Capítulo 7 - Entrevistas y tramas
Ya era el quinto día desde que el ex Nitro Squad decidiera pasar las vacaciones con Crash Bandicoot y su familia. No había actividad planeada para hoy, así que todos estaban relajándose en la casa de los dos hermanos.
En una hamaca, colgada en unos árboles al lado de la casa, Liz estaba leyendo un libro tranquilamente. La bandicut morena no quería admitirlo de lleno, pero el ambiente era bastante agradable a pesar de sus quejas iniciales sobre la isla. Claro, la casa de los hermanos no era del tipo lujoso como la suya, pero la buena compañía de sus amigos hacía que todo mereciera la pena. Su casa en Malibú podía ser a veces un poco solitaria, ya que apenas tenía amigos en ese lugar, pero ninguno se comparaba con Ami y las demás.
Liz sonrió al ver a Crash, Megumi y Dino Bebé jugando con un frisbee, no muy lejos de ella. Ver a sus dos amigos bandicuts disfrutando uno de la compañía del otro le recordó los lindos momentos que pasaba con Arvel. Aún hoy en día, ella se arrepiente un poco por no confesarle sus sentimientos, además de recordar que su amiga de cabello azul estaba en una situación similar.
–Yo ya perdí mi oportunidad – pensó ella con una sonrisa triste –, pero tú ahora tienes la tuya, Megumi.
La bandicut morena se distrajo cuando sintió a alguien tocando el borde de la hamaca. Era Polar, quien parecía estar pidiéndole felizmente que jugara con ellos.
–Lo siento, pequeño –Liz se disculpó –. Ahora estoy en medio de una lectura. Quizás más tarde, ¿de acuerdo?
Polar se entristeció por la respuesta, pero decidió irse para dejarla tranquila. Liz se sintió culpable; no le gustaba ver a sus dos animalitos preferidos tristes, por lo que rápidamente cambió de opinión y se levantó de la hamaca.
–Oh, ¿qué rayos? –dijo ella felizmente, captando la atención del oso –. No serían vacaciones sin algo de diversión.
Polar se animó al ver que la bandicut morena se unía. Juntos, fueron a donde estaban jugando Crash y los demás.
–¡Eh, chicos! –dijo Liz –. ¿Les hacen falta más jugadores?
–¡Por supuesto! –dijo Megumi.
Al mismo tiempo, Ami había ido a correr por la playa. Ella necesitaba sentirse en forma, ya que no había hecho ejercicio desde que llegó a la isla. Pura y Aku Aku quisieron acompañarla, así que fueron a correr juntos, excepto dicha máscara, quien solamente flotaba.
La bandicut de cabello verde llevaba un sostén deportivo negro, pantalones verdes cortos, zapatillas negras y una mochila que contenía dos botellas de agua y un tazón para Pura. Luego de correr unos cuantos kilómetros por la playa, Ami y el pequeño tigre decidieron descansar un poco, seguidos de la máscara, quien los había acompañado flotando en todo el trayecto.
–¡Uf! Lo necesitaba –dijo ella antes de tomar agua de una botella –. Tengo que admitirlo, Aku Aku. La isla es un buen lugar para hacer deporte.
–Me alegra que te guste –Aku Aku le sonrió –. Si estás interesada, en la ciudad también podrás encontrar gimnasios.
–Quizás les eche un vistazo –dijo Ami mientras vertía el agua de la segunda botella en el tazón para Pura, quien bebió tranquilamente –, pero solo vamos a estar un mes. Pagar un gimnasio aquí sería una perdida.
–Lo entiendo –dijo Aku Aku –. ¿Y dónde viven ustedes actualmente?
–Megumi y yo vivimos en Australia, e Isabella y Liz en Estados Unidos. Aun así, siempre nos mantenemos en contacto.
–Eso es bueno, y por lo menos Megumi y tú están en el mismo país.
–De hecho, ambas vivimos en Sídney. Mi casa queda cerca del Sydney Motorsport Park, mientras que la de ella está cerca de su empresa Odecoot, no muy lejos del circuito. Cuando no tenemos mucho trabajo, de vez en cuando planeamos salidas para pasar el rato juntas.
–Tú y ella deben estar muy unidas.
