momento. Lancé una mirada a mi señora quien seguía con rostro serio.

- ¿Y tú querida? – me preguntó la señora de la casa.

Miré directamente a los ojos de la mujer y eso pareció incomodarla, como si no estuviera acostumbrada a que la gente la mirara fijamente. Su rostro se deformó levemente en una mueca de desacuerdo pero no me importó. Inclinándome levemente me presenté – Mi nombre es Akane señora, aprendiz de Nodoka-sama, un gusto.

- ¡Vaya! Eres muy bonita tú también – dijo la mujer gorda. Sonreí levemente.

- Arigatou, no me merezco tales cumplidos de su persona.

La rechoncha mujer soltó una risa orgullosa y miró de reojo al resto de mujeres. Seguro que mis palabras la hicieron sentirse superior al resto – Que muchacha más bonita y educada.

- Y además inteligente – habló mi señora con orgullo. No pude evitar sonreír ampliamente.

- Vaya querida – habló la señora Ryugenzawa – noto cierto favoritismo por aquí.

Nodoka-sama se encogió de hombros levemente – Aprecio a todas mis aprendices, pero es cierto que Akane es mi debilidad.

- ¿Y eso por qué? – preguntó otra mujer alta y muy flaca.

- No lo sé, supongo que conectamos.

- ¿Más que con tu futura nuera? – preguntó la anfitriona con malicia.

Mi señora se quedó levemente en silencio para luego decir – Es diferente.

- Akane ser vendida por su familia a mi suegra, ella recogerla y tratarla muy bien.

Lancé una mirada severa a Shampoo quien me sonrió con maldad. Debía andar con pies de plomo pues estaba segura de que Shampoo intentaría ponerme en evidencia delante de esas mujeres.

- ¡Oh que terrible! – Dijo la mujer gorda llevando una mano a su cara – debió ser horrible querida.

- Lo fue, pero mi señora tiene un gran corazón y me trato como a una hija.

- Akane al principio ser criada, pero Nodoka-sama darle oportunidad y darle educación.

- Que amable por tu parte querida, recoger a una pobre chica de la calle y enseñarle cultura - dijo la señora Yasuda.

- Yo ya sabía leer y escribir – me apresuré a decir en un tono poco amable. Sabía que no debía hablar así pero la situación me estaba superando – Mi padre y mi cuñado me enseñaron, no estaba sola en el mundo, tenía familia.

- Pero ellos venderte – habló con burla Shampoo.

- Te estás pasando – dijo severamente Nodoka-sama.

- Shampoo solo contar a nuevas amigas la verdad.

La señora de la casa asintió dándole la razón a la china – Es cierto querida, no es nada malo lo que está haciendo, entre amigas no hay secretos.

Me mordí la lengua con fuerza para evitar soltarle un disparate a esa señora. No me gustaba, su forma de ser, su carácter… todo era demasiado oscuro.

- La familia de Akane sufrió una perdida terrible, su madre falleció y su padre no asimiló su perdida, además su hermana mediana la vendió sin el consentimiento de su hermana mayor quien la amaba y posiblemente aun la ama – dijo con dureza mi señora – Akane es una chica que ha pasado por mucho siendo muy niña, es normal que sienta debilidad por ella, es hermosa y valiente.

- Oh, pobrecita – habló la mujer flaca – criaturita, que mal lo habrás pasado.

- Por suerte ya estás en buenas manos – dijo la regordeta – ¿te gusta vivir en casa de los Saotome?

Asentí varias veces – Es un placer y un gusto poder ser una aprendiz de Nodoka-sama. Ella me enseña historia, arte, escritura entre otras cosas. Soy muy feliz en casa de los Saotome.

No podía decir que además entrenaba. Por aquella época estaba muy mal visto que una mujer entrenara, hoy en día aún lo es por lo que me callé ese pequeño detalle. Mi señora me hizo un gesto de aprobación y mi sonrisa se amplió. Recibí entonces un aluvión de preguntas de las señoras presentes ¿Qué si prefería el arte a la escritura? ¿Qué si tocaba el shamisen? ¿Qué si escribía poesía? ¿Qué si me gustaba la decoración floral?

Yo contestaba a todo que sí, aunque fuera mentira y eso parecía ponerlas de un extraño buen humor. Me estaba ganando a esas mujeres sin ni siquiera intentarlo y eso no pareció gustarle a Shampoo quien tenía un gesto de furia en sus bonitas facciones. Temblé cuando vi la determinación en su rostro y lancé una mirada de pánico a mi señora quien me miró de igual forma.

Shampoo sonrió ladinamente y supe lo que iba a hacer.

- ¿Saber que ser lo mejor de todo? – Preguntó captando la atención de los presentes – Akane practicar artes marciales.

Sentí que el mundo se me venía encima. Las caras de las mujeres eran un verdadero poema, la incredulidad ante lo dicho por la china era el sentimiento predominante. Ninguna dijo nada, se habían quedado en blanco.

