Capítulo 10 - Amor de bandicuts
Eran las 10 de la mañana, el día después de que los bandicuts habían tenido su momento de relajarse en la playa.
Para el día de hoy, habían planeado ir a un punto alto de la isla, no muy lejos de casa, y acampar. Pero necesitarán más víveres, así que Crash se dirigió a la ciudad para conseguir unos cuantos.
Sin embargo, él no estaba solo. Isabella, su antigua chica de los trofeos, lo acompañaba para hacer las compras, ya que Crash podía ser muy despistado sin alguien que lo supervise, además de que quería tener tiempo a solas con ella para hablarle de lo que casi pasa ayer entre Megumi y él.
Ambos bandicuts estaban en la plaza de la ciudad, revisando los puestos de frutas y dulces.
–Gracias por acompañarme, Isabella –Crash sonrió un poco apenado mientras revisaba una naranja –. No sabía con quien hablar de este asunto, y creo que discutirlo con Coco me haría sentir un poco incómodo.
–Cualquier cosa por uno de mis corredores favoritos –Isabella le guiñó el ojo –. Entonces… ¿ustedes dos casi se besan?
–Eso parece... –Crash se sonrojó intensamente y se rascó la cabeza –. No sé lo que tiene ella, pero siempre se las arregla para hacerme sentir especial. Cada vez que estamos cerca el uno del otro… me siento más vivo y feliz que nunca.
–Bueno, Megumi siempre ha tenido ese toque con los demás, je, je, je –dijo Isabella –. Aun recuerdo cuando había un papel para una película que yo deseaba muchísimo, pero me rechazaron por no ser… humana –ella se entristeció un poco, pero luego sonrió –. Me sentí muy mal y discriminada ese día, pero Megumi estuvo a mi lado tratando de hacerme sentir mejor con todos los métodos que se le ocurrían.
–Woah… ¿en serio? –Crash se sorprendió por el testimonio de su amiga.
–Sí –Isabella se acercó al héroe y le susurró en el oído –. Por eso te digo que no la dejes ir. Si como amiga es un cielo… ahora como novia.
Crash no tardó en imaginar cómo sería la situación que describe su amiga italiana. Megumi de por sí ya era muy cercana a él y su compañía era más que satisfactoria, pero en una hipotética relación de noviazgo podrían estar aún más cerca el uno del otro, lo cual sonaba bastante bien.
De repente, Crash se imaginó a él mismo sentado en la playa con Megumi al lado y a punto de besarla. Igual que el día de ayer, ambos tenían sus labios a pocos centímetros el uno del otro, pero pronto sus pensamientos se disiparon y volvió a la realidad, dándose cuenta de que incluso había fruncido los labios como si la fuera a besar de verdad. Cuando el héroe bandicut abrió los ojos, notó a Isabella mirándolo con una cara confusa, lo cual lo hizo sentirse avergonzado. Sin embargo, su amiga no tardó en saber lo que pasaba y sonrió.
–Fantaseado con mi amiga a sus espaldas, ¿eh? –Isabella se rió.
–!N-NO! Yo… yo solo estaba… –Crash intentó inventar una excusa, pero no se le ocurría nada.
–Tranquilo Crash. No le diré nada –Isabella le guiñó el ojo y pronto divisó una tienda de dulces –. ¿Qué tal si nos separamos un momento? Voy a comprar los malvaviscos y algunos caramelos para acompañar en la acampada. Luego vendré para ayudarte con las demás cosas, ¿está bien?
–De acuerdo... –Crash suspiro de alivio. Al menos podría escapar de las burlas de su amiga por un momento.
Luego de que Isabella fuera a la tienda de dulces, Crash continuó revisando las naranjas del puesto de frutas, sin saber que alguien se le estaba acercando.
–¡Crash Bandicoot, en vivo y en persona! –dijo una voz femenina con cierto acento texano.
Cuando Crash miró a su izquierda, notó a una zarigüeya rubia con un traje de carreras azul y rosado sonriéndole ampliamente.
–Umm… perdona, ¿te conozco? –Crash preguntó confundido.
–Creo que tú a mi no, pero yo a ti sí –dijo la zarigüeya en un tono coqueto –. Me llamo Pasadena O'Possum, y soy una gran admiradora tuya.
–Gusto en conocerte –dijo Crash con una sonrisa insegura –. Y… ¿qué puedo hacer por tí?
–¡Oh! Nada importante en concreto –dijo ella, acercándose aún más al héroe –. Solo que soy nueva en la ciudad, y me preguntaba si podrías llevarme a conocerla.
Crash notó lo cerca que la chica estaba de él. No parecía que ella tuviera malicia, pero el héroe estaba empezando a sentirse incómodo.
–L-lo siento… pero ahora estoy muy ocupado –Crash sonrió nerviosamente –. Tengo que comprar unas cosas para un asunto importante.
–Ohh, vamos… –insistió Pasadena, quien se acercó aún más a Crash y le rozó suavemente el pecho con el dedo –. Estoy segura de que un caballero como usted podría ayudar a una señorita.
–¡Ehh, Pasadena! –dijo Hasty, quien estaba esperándola a cierta distancia –. ¡Date prisa! ¡Tawna nos está esperando en el circuito! ¡¿No querrás darle una mala impresión, o sí?!
La zarigüeya gimió de frustración, pero sabía que su amigo tenía razón, así que sacó su último recurso de un bolsillo. Era un trozo de papel y un bolígrafo.
–Parece que yo también estoy ocupada –ella sonrió apenada y escribió algo en el trozo de papel antes de entregárselo a Crash –. Pero si de casualidad tienes un rato libre y quieres hablar con alguien… llámame. Te veré pronto.
Tras darle un coqueto guiño de ojo al héroe bandicut, Pasadena fue a reunirse con Hasty y salieron del lugar.
Crash quedó confundido ante lo que acababa de pasar, y observó que el trozo de papel tenía el número de teléfono de la zarigüeya. También le extrañó que el alce que la acompañaba mencionara a Tawna, pero prefirió no indagar en el asunto. Quería olvidarse por completo de la bandicut rubia y enfocarse en Megumi.
–¿Crash? –una Isabella confundida habló detrás del héroe, haciendo que volteara a mirarla –. ¿Quién era esa chica?
