¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

¡DISCULPAD POR LA TARDANZA! Pero esta temporada he estado pluriempleada y no tenía tiempo ni de respirar. Este capítulo ha ido saliendo poco a poco de los ratitos libres que tenía durante el día. Deseo de corazón que la espera valga la pena.

En este capítulo quedan abiertas varias incognitas para el futuro, por ejemplo la elección de Akane y el misterioso personaje que la encuentra al final, ¿quien creeis que sea? En el próximo capítulo que ya está casi escrito habrá unas cuantas escenas de Ranma y Akane, pues ya están creciendo y comienzan a madurar muy lentamente. Se podría decir que este capítulo es un puente entre la infancia y la adolescencia.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


Las clases con mi señora empezaron al día siguiente. Shampoo y Ukyo habían sido enviadas a Edo a unas clases con una especie de institutriz, iban todos los días por la mañana temprano y volvían al anochecer.

Según mi señora, Ume Takana, la institutriz de jovencitas más famosa de Edo, las ayudaría mejor que ella a ser unas buenas esposas. Aún recuerdo la cara de alegría de esas dos cuando Nodoka-sama dejó claro que yo no podía ir a Edo con ellas porque no estaba preparada aun. Inocentes, si mi señora las había mandado lejos de casa era para que no interfirieran en nuestro entrenamiento, pero ellas pensaban que Nodoka-sama simplemente había tirado la toalla conmigo.

El primer día de mi entrenamiento fue teoría pura, mi señora no paraba de parlotear sobre lo simples que eran los hombres y lo fácil que lo teníamos las mujeres si sabíamos usar nuestras armas. Aun me duele la mano al recordar todos los apuntes que escribí sobre lo que me contaba. Me di cuenta por su forma de hablar y explicar las cosas que iba a ser un entrenamiento intensivo, exhaustivo, como si Nodoka-sama se hubiera marcado una fecha límite para tenerme lista. Como cuando a un vendedor le encargan un pedido y tiene que tenerlo listo para el día siguiente.

- Recuerda Akane, las mujeres somos seres delicados por fuera, pero aquí, somos muy fuertes – dijo señalando su cabeza.

Asentí débilmente mientras me colocaba el flequillo hacia atrás como mi señora me había enseñado – Taro dice que las mujeres somos inferiores a los hombres, tanto física como intelectualmente.

- ¿Y le crees? – preguntó mi señora alzando una ceja.

- No, yo soy más inteligente que él y soy una mujer – contesté mientras me trenzaba una parte del pelo – y usted le da mil vueltas al hombre panda intelectualmente.

Nodoka-sama soltó una risita – Estas haciéndolo mal – dijo mientras tomaba mi pelo y lo trenzaba al revés de como yo lo estaba haciendo.

- Señora, si usted dice que yo soy hermosa sin arreglarme ¿Por qué debo aprender a peinarme, vestirme y comportarme?

Mi señora medito unos segundos – Sé que no tiene mucho sentido, que pensarás que esta clase es más propia de las chicas – dijo refiriéndose a Ukyo y Shampoo – pero créeme cuando te digo que si sabes sacarte partido podrás callar muchas bocas.

- Solo quiero demostrarle a esa arpía que no soy una fea marimacho.

- Me gusta oírlo – mi señora acomodó mi pelo en un recogido bajo – aunque esto te parezca una simple clase de peluquería, va un poco más allá.

La mire curiosa a través del espejo – Tienes un pelo precioso, pero una melena o una coleta baja tapa ese cuello de cisne que tienes – explicó tranquila – a los hombres les resulta tremendamente atractivo y tentador un cuello delicado y bonito, además de que el hueso de la nuca les… excita por así decirlo.

- ¿Cómo? – Pregunté sorprendida – yo no quiero ir excitando hombres por ahí.

Nodoka-sama soltó una carcajada – No es ir excitando hombres por ahí, pero si un día, estas en una cena y necesitas el apoyo de un hombre para que tu proyecto salga adelante, sabrás como tentar a ese hombre, como hacer que se fije en ti y aunque sea por adular, tendrás su favor.

- Es una manera de aprovecharse.

- Más o menos – dijo encogiéndose de hombros – no es muy ético pero en un mundo de hombres tenemos que buscarnos la vida para conseguir nuestros propósitos.

Me miré un segundo al espejo girando la cabeza a un lado y al otro. No comprendía porque la imagen de un cuello podía atraer a alguien, es decir, era un cuello, una parte del cuerpo que es necesaria para sujetarte la cabeza y unirla a los hombros ¿Qué tenía eso de excitante? A mi parecer solo era un trozo de carne alargada.

- los hombres son muy raros – murmure causando una carcajada en mi señora.

- Son muy simples sí, pero poderosos, por eso debemos aprender a dominarlos.

Asentí levemente mientras seguía dándole vueltas al tema del cuello. Ryoga, Mousse y Ranma eran unos jóvenes que estaban entrando a la adolescencia y empezaban a gustar del cuerpo femenino, pero jamás los había visto mirar el cuello de Shampoo, más bien desviaban la vista hacia otros lares.

- Señora, ¿y los pechos?

- ¿Qué pasa con ellos? – preguntó mientras me deshacía el peinado para que yo pudiera empezar de nuevo.

- Es decir, Shampoo tiene unos pechos enormes y los chicos siempre están mirándoselos – dije recordando cuantas veces había pillado a alguno de mis compañeros desviando los ojos hacia esa parte de la anatomía de la china.

- Bueno, es que esa parte en especial les trae de cabeza.

- ¿Y no me va a enseñar a hacerlos crecer? – Nodoka –sama volvió a soltar una carcajada y noté mi rostro arder. Tal vez había dicho una tontería.

- Akane-chan, tus pechos ya no crecerán mucho más, pero no son pequeños, son pechos acorde a tu estatura.

- Pero sin pechos no podré tener la atención de nadie por sobre Shampoo – dije frustrada – ¿es que acaso no ha visto lo que tiene ahí delante?

- Como para no verlo, si se aprieta mas el obi para hacerlos resaltar se romperá una costilla – dijo mi señora de mal humor – pero eso no es importante querida, de Shampoo les atrae eso, su exuberancia, es cierto que llama la atención pero una cosa es enseñar y otra muy diferente sugerir.

- ¿sugerir?

Nodoka-sama asintió – Así es querida, a los hombres aunque parezca que no, les gusta el misterio, el descubrir que hay detrás de un precioso cuello o unos enormes ojos marrones. Pechos grandes los encuentran en cualquier lado, les echaran una mirada, por supuesto, pero luego si solo hay vacío y notan que les estas seduciendo pierden el interés, en cambio si haces las cosas sutilmente, con inocencia y decoro y sobretodo con un total desinterés en ellos, créeme querida que eso les deja más lelos de lo que son.

Me quedé pensativa intentando asimilar lo que me decía mi señora. Entonces, lo que yo debía hacer era todo lo contrario a lo que hacían mis compañeras, no exhibirme, no ser demasiado afectuosa y no demostrarle a un hombre que me interesaba.

-¿Está diciendo que debo ser amable y misteriosa y sobretodo dejarles entre ver rechazo?

