¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Como podéis observar los chicos están entrando en la adolescencia y comienza una época oscura, tanto a nivel político-social como personal para nuestros protagonistas. A partir de este capítulo los chicos empezaran a madurar poco a poco y viviendo experiencias propias de su edad. Shinnosuke aparecerá un poco mas adelante pero tendrá un papel crucial.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


- Y entonces, recogí las hojas del jardín – Sasuke me contaba una anécdota bastante graciosa ocurrida esa mañana.

Estábamos en la cocina terminando de comer unos onigiris de pollo. Desde fuera se escuchaban los pasos rápidos de mis compañeras. A nuestra espalda Meiko removía un cazo con sopa de miso dentro y Yuri cortaba verduras sin parar, de vez en cuando Momo-chan entraba dejando platos vacíos y llevándose otros llenos y otras veces Satsu, que estaba echando una mano en la sala junto como Momo-chan, llegaba rápida pidiendo más sake.

La cena que estaba dando mi señora había sido multitudinaria y yo no podía acercarme por orden expresa del señor de la casa por lo que me había tocado quedarme al margen. Sayuri y Yuka estaban también en la sala haciendo de ayudantes a la pobre Momoha y a Satsu. Por la cantidad de platos que salían y entraban de la cocina, los invitados de mi señora eran unos verdaderos tragones.

Cuando más rico eres y más tienes, más quieres. Mis compañeras estaban haciendo una gran labor, preparando exquisitos platos cargados de comida y cada vez pedían más. Los sirvientes por el contrario, incluyéndome a mí misma, éramos felices con una pequeña porción de pescado y unos onigirs.

- Pobre Daisuke – le contesté a mi amigo que reía - Ya no va a querer ayudaros nunca más.

- Solo fue una broma – me contestó Sasuke dándole un gran mordisco a su bola de arroz. Sonreí mientras le veía devorar gustoso su cena. Mi amigo se había soltado mucho en los años que llevaba conociéndole. Ya no era el muchachito asustado y tembloroso de quince años que conocí en aquella sucia carreta. Ya era un hombrecito de diecinueve años y aunque aún era un poquito lento para su edad, Sasuke-kun ya hablaba de corrido aunque con cierto acento debido a sus problemas de aprendizaje y sabía leer y escribir. Me sentí muy orgullosa de ver cómo había cambiado, de como ya se fiaba de la gente y de cómo había mejorado en sus habilidades.

- Sois malos – reí yo también.

- No soy malo – habló con retintín – Tomoe me dijo que era divertido.

Rodé los ojos. Una cosa mala que tenía Sasuke es que se dejaba influenciar mucho por nuestros compañeros. Por más veces que le decía que él no tenía por qué decir a todo que sí y mucho menos imitar los malos comportamientos de Tomoe, Sasuke no aprendía.

- Ya te dije que no tienes que hacer todo lo que él te dice.

Ante mi pequeña regañina el brillo juguetón en los saltones ojos de mi amigo desapareció. Bajó la cabeza avergonzado y sus hombros temblaron – Gomen ne, Akane-chan.

- No es a mí a quien tienes que pedir perdón – explique – sé que no lo hiciste con mala intención, pero Daisuke pudo sentirse mal – me sentía responsable de Sasuke. Era un sentimiento extraño, como el de una madre con su hijo. A pesar de que Sasuke me sacara cinco años, el me llamaba Onee-chan, y me respetaba mucho – Deberías pedirle perdón a él.

- Sí, Onee-chan – miré a Sasuke fijamente dándome cuenta de que él también había cambiado un poco. De altura seguía siendo bajito, yo ya le había superado con creces y su complexión seguía siendo ancha y tosca, pero ya no había torpeza en sus movimientos, el entrenamiento había dado sus frutos.

Físicamente había cambiado algo, ahora que ya era un adulto, ese pequeño retraso se notaba más en sus facciones pero eso le hacía especial. Sus ojillos de huevo seguían siendo igual de expresivos pero ahora tenía un pequeño bigotillo bajo su nariz que me parecía muy gracioso. Sus brazos eran muy peludos al igual que sus piernas pero por dentro, Sasuke-kun seguía teniendo un corazón de oro.

Me dio algo de pena verle decaído por lo que preferí cambiar de tema – Y bueno Sasuke-kun – hice una leve pausa para sonreírle de forma juguetona – ¿tienes novia?

- No...No… ¿novia? – Balbuceó mi amigo rojo como una amapola – ¡Onee-chan!

- ¿Nani? – Pregunté entre carcajadas – Sería normal, ya tienes diecinueve años.

- No, no puedes preguntar eso – me contestó sin mirarme lo que me hizo entrecerrar los ojos. Algo raro pasaba con Sasuke y lo iba a descubrir.

- ¿Por qué no? – Sasuke comenzó a negar rápidamente y entonces lo entendí ¡a mi amigo le gustaba alguien! – ¿Quién es?

- No entiendo – me contestó mirándome con falso disimulo. Sonreí de oreja a oreja, ¡era eso! ¡Sasuke estaba enamorado!

- No es cierto – contestó con extrema timidez.

Pegué un gritito y le agarré por los hombros mientras le sobaba el pelo rapado – Vamos ¡dímelo! No hay secretos para onee-chan ¿Quién es?

- ¡Nadie!

- Mentiroso.

- ¡No es mentira! – me gritaba intentando alejarse de mí.

- ¿Es Sayuri? ¡No ya se! ¿Es Yuka? – noté como Sasuke-kun se tensaba cuando nombré a mi compañera y mi sonrisa se amplió – ¡Ah! ¿Con que es Yuka-chan?

- ¡Urusei! – me gritaba sonrojado.

- ¿Qué diablos pasa aquí? – Nos riñó Meiko – ¿Qué es este escándalo?

- Gomen ne Meiko-chan – me disculpé – Es que estaba gastándole una broma a Sasuke-kun – no tenía pensado chivarme de los sentimientos de mi amigo. Eso era cosa suya y solamente suya, si no lo quería decir por algo sería – No volveremos a armas escándalo.

- Eso espero u os sacare a comer al jardín – no me molestó el regaño, sabía que mis compañeras estaban hasta arriba de trabajo por la dichosa cena que se estaba llevando a cabo en el salón.

- ¡Hai! – contestamos ambos alargando la "a". Meiko bufó y se dio la vuelta para seguir cocinando como una loca. Sasuke y yo nos miramos y mi compañero me sacó la lengua.

- Baka – susurré. Yo era la única que podía llamar así a Sasuke-kun. Muchos de mis compañeros y la gente de Edo le llamaban idiota o retrasado para hacer daño. Incluso el joven señor le llamaba idiota de vez en cuando, y sabía que eso a mi compañero le hacía daño. Pero yo no se lo decía para ofenderle, yo no quería ofenderle ¡jamás lo haría! Lo nuestro era un juego de niños y aunque yo llamara baka a Sasuke-kun, si escuchaba a alguien as hacerlo se llevaría una paliza.

Sasuke-kun sonrió y se levantó para tomar un cuenco con varios trozos de pera Nashi. Lo colocó en la mesa y empezamos a comer del bol tranquilamente en silencio. Ese día había sido pacífico. Me salté las clases del día pues mi señora estaba muy ocupada con Ukyo y Shampoo preparándose para la cena de esa noche. Se probaron miles de Kimonos a cada cual más vistoso, sabía que mi señora detestaba eso pero eran órdenes del hombre panda. Mi entrenamiento también fue pospuesto pues Genma estaba fuera ordenando unos recados para la noche por lo que me fui con Mousse al jardín a leer y a charlar un rato y en la noche me había juntado con Sasuke-kun para cenar juntos.

