Notas del autor (1): Ha sido bastante tiempo; seis meses desde el último capítulo para ser exacto. Pero ahora que tengo una nueva computadora, me alegra volver a escribir por fín.
En fin, sin más preámbulos, empecemos con el capítulo.
Capítulo 9 – Diversión bajo el sol
Ha pasado una semana exacta desde que Ami y las demás bandicuts habían decidido pasar sus vacaciones con Crash y su familia. A pesar del momento amargo del día anterior, el héroe por fin decidió pasar página respecto a Tawna.
Sin embargo, Crash no era el único con planes en mente.
En la Isla Cortex, cierto científico con dicho apellido estaba trabajando en su nuevo Evolvo-Ray, pero no estaba haciendo todo el trabajo sólo. Los doctores N. Gin y Nefarious Tropy, junto con algunos asistentes de laboratorio y unos potoroos secuaces de Pinstripe, lo estaban ayudando a calibrar dicho láser mejorado.
En un rincón del laboratorio, se encontraban casi todos los secuaces evolucionados de Cortex realizando actividades cotidianas, ya que no era necesaria su ayuda de momento. Tiny Tiger y Koala Kong estaban levantando pesas para mantenerse en forma, mientras que Dingodile jugaba a las cartas con Ripper Roo y Rilla Roo.
Los asistentes de laboratorio y los potoroos estaban cargando en el contenedor del láser una cápsula con un resplandor violeta claro, la cual estaba pesada para menos de seis hombres.
–¡Cuidado con eso! –Cortex les advirtió en un tono firme –. El Cortexdominaelmundium aún es muy inestable. Un simple golpe contra el piso y todos volaremos en mil pedazos.
Los asistentes y los potoroos se pusieron nerviosos ante las palabras del científico, pero a pesar de la dificultad, lograron introducir la cápsula con el nuevo elemento dentro del contenedor sin problemas, suspirando de alivio al final.
–¿Está seguro de que es buena idea utilizar el nuevo elemento, doctor Cortex? –dijo N. Tropy no muy convencido –. Si es tan inestable como dice, utilizarlo es demasiado arriesgado.
–No cuestiones al maestro –le reprochó N. Gin –. Él sabe lo que hace, como siempre.
–Exacto –dijo Cortex con ligera soberbia –. Fui yo quien construyó el anterior rayo, así que uno nuevo no será problema.
–Dirás el doctor Brío… –N. Tropy rodó los ojos –. Típico de ti. Siempre le robas el crédito a los demás. No me sorprendería que el último elemento de la tabla periódica lo hubiera descubierto otro.
–¡¿Cómo te atreves a dudar de mí?! –Cortex se defendió –. ¡No fui yo quien desintegró al verdadero dueño!
–¿Eh...? –todos los del laboratorio reaccionaron ante la afirmación del científico cabezón.
–Quiero decir… –Cortex supo que se había delatado, pero al no encontrar una respuesta adecuada, decidió zanjar el asunto de lleno –. ¡SOLO PÓNGANSE A TRABAJAR! ¡¿ENTENDIDO?!
N. Tropy decidió hacerle caso, pero sonrió burlonamente. A veces le parecía divertido humillar a su colega Cortex, lo cual muchas veces conseguía sin problemas.
Sin previo aviso, la puerta del laboratorio se abrió. Cuando todos se voltearon a mirar quien era, divisaron a cierto potoroo con un elegante traje rojo. Cortex y N. Gin se alegraron de verlo, mientras que N. Tropy permaneció neutral y los demás secuaces evolucionados mostraron cierta molestia, sobre todo Dingodile.
–¡Pinstripe, bienvenido! –dijo Cortex –. ¿A qué debo tu visita?
–Buenos días, doctor Cortex –Pinstripe saludó al científico y se aproximó hacia él –. Vine a ver cómo seguía su proyecto.
–Con ligero retraso, pero en dos semanas y media más podría estar listo –respondió Cortex –. ¿Y tú, cómo vas?
–De maravilla –Pinstripe miró la palma de su mano con mucho orgullo –. Desde la entrevista de ayer, no puedo evitar pensar lo mucho que el tonto de Crash Bandicoot debe estar sufriendo ahora mismo. De solo imaginarlo, siento cosquilleos.
–Y no me sorprende. Je, je, je. Menudo beso –dijo N. Gin.
–Lo sé –el ego de Pinstripe creció –. No cualquiera puede presumir de estar con la ex novia de Crash.
–Cretino… –se quejó Dingodile en voz baja, lo cual no pasó desapercibido por el potoroo.
–¿Algún problema, cerdito? –preguntó Pinstripe con ligera molestia.
–¡Soy un dingo, idiota! –el híbrido se puso de pié y encaró al potoroo –. Y ya que preguntas, sí, tenemos un problema contigo. ¿Por qué siempre nos tienes que restregar tu noviazgo en la cara? Bastante tenemos con estar solteros.
–¡Cierto! –Kong dejó las pesas y decidió unirse a la conversación junto con los demás –. ¿Qué sentido tiene pulir mis músculos si no hay chicas con las cuales presumir de ellos?
–Tiny estar de acuerdo –el tigre de Tasmania habló en tercera persona, como de costumbre –. Tiny quiere su propia compañera, igual que Pinstripe.
–¡BASTA! –gritó Uka Uka, que había entrado por la ventana y había escuchado la conversación –. Nuestro principal objetivo es eliminar a Crash Bandicoot de una vez por todas, no saciar necesidades primitivas. Así que... o cooperan, o se callan.
–Gracias, señor Uka Uka –dijo Pinstripe, creyendo que la conversación había acabado.
–No tan rápido, Pinstripe –la máscara parlante flotó delante del potoroo para mirarlo fijamente –. Quizás Tawna esté contigo, pero te recomendaría no bajar la guardia.
–¿Por qué lo dice, señor? –Pinstripe preguntó confundido.
–He visto el noticiero, y la expresión de esa bandicut rubia cuando la besaste. No mostraba ninguna comodidad alguna. Todo lo contrario, estaba molesta.
Los demás se sorprendieron ante las palabras de Uka Uka. De hecho, Dingodile y N. Tropy sonrieron burlonamente.
–Podrás creer que eres un galán con las chicas, pero como te descuides, vas a arruinarlo todo –Uka Uka adoptó un tono amenazante –. Te diré lo mismo que a tu creador Cortex: no me falles de nuevo... o ya verás.