- Así es, si les pones las cosas fáciles se acaban cansando pero cuanto más les niegues tu atención pero sutilmente les mandas pequeñas indirectas, es su perdición.

Asentí levemente imaginándome una situación en la que Shampoo abrazaba fervientemente a Ranma y el la rechazaba para centrar su atención en mi mientras yo no le hacía ni caso. Era una situación bastante agradable desde mi punto de vista porque Shampoo quedaba relegada y Ranma me suplicaba por mi atención.

Desde el incidente de la cena, Ranma y yo no nos dirigíamos la palabra. El heredero Saotome ni si quiera me miraba y yo no le miraba a él. Lo que más me fastidiaba de todo era que la culpa no había sido mía, más bien suya que fue el que me insultó e hirió gravemente. No había recibido una disculpa del joven señor en todo ese tiempo, pero la iba a conseguir como que me llamaba Akane Tendo.

- Entiendo – murmuré simplemente. No sabía si esas clases darían sus frutos pero me esforzaría al límite para conseguirlo. Nunca más nadie me iba a pisotear.

- Akane, el recogido, es al revés – suspiré derrotada, tal vez me iba a costar más de lo que pensaba.

Pasaban los días y mi entrenamiento duraba desde el amanecer hasta la noche, incluso deje temporalmente las artes marciales para alegría del hombre panda. Mi señora alegó que debía prepararme para más adelante poder unirme a mis compañeras y la institutriz de Edo, pero solo era una excusa para centrarme en mi entrenamiento con Nodoka-sama, según ella nuestras clases debían ocupar el noventa y nueve por ciento de mi vida, y el uno por ciento restante lo debía usar para dormir.

- A un hombre no le gustan las mujeres descaradas – me explicó un día – si quieres serlo yo no me opondré pero una mujer descarada solo conseguirá atención momentánea, nosotros lo que buscamos es admiración y respeto.

- ¿Admiración?

- Así es – estábamos en el desván sacando un montón de kimonos carísimos que le pertenecían a mi señora, para ella cualquier momento era propicio para una nueva lección – Si buscas atraer a los hombres no es suficiente, debes conseguir que te admiren y te respeten, solo así conseguirás tus propósitos.

- Lo entiendo – contesté tomando un montón de cajas. Una vez las deje en el suelo enarque una ceja y me giré para preguntarle – ¿y cómo voy a seducir a nadie si no puedo ser descarada?

Mi señora me miró con diversión en su rostro – te lo he explicado mil veces Akane, no hace falta ser una coqueta exagerada para gustar. Actúa tímidamente, ponte a su lado y sonríe, pero sin mirarle a los ojos, toca levemente su brazo y cuando te mire finge asustarte y aparta la mano como si quemara para luego mirar tímidamente al suelo.

- Menuda tontería – dije seria.

- Lo es, pero funciona.

- Vale, entonces tengo que fingir ser una chica tímida y delicada – pensé un momento para darme cuenta de que eso no iba para nada conmigo – señora, discúlpeme pero eso es inútil. Yo no soy tímida y mucho menos una delicada flor.

- Lo sé, por eso te estoy dado clases – me reprochó – Akane, si no estás segura de esto, sinceramente dímelo ya porque estoy perdiendo tiempo contigo y dinero con las chicas. Esa institutriz de Edo no se paga sola ¿sabes?

- ¡No señora! ¡Discúlpeme! ¡Agradezco mucho lo que hace por mí!

- Lo sé, pero no quiero que dudes, no quiero dudas, quiero seguridad y optimismo, tú quieres que Shampoo y mi hijo no vuelvan a llamarte marimacho ¿no? – Asentí levemente – pues haz lo que te digo, esfuérzate y aplícate y nunca más volverán a llamarte marimacho.

Bajé la vista avergonzada – si señora.

Sobra decir que ese día la lección terminó antes de lo normal pues mi señora no estaba de muy buen humor.

El resto de los días pasaron rápido y cuantos más días pasaban, más obcecada estaba mi señora en que me saliera todo perfecto. Yo me auto convencía a mí misma, dejando claro que podía hacerlo, motivándome mentalmente para continuar mis lecciones y no rendirme, pero bien era cierto que echaba de menos las artes marciales y practicar en el dojo con Sasuke y Mousse.

- Un hombre no quiere una mujer que le supere, quiere alguien al que pueda dominar, o al menos quiere alguien que finja que él es quien manda – me dijo una tarde mientras me enseñaba a sentarme.

Llevaba más de una hora sentándome, poniéndome en pie, volviendo a sentarme y así mil veces más. Nunca me imaginé que sentarse fuera tan difícil y que hubiera tantas formas de hacerlo.

- Entonces ¿tengo que fingir ser tonta? – pregunté asombrada.

- ¡Por Kami-sama, no! – Me gritó mi señora riendo – Para eso estaría entrenando a Shampoo y no haría falta que fingiera – solté una risita mientras me acomodaba – Ya es suficiente, lo haces bien, pero procura que cuando te levantes tu rodilla toque levemente la suya eso les dejara idiotas.

Asentí mientras preparaba los utensilios para tomar el té – ¿entonces qué debo hacer?

- Debes demostrar que intelectualmente estas a su altura, pero fingir que estás de acuerdo en todo lo que dice, nunca les hagas ver que eres tonta, porque entonces querrán aplastarte y eso no es lo que buscamos.

- Menos mal – suspiré preparando el té – prefiero cortarme un dedo antes que fingir ser tonta.

Nodoka-sama torció su boca en una fina sonrisa mientras me veía preparar el té – procura que tu muñeca se vea levemente, no mucho, solo un poquito de piel, así – dijo mientras hacia un gesto coqueto pero delicado con el brazo mientras servía el té.

Lo imité a la perfección recibiendo una felicitación por parte de mi señora. Llevábamos casi dos semanas entrenando y poco a poco iba pillando el truco a eso de ser sutil y delicada. Cada día que pasaba mejoraba y me sentía vencedora en esta batalla que aún no había librado, solo las ganas de ver la cara de Shampoo y el joven heredero cuando mi señora me convirtiera en toda una mujer sensual y respetable me llenaba de seguridad para mejorar.

- Y si cuando le pases la taza rozas levemente sus dedos con los tuyos y te ríes con timidez mientras bajas la mirada – el tono burlón de mi señora me hizo sonreír ampliamente – lo tendrás dominado.

- Hai, Nodoka-sama.

Poco a poco mis habilidades mejoraban de manera natural. Ya no tenía que esforzarme en poner una dulce sonrisa cuando no quería, caminaba bamboleando las caderas de forma delicada y disimulada sin que pareciera un pato y sobretodo no tenía que pararme a pensar las cosas, todo salía de forma natural.

Mi señora me decía una y otra vez lo orgullosa que estaba de mí y yo solo podía intentar mejorar aún más si podía. Ya casi me daba igual la venganza contra la china y el joven señor, lo que me importaba era mantener en mi señora esa mirada de orgullo. Ver esos ojos brillantes mirarme cuando me colocaba el kimono encima y yo mantenía el porte sin tambalearme.