–No tengo ni idea –respondió Crash –. Pero sí me ha dicho su nombre, y es Pasadena O'Possum.
–Espera… ¡¿Pasadena?! –Isabella se sorprendió al escuchar ese nombre –. ¡Ella es una de las mejores corredoras del mundo!
–¿Ah, sí? No lo sabía –Crash se rió un poco avergonzado –. Lo único que sé es que es muy amable… quizás demasiado… y me dio su número de teléfono.
–¿Su número? –Isabella se sorprendió.
–Sí –respondió Crash –. Me ha dicho que es nueva en la ciudad, y necesitará a alguien que la ayude a conocerla.
–O quizás para algo más… –dijo Isabella con cierta sospecha.
–¿Qué quieres decir? –preguntó un Crash bastante ingenuo.
–Crash… ¿no lo ves? Esa chica está interesada en tí. ¿Por qué iba a preguntártelo a tí precisamente? Además, dijiste que fue demasiado amable contigo. Es muy obvio.
Crash se sorprendió por lo que Isabella acababa de decir. No esperaba que él fuera el interés amoroso de alguien en específico, en especial después de que Pinstripe lo humillara nacionalmente jactándose de salir con su ex novia.
–Creo que será mejor apurarnos –dijo Isabella –. Ya sé que saldremos tarde para evitar el sol abrazador, pero quien sabe si salgan más imprevistos para la acampada.
–De acuerdo… –Crash siguió ligeramente confundido, pero le hizo caso a su amiga y continuaron revisando los alimentos que se llevarían a la actividad de hoy.
–Pero dime… ¿de qué más habló esa chica? –preguntó Isabella mientras lo ayudaba.
–Nada más, pero parece que ella y su amigo alce iban a reunirse… con Tawna –respondió Crash un poco incómodo.
–Ya veo… –dijo Isabella, cuya sorpresa no fue muy grande. Sabía que su ex líder estaba buscando a más miembros para el Nitro Squad, así que no sería una novedad que esa chica Pasadena fuera una de las nuevas corredoras.
Mientras tanto, en la casa de los hermanos Bandicoot, cierta científica de cabello azul estaba realizando actividades ajenas a la acampada.
Megumi se había levantado temprano para realizar pruebas a la fruta extraña que encontró ayer, y para eso Coco le dejó usar su garaje junto con unos cuantos equipos electrónicos como analizadores de alimentos y algunos tubos de ensayo.
La bandicut científica pudo comprobar que la fruta no era venenosa. De hecho, era rica en nutrientes y vitaminas igual que la fruta Wumpa, además de un buen olor.
–Me pregunto si… –pensó Megumi en voz baja, pero fue interrumpida cuando escuchó que alguien rompía o movía objetos desde la casa. Preocupada y confundida, salió del garaje a comprobar.
Cuando Megumi llegó a la sala principal, pudo notar a unos confundidos Aku Aku, Ami y Liz expectantes ante una Coco paranoica buscando entre cajones y armarios, sacando todo lo que encontraba a su paso.
–¡No… no, no, no! –decía ella con pánico –. ¡No está en ningún lado!
–Coco, tranquila –dijo Aku Aku –. Ya aparecerá. Es imposible que se haya perdido.
–¿Qué cosa? –preguntó Megumi –. ¿Qué está buscando?
–El anillo de compromiso de Crash –dijo Liz –. Desde que Coco nos lo enseñó, no recuerda donde lo puso.
–¿Segura que no fuiste tú, Liz? –dijo Ami –. Dijiste que valía una fortuna.
–¡¿Me estás acusando de robarle a mis amigos?! –Liz se enfadó –. ¡¿Cómo te atreves?!
–¡¿Podrían… callarse?! –dijo una Coco neurótica –. Crash me dijo que pensaba vender el anillo y ganar algo de dinero. ¿Con qué cara le diré que lo perdí?
De repente, Megumi sintió remordimiento y un poco de miedo. Nadie sabía que fue ella quien tomó el anillo, pero entendía que tarde o temprano los demás se enterarían, así que no tuvo más remedio que confesar.
–Coco… –dijo Megumi con algo de temor y vergüenza –. El anillo… no está aquí…
Todos voltearon a mirar a la bandicut japonesa, al mismo tiempo que Coco dejó de buscar y se acercó a ella.
–¿Qué quieres decir? –preguntó Coco confundida.
–Megumi... –dijo Aku Aku –, ¿sabes dónde está el anillo?
Megumi estaba tan asustada de responder que se sentó lentamente en uno de los asientos que tenía detrás y juntó sus manos mientras agachaba la cabeza en señal de vergüenza.
–Verán… yo… –la bandicut de cabello azul estaba dudosa en responder.
–Megumi, contesta –dijo Coco en un tono impaciente –. ¿Qué hiciste con el anillo?
A Aku Aku no le gustaba el tono que su hija adoptiva estaba usando en su amiga, pero antes de que pudiera decir algo, Megumi confesó.
–Yo… –la bandicut de cabello azul agachó la cabeza y juntó sus manos en señal de arrepentimiento –, yo se lo di a Tawna…
–¡¿QUÉ?! –Todos gritaron con sorpresa.
–Lo siento… –dijo Megumi aún con la cabeza agachada –. Estaba tan enfadada por lo que le sucedió a Crash que… quería que Tawna entendiera de que cometió un error. Y… él es mi amigo, y me dolió muchísimo que lo estuviera pasando tan mal.
–¡¿CÓMO SE TE OCURRE HACER ESO?! –Coco se enfadó –. ¡ESE ANILLO ERA DE CRASH! ¡NO TENÍAS NINGÚN DERECHO! ¡ESE ASUNTO NO ERA TUYO!
–L-lo siento… Yo solo… p-pensé que estaba ayudando… –Megumi sentía como las lágrimas empezaban a salir por sus ojos, pero su amiga siguió sin mostrar piedad.
–¡PUES NO LO HICISTE! –Coco continuó liberando su rabia –. ¡TODO LO CONTRARIO! ¡EMPEORASTE LAS COSAS! ¡¿AHORA QUÉ QUIERES QUE LE DIGA MI HERMANO?! ¡¿NO HAS PENSADO QUE TAWNA PODRÍA DECÍRSELO A PINSTRIPE Y ASÍ HUMILLAR MÁS A CRASH?!