Fue un día idílico, uno de los pocos días tranquilos que tuve desde los diez años. Llevaba un yukata sencillo y la melena suelta. No había nadie para decirme que estaba bien en mi comportamiento y que estaba mal, ese día fue pacífico y maravilloso. Al menos hasta que un grito ensordecedor y unos pasos rápidos nos alertaron.

- ¿Qué pasa ahí fuera? – preguntó Yuri quien hizo el amago de acercarse a la puerta, mas no le dio tiempo. La puerta corrediza se abrió a toda velocidad y Momoha apareció en nuestro campo de visión. Tenía los ojos abiertos de par en par y me miraba fijamente.

Temblé en el sitio. Sabía que algo pasaba y que yo estaba en el ojo del huracán, pero ¿Qué podía haber hecho? Ese día había estado apartada de todo y de todos y ni siquiera me había acercado al salón donde estaban los invitados ¿Qué podía haber pasado conmigo?

- Akane… es mejor que vengas.

La seria voz de mi amiga me hizo estremecer, definitivamente había hecho algo y no sabía el que.

- ¿Qué ha pasado?

- No preguntes y muévete – dijo tomándome del brazo y arrastrándome fuera de la cocina. Protesté y pataleé exigiendo una explicación, pero antes de darme cuenta ya estaba frente a los comensales quienes me miraban de arriba abajo.

- Akane, creo que debemos hablar – dijo la voz de mi señora muy seria. Si antes Momo-chan me había hecho estremecer, Nodoka-sama me hizo temblar. No sabía que pasaba, porque todos me miraban como si hubiera matado a alguien, no entendía porque Ukyo lloraba desconsolada, porque Ranma fulminaba a Ryoga-kun con la mirada y mucho menos porque Genma Saotome me observaba como si quisiera clavarme los palillos en los ojos.

Tragué saliva con fuerza y asentí – Dígame, Nodoka-sama.

Pasé mi vista por toda la sala. Una docena de personas me observaban fijamente como si tuviera monos en la cara. Las mujeres me miraban con infinito desprecio mientras que los hombres me observaban con una escalofriante curiosidad. Shampoo sonreía como un felino y supe que su felicidad tenía que ver con el llanto de Ukyo.

- Acaba de pasar algo… que nos ha desconcertado a todos, querida – habló mi señor muy seria.

- ¿Y yo que tengo que ver? – pregunté de manera tosca. Sabía que había cometido un gravísimo error al hablarle así a mi señora pero los nervios me estaban matando y me hicieron actuar así.

- ¡Que descaro! – gritó una vieja que había sido una de las mujeres que me había humillado en la casa de té.

Mi señora no dijo nada, con su mirada ya lo decía todo, bajé la vista avergonzada y susurré un débil – Sumimasen.

- Akane, ha ocurrido una cosa que creo que deberías saber pues eres la principal protagonista.

- Pero señora, ¿Qué he podido hacer yo? Ni siquiera me he acercado hoy a nadie, solo a Mousse. Sea lo que sea que ha pasado, juro que yo no he sido.

Nodoka-sama levantó la mano para romper mi pequeño monólogo. Sentí impotencia, todos los allí presentes me miraran como si fuera una asquerosa asesina, no entendía esas miradas de desprecio, yo era inocente.

- Te explicaré lo que ocurre y podrás defenderte – asentí levemente ante lo dicho por mi señora y esperé impaciente – Como sabrás, Ryoga-kun es un gran poeta. Su profesor Yamato-sensei, siempre elogia su trabajo en las clases de escritura creativa.

- Algo he oído – murmuré intrigada ¿Qué tenía que ver eso conmigo?

Nodoka-sama asintió y continuo – Pues como supondrás, su fama ha llegado a Edo, y varias de mis invitadas le han elogiado y pedido como un favor que compusiera aquí unos versos rápidos.

- Me alegro de que Ryoga-kun tenga esa fama, es un buen amigo – dije mirándolo con cariño lo que hizo que las mujeres se pusieran a murmurar.

- Ese es el problema querida – habló seria Nodoka-sama – Ryoga nos recitó un pequeño poema que había escrito hace tiempo, uno sobre los cerezos en flor ¿sabes cuál es? – negué repetidamente. Vi por el rabillo del ojo como Ranma apretaba los puños encima de sus piernas y Ryoga se sonrojó hasta la punta del pelo – Por favor, Ryoga, recítale el poema a Akane.

- Pero mi señora – intentó excusarse mi amigo, pero la rápida mirada de Nodoka-sama le hizo ver que nada la haría de cambiar de opinión. Dio un largo suspiro y me miró fijamente a los ojos para empezar a recitar.

Bajo el cerezo en flor lee,

Práctica, canta y baila.

Suave y armoniosa, como los pétalos cayendo con la llegada del verano.

Así es ella, fiera y hermosa.

Indomable, indómita.

Tan bella y pura como el cerezo en flor.

Ella no se marchita, cae, se levanta y vuelve a renacer.

Sus ojos inspiran canciones

Y sus manos suaves algodones.

Como deseo besar sus pétalos,

Como amo verla florecer en primavera.

Ella como ninguna,

La más hermosa de todas, nacida en la adversidad

Madurada bajo el dolor.

Belleza incomparable,

Fiera y llena de candor…

Porque mi Akane es pura y hermosa,

Como los cerezos en flor.

Abrí mis ojos todo lo que daban cuando escuché los últimos versos del poema ¿Qué significaba eso? Se suponía que él tenía una prometida, prometida que había incrementado su llanto. Me sentí fatal por el sufrimiento de la joven Ukyo, yo sabía que ella amaba al joven Ryoga y que él me hubiera escrito un poema… eso tenía que tener una explicación lógica.

- Mi señora yo… no comprendo, es decir… ¡Ryoga! – exclamé mirándole buscando una explicación.

- Son unos versos salidos de lo más profundo de mi alma, son una muestra de mi admiración hacia ti.

- ¡A mí nunca me has escrito un poema! – berreó Ukyo.

- Porque a ti no admirarte – dijo mordaz Shampoo.

Notaba la mirada penetrante de mi señora sobre mí, esperando una explicación ¿pero qué explicación quería que le diera? Era la primera vez que escuchaba ese dichoso poema y todos me miraban como si hubiera obligado a Ryoga a escribirlo ¡era injusto!

- Mi señora juro por mi padre, que bien sabes que es lo que más amo en esta vida, que yo no tenía ni idea de la existencia de esos versos.

- Mentirosa – dijo una mujer a mi derecha. Cuando me fije bien en ella me di cuenta de quién era, la señora gorda de dientes negros de la sala de té. Fruncí el ceño y mirándola fijamente le dije – ¡No miento!

- Niña descarada – murmuró – No solo eres una desviada marimacho, sino que además eres una roba prometidos y una maleducada.

- ¡No pienso tolerar otra falta de respeto por su parte! – grité harta de que me llamaran marimacho o desviada. Para mí no era un insulto ser un marimacho, era consciente de que lo era, y Momo-chan me había contado hace tiempo que le gustaban las chicas pero eso no era motivo para despreciarla, el amor era amor ¿Qué más daba? Pero no estaba dispuesta a tolerar una humillación más, ya no era una niña asustada, ya era una mujer y me haría valer, me importaba muy poco que mi señora me expulsara, ya estaba harta, si para ella era más importante la opinión de esas viejas que mis años de fiel servicio, allá ella, pero yo no iba a pasar una más.