Para mí era una satisfacción ver como sonreía y se le hinchaba el pecho cuando caminábamos por Edo y conseguía hacer girar a los hombres con una tímida mirada, o cuando algún hombre del puesto nos regalaba una fruta o un dango gracias a una coqueta sonrisa, con eso ya me daba más que satisfecha.

Mi amor propio subió como la espuma esa temporada, poco me importaba ya lo que Ranma pensara de mí, bueno, al menos no mucho. Aun me dolía un poco el trato del heredero Saotome pero gracias al entrenamiento de mi señora me di cuenta de que yo era hermosa, que podía conseguir lo que quisiera si sabía jugar mis cartas y esa satisfacción no la cambiaría nada ni nadie, ni siquiera unos asquerosos e hirientes comentarios de Ranma y su prometida.

Una tarde estaba sentada en el banco de piedra leyendo tranquilamente, mi señora me había dado la tarde libre por lo que aproveché para descansar un rato en ese rincón que tanta paz me daba. Con un poco de suerte Sasuke o Mousse pasarían por allí y me harían compañía un rato.

Escuche unos paso acercarse a paso rápido y alcé mi vista alejándola momentáneamente del poema que estaba leyendo. Espere encontrarme con Mousse pero en vez de eso me topé con unos conocidos ojos azules que me miraban de forma extraña, con una extraña curiosidad mezclada con ira.

Suspiré y devolví la mirada hacia mi lectura, lo que menos me apetecía era discutir con Ranma por lo que decidí llevar a cabo una de las lecciones que me había enseñado mi señora. Fingir amabilidad.

- Joven señor, buenas tardes.

No recibí respuesta alguna, pero sabía que seguía allí, notaba su presencia y sus ojos clavados sobre mí. Bufé frustrada, si intentaba echarme de allí no lo iba a conseguir y si buscaba sacarme de quicio tampoco lo conseguiría.

- ¿Desea algo? – pregunté dejando en mi regazo mi lectura y centrándome en el – Nodoka-sama está en su cuarto descansando si es lo que se pregunta.

- No busco a madre.

Respiré varias veces para tranquilizarme de manera delicada, no quería hacerle ver lo mucho que me afectaba su presencia. Como Nodoka-sama decía, no dejes ver a tus enemigos que te afectan, es como ponerte una soga al cuello.

- Entonces no entiendo que busca aquí – hablé con calma. La paciencia no era mi fuerte y aunque había aprendido a controlar mis prontos, el joven señor era una prueba de fuego, no había nadie que me sacara tan rápido de quicio como Ranma Saotome.

- A ti – me dijo serio.

Esa afirmación me descolocó un momento pero me recompuse rápidamente – ¿Y qué necesita de mí?

El tono servicial pareció molestarle pues sus puños se apretaron levemente. Se acercó a mi rápidamente plantándose justo frente a mi. No dejé entrever ninguna emoción más allá de la falsa amabilidad y eso le crispó aun mas.

- Una explicación – enarqué una ceja sin entender ¿una explicación? ¿Qué explicación quería? ¡Era el quien me debía una disculpa! ¡Era el quien me había insultado! ¿Y quería una explicación?

- No entiendo.

- No te hagas la idiota – me dijo con rabia. Mi furia apareció en escena como una ola en medio del mar pero usando el truco que me dio mi señora de contar hasta diez antes de dejarme llevar por mi rabia conseguí controlarme. Puse una débil sonrisa en el rostro y el heredero Saotome practicamente estalló – ¡no te rías como una estúpida! ¡Maldita sea!

- es que no entiendo que pretende ¿Qué desea que le explique? A mi parecer no hay nada que explicar entre nosotros, señor.

Ese falso tono amable lo estaba llevando al límite, lo sabía, Ranma era practicamente un volcán en erupción. Sus puños estaban apretados y sus hombros tensos, notaba como temblaba levemente por la rabia y si rostro estaba rojo. Me hizo gracia ver el aleteo de su nariz debido a la fuerza con la que respiraba.

- ¿Por qué has dejado de entrenar? ¿Por qué te comportas así?

- Ese no es su asunto.

- ¡Y un cuerno! – Gritó furioso – ¡Me tienes harto!

- discúlpeme, no es mi intención señor.

-¡No te disculpes maldita sea! – dio una patada a la pata de piedra del banco y pegó un grito. Eso debió de doler.

- Señor, ¿está bien? – pregunté dulcemente levantándome para acercarme a él. Estaba sentado en el suelo, encorvado y agarrándose el pie mientras maldecía.

- ¡No! ¡Acabo de pegarle una patada a una piedra más dura que tu cabezota! ¿Crees que estoy bien?

- Solo intentaba ser amable.

- ¡Eso es lo que me molesta! – Gritó de nuevo – ¡Esa estúpida forma de ser que tienes ahora! ¡Tú no eres así!

- No sé a qué se refiere – dije fingiendo demencia.

- No te hagas la desentendida – bufó poniéndose en pie poco a poco. Movió el pie adelante y atrás con cuidado mientras en su cara se dibujaba una mueca – Ya no entrenas, te la pasas vagueando por la casa, arreglándote el pelo y tomando el té con mi madre.

- ¿y eso que tiene de malo? Tengo el permiso de mi señora…

- ¡Pensé que eras una guerrera! – Me cortó con rabia – ¡y ahora no eres más que una estúpida niña tonta como Ukyo o Shampoo!

Abrí los ojos de par en par, estaba sorprendida por lo dicho por mi señor, jamás pensé que me diría algo así, con toda la calma que pude acumular dije – Creo que eso no es algo que deba molestarle. Es mi vida y con ella hago lo que veo conveniente señor.

- ¡Claro que me incumbe! ¡Di la cara por ti! ¡Para que pudieras entrenar con los hombres! ¿Y así me lo pagas? ¿Convirtiéndote en una niña estúpida? ¡Me debes mucho Akane!

No pude más, ya no podía aguantar más reproches de Ranma. No iba a tirar por el barro todo lo que había conseguido por su culpa, así que antes de que mis impulsos me dominaran y le diera un golpe en esa cara de idiota, tomé mi libro y me dispuse a irme de allí.

- Eso, huye, es lo que mejor se te da últimamente.

Frene en seco y me giré para mirarle con el ceño fruncido ¿se atrevía el a llamarme cobarde? ¿El? Era intolerable – Yo no soy la que huye siempre, y mucho menos le debo nada.

- Me debes…

- ¡No le debo nada! – Dije con rabia – Fue usted quien decidió entrenarme, yo no se lo pedí nunca – Ranma frunció el ceño pero no apartó la vista de mis ojos, estábamos en medio de una lucha de miradas que ninguno estaba dispuesto a perder – En cambio el que me debe una disculpa es usted.

- ¡No me hables tan formal Akane! ¡No soporto que hagas eso!

- No pienso hablarle de otra forma – dije – y no cambie de tema.

- ¡No cambio de tema, diablos! – Le vi sobarse el pelo furioso y supe que volvía a estar a la cabeza de esta discusión, lo estaba desestabilizando – No sé porque debo disculparme.

- ¿No lo sabe? – Pregunte – Hace unas semanas, en la cena, me insulto gravemente frente a los invitados de Nodoka-sama.