–Coco… cálmate… –Aku Aku intentó que parara, pero la pequeña bandicut no mostraba signos de que quisiera calmarse.
–¡NO ME DIGAS QUE ME CALME! –gritó Coco, pero pronto notó que le estaba contestando a su padre adoptivo de mala manera, así que su enfado desapareció rápidamente y se transformó en vergüenza. Tampoco tardó en notar que Megumi se tapó el rostro y comenzó a llorar, lo cual le provocó remordimientos –. Yo… –dijo con voz temblorosa –. Megumi… perdóname. No quise…
–No… –dijo Megumi entre lágrimas –, tienes razón. ¡¿En qué rayos estaba yo pensando?! ¡Cuando Crash se entere… me odiará!
–No, Megumi. Escucha, Crash no es… –Aku Aku intentó consolarla, pero fue interrumpido cuando escuchó a alguien fuera de la casa.
Cuando la puerta se abrió, el grupo vio que se trataba de Crash e Isabella con las provisiones para la acampada.
–¡Estamos de vuelta! –dijo Isabella –. Perdón por la tardanza, pero tuvimos algunos imprevistos.
–Sí… culpa mía –Crash se rascó la cabeza, pero su sonrisa pronto desapareció cuando vio a su amiga de cabello azul llorando –. Megumi, ¿qué te pasa?
Megumi siguió con la cabeza agachada y no miró a Crash. Tenía miedo de cómo iba a reaccionar si le decía que tomó su anillo sin su permiso y se lo dio a su propia ex novia.
–Megumi… –Crash se acercó a su amiga y se inclinó para tratar de mirarla a los ojos –. Por favor… dime qué sucede.
–Crash… yo… –dijo ella entre lágrimas –. N-no puedo…
–Claro que sí –Crash limpió unas cuantas lágrimas del rostro de su amiga –. Tú me ayudaste cuando más lo necesitaba. ¿Por qué no puede ser también al revés?
Megumi levantó la cabeza, y vio a un Crash sonriente cuyos ojos demostraban auténtica preocupación. No podía decirle que no después de que él confiara en ella.
–Será mejor dejarlos solos –dijo Aku Aku –. ¿Chicas?
–Por supuesto –dijo Ami con preocupación mientras salía de la sala principal con las demás.
–Pero, ¿por qué? –dijo Isabella mientras Coco la guiaba con el brazo –. ¿Qué ha pasado?
–Te lo explicaremos en la cocina, Isabella. Vamos –dijo Coco, quien antes de salir de la habitación dio una mirada insegura a su hermano y su amiga, pero esperando que todo saliera bien.
Luego de que todos los demás abandonaran la habitación, Megumi sintió un poco de valor para hablar.
–Crash… escucha… –Megumi intentó tranquilizarse mientras trataba de explicar la situación –. Yo… hice algo muy malo.
–¿Tú? No lo creo –Crash se sentó a su lado con una sonrisa y negó con la cabeza –. ¿Por qué dices eso?
–Verás… Es sobre Tawna…
–¿Huh? –Crash se sorprendió al escuchar el nombre de su ex novia, pero quería saber que le ocurría a su amiga, así que prestó total atención.
–Yo… –continuó Megumi –, cuando supe lo que ella te hizo… hice las cosas sin pensar en las consecuencias. Me enfureci. Quería que Tawna viera que cometía un error al dejarte por ese potoroo… y para eso hice algo que no estaba en mi derecho…
–¿A qué te refieres? –Crash preguntó confundido.
–Yo… –Megumi sintió como las lágrimas volvían a subir por su garganta, pero eso no la detuvo en su confesión –. Yo le di el anillo de compromiso a Tawna.
–¡¿Eh?! –Crash se sorprendió –. Pero… ¿por qué?
–¡Porque lo que te hizo estuvo mal! –Megumi gritó mientras liberaba más llanto –. Estabas dispuesto a entregar el resto de tu vida a ella, ¡¿y así es como te lo agradece?! ¡No podía soportarlo…! ¡Ella… tenía que saber que se equivocaba, Crash! ¡Eres alguien maravilloso, y yo en su lugar no te hubiera dejado ir!
El llanto de Megumi se hizo más fuerte y se volvió a cubrir la cara. Ella pensaba que después de esta confesión, el héroe bandicut no querría volver a verla ni hablar con ella. Sin embargo, sintió como dos brazos la envolvían en un cálido abrazo, lo que provocó que descubriera su rostro y ver que se trataba de Crash.
–Tranquila… –Crash sonrió –. Era solo un anillo sin valor.
–Pero… –Megumi se sorprendió –. Era tuyo… y lo usé para cosas que no eran asunto mío…
–Bueno… –Crash le restó importancia y continuó abrazando a su amiga –, no me considero un experto en estas cosas. De hecho, no lo soy, je, je, je. Pero jamás estaría dispuesto a perder una amistad por un mero objeto. Tú eres más importante para mí que eso.
–Crash… –Megumi sintió como su corazón entraba en calor por las palabras de su amigo y sonrió, devolviéndole el abrazo –. Gracias… y… lo siento mucho.
–Bahh… –Crash hizo un gesto con la mano restándole importancia –. Gracias a ti, por estar a mi lado en las buenas y en las malas.
Megumi sonrió por las palabras del héroe bandicut y continuó abrazándolo. Crash era sin duda alguien único para ella, y no lo cambiaría por nada en el mundo.
Sin que ambos bandicuts se dieran cuenta, Coco estaba observando la escena asomándose desde el pasillo. La pequeña bandicut sonrió al ver que los dos estaban aún más unidos que nunca, así que volvió a la cocina para reunirse con los demás. Sin embargo, no pudo evitar sentir culpa por cómo le gritó a Megumi hace unos momentos, así que quería hacer algo al respecto para enmendarlo.
Cuando Coco regresó a la cocina, Ami le habló en un tono preocupado:
–¿Cómo están?
–Todo está bien –Coco sonrió –. Megumi ya le contó sobre el anillo, y mi hermano le restó importancia. De hecho, la abrazó.
–Me alegra oír eso –Aku Aku sonrió –. ¿Ves como no había nada de qué preocuparse?