Luego de lanzar una mirada amenazante tanto a Cortex como al potoroo, quienes tragaron saliva nerviosamente, Uka Uka abandonó el laboratorio. El ambiente fue de total silencio por unos segundos hasta que Dingodile soltó unas cuantas risas.
–Vaya, vaya –dijo el híbrido en un tono burlón –. Por lo visto, la hembra no está muy contenta con el Don Juan Potorotti, ¿eh?
–Cállate… –el potoroo se molestó –. Si pude convencerla de dejar a ese tonto bandicut, puedo solucionar esto.
–Hasta que descubra que la engañaste –interrumpió N. Tropy –. Y hablando de eso, ella cree que ahora eres una buena persona. ¿Qué vas a hacer cuando se entere de la verdad?
–Es muy simple –dijo el potoroo, adoptando una actitud soberbia –. Nada, porque cuando ella lo sepa, ya será demasiado tarde. Con Crash y su familia fuera del camino, ella no tendrá en quién apoyarse. Solo le quedaré yo, y no tendrá más remedio que someterse a mi voluntad si sabe lo que le conviene. Obviamente le daré todo lo que ella quiera, pero con una condición: ella será mía, solo mía.
–Pero aún así, tú te quedas con la chica… –dijo Kong con envidia.
–A ver... –Pinstripe se cubrió la cara con ligera molestia –. ¿Qué tal si hacemos un trato para que dejen de quejarse? Cuando todo esto acabe, las amigas de Tawna serán las esclavas personales de ustedes. ¿De acuerdo?
–¡¿QUÉ?! –uno de sus secuaces potoroos se quejó –. Pero jefe, nos prometió que las otras chicas serían nuestras.
Dingodile y los demás secuaces miraron con recelo a Pinstripe, quien tosió para disimular.
–Las cosas cambian, chicos. Pero no se preocupen –Pinstripe sacó su teléfono móvil y buscó entre sus fotos –. Aún hay otra chica que podría interesarles. Recientemente, Tawna contrató a una nueva corredora para el Nitro Squad. ¿Qué les parece?
Pinstripe enseñó su teléfono a sus secuaces, revelando una foto de Pasadena O'Possum. Los potoroos silbaron y se deleitaron con el aspecto de la joven corredora.
–¡Es guapísima! –dijo uno de los potoroos.
–¡Cierto! Imagina las cosas que podríamos hacer con ella –dijo otro secuaz, cuya sonrisa era más sombría.
–¿Satisfechos? –dijo Pinstripe mientras volvía a guardar su teléfono –. Espero que esto les sirva de motivación.
–Uka Uka tiene razón. Qué primitivos son... –N. Tropy se cubrió la cara con ligera molestia.
–N. Tropy, déjalos –dijo Cortex sin tomarle mucha importancia –. Después de todo, se lo merecen por su trabajo duro.
–Gracias, doctor –dijo Pinstripe, quien luego encaró a Dingodile y compañía –. Y ustedes, ¿les parece bien el trato o no?
Dingodile y los otros cuatro se miraron entre sí por unos segundos, hasta que cada uno asintió.
–De acuerdo, aceptamos –dijo Dingodile –. Después de todo, tengo cuentas pendientes con Ami.
–Ugh… ella. Ni me menciones a ese marimacho –dijo Pinstripe con ligera molestia –. Sigo furioso con ella por hablarme de una forma tan insolente. Si no fuera porque no puedo quedar en evidencia, ya le habría volado los sesos con mi escopeta. Pero por curiosidad, ¿qué te ha hecho ella?
–Bueno… –Dingodile empezó su relato con cierta incomodidad, la cual compartía con Tiny.
Siete meses antes...
Después de que Crash derrotara a Pinstripe por la cuarta llave, todos estaban en el Valle de las Gemas esperando a Nitros Oxide para desafiarlo. Durante la espera, Dingodile y Tiny decidieron preguntarle algo a Ami, su chica de los trofeos. Ambos habían empezado a experimentar cierta atracción hacia la bandicut de cabello verde, por lo que querían saber a cuál de los dos ella elegiría para una cita.
Sin embargo, la bandicut no tuvo piedad en mostrar su enfado:
–¡¿Están locos?! –dijo una furiosa Ami a unos sorprendidos Tiny y Dingodile –. ¡Ni de broma saldría con alguno de ustedes! No solo son lacayos sádicos del doctor Cortex, sino que intentaron matar a mi amigo Crash. Antes que salir con ustedes… ¡prefiero nunca convertirme en corredora!
–Ouch… –dijo una sorprendida Isabella, quien estaba charlando con Crash, Coco y Tawna, no muy lejos de Ami –. Que ella quiera renunciar a lo que más le gusta dice mucho…
Sin más que decir, Ami les dio la espalda a los dos villanos para reunirse con Crash y las chicas. Dingodile y Tiny quedaron en shock por aquellas palabras, mientras escuchaban algunas burlas de Kong y Rilla Roo, quienes no pudieron competir en los eventos.
Volviendo al presente…
–Y es por eso que queremos venganza… –Dingodile contuvo su rabia –. Esa ingrata no tenía derecho de hablarme así.
–Tiny será malvado, pero Tiny también tiene sentimientos –dijo el tigre de Tasmania con decepción, la cual no tardó en transformarse en enfado –. ¡Tiny aplastar bandicut gruñona!
–Vaya… –dijo Pinstripe con los ojos abiertos, pero luego se rascó la cabeza –. No me había fijado. Estaba ocupado coqueteándole a Tawna sin que los demás lo notaran.
–¡Bueno, basta de cháchara! –ordenó Cortex –. Al hablar de esas chicas solo me recuerdan a Megumi. Su ternura y constante positividad solo me ponían enfermo. Qué asco...
–De acuerdo, doctor –dijo Pinstripe –. Si no le importa, voy a hacer mi gestión en el cuarto del generador.
–Llévate a Kong, Ripper Roo y Rilla Roo contigo –dijo Cortex –. Tengo que pedirles un trabajo a Tiny y Dingodile personalmente. Luego de que termines, pueden tomarse el día libre.
Los secuaces evolucionados se miraron entre sí confundidos, pero decidieron hacer caso al científico, ya que no tenían nada más que hacer.
–Muy bien, doctor. Con su permiso, me retiro –Pinstripe se despidió, acompañado de los otros tres secuaces.