- ¡Así que es por eso por lo que te has vuelto una idiota! – dijo uniendo cabos en su mente. Soltó una risa burlona mientras llevaba sus brazos tras la cabeza – déjalo Akane, es inútil, lo que dije es la pura verdad, no importa lo femenina que intestes ser siempre serás una marimacho, así que mejor dejas esa tontería y vuelves al dojo.

Apreté los dientes con fuerza, ¿Cómo era tan idiota? ¿Cómo podía caber tanta estupidez en un cuerpo? ¿Eso es lo que pensaba de verdad de mí? ¿Qué hiciera lo que hiciera siempre sería un marimacho que no enamoraría a nadie? ¿No pensaba si quiera disculparse?

- ¿No me va a pedir perdón?

Le vi bufar – No pienso disculparme por decirte la verdad, marimacho.

Estaba intentando hacerme explotar, lo veía en sus ojos. Me estaban retando claramente, pero no le daría esa satisfacción, no señor, yo valía mucho más que eso. Si lo que buscaba era que le golpeara para demostrar que él tenía razón, que soy una bruta marimacho se iba a quedar con las ganas. Puse un gesto neutro en mi cara, el mismo que mi señora ponía en las situaciones que le desagradaban y mirándole con ojos fríos como el hielo me giré para salir de allí, no sin antes decir – Entonces no tenemos nada más que conversar.

Creo que le descoloqué, que esperaba una reacción violenta por mi parte y el solo recibir indiferencia no le gustó para nada – ¡Akane! ¡Vuelve aquí! ¡No hemos terminado! – Pero no le hice ningún caso, ya no más, Ranma Saotome iba a saber quién era Akane Tendo.


- Mañana tenemos una cena muy importante – me dijo Nodoka-sama mientras tomábamos un baño. Mi señora había insistido hace tiempo en que nos aseáramos juntas ya que según ella era un momento privado en el que podíamos mantener conversaciones sin temor a que alguien escuchara. Al principio me había dado un poco de pudor, pero la relación que manteníamos mi señora y yo era de total y absoluta confianza mutua, era una relación de madre e hija así que terminé accediendo a sus peticiones.

- Está bien señora, ¿es necesaria mi presencia?

- Es vital – me contesto mientras se pasaba un paño frio por la frente. El vapor que desprendía el agua caliente nos sofocaba por lo que mi señora y yo teníamos paños de agua fría para pasarnos por la cara y nuca.

- ¿Vital? – pregunté curiosa.

Mi señora asintió – el hijo del dueño de la casa de té vendrá a cenar con su abuelo y es un invitado muy importante, es el futuro heredero de la casa de té Ryugenzawa y necesitamos buenas relaciones con él ya que con su madrastra no nos llevamos precisamente bien.

- Quiere que yo le atienda ¿no?

Mi señora me miró con una sonrisa ladeada – Pero no quiero que seas una sirvienta Akane, quiero que seas una anfitriona – alcé la ceja curiosa – es hora de poner en práctica lo aprendido.

Abrí los ojos todo lo que pude – ¿quiere que seduzca al hijo de los Ryugenzawa?

- O al menos intentarlo – dijo tranquila dejándome sin palabras – No te pido gran cosa, solo que coquetees, que seas dulce y delicada, necesitamos su favor y simpatía. Esa bruja nos está denegando la entrada a la casa de té por lo que necesitamos que el heredero esté de nuestra parte. Lla familia Saotome siempre ha sido una familia importante en Edo, no poder entrar en la casa del té mas famosa de la ciudad es un problema para nosotros y nuestras relaciones sociales, por eso necesitamos volver a ser bien recibidos como de lugar.

- Entonces… debo coquetear con él para que nos apoye frente a su padre y la mujer de este ¿lo he entendido bien? – Nodoka-sama asintió.

Me quedé un momento pensativa, esa sería la prueba de fuego, donde dejaría claro que yo no era un marimacho como muchos me llamaban, que era una mujer hermosa hecha y derecha y que podía ser además una buena anfitriona, amable y delicada, como toda una mujer y no una niña violenta como todos pensaban.

Era el momento de la verdad, durante aquella cena demostraría a Shampoo, el joven Saotome y a mi misma que no era un animalillo salvaje, sino una mujer con todas las de la ley, les haría tragarse sus palabras una a una, pero sobretodo le demostraría a mi señora que el entrenamiento había valido la pena, que no había perdido su valioso tiempo en una causa perdida, que podía ser útil. Lo iba a bordar, por mí, por ella, la haría sentirse orgullosa.

- como usted ordene mi señora – solo recibí una débil sonrisa como respuesta. Esa noche sobra decir que apenas pegué ojo.

Me encontraba frente al espejo, vestida con un impoluto kimono plateado que resaltaba el negro azulado de mi pelo. Era un kimono de seda exquisitamente bordado, a los pies y en las mangas se dibujaba de color azul oscuro pequeñas flores y olas, como si se tratara del mar embravecido. El obi era de un color rojo intenso al igual que el color de mis labios. Nodoka-sama había maquillado esa parte de mi cara con un pigmento de color rojo intenso haciéndolos resaltar.

- No necesitas nada más, estas bellísima – me susurró mientras terminaba de arreglarme el lazo trasero del obi. Me miré en el reflejo que me devolvía el espejo y aguante la respiración, parecía una princesa de cuentos, como aquellas de las historias que nos contaba madre antes de dormir.

Mi pelo estaba recogido en un moño suelto al lado derecho de mi cabeza, dejando expuesto mi cuello. Algunos mechones caían sueltos dándole un toque salvaje pero refinado. Me sorprendí de lo mucho que resaltaban mis ojos y mis labios en la cara. Era hipnótico, no podía apartar la vista de mi misma, me veía hermosa, toda una mujer elegante, alguien muy diferente a lo que solía ser.

- Si mi madre pudiera verme se emocionaría porque por fin soy la mujer que ella quería que fuera – Nodoka – sama me sonrió mientras colocaba un adorno de flores de sakura en mi pelo – pero a mi padre le daría un infarto.

- Siempre fuiste su niña favorita ¿cierto?

Asentí levemente recordando con melancolía mis entrenamientos con padre – siempre decía que era el hijo que nunca tuvo.

- Pues si te viera ahora, se daría cuenta que en realidad, eres toda una bella mujer – suspiré levemente mientras seguía mirando mi reflejo ¿era eso lo que de verdad quería? ¿Transformarme en una mujer sosa y corriente? ¿Ser la esposa de alguien? ¿Estaba dispuesta a perder mi esencia y transformarme en todo aquello que despreciaba por tener contento a mi orgullo y a mi señora?

La respuesta no llegó a mi cabeza, no sabía muy bien quien era pero esa noche no importaba, lo importante era servir a mi señora bien, ayudarla con su propósito y de paso, hacer que Shampoo y Ranma se tragaran sus palabras. Nunca más me llamarían marimacho.

- Mi señora – dijo la suave voz de Momo-chan desde la puerta. Mi corazón retumbó nervioso, desde que tomaba mis entrenamientos con Nodoka-sama me había distanciado de mis amigos y me dolía el pecho al darme cuenta de la distancia que había entre mi amiga del alma y yo.

- Dime querida.

- El señor Shinnosuke ha llegado.