–Es como mi hermanita pequeña –Ami sonrió, pero luego su expresión cambió a una preocupada –, por eso el asunto de Crash me tiene un poco intranquila. Si Megumi llega a ilusionarse, podría salir muy perjudicada, y no quiero eso.
–Te entiendo –dijo Aku Aku en un tono comprensivo –, pero ella misma dijo que era consciente de lo que implicaba ayudar a Crash. Ella es una adulta que dirige su propia empresa, por lo que es capaz de tomar sus propias decisiones. No puedes protegerla por siempre.
–Sí… supongo que tienes razón –Ami suspiró –. Al fin y al cabo, todo esto del enamoramiento no es algo que me interese.
–¿Qué quieres decir?
–No es por ofender a nadie, Aku Aku, pero el romance me parece una patraña. Es algo que no va conmigo.
–¿Nunca has estado enamorada?
–No, y creo que nunca lo estaré –dijo Ami sin tomarle importancia al asunto –. Prefiero quedarme soltera.
–Eso no lo sabes –Aku Aku le sonrió –. Tarde o temprano, podrías conocer a alguien por quien sientas lo que Megumi siente por Crash. El futuro es muy impredecible.
–Lo dudo –Ami se rió –. En fin, voy a continuar. ¿Estás listo, Pura?
El pequeño tigre asintió, por lo que los tres continuaron su trayecto.
En cuanto a Coco, ella había llevado a Isabella a su garaje, donde tenía todos sus proyectos; desde computadoras hasta karts y otras máquinas. Pero de entre tantos artilugios hubo uno en específico que llamó la atención de la bandicut italiana: parecía una especie de rayo láser atado a una camilla.
–¿Coco, ese es...?
–Sí, ese es el Proyecto C –la pequeña bandicut caminó hacia dicho láser y puso su mano en la base de metal con un rostro sonriente –. Este bebé es la razón por la que Crash ahora puede hablar.
–Increíble… –Isabella estaba perpleja –. Ya veo por qué la ONU está interesada en esto.
–Je, je. ¿Sorprendida? –Coco dijo con orgullo –. Pero no estamos aquí por esto, sino por aquello.
La pequeña bandicut se dirigió hacía un interruptor ubicado en un punto oscuro del garaje. Cuando se encendieron las luces, la mandíbula de Isabella literalmente cayó y sus ojos se abrieron como platos al ver a qué se refería Coco: era una nave verde. Su diseño era similar a la que utilizó para derrotar al robot del doctor N. Gin en la Luna, pero esta vez era lo suficientemente grande como para albergar a un buen grupo de personas, casi una docena. Tenía una cabina de pilotaje que sobresalía por la parte superior más otras dos, una al lado izquierdo y otra al derecho, encargadas de gestionar armas.
–Uhhh… –Isabella seguía con esa divertida expresión en su rostro, pero inmediatamente recuperó la compostura. – ¿Estás diciendo que voy a ayudarte con… ESO?
–No será tan difícil –Coco se rió ante las expresiones de su amiga –. Si sigues mis instrucciones, la terminaremos exitosamente y en menos tiempo. Claro, solo si tú quieres. No pienso obligarte.
Isabella no sabía cómo responder. Por un lado, ayudar a construir una nave no era exactamente algo que ella estuviera esperando hacer en su vida; pero por el otro, quería ayudar a su amiga, quien le garantizaba que no será complicado.
Coco se acercó a ella. Al ver que no obtenía respuesta, dedujo que la bandicut alta no se sentía segura con dicho trabajo.
–Tranquila, lo entiendo –ella dijo en un tono comprensivo –. No voy a presionarte. Déjalo en mis manos.
Pero cuando Coco se dio la vuelta, Isabella la detuvo. Después de haberlo pensado por unos momentos, había tomado una decisión.
–Te ayudaré –Isabella sonrió –. Solo no seas muy exigente conmigo, ¿de acuerdo? Esto es algo nuevo para mí.
–Prometido –respondió Coco, quien le dio un pulgar en alto.
Mientras tanto, en la ciudad, Tawna y Pinstripe habían organizado las entrevistas para los posibles reemplazos para el Nitro Squad. El evento se celebraba en una de las oficinas del circuito, donde la pareja atiende a las candidatas inscritas.