–Si… –dijo Coco un poco avergonzada –. Le debo una disculpa a Megumi. No fue justo de mi parte regañarla de esa forma.
–Tranquila –Liz le dio palmadas amistosas en la espalda –. Se trata de tu hermano. Es normal que quieras protegerlo.
–Gracias… –Coco se animó por el gesto de su amiga.
–Solo no vuelvas a hacerlo, ¿de acuerdo? Megumi también es como mi hermana… –dijo Ami en un tono incómodo, pero luego sonrió –. En fin… es posible que más adelante por fin podamos ver a esos dos juntos.
–A no ser que sea demasiado tarde… –dijo una dudosa Isabella.
–¿Qué quieres decir? –preguntó Aku Aku.
–Hoy, cuando fuimos a comprar las provisiones para la acampada, una chica le coqueteó a Crash.
Todos se sorprendieron ante las palabras de la bandicut italiana, pero querían más detalles.
–Isabella, ¿estás segura de eso? –preguntó Liz.
–Sí, incluso le dio su número de teléfono –dijo Isabella –. Y no era cualquier chica, sino Pasadena O'Possum en persona.
–¡¿QUÉ?! –Ami reconoció el nombre enseguida –. ¿Pasadena? Pero… ¿qué está haciendo en la Isla Wumpa?
–Parece que quiere unirse al Nitro Squad –respondió Isabella –. Hoy se reunía con Tawna junto con un alce que la acompañaba.
–Alce… –Liz recordó quién era el único personaje famoso de dicha especie –. Seguro que hablas de Hasty, el famoso aviador. Pero… ¿no trabajaban para Von Clutch?
–Sea lo que sea, no sé por qué están aquí –dijo Isabella –. Pero ese no es el punto. Pasadena parece estar interesada en Crash.
–¿Tú crees? –preguntó Coco.
–Ví como le coqueteaba, y Crash es tan ingenuo que no se daba cuenta de ello, así que no veo otra solución.
–¿De qué solución hablas? –preguntó Ami.
–Hay que contarle esto a Megumi –dijo Isabella –, y creo que es hora de que le confiese sus sentimientos a Crash.
–¡¿Estás loca?! –Liz se sorprendió –. ¡Aún es muy pronto!
–No… creo que ya es hora –Isabella sonrió –. Ayer, durante nuestro día en la playa, pasó algo entre esos dos. Casi se besan.
–¡¿Huh…?! –todos se sorprendieron por las palabras de la bandicut rubia.
–Es obvio que están enamorados –Isabella se cruzó de brazos –. Es hora de que ambos lo sepan, así que alentaremos a Megumi a dar el paso.
–¿Por qué ella? –preguntó Coco.
–Es la que ha estado más tiempo enamorada, además de ser una de las razones por las que encaró a Tawna hace días. Crash necesitará una razón más clara por las acciones de Megumi, ¿no les parece?
Los demás pensaron detenidamente sobre la idea de Isabella, pero Coco tomó rápidamente su decisión sin dudarlo.
–Déjame a mi hablar con Megumi –Coco le enseñó un pulgar en alto –. Después de todo, necesito disculparme con ella. Lo haré de camino al sitio de la acampada.
–Muy bien, Coco –Isabella sonrió ante el apoyo de su amiga –. Creo que mejor nos apuramos a preparar todo.
–Estoy de acuerdo –dijo Aku Aku –. Además, estaremos bajo las estrellas y pronto habrán fuegos artificiales por la inauguración de la feria. Es la ocasión perfecta.
–Pues manos a la obra –dijo Isabella, quien no tardó en escuchar los pasos de Crash y Megumi aproximándose –. Shhh… ahí vienen.
Todos fingieron naturalidad en lo que los dos amigos entraron a la cocina.
–Bueno… –Megumi sonrió –, hemos hablado, y todo está en orden.
–Es bueno saberlo –dijo Aku Aku felizmente –. Si están en condiciones, nos gustaría pedirles ayuda para organizar todo.
–No hay problema –Crash levantó su pulgar en alto –. ¿Me hechas una mano, Megumi?
–¡Ya rugiste! –respondió ella con entusiasmo.
Sin más que añadir, todos empezaron a organizar los preparativos para la acampada.
Mientras tanto, en el circuito Nitro Squad, Tawna estaba sentada en uno de los asientos del público con su traje de carreras puesto. Hoy era el día en que Pasadena iniciaría sus pruebas de conducción, así que Tawna sería la encargada de gestionar su desempeño en la pista. Pero no estaba sola, ya que Hasty estaba sentado al lado de la bandicut rubia observando las pruebas de su amiga zarigüeya.
Pasadena le dijo a Tawna que Hasty era su entrenador, así que se le permitió observar las pruebas y entrar al recinto cuando le apeteciera.
La bandicut rubia quedó bastante impresionada por las habilidades de su nueva corredora mientras conducía uno de sus mejores karts; Le Chaux. No solo era rápida, sino precisa, aunque algo temeraria. Esto le recordaba mucho a Ami.
–¡Mira mamá, sin manos! –gritó Pasadena alegremente. Había pasado tiempo desde que tocó el volante, y quería retomarlo rápidamente.
–¡Sí! ¡Ja, ja, ja! –Hasty gritó de alegría –. ¡Vamos chica! ¡Tú puedes!
–¿Chica? –Tawna sonrió un poco intrigada –. Veo que ustedes son más que entrenador y corredora.
–Bueno, fuimos amigos desde jóvenes. La conozco bastante bien –respondió Hasty –. Y por cierto, gracias por permitirme ver las pruebas de mi corredora estrella.
–No hay problema –Tawna se entristeció un poco –. Además, en las condiciones actuales que está el equipo, cualquier ayuda es bienvenida.
–Sí… sé que tus antiguas amigas renunciaron –Hasty sintió empatía por la bandicut –. Ellas debieron ser muy importantes para ti.
–Aún lo son –dijo Tawna –, pero no sé si las cosas se arreglen entre ellas y yo. Solo el tiempo lo dirá…
Hasty comprendió como se sentía Tawna. Perder una amistad de por sí era doloroso, pero perder cuatro ya era demasiado.
