Capítulo 8 - Cerrando heridas (parte 2)
Ya era el sexto día desde que Ami y las demás estaban de huéspedes en la casa de Crash Bandicoot y su familia. Eran las 2 de la tarde y todos estaban listos para almorzar, salvo cierta bandicut inventora.
Coco, quien estaba despierta desde las 6 de la mañana, estaba realizando uno de sus trabajos asignados con el Proyecto C. La ONU le había entregado unas muestras de sangre de pacientes enfermos de cáncer, y la pequeña bandicut estaba tratando de calibrar dicho laser para que pudiera curar la enfermedad. Sin embargo, ya lo había intentado varias veces desde hace días sin éxito.
En medio de la investigación, Megumi entró en el garaje con una bolsa.
–¡Hola, Coco! –la bandicut de cabello azul la saludó –. Aquí traigo los trajes de carreras como me pediste.
–¡Genial! Gracias, Megumi –dijo Coco alegremente y señalo un escritorio –. Déjalos ahí, por favor.
–Muy bien –la bandicut científica obedeció y colocó los trajes sobre dicho mueble –. ¿Cómo va tu investigación?
–Estancada… –Coco tenía un tono de decepción en su voz –. Con cada prueba que hago, la enfermedad parece resistir a los efectos del láser o simplemente la sangre se evapora.
–No te decepciones. Ten paciencia –dijo Megumi –. Muchos científicos han tardado años en encontrar las curas para otras enfermedades. Solo es cuestión de tiempo.
–Lo sé… pero imagina cuántas vidas se salvarían si la encontrara ahora mismo. Revolucionaría el campo de la ciencia y la medicina por completo.
Megumi sonrió ante la perseverancia de su pequeña amiga. Sin embargo, sabía que el sobreesfuerzo nunca era bueno, por lo que decidió tratar de convencerla para que descanse:
–Vamos, Coco. Llevas ocho horas trabajando y hemos preparado el almuerzo. Todos te estamos esperando.
Al ver la preocupación en los ojos de su amiga, Coco decidió dejar la investigación por hoy.
–Tienes razón –dijo ella –. Además, hoy íbamos a llevarlas a ustedes a conocer la ciudad. Vamos a almorzar para que podamos ir, ¿te parece?
–De acuerdo –Megumi sonrió –. Pero hay algo que me intriga: ¿Por qué quieres los trajes?
–Ayer Ami me los enseñó, y me llamó la atención lo buenos que eran. La costura, la resistencia, la flexibilidad… entre otras cosas.
–No los irás a romper, ¿verdad? –dijo Megumi un poco insegura.
–¡No! Claro que no –Coco intentó tranquilizarla –. Lo que voy a hacer no es nada perjudicial. Confía en mí.
La bandicut científica lo pensó por unos momentos, pero luego sonrió. Coco era una inventora confiable, así que no dudó de su palabra.
–Te creo –Megumi abrazó a su amiga –. Vamos a almorzar. Isabella ha preparado macarrones con atún y huevos cocidos.
–Suena delicioso –dijo Coco mientras iba a salir del garaje junto con su amiga –. Oh, a propósito, le tengo una sorpresita preparada a Crash en la ciudad.
–¿De qué se trata? –preguntó Megumi.
–Ya lo sabrás.
Luego de un satisfactorio almuerzo, los hermanos Bandicoot estaban llevando a sus invitadas a la ciudad de la Isla Wumpa. Ellas querían conocer más de dicho distrito, además de que los hermanos necesitaban comprar más víveres, por lo que todos accedieron sin problemas.
Las chicas y las mascotas se fueron en sus respectivos karts, pero Crash y Coco decidieron usar el Crikey y el Bandibuggy respectivamente. Si iban a llevar los víveres y demás pequeños caprichos que quisieran, necesitaban karts más grandes para albergar más compras.
Luego de que dieran las 3 de la tarde y de conducir casi media hora por la jungla, el grupo finalmente llegó a la ciudad. Su tamaño era de 80 km2 y estaba ubicada en el centro de la isla. Debido al gran interés de familias millonarias y grandes empresas sobre las riquezas que albergaba el lugar, la ciudad se construyó en menos de cinco años.
El grupo aparcó los karts en un estacionamiento en el centro de la ciudad. Mientras bajaban, miraron a sus alrededores. La ciudad tenía edificios, sí, pero no todo era cemento puro y duro. También había amplias zonas verdes con pasto y vegetación. La principal razón era porque varias organizaciones ecologistas interpusieron líneas rojas en cuanto a la expansión de la zona urbana y preservar el medio ambiente de la isla.
La ciudad también tenía una peculiaridad: los humanos y los animales antropomórficos vivían en comunidad. Desde humanos hasta felinos, chimpancés, aves, roedores… entre otros.
–Muy bien, chicas –dijo Aku Aku –. A las 6 de la tarde debemos ir a comprar los víveres. Mientras tanto, durante estas tres horas, vayamos explorando la ciudad y conociendo lugares. ¿Qué les parece?
–Me parece bien –dijo Isabella –. ¿Pero a dónde vamos primero?
–Yo tengo una idea –dijo Coco, quien sonrió en complicidad con Megumi –. Hay algo que quiero enseñarle a Crash, pero es una sorpresa.
–¿Un buffet de frutas Wumpa? –preguntó Crash con brillo en sus ojos.
–No –Coco soltó una risita ante semejante pregunta –. No tiene que ver con comida.
–Oh… –Crash se decepcionó –. ¿Pero qué es?
–Ya lo sabrás, Crash –dijo Megumi con una sonrisa –. De hecho, a mí tampoco me lo ha querido decir.
–Interesante… –dijo Isabella un poco intrigada –. Muy bien, Coco. Guíanos.
–Será un placer –respondió la pequeña bandicut mientras todos la seguían.
A medida que caminaban por la ciudad, la familia y sus amigas fueron objeto de miradas. Todos conocían perfectamente quienes eran Crash Bandicoot y su familia, además del Nitro Squad, pero eso no les impidió seguir su camino.
Luego de doblar en una esquina, todos vieron lo que parecía una especie de entrada a un museo, pero decía algo encima de la entrada: MUSEO CRASH BANDICOOT.
–¡TA-RAN! –Coco cantó felizmente –. ¿Qué te parece?
–Coco… –Crash estaba un poco confundido –. ¿Qué es esto?
–Entra y verás –dijo ella con una sonrisa.
Luego de que todos entraran al recinto, se sorprendieron por lo que vieron: fotos, objetos, recuerdos y muchas otras cosas más de todas las aventuras que había tenido el héroe bandicut desde que fue creado: La Ciudad Perdida de la Isla Central, el bosque de las abejas, las antiguas China, Arabia y Egipto… todo acerca de Crash Bandicoot y gran parte de su vida estaban aquí.
–Bueno, ¿qué te parece? –preguntó Coco con una ligera sonrisa –. Iba a poner algunos cristales y gemas entre los objetos, pero luego pensé que Cortex o algún ladrón intentarían robarlas, así que… –ella fue interrumpida, ya que Crash la abrazó con cariño. Este gesto lo había conmovido enormemente.