- ¿¡Cómo te atreves a gritarle así a la señora Kazuo!? – me gritó el hombre panda. Su potente voz resonó por toda la sala e incluso hizo botar a Shampoo y a Ukyo, pero no a mí, yo no iba a dejarme vencer.

- ¡Hablaré acorde a como ellas me traten! ¡Estoy harta! ¡No pienso pasar una falta más de respeto! ¡Y mucho menos de una panda de viejas cotillas!

Un gritó seco resonó por toda la habitación. Un hombre alto y desgarbado que iba al lado de una muchacha que parecía veinte años más joven se puso en pie y me señaló con el dedo – Más vale que se disculpe señorita o pagará las consecuencias.

- No tengo miedo de nada, ni de nadie – dije mirando fijamente a mis señores – No voy a tolerar que me vuelvan a llamar marimacho o desviada ¡nunca más! Mi nombre es Akane, ¡Akane Tendo! Y si vuelven a llamarme algún insulto despectivo se las verán conmigo, no importa sea hombre o mujer ¿ha quedado claro?

Un silencio abrumador se hizo presente en la sala, incluso Ukyo había dejado de llorar mara mirarme asombrada. Respiraba agitadamente mirando a todos y a la vez a nadie. Una vez más, la fuerza del rio que había en mi interior había explotado llevándose por delante todo lo que encontraba a su paso, y si mi cabeza debía rodar por el suelo, que rodara pero prefería morir de pie, a vivir de rodillas.

- ¡Nunca me he sentido tan insultada! – Gritó la vieja – ¡Nodoka! ¡Di algo!

Mi señora que me miraba sin ningún tipo de gesto en su cara, poco a poco fue doblando la esquina de su boca hacia arriba, observé incrédula como en vez de gritarme y echarme de su casa, Nodoka-sama me miraba con un terrible orgullo en sus ojos y me sonreía con verdadera sinceridad – En verdad, llevas el rio dentro de ti.

Solté una leve risa ante lo dicho por mi señora, una risa entre alivio y agradecimiento. Nodoka-sama miro a sus invitados y dijo – Pido disculpas en su nombre, pero la chica tiene razón, si ella no sabía nada del poema de Ryoga no tiene que dar ninguna explicación – Ukyo volvió a sollozar siendo consolada por una mujer que le daba leves palmadas en la espalda – y aunque fuera consciente de él, Akane no tiene por qué disculparse por haber enamorado a un joven.

- ¡No está enamorado! – Gritó Ukyo fuera de si – ¡El me ama a mí! ¡Ese marimacho le ha hecho algo para que le escribiera!

- No lo ha hecho – explicó sonrojado Ryoga-kun – Lo escribí porque quise, porque de verdad admiro a Akane-chan.

Nodoka-sama asintió – Con razón, es una chica hermosa.

- Lo es – dijo Ryoga-kun. Me sonrojé hasta lo indecible y bajé mi rostro avergonzada. No estaba acostumbrada a que los chicos me dijeran que era hermosa. Al menos de una forma tan tierna y sincera. Normalmente los hombres que me habían halagado con anterioridad tenían ese toque lascivo en su tono lo que me daba ganas de vomitar, pero nadie me había dicho que era hermosa de corazón.

- ¡No lo es! – gritó Ranma poniéndose en pie. Tenía la vista gacha su cuerpo se veía tenso, sus puños temblaban y estaban tan fuertemente apretados que seguramente se había hecho sangrar la palma de las manos.

- ¿Cómo dices querido? – preguntó Nodoka-sama.

- ¡No lo es! ¡No lo es! – gritaba fuertemente Ranma. Noté como mi corazón latía en mi pecho y cada latido era doloroso, como si intentara salirse. El heredero Saotome levantó su mirada y clavó sus ojos en mí haciéndome temblar. Su precioso azul era de un tono tan oscuro que casi era negro y en su mirada no había rastro del Ranma curioso e infantil, esos eran los ojos de un hombre enfadado, no, colérico – Es la mujer más horrible del mundo. Miradla, mirad que ropa y que pelos, ni siquiera sabe ser mujer… ¿y su cuerpo? Como el de un chico.

- ¡Ranma! – gritó Nodoka-sama en reproche, pero eso no pareció frenarle.

- Su cuerpo… es… ¡asqueroso! Y su cara parece… un ser de cuentos de terror, no… Akane no es hermosa ¡no entiendo porque os tiene tan locos a todos! – gritó mirando levemente a Mousse y a Ryoga quienes le observaban serio. Yo notaba mi corazón quebrarse poco a poco, sentía un nudo en la garganta y unas terribles ganas de llorar pero no lo haría, me lo había prometido hace tiempo, que no lloraría nunca más por Ranma Saotome.

- Me da igual lo que pienses de mi – le dije con dureza – No eres nadie para mí.

Ranma me miró con algo parecido al asombro, pero de nuevo sus facciones se oscurecieron. Apretó los dientes y dijo – Mejor, porque no soportaría que una mujer como tú me persiguiera. Asúmelo Akane, ni siquiera un monje budista se sentiría atraído por ti.

Y sin decir una palabra más salió disparado del salón a pesar de los llamados de su madre. Sentí el desconsuelo recorrer mi cuerpo pero no derrame una lagrima y mucho menos dejé ver a los presentes el dolor que sentía por dentro. Simplemente me quedé allí, quieta y sin un gesto en mi cara.

Me giré para encarar a mi señora, a mi espalda varios murmullos y risitas de los presentes me encendieron los nervios, y de reojo pude ver la sonrisa triunfal de Shampoo. Mi señora me miraba con gesto de disculpa en su rostro pero permanecí impasible – Creo que no tengo nada más que hacer aquí ¿me puedo retirar?

Mi señora solo asintió y con la cabeza bien alta salí de la sala. Tras la puerta vi a todos mis compañeros mirarme entre compungidos y asombrados. No dije nada, no quería ver ni hablar con nadie. Salí de la casa y caminé por el camino de tierra que llevaba al bosquecillo tras la casa de mi señora. Aquel caminito me llevó al mismo altar donde fui a parar el día en que casi golpeo a Shampoo por primera vez hacía ya cuatro años. Nadie lo sabía pero este era mi verdadero refugio cuando quería estar sola, aunque todos pensaran que era el banquito de piedra del jardín.

Me senté a los pies del altar no sin antes saludar a los dioses y me abracé las piernas mirando al infinito. Había varias luciérnagas alumbrando dispersadas por el campo y las cigarras sonaban a lo lejos. El bosquecillo me daba paz, la paz interna que necesitaba para no perder la cordura. Suspiré y ante mí se apareció saltando una pequeña rana de un vistoso color dorado. Abrí mis ojos sorprendida mirando al animal que estaba frente a mí, croando, mirándome con burla.

¡Esa maldita rana! ¡Era ella! ¿¡Cómo no reconocerla!? Ella era la culpable de mis desgracias, de que madre muriera, de que padre se volviera loco, de que mi hermana me vendiera, de que estuviera allí atrapada… ¡todo era culpa de esa asquerosa rana que croaba ante mí!