- ¿Quién le ha recibido? – preguntó Nodoka poniéndose rápidamente en pie haciendo que el bajo de su kimono ondulara. Iba impecable en su kimono verde oliva y azul celeste, parecía una emperatriz.

- El señor y el joven señor, mi señora. Les he llevado a la sala para que tomen un poco de sake antes de la cena. Los chicos ya están con ellos.

- Maldita sea – dijo con veneno mi señora – ese idiota puede arruinarlo todo – se miró al espejo levemente para cerciorarse de que todo estaba en su sitio. Luego, posó sus ojos en los míos y me tomó por los hombros – vamos Akane, llegó el momento.

Me tensé mientras salíamos por la puerta seguida por Momo-chan quien me miraba impactada, supongo que jamás se imaginó verme con esas pintas, tan elegante y arreglada. Le di una mirada de disculpa, una disculpa que se merecía desde hacía tiempo, echaba de menos a Momoha, a Sasuke e incluso a Tomoe. Con esa mirada le pedía perdón por mi distanciamiento, por mi abandono para con ella. Como siempre, mi comprensiva Momo-chan me regalo una sonrisa mientras me susurró un – estas increíble.

Sonreí sincera mientras bajábamos las escaleras. Yuka, Sayuri y Kimiko entraban y salían de la sala donde se llevaría a cabo la cena. Desde el exterior se oían las risas de Genma Saotome y un anciano, además las chillonas voces de Shampoo y Ukyo soltaban frases como "es un caballero", "por favor disculpe mi impertinencia" o "me va a sacar usted los colores joven Ryugenzawa"

Rodé los ojos aburrida, se notaba a leguas que esas dos estaban adulando a nuestro invitado de una forma que rozaba lo patético. Nodoka-sama debió pensar lo mismo porque soltó un bufido a la par que frenaba en seco frente a la puerta. Se giró para quedar cara a cara conmigo y mirándome fijamente a los ojos de manera seria, me tomo por los hombros y dijo:

- Llego el momento Akane-chan, es ahora cuando debes demostrarle a todos esos que se reían de ti, a los que te creían inferior, que eres mil veces mejor que ellos, hazles tragarse sus palabras.

- sí, mi señora.

- Y si en algún momento de la velada, no te sientes cómoda con tu misión, por cualquier motivo, quítate el adorno del pelo y sabré que ya no puedes dar más de ti – la miré curiosa – si no estás cómoda con nuestro invitado o simplemente sientes que no puedes seguir, no improvises, ¿vale? Cíñete a lo que has aprendido todo este tiempo, hagas lo que hagas me sentiré orgullosa, pero no quiero que estés incomoda o mal ¿entendido?

Noté un calorcito subir desde mi estómago hasta mi corazón, ver a mi señora tan preocupada por mí, a pesar de que esta misión era tan importante para ella como para mi me hizo amarla y respetarla aún más, entonces supe que no podía defraudarla, que debía seguir adelante pasara lo que pasara.

- No se preocupe señora, estaré bien – dije con seguridad – recuerde, que soy el río y al rio nadie le vence.

Mi señora Nodoka me sonrió ampliamente, enseñándome sus perfectos dientes blancos – sí que lo eres – me acarició la mejilla con el mismo cariño que una madre mima a su hija. Se giró y pude ver como se transformaba, como pasaba de ser una madre y mentora amorosa a volver a colocarse esa coraza de fría indiferencia y superioridad. Siempre pasaba lo mismo con mi señora. En privado era una mujer dulce y buena, pero cuando le tocaba reunirse con otras personas ajenas a su círculo más íntimo, Nodoka-sama era como un cubito de hielo.

Con una mirada hacia mi amiga le indicó que podía abrir la puerta. Momo-chan se arrodilló y tomando un extremo de la puerta la movió hasta el tope abriéndola de par en par consiguiendo que los presentes nos miraran.

El cuerpo de mi señora me tapaba, por lo que ningún de los allí sentados podía verme y yo apenas podía verlos a ellos. Nodoka-sama no avanzó ni un milímetro y como solo podía ver su espalda no sabía si sonreía o su rostro era serio, aunque por la tensión de su cuello y hombros me daba la sensación de que su rostro era impasible.

- Nodoka, querida, que bien que has llegado – dijo la voz del hombre panda – permíteme presentarte al heredero de la casa de té Ryugenzawa, el joven Shinnosuke – así que ese era el nombre del muchacho al que debía servir esa noche, Shinnosuke, bonito nombre – y su abuelo, el señor Eiji Ryugenzawa.

Mi señora se adentró unos pasos en la sala y se inclinó en señal de respeto – es un placer para mí y mi familia recibirles en mi hogar mis señores.

Una exclamación ahogada resonó por la sala y juraría que noté a mi señora sonreír en medio de la inclinación. Al saludar a nuestros invitados mi señora se había agachado por lo que los presentes pudieron verme por fin. La incredulidad se reflejaba en los ojos de todos incluso en los del señor panda quien me miraba como si no estuviera seguro que era yo. Podía notar el asombro en los presentes pero los únicos ojos que me importaba ver era los de mi joven señor que estaban abiertos de par en par al igual que su boca.

Sonreí levemente sabiéndome casi ganadora, la cara de nuestro invitado estaba totalmente deformada, como si hubiera mirado directamente al sol, no pude evitar notar cierto cosquilleo en la tripa, era la sensación del triunfo. Mi señora se hizo a un lado y movió su mano para que me acercara. Había llegado el momento, comenzaba mi batalla.

Caminé como mi señora me había enseñado, a paso lento y delicado, como si caminara por una cuerda sobre el vacío, apenas levantando mis pies en cada paso. Una vez llegué a su lado me incliné profundamente dejando ver toda la parte posterior de mi cuello – esta es Akane, otra de mis aprendices.

Cuando me alcé de nuevo miré a los ojos de nuestro invitado dándome cuenta por primera vez de lo bello que era. Sus ojos eran de un azul oscuro como el cielo nocturno, eran pequeños y rasgados pero hermosos y amables. Tenía la tez morena, y la cara pequeña, su pelo era de un castaño oscuro, como la corteza de un roble y llevaba una pequeña coleta en la parte de atrás de su nuca. Debía tener entre dieciséis y veinte años, no más y aunque era un poco delgaducho se podía ver perfectamente que era alto. Se podía decir que Shinnosuke Ryugenzawa era un joven atractivo.

- Es un placer conocerlos mis señores.

- Por favor – habló el anciano – dejémonos de formalismos, podéis llamarnos por nuestros nombres de pila.

Sonreí levemente al anciano y asentí débilmente. El abuelo de Shinnosuke se parecía levemente a su nieto, era un hombre mayor, bastante mayor pero se veía que en su juventud había sido apuesto. Su rostro cuadrado tenía los mismos ojos que su nieto aunque este tenía la nariz un poco más prominente y tosca. El anciano tenía poco pelo de color blanco aunque se distinguía que hace años tuvo mucho pelo. Era flaco como su nieto y un poco más bajo, pero también tenía ese aura amable que desprendía el joven Shinnosuke.

- Entonces por favor, llámennos también por nuestro nombre – habló con amabilidad mi señora.