Luego de que el potoroo y compañía abandonaran el laboratorio, Cortex miró a sus otros subordinados:
–Tiny, Dingodile, se preguntarán por qué los hice quedar aquí, y es porque tengo una tarea para ustedes –el científico señaló un rincón del laboratorio, donde estaba un pequeño ordenador portátil al lado de un robot con una peculiar forma de retrete –. Quiero que prueben el nuevo robot espía que he fabricado y le echen un vistazo a Crash Bandicoot. Necesito asegurarme de que es un miserable llorica como dice Pinstripe.
–¿No puede pedirle el favor a sus asistentes, doctor Cortex? –Dingodile intentó librarse.
–No. Los necesito para terminar el nuevo Evolvo-Ray. Sin ellos, tardaremos más tiempo.
–Pero doctor... –insistió Dingodile –. No sé manejar robots, solo mi querido lanzallamas.
–Deja de quejarte –dijo Cortex –. El robot ya está programado. Solo tienes que darle al botón de inicio, y podrás moverlo como si fuera un simple videojuego. Así que no más excusas. ¡Obedezcan, y trátenlo con cuidado!
Dingodile asintió con ligera molestia, mientras que Tiny saludó al estilo militar con entusiasmo, y sin perder más el tiempo, ambos se sentaron en un rincón con el ordenador. Luego de que el híbrido entre dingo y cocodrilo abriera dicho aparato y realizara unos pequeños ajustes, el robot empezó a levitar y salió por la ventana en dirección hacia la Isla Wumpa.
–Solo espera, Crash Bandicoot –pensó Cortex luego de ver al robot marcharse –. Cuando tú mismo acabes con tu propia familia, nosotros aprovecharemos y pondremos fin a tu vida.
Al no haber más interrupciones, Cortex volvió a centrarse en el rayo láser, no sin antes pensar con una sonrisa maligna sobre cómo estará su archienemigo. No podía esperar a ver la cara destrozada del que considera su mayor fracaso antes de acabar finalmente con él.
Isla Wumpa...
Mientras el científico tenía pensamientos de lo más equivocados, los bandicuts tenían otros planes. Para el día de hoy, habían decidido pasar el día entero en la playa. Después de la mala experiencia de ayer, no estaría nada mal tomar un poco de aire bajo el sol y distraerse.
Crash y Coco, quienes tenían sus respectivos trajes de baño puestos, estaban fuera de la casa sentados en los troncos del patio delantero en compañía de las mascotas y Aku Aku, además de unos cuantos objetos para usar en la playa; como una pelota y red de Volleyball, raquetas de ping pong, cubetas y palas para construir castillos de arena, una canasta de picnic con emparedados y zumos de fruta Wumpa, y una mini-nevera con polos de helado.
La familia Bandicoot estaba esperando a las chicas, quienes se encontraban en la casa poniéndose los nuevos bikinis que Liz había comprado tiempo atrás. Mientras ellas se preparaban, la pequeña bandicut rubia decidió hablar con su hermano:
–Bueno Crash –dijo ella –, ¿cómo has seguido? ¿Estás mejor?
–Comparado con ayer… mejor –Crash se rió nerviosamente y se rascó la cabeza –. Isabella se quedó hablando conmigo un poco, y me hizo saber unas cuantas cosas.
–¿Qué cosas? –preguntó Aku Aku.
–En que tienen razón –Crash se levantó con una actitud decidida –. Lo de Tawna fue bonito mientras duró, pero eso ya es historia. Tengo que mirar hacia adelante y superarlo.
–Es bueno saberlo –Aku Aku sonrió.
–Y además… tienen razón –Crash agachó ligeramente la cabeza mientras se sonrojaba –. Me gusta Megumi.
–Aww… –Coco gimió de ternura –. ¿Y piensas decírselo algún día?
–Antes no quería, pero Isabella me hizo recapacitar –Crash sonrió, pero luego se entristeció un poco –. Lo único que me da miedo ahora mismo es que… no sienta lo mismo y se arruine nuestra amistad.
Coco se sintió un poco frustrada en ese momento. Quería decirle a Crash que Megumi sentía lo mismo por él, pero había prometido no decir nada. Sin embargo, la inteligente bandicut sonrió e intentó persuadir a su hermano para que él diera el paso:
–Estoy segura de que todo saldrá bien, hermanito –Coco tendió su mano en el hombro de Crash –. Además, estamos hablando de Megumi, esa amiga que siempre te ha estado apoyando desde que llegó a la isla. ¿De verdad crees que ella te daría la espalda?
Aku Aku se percató de lo que Coco estaba haciendo y decidió ayudarla:
–Ella tiene razón, Crash. Simplemente debes encontrar el momento adecuado para decírselo. Hoy no, porque ayer sufriste por otra chica, pero más adelante quizás.
Crash sonrió por el apoyo de su familia, pero el momento fue interrumpido cuando oyeron la puerta de la casa abrirse. Eran las chicas.
Primero salió Liz, que llevaba un bikini de rayas negras y blancas, cuyos bordes eran rojos. Le siguió Isabella, que llevaba un bikini sin tirantes azul, pero con una gruesa línea blanca vertical en el medio. Y por último salió Ami, cuyo traje de baño parecía un sostén deportivo y unos shorts, ambos verdes, pero con banderas amarillas a cuadros a cada lado, similar a las de su ropa común.
Crash se sonrojó furiosamente al ver a sus amigas, así que rápidamente apartó la mirada para que no lo notaran, pero eso no pasó desapercibido por la bandicut italiana.
–Creo que esto es demasiado –Isabella le susurró a Liz –. Mira lo apenado que está el pobre.
–Oye, ¿quieres que supere su ruptura con Tawna o no? –la bandicut morena susurró –. No estaría nada mal para él interactuar con otras chicas. Además, así Megumi tiene oportunidad de tener más trato con él.
–¡Shhh! No lo digas tan alto –Ami se quejó en voz baja –. Recuerda que prometimos no decirle nada a Crash.
–Ya lo sé… –Liz rodó los ojos con ligera impaciencia y echó un último vistazo dentro de la casa –. ¡Faltas tú, Megumi! ¡Sal ahora!
–Liz… no lo sé… –dijo Megumi con voz temblorosa, desde adentro de la casa –. Creo que Isabella tiene razón: esto es demasiado para Crash…
–Megumi, escucha –dijo Ami, quien también decidió echar un vistazo –. No sientas vergüenza. Tal y como dijo Liz, eres muy hermosa, así que sé un poco valiente. Hazlo por nosotras, pero principalmente por Crash. ¿De acuerdo?