Apreté los puños y tomé una gran piedra que había a mi lado y se la lancé al animal el cual saltó para alejarse del proyectil. Una vez estuvo segura volvió a mirarme fijamente lo cual me hizo enfurecer más, ese maldito Oni se estaba burlando de mí y de mi desgracia.

- ¡Te odio! – grité al pobre animal lanzándole otra piedra que también esquivó – ¡esto es todo por tu culpa! – otra piedra dirigida a la rana. Esta vez el animal huyó de mí dando brincos. Yo solo podía seguir lanzándole piedras con ira – ¡Eres despreciable! ¡Por tu culpa estoy lejos de mi casa! ¡Esto es todo por tu culpa! ¡Estúpida rana! – decía lanzando piedras hacia donde había huido la rana.

No me di cuenta de que había empezado a llorar, pero me daba igual seguía lanzando piedras cada vez más pesadas – Eres despreciable, ¡todo es tu culpa! ¿¡Por qué pediste ese estúpido deseo!? ¡¿Por qué querías irte de allí?! ¡Estúpida!

Ya no insultaba a la rana, ahora estaba desatando toda mi ira contra mí misma, contra la pequeña niña que había pedido hace tanto tiempo poder volar libre, salir de mi casa, si pudiera haber dado marcha atrás al tiempo, jamás habría pedido tal deseo – ¡estúpida! ¡Eres una idiota!

Tomé una pesada piedra y al lanzarla perdí el equilibrio cayendo estrepitosamente al suelo. Lloré mientras golpeaba el suelo con mis puños y repetía una y otra vez – estúpida, estúpida, estúpida.

Esa noche dejé de echarle la culpa a una rana de oro de mis desgracias, no era culpa de la rana, ella solo había concedido mi deseo. La única culpable de mi destino era yo. Yo y solo yo había pedido el deseo de irme de mi casita de madera. Yo era la única culpable de mis desgracias. Allí en la noche mientras lloraba y golpeaba el suelo con fiereza comencé a odiarme a mí misma aún mas.


Pasaban los días y me encontraba muy apagada. No me gustaba mirarme en el reflejo del agua o de algún espejo. Odiaba mirarme e incluso comencé a vestir ropa oscura, principalmente color ceniza. No sé porque pero no me veía lo suficientemente buena o bonita para llevar kimonos vistosos o bonitos yukatas. Mi pelo recogido con una cola baja ya no tenía ni siquiera forma. Simplemente me estaba dejando.

Mi señora había insistido un par de veces en que debía arreglarme y salir a dar un paseo por la ciudad pero yo siempre me negaba y le pedía por favor que entendiera. Mousse me había dicho en más de una ocasión que me encontraba triste y apagada, y tenía razón, no quería hacer nada, no quería estudiar, no quería entrenar, solo ir al jardín y quedarme allí sola, en silencio.

Ranma y yo apenas nos hablábamos, siempre me miraba con desprecio, como si no mereciera respirar el mismo aire que él y eso solo incrementaba mi depresión. No entendía porque de la noche a la mañana había perdido a dos de mis mejores amigos. Sí, desde la cena Ukyo no dejaba a Ryoga a sol ni a sombra y yo no podía acercarme a él a menos de cinco brazos de distancia.

No era mi culpa pero ya no iba a protestar, no me iba a molestar mas en demostrar mi inocencia, a mi Ryoga no me interesaba y por lo visto yo a el tampoco porque no hacía el mínimo esfuerzo por hablar conmigo. Mis únicos confidentes fueron Mousse y Sasuke, eran los únicos chicos que me hablaban. Daisuke también pero estaba muy ocupado con sus tareas.

Me sentí a triste y vacía, y sola, muy sola ¿Cómo es posible sentirse sola en un sitio lleno de gente? Pues es muy posible y la peor sensación de todas. Pasé semanas así, hundiéndome en mi propia pena y compasión hasta que mi señora se hartó de verme así y comenzó a abrirme los ojos.

- Akane, a mi habitación, ¡ya! – dijo una tarde mi señora con tono serio. Shampoo que estaba a mi lado preparando un ramo de flores sonrió con maldad.

- Ya haberla liado.

- Déjame en paz – escupí con furia – víbora.

Me levanté en silencio y pasé junto a Ukyo quien no me dirigía ni la palabra ni la mirada desde el incidente de la cena. Salí de la sala y enfoqué mi mirada en las escaleras. Las subí despacio y en cada paso que daba me sentía más rara. Llevaba cuatro años en aquella casa y la planta superior seguía dándome respeto. Cuando llegué al último escalón contuve la respiración, Ranma y Ryoga-kun caminaban hacia mí con gesto serio.

La relación entre ellos también se había enfriado desde aquel fatídico día. Cuando nuestros ojos chocaron ambos frenaron en seco. Ranma frunció el ceño y siguió caminando, pasando por mi lado sin dirigirme la palabra. Ryoga en cambio se quedó estático mirándome fijamente. No dije nada, solamente moví ligeramente la cabeza en forma de saludo y avancé hacia la habitación de mi señora. Cuando estaba a su altura noté su mano aferrarse a mi muñeca haciéndome pegar un ligero bote.

- Matte, Akane.

- ¿Nani? – pregunté de mala forma.

Ryoga-kun suspiró – Siento muchísimo lo que pasó, por mi culpa… por culpa de mi poema te has visto envuelta en un problema.

- No fue tu culpa, tu solo escribiste un poema – contesté seria.

- ¡Si fue mi culpa! – gritó con un gesto de dolor en su cara. Abrí los ojos sorprendida pues nunca lo había visto tan serio, tan maduro… tan hombre. Ryoga-kun estaba madurando – No quería, yo… debí haber elegido otro poema para recitar pero lo único en lo que podía pensar ese día, fue en ti y en lo injusto que era que no estuvieras presente en la cena.

- Ryoga…

- Fui un idiota – me cortó – un idiota que en vez de defender tu derecho a estar en la cena recitó un estúpido poema que te ha arruinado la vida… y ha roto nuestra amistad.

El débil susurro de Ryoga me destrozó el corazón. Se le veía terriblemente dolido y terriblemente arrepentido. Comprendí entonces que si Ryoga-kun no me había buscado todo ese tiempo no era porque le daba igual nuestra amistad, sino por la vergüenza que le daba.

- Siempre seremos amigos, no has arruinado nada – le contesté con suavidad. Mi amigo subió sus ojos que estaban cristalizados y solo pude sonreírle.

- Pero… las chicas y… esas mujeres.

- Esas mujeres pueden pensar lo que quieran, y las chicas también, si estoy así no es por tu poema, si estoy así es por cosas mías de las que tú no tienes la culpa.

- Júramelo – dijo con cierta ansiedad en su voz.

Sonreí con tristeza – lo juro.

Ryoga-kun sonrió con alivio pero podía notar que seguía incómodo. Me miraba con tristeza y entendía por qué. Vestía un simple kimono negro sin forma y llevaba el pelo mal peinado en una coleta. En mi cara adornaban enormes ojeras y se notaba un aura de tristeza sobre mí, pero si yo estaba así no era por su culpa.

- No me gusta verte así, tú no eres así Akane-chan, tú eres una guerrera.

Esas palabras fueron como un puñetazo en mi cara. Era una verdad escupida de forma tan inocente que me dio de lleno en el orgullo. Yo ya no era una guerrera, me estaba rindiendo ante la vida, estaba perdiendo mi fuerza, mi esencia… el rio estaba siendo drenado y yo ya no tenía ganas de llenarlo de nuevo.