–Es que… no lo entiendo… –Tawna se quejó con tristeza –. Pinstripe ahora es un buen hombre. Está dispuesto a ayudarme con todos mis problemas y dejar atrás su pasado. Sé que hizo cosas malas, pero no cualquiera está dispuesto a cambiar. ¿Por qué a las demás les cuesta creerme?
–Bueno… –dijo Hasty –. No conozco a Pinstripe en persona, pero he oido mucho de él. Es normal que tus amigas aún le tengan desconfianza, considerando las cosas que hizo… como intentar matar a tu ex novio.
–Lo sé… –dijo Tawna –. Él mismo me ha dicho que eso hoy en día es imperdonable, pero quiere enmendar todo lo que ha hecho. Sin embargo, parece que nadie lo va a aceptar. De hecho, él me ha dicho que intentó hacer las paces con Ami cuando ella vino a dejar las cartas de renuncia y los dejé solos, pero ella lo despreció como si fuera un objeto sin valor. Honestamente, nunca me esperé eso de ella...
–Vaya… –Hasty se sorprendió –. ¿Y tú le crees?
–¿Qué quieres decir? –preguntó Tawna.
–En una historia siempre hay dos versiones de los hechos. Has escuchado la versión de Pinstripe, pero no la de tu amiga Ami.
–¿Insinuas que Pinstripe es un mentiroso? –Tawna se molestó un poco.
–¡N-no, señorita! No quise decir eso –Hasty se defendió –. Solo digo que también deberías escuchar también a tu amiga. Puede que solo haya sido un malentendido. Eso es todo.
–Mmh… –Tawna lo pensó por un momento –. Sí… quizás tengas razón, pero…
De repente, sus miradas se volvieron a centrar en las pistas cuando escucharon el rugido de un motor cerca de la meta. Era Pasadena, que había conseguido un tiempo de 2:25.74 en el circuito, aún inferior al de Tawna y Ami, pero superior incluso al de Isabella, Liz y Megumi.
Tawna y Hasty quedaron impresionados por el desempeño de la joven corredora y bajaron rápidamente a la pista para darle las felicitaciones.
–¡Increíble! –dijo Tawna con una sonrisa mientras la zarigüeya bajaba del kart –. ¡Tu tiempo es casi cercano al mío! Estoy segura de que no hay nada más que decir.
–¿Eso significa…? –preguntó Pasadena con ilusión.
–Sí –Tawna estrechó su mano con la de su ahora nueva integrante –. Pasadena O'Possum, bienvenida al Nitro Squad.
Pasadena quedó en shock por unos momentos, pero luego empezó a saltar de alegría, manifestación que decidió compartir con Hasty.
Tawna sonrió al ver a los dos amigos muy felices. Le recordaba a los momentos que compartía con las chicas cuando ganaban una competición juntas.
–¡Genial! –Pasadena dijo con alegría –. Seguro que impresionaré a Crash la próxima vez que nos veamos, je, je, je.
–¿Huh? –Tawna se sorprendió al escuchar el nombre de su ex novio –. ¿Tú conoces a Crash?
–Lo conocí en la plaza –Pasadena sonrió –. Le he dado mi número para que me lleve a conocer la ciudad por si tiene tiempo. Espero que no te importe, ya que tú y él...
–N-no, no… En absoluto –dijo Tawna un poco insegura. Ella no esperaba que Pasadena tuviera sentimientos por Crash, y a pesar de que ahora estaba con Pinstripe, había algo en su interior que le daba ciertas dudas sobre su decisión de dejar a su antiguo novio, en especial desde que Megumi le contó acerca del anillo de compromiso.
Sin embargo, las respectivas alegrías y confusión no duraron mucho, ya que Pinstripe había accedido al recinto y fue a reunirse donde estaban los demás.
–¡Ehh! –el potoroo señaló a Hasty mientras se acercaba –. ¡¿Quién es ese?!
–Oh, hola querido –dijo Tawna –. Es Hasty, es el entre-…
–¿Es parte del Nitro Squad? –preguntó Pinstripe, haciéndole caso omiso a su novia.
–Bueno… no, pero es que él es…
–Pues no puede estar aquí –dijo Pinstripe sin rodeos –. Tiene que irse.
–¿Perdona? –Hasty se molestó por la actitud del potoroo.
–Estás perdonado –dijo Pinstripe –. Ahora sal de aquí. Solo los miembros del Nitro Squad pueden estar aquí.
–Oye… guaperas… –Hasty se acercó al potoroo, preparándose para un posible mano a mano –. ¡Cuida tu boquita si no quieres que…!
–¡Eh, eh! –Pasadena detuvo a su amigo –. Tranquilo, seguro que podemos solucionarlo.
–Y la hay –Tawna se acercó al potoroo –. Pinstripe, yo lo dejé entrar. Es el entrenador de Pasadena.
–Pero no es miembro oficial del equipo –el potoroo se quejó.
–¿Y eso qué importa? Tú tampoco –dijo Tawna –. No hemos firmado nada aún, así que yo tomo las decisiones de momento, ¿de acuerdo?
–¿Qué? Pero… –Pinstripe intentó objetar, pero su novia no lo dejó.
–Sin peros –Tawna habló en un tono firme –. Sigo enfadada contigo por besarme delante de las cámaras sin mi consentimiento. Crash quizás ya no sea mi novio, pero no quiero hacerle más daño del que le causé.
–¡Pues que se acostumbre! Ya eres mía, no de él –Pinstripe se quejó, pero pronto se dio cuenta de su última frase y se tapó la boca.
–Espera… ¿qué dijiste? –Tawna levantó una ceja.
–Q-quize decir que se tiene que acostumbrar a que ahora estás conmigo –dijo Pinstripe un poco nervioso –. No puedes protegerlo por siempre. Tiene que hacerse a la idea de que la relación contigo es cosa del pasado si quieres que lo supere.
Tawna se quedó pensativa por un momento, pero Pinstripe tenía un punto. Crash tenía que hacerse a la idea de que la relación había terminado para siempre, o nunca seguirá adelante.
–En fin… –dijo Pinstripe –. Alguien ha llegado. Es pequeña, igual que la hermana de tu ex, pero asegura tener habilidades de conducir.
–¿Ah, sí? –preguntó Tawna –. ¿Quién es?