Aunque Coco y los demás no podían oír lo que las chicas decían, notaron caras de ligera preocupación por parte de de Liz y Ami, las cuales luego se transforman en sonrisas de satisfacción.
–De acuerdo… –dijo Megumi, con voz aún dudosa –. Voy a salir…
Crash, quien aún estaba sonrojado con la mirada apartada, logró escuchar la última frase de su amiga y no pudo evitar sentir interés, así que decidió echar un ligero vistazo. Su curiosidad había dominado por completo a su inseguridad.
Cuando Megumi salió lenta y tímidamente por la puerta con un ligero rubor en su rostro, la mandíbula de Crash literalmente cayó y sus ojos se abrieron como platos, ahora totalmente fijos en su amiga. La bandicut de cabello azul llevaba un bikini negro sin tirantes con dos rayas horizontales contiguas de color azul verdoso tanto en el sostén como en la parte de abajo, y siendo la raya superior más gruesa que la inferior.
Megumi notó la reacción de Crash, y su rubor se extendió por toda la cara.
–Me está mirando muy extraño… –Megumi le susurró a Isabella, quien no pudo evitar reírse.
–Lo has dejado impresionado –dijo la bandicut rubia –. Vamos… acércate y háblale.
Isabella dio un ligero codazo a Megumi, lo que la alentó a acercarse a Crash, quien aún estaba en shock.
–Crash, despierta –Coco le dio unas cuantas palmadas en la espalda para despertarlo –. Megumi se está acercando.
El héroe bandicut movió sorpresivamente su cabeza de un lado para otro, hasta procesar lo que dijo su hermana y notar a su amiga de cabello azul acercándose a él.
Crash no podía evitar mirar a Megumi de pies a cabeza. Sabía que ella tenía un cuerpo hermoso debido a la bata de laboratorio ajustada que suele llevar, pero no esperaba verlo en todo su esplendor.
Cuando ambos bandicuts por fin estuvieron frente a frente, no pudieron evitar sonrojarse y apartar tímidamente sus miradas un par de veces. La situación era un poco vergonzosa para ambos.
–Hola Crash… –dijo Megumi.
–Hola… –dijo Crash –. Te ves muy hermosa…
–Gracias…
Ambos se rieron tímidamente, pero luego la vista de Crash fue bloqueada por una sombrilla sostenida por su hermana.
–Bueno chicos –dijo Coco mientras le daba la sombrilla a su hermano –, tenemos que llevar unas cuantas cosas. Crash, tú llevarás la sombrilla.
–¿Yo? –Crash intentó escaquearse –. Pero es muy grande...
–¿Prefieres llevar la red de Volleyball entonces? –Ami lo miró en un tono burlón mientras sostenía el enorme objeto mencionado con un solo brazo.
–¡No, no! –Crash cambió de opinión y sonrió nerviosamente –. Yo llevo la sombrilla entonces.
–Típico… –Coco rodó los ojos –. Ami, Aku Aku, adelantense todos ustedes. Tengo que discutir unas cosas con mi hermano en privado. ¿Está bien?
–Tranquila Coco –Ami le sonrió –. Nosotras iremos colocando la red. Los esperamos.
–Gracias –la pequeña bandicut sonrió devuelta.
Luego de que las antiguas miembros del Nitro Squad se retiraran a la playa junto con la máscara parlante y las mascotas, Crash siguió mirando a Megumi mientras ella se alejaba y suspiro con una reacción enamoradiza.
–¡Hola, Tierra llamando a Crash! –Coco le dió unos cuantos golpes suaves a su hermano en la cabeza para sacarlo de sus pensamientos.
–¿Qué, qué...? –el héroe bandicut miró sorprendido hacia todos los lados hasta mirar a su hermana, quien rodó sus ojos y se rió un poco.
–Veo que si te gusta de verdad, ¿eh? –dijo ella con una sonrisa –. No paraste de mirarla.
Crash pronto supo a lo que se refería su hermana y se tapó avergonzado la cara con sus manos.
–Genial… –se quejó –. Ahora creerá que soy un pervertido…
–No lo creo –Coco lo consoló –. Es cierto que es mejor no clavarle la mirada de una forma tan evidente, pero creeme, si actúas con naturalidad, no habrá nada de qué preocuparse.
–¿Tú crees? –Crash dejó de cubrirse la cara y miró a su hermana.
–Confía en mí –ella insistió –. Poco a poco llegarás a ella.
–¿Cómo estás tan segura? –Crash preguntó un poco inseguro.
–Tú hazme caso, ¿de acuerdo? –Coco le dio unas palmadas cariñosas a su hermano en su espalda y le guiñó el ojo –. Ahora vamos, nos están esperando. Dejaré que tú y ella hagan equipo como en Cala Crash.
–De acuerdo. Si tú lo dices… –Crash sonrió ligeramente por el gesto de su hermana y ambos fueron a reunirse con los demás.
Mientras tanto, las chicas estaban colocando la red de Volleyball a un lado de la playa. Las mascotas estaban a cierta distancia empezando a construir castillos de arena, siendo a veces ayudados por Aku Aku y sus poderes mágicos.
–Bueno –dijo Liz con una ligera sonrisa –, con esto tendremos para mantener la cabeza de Crash ocupada.
–Sí, aunque hace demasiado calor –dijo Isabella –. ¿Han recordado ponerse protector solar?
–Isabella… estamos cubiertas de pelo –dijo Ami con cierta incredulidad –. ¿Para qué vamos a necesitar eso?
–Lo digo por la nariz… genio –Isabella se molestó un poco –. ¿O acaso quieres que se te queme?
–Sugeriría que le hicieras caso, Ami –dijo Aku Aku, quien estaba ayudando a las mascotas con el castillo de arena.
–Bah… tonterías –dijo Ami sin preocuparse –. Ninguna crema me va a decir lo que tengo que hacer.
–Como quieras, pero no digas que no te lo advertí –la bandicut italiana rodó sus ojos con cierta frustración –. Esa arrogancia te va a costar caro.
–No me digas… ¿Y qué hay de ti? –Liz se le acercó con cierta seriedad –. Tienes un severo problema de mal genio cuando pierdes en algún juego.
–¡No es verdad! –Isabella se defendió.