- No te preocupes por mí – dije con falsa alegría – Trata de arreglar las cosas con Ukyo y con Ranma.

- Pero tu…

- Yo estaré bien – le corté. En sus ojos pude percibir la desconfianza y el miedo y sin poder evitarlo le abracé. Era bueno recuperar a un amigo. Noté como sus manos temblorosas me rodeaban el cuerpo con miedo y le apreté más fuerte. Me sentí alegre por estar otra vez en compañía de Ryoga, era como estar en casa tras un largo tiempo fuera.

- Lo siento Akane, lo siento mucho.

- No hay nada que sentir – le susurré al oído – por cierto, gracias por el poema, era muy bonito.

Noté como me presionaba contra su cuerpo levantándome levemente del suelo, solo mis puntas tocaban el tatami de la casa. Estábamos tan inmersos en ese abrazo que no escuchamos unos pasos que se acercaban corriendo hasta que una chillona voz nos hizo separarnos.

- ¡Ryoga!

Nos giramos asustados para ver a Ukyo y a Shampoo al pie de las escaleras. La primera con cara de enfado y la segunda con una burlona sonrisa en la cara.

- No es lo que piensas – traté de excusarnos, seguro que mal interpretaría todo, pero la castaña no me dejó terminar.

- ¡Cállate rastrera roba novios! – Se acercó dando fuertes pasos que resonaron por el tatami – ¡No quería creerlo cuando Ran-chan me dijo que estabais juntos!

- No es lo que piensas U-chan.

- ¡No me llames U-chan! – le gritó Ukyo a Ryoga. El pobre chico dio un pasito hacia atrás mientras Ukyo le golpeaba en el pecho – ¡No cuando te encuentro abrazándote con tu amante!

- ¿Estás loca? – Pregunté asombrada – ¿Cómo que amante? ¡Estábamos haciendo las paces!

- No me hables zorra – me dijo con ira Ukyo. Abrí los ojos sorprendida mientras que Shampoo daba un gritito de emoción ante lo dicho por Ukyo. Quedé impactada, nunca nadie me había llamado zorra. Marimacho, idiota, torpe… eso sí, pero zorra nunca.

- No quiero que le hables, ni que la veas ni que compartas espacio con ella Ryoga, nunca más – dijo muy seria Ukyo.

Ryoga permaneció callado mirando a su prometida muy serio. Bajé la vista esperando que Ryoga solo asintiera y se fuera del brazo de su prometida, pero en vez de eso escuché un potente – No – que nos impactó a todos.

- ¿Cómo has dicho?

- Ya me has oído, he dicho que no.

Su prometida le miraba con la boca abierta al igual que yo. No me esperaba esa reacción de Ryoga, normalmente acataba como un perrito faldero lo que Ukyo pedía y decía, en más de una ocasión se había llevado un regaño mío por ser demasiado blando con ella, una cosa era ser un buen prometido y otra ser tonto. Mas esta vez le estaba plantando cara y eso era algo a lo que ninguna de las dos estábamos acostumbradas.

- Pero… ¡Ryoga!

- Ni Ryoga ni nada – habló con seriedad – No estoy haciendo nada malo, y ella tampoco. Somos amigos Ukyo, amigos, ella es una chica maravillosa que me ha brindado su amistad desinteresadamente.

Ukyo que tenía los ojos llenos de lágrimas soltó un quejido lastimero – Ella solo quiere apartarte de mi lado.

-¡No digas tonterías! – Bramó furioso – ¡Ella jamás ha intentado nada fuera de lugar, siempre ha respetado nuestra amistad y te ha respetado a ti!

- No creerle – murmuró Shampoo intentando meter cizaña entre la pareja. En la cara de la china se pintaba la sombra de la victoria. Sabía lo que pretendía, lo sabíamos todos, quería anularme, hundirme y humillarme hasta que no soportara la situación y me fuera de allí. Eso era lo que la china pretendía y prácticamente lo estaba consiguiendo.

- ¡Tú no te metas! – gritó Ryoga asombrado a ambas, mi amigo jamás había sido tan brusco con nadie. Él era calmado y paciente y mucho menos trataba mal a una mujer – El hecho de que Ranma no quiera estar contigo y no respete vuestro compromiso no significa que todos seamos así.

- Ranma amarme – gruñó Shampoo con los puños apretados – Pero por culpa de esa, no darse cuenta.

- Baja de la nube, ella no tiene la culpa de nada – en la cara de Shampoo apareció la rabia y el desagrado. Bajé la vista no por vergüenza o miedo, jamás temería a esa idiota. Bajé la vista de puro cansancio, de agotamiento. Ya no podía más con esta situación.

- Ranma darse cuenta de que yo ser lo que a el convenirle, no esa torpe que dar asco.

- ¡No la insultes!

- Mirarla, parecer pordiosera – la risa de las chicas retumbó en mi cabeza. Tenían razón, estaba perdiendo todo lo que yo era y me representaba.

Nunca fui una mujer coqueta, ni me importaba la apariencia que tenía, siempre había sido más bien tosca y masculina, pero jamás había llegado a tales extremos de dejadez. Me estaba hundiendo en mis penas e inseguridades y eso no podía ser.

- No la insultes Shampoo, aun vestida con harapos es mil veces más hermosa que tu – dijo mi amigo con cierto resentimiento – por dentro y por fuera.

Shampoo soltó una risita – A Shampoo no importarle tu opinión.

- ¿Pero si la de Ranma no?

Ante las palabras de Ryoga-kun, Shampoo se tensó – El ya dar su opinión la otra noche – enfocó su mirada en mí, sus ojos brillaban de rabia – y pensar lo mismo que Shampoo. Akane ser fea.

Ryoga soltó una risita pero no dijo más, se giró hacia mí para sonreírme con dulzura – No hagas caso Akane, solo están celosas.

- Ryoga, no te daré una nueva oportunidad, tú decides, o ella o yo – dijo Ukyo con voz temblorosa. Supongo que estaba nerviosa pues no tenía nada claro que Ryoga la eligiera y para ella, mi amigo era su vida entera. Había pasado toda su infancia preparándose para convertirse en su esposa y no podía perderlo.

Ryoga se giró lentamente y se acercó a ella. Ukyo dio un paso hacia atrás pero tuvo que frenar porque se quedó al borde de la escalera, si retrocedía más rodaría como una pelota y el golpe sería bestial. Ryoga-kun por el contrario no freno, siguió caminando con gesto tenso y algo amenazante hasta llegar a su altura y con la voz más tétrica que jamás le había escuchado dijo:

- No me hagas elegir entre mi prometida y mi mejor amiga Ukyo, porque puedes salir perdiendo.

Ukyo ahogó un gemido mientras una lágrima solitario recorrió su blanca mejilla – Ryoga…

- Ella jamás me ha dado a elegir entre ella o ningún otro, siempre ha buscado mi bienestar y felicidad. Ella es mi amiga Ukyo, métetelo en la cabeza. La admiro como persona y como mujer, porque ella no se rinde, no se deja enredar por malas personas que solo quieren envenenarla – el doble sentido de sus palabras fue captado por Shampoo quien le miró con gesto de ofensa – Tu eres mi prometida Ukyo y te respeto, jamás haría algo semejante como engañarte porque di mi palabra hace tiempo de que me casaría contigo y todavía tengo honor – dio una leve pausa intentando calmarse, pero jamás quito ese gesto serio – pero créeme que si vuelves a intentar dañar a mi amiga de nuevo e intentar separarnos, créeme que me importará poco mi honor y terminaré con todo.