- Muchas gracias por su invitación Nodoka-sama – dijo Shinnosuke con una sonrisa – siempre había oído que en la casa delos Saotome había mujeres hermosas, pero jamás esperé encontrarme con tan bellas jóvenes.

- Algunas más que otras – masculló el joven Ranma. Aunque apenas fue un débil susurro todos escuchamos perfectamente sus palabras y Shampoo incluso soltó una risita molesta que me taladró los oídos.

- Bueno – dijo rápidamente Nodoka – sama mientras tomaba asiento junto a su marido – creo que es hora de cenar ¿tendrán hambre me figuro? – preguntó mi señora mientras me dirigía una mirada fugaz. Entendí su mensaje, y me senté al lado de nuestro invitado más joven quien se emocionó visiblemente por tenerme cerca.

- Espero que no le moleste tener que comer a mi lado – dije con la voz esponjosa mirándole de hito en hito.

- Para nada, es todo un honor señorita Akane – me contestó con una gran sonrisa que le devolví mientras colocaba mis manos en el regazo.

Escuché un resoplido y alcé mis ojos para encontrarme con la cara mal humorada de Ranma. Estaba sentado justo frente a mí entre Shampoo y Ukyo. La china me miraba de arriba abajo, como si buscara algún fallo en mi persona para echármelo en cara pero me cuadré de la misma forma que hacía mi señora, cerrándome en banda ante ella. No iba a permitir que esa china estropeara todo con su lengua afilada, ese era mi momento y lo iba a disfrutar.

- Espero que le guste la cena joven Shinnosuke – dije amable lanzándole una mirada dulce.

- Seguro que me encanta – sus ojos brillaban y noté como el pecho se me inflaba de satisfacción.

- Aquí tenemos muy buenos cocineros – me sorprendí al escuchar la voz de Mousse un tanto molesta. Me incliné levemente hacia delante para ver a mi amigo chino que estaba sentado dos puestos más allá que yo.

- Mousse tiene razón joven Shinnosuke, yo soy pésima cocinera – dije llevando una mano a mi mejilla con falso pesar – el pobre hombre que se case conmigo pasará mucha hambre si depende de mí. Supongo que no me casaré nunca.

- ¡No diga eso! – La voz de Shinnosuke sonaba asombrada – cualquiera de los aquí presentes se sentiría halagado por casarse con una bella muchacha como usted.

Miré de reojo a mi señora quien sonreía satisfecha por mi trabajo. Decidí entonces dar un paso más en mi coqueteo. Alcé una mano y di un delicado golpe en el brazo de nuestro invitado mientras reía como una colegiala, si mi yo de diez años me viera ahora se reiría de mi – no diga esas cosas por Kami, hace que me sonroje.

El joven Ryugenzawa puso una sonrisa bobalicona en el rostro y entonces desvié mi mirada para ver a mis amigos y compañeros. Ryoga que estaba justo enfrente de Mousse me miraba con la boca abierta, Ukyo a su lado en frente del joven Shinnosuke me observaba como si fuera un oni de dos cabezas, su ceja derecha estaba alzada y su rostro casi pálido. Luego mis ojos se toparon con el crispado rostro de mi joven señor que parecía que le hubieran insultado de gravedad. Su rostro estaba tenso, y podía distinguir una vena saliendo de su sien palpitando con ira. Sonreí al ver la molestia del heredero Saotome pero mi pecho se infló como el de un gallo en un corral cuando vi el rostro mal humorado de Shampoo al saberse ignorada a pesar de llevar el kimono mas apretado que jamás hubiera visto. Seguro que ni respiraba porque una inhalación de aire un poco mas profunda de lo normal y la tela reventaría.

La china estaba acostumbrada a tener siempre la atención de todos los hombres, siempre llenada de halagos por su belleza y su coquetería y verse relegada a un segundo lugar gracias a mi presencia era algo que no podía soportar, era un golpe directo a su ego y orgullo de mujer.

- ¡Vaya parece que mi nieto y su aprendiz se llevan muy bien! – habló el viejo mientras mis compañeros traían la cena. Esa noche tomaríamos arroz, sopa de miso y Sukiyaki.

- Su nieto es un joven encantador Eiji-san – mi señora tomó los palillos mientras Momo-chan le servía una taza de sake a el hombre panda – y Akane es una joven hermosa ¿no lo cree así?

- Por supuestísimo – dijo Eiji-san comenzando a devorar su arroz – una de las mujeres más hermosas que he visto jamás.

- La más hermosa que mis ojos han visto en mucho tiempo – dijo Shinnosuke con timidez. Sonreí al ver como las mejillas del heredero de la casa de té se teñían de un leve color rojo – espero no incomodarla Akane-san.

Negué levemente mientras tomaba yo también mis palillos y me disponía a cenar – para nada joven Shinnosuke, me halaga enormemente que un hombre como usted me vea de esa manera – tal y como mi señora me había enseñado tomé el tazón y los palillos de una forma que la manga de mi kimono resbalara levemente por mi piel – no merezco tal honor.

- Seguro que una mujer tan bella recibe constantemente este tipo de comentarios – rio Shinnosuke.

No me dio tiempo a contestar pues Shampoo soltó una risilla burlona consiguiendo que todos se centraran en ella – No creer todo lo que ver joven Shinnosuke.

- ¿De qué habla señorita? – preguntó Shinnosuke alzando una ceja. Busque con la mirada a mi señora levemente alterada pero lo que me encontré fue a una muy tranquila Nodoka bebiendo su sopa de miso. Esa tranquilidad por parte de mi señora me dio seguridad por lo que esperé el comentario burlón de la china con fuerzas renovadas.

- Bueno, Akane es una chica un poco… rara ¿verdad querido esposo? – preguntó mirando a Ranma quien mantenía la tensión en sus hombros.

- ¿Esposo? ¿Estáis casados? – solté una risita ante el asustado tono de Shinnosuke, seguro que él, al igual que yo pensaba que era una locura casarse tan jóvenes.

- No, aun no estar casados, pero estarlo pronto ¿verdad querido? - dijo en tono meloso la china.

Ranma soltó un gruñido sin siquiera mirarla, simplemente siguió devorando su cena como si fuera lo último que se iba a llevar a la boca en mucho tiempo.

- Vaya, que sorpresa ¿es un matrimonio arreglado entonces?

El hombre panda que se había dedicado a comer y beber lo que llevaba de velada soltó una potente risa que no venía al caso y dijo – Así es amigo, están prometidos casi desde que nacieron.

- Vaya – dijo asombrado el heredero Ryugenzawa – increíble, ¿y estáis conformes con eso?

- Por supuesto – contestó rápidamente Shampoo – Shampoo amar mucho, mucho ha prometido y prometido también amar a Shampoo.

- Eso es lo que ella cree – dije en un susurro burlón que solo Shinnosuke escuchó haciendo que soltara una risita de la que me contagie. Shampoo se crispó al vernos reír como dos niños traviesos. Supongo que no le hacía mucha gracia no ser el centro de atención.

- ¿Hay algo que hacerle gracia a Akane?

- Oh no, para nada, solo comentaba con el joven Shinnosuke que sería un gran honor celebrar la boda de mi joven señor en su casa del té.