–Hermanita… gracias –él dijo felizmente.
–De nada, hermano mayor –Coco abrazo devuelta a Crash.
–Qué tierno –dijo Liz sinceramente –. ¿Qué tal si nos das un recorrido tú misma, Coco?
–¡Sí! –Ami estuvo de acuerdo –. Quiero saber cómo tú y tu hermano les patearon el trasero a Cortex y su séquito.
–¡Oh! Está bien. Síganme –dijo Coco.
Mientras tanto, en la entrada del circuito Nitro Squad, Pinstripe estaba realizando una llamada telefónica:
–Sí, así es. Quiero que la noticia sea de ámbito nacional –dijo el potoroo –. Muy bien, aquí los espero. Addio.
Luego de que Pinstripe colgara, sonrió con cierta malicia. A pesar de que había contratado el noticiero para atraer a más gente para las entrevistas, su objetivo principal era otro: Quería que todos supieran que Tawna, la ex novia de Crash, ahora estaba saliendo con él.
Su odio hacia el bandicut naranja era profundo, así que no iba a desperdiciar cualquier oportunidad de humillarlo, en especial si se trata de hacerlo públicamente. Además, mientras más miserable lo haga sentir, más fácil se ejecutará el plan del doctor Neo Cortex cuando termine el nuevo Evolvo-Ray.
El potoroo fue sacado de sus pensamientos cuando escuchó a Tawna salir del recinto. La cara de la bandicut rubia demostraba que no estaba de acuerdo con lo del noticiero.
–No puedo creer que me convencieras de hacer esto… –dijo Tawna un poco molesta –. Solo hagámoslo rápido, ¿entendido?
–Tranquila, cariño –dijo Pinstripe con una actitud relajada –. Aún faltan cuatro horas para que nos entreviste el noticiero. Mientras tanto, ¿por qué no vas a comer algo? Yo me encargo del resto.
–De acuerdo… –dijo Tawna –. Solo no vuelvas a hacer algo sin consultarme, o tendremos un problema de confianza tú y yo, señorito.
Mientras veía como la bandicut rubia volvía a entrar en el edificio, Pinstripe suspiro con ligera molestia.
–Últimamente es muy fría conmigo –él pensó –. Como las cosas se pongan feas entre nosotros, el doctor Cortex y Uka Uka me van a matar…
Luego de explorar el museo, Crash y los demás iban charlando por las calles en dirección a la plaza de la ciudad, donde estaban la mayor parte de las tiendas y comercios.
–Es increíble que ese loco aún quiera conquistar el mundo cuando ya se han frustrado sus planes varias veces –dijo Isabella, refiriéndose a Cortex –. ¿Acaso no puede buscarse un hobby o algo así?
–Es alguien con ambiciones perversas –dijo Megumi –. Yo intentaba convencerlo a él y al doctor N. Gin para que desistieran de esas intenciones absurdas, pero solo me ganaba comentarios despectivos sobre los bandicuts…
–Son un caso perdido, chicas –dijo Coco –. Por eso siempre estaremos atentos para proteger el mundo de sus malvados planes. ¿Verdad, Crash?
–Tú lo has dicho –el bandicut sonrió y le dio un pulgar en alto.
Crash y los demás pasaron cerca de un grupo de adolescentes de una escuela, los cuales acababan de salir de estudiar. Ellos ya conocían al héroe y a su familia, pero se sorprendieron al ver a las cuatro chicas.
–¡Eh! ¡Son ellas! –dijo un joven zorro perteneciente al grupo.
Crash y los demás se detuvieron y miraron perplejos al muchacho.
–¡Es cierto! ¡Es el Nitro Squad! –dijo alegremente una chica, la cual era una humana.
Muchos de los jóvenes se acercaron al grupo para pedir autógrafos. Estaban emocionados de conocer a unas celebridades poco habituales.
–Me siento un poco abrumada –dijo Megumi con un ligero sonrojo ante tanta atención.
–Vamos, chicas –dijo Liz, quien orgullosamente firmaba unos cuantos autógrafos –. Somos populares, y hay que disfrutar eso.
–Típico de ti… –dijo Isabella, quien estaba firmando el autógrafo de una comadreja macho, quien parecía ser fan de ella –. Aquí tienes, y estudia mucho.
Isabella le mandó un beso al aire con su mano, lo cual hizo desmayar al joven con una expresión enamorada.
Crash y su familia sonrieron ante la linda escena. Se notaba que Ami y las demás tenían muy en cuenta a sus admiradores, pero la bonita anécdota lamentablemente no duro mucho.
–¡Ah, sí! ¡Ustedes… traidoras! –dijo una conejita rubia a unos cuantos centímetros del grupo. Tenía una expresión de prepotencia y a unos cuantos compañeros a su lado con rostros molestos.
Ami y las chicas se sorprendieron ante la declaración de la conejita.
–Qué bonita es la amistad, ¿no es cierto? –ella prosiguió –. ¿Pero qué van a saber ustedes, que abandonan a una de sus amigas a su suerte?
–¡¿Qué has dicho?! –preguntó Ami muy molesta con la actitud de la chica.
–¡Penélope, basta! –dijo el zorro del grupo –. Sabes muy bien que no es culpa de ellas. Nadie quiere a gente de mala reputación diciéndoles que hacer.
–¡Tú no te metas, Dutch! –dijo un humano moreno, amigo de la conejita.
–¡Oblíganos, idiota! –una chica mapache salió en defensa del zorro.
Pronto, los estudiantes empezaron a discutir entre sí. La familia Bandicoot y las chicas no podían entender lo que decían, ya que todos hablaban a la vez.
Sin embargo, Coco y los demás, excepto Crash, sabían por qué estaban discutiendo. Según parece, la noticia de que dejaron el Nitro Squad por culpa de Pinstripe se había extendido por toda la ciudad.
–¿Chicas, a qué se refieren estos estudiantes? –preguntó Crash.
–Ehh… no ha de ser nada importante, hermanito –dijo Coco con ligero nerviosismo –. Vámonos antes de que nos metamos en problemas.
Con ligera duda, Crash hizo caso a su hermana y todos se fueron del lugar.
Luego de caminar unos cuantos minutos, Crash y los demás llegaron a la plaza. Habían tiendas por todos lados; ropa, joyas, restaurantes, bares, supermercados, discotecas… había de todo.
Isabella y Liz tenían expresiones de niña pequeña en sus rostros. Parecía el paraíso para cualquiera que quisiera gastar dinero. Coco y Ami no pudieron evitar reírse y girar sus ojos por las expresiones de sus amigas.
Megumi, por otro lado, notó que Crash tenía una expresión incómoda en su rostro.
–Esto será aburrido… –él dijo mientras recordaba las veces que había acompañado a Tawna de compras, y se quedaba insufribles horas esperándola.
Entendiendo a qué se refería, la bandicut de cabello azul tuvo una idea:
–Chicas, vayan ustedes. Yo me quedo con Crash –dijo ella.