- Ryoga…

- Estoy harto de tus celos Ukyo, muy harto. Mi paciencia tiene un límite y la estas gastando – Ukyo soltó un sollozo y se tapó la cara con las manos mientras salía corriendo y se encerraba en su habitación. Ryoga ni siquiera se había girado para mirarla partir, se había quedado estático en su sitio.

- Akane, si vuelven a molestarte, dímelo.

- No hace falta que hagas esto, es tu prometida.

- ¡Y tu mi amiga! – me gritó para mi sorpresa. Di un pequeño bote en el sitio y abrí los ojos – ¡Y me mata verte hundirte por culpa de ellos! Por culpa de Ukyo, por culpa de esa – señaló a Shampoo con el dedo que seguía a nuestro lado – Por culpa de Ranma…

Bajé la vista avergonzada, tenía razón. Escuché un débil susurró – Tú no eres la Akane que yo conocía. Mi amiga se habría levantado y la habría emprendido a golpes con el enemigo, no se dejaría hundir en la oscuridad, lo habría iluminado todo con su sonrisa… Espero que pronto vuelvas a ser la Akane que eras antes. La guerrera, la de verdad.

Hubo una pausa entre nosotros y Shampoo soltó un bufido para girarse y largarse por fin. Odiaba la presencia de la china, la detestaba, no quería tenerla a mi lado. Siempre desprendía un aura oscura y despreciable, cuanto más lejos la tuviera mejor. Miré a mi amigo quien me observaba con los puños apretados y no pude evitar sonreír – Prometo que volveré a ser yo.

- No me hagas promesas que no puedas cumplir.

- ¡Lo hare! – Grité – lo juro.

Ryoga-kun me dio una sonrisa sincera y asintió – Así lo espero Akane-chan, te echo de menos.

Y sin decir una palabra más se giró para bajar por las escaleras y desaparecer en la planta baja. Una vez me encontré sola respiré hondo, llenando mis pulmones al máximo para luego soltar el aire lentamente. Mi cabeza comenzaba a doler y notaba los hombros y cuello doloridos debido a la tensión que sentía.

Estaba agotada, no podía más y apenas había pasado el día. Solo quería encerrarme en mi cuarto sola y dormir para no pensar ¿en qué me había convertido? La Akane hiperactiva y alegre había muerto para convertirse en alguien taciturno y antisocial y eso no me gustaba, yo no era así.

Recordé entonces él porque estaba en la planta alta de la casa, mi señora me había llamado hace un rato a sus aposentos y ya me había tardado un buen rato. Di un gruñido de frustración y me gire para avanzar rápida hasta la habitación de mi señora. Seguro que me caía una reprimenda por mi retraso.

Cuando estuve frente a la puerta Nodoka-sama suspiré hondo y acomodé mi pelo. Dándome valor mentalmente y con manos temblorosas tomé el quicio de la puerta y la arrastré para abrirla.

Ante mis ojos apareció la imagen de mi señora, de rodillas en medio de su inmensa habitación sobriamente decorada. Con paso lento avancé y cerré la puerta tras de mí para luego arrodillarme y dar una profunda reverencia.

- Mi señora.

- Llegas tarde – me cortó con voz seria.

Me encogí en mi sitio, sabía que eso iba a pasar. Levanté el cuerpo y con tranquilidad me dispuse a excusarme pero una mano alzada me cortó. Los ojos de mi señora se clavaron ellos míos y en vez de ver el enfado que esperaba en ellos vi lastima y preocupación.

Mis entrañas se movieron al ver esos ojos – Se lo que ha pasado, lo he oído todo.

- ¿Lo… lo escuchó? – pregunté confusa ¿Cómo era posible?

- Querida, las paredes son de papel, recuérdalo – dijo con gracia – Y Ryoga-kun y Ukyo no han sido precisamente discretos.

- Siento que haya tenido que escuchar eso mi señora – la vi encogerse de hombros restándole importancia al asunto para después palmear el tatami frente a ella. Entendí la muda orden por lo que avancé hasta colocarme de rodillas frente a ella.

Cuando estuvimos cara a cara mi señora alzó sus manos y tomó mi rostro entre ellas. Comenzó a girarlo para todos los lados, como si buscara algo. Luego tomó mi pelo y lo inspecciono. Luego mis manos, mis piernas y el resto de mi persona.

Yo solo la miraba confusa sin atreverme a frenar su inspección ¿Qué buscaba mi señora? ¿Pensaba que había robado algo? ¿Es que estaba valuando cuanto por cuanto podía venderme? Seguramente apenas tenía valor.

- No, no lo entiendo – dijo en un murmullo mientras tomaba su mentón con su mano derecha y seguía recorriéndome con la mirada – No lo entiendo – repitió.

- ¿Qué no entiende? – me atreví a preguntar. Me estaba incomodando tanta inspección.

- No entiendo porque te estas comportando como si fueras un ser asqueroso y desagradable cuando eres una mujer hermosa.

Me estremecí ante lo dicho por mi señora y comencé a sentir calor. Un calor asfixiante que recorría mi cuerpo y que se centraba en mi cara. Bajé los ojos avergonzada y no dije nada ¿Qué podía decir?

- ¿Qué te pasa?

Negué con la cabeza rápidamente – Nada, mi señora.

Nodoka-sama tomó mi rostro de nuevo con sus manos y me obligó a mirarla. Sus ojos me atravesaban como cuchillos, como si intentara leerme la mente – Soy tu señora y como tu señora te exijo que me expliques porque desde hace un tiempo para aquí te estás comportando de esta manera.

- ¿De qué manera mi señora?

- ¡No me tomes por estúpida! – Me gritó haciendo que me encogiera en mi sitio – ¡Te estas comportando como un alma en pena! ¡Como si no valieras nada! ¡Estas dejándote morir!

Mis manos colocadas en mis rodillas se apretaron fuertemente alrededor de esa parte de mi cuerpo haciendo que la tela que me cubría se arrugara entre mis manos. Mis hombros temblaban e intenté controlar con fiereza que mis lágrimas no salieran, pero era inútil.

- Akane – dijo con firmeza mi señora, esperando la explicación.

- Porque no valgo nada, mi señora.

El rostro de Nodoka-sama se suavizó un poco – ¿Por qué diablos dices eso?

- Porque es la verdad.

- No es la verdad.

- ¡Sí que lo es! – le grité, pero no me arrepentí de ello. Necesitaba descargar frustración y rabia, rabia contra todos los que me llamaban fea, contra los que se reían de mí, rabia contra mí misma – ¡Soy un ser asqueroso y despreciable!

- Akane…

- ¡No merezco sus cuidados! ¡No merezco nada! ¡Por mi culpa madre está muerta, padre es un borracho! ¡Por mi culpa el que era mi cuñado me acosaba y mi hermana me odia! ¡Por mi culpa Ukyo y Ryoga tienen problemas y por mi culpa Ranma y Shampoi¡o se pelean! ¡Por mi culpa usted se tuvo que rebajar a esas arpías y darles una cena digna de reyes! ¡Por mi culpa solo pasan desgracias! – lloraba tan fuerte que me dolía el pecho y la garganta. Con cada grito notaba mi cuerpo estremecer, me dolía el alma.