–Se llama Yaya Panda –dijo Pinstripe –. Viene de unos bosques de bambú desde China. Dice que supo sobre la entrevista y se interesó en unirse al equipo. Una chica muy… energética sin duda alguna –el potoroo mostró cierto asco en esa última frase.
–Vamos a entrevistarla –Tawna dirigió su mirada a los otros dos –. Perdonen chicos, pero esto es importante. Sientanse como en casa cada vez que vengan aquí.
–No hay problema, terroncito –Pasadena le sonrió –. Gracias por esta oportunidad.
–No hay de qué –Tawna le mostró un pulgar en alto antes de irse –. Nos vemos.
Mientras la bandicut rubia se retiraba a recibir a la nueva candidata, Pinstripe se fue detrás de ella, no sin antes dirigir una mirada hostil a los dos "ex corredores" de Von Clutch junto con un gesto de dedos indicando de que los estará vigilando.
–Lo detesto… –Hasty contuvo su rabia –. ¿Qué le ha visto la señorita Tawna a ese cretino?
–No tengo ni idea –Pasadena suspiro de intriga –, pero seguramente sea cierto lo que dice V. C. de él.
–Es lo más probable –dijo Hasty –. Pero hasta entonces, necesitamos más pruebas que aseguren de que él saboteó al Nitro Squad.
La zarigüeya asintió ante la afirmación de su amigo. Si querían descubrir a Pinstripe, tendrán un largo camino por delante.
Pasaron las horas, y ya eran las 5 de la tarde. La familia Bandicoot y sus invitadas se encontraban subiendo una pendiente por el bosque, siendo guiados por un río. Las mascotas cargaban la tienda de campaña y los alimentos, mientras que los bandicuts llevaban sus sacos de dormir y unas mochilas con sus utensilios de higiene y otros objetos. Las chicas llevaban atuendos necesarios para la ocasión, constando de camisetas sin mangas con pantalones cortos y suaves, además de unos tenis cómodos. A Crash, por su parte, solo le bastó con cambiarse a unos pantalones cortos, ya que normalmente anda sin camisa.
Mientras subían por la pendiente, Crash no pudo evitar recordar cuando llegó a esta isla por primera vez en su travesía por rescatar a Tawna. La zona estaba tan plagada de enemigos en aquella ocasión que no tenía más remedio que subir directamente por el río hasta llegar a unas pequeñas ruinas, donde se enfrentó a Ripper Roo por primera vez.
Coco, al ver que Megumi estaba a una distancia alejada de Crash, aprovechó esta oportunidad para caminar al lado ella y platicar.
–Hola Megumi… –Coco sonrió tímidamente.
–Hola Coco –Megumi le sonrió genuinamente a su amiga –. ¿Qué puedo hacer por ti?
–Quería disculparme por mi actitud de hace unas horas. No debí gritarte de esa forma. Lo siento…
–Tranquila –dijo Megumi –. Es normal que te enfadaras. Se trata de tu hermano, y lo que hice… no fue la solución más inteligente.
–Quizás no –Coco se rió –, pero tú también has mostrado preocupación por él, así que no debería quejarme.
Megumi sonrió al ver que las cosas aún estaban bien entre ella y Coco, pero luego se percató de cierta inseguridad en el rostro de la pequeña bandicut, como si fuera a hablar de algo incómodo.
–Megumi… –dijo Coco –, hay algo que tienes que saber.
–¿Qué sucede? –la bandicut japonesa preguntó con curiosidad.
–Han pasado ciertas cosas… y según parece, es hora de que des el gran paso.
–No te entiendo… –dijo Megumi confundida.
–Verás –Coco comenzó a explicar –, hoy en la mañana, cuando Crash estaba con Isabella comprando provisiones para la acampada, una chica coqueteó con él.
–¿Huh...? –Megumi se sorprendió por esa declaración, adoptando una actitud insegura –. ¿Y… qué más pasó?
–Al parecer ella le dió su número de teléfono, lo que quiere decir que ella tiene intenciones románticas con él.
Megumi se decepcionó un poco al saber que Crash aceptó el número de esa chica. Pensaba que con todo lo que había pasado entre ellos en estos últimos días, quizás había una chispa de esperanza de abrir su corazón hacia él. Sin embargo, ella recordó que había prometido ayudarlo a cualquier precio, y eso implicaba la posibilidad de que nunca podrían estar juntos.
–Aunque… –Coco interrumpió los pensamientos de su amiga –, Crash es tan ingenuo que no entendió las señales de esa chica, y se lo tomó como una posible amistad.
–Oh… ya veo –Megumi fingió restarle importancia, pero en el fondo se sintió un poco aliviada.
–Pero solo es cuestión de tiempo que las cosas cambien si no actuas a tiempo, así que te daré un consejo, el cual no puedes desaprovechar.
–¿Consejo?
–Megumi… –Coco apoyó su mano en el hombro de su amiga y sonrió –, creo que es hora de que Crash sepa lo que sientes por él.
–¡¿Ahora?! –Megumi sintió un poco de miedo –. Pero… aún es muy pronto ¿Y si me rechaza?
–No lo hará. Confía en mi.
–¿Cómo estás tan segura? Además, no puedo decirlo delante de los demás. Me da vergüenza.
–Dejaremos que ustedes tengan un rato a solas, ahora escucha –Coco se acercó a su amiga y le susurró en voz baja –. Esto es lo que harás…
Pronto llegó la noche en el Archipiélago Wumpa, y la Luna había salido por el horizonte. Los bandicuts tenían la enorme tienda de campaña montada en un espacio de césped abierto, pero rodeado de bosque, y a poca distancia se encontraban unas ruinas, las cuales parecían ser el origen de la cascada que daba lugar al enorme río.
La familia Bandicoot y su grupo de amigas, exceptuando a Crash y Megumi, estaban sentados al rededor de una fogata asando malvaviscos mientras contaban historias y anécdotas pasadas. Las antiguas miembros del Nitro Squad no tenían muchas historias que contar, pero Coco y Aku Aku tenían una gran cantidad gracias a sus constantes viajes para salvar el mundo.
–¿Entonces fue en esta isla donde Crash conoció a Polar? –preguntó Liz, quien estaba acariciando al mencionado oso y a Dino Bebé.
–Sí, justo cuando era temporada de invierno y él estaba recolectando cristales –dijo Aku Aku –. Era tan cariñoso y nos seguía para todos lados que él y Crash acabaron siendo amigos.