–¿Estás segura? –preguntó Liz –. No vas a poder realizar compras.
–Liz… déjala –Isabella se rió –. Si ella quiere aprovechar y pasar el rato con Crash, es decisión suya. Además, ¿no lo escuchaste? Él podría aburrirse sin nadie que lo acompañe.
–Eso y sin mencionar que ustedes dos son lentas comprando ropa –Ami se refirió a sus dos amigas.
–¡Eh! –Liz se quejó por aquel comentario –. Como mujeres, necesitamos vernos bellas. No es mi culpa que seas tan masculina.
–Puedo ser femenina si me lo propongo –Ami se burló –. Es obvio que no me conoces bien.
–Vamos, chicas. No peleen –Coco se interpuso entre sus dos amigas con una sonrisa nerviosa –. Solo vamos de compras y nos reuniremos con Crash y Megumi a las seis de la tarde. ¿De acuerdo?
Todos asintieron a la propuesta de la pequeña bandicut, por lo que Aku Aku decidió pedirle algo a la bandicut científica:
–Megumi, tú ve al parque con Crash y llévense a Polar, Pura y Dino Bebé. Vendremos por ustedes a las 6 de la tarde para comprar los víveres todos juntos.
–Sí –ella asintió –. No hay problema.
Sin más que decir, Aku Aku, Coco y las otras tres chicas se despidieron de Crash y Megumi para dirigirse a las tiendas.
–Gracias, Megumi. Nos haces un gran favor a mí y a ellos –Crash sonrió y señaló a las tres mascotas –. No me importa venir a comprar lo necesario, pero cuando se trata de ropa y esas cosas… es insufrible.
–No hay de qué, Crash –ella le sonrió devuelta –. Vamos al parque.
Los dos bandicuts llevaron a las tres mascotas al parque principal de la ciudad. Tenía una amplia expansión de pasto, un pequeño lago que conectaba a lo lejos con el mar y unos cuantos árboles de frutas Wumpa. Estaba diseñado expresamente para mascotas y sus dueños.
Crash y Megumi se sentaron al pie de uno de los árboles mientras observaban a Polar y los demás corriendo y jugando entre ellos.
–Tus mascotas son encantadoras, Crash –dijo Megumi –. Veo que Coco y tú los han educado bien.
–Gracias –Crash sonrió –, aunque ya eran así desde que los conocimos.
–Ya veo, pero lo más destacable es que son distintos a otras mascotas. Saben conducir, pueden razonar como los humanos o los animales antropomórficos… ¿No te parece curioso?
–Uhh… –Crash se puso nervioso por la pregunta. Hasta el momento, no había notado ese importante detalle sobre las tres mascotas. No queriendo quedar como un completo idiota con ella, decidió mentir, pero su esfuerzo por sonar convincente fue pésimo –. ¡Claro que lo sabía! Je, je… ¿De verdad c-crees que no lo notaría con mis queridísimos Polar y Dino B-bebé? Je, je, je…
–No lo notaste hasta ahora… ¿verdad? –Megumi le sonrió con simpatía.
–No… –él admitió al ver que ella no se lo había creído y suspiró con decepción –. Debes creer que soy un idiota…
–Crash, no te sientas mal –dijo ella mientras le daba palmadas cariñosas en la espalda –. Nadie es perfecto.
–Para ti es fácil decirlo –el argumentó –. Eres perfecta en todos los sentidos…
–Umm… gracias –Megumi se sonrojó ante tal elogio –, pero no. La verdad… yo soy muy ingenua en ocasiones.
–¿Ah, sí? ¿Cómo en qué? –Crash preguntó con curiosidad.
–Yo… –Megumi volvió a sonrojarse, pero esta vez, de vergüenza –, yo creía que James Bond era un actor en vez de un personaje.
–¡¿QUÉ?! –Crash gritó sorprendido, hasta que a los pocos segundos estalló a carcajadas.
–¡Eh, no es para tanto! –Megumi fingió una mirada molesta, la cual era muy obvia.
Crash no paro de reír por un buen momento, casi no pudiendo respirar, pero luego se calmó y se limpió un par de lágrimas que las fuertes risas habían dejado.
–L-lo siento… je… je, je –dijo Crash aún con algunas risas guardadas –. Es que es no me lo esperaba.
–Bueno –Megumi suspiró con una sonrisa –. ¿Ahora vez por qué digo que no te sientas mal?
–Sí… –de repente, el estado de ánimo de Crash descendió un poco –. Pero aun así, Tawna no opinó lo mismo…
Notando que su amigo se estaba entristeciendo, Megumi apoyó una mano en su hombro en señal de apoyo.
–Ya encontrarás a alguien, Crash. Eres un chico divertido, humilde, heroico y valiente. ¿Qué chica no querría salir contigo? –ella se sonrojó con esa última pregunta.
–¿Tú crees? –preguntó Crash.
–Lo digo en serio –Megumi le dio una sonrisa tranquilizadora –. Solo no dejes que todo esto te afecte. Sé más positivo.
–Tienes razón –Crash adoptó una actitud optimista y se levantó señalando al cielo –. ¡A partir de ahora, pensaré en positivo!
Como si el destino quisiera burlarse de él… o a alentarlo… una fruta Wumpa cayó del árbol y rebotó en la cabeza de Crash, siendo después atrapada por Megumi.
–¡AY! –Crash gruñó de dolor y se molestó un poco –. ¡¿Por qué me tienen que pasar estas cosas?!
Megumi no pudo evitar reírse, lo cual captó la atención de Crash, quien ya se había tranquilizado, pero decidió fingir sentirse aún enfadado.
–Con que burlándote de mí, ¿eh? –él dijo en un tono amenazante, lo cual intimidó un poco a su amiga, pero luego Crash adoptó una sonrisa maliciosa –. Dame esa fruta Wumpa si no quieres que me desquite contigo.
Entendiendo que se trataba de un juego inocente, Megumi decidió seguirle la corriente y le dio una sonrisa arrogante:
–Lo siento, Crashito. Yo la atrapé, así que es mía.
–Pero yo la toqué primero, así que es mía. Dámela… AHORA –dijo Crash con su falso tono amenazante.
–¡Tendrás que atraparme primero! –dijo Megumi mientras salía corriendo entre risas.
–¡Oye, vuelve aquí! –el héroe bandicut salió detrás de ella con una sonrisa.
Crash estuvo persiguiendo a su amiga entre los alrededores del árbol. Ambos no podían evitar reírse por el buen momento que estaban teniendo, así que lo disfrutaron al máximo.
Luego de casi un minuto persiguiéndola, el héroe bandicut por fin logró alcanzarla.
–¡Te tengo! –dijo Crash mientras la agarraba a Megumi por detrás, provocando que ella callera al césped –. ¡Dame mi fruta, ladrona!
–¡No! ¡Mía! –ella bromeó en un tono de niña pequeña.
En medio del jugueteo y entre risas, Megumi acabó soltando la fruta y se colocó boca arriba, teniendo a Crash encima de ella y agarrándola con los brazos abiertos. Ambos siguieron riendo un poco mientras se miraban fijamente hasta que dicha manifestación de alegría se calmó y se transformó en simples sonrisas.