–Creo que podemos arreglar eso –Ami sonrió burlonamente –. Si decide tener otro arrebato de rabia, la arrojamos al agua para que se le baje el enfado. ¿Les parece?
–No te atreverías… –Isabella la fulminó con la mirada.
–Sabes que sí, y puedo –Ami siguió desafiando a su amiga.
–Chicas, basta –Megumi las regañó –. Queremos que Crash se recupere de su mala experiencia. Si nos ponemos a pelear, no vamos a lograr nada.
–Vamos Megumi. Todo está bien –Liz se rió –. ¿Viste como te estaba mirando? Seguro estará más ocupado admirandote que cualquier otra cosa.
Megumi se sonrojó furiosamente por el comentario de su amiga, pero todas notaron que los hermanos se acercaban, así que fingieron naturalidad.
–Bueno, chicas –dijo Coco –. ¿Ya está lista la red?
–Sí –Isabella sonrió –, pero aún no hemos decidido los equipos. Seguramente seremos tres contra tres, ¿o me equivoco?
Coco estuvo pensativa por unos momentos, pero luego dió con la solución:
–Supongo que Crash y yo estaremos en equipos contrarios, ya que ambos somos de baja estatura en comparación a ustedes, así que nos tocaría escoger equipo a nosotros.
–Tiene sentido –dijo Liz.
–Pues bien, lo he hablado con Crash, y yo escogeré a Ami y Liz.
–¿Huh? Oye, ¿cuándo hemos…? –Crash intentó protestar, pero Coco cubrió su boca para que no la interrumpiera y ella siguió hablando.
–Eso quiere decir que Isabella y Megumi estarán en el equipo de Crash –Coco sonrió mientras sostenía a su hermano–. ¿Qué les parece?
–Para mi es perfecto –Ami se rió con confianza –. Crash me debe una revancha, así que podremos saldar cuentas.
–O puede que ganemos de nuevo como con los karts –Megumi sonrió –. ¿Verdad, Crash?
–Supongo –Crash se rascó la cabeza mientras sonreía nerviosamente –. Pero no olvides que Ami es nuestra oponente.
–Solo espero ganar una esta vez… –dijo Isabella un poco insegura.
–En fin, empecemos ya. ¿Les parece? –preguntó Coco.
Todos estuvieron de acuerdo con la pequeña bandicut, así que se tomaron posiciones.
Al mismo tiempo un objeto metálico con forma de retrete surcó el cielo sin que ellos se dieran cuenta, y se escondió con cuidado entre los arbustos, apuntando un lente hacia los bandicuts.
Devuelta en el castillo Cortex, ciertos dos malvados secuaces estaban viendo todo lo que pasaba por la lente de dicho robot.
–Bien, ahí está Crash –dijo Dingodile, quien no tardó en notar a las chicas –. Un momento… ¿qué hacen ellas ahí?
–Y están… en traje de baño –dijo Tiny, ahora con su mirada completamente enfocada en el monitor.
–¿Decían algo, chicos? –dijo Cortex, quien estaba trabajando en el nuevo Evolvo-Ray y no logró oír lo que decían.
–¡No! –Dingodile respondió con un ligero susto –. Nada doctor, aún estamos investigando.
–De acuerdo… –dijo Cortex un poco extrañado por la actitud de su lacayo, pero decidió ignorarlo a causa del trabajo que estaba realizando.
–Ni una palabra –dijo Dingodile en voz baja a su colega –, o de lo contrario no podremos seguir viendo.
Tiny hizo un gesto de labios sellados y volvió a centrarse en el monitor. No todos los días ambos podían presenciar ver a chicas atractivas en traje de baño, lo cual les hizo sentir cierta envidia hacia el héroe bandicut.
–El primer equipo que acumule 15 puntos, gana –dijo Coco, siendo transmitido todo lo que dice a través del monitor –. ¿Les parece?
–Me parece bien –dijo Ami –, pero ¿qué tal si lo hacemos más interesante?
–¿Cómo qué? –preguntó Megumi con tono curioso.
–Hagamos una apuesta –dijo Ami –. Vamos a ir a la discoteca Ciencia Electro en diez días, ¿cierto? El equipo perdedor paga las bebidas y aperitivos de los ganadores.
Dingodile sintió interés en lo que dijo Ami sobre dicha discoteca, y decidió pensar en algo al respecto.
–¡Trato hecho! –dijo Megumi con entusiasmo y estrechó sus manos con Ami.
Y sin más que decir, los bandicuts comenzaron su partido de Volleyball, sin percatarse de que tenían dos espectadores observando desde lejos.
Pasaron los minutos, y el partido estuvo bastante parejo. Ami podía tener bastante fuerza, pero la altura de Isabella servía de contrapeso a favor del equipo de Crash. Ambos equipos estaban a un solo punto de conseguir la victoria, pero ninguno de los bandicuts estaba cediendo en cuanto a darlo todo.
Al mismo tiempo, Tiny y Dingodile estaban tan ocupados mirando a las chicas jugar que prefirieron pasar de la tarea impuesta por Cortex y fingir que nada pasaba.
–Tiny tener hambre… pero Tiny no poder dejar de ver chicas bandicut –dijo el tigre de Tasmania.
–Pues no te quejes, y habla más bajo –Dingodile se quejó y miró con rostro enfadado a su compañero –. Quiero ver como acaba esto.
–Pues ya acabó –Tiny señaló el monitor, indicando que el equipo de Coco, Ami y Liz ganaron el partido.
Esto provocó que Dingodile se tapara la cara de vergüenza por su mala suerte.
–¡Ohh, si! ¡Hemos ganado! –dijo Ami, quien estaba celebrándolo con sus dos compañeras de equipo.
–¡Bebidas gratis para nosotras! –gritó Liz de alegría.
Crash y Megumi se sonrieron el uno al otro apenados por haber perdido, pero Isabella, a pesar de intentar contener su frustración de no ganar en Cala Crash ni en el Volleyball, al final explotó de la ira.
–¡ME LLEVA LA...! –gritó ella mientras pateaba la pelota de Volleyball, que empezó a rebotar por los árboles y palmeras, hasta acabar golpeando el robot espía y perderse entre los árboles. El impacto fue tan severo que se abrió una grieta en el costado del robot, despidiendo unas cuantas chispas.
–¿Huh? ¿Qué ha sido eso? –preguntó Coco confundida y se dirigió al lugar donde estaba escondido el robot –. Parecía algo de metal.