Pinstripe estaba entrevistando a una loba gris, mientras que Tawna estaba leyendo su currículo.
–Bien, Natasha –Pinstripe habló complacido –. Según veo, tu familia es de las más ricas de toda la isla.
–Lo sé –la chica habló con una actitud arrogante –. Si me contratan, puedo proporcionarles muchos beneficios. No se arrepentirán.
–Creo que no hay más preguntas entonces.
–Un momento, Pinstripe –dijo Tawna tras revisar el currículo –. Natasha, aquí no consta que tienes conocimientos como corredora profesional. Sin eso, no puedes unirte.
–Tawna, ¿qué haces? –Pinstripe le susurró en voz baja, indicándole que no hablara más, pero ella lo ignoró.
–Oh, vamos –la chica insistió –. Solo se trata de conducir un estúpido coche. ¿Qué tan difícil puede ser?
–Más difícil será la multa que tengamos cuando te accidentes en la pista por no tener experiencia –Tawna la reprendió –. Lo siento, pero no puedes unirte.
–¿Qué no me has oído? Mi familia tiene mucho dinero. ¿Te ha quedado claro, tontita?
–Me importa un pepino tu condición económica, señorita –dijo Tawna, conservando la calma –. Además, ¿así les hablas a tus futuros jefes en una entrevista? Con esa actitud nadie te va a contratar.
–No me des sermones. Tú no eres mi papi.
–Ni tú mi jefe, así que no me des órdenes. No te voy a contratar. Será mejor que te largues antes de que llame a seguridad.
La loba abandonó la oficina de mala manera, incluso diciendo unas cuantas palabrotas hacia Tawna por los pasillos. Era una chica mimada sin duda alguna.
–¿Qué has hecho? –el potoroo se quejó –. Con el dinero de su familia podríamos habernos beneficiado mucho.
–No estás tomando esto en serio, Pinstripe –respondió Tawna –. Estamos buscando corredoras para el equipo, no a inútiles que sacan provecho sin hacer nada.
–No lo entiendes, ¿verdad? El dinero lo mueve todo. Tú más que nadie debería saberlo. ¿No es por eso que decidiste dejar a Crash en primer lugar?
Tawna se molestó por ese argumento, pero no protestó. En el fondo sabía que su novio tenía razón. No solo había dejado a Crash porque lo encontraba muy inmaduro para ella, sino también por cuestiones económicas. Sin embargo, ella sentía que aceptar a cualquiera en el equipo sería como una traición más a Ami y a las demás, por lo que quería ser lo más profesional posible.
–Solo… continuemos con las malditas entrevistas –dijo Tawna, quien hizo un esfuerzo enorme para no sonar furiosa.
–De acuerdo –Pinstripe suspiró mientras revisaba la lista de candidatas –. Sólo queda una más. Su nombre es Pasadena O'Possum.
–¡¿Qué?! –Tawna se sorprendió al escuchar ese nombre –. ¿Pasadena? ¿La mejor corredora del Mundo del Motor de Von Clutch?
–¿La conoces?
–No personalmente, pero he oído de ella. ¿Qué está haciendo aquí?
–Ya se lo preguntaremos –dijo Pinstripe antes de dar el visto bueno para que dicha corredora entre –. ¡Siguiente!
Los dos pronto vieron entrar a una zarigüeya rubia con un traje de carreras azul cielo con algunas prendas rosas. Tawna pudo ver que, en efecto, se trataba de ella.
–Buenas tardes –ella los saludó mientras se sentaba –. Mi nombre es Pasadena O'Possum y me gustaría ingresar en su equipo.
–Sé quién eres, señorita –Tawna le sonrió –. Eres muy conocida en todo el mundo.
–¿Ah, sí? No me había fijado –Pasadena se rió nerviosamente.
–Bueno, basta de cháchara –dijo Pinstripe –. Vamos directo al grano. ¿Por qué quieres ingresar al Nitro Squad? ¿No se supone que trabajabas para un tal… Von Cloth?
–Es Von Clutch, y sí, trabajaba antes para él, pero me despidió por recortes en el personal. Sin embargo, tengo mucha experiencia como corredora. Aquí está mi currículo.