Mientras se miraban, Crash pudo notar con detalle que ella era realmente hermosa. Su cabello azul como el cielo, su rostro lindo y risueño, sus ojos púrpuras que le recordaban mucho a un cristal de poder… En otras palabras, ella era una belleza; no solo por dentro, sino por fuera.
Al mismo tiempo, Megumi también se perdió en el rostro de su amigo. Su personalidad graciosa y caricaturesca la había cautivado enormemente, pero sus ojos color esmeralda y su tierno rostro era algo que volvía el corazón de la joven científica completamente loco.
Ambos se sonrojaron ante aquellos pensamientos, pero a pesar de sus deseos internos, mantuvieron la compostura en sus mentes.
–L-lo siento –dijo Crash mientras se retiraba de encima de su amiga y se sentaba a su lado.
–No importa… –dijo Megumi, quien también adoptó una posición sentada –. Ha sido divertido.
Crash se rió tímidamente, pero luego recordó algo:
–Un momento. ¿Dónde está la fruta Wumpa?
Ambos bandicuts miraron a sus alrededores hasta que vieron a las tres mascotas detrás de ellos a unos pocos metros. Pura tenía la fruta Wumpa debajo de su pata derecha y estaba dándoles al par de amigos una mirada juguetona, al igual que Polar y Dino Bebé.
Crash y Megumi entendieron la intención en la mirada de los tres animalitos, así que no dudaron en seguirles el juego.
–¿Con que esas tenemos? ¿Eh, chicos? –Crash sonrió –. Megumi, quien recupere la fruta, se la queda. ¿Qué te parece?
–De acuerdo –dijo ella antes de salir corriendo –. ¡Piensa rápido!
–¡Oye! –dijo Crash, llendo detrás de ella.
Pura tomó la fruta Wumpa desde el tallo y salió corriendo junto con Polar y Dino Bebé, mientras eran perseguidos por los dos bandicuts.
Ya eran las 6 de la tarde, y Coco junto con las chicas y Aku Aku se dirigían al parque para encontrarse con Crash y Megumi.
–Veo que ustedes no perdieron el tiempo –Aku Aku se rió cuando vio las bolsas de compras de Coco, Isabella y Liz.
–En un lugar nuevo, siempre hay que aprovechar –Isabella le guiñó el ojo –. Pero no todo fueron compras. Hemos visto de reojo unos sitios de ocio que parecen ser populares.
–El que más me llama la atención es esa discoteca Ciencia Electro –dijo Liz –. Quizás vengamos una noche para echarle un vistazo.
–No te olvides de la feria que habrá dentro de dos días –dijo Coco –. Montañas rusas, minijuegos, algodón de azucar... No pueden perdérsela.
–Si vamos todos juntos, no tengo problema –dijo Isabella.
–Miren. Ahí están los tortolitos –Ami bromeó mientras señalaba a ciertos dos bandicuts sentados al lado de un árbol con Polar y las otras mascotas. Todos estaban descansando.
–"Crash y Megumi, sentados en un árbol, besándose" –Coco cantó en tono de broma.
–Cuidado, que no te vayan a oír –Aku Aku se rió un poco antes de llamar a dichos bandicuts –. ¡Eh, chicos!
Crash, Megumi y los otros se levantaron del árbol para reunirse con Aku Aku y las chicas.
–Díganme, ¿cómo les ha ido durante estas horas solos? –Ami les sonrió.
–Muy bien. No puedo quejarme –dijo Crash –. Megumi es alguien con quien puedes pasar unos buenos momentos.
–Oh, para… –ella sonrió con un ligero rubor.
–Bueno, ya son las 6 de la tarde –dijo Coco –. Vamos a comprar los víveres. ¿De acuerdo, hermano mayor?
–¡Ya rugiste! –dijo Crash.
Luego de comprar los víveres, ya era hora de volver a casa. Los seis bandicuts, la máscara flotante y las mascotas estaban caminando por un segundo parque, donde había caminos y bancas, y no estaba muy lejos del estacionamiento donde dejaron sus karts. Crash y Megumi estaban caminando juntos y charlando detrás del grupo.
–Bueno, ha estado bien esta visita a la ciudad –dijo Crash.
–Es muy bonita –dijo Megumi respecto a la ciudad –. Ya veo por qué dejaste la Isla N. Sanity para venir aquí.
–Bueno… eso y que teníamos problemas con Papu Papu –dijo Crash con algo de pena –. Sabes que ese jefe panzón es muy territorial, y no queríamos más conflictos con él.
–Te entiendo –la bandicut de cabello azul apoyó amistosamente su mano en la espalda del heroe –. A veces hay que someterse a cambios en nuestras vidas. Yo a veces extraño Japón, pero soy feliz en Australia.
Crash sonrió al ver que ella tenía cierta empatía con él. Las mudanzas no siempre eran fáciles, y ambos lo entendían muy bien.
Mientras caminaban por el parque para volver a sus karts, divisaron a un par de personajes peculiares tomando un helado en una de las bancas, a unos cuantos metros de una furgoneta de noticias. Eran dos pollos antropomórficos, cada uno con la parte superior de un esmoquin azul. Uno se llamaba Chick Gizzard Lips, quien tenía una cresta marrón, y el otro se llamaba Stew, con un peinado alto y azul oscuro.
Las chicas los reconocieron inmediatamente, así que fueron a saludarlos junto con Crash y los demás.
–Bueno, bueno, bueno… –dijo Isabella con una sonrisa, captando la atención de los dos pollos –. Pero si son mis dos reporteros favoritos.
–¡Isabella! ¡Qué gusto verte! –dijo Stew, quien dio un pequeño abrazo a la bandicut rubia.
–¿Cómo han estado, chicas? –Chick las saludó.
–Muy bien, Chick –dijo Liz –. Estamos pasando las vacaciones con nuestros amigos: Crash Bandicoot y su familia.
–¡Ohh! ¡¿Crash Bandicoot en persona?! –dijo Stew mientras se abría paso entre los demás y sacaba un trozo de papel con un bolígrafo –. ¿Podrías darme tu autógrafo, por favor?
–¡Claro! ¿Por qué no? –dijo Crash mientras firmaba dicho papel –. Aquí tienes.
–¡Muchas gracias, chico!
–Stew… sé un poco más profesional. A veces pareces un niño –dijo Chick ligeramente incómodo.
–Oh, vamos Chick –dijo Stew sin perder los ánimos –. No todos los días ves a uno de tus héroes favoritos tan casualmente. No seas tan estirado.
–Pero… ambos son literalmente estirados –dijo Crash inocentemente, captando la atención de ambos pollos –. ¿No tienen el cuello largo?
Las chicas, salvo Coco, no pudieron evitar soltar unas cuantas risas ante aquel comentario. A veces, la estupidez de Crash les causaba mucha simpatía.
–Bueno… dúo estrella –dijo Ami, tratando de evitar malentendidos –. ¿Qué los trae a la isla?