Nodoka-sama levantó la cabeza, esa había sido mi señal para ella, el momento preciso para limar las asperezas y el terreno en cuanto a la relación de los Saotome con los Ryugenzawa – Akane-chan, por favor recuerda que la señora Ryugenzawa no nos simpatiza – la vi como ponía una mueca de falsa vergüenza en su rostro – discúlpeme joven Shinnosuke, no quería incomodarle con mi comentario acerca de la esposa de su padre.

- No, tranquila, entre nosotros... a mi abuelo y a mí tampoco nos cae nada bien – dijo Shinnosuke tranquilo.

El abuelo tragó un trozo de Sukiyaki con rabia – es una descocada, si fuera por mi desheredaría a mi hijo y pondría la casa del té en manos de Shinnosuke.

- ¿Y por qué no lo hace? – Preguntó Ukyo ganándose una mirada reprobatoria de mi señora – Lo siento.

- No, no importa querida – el anciano movió la mano arriba y abajo restándole importancia a la pregunta de mi compañera – El problema es que Shinnosuke aún es muy joven y está terminando sus estudios.

- Aun soy bastante torpe además de que mi salud es bastante dedicada ahora mismo – dijo tímido. Una vez más vi la oportunidad de coquetear con el por lo que coloqué mi mano en su brazo.

- ¿Qué le ocurre?

Noté bajo mis manos como temblaba y sonreí interiormente – Hace un par de años sufrí una gran pulmonía, casi muero.

- ¡Eso es terrible! – gemí con pena, pero esta vez no era fingida, realmente me preocupé por el chico, pues, aunque fuera mi misión conseguir su favor y cariño, el joven me caía bien, era dulce y educado.

- Tranquila ya estoy mejor, pero a veces tengo recaídas que me obligan a pasar largas temporadas en cama.

- Lo lamento mucho – apreté levemente mi toque en su brazo para reconfortarle y su temblor se hizo más fuerte. Su mano, grande pero delicada se posó sobre la mía.

- Tranquila, no es nada, soy fuerte aunque parezca lo contrario – asentí un poco roja por el toque de su mano sobre la mía, no me esperaba ese gesto pero no me desagradó – Akane-san, puede que esto suene muy desvergonzado pero, me gustaría invitarla a tomar el té a mi casa, podríamos primero dar un paseo por Edo y luego tomar el té para charlar un poco.

- ¿Usted y yo? ¿Solos? – mi voz comenzó a temblar, esa pregunta me puso soberanamente nerviosa, no sabía qué hacer, la situación se me acababa de ir de las manos. Temía que si decía que si el pobre Shinnosuke pensara cosas que no son y llegara a hacerle daño, pero si decía que no mi señora podía enfadarse conmigo por dejar pasar una oportunidad tan grande de llevarme al heredero Ryugenzawa a donde nos interesaba. Me quedé bloqueada.

- ¿Qué me dices Akane-san? – su impaciencia me puso aún más nerviosa. Tomó con delicadeza mis dos manos entre las suyas y en sus ojos había un brillo de esperanza que me congeló el corazón. Miré de reojo a mi señora que me miraba fijamente y asintió con la cabeza, no sé muy bien si diciéndome que aceptara o dándome la opción de elegir libremente.

Mis manos sudaban y mi corazón retumbaba en mi pecho de manera nerviosa, sentía que me ahogaba como un pececillo fuera del agua ¿Qué hacer? Si aceptaba se podría malinterpretar pero si me negaba a lo mejor se ofendía.

Miré sus ojos fijamente, esos ojos oscuros y anhelantes que me miraban con impaciencia y entonces a mi mente llegaron otros ojos azules, estos otros ojos no tenían ese brillo de la esperanza pero siempre estaban coloreados por la amabilidad y la picardía. Unos ojos azules que hace tiempo no me miraban. Sentí mi corazón encogerse esta vez de la angustia al pensar que mi señor jamás me vería como una mujer.

Le miré de reojo con los palillos en la mano, comiendo tranquilamente sin prestarnos atención, como si no le importara la escena ante sus ojos. Una oleada de tristeza me embargó, ya le había demostrado que no era una marimacho, a él y a Shampoo quien me miraba con celos y odio, había tenido algo parecido a la venganza cuando vi sus miradas asombradas sobre mí, pero no me había satisfecho para nada, al menos no ahora que veía como Ranma ni se inmutaba ante las atenciones de Shinnosuke. Mousse y Ryoga e incluso Shampoo parecían más molestos que él.

¿Qué hacer entonces? ¿Darle una oportunidad a Shinnosuke, ayudar a mi señora con su misión y enterrar mis sentimientos por Ranma para siempre? ¿O debía negarme tirando por tierra mis esfuerzos y aferrarme a un sentimiento que sabía que jamás sería correspondido? No lo tenía claro, por eso las únicas palabras que salieron de mi boca fueron – Agradezco mucho su oferta y me halaga enormemente su interés, por eso le pido que me dé tiempo para pensar su propuesta.

Vi los ojos de Shinnosuke bañarse en la desilusión y sentí pena por él, pero en lugar de enfadarse me sonrió con comprensión y soltó mis manos – No te preocupes Akane-san, es normal que tengas que pensártelo, a penas hoy me conoces y ya vengo a proponerte estas cosas.

- Por favor joven Shinnosuke, no se disculpe – dije bajando la vista avergonzada y jugando con mis manos – me siento terriblemente halagada pero…

- ¡Solo quiero que sepas que me pareces una mujer maravillosa Akane-san! – me gritó tomando mis manos de nuevo, me puse de un color rojo intenso pues todas las miradas estaban sobre nosotros, a excepción de una, la que yo más anhelaba – pero solo le pido que por favor, me permitas cortejarte, unos pocos segundos a tu lado ya me han bastado para saber que jamás encontraré a una mujer como tú.

Abrí mis ojos de par en par y por el rabillo del ojo pude ver como el joven Ranma dejaba de comer y se quedaba expectante a mi respuesta, aun sin mirarnos.

- Te lo suplico Akane-san, prometo no molestarla, pero déjame cortejarte como te mereces, como la hermosa mujer que eres – soltó mi mano y me hizo una gran inclinación, suplicándome – déjame intentar ganarme tu afecto, te lo suplico.

- Joven Shinnosuke… - miraba el tembloroso cuerpo de Shinnosuke agachado ante mí y mi cuerpo tembló con el. Jamás me habría imaginado que un hombre llegaría a esos extremos por mi afecto, me sentí terriblemente halagada pero muy confusa ¿debía decirle que si? Esta vez no me proponía nada indebido, solo poder cortejarme, supongo que mandarme cartas o algún presente de vez en cuando para que cuando yo estuviera lista aceptara su ofrecimiento del té en su casa… ¿eso era malo? Tal vez si aceptaba y Shinnosuke se tomaba en serio la tarea de enamorarme podría por fin dejar atrás esos estúpidos sentimientos por Ranma.

Suspiré levemente cerrando los ojos, pensando y pensando, maquinando en mi cerebro mil y una hipótesis de que hacer y qué no hacer, entonces la imagen de Ranma llamándome marimacho, de Shampoo diciéndome que ningún hombre se querría casar conmigo llego a mi cabeza como un rayo y supe lo que tenía que hacer.