–¡Oh, no! –Dingodile entró en pánico al ver que la transmisión empezaba a cortarse y controló desesperadamente el robot para sacarlo del lugar –. ¡Sal de ahí, sal de ahí!
El robot empezó a moverse y a salir volando. Logró evadir la vista de los bandicuts, pero al volar por el mar, empezó a entrar completamente en cortocircuito hasta que acabó explotando, cayendo sus restos al océano.
La explosión solo fue escuchada por las mascotas gracias a sus oídos agudos, pero al ver que no sucedía algo extraño alrededor, decidieron continuar construyendo el castillo de arena con Aku Aku.
Cuando Coco llegó a revisar entre los arbustos, no vio nada.
–¿Has encontrado algo, Coco? –preguntó Megumi con curiosidad.
–No, nada de nada –dijo la pequeña bandicut, quien decidió volver con el grupo –. Quizás haya sido mi imaginación.
–No, nosotros también lo oímos –dijo Ami, quien después notó que cierto objeto tampoco estaba –. Ehh, ¿dónde está la pelota?
De repente, todos se dieron cuenta de que se habían olvidado de dicho objeto, y lanzaron miradas fijas en Isabella, quien estaba riendo nerviosamente ante la atención indeseada.
–No importa, yo la busco –dijo Crash, quien se adentró entre la zona de arbustos y árboles.
Al ver esto como una oportunidad, Isabella le dio un codazo a Megumi.
–Acompáñalo –dijo la bandicut italiana.
–¿Qué? ¡N-no! –Megumi se sonrojó nerviosamente.
–Es tu oportunidad para tener más trato con él a solas –dijo Isabella en un tono serio –. ¿O vas tú misma, o te llevo a rastras? Elige.
Megumi tragó saliva ante la amenaza de su amiga, así que asintió en respuesta y se fue a donde estaba el héroe bandicut.
–¡Esperame, Crash…! –ella dijo –. Te ayudo.
Luego de ver como su amiga iba a hacerle compañía a Crash, Isabella sonrió de satisfacción. Sin embargo, ella fue sacada de sus pensamientos cuando sintió que la agarraban de brazos y piernas. Eran Ami y las demás, que se la estaban llevando al agua.
–¡Eh! ¡¿Qué hacen?! –preguntó ella con mirada incrédula.
–Te lo advertí –dijo Ami con una sonrisa maliciosa –. Has hecho una rabieta, así que te vas al agua.
–¡No, no! ¡Esperen! –Isabella intentó liberarse o que la escucharan, pero no sirvió de nada. Entre sus tres amigas, la arrojaron al agua.
La bandicut italiana no tardó en salir con su pelo cubriendo toda su cara, pero luego lo apartó, revelando una mirada con el ceño fruncido.
–Ugh… las odio a todas –dijo Isabella, quien decidió bromear a pesar del enfado de hace rato –. Exceptuando a Coco, ella me cae bien.
Coco y las demás quedaron confundidas por las palabras de Isabella, pero pronto todas supieron que estaba bromeando al verla sonreír y se rieron en grupo.
–Muy graciosa, Isabella –Coco rodó los ojos con una sonrisa –. Y ahora que lo pienso, no creo que ella deba ser la única que disfrute del agua. ¡Con permiso!
Sin más rodeos, Coco entró en el agua con su amiga, y ambas empezaron a chapotear juguetonamente con las manos.
–Se ve divertido –dijo Ami –. ¿Vienes, Liz?
–Quizás después –respondió la bandicut morena –. Quiero tomar el sol un rato.
–No querrás que te tire al agua como a Isabella, ¿o sí? –dijo Ami en un tono burlón.
Liz rodó los ojos por la declaración de su amiga, pero decidió hacerle caso.
–Esperen chicas, me apunto –dijo Liz mientras se metia al agua con Ami para reunirse con las bandicuts rubias.
De regreso en el laboratorio, Dingodile y Tiny miraban la pantalla del ordenador, la cual ponía un enorme aviso rojo diciendo "fuera de línea".
–Uh-oh… –dijo Dingodile –. Esto no es bueno.
–¿Qué sucede? –preguntó Cortex, quien se percató de la reacción de sus dos subordinados –. ¿Qué ha pasado, Dingodile?
–Umm… verá… doctor –Dingodile intentó inventar una excusa, pero no se le ocurría nada.
–El robot ha hecho kaboom –Tiny respondió sin pensar, ganándose una mirada furiosa de su compañero.
–¡¿QUÉ?! –Cortex dejó de modificar el nuevo Evolvo-Ray y se dirigió a sus dos lacayos con un rostro enfadado –. ¡Les dije que lo trataran con cuidado!
Ambos animales evolucionados sintieron miedo ante el enfado de su creador, quien luego se calmó un poco, ya que no quería desperdiciar tiempo valioso que podría emplear en su proyecto.
–Agradezcan que aún tengo los planos del diseño original –dijo Cortex –, pero díganme, ¿Crash está sufriendo? ¿Es un triste bandicut desamparado como dice Pinstripe?
Dingodile tenía pensado decirle a Cortex sobre la condición del héroe bandicut, la cual no era nada beneficiosa para los planes del científico, pero luego recordó que Ami estaría en la Isla Wumpa durante estos días, así que rápidamente formuló sus propios planes en mente.
–Pues… bueno… Crash Bandicoot está... –Tiny iba a contarle la verdad al doctor, pero fue interrumpido.
–Está más triste que una parrilla oxidada –mintió Dingodile, tapándole la boca a Tiny –. Tendría que haberlo visto, doctor. Era un mar de lágrimas. Ni siquiera su familia podía hacer nada para animarlo. Esa sabandija ya es prácticamente nuestra.
–Perfecto –Cortex sonrió escuchar el testimonio de Dingodile, así que decidió volver a trabajar en el Evolvo-Ray –. Entonces supongo que no habrá problemas, pueden tomarse el día libre.
–Gracias doctor, con su permiso –Dingodile se despidió, llevándose rápidamente a Tiny con él.
Ambos secuaces cruzaron rápidamente la puerta del laboratorio, donde nadie podría oírlos. Dingodile suspiró aliviado, pero Tiny se rascó la cabeza en señal de confusión.
–¿Por qué Dingodile le mintió al doctor Cortex? –preguntó Tiny –. Crash Bandicoot parece estar muy feliz.
–Antes de contestar, primero responde tú a algo, Tiny –dijo Dingodile –. ¿No te gustaría vengarte de Ami?