–Nos han contratado para realizar una noticia sobre unas entrevistas –dijo Chick, quien adoptó una actitud compasiva –. También sabemos lo que pasó... Lo siento, chicas.
–¿Huh? –Crash estaba confundió –. ¿De qué está hablando?
–Oh, no… –dijo Isabella, quien rápidamente intervino para evitar que los pollos mencionaran a Tawna y el asunto del Nitro Squad –. Nada… Crash… je, je, je... Un pequeño incidente sin importancia.
–¿Isabella, qué…? –Antes de que Chick prosiguiera, él y Stew divisaron a Liz haciéndoles señas de que no hablaran más, cosa que ellos entendieron.
–Bueno… me alegro de verlos, muchachos –dijo Ami un poco nerviosa mientras apartaba a Crash hacia adelante para seguir su camino –, pero tenemos que irnos. ¡Ya hablaremos luego!
–¡Eh, no me empujes! –Crash se quejó mientras su amiga lo apartaba del lugar.
Los demás suspiraron de alivio cuando ambos bandicuts se alejaron bastante, pero los pollos tenían expresiones en blanco.
–Lo siento, chicos… –se disculpó Liz –. No le hemos dicho a Crash lo que pasó.
–¿A qué se debe? –preguntó Stew.
–No queremos dar muchos detalles –dijo Isabella –, pero sucedieron cosas que afectaron muchísimo a Crash, y hablar de esto solo empeoraría las cosas para él.
–¿Tiene que ver con Pinstripe Potoroo? –preguntó Chick –. Sabemos que él ahora dirige en cierta parte el equipo.
–Más o menos… –dijo Megumi con cierta incomodidad.
–¡Eh! ¡Chick, Stew! –dijo alguien a cierta distancia. Era un humano con ropa de equipo de producción que había salido de la furgoneta –. ¡En treinta minutos debemos estar allí! ¡Prepárense!
–¡Tranquilo! ¡Ya vamos ahora mismo! –dijo Chick –. Lo siento, chicas. Tenemos que irnos. ¿Listo, Stew?
–¡Ya rugiste, Chick! –respondió Stew con su entusiasmo de siempre mientras se iba a la furgoneta con su compañero –. ¡Hasta luego!
–¡Buena suerte! –dijo Coco, quien luego bajo su tono con una expresión confundida –. Sea lo que sea…
Sin nada más que agregar, Aku Aku y las chicas se fueron a alcanzar a Crash y Ami para volver a sus karts.
Luego de un viaje tranquilo de veinte minutos por la jungla, el sol se estaba poniendo por el horizonte. La familia Bandicoot y el ex Nitro Squad estacionaron los karts cerca de la casa y llevaron las bolsas de compra adentro.
Luego de desempacar todo y ponerlo en su sitio, las chicas se pusieron a hablar entre ellas, mientras que Crash encendió la televisión para relajarse un poco. Aún estaba confundido por todas las cosas extrañas que pasaron hoy respecto a sus amigas, pero decidió ignorar eso por ahora.
–Veamos, ¿qué hay en la tele? –dijo el héroe bandicut mientras cambiaba de canales con el control remoto –. No… no… ya lo vi… aburrido… no… no…
–Vamos… decide algo ya –dijo Coco mientras rodaba su mirada por impaciencia.
Luego de cambiar unos cuantos canales, dos pollos conocidos aparecieron en la pantalla:
–¡Muy buenas tardes a todos! ¡Yo soy Chick Gizzard Lips y éste es mi compañero Stew! –El pollo con cresta habló –. ¡Estamos aquí reunidos afuera del Circuito Nitro Squad en la Isla Wumpa, para entrevistar a los promotores de unas inscripciones!
–¡¿Pero qué…?! –dijo Ami, quien junto con los demás se sorprendió ante lo que estaba escuchando.
–¡Así es, Chick! –dijo Stew –. ¡Según parece, el famoso Nitro Squad ha sufrido enormes pérdidas desde hace un tiempo! ¡Todas sus integrantes, exceptuando a su líder, han renunciado al equipo tiempo después de descubrirse la crisis financiera interna!
–¡¿Qué?! –preguntó Crash bastante sorprendido –. ¿Chicas, ustedes dejaron el equipo?
–Crash… verás… –Isabella intentó explicarle la situación, pero fue interrumpida por los pollos de la televisión.
–¡En estos momentos se están realizando entrevistas para encontrar a nuevos miembros! –dijo Chick –. ¡Y aquí tenemos a los encargados!
La cámara de la televisión pronto enfocó a Tawna, quien parecía estar bastante incómoda, y a Pinstripe, quien tenía una actitud serena y orgullosa.
Crash sintió como la tristeza de hace unos días volvía poco a poco dentro de él. A pesar de que el tiempo con las chicas había sido reconfortante, sacar a Tawna de su corazón es algo que aún no ha logrado.
–¡Apaguen la tele! –Coco ordenó inmediatamente –. ¡¿Dónde rayos está el control?!
Todas empezaron a buscar el control remoto de la televisión por los alrededores de los sillones, pero resulta que Crash lo tenía en la mano.
–Crash, danos el control –dijo Liz en un tono severo –. No lo repetiré dos veces.
–¡No, quiero saber que pasa! –el bandicut naranja dijo sin apartar la mirada del televisor.
Liz intentó arrebatarle el control a Crash, pero ella y los demás se distrajeron cuando los pollos de la televisión continuaron hablando.
–Entonces díganos, señor Pinstripelli Potorotti –dijo Chick –. Usted era consciente de que el Nitro Squad estaba en sus peores momentos. De hecho, sabemos que la señorita Tawna es la única que quedó del equipo. ¿Qué lo motivó a tenderle la mano?
–Por favor, mi estimado Chick. Llámame Pinstripe –el potoroo habló elegantemente –. Sobre tu pregunta, Tawna es una mujer única. No podía dejar que ella afrontara estos retos ella sola. Como caballero que soy, era mi deber ayudarla. ¿No es así, querida?
–Sí… supongo –dijo Tawna sin muchos ánimos.
–Miserable… –Ami susurró en un tono molesto. Sabía lo hipócrita que podía ser el potoroo.
–Un momento... ¿Querida? –preguntó Stew –. ¿Acaso ustedes dos están saliendo? ¿No salía la señorita Tawna con el héroe de la Tierra, Crash Bandicoot?
–Bueno… yo… –Tawna no sabía cómo responder, pero antes de que se le ocurriera algo, fue interrumpida por Pinstripe.
–Verás, Stew, las cosas cambian –dijo el potoroo –. Crash podrá haber salvado al mundo en múltiples ocasiones, pero no tiene lo que se necesita para mantener a una mujer. Mi chica merece aspirar a algo más, ¿no crees? Alguien de éxito financiero y que puede darle todo lo que necesite. Alguien que no sea un lastre para ella. Alguien como yo. ¿Cierto, amore mio?
Inesperadamente, Pinstripe agarró suavemente el rostro de Tawna y la besó en los labios delante de la cámara. La bandicoot rubia se sintió aún más incómoda, pues no le gustaba exponerse así delante de tanta gente.