–Dímelo a mí con Pura –dijo Coco acariciando al pequeño tigre –. Y de no ser por ellos, no habríamos podido recolectar todos los cristales en sus respectivos momentos. Les debemos mucho.
–Qué lindo –Liz se sintió orgullosa de las dos mascotas –. He de confesar que fue inesperado cuando me asignaron para ser su chica de los trofeos, pero cuando los conocí más a fondo y vi lo listos que eran estos pequeños bribones… supe que tenía a dos joyitas muy valiosas.
Polar y Pura se sonrojaron ante el elogio de la bandicut morena, mientras que Dino Bebé casi suelta una risita.
–Entonces… ¿fue aquí donde Crash se enfrentó a Ripper Roo? –preguntó Isabella luego de mirar las pequeñas ruinas cercanas a ellos.
–Así es –dijo Aku Aku –. La batalla no fue muy complicada, ya que él siempre seguía el mismo patrón de saltos, entonces sabíamos cuando activar una de sus muchas cajas enormes de dinamita. Lo único que no entendíamos es… ¿de dónde salían tantas?
–Ya conoces a ese canguro loco –Ami se rió –. Donde quiera que esté, siempre hay explosivos.
–Sí, tienes razón –Coco se rió junto con los demás y luego miró a ciertos dos bandicuts sentados a cierta distancia de ellos. En el fondo, la curiosidad la estaba matando, pero sabía que Megumi tenía que arreglárselas sola si quería confesarle sus sentimientos a Crash.
Crash y Megumi estaban sentados en el césped mirando hacia el lado contrario de donde estaban los demás, hacia el cielo nocturno rodeado de estrellas y una media Luna.
–...Y esas tres estrellas que ves juntas es el cinturón de Orión –señaló Megumi con el dedo.
–Vaya… –Crash quedó impresionado por los conocimientos de su amiga –. Esto se te da muy bien.
–Bueno, realicé estudios de física en mi juventud –Megumi sonrió –, y la astronomía se convirtió en un pequeño hobby. Aunque era un poco difícil, ya que Tokio o Sidney no eran muy conocidos por estar a oscuras.
–¿No se ven cielos así desde donde vives? –preguntó Crash.
–Lamentablemente no… –Megumi sonrió tristemente –. La luz artificial bloquea cualquier estrella o cuerpo celeste que esté bastante alejado de nosotros, y como Sidney es una ciudad turística de Australia, lógicamente está bastante iluminada.
–Es una pena… –dijo Crash en un tono comprensivo –. Pero no te preocupes. Cada vez que vengas aquí a pasar tus vacaciones, te puedo acompañar para que puedas disfrutar de estas vistas, ¿de acuerdo?
–Gracias Crash –Megumi se sonrojó –, significa mucho.
–No hay problema –Crash compartió la misma manifestación en su rostro –. Lo que sea… por una amiga.
Megumi sonrió al ver que Crash era tan atento con ella, pero sintió una pequeña punzada al escuchar la palabra "amiga". Sin embargo, según Coco, existía la posibilidad de que esa situación podría cambiar para mejor, pero tenía que ser valiente.
–Bueno… aquí voy –pensó Megumi para sí misma –. No te pongas nerviosa.
Luego de que pensara cuidadosamente sus palabras, la bandicut científica decidió dar el paso:
–Crash.
–¿Sí? –el héroe bandicut volteo a mirar a su amiga.
–Mira… –Megumi empezó a sentirse nerviosa, pero decidió seguir adelante –, hay algo que quiero decirte.
–¿Ah, sí? –Crash preguntó con curiosidad –. ¿Qué es?
–Es algo que llevo sintiendo desde hace tiempo –Megumi respiró hondo un par de veces y continuó –. Verás, sobre lo de Tawna…
–Ohh, vamos. ¿Aún te sientes culpable por eso? –Crash la interrumpió mientras sonreía –. No te preocupes, no estoy enfadado contigo. Todos cometemos errores.
–No es eso, Crash… –dijo Megumi –. Es que no te conté toda la verdad.
–¿Qué quieres decir?
–Es cierto que me dolió bastante, porque ambos son mis amigos –Megumi sostuvo la mano de Crash con la suya, provocando que ambos se sonrojaran –, pero… había otra razón de por medio.
–¿Otra razón…? –preguntó Crash confundido.
–Crash… –Megumi cerró los ojos por un momento mientras daba un profundo respiro, pero luego los volvió a abrir y prosiguió –. Desde que te conocí hace meses, te consideré un chico maravilloso. Me da igual que algunos te llamen tonto. No solo eres divertido y atento con los que te quieren, sino que siempre estás dispuesto a salvarnos a todos de cualquier amenaza. No cualquiera hace eso.
–Bueno… –Crash se sonrojó ante las palabras de su amiga –, hago lo que considero correcto.
–Sí –Megumi sonrió, manteniendo aún su sonrojo –. Y esa es otra de las razones por las que mis sentimientos hacia ti son tan fuertes.
–¿Huh? –Crash quedó confundido por las palabras de la bandicut científica –. Megumi… ¿qué intentas decirme?
–Lo que intento decir es que… –el sonrojo de Megumi se extendió a toda su cara, pero se armó del suficiente valor para terminar su frase –… te quiero, Crash. Estoy enamorada de ti.
Crash quedó en shock por lo que acababa de oír, pero en el fondo, su corazón empezó a retumbar de alegría. La chica dulce y cariñosa de la que él había estado enamorado acababa de confesar que sentía lo mismo por él.
–Sé que es muy pronto, y es posible que no sientas lo mismo por mí, pero… –Megumi intentó proseguir, pero fue interrumpida por algo que no se esperaba.
Crash empezó a saltar y gritar de alegría, incluso llegando a hacer su baile característico, pero cuando volteó a mirar a Megumi y a los demás, notó que todos tenían los ojos abiertos como platos, aunque parpadeando unas cuantas veces. El héroe se sonrojó de vergüenza ante toda la atención que estaba recibiendo.
–Umm… –dijo Megumi, aún confundida por la reacción de Crash –. ¿Qué ha sido eso?
–L-lo siento… je, je, je –Crash se rascó la cabeza –. No puedo evitarlo cuando estoy muy feliz.