–¿Ami? –Tiny se enfadó un poco y chocó sus puños –. Esa bandicut grosera hirió los sentimientos de Tiny.
–Y los míos, colega. Y ya la has escuchado con el robot espía; va a estar en la Isla Wumpa durante estos días. ¿Qué tal si le hacemos una... "visita sorpresa"?
–¿Sorpresa? Pero si Tiny la odia –respondió el tigre de Tasmania.
–No una sorpresa buena, cabeza hueca –Dingodile se tapó la cara de vergüenza –. Una mala, muy mala.
–Ohh, Tiny ahora entiende –el tigre de Tasmania sonrió –. ¿Pero como? Crash Bandicoot y las otras bandicuts estarán junto a Ami a cada rato.
–Ya la has escuchado –dijo Dingodile –. Van a visitar una discoteca llamada Ciencia Electro en diez días. Podemos ir y pasar inadvertidos. Crearemos una distracción y esperaremos a que ella esté sola, y será nuestro momento de entrar en acción.
–Tiny entiende, pero ¿por qué le mentiste al doctor Cortex?
–Si llega a enterarse del estado actual de Crash, esta oportunidad se nos iría de las manos como una barra de mantequilla. Ya sé que Pinstripe prometió convertirla a ella y sus amigas en nuestras esclavas personales, ¿pero qué pasa si el doctor Cortex cambia de idea por las circunstancias? Podría aniquilarla y no tendríamos oportunidad de saldar cuentas con ella. Es ahora o nunca. ¿Entiendes?
–Uhh… –Tiny se quedó pensativo. El cerebro no era su punto fuerte, pero el nombre de la discoteca Ciencia Electro le resultaba familiar. Sin embargo, desistió de indagar más en el asunto –. Tiny entiende.
–Muy bien, pero ni una palabra a nadie –le advirtió Dingodile –. Esto queda entre nosotros.
Tiny sonrió y saludó con su mano en la frente, además de hacer un gesto de labios sellados antes de salir corriendo por el pasillo. Dingodile estaba dudoso de si podría mantener la boca cerrada, pero sabía que el grandullón siempre cumplia sus promesas, así que decidió restarle importancia. Mientras iba caminando por los pasillos, él pensó en la bandicut que tuvo el atrevimiento de rechazarlo.
–Ami, Ami… –pensó Dingodile con una sonrisa maligna –. Me las pagarás. Ya verás…
Mientras tanto, entre un montón de árboles y arbustos, Crash y Megumi estaban buscando la pelota de Voleyball, aún con ligera confusión sobre el objeto que golpearon entre los arbustos.
–Vaya… –dijo Crash –. ¿Qué habrá sido esa cosa?
–No tengo ni idea, Crash –Megumi compartió su confusión –. Se escuchó como algún objeto metálico. Cosa rara, ya que solo hay naturaleza por aquí.
–Solo espero que no sea cosa del doctor Cortex. Ya sabes como es de necio con tratar de destruirme.
–Dime algo que no sepa –dijo Megumi mientras revisaba unos arbustos –. Cuando fui su chica de los trofeos, todo de lo que él hablaba era de dominar al mundo y acabar contigo –de repente, ella se puso a imitar al doctor –. Yo soy quien debe dominar el mundo, no esa cucaracha. ¡Soy un ser superior!
Crash no pudo evitar reírse ante la forma en que su amiga imitaba a uno de sus ex-corredores.
–Lo imitas bastante bien –él dijo.
–Bueno, soy yo quien ha tenido que aguantarlo. Je, je, je –Megumi le enseña la lengua a Crash juguetonamente.
Crash rió de nuevo y siguió buscando la pelota de Volleyball. El bandicut tenía que admitir que con su amiga de cabello azul siempre podía pasar momentos inolvidables. No es de extrañar que se estuviera enamorando de ella.
El héroe pronto se detuvo en seco ante ese último pensamiento. ¿De verdad se estaba enamorando de Megumi?
Luego de unas cuantas veces buscando por los árboles, Megumi encontró la pelota al lado de un tronco, del cual parecía que había caído un objeto peculiar.
–¿Huh? –exclamó Megumi mientras recogía la pelota –. Crash, ven a ver esto.
El héroe bandicut hizo caso a su amiga, y notó lo que parecía una especie de fruta. Tenía el aspecto de una fresa purpura, pero con hojas picudas como las de una piña.
–¿Qué es eso? –preguntó Crash ligeramente confundido mientras agarraba dicho alimento –. Nunca había visto esta fruta.
El héroe bandicut se encogió de hombros y decidió probarla sin pensarlo dos veces, pero su amiga se asustó por esa acción, pensando que la fruta podría ser venenosa.
–¡Crash, no! –Megumi intentó arrebatarle la fruta antes de que la probara, pero la reacción fue tan apresurada que acabó derrumbándose encima de él.
La pelota y la fruta cayeron a un lado, mientras que Megumi estaba encima de Crash con los rostros de ambos mirándose fijamente. Los dos estaban sin palabras, sus ojos estaban abiertos como platos y sus caras completamente sonrojadas. Nunca esperaban estar así de cerca el uno del otro.
–C-Crash… –Megumi dijo nerviosamente –. L-lo siento. No quise lastimarte…
–No lo has hecho… tú… –dijo Crash, cuya mirada nerviosa empezó a desaparecer, y sus pensamientos se empezaron a perder en el rostro bello de su amiga –. Tú… eres muy hermosa.
Megumi se sorprendió por el inesperado elogio del bandicut naranja, pero poco a poco sus instintos también empezaron a tomar posesión de sus pensamientos. Tener al chico del que está profundamente enamorada tan cerca de ella era algo que no podía dejarla pensar con claridad.
Crash decidió hacer el primer movimiento. Lentamente y con cuidado, movió su mano hacia el rostro de Megumi y le acarició suavemente la mejilla. La bandicut de cabello azul cerró sus ojos ante el cálido tacto de su amigo.
–No sé lo que está haciendo... –pensó ella, quien sonrió mientras se dejaba llevar por el momento –, pero… se siente tan bien…
Megumi volvió a abrir los ojos para ver el rostro del héroe bandicut, y notó que él estaba empezando a acercarlo al de ella. La joven científica supo enseguida lo que estaba intentando hacer, pero no opuso resistencia. En el fondo, ella quería que ocurriera, así que se dejó llevar por sus instintos, y comenzó a acercar también su rostro.