Las reacciones al beso fueron bastante negativas: Coco estaba furiosa, Megumi tenía una mirada de desaprobación, Aku Aku se sentía muy incómodo y Ami, Isabella y Liz mostraron expresiones de asco. Sin embargo, todos se distrajeron cuando escucharon la puerta de la habitación de Crash cerrándose. Cuando echaron un vistazo, notaron que él ya no estaba y había dejado el control remoto en uno de los sillones.
–No… –dijo Coco con tristeza. Esta situación le trajo flashbacks del día donde empezó todo.
Tawna y Pinstripe dejaron de besarse en la televisión, pero los dos pollos quedaron un poco perplejos. Chick y Stew ahora entendían por qué Ami y las demás no querían hablar del asunto con Crash.
–Pues… ya lo ven, televidentes –dijo Chick un poco incómodo –. La señorita tiene un nuevo amor. Y hablando de asuntos importantes, ¿ya han encontrado a algún…?
La imagen del pollo hablando desapareció, ya que Liz apagó la televisión.
–Rayos… –dijo ella mientras se daba una palmada en su propia cara –. Pudimos simplemente desconectar el cable.
–Eso ahora no importa –dijo Ami con frustración –. Crash nos necesita.
La máscara flotante y las chicas se dirigieron hacia donde estaba la entrada a la habitación de Crash. Cuando Coco intentó abrirla, notó que estaba cerrada con llave.
–¿Se ha encerrado? –preguntó Isabella preocupada.
–Tranquilas –dijo Coco mientras se dirigía a sacar una llave del armario –. Esta no es la primera vez que Crash se encierra en su habitación. He hecho una copia de su llave para casos de emergencia cuando ustedes llegaron.
Con mucho cuidado, Coco utilizó la llave para quitar el cerrojo y abrir lentamente la puerta. Luego de que ella y los demás miraran un poco los alrededores de la habitación, notaron a Crash sentado en el borde de la cama.
El triste héroe estaba llorando con su cabeza agachada y los ojos cerrados, como si intentara contener las lágrimas. El hecho de que Tawna estuviera saliendo con uno de sus antiguos enemigos era bastante doloroso, pero ver como se besaba con él directamente, aunque fuese por una pantalla, era aún peor. Se sentía como si le clavaran una navaja en el pecho.
Crash escuchó los pasos de las chicas acercándose. No sabía cómo lograron abrir la puerta de su habitación, pero ahora no le importaba. Estaba demasiado afectado para exigir privacidad, además de que no quería ser grosero con los demás, ya que no tenían la culpa de nada.
–Crash… lo siento muchísimo –dijo Megumi, quien decidió sentarse a su lado izquierdo y acariciarle la espalda en señal de empatía.
–No… –dijo el héroe bandicut entre lágrimas –. Todo esto es mi culpa. No fui lo bastante bueno para ella. Si fuera alguien exitoso y con dinero, a lo mejor seguiríamos juntos, incluso… ¡incluso comprometidos! ¡Soy el peor novio del mundo!
Los lamentos de Crash se hicieron más fuertes desde esa última frase. Al ver lo deprimido que estaba, Megumi se acercó más y lo abrazó.
–Crash… ven aquí –dijo Megumi en un tono cálido –. No llores...
El triste héroe apoyó su cabeza en el hombro de su amiga y la abrazó devuelta, ahora llorando más fuerte.
Todos sintieron como sus corazones se hundían de la tristeza. Durante estos días, el estado de ánimo de Crash parecía haber mejorado bastante, pero ahora parecía que todo ese esfuerzo se había hecho trizas. Sin embargo, ellos aún seguían dispuestos a ayudarlo.
Megumi continuó abrazándolo por unos minutos hasta que Crash se calmó un poco, por lo que decidió hablarle:
–Por favor, no pienses eso de ti –dijo ella suavemente –. Eres un gran chico.
–No es verdad… –Crash siguió culpándose.
–Claro que sí. Recuerda las cosas que dije de ti –Megumi se apartó un poco y levantó suavemente el rostro del triste héroe para que la mirara –. Siempre estás dispuesto a ayudar y proteger a los demás, incluso poniendo en riesgo tu propia vida. Además, he visto lo atento que eras con Tawna y como intentabas complacerla. Que ella se haya fijado en algo tan superficial como el dinero no es culpa tuya.
–Pero… ustedes renunciaron por mi culpa.
–Eso no es cierto, Crash –dijo Ami en un tono comprensivo –. Sé que Tawna es nuestra amiga, pero lo que ella hizo fue despreciable. Dan igual las razones por las que haya querido romper contigo, no debió hacerlo por una carta. No solo dejamos el equipo porque nos ocultó el asunto con esa maldita rata, sino porque no te merecías algo así.
–Exacto –dijo Liz –. ¿Y qué importa si ese potoroo tiene dinero? Sigue siendo un egocéntrico narcisista que no valora a los demás.
–¿Y quieres saber algo? –Isabella le dio una sonrisa confortante –. Si cualquiera de nosotras tuviera que elegir entre ese canalla y tú, te elegiríamos mil veces a ti sin dudarlo.
–Chicas… –Crash quedó conmovido por las palabras de sus amigas.
–Te quieren, Crash –dijo Coco, quien se sentó al lado derecho de su hermano –. Podrás creer que no vales nada, pero nosotros no lo vemos así.
–Eres alguien muy especial –dijo Aku Aku –. No solo Coco y yo lo opinamos, sino ellas. Solo mira cómo te están apoyando.
–Sí –dijo Megumi cariñosamente mientras limpiaba las lágrimas del rostro de su amigo –, por eso estamos aquí, porque te queremos mucho.
–Yo… no sé qué decir –dijo Crash con una amplia sonrisa, aunque aún algo triste –. Muchas gracias, chicas. Yo también las quiero.
Megumi gimió de ternura por esa última frase y besó a Crash en la mejilla, provocando que se sonrojara completamente.
–Eres muy dulce –dijo ella, quien sostuvo las manos del héroe bandicut con las suyas.
Crash se sentía extraño. El beso, las caricias, las muestras de apoyo y afecto… todo esto provocaba que esos sentimientos encontrados respecto a su amiga resurjan y se vuelvan cada vez más fuertes. Claro, las demás también le brindaron apoyo constante, pero Megumi siempre fue la más cercana a él desde que llegaron a la isla, como si fuera su confidente y mejor amiga. De hecho, al cogerse de las manos, sentía una especie de cosquilleo, como si de alguna forma estuvieran conectados sentimentalmente.
–Otra vez esa sensación –pensó Crash para sí mismo y luego miró fijamente a su amiga –. ¿Qué me pasa?
–Pobre… –pensó Megumi, quien también acabó sonrojándose –. Es tan lindo y tierno. Ojalá pudiera decirle lo que siento…
Los demás notaron el afecto en las miradas de los dos bandicuts y sonrieron entre ellos. Era obvio que Crash estaba desarrollando sentimientos por Megumi, pero solo el tiempo les permitirá desenvolverse correctamente.