- ¡Por mi culpa todo el mundo es infeliz! ¡Todos tienen razón! ¡Soy un ser feo y despreciable! ¡Lo mejor es que me expulse de aquí así todo volvería a estar bien! ¡Lo mejor es que estuviera muerta!

Un golpe seco resonó por la habitación y mi mejilla izquierda comenzó a doler. Notaba el calor típico de una bofetada bien dada. Abrí los ojos de par en par cuando me di cuenta de lo que había pasado, mi señora me había golpeado.

Me giré lentamente mientras llevaba mi mano a la zona afectada, pero no dije nada. Me lo había merecido.

Nodoka-sama, tenía una mirada dura y se agarraba la muñeca de la mano con la que me había golpeado. Temblaba como una hora y sus dientes estaban apretados con fuerza. Había dejado de llorar de golpe pero seguía sintiéndome sola y miserable.

- No vuelvas a decir eso – dijo con rabia mi señora – ¡Ni se te ocurra repetirlo!

- Mi señora.

- ¡Cállate! ¡Ya has hablado tú, ahora hablaré yo!

No pude reclamarle nada. Simplemente bajé la vista una vez más y esperé para escuchar lo que mi señora tenía que decirme.

- No vuelvas a decir eso, nunca más, porque no son más que mentiras – alcé mi cabeza pero la mirada severa de mi señora me hizo callar – Esta no es la Akane que conozco, no es mi Akane. Mi Akane es una luchadora, una guerrera leal y fuerte, ¡mi Akane es el rio! No una triste llovizna.

Mi señora tomó mis brazos con fuerza y me zarandeo – ¡Eres fuerte y hermosa Akane! No hagas caso a nada de lo que te digan porque te lo dicen por envidia, porque ellos jamás podrán ser como tú, porque no tienen valor para ser como tú.

- Mi señora…

- ¡No voy a permitir que te hundas en una depresión! ¡No lo voy a permitir! ¡Cómo no voy a permitir que vuelvas a pensar siquiera de que si estuvieras muerta todo sería mejor! ¿Mejor para quién? ¿Para Shampoo? ¿Para los celos de Ukyo? ¿Para esas arpías que se atreven a juzgarte sin conocerte? ¿Mejor para quien, para Genma? ¿Crees que Momo-chan estaría feliz? ¿Quién cuidaría de Sasuke? ¿Crees que Satsu, Kimiko, la pequeña Nara… ¡incluso Tomoe!, crees que ellos estarían felices? – Negué con la cabeza mientras notaba de nuevo las lágrimas caer por mis mejillas – ¿crees que yo sería feliz? Eres como una hija Akane, eres más que mi aprendiz, eres mí protegida…

- Pero… por mi culpa…

- Por tu culpa nada, tu madre murió por una enfermedad, tu padre se hundió en la pena y tú sufriste por ello porque le amabas. ¡A ti te está pasando lo mismo que tu padre! ¡Te estas hundiendo en tu propio dolor e inseguridad y nos estás haciendo sufrir a los que te queremos!

Esas palabras fueron como un puñetazo en el estómago. Tenía razón, mi señora tenía razón en todo. Me estaba convirtiendo en lo que se convirtió mi padre cuando madre murió, me estaba apagando de la misma forma que él lo hacía. Temblé cuando me di cuenta de los símiles y alcé mis manos para mirarlas, toqué mi cara y mi pelo, me estaba dejando morir y eso no podía ser ¡era una niña! ¡Una niña de catorce años!

- Señora, por favor, ayúdeme, ¡ayúdeme! ¡No quiero acabar como el! ¡No quiero que me invada la culpa!

Nodoka-sama me abrazó con fuerza y me aferré a ella como si fuera agua en el desierto. Mi señora me daba paz y en esos momentos de mi vida era lo que necesitaba. Paz y ayuda, mucha ayuda. Yo era fuerte, por supuesto que era una chica fuerte, si no lo fuera no habría aguantado tanto, pero aún era una niña que tarde o temprano se iba a quebrar, y ese día me quebré del todo.

Llore mientras mi señora me consolaba, llore dejando fluir toda la pena y el miedo, toda la incomprensión… lloré por mí, lloré por padre, lloré por lo insultos recibidos, lloré por Ranma, lloré por lo que había hecho sufrir a mis amigos, lloré porque necesitaba llorar.

Poco a poco mi llanto se fue calmando y los sollozos se convirtieron en débiles hipidos. Sentí que esa escena ya la había vivido antes y recordé que mi señora también me había consolado el día que recibí la carta de Kasumi. Me separé lentamente de ella y sorbí mi nariz fuertemente consiguiendo una débil risa de mi señora.

- No te sorbes la nariz que no es bueno.

- Lo siento – dije avergonzada quitando los restos de lágrimas de mi cara.

- No importa, pero ahora quiero seguir hablando contigo muy seriamente – habló con cariño apartando una pestaña que se había quedado pegada en mi mejilla por las lágrimas – y no llores más, que te pones muy fea.

- ¿Más aun? – pregunté irónica.

- Ahí quería llegar - con su dedo índice tocó mi nariz – deja atrás esas inseguridades porque solo te van a llevar a la tristeza.

- Es lo que todos dice, he empezado a creérmelo.

- Pues más tonta eres – contestó cruzándose de brazos – ¿No entiendes que lo que están todas es celosas? Mírate Akane, y míralas a ellas. Son unas chicas simples y corrientes, cuya única preocupación en la vida es casarse bien. Tú no, tú eres diferente al resto y eres preciosa, por eso te ven como una amenaza, porque cautivas a todo hombre mujer y niño.

- No solo las mujeres me ven fea, también los hombres.

- ¿Hablas de Ranma? – Asentí levemente – Por Kami Akane, no me creo que aún no te hayas dado cuenta de lo que le pasa a mi hijo – le miré alzando una ceja y Nodoka-sama soltó una carcajada – Akane ¡también son celos!

- No lo creo, mi señora, él me ha dicho mil veces que soy fea y…

- Akane, aun eres una niña pero es hora de que aprendas varias lecciones.

- ¿Cuáles señora?

Nodoka-sama torció su sonrisa en gesto burlón – que los hombres son muy simples y que una mujer tiene más poder del que piensa.

- ¿Poder?

- Así es – contestó tranquila – Akane, mi hijo aun es un niño inmaduro que no tiene ni idea de lo que siente. Pero esos arranques de furia solo muestran sus celos.

- Pero celos ¿de qué? – no entendía a donde quería llegar mi señora. ¿Cómo iba a estar el joven Ranma celoso de mí? Si hacía tiempo que apenas nos hablábamos.

- De todo Akane, de tu fuerza, de tu valentía y de que cautives tantas miradas.

- ¿Cautivar?

Nodoka-sama asintió – ¿es que no te has dado cuenta de cómo te mira Ryoga? ¿O Mousse? ¿Y los chicos con los que entrenas?

- Esos chicos me odian, según ellos soy una marimacho.

- Un hombre no sabe demostrar sus sentimientos, están programados y educados para ser hombres entre los hombres, y los muy idiotas no se dan cuenta que un verdadero hombre es aquel que no tiene miedo a decir lo que siente.

- Señora, agradezco sus ánimos, pero no hace falta que mienta – dije con tristeza. Seguramente mi señora intentaba subirme el ánimo con sus palabras.