No sabía qué hacer, podía negarlo todo pero si investigaban se acabarían enterando de que era cierto. Nadie sabía que entrenaba con los hombres, los chicos de mi dojo tenían prohibido desvelar el secreto o mi señora se encargaría de que no pisaran Edo nunca más, pero que esas mujeres lo supieran era cavar mi propia tumba social.

Cuando se recuperó del impacto la señora de la casa soltó una risa – ¿en serio?

- De verdad – contestó Shampoo – y ser mejor que hombres, es que ser un poco marimacho. Buena chica, pero marimacho.

- Y que lo digas – secundó la señora Ryugenzawa – Una señorita de buena familia no haría eso.

El resto de las mujeres seguían sin pronunciarse. Me miraban fijamente, como si buscaran algún indicio físico de que lo que había dicho Shampoo era verdad o mentira. Tras un leve carraspeo la señora gorda dijo:

- Espero que sea una broma – el desprecio en su voz me enfureció.

- No lo es señora – contesté firme – es cierto, entreno artes marciales. Y me gusta.

- ¡Oh por Kami-sama! ¡Nodoka! ¿Tú lo sabías?

Mi señora no decía nada, se mantenía impasible pero en sus ojos se veía la incomodidad y el miedo. El miedo a ser repudiada socialmente. Supe que no podía dejar que mi señora se convirtiera en una apestada por mi culpa, debía protegerla una vez más.

- No lo sabía, señora – contesté – Mi señora se acaba de enterar ahora mismo.

- Ya me parecía a mí – dijo la señora gorda, habría hecho buena pareja con el hombre panda – Miradla pobrecita, esta petrificada.

La mayoría de las mujeres no habían dicho una palabra en toda la velada, ni siquiera me habían dirigido un simple "hola" pero en ese momento veía el desprecio y la burla en los ojos de todas.

- Nodoka, querida, no me creo que no supieras nada – la señora Ryugenzawa me estaba colmando la paciencia. Vi de reojo como Shampoo sonreía y sentí mi sangre hervir, si hubiera podido le habría dado un puñetazo.

- No, suegra no saberlo, Shampoo pillarla entrenando.

- ¡Claro! ¡Ya entiendo! – Dijo una mujer que se había mantenido al margen – Por Kami, Nodoka, ¿duermes tranquila sabiendo que una chica así está en tu casa?

- ¿Una chica así? – Preguntó mi señora – No te comprendo.

- Vamos querida, no te hagas la tonta – habló la mujer regordeta – Una chica que practica artes marciales… ¡eso es cosa de hombres!

- Seguro que se afeita – dijo una señora riéndose.

- Si, ten cuidado Nodoka, seguro que espía a las jovencitas mientras se bañan.

Esos comentarios eran hirientes y humillantes ¿Por qué eran tan malvadas? Yo solo era una niña y ellas mujeres adultas echas y derechas. Sentí una tristeza desoladora recorrerme y bajé mi vista avergonzada.

- ¿Eso que tiene que ver? – la voz de mi señora mostraba su enfado, no quería que se involucrara más en el tema, no quería que mi sacrificio fuera en vano.

- Señora, por favor, no entre al trapo – dije con tristeza.

Mi señora me miró interrogante, las risas de las mujeres y sus comentarios denigrantes resonaban en toda la habitación, y la risa que más destacaba era la de Shampoo.

- Tener cuerpo tosco, eso ser cierto – habló Shampoo.

- Ten cuidado querida, las chicas como ella tienen pensamientos contra natura – dijo muy seria otra mujer que conocía. Era la dueña de la tienda de dangos y hasta ese momento había sido siempre amable conmigo, pero ahora sus ojos mostraban asco.

- Ella decir que no querer casarse nunca.

La señora Ryugenzawa rio fuerte haciéndome estremecer – No me extrañaría nada que no se casase nunca, ¿Qué hombre va a querer casarse con un marimacho?

- El mismo tipo de hombre que es capaz de casarse con alguien sin escrúpulos – contestó Nodoka-sama. Alcé la vista para mirar a mi señora con asombro y no fue hasta que enfoqué mi vista en mi señora, que noté que estaba a punto de llorar.

- ¿Cómo has dicho? – preguntó la dueña de la casa.

- Lo que has oído – dijo retadora mi señora – Tú no eres una santa, eras una simple sirvienta en la casa de baños que conquistó al viudo y rico dueño de la casa de té.

- Haru y yo nos enamoramos con decencia y decoro – exclamó furiosa.

- No es lo que dicen por ahí – los ojos de mi señora estaban en llamas, me asusté, no quería que mi señora se convirtiera en una marginada pero unas risitas lejanas resonaron por la sala.

- Es cierto querida, dicen que… le ayudabas a enjabonarse – el resto de las señoras soltaron unas risas malvadas.

- Eso… ¡eso no es cierto! – gritó furiosa.