–¿Feliz? ¿Pero a qué se...? –antes de que Megumi terminara su pregunta, pronto supo a qué se refería a Crash, lo que provocó que su confusión desapareciera y fuera reemplazada por una oleada de felicidad, la cual comenzó a apoderarse de su corazón –. Crash… no me digas que tú también…
–Sí, Megumi –Crash se sentó tímidamente al lado de su amiga, y decidió confesar también –. Estoy enamorado de ti.
La bandicut de cabello azul sonrió ampliamente y sintió lágrimas de felicidad saliendo por sus ojos. Sin perder más tiempo, ella abrazó fuertemente a Crash, quien decidió hacer lo mismo.
Los demás sonrieron mientras veían a los dos amigos enamorados por fin expresando el amor que sentían el uno por el otro. De hecho, a Isabella y Liz se les escaparon unas cuantas lágrimas de felicidad.
–Ya era hora –Ami se cruzó de brazos con una sonrisa de satisfacción.
Crash y Megumi pronto se separaron del abrazo y se miraron fijamente a los ojos con un ligero rubor en sus rostros. Ninguno de los dos sabía qué más decir en esos momentos, pero no les importaba. Su compañía mutua era más que suficiente para los dos.
De repente, Crash tuvo recuerdos de la situación que ambos tuvieron ayer, y sintió el impulso de volver a revivirla, pero esta vez… con éxito, así que comenzó a acercar su rostro al de Megumi.
La bandicut de cabello azul supo lo que el héroe intentaba hacer, así que comenzó a acercar su rostro también.
Mientras la distancia se acortaba entre los dos enamorados, cada uno inclinó ligeramente su cabeza hacia un lado, ya que la nariz de Crash era muy grande, y lentamente comenzaron a cerrar sus ojos. Los latidos de sus corazones eran tan fuertes que podían escuchar como retumbaban en sus pechos, y aunque sus respiraciones eran débiles por los nervios y el calor del momento, cada uno podía sentir la respiración del otro cada vez más cerca acariciando sus rostros.
A pesar de que los segundos parecían ser eternos, finalmente, los labios de los dos bandicuts acabaron encontrándose.
El beso fue tenso al principio, pero pronto se volvió tierno y suave a medida que ambos bandicuts envolvían sus brazos alrededor del otro.
–¿De verdad… esto está pasando? –pensó Megumi mientras sucumbía ante sus emociones.
Crash decidió dejar que sus instintos hablaran por él, y empezó a besar a la bandicut científica más apasionadamente, dejándose llevar por el deseo y la lujuria.
Debido a la intensidad de las sensaciones, Megumi sintió que perdía el equilibrio, así que lentamente se recostó en el césped mientras Crash se posaba encima de ella.
Megumi sintió la lengua de Crash tocando su labio inferior, señal que ella entendió, por lo que abrió su boca, permitiéndole a la lengua del héroe bandicut entrar y explorar su interior. Ambos se sonrojaron intensamente mientras sus bocas se entrelazaban en una lucha llena de amor y pasión.
Megumi nunca espero experimentar este tipo de sensaciones. Todo esto era totalmente nuevo para ella y al mismo tiempo excitante, y no quería que acabara nunca.
La escena no pasó desapercibida por los demás. Mientras las mascotas se cubrían sus rostros para evitar mirar, la máscara parlante y las chicas tenían sus caras completamente rojas, además de Isabella cubriéndole los ojos a Coco.
Sin embargo, a pesar del momento inolvidable que estaban teniendo, los dos amantes tuvieron que romper el beso, dejando una pequeña línea de saliva entre sus lenguas y jadeando por falta de aliento, aún con sus rostros sonrojados.
–Woah… –Crash exclamó extasiado.
–Ha estado… bien –Megumi sonrió tímidamente –. Bastante bien…
Ambos bandicuts se rieron tímidamente ante el momento tan fuerte que habían experimentado. No tenían palabras, salvo el éxtasis que aún les había quedado de su momento de pasión. Mientras Crash se retiraba de encima de Megumi, pronto recobró la compostura y se le ocurrió una idea mientras ambos volvían a una posición sentada.
–Megumi… ¿puedo preguntarte algo? –preguntó mientras agarraba la mano de su amiga con las suyas, llegando a juguetear con los dedos.
–Claro, Crash –ella sonrió gentilmente y acarició el rostro del héroe bandicut con la mano que aún tenía libre –. ¿Qué es?
–Como ya sabes… hoy se inaugura la feria –el héroe respondió con cierta timidez –, pero estará durante tres días. ¿Te gustaría que mañana fuéramos juntos?
–Crash Bandicoot… –Megumi se rió un poco –, ¿me estás pidiendo una cita después de lo que acabamos de hacer?
–Bueno… sí –Crash se rascó la cabeza –. ¿Te gustaría?
–Me encantaría –Megumi le guiñó el ojo –. ¿Te viene bien a las 9 de la noche?
–Por supuesto –Crash sonrió.
Ambos bandicuts pronto se distrajeron cuando vieron una luz en el cielo que explotaba y se transformaba en distintos destellos de colores.
–¡Los fuegos artificiales están comenzando! –Coco exclamó alegremente –. ¡Crash, Megumi, rápido! ¡Vengan a verlos con nosotros!
–C-claro, Coco –dijo Megumi tímidamente –. ¿Vamos, Crash?
–Sí –Crash se puso de pie felizmente y la agarró de la mano –. Te van a encantar.
Crash guió a su amiga para sentarse juntos alrededor de la fogata, y agarraron unos cuantos malvaviscos para comer mientras observaban el espectáculo de luces. Megumi apoyó su cabeza en el hombro de Crash, provocando que el héroe se sonrojara y la rodeara con uno de sus brazos.
Hoy había sido sin duda la mejor noche de sus vidas, pero quién sabe qué les deparará el destino en la cita que tienen planeada para la noche siguiente. Sin embargo, ambos estaban seguros de algo: Será una noche que jamás olvidarán.
Notas del autor: Pido disculpas si la escena del beso no fue de su agrado. No tengo mucha experiencia escribiendo este tipo de cosas. ^^'
En fin, espero que les haya gustado el capítulo. ¡Nos vemos!