- No estoy haciendo eso, te estoy diciendo la verdad – dijo seria – allá tu si me crees o no, pero estoy dispuesta a abrirte los ojos.

Se levantó veloz y abrió la puerta del gigantesco armario y sacó de el un enorme espejo de hierro. Era hermoso y de cuerpo entero, tenía incrustaciones de oro y cristal, seguramente era un espejo muy caro. Lo colocó en el centro de la sala y me levantó del brazo para colocarme frente a él.

- Dime, ¿Qué ves? – me preguntó una vez me colocó mirando mi reflejo.

- A mí.

- Mira tu rostro, y seme sincera, ¿es feo? – me quedé callada un momento inspeccionando mi rostro. Me veía demacrada, había unas grandes ojeras y estaba muy pálida. Mis labios agrietados y mis ojos estaban hinchados debido al llanto, al igual que mi nariz que estaba levemente coloreada de rojo.

- Si señora.

- Pues yo veo a una muchachita hermosa que a pesar de llevar días sin peinarse sigue tan bella como siempre.

Me dio un leve empujón y me quitó el yukata. Quedé desnuda ante mi señora, la piel se me erizó debido al cambio de temperatura y la verguenza. En un arranque de pudor tapé como pude los pechos y las partes del cuerpo que me avergonzaban y escuché a mi señora bufar.

- No voy a ver nada que no haya visto ya.

- Señora por favor.

- ¡No! ¡Mírate en el maldito espejo! – hice caso a mi señora y me mire. Mi postura encorvada me recordaba a la de Sasuke. Tenía un cuerpo delgado pero se veía zonas con carne de más como mis muslos y caderas. Mis brazos eran más anchos que los de mis compañeras pero mi vientre era plano. Tenía varias cicatrices que me quitaban belleza y me hacían parecer más tosca de lo que ya era.

- Dime ¿Qué ves?

- Un ratoncillo asustado – susurré débilmente.

Nodoka soltó una carcajada – Nunca esperé esa respuesta – contestó tendiéndome el yukata. Lo tomé rápidamente y me tapé con él.

- No entiendo a que venía todo esto, mi señora.

- Quería hacerte ver que eres hermosa y que no tienes nada que esconder ni de que avergonzarte.

- Mi cuerpo no es perfecto.

- El de nadie lo es – contestó Nodoka – las mujeres perfectas no existen Akane, todas somos bellas y todas tenemos armas más poderosas que una espada.

Miré confusa a mi señora que se había girado para rebuscar en su armario. La vi sacar un yukata negro dorado y rojo. Me lo tendió y me dijo – póntelo.

Obedecí sin rechistar y con cierta vergüenza volví a desnudarme ante la atenta mirada de mi señora. Con manos temblorosas me coloqué el yukata y me giré para mirar a Nodoka-sama quien me hizo un gesto para que me acercara.

Me hizo arrodillarme y tomando un peine nacarado comenzó a peinar mi melena colocando una coleta baja elaborada y unos mechones sueltos por delante. La noté ponerse en pie – No te muevas ni te mires al espejo.

Asentí y escuché a mi señora salir de la habitación. Me pregunté que había ido a buscar, pero no esperé mucho cuando volvió a entrar con un trapo húmedo en las manos. Lo pasó con delicadeza por mi cara, estaba tibio y noté mis músculos faciales relajarse.

Pellizcó varias veces mis mejillas y tras una rápida inspección sonrió de oreja a oreja – Ahora sí, vuelve a mirarte.

Me levanté lentamente y caminé con timidez hasta colocarme frente al espejo. La imagen que me devolvió me dejó sin aliento. Estaba guapa, muy guapa no podía mentir, era difícil creer que apenas unos minutos antes el reflejo del espejo me devolviera una imagen deplorable de mi misma y ahora me gustara lo que veía.

- ¿Sigues viendo un ratoncillo asustado?

- Ahora veo, un ratoncillo asombrado – Nodoka-sama soltó una risita infantil – ¿Cómo lo ha hecho señora?

- Yo no he hecho nada Akane, eso eres tú, simplemente he reforzado tus puntos fuertes.

- ¿Mis puntos fuertes?

Mi señora asintió – tienes una cara preciosa, y un cuerpo envidiable. Si aprietas el obi del yukata el pecho se sube y aparenta ser más grande y además te afina la cintura dando protagonismo a esas maravillosas caderas que Kami te ha dado – dijo mientras me daba un golpe firme pero indoloro en la cadera – y tienes un pelo maravilloso. Fuerte y moldeable.

- No puedo negar, me gusta.

- Porque eres preciosa querida. Son los insultos de esa gente malvada la que distorsiona la imagen de ti misma. Los hombres te insultan porque saben que no pueden tenerte y las mujeres te insultan porque jamás podrán ser como tú.

- Señora… yo…

- Date cuenta pequeña Akane, si te sacas partido serías peligrosa para hombres y mujeres.

- ¿Peligrosa? ¿Cómo podía ser peligrosa? Yo no dañaría a nadie….

- Una mujer, si se saca partido y sabe mover sus fichas puede ser la perdición de un hombre. Te lo he dicho Akane, una mujer tiene entre sus piernas un arma que deja de rodillas a campesinos y emperadores.

No contesté simplemente me quedé mirando fijamente mi reflejo y lo que veía me gustaba, me gustaba muchísimo. No era fea, no lo era, y mucho menos era una mujer débil que se dejaba pisotear. Mi señora tenía razón tenía que darme cuenta de las cosas, tenía que abrir los ojos y salir de ese agujero de tristeza. Tenía que vengarme de todas aquellas personas que una vez se rieron de mí, tenía que hacerles ver que Akane Tendo era una guerrera que no se dejaba amedrentar y para ello debía aprender a quererme.

- Señora, enséñeme.

- ¿Quieres que tanto Shampoo como mi hijo se traguen sus palabras? ¿Quieres demostrarles quien es en verdad Akane Tendo? – sin dejar de mirar mis propios ojos en el cristal asentí muy seria.

- Mañana empezaremos.


Aclaraciones:

Onigiris: También conocido como Omusubi, es un plato japonés que consiste en una bola de arroz rellena o mezclada con otros ingredientes. Suele tener forma triangular u oval, y a veces está envuelta en una pequeña tira de alga nori. Existe la posibilidad de dar sabor al arroz usando furikake (condimentos deshidratados de origen diverso), que habrá que mezclar con la preparación antes de realizar las bolas.

Gomen ne: Manera informal de decir "lo siento"

Onee-chan: Hermana mayor.

Nani: Significa "¿Qué?"

Urusei: Cállate

Hai: Sí

Baka: Es un insulto. Vale para tonto o idiota.

Nashi: Es una especie arbórea perteneciente a la familia de las Rosáceas. Otros nombres comunes con los que se conoce a este peral originario de Asia son: pera asiática, pera nashi, pera japonesa, pera coreana, pera de Taiwán, pera de arena, pera manzana, pera oriental, bae, li, nashipati (en India), nashpati (en Bangladés y Nepal) y pera asiática. A pesar de ser conocida como "pera manzana", esta fruta no es un cruce entre una pera y una manzana, sino que toma ese nombre por su forma y textura similares a la de la manzana.

Sumimasen: Lo siento.

Oni: Son criaturas del folclore japonés que comparten muchas similitudes con los demonios y ogros occidentales. Son personajes populares en el arte, literatura y teatro japoneses.

Matte: Significa "espera" o "un momento"