Ambos bandicuts se sonrojaron profundamente y cerraron sus ojos. No podían pensar en nada más que el uno en el otro, y solo escuchaban los latidos de sus propios corazones retumbando como tambores.
Sin embargo, justo cuando sus labios estaban a pocos centímetros de encontrarse, Aku Aku los llamó:
–¡¿Chicos, por qué tardan tanto?!
Ambos bandicuts abrieron sus ojos sorpresivamente y se levantaron del susto, apartándose el uno del otro con caras completamente rojas y en shock.
–¡T-tranquilo, Aku Aku! –Megumi gritó nerviosamente –. ¡Ya vamos!
Ambos bandicuts se miraron por unos segundos, pero luego apartaron su vista hacia el lado contrario.
–¡¿Qué rayos ha sido eso?! –pensó Crash para sí mismo.
–¿Crash iba a besarme? –pensó Megumi –. Entonces… ¿él siente algo por mí?
Ambos bandicuts se echaron un último vistazo aún con sus rostros completamente rojos, y sonrieron con cierto nerviosismo. Ambos estaban demasiado avergonzados para hablar del tema.
–Bueno… creo que es mejor volver con los demás…. je, je, je –dijo Crash –. Yo llevo la pelota.
–No hay problema… –dijo Megumi.
Mientras Crash recogía la pelota de Volleyball y volvía con los demás, Megumi echó un vistazo a la fruta extraña y la sostuvo entre sus manos. Nunca había oído de una fruta con dichas características, y tenía que admitir que olía bastante bien.
–Quizás si le hago unos análisis, sepa más de ella –pensó Megumi –. Me la llevo.
Han pasado las horas, y ya estaba oscureciendo en el Archipiélago Wumpa. El sol se estaba escondiendo en el horizonte, y los bandicuts estaban presenciando el momento sentados a la orilla de la playa mientras comían polos de helado para acompañar.
–Vaya… –dijo Isabella impresionada –. No se ven atardeceres así desde Los Ángeles. Es hermoso.
–Esta isla tiene sus buenos paisajes –dijo Coco –, pero seguro que no los has visto desde un punto alto.
–¿Qué quieres decir, Coco? –preguntó Liz, quien estaba acariciando a unas adormecidos Polar y compañía.
–Bueno… he pensado en lo que dijo Ami cuando llegaron a la isla sobre hacer senderismo, y se nos ha ocurrido una idea.
–Verán –dijo Aku Aku –, subiendo por el bosque a un punto alto de la isla, hay un lago que conecta con el río principal que va cuesta abajo. Es cerca a donde nos enfrentamos por primera vez a Ripper Roo, pero afortunadamente él ya no vive allí gracias a Crash. Y por lo tanto, hemos pensado irnos de acampada a ese lugar mañana.
–Podremos ver el atardecer desde más alto –dijo Coco –, además de los fuegos artificiales por la inauguración de la feria.
–Suena divertido –dijo Ami –. Me apunto.
–Yo también –dijo Isabella, quien luego sonrió juguetonamente a su amiga morena –. ¿Qué hay de tí, Liz? ¿Crees que podrás aguantar tanta presión?
–Oye… yo también cuido mi condición física –dijo Liz un poco molesta –. Iré sin problemas.
–Como digas –Isabella rodó sus ojos, aún sonriendo –. ¿Y tú Megumi?
Megumi no dijo nada. Estaba inmersa en sus pensamientos mientras observaba a Crash, quien también estaba pensativo por lo que casi ocurre hace unas horas. Sin embargo, ella no quería que las cosas acabaran mal entre ellos, así que decidió tratar de ser más cercana con él y demostrarle más confianza.
–¿Megumi? –Isabella tocó a su amiga en el hombro, sacándola de sus pensamientos –. ¿Estás bien?
–Oh… perdón –la bandicut de cabello azul se disculpó –. Claro que iré, pero discúlpenme un momento.
Megumi se levantó de su sitio y caminó hacia donde estaba Crash, quien estaba mirando hacia el horizonte sin percatarse de que su polo se estaba derritiendo desde la base. Justo cuando iba a probar un bocado, el polo se acabó cayendo en la arena y fue disipado por las olas del mar.
–Oh… genial –el héroe se quejó en voz baja, pero su molestia desapareció cuando vio a Megumi al lado derecho de él.
–¿Quieres el mio? –ella sonrió gentilmente –. No me molestaría compartirlo.
–Oh… muchas gracias –Crash sonrió un poco apenado mientras recibía el polo y probaba un pequeño bocado.
–No hay de qué –dijo Megumi mientras se sentaba al lado del héroe –. Lo estoy pasando muy bien, Crash. Gracias por estas vacaciones.
–Creo que es a mi hermanita a quien deberías agradecerle –dijo Crash –. Ella es la que hace todos los planes.
–Es cierto, pero tú también pones de tu parte. No sabes las veces que me he reido y disfrutado gracias a ti.
–¿De verdad? –Crash se alegró ante las declaraciones de su amiga.
–Palabra –Megumi le guiño el ojo y rodeo a Crash con su brazo izquierdo –. Espero que podamos pasarlo bien mañana con la acampada.
–Yo también Megumi –dijo Crash, quien decidió mirar al horizonte mientras se sonrojaba por el gesto de su amiga –. Yo también…
En un intento para parecer más abierto a ella, Crash rodeo la cintura de Megumi con su brazo derecho, y apoyaron sus cabezas la una con la otra mientras observaban el atardecer. Cada momento que compartían juntos era muy especial, y no iban a desperdiciarlo.
Coco sonrió al ver a su hermano cada vez más cercano a su dulce amiga, pero luego echó un vistazo a las demás, notando la nariz de Ami enrojecida.
–Umm… Ami –dijo Coco –. Tu nariz…
–Ni una palabra… –Ami se enfadó y levantó su dedo, indicando que no quería dar explicaciones.
Notas del autor (2): Para los que se preguntan, sí. La fruta púrpura y el robot con forma de retrete del doctor Cortex son sacados de la saga de los Titanes. También tengo pensado usar otro artilugio de esta saga, pero para más adelante.
En fin, espero que mi regreso a la escritura haya valido la pena, porque el siguiente capítulo será muy especial. De hecho, antes de que mi anterior computadora se dañara, el capítulo 10 estaba planeado para San Valentín, pero no diré más, jejeje.
Nos vemos. ;)