Toqué delicadamente su hombro haciéndole levantar la vista- El pobre estaba nervioso, como si esperara encontrar en mi negación y desprecio pero en vez de eso, le otorgue una de las sonrisas más dulces y sinceras que jamás le había dado a nadie y dije:

- Sí, joven Shinnosuke, le permito que me corteje – los ojos del heredero Ryugenzawa brillaron y un grito de asombro llenó la sala pero lo que más llamó la atención no fue mi afirmación, sino el sonido de unos palillos de madera rompiéndose.

Giré la vista buscando a quien había roto los utensilios para comer y me sorprendí cuando vi que eran nada más y nada menos que los de Ranma. Me miraba con unos ojos con los que nunca me había mirado antes, no eran ojos de enfado o de rabia, me miraban con angustia, con dolor, como si le hubiera traicionado de la manera más cruel. Mi corazón se frenó en mi pecho y solo pude apartar la vista de el, no quería mirarle a la cara.

La velada pasó tranquila, Shinnosuke no paraba de halagarme y decirme que era una mujer hermosa, que prometía esforzarse para ganarse mi amor y me juraba que si al final le elegía me haría muy feliz.

Como parte del plan yo aceptaba cada gesto, cada comentario y le devolvía la misma dulzura y timidez, pero algo dentro de mí se encendió cuando me di cuenta de una cosa importante. La mujer de la que se había enamorado Shinnosuke, no era la verdadera Akane, era una farsa, una mentira. Yo no era dulce ni servicial, no era la mujer que el imaginaba y temía que si se llegaba a dar cuenta todo se estropearía. Miré a mi señora que me observaba con satisfacción, sabía que estaba contenta, muy contenta ya que el señor Eiji nos había invitado a pasarnos por la sala del té "quisiera la arpía de su nuera o no quisiera"

El plan había resultado pero yo me había visto envuelta una vez más en una red de líos, mentiras y problemas de la que no sabía cómo salir airosa. Solo esperaba que cuando la verdad explotara y Shinnosuke me conociera como realmente soy no me despreciara y mi señora volviera a quedarse sin poder entrar en la casa de té.

Cuando nuestros invitados se fueron, no sin antes Shinnosuke prometerme una vez más que se esforzaría en enamorarme, pude reunirme en la cocina con mis compañeros por fin después de tanto tiempo. Recibí un mar de halagos por parte de todos, que si estaba hermosa, que si había madurado, que si por fin era toda una mujer…

Cuando me despedí de ellos en vez de sentirme bien conmigo misma, me sentía fatal. Según todos en aquella casa, mi yo de ahora, el que era una máscara de mentiras e imitaciones baratas de mujer florero era mí mejor yo, la Akane bella, la Akane perfecta, la mejor Akane.

Eso solo significaba que mi yo verdadero, la bruta, torpe y un poco marimacho no era una mujer digna, que no valía si era yo misma, debía cambiar para ser halagada y reconocida como mujer. Suspiré triste, ¿Cómo era posible que ser una mujer florero, una mujer sin más aspiración que la de entretener a un hombre y cazarlo para casarse, fuera la mujer que valía la pena ser?

Caminé sin rumbo fijo por el jardín y mis pies me llevaron a mi rinconcito del jardín, aquel rinconcito con el banco de piedra que me daba un poquito de paz. Me senté y suspiré con la cabeza gacha, quizás debía cambiar para siempre, quizás no debía fingir más y adoptar esta forma de ser para siempre. Eso facilitaría muchas cosas, nadie más me insultaría y si al final lo mío con Shinnosuke terminaba en una relación jamás se enteraría de que en verdad soy un marimacho. Parecía todo tan simple, pero era tan complicado…

Renunciar a lo que era, a lo que siempre había amado y de lo que me enorgullecía era doloroso, pero si cientos de personas creen en una cosa y solo tu estas en contra, puede que la equivocada al final seas tú; como decía madre cando hablábamos de alguna comida que no me gustaba: miles de personas no pueden estar equivocadas, si sois mil contra uno, la equivocada eres tú, así que come.

Suspire mientras miraba mis pies descalzos, y pensé en mi yo de hace dos y tres años. Recordé esa niña que juraba y perjuraba que jamás se convertiría ni en la sombra de lo que soy ahora. Si esa niña me viera ahora se burlaría de mí por hipócrita.

La oscuridad en el jardín era gratificante, solo la luz de la luna me permitía ver, pero como estábamos prácticamente en luna llena, ese resplandor plateado era suficiente para no estar rodeada por la oscuridad total. Escuchaba a las cigarras a mi alrededor y el chapoteo de las carpas koi en el lago. Ese rinconcito me tranquilizaba, era como mi nirvana personal.

Mi tranquilidad se vio de pronto interrumpida por unos presurosos pasos que se acercaban a mí. Se escuchaban rápidos y atropellados, como si el dueño de ese caminar buscara desesperado algo o a alguien. Me quedé quieta sin apenas respirar pues no quería que me descubrieran allí, que interrumpieran mi momento de aislamiento.

Quien fuera y que buscara no me interesaba, solo deseaba que se alejara rápido de allí y me dejara de nuevo sola con mi tristeza. Para mi desgracia los pasos se acercaban cada vez más a mí, aun con la mirada en el suelo supe que ese desconocido estaba frente a mi cuerpo, quieto supongo que asustado o sorprendido por verme allí.

No levanté mis ojos en un vano intento de no hacerme notar aunque era algo muy estúpido, como dije antes la luz de la luna era lo suficientemente clara para iluminarme y dejar ver a mi acompañante no deseado que la que estaba allí sentada era yo. Suspiré derrotada deseando que aquel intruso se diera la vuelta y siguiera buscando aquello que había perdido y me dejara en paz.

Lo que nunca espere es que aquella persona me buscara a mi – Akane, al fin te encuentro.


Aclaraciones:

Dango: Dulce tradicional japonés elaborado con mochiko (harina de arroz), y derivado por lo tanto del mochi (pastel de arroz glutinoso). Se sirve a menudo con té verde.

Eiji: El nombre del abuelo de Shinnosuke es inventado, tanto en el manga como en la serie solo es nombrado como "abuelo" por lo que yo me he decidido a bautizarle como Eiji. El nombre Eiji, sin duda aclama la protección y las buenas vibras. Su significado es "Dos protectores". Y quien lo lleve será una persona bendecida por la suerte y el buen augurio. Me gusta este nombre para el abuelo de Shinnosuke porque tanto en el manga como en la serie es el quien protege a Shinnosuke desde que es pequeño además de que es un personaje que a mi me causa bastante ternura y simpatía.

Oni: Elemento del folclore japonés. Suelen ser diablos con forma de ogros.

Sukiyaki: es un plato japonés dentro del estilo nabemono (cocina al vapor japonesa). Este consiste en carne (normalmente trozos muy finos de ternera) o en la versión vegetariana hecha de tofu, cocido a fuego lento o hervido en la mesa, junto con vegetales y otros ingredientes, en una olla poco profunda en una mezcla de salsa de soja, azúcar y mirin. Antes de comerlo, los ingredientes se meten en un cuenco pequeño con huevo crudo batido.