–Oigan, chicos –dijo Isabella, captando la atención de todos –, ¿qué tal si vemos unos DVDs para olvidar este mal trago? He traído mi colección de la serie Los Vigilantes de la Bahía.
–¡Genial! Siempre he querido verlos contigo –dijo Coco felizmente.
–Vamos a preparar la cena primero –sugirió Aku Aku –. Ya casi es hora de comer, y no estaría mal tener algo con lo cual acompañar el momento.
–Tienes razón. Voy a preparar unas hamburguesas –dijo Coco –. Chicas, esto es fácil para mí; ustedes pueden ir preparando los DVDs mientras tanto.
–Muy bien, Coco. Yo me encargo –dijo Isabella.
Luego de unos cuantos minutos, todos habían hecho los preparativos para una noche de DVDs: Los tres sillones de la sala de estar se movieron de tal forma que estuvieran en frente del televisor, además de tres pequeñas camas a mitad de camino entre estos para las tres mascotas. También se habían preparado las hamburguesas junto con algunos batidos de chocolate para disfrutar de la velada.
Antes de que los seis bandicuts y las tres mascotas se dispusieran a tomar sus asientos, Crash decidió decirle algo a Megumi:
–¿Puedo… sentarme contigo? –él preguntó tímidamente con un ligero sonrojo.
–¡Claro! No hay problema –ella respondió alegremente.
Para asegurarse de que fuera así, Megumi se sentó en el sillón de la izquierda y le apartó un sitio a Crash al lado de ella. El héroe bandicut accedió a sentarse aún con ese rubor en su rostro.
En cuanto a los demás, Ami y Liz se sentaron en el sillón de la derecha; Coco e Isabella se sentaron en el del medio; y Aku Aku se acomodó junto con las tres mascotas en las pequeñas camas.
Sin perder más el tiempo y con los alimentos en las manos, la familia Bandicoot y sus invitadas comenzaron a ver Los Vigilantes de la Bahía.
Durante los primeros episodios, Crash y Megumi se sintieron muy cómodos con la compañía del otro; tanto así que se acurrucaron entre ellos, llegando a sonrojarse mutuamente. Liz notó lo que estaban haciendo y tocó a Ami suavemente con el codo para que también mirara lo que pasaba. Ambas casi se ríen, pues sus dos amigos casi parecían una pareja de novios.
Luego de unos cuantos episodios, incluyendo en los que salía la propia Isabella, todos notaron que ya había oscurecido y era casi hora de dormir. De hecho, Polar y las otras mascotas se quedaron dormidas del sueño, por lo que Coco decidió apagar la televisión y el reproductor de DVDs.
–Bueno, ¿qué les parece? –dijo Isabella, quien quería conocer la opinión de los demás.
–¡Has estado genial! –dijo Coco sinceramente –. No me sorprende que seas famosa después de esto.
–Estoy de acuerdo –dijo Ami con un pulgar en alto –. De hecho, no te veías nada mal en ese traje de baño. Seguro que conquistaste a muchos hombres con esta serie.
–No tienes ni idea –dijo Isabella con un poco de orgullo –. De hecho, hice unas cuantas sesiones de fotos después de esto, excepto en las que me pedían revelar más de la cuenta.
–Je… me consta –dijo Liz con simpatía –. Recuerdo que Bandiboy en una ocasión te ofreció una sesión, pero me dijeron que la rechazaste. Sabes que podríamos haber sido compañeras de trabajo, ¿verdad?
–Yo no sería capaz de hacer lo mismo que tú, Liz –dijo Isabella con un ligero sonrojo –. Lo digo sin ofender.
–Te entiendo –la bandicut morena comentó –. Yo al principio me sentía un poco rara, pero ahora es algo natural para mí.
–¿Por qué tienen que hablar de esas cosas delante de mí? –pensó Crash con un ligero sonrojo.
–Acabo de recordar algo, chicas –dijo Megumi, quien aún estaba acurrucada junto al apenado bandicut –. Llevamos casi una semana aquí y no hemos ido a la playa.
–Podríamos ir mañana temprano y pasar el día entero –dijo Aku Aku –. ¿Qué te parece, Coco?
–Estos tres días los tengo completamente libres de trabajo, así que no hay problema –respondió la pequeña bandicut.
–Bueno, pues está decidido –dijo Liz –. Chicas, creo que es buena oportunidad para estrenar nuestros nuevos bikinis.
–Liz… verás… sobre eso… –dijo Megumi, quien se levantó con una expresión nerviosa –. Ha sido un bonito gesto tuyo, pero no me siento segura de llevar algo así…
Ese comentario hizo que el sonrojo de Crash se volviera más intenso, pues no estaba acostumbrado a pensar en sus amigas de esa manera, mucho menos Megumi. Lo que él no sabía era que la bandicut de cabello verde notó esa reacción, lo cual le recordó a la similar situación de cuando llegaron el primer día.
–Pobre, no va a poder aguantar mucho mañana –pensó Ami mientras trataba de contener la risa.
–Oh, vamos. Solo estaremos nosotros –la bandicut morena se apoyó amistosamente en la de cabello azul –. Además, tienes un cuerpo precioso. Mereces mostrarlo.
–Si tú lo dices… –dijo Megumi no muy convencida, pero luego dio un ligero bostezo –. En fin, creo que me voy a dormir. Buenas noches a todos.
Antes de que la bandicut científica siguiera su recorrido, se acercó a Crash para despedirse directamente de él.
–Bueno Crash –dijo ella dulcemente mientras se arrodillaba para mirarlo fijamente –, espero verte de mejor humor mañana. ¿Crees que podrás hacerlo?
–Yo… bueno… –Crash titubeó un poco mientras se sonrojaba por la mirada tierna de su amiga –. Sí... je, je.
–Muy bien –ella le sonrió –. Pero si te sientes mal, aquí me tienes para hablar. Recuérdalo.
Megumi volvió a besar a Crash en la mejilla, pero esta vez, el héroe soltó una mirada enamoradiza. De hecho, a los demás les pareció ver corazones volando alrededor de la cabeza del héroe.
–Nos vemos mañana, chicos –se despidió Megumi –. Ami, te espero en la habitación.
–De acuerdo –la bandicut de cabello verde le sonrió.
Luego de que Megumi se dirigiera a su habitación, Crash se levantó lentamente del sillón y la miró con dicha expresión enamoradiza, dando incluso un ligero suspiro, pero cuando se dio la vuelta para ver a los demás, su expresión cambió a una confundida cuando notó que todos lo miraban con una sonrisa picarona.
–¿Por qué todos me están mirando así? –preguntó Crash.
–Te gusta Megumi, ¿verdad? –dijo Coco mientras sonreía.
–¡¿Qué?! ¡NO! –Crash se defendió, pero su rostro sonrojado lo delataba.
–Crash, no somos ignorantes –Isabella soltó una risita –. Conozco esa mirada que le estabas dando. Es obvio que te gusta.