La zarigüeya procedió a entregar dichos documentos a Tawna, quien los analizó detenidamente. La bandicut quedó bastante impresionada con el historial profesional de Pasadena, que era casi igual de grande que el de Ami.
–Bien, bien… –Tawna sonrió y dirigió su mirada a la zarigüeya –. Me gusta lo que veo. ¿Qué tal si comenzamos con la entrevista?
Luego de unos diez minutos de preguntas por parte de Tawna, la entrevista había finalizado. Pinstripe no demostró mucho interés en las decisiones de su novia; quería acabar lo antes posible, así que la dejó hacerse cargo.
–No esperaba más de ti –Tawna dijo felizmente –. Creo que ya tenemos todo lo necesario.
–¿Eso significa…? –Pasadena preguntó.
–Sí. Estás contratada. Te espero aquí dentro de tres días sin falta.
–¡Gracias! –dijo la zarigüeya alegremente mientras le daba la mano a la bandicut –. ¡No saben cuánto se los agradezco!
–Sí, lo que sea –dijo Pinstripe un poco molesto –. Ya puedes irte.
Luego de que Pasadena abandonara la oficina, Tawna se recostó en su asiento con un suspiro de cansancio.
–Bueno –ella dijo –, veo que las entrevistas no fueron en vano después de todo.
–¿Tú crees? –dijo Pinstripe con ironía –. Solo aceptaste a una de tantas que vinieron hoy.
–Pero todas las demás eran niñatas mimadas de padres ricos sin experiencia alguna. ¿Qué clase de contactos tuyos son esos?
–No importa –Pinstripe decidió no responder. No quería admitir que solo lo hizo por dinero –. Te veo mañana. He llamado a un noticiero para promocionar más entrevistas.
–¿Qué? –Tawna preguntó sorprendida –. ¿Cuándo pensabas decírmelo?
–¿Qué más da? Te espero mañana a las 5:00 de la tarde.
Cuando el potoroo abandonó la oficina, Tawna suspiró de frustración. No le gustaba que su novio realizara actividades sobre el equipo sin avisarle, pero lo dejó pasar por ahora. Estaba satisfecha con que había encontrado a alguien que valiera la pena y no era una mocosa como las otras que asistieron a las entrevistas.
Sin embargo, en el fondo sabía que nadie podría llenar el vacío que dejaron sus cuatro amigas cuando renunciaron. Para Tawna, ellas eran sentimentalmente irremplazables.
En el aparcamiento del circuito, junto a dos karts, alguien estaba esperando a la zarigüeya. El individuo era un alce marrón, cuyo atuendo parecía el de un aviador.
–¡Eh, Hasty! –Pasadena llamó al alce mientras salía del recinto del circuito –. ¡Estoy dentro!
–¿En serio? ¡Eso es genial! –Hasty abrazó a la zarigüeya –. Qué lástima que el grupo solo sea para mujeres. Me habría encantado unirme contigo.
–No creo que sería necesario. Sabes muy bien que el supuesto despido es solo una estrategia de Von Clutch.
–Ahora que lo mencionas, debo llamarlo –dijo el alce mientras sacaba su teléfono móvil y marcaba un número, además de poner el altavoz para que Pasadena pudiera incluirse en la conversación.
El teléfono tardó unos segundos hasta que la pantalla reveló a un cíborg verde y bajito con un traje de militar, cuyo casco tenía banderas de carreras.
–¡Guten Tag, Hasty! –dijo Von Clutch –. ¿A qué debo tu llamada?
–Jefe, me complace decirle que Pasadena fue aceptada en el Nitro Squad con éxito.
–¡Excelente! –el cíborg se alegró –. Sabía que la aceptarían. Es mi mejor corredora después de todo.
–¡Oye! –Hasty se quejó –. ¿Qué pasa conmigo?
–Tranquilo, colega –Pasadena se rió de la reacción de su compañero, pero luego miró a su jefe –. ¿Qué es lo siguiente que debemos hacer, V. C.?
–Es simple –respondió Von Clutch –. Quiero que hables con la señorita Tawna. Trata de averiguar más sobre el repentino sabotaje que sufrió el Nitro Squad, ¿ya? Pero debes asegurarte que don Pinstripelli Potorotti no se entere.