- Bueno, tu suegro no dice eso, por si no lo recuerdas tu ahijado ni siquiera puede verte debido a la repulsión que le produce tu presencia ya que se dice que le engañaste para convertirte en la nueva señora de la casa de té. Según dicen, te metiste en su futón antes de casaros, así que no sé porque criticas a la gente si tú no eres precisamente una santa.

- ¡Al menos me casé con un hombre decente! ¡Tú tienes bajo tu protección a una marimacho desviada!

- Hasta donde yo sé Akane no es una desviada, solo que es independiente y fuerte y no desea ser la marioneta de ningún hombre.

- Porque nadie querría casarse con una mujer como ella Nodoka, seamos sinceras – contestó una mujer anciana – Es una pequeña marimacho a la que deberías expulsar de tú hogar.

- No lo haré, es mi protegida y si quiere practicar artes marciales que lo haga, muchas mujeres pelean.

- Pero hijas de samuráis, pelean por su honor y su familia – habló la gorda mujer – ella es una niña de pueblo a la que le gusta pelear, perdona querida pero veo muchas diferencias.

Nodoka-sama se quedó en silencio mientras apretaba los puños. Por el rabillo del ojo vi la cara de satisfacción de Shampoo y me vi a mi misma lanzarme contra ella para darle su merecido, pero eso solo empeoraría las cosas. Unos segundos más tarde mi señora estaba en pie arrastrándonos con ella fuera de la casa de té. La vuelta a la casa Saotome estuvo llena de gritos y regaños de mi señora hacia la china quien aguantaba estoicamente el rapapolvo que caía sobre ella, más en sus ojos se veía claramente el brillo de la victoria.

Cuando el hombre panda se enteró de lo que había sucedido puso el grito en el cielo y prácticamente obligó a mi señora a dar una cena para pedir disculpas por tan lamentable suceso alegando que perderían todo su poder por mi culpa y la de Nodoka-sama, por llevarme a ese evento. Ella al principio se negó en rotundo, mas poco podía hacer, cuando a Genma Saotome se le metía algo en su calva cabeza ya podías patalear o enfurecer, las cosas se harían como él quisiera, por algo era el señor de la casa.

- Con un poco de suerte estarán todas tan ofendidas que declinaran mi invitación – me había dicho mi señora la mañana en la que mandó a Sayuri a entregar las invitaciones. Me quedé un poco mas calmada tras esto. Desde el incidente había estado muy preocupada por si mi señora estaría molesta conmigo ya que el revuelo se debió a mi extraño gusto por las artes marciales. Mi señora me había reprendido duramente para quitarme la idea de la cabeza, según ella la culpa era de Shampoo y su boca y me explicó que poco le importaba que esas mujeres no le volvieran a hablar, es mas, para ella sería un alivio.

Pero para sorpresa de todos, de los veinte invitados solo declinaron tres, una de ellas, la señora Ryugenzawa. La cena en casa de los Saotome se haría en dos días y deberían estar todos presentes, todos menos yo por orden expresa de Genma.

Sería una cena interesante y llena de falsa amabilidad que no me daba ningún tipo de pena perderme. Estaba feliz por no estar invitada, así no tendría que escuchar las burlas y reproches de nadie. Lástima que una vez más, las cosas no se me presentaron fáciles.


Aclaraciones:

Ara: Es una exclamación que denota asombro como ¡Anda! o ¡hala!

Fundoshi: Un fundoshi es una pieza grande de tela que se anuda al cuerpo para formar una especie de calzoncillo o tanga que deja las nalgas al descubierto. Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, el fundoshi fue la prenda de ropa interior para hombres más usada en Japón, sin embargo, rápidamente quedó fuera de uso después de la guerra, con la llegada de la nueva ropa interior al mercado japonés, como las trusas y los bóxers.

Ie: No.

Itadakimasu: Que aproveche.

Tonkatsu: es un plato muy popular en Japón. Se trata de una chuleta de cerdo de un centímetro de ancho empanada y frita, troceada.

Dientes negros: Ohaguro es el nombre que recibe en Japón la costumbre de ennegrecerse los dientes con una solución de limaduras de hierro y vinagre. Fue especialmente popular entre los periodos Heian y Edo, desde el siglo X hasta finales del siglo XIX, pero la apertura del país a las costumbres occidentales durante el periodo Meiji llevó a su paulatina desaparición. Era una tradición que practicaban sobre todo las mujeres casadas y algunos hombres, casi siempre miembros de la aristocracia y samuráis. Además de la preferencia de la sociedad japonesa por los dientes negros también se consideraba beneficioso para la salud, pues prevenía el deterioro de los dientes al actuar como un antiguo sellador dental. Teñirse los dientes era una práctica conocida y extendida también por el sudeste de China y el sudeste asiático, aunque con recetas diferentes.

Casa de té Ryugenzawa: En esta historia Ryugenzawa no será un lugar sino una famosa casa de té que lleva por nombre el apellido de la familia. Esto nos explica dos cosas, que Ryugenzawa es un apellido y que tarde o temprano aparecerá un nuevo personaje, Shinnosuke.