–¡Es solo mi amiga, nada más! –Crash siguió protestando –. Además, hace un momento estaba triste por otra chica. ¿No creen que eso sería demasiado raro?
–Vamos, no te preocupes –dijo Liz tranquilamente –. Es normal que ahora quieras fijarte en alguien más. Por lo visto, tu corazón está comenzando a superar esa ruptura.
–Y no te culpamos por fijarte en nuestra pequeña Megumi –dijo Ami –. Ella es una chica dulce y amable. Es un buen partido para cualquier chico.
–Tal vez, pero… –Crash intentó pensar en una respuesta adecuada, pero fue interrumpido por su hermana.
–Hermanito, por favor… –dijo Coco mientras se acercaba a él –. Ha pasado más de un mes desde que Tawna rompió contigo. ¿No crees que sea hora de dejar todo eso atrás y mirar hacia adelante?
–Ella tiene razón, hijo –dijo Aku Aku –. ¿Y quién sabe? Quizás tu destino no era estar con Tawna, sino con alguien más. Alguien a quien has tenido a tu lado todo este tiempo.
Las palabras de su familia y amigas dejaron a Crash pensativo.
–Te dejaremos para que lo medites –Coco le dio una palmadita amistosa en el hombro –. Nosotros nos vamos a dormir.
–Si necesitas hablar con alguien, cuenta con todos nosotros, no solo con ella –dijo Liz mientras cubría a las tres mascotas con una manta.
–Mañana será un día largo bajo el sol –dijo Ami –. Descansa, campeón.
Mientras casi todos se dirigían a sus respectivas habitaciones, Crash e Isabella se quedaron solos en la sala de estar. La bandicut rubia aprovechó el momento para hablar con él personalmente, así que se acercó y se arrodilló para mirarlo fijamente.
–Crash –dijo ella con amabilidad –, ¿en qué piensas?
–En que quizás tienen razón… –él respondió.
–¿Entonces, ella te gusta?
–Sí… –admitió Crash –. Pero jamás se lo diré.
–¡Genial! Eso es… –Isabella se detuvo en seco cuando asimiló la última frase de Crash –. Espera, ¿por qué no?
–Porque no quiero pasar por lo mismo. Supongamos que Megumi y yo comenzamos a salir. ¿Qué garantiza que no pase lo mismo que con Tawna? Además, no quiero perder su amistad…
Crash agachó la mirada en signo de resignación. La habitación quedó en silencio por unos segundos hasta que Isabella recordó algo que podría ayudar respecto a esta situación.
–Crash… –dijo ella –, ¿recuerdas lo que Megumi le dijo a Liz en tu circuito hace unos días?
El héroe recordó la conversación que tuvieron con Liz sobre su amigo de la infancia, Arvel, y los consejos que Megumi le dio para superar su alejamiento de él.
–Le ha dicho que todos tenemos un alma gemela en alguna parte del mundo –respondió Crash.
–Es cierto –dijo Isabella –, pero también dio otro consejo. Uno que se podría aplicar a tu caso. ¿Recuerdas cuál era?
Crash intentó esforzarse un poco en recordar a qué se refería la bandicut italiana, pero lo había olvidado por completo.
–¿No… llamar a las madres de otros como armadillos? –él preguntó con una sonrisa nerviosa.
Isabella se rió de semejante respuesta.
–No, tonto –respondió ella con cariño –. Le dijo a Liz que no perdiera la esperanza.
–Oh, cierto… –Crash respondió un poco avergonzado –. ¿Pero qué tiene que ver eso conmigo?
–Te estás rindiendo demasiado pronto, y eso no es nada bueno –le explicó Isabella –. ¿Qué te hace pensar que con Megumi pasará lo mismo? ¿Crees que ella sería capaz de hacer algo que odia en una persona?
–¿Qué quieres decir con eso?
–Verás, cuando Megumi supo lo que Tawna te hizo, se enfureció muchísimo. Incluso no dudó en ir a encararla y exigirle explicaciones. De hecho, casi la golpea.
–¡¿Qué?! –Crash se sorprendió por esa respuesta. No se imaginaba a su amiga de cabello azul con una actitud violenta.
–No te lo esperabas, ¿eh? –Isabella le sonrió –. Entiendo tu miedo a fracasar de nuevo, y haces muy bien en no darte falsas ilusiones, pero si sigues con una actitud derrotista nunca llegarás a nada. No digo que Megumi sea la chica adecuada, pero tampoco digo que no lo es. Depende de ti averiguarlo, ¿no crees?
Crash se quedó callado ante las palabras de su amiga. En el fondo, sabía que ella tenía razón.
–Ya hablaremos mañana, estoy un poco cansada –Isabella acarició el cabello de su amigo y le dio un último consejo –. Solo diré que todos merecemos amor en nuestra vida, Crash. No pierdas la esperanza, ¿de acuerdo? Siempre la hay.
Luego de analizar detenidamente las palabras de su amiga por unos segundos, Crash sonrió.
–Te entiendo… –él dijo–. Gracias, Isabella.
–No hay de qué –respondió ella mientras le guiñaba el ojo y se dirigía a su habitación –Buenas noches, Crash.
Notando que los demás no eran los únicos cansados, Crash decidió irse también a dormir.
Luego de cepillar sus dientes y ponerse su pijama, el héroe bandicut se envolvió entre sus sabanas y miró la foto que tenía en su mesita de noche. Era la misma foto donde la familia Bandicoot y el Nitro Squad estaban celebrando la derrota de Nitros Oxide, de la cual habían hecho varias copias para cada bandicut como recuerdo, incluida Tawna.
Crash miró a dos chicas de la foto en específico: Tawna y Megumi.
Era cierto que él y la bandicut rubia tuvieron juntos una enorme historia. Después de todo, él la rescató del doctor Neo Cortex y vivieron felices desde entonces. Pero eso ya es cosa del pasado. Fue decisión de ella acabar con la relación e irse con Pinstripe, y no había nada que Crash pudiera hacer al respecto.
Sin embargo, por mucho que haya sufrido, se sentía incapaz de odiar a Tawna. A Crash no le gustaba guardarle rencor a nadie.
Luego llegó Megumi, quien se dedicó a ayudarlo después de saber lo que le pasó. Nunca antes nadie le había dedicado tanto cariño y afecto como ella, ni siquiera Tawna. Además, está el hecho de que la bandicut de cabello azul demostró lo mucho que odiaba que les hicieran daño a sus amigos.
Estos pensamientos y los consejos de Coco, Aku Aku y las otras tres chicas, en especial Isabella, hicieron que Crash por fin tomara una decisión.
–Quizás los demás tienen razón –pensó él con una sonrisa mientras agarraba la foto –. Es hora de mirar hacia adelante.
El bandicut miro con cariño los rostros de ambas bandicuts en la foto. Primero el de su ex novia, y después el de su amiga de cabello azul.
–Adios, Tawna... –pensó Crash mientras ponía la foto de nuevo en su sitio.
Por fin tomando la decisión de seguir adelante, Crash cerró sus ojos hasta quedarse dormido.