–¿Aún cree en las sospechas de Hasty sobre ese potoroo? –preguntó Pasadena –. Señor, con todo respeto, pero creo que todo esto es una coincidencia.
–Eres una ilusa –dijo el alce –. El jefe es el fan número uno de Crash Bandicoot, por lo que es conocedor del marsupial y sus enemigos; Pinstripe entre ellos.
–Sigo sin ver tu punto, Hasty.
–Respóndeme a algo: ¿qué hace la gente de la mafia para adueñarse de un negocio?
–Um… ¿espagueti? –preguntó la zarigüeya un poco ingenua.
–No… –Hasty se tapó la cara de vergüenza –, económicamente hunden dicho negocio. Cuando vi en las noticias sobre el desconocido boicot financiero al Nitro Squad y que Pinstripe sería el nuevo promotor, empecé a sospechar. No hace falta ser listo para saberlo. Hoy en día, cualquiera conoce sobre prácticas mafiosas.
–Y es por eso que pido destapar a ese mequetrefe –dijo Von Clutch, quien no tardó en enojarse –. ¡No es justo! Vi un enorme potencial en esas chicas y quise ser su promotor, pero llegó este gánster a arruinarlo todo. ¡Exijo justicia!
–Nosotros nos encargaremos, jefe. Para eso nos paga –dijo Hasty.
–De acuerdo. Avisadme si averiguáis algo. ¡Auf Wiedersehen! –Von Clutch se despidió antes de que se apagara la pantalla.
–Aún no sé si esto sea buena idea –dijo Pasadena –. Somos corredores, no el FBI.
–¿Entonces por qué aceptaste hacer esta tarea? –preguntó Hasty –. Yo lo hago por pagas extras, pero tú debes tener una razón, ¿o me equivoco?
–Bueno… yo… umm… –Pasadena titubeó mientras se sonrojaba, algo que no pasó desapercibido por su compañero.
–Un momento…
El alce empezó a recordar cuando Von Clutch les pidió infiltrarse de incógnito en el Nitro Squad. Pasadena estaba dudosa en aceptar, pero rápidamente cambió de opinión cuando escuchó que irían a la isla donde vivía Crash Bandicoot, de quien ella no paraba de hablar últimamente.
–¿Aún sigues queriendo conocer a ese bandicut, eh? –Hasty se rió.
–¡Cállate! ¡Eso no tiene nada que ver! –Pasadena protestó mientras su cara se volvía completamente roja.
–¿Estás segura? –él insistió –. Siempre que lo mencionas, lo haces en un tono enamoradizo.
–Como no cierres el hocico ahora mismo, te mato –ella lo amenazó.
–Está bien, está bien... –el alce sonrió juguetonamente al ver que la zarigüeya le daba la espalda –. No molestaré más a la señora Bandicoot.
–¡TE LO ADVERTÍ! –gritó Pasadena mientras salía a perseguir a Hasty, quien huía de ella entre risas.
De regreso en la casa de los hermanos Bandicoot, Coco e Isabella habían terminado de realizar unos ajustes a la nave.
–Bien –dijo Coco mientras cerraba la compuerta del motor –. Unas cuantas piezas más y este bebé estará preparado para volar.
–Genial –Isabella secó el sudor de su frente con un trapo –. Solo espero haberlo hecho bien.
–Lo has hecho estupendamente –la pequeña bandicut le sonrió –. Creo que será mejor dejarlo por hoy. Quiero que puedas disfrutar de tus vacaciones.
–De acuerdo, pero hay algo que aun no entiendo Coco. ¿Qué vas a usar como fuente de energía? La nave no parecía tener depósitos de combustible.
–No te preocupes. Eso ya lo tengo bajo control –dijo Coco con una sonrisa –. Volvamos con los demás.
Sin más que decir, las dos bandicuts rubias abandonaron el garaje para reunirse con los demás. Tenían varios días por delante y no iban a desperdiciarlos.
Notas del autor: Originalmente, Hasty no estaba planeado para salir en la historia, pero decidí incluirlo porque me cayó bien el personaje. Además, así evito que Pasadena tenga que hacer todo el trabajo ella sola.
En fin, espero que les haya gustado el capítulo. ¡Nos vemos! :)
